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En el buen camino

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Domingo 22 de abril, 12:30 horas. León, Hall del Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León (MUSAC): EL CANTO DEL PEREGRINO. Canciones y danzas medievales para amenizar el Camino. ELOQVENTIA (Alejandro Villar: flautas, symphonía y voz – Efrén López: zanfona, cítola, arpa, laúd y coro – David Mayoral: dulcimer, percusiones y coro). Entrada libre.

Dentro de la exposición titulada Muchos caminos. Imágenes contemporáneas del Camino de Santiago, abierta hasta el 2 de septiembre, el MUSAC organizó esta mañana de domingo un concierto de música medieval con el grupo Eloqventia en un marco contemporáneo, rompiendo barreras y haciendo camino como hace más de mil años, música atemporal que tiene cabida en cualquier lugar haya unas mínimas condiciones. El hall del museo se quedó pequeño y hubo que montar muchas más sillas para dar cabida a los muchos seguidores de estas músicas y este grupo capitaneado por el leonés Alejandro Villar.

Como rezaba la publicidad en las redes sociales tanto del grupo como del Museo y la menor de la prensa leonoesa tanto digital como en papel, que titulaba como “la banda sonora de los peregrinos medievales“, suficiente también para los que peregrinamos por la música hasta nuestra vecina del sur, Eloqventia con formación de trío (sumándose el valenciano Efrén López al dúo Villar-Mayoral) presentaban una variada selección de canciones y danzas de los siglos XIII y XIV que nos invitaba a realizar un recorrido por la Europa medieval a través de algunas obras italianas y francesas recogidas en el códice 29987 de la Biblioteca del Museo Británico en Londres y en el Chansonnier du Roi de París, respectivamente.

El programa incluía también una moaxaja andalusí, como muestra de la música vocal del momento y del rico patrimonio peninsular, añadiendo una pieza de devoción mariana perteneciente al Llibre Vermell, una “cantiga de escarnio y maldecir” firmada por Alfonso X “El Sabio” y una canción del trovador del Rosignol Berenguer de Palou.

Acallando murmullos aparecía Alejandro Villar tocando una especie de aulós o doble flauta en peregrinación por el hall hasta la tarima donde le esperaban sus dos compañeros con la cítola y percusiones varias, comenzando este viaje musical con la Tierche Estampie Roial, un anónimo francés antes del italiano Saltarello, ahora David Mayoral en el dulcimer, esa especie de salterio, cimbalón o cítara de cuerdas percutidas, y la zanfona de Efrén López, instrumento cual “motor” cuya rueda empuja estas músicas de todos los caminos medievales donde lo importante era el propio discurrir más que el destino, y donde estas páginas anónimas eran moneda de cambio y verdadero patrimonio inmaterial.

La sonoridad del trío gana muchos enteros además de completar un colorido tímbrico que en el caso de Efrén encaja a la perfección con el dúo habitual de Eloqventia.

No podía faltar algun tema vocal de aquellos peregrinos hacia Montserrat donde se custodia el Llibre Vermell (siglo XIV),  y así pudimos escuchar la voz de Alejandro cantando Cuncti simus concanentes acompañándose él mismo con la “symphonia“, madre o prima de la zanfona que consigue el mismo efecto de movimiento pausado, cumplimentado por la cítola y el bodhram mientras cumplían cual coro “cantemos todos a una Ave Maria”.

En este otro viaje mediterráneo, el laúd andalusí transmutado del Ud para hacerse europeo hasta finales del barroco, cuerda punteada y relajada bien arropada por flauta y percusión integrados en nuestra piel de toro una hermosa Moaxaja anónima del enorme tesoro que nos dejaron en la inmensa y rica Al-Ándalus.
Cercanas de herencia, historias y sentimientos son las música italianas como el anónimo In pro, perteneciente al género conocido como “Istampitta” o “estampie“, manteniendo el laúd casi como ostinato o nota pedal rítmica sumándose la flauta grave y la percusión, unidades sonoras y colorido en cada uno de los tres instrumentistas.

Alejandro Villar es un excelente barítono que hace cantar sus flautas, aunque imposible unirlas pero al menos volvió a entonar con buena voz cual trovador del Rosignol acompañándose a la “symphonia” De la gensor de Berenguer de Palou, mientras arpa y dulcimer completaban este lienzo sonoro de líricas para las que música y palabra eran uno.

Volvía el ritmo para coger el paso alegre de este peregrinaje, estampidas instrumentales de anónimos caminos procedentes de Francia como Quarte Estampie Royal con zanfona, cuerno y percusiones, más la Italia amorosa, Isabella con punteo de cítola, flauta aguda y percusiones, fuerza y belleza, ímpetu y descanso que los tres músicos trasladan con facilidad desde su virtuosismo.

En esta “banda sonora medieval” no podía faltar alguna de las Cantigas de Alfonso X El Sabio, la más fructífera época de convivencia pacífica de culturas que en música nos han dejado un vasto legado con ilustraciones que han servido, al igual que el Pórtico de la Gloria en Santiago, de modelos a replicar y reconstruir para hacernos una idea de cómo sonaban aquellas músicas. Con zanfona y percusiones sumándose las dos “voces elocuentes” escuchamos la cantiga de escarnio Non quer’eu donzela fea (no queremos mujer fea), melodías y ritmos de caminantes en noches estrelladas que también fueron cantadas por peregrinos del viejo continente en tiempos de miserias donde peregrinar no solo era espiritual sino otra forma de vida.
Para terminar este recorrido de una hora abundante nada mejor que desde la querida Italia con La Manfredina unida a La Rotta della Manfredina en juego instrumental lento – rápido cambiando del arpa a la zanfona, del dulcimer a las percusiones y de la flauta más grave a la doble para alcanzar un éxito total que supo a poco.

