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Crecer y seguir apoyando

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Domingo 9 de diciembre, 19:00 horas. Teatro Filarmónica, Oviedo: La Castalia, Concierto de Clausura XVII curso “La voz en la música de cámara”, homenaje al RIDEA. Entrada libre.

Ya van diecisiete cursos organizados por “La Castalia” centrados en la voz y la música de cámara con un profesorado de reconocido prestigio y un alumnado conocido que además de seguir formándose protagonizaron todos un estreno absoluto que llenó el Teatro Filarmónica porque el RIDEA no hubiera sido suficiente y además el merecido homenaje de “La Castalia” por el apoyo incondicional en tiempos de crisis varias merecía el mejor de los marcos posibles y el de la vecina calle Mendizábal reunía todas las condiciones.

Begoña García-Tamargo abrió el acto con la gratitud a los colaboradores y una excelente y amplia semblanza de la institución homenajeada, así como la entrega a Ramón Rodríguez Álvarez, actual presidente del RIDEA, de una placa conmemorativa y unas breves palabras de agradecimiento.

Dejo imágenes del programa y cartel de la ópera de cámara así como alguna fotografía mía sin entrar muy a fondo en detalles. Cierto que los dúos elegidos de Haydn, Schumann, Mendelssohn o el hermosisimo La Nuit de E. Chausson buscaron el empaste y continuar trabajando repertorios e idiomas donde estas voces se van encontrando más cómodas, todas ellas conocidas por el que suscribe y contemplando una evolución no siempre igual, alguna diría incluso que en retroceso, puede que por nerviosismo ante el imponente aspecto teatral (es preocupante la desafinación total sin escuchar el piano de referencia), incluso con distintos pianistas que aportan nuevos enfoques al trabajo como Ignacio Fernández o Juan Urdániz además de los profesores de estos cursos Sergey Bezrodny o Manuel Burgueras, con incorporaciones de nuevo repertorio español actual comenzando con el turolense Antón García Abril (1933) y sus Canciones asturianas, con Urdániz al piano acompañando las tres elegidas, Tengo de subir al puertu y la añada Dúermete neñu de la mezzo María Heres realmente cómoda en ellas, y Hasta los naranjales han florecido de la soprano Canela García.

El asturiano Jorge Muñiz (1974) y su ópera Fuenteovejuna fue la que abrió la temporada de ópera ovetense y de él pudimos escuchar en este concierto el estreno en España de su Oda a Covadonga (2005) con texto de Claudio Sánchez Albornoz en la voz del tenor Adrián Begega y el piano del maestro Burgueras, un homenaje a los tres centenarios de Covadonga.

El gallego Juan Durán (1960) no solo arregló Lela de su paisano Rosendo Mato Hermida (1914-1994) y letra de Castelao cantado por el tenor Vladimir López y Urdániz al piano sino el compositor de Tríptico de Amor y Ausencia con texto de Gabriela Mistral, cuya Ausencia estrenaban en Asturias la mezzo María Heres y el pianista Manuel Burgueras deleitando a un público entregado con esta belleza de música cercana geográfica y anímicamente.

Siempre se ha dicho que el violonchelo es lo más parecido a a voz humana, y antes de sumarse al trío instrumental para Doña Esquina, Santiago Ruiz de la Peña nos dejó la difícil Polonesa Concertante (David Popper, 1843-1913) de armónicos casi imposibles, con el virtuoso Bezrodny al piano, poniendo el punto y seguido antes del esperado estreno absoluto del ovetense Gabriel Ordás (1999), quien tomaría el violín y la dirección de una ópera de cámara sobre el entremés homónimo de Agustín Moreto y Cavana que disfrutamos en versión concierto y a no más tardar estoy convencido tendrá su puesta de largo porque resulta actual, moderna y accesible, en la línea de este músico integral con el que “La Castalia” encontró un filón al ser destinataria de algunas composiciones de un talento que sigue sorprendiendo con cada obra.

Cinco personajes para las voces que fueron “calentando” con Urdániz al piano, Ruiz de la Peña al cello y el propio Ordás tocando el violín y dirigiendo, corroborando lo escuchado previamente en calidades y registros para un elenco vocal donde nuestra mezzo Doña Esquina fue la protagonista total e incontestable de una partitura fresca, que respeta las voces, con ritmo, salero, aires del mejor musical de Broadway (a fin de cuentas también ópera de nuestro tiempo) recordando al genio Bernstein, y un argumento dieciochesco que parece tan actual como la música del propio Gabriel.

Mi más sincera enhorabuena a “La Castalia” por seguir creciendo, apoyando lo nuestro y formando contra viento y marea a una generación que no lo tiene fácil en estos tiempos.

Recortes de la prensa asturiana del lunes 10 en El Comercio y La Nueva España:

Buenos modales

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Sábado 1 de diciembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de piano “Luis G. Iberni”. Kun-Woo Paik, piano, Oviedo FilarmoníaCarlos Domínguez-Nieto (director). Obras de Beethoven y Tchaikovsky.

