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Febrero de 1975: Nueva Conciencia

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La inmortalidad de la buena música
Hace unos años nadie podía suponer que a la juventud le interesase la música clásica e incluso tener en casa un disco de Beethoven al lado de uno del momento. Parece antagónico pero hoy no lo es. Y esto se debe a la labor de una serie de señores que bien mediante arreglos musicales o letrísticos, hicieron una música clásica al alcance de todos, pese a diversos sectores que califican como “crimen” artístico o sacrilegio alterar las inamovibles obras de los maestros. Es como un conflicto de dos generaciones: la joven que está de acuerdo y la de los adultos que lo consideran irreverente.
Pero no se puede juzgar igual a unos arreglos en el ritmo como los de Ray Conniff o Waldo de los Ríos, con otras interpretaciones personales de Emerson – Lake y Palmer o Teddy Bautista, por ejemplo y citando dos nacionales y otros dos extranjeros, con los originales.
Así, son muy conocidas versiones clásicas con letra de hoy de la “Canción de Cuna” de Brahms, o “Sueño de Amor” de Liszt, y muchas otras que han popularizado diversos cantantes mundiales.
Esto no es de ahora ya que en los 50 hubo una canción con el título de “Passion Flower” que no era más que una versión del “Para Elisa” de Beethoven pero más rítmica y con letra.
Pero no cabe duda de que el revolucionario de este nuevo estilo sinfónico-pop por así llamarlo, fue Waldo de los Ríos con su versión del “Himno de la Alegría”, cuarto movimiento de la Novena de Beethoven, que a su vez tomó la letra del poeta Schiller. La versión español corrió a cargo del cantante Miguel Ríos y obtuvo un resonante éxito mundial, vendiendo millones de copias.
Volvió a probar suerte con el “Te Deum” de Charpentier, con el título de “United” (Himno de Eurovisión), pero no consiguió igualar el record de ventas de la anterior versión beethoveniana.
Por tercera vez insistió, esta vez con Mozart y su sinfonía nº 40 manteniendo esta vez su línea de éxitos que hoy mantiene con su álbum “Mozartmanía”.
Respecto a la primera hubo una serie de críticas. Mi punto de vista es que no existe ningún problema con hacer una versión de una obra inmortal, pues quienes consideran como una “herejía” que manipulen y desfiguren obras ajenas no se dan cuenta que las originales permanecen incólumes y sin daño después de la versión propia que puede triunfar, caso de Picasso con sus Meninas al igual que las de Velázquez pero con su sello y estilo personal. La esencia se mantiene en ambas. Pero no sabemos cuál es el grado de admisibilidad de esas versiones, ni si son o no buenas. Puede darse el caso de que sirva para ir al original y que se den cuenta de su valor pero también el caso contrario de desilusión al compararlas (aunque sea esto casi imposible).
Esto es referente a la adaptación de obras clásicas para nuestros días, pero también está la conversión de una obra ajena en propia. Así y favorecidos por inventos de instrumentos electrónicos como el sintetizador, en el año 1968, debido a Walter Carlos, Leonard Bernstein y Robert Moog (aunque sus primeros pasos se remontan a 1952).
Este aparato es capaz de reproducir la frecuencia y los armónicos de cualquier instrumento, pero con igual timbre y sonoridad. Se han conseguido excelente versiones de obras sinfónicas, con nuevos matices. Ejemplo de esto, es el “Cuadros de una exposición” de Moussorggsky y Ravel, en versión de Emerson, Lake y Palmer, y una anterior del propio inventor, Walter Carlos, que basándose en Bach y con el título de “El sintetizador bien templado”, se la puede considerar como la primera en su género.
Una última posición, es la composición de obras actuales con forma clásica. Así, óperas pop o rock, como “Tommy” de Pete Townshend del conjunto “Who”, o la tan renombrada “Jesucristo Superstar”, de Tim Rice y Andrew Lloyd, junto a las últimas obras de Luis de Pablo.
De lo que no cabe duda, es que a música clásica está en alza. La gente joven se da cuenta de que las melodías del momento se olvidan pronto, pero que una obra de Mozart, Beethoven…, cualquier clásica, sea en la versión que sea, siempre se recordará, o al menos, tardará menos en olvidarse.
La prueba de que se dan cuenta está en el aumento de ventas de discos clásicos. Karajan compite en ventas con Dylan o Hendrix. Las múltiples grabaciones del mejor director del momento, se agotan una tras otras. Sinfonías de Brahms, Preludios de Mozart, Oberturas de Beethoven, Óperas de Verdi, se venden cada día más. Pero ¿quién las compra? los jóvenes. Ya se empiezan a ver la sala de concierto repletas de jóvenes de larga cabellera y tejanos, aplaudiendo una obra de Tchaikovsky, lo mismo que una actuación de un grupo moderno interpretando Chopin a ritmo de rock y acompañamiento de batería.
Vivaldi y sus “Cuatro Estaciones” ya se oyen lo mismo en versión de la Filarmónica londinense que en la actual de Teddy Bautista, antiguo “canario”.
Pero la realidad es esa. La música clásica, la Música, así con mayúscula, se oye y gusta. Claro. Es Inmortal.
Pablo Álvarez Fernández
Dejo esta transcripción literal con ligeros retoques de puntuación y los añadidos casi obligados a los enlaces o links que hoy nos permite la tecnología y enriquecen los textos de mi primer artículo publicado en 6º del Bachillerato de Ciencias, siendo de los primeros escritos por alumnos en la prestigiosa revista del único instituto en el Mieres de entonces, dirigido por Doña Carmen Díaz Castañón. Estaba en mi penúltimo curso (1974-75), suprimiendo el ministerio de turno la reválida de 4º de bachillerato y dejando opcional la de 6º para titular superando el llamado COU (curso de orientación universitaria que sustituía al PREU), y con mi título profesional de piano también en su recta final (llegaría al Conservatorio de Música de Oviedo en pleno San Mateo del mismo año 1975), profesional entonces y dependiente de Bellas Artes y la Diputación, aún en la calle Rosal. El curso 1975-76 cursaría el mío justo cuando comenzaba a impartirse el BUP (bachillerato unificado y polivalente), apareciendo en su primer año la materia de “Música” tras décadas pidiéndolo, llegando incluso a solicitar a la dirección del centro el puesto de profesor que por titulación podía, mas la edad resultaba un inconveniente, unido a ser alumno del propio instituto.
La revista “Nueva Conciencia” comenzó cual fanzine para ir mejorando en presentación e impresión, en parte financiada con las aportaciones de la Asociación de Padres de Alumnos de entonces, editándose profesionalmente e incluso enviándose algunos ejemplares a distintas universidades mundiales, pues recogía básicamente la memoria de actividades pero especialmente colaboraciones del profesorado de las distintas materias, incluso avances de tesis doctorales, dejando a continuación el índice de ese décimo número.
Guardo los números 4 al 10 y desconocía cuántos años más estuvo editándose (en Internet encontré que llegaron al 23) pues finalizado mi séptimo año en El Bernaldo tras aquel COU de calabazas en junio y tras un verano de enclaustramiento obligado con las ciencias puras (Matemáticas Física y Química) poder superarlas en septiembre junto a la temida Selectividad de entonces, para marchar a estudiar a Oviedo, aunque no Ciencias Químicas como en principio quería y a la vista de los problemas optar por “Magisterio”, entonces convertido en Diplomatura de la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado de EGB.
Aquel verano del 76 cambió muchas cosas en todos los aspectos, no digamos en “Mi querida España” que cantaba la malograda Cecilia, las ciencias por las letras al optar por la especialidad de “Humanidades y Ciencias Sociales” siempre esperando que se convocasen plazas de especialistas en mi materia, “Música”, tanto en las escuelas como en los institutos, aunque ésta no llegaría hasta 1987 en mi segunda “intentona” de oposiciones madrileñas para lo que se llamaba Territorio MEC, pero hoy tocaba recordar los años mozos.
De mis opiniones y gustos musicales no hubo tantos cambios a lo largo del tiempo como se puede deducir de la lectura de este artículo o de las entradas en el blog, pues sigo confesándome “omnívoro” en cuanto a la música se refiere, y donde los estilos e interpretaciones de la entonces llamada “música clásica”, siguen discutiéndose cuarenta años después. Pero gracias al esfuerzo y trabajo de todos en aquella transición, estos años pasados han formado a grandes profesionales en este mundo entonces de “bohemios” o gente de “mal vivir” que por lo menos son reconocidos socialmente, aunque nunca lo que se merecen.
Puedo concluir que incluso estos años reflejados por un adolescente de 1975 han redondeado la visión que da el tiempo, publicaciones muy serias y documentadas, verdaderos análisis de una historia de nuestro país que en el caso de mi admirado Eduardo García Salueña (1982) no solo fue tema de tesis doctoral sino el de una joya de libro recientemente publicado “Música para la libertad” (Norte Sur Ediciones) del que puedo presumir de haber estado en su bautizo en Gijón (arriba está la foto) y traerlo hasta Mieres el próximo 30 de noviembre a la librería “La Pilarica”, magna publicación con la que rejuvenezco por haber podido vivir tanto de lo reflejado en ella sobre aquella fusión en Galicia, Asturias y Cantabria. A él le debo recuperar este artículo por todo lo que removió su presentación y posterior lectura.
Tratándose de seguir haciendo historia musical además de cercana, el CD que acompaña al libro es otro documento imprescindible donde entre los doce temas (con dos inéditos) El ventolín de Asturcón fue sintonía de amigos y Juan Carlos Calderón mi pianista y compositor ideal de una adolescencia recordada en esta entrada que rememoraremos alguna que otra vez.
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¡Cómo toca Ning!

