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Baset con valentía y coraje

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En tiempos de pandemia llega el nuevo trabajo de Forma Antiqva con su sello alemán Winter&Winter dedicado a las sinfonías del valenciano Vicente Basset, violinista y compositor de la orquesta del Coliseo del Buen Retiro de Madrid, durante los festejos organizados por Farinelli, además de violinista en la compañía teatral de la actriz y empresaria María Hidalgo. Las oberturas y sinfonías están editadas por Ars Hispana, a quien siempre debemos felicitar por su rigor y trabajo, edición crítica a cargo de Raúl Angulo Díaz publicada por la Fundación Gustavo Bueno (Santo Domingo de la Calzada, 2013) a partir de los originales copiados para Carl Herman Leuhusen, secretario del Embajador de Suecia en Madrid de 1752 a 1755, 12 sinfonías u oberturas para cuerda conservadas en la Biblioteca Nacional de España y en la Biblioteca Pública Estatal de música en Estocolomo (Stockholm Statens Musikbibliotek) aunque aún falte por encontrar una de ellas.

La formación asturiana dirigida por Aarón Zapico continúa con la recuperación de nuestro patrimonio musical enriqueciendo repertorios y grabaciones, esta vez gracias a una Beca Leonardo de la Fundación BBVA del pasado año. Obras de Basset ya rodadas en distintos formatos y conciertos equiparándolas tanto a nuestros Nebra o Laserna como al gran Haydn, era hora de grabar estas once joyas sinfónicas con una orquesta barroca llena de músicos de primera, cuyos nombres dejo al final de esta entrada, habituales muchos de ellos en distintos programas afrontados por los langreanos y que tienen momentos de lucimiento con solos de altura y virtuosismo.

Grabado antes de la pandemia en el Estudio UNO de Colmenar Viejo (Madrid), la toma de sonido es impecable, pudiendo disfrutar de su escucha en Spotify©, en un ordenador pero sobre todo en una cadena musical, mi caso a todo volumen porque no hay vecinos que protesten, con esa sensación de tenerlos en casa a todos tocando para mí solo.

El éxito internacional parece haber llegado antes que a esta piel de toro nuestra donde nadie es profeta en su  tierra, pero el legado queda y el tiempo pondrá en su sitio esta aportación impagable del tandem Forma Antiqva y Ars Hispana a nuestro patrimonio musical español desde Asturias, esperando que la industria cultural no se quede en mera intención política.

Una edición discográfica en la línea alemana de calidad en todos los detalles, con notas del propio Aarón Zapico que nos acercan al trabajo previo de diez años en la búsqueda de estas sinfonías de Baset (o Basset), con valentía o incluso “con coraje” tomando la traducción inglesa, pues así hay que tomar el trabajo previo que hay en cada página.

Dejando que cada músico se implique, se haga copartícipe de la partitura, dominadores todos ellos de este lenguaje tan internacional y exigente sin olvidar la seña de identidad autóctona en algunos movimientos, manteniendo la alternancia de movimientos, la estructura formal pero volviendo a apostar por esos contrastes “marca de la casa” (como en el inicio de la tercera sinfonía, donde los pizzicati de los violines y su dúo son venecianos en esencia, casi diría que veraniegos) no solo dan vigor interpretativo sino colorido tímbrico, apuestas con la valentía que siempre tiene el mayor de los Zapico en sus trabajos y que nos asombrase hace años con unas “estaciones granadinas” sin perder ni un ápice el coraje y visión rigurosa en tiempos de mediocridad.

Siempre difícil aportar un repertorio nuevo de calidad, este Baset la tiene en todas y cada una de las once sinfonías – oberturas grabadas por los asturianos para el sello alemán. Podrían firmarlas cualquier italiano, inglés, francés o austríaco pero lo hace este valenciano en aquella corte madrileña del XVIII donde la música tenía personalidad e importancia, y Forma Antiqva refleja este periodo histórico fiel a su espíritu original desde la actualidad a la altura de las mejores orquestas europeas (que es decir mundiales).

La aportación del viento (en la segunda “Apertura” el oboe es magnífico y otro tanto toda la madera en la cuarta, dándole incluso espíritu guerrero), con un continuo que nunca defrauda (primoroso el Andante de la Bas11 con los gemelos Zapico) dándole la textura idónea (Minuete de la tercera), y adornadas con las pinceladas maestras de una percusión siempre en su sitio (Tempo di Minué de la Bas12, duodécima, o en el Minué de la Bas4). La paleta sonora equiparable a los grandes compositores europeos en esa transición estilística, sino puro Clasicismo, más clara de lo que la historia nos ha contado que se hacía en España, tildándonos de ir por detrás de las modas porque el barroco seguía imperando en suelo patrio ajeno a la Viena imperial.

Cuánta música por descubrir que “desfaga entuertos”. Hay que quitarse de una vez los complejos y escuchar esta grabación abriendo bien los oídos, y la mente, disfrutar con valentía y coraje del Baset internacional.

Músicos:

Aarón Zapico, director musical. Oboes: Pedro Castro, Jacobo DíazFagot: Joaquim GuerraViolines: Jorge Jiménez, Víctor Martínez, José Vélez, Cecilia Clares, Belén Sancho, Daniel Pinteño, Vadym Makarenko, Marta Mayoral, Irene Benito. Violas: Daniel Lorenzo, Lola FernándezCellos: Ruth Verona, Elisa JoglarContrabajo: Jorge Muñoz. Guitarra barroca: Pablo Zapico. Tiorba: Daniel Zapico. Clave: Adrià GràciaPercusión: David Mayoral.

Regresos inciertos

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Toda una vida desde el último concierto en vivo aquel 12 de marzo, nada haría pensar lo que se nos vendría encima. La música siempre en mi vida aunque el directo sea siempre irrepetible. Confinamiento con conciertos y óperas en “streaming”, compras de discos nuevos “on line”, revisiones de mi amplio fondo musicográfico, lecturas que hicieron más llevadero un curso escolar no solo atípico y “a salto de matas” sino insufrible, sin horarios ni organización, supliendo todo con las buenas intenciones.

La desescalada, los encuentros en todas las fases, el abrir la economía a sabiendas de que todo volvería como una pesadilla, el “monotema” del bicho que se llama Covid-19, las medidas incomprensibles de entender en tiempos de incertidumbres donde todo cambia de un día para otro.

La cultura siempre olvidada, mejor el fútbol sin espectadores o las plazas de toros a rebosar, y que no falten las terrazas que entre todos nos mataremos y la vida que no volverá a ser igual nos ha tapado la boca en todos los sentidos.

Hemos vuelto al Instituto, todo en el aire, sin Aula de Música y cual viaje al pasado después de 33 años de ejercicio docente, volver a itinerar de aula en aula aunque no pienso cargar con el piano, que para eso tengo mis materiales (como siempre), pero reinventando una materia donde no podremos usar instrumentos (desinfección también en la cotidianidad), no movernos, cantar con la mascarilla (si se puede), evitar el papel y múltiples interrogantes. A fin de cuentas es la vida del docente y casi la del melómano. Ya sabíamos que NADA VA A SER IGUAL por mucho que se quiera maquillar o engañar, la tontería de la “NUEVA NORMALIDAD” que realmente será ANORMALIDAD COVID, y sin fecha de finalización, a mí que programar es la base laboral y de ocio ahora convertida en una sesión de jazz donde improvisar con sus reglas también será difícil.

No he vuelto a ningún concierto en vivo, el miedo lo invade todo aunque la música sea mi terapia vital y la radio siempre compañera fiel de desvelos. No concibo aunque entienda el distanciamiento obligado, las butacas vacías, la empatía con el escenario de ver al público enmascarado y socialmente alejado. El contagio será la nueva lotería, la gripe volverá a ser protagonista este otoño pero necesito la música.

Septiembre de vuelta al cole esperando sea segura, de vuelta a la música en vivo más segura dentro de la incertidumbre. Necesidades y dudas que no pueden pesarme como una losa, así que este viernes 4 ¡me voy a la ópera! e iré retomando mi ritmo si me dejan.

Contaré la excelencia de apostar por nuevas obras en la Vetusta de rancio abolengo con la temporada “mateína” de mi adolescencia, la palabra cantada y la escena desde un “subrealismo” centenario que cual moda retorna en este 2020 bisiesto, olímpico cancelado y horrible para todo/s.

Saldremos de mi Campoamor querido, saludaremos si nos reconocen a mis amistades musicales, cenaremos con la moderación total del menú, la charla y la distancia, y de madrugada llegaré a la aldea.