Para empezar el último mes nada mejor que dos obras conocidas y también en cierto modo cerrando producciones como el “Emperador” de Beethoven y la “Patética” de Chaikovsky, lo que trajo buena entrada al auditorio carbayón aunque personalmente me dejase ciertos sinsabores por la sensación de falta de entendimiento y mando en la línea de la siempre necesaria “dictadura musical” donde no hay consensos ni buenos modales en pos de una interpretación y no la suma de ellas. Me recordó aquel chiste donde dos gemelos no acababan de salir al mundo porque eran tan educados y “pasa tú primero” les llevaba a continuar en el seno materno.

El coreano Kun-Woo Paik, solista del Concierto para piano nº 5 en mi bemol mayor, op. 73 “Emperador” (L. van Beethoven) se presentó con sonido amplio y delicado aunque sin entendimiento con el director invitado Carlos Domínguez-Nieto, titular de la Orquesta de Córdoba, primero por una clara discrepancia de tempi entre ambos, lo que de entrada sonaba chocante, sumando una fuerte indecisión en cada entrada orquestal, tardando siempre en arrancar cada movimiento o post cadencias hasta que de nuevo alcanzaba la “velocidad crucero”. Tampoco se cuidaron los planos orquestales, demasiado discretos para este emperador que se quedó en principesco por no decir claramente republicano. El Allegro inicial fue irregular de principio a fin, incluso “pisando” orquestalmente el final de una de las cadencias, un poco más agradecido el hermosísimo Adagio un poco mosso que nos dejó disfrutar del aterciopelado sonido del coreano y la transición al Rondó-Allegro non troppo con los mismos modales ya comentados, caminos paralelos sin decisiones ni mando que impidieron una interpretación más acorde para una orquesta madura de veinte años capaz de desenvolverse en todos los repertorios. Recordar una de las definiciones de “concertar” como acordar, lo que debe hacerse en los ensayos y tenerlo claro para darle la forma definitiva con el público.

La obra orquestal “póstuma” de P. I. Chaikovsky, su Sinfonía nº 6 en si menor, op. 74 “Patética”, es un caramelo ¿envenenado? para todo director y orquesta por su magnitud, abanico tímbrico y dinámico, casi el cierre de temporada por efectivos y efectividad donde el público sigue aplaudiendo al final del tercer movimiento Allegro molto vivace por colocar el genio ruso a continuación el último Finale: Adagio lamentoso.

Si en Beethoven los modales fueron buenos pero ineficaces, de nuevo en esta Patética faltó decisión en los arranques, como si la potencia o el gesto no llegase limpio al destinatario, claridad en la agógica, más intensidades y otros balances que diesen luces más allá de las sombras, que de todo tiene esta última sinfonía. Cierto que hubo secciones que brillaron como en ellas es habitual (los cellos especialmente) pero faltó más plantilla, al menos contrabajos que den el necesario sustento grave a esta maravilla orquestal, más presencia a unos metales que se contuvieron en pos de una versión algo descafeinada pese a la belleza, y una dirección memorizada pero sin gancho. Hay obras que gustan tanto que la ilusión pone lo que la realidad niega. Lástima porque el concierto prometía y se quedó demasiado en lo superficial.

Para Santa Lucía volverá Beethoven con su séptima en la OFil con un Yaron Traub de más peso directorial y la violista Isabel Villanueva y el concierto de Walton que tanto éxito le está trayendo, sin olvidarme del estreno de Israel López Estelche, otro más de este cántabro muy ligado a nosotros y que sigue su incansable labor compositiva recompensada con la escucha, a lo que todos aspiran y el público también necesita. Espero contarlo desde aquí, como siempre… ahora con muletas.

Mayúsculas íntimas

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Miércoles 28 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano Luis G. Iberni: Piotr Anderszewski (piano). Obras de J. S. Bach y Beethoven.

En música las tres B mayúsculas las asociamos con Bach, Beethoven, Brahms, y los dos primeros serían los protagonistas del concierto que el pianista polaco-húngaro presentó en Oviedo, ampliando una primera parte que en principio se quedaba “corta” al ofertar tres -después serían seis- preludios y fugas del segundo libro de El clave bien temperado. Las notas a programa de Luis Gago se titulaban “Non Plus Ultra” aunque el recital lo dejaré en personal, pues así entendí la visión de un intérprete que tiene querencia por algunas obras y que afronta esa biblia del músico que es Bach con limpieza exquisita pero algo enfocada por un pedal “sui generis” en un concepto global muy romántico, como si la primera parte fuese preludio de “las Diabelli” sin entender tampoco el criterio en la elección de unas obras concretas así como su orden en el discurso musical, amén de los errores en los números de catálogo o tonalidades dentro del programa inicial y de la hoja añadida que descubrí al finalizar el concierto.

