Inicio

Excelencia coral para la clausura

Deja un comentario

Domingo 9 de abril, 20:00 horas. Iglesia de San Nicolás de Bari, Avilés: Concierto de clausura de la XL SMRA: Crux Fidelis. Coro CantArte, Mario Morla (piano), Judith Martínez (soprano), Guillermo A. Ares (director). Obras de J. Sheppard, C. Morales, VictoriaBello-Portu, Arvo Pärt, R. Pearsall, A. Alcaraz, O. Gjeilo, J. Tavener y Gregoriano.

Brillante clausura de la cuadragésima edición de la Semana de Música Religiosa de Avilés, que esperamos no sea la última, con el coro leonés CantArte que dirige el antiguo escolano de Covadonga Guillermo A. Ares en su segunda visita al templo de la plaza de Domingo Acebal que volvió a registrar un lleno corroborando el buen estado de esta semana ya histórica dentro de la música religiosa asturiana que cerraba este domingo de ramos con un programa variado, con alguna variación en el orden y omitiendo a Poulenc. El propio director se encargó de explicar el nexo de cada obra desde este domingo hasta el de Pascua, el latín que marca el ritmo libre o el inglés de inspiración ortodoxa pasando revista a nuestro Siglo de Oro con Morales o Victoria más las aportaciones actuales de Tavener, Pärt, Gjeilo o el alicantino Albert Alcaraz (1978) compartiendo programa, inspiración y calidad.

Coro joven disciplinado, de cuerdas muy bien compensadas, jugando con los espacios tanto “a capella” como con los acompañamientos instrumentales de piano (eléctrico pero bien conseguido en timbre y dinámicas) y hasta de un saxo soprano capaz de ofrecernos páginas abarcando del Gregoriano, encabezadas por el propio Guillermo, hasta las polifonías más contemporáneas, siempre desde el respeto a la llamada música sacra que trasciende lo litúrgico para convertirse en un viaje espiritual a través de la música coral.

Si Sheppard nos dejó “en paz“, los Oficio de tinieblas de Cristóbal Morales, Victoria o el irrepetible Javier Bello-Portu (1920-2004) dejaron momentos indescriptibles, el coro mixto, las voces graves con el piano más el saxo soprano de Ordoño Sancho sumando tímbricas y texturas que Guillermo A. Ares entiende desde el conocimiento y el convencimiento de una música sublime.
La calidad del coro volvió a imponerse en ese himno que da título al programa Crux fidelis, atribuido a Juan IV Rey de Portugal, voces circulantes aprovechando la acústica e inmersos en la tradición de la Semana Santa, al igual que las velas apagándose para “celebrar” esas tinieblas que en las voces del coro leonés dramatizaron como pocos estas páginas corales. Otro tanto puedo decir del Tu es Petrus de R. Pearsall (1795-1856) interpretado en décimo lugar, dinámicas y respeto al texto con un empaste y afinación dignos de mención en un ambiente casi íntimo.

Por época, cercanía temporal y gusto ante unos estilos que se imponen entre las nuevas generaciones corales, impresionantes el Nunc dimitis (Alcaraz) con piano, previo al Crux fidelis, pero muy especialmente la recta final con Ola Gjeilo (1978) y su The ground (de la “Sunrise Mass“) con piano, Song for Athene de John Tavener (1944-2013) con las referencias a la música de la liturgia exequial ortodoxa en una voces circulantes de tesituras compactas no ya en las voces graves sino en las blancas de dulzura casi infantil por color, el pianístico Für alina de Arvo Pärt (1935) felizmente interpretado por Mario Morla, resonando cual perfecto “preludio” Tintinnabulli, antes del penúltimo número, repertorio difícil y no asequible a todos los coros pero que esta nueva generación de voces jóvenes dominan desde el duro trabajo y el convencimiento de unas obras de bellísima factura que comienzan a renovar este repertorio de la música sacra capaz de convivir con los genios de la polifonía, a los que el tiempo pondrá también en el Olimpo compositivo.

Despedida de concierto con unas disonancias plenamente actuales del Exsultate jubilate (K. Jenkins) y nuevamente en procesión monacal con un Aleluya, polifonía de oro y mística del dogma de fe hecho música, la resurrección de los coros con calidad, esta vez nuestros vecinos de León que no pudieron poner mejor cierre a una semana llena de esperanza.

Etapas vitales

Deja un comentario

Viernes 7 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto Extraordinario de Semana Santa OSPA, Clara Mouriz (mezzo), Agustín Prunell-Friend (tenor), Arttu Kataja (barítono), Pablo Ruiz (barítono), Marc Pujol (bajo), Coro “El León de Oro” (director: Marco Antonio García de Paz), Pablo González (director). Berlioz: La infancia  de Cristo, op. 25 (1850-1854).

Viernes de Dolor y etapas de la vida, que como Berlioz decía de esta obra, “ingenua y gentil”, limpieza educada por unos intérpretes que no lograron llenar el Auditorio pese a la rareza de una obra poco programada y tener de nuevo en el podio al ovetense Pablo González (1975) que ha heredado de su maestro y mentor el gusto más el conocimiento de esta obra, sumándose el mejor coro asturiano de todos los tiempos con su legión de “leónigans” en aumento y manteniendo el nivel que le ha llevado a lo más alto en el mundo coral internacional.

