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Mozart y Haydn bien valen una misa

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Martes 16 de abril, 20:30 horas: San Isidoro El Real, Oviedo. Concierto: Un Clasicismo sacro: “Mozart y Haydn alla breve“.

En plena semana de Pasión la música en vivo no podía faltar y volvíamos a llenar el templo barroco de la plaza de la Constitución, la del Ayuntamiento ovetense, tras el “pago” de la Misa previa para encontrar asiento en un concierto con músicos de casa, bien avenidos como son el coro Amicorum Musicae que dirige Julia Fernández González, un grupo de cuerda de la Orquesta de la Universidad de Oviedo con Carla Martín Fernández de concertino, y el organista Emilio Huerta Villanueva, todos bajo la dirección de Amaro González de Mesa, a quien conozco desde sus años de estudiante de canto y ahora dirige el Coro de la Universidad de Alcalá, donde repetirán este programa el 11 de mayo, así como la Sociedad Coral “Excelentia” de Madrid. De todos ellos dejo escaneadas biografías así como las notas al programa de la Dra. María Sanhuesa Fonseca, perfectas para una mejor comprensión de las obras elegidas para este martes santo que continúan ampliando el repertorio del coro asturiano.

Obras “breves” pero intensas, muchas conocidas, comenzando por Mozart y terminando con Haydn, dos clásicos que eligieron el latín como idioma sacro salvo la inicial con el coro “a capella” God is our Refuge and Strength, KV 20 , obra de corta duración ideal para calentar voces, mostrando la supremacía femenina pero equilibrada con las voces graves antes de proseguir ya con los instrumentistas Santa Maria, mater Dei, KV 273, formación original y página bien interpretada por todos al igual que Alma Dei Creatoris, KV 277 donde intervinieron dos solistas del propio coro no indicados en el programa pero con buena afinación y proyección a lo que ayudó la propia acústica de San Isidoro que multiplica no solo las voces sino al sexteto de cuerda y un órgano eléctrico reforzando graves, redondeando esta alegre página del genio austríaco.

El conocido Ave verum corpus KV 618 se inició hasta tres veces por “discrepancias” entre coro e instrumentistas en cuanto a entradas y tempo, pero ya arrancado nos dejó una buena versión aunque personalmente falta de más matices. Otro tanto en cuanto a dinámicas algo exageradas fue el exitoso Lacrimosa del inacabado Requiem KV 626, ambos bisados al final del concierto, esta vez más “contenidos” y ya rodados tras el concierto al completo. Entre ambas otra de las páginas sacras de Mozart que no suelen faltar en las ceremonias como el Laudate Dominum, (de las Vesperae Solennes de Confessore, KV 339) con Lucía García Fernández, soprano del coro a quien se la escuchó perfectamente afinada y “ensamblada” con todo el conjunto, algo bajo de volumen el órgano, pero bien llevado globalmente por Amaro González en esta digna selección de las obras del genio de Salzburgo que van desde las tempranas hasta esa cumbre que es el réquiem y donde el grupo instrumental resultó más que suficiente para unas versiones muy dignas.

Tras una breve pausa para cambiar papeles y descansar pudimos escuchar a Haydn y su Missa brevis Sancti Joannis de Deo in B, Hob. XXII/7 hermosísima, de nuevo con Lucía García de solista en el Benedictus, un ordinario de la misa corta pero intensa, obra clásica de “papá Haydn” por su escritura característica, y donde los universitarios junto al organista de Pola de Siero dieron la talla en cuanto a buen gusto y musicalidad; Amicorum Musicae demostraron el porqué de su nombre, amigos de la música que siguen ofreciendo estos conciertos donde alternan éxitos y páginas menos escuchadas con distintos directores, esta vez González de Mesa, con quien ya trabajaron anteriormente.

Semana santa de vacaciones para unos, trabajo para otros, recogimiento y disfrute siempre con la música protagonista que seguirá siendo protagonista como el resto del año.

Gozoso viernes de dolor romántico ​

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Viernes 12 de abril, 20:00 horas. XLII Semana de Música Religiosa de Avilés, Iglesia de Santo Tomás de Cantorbery: Matthieu de Miguel (órgano). Obras de Dupré, Händel, Mendelssohn, Widor, Karg-Elert, Saint-Säens, Rheinberger, Gigout, Jongen, Bridge y Vierne.

