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Pires, historia del piano desde la elegante sencillez

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Sábado 23 de enero, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”: Maria João Pires. Obras de Schubert, Debussy y Beethoven. Entrada butaca: 28 €.

Un regalo de cumpleaños volver a disfrutar de “La Pires“, una pianista increíble que volvía a “La Viena del Norte” español, escribiendo una historia que es la de su vida y la del piano mismo: juventud y futuro desde una madurez donde cada nota es un mundo, cada frase un descubrimiento, cada sonido belleza sublime, todo desde esa sencilla elegancia de la portuguesa que hace parecer fácil lo difícil transportándonos a un mundo único donde el público vive unas emociones imposibles de describir con palabras porque es la música su única definición.

El programa elegido resultó toda una declaración de intenciones y un legado en tres fases si se me permite calificarlas así:

Juventud

F. Schubert: Sonata para piano nº 13 en la mayor, D 664, el ímpetu jovial que bebe del Mozart puro clasicismo y la admiración por el amigo Beethoven. Solamente Maria João Pires puede ser la intérprete ideal del vienés así entendido. El Allegro moderato cristalino, perfecto equilibrio sonoro, impecable revisión, Andante sin prisas, la contemplación de la belleza hecha sonido, y ese Allegro final, vital, fogoso nota a nota, saltarín, de escalas interminables con un piano brillante de articulación increíble.

Futuro

C. Debussy: Suite bergamasque, completa, el paso adelante del universo pianístico con el tributo a la forma barroca transitando siglos desde el lenguaje abrumador del impresionismo, lo etéreo que se funde en la distancia sonora para dibujar un mundo nuevo. “La Pires” debutándola cual exploradora de todos los caminos en un mundo de 88 teclas. El Prélude moderado, rubato pausado, dibujando colores de todas las intensidades, la limpieza de un pedal mágico, los graves mantenidos para envolver un vuelo que planeaba por una sala casi sin respiración; Menuet (Andantino) parisino e hispano que bebe un “aire de Albéniz”, rítmico y unificador, elegante, equilibrado, con matices sabios y sobrios; Claire de Lune (Andante très expressif) literalmente expresivo, sentido, descubriendo notas ocultas casi perdidas, respirando nocturnos irrepetibles que aportan una luz distinta desde la penumbra del escenario y esa aparente pequeñez que engrandece aún más a la dama del piano portuguesa; Passepied (Allegretto ma non troppo) jazzístico y oriental, meditativo, Debussy en estado puro, en estado de gracia como esta Pires rompedora de clichés, convincente, entregada, diáfana en su discurrir por un teclado de terciopelo pintando de colorido unos pentagramas al fin hechos música en sus manos.

Madurez

L. van Beethoven: Sonata para piano n.º 32 en do menor, op. 111, el “adiós al piano” del sordo genial, un testamento para la eternidad, inflexión de una forma y sonoridad rompedora desde el sufrimiento interior, exploración y testamento. Maria João Pires siempre única, sus tres mundos que tenían que cerrarse en esta despedida conmovedora, dos movimientos como dos joyas: Maestoso: Allegro con brio ed appassionato, el do menor apasionado en el recuerdo inicial, los elementos fugados entremezclando temas desde una forma que se rompe en sí misma, la sorpresiva reexposición sin perder nunca la identidad, así entendida de principio a fin por la lisboeta, la paleta completa de matices que sólo ella es capaz de sacar a un piano único, la evolución al mayor en un placer interpretativo siempre apasionante de vivirlo en vivo, tocando el paraíso, y después la despedida Arietta: Adagio molto, semplice e cantabile, seis variaciones en la engañosa sencillez tonal y complicado compás que van creciendo y variando, síncopas sorprendentes y marcadísimas, suma de individualidades sonoras de armonía básica que me hace calificar de sencilla elegancia, trinos indescriptibles que desvanecen la melodía, un legado imperecedero para generaciones posteriores, tanto de la partitura como de esta intérprete irrepetible.

Desde la madurez vendría también el regalo del Adagio Cantabile (segundo movimiento de la Sonata para piano nº 8 Op. 13), poso y peso de “La Pires” maestra, señora del piano, terapeuta en tiempos de dolor con el bálsamo de su presencia y esencia, con ganas de que hubiese finalizado esta “Patética” placentera.

Gracias Señora.

Entrevista de Andrea G. Torres para La Nueva España:

 

DiDonato, la Dama del alma

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Viernes 8 de enero, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: In my solitude, Joyce DiDonato (mezzo), Craig Terry (piano). Obras de Haydn, Mahler, Hasse, Händel, Berlioz, Giordani, Parisotti, Ellington y Piaf. Entrada butaca: 34 €.

Vuelta al cole y a la anormalidad (en el amplio sentido de la palabra) que no nos ha hecho perder el regreso de la gran DiDonato a Oviedo, nueva cita en una gira que incluye Barcelona y Madrid poniendo de nuevo a la capital asturiana en este lugar que vengo llamando “La Viena del Norte” español.

©Cris Singer

Cada visita de Joyce es una fiesta y el público asturiano acude necesitado de la música en vivo con la calidad que siempre rodea a la gran mezzo americana, diva y cercana, capaz de aglutinar en un mismo recital lírica y cabaret, música sin etiquetas en una voz única, madura, compacta, de dicción perfecta en cualquier idioma, actriz en cada rol y sobre todo intérprete con alma, esta vez con su pianista habitual Craig Terry y puro entertainment para mitigar incertidumbres y disfrutar cada día como si fuese el último, como así lo hizo saber tras su primera obra, agradecida de volver a sentir al público tras una etapa en la que tuvo, tuvimos, cielo e infierno, al igual que este recital inolvidable para los que tuvimos la fortuna de acudir sin importar el frío gélido exterior, porque el calor de “La Donato” derrite hasta a “La Filomena” de estos días.

Lástima que las medidas de prevención e higiene impidan tener en papel un programa que incluye las letras y su traducción, impagables para comprobar cómo la música engrandece el texto, pero al menos pudimos tenerlas “on line”, aunque no era la mejor opción estar durante el concierto con el teléfono encendido (de hecho no lo aprecié durante el mismo, como tampoco las toses que gracias a las mascarillas parecen erradicadas de los auditorios), por lo que fue excelente idea proyectarnos simultáneamente letra original y traducción, que a diferencia de la ópera está debajo del escenario y no miramos a las nubes sino a los músicos.

Una primera parte con Haydn y Mahler suficiente para satisfacer paladares delicados,  primero el “clásico” del vienés, la cantata para voz y piano Arianna a Naxos, Hob.XXVIb:2, primer recitativo poderoso, metida de lleno en el personaje que llama a Teseo y la primera aria Dove sei, mio bel tesoro? de cortar el silencio con un teclado casi orquestal, sin miramientos y tapa totalmente abierta pero siempre atento a las inflexiones, respiraciones y amplísima gama de matices. Aún mejor el siguiente recitativo, Ma, a chi parlo?Gli accenti Eco ripete sol con el piano cantando y contestando más el aria Ah! che morir vorrei, verdadera interpretación para morir pero de placer escuchando a la gran mezzo norteamericana y levantando la primera gran ovación de la noche tras la que DiDonato nos agradeció estar con ella en esta vuelta a los escenarios, hartos todos de pantallas y enclaustramientos, con la música que es la vida, toda ella a nuestro lado.

Y después el eterno Gustav y sus Rückert-Lieder (1860-1911) donde DiDonato comentó haber encontrado respuesta a muchas preguntas durante el confinamiento, debutándolo aquí, Oviedo capital musical, en un orden no cronológico pero sí lógico, diría que incluso ideal para el devenir del recital, con un Terry impecable y un alemán cantado y sentido con alma en las cinco canciones sobre los poemas de Friedrich RückertBlicke mir nicht in die Lieder (14 de junio de 1901), “No mires mis canciones!”,  Ich atmet’ einen linden Duft (julio de 1901), “Respiré una gentil fragancia de tilos”, el olor en los pentagramas, la palabra musicada y el sentimiento cantado; Liebst du um Schönheit (agosto de 1902), “Si amas la belleza”, la juventud, el amor, haciendo del idioma de Goethe poesía pura nunca rígido, amando la música de Mahler con la voz de JoyceIch bin der Welt abhanden gekommen (16 de agosto de 1901), “He abandonado el mundo en el que malgasté mucho tiempo”, estado de ánimo donde la muerte es música, “¡Vivo solo en mi cielo, en mi amor, en mi canción!” como la confesión de esta Dama del Alba parafraseando a nuestro Casona cual Dama del Alma mahleriana, y Um Mitternacht (verano de 1901), la rima Mitternacht-Macht, “A medianoche”-“fuerza” pero interior, con el sobrecogedor verso final:  Herr! über Tod und Leben
Du hältst die Wacht Um Mitternacht!
que Mahler eleva a esperanza, “¡Señor! ¡Sobre la vida y la
muerte, tú eres el centinela a medianoche!”. Impactante desnudez expresada con la voz y el piano íntimos concluyendo con un silencio sin prisas dejando flotar la última sílaba y la vibración del piano antes del aplauso más que merecido a la magia de “La Dama DiDonato”.