A menudo de las casualidades surgen verdaderos inventos y descubrimientos que cambiarán la historia. Alejandro González Villalibre, autor de las notas al programa (que dejo enlazadas arriba en el compositor) y conferenciante previo relata muy bien la historia “ante la sublimación del oratorio” peculiar, compuesto por diversión como si de una obra a cuatro partes para órgano se tratase, para descubrir “un cierto aire naif, de devoción rústica en la pieza” añadiéndole la letra en francés e ir convirtiéndose en un coro de pastores despidiendo al Niño Jesús antes de la partida hacia Egipto. Añadiría una obertura más el aria de tenor que se publicó independientemente en 1852 y contando con el beneplácito de un público que le dio la espalda más de una vez. Prosiguió con “La llegada a Sais” dedicada a la Academia de Canto y a la Sociedad Coral Universitaria de Leipzig que tanto ayudaron al triunfo de “La Huída a Egipto” y completaría la trilogía con “El sueño de Herodes” para pasar a denominarse L’enfance du Christ representada como tal el 10 de diciembre de 1854 en París.

Cinco años en la vida de Berlioz contando musicalmente la infancia de Jesucristo para ser interpretados por un coro a punto de cumplir 20 años, una orquesta con 26 desde su constitución, y un director de 41 años, todos desde una madurez ideal para interpretar este oratorio tan poco escuchado organizado en tres partes, sin descanso.

Del plantel de solistas que cantan los personajes del Narrador – Centurión, San José, la Virgen María y Herodes – padre de familia, hubo de sustituirse por enfermedad al bajo-barítono Ralf Lukas por el onubense Pablo Ruiz (1985) de hermoso color -que ya cantó en Oviedo el segundo reparto de Fausto– aunque probablemente sin los graves del alemán pero resultando igualmente convincente en sus intervenciones; bien por presencia, color y potencia el bajo catalán Marc Pujol, y de las otras tres voces ya conocidas  (que enlazo en sus nombres) en otros roles ayudaron a un elenco equilibrado donde el más “flojo” fue el bajo finlandés Arttu Kataja (1979), muy bien la mezzo donostiarra Clara Mouriz y adecuado como narrador el tenor Agustín Prunell-Friend, tras el Elías de hace tres años.

La plantilla orquestal para este oratorio de Berlioz es la ideal para nuestra OSPA, hoy con Eva Meliskova de concertino, pudiendo brillar nuevamente con luz propia en todas sus secciones. Con un Pablo González que les entiende a la perfección, las sonoridades siempre estuvieron trabajadas, con poco vibrato en las referencias a Bach (que Marco y Zorita comentan amigablemente en OSPA TV), dinámicas ayudando a las intervenciones corales y solistas, incluso fuera de escena, limpieza en cada pasaje, silencios subrayando el drama y un trabajo colorista casi íntimo para una obra más gentil que ingenua, pues la aparente sencillez en la escucha esconde pasajes de orfebre orquestal como siempre fue el francés, maestro de la instrumentación como pocos. A destacar el trío de ismaelitas con las flautas del matrimonio Pearse y el arpa de José Antonio Domené con las luces apagadas solo iluminados desde el atril en uno de los momentos instrumentales más delicados de todo el concierto, así como un órgano fuera de escena acompañando a las voces angelicales perfectamente encajado con ellas y la orquesta, que no le vi salir a saludar.

Y como “leónigan” confeso, nueva demostración de calidad excelsa a cargo del coro que dirige Marco Antonio García de Paz, capaz como pocos de afrontar nuevos retos como el de esta partitura de Berlioz, 20 voces graves y 22 blancas perfectamente ensambladas, afinadas, de ataque y emisión exacta, compenetrados pese al relevo natural de una cantera envidiable que mantiene el nivel con los veteranos, pilares que dan confianza y magisterio a la siguiente generación. Aunque hubo parte del público a la que no gustó las entradas y salidas de escena de coro y solistas a lo largo de la obra, hay que reconocer que ayudaron al dinamismo y en cierto modo a “poner en escena” este oratorio berliozesco. Si la primera intervención de los hombres resultó convincente, las mujeres fuera de escena resultaron angelicales y presentes desde la buscada lejanía. En conjunto siguen siendo únicos, potentes y sensibles, con unos matices llenos de delicadeza que Pablo González aprovechó al máximo para alcanzar un final con el tenor y “El León de Oro” verdaderamente prodigioso e impactante por la “sorpresa” de comprobar que Berlioz puede acabar sin estridencias orquestales decantándose por la gentileza vocal de escritura idónea en la interpretación de este concierto extraordinario.

La música seguirá como la propia vida, madurando hacia la plenitud, tanto compositiva como interpretativa e incluso auditiva de los aficionados, pero la infancia siempre nos dejará recuerdos imborrables en nuestra etapa vital.

Creo en Dios Bach Todopoderoso

1 comentario

Sábado 1 de abril, 20:00 horas. Oviedo, Conciertos del Auditorio: Nuria Rial (soprano), Rebecca Martin (mezzo), Markus Schäfer (tenor), Thomas Laske (barítono), Akademie für Alte Musik de Berlín, Coro de niños de Windsbach (Windsbacher Knabenchor), Martin Lehmann (director). J. S. Bach: Misa en si menor, BWV 232 (H-moll-Messe).

Si la Misa de Bach es Patrimonio de la Humanidad desde octubre de 2015 para preservarla del olvido, quienes la hayan escuchado en la multitud de versiones que hay en la actualidad estarán de acuerdo en que se trata de un bien cultural eterno que trascenderá nuestra propia vida. Incluso para agnósticos o ateos existe un Bach todopoderoso cual dios padre de todas las músicas, y que siendo un luterano convencido y de oficio, encabezando cada obra suya escribiendo en latín “Soli Deo Gloria” (Gloria al único Dios) no tuvo reparos en componer esta misa católica, obra magna que hace vibrar lo más profundo del ser humano sin más destino que la propia música, un mismo dios para todos.

