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Carta a SS.MM.

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Muy señores nuestros, si ustedes me permiten este correcto trato epistolario:
Como todavía me queda algo de inocencia (serán los años), lo único que les pido a Los Magos (lo de reyes sigo sin llevarlo bien por esta tendencia mía a La República) tras los pasados “Años Mahler” sin lograrlo, es poder escuchar en Asturias la Octava Sinfonía “De los Mil” con todas nuestras orquestas (OSPAOvFil, la Filarmónica de Asturias, la Universitaria ya renacida, la OCAS, nuestros coros (“El León de Oro”, grandes, chicas doradas y peques, igual que el de la Fundación Príncipe y también la Escolanía San Salvador…) con nuestros solistas, que tenemos un montón y de primera en mi querida Asturias donde elegir: Beatriz DíazElena Pérez HerreroAna Nebot, Mª José SuárezLola Casariego, Alejandro RoyDavid MenéndezMiguel Ángel ZapaterJuan Noval-Moro… (algunos “adoptados” o directamente de nuestra familia cordobesa).
Mantengo mi ilusión de tener a Pablo González como director de un acontecimiento que me copió Dudamel, al que le perdono casi todo… incluso que mi tocayu lo llevase a Barcelona en sus años como titular y seguro seguirá desde la OCRTVE.
Pablo González y Mahler .
Es la ilusión infantil en este día aunque tampoco quiero olvidarme de Forma Antiqva, para quienes vuelvo a pedir un Grammy clásico (se lo merecen, sobre todo los hermanos Zapico, que en 2019 siguieron “a tope” y haciendo historia siempre volando desde casa, esperando nuevo disco a pesar de su obligada mudanza de la capital).
También sigo recordando a mis queridos pianistas con la mierense nacida en la capital Carmen Yepes a la cabeza (trabajado duramente desde Madrid), sin olvidarme de Judith JáureguiDiego Fernández Magdaleno.
Mantengo ilusión y pido más composiciones de Rubén Díez, no sé si por fin la zarzuela marinera, ya que de Jorge Muñiz al fin llegó su Fuenteovejuna al Campoamor, y del siempre “redescubierto” Guillermo Martínez o de Gabriel Ordás me consta que este 2020 seguirán inspirados y en su línea de estrenos. De La Dama del Alba del incombustible Luis Vázquez del Fresno creo que alguna sorpresa tendremos para este año y llegue completa a escena.
Por no perder la esperanza pido para los llamados “gestores culturales” que se olviden de su crisis permanente, la intelectual que parece contagiosa como la gripe o las toses en los conciertos, y den mucho más trabajo a los de casa, no por patriotismos sino por calidad contrastada, incluso cambiar alguna vez de agencia de contratación… y sobre todo ¡no más recortes ni cierres!.
No sé si ya les han escrito pidiendo para mis jóvenes violinistas favoritos (Ignacio Rodríguez, y María Ovín aún en la OSPA) que van creciendo, para traerles mucho éxito en sus trabajos fuera o en casa, aunque yo me sumo a esos mismos deseos, y de lo pedido en años pasados faltaron muchas cosas (supongo que por pedigüeño) pero a mi edad no tengo freno, parece que me hizo la boca un diputado…
Para mi adorada Beatriz Díaz ya les escribiré otra carta porque se merece todo lo que traigan en 2020 y más. Además de darle las gracias de nuevo felicititándola por su incorporación de Beethoven al repertorio, y su vuelta a la zarzuela ovetense en junio (aunque espere más ópera en el Campoamor), espero le llegue pronto esa Mimí, a ser posible en el Teatro Real de Madrid aunque en Italia saben que es muy querida y Londres, Nueva York o Viena aún no se hayan enterado… pero Vds. lo saben por ser Magos.
Para la Ópera necesitaría otra carta de adulto, pero mi mamá dicen que ya está bien de pedir… al menos mantener ópera y zarzuela porque suprimir la gala de los Premios Líricos Campoamor sigue enfadándome y ya han recogido sus frutos otros. A todos mis amigos músicos repartidos por el mundo les mando siempre “MUCHO CUCHO®” antes de cada actuación, normalmente de vaca asturiana, y podría escribir una carta más detallada para tantos que tengo repartidos por el planeta (para que luego digan de la “maldición” ENTRE MÚSICOS TE VEAS).
Mientras tanto espero que la palabra corrupción desaparezca de nuestra cotidianidad y que las crisis, ya en plural, pasen hoja definitivamente y se olvide de la MÚSICA y de toda la CULTURA en general, donde “recortes” o “supresión” se escuche menos que “Cataluña” ¡lo qué ya es decir! para este año 2020 que acaba de nacer, aunque nuevamente parezcan estar “duros de oreja” (supongo que con el 155, tripartitos de tonada y demás “ocurrencies de oficalidá” no tendrán ni para un sonotone y la edad no perdone ni siquiera la Vox).
No quiero olvidarme de mi Ateneo Musical de Mieres del que me regalásteis su presidencia en junio de 2018, pidiendo la misma salud que en el recién finalizado 2019 (la Lotería no pedimos que toque), y mantengan la Banda Sinfónica dirigida por Antonio Cánovas a ese nivel de un año sin parar, llevando su música además del nombre de nuestra Villa lo más lejos posible.
A propósito, si pudieran dejarnos la música en la educación un poco más que ínfima y optativa, entonces tiraría fuegos artificiales… pero ya ven que no está entre las peticiones musicales, ni siquiera que algún día en “esta España nuestra” que cantaba la recordada Cecilia (no la Santa sino la Evangelina) se alcance un pacto de estado donde la educación sea inversión en vez de gasto y prime el menos común de los sentidos en vez de la partitocracia e independentismos que intentan reescribir la historia a base de tantos eufemismos que hasta a la mentira la llaman posverdad.
Gracias señores majos y Magos (de donde vengan y utilizando el transporte que tengan sin entrar en cabalgatas municipales de las que mejor no opinar) por seguir llenándonos de esperanza e ilusiones.
Pablito, 12 años.