Conocido el magisterio de Villar en cada flauta y como barítono, el virtuosismo discreto de Mayoral capaz de sacar desde su “arsenal” todo el color para revestir estas melodías, y de nuevo el feliz añadido de las distintas cuerdas de López, obligaron a bisar saltarello cual estampida con flauta aguda, zanfona y ese caleidoscopio percusivo que nos hizo viajar en el tiempo y el espacio desde un peregrinaje personal, sincero y honesto.

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Placeres corales

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Miércoles 18 de abril, 20:30 horas. Auditorio Teodoro Cuesta, Mieres: II Semana de la voz: La Voz en la Música Coral. Ensemble Voblana, Fernando Santirso González (piano), Rocío Fernández López (directora). Entrada: 5 €.

Me pregunto dónde está la afición coral mierense, porque de nuevo el auditorio que lleva el nombre de nuestro poeta, escritor, folklorista y músico local presentaba una entrada ridícula y desalentadora para todo el que se sube al escenario, y eso que los artistas viajan con sus familias y amistades, esta vez desde la cuenca hermana. Con esfuerzo se organiza esta semana de la voz y nada mejor que un coro justo cuando la Música Coral ha sido declarada bien cultural de la sociedad en España. cuya texto dejo aquí:

“El reconocimiento de la actividad coral como bien de nuestra sociedad y el apoyo a las iniciativas que persigan su fomento, así como el reconocimiento de la figura del director de coro como elemento indispensable de dicha actividad”.

Un coro de cámara con cuatro voces por cuerda, doce voces más la directora, todas mujeres, voces blancas que son el espejo a seguir con toda una trayectoria detrás desde el Conservatorio del Nalón formando a niños desde los 6 años, entendiendo que para recoger hay que sembrar, y esta mujeres, todas con estudios musicales decidieron en 2015 organizar este coro de VOces BLAncas del NAlón, pues es el acrónimo de su origen (dejo enlazada su página web). Con un programa dificilísimo y variado demostrando que no hay etiquetas, solo buena música coral -hay que buscarla- cantado de principio a fin de memoria con coreografías varias, implicación de todas ellas, no es de extrañar que allá donde van sean premiadas. Elegantes y sobrias, falda azul azulete con top negro, zapatos negros o descalzas, según las canciones, y el tono dándolo una de las componentes para cercanía en la escucha y comodidad en la dirección.

La calidad de VOBLANA es innegable, nos dejó boquiabiertos y disfrutamos como hacía tiempo con su empaste, afinación, sentimiento, buen gusto, desparpajo al presentar distintas componentes cada uno de los temas largamente aplaudidos como no recuerdo en Mieres, y un placer coral junto a mi admiración por estas jóvenes que nos hicieron pasar este miércoles al fin primaveral con sus temas.
Con la sala en penumbra fueron entrando con velas para cantarnos la bellísima canción irlandesa Jersulamen (en arreglo de Michael McGlynn) circulando entre las butacas y pasillos en un efecto de abrazo vocal desde la siempre difícil heterofonía, esa textura única donde las trece voces eran independientes para alcanzar esa belleza indescriptible.

Una muestra de polifonía religiosa con la Salve Regina del húngaro Miklós Kocsár nos transportó a las formaciones monacales, coros de niños o monjas de luz celestial, con unas sopranos sorprendentes y las contraltos sustentando unos graves increíbles para las voces blancas, en esta difícil página llena de disonancias y contrapuntos delicados bien interpretados por las chicas de Voblana.

Ya conocía Nunc dimittis del alicantino Albert Alcaraz, con la contralto solista y el piano de Fernando Santirso González antes de la entrada del coro a capella sumándose el teclado dejándonos una interpretación portentosa.
El gallego Julio Domínguez es otro de los grandes compositores para coro de nuestros días, y el Pater Noster de Voblana conjuga una hermosa partitura y una ejecución detallista, vocalizada y sentida con Rocío Fernández que conoce cada obra a la perfección también como contralto, lo que se nota por el entendimiento entre todos.

Torrevieja es un referente mundial en el mundo de los coros y sobre todo por su certamen de habaneras donde Voblana se presentaron con Habanera Salada (Ricardo Lafuente Aguado) balanceada al ritmo marino con el vuelo de la falda cual olas mediterráneas sobre las que se reflejaron unas celestiales sopranos, estratosféricas en agudos bien emitidos y sin chillar, con una sonoridad envidiable de las trece voces al sumarse la directora que en un extremos simplemente apuntaba y ayudó al final siempre exacto. La repetirían como regalo.

Desconocida para mí esta partitura actual desde México La Muerte Sonriente de la joven compositora Diana Syrse con toda su cultura de celebración alegre para ese paso obligado, resultó un auténtico bombazo por la puesta en escena, recitado previo, de nuevo la contralto solista, la coreografía, sumar instrumentos precolombinos, percusión y aerófonos, crótalos en tobillos o muñecas, percusiones con los pies en las tablas en un auténtico espectáculo, visualmente un placer y vocalmente estratosféricas. El número 13 es mágico y sin supersticiones con Voblana, y la sonrisa fue de oreja a oreja contagiándonos vitalidad, juventud y excelencia musical.

