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Roberto Álvarez y la integral para flauta de Brotons

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Uno que peina canas hace tiempo, puede presumir de muchas amistades musicales a lo largo del mundo, y una especial por haberle dado clase en el IES “Carreño Miranda” de Avilés, allá por los años 80, el flautista Roberto Álvarez que lleva desde 2007 en la Orquesta Sinfónica de Singapur como piccolo solista, porque también exportamos talento musical, de lo que escribí una entrada “Músicos asturianos por el mundo“, parodiando los muchos programas televisivos que recuerdan nuestros emigrantes no siempre culturales, y de hecho a Rober creo que deberían hacerle uno pero a escala nacional y no solo regional. Con un curriculum apabullante y de trayectoria impecable, desde el Lejano Oriente no ha dejado de triunfar como solista y docente, siempre activo en las redes y sin parar de estrenar obras, además de rendir tributo a su profesor, el maestro Gonzalo Casielles.

Algo bueno tiene cumplir años y más en tiempos de confinamiento obligado donde repaso discos que no siempre están en la bandeja del reproductor. Recordando a tantos alumnos y concertistas que llevo en mi mochila salió de las estanterías el primer CD que grabase Roberto en 2010 del que hice la reseña en mi blog “antiguo“.

El siguiente resultó otra maravilla que llegó a ser portada de la revista RITMO y del que no hice mención exclusiva, solo de pasada en la citada primera entrada a pesar de tenerlo entre mis “imprescindibles” no ya por el cariño sino por la calidad y la apuesta por compositores actuales, algo que Roberto Álvarez ha tenido claro desde siempre.
Así en el disco “La noche” se unió a la arpista malaya Katryna Tan, “un recorrido por los misterios nocturnos y sus secretos, pero también una apuesta por la creación contemporánea para dos instrumentos, el arpa y la flauta”, música del siglo XXI que como ellos contaban en una entrevista combinaban a la perfección “el fluido sonido acuoso del arpa y el melódico sonido aéreo de la flauta”. Obras de Fernando Agüeria, Ignacio Rodríguez Guerra, María Dolores Malumbres (recientemente fallecida), Miguel Prida y Jorge Muñiz a los que han unido con otros creadores como Robert Casteels o los asiáticos Chen Zhangyi y Ho Chee Kong en un disco que no solo promueve la música actual para esta combinación instrumental que “necesita” más repertorio, sino que ha servido para crear un puente cultural entre dos maneras de entender la música y la cultura, dos mundos donde el único lenguaje internacional sigue siendo el musical.

Y hoy también me encontré con los CDs que Roberto Álvarez lleva publicados en el sello Centaur para plasmar por vez primera la integral para flauta del catalán Salvador Brotons (Barcelona, 1959), instrumentista, compositor y director al que también sigo hace años, más desde la batuta por haber dirigido a Carmen Yepes. Menos en la faceta compositiva aunque he podido escuchar hace siete años su Concierto para trombón op. 70 (1995) con Brandhofer y Perry So al frente de la OSPA, previa conferencia del musicólogo Israel López Estelche, que también escribió las notas al programa, recordando que Brotons fue alumno de Montsalvatge.
Puede hacer una de mis “escapadas” a Barcelona en mayo de 2014 para asistir a la premier en versión de banda con el propio Salvador Brotons Catalunya 1714, Rapsòdia catalana nº 5, op. 127 compuesta para el tricentenario de este episodio histórico, obra rompedora e impactante con coros y la banda sinfónica barcelonesa sin perder nunca el espíritu catalanista del barcelonés.

La faceta del catalán como flautista me es desconocida (figura en su biografía pero no pude escucharle nunca pese a ser solista de la Orquesta del Liceu hasta 1985) hasta que me llegaron a casa los primeros dos volúmenes (parte del tercero ya publicado lo he escuchado en YouTube© ) que grabase Roberto Álvarez siempre con la brillante pianista Beatrice Lin, entre otros instrumentistas, muchos compañeros del asturiano, haciéndome entender estas maravillosas composiciones a lo largo del tiempo, escritura virtuosa llena de riqueza en los dos instrumentos que el asturiano defiende a la perfección, volviendo a embarcarse en otro ambicioso proyecto que además cuenta con el total apoyo de Brotons, como comentamos en alguna ocasión posterior en sus visitas a la “tierrina” (donde tampoco falta el contacto sus profesores y compañeros Myra y Peter Pearse), incluso es habitual encontrar alguna en los conciertos del avilesino. Legado fonográfico e histórico reuniendo estas obras de Brotons del que podemos escuchar su evolución en la escritura desde el conocimiento real del instrumento y su estilo personal que nunca pierde de vista conceptos básicos como melodía, ritmo y armonía, sin necesidad de buscar lenguajes más comprometidos, aunque también sea capaz.

En el Volumen 1 (CRC 3554) publicado en 2016, y grabado en el Yong Siew Toh Conservatory of Music de Singapore en octubre de 2015, participan además de la citada pianista Lin, Eugene Toh en la percusión, la también “conocida” Katryna Tan al arpa y Kevin Loh a la guitarra, y figuran las siguientes obras cuya distribución no atiende a una cronología sino más bien a esa idea de contraponer acompañantes para hacer más “independiente” cada disco, lo que se agradece aunque cuando se complete la integral dispondremos de la visión global en la evolución del Brotons compositor para su instrumento con combinaciones muy variadas e interesantes buscando unas sonoridades actuales me atrevería a decir que atemporales. No hay protagonismo de Roberto sino generosidad y talento compartido.
Sonatina para Flauta y piano, op. 21:
I. Lento cantabile – Cadenza; II. Presto – Lento sensible – Presto, obra de juventud que apunta interesantes solos de flauta con un piano más allá del simple acompañamiento, complejo pero permitiendo disfrutar de ambos.
Fantasía concertante para flauta y marimba-vibráfono, op. 51: Agitato – Lento – Allegro – Largo – Presto. El color que aporta la percusión es un punto a favor del compositor, siempre atento a la flauta pero buscando esa “vestimenta” especial, donde el virtuosismo de las placas está igualmente a un nivel increíble, lógico en un director orquestal que conoce cada instrumento a la perfección.

“Coloured Skies” para flauta y arpa, op. 134:
I. Cloudy; II. Starry; III. Blue; IV. Stormy. Más cercana en el tiempo pero fácil de escuchar aunque dificilísima de interpretar en ambos instrumentos con la combinación que Roberto ya buscase en su disco “La Noche” con el arpa por momentos casi guitarrística sin renunciar a los efectos habituales tan ensoñadores como los propios nombres de sus cuatro movimientos, aires célticos de reminiscencias foklóricas mezclados con toques impresionistas y hasta cinematográficos como la “Tormenta” que cierra esos cielos coloreados por Brotons y perfectamente llevadas al lienzo por Roberto y Katryna.
Sonata nº 2 / Concierto para flauta y piano y orquesta, op. 72:
I. Calmo e sognante; II. Vivo; III. Adagio funebre – Cadenza; IV. Allegro deciso, obra que debe ser realmente rompedora con orquesta y que desde el piano se la dota de la grandeza de esta forma clásica en estructura y moderna en escritura. La riqueza del piano nos hace imaginarnos la escritura sinfónica (hasta los timbales se recrean) llena de matices, de protagonismos propios dentro del diálogo con la flauta solista (la Cadenza del tercer movimiento es de una belleza asoladora y brillante), ese aire “mediterraneísta” que no se pierde nunca con el maestro Brotons en sus movimientos lentos y ese espíritu emocional del flautista en los rápidos además de la citada cadencia para recreo del solista.
Tres divertimentos para flauta y guitarra, op. 68:
I. Molto allegro; II. Adagio lamentoso; III. Con fuoco. Ambiente español por sonoridades, internacional por planteamiento, “divertimentos” en el amplio sentido de la palabra, forma libre con un dominio de la escritura para ambos instrumentos, muy “fogoso” y actual el último movimiento, virtuosismo que nunca oculta una escritura respetuosa y arriesgada más allá de etiquetas.
Cierra este primer volumen “El Porte de la Selva”, para flauta y piano, op. 6: Tempo de Sardana, danza catalana universal de un compositor que igual escribe para la tenora que para su instrumento natural, ambos presentes en la vida del compositor, alumno de su padre también flautista como el abuelo dentro de una familia de músicos que continuaría en su Barcelona natal con los mejores (Ros-Marbá, Manuel Oltra o el citado Montsalvatge), y “una pica en Flandes” del asturiano, entendimiento y naturalidad con la pianista interpretando este aire catalán inspirado en este pueblo marinero de la Costa Brava como si de nuestro Cantábrico se tratase por la total entrega y sentimiento en esta obra de un joven Brotons que ya apuntaba maneras.