 

Villancicos en Málaga

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Viernes 27 de diciembre, 20:15 horas. Málaga, Iglesia del Sagrado Corazón: “Concierto para La Paz. La Navidad en el Mundo”. Orquesta Promúsica y Coral Santa María de la Victoria. Directores: Javier Claudio Portales y José Eugenio Vicente.

Varias generaciones musicales de intérpretes y obras se dieron cita en la hermosa iglesia neogótica ubicada en la plaza de San Ignacio en un concierto de villancicos que sirvió para comprobar cómo la música navideña sigue vigente y más cuando se interpreta desde el corazón y con espíritu solidario.
La Orquesta Promúsica de Málaga es todo un proyecto formativo para instrumentistas de cuerda fundado en 2009 gracias a la propuesta y el impulso de la Fundación Musical de Málaga diseñado y dirigido por el violinista y pedagogo malagueño Javier Claudio, profesor de violín en el Conservatorio Superior de Música de la ciudad. tiene como objetivo ofrecer apoyo, formación y estímulo musical actualmente a cerca de un centenar de niños y jóvenes de 6 a 26 años. La característica más destacada del proyecto es que los alumnos mayores ayudan como voluntarios en la formación de los más pequeños, creando una imbricación muy especial entre todos. El Proyecto tiene tres jóvenes orquestas: Orquesta Infantil, Joven Orquesta y Orquesta de Cámara, que pudimos disfrutar en las dos partes del concierto.

Sería los más pequeños quienes abrirían la velada con cuatro obras adaptadas a su nivel y con dos directores que también son instrumentistas de la Orquesta de cámara de Promúsica, Beatriz Claudio (violonchelo) con la Polka “Bella Bocca” de Waldteufel, y Bass-icamente Navidad de Piertpont ambas en arreglos de Bob Phillips, una gozada el entendimiento entre los músicos y la complicidad además del trabajo en la segunda, con un “swing” sin percusión digno de elogio, y Guillermo de Alba (contrabajo) con The Village Bells (Brahms) y The Sound of a sound (R. Meyer), partituras bien elegidas donde a los fundamentos de la cuerda se unen capacidades básicas como el ritmo y sobre todo el humor en ese “juguete musical” de Richard Meyer. Bravo por los “peques” y unos directores que apuntan maneras además de la pedagogía necesaria para llevar adelante estas cuatro obras.

La Joven Orquesta ya con el maestro Portales nos dejaron por su parte unos arreglos muy conseguidos de tres “clásicos americanos” como Let it Snow! (Jule Stine), Mister Santa (Pat Ballard) que no es sino el conocido Mr. Sandman bien traído a la orquesta de cuerda, y el eterno Irving Berlin fusionado Happy Holiday y White Christmas en una adaptación muy lograda para la una orquesta de cuerda, finalizando con el público malagueño sintiéndose vienés y la Marcha Radetzky de Johann Strauss padre, las palmas en su sitio además de matizarlas.