Todavía quedaban dos joyas más. Bob Chilcott es otro reputado compositor coral y con un pianista de talla como Fernando Santirso, sin contrabajo ni batería, pudimos escuchar el “Kyrie” y el “Sanctus” de A Little Jazz Mass, aires de gospel en latín para unas liturgias que deberían ser obligadas cuando se cantan así, voces llenas de matices y dinámicas amplias pero siempre ajustadas, buen gusto y estilo, movimiento corporal adecuado y las trece voces de color único lleno de brillo.

Fin de fiesta mágico con un piano virtuoso necesario para el arreglo de Bohemian Rapsody de Queen, maravilla de mi juventud por la que no pasa el tiempo, la inspiración clásica de Freddie Mercury cuya voz llegó a rivalizar con “la Caballé” para regocijo olímpico. Adaptación para voces blancas y piano que por momentos nos puso la carne de gallina y una lágrima corriendo por la mejilla.

Porque habiendo calidad en la partitura y además en interpretaciones como esta de Voblana y Fernando Santirso nos encontramos con este auténtico espectáculo músico-coral, de trabajada coreografía donde cada motivo daría para una exposición fotográfica, interpretación global tanto corporal como vocal de estas trece flores con piano que espero sigan funcionando en estos tiempos donde la verdadera crisis acaba siendo la intelectual, y mejor desconectar de las noticias para seguir disfrutando con la mejor terapia.

Si es coral y del nivel de Voblana el placer es obligado. Excelencia coral y el mejor de los conciertos de esta II Semana de La Voz organizada por la Concejalía de Cultura y la coordinación de la Escuela de Canto y Repertorio Haragei que dirige mi querida Elena Pérez-Herrero que disfrutó tanto o más que los privilegiados que acudimos este miércoles al auditorio de este Mieres adormecido y gris donde la luz sigue poniéndola la música.

GRACIAS

Mieres escuchando la voz en el musical

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Martes 17 de abril, 20:00 horas. Auditorio Teodoro Cuesta, Mieres: II Semana de la vozLa Voz en el Musical. Con las voces de Silvia I. Fraga, Cristóbal Blanco Fernández, Carla P. Fraga, Aisha F. RomeroMarcos Suárez Fernández (piano). Entrada: 5 €.

Segunda jornada de la semana dedicada a la voz con un recital dedicado al musical, en plural si se quiere, musicales de Broadway o Londres que se han llevado al cine ayudando a su difusión y popularidad. Poco público como en el día anterior pese al debut de Aisha, una joven mierense que promete, sumándose una saga familiar como Silvia con su hija Carla compartiendo escenario aunque no temas. Dos jóvenes promesas debutantes que cantan con esa naturalidad y espontaneidad únicas por su edad, preparándose para una carrera que el tiempo dirá si la disfrutarán como aficionadas o profesionales pero comenzando ya esta andadura. Completaría el escenario un veterano como Cristóbal Blanco que en este repertorio se mueve como pez en el agua por voz y escena, mientras al piano volvía Marcos Suárez quien este martes tenía no ya la responsabilidad de acompañar sino de tocar unas obras cuyas partituras son meros guiones que no ayudan a completar las armonías y ritmos de una orquesta ligera original, así como su “obligación” de mimar a las voces, especialmente las más jóvenes, para llevarlas por el camino seguro. La experiencia es un grado y los llamados pianistas repertoristas deben trabajar épocas y estilos tan dispares como el del lunes o este dedicado al musical, tan difícil y exigente que también ellos acaban especializándose, por lo que mucho ánimo a Marcos que es un “todoterreno”.

Leves cambios en el programa y casi todos los temas presentados por los intérpretes e incluso traducidos al respetable por ser inglés el idioma de este género con un público fiel en todo el mundo, ganándole terreno incluso a otros, con Madrid sumándose hace años a las capitales donde triunfa el musical.

Le tocó romper fuego a  Silvia I. Fraga con el bellísimo tema de “Los MiserablesI dream a dream (Claude Michel Schönberg), soñar un sueño para continuar con la canción irlandesa You Raise Me Up del noruego R. Løvland y que popularizase el grupo Il Divo, voz trabajando registros y colores que le queda encontrar aunque esté en el camino y las manos correctas.

Cristóbal Blanco nos dio la bienvenida con la música de Kander y Ebb para el “Cabaret” en tres idiomas: francés, inglés WelcomeWillkommen alemán invitándonos y contagiándonos de la música entreguerras popularizada en la película de Liza Minelli, continuando con el melódico She de Charles Aznavour usado en “Notting Hill”, con un piano algo “perdido”.

Para las más jóvenes se utilizó un micro discreto que ayudó a disfrutar primero de Carla P. Fraga cantando Smile de Charles Chaplin, jovencísima, con ese sentimiento natural y sin miedos sabiendo esperar al piano, respirar y afinar en pleno aprendizaje, y otro tanto en Cry me a river (Arthur Hamilton), dominando el inglés y templando con el piano.

No se quedó atrás Aisha F. Romero, aún más joven cantándonos el famoso Edelweiss (Rodgers/Hammerstein) de “Sonrisas y lágrimas”, mala traducción del inglés “The Sound of Music” (El sonido de la música), musical de referencia para muchas generaciones, también para Aisha, aún de voz pequeña que crecerá con los años y el estudio pero sin complejos sobre el escenario, y aún mejor el Ave María (Michael Lorenc) con esa naturalidad infantil inimitable que espero mantenga hasta el cambio fisiológico porque la espontaneidad junto a la musicalidad no deben perderse en el canto.