El Volumen 2 (CRC 3555) se grabó a continuación del primero en el mes de noviembre pero con muchos más intérpretes además del piano de Beatrice Lin y el arpa de Katryna Tan: Audi Goh (oboe), Ralph Emmanuel Lim (clarinete), Alan Kartik (trompa), Zhao Yingone (fagot), Samuel Phua (saxo), Siew Yi Li (violín), Janice Tsai (viola), Chan Yoong Han (viola) y Juan Lin (cello), algunos compañeros de Roberto en la orquesta de Singapur y otros profesores jóvenes que atesoran calidad humana y musical, lógico en la búsqueda del asturiano para ensamblar estos conjuntos, perfecto complemento del volumen anterior aunque aparezcan obras “primerizas” de un Brotons que asombran por su madurez sin perder la unidad, combinaciones instrumentales más allá de un ejercicio compositivo y una exploración de tímbricas.
“Esentiae Vitae” para quinteto de viento madera, op. 80:
I. Earth; II. Air; III. Water; IV. Fire; V. Life, movimientos tan sugestivo como sus títulos, los cuatro elementos y la propia vida, instrumentos de la familia de la madera más una trompa con unos músicos bien compenetrados que dan la esencia a esta obra de un compositor siempre explorando el material sonoro apropiado para un descriptivismo subjetivo pero siempre muy musical, técnicamente de lenguaje contemporáneo, especialmente el quinto movimiento que me evoca al Stravinski de cámara, vida con el aire necesario para hacer sonar este quinteto de esencias.
“Virtus” para flauta, trío y piano, op. 53:
I. Prudence; II. Fortitude; III. Temperance; IV. Justice, las cuatro virtudes cardinales, principio y fundamento como los puntos que nos orientan en el camino que parece seguir este trío de cuerda más la flauta y el  piano: prudencia en el arranque meditativo y de dinámicas controladas, casi cual oración; fortaleza en unos fuertes alternando tímbricas de la cuerda con el dúo flauta-piano, sabor francés por la cercanía geográfica del norte catalán con final rotundo; templanza cual equilibrio y contención, comienzo con dúo y después trío de cuerda centroeuropeo en esencia, preparando un vuelo planeador de flauta sustentado por el piano y un violín que dibuja melodías de vuelta a casa con recovecos internos antes de clamar finalmente justicia, poética además de musical, inicio pianístico beethoveniano antes de un juego “schoenbergiano”, clusters y tensiones rotas por un cello evocador del Casals paisano, cinco instrumentos, cinco virtudes y una sola sonoridad, justicia en agradecer las fuentes, música pura con intérpretes virtuosos.
“Tema, variaciones y coda” para quinteto, op. 29: Tema: Maestoso; Variación I: Allegro commodo; Variación II: Andante cantabile; Variación III: Vivacissimo; Variación IV: Adagio assai; Variación V: Allegretto; Coda: Prestissimo. Un tema majestuoso que me recuerda al Falla del Retablo, el lenguaje de transición en el inicio del siglo pasado con el salto a París, un quinteto en estado “puro” tras el “mixto” de la obra anterior, y cinco variaciones con protagonismos compartidos, relevos dentro de la unidad sonora, indefiniciones en diálogos siempre respetuosos, carreras a velocidad máxima llenas de fuerza contenida, persecuciones sin ánimo de victoria pese a la trompa guerrera más que cazadora de descanso sin respiro, cantando y contando arropada por sus compañeros, paso adelante cual cuento ruso en el fagot, inspiraciones cual referencias camerísticas bien entendidas por un compositor, instrumentista y director capaz de aunar todo en esta quintaesencia que remata en un final vertiginoso cual final de dibujos animados.

“Suite for three” para trío de viento madera, op. 16 bis:
I. Introducció; II. Divertiment; III. Berceuse; IV. Scherzo; V. Recitatiu fugat; VI. Final. El catalán indicativo en los movimientos, la forma francesa, el título en inglés, políglota unión de música pura, sin más pretensión que el disfrute sonoro desde la construcción arquitectónica en tres puntos, estabilidad máxima que los intérpretes alcanzan sin vacilación, una “nana” intermedia casi etérea sin apenas graves, antes de la broma saltarina, casi danzante, previa a la fuga preparatoria tranquila antes del último y apasionado movimiento.
Sax-Wind Quintet, op. 15:
23. Largo – Allegretto – Presto – Largo – Prestissimo, nuevo color aportado por el saxofón, el juego de lengüetas entre oboe y fagot, la redondez de la trompa y la agilidad de la flauta, texturas y aires contrapuestos primando una rítmica intrínseca que será casi el sello Brotóns en estas obras camerísticas.
“Ad Infinitum” para flauta, viola y arpa, op. 13: Andante – Larghetto amabile, original combinación al añadir la viola al dúo flauta-arpa que tan buenos resultados le ha dado al flautista asturiano. Campanas iniciales del arpa, la sonoridad sedosa de la viola sumando la flauta clara y limpia en esta obra de juventud nuevamente madura explorando sonidos nada habituales en su momento, registros rebuscados para conseguir gamas amplísimas, intervenciones a solo y casi un cuento de elfos irlandeses, fusiones que tanto el compositor como el asturiano han transitado en sus carreras.
“Emphasis” para quinteto de viento madera, op. 9: Lento – Scherzando – Moderato – Scherzando, explorando formaciones camerísticas ya desde los comienzos, contrastes de aires, ritmos, música a borbotones e interpretación de altura.

En el amplio catálogo de Brotons figuran muchas obras para su primer instrumento, la flauta, y es una alegría saber que el asturiano Roberto Álvarez va a grabarlas todas, un hito que hará historia, uniendo Asturias y Cataluña desde Singapur con el único lenguaje universal.
El repertorio del flautista sigue creciendo, y dejo aquí un vídeo de hace un año donde conjuga sus pasiones e influencias con una obra de Anthony Lanman acompañado por guitarra. Seguiremos a nuestro “flautista de Singapur” en sus andanzas por todo lo largo y ancho del mundo, aunque también le toque quedarse en casa.

P.D.: La fotos que aparecen son propias, de distintas Webs así como del propio Roberto Álvarez.

Esplendor barroco

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Miércoles 11 de marzo, 20:00 horas. Sala de cámara del Auditorio de Oviedo: Universo Barroco – VII Primavera Barroca: Ay! Bello esplendor, grandes villancicos barrocos. Vozes del AyreAl Ayre Español, Eduardo López Banzo (órgano director). Obras de José de Torres (ca. 1670-1738), A. Corelli (1653-1713), Juan Francés de Irribarren (1699-1767) y Carlos Seixas (1704-1742).