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Viernes 9 de junio, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, “Virtuoso” Abono 15 OSPA, Ning Feng (violín), Rossen Milanov (director). Obras de Rameau, Vieuxtemps, Paganini y Respighi. Notas al programa de Alejandro G. Villalibre. Fotos web, ©OSPA y ©pablosiana.

Decimoquinto y último programa de abono de la temporada (aún queda el que cerrará mes y curso académico) con un virtuoso que sigue deslumbrando cada vez que viene a nuestra tierra como es el violinista Ning Feng (entrevistado en OSPA TV), afrontando no uno sino dos conciertos, el cuarto de Vieuxtemps que lo debuta con nosotros, y el primero de Paganini, directamente en sus genes como comentaba en el vídeo, y que además los grabarán esta semana para dejar un legado del que el maestro chino se sentirá orgulloso. Dos conciertos para violín escoltados por Rameau y Respighi con una OSPA pletórica en esta recta final de nuevo con su titular del que solo queda añadir sus carencias concertando, la sutileza fuera de su alcance, y querencias por la grandilocuencia sinfónica que el compositor italiano ofrece, en una formación que además contó con el apoyo juvenil de los estudiantes y graduados en el CONSMUPA, sumándose a esta fiesta asturiana en la despedida.

Luces y sombras como suele suceder cuando el búlgaro se pone al frente, pero con una orquesta íntegra, de calidad más que demostrada en todos los repertorios y épocas, comenzando por Rameau y la obertura de Zaïs (1748) donde cuerda y madera se mostraron compactas y seguras, adoleciendo de un balance adecuado y un discurso más contrastante y contrastado, pero aún así de sonoridad idónea, con protagonismo en la caja sorda o tambor de Rafael Casanova. más el “dúo Pearse” en las flautas. Como escribe el doctor González Villalibre obra que “representa el choque de los elementos al emerger del caos… evoluciona a través de bruscos cambios de tonalidad y rítmicas irregulares que proveen la idea de orden desde el desconcierto”, y así lo sentí, faltó más precisión en el difícil encaje sonando con “una modernidad atemporal” y nada barroca en este caso.

