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Mucha calidad desde Edimburgo

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Miércoles 25 de mayo, 20:00 horas. Oviedo, Conciertos del Auditorio: Dunedin Consort, Joanne Lunn (soprano), Rowan Hellier (mezzo), Thomas Hobbs (tenor), Lukas Jakobski (bajo), Jonathan Manson (chelo), John Butt (clave y dirección). Obras de C. Ph. E. Bach y W. A. Mozart.
Semana musical sin apenas descanso y penúltimo de los conciertos del auditorio, esta vez un conjunto llegado desde Edimburgo con el maestro Butt al frente que sustituyó al programado inicialmente con el regreso de la violinista Midori y la Fort Worth Symphony Orchestra de Texas bajo la dirección de Miguel Harth-Bedoya que la crisis petrolífera fulminó toda la gira europea. Imagino las enormes dificultades para encontrar una formación de calidad equiparable a la norteamericana pero finalmente todo fructificó y pudimos tener un concierto luminoso y de altura con el Dunedin Consort, ideal en número con instrumentos de época que como otras formaciones van más allá del barroco para adentrarse en el clasicismo, primero el Concierto para violonchelo en la mayor, Wq. 172 de C. Ph. E. Bach con Jonathan Manson de solista con el chelo -aunque también toca la viola de gamba- escoltado nada menos que por Mozart con sus Visperas solemnes de confesor en do mayor, K. 339 y el Réquiem en re menor, K. 626, dos joyas corales para degustar en formato camerístico e histórico (recreando cómo sonarían en su estreno) más que suficientes, con un coro de 16 voces -cuatro por cuerda- donde estaban los excelentes solistas vocales, porque la calidad de todos los músicos permitió saborear un concierto de 95 minutos preparando ya el de clausura del día 2 de junio totalmente opuesto (Berlioz con su Requiem) al de este lluvioso último miércoles de mayo.

Las “Vísperas de Mozart” demostraron la calidad del “consort” en los seis números llevados con el tempo giusto por Butt y con un coro donde los solistas integrados en él fueron desgranando belleza por doquier, especialmente el conocido Laudate Dominum para mayor regocijo de la soprano Joanne Lunn (ya me gustó hace dos años) que a pesar del ruido generado por un desmayo y caída en el anfiteatro no se descentró y pudo dejarnos una de las páginas más escuchadas y geniales de Mozart desde el dominio técnico y la expresión ideal, arropada por “su” coro y la formación escocesa en estado de gracia, sin desmerecer a sus otros compañeros solistas.

Del concierto de chelo compuesto por el segundo de los siete hijos varones del gran Bach, y en cierto modo padre del clasicismo desde el llamado “Estilo galante“, el ensemble reducido a la cuerda y el clave del propio Butt volvió a enamorar con un sonido apropiado al estilo, con un Jonathan Manson dominando este lenguaje desde el conocimiento de la viola da gamba evolucionada al violonchelo igualmente ideal desde los criterios historicistas, tres movimientos académicamente perfectos en escritura e interpretación, sumándose al “grosso” como uno más -lo es en el resto del programa- y gustándose en las partes solistas con presencia sonora por la tímbrica, expresión cantada en los momentos adecuados y especialmente en ese segundo movimiento Largo con sordini, mesto que explora el registro agudo casi de viola con sus compañeros en sonido velado más que amordazado por la sordina, como si versionease un “vidit suum” desde el instrumento más cercano a la voz humana, haciendo casi música coral con toda la cuerda más el clave, complemento de un Mozart de religiosidad cercana y luminosa proveniente de los genes del kantor que Carl Philip Emanuel encarnó con la losa de un apellido marcado por su padre. El Allegro assai pareció la banda sonora ideal de un documental para presentar los criterios del Dunedin Consort más cercano al barroco pero respirando aires clásicos durante todo el concierto.