La Coral Santa María de la Victoria fundada por el recientemente fallecido Padre Gámez en 1969, y bajo la dirección del pianista malagueño además de catedrático José Eugenio Vicente Téllez, mantiene su excelente nivel de homogeneidad, empaste, afinación y buen gusto, años de tradición que suman enteros para un coro con mucha historia en estos 50 años de trayectoria con relevos generacionales que continúan la calidad y musicalidad que Don Manuel les transmitió desde sus inicios.

La parte “a capella” desgranaría lo mejor del repertorio navideño comenzando con Oh qué precioso niño (Mozart), El mensaje de los ángeles (F. A. Gevaert) que muchos conocemos como “Gloria in excelsis Deo“, bien compensado en sus cuatro voces, el villancico malagueño Dime niño (armonizado por A. Pérez Moya), en tempo y aire “clásico” como era de esperar en la formación malacitana, el popular Chiquirritín (armonizado por Oriol Martí) jugando con diferentes aires y contrastes entre las cuerdas, el Villancico Cordobés (arreglo de Francisco Civil) que no es otro que “Hacia Belén va una burra” en una armonización bellísima, Campanas de Belén del recordado Manuel Gámez López (Fuengirola 1927 – Málaga 2019 ) a quien Málaga le debe mucho y en el mundo musical aún más, para finalizar con Es Navidad (Gevaert).

El cierre del concierto lo ofrecerían junto a la Orquesta de Cámara con la batuta del Maestro Portales en cuatro obras populares donde la cuerda y las voces (reubicadas en su colocación como la orquesta, es decir los graves juntos, a a derecha según los vemos) dieron el salto de calidad, pues lo sinfónico coral une lo mejor de las dos formaciones. Primero A Christmas Festival (Leroy Anderson), un popurrí de temas navideños que reconocemos por tantas películas y grabaciones, especialmente los que ya peinamos canas, siguiendo con la popular alemana O Tannembaum (“El abeto” aunque conocida como “Oh! Luz De Dios”) y el arreglo del padre Gámez sobre el universal Noche de Paz de Gruber.

Para concluir en todo lo alto nada mejor que Haendel y el Aleluya de “El Mesías” donde las voces se emplearon a fondo, bien todas las cuerdas con unos bajos redondos y unas sopranos seguras, más una orquesta madura donde no echamos de menos vientos ni percusión dejándonos una versión ideal que sería el broche de oro para este mi último concierto del año en mi querida Málaga.

P. D.: Gracias a mi querido amigo Manuel L. Oliver-Copons por la invitación y el reencuentro breve e intenso, siempre con la música como “disculpa” y el recuerdo a Don Antonio.

Todo y poco Beethoven

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Viernes 20 de diciembre, 20:30 horas. Málaga, Teatro Cervantes, Programa 06 Navidad: “Todo Beethoven”: Juan Barahona (piano), Beatriz Díaz (soprano), Anna Bonitatibus (mezzosoprano), Johannes Chum (Tenor), Werner Van Mechelen (Bajo), Coro de Ópera de Málaga (director: Salvador Vázquez), Orquesta Filarmónica de Málaga, Virginia Martínez (directora).

Comenzar las vacaciones malagueñas con un “Todo Beethoven” donde había tantos conocidos y no solo de la “tierrina” es todo un regalo anticipado, más con un programa doble comenzando con el probablemente menos escuchado de los cinco conciertos del genio de Bonn, el Concierto para piano y orquesta Nº 2 en Si bemol mayor, Op.19 con mi querido pianista Juan Barahona al que sigo casi desde sus inicios, con la orquesta local esta vez dirigida por la murciana Virginia Martínez, a quien vi dirigir a la OSPA en Oviedo varias veces, y este programa doble (jueves y viernes) al frente de esta formación malagueña que ha ganado enteros en los últimos años bajo la titularidad de Manuel Hernández-Silva.
De todas formas la interpretación de Juan Barahona estuvo muy por encima de la orquesta, casi luchando “contra ella”, aunque siempre encajase cada final de las cadencias a la perfección, pero no lo arropado que cabría esperar. El Allegro con brio lo marcó desde el piano con unos músicos “a remolque” mientras Barahona desgranaba con limpieza y buena pulsación estos aires aún clásicos. Lograda la sonoridad del Adagio
Rondo
con momentos de emotividad a cargo del solista y arriesgado el Molto Allegro donde nuevamente quien mandó en el tempo fue el pianista “asturiano” con una concertación atenta que no tuvo la respuesta deseada por parte de los músicos malagueños.
El mal sabor de boca nos lo quitó con la propina de las “Flores solitarias” (Escenas del bosque) de Schumann, intimísimo y delicadeza suprema capaz de acallar unas toses que no descansaron en todo el concierto.