El auténtico protagonista de esta despedida, Ning Feng, nos ofrecería en la primera parte el poco escuchado Concierto para violín nº 4 en re menor, op. 31 (1850) de Henri Vieuxtemps (1820-1881), menos “diabólico” que Paganini pero igualmente de virtuoso aunque huyendo del mero artificio con mucho lirismo y una orquestación muy cuidada. Este cuarto concierto, el favorito del compositor, es “un trabajo con vocación grandiosa, estructurado en cuatro movimientos (uno más de los habituales), y es especialmente destacable el trabajo de orquestación para la madera tanto en la introducción como en los pasajes de tutti” como bien explican las notas al programa. Los cambios de velocidad del primer movimiento no siempre encajaron entre solista y orquesta, pero el violín del chino emergió no ya desde una técnica apabullante sino desde iniciado a través de un coral que gradualmente alcanza velocidad y espectacularidad en un tratamiento del instrumento solista casi en recitativo. Buen inicio de las trompas en el Adagio religioso, sereno casi inaprehensible y buen empaste global de orquesta y solista, antes del vibrante Scherzo virtuosístico, un despliegue de sonoridades en todos sin mimar mucho los balances orquestales, como sucedió en el Finale marziale: andante – Allegro, festivo y con un Feng espectacular. Supongo que cara a la grabación se corrijan los ligeros desajustes si bien la ingeniería postproducción puede paliar los distintos planos.

Es necesario tomarse un respiro tras Vieuxtemps para escuchar, y sobre todo interpretar el Concierto para violín nº 1 en re mayor, op. 6 (1817-1818) de Niccolo Paganini (1782-1840), tres movimientos donde la “cadenza” del primero sigue dejándonos absortos a todos. El espíritu operístico que parece transmitir todo él alcanza en el violín arias de bravura, momentos de placidez y sobre todo el despliegue de recursos por parte de Feng lleno de musicalidad en todo momento, un referente en este conocido concierto donde la orquesta arropa al protagonista, navegando en ese ambiente festivo del Allegro maestoso, el intimismo del Adagio aún más virtuoso por la equívoca sencillez desde una hondura interpretativa realmente increíble, y la fuerza del Rondo: Allegro spiritoso, esperando más presencia orquestal desde la delicadeza de los pizzicatti algo opacos y una percusión más discreta. Escrito todo él para lucimiento del intérprete pero no exento de calidad en la instrumentación, Ning Feng no defraudó en ningún momento, logrando una química con la formación asturiana a la que realmente llevó en volandas.

Hacía tiempo que el auditorio y los propios músicos no aplaudían con tanto entusiasmo a un solista, pero el chino se lo ganó, dejándonos dos propinas de altura que volvieron a crear esa complicidad de los grandes momentos, cortándose el silencio con unos Recuerdos de la Alhambra de Tárrega transcrito por el violinista enamorado de la guitarra española R. Ricci, y que en el “Stradivarius MacMillan” del chino sonaron increíbles, no digamos ya el Capricho nº 5 de Paganini, auténtico regalo para el oído y la vista al disfrutar de todo lo que un virtuoso como Ning Feng es capaz de tocar desde el sentimiento que solo la música alcanza y la honrada sencillez de un genio.

Las Fiestas romanas (1928) de Ottorino Respighi (1879-1936) ponían en escena una formación grandiosa con el refuerzo juvenil de una orquestación potente como la del italiano formado con los grandes Rimski o Bruch, en un tríptico que sigue sonando sublime, especialmente este último eligido para cerrar temporada, estas cuatro fiestas:
Juegos Circenses, el coliseo instrumental de gladiadores y fanfarrias contrapuesto a cuerda y maderas en relato doloroso por los primeros mártires cristianos, el avance opresivo y violento hasta la muerte, sonoridades exageradas para lo bueno y lo malo.
El Giubileo describe a los peregrinos en su camino a la Roma papal, sus impresiones descubriendo la ciudad eterna entonando himnos de alabanza de recuerdos gregorianos acompañados por las campanas de las iglesias que les reciben, paso firme de la orquesta con la percusión y el piano subrayando esas imágenes sonoras desde una cuerda aterciopelada “marca de la casa”, un regulador eterno hacia la tercera fiesta desembocando en el gozo sinfónico y la deseada calma.
L’Ottobrata es la festividad de la cosecha en octubre celebrada entre ecos de los cuernos de caza, esplendor en las trompas y timbales, cuerdas engullidas por las poderosas trompetas, sonido de campanas y canciones de amor, cascabeles para una percusiva y rítmica cuerda, antes del crepúsculo embriagador y bello de los violines cinematográficos de Cinecittà, el clarinete evocador, el callejeo por las calles romanas más la “obligada” serenata con mandolina sonando bajo la ventana con el concertino mágico de Vasiliev, buscando mantener el rubato idóneo de una escena realmente de película.
El final de este poema sinfónico, La Befana (La Epifanía) tiene lugar en la Plaza Navona hoy transportada a la del Fresno carbayón, con las trompetas que “vuelven a sonar creando un crisol de canciones y bailes, incluyendo el saltarello, el organillo, la aparición del pregonero o incluso un borracho reflejado en el sonido del trombón tenor”, el ímpetu del tutti más global que específico, derroche luminoso y espectáculo sonoro de tímbricas donde Milanov volvió a optar por el trazo grueso en vez de la serenidad, contagiado de la magnificencia descontrolada en balances y dinámicas algo abruptas.
Con todo, las distintas secciones volvieron a disfrutar de sus intervenciones, desde el piano a cuatro manos (Marcos Suárez y Ana Sánchez, también al órgano), una nutrida percusión, metales donde un cuarteto de trompetas sustituyó las buccine originales (me hubiera gustado la opción de los fliscornos por color), mandolina, y una cuerda nuevamente poderosa (un par de contrabajos hubieran redondeado la pegada en los graves), vibrante, entregada por alcanzar el equilibrio sonoro con el resto.
Fiesta de despedida donde el comentario en asturiano ¡Cómo toca, nin! lo traduzco al nombre del virtuoso, verdadero protagonista y mejor título que “A los leones”…
Como dicen las notas al programa, «para la edición de Ricordi el autor acompañó su partitura de indicaciones programáticas que ayudan a su comprensión y que incluyen una reveladora frase en el final de la obra: “Lassàtece passà, semo Romani!” – “¡Dejadnos pasar, somos romanos!”».