Los comentarios de esta magna obra y sus avatares los encontramos tanto en las notas al programa de Carlos García de la Vega como en la crítica de Mario Guada para Codalario del concierto que dieron el día 30 en el Auditorio Nacional de Madrid estos mismos intérpretes del primer sábado abrileño en plena Cuaresma, con una gira que sigue poniendo a Oviedo en el mapa como “La Viena del Norte”.
Auténtica liturgia musical con el “pastor” Martin Lehmann al frente de un coro de niños como probablemente lo ideó y ejecutó en Leipzig “mein Gott Bachen Santo Tomás, más numeroso pero igual o más disciplinado (por lo que cuenta Gardiner), voces educadas en el trabajo desde los seis a los dieciséis años donde las voces blancas (tiples y contraltos) mantienen esa pureza tímbrica y tras la muda llegan a tenores y bajos aún sin redondear pero con la frescura que da la propia edad. Impresionante el trabajo de los más de 70 cantores del “Coro de niños de Windsbach” para afrontar esta obra al alcance de pocos. Por supuesto que la Akademie für Alte Musik de Berlin sigue siendo la mejor formación posible en estos repertorios, equilibrio dinámico perfecto para dar la importancia que Bach siempre dio a los textos, esta vez en latín, al que la música realza pedagógica y didácticamente haciendo más comprensible el ordinario de la misa que nos eleva hasta el Paraíso.

La cuerda con la concertino Lisa Immer (impecable su solo con la soprano) impacta por claridad junto al continuo de cello sumándoe el órgano del finlandés Petteri Pitko (impecable desde el Kyrie hasta el pacem) o un par de contrabajos virtuosos; la madera, a pares, no se queda atrás, flautas, oboes (desde el Sanctus trío) o fagotes ayudan a subrayar un latín cantado y comprensible para todos. Del trío de trompetas naturales podríamos hablar para escribir toda la entrada porque no ya la complicada afinación sino la limpieza de sonido y la presencia idónea bien sujeta por Lehmann dio más color a una obra que traspasa el dogma. Incluso el único solo de trompa (con el barítono) volvió a dar una lección de cómo interpretar el barroco con precisión y musicalidad. Por último los timbales de cobre donde el sevillano Francisco Manuel Anguas Rodríguez mantuvo el nivel estratosférico de los berlineses, entradas ajustadas, volúmenes en su sitio “y mandando” en los ritardandos marcados por el Maestro. Coro y orquesta alemanes para esta Misa atemporal del dios Bach. Y de la afinación pese al calor de la sala, una maravilla comprobar que la revisaban entre los propios huecos de la misa, con Lehmann bajado de la tarima e Immer de perfecta ayudante. Rapidez y el “pastor Martin” dando los tonos al coro con su voz cómo buen maestro, llevándoles casi de la mano en cada número, mimándolos y compartiendo el disfrute con todos nosotros, incluso eligiendo unos tiempos arriesgados que lograron más luminosidad para esta misa. Una lección cada final distinto según lo escrito, manteniendo la última nota en el aire o cortando con precisión, mano derecha firme en la pulsación tan difícil de mantener, e izquierda controlando las dinámicas atento siempre a las entradas de “sus chicos“. El gesto se le supone pero el trabajo anterior marca la diferencia y esta “Academia para la Música Antigua de Berlín“, renovada como tantas otras formaciones según el momento, brilló en parte por el propio Lehmann que ofreció una interpretación para recordar.

Del cuarteto solista, algunos coincidentes en grabaciones, destacar la búsqueda del complemento en tesitura más que tímbrico, como si del órgano o la propia orquesta se tratase, pero donde la “afinación barroca” parece disipar unos graves más presentes incluso con acompañamientos únicamente de continuo mientras están sobrados en los agudos. Los registros se entrenan como el propio cuerpo y mi opinión es que los intérpretes preparan sus intervenciones en este repertorio olvidando el producto final.

Pese a todo me quedo con una Nuria Rial que volvía a Oviedo en “gran formato” y demostrando la causa por la que se la demanda en músicas de los siglos XVII y XVIII. Timbre hermoso, técnica sobrada para las agilidades, musicalidad en una línea de canto siempre sentida y un color que ayuda al empaste con sus compañeros. Bien el Christe, mejor Laudamus y el dúo con la mezzo Et in unun Dominum, atentas ambas a las respiraciones y finales de frase.
Otro tanto podría decir de Markus Schäfer, bachiano reconocido de timbre algo metálico pero apropiado en estos registros donde el estilo cuenta más que la capacidad de cantarlo, y ahí está el fuerte que no pareció tener este sábado ovetense. Desiguales sus intervenciones, bien el dúo con Rial del Domine Deus pero algo mejorable su Benedictus de color poco homogéneo.
Desigual la mezzo norteamericana nacida en Saigón Rebecca Martin, pese a mi pasión por esta cuerda femenina, pero que no debería cantar lo escrito para la segunda soprano. Buen empaste en el Christe inicial, color apropiado pero de pocos graves ¡y es mezzo!. Más pasión que línea de canto e incluso un flojo Agnus que incluso desafinó levemente, dejándonos mal sabor de boca aunque cantase algo mejor el Qui sedes, más el citado dúo con la soprano.
Y del barítono Thomas Laske decir que sufrió para hacerse escuchar en unos graves necesarios no ya en el ambiente creado por esos registros en la orquesta sino en una tesitura irregular, más lírico que dramático para un barítono que pese al currículo no acabó de cuajar en el cuarteto solista pese a mostrar un fraseo más que correcto, especialmente en el Et in Spiritum.

