Inicio

Sobria y elegante Luisa Fernanda

Deja un comentario

Jueves 20 de junio, 20:00 horas. Teatro Campoamor, XXVI Festival de Teatro Lírico Español: Luisa Fernanda, comedia lírica en tres actos  (música de Federico Moreno Torroba, libreto de Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw).

Producción del Teatro Real con dirección musical de Óliver Díaz y escena de Emilio Sagi.

Último título de la segunda temporada española con lleno en el Campoamor apostando sobre seguro, tanto por la zarzuela elegida, que muchos conocemos desde nuestra infancia, como por la escenografía de Sagi que nunca pasará de moda por su elegancia y sobriedad, sumando un elenco vocal de altura para redondear un éxito que se esperaba como agua de junio (no dejó de llover y el frío era otoñal más que víspera de la entrada del verano).

El propio Emilio nos deja una introducción en el programa de mano de la que quiero resaltar cómo entiende a los personajes: “… son burgueses, discuten de política. Hablando más directamente (…) hay que decir que Luisa es una mujer educada, culta, y que Vidal es un hombre extremeño, rico, cosmopolita, y nunca un “paleto”, que conoce bien a las mujeres: en su duetto con la Duquesa Carolina,
él sabe muy bien cómo «dar caña» a esta aristócrata
“, y la elección de las voces protagonistas resultó ideal, comenzando con el barítono tarraconense Ángel Órdena que cuajó un Vidal Hernando convincente, algo menor en la media voz, pero dando credibilidad a su protagonista tanto cantando como en el siempre difícil verso hablado que proyectó sin problemas. Emoción sincera en Luché la fe por el triunfo, y de menos a más en el coro de los vareadores. La otra triunfadora fue la soprano navarra Sabina Puértolas como la Duquesa Carolina, elegancia en estado puro, timbre perfecto y musicalidad arrolladora dejándonos dos maravillosos dúos: el Caballero del alto plumero. y Para comprar a un hombre. El contrapeso femenino la Luisa Fernanda en la voz de la soprano Davinia Rodríguez, papel complicado y exigente, más de mezzo por una extensión de agudos amplios hasta los difíciles graves, pero resolviendo bien sus dúos con Vidal En Mi tierra extremeña, y el último con Javier Cállate corazón, empastando sin problemas en el resto de números, siendo las partes habladas las menos convincentes aunque igualmente válidas, pues no debemos olvidar que el texto es el origen de la zarzuela aunque los melómanos nos quedemos solo con la música.
El cuarteto protagonista lo completaría el portorriqueño madrileño Joel Prieto como Javier, un tenor prometedor, comenzando algo nervioso y titubeante en De este apacible rincón de Madrid pero que iría creciendo con la representación en los números que tantas veces hemos escuchado a los grandes. Su timbre es bello, aún necesita ganar cuerpo, y se fue ganando al respetable.

Hubo varias voces asturianas que dieron la redondez necesaria a esta maravillosa partitura, la soprano Ana Nebot como Rosita, segura sobre las tablas y de emisión clara, la mezzo María José Suárez como Doña Mariana que se mete siempre al público en el bolsillo en cada actuación, completa en canto y habla, y el siempre esperado Saboyano del tenor Juan Noval-Moro, entrando marcialmente en escena con una de las melodías más tarareadas de mi adolescencia.

Menos presencia pero igual de importante y solvente la de Manel Esteve como Luis Nogales junto al resto del elenco vocal en personajes que por menores no dejan de tener su peso y calidad para mantener un equilibrio vocal, y donde también tuvieron presencia siete componentes de la Capilla Polifónica “Ciiudad de Oviedo”, indicativo de la necesaria calidad citada y experiencia del coro dirigido por Pablo Moras, que además completaron como es habitual, una actuación muy digna pese a las dificultades que conlleva cantar fuera de escena varios números además de la conocida Mazurka de las sombrillas que supuso uno de los momentos álgidos de la representación a nivel vocal y visual por parte de todos.
No faltó el ballet, siempre bello y vistoso, más la niña Amelia Álvarez que todos mimaron en escena, desenvolviéndose con una soltura envidiable.

El máximo responsable musical el asturiano Óliver Díaz volvió a demostrar que es una de las grandes batutas del momento y el mejor defensor de nuestra Zarzuela. Sin perder detalle mantuvo las dinámicas precisas para favorecer las voces, la Oviedo Filarmonía sonó compacta y segura con intervenciones maravillosas del arpa y el concertino en esta recta final de temporada donde ha crecido exponencialmente, sonando la maravillosa música del maestro Moreno Torroba como hacía tiempo no escuchaba.

Y de nuestros ilustres asturianos, el tándem Emilio Sagi con el vestuario de Pepa Ojanguren solo caben elogios para esta producción de líneas puras y colores cálidos, con la iluminación siempre cálida de Eduardo Bravo y coreografía de Nuria Castejón.

Titulo esta entrada con los calificativos de sobria y elegante porque es la tónica, con el detalle de “inventar una maqueta de Madrid y situarla a un lado del escenario, reciclándola como decorado campestre cuando la historia se mueve a Extremadura” con un paño sobre el que las bailarinas colocan unas encinas, la grande que preside el tercer acto, los distintos planos que nunca dan sensación de muchedumbre y sobre todo esos efectos visuales de sombras, luces que dan una plasticidad a la acción bellísimas por su sencillez en esta “historia de sentimientos” perfectamente reflejados por las voces bien elegidas con un “final abierto, sin dar una solución clara a este asunto” de amores y lealtades en ese ambiente con claro marco político de enfrentamiento entre realistas y revolucionarios resuelto con una puesta en escena impecable y unas voces convincentes.