Reproduzco finamente las palabras de despedida de la temporada en el Facebook© de la orquesta:

¡Estamos muy agradecidos a nuestra audiencia leal
por apoyarnos e inspirarnos para hacer la mejor música posible!
¡Somos su orquesta y estamos muy honrados y orgullosos
de tener el privilegio de compartir con ustedes el entusiasmo
que sentimos siempre que estamos sobre el escenario!
¡Espero con impaciencia verles de nuevo en la próxima temporada!

Rossen Milanov, en nombre de los músicos y personal administrativo de la OSPA.

El horizonte de Teresa Salgueiro

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Sábado 8 de abril, 20:30 horas. Teatro de La Laboral, Gijón: O Horizonte, Teresa Salgueiro. Entrada: 25 €.
Teresa Salgueiro siempre la asociaremos a Madredeus, algo irrenunciable en cualquier grupo donde la voz va asociada al grupo. Pero no reniega de ello, al contrario, en Gijón y con un lleno que demuestra cómo la oferta musical asturiana se complementa y no rivaliza, además de presentar su nuevo trabajo discográfico grabado el pasado verano, también repasó temas del grupo portugués más internacional y de calidad (Guitarra), sin olvidarse del tributo a Zeca Afonso o Amalia Rodrigues, y del amor por lo latino que nuestros vecinos tienen, con dos canciones como Fina estampa o una composición de la propia Teresa grabadas en México (La golondrina y el horizonte, 2016) con el título de Canción Mixteca, una delicia.

Gusto, sensibilidad, emoción, esa voz inimitable capaz de unos agudos naturales casi celestiales y una forma de cantar única, textos llenos de historias sobre un horizonte como punto del camino o el propio transcurrir de la vida. La puesta en escena sencilla como la propia Salgueiro, luces delicadas ambientando lo suficiente para que nada distraiga de la escucha atenta de la voz portuguesa, con un técnico de sonido que es uno más del grupo al hacer entrar los efectos para conseguir coros imposibles o la ambientación sonora de varios temas del disco, pero sobre todo un cuarteto de músicos que dotan a este último trabajo de la lisboeta de una calidad suprema: Rui Lobato pasando de la guitarra a las percusiones y la batería, Óscar Torres al contrabajo eléctrico, jugando con el arco y los registros cercanos al chelo además de unos “delay” en el sitio justo, Marlon Valente al acordeón que por momentos cantaba como Teresa y otros resultaba cual violines, y especialmente la guitarra del madeirense Graciano Caldeira, pasando al cabaquinho en los temas “latinos” con un virtuosismo y buen gusto que completaron este proyecto realmente de calidad.

Para quienes tengan el CD es una maravilla seguir las letras de los doce temas que lo componen y con el poema “Horizonte” de Pessoa como presentación de lo más adecuada al disco. Aires atlánticos desde esa Lisboa del Tajo cuyo discurrir sigue llevando a nuestros vecinos portugueses por los mares musicales a los que Teresa Salgueiro pone letra y música. Un placer compartido durante dos horas de concierto en La Laboral de Gijón, también con olor a salitre.

Santísimo Durón

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Sábado 11 de marzo, 20:30 horas. Auditorio Ciudad de León, CNDM, XIV Ciclo de Música Históricas: La Grande Chapelle, Albert Recasens (director). Música al Santísimo Sacramento (Sebastián Durón, 1660-1716). Entrada: 10 €.

Buena entrada en el auditorio leonés para lo que suele ser habitual y un excelente programa en el decimocuarto ciclo patrocinado por el CNDM que ocupa el actual curso escolar, este sábado dedicado a clausurar el año “Durón 300” (ya el arranque en octubre fue de lo más prometedor) con una formación adaptada a un repertorio del que Raúl Angulo Díaz, el mayor especialista en el músico de Brihuega, comenta lo difícil que es establecer cuáles son versiones “originales” y “modificadas”, autor de unas excelentes notas al programa que iré citando puntualmente en el formato habitual de este blog (cursiva en este color), pero obras de una calidad enorme en un compositor no lo suficientemente reconocido. Quince números variados en distintas combinaciones vocales e instrumentales durante hora y media que pasó volando por lo bien que se estructuraron tonos, villancicos o cantatas con unos músicos encabezados por Recasens en la dirección musical, muchos de ellos participantes en la grabación del último CD dedicado a Durón “Música para dos dinastías” con el sello “Lauda” propio de La Grande Chapelle, en gira nacional:

Eugenia Boix y Soledad Cardoso (sopranos), Gabriel Díaz Cuesta (contratenor), Gerardo López Gámez (tenor); Peter Barczi y Eva Borhi (violines), Sara Ruiz (viola de gamba), Kim Stockx (bajón), Maria Ferré (guitarra y tiorba), Sara Águeda (arpa) y Herman Stinders (órgano).