Y del Requiem mozartiano alegrarme de esta recreación o “reimaginación” sonora para nuestros días, despojada de enfoques románticos y entendida como la partitura incompleta y póstuma del genio de Salzburgo finalizada con respeto en esta nueva edición de David Black a partir de la “versión” de Süssmayer, tratando de mostrar no una nueva edición sino darle mayor claridad al original de Mozart con los “añadidos” del discípulo, muchos detalles que parecían como “oscurecidos” por las versiones posteriores, sobre todo la primera que no mencionaba a Süssmayr y realizada por Breitkopf&Härtel en 1800. La nueva edición de Black que trajeron los escoceses devuelve la partitura al estado inicial de su primera audición (10 de diciembre de 1791) en unos años cruciales que parecen acercarnos desde este “ministerio del tiempo musical” con el Dunedin, tal y como comentan en su web completada con la historia perfectamente comentada por Mª Encina Cortizo en las notas al programa (enlazadas como siempre en los autores). Auténtica revisión llevada al CD por estos mismos intérpretes salvo el bajo y vendiendo varias copias en el propio auditorio de una grabación galardonada con el premio Gramophone pero que el directo siempre hace todavía más irrepetible. Personalmente me resultó luminosa por la elección de los tiempos, una misa de difuntos pensada como propia por Mozart, momentos de congoja como el Dies Irae que el coro contagia junto al Rex Tremendae, el Tuba Mirum esperanzador con Jakobski pugnando con la excepcional trombonista Emily White en fraseo, reconfortantes como el Ofertorio en la alternancia coral y solistas, o el Sanctus más Agnus de “sana envidia vocal” por parte de ese coro de 16 voces inglesas, versión de continuidad entre original y añadido sin fracturas, solistas (Lunn y Hellier de mejor empaste que los caballeros) y coro en “comunión” ideal con una orquesta y órgano siempre en el plano perfecto, alcanzando la Lux Aeterna tranquilizadora tras dudas y arrebatos emocionales sin extremismos pero sentidos por todos.

Salvando distancias temporales, me recordó a la de Savall en 1992 con La Cappella Reial de Catalunya, Le Concert des Nations y un cuarteto solista que bien podríamos permutar con el del Dunedin Consort de hacer realidad los viajes en el tiempo. Interesante también la colocación del coro a la derecha del “ensemble”, aportando equilibrios y sonoridades distintas a las habituales, reafirmando calidades y aportaciones del maestro John Butt, una autoridad en la materia que hace práctica la teoría compartiéndola con el público, labor de limpieza que puede cambiar conceptos nunca inamovibles en el terreno musicológico.

Ofrenda Bruggen de La Tempestad

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Jueves 14 de agosto, 22:00 horas. 63 Festival Internacional de Santander, Ciclo “Marcos históricos”: Santillana del Mar, Claustro de la Colegiata de Santa Juliana. La Tempestad1747: “Una ofrenda musical”. Música de cámara para Federico II de Prusia. Obras de C. Ph. E. Bach y J. S. Bach. Entrada: 6 €.

Festivales de verano como forma de turismo cultural y en uno de los más asentados de España que sale de la propia capital cántabra para llegar a lugares con historia como es Santillana del Mar. La formación con sede en Murcia fundada en el año 2000, liderada por la clavecinista aragonesa Silvia Márquez y dedicada a la música antigua, acudía como cuarteto para un concierto dedicado a la memoria de Frans Bruggen, fallecido el día anterior y uno de los padres de estas músicas que nunca pasan de moda, siendo las que están captando más público joven, con colas dos horas antes para adquirir unas localidades en la propia colegiata (desconozco la imposibilidad de hacerlo en internet o cajeros) con un programa muy trabajado.

