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Pamplona bien vale una misa

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Este año los docentes asturianos volvíamos a tener “puente” tras anteriores cursos donde dábamos saltos lectivos por una semana donde se celebran pegadas una festividad laica y otra religiosa. Para un melómano viajero, o viceversa, nada mejor que una escapada a la capital navarra para conjugar ocio personal y negocio ajeno (mi sufridora es autónoma), uniendo amistades con quienes compartimos muchas historias con la disculpa gastronómica donde no falta la música.

Callejear por Iruña siempre es un placer cualquier estación del año, de su despensa variada todo un emporio y de su cocina para viaras enciclopedias. De San Fermín decir que es casi una religión mundial, y de sus alrededores daría para muchos días, aunque merece visita especial Alzuza, donde se yergue imponente el Museo Fundación Oteiza para terminar en el valle de Esteribar camino de los Pirineos, tras pasar por Eugi, comiendo un arroz negro en el restaurante del Hostal Arrobi Borda, casi cita obligada, porque no todo es comer chistorra ni pinchos excelentes en el casco viejo.

De vuelta se puede visitar el Museo Pablo Sarasate, dedicado al músico navarro más internacional junto a Julián Gayarre, quien da nombre al teatro capitalino, o el Palacio de Congresos y  Auditorio Baluarte donde además de mucha y buena música también había exposición de belenes.

El viernes 8 de diciembre la Santa Iglesia Catedral de Santa María celebró la festividad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María con una solemne eucaristía a las 12 del mediodía presidida por el arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela el burgalés Don Francisco Pérez Gonzalez, y concelebrada con todo el boato de la efeméride mariana donde no puede ni debe faltar la música para vestirla de toda la solemnidad posible esta joya del gótico totalmente restaurada.

Además del deán organista Julián Ayesa y la histórica Capilla de Música de la propia catedral pamplonesa dirigida por su admirado, veterano y siempre vital chantre Aurelio Sagaseta (Iturén, 1935) también intervino la orquesta de cámara Ensemble 4.10 perteneciente a la Escuela de Música Joaquín Maya que nos dejaron obras de Nemesio Otaño, Mozart, Pascual Aldave, A. Sagaseta, parte del ordinario de la misa de Tomás Aragüés Bernard pero especialmente el final de la eucaristía donde hubo bendición papal con indulgencia plenaria y la aparición de los Seises o Infanticos de la Catedral con el llamado “baile de respeto” ante la imagen de Santa María la Real mientras escuchábamos el Villancico a la Virgen del Camino (1834) de Hilarión Eslava, conocido popularmente en Iruña como “Las sevillanas“, o Danza de los Seises, esta vez sin castañuelas, uniendo la capital hispalense y Pamplona por parte del sacerdote y músico de Burlada, con una tradición secular que atrajo una verdadera multitud para disfrutar un acontecimiento único en fechas muy señaladas como esta de La Inmaculada.

No faltaría tampoco una cena coloquio como tantas otras que hemos disfrutado a lo largo de la geografía nacional, aunque esta de la capital navarra fuese especial al ser invitado como “conferenciante”, hablando como no podía ser menos de música y viajes, interiores y reales con la disculpa de todo melómano que encuentra eventos allá donde va.

Sirva esta entrada como ejemplo y gratitud por hacerme sentir Pamplona como mi casa y mis amistades una gran familia donde no faltó la tía Basi, de Asiáin, que nos enseñó su libreta fechada en febrero de 1938 donde hacía su resumen de los conocimientos adquiridos por una mujer de 14 años entonces nada habitual, conservando una memoria privilegiada, comentando cuánto había cambiado el mundo y con una alegría de vivir contagiosa.

Nos vemos en la próxima escapada y prometo contarla.

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Beethoven actual y siempre joven

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El CNDM que dirige con acierto Antonio Moral, ha programado un ciclo durante seis días con la integral de las 32 sonatas para piano de Beethoven a cargo de una generación de excelentes intérpretes que finalizan este domingo en la Sala Manuel García del Teatro Maestranza de Sevilla y repetirán en el Baluarte de Pamplona, tras su anterior paso por distintas ciudades de nuestra geografía, sumando los Estudios de György Ligeti (1923-2006) así como reestrenos de otros estudios para piano encargados o recuperados por el propio CNDM, siempre atento a mantener vivo nuestro patrimonio, más el de la literatura pianística a la que considero base para todos los públicos. Es el caso de Armando Alfonso López (1931), Carles Guinovart (1941), José Luis Greco (1953), Ramón Paus (1959), Jesús Rueda (1961), Ricardo Llorca (1962), Francisco Lara (1968) y los también pianistas Gustavo Díaz Jerez (1970) o José Menor (1977), no muy programados en las salas de concierto salvo honrosas excepciones y más en el caso de los propios compositores que también están en este ciclo como intérpretes. Con dudas comerciales tampoco suelen ser llevados a los estudios de grabación pero al menos compartirán protagonismo junto a los dos grandes protagonistas del ciclo “Beethoven actual“.

De esta penúltima hornada de pianistas españoles, nueve elegidos para “La raíz de todo” que escribe Arturo Reverter para el propio CNDM, muchos de reconocida trayectoria internacional, quiero recordar hoy a dos intérpretes a las que sigo desde hace años, y que han hecho las dos últimas sesiones matutinas, por un lado la donostiarra JUDITH JÁUREGUI (1985) y por otro la ovetense CARMEN YEPES (1979) que cierra hoy junto a Miguel Ituarte este ciclo en la capital andaluza.