Formación “ad hoc” para las obras seleccionadas de Sebastián Durón, algunas recuperaciones históricas siendo estreno en tiempos modernos en transcripciones de Mariano Lambea (CSIC, Institución Milá y Fontanals) y el ya citado Raúl Angulo Díaz (Ars Hispana), de las que dejo a continuación el programa que iré comentando en cada una sin entrar en los textos, que también se incluían, aunque perfectamente vocalizados e inteligibles, punto notable este porque no siempre es así:

Todo es enigmas amor, tono a 4 al Santísimo Sacramento, con las cuatro voces en perfecto empaste polifónico más los instrumentistas, optando Ferré por la guitarra barroca como en la mayoría de sus intervenciones (salvo las indicadas), tímbricas muy logradas donde el bajón completa una sonoridad colorista más allá de duplicar voces, y el órgano dando el sustento grave necesario para unas voces todas ellas agudas.
Aves canoras, villancico a 4 al Santísimo Sacramento, jugando como siempre entre estribillo y las “coplas a 4” y todo el conjunto con la tiorba, elección buscando la mejor tímbrica con el arpa, siempre presente y colorida, amén de unos violines etéreamente claros y precisos con la dirección de Recasens atenta a todos los detalles.
Ay infelice de aquel agresor, villancico a 4 al Santísimo Sacramento (1699), unas voces que van tejiendo una página de recogimiento solo acompañada por la cuerda del arpa y la tiorba de complemento instrumental engrandeciendo el texto cantado en alternancia de solistas y cuarteto en las coplas.
Corazón, que suspiras atento, solo de “Miserere” con violines, en la voz de Eugenia Boix más la cuerda y la entrada posterior del bajón, suspirando desde el canto elegante y seguro de emisión ideal sobrevolando los instrumentos.
Duerme, rosa, descansa, dúo con las dos sopranos, Boix y Cardoso, acompañadas por órgano, viola de gamba y tiorba de una hondura indescriptible, perfecta unión de color y sentimiento en ambas con el subrayado de la cuerda más el sustento organístico, adornos en su sitio para las pausas textuales sin espacio vacío.
Hola, hao pastorcillo, villancico a 4 al Santísimo Sacramento con violines y todo el “ensemble”, casi una égloga musical con el trasfondo religioso pero exportable al profano de no ser por la emoción y juego instrumental donde el órgano supone casi una firma distintiva.
Atención a la fragua amorosa, villancico a 4 al Santísimo Sacramento, sin los violines en un “juego ingenioso que busca asombrar al espectador (…) representa de modo contrapuntístico el repiqueteo que hacen los martillos al forjar el corazón del creyente, al tiempo que se expresa la urgencia de la tarea mediante progresiones armónicas ascendentes” a cargo de los instrumentistas en feliz acompañamiento que equipara su protagonismo al vocal, siempre claro además de empastados.
Y pues de tu error los suspiros, tono a 3 al Stmo. Sacramento de nuevo con un solista, esta vez el contratenor sevillano Gabriel Díaz Cuesta de buen color para esta partitura y potencia suficiente acompañado solamente por bajón, tiorba y arpa, con sorprendentes disonancias para la época así como unos cromatismos que realzan un expresionismo avanzado en aquella España no siempre a la “última moda”.
Impresionante y hermoso Segadorcillos que al son de las hoces, villancico a 4 al Santísimo Sacramento, con una escritura donde van apareciendo los distintos solistas contestados en polifonía, sumándose los instrumentos en una construcción sonora realmente impecable, a partir de melodías profanas construido sobre el entonces muy conocido baile del “Tatatá” como recuerda Angulo.

Sin pausa pero dando descanso al cuarteto vocal pudimos disfrutar a continuación Qué sonoro instrumento, dúo del “ensemble” para lucimiento de los intérpretes como bien reza el título, en un despliegue de timbres variado dentro de esas polifonías “intercambiables” capaces de convertir páginas vocales en instrumentales recreando unas armonías muy del momento.
Cupidillo volante, solo al Stmo. Sacramento, nos permitió disfrutar del tenor Gerardo López Gámez con la viola de gamba y la tiorba, un trío para degustar color vocal, dicción, emoción y buen gusto en un repertorio que precisa precisamente de todo esto, la melodía y el acompañamiento al servicio del texto, los “morir” en melodías descendentes y graves, “mariposa amante” sobrevolando, buscando la rama y la llama, y cómo la ronda… La grandeza del texto con música sacra de devoción popular.
Una de las páginas más conocidas de Durón es la cantata Ay, que ma abraso de amor, interpretada y sentida por una Eugenia Boix cada vez más asentada en un repertorio que domina y en el que se siente a gusto, con todo el “ensemble” completando esta colorida partitura, verdadera “pintura musical (…) sobre la metáfora del amor de Dios entendido como una llama que abrasa al creyente y que le hace renacer como el Ave Fénix, el movimiento agitado en octavas de los violines que se escucha al comienzo trata de ilustrar el movimiento de las llamas, así como la punzante ansia amorosa que experimenta el creyente en palabras de Angulo.
Ah, Señor embozado, villancico a 4 al Santísimo Sacramento, para los instrumentistas sin los violines y nuevamente las cuatro voces empastadas pese a ser de registro agudo, por el contrapeso de La Grande Chapelle en un acompañamiento adaptado para disfrutar de los textos además de engrandecerlos subrayados siempre instrumentalmente.
Volcanes de amor, tono a 4, continuó la línea de expresividad tanto vocal como instrumental, con la guitarra dando también el toque rítmico casi percusivo más el colorido bajón en contracanto, nueva metáfora de amor y fuego interpretadas textualmente, ardientes y queridas.
Prescindiendo del órgano llegamos al final con Negliya, qué quele, cuatro de Navidad, nuevo juego de estribillo polifónico y las distintas coplas para disfrutar de voces e instrumentistas en común unión al servicio de una música celestial.