Último de los conciertos de la cuadragésimo segunda semana de música religiosa avilesina con el órgano de Acitores resplandeciente, luminoso, orquestal, casi sinfónico, y un programa romántico de altura con el organista hispanofrancés Matthieu de Miguel (1979) que hizo disfrutar este “Viernes de Dolores” al numeroso público que se acercó hasta el templo nuevo de Sabugo.

Casi una hora repleta de obras de altura en el amplio sentido de la palabra, sacando lo mejor del Acitores avilesino, exprimiendo los registros más románticos del repertorio para órgano que De Miguel domina como pocos. Combinaciones de teclados, pedalero, expresión, trémolo… todo bajo la supervisión de José Mª Martínez, alma mater de esta SMRA, concierto de altura para clausurar esta edición donde el órgano de Santo Tomás brilló con luz propia haciendo del dolor gozo.

Abría el concierto lo mejor de la escuela francesa de órgano con la transcripción realizada por el francés Marcel Dupré (1886-1971) del Concierto op. 4 nº 2 en si bemol mayor (Händel) en dos movimientos (A tempo ordinario e staccato y Allegro) que sorprendieron por el color de los registros, orquestalmente pleno, completo y virtuosa recreación del rey de los instrumentos al unir teclado y orquesta todo en uno.

De Félix Mendelssohn (1809-1847) escucharíamos el Andante y Variaciones en re mayor, romanticismo alemán sacando sonoridades “nuevas” al Acitores plenamente asentado a nivel tímbrico, íntimo, creciente y limpio además de recogido.

Uno de los momentos mágicos llegó con el francés Charles Marie Widor (1844-1937) y su Intermezzo de la VI Sinfonía, virtuoso, brillante, mágico, registros plenos pero nunca chirriantes, limpieza en teclados y pedalero inundando Santo Tomás de Cantorbery de la luz que luchaba con la noche, contrastes y delicadas transiciones entre teclados en un juego dinámico portentoso a cargo del organista formado en Burdeos y afincado en Toulousse.
Un descubrimiento para quien suscribe resultó el alemán Sigfried Kargt-Elert (1877-193) y sus Harmonies du soir, op. 72 nº 1, juegos de trémolo y registros de harmonio celestial, sugestivo además de íntimo.

Poderío sonoro sería el último número Allegro giocoso, de las 7 improvisaciones op. 150 nº 7 de Camille Saint-Saëns (1835-1921), rememoranzas medievales de trompetería llena, pedalero subrayando el ritmo y perlas rápidas en los tres teclados. Sabor francés y puro romanticismo, antes de pasar al alemán Joseph Gabriel Rheinberger (1839-1901) y su Intermezzo de la IV Sonata, placidez sonora con registros medios de trémolo comedido, combinaciones de teclados y dinámicas, buen gusto tímbrico y expresivo.
Siempre es un gusto volver a escuchar al francés Eugène Gigout (1844-1925), calificado como “postromántico” pero casi me atrevería a llamarle “neobarroco” pues su Toccata, Si menor tiene lo mejor de esta forma virtuosística aunque con el tamiz armónico temporal del siglo XX, aires debussyanos sin perder un ápice la inspiración propia. Matthieu de Miguel no solo trajo magisterio técnico sino gusto en la elección de registros así como de los compositores para esta clausura de la SMRA.

Segunda novedad para mí e igual de agradecer dentro del vastísimo repertorio para órgano me resultó el Scherzetto, op. 108 del belga Joseph Jongen (1873-1953), en cierto modo “broma musical” (eso es literalmente un “scherzo”) de sabor americano por la lengüetería, el trémolo y un pedalero vivo, rítmico diría que cinematográfico por los recuerdos y referencias que da esta obra juguetona, elegante y agradecida.