De los seis preludios y fugas no hubo un orden armónico, cronológico ni temático como tampoco en los iniciales tres, y de ellos me quedo con su interpretación contrastada sobre todo en las dinámicas casi extremas donde el éxito se alcanzó con los pianissimi íntimos capaces de acallar toses y respirar con Anderszweski. Personalmente tuvimos hace casi cuatro años nuestro doctorado de melómanos y seguidores de Bach con Pierre-Laurent Aimard que nos dejó casi tan exhaustos com él mismo, un monumento sonoro e interpretativo de que adoleció el polaco. Aportar algo personal a Bach no está al alcance de todos aunque se tenga la técnica necesaria para afrontarlo y creo que es la razón por la que no se escucha habitualmente en concierto. Los preludios resultaron algo desconectados de sus respectivas fugas en cuanto a intención aunque las segundas siempre sonaron limpias y haciéndonos cómplices de su discurso, pero por momentos parecían sonar lejanos, de otros tiempos remotos, por lo que me limité a degustarlos sin más emoción que la ir sorprendiéndome según aparecían. La crítica destaca del pianista polaco la “intensidad y originalidad de sus interpretaciones”, y “su
fuerte personalidad artística”, así que no estaba muy descarriado.

Pequeña conversación al descanso sobre filosofía y música desde mi silla de ruedas, que voy aparcando poco a poco desde este último miércoles de noviembre, me hicieron pensar sobre introversión bachiana y extroversión beethoveniana, implosión y explosión, decantándose siempre por lo segundo según iba escuchando esas 33 variaciones sobre un vals de Anton Diabelli, op. 120. Desde mis tiempos de estudiante reconozco que buscamos obras que nos gustan y luego no podemos, encontramos otras que terminan cautivando y una extraña sensación, mayor como público, de obras que se cruzan en tu vida. Supongo que esta opción debió ser la de Anderszweski pues las ha grabado en audio, documental y es obra habitual en sus recitales, densa pero asumida como propia de nuevo por su forma de afrontarlas sin esconder nada intrínseco al Beethoven del piano. Nadie mejor que el propio Gago para explicar estas “Variaciones Diabelli” de las que escribe: “una gigantesca metamorfosis, una transformación de proporciones colosales (…) unas variaciones que remiten al inicio de otras variaciones, como si Beethoven quisiera entrelazarlas simbólicamente, con ambas remitiéndose una a otra en una suerte de eterno retorno”. Puede que esa media docena de preludios con su fuga correspondiente fuesen como variaciones que nos llevasen a las otras con la visión del genio de Bonn sobre el Kantor de Leipzig y leídas por un intérprete de origen húngaro igualmente universal como ellos, intentando beber como casi todos los polacos de la fuente más cercana en busca de la verdad que en música nunca es total pero siempre será personal y entregada como en el caso de Piotr Anderszweski.

De regalo más Beethoven, la primera de las seis Bagatelas op. 126, misma sonoridad y sentimiento, casi intimidad en toda la velada, personal y solo apto para paladares delicados en un auditorio con excelente entrada para un piano solo, donde la palabra “bagatela” no refleja esta pequeña joya del irrepetible sordo enterrado en Viena.

Este primer sábado de diciembre tendremos más Beethoven en el Auditorio, el Emperador con Kun-Woo Paik de solista Oviedo Filarmonía celebrando 20 años y Carlos Domínguez-Nieto a la batuta, que espero contar desde aquí.

Terapia de cámara

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Miércoles 7 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo. Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”: Judith Jáuregui, piano, Cuarteto Signum. Obras de Dvorak y Schumann. Entrada anfiteatro: 16€.

Primera salida de casa tras mi percance pero la cita con mi admirada y querida donostiarra Judith Jáuregui merecía el esfuerzo, más inaugurando las Jornadas de Piano “Luis G. Iberni” en la temporada de los 20 años, y mimando la llamada “música de cámara”, verdadera escuela para público e intérpretes en formato de quinteto de piano con cuerda, el complemento ideal en texturas e intenciones por el que los grandes compositores han transitado, caso como banco de pruebas para “formas mayores” exigiendo por parte de los intérpretes una común unión de intenciones, mutuo reconocimiento y mucho amor por la música. Así lo entiende hace tiempo Judith que con los germanos del Cuarteto Signum ha encontrado la quintaesencia camerística debutando juntos en “La Viena del Norte” con dos grandes como Dvorak y Schumann, por quienes en solitario o dúo siente verdadera devoción y ahora con estos dos quintetos escuchados en Oviedo sube otro escalón en una carrera imparable y espléndida de una pianista integral que ya estuvo en estas jornadas hace siete años y cinco veranos con la OFil, sin olvidarme de su paso por la Sociedad Filarmónica Ovetense con el astur-alemán Adolfo G. Arenas en enero de 2013. En Gijón tuve una ocasión más de disfrutar su arte así como en mis escapadas a Musika-Música en el Euskalduna bilbaíno. El Signum Quartett está formado por Florian DondererAnnette Walther, violines, Xandi van Dijk, viola y Thomas Schmitz, violoncello.