Interesante la trayectoria de la pianista vasca, su evolución tanto de solista como en música de cámara y con grandes orquestas, así como la arriesgada apuesta por tener un sello propio que le permite grabar lo que quiere y donde desee, consciente que un disco, como un libro, soportará el paso del tiempo mejor que Internet o las redes sociales, de las que por otra parte se nutre como herramienta para dar a conocer su agenda y trabajos.
Las obras que ha elegido Judith Jáuregui son cuatro sonatas de Ludwig van Beethoven (1770-1827), la Sonata nº2 en la mayor, op. 2, nº2, la Sonata nº13 en mi bemol mayor, op. 27, nº1, la Sonata nº25 en sol mayor, op. 79 y la Sonata nº4 en mi bemol mayor, op. 7, junto a los dos estudios de György Ligeti (1923-2006), el Estudio nº11, «En suspens» y el nº12, «Entrelacs» sumándose el Estudio para piano (2016) de José Luis Greco. Las notas al programa del gallego Reverter las dejo enlazadas en el programa sevillano.

Por su parte la asturiana Carmen Yepes que compagina su carrera docente en Madrid con los conciertos (algo que en nuestra tierra tendría prohibido), ha optado por el siguiente programa: de Beethoven la Sonata nº28 en la mayor, op. 101 y la brillante Sonata nº21 en do mayor «Waldstein», op. 53, para terminar con la bellísima nº31 en la bemol mayor, op. 110; de Ligeti el Estudio nº2, «Cordes à vide» y el Estudio nº8, «Fém», mientras que de Guinovart interpretará la Toccata «Al-Ándalus» (2016) para la que el propio compositor catalán le envió a la pianista una carta (dejo abajo un fragmento) explicando las líneas generales de esta obra que a buen seguro Carmen recreará como en ella es habitual, trabajadora y siempre atenta a las indicaciones de los buenos maestros que ha tenido y tiene, más aún al afrontar por vez primera una composición como la de Guinovart.

Fragmento de la carta-programa enviada por Carles Guinovart
a Carmen Yepes sobre la Toccata «Al Ándalus» (28/03/17)

Estimada Carmen:
…Ya ves, Carmen, la composición se ha ido inclinando hacia lo español-andaluz y a la Toccata he tenido
que añadirle el título (o subtítulo) de «Al Ándalus», como pequeña pista para el oyente. Puede parecer
que apenas hay melodía, si bien la temática va emergiendo del tipo de pianismo, en los acentos expresivos
dentro de un perpetuo staccato, casi pinzado clavecinístico, de tipo scarlattiano. Un carácter que no
esconde, en su textura y dibujo, la resolución frigia (fa-mi) propia de la consabida cadencia andaluza y
un mordente disonante,como juego acciaccaturado, finalmente compactado, como elemento de color.
Observarás en la parte central, y en contraposición al toque secco que antecede, la escucha de la transparencia
resonante, aquella que podría sugerir la contemplación del «Deserto stellato» en su inmensa
vastedad, que recoge ecos y resonancias sutiles con sus amplias extensiones, registros sobreagudos y
juegos de pedal. Escucha más bien de la larga extinción del sonido, para la cual no he escrito metrónomo
ya que el tempo marca, se diría, fenomenológicamente (a la Celibidache) la nobleza del gran piano y la
respuesta acústica de la sala. El intérprete más que tocar debe aquí escuchar, como enajenado, lo que su imaginación ofrece. Momento pues de descarga de tensión, dejándose ir…, suavemente, sin prisas.
Respecto a la interpretación, ¡por mí no te preocupes! No sé, ahora que la pieza está terminada, hasta
qué punto me pertenece. ¡Ahora te toca a ti! Haz tu versión con toda libertad; tienes, por lo que sé de ti,
toda mi confianza. Así que no trabajes pendiente de mí. Si tu versión es sincera, después de un trabajo
reflexivo, seguro que me gustará, tal como puede gustar, si la obra lo merece, a cualquiera que acuda
como público interesado. Quizás sea una suerte no conocernos para que toques, desde la escritura, sin
ningún tipo de prejuicio y, a la inversa de lo que se supone, seas tú la que, interpretándome, ayudes a
descubrirme a mí mismo. La música, como la poesía, es un campo abierto de sugestiones que la enriquecen,
según cada cual, expansionándola en múltiples lecturas, y la mantienen viva. Es el milagro creativo
y transformativo del intérprete. Bueno Carmen, esta obra existe gracias a ti y a tu entorno (también al
CNDM) y agradezco que me la hayas arrancado de las entrañas, pues es bastante visceral. Allí dormía en
un limbo sin posibilidades de emerger, hasta que alguien la despertara. Y ahora puedo decir consumatum
est
. Muchas gracias. Seguimos en contacto
“.

Estaremos atentos a las críticas y sus respectivas agendas porque tanto Judith como Carmen son dos pianistas muy personales y pasionales que con estos repertorios estoy seguro harán vibrar a todo el público más allá de Sevilla o Pamplona. Como digo siempre “MUCHO CUCHO”© (mi versión asturiana con el excremento de vaca utilizado como abono, en vez de “Mucha mierda“y demás expresiones para desear suerte a los artistas como “Toi, toi, toi” o “In bocca al luppo“).