Si en el anterior concierto de esta XLII SMRA calificaba al Acitores de políglota, las escuelas europeas de órgano tienen su propia acento, si bien franceses y belgas musicalmente los podamos unir. En el caso del Adagio, Mi Mayor. Op. 63 del británico Frank Bridge (1879-1941) no me atrevería a etiquetarlo en ninguna escuela, si acaso en la liturgia global por el recogimiento que esta página tiene y el organista hispanofrancés nos transmitió, serenidad con registros delicados preparándonos para la explosión última.
Inmejorable Final de la I Sinfonía, Re M, op. 14 del francés Louis Vierne (1870-1937), la explosión sonora del órgano palentino asentado en Avilés que Matthieu de Miguel entendió a la perfección. Transiciones de teclados en su sitio, tímbricas variadas hasta en el pedal, juegos tubulares orquestales en un verdadero castillo de fuegos musicales.

El regalo cerraba el círculo virtuoso nuevamente con Händel y sus Himnos de Victoria, si lo prefieren Canticorum Iubilo en la versión organística plena, punto álgido y final apoteósico en el Acitores con sabor a salitre, políglota y poderosa clausura de una semana que siempre me sabe a poco pero colma mis escapadas al querido Avilés. Enhorabuena a todos los organizadores y en especial a mi admirado Chema.

Acitores políglota con Cea

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Lunes 8 de abril, 20:00 horas. XLII Semana de Música Religiosa de Avilés, Iglesia de Santo Tomás de Cantorbery: Andrés Cea (órgano). Obras de Scheidemann, Sweelinck, Böhm, Bach, Kellner, Cabanilles y Buxtehude.

Segundo de los conciertos de la cuadragésimo segunda semana de música religiosa de Avilés (SMRA) con el órgano como protagonista absoluto en las manos y pies de Andrés Cea, todo un profesor que dio lección magistral desde la sencillez en la registración, los volúmenes contenidos y un programa barroco donde no faltó nuestro Bach español, Juan Cabanilles (1644-1712) del que el maestro jerezano afincado en la capital hispalense es toda una autoridad.
Desde su inauguración el órgano de Acitores nos asombró por su poderío y variedad sonora capaz de adaptarse a cualquier repertorio y época, brillando en todos ellos porque posibilidades y combinaciones tiene para estar explorando años sin parar. El magisterio de Cea estuvo precisamente en acertar con los timbres ideales para las obras que trajo hasta Santo Tomás, siempre proyectado en pantalla para no perdernos detalle, con una selección de compositores alemanes, holandeses y nuestro “propio Bach” desde una limpieza ejecutiva de registros ideales para cada una de ellas, demostrando que el Acitores es políglota, como el doctor andaluz.
Comenzando de forma intimista con el coral luterano O Gott, wir danken deiner Güt de Heinrich Scheidemann (1595-1663), dos teclados bien diferenciados para proseguir con la Echo fantasia de Jan Pieterzoon Sweelinck (1562-1621), reputado profesor del anterior en Amsterdam y emparentados en cuanto a sonoridad aunque jugando con la forma del eco lograda en flautados contrastados para el efecto buscado. El catedrático Cea Galán remarcó emparentó históricamente al alumno y al profesor intrepretando seguidos a ambos con mínimos cambios en los sonidos.
El desarrollo de la partita coral se debe a Georg Böhm (1661-1733), del que escuchamos Vater unser im Himmelreich, y lo retomaría un joven Johann Sebastian Bach (1685-1750), nueva lección histórica del órgano, especialmente por la madura Fuga sopra ill Magnificat BWV 733, nuevos tributos académicos aunque “Dios Bach” sea inalcanzable y el alumno sobrepasó al profesor dejando la huella indeleble para el resto de la humanidad musical. A nivel sonoro el kantor fue el rey del Acitores, el sonido alemán al que estamos acostumbrados, sin acentos marineros, recio sin salitre y espartano porque no sobraba ni faltaba nada, pureza interpretativa y adecuación tímbrica a esa forma endiablada de la fuga a partir de la joya cantora del “Magnificat“.