Primera parte con Antonin Dvorak y su Quinteto para piano y cuerda nº 2 en la mayor, op. 81, arrancando con el piano que marca aire en el Allegro ma non tanto inicial pero también intenciones, diálogos, empastes no ya de este cuarteto alemán con largo recorrido que le otorga ese carácter unitario, sino del piano con la cuerda en esa escritura tan eslava y cargada de un romanticismo nunca afectado por el toque folklórico. Calidades solistas además de conjuntas que afloraron aún más en el segundo movimiento, Dumka: andante con moto de una hondura y belleza indescriptibles, “lamento” dvorakiano preparando el contraste anímico del Scherzo (Furiant): molto vivace, danza mágica de tímbricas muy logradas, como en todo el quinteto, una pulsión compartida y el brillo amplio como los matices desde una limpieza envidiable para un quinteto que debuta. El Allegro final el broche impetuoso pero contenido, aires schubertianos y checos, muestrario de presencias individuales y conjuntas que suponen un timbre único en la propia formación, el quinteto para pino y cuerda, autónomo pero con un mismo corazón.
La segunda parada obligada el alemán Robert Schumann y su Quinteto para piano y cuerda en mi bemol mayor, op. 44. piedra filosofal de esta formación, la mejor seña de identidad y examen exigente para quienes afrontan esta maravilla camerística. Allegro brillante sin concesiones desde el primer ataque conjunto, vivo, delicadezas en el piano y el cello, perlas en los violines más las flores desde la viola en un mensaje a Clara Wieck del enamorado Robert. Mi admirado Ramón Avello explica perfectamente en las notas al programa el trasfondo, pero esta música no tiene palabras, solo dejarla fluir, disfrutarla. En el escenario había química y se trasladó a un auditorio con mayor entrada de la esperable pese a coincidir otro concierto en la calle Mendizábal. El segundo movimiento con aire fúnebre In modo d’una maarcia. Un poco largamente fue conmovedor, desgarrador en cada instrumento cantado, marmóreo el conjunto pero con la maestría barroca del acabado casi etéreo y carnoso, paso lento con luces de esperanza global antes de recordarnos un final claro que consiguió un silencio respetuoso para disfrutar todavia más de la amplia dinámica de este quinteto. Apenas otro respiro hacia el tránsito vibrante, ascendente, valiente y esperanzador del Scherzo. Molto vivace, desde el piano pasando por las escalas del cuarteto, uniendo intenciones y emociones vitales, virtuosismo al servicio de la música, las frases dialogadas, los conjuntos, la riqueza de matices y la búsqueda de una textura propia. El Allegro ma non troppo final reincidió en calidades y cualidades, individuales y colectivas porque este quinteto además de todo un reto supone un regalo cuando se encuentran los resortes para emocionar, feliz confluencia y encuentro de intérpretes jóvenes además de maduros, JáureguiSignum que todavía darán muchas más alegrías tras esta salida ovetense que todos recordaremos, ellos y nosotros. En mi caso una terapia de cámara mejor que de cama.

Buenos estudiantes en verano

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Lunes 30 de julio, 20:00 horas. Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA), La Castalia: Concierto de clausura del IV Curso de Canto y Repertorio Vocal. Entrada libre y aforo completo.

Parece que estudiar en verano seguimos asociándolo a los malos resultados pero muchos son los que aprovechan el periodo estival para seguir haciendo cursos de perfeccionamiento, acudir a talleres y seguir creciendo porque así es la vida, muriendo y aprendiendo. En el campo musical nunca se deja de estudiar ni siquiera siendo profesional, incluso más aún para mantenerse siempre en forma, así que vacaciones como muchos las entendemos no existen.
En mi caso verano es sinónimo de desconexión laboral pero nunca de mis aficiones, entre las que nunca faltan lecturas y conciertos de todo tipo como se puede comprobar en el blog. Poder comprobar la evolución del alumnado es probablemente una de las satisfacciones mayores que se tienen tanto en la docencia como en mi melomanía, a menudo unidas ambas tras mis años de pianista repertorista, por lo que siempre que tengo a mano la posibilidad de escaparme a conciertos de clausura ahí estoy, y de nuevo Oviedo con “La Castalia” me ha dado la oportunidad de comprobar el buen estado vocal de nuestros jóvenes que ocupan el mes julio formándose con los mejores profesionales, todos luchando contra indolentes políticos, sin subvenciones, con zancadillas y rivalidades mal entendidas, poniendo dinero propio y apostando por un futuro más cercano de lo que se piensan los dirigentes, porque el tiempo vuela y no se puede dejar escapar el talento.

En nombre de esta incombustible Castalia del siglo XXI, su directora artística y profesora de canto Begoña García-Tamargo presentó este colofón de curso tras diez días duros de esfuerzo ímprobo para 14 alumnos, 100 horas de trabajo con profesorado de fonética (Ana Cristina Tolívar), análisis (Mª José Collazos) o repertorio vocal (Manuel Burgueras) para “desmenuzar” 76 obras y seleccionar las que finalmente pudimos disfrutar en el patio del RIDEA con un lleno impensable en un lunes al fin veraniego, con largas colas y una afición única en La Viena del Norte como llamo a este Oviedo musical, dejando aquí el programa. Además de recordar los sinsabores también repasó los conciertos en el Arqueológico, la centenaria Sociedad Filarmónica Ovetense, las distintas temporadas operísticas y sinfónicas con dos orquestas en la capital, junto a las Jornadas de Piano y Conciertos del Auditorio con su presupuesto pendiente de aprobar a estas alturas del año, aunque sabemos cómo funcionan nuestros dirigentes.