Tras el descanso y el cambio de vestido, la segunda parte comenzaría súbita con sus dos visiones de Cleopatra, primero la de JOHANN ADOLPH HASSE Morte col Fiero aspetto (“Marc’Antonio e Cleopatra”), la bravura barroca donde el color de voz uniforme en toda su tesitura y el piano orquestal nos trajeron a la Reina DiDonato, y a continuación la de GEORG FRIEDRICH HÄNDEL: É pur così in un giorno… Piangerò la sorte mia (“Giulio Cesare in Egitto”), la máxima belleza en una lección de canto y acompañamiento, el alma se serena y el corazón late agitado cual “síndrome de Stendhal” pero handeliano.

No podía faltar la ópera romántica con HECTOR BERLIOZ, Je vais mourir… Adieu, Fière cité (el aria de Didon de “Les Troyens“), la tragedia de Eneas y la plegaria a Venus, la orquesta hecha piano con todas las dinámicas escritas y la mezzo imbuida del espíritu troyano capaz de convertir el auditorio en un templo operístico desde el conocimiento y tránsito del Purcell inglés al Berlioz francés, dramaturgia en estado puro.

El fin de fiesta agrupado como “Canciones de Cabaret” y arreglos del propio pianista Craig Terry de lo más variado que en estas versiones suenan igualmente contemporáneas tras comentar y bromear con los jóvenes cantantes a quienes preguntaba si se habían sentido Callas o Berganza en sus primeras lecciones con dos arias que los estudiantes afrontan casi en la primer clase, GIUSEPPE GIORDANI: Caro mio ben,  y Se tu m’ami / Star vicino  (ALESSANDRO PARISOTTI / SALVATOR ROSA), los nervios del largo camino del cantante y la transición al show con clase, elegancia, dominio de estas obras con un piano exuberante y la Donato auténtica diva americana que sin perder la compostura es capaz de aplicar la misma técnica para estos aires de jazz tan clásicos como el barroco.

El intimismo del café concierto llegaría con (In My) Solitude de Duke Ellington con letra de Eddie DeLange e Irving Mills, auténtica gozada a dúo, elegancia y “soul” de un grande de la música del pasado siglo cuyas armonías suenan impresionistas en los arreglos de Terry completadas con unos graves dignos de las voces negras pero con el color único de esta mezzo todoterreno.

El francés íntimo, maravilloso cuando se canta de forma natural, pondría el último punto de sabor, glamour y buen cantar de esta simpar La Vie en Rose (Guglielmi- Monot) con letra de Edith Piaf que DiDonato reinterpreta junto a un Craig Terry enorme, Debussy padre del jazz en el idioma vecino y maridaje de gala.

Rendidos a La Dama que canta con el alma, nos asombraron con el regalo de Stardust (Carmichael) a cuatro manos que engrandece a la intérprete integral en guiños cómplices con su pianista, una joya vocal esta vez instrumental que supo a poco pero es esencia “marca de la casa“.

Con el ambiente de salón entre amigos, el público en pie y los intérpretes igualmente agradecidos, todavía llegaría un Somewhere, Over the rainbow mágico, embriagador, optimista, Oz es Oviedo, Dorothy DiDonato y Terry el Mago de Steinway en un camino rojo como el vestido de esta segunda parte, hacia las ciudades esmeraldas españolas antes del regreso al Kansas natal de la mezzo. Increíble, delicado, enorme para sobrecogernos el alma.

La locura desatada y el Mozart de Cherubino en “Las bodas de Fígaro”, su aria Voi che sapete, porque ellos sí que saben lo que es el amor por la música, el dominio idiomático y escénico, el gusto por el buen cantar y mejor estar.

Y la “postboda” mozartiana aún más asombrosa con un I Love A Piano desenfadado con Joyce y Craig, alegría de vivir, calor y color para un concierto inolvidable pasadas las 22:15 horas que recordaremos mucho tiempo en Oviedo.

Blando susurro navideño

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Sábado 19 de diciembre, 19:00 horas. XXIII Festival de Música Antigua de Gijón, Centro de Cultura Antiguo Instituto: La Galanía, El blando susurro. Música sacra española e italiana del siglo XVII. Entrada: 3€ (agotadas en pocas horas).

Era en verano cuando el festival gijonés debería haberse celebrado, pero todos conocemos las causas de suspensiones y aplazamientos, recuperando por fin los conciertos en el Antiguo Instituto Jovellanos de Gijón con aforo reducido, medidas de seguridad y muchas ganas de disfrutar la música en vivo, público ansioso de barroco y renacimiento, el referente de estos repertorios desde hace ¡23 años! que “La Covid 19” no ha podido con él, transmitiéndose igualmente en “streaming” por el canal en YouTube© del Taller de Músicos que inaugurase mi siempre recordado René.

Tras la presentación de Eduardo G. Salueña y los agradecimientos a la Asociación Música Antigua, al Taller de Músicos, a la Fundación Municipal de Cultura y Universidad Popular que dirige Miguel Barrero y por supuesto al Ayuntamiento de Gijón representado por su alcaldesa Ana González como una melómana más disfrutando del recital, llegaba la pamplonica Raquel Andueza con La Galanía a la capital de la Costa Verde, tras disfrutarlos en Jaén (desde casa) con el Festival de Música en Segura, cambiando El baile perdido veraniego por unas nanas al Niño muy navideñas, recuperadas desde su escritura tras la ardua labor de investigación y actualización de las mismas, junto a piezas instrumentales de la misma época que demostraron no ya la calidad de los componentes (que dejo detallados al final), todos ellos de largo recorrido y experiencia en estos repertorios,  sino el acierto en la tímbrica buscada, arropando cálidos y ajustados ese canto natural, espontáneo, felizmente recuperado sin perder ni un ápice el color característico de la soprano navarra.

Como bien indicaban las notas al programa (disponibles en la web), “En el programa hemos intercalado la canción de cuna italiana, solos al nacimiento y al santísimo sacramento en castellano y la música instrumental, generalmente basada en bailes que también fueron cantados en su día“. En estas “especiales” nanas cantadas en italiano y español, Raquel Andueza articula como pocas haciendo del propio texto melodía pura, los octosílabos en ritmo ternario son delicatessen, voz revestida con acompañamientos cercanos, detallistas, bien con el arpa de dos órdenes o la tiorba, intervenciones virtuosas del violín y el siempre discreto pero necesario toque de la percusión, que nunca rompieron ese clima íntimo de las canciones de cuna al bambín Giesù o las jácaras finales tan españolas.

Comienzo con cinco preciosas canciones de cuna, arrulladas, resucitadas de las bibliotecas italianas y las españolas, de ricos textos siempre metafóricos con los “descansos” de la chacona, la folía o la pavana, bien engarzadas entre las nanas, todas con la misma musicalidad íntima junto al gozo “moreno y gitano”.

Ambiente cálido, silencios respetuosos, aplausos sin prisa, dejando las notas finales en el aire. Disfrutando de la voz de Raquel Andueza con Jesús Fernández Baena compartiendo salón y susurrando, o el aria de bajo Dormi, o ninno (de Cristoforo Caresana) transportada para ella de belleza y delicadeza máxima con el excelso sonido de La Galanía.