Pero no me sentaré directamente en el ordenador sino que dejaré reposar emociones, mantendré otra distancia perdiendo la frescura y espontaneidad del momento. Haré una digestión razonada y lenta porque la vida no sigue igual, la música sonará siempre distinta aunque parezca inmutable en el papel (que todo lo aguanta). La interpretación personal e intransferible, aunque el placer melómano sí podré compartirlo. Es luz de esperanza.

Gracias por seguir ahí.

Roberto Álvarez y la integral para flauta de Brotons

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Uno que peina canas hace tiempo, puede presumir de muchas amistades musicales a lo largo del mundo, y una especial por haberle dado clase en el IES “Carreño Miranda” de Avilés, allá por los años 80, el flautista Roberto Álvarez que lleva desde 2007 en la Orquesta Sinfónica de Singapur como piccolo solista, porque también exportamos talento musical, de lo que escribí una entrada “Músicos asturianos por el mundo“, parodiando los muchos programas televisivos que recuerdan nuestros emigrantes no siempre culturales, y de hecho a Rober creo que deberían hacerle uno pero a escala nacional y no solo regional. Con un curriculum apabullante y de trayectoria impecable, desde el Lejano Oriente no ha dejado de triunfar como solista y docente, siempre activo en las redes y sin parar de estrenar obras, además de rendir tributo a su profesor, el maestro Gonzalo Casielles.

Algo bueno tiene cumplir años y más en tiempos de confinamiento obligado donde repaso discos que no siempre están en la bandeja del reproductor. Recordando a tantos alumnos y concertistas que llevo en mi mochila salió de las estanterías el primer CD que grabase Roberto en 2010 del que hice la reseña en mi blog “antiguo“.

El siguiente resultó otra maravilla que llegó a ser portada de la revista RITMO y del que no hice mención exclusiva, solo de pasada en la citada primera entrada a pesar de tenerlo entre mis “imprescindibles” no ya por el cariño sino por la calidad y la apuesta por compositores actuales, algo que Roberto Álvarez ha tenido claro desde siempre.
Así en el disco “La noche” se unió a la arpista malaya Katryna Tan, “un recorrido por los misterios nocturnos y sus secretos, pero también una apuesta por la creación contemporánea para dos instrumentos, el arpa y la flauta”, música del siglo XXI que como ellos contaban en una entrevista combinaban a la perfección “el fluido sonido acuoso del arpa y el melódico sonido aéreo de la flauta”. Obras de Fernando Agüeria, Ignacio Rodríguez Guerra, María Dolores Malumbres (recientemente fallecida), Miguel Prida y Jorge Muñiz a los que han unido con otros creadores como Robert Casteels o los asiáticos Chen Zhangyi y Ho Chee Kong en un disco que no solo promueve la música actual para esta combinación instrumental que “necesita” más repertorio, sino que ha servido para crear un puente cultural entre dos maneras de entender la música y la cultura, dos mundos donde el único lenguaje internacional sigue siendo el musical.

Y hoy también me encontré con los CDs que Roberto Álvarez lleva publicados en el sello Centaur para plasmar por vez primera la integral para flauta del catalán Salvador Brotons (Barcelona, 1959), instrumentista, compositor y director al que también sigo hace años, más desde la batuta por haber dirigido a Carmen Yepes. Menos en la faceta compositiva aunque he podido escuchar hace siete años su Concierto para trombón op. 70 (1995) con Brandhofer y Perry So al frente de la OSPA, previa conferencia del musicólogo Israel López Estelche, que también escribió las notas al programa, recordando que Brotons fue alumno de Montsalvatge.
Puede hacer una de mis “escapadas” a Barcelona en mayo de 2014 para asistir a la premier en versión de banda con el propio Salvador Brotons Catalunya 1714, Rapsòdia catalana nº 5, op. 127 compuesta para el tricentenario de este episodio histórico, obra rompedora e impactante con coros y la banda sinfónica barcelonesa sin perder nunca el espíritu catalanista del barcelonés.

La faceta del catalán como flautista me es desconocida (figura en su biografía pero no pude escucharle nunca pese a ser solista de la Orquesta del Liceu hasta 1985) hasta que me llegaron a casa los primeros dos volúmenes (parte del tercero ya publicado lo he escuchado en YouTube© ) que grabase Roberto Álvarez siempre con la brillante pianista Beatrice Lin, entre otros instrumentistas, muchos compañeros del asturiano, haciéndome entender estas maravillosas composiciones a lo largo del tiempo, escritura virtuosa llena de riqueza en los dos instrumentos que el asturiano defiende a la perfección, volviendo a embarcarse en otro ambicioso proyecto que además cuenta con el total apoyo de Brotons, como comentamos en alguna ocasión posterior en sus visitas a la “tierrina” (donde tampoco falta el contacto sus profesores y compañeros Myra y Peter Pearse), incluso es habitual encontrar alguna en los conciertos del avilesino. Legado fonográfico e histórico reuniendo estas obras de Brotons del que podemos escuchar su evolución en la escritura desde el conocimiento real del instrumento y su estilo personal que nunca pierde de vista conceptos básicos como melodía, ritmo y armonía, sin necesidad de buscar lenguajes más comprometidos, aunque también sea capaz.

En el Volumen 1 (CRC 3554) publicado en 2016, y grabado en el Yong Siew Toh Conservatory of Music de Singapore en octubre de 2015, participan además de la citada pianista Lin, Eugene Toh en la percusión, la también “conocida” Katryna Tan al arpa y Kevin Loh a la guitarra, y figuran las siguientes obras cuya distribución no atiende a una cronología sino más bien a esa idea de contraponer acompañantes para hacer más “independiente” cada disco, lo que se agradece aunque cuando se complete la integral dispondremos de la visión global en la evolución del Brotons compositor para su instrumento con combinaciones muy variadas e interesantes buscando unas sonoridades actuales me atrevería a decir que atemporales. No hay protagonismo de Roberto sino generosidad y talento compartido.
Sonatina para Flauta y piano, op. 21:
I. Lento cantabile – Cadenza; II. Presto – Lento sensible – Presto, obra de juventud que apunta interesantes solos de flauta con un piano más allá del simple acompañamiento, complejo pero permitiendo disfrutar de ambos.
Fantasía concertante para flauta y marimba-vibráfono, op. 51: Agitato – Lento – Allegro – Largo – Presto. El color que aporta la percusión es un punto a favor del compositor, siempre atento a la flauta pero buscando esa “vestimenta” especial, donde el virtuosismo de las placas está igualmente a un nivel increíble, lógico en un director orquestal que conoce cada instrumento a la perfección.

“Coloured Skies” para flauta y arpa, op. 134:
I. Cloudy; II. Starry; III. Blue; IV. Stormy. Más cercana en el tiempo pero fácil de escuchar aunque dificilísima de interpretar en ambos instrumentos con la combinación que Roberto ya buscase en su disco “La Noche” con el arpa por momentos casi guitarrística sin renunciar a los efectos habituales tan ensoñadores como los propios nombres de sus cuatro movimientos, aires célticos de reminiscencias foklóricas mezclados con toques impresionistas y hasta cinematográficos como la “Tormenta” que cierra esos cielos coloreados por Brotons y perfectamente llevadas al lienzo por Roberto y Katryna.
Sonata nº 2 / Concierto para flauta y piano y orquesta, op. 72:
I. Calmo e sognante; II. Vivo; III. Adagio funebre – Cadenza; IV. Allegro deciso, obra que debe ser realmente rompedora con orquesta y que desde el piano se la dota de la grandeza de esta forma clásica en estructura y moderna en escritura. La riqueza del piano nos hace imaginarnos la escritura sinfónica (hasta los timbales se recrean) llena de matices, de protagonismos propios dentro del diálogo con la flauta solista (la Cadenza del tercer movimiento es de una belleza asoladora y brillante), ese aire “mediterraneísta” que no se pierde nunca con el maestro Brotons en sus movimientos lentos y ese espíritu emocional del flautista en los rápidos además de la citada cadencia para recreo del solista.
Tres divertimentos para flauta y guitarra, op. 68:
I. Molto allegro; II. Adagio lamentoso; III. Con fuoco. Ambiente español por sonoridades, internacional por planteamiento, “divertimentos” en el amplio sentido de la palabra, forma libre con un dominio de la escritura para ambos instrumentos, muy “fogoso” y actual el último movimiento, virtuosismo que nunca oculta una escritura respetuosa y arriesgada más allá de etiquetas.
Cierra este primer volumen “El Porte de la Selva”, para flauta y piano, op. 6: Tempo de Sardana, danza catalana universal de un compositor que igual escribe para la tenora que para su instrumento natural, ambos presentes en la vida del compositor, alumno de su padre también flautista como el abuelo dentro de una familia de músicos que continuaría en su Barcelona natal con los mejores (Ros-Marbá, Manuel Oltra o el citado Montsalvatge), y “una pica en Flandes” del asturiano, entendimiento y naturalidad con la pianista interpretando este aire catalán inspirado en este pueblo marinero de la Costa Brava como si de nuestro Cantábrico se tratase por la total entrega y sentimiento en esta obra de un joven Brotons que ya apuntaba maneras.