Tercera lección de la tarde nada menos que con el coral Herzlich thut mich verlangen de Johann Peter Kellner (1705-1772), padre del también músico Johann Cristoph, el oficio de maestro de capilla (kantor), organista, compositor, maestro que pasa de padres a hijos aunque en los Kellner solamente serían dos generaciones y no la casi incontable de “los Bach” que Johann Peter conoció por haberlo estudiado copiando las partituras, la forma de hacerlo en aquellos años y gracias a lo que podemos conservar muchas obras originales perdidas. Aunque no esté constatado parece que J. P. Kellner conoció tanto a Bach como a Händel, así que escuchar el coral registrado como si del kantor de Leipzig se tratase fue un auténtico placer, el espíritu luterano cantado por el pueblo, en el Acitores un regalo sonoro en el segundo teclado, redondez ambiental y respeto total por la partitura disfrutando de las figuraciones exactas, el fraseo vocal y la exquisitez dinámica.

Ya comentaba anteriormente que Andrés Cea es toda una autoridad en el órgano hispano y portugués, así que el Acitores “habló” español universal y magisterio de tecla con Juan Bautista Cabanilles (1644-1712) con una de las formas musicales más españolas desde el renacimiento que llegó al primer barroco. El Tiento de quarto tono posee lo mejor del virtuosismo en la ejecución y una página histórica que el maestro Cea ejecutó “quitando el polvo” a la lengüetería bien combinada con trompetería, lleno literalmente, explosión contenida llena de color en una partitura donde separar grano y paja, por intentar explicar la cantidad de notas, se hace verdaderamente difícil antes del Pasacalles, igual línea compositiva y nuevos registros dentro de una paleta no muy amplia pero suficiente. No es cuestión de “atronar” sino buscar la sencillez sonora para primar la música sin artificios, y en esto todo el programa mantuvo esa unidad de registros.
Y si el poderío al órgano barroco siempre es Bach, su “rival” de la época, Dietrich Buxtehude (1637-1707) no estaba a la zaga, recordando la leyenda del duelo entre ambos en Lübeck que parece le costó un buen disgusto al joven Johann Sebastian en Arnstadt, pues realizó un viaje de casi 400 kilómetros hasta el norte que le tuvo fuera cuatro meses (no cuatro semanas como había pedido fuera de su puesto de trabajo). Viajar para aprender, conocer, intercambiar, la última lección histórica en la fría tarde del lunes con el profesor Cea Galán impartiendo cátedra organística en Santo Tomás de Cantorbery.

Sonaría el Preludio en sol menor, Praeludium g moll BuxWV 148 en el Acitores viajero, español viajado de Torquemada hasta Avilés, como Cea de Sevilla a Asturias, de Arnstadt a Lübeck, políglotas con la música como único lenguaje universal en el llamado “rey de los instrumentos“, un preludio para el final de esta segunda etapa de la XLII SMRA.

Comienza otra semana de música en Avilés

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Viernes 5 de abril, 20:00 horas. XLII Semana de Música Religiosa de Avilés, Iglesia de Santo Tomás de Cantorbery. Coro Easo Araoz gazte, Ana Belén García Pérez (órgano), Gorka Miranda (director). Obras de Mendelssohn, Buxtehude, Rheinberger, Guridi, Widor y Chilcott.

Cuarenta y dos años de una cita previa a la Semana Santa avilesina con protagonismo de la música religiosa organizándola desde la calidad y la amistad en tiempos de penurias económicas que no pueden con la ilusión y buen hacer de Chema Martínez, incansable en la lucha por mantener esta cita imperdible para todo buen melómano que acuden puntualmente, al frente de un equipo digno de elogio.
Y de amistades que acuden cuando se las necesita está llena esta semana que arrancaba este viernes con donostiarras queridos y admirados, la organista Ana Belén García y el Coro Easo Araoz gazte que dirige el maestro Gorka Miranda Blanco, un verdadero placer de programa derrochando calidad en cada obra, variado en estilos, con “el Acitores” en manos de la profesora de Andoaín acompañando con el volumen idóneo, deleitándonos en sus obras solas, más las chicas (de 12 a 17 años) de Easo enamorando desde sus voces jóvenes, limpias, afinadas, de amplias dinámicas, modelo a seguir para una cantera de la que los donostiarras, y vascos en general, siempre son únicos.