El maestro Manuel Burgueras al piano, del que dejo arriba la entrevista en La Nueva España, no solo ayudó durante todo el recital (al estar indispuesto Ángel Álvarez que también tenía sus obras) sino que continúa buscando lo mejor para cada voz, esta vez con mayoría de sopranos y distintos niveles pero todas ellas superando la dura prueba con público. Repertorio variado con canción de concierto para mayor disfrute pianístico y pureza total, arias de ópera, oratorio y también zarzuela para terminar. Acompaño fotos y obras junto a breves comentarios de todos los participantes.

Abría fuego el barítono coruñés David González Piñeiro con dos de las cinco canciones de “Let us garlands bring” opus 18 (G. Finzi) con textos de Shakespeare, Come away, come away death y Fear more the heat o’ the sun bien pronunciadas y sentidas para un timbre hermoso y delicado al que no debemos perderle la pista.

La jovencísima soprano Paula Montejo interpretó Amor, ch’atendi (G. Caccini) de voz natural a la que auguro largo recorrido, sin complejos y color prometedor totalmente adecuado a esta bellísima página, segura con el apoyo del maestro Burgueras.

El siempre difícil “Giulio Cesare” (Händel) del aria Si, spietata, il tuo rigore lo interpretó el bajo Román García, también joven pero que apunta maneras en su registro, agilidades bien resueltas con el aire adecuado para una voz que crecerá mucho con los sabios consejos de sus maestros.

Almudena Sanz es otra soprano que nos dejó muestras de dos estilos diferentes pero bien hilvanados y elegidos para su color, el complicado barroco de “Juditha Triumphans” (Vivaldi) con O servi volate más el clasicismo de Haydn y Quando la rosa non ha più spine (aria de Susana) de “La Metilde ritrovata” aún mejor.

Ya conocía al tenor Adrián Begega quien nos dejó el aria Sol può dir come si trova de “Il Re Pastore” (Mozart) que le va muy bien por tesitura y estilo, mejorando poco a poco su escena aunque el genio de Salzburgo siempre esconda dificultades en cada partitura.

Misma tesitura para otro tenor muy distinto, Vladimir López, voz con cuerpo en toda el registro y gusto en su línea de canto que optó por la conocida Parlami d’amore, Mariù (C. A. Bixio), disfrutando del piano y la melodía bien sentida, quedándome con ganas de escucharle algo más porque gustó en esta intervención.

También repetía la soprano Canela García que avanza en cada curso, cantando en su primera intervención la bellísima Nuit d’étoiles (Debussy), bien musicalmente y que deberá “romper” poco a poco en escena porque cualidades vocales las tiene.

Siguiendo en la misma tesitura de sopranos conocidas en estos cursos Cristina Suárez interpretó Ruhe meine Seele (R. Strauss) en perfecto alemán y protagonismo compartido con Manuel Burgueras, el siempre agradecido lied para ambos con un registro grave amplio e ideal en este repertorio al alcance de pocas voces jóvenes que la soprano gallega resolvió con solvencia.

Un placer escuchar a la mezzo asturiana María Heres en cada curso, siempre cómoda y segura en el repertorio barroco que adora, y más con el Messiah (Händel) con el que comenzó su primera intervención en la reposada aria He was despised and rejected of men con un piano mimando cada pasaje haciendo olvidar la orquesta original,

para continuar con el dúo O death, where is thy sting bien empastado con Adrián Begega en color e intención.

Las voces gallegas son habituales de “La Castalia” por cercanía y confianza en estos maestros, y una de ellas es la soprano ferrolana Carla Romalde, una veterana pese a su juventud, siempre con soltura en las obras trabajadas, dejándonos en primer lugar la complicada aria Ah, non credea mirarti de “La Sonnambula” (Bellini), belcantismo puro para una voz que se maneja bien con las agilidades.

Volvía el bajo Román García que se atrevió y cumplió con el aria Vieni, o levita de “Nabucco” (Verdi) asombrando de nuevo por un registro que el tiempo engordará para una cuerda en la que escasean estas voces.

Bellini volvería a sonar con Canela García quien interpretó Dopo l’oscuro nembo de “Adelson e Salvini” aprovechando esa voz con cuerpo y música de reminiscencias hermanas del Oh! quante volte (“I Capuleti e i Montecchi”) de mayor dramatismo vocal que corporal y el piano orquestal.

Más clasicismo de Haydn, la “canzonetta” con texto de Shakespeare She never told her love para la mezzo María Heres en su última intervención, inglés perfecto de dicción y confianza en un repertorio que avanza para su registro poderoso siempre cantando con emoción y buen gusto.