Bach hace el camino francés

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Viernes 27 de octubre, 21:00 horas. Festival Internacional de Órgano Catedral de León (FIOCLE): Raúl Prieto (órgano). Obras de Bach, Saint-Saëns, Liszt, Widor y Duruflé.

Volvía a sonar el KLAIS con nuestro organista más internacional aquejado de una fascitis plantar en el pie derecho, obligándole a retocar varias de las obras previstas que no impidió disfrutar casi hora y media de buena música con un programa que el propio intérprete definió como “construido pensando más en un plano emocional
que musicológico
” y ejecutado en su integridad de memoria, incluyendo nada menos que cuatro propinas.

Si esta trigésimocuarta edición tiene de hilo conductor la llamada escuela francesa con León parada obligada en el Camino de Santiago de su ruta homónima, Raúl Prieto Ramírez (Navalmoral de la Mata, Cáceres, 1979), peregrino musical por vocación y profesión, organizó el concierto con Bach cerrando el círculo, principio y final cual padre de todas las músicas flanqueando transcripciones propias que resultan más recreaciones de las obras que meras búsquedas de tímbricas cercanas a la orquesta.
Siempre me sorprende su magisterio en la registración desde un virtuosismo que le permite afrontar “partituras imposibles” y un conocimiento del instrumento para sacar sonidos adecuados a su personal visión, exprimiendo allá donde va la potencialidad escondida con un dominio no ya de la técnica sino del funcionamiento interno de cada órgano. Las obras que interpretó en León están muy trabajadas en sus exitosas giras mundiales y forman parte de un repertorio amplísimo que le permite adaptarse a gustos, recintos y programaciones. Conocedor del “bicho Klais” dentro de la “Integral Bach” y pese a los cambios obligados, el concierto resultó otro éxito en una dilatada carrera mundial con otro lleno en la catedral leonesa que se rindió al magisterio exuberante y generoso de este extremeño universal embajador del órgano del que es un enamorado docente y apasionado intérprete.

La Toccata, adagio y fuga en do mayor, BWV 564 (ca. 1708) de J. S. Bach resume a la perfección el ideario o mapa musical de este peregrinaje organístico en León que arrancaba en la lejana Alemania luterana: la toccata virtuosa, vertiginosa y limpia, jugando con la acústica catedralicia con registros bien diferenciados “pisando fuerte” en ese teclado bajo que volvería a sorprendernos al final, interrumpido por un público que no tenía el programa a mano, siguiendo el adagio, lento, reposado, bien articulado y ornamentado con esa bellísima melodía en un registro de lengüetería flotando por tímbrica más que dinámica, casi mecida por mano izquierda y pies cual contrabajos orquestales, para terminar con esa fuga final colorista en compás de 6/8, tres mundos en uno, introspección hacia la explosión, la limpia exposición del motivo que va creciendo, construyendo esa forma matemática hecha música por el rey y dios musical.

Cercanos los difuntos, tradiciones variadas en torno a nuestros muertos, los musicales siempre están muy vivos y más esa Danza Macabra, op. 40 de Saint-Saëns, poema sinfónico en transcripción del propio Raúl Prieto pero como apuntaba al principio, verdadera recreación por la búsqueda de sonidos propios del órgano que no posee la orquesta. Pese a los problemas en el pedal de expresión, independientes de su molesta fascitis, el KLAIS trabajó a la perfección los múltiples cambios de registros y las amplísimas dinámicas para una visión organística moderna y llena de vida para “este muerto”, contrastes muy buscados en los distintos teclados con la transmisión a los tubos instantánea, no solo flautados o trompeterías sino toda la paleta y más del compositor francés que nuestro organista reconstruye en esta personal versión.
Interesante también poder escuchar por vez primera en España el Mephisto Waltz nº 1 (S. 514) de Franz Liszt, rebosante y desbordante transcripción del organista afincado en EE.UU. para el instrumento rey que descubre ambientes propios que no se encuentran ni en la versión de piano ni siquiera en la orquestal. Virtuosismo en dedos y pies, inteligencia innata para buscar registros y jugar con ellos construyendo un lenguaje organístico que asombra allá donde lo interpreta, y al fin en su tierra nada menos que con el KLAIS que continúa descubriéndonos tubos y combinaciones cada día. Precisión, perfección y búsqueda constante en esta recreación que no vende el alma al diablo, guiños cómicos, literatura hecha sonido, crisol tímbrico y banda sonora mentando en el templo al innombrable por parte del redimido abate húngaro revestido de magnificencia catedralicia en las manos (y pies) de Raúl Prieto.

Cercano en el tiempo y casi flotando aún en “la Pulchra Leonina” sonaba de nuevo el primer movimiento “Allegro” de la Sexta Sinfonía op. 42 nº 2 de Widor, sustituyendo a la prevista transcripción de Horowitz, misma obra con distinta sonoridad, grandeza de la música en vivo, órgano en estado puro, solemne, poderoso, volviendo a enamorar a los seguidores de nuestro admirado intérprete sea Milán o León en este peculiar peregrinaje por el mundo del instrumento rey. Buena elección para este cambio obligado, transcripciones sinfónicas al órgano y una sinfonía propia como Widor la entendió en el instrumento al que dedicó su vida y mejor producción.