La Galanía, esta vez sin guitarra barroca, volvió a coprotagonizar el recital con momentos de lucimiento de sus cuatro instrumentistas, especialmente el arpa de Vilas y el violín de Prieto, las cuerdas bien complementadas comandadas por Jesús más la percusión imprescindible de Mayoral, detallista hasta en las campanillas, todos manteniendo la línea argumental de estas músicas del XVII tan frescas y cercanas mimando la voz inimitable de la navarra, cerrando la velada a ritmo de jácara, el gran Sebastián Durón de Vaya pues, rompiendo el ayre, villancico navideño atemporal, inteligente y letra “ad hoc” para concluir: No chisten, callen, silencio, atención, aplauso

Y no podía faltar la propina esperada y encontrada del “picantón guineano” A la zambarambé, verano recuperado de baile tras un blando susurro.

La Galanía:

Raquel Andueza, voz – Pablo Prieto, violín – David Mayoral, percusión – Manuel Vilas, arpa de dos órdenes – Jesús Fernández Baena, tiorba.

Bocetos de Iberia

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Martes 15 de diciembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”: Luis Fernando Pérez (piano), Suite “Iberia” (Albéniz). Entrada butaca: 8 €.

El público necesita de la música en vivo como el aire que respira, aunque sea a través de una mascarilla, y la vuelta a ella nos resucita y reconforta un poco. También regresaron las Jornadas de Piano al auditorio con el madrileño Luis Fernando Pérez afrontando esa maratón del piano que es “la Iberia de Albéniz“. Casi dos horas y en el orden original del compositor campodroní para los cuatro cuadernos con una mínima pausa a la mitad y sin movernos de la butaca.

Es difícil aportar novedades, visiones, interpretaciones diferentes a esta biblia pianística también descrita por Enrique Franco como “el gran poema de la música española“, magna obra donde la docena de escenas pueden ser leídas o diría que pintadas en diferentes estilos y materiales: óleo, pastel, acuarela, plumilla, tinta china de colores, porqué no carboncillo, sanguina y hasta técnicas mixtas, puntos de vista del mismo paisaje con diferentes ópticas pero siempre reconociendo el objeto, el tema, el mensaje.

Personalmente no creo haber entendido “la Iberia de Luis Fernando Pérez“, un pianista al que admiro hace tiempo, sigo y aplaudo por el valor además de honestidad al regalarnos esta Iberia ovetense, por otra parte muy trabajada como atestiguan sus grabaciones y la edición digitalizada de la misma, pero desconozco si ha tenido una mala tarde o simplemente su acercamiento a las obras está muy alejado de mis referentes en vivo (de los vinilos y compactos daría para otra entrada).

Comprendo y hasta comparto que Iberia supone toda una vida y cada interpretación es siempre diferente, pues evoluciona y crece con el pianista, descubriendo nuevos detalles, sonoridades, pedales, articulaciones, discurso narrativo y todo lo que queramos añadir, mas en mi caso este concierto fueron doce apuntes o si se prefiere bocetos. Agrupando mis propias impresiones por los cuatro cuadernos paso a intentar describirlas:

I. EvocaciónEl PuertoEl Corpus en Sevilla. Flojo arranque, frío con “notas perdidas”, pinceladas sin rumbo, no buscando nada concreto salvo el pedal uniendo los 3 paisajes, más bocetos que acuarelas de confusión sonora y fraseos personales que no me placen, con un Corpus extrañamente fraseado, sumando dinámicas bruscas y un rubato exagerado para mi gusto aunque le encuentre “unidad”.

II. RondeñaAlmeríaTriana. Algo más centrado y concentrado en el trazo pero igual de confuso o difuso por momentos, con una agógica, una concepción del tempo con los silencios algo extraña desde el inicio del cuaderno. Desenfoques sonoros puede que buscados pero esa Almería desdibujada me llevó más al Cabo de Gata que a la Alcazaba, reflejos del Mediterráneo… incluso Triana sin Guadalquivir pareció un aguafuerte o incluso una plumilla con muchos grises que no son color sino dolor, borrones ágiles buscando un foco de atención que me despistó de la esencia.

III. El AlbaicínEl PoloLavapiés. La pausa no cambió mi perspectiva, las mismas sensaciones con unos caminos tortuosos donde el esfuerzo prima sobre el remanso, desenfoques y contrastes tan brutales que no me dejan delinear las formas. Trazo abrupto y sin finalizar, agilidades entrecortadas como un Lavapiés a trompicones cual camino empedrado además de empinado y líneas discontinuas que parecen traducir las pausas.

IV. MálagaJerezEritaña. Mismos gestos, ondulaciones sin punto de fuga, curvas sin horizonte y fatiga transmitida sin apenas bocanadas de aire, sobresaltos y decepción. Sensación de meterme en un callejón sin salida, bocetos sin terminar, aroma de manzanilla sin sabor en boca o firma ilegible.

Aplausos merecidos por el esfuerzo pero sinsabores personales que tras el titánico desgaste el madrileño aún nos regaló dos propinas: una “inédita” Yolanda popular de Colombia recordando a su amiga y colega Blanca Uribe, y una “Seguidilla murciana”.

Córdoba mediterránea

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Llevo días disfrutando en Spotify desde el ordenador y posteriormente en soporte CD aún puesto en la cadena, del recientemente publicado Rutas a cargo del tenor cordobés Pablo García-López y el pianista vitoriano Aurelio Viribay, perfecta fusión de una voz que tiene personalidad en esta canción de concierto y el máximo conocedor de un repertorio que domina desde hace muchos años. Como escribe “el mi fíu adoptivo” desde su primer viaje a Mieres en sus años de estudiante, “Emprendo este nuevo viaje y me gustaría que me acompañaras… quiero reivindicar nuestra música con la figura de estos compositores que se han apoyado en la palabra de grandes poetas“.

Acertada selección de 21 canciones que nos llevan a un viaje desde el Mediterráneo barcelonés de Eduard Toldrá (1895-1962) y alicantino de Óscar Esplá (1886-1976) a la Córdoba de Joaquín Reyes Cabrera (1914-2005) y Ramón Medina Hidalgo (1920-2012), reivindicación necesaria para estas “rutas” que habitualmente hemos escuchado por las grandes voces femeninas españolas y que el tenor andaluz le da esta visión masculina sobre unos textos a los que la música eleva al paraíso, rebautizando el Guadalquivir cual mar personal, siempre con el magisterio del doctor afincado en Madrid (conocedor del dicho de Rubinstein que Todas las palabras se esconden tras las teclas de un piano).

Toldrá y sus Seis canciones han sido grabadas por dúos de referencia que con García-López y Viribay resplanceden desde una línea de canto limpia, sentida y el subrayado pianístico impecable, nuestro lied equiparable al europeo que ambos intérpretes han transitado. “Cantarcillo” de concierto para disfrutar de Garcilaso, Quevedo o Lope, “Después que te conocí” todas las canciones son bellas, frescas y nada les sobra, la simbiosis texto-música equilibrada en todos los planos, fluidez verbal e instrumental.

Esplá nos transporta hacia el sur mediterráneo con textos atlánticos de Alberti, las Canciones playeras que explican las “Rutas“, por aquí y por allá de luz sorolliana en el piano dibujada con voz propia masculina, pregones de poesía pura, pescadores de músicas andaluzas universales que siguen viajando por el mundo. Nuestra Lírica española nuevamente única, aquí “Castellana” y “Mediterránea“, de la orquesta al piano grande de por sí, unido a la voz lírica pura que canta a nuestra tierra con una música para guardar y disfrutar siempre.

Siendo la patria chica del tenor no podía faltar la Córdoba soñada, los claroscuros de Romero de Torres con poesías de Lorca y también de Machado, viajeros triunfadores a los que Joaquín Reyes musica desde una continuidad bien traída a tierra de Califato, el magisterio destinado a engrandecer un repertorio no siempre presente en los programas pero que Pablo y Aurelio han traído para quedarse, los años 70 y 80 tan fructíferos para la creación desde los encuentros poético-musicales en la nueva Medina Azahara del Conservatorio que hoy lleva el nombre del recordado y grande Rafael Orozco. Las seis Canciones para niños del jienense y cordobés Reyes aquí grabadas reflejan no ya el dominio del piano que el compositor e intérprete cordobés mantuvo en su larga trayectoria sino el interés por revitalizar la canción de concierto, el Lorca puro de la Cancioncilla sevillana que desprende romero musical en la voz del cordobés y esa “guitarra en blanco y negro” del vasco, pero también el Caballito soñado de Machado, compenetración perfecta de voz y música, tenor y piano en protagonismo y aprendizaje compartido a lo largo de los años, que recuperan estas seis joyas de la literatura liederística hispana con visión europea desde la creación unida a la ilusión.