Del hermoso oratorio “Elías” (Mendelssohn), el tenor Adrián Begega eligió Zerreiset eure Herzen… So ihr mich resuelto con seguridad y matices algo exagerados pero solvente de principio a fin.

En la recta final y con segundas intervenciones llegaría la conocida aria Oh, ma lyre immortelle de la poco escuchada “Sapho” (Gounod) a cargo de Cristina Suárez, una joya que las grandes sopranos guardan para sus recitales y de agradecer poder escucharla en este concierto, bien trabajada por la cantante gallega que redondeó una buena intervención con la excelencia pianística del maestro Burgueras.

El apasionante mundo del lied volvía al recital con David González y Verborgenheit (H. Wolf) que requiere dicción y emoción, microrrelatos dialogados con el piano, perfectamente ensamblados ambos para este “descubrimiento mío” en el cuarto curso de “La Castalia”, barítono al que espero poder seguir su trayectoria.

Oviedo ama la zarzuela, nuestro género por excelencia que tiene tanta tradición como la ópera en la capital asturiana (la segunda temporada tras Madrid) por lo que el cierre no podía ser otro, la romanza En un país de fábula de “La Tabernera del Puerto” (Sorozábal) que escuchamos hace poco en el Campoamor, aquí por la soprano Carla Romalde de timbre algo metálico pero seguro y suficiente con los ornamentos en su sitio  pausados junto a la “orquesta” de Burgueras, el acompañamiento ideal en esta clausura de curso y concierto que hizo las delicias de todos los presentes. Nombres de voces que cuando triunfen diremos “los escuché en Oviedo, La Viena del Norte gracias a La Castalia“.

Poesía es música

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Sábado 28 de julio, 20:00 h. Salón de actos del Monasterio de Santa María de Valdediós: “Atardeceres Musicales 2018“, Ciclo La voz y la palabra, organiza Círculo Cultural de Valdediós. El canto de la dulce FilomenaLola Casariego (soprano), Aurelio Viribay (piano). Obras de Debussy, Fauré, Hahn, Massenet, Granados, García Abril y Bautista Cachaza. Entrada libre hasta completar aforo.

El ciclo titulado “La voz y la palabra” une los dos pilares del Círculo Cultural de Valdediós, poesía y música presentando este segundo concierto donde los textos son aún más protagonistas con la música, Francia y España, poemas ofrecidos con letra original y su traducción en unos programas de mano con papel excelente, obras de compositores del pasado siglo tanto del país vecino ocupando la primera parte como nuestros españoles internacionales en la segunda, si se quiere de mayor calidad todavía con un Federico García Lorca más vivo que nunca en los lenguajes de tres músicos dispares que engrandecen con la voz y el piano la eterna lírica. Contar con la ovetense Lola Casariego en este concierto suponía garantía de calidad, y sumándole el magisterio al piano del vitoriano Aurelio Viribay el resultado final fue poéticamente musical o musicalmente poético, buen decir en francés o castellano, mejor fraseo instrumental sin palabras y protagonismo compartido de un género que seguimos vendiendo mal precisamente por ser nuestro: la canción española de concierto que el Maestro Viribay conoce como pocos, equiparable a las Chanson vecina, Songs inglesas o Lieder alemanes, porque las hermosas melodías alcanzan altos vuelos ante el pianismo de unos compositores que conocen los estilos vecinos, contemporáneos e incluso avanzados a su tiempo como comentaré más adelante.

Por desgranar la primera parte en perfecto orden cronológico y estilístico, cuatro músicos que mueren en la capital francesa. Claude Debussy (Saint-Germain-en-Laye, 1862 – París, 1918) y tres poesías musicalizadas de auténtica soirée maliayesa en este entorno monacal: Beau Soir (Bourget), Nuit d’Etoiles (Banville) y Mandoline (Verlaine), la voz carnosa de la soprano carbayona con el impresionismo puro del pianista alavés, textos realzados en pentagramas rompedores en su momento, perfecto maridaje del cambio de siglo para continuar con el gran melodista vecino, Gabriel Fauré (Pamiers, 1845 – París, 1924) al que Elly Ameling y Dalton Baldwin me engancharon hace muchos años para reactivarse este sábado de voz y palabra tomando del ciclo La Bonne Chanson op. 61 sobre textos de Verlaine dos de las nueve canciones, tercera y segunda respectivamente: La lune blanche luit dans les bois, hermosa en cualquier registro vocal pero que con Casariego alcanza color propio sin perder el sabor de mezzo, y Puisque l’aube est grandit, la propia poesía describiendo el piano que “crece como el alba” en manos de Viribay guiando la voz “por senderos de espuma apartando guijarros y peñas, arrullando las lentitudes cantando aires ingenuos” pero maduros en la voz de Lola, sin nasalizar en absoluto dominando textos y argumentos, dramatización compartida en la escena.
Evolucionando en lenguaje tanto vocal como instrumental pero siempre al servicio del texto vendría otro melodista caribeño de nacimiento pero plenamente integrado en el ambiente de “La Belle Époque”, el venezolano Reynaldo Hahn (Caracas, 1874 -París, 1947) con dos páginas a cual más bellas: Si mes vers avaient des ailes (V. Hugo) y A Chloris (Théophile de Viau), verdadera recreación que este tándem Casariego-Viribay suelen ofrecer en pugna de emociones antes de concluir con el operístico Jules Massenet (Montaud, 1842 – París, 1912) que como tal, no podía olvidar estas miniaturas teatralizadas con textos de Louis Gallet como la Elégie para disfrutar por partida doble, voz dramáticamente emocional y piano conteniendo desde el equilibrio ideal sin cello, antes de Nuit d´Espagne, excelente visión musical francesa de nuestra geografía literaria con cierta reminiscencia bizetiana más que raveliana aunque la inspiración española no tiene fin.