Para finalizar y manteniendo el argumentario francés, nadie mejor que uno de los alumnos de Widor, su compatriota Maurice Duruflé (1902-1986), evolución compositiva desde el respeto a las formas y su utilización pero rompiendo moldes como es de esperar. La Suite para órgano, op. 5 (1933), prueba de fuego para órgano y organista nos dejó sus tres movimientos que volvieron a sacar sonidos encontrados de lengüetería, la expresión romántica e impresionista colorido. Preludio que bebe de fuentes ya escuchadas este viernes con tímbricas sabiamente seleccionadas por Prieto, combinaciones de teclados que lograron jugar con las distintas fachadas del KLAIS, evoluciones dinámicas y pinceladas recreándose en cada registro; después la Siciliana celestial por un fagot ideal en la exposición junto a unos cristalinos flautados bien combinados casi etéreos cual homenaje a Debussy o Fauré, el inexplicable acento francés más allá de las propias melodías o armonías, la delicadeza sonora antes de la ruptura sonora que supone la Toccata, última para armar de principio a fin este concierto virtuoso, la forma por excelencia del virtuosismo en las teclas de Bach a Duruflé, testimonio de pervivencia compositiva e interpretativa.

El público entusiasmado tras semejante derroche y buena música que emanaba del KLAIS, con un Raúl Prieto que quería mantener mi pensado título “Bach principio y final”, por lo que nos regalaría el Preludio y Fuga en re mayor, BWV 532, docencia con el Maestro por el discípulo aventajado, pues órgano y Bach siempre van de la mano. Bienestar mutuo entre todos y otro regalo, vuelta a Saint-Saëns, de sus Septs improvisactions op. 150, la séptima “Allegro giocoso“, alegría por el instrumento alemán ya asentado en León que devolvía con creces cada nota, la respuesta del público volcado, las molestias del pie que parecían olvidarse con esta música. Y generosidad porque Bach tenía que cerrar el círculo virtuoso, curiosamente volviendo con un regalo que también sonó el sábado anterior, el Preludio Coral, BWV 731 enamorado de esa melodía luterana, Liebster Jesu! wir sind hier, casi traducido a “querido Bach, estamos aquí” en registro de lengüeta horizontal octavado, otra dimensión que desata pasiones interiores, paz y belleza del “kantor” de Leipzig. Pero Raúl todavía dejaría más constancia del virtuosismo, generosidad y profesionalidad con el “Ejercicio para pedal” BWV 598, recuperado plenamente para el órgano aunque después retomaría las muletas y la inmovilización del pie derecho que trabajó con una plantilla especialmente diseñada para no cancelar y mantener el compromiso con organizadores, obras y un público rendido literalmente a sus pies. Gracias amigo.

P. D.: muchas de las veces que escribo “lengüetas” también son flautados, para evitar interpretaciones erróneas de los especialistas en los registros de órgano, y buscando más un paralelismo instrumental; en el caso del coral de Bach el organista utilizó una flauta 8′ del positivo y una docena 2 2/3′ del recitativo. Gracias al intérprete por indicarme su elección.

 

Aplaudida decisión

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Jueves 19 de octubre, 21:00 horas. XXXIV Festival Internacional de Órgano Catedral de León, Ciclo de Músicas Históricas de León: Monica Melcova (órgano). Obras de Bach, Marchand, Melcova, Fauré y Vierne.

Enfilando ya la segunda mitad del festival de órgano me escapaba de nuevo a la capital vecina con tiempo de sobra para tener buen sitio en la cola y disfrutar del duodécimo concierto con una baja imprevista como la del estadounidense Stephan Tharp y la anunciada cancelación por enfermedad del decimotercero a cargo de Paolo Oreni, comunicada antes de comenzar por Samuel Rubio, en el primer caso cubierta a tiempo con éxito por mi admirada Monica Melcova (1974) que repetirá programa en la inauguración del cuarto año del exitoso “Bach Vermut” en el órgano de la Sala Sinfónica del Auditorio Nacional de Madrid este sábado (otro éxito del CNDM copatrocinador de este FIOCLE) mientras sigue sumando éxitos allá donde va, alternando conciertos y docencia en Musikene con su residencia granadina.

El programa elegido por la organista eslovaca volvió a sacar sonoridades de “el bicho Klais” aún por descubrir, optando por registrar manualmente y dominando como pocos intérpretes no solo la ornamentación sino la improvisación de la que es una verdadera maestra en el amplio sentido de la palabra.

Tres obras de “Dios Bach” para disfrutar de la magnitud compositiva e intepretativa en el órgano alemán capaz de hablar todos los idiomas: el monumental Praeludium E dur, BWV 566, exigente en manos y pies con registros “esperados” sin necesidad de excesos pero variado y potente inicio de concierto en un día frío. Continuaría con An Wasserflüssen Babylon, BWV 653, perteneciente a los llamados “corales de Leipzig“, perfecto de tímbricas en dos teclados más pedalero, la melodía luterana en la izquierda siempre presente por registro, el acompañamiento delicado de la mano derecha y el sustento del pedalero, el lenguaje divino de “Mein Gott“.
Y para cerrar esta trilogía inicial la Fantasia super Valet will ich dir geben, BWV 735, otra mezcla de maestría sonora por la elección de los registros y la rica pero nunca superflua ornamentación desde una limpieza expositiva más el rigor de cada figura, BACH siempre el mejor examen para todo músico.