Pero la Misa de Bach trasciende la interpretación y emociona cuando se la escucha en vivo, pocas veces a lo largo de la vida melómana por larga que sea, más cuando tenemos a “la Akademia” con Lehmann al mando capaz de sacar de cada uno de los veintisiete números la riqueza bachiana de cada nota en cada instrumento, siendo el coro (de voces blancas) el verdadero protagonista para un sábado de gloria anticipada… hacía tiempo que el público no aplaudía tanto, llevándose los chicos la mayor y merecida ración, más allá de la simpatía que los jóvenes cantores siempre despiertan entre todos, más que la propia calidad de los berlineses.
Si las pasiones no pueden faltar cada Cuaresma, esta Misa debería ser obligatoria una vez al año, porque rezo en voz alta “Creo en Dios Bach Todopoderoso…”, al menos con oficiantes de altura.

In Iuvenum Paradiso

Deja un comentario

Miércoles 29 de marzo, 20:00 horas. Iglesia de Sta. María La Real de La Corte, Oviedo: Concierto Coro del CONSMUPA “E. M. Torner” de Oviedo, Marco A. García de Paz (director). Obras de Palestrina, Rheinberger, Lasso, Bruckner, Lauridsen y Fauré. Entrada libre (bien valió la Misa).

La formación musical de nuestros jóvenes comienza en la escuela aunque los políticos dicten leyes que parecen desear alejada del currículo esta parte esencial de nuestra educación. La profesional específica ha mejorado desde mis años de estudiante y ahora Oviedo tiene tanto conservatorio profesional como superior aunque nuevamente los dirigentes sigan ignorando lo importante que es mantener en activo a su profesorado porque las aulas no pueden dar la espalda a los conciertos, puede que lo más agradecido para todo músico. Y como políticos siguen dando largas mientras perdemos profesorado que también es concertista.
La tradición coral asturiana es antigua aunque como la propia vida ha tenido altibajos. Pero podemos presumir de tener a una formación capaz de competir al más alto nivel mundial como El León de Oro, a cuyo director Marco Antonio García de Paz ha fichado el CONSMUPA para sembrar en este mundo coral y asegurar un futuro donde hacer música pueda considerarse profesión y no solo afición, pensando incluso en continuar exportando talento si los distintos gobiernos mantienen no ya esta miopía musical sino cultural.

El Coro del CONSMUPA se presentaba en La Corte antes de su gira con un programa donde no podían faltar referentes históricos que el propio Marco conoce y lleva trabajando hace mucho tiempo. Así abrieron velada en una iglesia abarrotada con el intimista Sicut Cervus (Palestrina) a cuatro voces más el monumental Abenlied op. 69 nº 3 (Rheinberger) a seis, demostrando el arduo estudio para lograr la deseada afinación, el empaste y por supuesto la musicalidad en dos obras al alcance de esta juventud preparada que carece de vicios adquiridos en otras formaciones adultas, cantando con naturalidad y buena interpretación ambas partituras, perfectamente llevadas por Marco.

La polifonía también se hacía con instrumentos, optando por un trío de trombones ubicado en el coro rememorando aquellos ministriles que con los sacabuches divulgaban una música sacra no siempre doblando las voces. Héctor Gómez Sorrigueta, Javier Ulises Esteban Martín y Miguel Ramiro Artero nos interpretaron a Palestrina (Motete), Orlando di Lasso (Adoramus Te, Christe) y el original Bruckner (Aequale nº 1 WAR. 114) cantando una letra no escrita, respirando como un trío vocal y llenando La Corte de sonoridades de antaño con el ímpetu juvenil y majestuoso de tres partituras diría que orgánicas en cuanto a presencia y dinámicas.

No podemos olvidar que estamos en plena Cuaresma y la música religiosa ha dado maravillosas obras, siendo las siguientes dos claros ejemplos:
Primero el O Magnum Mysterium (M. Lauridsen) que García de Paz probablemente haya ensayado cientos de veces con “los leones” y otros coros, por lo que dominar tan maravillosa como complicada obra supone contagiar a este coro sabiduría y confianza. La interpretación ayudada por la acústica del templo estuvo plagada de buen gusto y hacer por todos, ricos matices, voces limpias en emisión con tesituras extremas donde las sopranos brillaron bien contrapesadas por una cuerda de bajos consistente, pero seguro lo habrán tomado como un examen sobre el que seguir trabajando los próximos ensayos. Así es el mundo de la música.

Y como “Proyecto final” el esperado Réquiem, op. 49 (versión 1893) de Gabriel Fauré, una de las obras que más habré escuchado, cantado y sobre tocado al órgano, esta vez un excelente Carlos García Álvarez, más un conjunto instrumental liderado por el profesor de viola Paulino Jardón, con un plantilla que dejo recogida en la copia del programa más arriba, sumándose un contrabajo (René Ispierto Jiménez), una trompa, dos trompetas, el trío de trombones más los timbales de Vanesa Menéndez Alonso, el solo de violín de Alejandro Trigo-Asensio en el Agnus, y dos solistas del propio coro aunque veteranos pese a su juventud: la soprano Olaya Álvarez Suárez (Pie Jesu) y el barítono Manuel Quintana Aspra (Offertoire y Libera me). La partitura tiene momentos gloriosos con el sello propio del francés y los instrumentistas deben sonar presentes sin tapar las voces, algo que Marco A. García de Paz tuvo presente desde el principio. Supo sacar esas armonías tan características sin perder la belleza melódica y todo el ropaje instrumental de los siete números, con los balances no siempre perfectos ante la reverberación, especialmente en los tempi más ligeros. Pero volví a disfrutar y poner la piel de gallina con el Introit et Kyrie, luz perpetua que sigue iluminando muchos momentos, el Pie Jesu de la soprano con voz angelical, limpia, afinada, sentida, casi infantil, o el Libera me de este barítono que prefirió el buen gusto a la potencia. No hubo problemas con las intervenciones del tutti, el órgano casi siempre se mantuvo en su sitio, salvo en In Paradisum que quedó algo atrás, los metales perfectamente ensamblados con las voces en el “Cordero de Dios“, los timbales lo suficientemente presentes para “la ira de Dios”, y una cuerda más que suficiente para garantizar un réquiem más que digno a nivel global aunque el protagonismo lo lleva el coro, la voz del pueblo que ojalá tuviese la misma formación que esta juventud musical sacrificada y siempre apoyada por las familias sin las que su esfuerzo no se vería tan recompensado como en estos conciertos.