Retomando la pareja de adultos nos iríamos al “Moulin Rouge” primero con Silvia
y One Day I’ll Fly Away (Sample / Jennings) imaginándonos en la película a Nicole Kidman con algún desafine que el piano no pudo subsanar, y Cristóbal el tema de Elton John que aparecía también en ese musical Your Song en su onda de convencer al cantar sin copiar ni imitar, sacando unos agudos propios que dieron el sello personal.

De lo mejor del recital y con ese punto canalla del que avisó y le va genial pese al piano inseguro que le faltó la misma onda espectacular casi histriónica, Cristóbal se marcó el tema de Herodes del “Jesus Christ Superstar” (A. Lloyd Weber / Tim Rice) realmente espectacular, entendiendo como nadie qué es un musical, ópera rock, teatro cantado y dominador de la escena, además del idioma de Shakespeare pudiendo haber elegido la versión española.

Otro de los musicales que tiene verdaderas joyas para las voces como es habitual en Andrew Lloyd Weber e igualmente llevado a la gran pantalla, “El Fantasma de la ópera” nos permitió escuchar el dúo All I Ask of You con buen color y empaste entre ambos antes de que

Silvia nos interpretase Wishing You Were Somehow Here Again, esa conversación de la protagonista en el cementerio con la tumba de su padre, bien en general aunque le falte esa seguridad y naturalidad que el tiempo y estudio consiguen pero bien asentanda aunque nuevamente el piano por escritura no ayude. Seguiría Cristóbal con The Music of the Night solvente en escena y canto con un registro grave hermoso y más natural a veces que sus agudos, con este tema que le va perfecto por intimismo, estilo y gusto. Cerrando esta selección la protagonista del musical Christine en la voz de Silvia cantaría Think of Me con ese guiño final operístico y exigente técnicamente que muestra las dificultades que esconde el musical cuando se quiere hacer honesto y con calidad, sin artificios y desde el respeto a la música.

El colofón nada menos que con The Quest, la búsqueda del sueño imposible, perteneciente al musical “Man of La Mancha“, El Hombre de la Mancha que en España cantasen José Sacristán con Paloma San Basilio (y en el cine Peter O’Toole y Sofía Loren), excelente elección y casi ideario de lo que supone trabajar la voz, estudiar canto y adaptarse a los diferentes estilos con técnicas distintas pero que dominándolas pueden dar a los intérpretes satisfacciones en todos ellos para conseguir emocionarse y emocionarnos.

Mieres por una tarde fue capital musical y del Musical. Mañana las voces serán femeninas y corales…

II Semana de la voz: en la música asturiana

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Lunes 16 de abril, 20:00 horas. Auditorio Teodoro Cuesta, Mieres: II Semana de la voz: La voz en la música asturiana. Fernando G. Nuño (voz), Marcos Suárez Fernández (piano), Vicente Prado Suárez “El Pravianu”. Entrada: 5 €.

Desde el año 1999 cada 16 de abril se celebra el “día mundial de la voz” para concienciarnos del cuidado de esta herramienta con la que nacemos, nos comunicamos, hacemos sufrir o emocionar y debemos cuidarla porque es para toda la vida. El Ayuntamiento de Mieres a través de su Concejalía de Cultura con la colaboración de la Escuela de Canto y Repertorio “Haragei” que dirige Elena Pérez-Herrero, han vuelto a organizar por segundo año, y luchando contra incomprensiones pero sin desmayar aunque el público no responda, la “Semana de la voz” que contemplando lo variado contempla distintos enfoques en el uso y disfrute de lo más preciado que tenemos quienes la necesitamos para nuestro trabajo y cómo no, para el ocio. Nada incomparable a la voz humana que en Mieres tiene su espacio público.

Este primer día tras la bienvenida y agradecimientos de mi querida amiga, colega y artista pudimos apreciar el papel de la voz en la música asturiana quitando etiquetas y poniéndola donde siempre está, encima del escenario, sea sola, con gaita, piano o toda una orquesta, sin trampas ni amplificación y buscando temas populares en los que muchos compositores siguen inspirándose, manteniendo cada vez más viva nuestra tradición aunque como bien decía hoy el cantante Vicente Díaz en El Comercio, “la tonada está poco valorada por los organismos oficiales“. Por lo menos en mi pueblo se sigue apostando por ella y hasta la televisión autonómica le dedica bastantes programas, necesario para el relevo generacional que está mucho más preparado que hace cien años.

El cantante Fernando García Nuño es un conocido en los circuitos de canción asturiana que sigue preparándose en Haragei y ampliando horizontes en su repertorio. De voz algo gastada y rota, quebrada en algún momento, está en proceso de “reparación” tanto para la tonada como para el llamado “repertorio lírico” que se debe cantar con la misma naturalidad y gusto en él innato desde la tonada y su simpatía, puliendo detalles que con trabajo y esfuerzo irán dando frutos.
Buena elección de doce temas variados que fue comentando, alternando el acompañamiento al piano de Marcos Suárez y la gaita de El Pravianu, para derribar barreras y etiquetas inútiles de una música tan universal como la asturiana, con muy diferentes arreglos, interpretaciones e inspiraciones.