La segunda parte nada menos que con la gran joya sinfónica de Beethoven, la Sinfonía Nº 9 en Re menor, Op. 125 “Coral”incorporando en el último movimiento cuatro solistas y coro cantando la “Oda a la alegría” de Schiller, convertida en Himno EuropeoJosé Antonio Cantón dice de ella en las notas así programa que “… redime la música por su virtud más íntima, y la llena hacia el arte universal del futuro“. Toda una prueba de fuego para los intérpretes, cuatro movimientos de una inmensidad, intensidad y variedad que marcarán el resto de la historia musical ya que “después de la novena no es posible progreso alguno, puesto que sólo la puede seguir directamente la consumada obra de arte del porvenir“. Cuarteto solista de tres voces ya conocidas por quien suscribe: la asturiana Beatriz Díaz, volviendo al Cervantes, que este año está debutando con éxito Beethoven, la italiana Anna Bonitatibus a quien la Primavera Barroca nos trajo a Oviedo hace siete años con un Rossini único y posteriormente una Agrippina mejorable, y el austriaco Johannes Chum tras su convincente Mime en el Sigfrido del Campoamor hace dos años, uniéndose el bajo belga Werner Van Mechelen.
Con el Coro de Ópera de Málaga que dirige Salvador Vázquez, y todos situados en el escenario, comenzaba titubeante y dubitativo el Allegro ma non troppo, un poco maestoso. No hubo química ni empaque en la formación malagueña, faltó la majestuosidad, cada sección parecía “ir a lo suyo” desde una madera sin cohesión hasta la cuerda sin tensión. Por momentos parecía que se remontaría el vuelo pero fueron espejismos, sin el cemento necesario para asegurar una construcción majestuosa que permaneció inestable. El Scherzo. Molto vivace – Presto volvió a mostrar las carencias de unidad a las que el gesto claro pero algo contenido de la directora murciana tampoco ayudó. Nuevas desconexiones y falta de implicación para un movimiento que pide tensión, contrastes sutiles y no a brochazos, sin delinear los motivos, manchas más que dibujos musicales. Y el bellísimo Adagio molto e cantabile, se fue cayendo, muriendo a medida que avanzaban los compases, sin ese “cantable” que reza el aire del tercer movimiento y una madera poco ligada, huérfana por momentos, deslavazada, nada entregada, un individualismo que solo conduce a lo vacuo y la inexpresividad.

El esperado final arrancó con la orquesta bajo una batuta de Virginia Martínez algo más “templada” pero como dice el refrán, “poco duró la alegría en casa del pobre”. Cierta rigidez en la murciana con gesto demasiado frío, izquierda ausente por momentos y escasa por no decir nula respuesta de la orquesta.
Los distintos tiempos que van surgiendo en el último movimiento (Presto – Allegro assai; Allegro molto assai (Alla marcia); Andante maestoso – Adagio ma non troppo, ma divoto – Allegro energico, sempre ben marcato – Allegro ma non tanto – Prestissmo) fueron sucediéndose sin pasión sinfónica, sin energía ni musicalidad solo salvada por el cuarteto solista, desde la primera intervención del bajo-barítono Van Mehelen algo “tocado” por alguna afección pero poniendo toda la carne en el asador, dicción perfecta, fraseo correcto y entrega, al igual que el tenor Chum, de suficiente volumen y buen empaste con su compañero.
La pareja femenina se decantó a favor de la soprano asturiana, sobrada de registro y color homogéneo que por momentos tapó a la mezzo italiana, sin perder nunca la musicalidad de su breve pero exigente intervención, tanto en los dúos como en el conjunto donde el brillo, frescura y tesitura de Beatriz Díaz sobrevoló cual flautín sobre una masa sonora que no pudo con ella.
Todo con una orquesta que nunca bajó las dinámicas y mantuvo la falta de balance entre sus secciones, con unos timbales demasiado presentes en relación al resto y no siempre “a tempo”. Si las partes solistas son cortas pero exigentes, para el coro es una verdadera maratón que se solventó con fuerza excesiva ante el desequilibrio con la orquesta, uniéndose una falta de legado en la línea melódica optando por marcarlo como los instrumentos y dejando un silabeo entrecortado que nos impidió saborear este último movimiento. Hubo momentos rozando el peligro en las sopranos, manteniéndose en la cuerda floja, mientras los graves aguantaron el tipo. Dentro de la mediocridad al menos los cuatro solistas cumplieron por encima del resto.