El Volumen 2 (CRC 3555) se grabó a continuación del primero en el mes de noviembre pero con muchos más intérpretes además del piano de Beatrice Lin y el arpa de Katryna Tan: Audi Goh (oboe), Ralph Emmanuel Lim (clarinete), Alan Kartik (trompa), Zhao Yingone (fagot), Samuel Phua (saxo), Siew Yi Li (violín), Janice Tsai (viola), Chan Yoong Han (viola) y Juan Lin (cello), algunos compañeros de Roberto en la orquesta de Singapur y otros profesores jóvenes que atesoran calidad humana y musical, lógico en la búsqueda del asturiano para ensamblar estos conjuntos, perfecto complemento del volumen anterior aunque aparezcan obras “primerizas” de un Brotons que asombran por su madurez sin perder la unidad, combinaciones instrumentales más allá de un ejercicio compositivo y una exploración de tímbricas.
“Esentiae Vitae” para quinteto de viento madera, op. 80:
I. Earth; II. Air; III. Water; IV. Fire; V. Life, movimientos tan sugestivo como sus títulos, los cuatro elementos y la propia vida, instrumentos de la familia de la madera más una trompa con unos músicos bien compenetrados que dan la esencia a esta obra de un compositor siempre explorando el material sonoro apropiado para un descriptivismo subjetivo pero siempre muy musical, técnicamente de lenguaje contemporáneo, especialmente el quinto movimiento que me evoca al Stravinski de cámara, vida con el aire necesario para hacer sonar este quinteto de esencias.
“Virtus” para flauta, trío y piano, op. 53:
I. Prudence; II. Fortitude; III. Temperance; IV. Justice, las cuatro virtudes cardinales, principio y fundamento como los puntos que nos orientan en el camino que parece seguir este trío de cuerda más la flauta y el  piano: prudencia en el arranque meditativo y de dinámicas controladas, casi cual oración; fortaleza en unos fuertes alternando tímbricas de la cuerda con el dúo flauta-piano, sabor francés por la cercanía geográfica del norte catalán con final rotundo; templanza cual equilibrio y contención, comienzo con dúo y después trío de cuerda centroeuropeo en esencia, preparando un vuelo planeador de flauta sustentado por el piano y un violín que dibuja melodías de vuelta a casa con recovecos internos antes de clamar finalmente justicia, poética además de musical, inicio pianístico beethoveniano antes de un juego “schoenbergiano”, clusters y tensiones rotas por un cello evocador del Casals paisano, cinco instrumentos, cinco virtudes y una sola sonoridad, justicia en agradecer las fuentes, música pura con intérpretes virtuosos.
“Tema, variaciones y coda” para quinteto, op. 29: Tema: Maestoso; Variación I: Allegro commodo; Variación II: Andante cantabile; Variación III: Vivacissimo; Variación IV: Adagio assai; Variación V: Allegretto; Coda: Prestissimo. Un tema majestuoso que me recuerda al Falla del Retablo, el lenguaje de transición en el inicio del siglo pasado con el salto a París, un quinteto en estado “puro” tras el “mixto” de la obra anterior, y cinco variaciones con protagonismos compartidos, relevos dentro de la unidad sonora, indefiniciones en diálogos siempre respetuosos, carreras a velocidad máxima llenas de fuerza contenida, persecuciones sin ánimo de victoria pese a la trompa guerrera más que cazadora de descanso sin respiro, cantando y contando arropada por sus compañeros, paso adelante cual cuento ruso en el fagot, inspiraciones cual referencias camerísticas bien entendidas por un compositor, instrumentista y director capaz de aunar todo en esta quintaesencia que remata en un final vertiginoso cual final de dibujos animados.

“Suite for three” para trío de viento madera, op. 16 bis:
I. Introducció; II. Divertiment; III. Berceuse; IV. Scherzo; V. Recitatiu fugat; VI. Final. El catalán indicativo en los movimientos, la forma francesa, el título en inglés, políglota unión de música pura, sin más pretensión que el disfrute sonoro desde la construcción arquitectónica en tres puntos, estabilidad máxima que los intérpretes alcanzan sin vacilación, una “nana” intermedia casi etérea sin apenas graves, antes de la broma saltarina, casi danzante, previa a la fuga preparatoria tranquila antes del último y apasionado movimiento.
Sax-Wind Quintet, op. 15:
23. Largo – Allegretto – Presto – Largo – Prestissimo, nuevo color aportado por el saxofón, el juego de lengüetas entre oboe y fagot, la redondez de la trompa y la agilidad de la flauta, texturas y aires contrapuestos primando una rítmica intrínseca que será casi el sello Brotóns en estas obras camerísticas.
“Ad Infinitum” para flauta, viola y arpa, op. 13: Andante – Larghetto amabile, original combinación al añadir la viola al dúo flauta-arpa que tan buenos resultados le ha dado al flautista asturiano. Campanas iniciales del arpa, la sonoridad sedosa de la viola sumando la flauta clara y limpia en esta obra de juventud nuevamente madura explorando sonidos nada habituales en su momento, registros rebuscados para conseguir gamas amplísimas, intervenciones a solo y casi un cuento de elfos irlandeses, fusiones que tanto el compositor como el asturiano han transitado en sus carreras.
“Emphasis” para quinteto de viento madera, op. 9: Lento – Scherzando – Moderato – Scherzando, explorando formaciones camerísticas ya desde los comienzos, contrastes de aires, ritmos, música a borbotones e interpretación de altura.

En el amplio catálogo de Brotons figuran muchas obras para su primer instrumento, la flauta, y es una alegría saber que el asturiano Roberto Álvarez va a grabarlas todas, un hito que hará historia, uniendo Asturias y Cataluña desde Singapur con el único lenguaje universal.
El repertorio del flautista sigue creciendo, y dejo aquí un vídeo de hace un año donde conjuga sus pasiones e influencias con una obra de Anthony Lanman acompañado por guitarra. Seguiremos a nuestro “flautista de Singapur” en sus andanzas por todo lo largo y ancho del mundo, aunque también le toque quedarse en casa.

P.D.: La fotos que aparecen son propias, de distintas Webs así como del propio Roberto Álvarez.

Colección Zapico

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En esta cuarentena obligada (muy distinta de la mía tras el accidente de moto) tengo que agradecer que mi cartero rural, amigo además de currante y un artista con la cámara de fotos, funciona puntual como siempre y al fin llegó a la aldea el último CD para mi variada y gran colección (hace el número 3191, que además es primo), esta vez dos tercios de Forma Antiqva: los gemelos Zapico, Daniel y Pablo, que ya nos acostumbran a regalar en sus recitales intervenciones a dúo, también con la guitarra de mi tocayo, más allá del barroco donde se desenvuelven como pocos y explorando combinaciones sonoras con buenos resultados. Grabado con el sello alemán Winter & Winter que siempre apostó por esta familia, producido por el propio Stephan Winter junto a su esposa Mariko Takahashi, y con el patrocinio de Gobierno del Principado de Asturias, agradando un catálogo con curiosidades fruto del duro trabajo de recopilar y adaptar obras para sus variadas formaciones, en esta novedad interpretan Pablo con el archilaúd y Daniel a la tiorba donde tampoco faltan cada uno de ellos en solitario, ya rodado en el siempre difícil directo el pasado verano (pues hace unos días desconozco creo lo tuvieron que suspender). Y quiero citar también los luthiers de sus instrumentos: archilaúd José Miguel Moreno & Alejandro Fuentes, Madrid 2007 –  tiorba Jaume Bosser, Barcelona 2013.
De las notas que acompañan el disco, tituladas EL RETRATO DEL LAÚD, que incluyo a continuación, voy colocando distintos párrafos que ha escrito Pablo Zapico explicando el trabajo previo y la elección de las obras, alguna verdadero estreno, que presentaron en “La dársena” de Radio Clásica hace muy poco.
(* ver nota al final)

Filippo Dalla Casa (1737 – después 1811) “fue un pintor profesional y un intérprete aficionado del archilaúd. En 1811, cuando se decía contar con 74 años, donó su colección de Suonate di Celebri Auttori per l’Arcileuto Francese, su propio instrumento y un autorretrato fechado en 1759 al Liceo Filarmonico (1804), actual Conservatorio Statale di Musica ‘G. B. Martini’ de Bolonia; tal era su fuerte vínculo con la institución cultural donde ejercía como profesor de pintura“.