Contrapuesto al alemán no solo en acentos, el barroco francés tiene en Louis MARCHAND
(1669 -1732) uno de los principales representantes y habitual en cada festival, dos mundos unidos en el tiempo pero separados en estilo, como así pudimos comprobar con las dos obras elegidas: Tierce en Taille [del 1er Livre] reposado y emparentado en registros más con España que Alemania aunque técnicamente lo fuese con el coral bachiano, y Grand Dialogue en Ut [3ème Livre] potente en sonoridades jugando con esos aires de gaita bretona que me recuerdan el folklore asturiano, de nuevo con ese acento del órgano hispano que Melcova conoce de primera mano, perfecto diálogo entre lo solemne y festivo en el leonés KLAIS.

Ya hice mención al magisterio de Monica MELCOVA con las Improvisaciones, y Samuel Rubio le pasó las partituras con dos melodías, de nuevo el “Himno a la Virgen del Camino“, supongo que por el fervor que despierta en todo el Reino, y la bellísima canción tradicional asturiana pero igualmente leonesa por su popularidad y cercanía, “Dónde vas a por agua” que me tomé como un guiño casi personal pues resultó más protagonista que el himno con un despliegue de registros parejo al virtuosismo de la eslovaca con armonías de la mejor escuela francesa de órgano de la que es gran intérprete, superponiendo ambas en una lección de gusto y técnica.

No deben faltar las transcripciones y arreglos de grandes partituras orquestales, y por supuesto para el órgano, pensando que cuando no existían las grabaciones o eran inaccesibles para el pueblo llano, era la única forma de conocerlas precisamente en las iglesias y catedrales. De Gabriel FAURÉ
(1845 – 1924) su Pavane op. 50
[transcripción de Geoff Piper] en la interpretación de Melcova sonó verdaderamente sinfónica, cuerdas en los tubos, arcos imposibles y contrabajos en los pies, pizzicati bien atacados, oboes y flautas en las manos melódicas, con un fluir creando el ambiente tristemente bello de esta página tan gala y con el sello propio del compositor traducido por la eslovaca.

Las campanas sonaron de nuevo en el KLAIS con la virtuosística página del también francés Louis VIERNE
(1870-1937) y su Carillon de Westminster
[Pièces de Fantaisie op. 54 nº 6]

perfecto toque final para seguir explorando y descubriendo sonidos del instrumento catedralicio leonés que va asentando su acento políglota que Monica tradujo desde la primera nota, honestidad en cada duración, planos clarísimos, uso del pedal de expresión romántico, despliegue en la búsqueda de efectos y registros ideales, pero sobre todo una lección de buen hacer, aplaudiendo a la organización y al CNDM por la decisión de sustituir al yanqui por esta organista afincada en España, que colmó las expectativas de aquellos que desconocían el cambio y mejoró la opinión de los que seguimos a esta gran organista plenamente afincada entre nosotros, aunque los músicos sean siempre universales.

Público rendido al magisterio de la organista que regaló otra improvisación además de atender gustosamente a cuantos se acercaron a felicitarla. Siempre un placer escucharla.

Consideraciones finales: hora y cuarto de cola para encontrar una buena ubicación pero entrar y ver reservada toda la zona central para los socios que colaboran en la organización del FIOCLE lo puedo entender y hasta asumir, aunque creo se pasaron con las previsiones. Y al abrir el cordón para llenar tanta silla vacía mientras había público de pie que no cabía en el espacio libre corriendo a ocuparlas, terminó por incomodarme y hacerme sentir un idiota por una espera estéril. Tampoco entiendo la decisión de no cobrar algo simbólico (el euro del programa podría servir) pues evitaría curiosos y peregrinos que aprovechan para ver gratis la catedral y marcharse en medio del concierto, si bien algunos se enganchan a la música. La consigna “espectáculo gratis cueste lo que cueste” no suele fallar tampoco en León.
Moraleja: llegar diez minutos antes, y esperar que abran la zona reservada da mejor posición que los abnegados y educados aficionados sufridores de las inclemencias del tiempo ubicados en laterales con poca o escasa visión del teclado (ya no se usan las pantallas de hace años). Menos mal que “el bicho” ruge en cualquier sitio.

KLAIS políglota

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Sábado 14 de octubre, 21:00 horas. Festival Internacional de Órgano Catedral de León (FIOCLE): Jeremy Joseph (órgano). Obras de Marchand, Alain, Couperin, Franck y Widor.

Nueva escapada al FIOCLE que sigue llenando la Pulchra Leonina con enormes colas desde una hora antes para un público fiel a este festival, ya en el meridiano de la trigesimocuarta edición con este décimo concierto.

Si “el bicho KLAIS” se mimetiza con los sonidos de cada época, puedo decir que esta agradable tarde en la Capital del Reino fue también políglota: el clavecinista y organista sudafricano Jeremy Joseph (Durban, 1978) discípulo del austríaco Martin Haselböck (también pasó por OviedoLeón el año pasado), organista de la Capilla de la Corte Vienesa y de la Orquesta Wiener Akademie, que aterrizaba en España con un programa de la escuela francesa abarcando distintas épocas. Destacar que Joseph también ejerce la docencia en la “Universität für Musik und darstellende Kunst” de Viena y anualmente imparte masterclasses en el curso estival de música barroca de la “Austria Barock Akademie“. Con este currículo era normal que el órgano hablase con tantos acentos franceses ante un intérprete políglota por naturaleza y destino musical.