Oviedo quiere zarzuela, de la grande, con títulos y voces de calidad que pongan nuestro género al mismo nivel que la ópera, con más funciones para llegar a un público que ama y entiende esta música como propia. Ya estamos esperando la vigesimoséptima edición de un festival completamente integrado en la vida cultural de “La Viena del Norte”, aunque siempre nos queda la calle Jovellanos de Madrid, asturiana e ilustrada. Viva la Zarzuela con mayúsculas.

Doña Paquita de Pasqual

Deja un comentario

Miércoles 29 de mayo, 20:00 horas. Teatro de la Zarzuela, Madrid; retransmisión en vivo (desde los canales propios del teatro en Facebook, YouTube y Web): Doña Francisquita (música de Amadeo Vives, texto de Federico Romero y Guillermo Fernández Shaw inspirada en “La discreta enamorada” de Lope de Vega). Adaptación de Lluis Pasqual. Fotos ©TeatroDeLaZarzuela (capturas de pantalla de la emisión).

Desde sus orígenes la escena siempre ha sido objeto de visiones distintas con un mismo original. Teatro y Lírica forman parte de ello y hace años que los directores de escena y dramaturgos han querido revisar, actualizar o versionar con distinto criterio muchas obras maestras. En el caso de la ópera aún tengo mi primer recuerdo de Peter Sellars con un Cossì mozartiano ambientado en el “Despina’s caffe” o más recientemente una Bohème de Damiano Michieletto con la Netrebko, Beczala y sus amigos “yonkis”, escenografías que comenzarían a romper moldes en aquella recordada Traviata de Salzburgo con Villazón firmada por Willy Decker, sin olvidarme de los muchos Elisir solo citando DVDs que tengo en casa. De las muchas “actualizaciones” que han pasado por el Campoamor tengo buen recuerdo de unos Diálogos de Carmelitas de Carsen increíbles frente a la época de balnearios, albornoces y toallas (probablemente portuguesas) pero también el Sagi que ambientó en Llanes el archirrepresentado Elisir amén de las óperas barrocas que continúan la línea escénica en boga.

A nuestra zarzuela también ha llegado este interés por las “revisiones” con mayor o menor acierto, pues Calixto Bieito o La Fura resultan habitualmente “taquilleros” además de controvertidos por desvirtuar la acción original (como en tantas óperas), encumbrando a los directores de escena como los divos actuales, obligando a actuar en condiciones antinaturales para cualquier cantante, buscando más la visión estética que la musical, primando la belleza de cantantes más que su voz, una tiranía en la sociedad del placer. No tengo buenos recuerdos en algunos montajes finalizando con un Sobre Verde que sobraba, y en cambio la última Africana presentada por Joan Font resultaba por lo menos respetuosa desde lo actual. Hay que reconocer que los escándalos y las críticas negativas se hacen virales, ayudan a llevar más público, unos por morbo, otros para comprobar y a veces corroborar lo leído, pero los que se estrenen me preocupa se lleven una visión parcial de grandes obras musicales donde la escena sigue ocupando tres cuartas partes de las críticas.

Mi generación creció con el audio (radio, vinilos, cassettes y CD), y tras la llegada de la televisión y el vídeo (luego el LaserDisc, el DVD o el BlueRay) supuso un avance al acercarnos la otra mitad tan importante como la música: la escena. La llamada “era de internet” es la última revolución que en el acceso a la lírica en general supone “universalizar”, pero no siempre con la calidad deseada, aunque siempre con excepciones y la controversia siga vigente.

Toda esta introducción viene a cuento por la última producción del Teatro de la Zarzuela coproducida con el Liceu barcelonés y la ópera de Lausanne de Doña Francisquita y música del maestro Vives y un elenco de primeras figuras que con una excelente realización en directo (que disfruté en el televisor) y una toma de sonido impecable, hicieron llegar a todo el mundo (twitter echaba humo) esta joya de nuestro género por excelencia que llegaba con mucha polémica previa no siempre educada y perdiendo el respeto por quienes trabajan en ella, con mucho dinero invertido en vestuario, luces, atrezzo, escena y todo el personal. Si es gratis apagamos en caso de que no guste, si pagamos podemos no aplaudir, pedir la hoja de reclamaciones (porque quien paga tiene derecho a protestar), aportar opiniones razonadas siempre discutibles (el debate mantiene la mente despejada) e incluso silbar o patear al final del aria, romanza o toda la función (he vivido algunos momentos así con cantantes y últimamente más con las escenografías, lanzamiento de zapato incluido), pero nunca faltar al respeto, algo que tristemente se está dando en nuestra sociedad de la que la zarzuela o la ópera tampoco se escapan, fiel reflejo de estos tiempos, y que la zarzuela siempre criticó por ser algo vivo, irrepetible cada día.

Vuelven los tiempos de los escándalos por Jesucristo Superstar, el desnudo de Victoria Vera en Equus y los mal llamados conservadores que enarbolan la bandera de su moralidad y pensamiento único. Tendremos que recuperar aquel espíritu de libertad y de buenos modales que se han perdido.

Lluis Pasqual, como tantos otros, decide cambiar la acción original de Doña Francisquita del Madrid que arrancaba el pasado siglo, a tres momentos en cada acto (1934 grabando un disco, 1964 en aquella televisión del UHF que en la actualidad parece estar en las madrugadas o madrugando, y un ensayo general de nuestros días), teniendo que introducir al narrador que nos explique su personal visión con textos propios (genialmente interpretado por Gonzalo de Castro) y centrarnos en un argumento perdido con escenografía y bellísimo vestuario de Alejandro Andújar, aunque también hay crítica propia de estas “actualizaciones” por parte de Doña Francisca, que la asturiana Mª José Suárez bordó en cada intervención (seguro que también lleva más de cuarenta representaciones). De los tres actos el segundo me pareció el más logrado.