Enhorabuena a todos por llevarnos a este paraíso juvenil en uno de los “Réquiem” más luminosos y esperanzadores que se han escrito (curiosamente por alguien poco creyente) y a Marco Antonio García de Paz por continuar creyendo en la música coral desde nuestra tierra.

Bohemia capital Bilbao (y 10)

Deja un comentario

Domingo 5 de marzo, 17:00 horas. Palacio Euskalduna, Bilbao: “Musika-Música“. Concierto nº 50, Auditorio: Miren Urbieta-Vega (soprano), Ainhoa Zubillaga (mezzo), Gustavo Peña (tenor), David Menéndez (barítono), Coral de Bilbao (director: Enrique Azurza), OSPA, Perry So (director). A. Dvořák: Stabat Mater, op. 58, B. 71. Entrada 12 €.
Todo llega a su fin y mi particular maratón bilbaína debía terminar con esa estampa de la Madre Dolorosa en un símil de la música dramatizada desde Mahler a este Dvořák, de vidas paralelas donde la muerte se hace obra de arte en sus músicas, todo un placer además con la orquesta asturiana y la batuta de So más un cuarteto solista al que conozco desde hace tiempo, con “La Zubillaga” reinando entre “las mezzos de Bohemia” y mi querido David Menéndez en el cuarteto solista en una partitura que me consta le gusta hace años interpretarla.
Obra estrenada en Praga en 1880 aunque el espaldarazo lo tendría en el Royal Albert Hall londinense cuatro años después con el propio compositor a la batuta, reconocimiento británico que por entonces lo era mundial, lo que supondría al checo encumbrarse entre los grandes. Con momentos que pueden recordarnos al Requiem de Verdi en cuanto al tratamiento vocal e instrumental, esta obra nos deja al mejor Dvořák religioso no tan programado como el sinfónico.
Tomando de nuevo las notas al programa de Mercedes Albaina, el Stabat Mater es la “expresión del dolor terrenal de una madre que asiste al sufrimiento y la muerte de su hijo (…) en el caso de Dvořák (…) está íntimamente ligado a la tristeza que causó en el compositor y en su esposa la muerte, en el breve espacio de veinticuatro meses, de las tres criaturas que habían tenido en los tres primeros años de su matrimonio (tendrían después otros seis hijos, que alcanzaron la edad adulta)“.
De esta partitura del checo destaca que “es una de sus obras más sentidas: genuina en su concepción y profundamente humana en su expresividad. Su doloroso punto de partida y el talento innato del compositor, la llenan de veracidad y de una naturalidad que no desborda los límites del decoro. De esta forma y sin perder un ápice de su eficacia comunicativa, la música enlaza el necesario carácter dramático de los versos, con un hondo y sencillo lirismo, que mantiene una llama de esperanza y contribuye a iluminar el extraordinario final“, y así entendieron todos los músicos sobre el escenario este Stabat Mater de Dvořák, veraz y natural sin desbordarse nadie en ningún momento desde el dominio del maestro So.
Buena entrada orquestal y del coro para el primer Stabat mater dolorosa (Andante con moto), orgánico en lo instrumental y empastado vocalmente con agudos algo tirantes pero de dinámicas amplias, reguladores trabajados y más tras la “Resurrección” del día anterior, musicalidad en las intervenciones vocales de sopranos y tenores mecidas por una orquesta que con el director chino parecen más presentes a la vista del mimo con que llevó la instrumentación, bien balanceada para matices extremos. Potente y sentida la entrada del tenor canario como también la de la soprano donostiarra, con el coro y orquesta compartiendo más que rivalizando este hermoso número, preparando al barítono asturiano de graves redondos revestido de sus compañeros solistas en el cuarteto.
El cuarteto Quis Est Homo (Andante sotenuto) hizo brillar a unos solistas solventes, de color y emisión idóneos en cada entrada: Zubillaga fraseando el latín con perfecta dicción, Peña sumándose en igualdad de condiciones, siempre acunados por una OSPA tan melódica como ellos, entrando Menéndez desde un grave rotundo antes de sobrevolar su agudo a las contestaciones de los dos anteriores y seguidamente Urbieta-Vega rematando un número sentido emocional y musicalmente, de empaste ideal muy difícil de encontrar, donde los metales sonaron cual órgano reforzado por una cuerda grave en unas texturas de excepción bien tejidas por So.
El coro Eja, Mater, fons amoris (Andante con moto) ejecutado por el coro local (que dirige el tolosarra Azurza) con corrección permitió disfrutar de presencia por lo nutrido y manteniendo gusto en su línea de canto, nuevamente apoyada por una orquesta que ayudó a la cuerda de bajos a empastar con el resto desde unas sopranos contenidas y seguras, matizadas desde un tempo que dejó escuchar la escritura vocal doblada y completada por una cuerda más madera idealizando este tercer número, algo similar al quinto Tui nati vulnerati (Andante con moto).
Otro placer escuchar el cuarto número con David Menéndez y el coro Fac, ut ardeat cor meum (Andante con moto quasi allegretto) por aplomo, seguridad, potencia y buen gusto en una voz lírica que brilla con luz propia desde hace años y en partituras sinfónicas como esta de Dvořák recreándose desde un color propio igualado en todo el registro con graves que ganan cada año sin perder el agudo siempre seguro y cálido, más el coro de voces blancas con órgano delicados arropando esta página, para unos metales y maderas que parecieron sonar como teclado de tímbrica celestial.
Gustavo Peña tuvo su protagonismo con el coro en el sexto número Fac me vere tecum elere (Andante con moto), contenidos en su canto para disfrutar del tenor bien arropado por la orquesta en ese registro poco cómodo que solventó sin problemas, de aire y matices ajustados por todos en una página realmente difícil y arriesgada.
El coro Virgo virginum praeclara (Largo) permitió lucirse nuevamente al coro de Azurza, matizado casi a capella con voces agudas afinadas y presentes, plenamente entonados y metidos de lleno en esta magna obra.
Otro de los momentos emotivos resultó el dúo femenino Fac, ut portem Christi mortem (Larghetto) por colorido, empaste y orquesta, luciéndose todos en un tiempo para el reposo que permite escuchar todo lo escrito desde el brillo de Urbieta y Zubillaga dando aún más luz pese al dramatismo del pasaje descrito con palabras engrandecidas por la música.
De nuevo emergió “la mezzo” como registro natural de graves coloridos para el Inflammatus et accensus (Andante maestoso), una Ainhoa Zubillaga que volvió a gustarme sin reparos, majestuoso el tiempo y el acompañamiento para saborear la agilidades nunca pesantes antes del final triunfal Quandus corpus morietur (Andante con moto) sentido por todos en un crescendo también emocional marcado por los solistas antes del tutti que coro, órgano y orquesta abrazaron para elevar a esperanza el dolor, vida en la muerte y música desde los sentimientos más profundos hasta el último “Amén” perdiéndose en un pianissimo arrebatador.
Perfecto colofón por obra e intérpretes a esta fiesta de la música en Bilbao, con el coro de Enrique Azurza al que sigo felicitando por el esfuerzo (y más entonado que en Mahler), cuatro solistas brillantes en solos, dúos y cuarteto y un maestro So que con solvencia contagió seguridad a todos dejando un Dvořák para el recuerdo, con un órgano real, una cuerda vibrante y un viento a ráfagas cálidas para un público entregado y los “vecinos” felices de esta musical “Marca Asturias” con Perry So-berbio al que la OSPA no debería dejar escapar esta vez.
Hacia las ocho de la tarde tomamos el camino de vuelta con la mochila cargada de sensaciones y otro fin de semana en Bilbao “con la música por chapela”… auténtica fiesta en el Euskalduna donde me caía la baba viendo el ambiente, familias, estudiantes, turistas de todas partes congeniando y compartiendo con músicos tantos momentos inolvidables. Apostar por la cultura marca diferencias, toda una inversión en futuro que cada año recoge beneficios para todos los gustos. Se hace difícil encajar conciertos ante la catarata de la oferta que crece en cada edición, pero como en un “buffet musical” los gustos son personales y la carta amplísima. Quedaron muchos y buenos conciertos de cámara por disfutar, conferencias y encuentros con artistas que hubieran redondeado este inicio de marzo. Las charlas entre aficionados y algunos músicos amigos antes, durante y después también enriquecen. Llegado a casa conocemos el tema de Musika-Música 2018: La música en el periodo de entreguerras, todo un desafío para programadores, intérpretes y melómanos que tenemos marcado este fin de semana en nuestro calendario musical.
Gracias por hacernos felices.