Auténtica fiesta palaciega en este inicio de la séptima edición de la Primavera Barroca en colaboración de la Fundación de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo y el CNDM, que ofrecían nada menos que ocho estrenos mundiales, cinco de Torres y tres de su alumno Francés de Iribarren, con un programa alternando un conjunto vocal de ocho solistas perfectos para las obras elegidas, voces de larga trayectoria que se unen con el instrumental de siete dirigidos por el maestro López Banzo al órgano, equilibrio conseguido desde una sonoridad impecable en todos, puede que algo coja en uno de los contratenores aunque solamente en su intervención solista, con los textos a disposición del público en una presentación que otras veces debíamos conformarnos con la no impresa.
Como describe la presentación de este concierto, “El maestro José de Torres (ca. 1670­1738) y su discípulo Juan Francés de Iribarren (1699­1767) comparten protagonismo en este nuevo proyecto artístico de Eduardo López Banzo al frente de Al Ayre Español, articulado en torno a la estrecha relación profesional que existió entre los dos famosos compositores.
La prodigiosa imaginación musical, la acertada síntesis de los más variados estilos y la expresión vehemente y colorida de Torres encontrarán en Iribarren, quien sigue al comienzo de su carrera las pautas compositivas del maestro, un lenguaje más terso y galante y la constante búsqueda de un estilo sencillo y popular, sin abandonar su sofisticada escritura musical. Las variadas combinaciones vocales e instrumentales y las contrastantes temáticas de las obras elegidas para este programa muestran la sorprendente riqueza expresiva de este repertorio
“. Y no defraudaron en este programa de villancicos que nos acercaron un poco a lo que deberían ser las navidades palaciegas, aunque el incendio hiciese perderse todas las partituras que atesoraba.
La fiesta comenzaría con José de Torres¡Mirad y admirad portentos! (ø+), villancico general al Santísimo, a ocho voces con violines y oboe, todos los intérpretes jugando con los solos de María Espada y los dos coros enfrentados, música pegadiza y bien balanceada con una escritura respetando la propia rítmica del texto.  De la pobreza a las puertas (ø+), es un villancico de Calenda de Reyes, a ocho voces con violines y oboe (1714), de nuevo alternando coro y solos de María Espada y Víctor Sordo, dos voces bien empastadas por timbres y entendimiento, alternancias de estribillos y coplas muy vivas, para continuar con Pues el cielo y la tierra (ø+), villancico de Navidad a cuatro voces (1713), cuatro solistas masculinos jugando en las coplas y los aires festivos, instrumentos reducidos al archilaúd, contrabajo y órgano no solo dando réplica sino empujando una masa global, un tutti de estilo hispano pero con calidades internacionales más allá de un estilo italianizante tan de moda en estos albores del XVIII.

El “puente instrumental” tenía que ser en un idioma común y nada mejor que Arcangelo Corelli y su Sonata nº 10 en la menor, op. 3 (1689), Al Ayre Español en estado puro, ese dúo de violines en simbiosis arropados por los graves contundentes, el ropaje organístio y las perlas de Juan Carlos de Mulder, imprescindible en el continuo.

Vuelta a Torres para cerrar la primera parte con Lágrimas tristes, corred (ø+), villancico al Santísimo, a cuatro voces con violines, disfrutando nuevamente de las voces solistas (las sopranos, contrátenos y barítono, la mitad pero igual riqueza de escritura e interpretación, estribillo y coplas cantadas con el instrumental en los planos adecuados que permitieron paladear unos textos intrínsecamente musicales seguido del Luciente, vagante estrella (ø+), villancico de Reyes, a ocho voces con violines y oboe (1714), probablemente el más logrado por las combinaciones vocales y la aparición del estribillo-aria así como los solos cambiantes refrendados tanto por el coro como el ensemble donde el oboe de Pedro Lopes e Castro resultó casi una voz sin palabras.

La segunda parte sería la de Juan Francés de Iribarren, buen continuador del maestro en evolución natural del estilo comenzando con el bellísimo Tortolilla (ø+), villancico a dúo para reyes, con violines y oboe (1733), estribillo a dúo, al igual que el recitado, escena pura y un aria para soprano y tenor, María y Víctor, contrastes rítmicos y tímbricos más un ropaje instrumental de excelencia para siete números estructurados en espejo, nueva fiesta musical.
Si los aires italianos ponían el puente para Torres, en el caso de Francés de Iribarren sería el portugués Carlos Seixas con su Sonata para oboe en do menor, lucimiento solista de su compatriota con el ensamble sin violines y auténtico virtuosismo en tres movimientos donde la Giga central sonó plenamente francesa, elegante antes del Minueto final.

Y hasta la conclusión volvería Francés de Iribarren, primero con Cesen desde hoy los profetas (ø+), villancico de Calenda de Navidad, a ocho con violines (1739), algo más movida de lo que cabría esperar y poniendo en dificultades las largas frases de una María Espada que nunca defrauda, para terminar con una jácara vertiginosa a cargo de Víctor Cruz, Digo que no he de cantarla (ø+), jácara de Navidad a cinco con violines (1750), guitarra -por vihuela- de aire español internacional de unos compositores recuperados de los archivos de las catedrales salmantina, malagueña y guatemalteca que Eduardo López Banzo ha transcrito de los manuscritos originales inéditos, pues como bien nos recordó al finalizar el programa, se quemaron con el Palacio Real y gracias a esas copias podemos hacernos una idea de lo que sonaba en estas fiestas que casi recrearon en la sala de cámara del auditorio ovetense.

De regalo bisarían a Torres y el estribillo de Luciente, vagante estrella que da nombre al espectáculo, “Ay! bello esplendor”, belleza y esplendor de un barroco que pujaba por mantenerse en unos tiempos casi tan complicados como lo actuales. Bravo por estos “ayres” del maestro maño.
(ø+) Recuperación histórica, estreno en tiempos modernos.

VOZES DEL AYRE: María Espada y Lucía Caihuela (sopranos), Sonia Gancedo (mezzo), Gabriel Díaz y Jorge Enrique García (contratenores), Víctor Sordo (tenor), Víctor Cruz (barítono), Javier Jiménez Cuevas (bajo).
AL AYRE ESPAÑOL: Pedro Lopes e Castro (oboe), Alexis Aguado y Kepa Artetxe (violines), Guillermo Turina (cello), Xisco Aguiló (contrabajo), Juan Carlos de Mulder (archilaúd y guitarra barroca). Eduardo López Banzo (órgano y dirección).

El efecto Rodiles

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Martes 10 de marzo, 19:00 horas. Club de Prensa La Nueva España: presentación del CD The Butterfly Effect, Noelia Rodiles (piano).

Sigo hace muchos años la carrera imparable de esta pianista avilesina, Noelia Fernández Rodiles, Noelia Rodiles definitivamente para el mundo musical (con permiso de su padre más orgullo materno), y aunque faltase a su último concierto en el Bellas Artes de Oviedo hace dos veranos, precisamente con las obras de este disco, no le pierdo el rastro a su trayectoria ni tampoco sus intervenciones en distintos programas de radio clásica.

El club de prensa ovetense hoy entre amigos, pues parece que empieza a cundir el pánico a salir de casa, presentaba el último trabajo discográfico para el sello Eudora, que pese a la indisposición de última hora de Cosme Marina, tuvimos sustituto de lujo con el compositor y catedrático del Conservatorio Superior de Oviedo, Manuel Martínez Burgos, que además fue profesor de Noelia.