Del Cancionero de Maya y Rodríguez Lavandera en buen arreglo de piano comenzaron Fernando y Marcos cantándonos Pasé la puente de hierro antes de cambiar al acompañamiento de gaita de El Pravianu, magisterio vivo colocándose al fondo del escenario para equilibrar dinámicas, en Si quieres que te cortexe, con primera referencia grabada por Botón (Los Cuatro Ases) en La Habana allá por 1918 y recogida por Baldomero Fernández, otro nombre propio imprescindible en la dignificación de la canción asturiana, hoy con letra de Antonio Gamoneda que junto a Joaquín Pixán han descongelado nuestra tonada dando paso a esta “Tentativa de Cancionero asturiano del siglo XXI“, llevada incluso a CD.

El músico guipuzcoano afincado en Pola de Siero Ángel Émbil (1897-1980) también se inspiró en nuestros temas populares, dejándonos un hermoso arreglo con piano de Les fayes de la rotella donde Fernando G. Nuño añadió el solo de la conocida tonada Arboleda bien plantada para seguir manteniendo viva nuestra música, llamémoslo actualizar o adaptar, con un acompañamiento pianístico agradecido.
Muchos músicos se han inspirado en nuestra tierra, caso de Rimsky-Korsakov con nuestra Alborada y Fandango asturiano en el Capricho Español, e igualmente en la canción de concierto que buscaba identidades en los salones decimonónicos como nacionalismos bien entendidos, por lo que me encantó escuchar la Asturiana de Joaquín Nin (La Habana, 1879-1949) con letra adaptada por Narciso Fernández en la línea de Falla o Antón García Abril sin olvidarme de nuestro Luis Vázquez del Fresno, compositores que encontraron el equilibrio entre voz y piano desde el folklore. Un caso cercano es el del excelente director y compositor Alfonso Sánchez Peña (1942) con su Allende’l mar con letra de José Leon Delestal (Ciaño, 1921 – Madrid, 1989), asturiana cabraliega, de “equí” del oriente astur, de Bulnes, Carreña o Poncebos.

Con la gaita escuchamos La mio neña grabada en 1911 por el Gaiteru Llibardón y recogida como tantas por Baldomero Fernández, siendo famosa en versiones de Juanín de Mieres o Joaquín Pixán, de nuevo con la letra algo cambiada y con un complicado acompañamiento por los cambios de octava entre voz y gaita que con la tonalidad elegida El Pravianu hubo de hacer malabares.
No podía faltar un merecido homenaje y recuerdo al gijonés Enrique Truán (1905-1995) con su Añada para voz y piano de una delicadeza increíble donde los intérpretes se encontraron realmente cómodos.
En el estilo o modalidad soberana con gaita Arrimadito aquel roble poco habitual con gaita y vuelta al piano con el emotivo Pasando el puertu (A. Sánchez Peña y letra de León Delestal) tras comentarnos su charla con mama Josefa de lo más cercana, espontánea y emotiva para que le cantase alguno de los “Cantares de chigre” recogidos en un libro de bolsillo y cómo se convirtió en un verdadero concierto de tres cuartos de hora que le sirvió de ejemplo para este lunes, saliendo y volviendo a “la tierrina” por cualquiera de nuestros puertos de montaña.

El trío final recuperó tres “clásicos”, primero la bellísima La foguera (Truán), alegre, fiesta de San Xuan con una escritura pianística envidiable en perfecta conexión con la voz, después Cuando oigo sonar la gaita de Vicente, el recitado antes de continuar acompañado por el piano en esta canción langreana que como nos contó el propio Fernando, hay una grabación de 1905 a cargo del cantante flamenco El Mochuelo por ese viaje permanente de las músicas sin fronteras, y en estilo “soberana” recogida por Miranda (Los Cuatro Ases) en 1923, conocida más cerca por Alfredo Canga. Emotivo recitado con voz sola y quebrada para entonar después con el pianista que en estos temas donde solo hay melodía y poco más, suelo llamar “gaiteru de tecla”.

Otro tanto para terminar con la casi obligada y famosa Dime xilguerín parleru que por lo visto fue un asturiano en México quien se la enseñó al El Presi antes de grabarla con guitarra, como informa Javier de Arroes, también presente en la sala, cierre sin “acompañamiento lírico” pero siempre plegado al estilo de canción asturiana cuya historia se remonta a La Busdonga pasando por Diamantina Rodríguez hasta las nuevas generaciones que siguen cantando y renovando nuestro repertorio.

Dorado renacimiento vocal

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Domingo 15 de abril, 19:00 horas. Sala de Cámara, Auditorio de Oviedo, V Primavera Barroca: El León de Oro, Marco Antonio García de Paz (director). #Monteverdi 4.5.0 Italia y España: La Edad de Oro. Obras de G. P. da Palestrina, C. Monteverdi y Tomas Luis de Victoria.

Continúa este ciclo ovetense por quinto año, en colaboración con el CNDM (Centro Nacional de Difusión Musical) que por climatología y obras este domingo merecería llamarse “Invierno Renacentista”, supongo que programado aquí por ese intercambio entre Ayuntamiento y el centro dependiente del Ministerio Educación, Cultura y Deporte cultura que también mantiene su ciclo monográfico de Monteverdi, y que siempre sea bienvenido nuestro mejor coro de la historia que tiene a Peter Phillips como Director Honorífico del que han bebido y tomado buena nota para repertorios como el que sonó en la sala de cámara.