Tras el discurso político del alcalde Francisco de la Torre, melómano reconocido que volvió a prometer un auditorio para Málaga (espero verlo algún día), todos volvieron a escena para cantar con el público Noche de Paz, cuya partitura se incluía en el programa, aunque solamente se hiciese dos veces la primera estrofa). Casi las once de la noche para un concierto esperado donde mis conocidos no defraudaron ante la falta de química entre la orquesta y el resto.

De lectura obligada

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No suelo comentar en el blog las novedades editoriales, pues ya hay excelentes especialistas en ello y soy un mero aprendiz en este tema, aunque es raro el mes que no aumenta mi biblioteca, desde revistas musicales a las que estoy suscrito hace años hasta publicaciones puntuales o reediciones que siempre ayudan a comprender las grandes obras musicales junto a la práctica docente diaria.
Desde mi experiencia de casi 33 años (y aún me quedan otros dos años antes de jubilarme si no vuelven a cambiar las leyes), estamos aprendiendo continuamente, retroalimentándonos de nuestro alumnado y acudiendo a cuanto tengamos a mano para seguir formándonos.
Mi admirada Isabel Villagar ha sacado un nuevo libro, casi complementario de su “Guía práctica para cantar” y “Guía práctica para cantar en un coro“, donde vuelve a unir su larga experiencia en el terreno vocal y docente de reconocido prestigio internacional. “Cómo enseñar a cantar a niños y adolescentes” de la colección Taller de Música en la editorial Redbook (Libros de Ma Non Troppo) está a la venta en distintas plataformas, sin olvidar la versión digital, y no estaría de más regalarlo en estas fechas, aprovechando unas merecidas vacaciones docentes y continuando ese eterno proceso del refrán “muriendo y aprendiendo”.

A los profes nuestra compañera Isabel ya nos ayuda desde su blog “La brújula del canto” (de donde he sacado las ilustraciones de esta entrada), desde la que nos viene dando consejos útiles en vídeos y entradas de lo más aprovechables, y ahora con esta nueva publicación, casi diría que enciclopédica, abarca todo el desarrollo vocal desde el nacimiento, aunque parezca nimio pero no lo sea, pasando por la niñez hasta la pubertad, a lo largo de sus 208 páginas con una excelente y amplísima bibliografía, tanto de libros como de artículos y documentos electrónicos, para los que queramos profundizar aún más, pero orientado tanto a las familias -el primer paso siempre es decisivo- como a maestros, profesores, educadores musicales, sin olvidarse de los directores de coro, aportando no solo las características evolutivas y la maduración del único instrumento universal al que un mal uso puede hacerlo impracticable y sin reparación posible.

Este libro acaba con muchos mitos, como el de que cantar es solo para aquellos que poseen esa habilidad innata y que los que la tienen no necesitan ayuda, o informaciones erróneas que suelen abundar en este mundo digital. Un placer leer este libro, mucho más que un manual, desde un estudio minucioso y detallado pero siempre ameno, que en el caso de los profesores de secundaria nos viene especialmente bien para esa difícil etapa de la muda de voz, sin olvidarse tampoco de los factores psicológicos (pues se enfoca desde los planos físico, afectivo y mental), el contexto emocional tan necesario en todos los ámbitos y especialmente en la educación musical.
Estructurado en seis grandes capítulos o bloques, muchos detallados hasta el máximo, y como el propio subtítulo aclara, tenemos Fundamentos técnicos y pedagógicos de la voz cantada, lo que nos viene genial, recordarnos el desarrollo de la voz, la pedagogía del canto en la infancia (primera hasta los 6 años, segunda de 6 a 12 años) y especialmente la adolescencia (todo el capítulo 5), periodo crítico que no siempre entendemos ni se nos explica con la claridad con la que Isabel lo hace para mis colegas de Secundaria entre los que me incluyo, desarrollado en seis fases, diferenciando chicos y chicas -que casi nunca recordamos las enormes diferencias-, así como el capítulo dedicado a la clase de canto enfocándolo desde todas las perspectivas: la estructura de la clase, el profesor, la evaluación inicial, objetivos, repertorio (verdadera fuente de información actualizada y variada), sin olvidar cada uno de los detalles que los docentes tenemos en nuestras programaciones pero que el conocimiento y la práctica que nuestra colega atesora en su dilatada trayectoria, esperando siga muchos años más, lo que nos enriquecerá a todos.
Quiero destacar la excelente maquetación con gráficos, anotaciones destacadas, consejos, y la ingente cantidad de ejercicios y actividades que solo el magisterio y experiencia de Villagar puede compartir con todos nosotros, alumnos de todas las edades con ansias de seguir aprendiendo. Las dos páginas de agradecimientos demuestran la grandeza de nuestra profesora desde la humildad y el cariño hacia todos los nombres propios que aparecen.
Quien canta su mal espanta“, pero al menos cantemos correctamente porque además de ser saludable nos ayudará a ser felices como otro dicho: “La música siempre es indicio de regocijo y fiestas“.