Las voces principales estuvieron a la altura esperada: Sabina Puértolas (Doña Francisquita) en un rol debutado sin problemas aunque le queda “hacerse con él”, e Ismael Jordi (Fernando) que está en un momento álgido de rotundidad vocal aunque sigamos recordando al irrepetible Alfredo Kraus (dedicatario de este título). Los dos lucieron en las romanzas y nos dejaron unos dúos impecables.

No se quedaron atrás Ana Ibarra (Aurora), para mí la verdadera triunfadora de la noche en una complicada partitura que defendió con calidad y belleza a “La Beltrana”, más Vicenç Esteve (Cardona), junto a un excelente Santos Ariño (Don Matías).

El cuerpo de baile lució y se lució más allá del esperado Fandango donde la incombustible Lucero Tena volvió a brillar como la figura mundial que es con las castañuelas (el público verdaderamente la aclamó), si bien no entendí que se repitiera, no era un bis, con ella sentada, dentro de esa idea de ambientar como ensayo el último acto.

El coro titular que dirige Antonio Fauró ayudó a completar una escena variada y variable (sentados todo el primer acto) pero perfectamente empastados y con los protagonismos esperados, sumando al conjunto desde su calidad habitual.

Redondearon la música la Orquesta de la Comunidad de Madrid y el titular Óliver Díaz, verdadero maestro sacando de todos lo mejor, defendiendo desde el teatro de la calle Jovellanos nuestras partituras, trabajador incansable, cuidando las dinámicas y los tempi que favorecieron el lucimiento de un elenco vocal que dignifica nuestro género, algo que siempre reclamamos para poder exportar nuestro patrimonio musical al resto del mundo.

Personalmente he visto cosas peores y he disfrutado como algunos otros, aunque esta “Doña Paquita de Pasqual” no sea la genuina “Doña Francisquita” sino más bien un homenaje (o salto en el tiempo) desde una óptica no bien explicada o entendida por muchos.

Enamorados de la tabernera

1 comentario

Sábado 9 de junio, 20:00 horas. Teatro Campoamor, XXV Festival de Teatro Lírico Español, Oviedo, última función. “La tabernera del puerto”, romance marinero en tres actos (música de Pablo Sorozábal, libreto de Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw).

Los del norte somos muy de tabernas, chigres y sidrerías, de reunirnos en torno a una mesa para festejar cualquier evento y nada mejor para cerrar las bodas de plata de la temporada de zarzuela asturiana que volver a llenar el teatro (pasando a dos funciones cuando había cuatro por título y “Los del tres” no se enteran que #OviedoQuiereZarzuela) con uno de los títulos más conocidos y representativos de nuestro género, La tabernera del puerto situando Cantabreda en la costa cantábrica como no podía ser menos para mi tocayo donostiarra Sorozábal y utilizando melodías más ritmos tan nuestros desde una escritura sinfónica por momentos wagneriana, dejándonos las romanzas más populares de zarzuela que casi todos tenemos en nuestra memoria.

El éxito del cuarto título del único festival fuera de Madrid se redondearía gracias a la nueva producción del Teatro de la Zarzuela (que vio mermadas sus funciones ante las huelgas justificadas contra la fusión por decreto con el Teatro Real), con su director musical al frente, nuestro Óliver Díaz, congregando público llegado de fuera de Asturias que disfrutó con todo. Porque es difícil conjugar a la perfección todos los elementos que se necesitan para que un título lírico funcione: partitura y libreto de calidad, cantantes que sean actores y actores que canten, orquesta y coro veteranos y dominadores del repertorio, escenografía e iluminación junto a vestuario, mezclado en su justa proporción por un responsable musical que lleve con seguridad el timón para alcanzar buen puerto, y nunca mejor el símil marinero para esta zarzuela con sabor a salitre, catálogo de amor, humor fino y final feliz con sorpresas.

Toda la escena dirigida por Mario Gas es elegante, fiel al texto íntegro bien rimado por todos movidos a la perfección sin caer nunca en el abigarramiento, presencias variadas subrayadas por la iluminación adecuada y hasta la utilización real de agua y piedras cual orilla marina que también se usa dramáticamente sin molestar a los cantantes, dirección de un enamorado del teatro e hijo del bajo Manuel Gas, totalmente relacionado con esta zarzuela que él cantó ya en el estreno barcelonés llevándola por escenarios de medio mundo. Sumemos un decorado realista, el vestuario que todos asociamos a un puerto sardinero y añadamos la impresionante escena del naufragio de Marola y Leandro en una proa dentro de la proyección videográfica para completar el marco ideal donde desarrollar toda la acción.

El elenco debe contar con unos cantantes donde la partitura es difícil aunque agradecida, pero el texto hablado todavía más, proyectando la voz en ambos casos desde una correcta dicción en castellano que hace innecesario mirar los sobretítulos (siempre de agradecer), pero donde los actores también deben cantar con la misma exigencia. Por eso quiero destacar especialmente la Antigua de la inconmensurable Vicky Peña y el espléndido Chinchorro de Pep Molina, con su dúo cómico para recordar, colocando a caballo de actores y cantantes el Abel de la soprano Ruth González, timbre de adolescente en unas intervenciones que la encumbraron casi de protagonista de principio a fin y interpretando con solvencia todo su papel, sin dejarme atrás al cómico “televisivoÁngel Ruiz como Ripalda el del cafetín, no el Padre, algo sobreactuado buscando la risa, pero fiel a su papel, con un terceto cómico junto a Marola y Abel de calidades equilibradas.

Hablando del reparto no se puede omitir el papel de la Oviedo Filarmonía con el maestro Óliver Díaz mimando cada página, dando el protagonismo puntual a todos, interludios y acompañamientos, cuidando al detalle las dinámicas para percibir siempre las voces (incluso los coros fuera de escena).