Exceptuando la Sinfonia, todas las piezas provienen de su doble manuscrito, fechado en la Bolonia de 1759 y 60. Entre los poquísimos autores reconocidos o señalados, figuran nombres de laudistas y –especialmente– clavecinistas de la época de los que hoy es muy difícil encontrar noticias en el diccionario musical pero que por entonces debieron ser célebres músicos. Su manuscrito es, pues, una compilación de la música que le gustaba escuchar para interpretarla él mismo. Dalla Casa justifica que «L’Arcileuto Francese, altro non è, che un clavicembalo portatile, tutta la musica che si suona in esso, si eseguisce nell’Arcileuto, col divario che è più difficile […]» (El archilaúd francés no es más que un clave portátil; toda la música que se toca en él puede reproducirse en el archilaúd con la diferencia de que resulta más difícil).

Tres sonatas de autor desconocido abren el disco: Andante en sol mayor, Allegro en sol mayor y Allegro en fa mayor, casi dotadas cual unidad tripartita abriendo horizontes de elegancia, sonoridades claras y uniformes como si de un solo instrumento se tratase con unas líneas bien definidas, juegos rítmicos, de aire y tonalidades luminosas.

Claro que Dalla Casa no consideraba entonces la posibilidad de utilizar dos instrumentos que maridan tan bien como el archilaúd y la tiorba. Este combo sí puede realmente competir con la rica textura armónica del clave sin limitaciones técnicas. De hecho, seguramente nada más le hubiera gustado a Filippo que poder desdoblarse, dado que además de intérprete de archilaúd, también lo fue de tiorba, tal y como especifica el título de su pequeño tratado anexo: «Regole di Musica, ed’anco le Regole per accompagnare sopra la Parte per Suonare il Basso continuo & per l’Arcileuto Francese, e per la Tiorba. Per uso di me Filippo Dalla Casa Suonatore di essi» (Reglas de música y, además, reglas para acompañar sobre la parte, para realizar el bajo continuo, y para el archilaúd francés y la tiorba. Para mi uso, Filippo Dalla Casa, intérprete de ambos).

El Aria del Martelli (Tommaso Martelli) recuerda una danza de salón con las líneas bien definidas, la melódica en el agudo del archilaúd y el sustento grave de la tiorba, como un gran clavicordio muy rico en tímbrica, seguido por el Allegro (fa mayor) de autor desconocido, contrapuesto al anterior manteniendo cierta unidad sonora e interpretativa para obras coetáneas que bien recogió Dalla Casa, y que Pablo explica perfectamente.

La mayor parte del Suonate di Celebri Auttori son transcripciones o composiciones para archilaúd a solo. Sin embargo, era costumbre natural en la época que los miembros de una misma familia compartieran música juntos y así lo es también para mi hermano y para mí. Siguiendo este hábito, quisimos revivir las transcripciones de Dalla Casa dotándolas de una lujosa versión a dúo que persiguiese satisfacer aquel ideal que debió de fascinar a Filippo cuando escuchó estas mismas piezas al clave. No obstante, algunas de las obras recogidas sí están escritas originalmente para dos intérpretes, como el Concierto en Do Mayor para mandolina y bajo de archilaúd de Giuseppe Vaccari, también incluido en esta grabación.


(** ver nota al final)

El Trio de Lodovico Fontanelli está estructurado en los siguientes movimientos: I. Sonata (Andante); II. Aria. Allegro; III. Suo Minuetto, dispuestos como era costumbre barroca, contrastados en tiempos, compás y ritmos, manteniendo la línea melódica clara y virtuosa con un bajo redondo que suena perfectamente empastado, solo los gemelos parece que pueden sentir lo mismo y este Fontanelli es una muestra de ello. Desconocido pero reconocible estilísticamente  el Allegro en do mayor, ágil y contagioso, más Daniel Zapico solo en el Grave: si bemol mayor, la tiorba completa, el magisterio del instrumento con técnica impecable y la musicalidad habitual que le ha llevado a actuar con muchas y excelentes formaciones.

La Sinfonia no está firmada y por el momento permanece anónima. Procede del ítem 450, vendido en una subasta organizada por Karl & Faber el 6 de diciembre de 1956 en Múnich. Dicho lote pertenecía a la Graf Harrach Collection de Rohrau, Austria. Su comprador fue el laudista y musicólogo inglés Robert Spencer (1932 – 1997). Hasta hace poco, esta obra se conservaba únicamente en formato digital, en posesión del doctor en musicología Arthur J. Ness (Chicago, 1936), especialista en cuerda pulsada. La obra original fue escaneada por el propio Spencer antes de intentar venderla.

Una preciosidad esta Sinfonia à Solo di Arciliuto en cuatro movimientos sucediéndose en lento y rápido: I. Largo, solemne con intercambio de papeles en cuanto a “voz cantante”, II. Allegro vibrante, bien desarrollado con aromas venecianos, III. Largo germano por su gravedad no solo de registro, más el IV. Allegro contenido, ameno y ornamentado lo suficiente para no perdernos la riqueza armónica. Siguen en solitario Pablo Zapico con la Marchiata del Gordini de autor desconocido, y Daniel Zapico en el Grave: do menor, autores desconocidos felizmente recuperados, aplicándoles los mismos elogios a los dos hermanos en cuanto a interpretación y musicalidad desde unas tímbricas similares aunque distinguibles. Quiero añadir aquí que sobre la denominación muy poco común de Marchiata, Germán Labrador López de Azcona, Profesor Titular de Musicología de la UAM, escribía para el programa del concierto previsto en la Sala de Cámara del Auditorio de Madrid el último 14 de marzo, sobre esta obra de Gordini que es «(…) singular en este repertorio; aunque no es muy conocida, la “marchiata” ya aparece como toque de guerra en 1648 en Venecia, y en 1810 todavía pervivía como baile en la cultura popular. Probablemente por su origen militar y condición de “toque” o señal, sus motivos rítmicos resultan muy característicos, y es también un vestigio de la rica cultura musical que rodeó al protagonista indirecto de este programa. Lejos de la “gran historia” de la música, el manuscrito y la figura de Dalla Casa inspiran todo un programa de recuperación musical a partir de un intérprete desconocido, acaso autor de algunas de las obras de su antología, y personaje casi irrelevante, que no figura en libro alguno de música del siglo XVIII».
Continúan las notas de Pablo Zapico:

Tras su muerte, se perdió el rastro del documento original hasta que recientemente he podido localizarla dentro de la Robert Spencer Collection donada por su familia a la librería de la Royal Academy of Music de Londres, donde estará disponible próximamente en su biblioteca digital [GB-Lam MS799].

A dúo y escrito originalmente para esta combinación, Giuseppe Vaccari con su Concerto à Mandolino, è Basso del Arcileuto de tres movimientos bien claros: I. Allegro, II. Andante, III. Allegro nos demuestra la adaptación perfecta del archilaúd con la tiorba, no necesita el trémolo de la mandolina ni siquiera en el andante central nuevamente evocador “veneciano”, para dejarnos unas melodías bien armadas en una interpretación que parece limpiar un cuadro de la época donde el pincel final nos trae aire de los canales.

Sin duda, la ubicación estilística más importante que puede hacérsele a esta Sinfonia es la de considerarla en su totalidad como una obra posible dentro del marco musical del propio Filippo Dalla Casa, dado que he identificado una referencia al 4º movimiento (sin el acompañamiento) de la Sinfonia en su propio manuscrito. Afortunado hallazgo musicológico. Aunque la copia no es literal, sí es perfectamente reconocible y por esta razón se incluye en el álbum como primera grabación mundial.
Se trata de un repertorio que ya se adentra estilísticamente en el Clasicismo. Es el último capítulo y retrato del laúd; un instrumento que no tardaría mucho más en desaparecer. Es, de hecho, la última fuente catalogada de música para archilaúd.

Dos últimos anónimos para cerrar el disco: Grave: la menor y la Sonata: Andante, do mayor, dos movimientos casi unitarios e igual armadura, con ese inicio solemne en el modo menor antes del relativo mayor sin prisas, caminando hacia la necesidad de repetir toda la escucha, incluso jugando con la reproducción aleatoria porque todo el disco mantiene una unidad estilística buscada por Filippo Dalla Casa que “los pequeños” Zapico han plasmado a la perfección en este disco.