El llamado rey de los instrumentos tiene distintas escuelas como todos los aficionados conocen, siendo el programa de la conocida como Escuela francesa de órgano (siglos XVI, XVII y XVIII) cuya producción, si bien menos abundante que los monumentales corpus de los autores alemanes de la época (especialmente J. S. Bach y Buxtehude) aporta a la historia un legado de calidad basado principalmente en la polifonía culta de origen medieval y renacentista, y sin entrar en Messiaen a quien se le sigue recordando este año, no digamos de la pléyade de grandes organistas del país vecino, naturales o formados allí.

Para comenzar nada mejor que LOUIS MARCHAND (1669-1732) y su Grande Dialogue en Ut majeur, el barroco francés poderoso y elegante, incluso galante y heredero de una tradición musical rica en todos las formas, siendo el órgano perfecto exponente de ese estilo propio, parisino para más señas. Joseph optó por registros habituales bien elegidos para poder disfrutar de una limpieza expositiva de cada línea melódica siempre en primer plano amén de la riqueza tímbrica que “el bicho” atesora.
Y cuando hablo de acentos solo hay que escuchar a JEHAN ALAIN (1911-1940), uno de los últimos grandes sinfonistas (junto a Franck y Widor) cuyas Variations sur un thème de Clément Jannequin, demuestran la técnica virtuosa partiendo de un tema conocido, esta vez del gran compositor renacentista impulsor de la chanson, pero con el lenguaje contemporáneo de sus sucesores, volcado en armonías rompedoras para el momento, nuevamente desde una registración sutil, de violones y lengüetería con vibrato francés como si del habla se tratase.

Otro francés típico fue FRANÇOIS COUPERIN (1668-1733), cuya música para tecla puede tomarse de referente, clave y órgano por momentos intercambiables aunando técnica del primero y riqueza del segundo de la que poco nos ha llegado hasta nuestros días. Los extractos de la Messe pour les couvents elegidos por el intérprete sudafricano nos sumergieron en la puesta en escena que es una “messe” (para los alemanes una feria), tres momentos cargados de sonidos variados, amplios y delicados cual referente junto a Marchand de las misas parisinas: “Kyrie” del Dialogue sur la Trompette con clara reminiscencia española por sonoridades, también con escuela propia que se acabaría perdiendo, la trompetería castellana del alemán KLAIS sonando plenamente francesa, el Offertoire sur les Gran Jeu elegante y refinado con la limpieza del clavecín sumada la gran paleta sonora, y finalmente la Elevation – Tierce en Taille, recogimiento sonoro merced a la riqueza tímbrica que el órgano catedralicio tiene para “dar y tonar”, perfecto subrayado a la Palabra de Dios y meditación sonora revistiendo la individual. Extraigo de las notas al programa las palabras del propio Couperin “… quien creía en la habilidad de la música para expresarse a sí misma en su prosa y su poesía, penetrando en ella hasta descubrir que es plus belle encore que la beauté“.
No se puede hacer una historia del órgano, y menos aún francés, sin el belga afincado en París CESAR FRANCK (1822-1890), excelente compositor y mejor organista aunque considerado un hombre gris, modesto, sencillo y monótono según sus biógrafos. La música moderna del país vecino surge como reacción
ante las humillaciones de la guerra franco-prusiana que
acabó con la vida del segundo Imperio, y tiene en Franck uno de sus pilares fundamentales,
a través del órgano de Santa Clotilde y de sus contactos
con el organero Cavaillé-Coll, renovando la
literatura organística y dando al último romanticismo una
profundidad plenamente adecuada al nuevo instrumento, orquestal a más no poder del que su Prière Op. 20 es un claro ejemplo. Acierto pleno en la elección de obra y registros casi idénticos a los “originales”, manteniendo acento y reafirmando la evolución de la música junto al “nuevo instrumento”.

Volveríamos con Alain en otra visión diríamos que postimpresionista, rica en tímbricas y armonías cercanas con sus Deux danses á Agni Yavishta, aplaudidas por separado y rompiendo la unidad contrastada que Jeremy Joseph buscó en ambas, la primera con volúmenes contenidos y flautados cual “cuco” en vez de trompeterías ya investigadas, con pulsión rítmica recordando a Saint-Saëns incluso en la armonización, más las sonoridades “debussianas” tan francesas y reposadas en otro despliegue tímbrico de “el bicho”.

El final tenía que ser grandioso, de explosiones sonoras en el KLAIS, y nadie mejor que CHARLES-MARIE WIDOR (1844-1937) con el “Allegro” de su Symphony 6, op. 42 nº 2. Cierre perfecto de velada, apoteósis de luz musical, la orquesta de tubos con todos los recursos sonoros posibles para las llamadas sinfonías para órgano: poderío, impacto, tímbricas desde la majestuosidad, virtuosismo instrumental revestido de la acústica catedralicia a mayor grandiosidad y gloria musical.

Dos épocas de esplendor musical del órgano francés, con el desértico periodo de decadencia que se prolongaría hasta la segunda mitad del siglo XIX, del que Jeremy Joseph mostró los mejores ejemplos, técnica al servicio de la música y sabia elección de registros.

Mas el regalo sería casi preparatorio del esperado domingo, el Preludio Coral BWV 731 Liebster Jesu, wir sind hier reposado, bien ornamentado y con el acento por excelencia de “Mein Gott”,
encuentro francoalemán sumándose al organista sudafricano el contratenor Carlos Mena cantando a “Bach todopoderoso”, alineaciones a pares, el KLAIS en su esplendor, BachBuxtehude frente a los pesos pesados Messiaen y Widor. No habrá vencedores ni vencidos, la música siempre triunfa.