Cierra el disco Ramón Medina, otro docente y compositor cordobés con herencia musical directa, de quien han elegido poetas igualmente cordobeses, Se peinaba la niña de Pablo García Baena (1923-2018), poesía sensual perdurable y romántica destinada a ser cantada, y La adelfa de Carlos Clementson (1944) enmarcado en el Grupo Cántico, ya indicativo de su línea entre los llamados “novísimos“, como nuevas estas canciones que mantienen la esperanza de poder escucharlas en vivo aunque siempre nos quedará este testimonio para atesorar.

Excelente esta grabación del mes de junio realizada en Estudio Uno de Colmenar, con Pablo Pulido de ingeniero y producción de Miguel Jaubert, perfecta toma de sonido, cercana, directa, piano y voz en el balance ideal de amplias dinámicas registradas al detalle, como los textos del cordobés Juan Miguel Moreno Calderón, las fotos de Javier Salas y todo el CD diseñado por Fortissimo Media, distribuido por La Cúpula Music. Gracias a Pablo y Aurelio por este regalo que acompañará mis grandes grabaciones españolas, para presumir de ellas.

Bendita locura de música

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Domingo 11 de octubre, 20:00 horas. Fundación Princesa de Asturias, Semana de los premios: Fábrica de Armas de La Vega, Oviedo: Isla Locura, música en torno a Cervantes y Shakespeare. Pablo García López (tenor), Forma Antiqva, Aarón Zapico (clave y dirección). Entrada: gratis con invitación (agotadas en cinco minutos).

Tarde de domingo con recuerdos en un entorno donde mi abuelo moscón Pachu del Campo trabajó muchos años, y segundo concierto de día tras el matutino de la Banda Sinfónica del Ateneo de Mieres que tengo el honor de presidir, en el día del cumpleaños de Morricone a quien ya homenajeásemos el año pasado, por lo que este le correspondía a John Williams, ambos premiados con el Premio de las Artes. La Fundación Princesa de Asturias organiza en este recuperado espacio multitud de conciertos y eventos en torno a sus premios internacionales y la “Isla Locura” sería el perfecto colofón a un 11 de octubre que tendrá mucho para rememorar (la vuelta del Ateneo tras el 8 de marzo, ganaba Nadal su 13º Roland Garros y “el mi Oviedín” al eterno rival para terminar inmejorablemente este día de La Anormalidad ya asentada).

Sobre el montaje “Isla Locura” la propia Fundación lo describe así: “Este espectáculo poético-musical dirigido por Aarón Zapico, pretende simbolizar el hermanamiento de dos grandes tradiciones literarias, la castellana y la anglosajona, representadas en los escritores más importantes de la literatura universal“. Forma Antiqva tiene la virtud de apostar por formatos siempre novedosos, adoptando las mejores formaciones para ellos y nuevamente acertando de lleno con la elección del tenor cordobés Pablo García López para encarnar un particular Alonso Quijano en sillón con lámpara de mesa, rodeado de textos y libros, Cervantes y Shakespeare, declamaciones y canciones en un alarde escénico donde los cinco músicos le arroparon junto a luces bien buscadas y complicidades desde antes del comienzo en un repertorio donde los asturianos siguen siendo un referente (dejo algunas fotos de la FPA en Twitter© que reflejan mejor la lograda escenografía que desde mi posición lateral).

La luz tenue del taller con humo cual neblina onírica más los músicos adormecidos mientras de fondo sonaba una tormenta grabada ya nos preparaba para un inicio sorprendente: Lixsania Fernández con su viola de gamba cantando Yo soy la locura, la llegada a esta isla musical de la mano de una artista completa, despertándonos de un sueño que iría tomando forma.

Declamaciones algo más difíciles de captar por la acústica de esta nave con Pablo García López antes de su primera intervención cantada: el anónimo barroco Tanta copia de hermosura, con instrumentistas y voz perfectamente acoplados, la guitarra del “otro Pablo” arropando, acunando y dramatizando cada sílaba de su tocayo, el texto magnificado por la música.

Acción  y reacción, textos declamados y cantados, la unión perfecta más que la música complementaria, de España a Gran Bretaña con los aires más irlandeses de la “hermana isla asturiana”, Drive the cold winter away, el frío viento invernal con el violín “folk” de Jorge Jiménez y las pinceladas del maestro de la percusión Pedro Estevan, un “fichaje de champions” para la formación asturiana en un aire de pub desde este peculiar salón desarmado, que no desalmado.

Certera alternancia vocal e instrumental de un quinteto de lujo con declamación del “loco Pablo”, tarareo del shakesperiano O Mistress Mine doblado y plegado a un amor de barroco soñado, teatralizado y huanizado. Búsqueda de textos musicados, lírica en estado original, música inspirada en la literatura, la común y natural unión artística que en este espectáculo se dan la mano.

Aún con la neblina asturbritánica en el aire y tormentas instrumentales, los contrastes brillantes “marca de la casa” nos llevarían a escuchar la bellísima y animada The Virgin Queen – Bobbing Joe de John Playford, virtuosismo en la tecla de Aarón, en el violín casi whistle y más fiddle que nunca de Jorge, los rasgueos de Pablo empujando y reforzando el ritmo discreto y necesario de Pedro que haría de campanero para la siguiente declamación, con el tenor sentado al borde del escenario, la renacentista Al alva venid del Cancionero de Palacio, la profesionalidad de proyectar la voz en todas las direcciones para degustar estas melodías que impregnaron el aire frío que se olvidó con la calidez y calidad alrededor de una imaginada pinta de buena cerveza.

Forma Antiqva ofreciendo una glossa instrumental de Diego Ortiz, siempre alternando recuperar repertorio ya trabajado con descubrimientos y novedades que mantienen ilusiones junto al estudio incansable. Unión de tradición y modernidad, apuesta por una hibridación o mestizaje capaz de servir igualmente para interactuar con la palabra, declamada dramaturgia mandando la música, dinámicas “en forma” con juegos agógicos subrayando los textos.

Más aires británicos emparejados con los hispanos, el gran Purcell de If music be the food of love, el Shakespeare contado, realmente la música alimento del amor, canto declamado o declamación cantada, duelo literario con instrumentos reforzando el color vocal del tenor cordobés, ideal en este repertorio, ambientación aún más tierna desde su actitud pensativa antes de la conocida canción inglesa Greensleeves que los músicos enlazarían con el Nobody’s Jig, el Playford que supo aunar tradición con nuevos alardes virtuosísticos, folclore hecho música de salón en tiempos de oro, los universales Shakespeare y Cervantes en esta “Isla Locura”.

En el final la declamación de “Pablo Quijano” jugando con unas dinámicas y contestaciones de cada uno de los músicos: “¿Quién mejorará mi suerte? ¡La muerte! Y el bien de amor ¿quién le alcanza? ¡Mudanza! Y sus males ¿quién los cura? ¡Locura! De ese modo no es cordura querer curar la pasión, cuando los remedios son muerte, mudanza y locura“. Cervantes universal, único, quijotesco como todos nosotros, auténtica cordura loca con Un sarao de la chacona de Juan Arañés, “A la vida vidita bona“:

Un sarao de la chacona
se hizo el mes de las rosas,
hubo millares de cosas y la fama lo pregona:
A la vida, vidita bona,
vida, vámonos a chacona

Fin de fiesta con los ritornelli cantados por todos los músicos, ritmo contagioso, alegría de vivir, bendita locura en esta isla musical con millares de cosas. Gracias por compartir momentos irrepetibles.

Forma Antiqva: Pablo García López, tenor – Jorge Jiménez, violín – Lixsania Fernández, viola da gamba – Pedro Estevan, percusiones – Pablo Zapico, guitarra barroca – Aarón Zapico, clave y dirección.

El Pixán esperado

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Jueves 17 de septiembre, 21:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de Cámara (cambio de la Principal). Joaquín Pixán (tenor), Mario Bernardo (piano); artista invitada: Cristina Gestido (viola). Precio: 12 €.