Como propina bisaron el Todo es enigmas amor en un recital con predominio de partituras en ritmo ternario y alternancias muy variadas de tiempos, muy matizados en expresión por parte de todos los intérpretes, con Albert Recasens en la dirección de los números “totales” dejando en los solos y dúos a los propios intérpretes que marcasen el discurrir musical, calidad que atesoran todos ellos como pudimos comprobar, brindándonos un concierto (re)descubriendo a Durón en León.

Luto musical

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En unos días donde Mahler está presente en mis conciertos asturianos y con “la Biblia española” de José Luis Pérez de Arteaga encima de la mesa me sobresaltaba la noticia de su inesperada muerte la noche del martes 7 de febrero. A lo largo del día las redes sociales (casi todas las fotos que ilustran esta entrada están ahí) de las que no era muy amigo El Pérez como los muy cercanos le llamaban, se llenaron de titulares, testimonios, recuerdos, obituarios y artículos de tantos a los que Pérez de Arteaga iluminó en sus cortos 66 años de vida.

Para los de mi generación llegó primero “su voz” aunque era mucho más que un locutor, al menos no lo que así se entendía, pues comentaba e ilustraba las retransmisiones radiofónicas (y después televisivas) con datos y dotes increíbles uniendo su fino humor e ironía con la capacidad de comunicador y especialmente las entrevistas a los artistas donde daba gusto escucharle hablar en todos los idiomas desde la soltura y sabiduría de un tema que le ocupó más que su profesión de abogado, convirtiendo la afición (formado musicalmente en Londres y Madrid) en toda una filosofía de la vida. Los conciertos de año nuevo sin su voz no volverán a ser lo mismo, siempre me maravillaba las aportaciones doctas y precisas, los guiños en las propinas, la memoria enciclopédica para conocer el nombre de los distintos concertinos y hasta ayudantes de la orquesta más televisiva del mundo. Pero qué decir de las retransmisiones de los PROMS donde nunca se olvidaba de la presencia española si es que la había, y casi le faltaba dar recuerdos puntuales con nombre y apellidos a todas las familias. De Bayreuth, como de los conciertos de la Orquesta y Coro de RTVE retransmitidos y redifundidos, era capaz de “rellenar” siempre documentadamente los descansos incluso con la música apropiada a lo programado, o con grabaciones que ilustraba con sus palabras siempre acertadas y opiniones, como escuchaba decir esta tarde en Radio Clásica, su verdadera casa, al amigo Luis Suñén.

Y desde “su casa de todos” qué decir de los programas que todavía podemos disfrutar, maravillas de esa tecnología algo denostada por él mismo, descubriendo compositores de ahora y de siempre, sacando a las ondas esos archivos sonoros que resultan el tesoro más adorado de cuantos melómanos tenemos en lo público.

El Arteaga escritor me lo encontraba en la parte de atrás de tantos LPs donde el español parecía brillar por su ausencia, y por supuesto en la amplia bibliografía de SALVAT, una editorial con colecciones musicales que son mis ahorros y herencia, donde sus artículos o mano sabia en la dirección (la Enciclopedia de la Música y sus grabaciones siguen funcionando) siempre se agradecía.
Los artículos en las revistas especializadas, que sigo archivando aunque mi señora amenace con encender la chimenea a la vista de su crecimiento, siguen siendo un referente y a menudo consulta obligada, al igual que las colaboraciones en la prensa nacional. Este miércoles tan triste muchos de sus compañeros y colegas están recordándole con mucho más rigor que quien suscribe.

Leer algo de Mahler el siglo pasado nos obligaba a hacerlo en otros idiomas, de hecho tardaron en traducir al español a Henry-Louis de La Grange (Akal Biografías), quien fallecía el pasado 27 de enero. Pero siempre estaba Artega que abrió la veda en Salvat en 1989 animando a otras editoriales, y sobre todo su inconmensurable monografía para Scherzo y Antonio Machado Libros que adquirí como si de una biblia se tratase allá por el verano de 2008. Pude conocerle en persona y saludarle en el Festival de Granada de 2011 trabajando para “nuestra Radio Clásica“. Caminando a su lado, emocionado de tenerle tan cerca, le fui desgranando y compartiendo mis alegrías de Herr Gustav, entre otras muchas musicales, y ya me hacía saber de la edición revisada con la ampliación de las nuevas referencias discográficas que siguen siendo inabarcables incluso recién salido de imprenta.
De la presencia en tantos programas a lo largo del mundo supongo que casi todos estamos informados y la legión de mahlerianos reconvertidos en arteaguianos crece exponencialmente. En aquellos días granadinos inolvidables me lo volvería a encontrar y saludarle como se debía: Don José Luis, Maestro … educado y agradable, humilde como los sabios, cercano y ufano, porque el legado vital seguirá vivo. Sus conferencias eran un placer y conocerle resultó todo un acontecimiento para este discípulo de un Maestro tan admirado y admirable como Pérez de Arteaga. Mahler y también BrucknerShostakovich más Korngold, Stravinski para muchos más, los grandes ciclos y como buen “omnívoro musical” (de nuevo recuerdo a Luis Suñén) siempre respetuoso y capaz de convencernos con sus propios gustos que acabamos haciendo nuestros.
La pérdida es irreparable para todos los melómanos y para este país que se queda huérfano de una bellísima persona a la que todo recuerdo será poco.
Para los creyentes el deseo de pasar a mejor vida, que sea feliz en compañía de todos sus ídolos y Dios le tenga en su gloria… para los agnósticos que la tierra le sea leve, siempre permanecerá vivo en nuestra memoria… así como en las fonotecas, hemerotecas, bibliotecas, donde el saber sí ocupa lugar y La Parca se lo haya llevado tan inesperadamente.
Mi más sincero pésame a su fiel Almudena de Maeztu

D.E.P.