Grandiosa sobriedad

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Jueves 2 de mayo, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo. Orquesta Barroca de Friburgo, RIAS Kammerchor, René Jacobs (director), Polina Pastirchak (soprano), Sophie Harmsen (mezzo), Steve Davislim (tenor), Johannes Weisser (bajo). Beethoven: Missa Solemnis en re mayor, op. 123.

Crítica para La Nueva España del sábado 4 con los añadidos de links (siempre enriquecedores y a ser posibles con los mismos intérpretes en el caso de las obras), fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

Escuchar una de las últimas obras de Beethoven con la Orquesta Barroca de Friburgo, el coro de cámara berlinés y René Jacobs dirigiendo es un lujo al alcance de pocas ciudades en una gira donde Oviedo sigue estando en el mapa junto a Colonia, Amsterdam, París o Berlín, por eso la llamo “La Viena del Norte” español.
Todo muy cuidado, en su sitio: coro de sopranos y bajos enfrentados a contraltos y bajos, el órgano positivo frente al director, un cuarteto solista homogéneo, empastado, cantando “a media voz” bien proyectada, manteniendo la tensión desde un bloque sonoro junto a esta orquesta “historicista” ubicada en diferentes niveles, con tímbricas únicas, sobrias, sin estridencias desde la contención, con cierta aureola grisácea que nunca explota al blanco impoluto.

Esta última misa de Beethoven sonó a gran sinfonía vocal con trama litúrgica en latín, música casi siempre al servicio del texto de maravillosa escritura inimitable, única a la par que confesión de fe y revelación espiritual del sordo genial. Sin sobresaltos, desde la contención en todos y un equilibrio de dinámicas asombroso (“puesta en escena” de auténtica ceremonia musical inexplicablemente rota por el descanso tras el Credo), Jacobs ofició un continuo crescendo emocional en los cinco números, paladeando la excelencia del coro, de los jóvenes solistas, de unos metales aterciopelados y madera cantante, más una cuerda siempre en su sitio, afinada y presente incluso con el solo de la concertino flotando sobre unas texturas impecables llenas de claroscuros textuales, cambios de aire resolutivos y primeros planos nítidos.

Kyrie interiorizado, Gloria luminoso, Credo primer hito del ideario de Jacobs, Sanctus abriendo el cielo y Agnus Dei sublimando una sobriedad grandiosa sin fisuras, luz puesta por el coro y sobremanera el cuarteto solista, perfectos en contención antes de la explosión total y global. Los aplausos generosos rubricaron el éxito de esta misa redentora.

Resurrección vocal

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Domingo 21 de abril, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de cámara: La Castalia, Concierto de clausura, curso de Repertorio Vocal. Manuel Burgueras (piano), Begoña García-Tamargo (directora artística y profesora de canto).

No hay vacaciones para la formación y La Castalia volvió a reunir jóvenes talentos que dentro de nada, como recordaba en las pasadas Jornadas Culturales del Conservatorio de Oviedo, podremos presumir de haberlos visto comenzar en el siempre difícil mundo de la lírica y además en nuestra tierra. Valores en alza a los que sigo desde sus primeros pasos y descubrimientos que habremos de seguir muy de cerca.

Quiero dar las gracias al esfuerzo no ya de estas voces sino de La Castalia con el tándem indestructible que forman Burgueras y García-Tamargo para continuar apoyando estos cursos tan necesarios para el canto, la siempre complicada tarea de encontrar el repertorio adecuado a cada alumno, distintos caracteres, cualidades, colores, valores, y este Domingo de Resurrección volvieron a dar en el clavo, incluso con los invitados y habituales colaboradores. Ligeros cambios en el programa que iré comentando a continuación.