Y un excelente elenco de cantantes donde la tabernera María José Moreno volvió a enamorar en argumento y teatro por presencia, color, gusto interpretativo en cada aparición (de “fábula” su conocida romanza e ideal Yo soy de un puerto lejano) y emociones compartidas dibujando una convincente y creíble Marola.
Otro tanto del Juan de Eguía a cargo del barítono gallego Javier Franco, dejándonos un rossiniano Chíbiri, capaz de llenar la escena en todo momento, timbre poderoso en todos los registros pero lleno de matices, empaste en los números conjuntos y torrente dramático en su romanza final.

Debutaba el tenor uruguayo Martín Nusspaumer como Leandro y no decepcionó aunque fue de menos a más (Todos lo saben), cumpliendo con la esperada No puede ser… del segundo acto que Kraus puso en un punto inalcanzable en nuestros tiempos. Habrá que seguir su carrera porque tiene buena materia prima, amplia tesitura de color bastante homogéneo con un grave claro y agudos suficientes aunque algo inseguro, puede que por los nervios de un papel que seguro repetirá. Otro tanto el Simpson del venezolano Ernesto Morillo, creciendo vocalmente aunque en la romanza echase de menos mayor proyección en el grave y timbre con color de barítono, pese al mimo desde el foso.

La Capilla Polifónica de Oviedo que dirige Pablo Moras es insustituible en este festival lírico y su experiencia sobre las tablas un seguro para toda producción. El primer coro de mujeres es difícil encajarlo y moverse, otro tanto del coro de hombres más “liviano” que el de marineros, añadiendo intervenciones conjuntas fuera de escena pero siempre presentes, solventes, empastados y matizados, sumando una escena profesional que nos lleva como la propia zarzuela a un final feliz.
La orquesta titular Oviedo Filarmonía ha demostrado con creces su madurez en todas las secciones y dúctil afrontando estilos dispares pero con la misma calidad en todos ellos a lo largo del festival. Tener al frente a Óliver Díaz ha sido el premio no ya de la temporada sino el merecido a una labor ingrata en el foso donde los errores se notan pero los aciertos son infravalorados, y puedo decir que el salto de calidad de esta orquesta ha sido grande.

Finalmente queda hablar del Maestro Díaz, así con mayúsculas, pues su colega Víctor Pablo Pérez (también recordado en nuestra tierra) diferencia entre “conductores, directores y maestros“. Oliver Díaz, asturiano universal que triunfa en silencio, director musical del Teatro de la Zarzuela con merecimiento y conocimiento de causa, trabajador, implicado en todo proyecto con él al frente y siempre con “la tierrina y su gente” presentes para sumar calidades, estudia en profundidad cada partitura para sacar de ella lo mejor adaptándose al material humano de cada momento, y no siempre el mejor. Con esta tabernera nos ha hecho disfrutar al conjugarse los elementos necesarios para alcanzar el éxito, haciendo y haciéndose entender, cuidando las voces como pocos desde el foso, por eso es Maestro, dejando el protagonismo a los intérpretes dando un paso atrás pese a ser el responsable final. El buque Sorozábal llegó a puerto asturiano gracias a la pericia, madurez y veteranía que dan la sabiduría en el manejo del timón de un almirante nacido en Oviedo y criado en Gijón con el Mar Cantábrico siempre en el horizonte aunque surque todos los mares del mundo, invitándonos a compartir en la taberna otra fiesta musical.

El candor de México

2 comentarios

XXV Festival de Teatro Lírico Español, Teatro Campoamor, Oviedo: 15 y 17 de febrero, 20:00 horas. El Cantor de México, opereta en dos actos con música de Francis López y libreto de F. Gandera y R. Vincy en versión libre de Emilio Sagi. Fotos ©Teatro de la Zarzuela y ©PabloSiana. Entrada butaca: 40 € – Abono de principal para los cuatro títulos: 90 €.

Celebrando las bodas de plata de la zarzuela en Oviedo con una opereta, como el Carnaval en plena Cuaresma (también lo hacen) o programar El Rey León en la temporada de ópera (que espero no la toquen), pero todo sea por la música sin etiquetas aunque se queden cortas las dos funciones a la vista de la entrada registrada (lleno la segunda), sin entrar en los pateos a la megafonía en asturiano que siguen confrontando a una sociedad dividida por los políticos (más en la primera como parece ya normal), responsables de recortar incluso en inteligencia.

El éxito “almibarado” del pasado mes de octubre cosechado por El Cantor de México en el Teatro de la Zarzuela madrileño, coproductor junto a la Opéra de Lausanne el pasado tras el bombazo de su reestreno parisino, unido a la excelente campaña mediática y la presencia de Rossy de Palma parece ser el mejor reclamo para traer a Oviedo este título creado para el recordado Luis Mariano que los de mi época y nuestros mayores recordamos más por la película que por la propia opereta, traducida libremente por Enrique de Viana cambiándole la letra incluso a la conocida Ruiseñor que todos recordamos.

Lo mejor de todo el entretenimiento en sí y las músicas pegadizas con buenos arreglos e instrumentación ideal donde no faltó una excelente percusión de jazz junto a la guitarra eléctrica de caja (Juan Carlos Pizarro) o el acordeón (Norberto Magín) para una Oviedo Filarmonía con Óliver Díaz al frente, al igual que en la capital, y Marina Gurdzhiya de concertino, que realmente sonó de cine, mimando a las voces sin amplificar que no fueron, salvo el Bilou de Manel Esteve, los Vicente Etxebar y Cricri del primer reparto madrileño (José Luis Sola y Sonia de Munck) sino los segundos, algo que me temía al leer el avance tardío de los títulos donde se indicaba “entre otros” evitando citar el elenco ovetense (el argentino Emmanuel Faraldo y la catalana Sylvia Parejo, mejor ésta que aquél que mejoraron el sábado), y los actores que incluso cantan, como es de esperar en ellos y sí fueron los mismos de Madrid: Eva Marshal – Coronela Tornada por Rossy de Palma mal porque así se lo exige el guión, un buen Riccardo Cartoni por el barítono Luis Álvarez, y la excelente Ana Goya como la Señorita Cécile sin olvidarme del asturiano César Sánchez como Boucher más el resto del elenco de casa (Cristóbal Blanco de figurante junto al pianista Julio César Picos Sol en escena).