Comenzó el concierto con quince minutos de retraso sobre el horario previsto tras la misa de las 19:30 presentando semana y protagonistas del primero de los cinco conciertos, pantalla para no perdernos detalle del coro donde se ubicaron para los Dos Motetes op. 39 de Mendelssohn (1809-1847), sonoridades celestiales en el latín universal de la religión católica que tan grandes páginas musicales nos ha dejado.

Ana Belén García atacaría la Chacona en mi menor, BuxWV 160 de Buxtehude (1637-1707) eligiendo unos registros que conoce en “el Acitores de Santo Tomás” apropiados al barroco y recuperando el sabor a salitre de un órgano impresionante para cualquier repertorio.
Josef Gabriel Rheinberger (1857-1944) escribe su Missa Sincere in memoriam op. 187 para los seis números del ordinario de la misa (Kyrie, Gloria, Credo, Sanctus, Benedictus y Agnus Dei) que las chicas del Easo Araoz gazte cantaron como ángeles desde el coro avilesino, perfecta emisión de claridad pluscuamperfecta arropadas por Ana Belén, repertorista del mismo, bien llevado por Gorka Miranda en tiempos, siendo él quien arrancaba el “Íncipit” gregoriano antes de la polifonía blanca de color único. A mitad de esa misa el II. Intermezzo de la Orgel Sonate nº 3 op. 88 no solo sirvió de respiro sino de complemento ideal en el discurrir del compositor afincado en Munich, gran conocedor de un instrumento que dominó y para el que escribió páginas casi obligadas para un concierto como el de este lluvioso viernes de abril.

De un coro vasco no podía faltar Guridi (1886-1961) del que escuchamos su Ave María, breve e intenso con todas las chicas, página mariana impregnada de un espíritu que no se pierde en las fiestas donostiarras de agosto donde Ana Belén es parte de ellas desde el Cavaillé-Coll de Santa María en San Sebastián. Ella nos ofreció el Bach’s Memento del francés Charles-Marie Widor (1844-1937), escuela organística que se rinde al “dios Bach” en un virtuoso homenaje desde el coral final de la “Pasión Según San Mateo” que el Acitores hizo sonar romántico, pleno, jugoso en registros, transiciones delicadas entre teclados y todo un juego dinámico además de tímbrico que perduró en Santo Tomás impregnando cada rincón.
Mientras las chicas bajaron hasta el altar y “a capella” nos regalaron Lift thine eyes (Mendelssohn) reafirmando su calidad vocal en todas las cuerdas, increíble y difícil en voces blancas con graves que el órgano refuerza pero solas demostraron el color impecable, los registros amplios y sobre todo una musicalidad única desde ese sello vasco por excelencia.

Para terminar el concierto eligieron al inglés Bob Chilcott (1955) con el piano electrónico de Ana Belén García, compositor que los coros jóvenes tienen en su repertorio por la modernidad armónica que exige escucharse, interiorizar y exteriorizar ritmos genuinos del antiguo cantor de los legendarios King’s Singers, quien en sus Cuatro baladas amarillas toma textos de nuestro Federico García Lorca, vocalizaciones perfectas, contrastes anímicos en cada una, En lo alto de aquel monte un arbolito verde, La tierra estaba amarilla, Dos bueyes rojos en el campo de oro y la explosión rítmica con palmas Sobre el cielo de las margaritas ando, un piano complemento polifónico remarcando una poesía que Chilcott entiende como pocos para los coros del mundo.

El “poderío” vocal de Easo Aaoz gazte fue la propina, colocados en tres grupos (altar y laterales) con la canción de cuna vasca más maravillosa que se haya escrito, Aurtxo Seraskan (Gabriel Olaizola, 1891-1973) que me descubriese Luis Mariano, aquí en Avilés cantada por una solista de altura con un futuro prometedor de voz educada, clara, emisión potente y buen gusto, y el “colchón” a boca cerrada de sus compañeras, manteniendo tensión, afinación, color y calor, bien llevado por Gorka Miranda dejando lucirse a la soprano en esta maravillosa nana que nos dejó la excelencia coral de una cantera de siglos que mantiene la tradición desde esta juventud que seguirá toda la vida cantando, el mejor sabor de boca para esta nueva SMRA que apuesta por repertorios identitarios y calidades plausibles.