La Escuela de Música Divertimento de Oviedo lleva décadas trabajando en la formación musical de los jóvenes y no han olvidado los coros que siguen triunfado allá donde actúan, comenzando por el coro infantil que participa en la escena ovetense, caso de la última Carmen (Bizet) y el conocido Choeur des gamins con puesta en escena y la dirección de Cristina Langa más el piano de Marcos Suárez. Maravilloso grupo afinado, simpático, profesionalidad increíble que hizo las delicias del público que casi llena la sala de cámara.

A continuación tomaron el relevo las chicas del Coro Arsis con la Habanera divina de M. Massotti Littel y el difícil Bring me Little water, Silvy “a capella” incluyendo la percusión corporal rítmicamente complicada pero solventada nuevamente con calidades indescriptibles para unas jóvenes para quienes la música forma parte de su vida, ocio y educación siempre de la mano. Bravo por ellas.

Llegó el turno solista con voces conocidas y el piano del maestro Burgueras, responsable de que todas dieran lo mejor en cada partitura, primero la soprano Almudena Sanz con tres obras donde fue ganando confianza para una voz natural que va ganando color en cada curso: la conocida canción de cuna de Brahms (Wiegenlied), la Canción de las dos noches de Antón García Abril y otro estreno del joven Ignacio Fernández, Namárië quien vuelve a regalar a La Castalia una página de bella melodía y piano bien escrita, lenta y romántica para la voz de Almudena.

Se presentaba el tenor Adrián Ribeiro que comienza el grado superior de canto, una voz que diríamos con cuerpo en busca del repertorio apropiado. Con el barroco aún le cuestan las difíciles agilidades, caso del Vittoria, vittoria de G. Carissimi, pero en cuanto gane en matices será un tenor prometedor que con Tosti demostró bravura, potencia sobrada que irá domando, afinado y homogéneo de color Malia y L’ultima canzone dieron muestras de estas cualidades.

Conocida la soprano Canela García que va asegurando la afinación y ganando en confianza y escena,  algo rígida en el Jerusalem del “Paulus” (Mendelssohn) pero con Turina y El Fantasma le vino mucho mejor por carácter y graves con cuerpo más color homogéneo, rematando con Lágrimas mías de “El anillo de hierro” (M. Marqués), excelentes y encontrando el repertorio ideal a una voz con sello propio que mejora en cada curso.

La jovencísima soprano Janeth Zúñiga nos asombró con Mozart, primero Das Veilchen y a continuación Ruhe sanf, mein joldes Leben de “Zaide“, su voz crece y la mejoría es increíble, cual flauta limpia y afinación segura para el “traidor y engañoso” Mozart, con un semblante que ayuda y una promesa segura con un repertorio que le ayuda a ampliar registros. De Kirke Mechem y su Fair Robin I Love de “Tartufo“, un vals que supuso otro acierto en la elección de repertorio redondeó una más que digna actuación.

El tenor Adrián Begega es también de los conocidos y habituales en estos cursos, con un timbre bello, de amplios matices y que se encuentra cómodo con los franceses, un repertorio bueno para su voz como demostró con las dos páginas de Fauré En Sourdine y Aurore más H. Duparc y Phidylé. Me agrada comprobar la evolución y que vaya encontrando su camino.

La mezzo María Heres es apuesta segura, impecable en cualquier obra por una voz que transmite todo lo que canta aunque el barroco parece pensado para ella y dominando idiomas. Tras comenzar con Les Berceaux de Fauré pasó al inglés Take, o take those lips away de R. Quilter para terminar su actuación con la bellísima Cantata Profana (Adagio-Lento-Allegro) “piango, gemo  sospiro” de Vivaldi en el arreglo que Félix Lavilla dedicase a Victoria de los Ángeles, buenos espejos donde mirarse tanto la cantante asturiana como el pianismo del maestro Burgueras, un dúo de altura para este concierto.

Solo uno de los dúos previstos de Le Nozze di Figaro (Mozart) con el compositor Ignacio Fernández al piano: el recitativo Tutto ancor non ho perso y el “duettino” Via resti servita, madama brillante a cargo de Almudena Sanz como Sussana y Canela García Marcellina, dos sopranos diferentes que empastan bien además de empatizar pese a afinación mejorable en la primera, pero bien elegido para ambas aumentando repertorio operístico en el siempre “traicionero Mozart” que vocalmente resulta ideal en estos años iniciales.