El efecto mariposa es un concepto amplio de todos conocido basado en la teoría del caos, aunque sea mucho más poético (como el vestido que lucía Noelia para la ocasión) pensar en que «el leve aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo» como reza el proverbio chino. Mariposas inspiradoras, fusiones románticas y actuales como en su anterior disco Ligeti – Schubert, y también el título de la Sonata nº 5 de Jesús Rueda (Madrid, 1961) que finalmente daría nombre a esta joya de grabación efectuada en la Sala Mozart del Auditorio de Zaragoza para escucharlo (en formato SACD) como si estuviésemos tan cerca como esta tarde en Oviedo, aunque el piano vertical del periódico no sea lo que se dice apto para virtuosos como Noelia Rodiles, que pese a todo nos deleitó con un aperitivo “sin palabras” de Mendelssohn antes de dársela a la directora del Club de Prensa Maria José Iglesias, y al maestro Martínez Burgos.

Detalles de cómo surge este maridaje entre el siglo XIX y el XXI que unidos dan más sentido a las páginas elegidas, curiosamente emparejadas por los propios compositores españoles a quienes se las encargó la compositora enviando a los tres las obras románticas pensadas previamente y “acertando” en la elección de cada uno de ellos. Las mariposas, Papillons op. 2 de Schumann con la citada sonata de Rueda, las “Romanzas sin palabras” o Lieder ohne Worte, op. 20 de Mendelssohn y los Seis caprichos sin título de David del Puerto (Madrid, 1964), de quienes también escuchamos en vivo el “Canto del gondolero” más el Agitato, y finalmente el Adagio en sol mayor, D178 de Schubert con las Dues pieces per a piano del catalán Joan Magrané (Reus, 1988).

Fusiones que acercan la música de nuestro tiempo con la escucha así emparejada del mejor repertorio romántico y tan actuales unas como otras en el piano sin complejos de Noelia Rodiles, una técnica sobrada para una musicalidad y expresión madura ya desde sus tiempos de estudiante como bien recordaba el profesor Martínez Burgos, y que marca las diferencias en los pianistas sin más y los intérpretes de raza. Excelentes las notas que acompañan al disco donde los españoles nos describen sus obras.
Un riesgo no exento del placer y satisfacción en seguir apostando y promocionando a compositores actuales y además nuestros, en el mismo plano que los “clásicos” pues solo el tiempo marca las diferencias, y el directo, como el disco, dejará testigo sonoro de una categoría musical sin palabras y cual efecto mariposa donde el leve aleteo de estas páginas hispanas pero internacionales se pueden sentir en todo el mundo gracias a discos como este último de mi admirada Noelia.

Acento y talento asturiano

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Miércoles 26 de febrero, 20:15 horas. Sociedad Filarmónica Avilesina, Auditorio de la Casa Municipal de Cultura, Avilés: “Con acento asturiano“, Beatriz Díaz (soprano), Luis Vázquez del Fresno (piano). Obras de Luis Vázquez del Fresno (Gijón, 1948).

Es siempre un placer escuchar al maestro Vázquez del Fresno interpretar obras suyas, al que admiro desde mis tiempos de estudiante en Mieres donde visitaba la extinta Filarmónica local, y donde pude disfrutar del gran repertorio como de sus propias composiciones en unos años 70 inolvidables. Comenzar con Yerba, op. 12 (1977) para piano solo me remontó a los orígenes, la fusión e inspiración de nuestro folklore como en tantos grandes compositores de la historia. Ideada para Eladio de la Concha, presidente que fuera de la hermana Sociedad Filarmónica de Gijón, aparecen temas populares asturianos a partir del tema original “Orbayu”.

Nuestro rico folclore va desgranándose con canciones reconocibles por todos que se elevan a la categoría de concierto: Dime paxarín…, Romería de San Andrés, La moza que a mí me quiera, Orbayu, Soy de Pravia, Soy de Mieres, Caminito de Avilés, La mió neña y esa vuelta al Orbayu, música cantábrica cual Mompou mediterráneo por ese acento francés que tanto pesa en Vázquez del Fresno, los enlaces entre los temas populares que les dota de esa unidad sin perder la esencia, recuerdos e inspiración de otros grandes asturianos (Torner, Saturino o Manuel del Fresno) que partiendo de lo tradicional lo recrean y elevan a atemporal.

Cantarinos pa que suañes utiliza los textos escritos por el allerano residente en Gijón José Mª González FernándezChemág, publicados por el Conseyu Rexonal d’Asturies en 1979 y reeditados en 1998 por Editora del Norte, el mismo año en que fueron grabados por el propio compositor al piano y la voz de la mierense Tina Gutiérrez, trece canciones que Beatriz Díaz interpreta como nadie por cercanía a la obra completa (letra y música) engrandeciendo la música asturiana digna de figurar en la historiad de nuestra “Lírica” que nada tiene que envidiar al Lied alemán o la Chanson francesa que tan bien conoce tanto el gijonés Vázquez del Fresno como la propia soprano allerana, que ya nos dejase una pequeña muestra hace ocho años, ahora en este tándem que hace única esta obra al completo con el compositor al piano, esperando lo lleven al disco para conservar un patrimonio de todos.

Y es que la voz de nuestra soprano es única para aunar la música del pianista y compositor, aunar la tonada asturiana y la canción de concierto desde el conocimiento, el buen gusto, el color que sigue único pero con más cuerpo en el grave, la musicalidad de unas partituras que respetan el texto y Beatriz Díaz representa, enamora, convence. Alguien del público decía que sabían a poco, tal era la entrega en cada estampa.

Agrupadas en tres bloques de cuatro, cuatro y cinco sumando el trece mágico, comenzaba esta joya con Cantarinos pa que suañes que titula el ciclo y ya nos guiaba por un discurrir único, la voz protagonista y el piano arropando siempre con unas armonías y modulaciones que elevaban los versos (de los que se nos entregó una copia bilingüe para poder seguirlas con verdadero deleite). La mió mamina, La cadenina y Al son d’una gaita vengo cerrarían esta primera entrega con melodías que parecen nuestras por giros, referencias al folklore y siempre la vocalidad presente y una vestimenta ilustrada al piano en un discurrir natural por parte de ambos intérpretes.

Jugando con los giros “ad libitum” típicos de la tonada donde el piano se convierte en “gaita de tecla”, enlazando con momentos líricos dignos de Fauré, el segundo bloque con una acústica asistida en esta sala avilesina que permite saborear cada fin de canción: La xaronca namorá, la exigente Les abeyines con unos sobreagudos en pianístico que solamente “la Díaz” es capaz de cantar, delicadez una en Los carros de la mió aldega, fraseada en este asturiano nada artificioso que se mantiene fresco sin academicismos, para “concluir” con otra bellísima La ñube, canción íntima con la atmósfera asturiana, cantábrica y vestida de mediterráneo con unos pianísimos que ponen la carne de gallina.

Tercer y último bloque con inspiraciones directas, un Villancicu rítmico de recuerdos a “xiringüelu” de salón, la nana Añada d’una caparina de aire moderadamente lento dibujando el tema popular que en el piano reviste de ópera al evocarme la Liu pucciniana por modulaciones y sentimiento antes de La mollinera allegre, canto asturiano elevado a internacional, juegos modales de dificultades máximas para la voz aunque siempre mimada en escritura, acompañamiento e interpretación que el dúo Vázquez-Díaz sublimaban según se acercaba el final. El ambiente impresionista tan del gusto del compositor se percibiría en El xuguete en un juego de tensiones entre la fuerza y la caricia, el soldadito y el caballo de cartón rotos como el sentimiento en la pérdida del amigo emigrante, maravillosa dramatización de la soprano y convincente complemento pianístico con una escritura que va subiendo de tono en todos los sentidos para concluir con el Marineru de tierra y montaña, mina y mar que tanto ha inspirado a los músicos, rememoranzas de “Al pasar por el puertu” o “La mió neña“,  lágrimas vocales que emocionan, el piano gijonés y la voz allerana, para un broche de oro a estos “Cantarinos” donde el diminutivo es cariñoso y la música superlativa.