El León de Oro (LDO) es capaz de organizar sus voces en todas las combinaciones y ubicaciones posibles en la permanente búsqueda de la belleza sonora: 19 voces blancas y 22 para Palestrina o Monteverdi para combinar en Victoria 15+14 o 17+10, posibilidades que pocos coros tienen pero que nuestros “leones” llevan trabajando desde siempre, siendo estas obras renacentistas de tres grandes polifonistas un verdadero masaje espiritual además de un esfuerzo físico y mental para cantantes e incluso público.

Como recuerda Enrique Martínez Miura en las notas al programa que dejo aquí arriba, el Concilio de Trento marcará un antes y después en la música religiosa para convertirla en “digna y clara” siendo Giovanni Perluigi Da Palestrina (1525-1594) y su Missa Papae Marcelli (1567) el modelo a seguir por todo compositor en pos de poder seguir el texto litúrgico. Tras el Laudate pueri Dominum (1572) que ya trabajasen no hace mucho, “los leones” afrontaron la difícil misa papal con la pulcritud a la que nos tienen acostumbrados, voces que mantienen tras veinte años una base sólida sobre la que la renovación es natural y hasta necesaria. El equilibrio de color y dinámicas lo logran con las combinaciones ya apuntadas, siempre buscando el mayor entendimiento del texto y la riqueza melódica y armónica de las partituras. Los cinco números del ordinario de esta “Misa del Papa Marcelo” escuchados fuera de la liturgia los seguimos como si en ella estuviésemos, creyentes o simples oyentes pero nunca pasivos, fieles seguidores convertidos en “leónigans” que crecen en cada concierto del LDO. Inmensidad coral esta partitura donde se respira paz y misticismo, el tactus lejano de la rítmica mecánica barroca que este coro conoce como pocos dándole esa ductilidad en cualquier repertorio pero la maestría en esta “Edad de Oro” de la polifonía.

Tras la solemnidad vendría el color de Claudio Monteverdi (1567-1643) considerado el primer barroco aunque las obras elegidas rezuman renacimiento madrigalesco pese al texto religioso, la música sobre todas las cosas capaz de iluminar una oración cual madrigal divino, pasar de lo terrestre a lo celestial con esa naturalidad tan única transmitida en las voces del LDO. Adoramus te Christe, SV 289 presenta homogeneidad en el color vocal y todo el juego polifónico limpio que este coro atesora desde hace más de 20 años. Cantate Domino canticum novum SV 292 a seis, es realmente luz vocal, cántico nuevo madrigalesco, de poderosos graves y etéreos agudos con el texto latino siempre preciso, claro y rítmico como estilo propio que preparará un barroco universal desde la vieja Europa con las repúblicas italianas y el mecenazgo pugnando por imponer modas y estilos. Ambas partituras serían bisadas para finalizar el concierto para regocijo de una sala completa rendida de nuevo al león.

De Tomás Luis de Victoria (1548-1610) el LDO se ha convertido en el referente coral frente a la tradición inglesa precisamente de la mano de P. Phillips, fundador de The Tallis Scholars que ha encontrado en nuestro coro la perfecta herramienta para el músico español más importante y universal del Renacimiento. Así que el Magnificat Primi Toni (1600) a ocho, y el Regina Caeli laetare (1576) volvieron a sonar únicos en estas voces, combinando y reponiendo elementos, protagonismos compartidos con la recompensa del esfuerzo titánico que ha dejado huella, cantando al abulense como pocos coros.

Otro éxito de nuestro coro esperando el siguiente en la sala principal nada menos que en los Conciertos del Auditorio del próximo miércoles 25 de abril con la Orquesta del Mozarteum de Salzburgo dirigida por Leopold Hager para cantarnos la Misa de Coronación para órgano,coro, solistas y orquesta en domayor, KV 317, otro hito del LDO que espero contar desde aquí.

Inspiraciones zíngaras

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Miércoles 11 de abril, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Filarmónica de Gijón, concierto nº 1600: Zíngaros, Quantum Ensemble. Obras de Liszt, Bartok y Brahms.

Un año después volvía a Gijón el pianista tinerfeño Gustavo Díaz-Jerez pero con su Ensemble residente en el auditorio de su ciudad, esta vez en formato variado de trío, cuarteto y hasta el quinteto de regalo para ofrecernos un concierto bajo el sugerente título de “Zíngaros”, presentando obras de compositores inspirados en ese folklore universal del pueblo romaní que los genios de la escritura musical sintieron como húngaro, llevándolo a unas composiciones no del todo conocidas por el gran público y menos en formato camerístico del que no me cansaré en repetir sigue siendo la escuela de todos, melómanos e intérpretes.

Las notas al programa de Carla Miranda Rodríguez de la Universidad de Oviedo, las dejo escaneadas porque siempre ayudan a enmarcar cronológica y estilísticamente las vidas y obras de cada concierto, una buena costumbre que no debe perderse.

Con David Ballesteros (violín) ejerciendo de presentador, Ángel Luis Quintana (violonchelo) y Gustavo Díaz-Jerez (piano) comenzaba a sonar la Rapsodia húngara nº9 “Carnaval de Pest” de Franz Liszt en arreglo para trío del propio compositor, algo desafinados pero dándole ese carácter callejero de una música que “el abate” elevó a la sala de conciertos. Virtuosos en sus instrumentos es difícil encontrar un trío con pianistas de talla capaces de acompañar y brillar con la cuerda frotada, y el tinerfeño nunca defrauda.