Apenas diez minutos de descanso y totalmente española la segunda parte, colocadas obras y autores ahora jugando con los estilos y dándole protagonismo a García Lorca tras abrir boca con un Enrique Granados (Lérida, 1867 – Canal de La Mancha, 1916) siempre actual. De “La maja dolorosa”, tres tonadillas dieciochescas, inspiradas en la moda goyesca e inspiradoras por calado, ¡Oh muerte cruel!, ¡Ay majo de mi vida! y De aquél majo amante. El gusto de Lola Casariego se recrea con esta maja bien entendida desde un registro grave poderoso y una tesitura cómoda de dicción perfecta que siempre ayuda a la emisión clara, mientras el piano de Aurelio Viribay no solo sustenta esos tres textos pictóricos sino que vuela en el lenguaje pianístico hispano iluminado en París y malogrado por una tragedia que truncaría una proyección inimaginable del catalán.

Suelo comentar con muchos melómanos que uno de los compositores que mejor han entendido el folklore español ha sido el maño Antón García Abril (Teruel, 1933), digno representante y continuador de esta tradición de canción que conoce y se inspira en los orígenes populares para elevar los textos de nuestros poetas. Así toma a Lorca para sus “Tres canciones españolas” que sin perder el trasfondo regionalista mantienen el lenguaje típico del turolense, “tierno y brillante” en palabras de la propia Lola, compartiendo empuje voz y piano, el ritmo del Zorongo de regusto decimonónico, la Nana, niño, nana, sentimiento fallesco de armonías en plena transición o la Baladilla de los tres ríos de tradición melódica cercana a Rodrigo, de final poderoso que han sido llevadas al disco por ambos intérpretes (Canciones) junto a otras más que conforman este “corpus de canción hispana” donde no falta lo asturiano, aunque el directo único de Valdediós lo hizo irrepetible.

Y el aún por descubrir Julián Bautista Cachaza (Madrid, 1901 – Buenos Aires, 1961), estilísticamente el más actual y adelantado a su época por aunar el sabor clásico andaluz con toques de jazz flamenco, o viceversa, a partir de los textos lorquianos en Tres ciudades, el compositor “hondo y racial” que arranca con una Malagueña de piano guitarrístico además de “jondo” y voz con “pellizco y quejío”, Barrio de Córdoba sentido, florido como los patios, balada llorada desde la lejanía antes del Baile de final apoteósico con aires de AlbénizTurina para recrear la Carmen sevillana e internacional que hacen del exiliado Bautista un compositor español cercano y universal  como también lo fue su amigo Salvador Bacarisse, ambos en el llamado “Grupo de los Ocho” madrileño, otro compositor que entendería a la perfección que la poesía es música. Muchas gracias a Aurelio Viribay por su incansable trabajo en mantener encendida la llama de estos excelentes músicos a quienes todavía no se les ha reconocido en su justa medida y también acreedores de la memoria histórica pues la dictadura les privó de triunfar en su patria.
De propina sin necesidad de presentaciones aunque “fuera de contexto” por reducción orquestal al piano tras un equilibrado y bien elegido programa, una de las más bellas arias de ópera escritas por Puccini, “O mio babbino caro” de Gianni Schicci, preferida de muchos aficionados que llenaron el salón monacal a los que nuestra Lola agradeció cantando a papis, güelitos y tíos con sobrinas.

Compartir es vivir

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Viernes 20 de julio, 20:00 horas. Patio del Centro de Cultura Antiguo Instituto (CCAI): Concierto homenaje a René de Coupaud. Isaac Turienzo (piano), Xel Pereda Quinteto, Andreas Prittwitz Lookingback Trío. Aforo completo.