Chascos y chubascos primaverales

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Miércoles 23 de mayo, 20:00 horas. Sala de cámara, Auditorio de Oviedo: V Primavera Barroca: El arte de la Reforma: del Monteverdi católico al Schütz protestante. Los Afectos Diversos, Oniria, Nacho Rodríguez (director).

Celebrando 2017 un año después (450 años de Monteverdi y 500 de la Reforma Luterana) mientras el CNDM presentaba todas las actividades de la próxima temporada 2018-19, avanzando ya la sexta edición en esta quinta primavera barroca que cerraba con claros y nubes incluyendo algún chaparrón que otro, así se presagiaba con la menor entrada de todo el ciclo para encontrarnos con ocho solistas que no son un coro, duplicados por el cuarteto de sacabuches y corneto, al que se sumar la organista Laura Puerto para traernos dos climas vocales que me resultaron un chasco, aunque la música siga uniendo mundos, culturas y religiones.

Monteverdi y su Messa a cuatro voci da cappella, SV 190 (1650) no pasaría el crisol tridentino al hacerse imposible captar el latín cantado sumándole órgano y cuarteto de metal, cierto que la costumbre de duplicar con los ministriles era habitual, pero esta vez resultó agua y aceite, incluso la masa sonora sonó amorfa al situar las voces cantadas y tocadas por cuerdas: dos sopranos y el cornetto, dos contratenores altos y el sacabuche homónimo, dos tenores con su “hermano” y los dos bajos ibidem.

La climatología adversa del italiano no era la del Vasquez español que el conjunto que dirige Nacho Rodríguez ha dejado registrado, faltó rigor en muchos finales de los números, quedando “sueltas” notas del órgano o alguna voz “despistada”. No encontré homogeneidad vocal, tampoco global, sino una suma desequilibrada incluso en el gesto interpretativo ¡para cantar esta misa!, mientras los vientos parecían soplar obligadamente contenidos. Los Afectos Diversos fueron literales en el que suscribe, esperando que tras el descanso ¡escampase! que diríamos en Asturias, a la espera de Schütz.

Mi gozo en un pozo pues tras las nubes monteverdianas el primer chaparrón vino con Rodríguez ¿tenor? junto a la organista Laura Puerto, sorpresa cantando fuera de programa uno de los Kleine geistliche Konzerte (“Pequeños bocetos sacros”) para llorar y no precisamente de emoción.

Poca voz ¡pero desagradecida! sumando una floja pronunciación alemana, casi de estudiante principiante, para después hacernos la presentación completando sus propias notas al programa mientras se incorporaban dudosos la docena restante para afrontar las seis obras del alemán estudiado en la Venecia de Don Claudio y sufridor de la guerra de los 30 años. Tomando literalmente este dolor bélico con los trece intérpretes e intentando lucirse los distintos solistas, nada llamativos, alternaron números conjuntos, “tirando de lo que había” “con menor esplendor” (referido a la posguerra alemana que nos contó Rodríguez) y combinando posiciones que volvieron a poner en evidencia la mala idea de doblar voces con metales pese al intento.

Alternando tres Psalmen Davidis con los tres Kleine geistliche Konzerte, op. 8, pequeños por extensión además de bocetos sacros por no formar un corpus sino tanteos compositivos, supusieron algún claro entre las nubes, Oniria Sacabuche ya eran conocidos en Oviedo gracias al olvidado “Ciclo de música sacra Alfredo de la Roza“, y su empaste resultó mejor que el vocal, si bien las agilidades exigidas no ayudan, saliendo mejor librado Manuel Pascual que desde el cornetto al menos adornó lo suficiente a las sopranos para darle algo de sentido a un Schütz más “liviano” que Monteverdi.

De los distintos solos con órgano (que también jugó alternando entre la literal repetición vocal y el ornamento mínimo con los solistas), me quedo con el buen color en uno de los altos y un idioma alemán más creíble sin ser el de Goethe.