Tercer concierto lírico de San Mateo, esta vez de pago y cambiando la ubicación inicial de la Sala Principal a la de Cámara, desconozco las razones, comunicándosenos por el correo electrónico de la compra “on line” y adjudicándome una localización que no elegí, a diferencia de la primera entrada, con toda la antelación del mundo (arriba dejo copia de la misma), pero supongo que estas circunstancias de la “Nueva Anormalidad” son tan cambiantes que mejor lo de hoy porque mañana nadie sabe…

Sigo con mi terapia musical aunque en pequeñas dosis y acercándome a la música en vivo, porque los artistas necesitan trabajar para vivir, al igual que yo estos conciertos. Colas, felpudos de desinfección, gel hidroalcohólico, distancia de seguridad, mascarillas, y sobre todo muchas ganas de música.

Pixán no necesita presentación alguna y menos en su tierra, con una carrera “de oro” por los 50 años de su debut, trabajados, con un programa elegido y esperado en él, bloques bien diferenciados comenzando con esas “canciones de concierto” que no pueden faltar desde los primeros años de estudio en todo cantante lírico, un Respighi debutado al lado de Tosti con quien el tenor tiene esa química especial, siendo un intérprete de referencia con el de Ortona; La Copla, con mayúsculas, esta vez del Maestro Quiroga a la que se acercó también en el disco y elevada al mismo nivel que las compañeras de concierto, para terminar con su lucha de siempre a favor de la canción asturiana de salón, despojarla del “cucho” y el “chigre” para darle la categoría que tiene cuando se afronta con la calidad habitual de Pixán, aunque los años hayan dejado algo opaco su color único, y siempre acertado gestor en encontrar patrocinios y apoyos para sus proyectos, el Antón García Abril de la orquesta al piano (hoy con “sorpresa”), sumando sus propias composiciones para la Tentativa de un nuevo Cancionero Asturiano para el siglo XXI con letras de Antonio Gamoneda  o el estreno de una obra que comentaré posteriormente, para finalizar con la apuesta por otro asturiano, Jorge Muñiz, que también amplió su catálogo con temas de nuestra Asturias desde “allá por tierra extraña” en su atalaya de Chicago o Indiana.

Por supuesto que en los proyectos del de Cangas de Narcea el piano acompañante sabe buscarlo para encajar en el espíritu de estos recitales, y esta vez de nuevo contó con Mario Bernardo, conocido, seguro, con entendimiento perfecto y dominador del repertorio del tenor, segundo plano cuando se necesita y primero en los momentos indicados, más la colaboración de Cristina Gestido a la viola que supuso no solo la nota de color sino el complemento y por momentos protagonismo de una velada del agrado total.

Arriba dejo el programa que se nos envió a los que pasamos por la taquilla virtual, con pequeñas variaciones en el orden, que paso a comentar.

Para abrir boca, Alessandro Scarlatti (1660-1725) y su GIÁ IL SOLE DAL GANGE, con ímpetu y brío aunque no sea el estilo del cangués pero un lujo calentar cuerdas con el barroco. Más reposado e intimista en Vincenzo Bellini (1801-1835) y su VAGA LUNA CHE INARGENTI (Texto anónimo italiano), donde ya pude comprobar que la voz no tiene la frescura de antaño aunque la supla con esta interpretación “quasi operística” que como veterano supo llevar a su terreno siempre en media voz suficiente para proyectarla. Comentaba el tenor que se estrenaba con el boloñés Ottorino Respighi (1879-1936) y LUCE (A. Negri), como preparando el terreno para afrontar a su querido de Abruzzio Francesco Paolo Tosti (1846-1916) con tres de las canciones donde Pixán se desenvuelve como pocos: MALÍA (R.N. Pagliara), IDEALE (C. Enrico) y finalmente L’ ULTIMA CANZONE (Texto de F. Cimmino). Sin el brillo de antaño pero la maestría del “saber decir” fue in crescendo en intención, emoción y entrega.

La segunda parte arrancaría directamente con las dos obras de Antón García Abril (1933) pero con “la voz” de la viola y el coprotagonismo del piano, las melodías tradicionales de ELLA LLORABA POR MÍ y las VAQUEIRAS en arreglo instrumental de la propia Cristina Gestido, y autorizado expresamente el compositor, enriqueciendo unas páginas de por sí bellísimas que con esta “reinvención” eleva a categoría camerística como las versiones de las canciones españolas de Falla. La melancolía primera que la viola traduce sin necesitar las palabras de León Delestal, y las rítmicas vaqueiras exigentes para el piano arropando los “yeh!” del arco que alguno aguantó compartir. Sorpresa agradable y tributo instrumental a uno de los proyectos más internacionales de Pixán y otro salto de calidad de la música de inspiración asturiana que sonará en muchas salas del mundo con este acercamiento desde lo vocal.

De la la Tentativa de un nuevo cancionero del propio Pixán, su ROSA NEVADA (A. Gamoneda) con la viola de Gestido sustituye la gaita por ese cordófono de luthier que es la poco reconocida viola, recuerdos de vigulines, rabeles (que en asturias llaman bandurrias) o zanfonas, el repertorio de la “tonada lírica” que pide más al viejo que al diablo, los melismas con los que nos hemos criado en Asturias, más que una tentativa, una limpieza de estos cuadros sonoros que necesitan proyectos como este del tándem Pixán-Gamoneda. Las cuerdas vocales ya a su temperatura, los adornos que emparentan la tonada asturiana con los cantos del muecín en una Ruta de la Plata que tiene parada en Andalucía y su género por excelencia despojado de malas famas, la copla de Manuel Quiroga (1899-1988), el maestro del triunvirato con León y Quiroga, dos como uno estos poetas tan musicales y musica2 (perdón por la licencia), esta vez con el piano de Bernardo y la voz de Pixán ya “recuperado” para enamorar a una parte del público que sigue recordando este género: LA LIRIO (Rafael de León) con todos los giros vocales “de ida y vuelta” y LA SALVAORA (Antonio Quintero), arrebato y emoción, la entrega premiada con bravos.

El “fin de fiesta” mantendría piano y viola arropando los temas asturianos que quedaban, el del propio Joaquín de VAN PO LOS AIRES (A. Gamoneda), los dos temas de Jorge Muñiz (1974): SOLEDAD (Tradicional) donde la viola le da un “plus” tímbrico y el siempre querido PAXARÍN PARLERU (Tradicional) que no hace falta presentar, con unas armonizaciones nuevas que visten la melodía con aires de renovación desde el lenguaje actual, aunar tradición y modernidad en la música, no siempre fácil, y donde Pixán sigue siendo el maestro. Dándolo todo, con el gusto y saber cantar estos repertorios donde los años son solera o gran reserva.

Fuera de programa, aunque nos habían mandado la letra, que dejo aquí, y con los tres intérpretes en escena más unas palabras de Joaquín Pérez Fuertes (1950), el verdadero nombre de Pixán contando el encargo de componer una canción para la VETUSTA clariniana, con letra de Aurelio González Ovies, presente en la sala, un estreno en la inspirada línea del Pixán compositor, melodías de raigambre que evocan lo nuestro y resultan cercanas pese a la novedad. Vetusta ya tiene canción propia en nuestro cancionero astur.

Y aún quedaban dos propinas más tras el estreno. 50 años dan para mucho y no faltó su recuerdo a Antoñita Moreno con su eterno agradecimiento por hacerle debutar en el Teatro Campoamor de Oviedo allá por 1969 con el gaitero Remis, cantándonos un arreglo con viola y piano de CARRETERA DE ASTURIAS en homenajes mútuos, a los emigrantes, al repertorio del siempre recordado y “rompedor” El Presi de entonces,  para sin mirar el reloj terminar por todo lo alto con una mítica SI YO FUERA PICADOR, una de las canciones que también Pixán ha llevado por todo el mundo manteniendo un legado de la tierra como es nuestra música tradicional por que los años dan la perspectiva necesaria para valorarla más.

Roberto Álvarez y la integral para flauta de Brotons

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Uno que peina canas hace tiempo, puede presumir de muchas amistades musicales a lo largo del mundo, y una especial por haberle dado clase en el IES “Carreño Miranda” de Avilés, allá por los años 80, el flautista Roberto Álvarez que lleva desde 2007 en la Orquesta Sinfónica de Singapur como piccolo solista, porque también exportamos talento musical, de lo que escribí una entrada “Músicos asturianos por el mundo“, parodiando los muchos programas televisivos que recuerdan nuestros emigrantes no siempre culturales, y de hecho a Rober creo que deberían hacerle uno pero a escala nacional y no solo regional. Con un curriculum apabullante y de trayectoria impecable, desde el Lejano Oriente no ha dejado de triunfar como solista y docente, siempre activo en las redes y sin parar de estrenar obras, además de rendir tributo a su profesor, el maestro Gonzalo Casielles.