El trío formado por Gabriel Ordás (violín), Jorge Diego Fernández (viola) y Santiago Ruiz de la Peña (violonchelo) pusieron el broche de oro con el Trío para cuerdas de Jean Françaix, cuatro movimientos de encajes complicados con los que demostraron el buen trabajo y tiempo dedicado a formar un “ente único” como es el trío, la música de cámara que tanto ayuda en la captación de formaciones y públicos para una partitura exigente que interpretaron con madurez, buen sonido, entendimiento entre ellos y “chapeau” por ellos. Un buen Domingo de Resurrección musical gracias a La Castalia.

Mozart y Haydn bien valen una misa

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Martes 16 de abril, 20:30 horas: San Isidoro El Real, Oviedo. Concierto: Un Clasicismo sacro: “Mozart y Haydn alla breve“.

En plena semana de Pasión la música en vivo no podía faltar y volvíamos a llenar el templo barroco de la plaza de la Constitución, la del Ayuntamiento ovetense, tras el “pago” de la Misa previa para encontrar asiento en un concierto con músicos de casa, bien avenidos como son el coro Amicorum Musicae que dirige Julia Fernández González, un grupo de cuerda de la Orquesta de la Universidad de Oviedo con Carla Martín Fernández de concertino, y el organista Emilio Huerta Villanueva, todos bajo la dirección de Amaro González de Mesa, a quien conozco desde sus años de estudiante de canto y ahora dirige el Coro de la Universidad de Alcalá, donde repetirán este programa el 11 de mayo, así como la Sociedad Coral “Excelentia” de Madrid. De todos ellos dejo escaneadas biografías así como las notas al programa de la Dra. María Sanhuesa Fonseca, perfectas para una mejor comprensión de las obras elegidas para este martes santo que continúan ampliando el repertorio del coro asturiano.

Obras “breves” pero intensas, muchas conocidas, comenzando por Mozart y terminando con Haydn, dos clásicos que eligieron el latín como idioma sacro salvo la inicial con el coro “a capella” God is our Refuge and Strength, KV 20 , obra de corta duración ideal para calentar voces, mostrando la supremacía femenina pero equilibrada con las voces graves antes de proseguir ya con los instrumentistas Santa Maria, mater Dei, KV 273, formación original y página bien interpretada por todos al igual que Alma Dei Creatoris, KV 277 donde intervinieron dos solistas del propio coro no indicados en el programa pero con buena afinación y proyección a lo que ayudó la propia acústica de San Isidoro que multiplica no solo las voces sino al sexteto de cuerda y un órgano eléctrico reforzando graves, redondeando esta alegre página del genio austríaco.

El conocido Ave verum corpus KV 618 se inició hasta tres veces por “discrepancias” entre coro e instrumentistas en cuanto a entradas y tempo, pero ya arrancado nos dejó una buena versión aunque personalmente falta de más matices. Otro tanto en cuanto a dinámicas algo exageradas fue el exitoso Lacrimosa del inacabado Requiem KV 626, ambos bisados al final del concierto, esta vez más “contenidos” y ya rodados tras el concierto al completo. Entre ambas otra de las páginas sacras de Mozart que no suelen faltar en las ceremonias como el Laudate Dominum, (de las Vesperae Solennes de Confessore, KV 339) con Lucía García Fernández, soprano del coro a quien se la escuchó perfectamente afinada y “ensamblada” con todo el conjunto, algo bajo de volumen el órgano, pero bien llevado globalmente por Amaro González en esta digna selección de las obras del genio de Salzburgo que van desde las tempranas hasta esa cumbre que es el réquiem y donde el grupo instrumental resultó más que suficiente para unas versiones muy dignas.

Tras una breve pausa para cambiar papeles y descansar pudimos escuchar a Haydn y su Missa brevis Sancti Joannis de Deo in B, Hob. XXII/7 hermosísima, de nuevo con Lucía García de solista en el Benedictus, un ordinario de la misa corta pero intensa, obra clásica de “papá Haydn” por su escritura característica, y donde los universitarios junto al organista de Pola de Siero dieron la talla en cuanto a buen gusto y musicalidad; Amicorum Musicae demostraron el porqué de su nombre, amigos de la música que siguen ofreciendo estos conciertos donde alternan éxitos y páginas menos escuchadas con distintos directores, esta vez González de Mesa, con quien ya trabajaron anteriormente.

Semana santa de vacaciones para unos, trabajo para otros, recogimiento y disfrute siempre con la música protagonista que seguirá siendo protagonista como el resto del año.

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