Con la Ofrenda musical en torno al rey músico de Prusia, como el recordado Bruggen, fue Guillermo Peñalver al traveso quien ejercería de monarca junto al violín de Pablo Prieto y el continuo del cello Guillermo Turina más el clave de la citada Silvia Márquez, abriendo velada nocturna con la Sonata a trío en si menor Wq. 143 (H. 567) para flauta de Carl Philipp Emanuel Bach en tres movimientos (Allegro – Adagio – Presto) bien contrastados e interpretados por el cuarteto, perfecto preámbulo y referente antes de afrontar la gran obra del concierto del padre Bach:

Una ofrenda musical“, Eine musikalische Opfer BWV 1079, densa, dura, llena de historia partiendo del tema de Federico II que el rey Bach recrearía con dos fugas a tres y seis voces (casi nada), diversos cánones y la sonata final para flauta travesera, violín y bajo continuo, “despliegue de maestría, virtuosismo y laberinto de juegos y variaciones sobre un mismo tema” como la propia profesora Silvia Márquez Chulilla escribe en el programa del concierto, no solo declaración de intentaciones para una interpretación emocionada de principio a fin sólo “rota” por las campanadas de media y completas las once de la noche además del pertinaz teléfono móvil femenino que sigue mostrando su mala educación en cualquier lugar, primero al finalizar el Ricercar a 3 inicial a cargo del clave solo, con sonoridades rotundas en el grave y delicadas en el agudo (no pude fijarme en el modelo) antes de comenzar los cánones sobre el tema regio en las distintas combinaciones instrumentales para solaz y virtuosismo de los músicos: dúos de Cancrizans para violín y chelo, cambiado por el clave en Violin in unissono, el trío con la flauta del Per motum contrarium o el lento per Augmentatione, contrario Motu del cuarteto, segunda y eterna melodía telefónica. Chelo y violín per Tonos con las campanadas de las 22:30 horas y la impresionante Fuga canonica in Epidiapente, cuarteto en estado puro para ir armando la estructura académica compositiva e interpretativa, violín clave, chelo y finalmente la flauta, sin precipitaciones, paladeando la matemática musical.

Tras semejante torbellino los “pianissimi” del Canon perpetuus super Thema Regium despojados del clave prepararon el rápido octavo número Canon perpetuus en “tutti”, arcos amplios, respiraciones ajustadas a las frases y nuevamente el clave presente siempre y protagonista en su sitio.

Aún quedaba la recta final: Quaerendo invenietis con el Canon a 2 del clave, esforzandos y amplia gama dinámica en el Canon a 4 y el Ricercar a 6 con el clave solo de Silvia plagado de musicalidad en cada voz, virtuosismo en tecla que engaña al oido cual laud con plectro por las tímbricas encontradas, antes de la Sonata Sopr’Il Sogetto Reale a Traversa, Violino e Continuo que cerraba esta ofrenda y homenajes varios, del propio Bach, de La Tempestad a Bruggen, como repartidos en cada movimiento:

Largo, Allegro, once campanadas sumándose al festín, Andante y Allegro, disfrute por y para todos, emociones que trajeron como propina el bis de uno de los cánones finalizados en do. Marcos históricos para músicas históricas desde la atemporalidad y el rigor incluso de las noches de verano.

Barrockeros potentes y convincentes

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Domingo 7 de julio, 20:00 horasGijón Música Antigua 2013. XVI Festival y II Concurso Internacional de Música Antigua, Centro de Cultura “Antiguo Instituto”. Final Grupo 1: Barrock’n Roll. Obras de Andrea Falconiero, A. Corelli, Telemann, Marco Uccellini, C. Ph. E. Bach, Frescobaldi y Vivaldi.