No quiero olvidarme en esta opereta del buenísimo cuerpo de baile con la coreografía de Nuria Castejón, elegantes en todas sus intervenciones, tanto en “Acapulco” como en la colorida y popular “fiesta del tequila“, además de complementar una figuración donde el vestuario de la argentina Renata Schussheim ayudó al colorido y ambientación diseñado por Daniel Bianco.

El coro sigue siendo el de casa, una Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo dirigida por Pablo Moras que no solo cantan y bien (México sin ellos hubiera sido otro como el tequila) sino que completan una puesta en escena abigarrada por momentos buscados pero siempre colorida (bien las chicas y sobresaliente el desparpajo masculino sin reparos por el vestuario para el “coro de las mujeres soldados”), mejorando en el segundo acto por el rodaje de la primera función y el entendimiento entre foso y escena.

Mejor la parte hablada que la cantada, lógico por los actores con una Rossy realmente “diva”, morcillas asturianas naturales (calla fata, cómo ye ho!? Préstame mucho) y los ya citados Luis Álvarez y Ana Goya, aunque sus textos a menudo resultan “forzadas” y algo chabacanos al igual que estereotipados (pero simpáticas y creíbles las Lupita y María de las vascas Maribel Salas y Nagore Navarro).

Del trío protagonista destacó el Bilou del barítono Manel Esteve, tanto en sus solos (Soy el mejor premonitorio, El tequila y sobre todo el Guarrimba, dios inmortal con el coro) como en el famoso dúo con Vicente Dos amigos así, y el trío al que se suma Cricri, dando cuerpo a los mismos unido a una actuación convincente.

La Cricri de la actriz y cantante Sylvia Parejo fue de menos a más en las dos representaciones, en emisión hablada y cantada con el mismo color vocal (siempre de agradecer) mejor sus Vals del segundo que En Montmartre yo nací, siempre con el foso a su servicio, mientras que el Vicente de Faraldo no es el de Solani tampoco el “francés” de Ismael Jordi, recayendo en él las canciones más conocidas de la opereta. Ninguno tiende a imitar a Luis Mariano pero está claro que el argentino, dotado de un excelente fiato y unos agudos ideales, carece de uniformidad dinámica, afinación y proyección adecuada pese al mimo orquestal,  que la cantada. Infame jueves aunque mejoría sabatina del bello y conocido “Acapulco” (El azul del mar en su esplendor), pobre su canción vasca Allá en el sur de Francia, algo mejor el final de Maitetxu, quién supiera cantar y cortos Ruiseñor y el archiconocido “Méxiiiiiico” que además se repite al acabar el primer acto y en un fin de fiesta que hasta el público invitado canta en el bis final, por cierto más entregado el carnavalesco sábado carbayón, aplaudiendo casi todos los números. Puedo asegurar que había varios amigos tunos el jueves capaces de mejorarlo.

Finalmente un verdadero espectáculo de luz (Eduardo Bravo) y tormenta de color incluyendo el vestuario. El fenomenal libro de la producción madrileña decía en su presentación:

La producción (…) muestra un escenario fantástico, al más puro estilo kitsch, donde se recrea un mundo tropical, sofisticado, en tecnicolor como corresponde a ese tipo de cine que persigue el gran espectáculo y que es precisamente el universo en el que se suceden todas las
tramas de la historia (…) repleta de situaciones cómicas entre elementos del folclore mexicano; llena de grandes flores y frutas, de colores necesariamente llamativos y, sobre todo, de buena música (…) también colorista (…) llena de influencias norteamericanas e hispanoamericanas que a partir de los «locos años 20» del siglo pasado habían ido llegando a la capital francesa. Charlestón, swing, mambo, bolero, una inusitada variedad de estilos que a lo largo del espectáculo obligan a la orquesta a transformarse en una banda de jazz, un
grupo de mariachis o una agrupación de bolero (…) con Emilio Sagi como director de escena, el espectáculo regala al espectador una gran fuerza visual. El responsable de la magia es aquel mismo equipo artístico que en 2006 Jean-Luc Choplin llamó para recuperar con clamoroso éxito (dos meses en cartel) la obra de Lopez en el escenario de París que cincuenta y cinco años antes la había visto nacer (…) en una nueva versión en castellano del propio
Emilio Sagi. Otro evidente atractivo de esta producción (…) es el hecho de contar con actores carismáticos como Rossy de Palma, que interpreta a una vedete muy particular, y con un meticuloso reparto de cantantes que sin duda darán vida de la forma más congruente y divertida a los personajes de esta colorida y divertida historia de cine y opereta
“.

Mi amigo eMe quien me regaló la entrada del jueves y con quien comparto muchas cosas, resumió esta opereta como “UN «CANTOR» DESCAFEINADO… brillantemente servido sobre un mantel de vivos colores pero desteñido por un  humor ramplón y cantantes solistas de escuálido grano“. Lástima no estuviese este sábado…

Pues eso, música excelente con el Maestro Díaz dominado partitura de principio a fin con luz y color como las calas gigantescas verdaderas joyas falleras, la logradísima doble luna llena con balustrada y un mar plateado, los platós de rodaje, los espejos rodando o los movimientos escénicos entre París y México bien organizados aunque por momentos excesivos y así buscados, pero donde fallaron las voces, mientras Sagi sigue triunfando en su Oviedo junto al tándem astur-argentino de Díaz-Bianco, actuales responsables del Teatro de la Zarzuela de Madrid, del que espero nos traigan en 2019 su Maruxa revisada al XXVI Festival de Teatro Lírico Español, e incluso La Tempestad ¡qué elenco han contratado! pero supongo dependamos del ¿criterio? del tripartito y de sus “intereses”.