Creciendo con Beethoven

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Viernes 20 de enero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono 5 “Orígenes II”, OSPA, Leon McCawley (piano), Manuel López-Gómez (director). Obras de Beethoven.
Más de cincuenta años creciendo con la música de Beethoven y nunca me ha fallado, desde las sonatas pianísticas, solas o con violín, los cuartetos, los conciertos para piano donde el “Emperador” sigue reinando pero sobre todo sus sinfonías que he ido ampliando en todos los formatos disponibles (a excepción del Blu Ray tras el fiasco del Laser Disc). Crecimiento vital y formación perpetua para intérpretes de todo tipo, sin olvidar a melómanos empedernidos e igualmente aficionados recién llegados. Con los años vamos descubriendo nuevos detalles, madurando, probando versiones de todo tipo, desde Karajan y su berlineses en vinilo (o cassete) antes de sus posteriores grabaciones, pasando por Bernstein hasta la integral de Harnoncourt en CD por citar tres de mis referentes en las nueve sinfonías al completo, pugnando por “tener que elegir”  una cuando todas las impares se imponen (aunque La Cuarta de Solti daría para una entrada propia), imprescindibles y dependiendo del momento emotivo.
Este frío viernes de enero retomaba mi “normalidad” con un monográfico del sordo genial donde un joven director venezolano de la misma cantera que otros más mediáticos (del que fue asistente), famosos o conocidos se ponía al frente de una OSPA reforzada en la cuerda por ocho jóvenes alumnos del CONSMUPA para interpretar “La séptima” como plato fuerte, un Coriolano para abrir boca y “el tercero de piano” con un inglés que regalaría a Rachmaninov tras una limpia ejecución a la que le faltó el ímpetu juvenil que brilló y dio calor. Beethoven para crecer y seguir manteniendo el espíritu juvenil, casi vampirismo musical de aficionado transmitido desde un escenario que rebosaba ganas e ilusión recompensado por un público agradecido que volvió a llenar unas butacas preocupantemente vacías en el ya fenecido 2016.

Entrando en detalle quiero comenzar por el Concierto para piano nº 3 en do menor, op. 37 (1800-1803) con Leon McCawley de solista (las notas al programa de Ramón Avello están enlazadas en el título de cada obra). De entrada la orquesta quedó “menguada” para ajustar sonoridades en esta pugna dinámica entre unos y otro, con un Manuel López-Gómez atento al detalle, buen concertador y controlando de principio a fin estilo, dinámicas y tempo que pareció contar con una pulsación algo distinta del británico, siempre un instante adelantado en el Allegro con brio plenamente mozartiano, con algún sobresalto en un pedal que pareció buscar precisamente la bruma que se iría disipando a lo largo de los dos movimientos siguientes y tras unos solos donde pudo recrearse. El bellísimo Largo resultó pulcro desde ese solo inicial, con un trabajo sonoro en las notas sueltas cinceladas con una independencia inusitada y una orquesta etérea vistiendo el cristalino devenir pianístico, la transición del Clasicismo al Romanticismo que Beethoven parece conjugar en este tercero estallando en el Rondó: Allegro de firma propia, perfectamente encajado y dialogado, equilibrios sonoros y entendimiento de todos los intérpretes, en un concierto que fue de menos a más aunque no llegó a emocionarme. Se hizo algo de rogar McCawley antes de regalarnos “un Rachmaninov” donde pudo demostrar su sonido y técnica limpia en uno de los últimos románticos del siglo XX.

Pero el Beethoven sinfónico resultó lo mejor porque parece que el dicho “no hay quinto malo” también se aplicó en este abono que sigue rindiendo culto a los orígenes. Coriolano, obertura, op. 62 (1807) presentó una plantilla ideal de cuerda, con los jóvenes refuerzos y algunos que “descansaron” en este programa (aunque también hay maestros que se van  jubilando dejando paso a la savia nueva) dando un paso al frente los principales como solistas” para conseguir esa sonoridad completa y una “disposición vienesa” más apropiada que nunca con los contrabajos detrás de los violines primeros, trompas (hoy excelentes) y trompetas (de llave) a pares flanqueando a clarinetes y fagotes, traverso de madera con los oboes más los timbales atrás a la derecha. El trabajo de Manuel López-Gómez (entrevistado en OSPATV) se notó desde el arranque, gesto claro, preciso, pulsión sin decaer en un Allegro con brio literal, explorador del sonido en todos y cada uno de los detalles y secciones con la ventaja de una partitura memorizada que le permitió volcar todo esfuerzo en la interpretación sin perderse ni una nota, ni una entrada, ni un matiz, incluso los silencios resultaron musicales. Ímpetu juvenil y dramatismo (en esa tonalidad tan “intrigante” como do menor) transmitido por una OSPA entregada.