Algo bueno tiene cumplir años y más en tiempos de confinamiento obligado donde repaso discos que no siempre están en la bandeja del reproductor. Recordando a tantos alumnos y concertistas que llevo en mi mochila salió de las estanterías el primer CD que grabase Roberto en 2010 del que hice la reseña en mi blog “antiguo“.

El siguiente resultó otra maravilla que llegó a ser portada de la revista RITMO y del que no hice mención exclusiva, solo de pasada en la citada primera entrada a pesar de tenerlo entre mis “imprescindibles” no ya por el cariño sino por la calidad y la apuesta por compositores actuales, algo que Roberto Álvarez ha tenido claro desde siempre.
Así en el disco “La noche” se unió a la arpista malaya Katryna Tan, “un recorrido por los misterios nocturnos y sus secretos, pero también una apuesta por la creación contemporánea para dos instrumentos, el arpa y la flauta”, música del siglo XXI que como ellos contaban en una entrevista combinaban a la perfección “el fluido sonido acuoso del arpa y el melódico sonido aéreo de la flauta”. Obras de Fernando Agüeria, Ignacio Rodríguez Guerra, María Dolores Malumbres (recientemente fallecida), Miguel Prida y Jorge Muñiz a los que han unido con otros creadores como Robert Casteels o los asiáticos Chen Zhangyi y Ho Chee Kong en un disco que no solo promueve la música actual para esta combinación instrumental que “necesita” más repertorio, sino que ha servido para crear un puente cultural entre dos maneras de entender la música y la cultura, dos mundos donde el único lenguaje internacional sigue siendo el musical.

Y hoy también me encontré con los CDs que Roberto Álvarez lleva publicados en el sello Centaur para plasmar por vez primera la integral para flauta del catalán Salvador Brotons (Barcelona, 1959), instrumentista, compositor y director al que también sigo hace años, más desde la batuta por haber dirigido a Carmen Yepes. Menos en la faceta compositiva aunque he podido escuchar hace siete años su Concierto para trombón op. 70 (1995) con Brandhofer y Perry So al frente de la OSPA, previa conferencia del musicólogo Israel López Estelche, que también escribió las notas al programa, recordando que Brotons fue alumno de Montsalvatge.
Puede hacer una de mis “escapadas” a Barcelona en mayo de 2014 para asistir a la premier en versión de banda con el propio Salvador Brotons Catalunya 1714, Rapsòdia catalana nº 5, op. 127 compuesta para el tricentenario de este episodio histórico, obra rompedora e impactante con coros y la banda sinfónica barcelonesa sin perder nunca el espíritu catalanista del barcelonés.

La faceta del catalán como flautista me es desconocida (figura en su biografía pero no pude escucharle nunca pese a ser solista de la Orquesta del Liceu hasta 1985) hasta que me llegaron a casa los primeros dos volúmenes (parte del tercero ya publicado lo he escuchado en YouTube© ) que grabase Roberto Álvarez siempre con la brillante pianista Beatrice Lin, entre otros instrumentistas, muchos compañeros del asturiano, haciéndome entender estas maravillosas composiciones a lo largo del tiempo, escritura virtuosa llena de riqueza en los dos instrumentos que el asturiano defiende a la perfección, volviendo a embarcarse en otro ambicioso proyecto que además cuenta con el total apoyo de Brotons, como comentamos en alguna ocasión posterior en sus visitas a la “tierrina” (donde tampoco falta el contacto sus profesores y compañeros Myra y Peter Pearse), incluso es habitual encontrar alguna en los conciertos del avilesino. Legado fonográfico e histórico reuniendo estas obras de Brotons del que podemos escuchar su evolución en la escritura desde el conocimiento real del instrumento y su estilo personal que nunca pierde de vista conceptos básicos como melodía, ritmo y armonía, sin necesidad de buscar lenguajes más comprometidos, aunque también sea capaz.

En el Volumen 1 (CRC 3554) publicado en 2016, y grabado en el Yong Siew Toh Conservatory of Music de Singapore en octubre de 2015, participan además de la citada pianista Lin, Eugene Toh en la percusión, la también “conocida” Katryna Tan al arpa y Kevin Loh a la guitarra, y figuran las siguientes obras cuya distribución no atiende a una cronología sino más bien a esa idea de contraponer acompañantes para hacer más “independiente” cada disco, lo que se agradece aunque cuando se complete la integral dispondremos de la visión global en la evolución del Brotons compositor para su instrumento con combinaciones muy variadas e interesantes buscando unas sonoridades actuales me atrevería a decir que atemporales. No hay protagonismo de Roberto sino generosidad y talento compartido.
Sonatina para Flauta y piano, op. 21:
I. Lento cantabile – Cadenza; II. Presto – Lento sensible – Presto, obra de juventud que apunta interesantes solos de flauta con un piano más allá del simple acompañamiento, complejo pero permitiendo disfrutar de ambos.
Fantasía concertante para flauta y marimba-vibráfono, op. 51: Agitato – Lento – Allegro – Largo – Presto. El color que aporta la percusión es un punto a favor del compositor, siempre atento a la flauta pero buscando esa “vestimenta” especial, donde el virtuosismo de las placas está igualmente a un nivel increíble, lógico en un director orquestal que conoce cada instrumento a la perfección.

“Coloured Skies” para flauta y arpa, op. 134:
I. Cloudy; II. Starry; III. Blue; IV. Stormy. Más cercana en el tiempo pero fácil de escuchar aunque dificilísima de interpretar en ambos instrumentos con la combinación que Roberto ya buscase en su disco “La Noche” con el arpa por momentos casi guitarrística sin renunciar a los efectos habituales tan ensoñadores como los propios nombres de sus cuatro movimientos, aires célticos de reminiscencias foklóricas mezclados con toques impresionistas y hasta cinematográficos como la “Tormenta” que cierra esos cielos coloreados por Brotons y perfectamente llevadas al lienzo por Roberto y Katryna.
Sonata nº 2 / Concierto para flauta y piano y orquesta, op. 72:
I. Calmo e sognante; II. Vivo; III. Adagio funebre – Cadenza; IV. Allegro deciso, obra que debe ser realmente rompedora con orquesta y que desde el piano se la dota de la grandeza de esta forma clásica en estructura y moderna en escritura. La riqueza del piano nos hace imaginarnos la escritura sinfónica (hasta los timbales se recrean) llena de matices, de protagonismos propios dentro del diálogo con la flauta solista (la Cadenza del tercer movimiento es de una belleza asoladora y brillante), ese aire “mediterraneísta” que no se pierde nunca con el maestro Brotons en sus movimientos lentos y ese espíritu emocional del flautista en los rápidos además de la citada cadencia para recreo del solista.
Tres divertimentos para flauta y guitarra, op. 68:
I. Molto allegro; II. Adagio lamentoso; III. Con fuoco. Ambiente español por sonoridades, internacional por planteamiento, “divertimentos” en el amplio sentido de la palabra, forma libre con un dominio de la escritura para ambos instrumentos, muy “fogoso” y actual el último movimiento, virtuosismo que nunca oculta una escritura respetuosa y arriesgada más allá de etiquetas.
Cierra este primer volumen “El Porte de la Selva”, para flauta y piano, op. 6: Tempo de Sardana, danza catalana universal de un compositor que igual escribe para la tenora que para su instrumento natural, ambos presentes en la vida del compositor, alumno de su padre también flautista como el abuelo dentro de una familia de músicos que continuaría en su Barcelona natal con los mejores (Ros-Marbá, Manuel Oltra o el citado Montsalvatge), y “una pica en Flandes” del asturiano, entendimiento y naturalidad con la pianista interpretando este aire catalán inspirado en este pueblo marinero de la Costa Brava como si de nuestro Cantábrico se tratase por la total entrega y sentimiento en esta obra de un joven Brotons que ya apuntaba maneras.