Las sopranos lo intentaron pero desiguales, pienso que por tener colores muy distintos e incluso quedando poco lucidas con el órgano. Repito que cantar a coro no es sumar solistas, aún más difícil con dos por cuerda, si sumamos unos trombones que comedidos suenan más y entorpecen el fluir del texto, el resultado se queda cojo, al menos para una acústica como la de la sala de cámara que no es catedralicia. Tal vez dieciséis voces con el cuarteto Oniria hubiese logrado el equilibrio dinámico deseado, pues la expresividad se perdió totalmente ante la falta de claridad y rigor.

Detrás de mi escuchaba bravos enfervorecidos, los gustos climatológicos son también variados y me alegra comprobar que la música siempre tiene el poder de conmover, supongo que provocando realmente “afectos diversos”, que regalaron sin hacerse mucho de rogar un buen Surrexit del alemán, corroborándome que la mejor colocación de la velada resultó con los vientos a la derecha y las voces a la izquierda.

Y ya solos Los Afectos Diversos con el órgano, otro regalo del puente entre Renacimiento y Barroco,  el motete Adoramus Te Christe de Monteverdi a seis voces que de nuevo se quedó cojo con ocho, calándome como si la tormenta me hubiese dejado esa sensación de incomodidad. Mala forma de despedir una primavera que tiene ya su hueco en “La Viena del Norte” de España como es Oviedo, y 2019 promete mejor clima…

Celebrando los 333 de Bach en Avilés

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Miércoles 21 de marzo, 20:15 horas. Iglesia de Santo Tomás de Cantorbery, XLI Semana de Música Religiosa de Avilés (SMRA). Josep Mª Mas i Bonet (órgano). “Música para la Pasión”: obras de Bach, Brahms, Liszt, Franck y Messiaen.

Entramos en la recta final de la cuadragésimo primera SMRA​ en el día del 333 aniversario de Bach, que no podía faltar en un concierto titulado “Música para la Pasión” y con el veterano organista de Centelles (Barcelona) Josep Maria Mas i Bonet, que fue de menos a más en este penúltimo concierto con el órgano de Acitores nuevamente increíble en sonoridades todavía por descubrir, maestría de un intérprete de largo recorrido y obras de gran enjundia.

Comenzó el catalán con la Fantasía en do menor, BWV 562 del kantor, continuando con el Coral De profundis clamavi ad te, de la Cantata BWV 68 y la Fantasía y fuga en do menor, BWV 537, austeras como el propio Bach hubiera deseado, registros sobrios sobre el segundo teclado y el pedal, limpieza de líneas, técnicamente impecable y gustándose sobre todo en la última de las tres partituras de nuestro dios.
En línea similar discurrió Brahms como no podía ser menos al “revisar” al padre de las músicas con el Preludio coral Herzliebster Jesu, was hast du verbrochen  (Querido Jesús, qué culpa has cometido), comedido en su grandeza, homenaje romántico al barroco en el instrumento rey, el órgano de Santo Tomás avilesino en manos y pies de Mas i Bonet, de nuevo maestro con poso al afrontar este muestrario con referencias a la Pasión de Cristo.

Pero llegaría Liszt y rompería el fuego abriendo horizontes sonoros con la Oda fúnebre, muerte esperanzadora, luminosa sin perder dramatismo, registros mucho más variados, la expresión en los pedales que comenzaba a emanar grandeza sonora en distintas dinámicas.
El momento cumbre personalmente llegó con Cesar Franck y su Coral nº 1 en mi mayor, auténtico caleidoscopio sonoro en un Acitores camaleónico que parecía emular los Cavaillé-Coll del romanticismo pleno con variedad tímbrica y transiciones de un teclado a otro delicadas con sabor francés y verdadero “savoir faire” elegante, brillante, variado, jugoso, para la última explosión final del organista catalán.

Olivier Messiaen siempre supone un tributo bachiano y Les Ténèbres su música para esta pasión con truenos y tinieblas de dolor en ese lienzo orgánico antes de la feliz La Résurrection du Christ con el organista catalán siempre cercano a Francia en todo. Paleta barroca con trazo abstracto bien interpretado y exprimiendo el Acitores cada vez más asombroso cuando se le exige, y los cinco autores de este miércoles supusieron otra prueba de un órgano válido para repasar la historia de la música para él escrita.