No podían faltar los regalos y más con Beatriz Díaz que prosigue su carrera operística, dos arias de quitar la respiración para un público entregado: Cilea y Io son l’umile ancella (“Adriana Lecouvreur”) rotundamente íntimo y cantado con total entrega, más el Puccini para el que la de Bóo está dotada como ninguna, ese Oh! mio babbino caro (“Gianni Schicchi”) siempre único y emocionante con Vázquez del Fresno mimando a la soprano en toda la velada. Un placer que se repetirá en la Filarmónica Gijonesa en mayo, sociedades centenarias que tanto han ayudado y siguen luchando por promover la música e intérpretes de la tierra, como esta pareja de asturianos que suma generaciones y talento.

Un grande de muerte

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Martes 25 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”: Stephen Hough (piano). Obras de Bach, Busoni, Chopin, Hough y Liszt.

Venía a Oviedo el gran pianista, compositor y escritor británico Stephen Hough (1961) sustituyendo al previsto Nelson Freire que no pudo hacer el concierto debido a la rotura de un brazo producida por una caída, y con el cambio pienso que salimos ganando tanto por la altura del intérprete como por el programa ofrecido, con el virtuosismo esperado de unos compositores que son el abecé de todo pianista, aunando en ellos la faceta interpretativa.
Muy interesante la entrevista ofrecida a La Nueva España donde explica esta dedicatoria musical a la muerte, “y tal vez se trata más de la fragilidad y la brevedad de la vida. Y eso debería estar lleno de felicidad y alegría. La muerte solo es mala porque tenemos que dejar ir algo hermoso… pero la vida se trata de dejar ir de muchas maneras. Y sobre aceptar la realidad“.

Podría haber titulado la entrada como las notas al programa de Iván J. Román Busto, “La muerte como inspiración” que parece sacada de la citada entrevista casi como preparación antes del concierto, porque había mucho del tránsito entre lo terrenal y lo eternal. “Saber que algo tiene un fin debería hacernos sostenerlo con gran ternura y amor mientras está con nosotros. La música es quizá la más temporal de las artes, es como un perfume en el aire. Se tocan las notas y luego mueren y solo nos quedan recuerdos. Pero eso es parte de lo que hace que un concierto sea tan especial. Recuerdos que compartimos con amigos y vecinos mientras duran“. Nos quedarán los recuerdos de un Stephen Hough rotundo, con un uso algo saturado del pedal pero desde una entrega total a cada obra, interioridad y curiosamente solo usando la partitura para su composición.

El padre de todas las músicas Bach revisado por Busoni, la Chacona, BWV 1004, esa recreación del mundo violinístico en el piano escrita por el Cantor de Leipzig tras la muerte de su primera esposa Mª Bárbara, la chacona convertida en lamento mientras suenan materiales del coral luterano que Hough delineó dentro e una visión plenamente romántica de esta obra.
Del propio Busoni escucharíamos la Berceuse elegiaque op. 42, la original al piano antes de orquestarla, emparentada con el Liszt de la segunda parte,  nuevamente con la muerte flotando en la música, esa “Canción de cuna de un hombre en el féretro de su madre”, lenguaje elegíaco lleno de dramatismo que el piano traduce con la fuerza y el dolor, un “canto desquebrajado que da la espalda a sus presupuestos románticos de juventud” (Iván J. Román) aunque desde una interpretación poderosa e íntima, sin afectación y desde una búsqueda del sonido puro. No hubo aplausos tras finalizarla puede que por la impresionante lección del pianista británico que afrontaría la inmensidad romántica de Chopin y su Sonata No. 2 en Si bemol menor, Op. 35, cuatro movimientos donde destaca la famosa Marcha fúnebre del tercero aunque también podamos disfrutar de momentos que nos recuerdan a sus polonesas, valses o nocturnos, enlazados en esta sonata que aúna la solemnidad de la muerte con lo efímero de la vida, casi “De la brevedad de la vida” (Séneca) y “Del sentimiento trágico” (Unamuno), guiño literario al Hugh que escribió un Chopin rotundo y entregado, que exigió un retoque de afinación en el intermedio.

El Hough compositor además de interprete abriría la segunda parte con su Piano Sonata IV (Vida breve), nueva reflexión sobre lo transitorio y efímero de la vida, con una cita a la canción de Charles Trenet En Avril à Paris, ya utilizada por Weissenberg pero que en la visión de Hough está más cercana al Debussy pictórico que a la capital de la luz, cinco pequeñas células con la alegoría a la juventud que se marchitará pidiendo vivir cada momento sin pensar que puede ser el último, una filosofía vital que comparto.

Tras la sonata propia, el tributo a Liszt con tres obras inconmensurables y sin espacios para disfrutar de la total mortandad sin perecer en el intento: Funerailles. ese mundo religioso del Abate de las Harmonías poéticas y religiosas III, S 173, las iniciales campanas en la mano izquierda (aquí el pedal sí ayudó a la expresividad), cierto aire chopiniano de polonesa por el sacrificio heróico y feroz de los ejecutados en la Revolución Húngara de 1848, el horror y el honor, dos marchas contrapuestas, fúnebre, lacrimosa y la heróica, todo ese caudal sonoro de trasfondo religioso en la visión de un Hough virtuoso capaz de matices extremos (rotos por la tos y el papel de caramelo siempre inoportunos) que dejaban boquiabierto al respetable.
De los cuatro Mephisto-Walzer, comenzar por el “inconcluso y añadido” Vals Mefisto nº 4 (bagatela sin tonalidad) S 696, es como enlazar muerte y vida, el avance hacia la luz, la vuelta al piano tras la orquesta, el mundo sinfónico recreado por el virtuoso único que fue Franz Liszt fielmente reflejado por el pianista británico en una explosiva y contenida, tempestuosamente delicada, la redención de los excesos del pasado antes del nunca mejor dicho “diabólico” Vals Mefisto nº 1, S 514, “Der Tanz in der Dorfschenke” (El baile de la taberna del pueblo), alquimia pianística, redención de condena por el amor, el hombre enfrentado a su destino tras los excesos de su vida. Sensualidad y erotismo de esa bodega, el recuerdo del pasado propio hecho música con Hough perfecto narrador en una demostración de fuerza y virtuosismo para este Liszt inconmensurable.

Y como tras la tempestad llega la calma, nada mejor que esa oración, Ave María de Gounod sobre el Preludio 1 de Bach, el descanso del guerrero, la penitencia cumplida con la gratitud íntima de esta maravillosa partitura donde dada uno rezábamos en latín como abates melómanos.
Todavía nos regalaría un Jeux sur la plage de Mompou, de las cinco Escenas de niños como vuelta al inicio y la inocencia, la playa como destino o final, todo delicadeza y relajación llena de luz, noche lóbrega de carnaval, muere Don Carnal y llega Doña Cuaresma, pero siempre con la esperanza a pesar del “memento mori“.

Trabajando con talento

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Un nuevo curso de La Castalia que celebrará su mayoría de edad, 18 años de andadura tras recuperar la más antigua sociedad lírica ovetense que se remonta a 1875 con músicos de la talla de Víctor Saenz, Anselmo González del Valle o el mierense Teodoro Cuesta, flautista y director de la Banda del Real Hospicio además de poeta, en los albores de nuestra tradición musical decimonónica que plantó la semilla para una afición que lleva consolidada en la capital asturiana desde entonces y a la que llamo “La Viena española” por la amplia oferta musical (de hecho hoy había otro concierto de la Orquesta Universitaria de Oviedo en la Sala de Cámara del Auditorio estrenando una obra de Pablo Moras).