Aunque de esta temporada que celebra las “Bodas de Plata” todavía nos quedan tres títulos con dos representaciones cada uno que iremos contando desde aquí, si el tiempo y los políticos no nos lo impiden.
P. D.: Reseña previa de Ramón Avello para El Comercio y críticas de la primera función más la de Elena Fdez. Pello en La Nueva España; Nuria Blanco en Codalario,

No hay dos sin tres

Deja un comentario

Viernes 17 de noviembre, 20:00 horas. Teatro Campoamor, LXX Temporada de Ópera: “Viernes de ópera” L’elisir d’amore (Donizetti). Producción de la Deutsche Oper am Rhein. Reparto: Sara Blanch (Adina), Pablo García-López (Nemorino), Michael Borth (Belcore), Pablo López (El doctor Dulcamara), Marta Ubieta (Giannetta). Coro de la Ópera de Oviedo (Elena Mitrevska, dirección del coro), Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA), Óliver Díaz (dirección musical).

Viernes de fiesta con un reparto joven para otro elixir que resultó mágico de nuevo pese a ser el tercero que llevo, grandeza de la ópera, de la música y de todo arte en vivo, con sorpresa en el cambio a última hora del otro catalán Nemorino Marc Sala por el cordobés Pablo García-López, mi admirado tenor que volvía a darlo todo en Oviedo.

Salvo Giannetta Ubieta que tendría “su cuarto parto”, el cuarteto protagonista era nuevo y sin nada que envidiar al primer reparto, muchísimo más equilibrado en conjunto con un coro nuevamente excelente, seguro, llenando literalmente la escena y plenamente rodado, sumándole una OSPA aterciopelada tocada por la varita mágica del asturiano Óliver Díaz que nuevamente meció la escena, ayudando a los cantantes, respetando las dinámicas pero sobre todo imprimiendo ese carácter propio ideal para este juguete de Donizetti donde los momentos jocosos se alternan con recogimiento en la dualidad razón y corazón reflejada en el discurrir musical de este elisir maduramente juvenil.

La escenografía, luces, vestuario, creo que están suficientemente comentadas en las dos entradas anteriores, más esta vez desde una posición en plantea envidiable a la que sumar las fotos que intentan acercar esta producción a quienes no hayan asistido pues ya me encargué personalmente de “tripetir” como en 5º de carrera, aunque en la Web de la Ópera de Oviedo las hay mucho mejores.

Este “viernes de ópera” registró una excelente entrada, siendo el público más agradecido con los cantantes y aplaudiendo en números obviados en otras funciones, también con algunos melómanos y críticos bisando función para escuchar nuevas voces en la temporada ovetense, un elenco del que quiero comenzar por mis dos tocayos.

El Nemorino cordobés Pablo García-López resultó para muchos una sorpresa en esta vuelta al Campoamor tres años después, más si supiesen que tan solo pudo hacer la segunda parte del ensayo general, que defendió su rol haciéndolo propio de cabo a rabo, con ese color de voz ideal para el joven idiota por enamorado aunque noble de sentimiento, alocado por la edad, lleno de matices y ánimos de tenor bien enfocado en sus papeles, haciéndose querer por todos dentro y fuera de la escena, empaste ideal con el resto del reparto, amoldándose en cada intervención a los paternaires, pero también gozando de sus arias como la siempre esperada furtiva lágrima que cantó con aplomo, gusto, naturalidad y sello personal muy aplaudido.

Y excelente el mallorquín Pablo López, un doctor Dulcamara más joven que Corbelli, de baleares colores dorados en vez de violetas italianos pero sobre todo con voz rotunda, profundidad y agilidades limpias (ahora lo llaman bajo barítono) necesarias para hacer más creíble aún al charlatán vendedor de remedios para todo, coctelero de moda en esta boda que como sus compañeros mostrará las dos caras del personaje, embaucador y pícaro aunque de corazón noble, compartiendo con Adina momentos de excelencia escénica vocal y actoralmente, sobre todo en la barcaruola a due voci  genialmente cantada por ambos con verdadera ventriloquía causando risas sinceras.

Llego a la debutante Adina de Sara Blanch, una soprano tarraconense que metió al público en el bolsillo por presencia física y vocal más que suficiente, registros homogéneos difíciles de encontrar en voces jóvenes, dinámicas generosas unidas a un color brillante perfilaron a la caprichosa Adina jugando con todos, dúos, concertantes y arias pugnando en entrega con sus compañeros. Si de Nemorino destacaba empaste, sus dúos con él fueron bellos y cantados con musicalidad bajo el ropaje  y magia de la “varita” de Óliver Díaz con la OSPA, llevando al final feliz en todos los sentidos.

Completó el Sargento alemán Michael Borth un cuarteto protagonista con solvencia, presencia, limpieza vocal y seguridad, vestido de suboficial marinero impoluto como sus intervenciones, escalafón militar superior vocalmente al “titular” americano Parks, resolutivo por su papel con oficio y musicalidad, dando al elenco joven un equilibrio y homogeneidad digna de primera función.

Tengo que volver a citar al coro que dirige Elena Mitrevska por su profesionalidad, exigencias presenciales no ya vocales sino escénicas, llenando de colorido y acción una boda con tantos invitados, aún más reflejados en los espejos de la caja, movimientos complicados que en esta cuarta representación encajaron perfectamente con la figuración cantando con volumen y dicción perfectos. Y mención especial a las chicas que junto a la soprano bilbaína Marta Ubieta nos dejaron esos momentos hilarantes de contracciones en espera del parto, el “acoso” al Nemorino heredero de su tío o el secreto compartido rápidamente desde los “celulares” con guiño actual que este elixir soporta como pocos. Bravo por el coro.