No podía haber sido mejor cumpleaños de Mein Gott quien decía​
La música es una armonía agradable para el honor de Dios y de los placeres permitidos del alma“, armonías las alemanas y placeres inmejorables los franceses, pues Mas i Bonet se mostró en el órgano avilesino tan francés como Franck y Messiaen.
La agenda me impide asistir al último concierto del viernes 23 con el grupo de cámara santanderino Ars Poliphonica que además estrena espacio en la Iglesia de los Padres Franciscanos (Parroquia de San Antonio), acústica ideal para un programa que va de Dunstable y Gombert hasta Drake o Vince Clarke titulado “Dilecte Mi” a cargo de este grupo de voces graves.

Bach siempre misericordioso

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Martes 20 de marzo, 20:15 horas. XLI Semana de Música Religiosa de Avilés (SMRA), Iglesia de Santo Tomás de Cantorbery: Pablo Taboada Jiménez, órgano. Obras de J. S. Bach, C. Franck y O. Messiaen.

Mein Gott Bach todopoderoso y también misericordioso perdonó ofensas pasadas y nos trajo al profesor catalán Pablo Taboada en el tercero de los conciertos programados con un repertorio potente donde estaba el trío de compositores ideales para todo organista que se precie: Bach, Franck y Messiaen cerrando el círculo, tres épocas y estilos con exigencias distintas que el órgano Acitores de Sabugo sigue respondiendo como un grande.

El Preludio y fuga en do menor, BWV 546 calentó tubos, dedos y acústica en un templo no tan lleno como nos gustaría, pues el público es el mejor premio y recompensa para el esfuerzo de Chema Martínez y los suyos. Todavía sin el poso ni el pulso deseado aunque buscando registros adecuados, mejores en la fuga pausada, algo pesante pero marcando todo, usando un pedal discreto igual de virtuoso que los teclados manuales, nunca enturbiando los temas principales, Taboada abrió la espita bachiana antes de continuar con dos corales.

An Wasserflüssen Babylon, BWV 653, de los dieciocho Corales de Leipzig y Erbarm dich mein, o Herre Gott, BWV 721, ambos de sonidos básicos casi “de libro” donde la melodía luterana sonó con una lengüetería clara de tímbrica sobresaliente mientras el pedalero seguía en un segundo plano con las apariciones puntuales, aguantando los tubos sin ningún ronquido.

El romanticismo de Cesar Franck le va como anillo al dedo al Acitores que ya tiene acento propio, castellano recio con sabor a salitre, rico en registros con los que Taboada acertó, desde reminiscencias al popular armonio hasta los flautados potentes, subiendo intensidades de volumen y emociones, jugando con el trémolo puntual y el pedal de expresión algo tímido en recorrido aunque dejándonos uno de sus tres corales para órgano, Deuxieme Choral en si mineur muy logrado de dinámicas al que le pediría un poco más de “arrebato” acorde con el estilo (del) francés.

Sin abandonar el país vecino y con la misma espiritualidad que el kantor de Santo Tomás (de Leipzig, no avilesino), Messiaen supone cerrar el círculo de Bach, virtuoso no ya en ejecución sino en la búsqueda de los sonidos adecuados, la atmósfera del texto inspirador con la tímbrica complementaria, y así entendió mi tocayo la Apparition de l’église éternelle con el Acitores pletórico, tubería acoplada con el exigente Olivier, de amplias dinámicas y registros inéditos completando una velada que fue calentando a medida que la música se acercaba a nuestro tiempo sin perder el respeto a los orígenes. Todo es mejorable, pero el maestro Mas Bonet estaba al lado ayudando y tomando nota para su concierto del miércoles donde al trío de ases de hoy se sumarán Brahms y Liszt en una verdadera fiesta sonora del órgano astur-palentino bajo el sugerente título “Música para la Pasión”.

La veteranía es un grado y los años dan el poso necesario no solo para la interpretación sino para la recreación de unas partituras siempre únicas y distintas según el órgano, el día, la temperatura… y el ánimo tanto del ejecutante como del oyente. Ya lo contaremos desde aquí mientras los organizadores de la SMRA siguen subiendo temas al Canal de YouTube©.

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