(* Pablo Zapico en su perfil de FB comenta sobre el cuadro“Este es el autorretrato de Filippo Dalla Casa, pintado en 1759, cuando tenía 22 años, tal y como aclara él mismo en una inscripción por detrás del mismo lienzo.Óleo sobre tela. Dimensiones 47,5 x 36,3 cm. Propiedad del

Museo internazionale e biblioteca della musica di Bologna (catálogo n° 123, inventario B 12005 / B 38492). Situado en el Conservatorio G.B. Martini, Piazza Rossini, 2 (Sala di lettura).Llama la atención lo bien detallado que está el encordado del instrumento (con diferentes materiales para las cuerdas más graves y densas) y el tamaño de sus uñas (al menos la del pulgar). En mi opinión, seguramente el instrumento esté pintado más pequeño de lo normal para encuadrarlo a las dimensiones del óvalo”).

(** Luigi Crespi, ca. 1777: retrato de Filippo Dalla Casa, óleo sobre lienzo).

Dulce “Amarae Morti”

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“La muerte amarga” se hace dulce con la música vocal y más en el considerado uno de los mejores coros aficionados de Europa. Mis amistades y lectores habituales saben de mi pasión por El León de Oro (LDO) desde sus inicios, peregrinando a escucharles por la geografía española, y llegando a inventarme el término “leónigan” como hooligan suyo, un anglicismo traducido especialmente desde que Peter Phillips (Portsmouth, 1953) se pusiese al frente de este proyecto de vida que es LDO, enamorado de esta formación con más de 20 años que allá donde actúa sigue ganando acólitos, solos o con distintas formaciones instrumentales. Los días de preparación del concierto celebrado en la Catedral de Oviedo marcarían un antes y un después en el coro asturiano más internacional y la grabación en DVD la atesoro como histórica por haber estado presente y colaborar en ella, como tantísimos más, en una campaña de micromecenazgo (crowdfunding) también digna de recordarla, añadiendo esta joya a sus anteriores grabaciones que son piezas de culto.

En esta temporada de confinamiento sigo sacando discos de mis estanterías y poniéndolos en la cadena de música, siempre al volumen ideal como si tuviese a los intérpretes conmigo, ventajas de las aldeas donde los decibelios o gustos personales no molestan a nadie, compartiendo desde aquí estas sonoras delicatessen, por cierto palabra de origen alemán (delikat, delicioso + essen, comida).

La última grabación de “mis leones” lleva tiempo en el mercado, yo lo tengo desde hace más de un año y siempre vuelve a la bandeja del equipo por la paz que me transmite en momentos especiales, además de tenerlo en mis listas de reproducción “portátiles”. Por supuesto que ha tenido excelentes críticas incluso internacionales como era de esperar, dejando algunos recortes a lo largo de esta entrada, pero que también quería comentar y mucho desde aquí.
Grabado en la Iglesia de Santiago el Mayor de Sariego (Asturias) los días 9 al 11 de septiembre de 2016, producido por Adrian Peacock –uno de los referentes en la producción mundial de música para conjunto vocal– y la ingeniería de sonido de Dave Rowell, la calidad acústica es impecable, con la reverberación justa para poder disfrutar de esta “marca de la casa” del LDO: afinación perfecta, empaste, equilibrio entre las cuerdas con unos bajos potentes y redondos que sustentan todo el tejido vocal siempre rematado por unas sopranos verdaderamente “doradas”, claridad de líneas, tímbrica propia (alguna vez la situé entre la vasca y la inglesa) y ese “pellizco” indescriptible que dicen los aficionados al flamenco. Mantengo que el nivel que LDO alcanza con Phillips, tras un duro trabajo previo con Marco, es de una química especial por ambas partes, y cada concierto un escalón más hacia la deseada perfección cuya búsqueda no se detiene.
En la siguiente visita de PP (Peter Phillips para abreviar), con el nombramiento de director honorífico dirigiría al LDO en la Capilla de La Laboral allá por noviembre de 2017 celebrando los 20 años del proyecto (también los Peques y Aurum), otro nuevo éxito y asentamiento no ya del feliz entendimiento del maestro con “su segundo coro” tras los The Tallis Scholars, sino el doctorado en la polifonía renacentista con un público que les concedió el “Honoris Causa” amén de la gratitud eterna por estos regalos a lo largo de un tiempo que corrobora un proyecto ambicioso del que desconocemos aún su punto álgido.

Importante destacar que este disco lo editase el sello británico Hyperion, algo que marca diferencias al ser el primer grupo español en hacerlo (como recordaba el titular del LDO Marco Antonio García de Paz en una entrevista para Codalario a raíz de la presentación), con el propio PP y la elección de un repertorio que tanto el maestro inglés como el coro asturiano dominan a la perfección a lo largo de sus más de veinte años, en todas las combinaciones posibles y con autores referentes al lado de otros menos “frecuentados” pero todos con la misma calidad interpretativa que preside cada concierto del LDO. Diez obras de Dominique Phinot (ca 1510 – ca 1556) junto a Manuel Cardoso (1566-1650) o Nicolas Gombert (ca 1495 – ca 1560), el gran Orlande de Lassus (1530/32-1594) con Giovanni Da Palestrina (1525/26-1594), sin faltar Cristóbal de Morales (ca 1500-1553) y Tomás Luis de Victoria (1548-1611) del “triunvirato” de nuestra Edad de Oro con la ausencia de Francisco Guerrero (1528-1599), pero más y mejor en un disco ya no cabía.

La elección de la portada tampoco quiero dejarla atrás, renacentista como las obras elegidas, la tabla central del tríptico El Juicio Final obra del flamenco Lucas van Leyden, dos mundos en uno, Cristo como juez por encima del que aparece una paloma en representación del Espíritu Santo y más arriba aún Dios Padre; a los lados de Jesucristo dos elementos que simbolizan la condenación o la inocencia: a la izquierda un lirio (inocente), a la derecha una espada (culpable), poniéndole esta música vocal, universal como el latín del momento, rezos cantados, meditaciones vitales sobre la propia existencia, los coros de un paraíso ideal que no deja nunca de lado la reflexión personal de una muerte no siempre amarga.

 

Ya comentando la parte coral del disco, éste se abre con Phinot y su Incipit Oratio Jeremiae Prophetae, serenidad que transmiten los seis números (1. Incipit oratio Jeremiae prophetae; 2. Recordare, Domine, quid acciderit nobis; 3. Pupilli facti sumus; 4. Cervicibus minabamur; 5. Patres nostri peccaverunt; 6. Jerusalem, Jerusalem, convertere ad Dominum Deum tuum), delicadeza polifónica que vamos dibujando y disfrutando, imaginando el gesto siempre preciso del maestro PP sacando con la punta de los dedos cada línea en ese “tactus” que él entiende como pocos.
Orlando de Lasso es otro de los habituales del LDO, aquí su Media Vita (7. Media vita in morte sumus; 8. Sancte Deus, Sancte fortis) seguido de las Lamentatio tertia, primi diei  (9. Lamed. O vos omnes; 10. Mem. De excelso misit ignem; 11. Nun. Vigilavit iugum iniquitatum mearum; 12. Jerusalem, Jerusalem, convertere ad Dominum Deum tuum), el movimiento vocal delicado, la construcción polifónica delicada, un remanso de belleza vocal interpretada con una madurez digna de admiración. Para seguir sumando calidades el Regina Caeli (13. Regina caeli, laetare, alleluia; 14. Resurrexit, sicut dixit, alleluia), vitalidad desde el recogimiento y la contención de esta alegría mariana del polifonista italiano.