Marzo comienza en Bilbao

4 comentarios

La fiesta de la música que supone el macroevento o Festival “Musika-Música” organizado por la Fundación Bilbao 700 en el Palacio Euskalduna durante cuatro días es cita obligada para todo melómano que se precie y siempre que puedo acudo, pasando previamente por esa taquilla virtual donde además de realizar las gestiones y poner nosotros tiempo y papel, se nos cobran 0,90 € por ello, independientemente del precio (ya grabado con el abusivo 21% de IVA), por lo que mis 10 entradas por duplicado (hay que viajar siempre en compañía) les han supuesto 18€ de ganancia extra. Mejor no enfadarme pero por lo menos lo reflejo aquí. Los precios iban este año de los 12€ (auditorio) a los 4€, aunque normalmente abundan los de 6€ en las salas pequeñas, pero siempre hay actividades gratuitas una vez dentro del Euskalduna. La cafetería tiene “precios vascos” si bien alrededor hay oferta para todos los gustos y bolsillos. Como suele ser habitual, abundante presencia de turistas franceses por cercanía y disponibilidad, pero también de distintos puntos de nuestra geografía además de la excelente tradición musical vasca en general y bilbaina en particular, moviendo cada espectáculo verdaderas riadas de aficionados y familias de los estudiantes que dieron la talla como verdaderos profesionales.