Una verdadera fiesta de color y luz que pude disfrutar desde tres butacas distintas con dos repartos de un título que nunca defrauda, por el que seguirán apostando todos los grandes teatros, contando en Oviedo con el mago Díaz al frente de esta fiesta lírica y ayudando a elevar los niveles de calidad.

La ópera de Oviedo ha sabido a lo largo de estos años dar oportunidades a nuevas voces que terminarán apareciendo en los primeros repartos además de asegurar posibles bajas (lo que se llama “cover”), y ofrecer cada temporada obras de siempre junto a títulos menos transitados, abriendo la capital a nuevos públicos de dentro y fuera de Asturias para apostar por la cultura como seña de identidad en esta “Viena del norte” además de un destino turístico como pocos.

P. D.: Dejo a continuación el reportaje de La Nueva España sobre el segundo reparto:

Elixir mágico

2 comentarios

Jueves 16 de noviembre, 20:00 horas. Teatro Campoamor, LXX Temporada de Ópera: L’elisir d’amore (Donizetti), tercera función. Entrada último minuto: 15 €, anfiteatro lateral.

Quienes me conocen e incluso me leen, también saben de mi afición por las terceras funciones en Oviedo, pasadas las tensiones del estreno y ya rodada la función sin la “relajación” que pueda suponer la última, por lo que repetía título en mi preferida volviendo a confirmarse que la ópera es verdadero elisir, magia capaz de enamorar cada vez porque no hay dos iguales, porque hay otra ubicación, porque nuestros estados de ánimo son diferentes como el de los intérpretes y así múltiples razones para no ser tildado de friki, obsesivo o directamente loco por la música.
Si el domingo acudíamos a una boda, este jueves disfruté como una luna de miel porque pude recrearme en otros detalles, olvidarme de los sobretítulos (en mi juventud no existían), perderme parte de la escena como el juego de espejos o el fondo del escenario, pero centrarme en la música siempre al servicio de la palabra por parte de todos en una ópera cómica como pocas y bien entendida en esta producción alemana.

Es cierto, como comentaba con algún aficionado al filo de las once de la noche, que nuevamente todo funcionó mejor tras el descanso, puede que por efecto de este elisir resultando más que vino francés sidra asturiana que hasta se escanció, aunque Borgoña o Bourdeos puedan tener más historia, y siempre chispeante con los momentos típicos, que no fases de la borrachera, de ese punto de “alegría” sin caer en la embriaguez: soltar la emoción, perder los miedos, vuelta a la cruda realidad y un final feliz, tal y como Donizetti entiende esta comedia no exenta de pasajes hondos bien entendidos por parte de todos con cánticos regionales convertidos en morcillas tipo “tócala de nuevo Sam” o tararear el inicio de la marcha nupcial de Wagner.
La OSPA con el maestro Óliver Díaz de responsable musical total, volvió a ser el ropaje perfecto de la acción, calidad y cercanía en todas las secciones, aires ayudando y presencia equilibrada sin perder matices, con el coro titular más centrado en todo, a tiempo, afinados, de dinámicas variadas, feliz complemento sobre las tablas con las chicas verdaderas actrices “secundarias” completando una puesta en escena almodovariana en cuanto a luz, color, vestuario y argumento (las contracciones del parto en plena boda) sin perder calidad en el canto con la novia Giannetta Ubieta más protagonista de lo esperado porque además de su omnipresencia cómica poniendo el toque casi hilarante, unió la excelencia en su línea de canto, fórmula ideal para triunfar con un par de intervenciones vocales en un auténtico regalo escénico.

El Sargento Parks o Edward Belcore si se me permite el juego de palabras, volvió a ser el personaje inmenso por presencia pero esperando mejoría en sus agilidades. Tiene volumen y tablas, color vocal bueno y no hablemos de un registro amplio pero no es un barítono con el perfil deseado o al menos falta redondearlo, esperando más limpieza de emisión aunque todo acabe compensándose por disfrutarlo desde una visión global, luminosa y festiva de este Elisir.
El doctor Corbelli volvió a servir las mejores compuestas de la noche, el barman Dulcamara jocoso, brillante experiencia capaz de cantar esos trabalenguas con esdrújulas, armar unos tríos donde su voz empasta con todas, y hasta enamorar con Adina abriéndonos los ojos a la seducción del corazón sobre la mente con otra barcaruola simpatiquísima. Recordaré al maestro Alessandro como el perfecto equilibrio anímico sin renunciar a la palabra musicada de todo bufo con alma sensible, augusto más que clown.

De Nemorino Bros nuevamente mi total rendición a su entrega total, toda una gama de buen hacer y gusto llenando escena en pleno jolgorio con Quanto è bella… o la plenitud de la soledad de Una furtiva lagrima nuevamente emocionante, recreada, luminosa en la penumbra y arrullado por una orquesta a su servicio, sin bisar pero merecido. Sus dúos con Adina además de complicidad y musicalidad extrema nos dejaron una línea de canto bien entendida y sentida por ambos.

Dejo para el final a mi querida Beatriz Díaz, la Adina por antonomasia y con un Nemorino creíble, la soprano asturiana en plena madurez vocal y física para hacer suyo un rol muy complicado vocalmente pero cantado con esa facilidad aparente al alcance de muy pocas voces, aplomo, seguridad en todos los registros pero siempre volcada en comunicar todos los estados de ánimo de su personaje con una paleta de matices aún mayor que el colorido vestuario de las damas invitadas a esta boda de Giannetta.