Con la asistencia del Presidente del Principado Adrián Barbón y la teniente de alcalde de Oviedo Mª Concepción Suárez, así como el presidente del RIDEA, Ramón Rodríguez o el Presidente de la Ópera de OviedoJuan Carlos Rodríguez-Ovejero, entre otras personalidades, lo que es de agradecer por lo que supone de visibilidad de los responsables políticos en estos actos, esperando un apoyo que Begoña García-Tamargo se encargó de recordar al inicio del concierto, volvíamos e escuchar muchas de las voces del último concierto, con la indisposición por afección gripal de Canela García, pero manteniendo un programa donde seguir comprobando el trabajo de estas voces y su evolución en tan poco tiempo.

Destacar el “debut” con La Castalia de Cristina Galán que abriría velada con una canción española de Guridi (No quiero tus avellanas) y el aria J’ai perdu mon serviteur de “Le devin du village” (J. J. Rousseau), más el piano del maestro Burgueras, siempre atento a estos jóvenes talentos.

Adrián Ribeiro volvió a demostrar poderío vocal y buen gusto, bien el Obradors de Corazón ¿por qué pasáis? con un piano igualmente protagonista, pero especialmente destacable en Musica proibita (S. Gastaldón) más el dúo final fuera de programa.

El candasín Mikel Malda progresa a pasos agigantados en su tesitura de contratenor, con dos arias muy apropiadas a su registro que gana cuerpo en el grave manteniendo un color propio, Thy hand, Belinda de “Dido y Eneas” (Purcell) y el conocido Largo (Ombra mai fu) de “Serse” (Händel), sin eludir el recitativo bien interpretado.

Importantísimo el trabajo fonético en todas las obras, donde se escuchó inglés, alemán, francés y español con una dicción perfecta siempre al servicio del canto.

No faltaría un “intermedio” con el instrumento más cercano a la voz, el cello de Santiago Ruiz de la Peña (que debutó recientemente en los atriles de la OFil) y el piano virtuoso de Sergey Bezrodny en el Allegro Moderato de la Sonata “Arpeggione” (Schubert).

Plenamente consolidada la soprano Janeth Zúñiga que amplía repertorio, registro e idiomas, desde un alemán Brahms sentido, siguiendo con la virtuosa francesa Les filles de Cadix (Delibes) para cerrar con zarzuela española, “La Generala” (Vives), casi escenificada Canción del Arlequín que nada tiene que envidiar a la opereta francesa, explorando no solo la línea de canto sino la dramatúrgica.

Un escalón más en su permanente esfuerzo y estudio para mi querida mezzo María Heres, años de trabajo pese a su juventud, abordando repertorio romántico francés tanto en su Fauré íntimo de Tristesse como el aria Mon coeurs s’ouvre à la voix del “Sansón y Dalila” (Saint-Saëns), interpretación en el amplio sentido de la palabra, pasión y entrega vocal más una Dalila verdaderamente creíble, el chorro de voz controlado para utilizarlo como recurso dramático en el momento preciso, manteniendo afinación y musicalidad digna de elogio.

Volvería con Adrián Ribeiro, fuera de programa, para el dúo de “Luisa Fernanda” (Moreno Torroba) y Javier, el famoso Cállate corazón escenificado con el agua cayendo por uno de los canalones pero haciéndonos pensar en una fuente con pájaros, estas dos voces empastadas en feliz entendimiento más la complicidad siempre única del maestro Manuel.

Larga vida a La Castalia y salud para continuar esta ímproba tarea de apostar por lo nuestro, esperando un apoyo necesario para mantener parte de la historia lírica asturiana.

El Rey Camarena

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Martes 28 de enero, 20:00 horas. Oviedo, Los Conciertos del Auditorio: Javier Camarena (tenor), Ángel Rodríguez (piano). Obras de Gounod, Lalo, Donizetti, Rossini, Flotow y Cilea.

Crítica para La Nueva España del jueves 30 con los añadidos de links (siempre enriquecedores y a ser posibles con los mismos intérpretes en el caso de las obras), fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

Javier Camarena sigue siendo “El Rey” como bien cantaba en la cuarta y última propina jaleado por un auditorio hasta la bandera que le sigue coronando como el mejor tenor actual. Con su habitual pianista cubano Ángel Rodríguez compartió un triunfo sonado ante el derroche artístico mostrado por ambos, la voz que gana cuerpo y asombra con sus “filados” (parece tener tres pulmones bromeaba un aficionado) y las diabólicas reducciones orquestales para el piano donde no faltaba ninguna nota ni matiz. Si en el recordado concierto de noviembre 2017 asombró, en este enero 2020 maravilló y cautivó antes de cantar, haciendo su presentación con ese semblante siempre risueño, afable y cercano que solo los grandes poseen, totalmente alejados del divismo.

El recital se organizó con una primera parte en la lengua de Víctor Hugo y la segunda en italiano, arias conocidas y otras menos transitadas de óperas puede que menores pero bien elegidas sus arias para lucimiento del xalapeño que en esta gira española de parada obligada en “La Viena del Norte”, tiene todas las entradas vendidas con antelación.

El “Fausto” de Gounod fue el primer “brindis” con Salut! Demeure chaste et pure antes de la poco escuchada Vainament, ma bien áimée de la ópera de LaloLe roi d’Ys” de alegre estribillo y estrofas delicadas, un aperitivo que de por sí resulta agradecido además de difícil.

El Donizetti de Camarena sigue siendo único, tanto en el aria de “Don Sebastián Rey de Portugal”, que como ópera puede no ser destacable pero en esta página recuerda todos los protagonistas que el tenor mexicano atesora en su repertorio, y donde el francés natural lo emite sin nasalizar en absoluto, con un total dominio técnico, proyección exquisita y limpieza total, matizado con tal riqueza que da gusto escucharle. Evidentemente no podía faltar su aria fetiche y casi “record Guinness” por las veces que lo ha bisado, “La hija del Regimiento” con la famosa aria A mis amigos, reales entre el público con el elenco de la Lucía del Campoamor entre ellos y “los nueve do” que resultaron once ante el derroche vocal del final a cargo del Rey Javier I de México y el príncipe “consorte” del piano dando el ropaje y entendimiento total en cada nota.

En italiano otra rareza de Donizetti y su ópera “Betly” (1836), el aria E fia ver, tu mia sarai…, sello inconfundible en su escritura, dominio absoluto en el canto y acompañamiento increíble, Camarena en estado puro cuyo Rossini inicial de “Ricciardo e Zoraide” resultó una lección de “canto bello” en una de las primeras óperas del Cisne de Pésaro, llena de los giros siguientes en sus arias de tenor como esta S’ella mè ognor fidele…, agilidades vertiginosas bien resueltas con la aparente facilidad del canto y piano venidos desde México.

El sentimiento en estado puro, la emoción de los “pianissimi” capaces de alcanzar el silencio respetuoso de un público entregado llegaría con dos arias donde el espíritu de Alfredo Kraus “El Tenor” pareció imbuir al xalapeño de timbre único, poderosamente delicado y entregado en las últimas del recital, M’appari…  (Von Flotow) de la poco representada “Martha” y El Lamento de Federico de “La arlesiana de Cilea“, joyas para tenor que Camarena bordó además de emocionar, rindiendo a un público que ha creado hasta un Club de Fans en “Facebook”.

Las propinas fueron casi una tercera parte para delirio de todos. Nuestra zarzuela a nivel estratosférico con Camarena y Rodríguez: “Los Gavilanes” de Guerrero con la romanza Flor roja, de poner la piel de gallina y cortar el aire, más No puede ser de “La Tabernera del Puerto” (Sorozábal), poderosamente íntima antes del fin de fiesta mexicano con aires de mariachi: el famoso huapango de la “Malagueña salerosa” nacionalizada asturiana (qué pena los arranques de aplausos) con un piano primoroso, derroche de agudos para pone en pie a todo el auditorio antes de acabar con la ranchera más conocida de José Alfredo Jiménez y coreada por el auditorio, porque Camarena sigue siendo “El Rey”.