Descubrimientos de López Banzo

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Domingo 1 de octubre, 
21:00 horas. Catedral de León, coproducción del XXXIV Festival Internacional de Órgano Catedral de León (FIOCLE), XXIV Ciclo de “Músicas Históricas de León” y Ayuntamiento de León: 
alumnos del V Curso de interpretación vocal barroca organizado por el CNDM en León: Laura Martínez Boj (soprano), 
Alberto Martínez (barítono), Cristina Bayón Álvarez (soprano) y Carmina Sánchez Picazo (soprano); Eduardo López Banzo (clave y dirección). Obras de G. F. Haendel, J. S. Bach y A. Stradella.

El mes de octubre comienza con el quinto concierto del FIOCLE en La Pulchra en el inicio de las fiestas locales de San Froilán, con uno que ya es tradición, coproducido por el CNDM, trayendo cuatro cantantes seleccionados en el quinto curso de interpretación vocal barroca celebrado el pasado mes de abril (ya está convocado el sexto el marzo próximo) por uno de los grandes de la música antigua española, Eduardo López Banzo (Zaragoza, 1961), y un programa de cuatro cantatas barrocas italianas que nos vuelve a descubrir a unos jóvenes ya afianzados en estas músicas con futuro, voces que sienten este periodo histórico como propio pese a todas las dificultades que entraña su estudio y evolución a lo largo de una carrera profesional que parece ofrecerles más oportunidades que otras “salidas” más líricas o sinfónicas a la vista del panorama nacional e internacional tras comprobar la trayectoria de anteriores “descubrimientos” del maestro maño que precisamente están triunfando en el repertorio barroco.

Cuatro cantantes (tres sopranos y un barítono) seleccionados por López Banzo en torno a cantatas de Haendel y Stradella sin faltar una intervención del maestro al clave con una de las suites de Bach. Enormes colas, como es habitual aunque las puertas abrieron media hora antes, colocándome en el lado opuesto del crucero donde se ubicó el escenario, pues creía necesario comprobar la proyección de las distintas voces, aunque la reverberación catedralicia no ayude mucho a entender los textos ni tampoco a degustar el virtuosismo del músico aragonés, que siempre es un lujo ver cómo mima a sus pupilos en unas obras que domina en todos los aspectos, siendo el concierto la auténtica puesta de largo de estas jóvenes voces, colocadas en orden a las cualidades demostradas en el mismo.

Por ampliar datos sobre el repertorio elegido señalar que las tres cantatas de Haendel son producto de sus viajes por Italia, Non sospirar, non piangere escrita entre Florencia y Venecia en 1707-09 y las otras dos de sus primeros meses en Londres (finales de 1710), donde el compositor angloalemán demuestra un perfecto dominio del llamado estilo italiano, apreciable en el romano Stradella como antecedente cercano en el género y ubicado en penúltimo lugar dentro del programa ofrecido para este quinto concierto del FIOCLE y tercero del de Músicas Históricas.

La soprano afincada en Barcelona 
Laura Martínez Boj abría concierto con la cantata Partì l’idolo mio, HWV 147 
de G. F. HAENDEL 
(1685-1759) compuesta en 1710 con el orden habitual de alternancia 
Recitativo – Aria – Recitativo – Aria; de voz todavía “pequeña” en proyección a la que queda igualar color en todos los registros, como a muchas otras, pero con quilates y material sonoro a pulir, de agudos suficientes, los recitativos claros y las arias llevadas con soltura y oficio, notándosela cómoda en este repertorio.

Natural de Almendralejo (Badajoz), el barítono Alberto Martínez prosiguió con Haendel y su cantata arcadiana o pastoral Nel dolce tempo, HWV 135b (1708) en cuatro movimientos (
Recitativo – Aria – Recitativo – Aria
), registro poderoso especialmente en el medio y agudo, aunque los tempi lentos no le ayudaron, siendo más “llevadera” el aria final por un aire donde lució su voz e interpretó con profesionalidad esta forma tan italianizante cual ópera en miniatura por la carga emotiva, sin dificultades técnicas en una carrera ya iniciada con solvencia que le deparará un futuro prometedor.

Del gran 
J. S. BACH
 (1685-1750), Eduardo López Banzo eligió la Suite inglesa nº 3 en sol menor, BWV 808 (ca.1715) de sonoridad íntima y contrastes claros en el clave a lo largo de sus movimientos (Prélude – Allemande – Courante – Sarabande – Gavotte et Musette – Gigue
), con el público aplaudiendo el primero, supongo que por no leerse el programa de 1€ del FIOCLE (el gratuito del CNDM no detallaba ni coincidía el orden). Lástima la distancia y reverberación para poder disfrutar aún más de los ornamentos y juegos tímbricos en esta tercera suite inglesa de “mein Gott” entre las cantatas ajenas.

Subiendo el listón de calidad, la soprano sevillana Cristina Bayón Álvarez afrontó la cantata de ALESSANDRO STRADELLA 
(1639-1682) 
Affligetemi pur, memorie amare sin problemas de ningún tipo, puede que sobreactuada en cuanto a una gestualidad excesiva en manos y brazos aunque siempre ayude en el fraseo, de voz penetrante y contundente, segura en afinación, color bastante homogéneo y buena proyección durante los cinco números Recitativo – Aria – Recitativo – Aria (adagio) – Recitativo

, de dramatización vocal además de corporal siempre bien arropada por el clave del maestro, respirando y completando una partitura algo más alejada de las de Haendel pero bien elegida para beber de los orígenes.