El belcanto así se debe entender, comunicar todo con la voz y transmitir tantas y distintas situaciones en poco tiempo: coqueteos, preocupaciones, celos, compasión, maquinaciones, enfados, mentiras y finalmente triunfando el amor sin engaños líquidos con total entrega vocal. Cada escena sola, en dúos, concertantes o tutti, nuestra Adina allerana volvió a demostrar que es muy grande y capaz de acallar todo un teatro con unos pianísimos bien respetados desde el foso y lucirse en un agudo sobre la masa sonora final, omnipresente con todos los matices y una técnica envidiable.
Para los que la disfrutamos en Don Pasquale hace ya cuatro años, era normal que con este elixir volviese a enamorar a sus paisanos y todo el que se acercase estos días al Campoamor. Ahora me toca esperar su debut mozartiano en Málaga, que prometo si nada lo impide, contar desde aquí.

Del resto podría remitirme a lo escrito el domingo de madrugada recién llegado a la aldea. De lo nuevo para este viernes con el llamado reparto joven, habrá que esperar al sabato pomerigio

Boda con elisir

3 comentarios

Domingo 12 de noviembre, 19:00 horas. Teatro Campoamor, LXX Temporada de ÓperaL’elisir d’amore (Donizetti). Producción de la Deutsche Oper am Rhein. Reparto: Beatriz Díaz (Adina), José Bros (Nemorino), Edward Parks (Belcore), Alessandro Corbelli (El doctor Dulcamara), Marta Ubieta (Giannetta).

Dirección de escena: Joan Anton Rechi; diseño de escenografía: Alfons Flores; diseño de vestuario: Sebastian Ellrich; diseño de iluminación: Alfonso Malanda. Coro de la Ópera de Oviedo, Elena Mitrevska (dirección del coro). Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias, Óliver Díaz (dirección musical). Entrada delantera de principal: 110 €.

Tercer título de la temporada con una boda por todo lo alto gracias a la idea de Rechi para una ópera bufa que parece soportar cualquier escena, desde mi primer carbayón en 1973 de bancos y rejas, uno histórico en 1982 año del Mundial, a la llanisca y universitaria de Emilio Sagi y Julio Galán también de los felices 90, o la Commedia dell’Arte en La Fenice de 2010, hoy recordada con varios amigos, pasando por esta sencilla pero resultona boda donde un techo de copas, mesas y sillas con una iluminación excelente que nunca debemos olvidar, sumando el colorido del vestuario en la gama de Calatrava para la T4 de Barajas ayudaron a disfrutar de un elenco vocal de altura, amén de críticos que lo vendiesen antes de escucharlas.

Dos voces de celebración y queridas en Oviedo como José Bros y Beatriz Díaz dieron vida a la pareja protagonista, veinticinco y quince años respectivamente para volver a coincidir este 2017 unidos en esta boda.
El Nemorino del barcelonés ideal en su voz, exigente desde su primera aria y esperando todos la lágrima furtiva, lo más aplaudido, para un rol que como decía Pachi Poncela en la “obertura” recuerda al Jack Lemmon de Wilder buscando paralelismo entre estos dramas cómicos con ese tinte casi trágico. Bella línea de canto, emisión sobrada, gusto en la escena y triunfador como su personaje.
La Adina de la allerana ha ganado en madurez desde la recordada veneciana, capaz de transitar estados de ánimo tan distintos a lo largo de la obra y con unos matices inolvidables en cualquier registro, seguridad en los agudos siempre claros y un grave redondo, jugando con su voz y empastando siempre con los compañeros, uniendo sus excelentes dotes como actriz para recrear este personaje que le va como anillo al dedo en un final feliz de este regreso a casa. Sus parejas fueron un regalo con ella: la altura de Belcore sumando comicidad, la barcarola con el doctor un juego visual de ventriloquía al que se sumó el coro, más el enamorado Bros ideal, una alegría comprobar complicidad y gestos cariñosos que llegan al público.
Dulcamara Corbelli aportó la sabiduría de los años para este charlatán transformado en el barman de moda capaz de vender una compuesta al mismísimo director musical, parlati y canto gastado pero esperado de trabalenguas canoros en un personaje de vuelta en la vida y todavía en activo como el barítono turinés, entregado y cómico con momentos memorables amén de la barcarola más la última y esperada entrada por el patio de butacas con más elisir para el fin de fiesta.
El Sargento Parks fue calentando a medida que avanzaba la trama, aunque su color vocal no sea esmaltado ni homogéneos sus registros, pero acabó como su personaje, bien pero sin triunfar ni enamorar. Y un placer Giannetta Urbieta, simpática novia de parto retrasado y feliz, convincente y sobrada en volúmenes tanto en arias como concertantes, redondeando un elenco muy homogéneo para este Donizetti bufo, donde la figuración estuvo al mismo nivel que los músicos.

Sin ánimo de repertirme, el Coro de la Ópera sigue siendo una garantía de profesionalidad y buen hacer sobre las tablas, yendo un poco a remolque al inicio hasta que fue avanzando la boda, más protagonismo de ellas que de ellos pero todos solventes y sumando positivos a la globalidad.
De la OSPA la seguridad en el foso con solistas de altura como el fagot o la trompa, sonoridad bien llevada por el maestro Óliver Díaz, que debutaba en la ópera ovetense (¡ya era hora!), siempre atento a dinámicas y entendimiento con la escena, algo lenta la primera aria de Belcore ayudando a las agilidades, pero siendo una lástima no tener un clave en vez del piano vertical ¡y desafinado! que hubiese enriquecido la tímbrica de unos recitativos no siempre acertados para preocupación de los solistas.
La producción, como ya comenté, sencilla y adecuada para este melodrama por el que no pasan los años, con buenos movimientos escénicos que ayudaron a la agilidad de la acción y pararla cuando así lo requería el libreto (caso de la famosa lágrima final de Nemorino), y la angustia de unas copas que crearon sensación de fragilidad como la propia relación de la pareja protagonista que termina asentándose y convirtiendo en luces de fiesta un cristal “de pega”, lo único irreal de este elixir que continúa enamorando.

Older Entries