El Volumen 2 (CRC 3555) se grabó a continuación del primero en el mes de noviembre pero con muchos más intérpretes además del piano de Beatrice Lin y el arpa de Katryna Tan: Audi Goh (oboe), Ralph Emmanuel Lim (clarinete), Alan Kartik (trompa), Zhao Yingone (fagot), Samuel Phua (saxo), Siew Yi Li (violín), Janice Tsai (viola), Chan Yoong Han (viola) y Juan Lin (cello), algunos compañeros de Roberto en la orquesta de Singapur y otros profesores jóvenes que atesoran calidad humana y musical, lógico en la búsqueda del asturiano para ensamblar estos conjuntos, perfecto complemento del volumen anterior aunque aparezcan obras “primerizas” de un Brotons que asombran por su madurez sin perder la unidad, combinaciones instrumentales más allá de un ejercicio compositivo y una exploración de tímbricas.
“Esentiae Vitae” para quinteto de viento madera, op. 80:
I. Earth; II. Air; III. Water; IV. Fire; V. Life, movimientos tan sugestivo como sus títulos, los cuatro elementos y la propia vida, instrumentos de la familia de la madera más una trompa con unos músicos bien compenetrados que dan la esencia a esta obra de un compositor siempre explorando el material sonoro apropiado para un descriptivismo subjetivo pero siempre muy musical, técnicamente de lenguaje contemporáneo, especialmente el quinto movimiento que me evoca al Stravinski de cámara, vida con el aire necesario para hacer sonar este quinteto de esencias.
“Virtus” para flauta, trío y piano, op. 53:
I. Prudence; II. Fortitude; III. Temperance; IV. Justice, las cuatro virtudes cardinales, principio y fundamento como los puntos que nos orientan en el camino que parece seguir este trío de cuerda más la flauta y el  piano: prudencia en el arranque meditativo y de dinámicas controladas, casi cual oración; fortaleza en unos fuertes alternando tímbricas de la cuerda con el dúo flauta-piano, sabor francés por la cercanía geográfica del norte catalán con final rotundo; templanza cual equilibrio y contención, comienzo con dúo y después trío de cuerda centroeuropeo en esencia, preparando un vuelo planeador de flauta sustentado por el piano y un violín que dibuja melodías de vuelta a casa con recovecos internos antes de clamar finalmente justicia, poética además de musical, inicio pianístico beethoveniano antes de un juego “schoenbergiano”, clusters y tensiones rotas por un cello evocador del Casals paisano, cinco instrumentos, cinco virtudes y una sola sonoridad, justicia en agradecer las fuentes, música pura con intérpretes virtuosos.
“Tema, variaciones y coda” para quinteto, op. 29: Tema: Maestoso; Variación I: Allegro commodo; Variación II: Andante cantabile; Variación III: Vivacissimo; Variación IV: Adagio assai; Variación V: Allegretto; Coda: Prestissimo. Un tema majestuoso que me recuerda al Falla del Retablo, el lenguaje de transición en el inicio del siglo pasado con el salto a París, un quinteto en estado “puro” tras el “mixto” de la obra anterior, y cinco variaciones con protagonismos compartidos, relevos dentro de la unidad sonora, indefiniciones en diálogos siempre respetuosos, carreras a velocidad máxima llenas de fuerza contenida, persecuciones sin ánimo de victoria pese a la trompa guerrera más que cazadora de descanso sin respiro, cantando y contando arropada por sus compañeros, paso adelante cual cuento ruso en el fagot, inspiraciones cual referencias camerísticas bien entendidas por un compositor, instrumentista y director capaz de aunar todo en esta quintaesencia que remata en un final vertiginoso cual final de dibujos animados.

“Suite for three” para trío de viento madera, op. 16 bis:
I. Introducció; II. Divertiment; III. Berceuse; IV. Scherzo; V. Recitatiu fugat; VI. Final. El catalán indicativo en los movimientos, la forma francesa, el título en inglés, políglota unión de música pura, sin más pretensión que el disfrute sonoro desde la construcción arquitectónica en tres puntos, estabilidad máxima que los intérpretes alcanzan sin vacilación, una “nana” intermedia casi etérea sin apenas graves, antes de la broma saltarina, casi danzante, previa a la fuga preparatoria tranquila antes del último y apasionado movimiento.
Sax-Wind Quintet, op. 15:
23. Largo – Allegretto – Presto – Largo – Prestissimo, nuevo color aportado por el saxofón, el juego de lengüetas entre oboe y fagot, la redondez de la trompa y la agilidad de la flauta, texturas y aires contrapuestos primando una rítmica intrínseca que será casi el sello Brotóns en estas obras camerísticas.
“Ad Infinitum” para flauta, viola y arpa, op. 13: Andante – Larghetto amabile, original combinación al añadir la viola al dúo flauta-arpa que tan buenos resultados le ha dado al flautista asturiano. Campanas iniciales del arpa, la sonoridad sedosa de la viola sumando la flauta clara y limpia en esta obra de juventud nuevamente madura explorando sonidos nada habituales en su momento, registros rebuscados para conseguir gamas amplísimas, intervenciones a solo y casi un cuento de elfos irlandeses, fusiones que tanto el compositor como el asturiano han transitado en sus carreras.
“Emphasis” para quinteto de viento madera, op. 9: Lento – Scherzando – Moderato – Scherzando, explorando formaciones camerísticas ya desde los comienzos, contrastes de aires, ritmos, música a borbotones e interpretación de altura.

En el amplio catálogo de Brotons figuran muchas obras para su primer instrumento, la flauta, y es una alegría saber que el asturiano Roberto Álvarez va a grabarlas todas, un hito que hará historia, uniendo Asturias y Cataluña desde Singapur con el único lenguaje universal.
El repertorio del flautista sigue creciendo, y dejo aquí un vídeo de hace un año donde conjuga sus pasiones e influencias con una obra de Anthony Lanman acompañado por guitarra. Seguiremos a nuestro “flautista de Singapur” en sus andanzas por todo lo largo y ancho del mundo, aunque también le toque quedarse en casa.

P.D.: La fotos que aparecen son propias, de distintas Webs así como del propio Roberto Álvarez.

Esplendor barroco

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Miércoles 11 de marzo, 20:00 horas. Sala de cámara del Auditorio de Oviedo: Universo Barroco – VII Primavera Barroca: Ay! Bello esplendor, grandes villancicos barrocos. Vozes del AyreAl Ayre Español, Eduardo López Banzo (órgano director). Obras de José de Torres (ca. 1670-1738), A. Corelli (1653-1713), Juan Francés de Irribarren (1699-1767) y Carlos Seixas (1704-1742).

Auténtica fiesta palaciega en este inicio de la séptima edición de la Primavera Barroca en colaboración de la Fundación de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo y el CNDM, que ofrecían nada menos que ocho estrenos mundiales, cinco de Torres y tres de su alumno Francés de Iribarren, con un programa alternando un conjunto vocal de ocho solistas perfectos para las obras elegidas, voces de larga trayectoria que se unen con el instrumental de siete dirigidos por el maestro López Banzo al órgano, equilibrio conseguido desde una sonoridad impecable en todos, puede que algo coja en uno de los contratenores aunque solamente en su intervención solista, con los textos a disposición del público en una presentación que otras veces debíamos conformarnos con la no impresa.
Como describe la presentación de este concierto, “El maestro José de Torres (ca. 1670­1738) y su discípulo Juan Francés de Iribarren (1699­1767) comparten protagonismo en este nuevo proyecto artístico de Eduardo López Banzo al frente de Al Ayre Español, articulado en torno a la estrecha relación profesional que existió entre los dos famosos compositores.
La prodigiosa imaginación musical, la acertada síntesis de los más variados estilos y la expresión vehemente y colorida de Torres encontrarán en Iribarren, quien sigue al comienzo de su carrera las pautas compositivas del maestro, un lenguaje más terso y galante y la constante búsqueda de un estilo sencillo y popular, sin abandonar su sofisticada escritura musical. Las variadas combinaciones vocales e instrumentales y las contrastantes temáticas de las obras elegidas para este programa muestran la sorprendente riqueza expresiva de este repertorio
“. Y no defraudaron en este programa de villancicos que nos acercaron un poco a lo que deberían ser las navidades palaciegas, aunque el incendio hiciese perderse todas las partituras que atesoraba.
La fiesta comenzaría con José de Torres¡Mirad y admirad portentos! (ø+), villancico general al Santísimo, a ocho voces con violines y oboe, todos los intérpretes jugando con los solos de María Espada y los dos coros enfrentados, música pegadiza y bien balanceada con una escritura respetando la propia rítmica del texto.  De la pobreza a las puertas (ø+), es un villancico de Calenda de Reyes, a ocho voces con violines y oboe (1714), de nuevo alternando coro y solos de María Espada y Víctor Sordo, dos voces bien empastadas por timbres y entendimiento, alternancias de estribillos y coplas muy vivas, para continuar con Pues el cielo y la tierra (ø+), villancico de Navidad a cuatro voces (1713), cuatro solistas masculinos jugando en las coplas y los aires festivos, instrumentos reducidos al archilaúd, contrabajo y órgano no solo dando réplica sino empujando una masa global, un tutti de estilo hispano pero con calidades internacionales más allá de un estilo italianizante tan de moda en estos albores del XVIII.