Y los Contrastes para violín, clarinete y piano, Sz. 111 de Bela Bartók nos permitió disfrutar del virtuoso Cristo Barrios en esta obra de 1938 dedicada y estrenada por Benny Goodman, el propio compositor al piano y Joseph Szigeti durante la estancia de los húngaros en EEUU. Tres movimientos que conjugan no ya lo gitano sino el espíritu innovador y todavía vigente del compositor húngaro afincado en Nueva York, empapándose también de la música balcánica, húngara, gitana, negra, como del jazz y la música popular allá donde ponía su privilegiado oído y su escritura única. Verbunkos (danza del reclutamiento): Moderato ben rimato, juego tímbrico lleno de ese ambiente internacional con armonías rompedoras en su momento, continuas “interrupciones” quitándose protagonismo piano, violín y clarinete, compartiéndolo, con emparejamientos, solos, y hasta danza plástica en estos últimos intentando contagiarse de tanta música escondida en la partitura. Pihenó (Relajación): Lento ayudó a tomar aire a todos con las pinceladas bartokianas llenas de color y sobre todo Sebes (Danza rápida): Allegro vivace, con cambio de violín y clarinete para ser lo más fieles posibles al sonido “gipsy” volviendo al instrumento original mientras el piano enlazaba esa vivacidad rítmica, melódica y camerística de un trío exigente como pocos para una música que no aparenta 80 años por su cercanía a los estilos y lenguajes que en este siglo son habituales.

El Cuarteto con piano nº 1 en sol menor, op. 25 “Zíngaro” de Brahms no necesita de mayor presentación, con la viola de Cecilia Bércovich completando esta formación que exprime la sonoridad del cuarteto con ese sobrenombre por el último movimiento Rondo alla Zingarese (Presto), más por la inspiración que por beber de lo folklórico, aunque el compositor alemán lo asociase a lo húngaro como sus conocidas danzas de las que nos regalaron la novena en arreglo de la también componente del Trío Arbós para este peculiar quinteto, el “ensemble” al completo en gira peninsular con parada gijonesa, rematando una velada más húngara que zíngara aunque lo romaní siempre ha sido fuente de inspiración para músicos de todos los tiempos y estilos. Por su parte el cuarteto con piano brahmsiano sigue siendo un referente de la agrupación camerística por excelencia que permite gozar del trío de cuerda con el piano virtuoso en un conjunto como el canario donde sus intérpretes brillan con luz propia y juntos asombran por la calidad.

Otro éxito de la centenaria sociedad gijonesa en este número redondo de sus conciertos a lo largo de 110 años: 1600 que seguirán sumando…

Placeres apócrifos

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Luigi Boccherini: Apocryphal Sonatas for violin and harpsichord. Emilio MorenoAarón Zapico. Glossa.
En este blog no suelo comentar discos aunque soy un tanto mitómano al seguir ampliando mi colección en formato físico. Incluso cuando compro en Internet para escuchar legalmente en el ordenador u otros dispositivos (gadgets dicen los finos), termino pasándolo a CD, con su caja, ilustraciones y todo lo que ello supone de mayor gasto que si lo hubiese comprado directamente e importado a los dispositivos digitales. Me consta que muchos de los coches actuales prescinden del lector y lo sustituyen por entradas USB o conexiones para los teléfonos que traen todas las posibilidades musicales imaginables. En mi caso además de todo ello todavía dispongo de un lector de CD y otro de tarjetas SD con la ventaja de poder cargar muchas horas de música para esos viajes que tanto me gusta hacer, a menudo con la “disculpa musical” correspondiente.

Esta vez y con el disco sonando de nuevo en la cadena (nada que ver con todas las “modernidades” que también utilizo) no quería dejar de comentar este Boccherini que Emilio Moreno nos ha preparado con nuestro común amigo Aarón Zapico. El primero es referente en este país de la llamada música antigua y barroca, no ya como intérprete en sus muchas formaciones e inspirador de las posteriores que le deben mucho, como investigador es único y podríamos decir que se ha convertido en un especialista de Don Luis Boquerini, así como él mismo finaliza las notas del disco, el genial violonchelista y compositor italiano pero tan español como el que más. Rehacer, adaptar, recrear, todo es posible manteniendo el espíritu y el Boccherini de estas cuatro sonatas respira por los cuatro costados música en continua evolución. Elegir el clave como acompañante del violín permite disfrutar de una tímbrica especial, cuidada hasta el mínimo detalle en todo el proyecto: la selección de las obras, la adaptación a este dúo, los instrumentos utilizados, el lugar de grabación y por supuesto la presentación a la que Glossa nos tiene acostumbrados por diseño, fotografías, calidad y textos que aquí firman Miguel Ángel Marín y el propio Moreno. La elección de Aarón Zapico parecía lógica tras otros proyectos juntos y sabedor que el clavecinista asturiano está en plena madurez interpretativa, verdadero momento dulce para quien ha tomado el testigo del maestro y hacer escuela con Forma Antiqva, alumnos ahora profesores que comparten mucha música pero sobre todo pasión por ella. El buen gusto y complicidad del dúo se nota en cada sonata, sin pájaros en a cabeza como aparecen en la portada, más bien adecuados y rebuscados (por el mucho buscar) en cada movimiento, destilando emociones que traspasan al oyente, pudiendo titular esta entrada inspirado en el propio título del disco como “Placeres apócrifos”, no por fingido sino por dudar de la autenticidad del placer auditivo, haciendo un guiño al término como don Emilio para estas sonatas de salón asturiano.
Llevadas estas obras a la Lucca natal de Luigi Boccherini (1743-1805) y sonando también en la Corte Madrileña imbuidos del mismo espíritu dieciochesco original en pleno siglo XXI, antes de encerrarse en septiembre del pasado año en la Finca Casa de Oficios de Torremocha del Jarama, para dejar testimonio sonoro ya rodado en directo, el dúo Moreno-Zapico ha presentado el disco en Madrid este mes de febrero, y pese a las agendas apretadas de ambos en sus distintos proyectos, supongo encontrarán huecos para seguir haciéndolo en vivo, siempre único aunque se venda al finalizar los conciertos con firmas de los músicos, porque esta fórmula sigue funcionando y hay muchos más “chiflados” que siguen comprando música.