En el corte 15 aparece Gombert con Media vita, partitura habitual del coro que con Peter Phillips la hace “completa”, total entrega vocal y placeres delicados de principio a fin en una formación inspirada con el maestro inglés.
Interesantes las Lamentatio Feria Quinta in Coena Domini – Lectio II del portugués Cardoso, muy transitadas por los coros ingleses por tradición e historia. Tres números (16. Vau. Et egressus est a filia Sion; 17. Zain. Recordata est Jersusalem; 18. Jerusalem, Jerusalem, convertere ad Dominum Deum tuum) en la línea polifónica ibérica que sigue los “enunciados” tridentinos pero mantienen una línea diría que orgánica, siempre con la música resaltando y realzando el texto, algo siempre presente en el LDO más allá del repertorio renacentista.
Escuchar a Victoria por el LDO siempre es un placer. Como muestra el Regina caeli a 8 muy trabajado con el maestro (19. Regina caeli, laetare, alleluia; 20. Resurrexit, sicut dixit, alleluia) que desde el equipo de música puedo recrear toda su “espacialidad”, algo único en vivo pero muy bien conseguido en la grabación, al igual que el Magnificat primi toni a 8 (21. Magnificat ania mea Dominum; 22. Et exsultavit spiritus meus; 23. Quia respexit humilitatem ancillae suace; 24. Quia fecit mihi magna; 25. Et misericordia eius; 26. Fecit potentiam; 27. Esurientes implevit bonis; 28. Suscepit Israel; 29. Sicut locutus est; 30. Gloria Patri). Nuestro gran Victoria cantado desde la óptica y sabiduría inglesa pero por este coro asturiano que puso “una pica en Londresganando en casa de los hasta ahora champions en la interpretación del compositor abulense.
Y tras Victoria, el gran Morales, Regina caeli a 6 (31. Regina caeli, laetare, alleluia; 32. Resurrexit, sicut dixit, alleuia), nueva lección polifónica pulcra, rotunda de sonoridades muy cuidadas además de las cualidades interpretativas con el magisterio inglés.
Para cerrar disco, el “primus inter pares” y punto de referencia, Palestrina que nunca falta en el amplio repertorio del proyecto LDO, Laudate pueri a 8 (33. Laudate pueri Dominum; 34. Quis sicut Dominus Deus) para redondear esta grabación cual concierto sin trampa ni cartón en el salón de mi casa, doble coro de equilibrio celestial, el modelo a seguir de polifonía renacentista e interpretación sincera y brillante con el doctor Phillips.

Esencias de Marenzio

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Seguimos en casa recuperando grabaciones que me gustan, compradas y regaladas, para compartirlas desde este blog. Hoy me he transportado al Cinquecento italiano con este cuarteto vocal que da gusto escuchar en vivo y este tributo al llamado “compositor de los sentidos” nos permite disfrutarlo cuantas veces queramos.

QVINTA ESSENÇIA afincados en Barcelona y adaptándose a sus repertorios, está formado en su núcleo básico, como el de esta grabación, por la soprano valenciana Èlia Casanova, el contratenor ribagorzano Hugo Bolívar (alto), el tenor barcelonés Albert Riera y el bajo murciano Pablo Acosta, un cuarteto vocal de amplia trayectoria tanto coral como individual, y que se reúnen para dejarnos joyas como estos madrigales de Luca Marenzio (ca. 1553-1599).

Grabado del 23 al 26 de agosto de 2018 en la Capilla de los Dolores del Monasterio de Sant Joan de les Abadesses, y publicado en 2019 por el sello La Mà de Guido (LMG2157), con una buena acústica y toma de sonido que nos permite degustar esta bellísima polifonía a buen volumen, sin molestar nunca, nos transporta a esos ambientes renacentistas, con unos textos verdaderamente poéticos recogidos todos en el libreto con notas en varios idiomas, firmadas por el profesor Francesc Xavier Alern (doctor desde 2015 en Musicología por la Universidad Autónoma de Barcelona y verdadera autoridad en este periodo musical).

El propio Alern titula «El madrigal, “quintaesencia” de la música renacentista», también el nombre del cuarteto con estas obras, todo un tributo al arte de los sonidos, en este caso “a capella”, diría que en su estado más puro, sin instrumentos, dejando la desnudez vocal cantando los sonetos del aretino Petrarca y las églogas del napolitano Sannazaro, poesía humanista engrandecida por la música de Marenzio, cantante, laudista y sobre todo compositor de más de cuatrocientos madrigales publicados entre 1580 y 1599 que tuvieron enorme difusión no solo en Italia, un grande al que solo Monteverdi le hizo sombra.

Primera grabación de Qvinta Essençia con trece madrigales (dejo los títulos al final de esta entrada) del primer libro Madrigali a quattro voci… libro primo (Roma, 1585) en el llamado estilo “híbrido” del polifonista Marenzio, mezcla de madrigal culto y formas ligeras como la villanella, un nuevo tipo de canto virtuoso y sofisticado que pondrá las bases de este estilo a principios del XVII. Sumemos el regalo de Rore a cargo de este cuarteto donde el balance y color, muy homogéneo, son su mayor logro, alcanzando el difícil equilibrio que existe entre la línea individual, hermosa en las cuatro voces, y el sonido del conjunto, en parte por este formato “reducido” que como decía anteriormente, es puro cual decantación desde formaciones de cámara que necesitarían mucho más tiempo en alcanzar esta textura y sabor coral, junto a la perfecta dicción y seguimiento de los textos con esas armonías evocadoras desde el juego tímbrico tan poético como el italiano elegido. Marenzio compone con una armonía y un contrapunto libre para su época, posee los recursos estilísticos y expresivos desde una escritura musical donde el texto marida y crece con la música a base de cromatismos, disonancias, efectos silábicos y tintes dramáticos que Qvinta Essençia alcanza en cada madrigal.

CORTES

1. Dissi a l’amata mia lucida stella
2. Non vidi mai dopo notturna pioggia
3. Madonna, sua mercè pur una sera
4. Zephiro torna
5. Chi vuol dir i miei sospiri in rime
6. Ahi dispietata morte, ahi crudel vita!
7. Veggo, dolce mio bene
8. Tutto’l dí piango
9. Or vedi, Amor, che giovinetta donna
10. Menando un giorno gli agni presso un fiume
11. I lieti amanti e le fanciulle tenere
12. Vedi le valli e i campi che si smaltano
13. Vezzosi augelli, in fra le verdi fronde
14. Anchor che col partire (Cipriano de Rore)

Italia en España

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En estos días de enclaustramiento obligado y ante los múltiples aplazamientos de conciertos (que en mi Oviedo afectan a todos los ciclos programados), esperando no sean anulaciones por lo que supone para los músicos quedarse sin trabajo, toca volver a escuchar parte de mi fonoteca física, comentarla y compartirla desde este blog.
Hoy el título del disco de Concerto 1700 que lidera el violinista malagueño Daniel Pinteño parece de lo más actual aunque se refiera al legado musical que nuestros hermanos italianos nos han dejado y conservado en la Biblioteca Nacional de España, colecciones de sonatas para violín de autores que para algunos melómanos suenan desconocidos aunque en su momento fueron muy populares.

Grabado en la Iglesia de San Sebastián de en Cercedilla (España) durante el pasado mes de junio y con Jesús Trujillo de ingeniero de sonido (al igual que en su anterior grabación dedicada a José de Torres), este compacto nos deja cinco sonatas de Emanuele BARBELLA (1718-1777), Pietro NARDINI (1722-1793), Eligio CELESTINO (1739-1812), Luigi BORGHI (ca. 1745-ca. 1806) y Felice GIARDINI (1716-1796), frescas, cercanas, auténticas píldoras, expandiendo aquella colonización progresiva del mercado europeo con sus viajes y publicaciones también en el terreno de la música instrumental felizmente rescatadas del olvido.

Muy interesantes las notas en distintos idiomas de Stefano Russomanno y el propio Daniel Pinteño para centrar estilos, cronología e historia de estos compositores que gozaron de una fama efímera y ahora se les recupera para solaz de los melómanos compulsivos como el que suscribe.
Concerto 1700 está conformado para esta grabación por DANIEL PINTEÑO al violín, ESTER DOMINGO en el violoncello) y ALFONSO SEBASTIÁN desde el clave, trabajo muy conseguido por todos ellos en una plantilla ideal para estas sonatas, violín y bajo continuo habitual en la época, añadiendo la guitarra barroca de RAMIRO MORALES en Nardini al ser uno de los instrumentos que no solo aportan sonoridad mediterránea sino el instrumento favorito de aquella España del dieciocho aún con cinco órdenes además de habitual acompañante de voz y violín.

El rigor no ya en la recuperación de estas sonatas sino en su interpretación, prima en cada una de los cortes del disco. Se abre con el napolitano Emanuele Barbella y su Sonata VI –“Six solos for violin and bass (…) dedicated to Arch. Menzies of Culdares” (ca. 1756)-, forma tripartita (Larghetto e con gusto – Allegretto – Allegretto brillante. Alla francese), barroco bien armado y equilibrado, tímbricas conseguidas siempre desde el protagonismo violinístico.

El toque de la guitarra para la Sonata IV Op. 5 de “Six solos for the Violin with a bass” (ca. 1769) compuesta por el toscano Pietro Nardini casi nos transporta al Madrid cortesano donde su paisano Boccherini era el rey, una sonata en tres movimientos (sin indicaciónAllegro – Allegro) rápidos de amplias dinámicas contrastadas con el violín cantarín y el continuo acertadísimo del bajo chelísitico, las perlas al clave y ese empuje de acordes y leves punteos en la guitarra para una sonata diría que plenamente de salón por su elegancia con aromas españoles.