El “puente instrumental” tenía que ser en un idioma común y nada mejor que Arcangelo Corelli y su Sonata nº 10 en la menor, op. 3 (1689), Al Ayre Español en estado puro, ese dúo de violines en simbiosis arropados por los graves contundentes, el ropaje organístio y las perlas de Juan Carlos de Mulder, imprescindible en el continuo.

Vuelta a Torres para cerrar la primera parte con Lágrimas tristes, corred (ø+), villancico al Santísimo, a cuatro voces con violines, disfrutando nuevamente de las voces solistas (las sopranos, contrátenos y barítono, la mitad pero igual riqueza de escritura e interpretación, estribillo y coplas cantadas con el instrumental en los planos adecuados que permitieron paladear unos textos intrínsecamente musicales seguido del Luciente, vagante estrella (ø+), villancico de Reyes, a ocho voces con violines y oboe (1714), probablemente el más logrado por las combinaciones vocales y la aparición del estribillo-aria así como los solos cambiantes refrendados tanto por el coro como el ensemble donde el oboe de Pedro Lopes e Castro resultó casi una voz sin palabras.

La segunda parte sería la de Juan Francés de Iribarren, buen continuador del maestro en evolución natural del estilo comenzando con el bellísimo Tortolilla (ø+), villancico a dúo para reyes, con violines y oboe (1733), estribillo a dúo, al igual que el recitado, escena pura y un aria para soprano y tenor, María y Víctor, contrastes rítmicos y tímbricos más un ropaje instrumental de excelencia para siete números estructurados en espejo, nueva fiesta musical.
Si los aires italianos ponían el puente para Torres, en el caso de Francés de Iribarren sería el portugués Carlos Seixas con su Sonata para oboe en do menor, lucimiento solista de su compatriota con el ensamble sin violines y auténtico virtuosismo en tres movimientos donde la Giga central sonó plenamente francesa, elegante antes del Minueto final.

Y hasta la conclusión volvería Francés de Iribarren, primero con Cesen desde hoy los profetas (ø+), villancico de Calenda de Navidad, a ocho con violines (1739), algo más movida de lo que cabría esperar y poniendo en dificultades las largas frases de una María Espada que nunca defrauda, para terminar con una jácara vertiginosa a cargo de Víctor Cruz, Digo que no he de cantarla (ø+), jácara de Navidad a cinco con violines (1750), guitarra -por vihuela- de aire español internacional de unos compositores recuperados de los archivos de las catedrales salmantina, malagueña y guatemalteca que Eduardo López Banzo ha transcrito de los manuscritos originales inéditos, pues como bien nos recordó al finalizar el programa, se quemaron con el Palacio Real y gracias a esas copias podemos hacernos una idea de lo que sonaba en estas fiestas que casi recrearon en la sala de cámara del auditorio ovetense.

De regalo bisarían a Torres y el estribillo de Luciente, vagante estrella que da nombre al espectáculo, “Ay! bello esplendor”, belleza y esplendor de un barroco que pujaba por mantenerse en unos tiempos casi tan complicados como lo actuales. Bravo por estos “ayres” del maestro maño.
(ø+) Recuperación histórica, estreno en tiempos modernos.

VOZES DEL AYRE: María Espada y Lucía Caihuela (sopranos), Sonia Gancedo (mezzo), Gabriel Díaz y Jorge Enrique García (contratenores), Víctor Sordo (tenor), Víctor Cruz (barítono), Javier Jiménez Cuevas (bajo).
AL AYRE ESPAÑOL: Pedro Lopes e Castro (oboe), Alexis Aguado y Kepa Artetxe (violines), Guillermo Turina (cello), Xisco Aguiló (contrabajo), Juan Carlos de Mulder (archilaúd y guitarra barroca). Eduardo López Banzo (órgano y dirección).

El efecto Rodiles

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Martes 10 de marzo, 19:00 horas. Club de Prensa La Nueva España: presentación del CD The Butterfly Effect, Noelia Rodiles (piano).

Sigo hace muchos años la carrera imparable de esta pianista avilesina, Noelia Fernández Rodiles, Noelia Rodiles definitivamente para el mundo musical (con permiso de su padre más orgullo materno), y aunque faltase a su último concierto en el Bellas Artes de Oviedo hace dos veranos, precisamente con las obras de este disco, no le pierdo el rastro a su trayectoria ni tampoco sus intervenciones en distintos programas de radio clásica.

El club de prensa ovetense hoy entre amigos, pues parece que empieza a cundir el pánico a salir de casa, presentaba el último trabajo discográfico para el sello Eudora, que pese a la indisposición de última hora de Cosme Marina, tuvimos sustituto de lujo con el compositor y catedrático del Conservatorio Superior de Oviedo, Manuel Martínez Burgos, que además fue profesor de Noelia.

El efecto mariposa es un concepto amplio de todos conocido basado en la teoría del caos, aunque sea mucho más poético (como el vestido que lucía Noelia para la ocasión) pensar en que «el leve aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo» como reza el proverbio chino. Mariposas inspiradoras, fusiones románticas y actuales como en su anterior disco Ligeti – Schubert, y también el título de la Sonata nº 5 de Jesús Rueda (Madrid, 1961) que finalmente daría nombre a esta joya de grabación efectuada en la Sala Mozart del Auditorio de Zaragoza para escucharlo (en formato SACD) como si estuviésemos tan cerca como esta tarde en Oviedo, aunque el piano vertical del periódico no sea lo que se dice apto para virtuosos como Noelia Rodiles, que pese a todo nos deleitó con un aperitivo “sin palabras” de Mendelssohn antes de dársela a la directora del Club de Prensa Maria José Iglesias, y al maestro Martínez Burgos.

Detalles de cómo surge este maridaje entre el siglo XIX y el XXI que unidos dan más sentido a las páginas elegidas, curiosamente emparejadas por los propios compositores españoles a quienes se las encargó la compositora enviando a los tres las obras románticas pensadas previamente y “acertando” en la elección de cada uno de ellos. Las mariposas, Papillons op. 2 de Schumann con la citada sonata de Rueda, las “Romanzas sin palabras” o Lieder ohne Worte, op. 20 de Mendelssohn y los Seis caprichos sin título de David del Puerto (Madrid, 1964), de quienes también escuchamos en vivo el “Canto del gondolero” más el Agitato, y finalmente el Adagio en sol mayor, D178 de Schubert con las Dues pieces per a piano del catalán Joan Magrané (Reus, 1988).

Fusiones que acercan la música de nuestro tiempo con la escucha así emparejada del mejor repertorio romántico y tan actuales unas como otras en el piano sin complejos de Noelia Rodiles, una técnica sobrada para una musicalidad y expresión madura ya desde sus tiempos de estudiante como bien recordaba el profesor Martínez Burgos, y que marca las diferencias en los pianistas sin más y los intérpretes de raza. Excelentes las notas que acompañan al disco donde los españoles nos describen sus obras.
Un riesgo no exento del placer y satisfacción en seguir apostando y promocionando a compositores actuales y además nuestros, en el mismo plano que los “clásicos” pues solo el tiempo marca las diferencias, y el directo, como el disco, dejará testigo sonoro de una categoría musical sin palabras y cual efecto mariposa donde el leve aleteo de estas páginas hispanas pero internacionales se pueden sentir en todo el mundo gracias a discos como este último de mi admirada Noelia.

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