Este año la “maratón musical” estuvo dedicado a la Bohemia, con todo lo que me supondrá escribir correctamente los nombres, aunque seguro que elegiré la opción “occidentalizada”, agrupando a cuatro compositores clave de esa zona: Gustav Mahler, Antonín Dvořák, Leoš Jánaček y Bedřich Smetana, participando  850 músicos en 75 conciertos y actividades como conferencias, encuentros con músicos o firmas de discos (este año “los del triángulo verde” pusieron su stand, supongo que con remordimiento al comprobar que en sus establecimientos la llamada música clásica sigue menguando en oferta), sin olvidar todo el personal del Euskalduna además de afinadores donde volví a encontrarme con mi querido Jesús Ángel Arévalo, habitual desde las primeras ediciones, al que veo más en Bilbao que en Oviedo.
Y si los números son de impacto, saber que hubo más de 30.000 espectadores, colocados carteles de completo en muchos conciertos (solo estaban numerados los del Auditorio) además de la oportunidad que tienen las formaciones de distintos conservatorios de actuar y asistir en vivo a muchos de los espectáculos ofertados, es toda una alegría y un oasis a tres horas de mi casa.
Para Bilbao supone seguir siendo capital cultural con todo el impacto económico que supone (hoteles llenos, bares, cafeterías, museos…) y el gasto revirtiendo en ingresos, pese a que los políticos solo vean números fríos y se plieguen a ¿órdenes europeas? de recortar, normalmente en cultura… No podemos esperar de nuestros dirigentes algo más de cultura pero podrían pasarse por estos eventos y comprobar en primera persona o a pie de escenario todo lo que se mueve, la vida fuera de los despachos, y especialmente sembrar para la gente joven pues el futuro para ellos no es precisamente halagüeño como sigan gobernando así… Pero mejor no sigo que me enfado y la fiesta continúa.

A la vista de semejante despliegue cuesta organizar nuestro “menú a la carta”, que en mi caso siguió unos criterios: Mahler porque además de gustarme especialmente, escuchar en tan breve lapso de tiempo cuatro sinfonías (, , -se ofertaba también en Oviedo- y ) además de los Kindertotenlieder, la “Canción de la Tierra” o las “Canciones del Caminante” son de por sí un hito, teniendo que “rechazar” varios Dvorak de referencia pero también cercanos en la amplia oferta asturiana (toco madera porque los recortes se anuncian como ¡ahorro!). Mi apuesta suele ser sinfónica, no solo apoyando a la OSPA (que ofreció tres conciertos) sino viendo el estado de otras formaciones nacionales pero también de esa Bohemia en la llamada Europa del Este, pero busco siempre un hueco para la música de cámara porque resulta la mejor escuela de compositores y público antes de las obras sinfónicas, encontrando algunas joyas que iremos comentando desde aquí. Dejo mi particular planning para que se hagan una idea, sumando la novedad de solaparse conciertos cuando en otras ediciones no coincidían y uno podía desechar menos (el bolsillo también mandaba).

La rapidez de twitter me permitió ir comentando sobre la marcha mis conciertos y algunas fotos, con la etiqueta (hastag dicen los “nativos digitales”) #MusikaMúsica2017, incluso interactuando con algunos de los intérpretes y hasta avanzando noticias de última hora. Todos los detalles los iré colocando en este blog con el título “Bohemia capital Bilbao” que dan más juego, si bien tuve el humor de cargar con una libreta e ir anotando detalles para las distintas entradas, que la memoria no es la de mis años mozos y hay mucho para contar.
Así que sin prisa pero sin pausa, subiremos detallados mis eventos de esta edición que básicamente puedo resumir en:
Mahler, siempre un seguro aunque el listón esté inalcanzable, pero cuyas obras superan interpretaciones “simplemente” notables; Dvořák más allá de sus sinfonías, la conjunción del oficio y la tradición en todos los campos; y un poco de Jánaček que siempre es mucho, esperando deje de ser una “rareza” en las programaciones, tanto sinfónicas como camerísticas, verdaderas joyas para disfrutar.

-Festival vocal pero sobre todo de mezzos, lógico con tanto Mahler (también me gustan con barítono, sobre todo en recital) y además con la cancelación para la “Resurrección” de Mª José Montiel (había levantado expectativas entre el público tras la inauguración del festival el jueves) me permitió disfrutar por partida doble a la donostiarra Ainhoa Zubillaga (en principio solo “la tenía” para el Stabat Mater dominical con lo que supone afrontar La Segunda de Mahler en estas circunstancias), calidad en todas las voces, algunas jóvenes, otras todavía formándose, varias con la agenda no tan completa como quisieran en esta España nuestra cada vez más empobrecida musicalmente (aunque sigamos exportando talento), pero especialmente el “descubrimiento” de la austriaca Hermine Haselböck en los Lieder eines fahrenden Gesellen con una orquesta (la Jánaček Philharmonic Orchestra Ostrava) y director (Heiko Mathias Förster) ideales para ese concierto.

-La constatación del nivel de unos solistas de talla internacional como la violista pamplonica Isabel Villanueva y la pianista donostiarra Judith Jáuregui que además nos trajo la presentación en España de la cellista francosuiza Nadège Rochat con un “Ex-Vatican Stradivarius” de 1703 prestado por la Academia de las Artes de Florencia bello en presencia y sonido capaz de emocionarnos en las manos de esta joven intérprete que le hace realmente cantar.
-De los asturianos citar al barítono David Menéndez en el buen cuarteto solista del Stabat Mater de Dvořák, además con “nuestra” OSPA, más los “primos hermanos” de la Sociedad Coral de Bilbao y un Perry So al frente que marcó diferencias. Los tres conciertos fueron exigentes, duros y muy trabajados por el chino que transmite no solo alegría sino profesionalidad, seguridad y por tanto calidad a la Orquesta del Principado que brilló con luz propia.