Muy interesante también Eligio Celestino, nacido en Pisa aunque desarrollase su carrera en Roma antes de sus viajes por toda Europa. La Sonata IV de sus “Six Solos for the Violin and a Bass for the Harpsichord or Violoncello, op. 2 (1774) mantiene la típica estructura tripartita aunque más clara por los tiempos perfectamente diferenciados: Largo para un mayor protagonismo del violín antes del Allegro lleno de contestaciones desde el bajo continuo con un cello compartiendo presencias, y el imperdible Minuetto. Andantino, delicioso baile desde una sonoridad cercana, dulce, afable y casi íntima.
Del piamontés Luigi Borghi, otro viajero incansable afincado en Londres y cuya música fue muy interpretada en España además de venderse cual “best seller”, la Sonata IV de los “Six Solos for a Violin and Bass op. 1 (1772) mantiene esquemas aunque los aires sean internacionales y sin olvidar el toque francés (Allegro – Largo – Rondeau. Andante Amoroso), melodías fáciles en su escucha aunque difíciles de ejecución, bien ornamentadas y arropadas por un bajo compacto además de efectivo en el rápido, lirismo en el lento central saboreando los graves del cello y un clave más allá del relleno armónico, antes de un final “rococó” o si se prefiere pre-clásico al que Borghi no era ajeno.

Cierra el disco el turinés Felice Giardini, formado en Milán e igualmente establecido en la capital británica donde además de reputado solista y compositor también ejerció de profesor. Sus obras se vendían muy bien en las tiendas madrileñas (hasta 1793) compitiendo con los Boccherini, Stamitz o Giordani, según se desprende del estudio de la prensa del momento como bien recuerdan las notas de Russomanno y Pinteño. La Sonata II de “Six Solos for the Violin and a Bass”, op. 19 (1777): es otra joya ideal para rematar estas recuperaciones llevadas al disco. Adagio galante, italiano a más no poder, un Presto Assai virtuoso, vibrante y el Grazioso último, elegancia cortesana para degustar un trío que hablan el mismo idioma interpretativo para esta Italia en España.

El efecto Rodiles

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Martes 10 de marzo, 19:00 horas. Club de Prensa La Nueva España: presentación del CD The Butterfly Effect, Noelia Rodiles (piano).

Sigo hace muchos años la carrera imparable de esta pianista avilesina, Noelia Fernández Rodiles, Noelia Rodiles definitivamente para el mundo musical (con permiso de su padre más orgullo materno), y aunque faltase a su último concierto en el Bellas Artes de Oviedo hace dos veranos, precisamente con las obras de este disco, no le pierdo el rastro a su trayectoria ni tampoco sus intervenciones en distintos programas de radio clásica.

El club de prensa ovetense hoy entre amigos, pues parece que empieza a cundir el pánico a salir de casa, presentaba el último trabajo discográfico para el sello Eudora, que pese a la indisposición de última hora de Cosme Marina, tuvimos sustituto de lujo con el compositor y catedrático del Conservatorio Superior de Oviedo, Manuel Martínez Burgos, que además fue profesor de Noelia.

El efecto mariposa es un concepto amplio de todos conocido basado en la teoría del caos, aunque sea mucho más poético (como el vestido que lucía Noelia para la ocasión) pensar en que «el leve aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo» como reza el proverbio chino. Mariposas inspiradoras, fusiones románticas y actuales como en su anterior disco Ligeti – Schubert, y también el título de la Sonata nº 5 de Jesús Rueda (Madrid, 1961) que finalmente daría nombre a esta joya de grabación efectuada en la Sala Mozart del Auditorio de Zaragoza para escucharlo (en formato SACD) como si estuviésemos tan cerca como esta tarde en Oviedo, aunque el piano vertical del periódico no sea lo que se dice apto para virtuosos como Noelia Rodiles, que pese a todo nos deleitó con un aperitivo “sin palabras” de Mendelssohn antes de dársela a la directora del Club de Prensa Maria José Iglesias, y al maestro Martínez Burgos.

Detalles de cómo surge este maridaje entre el siglo XIX y el XXI que unidos dan más sentido a las páginas elegidas, curiosamente emparejadas por los propios compositores españoles a quienes se las encargó la compositora enviando a los tres las obras románticas pensadas previamente y “acertando” en la elección de cada uno de ellos. Las mariposas, Papillons op. 2 de Schumann con la citada sonata de Rueda, las “Romanzas sin palabras” o Lieder ohne Worte, op. 20 de Mendelssohn y los Seis caprichos sin título de David del Puerto (Madrid, 1964), de quienes también escuchamos en vivo el “Canto del gondolero” más el Agitato, y finalmente el Adagio en sol mayor, D178 de Schubert con las Dues pieces per a piano del catalán Joan Magrané (Reus, 1988).

Fusiones que acercan la música de nuestro tiempo con la escucha así emparejada del mejor repertorio romántico y tan actuales unas como otras en el piano sin complejos de Noelia Rodiles, una técnica sobrada para una musicalidad y expresión madura ya desde sus tiempos de estudiante como bien recordaba el profesor Martínez Burgos, y que marca las diferencias en los pianistas sin más y los intérpretes de raza. Excelentes las notas que acompañan al disco donde los españoles nos describen sus obras.
Un riesgo no exento del placer y satisfacción en seguir apostando y promocionando a compositores actuales y además nuestros, en el mismo plano que los “clásicos” pues solo el tiempo marca las diferencias, y el directo, como el disco, dejará testigo sonoro de una categoría musical sin palabras y cual efecto mariposa donde el leve aleteo de estas páginas hispanas pero internacionales se pueden sentir en todo el mundo gracias a discos como este último de mi admirada Noelia.

Instantáneas sonoras

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Jueves 5 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano “Luis G. Iberni“: Rafał Blechacz (piano) y Bomsori Kim (violín). Obras de Beethoven, Fauré, Debussy y Szymanowski.

Las grabaciones musicales son como las fotos, la captura de un momento que podemos repetir cuantas veces queramos porque nos recordará ese instante irrepetible dejando a la memoria y a menudo también la fantasía, que ponga el resto, aunque haya sido algo fugaz pero imperecedero. Las fotos viejas, como los discos, se pueden retocar para una mejor conservación e incluso apariencia, pero nada es comparable al directo, especialmente en la música.

La introducción viene a cuento porque en estas Jornadas de Piano volvía el pianista polaco Rafał Blechacz, que me dejó una excelente impresión allá por noviembre de 2012 en estas mismas Jornadas, así como su primer disco con el sello amarillo, pero no en solitario, aunque apareciese el primero en el orden, sino junto a la violinista coreana Bomsori Kim, con quien parece congenió hace dos años y se plantaron en el estudio para dejarnos una grabación que escuchamos al completo en el auditorio, aunque los estudios y el directo no sean lo mismo. Con la tapa acústica abierta al máximo, el Steinway tapó demasiadas veces el hermoso sonido del Guadagnini de 1774, algo que en la mesa de mezclas se puede arreglar pero sin la tecnología quedó en un segundo plano inmerecido porque realmente hubo momentos del concierto deliciosos.

No podía faltar este año Beethoven una de sus sonatas para violín y piano (ausente en su último CD), optando por la Sonata en re mayor, op. 12 nº 1 (1798) que pude seguir recordándola casi nota a nota de mi último curso de piano en “Música de cámara II” con el profesor Carlos Luzuriaga. Buena complicidad entre los dos intérpretes pero desequilibrado balance sonoro que no nos permitió degustar los intrépidos y dialogados pasajes del Allegro con brio. El Tema con variazioni. Andante con moto sí dejó una mayor presencia del violín aunque la rotundidad del piano de nuevo ocultaría ese juego sonoro entre los dos intérpretes. El Rondo. Allegro adoleció de lo mismo, casi como si el violín acompañase a un piano protagónico de principio a fin, hasta en el orden del programa, por su sonoridad incluso en los pasajes más pianissimi, con la firma inequívoca del genio de Bonn pero obviando la aportación y complemento del violín.

La Sonata en la mayor, op. 13 nº 1 (1875-76) de Fauré pareció enmendar un poco la falta de equlibrio entre los intérpretes, cuatro movimientos donde el violín tiene mucho que tocar en una pugna con el piano muy alejada del ciclo de canciones del francés, si bien su lirismo y estilo ya se perciben, especialmente en el segundo movimiento (Andante). Lucimiento en el Scherzo, Allegro vivace de ambos demostrando lo estudiado que tienen este repertorio antes de grabarlo, miradas y gestos claros para un buen entendimiento y una versión algo fría pero técnicamente impecable.