Las cuatro sonatas abarcan distintos momentos en la vida de Boccherini con un trabajo de recuperación y transcripción por parte de ambos intérpretes y estudiosos realmente memorable, a partir de distintas colecciones y formaciones. Miguel Ángel Marín comienza sus notas en el libreto del disco diciendo que El arreglo musical tiene hoy mala prensa para continuar razonando una práctica habitual de entonces que cada vez más las nuevas agrupaciones están siguiendo: adaptar las obras a las distintas formaciones que tengan, y este es el caso de este dúo asturmadrileño, grandes conocedores de la instrumentación más allá de la propia interpretación siempre maestra por parte de los dos. Los criterios que ambos músicos han seguido también los explica en la “carpetilla” con los textos el maestro Moreno:

Primero, el de ofrecer una visión evidente y diacrónica de la evolución creativa de Boccherini con obras que van desde su primera juventud (la sonata G43 a partir de su primer cuarteto de cuerda de 1761, escrito probablemente en Milán) hasta el periodo final, el más castizo y madrileño (las sonatas a partir del cuarteto de La Tirana y el quinteto de La Seguidilla de 1792 y 1795 respectivamente), pasando por la sonata G24/4 a partir del trío op. 14/4 de 1772, un momento de profunda cimentación del estilo de Boccherini (…). El segundo criterio, y quizás el más importante e interesante para los intérpretes, ha sido investigar la manera de abordar la producción boccheriniana reinventada a través de la transcripción como legítima vía de expresión artística, ya sea a través de la óptica de sus contemporáneos (…) ya sea abordando los mismos intérpretes de este disco la transcripción y adaptación, la «reinvención» de la pieza original inspirados por los modelos contemporáneos a Boccherini, y con la pretensión de, sin menoscabo de autenticidad y con el máximo respeto a la obra, el autor y su filosofía musical, ofrecer una visión completamente personal de la obra tal y como lo hubieran hecho un violinista y un clavecinista de la segunda mitad del XVIII, tan rendidos admiradores del violonchelista toscano-madrileño aquellos como lo son los protagonistas de esta grabación dos siglos más tarde.

Con esta intención y todo el respeto aparecen las obras citadas: la Sonata en re mayor (G24/4, Trío op. 14/4, G98, 1772) [de las Sei Sonate per il cembalo e violino ad libitum. C.D. Ebeling. Hamburg, 1775], con tres movimientos: Allegro giusto, Andantino sempre piano y Allegro assai. Un violín grave recordando el chelo del italiano y el clave escurialense cristalino en perfecta simbiosis y equilibrio, alternancias de protagonismo y planos ideales.

La Sonata en do menor (G43, originalmente Cuarteto op. 2/1, G159, 1761) [de las Six Sonates pour le clavecin, forte piano ou harpe avec accompagnement de violon oblige􀀀e, tire􀀀es des oeuvres de Luigi Boccherini, mises au jour par M. Naderman. Paris, 1778], también tripartita: Allegro comodo, Largo y Allegro. Cortesana de intenciones y clara de interpretación donde el violín parece sobrevolar todo acompañamiento de “otras cuerdas” aunque de nuevo el clave resulte tímbricamente más rico que el arpa o incluso el fortepiano que vendría a aparcar las teclas del instrumento barroco por excelencia.

Todo el sabor español y el oficio italiano los encontramos en las dos últimas sonatas. Aquí el violinista lo explica mejor que nadie: feliz simbiosis entre la gran tradición italiana con el casticismo y españolidad de la música de aquel maravilloso violonchelista y compositor toscano que llegó a Madrid en plena juventud para no salir nunca más de España. En transcripciones de Emilio Moreno y Aarón Zapico, primero la Sonata en sol mayor, ‘La Tirana’ (Quartettino op. 44/4, G223, 1792), dos tiempos: Presto “La Tirana Spagnola” virtuoso violín, sólido clave, pareja impoluta de feliz entendimiento, y Tempo di minuetto, casi bailable del momento por alegría, popularidad y cercanía al pueblo llano, al igual que la interpretación del dúo. Finalmente la Sonata en do mayor, ‘La Seguidilla’ (Quintettino op. 50/5, G374, 1795) con el Allegretto de lo más “cantabile” al que mentalmente podríamos ponerle voz femenina y letra popular, más el Minuetto ‘a modo di sighidiglia spagnola’, la seguidilla única e inimitable capaz de convertir la calle en un salón cortesano con una pareja goyesca en fiesta callejera, violín bailarín con clave poderoso, cimentando pasos y ritmo.

Cuatro sonatas para violín y clave jugando con ritmos, timbres, tiempos, compases, dinámicas, texturas, aires y espíritu con dos generaciones de intérpretes que conocen los recursos y técnicas adecuados a cada momento, reflejados en un disco para disfrutar en cualquier ocasión. Vuelvo a darle al “Play”.

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