Primera final del concurso gijonés en el marco del festival, con un grupo joven hasta en el nombre: Barrock’n Roll formado por Moisés Maroto y Olga Radón (flautas), María Simón (violonchelo) y Sara Johnson (clave), formados en el Conservatorio Superior de Aragón en 2010 aunque de procedencias diversas, y que nos ofrecieron un programa arriesgado, completo y variado, con algunas adaptaciones (recreaciones prefiero llamarlas) realmente logradas para esta formación, transmitiendo desde la primera nota una alegría contagiosa viéndoles disfrutar con la música que nos regalaron desde un dominio técnico impecable y con auténtica madurez interpretativa que comentaré en detalle. Destacar unos finales muy trabajados, cuidado de la sonoridad de una formación personal que domina la articulación, las dinámicas, los fraseos y ornamentos, así como una permanente preocupación por la afinación que puntualmente les jugó alguna sin desmerecer el trabajo global que pondrá el veredicto del jurado difícil antes de escuchar el del lunes.

La Batalla de Barrabaso, yerno de Satanás (A. Falconiero) con dos flautas soprano resultó una delicia de simpatía y efectismos, auténticas diabluras técnicas incluyendo glissandis en todos los instrumentos.

De Arcangello Corelli afrontaron con flautas contralto la Trío Sonata en fa mayor, op. 3 nº 1 en tres movimientos claramente contrastados, Grave, Allegro y Vivace, éste en un tiempo perfecto nada exagerado para degustar los contrapuntos entre flautas y un dúo cello-clave que dejaron momentos impactantes.

La Trio Sonata en la menor, TWV42 a 4 de Telemann mantuvo la línea de calidad en los cuatro movimientos, un Largo impecable, un Vivace excelente con una amplia paleta ornamental y dinámica disfrutando de los silencios como subrayados temáticos, un Affetuoso íntimo de empastes perfectos y un Allegro remate perfecto de una obra difícil.

El aire fresco trajo de nuevo las flautas sopranos para el Aria quinta: sopra la Bergamasca op. 3 (M. Uccellini) en este danzante con entradas sucesivas de clave, cello y flautas que fueron variando el tema desde unas ornamentaciones en su sitio por parte del cuarteto, técnicamente perfectos y sonoridades cuidadas nunca estridentes en diálogos complementarios dentro de una globalidad siempre virtuosa.

Probablemente la obra más compleja del programa y nada barroca fue el Trío en la menor H537 de Carl Philipp Emanuel Bach, partitura de cuarteto que no deja nada al azar en su escritura, tampoco en la adaptación, con gran peso del clave y el cello, que Sara Johnson Huidobro y María Simón hicieron aún más protagonistas desde el Andantino, nueva paleta tímbrica con la flauta contralto de Olga Radón y la soprano de Moisés Maroto, brillantes desde la templanza en el Largo e sostenuto, y el Allegro assai poniendo el énfasis en unos fraseos que nunca se solaparon sino que tuvieron unidad expositiva, cuidando al detalle cada final de movimiento.

La Canzona seconda a 4 (due bassi e due canti) de Frescobaldi resultó ideal para el cuarteto (de nuevo las dos flautas sopranos) con contrastes brillantes, intervenciones de clave y chelo de hondura interpretativa, Da capos siempre bien variados y disfrute total por parte de músicos y público.

No podía faltar Vivaldi en el programa, su Trio sonata en re menor RV63 “Follia” que se les “atrangantó” un poco: afinación algo imprecisa en las flautas contraltos o algún cambio de tempo no del todo bien resuelto aunque demostraron tanta profesionalidad y desparpajo que fueron de menos a más para terminar,  jugando como ellos con las palabras desde el cariño y el respeto, bien “folliados” en el final vivaldiano con atronadores aplausos de un público nuevamente entregado a esta música “barrockera” que no tiene edad para dejar de amarla.

Y como en un concierto, una propina como la Ciaccona del italiano Tarquino Merula para “quitar hierro” y demostrar la calidad musical de un grupo español joven y maduro, completando una hora larga de programa que el jurado, auténticas celebridades y autoridades en la materia, habrá anotado con mucho más detalle que este comentario personal. A esperar la siguiente final de este concurso con el grupo argentino Don Gil de las Calzas Verdes y el veredicto tanto oficial como del público, que también votaremos al finalizar. Lo contaremos en Twitter© y más detenidamente desde Siana…