En nombre de Bach y Schiff

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Domingo 12 de enero, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”: András Schiff. Obras de J. S. Bach.

Las jornadas que llevan el nombre de Luis G. Iberni nos traen para empezar el año nuevo uno de los conciertos más esperados en Oviedo, nada menos que del pianista húngaro Sir András Schiff (Budapest, 21/12/1953), y con un monográfico dedicado al “Dios Bach” que además de toda una maratón interpretativa lo es todavía más su escucha para un público de aficionados, estudiantes, profesionales y acólitos del padre de todas las músicas: el Concierto “Italiano” en fa mayor, BWV 971, la Obertura en estilo francés en si menor, BWV 831, y las Variaciones Goldberg, BWV 988. Lástima que “no está hecha la miel para la boca del asno” y las peores previsiones de toses, estornudos y móviles se cumplieron enfadando al maestro al que no le dieron tregua pese a intentar el milagro de acallar y adoctrinar “en nombre de Dios Bach”.

Quienes conocemos y seguimos la trayectoria del músico de origen húngaro sabemos su predilección por “el cantor de Leipzig” del que afirma “Bach es el padre, Mozart el hijo y Schubert el espíritu santo” y “puedo vivir sin escuchar a Rachmanínov, pero no sin Bach“. No cabe duda que Schiff es una referencia en la interpretación de las obras de Bach al piano y en Oviedo ha vuelto a demostrar su magisterio en este repertorio. En La Nueva España comentaba que “Bach es la cumbre de la música, siempre ha sido todo para mí. Es algo que no tiene explicación“, y clasifica la complejidad de su discurso musical en el que confluyen “elementos emocionales, intelectuales y espirituales en perfecta armonía“.
El Concierto “Italiano” en fa mayor, BWV 971 fue la primera lección de este domingo invernal, disfrutar del paraíso con los pies en la tierra, con un mínimo uso de los pedales para poder disfrutar cada nota con su duración, fraseo, equilibrio entre las manos y despojar el halo de historicismo en pos de la belleza sonora del piano. Un Allegro desenfadado y claro, preciso además de brillante, con unos trinos limpios que son “marca de la casa”, sin apenas tics en un intérprete que saca el sonido perfecto. El Andante reposado pero igualmente exteriorizado, buscando la pureza desde la aparente sencillez del “gran creador”, recreándose en la unidad tímbrica capaz de evocar una orquesta de cámara, un intimísimo compartido que parecía obrar cual bálsamo terapéutico. Y el Presto una ráfaga de vida, auténticas perlas cultivadas con un balance dinámico desde el respeto a la partitura, las repeticiones contrastadas haciendo del barroco algo natural, espontáneo y sin artificios.

La Obertura en estilo francés en si menor, BWV 831 otro collar engarzado con hilo de oro, desde la Ouverture casi orquestal, la grandeza musical desde el piano confirmando que esta escritura es germen de toda la música posterior. Cada una de las nueve danza posteriores mantuvieron su independencia global, unos ornamentos espectaculares que nunca ocultaban la melodía, los cambios de octava con la misma intensidad sonora e iguales contrastes, el tejido contrapuntístico elevado a la enésima potencia, matemáticas musicales dotadas de vida propia e interpretadas con una naturalidad digna de admiración. Danzas a pares complementándose para brillar por sí mismas, el piano cual guardián de orquesta escondida y sabiamente reflejada en la interpretación de András Schiff, sentida Sarabande y explosivas Bourrée más Gigue con una mano izquierda poderoso complemento de los agudos antes del último Echo nuevamente “orquestal” para cerrar una primera parte que cercana a la hora mantuvo de momento la salud de un público que casi llenaba el auditorio.

Pocas veces podremos escuchar las Variaciones Goldberg, BWV 988, una hora y cuarto de liturgia en las manos del pastor Schiff,  nunca iguales pero siempre emocionantes. El propio maestro las describe a la perfección: “Un aria inicial de una belleza exquisita en la que la voz más grave adquiere todo el protagonismo y de ella nacen las 30 variaciones“. Cada variación independiente y con carácter propio, algunas “contienen motivos de canciones populares alemanas, otras se emparentan con las danzas y otras son tremendamente virtuosísticas“. Si la descripción es clara, su interpretación aún más pues tras la exposición del tema inicial verdaderamente solemne, majestuosa, paladeada en cada nota, las variaciones fueron desgranándose únicas, vibrantes además de profundas, sonoridades prístinas, balances divinos. El silencio siempre importante pero roto por los maleducados que parecen multiplicarse, no llegó a enturbiar el arte de Schiff, el aria ideal antes de las variaciones con  “la sencillez es algo bueno, es profunda“, como dice Sir András, impresionante mantener la pulcritud temática con el ostinato de los graves en el volumen perfecto, los cruces de manos solo perceptibles al ojo pero nunca al oido, esas ornamentaciones cristalinas, el respeto por las figuras en su justa medida sin pedales, la técnica pura y sin trampas. Las variaciones rápidas son catarata luminosa, las lentas un soplo de vida además de remanso, luces desde todos los matices sin perder nunca un discurso ágil, claro, equilibrado y nunca ostentoso: “El virtuosismo aparece cuando el intérprete consigue dar un sentido a cada una de las notas de la partitura“.

Los intentos de separar las variaciones en bloques de diez solo sirvieron para el estruendo ofensivamente maleducado (y contagioso) que comenzó a traslucirse en un semblante de incomodidad, aunque la fuerza pienso que se mantuvo y hasta interiorizó para continuar la lección, pero el segundo silencio verdaderamente dramático y eterno acabó con la paciencia de muchos, especialmente la del propio Sir András Schiff al que ni siquiera dejaron finalizar con respeto el “reprise” o Aria da Capo que resuena cual amén tras una liturgia que como la católica los feligreses no soportan más allá de la hora ¡cuando el propio programa indicaba la duración aproximada de 76 minutos!. Los ritos deben respetarse bajo pena de pecado mortal.
Está visto que el gran Bach parece solamente para iniciados y educados, el apóstol Schiff se llevará una mala imagen de Oviedo a la que seguiré llamando “La Viena del Norte” español aunque su público diste años luz del austríaco y comience a ser preocupante en una sociedad donde los valores del propio “Kantor” siguen actuales, su escucha obligada desde el respeto por la palabra musical, una virtud que romperla condena al infierno del olvido.

Juventud, talento y mucho trabajo

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Lunes 9 de diciembre, 19:00 horas. Oviedo, Sala de cámara del Auditorio Príncipe Felipe, La Castalia: Concierto de Clausura del XVIII Curso “La voz en la música de cámara”. Profesorado: Begoña García-Tamargo (canto), Manuel Burgueras (música de cámara vocal), Ana Cristina Tolivar Alas (fonética aplicada al canto).

No me cansaré de escribir sobre el talento de nuestra juventud y la apuesta desde hace dieciocho cursos de la asociación cultural “La Castalia” que preside Santiago Ruiz de la Peña por formar voces y programar obras de estreno. Una de las “joyas de la corona” es Gabriel Ordás (1999) que volvía a estrenar una ópera de cámara para ellos, “Terceto de desamor” con libreto de María Abella (1999) también de la tierra, jóvenes sobradamente preparados que no dejan de trabajar desde un silencio que no debemos mantener. Este concierto que llenó la sala de cámara, también nos dejó dos estrenos ovetenses del gallego Juan Durán (1960) y del madrileño Víctor Carbajo (1970) con dos partituras bien defendidas por unas voces conocidas, nuevas otras pero con mucha carrera por delante, talentos a los que voy viendo progresar, avanzar en cada curso, siempre con la maestría del maestro Burgueras que acierta en la elección del mejor repertorio donde la canción de concierto gana terreno a las siempre necesarias arietas, permitiéndonos disfrutar con su buen hacer en el piano, especialmente en estas obras donde el piano dialoga con la voz.