Para la segunda parte el resto del disco, en claro mejoría tanto de sonido como de implicación, primero la Sonata en sol menor (1917) de Debussy, virtuosismo polaco y pasión coreana dibujando esa paleta única del segundo compositor francés del concierto, mismo idioma pero lenguaje nuevo, más logrado en el dúo, como si todo estuviese planificado en cuanto a la entrega. Especialmente delicado el Intermède: fantasque et léger que nos permitió disfrutar de un violín sedoso más presente y protagonista que en los primeros “cortes” y haciéndonos olvidarnos del homenajeado alemán. Lo mejor vendría con Szymanowski y su Sonata en re menor, op. 9 (1904), verdadera pasión compartida, protagonismos equilibrados, sonoridades controladas con mayor lucimiento del violín de Kim más un piano de Blechacz auténtico contrapeso y guía emocional en los tres movimientos. Por fin el espíritu camerístico como escuela tanto interpretativa como auditiva, el momento para recordar y no solo un disco en bucle que siempre sonará igual.

No podía faltar lo que se llama “encore” (propina) que además completaría esta presentación discográfica, el mejor Chopin de Blechachz pero con el violín de Kim para que llevase la parte cantabile y el piano polaco completase el arreglo del ruso Nathan Milstein sobre el conocido Nocturno nº 30 en do sostenido menor.
Buen concierto aunque la coreana no aportase mucho calor desde esta técnica implacable y fría, quedándonos con más ganas del Rafał Blechacz poderoso y entregado en solitario que es donde la memoria me lleva, la instantánea sonora de esta tarde de jueves.

El Bach nuestro de cada día

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Los maestros Emilio Moreno y Aarón Zapico vuelven a los estudios de grabación para dejarnos un “Bach melancólico” e incluso soñado, recreando páginas del kantor de Leipzig con la viola “da braccio” y el clave a cargo de este dúo que se entiende a la perfección, dos generaciones en conjunción que ya en su Boccherini anterior me cautivaron.

Todo en este CD del sello Glossa (fundado por Emilio Moreno) está cuidado al detalle: la grabación en la bodega de Torremocha de Jarama, Madrid (Finca Casa de Oficios) a lo largo del mes de julio de 2019, al igual que en su anterior grabación, de acústica perfecta así como la toma de sonido de Federico Prieto; las siempre enriquecedoras notas en cuatro idiomas (pues los mercados discográficos todavía se mantienen allende los Pirineos); las fotografías de Carmen Hache en esa Castilla canicular y amarillenta, la siega acabada y aparentemente árida pero llena de riqueza que no me he resistido a incluirlas en esta reseña; el recuerdo póstumo a Margarita Aguado de Moreno, y por supuesto el tándem Moreno-Zapico paseando informalmente por ellos.
Esta misma sencillez les lleva a reinterpretar (algunos hablan de “reinventar” o de revivir) 18 páginas de nuestro “Dios Bach” purísimas en cuanto al concepto básico: las melodías cantadas por la viola de Moreno y el continuo impoluto y preciosista de Zapico al clave, con dos instrumentos evocadores, la original Viola Sympertus Niggel de 1751 (Füsse ) y el clavicordio (o harpsichord) de Rafael Marijuán (réplica del Joannes Ruchers, 1616) construido en Torrelaguna (2010), sonidos contemporáneos a la propia época de Johann Sebastian Bach (1685-1750) que resucitan en el siglo XXI.

The Melancholich Bach se está presentando desde el mes pasado, tanto en Radio Clásica (programa “La Dársena” con Jesús Trujillo en una entrevista cercana y amigable como todo lo que rodea este trabajo), y en distintos locales con palabra y música caso del celebrado en La Dársena, en Sevilla… aunque también se puede disfrutar en la red  incluyendo la popular plataforma Spotify, pero personalmente sigo fiel a mis manías manteniendo siempre la cadena musical en condiciones para reproducir el CD al volumen y calidad que se merecen.

Ya hay reseñas bien fundadas como la de MúsicaAntigua.COM o la catalana ElTempsDeLes Arts (que dejo enlazadas) así como en las redes sociales, pero quiero dejar aquí muy especialmente la de la Web del propio sello Glossa donde describe esta grabación:

Con The Melancholic Bach, Emilio Moreno se acerca de manera nostálgica y pensativa a las músicas que Bach podría haber compuesto para la viola. Este nuevo álbum es reflexivo pero nunca triste, sosegado a menudo, pero animado en otros fragmentos. Moreno es violinista a la vez que violista: con el primer instrumento dirige sus conjuntos La Real Cámara y El Concierto Español, mientras que con la viola está desde hace muchos años al frente de su sección en la Orquesta del Siglo XVIII.

Admirador del Johann Sebastian Bach de conciertos, sonatas, partitas y otros muchos géneros, Moreno siempre ha deseado que existiera un repertorio paralelo del gran maestro que pudiera ser tocado en la viola. De hecho, se sabe que Bach fue un gran intérprete del instrumento y era plenamente consciente de su potencial solístico, además de la melancolía intrínseca a su sonido, tan crucial para las armonías internas de sus composiciones.

Aparte de algunas piezas con viola obligada, lo cierto es que la amplia obra del Kantor contiene poca música para el instrumento, por lo que Moreno y Aarón Zapico (clavecinista también en los recientes discos dedicados a Castro y Boccherini) decidieron preparar una serie de transcripciones que se adaptaran a la viola da braccio construida en 1751 por Sympertus Niggel y utilizada en esta grabación. Para The Melancholic Bach, se han adaptado movimientos de sonatas en trío, cantatas y corales para órgano, con la viola tocando la línea melódica y el clave las otras dos partes.

Personalmente mantengo desde siempre que en música habría que hablar antes y después de Bach (con un AB/DB tal como se usa AC a. de JC / DC d. de JC) pues tras su muerte parece haberse inventado todo, versiones que llegan desde todos los estilos e instrumentos sin perder nunca la esencia, algo que solo en “el cantor de Santo Tomás” se da.
Por lo tanto en esta combinación que bien podría haber sido original, no solo soporta el espíritu sino que por momentos es el ideal, especialmente en los corales del Libro de Órgano (Das Orgel-Büchlein) todavía más íntimos que si los escuchásemos en una iglesia luterana desde la consola del kapellmeister correspondiente. Las sonatas son auténticas recreaciones con las visiones doctas de dos intérpretes dominadores de sus instrumentos, y no digamos los solos de ambos maestros: el clave de Don Aarón, reverencia digital de hondo espíritu siempre claro, y la viola de Don Emilio paladeando cada frase con especial deleite, y a quien los años solo sirven para madurar más si cabe su entrega a la música de dios Bach todopoderoso. Esta vez soy yo quien me descubro ante sus apóstoles para repetir El Bach nuestro de cada día

CORTES
1. Trio super: Herr Jesu Christ, dich zu uns wend’ BWV 665a
2. Liebster Jesu, wir sind hier BWV 731
3. Trio BWV 583 (Adagio)
Arreglos de los corales del Orgel-Büchlein:
4. O Mensch, bewein’ dein Sünde groß BWV 622 (Adagio assai)
5. Komm, Gott Schöpfer, Heiliger Geist BWV 631a
Sonata en do menor (después BWV 76, 582/2&586):
6. Adagio-Vivace (de la Cantata BWV 76, parte segunda, Sinfonia nach der Predigt)
7. Andante (de la Sonata 4 a 2 Clav. et Pedal BWV 528/2)
8. Allegro (del Trío a 2 Clav. et Pedal… nach Telemann BWV 586)
9. Allemanda 2ª para clave solo (de la Sonata en la menor BWV 965, después de Johann Adam Reincken (1643-1722), Hortus Musicus (1688)
Sonata en fa mayor (tras BWV 664, 614&676):
10. Allegro (del Trio super: Allein Gott in der Höh’ sei Ehr’ BWV 664)
11. Adagio (del Das alte Jahr vergangen ist BWV 614, Orgel-Büchlein.
12. Allegro (de Allein Gott in der Höh’ sei Ehr’ a 2 Clav. e Pedale BWV 676)
13. Très vivement para viola sola (de la Fantasía BWV 572)
14. Exercitium for solo viola (del Pedalexercitium BWV 598; atribuido a C.P.E. Bach)
Arreglos de los chorales del Orgel-Büchlein:
15. Helft mir Gott’s Güte preisen BWV 613
16. Ich ruf ’ zu dir, Herr Jesu Christ BWV 639
17. Wenn wir in höchsten Nöten sein BWV 641
18. Wer nur den lieben Gott lässt walten BWV 691

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