Quedan muchas entregas con fotos, detalles, mis comentarios de la agenda (no es La libreta colorá pero hace las veces) más una semana con piano, orquestas, distintas épocas para seguir este mes de marzo bastante completo antes de la Semana Santa. Y como en los viejos seriales radiofónicos, continuará…

Don Alfredo de la Roza, siempre

Deja un comentario

Martes 21 de febrero, 19:30 horas. Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo: XII Ciclo de Música Sacra “Alfredo de la Roza”. Mesa redonda en torno a Don Alfredo.
Doce años largos que mi querido Alfredo nos dejaba pero que su Escolanía San Salvador sigue manteniendo vivo en el recuerdo, no ya con este ciclo que lleva su nombre sino en el día a día y esperando que octubre sea el mes donde Oviedo tenga en su callejero a Alfredo de la Roza Campo (Santa Marina de Cuclillos, Siero, 5 de diciembre de 1925 – Oviedo, 31 de octubre de 2004).

José Luis, Sandúa, Ovín y Chema

Como novedad de la duodécima edición del ciclo se han incorporado las conferencias, una más académica sobre la Schola Cantorum del Seminario ovetense y esta mesa redonda que congregó a cuatro amigos, alumnos y compañeros en charla amigable, aunque muchísismos de los que asistimos también recordamos muchas de las anécdotas que fueron surgiendo desde la mesa. Ahí estaban José Luis Alonso Tuñón, párroco de San Isidoro que acogió a la Escolanía cuando la “desterraron” de la Catedral donde Alfredo era “Maestro de Capilla” pero sin ella, alumno y con los años amigo, pues el Maestro cercano acaba siendo amigo una vez pasada la dualidad docente-discente; José María Hevia, Chema para todos, sacerdote además de cantor y compañero quien supo aprender a entender los Salmos desde la música no ya escrita sino sentida mucho antes de rezarlos, también dando el paso casi lógico tratándose siempre de Alfredo. José Manuel Ovín De La Vega, otro componente de aquella increíble Schola, docente que “liberaba el dolor” de Alfredo al encargarse de los que por aquí decimos “de oreya dura” en el Seminario, incluso obligándoles a desfilar para comprobar que por lo menos ritmo tenían, anécdota recordada por José Luis, seguidor de esa escuela de dirección coral que Don Alfredo fue regando, impulsor también de los años dorados de una FECORA donde los cuadernos corales eran manuscritos dignos de imprenta, y tantas aventuras codo a codo. Y mi paisano Joaquín Sandúa, de escolano en Covadonga al Seminario de Oviedo bajo la tutela de Don Alfredo, compañero de andanzas en el Ochote Principado, también con amistades comunes, primero en la Escolanía San Salvador (a la que “recomendó” la nueva y actual sede tras el “destierro catedralicio”) y sobre todo durante aquellos brillantes años de la Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” con Benito Lauret desempolvando el archivo catedralicio, llevándolo al disco y realizando giras con una formación vocal realmente excelente en aquellos años.

Habría para muchas más mesas con Alfredo en el recuerdo, Don Alfredo como le llamaban en el ochote (que tranquilizaba al director y no a la inversa), su humildad, él lo llamaba antidivismo militante, como una de las cualidades más mencionadas, alumno muchos años de aquellos cursos de dirección coral en Cervera (Lérida) porque ser autodidacta también necesitaba reciclar e incluso tener una titulación que ni siquiera recogió: los viajes en su Lambretta y sotana que no eran lo mejor para recorrer monumentos que iba “descubriendo” por aquella geografía de los años cincuenta, con su otra pasión por el Arte y la Historia contada desde sus vivencias, porque los datos ya estaban en los libros. También el tertuliano en los conciertos del Campoamor o el Auditorio (como recordaba Ovín y aún pude disfrutarlo en muchos descansos), el amor y respeto por todo tipo de música, su afición por la tecnología atesorando grabaciones de su idolatrada “Radio 2” (hoy Radio Clásica), su participación siempre de buen educador ambientando el Seminario con música y fútbol los domingos… fotógrafo, cinéfilo, y todo lo novedoso para un hombre de mente abierta en unos tiempos difícil que con él no parecían tanto. Ciertamente Don Alfredo fue único, y apenas se habló del compositor y transcriptor de tanta música, aunque mi admirado Ángel Medina lo hace como nadie en su blog. Surgió una anécdota sobre una “Salve a 8 voces” que ni siquiera recordaba haber escrito y compuesta tras una estancia en Montserrat que le inspiró para poder ofrecerla en Covadonga con la Escolanía y la Schola del Seminario en una proeza coral por entonces (inicio de los años 50), como nos recordó “Sandu”.

También tengo mis anécdotas con Alfredo, algunas salieron a la luz pero quiero recordar la gracia que le hacían mis (malas) imitaciones de Chico Marx al piano durante los cursos de dirección coral de Covadonga allá por los inicios de los 80, o sus carcajadas con Les Luthiers, porque Alfredo siempre respetó “La Música”, sin etiquetas, pidiendo “los finales piano” aunque tuviese que finalizar con Axuntábense más para regocijo canoro que directorial. Sandúa decía que seguía esperando encontrárselo de nuevo, y es que si “La muerte no es el final“, el recuerdo y la escuela de vida que Alfredo de la Roza nos dejó a tantas generaciones, siempre seguirá vivo.
El viernes “su” Escolanía cerrará esta duodécima edición aunque no estaré para contarlo, pero me consta que tengo su permiso porque la integración social con la música que supone el proyecto Mosaico de Sonidos redime cualquier pecado.

¡Gracias amigo!

Older Entries