La directora artística de los cursos tomó la palabra para presentar esta nueva edición y rendir homenaje a la Fundación Musical Ciudad de Oviedo que sigue poniendo a Oviedo como capital musical del norte de España, “La Viena del Norte” que yo digo, glosando las temporadas donde está inmersa con la Banda de Música y por supuesto la Oviedo Filarmonía, cuya gerente María Riera también agradeció la placa conmemorativa (en compañía del presidente de la Fundación Francisco Álvarez Buylla) y puso los puntos sobre las “íes” en cuanto a cómo la política no siempre entiende de la rentabilidad que supone apostar por una seña de identidad de la capital asturiana además de generadora de puestos de trabajo y riqueza para la ciudad.

María Heres (mezzo), Janeth Zúñiga (soprano) y Adrián Ribeiro (tenor) con el piano de Yelyzaveta Tomchuk pusieron en escena una ópera vivaz, entretenida, actual pero siempre cercana, respetando un texto de nuestros días donde hay recitativos, “parlatos” y muchas melodías solas, a dúo y por supuesto a trío, complicidad vocal, sabiamente escrita tanto para un piano luminoso, rítmico, valiente, como para cada tesitura, compuesta como comentaba tras el concierto con el maestro Burgueras “a la vieja usanza”, pensando en los intérpretes, tesituras, color y personajes a medida que nos dejaron otro estreno del prolífico Gabriel Ordás, jóvenes que empastaron, se entregaron y demostraron la valía que atesoran en sus carreras: Heres poderosa y convincente en cada aparición, Ribeiro ganando enteros en unos agudos seguros sin perder compostura, Zúñiga avanzando a pasos agigantados desde su primera vez en el RIDEA que todavía recuerdo. Bravo por todos pues estrenar requiere un trabajo añadido en el estudio y defender los roles como todos lo hicieron es solo parte de una carrera de fondo que ya han comenzado.

Con los ligeros cambios en el programa que he añadido a bolígrafo al programa escaneado, y sin entrar muy en detalle, nuevo escalón del contratenor Mikel Malda que empastó a la perfección en Sound the trumpet (Purcell) con Almudena Sanz (soprano), igualmente ganando enteros en su formación, que nos dejó un Granados (Amor y odio) bien sentido y cantado.

Al tenor Thomas Minaux le descubrí el pasado mes de julio y sigue en clara trayectoria ascendente, con dos Schumann (Ich denke dein y Schön ist das Test des Lenzes) a dúo con Canela García (soprano) más que convincentes, de dicción muy correcta de dos voces empastadas a la perfección con el magisterio pianístico de Manuel Burgueras, lieder en estado puro acertando con los intérpretes. Sigo a la soprano gallega desde hace años y su progreso es imparable, trabajadora y ganando en expresividad además de graves, con La niña de Guatemala (Carbajo) entre lo mejor de la velada en una partitura bellísima de escritura y entendida a la perfección, al igual que Träume de los “Wesendoncklieder” (Wagner) verdaderamente bien interpretados.

Otro talento joven es el barítono Javier Agudo, que ya me impactase en el verano, color de voz imponente, tesitura amplia de graves claros, medios bien proyectados y agudos aterciopelados que no solo nos deleitó con una canción finlandesa de Sibelius sino en el dúo Länliches Lied (Schumann) con la soprano gallega Beatriz Vázquez. Ésta debutaba en la capital estrenándonos en Oviedo Tecín soia (Juan Durán con textos de Rosalía de Castro) y recreando Nuit dètoiles (Debussy), el impresionismo que también transitó como Pierrot Janeth Zúñiga con la magia del piano vistiendo unas melodías claras y bien dichas.

También repiten en plaza las sopranos Hanna Rubio y Eugenia Ugarte que cantaron Vo cercando fra le ombre (Emanuele Barone d’Astorga) y Quando lo stral spezzai (G. Paisiello), colores y timbres muy iguales que permitieron un empaste y entendimiento entre ellas perfecto para dos páginas que no deben faltar en la formación vocal, bien elegidas para este concierto.

El broche final de nuevo a tres más el piano de Manuel, con Janeth, Canela y María Heres en Matinée dété (Massenet), musicalidad, talento, complicidades, trío de damas y ropaje maestro, tras el Debussy previo y los agradecimientos finales.

El premio fue la prolongada ovación, merecidos aplausos y un éxito más para todos en un lunes festivo donde la música en Oviedo sigue siendo su seña de identidad y sirvió de pistoletazo a las fiestas navideñas.

Eternamente joven Argerich

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Domingo 24 de noviembre, 19:00 h. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”:
Martha Argerich (piano), Mate Bekavac (clarinete), Kremerata Baltica. Obras de Bach, Busoni, Kremer, Weinberg y Liszt.
Reseña rápida para La Nueva España del lunes 25 desde el teléfono móvil, con los añadidos ya en casa de links (siempre enriquecedores y a ser posibles con los mismos intérpretes en el caso de las obras), fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

Primera visita esta temporada de la eterna Argerich nombrada artista en residencia de estas jornadas, junto a los bálticos de Gidon Kremer, otro “habitual” en Oviedo, de gira española con parada obligada en “La Viena del Norte” español y una excelente entrada para un público algo acatarrado en los movimientos lentos y pianissimos en parte por un aire no acondicionado al gusto de todos.

El fundador de la formación nórdica aunque solo presente como instrumentador de la Chacona en re menor de Bach (a partir de Busoni) es capaz de seguir redescubriéndonos al kantor de Leipzig y más con una orquesta de cuerda poderosamente delicada, compacta y de amplísimas dinámicas comandada por el concertino Dzeraldas Bidva que “hace de Gidon” con igual maestría. Inicio grabado de clave y final de violín encajado por la Kremerata al milímetro.
Otro redescubrimiento del maestro letón es Miezyslaw Weinberg (1919 – 1996), cuya Sinfonía de cámara nº4, op. 153 en cuatro movimientos resulta una autobiografía oscura y dolorosa de este compositor que con el clarinete de Bekavac parece narrar cada etapa con esas reminiscencias de folklore “klezmer” como notas luminosas de esperanza incluyendo las pinceladas del triángulo en el Andantino – Adagissimo final con un excelente Mate Bekavac ejerciendo tanto de virtuoso como ensamblado tímbricamente en el sonido báltico.

La esperada Martha llenaría de más música una segunda parte con Bach siempre presente que en la interpretación de la porteña alcanza cotas sublimes. La Partita núm. 2 en do menor, BWV 826 para piano solo es un testamento vital tanto en lo escrito como en lo escuchado, magisterio de juvenil madurez con balances increíbles, limpieza expositiva y tiempos contrastados de hondura inexpresable en sus seis movimientos con ese Capriccio final pura medicina también para la propia tos de la argentina.
Y madurez juvenil, impetuosa, brillante, vibrante para Liszt y su Concierto para Piano nº1 en mi bemol mayor, S. 124 con la Kremerata casi sinfónica por sonoridades incluido el triángulo. Majestuosa Argerich mandando, valiente de principio a fin con un ímpetu sin perder calidad en nada, emocionando y empatizando con todos desde su eterna juventud pianística.

Propina bachiana para el padre de todas las músicas y esperando ya la próxima visita esta temporada.

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