Personalmente agradable sorpresa supuso la soprano valenciana Carmina Sánchez Picazo que nos (de)volvía a Haendel con su cantata Non sospirar, non piangere, HWV 141 (Florencia / Venecia 1709), madurez total pese a su juventud ya asentada en carteles de mayor enjundia, voz que corrió perfectamente en las piedras de la seo leonesa a lo largo de los tres números, también más agradecidos que en las otras tres por la organización tripartita (Aria – Recitativo – Aria
) dejando un excelente sabor de boca tanto técnica como musicalmente, con agilidades precisas y limpias además de toda la teatralización que Haendel volcó en sus cantatas profanas. Bravo.

Un placer saber que la docencia tiene estos regalos que el maestro López Banzo saca a la luz en este León que retoma el pulso musical con el otoño aunque la prensa no ayude a informar del todo.

Concierto duro: KLAUS en KLAIS

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Martes 26 de septiembre, 21:00 horas. XXXIV Festival Internacional de Órgano Catedral de León (FIOCLE), concierto III: Klaus Lang (órgano). Obras de Klaus Lang, Erik Satie, Michelangelo Rossi, J. J. Froberger, G. Frescobaldi y Claudio Merulo. Entrada libre.

Volvíamos a pasar el Pajares para repetir visita a La Pulchra Leonina que volvió a registrar colas antes en el concierto del austríaco Klaus Lang (Graz, 1971) en un programa puedo decir que duro para cualquier aficionado y no digamos para un público que fue cual goteo abandonando el mismo a medida que avanzaba en la interpretación sobre todo de sus propias composiciones.
Como comenta en su web la Academia de órgano Julián de la Órden sobre el organista y compositorno usa el sonido, sino que el sonido es explorado, dándosele la oportunidad de desvelar su belleza y riqueza intrínseca. Sólo cuando el sonido es simple sonido podemos apreciar lo que realmente es: un fenómeno temporal, es tiempo audible. Klaus Lang entiende el tiempo como materia genuina del compositor y al mismo tiempo también como contenido fundamental de la música.

En su sentido musical, la materia es el tiempo percibido a través del sonido; el objeto de la música es la experiencia del tiempo a través de la escucha. La música es, así, el tiempo hecho audible”.

Comenzar con su ABD. Tryptichon für orgel ya marcó las líneas de lo que vendría a continuación, una investigación de las infinitas posibilidades que “el bicho Klais” esconde, arrancando con la nota A (la) en el pedal con un tutti largo, molesto por momentos sobre el que va construyendo distintos planos sonoros sobre esas tres notas (ABD) arracimadas en octavas variadas investigando tímbricas cercanas a la música electrónica pero poco agradables en una abstracción acústica a la que no estamos acostumbrados y donde el ritmo es tan interiorizado que no trasciende, jugando con intervalos donde el de cuarta llegó a ser casi obsesivo.
La forma de continuar el programa fue un enlazado, con cierto “horror vacui” sonoro, manteniendo notas de unión donde fueron apareciendo los compositores más reconocibles pero como disfrazados a causa de una registración tampoco habitual y salpicada por los otros números improvisados y del Tryptichon, incluso con una monotonía en el tempo buscando nuevamente otra concepción muy personal. Así la sonoridad de Satie resultó similar a la de Froberger olvidándose de estilos o cronologías, y no digamos de la forma “toccata” tal como se entiende, por lo que la escucha en frecuencias extremas y tímbricas hirientes, unidas a la sensación de lentitud propiciada por sonidos de duraciones exageradas, convirtieron este tercer concierto del FIOCLE en un auténtico ejercicio penitente para nuestros oídos que no todos soportaron hasta el final.

Reconozco la labor del “Mago Lang” en esta exploración del sonido y el tiempo y como dice el texto arriba transcrito, le di la oportunidad de desvelar su belleza (personal y de la que discrepo) y riqueza intrínseca que sí la hubo, dudando de lo que se puede entender como “audible” pese a considerarme un omnívoro musical y navegante por aguas turbulentas de todos los estilos y épocas. Pero ni siquiera las páginas conocidas supusieron descanso, contrapunto o luz en un discurrir espacio-temporal con el sonido como disculpa.

Me tomé este concierto como la exploración del KLAIS por KLAUS que sigue asombrando, rugiendo esa La Pulchra donde cabe todo, sacrificio de penitencia en las sillas esta vez aumentado hasta nuestros tímpanos. Por primera vez salí con un dolor de cabeza que solamente el relente de la noche leonesa logró aliviar, llevándome el posterior café con amigos a rememorar la felicidad del Sigfrido ovetense.

 
PROGRAMA

KLAUS LANG
(1971): “ABD. Tryptichon für orgel“- A.
K. LANG: Improvisación.
ERIK SATIE
(1866-1925): Prière des orgues de “Messe des pauvres”.
K. LANG“ABD. Tryptichon für orgel“- B.
MICHELANGELO ROSSI
(1602-1656): Toccata VII.
JOHANN JAKOB FROBERGER
(1616-1667): Toccata da sonarsi alla Levatione.
GEROLAMO FRESCOBALDI
(1583-1643): Ricercar cromático.
CLAUDIO MERULO
(1533-1604): Toccata del nono tono.
K. LANG: Improvisación.
K. LANG: “ABD. Tryptichon für orgel“- D.

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