Si la obertura puso las cartas boca arriba de los recursos e ingredientes perfectos, era de esperar que la Sinfonía nº 7 en la mayor, op. 92 (1811-1812) resultase modélica por estilo, color, tiempos ajustados a la propia partitura, de la que afloraron notas a menudo oscurecidas pero que el equilibrio dinámico permitió degustar y disfrutar nuevamente desde la total concentración del director venezolano. Luminoso Poco sostenuto – Vivace con pulsión y matices amplios, protagonismos compartidos, tímbricas deslumbrantes y esa rotundidad de los graves más presentes que nunca (por ubicación, cantidad y calidad) con la limpieza de cada nota en el tiempo más movido. Emocionante el Allegretto, romanticismo sinfónico sin edulcorar, una cuerda que sonó y protagonizó uno de los momentos cumbres de la noche, violas, segundos, cellos y contrabajos hasta los primeros en un crescendo que desemboca en un tutti desgarrador sin perder nunca presencia los dos temas. Y unir el Presto con el Allegro con brio ayudó a una coherencia interpretativa por parte del maestro López-Gómez que fue secundada en todo momento por una OSPA madura, confiada, entregada, dejándonos una expléndida séptima, coloridamente cristalina y sin concesiones a la galería, el empuje que no decae, empuje jovial y juvenil, plenitud orquestal que transmite esta joya sinfónica, musicoterapia que sube los ánimos de intérpretes y el público, y así lo entendió el respetable que disfrutó agradeciendo con largos aplausos obligando al venezolano a salir varias veces.

Esperamos repita visita y tomemos nota de esta batuta porque está llamada a una larga carrera de éxitos.

Dorada noche blanca

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Viernes 7 de octubre, 20:30 horas. Noche Blanca 2016, Oviedo: Iglesia Santa María la Real de La Corte. Coro “El León de Oro”, Marco A. García de Paz (director): “Intimate & Brilliant. El lenguaje eterno del alma”, obras de Nicolas Gombert, Orlando di Lasso, Dominique Phinot, Manuel Cardoso, T. L. de Victoria, Cristóbal de Morales y G. Palestrina.

Como “leónigan” confeso tenía muchas ganas de volver a escuchar al mejor coro español de los últimos años (no me ciega la pasión), juvenilmente maduro y con una cantera o banquillo que le permite mantener sus cualidades primigenias siempre agrandadas con el duro trabajo para seguir creciendo en busca de la perfección. Hace tiempo comenté que hay un antes y un después de Peter Philips, sobre todo en el repertorio renacentista que ha enamorado a los ingleses, algo como vender nuestro queso asturiano en Suiza o Francia, porque este repertorio tiene mucha hondura además de dificultad enorme solamente al alcance de muy pocos, y nuestro coro gozoniego puede afrontarlo con la calidad británica sumándole la pasión española, tal vez la fórmula del triunfo.

Los motetes que conformaban el largo concierto (alcanzó el aforo completo y cola previa), exigen claridad en la dicción del texto latino y religioso, subrayándolo, engrandeciéndolo, no ya en las partes homofónicas sino, y especialmente, en los contrapuntos que además obligan a un color homogéneo en todas las voces, independientemente de cantar a 4, 5, 6 voces… a doble coro o en formación de cámara. El León de Oro tiene capacidad, técnica, empaste y todas las virtudes corales que son su sello propio. Sumemos el exigente y casi diabólico tactus que supone un entendimiento total con el director para alcanzar estas cotas de virtuosismo vocal por lo que no es de extrañar que P. Philips quisiera volver a trabajar con este coro un programa que repasa estilos y escuelas para llevarlo al disco el pasado mes de septiembre (que probablemente se edite en un Reino Unido en pleno “Brexit”, otro hito del LDO equiparable al comentado de nuestros quesos), diez obras que el coro fundado en Luanco ha trabajado con tanta perfección que hasta el oro quedó “niquelado”. El título del concierto (y del disco) expresa muy bien las dos partes, con algunas obras que ya tienen en su repertorio hace tiempo pero que con los años han adquirido el poso interpretativo tan característico de “los leones”.

El Intimate lo conformaron cinco motetes luctuosos y lamentaciones de Semana Santa, hondos, expresivos y reflexivos, obras a seis voces como las del gran Orlando di Lasso al que tienen “pillado” hasta el mínimo detalle recreándose en los matices hasta el grado sumo, o el “descubrimiento” del franco-flamenco Phinot con un doble coro que volvió a demostrar la versatilidad de una formación que suena increíble en cualquier combinación y número, siempre buscando el equilibrio sonoro perfectamente reflejado en la acústica de “La Corte“. Me gustó también escuchar al portugués Cardoso porque completaba este repaso de escuelas que bebiendo de la misma forma y texto son capaces de crear obras distintas en su expresión que el LDO transmite con generosidad y magisterio, máxime en una obra a seis pletórica de luminosidad vocal.

Un breve descanso para Brilliant con nuestro “siglo de oro de la polifonía” con Lasso y Palestrina pareciendo pugnar por componer himnos marianos que las luces “ad hoc” del templo de la Plaza de Feijóo reforzaron iluminando la imagen de Nuestra Señora en la Festividad de la Virgen del Rosario, motetes cual vidrieras vocales por los contrastes perfectamente cantados en combinaciones variadas, sin cambios de color que el directo disipó cualquier duda de montaje en estudio cuando llegue el disco, juegos panorámicos de homogeneidad en emisión y empaste pero también en intención y emociones. Si los italianos juegan con el virtuosismo polifónico, Morales y Victoria resultan no ya tridentinos por obligación sino escurialienses férreos capaces de alturas y brillo propio a doble coro, fortaleza en los graves frente a la luz de las voces blancas.

Bisar el “aleluya” del Regina Coeli resultó el colofón ideal de un concierto hondo, exigente, para paladear en cada obra, confirmando que este “león” no solo ruge sino que es capaz de poner el oro a esta primera noche blanca. El sábado en el Museo de Bellas ArtesAurum, la cantera femenina con Elena Rosso volverán a corroborar el refulgente momento vocal con un futuro asegurado a largo plazo en la gran noche cultural ovetense.

Programa:
“Intimate”
Media vita (Gombert)
Media vita (Lasso)
Lamentations (D. Phinot)
Lamentations (Cardoso)
“Brilliant”
Regina coeli (Victoria)
Regina caeli (Morales)
Regina caeli (Lasso)
Laudate pueri (Palestrina)

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