Entrar en el Antiguo Instituto es recordar siempre a mi querido René, el omnipresente que diría Andreas, su hogar tras cambiar Vetusta por Gijón donde siempre tuvo su casa, pues allí nació y fundó el primer estudio de grabación asturiano en el recinto ferial, los legendarios Estudios Norte y después EOLO donde le conocí con Pipo Prendes, por donde pasarían tantos artistas y grupos de todos los estilos a dejar escrita un poco de la historia musical asturiana, con el tándem Coupaud-Bastarrica, el mismo de La Orquestina Son Les Poles con un toque personal y avanzado para entonces que continuarían en menor medida Cuélebre. En Asturias todos sabíamos que hablar de René de Coupaud era hacerlo de música, de trabajo, de ilusión y hasta de innovación.
Surgió entonces la chispa y mi admiración por una leyenda cuyo nombre iba unido al de figuras de mi adolescencia (Camilo Sesto, Ángela Carrasco, Alcatraz…), tenerlo cercano fue un aprendizaje vital y de respeto hacia el maestro, cariño hacia su familia en Fray Ceferino con Javi y Pablo, también grandes músicos como no podía ser menos, chapoteando en la piscina mientras Loli preparaba la merienda.
El cambio de destino no solo supuso hacer menos kilómetros diarios sino mejorar la calidad de vida y dejar atrás San Juan el Real, pasar otra hoja a su libro musical además de continuar haciendo escuela desde el Taller de Músicos de la Fundación Municipal de Cultura y Universidad Popular, primero en los bajos de El Molinón y después en este CCAI desde donde seguir dinamizando todo lo que sonase, impulsor entre otros del Festival de Música Antigua de Gijón.
René siempre apostando por innovar, imposible resumir sus 25 años al frente de esta iniciativa que sirvió de modelo para muchas más, rompedor siempre en su momento y todo un clásico ya. Sembró mucho, discreto y tenaz, trabajador infatigable, y en el mejor momento de su vida, recién jubilado disfrutando de Quintes, su corazón volvió a fallar dejándonos un vacío indescriptible. Un febrero gris de invierno que no terminaremos de digerir ni siquiera cinco meses después, repitiendo climatología en pleno verano después porque sigo buscándole cada vez que vengo al Centro.

Recordarle era lo menos que le debíamos, y no podía ser más que con música, en su casa y como decía la concejal de educación y cultura Ana Montserrat López Moro al inicio, con “cariño, respeto y admiración”. Sería imposible reunir sobre el escenario a todos por los que René apostó, asesorándoles, grabando o apoyando infatigable, pero hubo una buena representación este sábado con el respaldo de su Gijón del alma, de tantos amigos que dejaron pequeño el patio: el jazz, el folk o la fusión, avanzados en su momento y plenamente actuales.

Isaac Turienzo ha sido Premio AMAS de Honor como René en 2014, ambos enamorados del jazz y que abrió homenaje casi intimista con Thelonius Monk, un Monk’s Mood contrapuestos y unidos por el equilibrio, desde la locura uno y de la reflexión otro como el propio Isaac comentó. Otros dos temas, primero un bolero de aire casi Corea o incluo Camilo pero Michel, con la canción de amor España, siguiendo con otro “standard” recordando 1992 del ciclo “Jazz en el centro” el mismo año que grabase en Mieres “Made in Asturias“, con dos referentes de Isaac, Tete y René cual tamiz de ambos, la (re)visión popular de Santa Bárbara bendita.

Eduardo García Salueña, digno heredero de René, hizo de maestro de ceremonias y también dejó pinceladas antes de dar paso a Xel Pereda con un cuarteto donde estuvieron con
Ángel Ruiz en la pedal steel guitar un trío de cuerda (violín, viola y cello). Desde Llan de Cubel, grupo de folk que también pasase por las manos de René, Xel cantando con su guitarra fue llenando de asturianía contemporánea el patio gijonés con la añada Agora non en versiones atemporales, siguiendo con el tema de Igor Medio (FelpeyuLos fayeos de mayo
y con el quinteto Onde vas por agua
para finalizar desde la fórmula del popurrí comenzando con una introducción instrumental de steel y guitarra del conocido En el campo nacen flores donde van cantándose arreglados de aire “country” el Xilguerín parleru con Si la nieve resbala, buena fórmula para revitalizar la llamada música de raíz que sigue funcionando.

En este homenaje a René había que recordar los talleres de improvisación que arrancaron allá por 1996 y todavía funcionando, y Eduardo aprovechó para dar paso a la última actuación de un asturiano de adopción que ha venido tantas veces a nuestra tierra en parte “por culpa de René” con distintos grupos, a charlas y conferencias, a festivales y conciertos, seminarios o grabaciones con el omnipresente amigo: Andreas Prittwitz en trío de Looking Back con Ramiro Morales en la tiorba (guitarra barroca para el último tema) y Antonio Toledo a la guitarra española mientras Andreas saltaba del clarinete a la flauta o el saxo, la fórmula que mezcla jazz y clásico a lo largo de la historia de la música, otra de las apuestas que el Taller de Músicos trajo a Gijón y ahora se ha normalizado. Tres grandes músicos capaces de improvisar con la naturalidad que da el tiempo y el dominio de estos repertorios, recreando a Bach y una de las suite de cello en formato de blues a la tiorba de Ramiro realmente curiosa que arrancó aplausos espontáneos, o una joya atemporal como las Tres morillas en una introducción de Toledo a la guitarra de quitar e hipo que tuvo además una sonorización global a la altura del maestro homenajeado. Las Jácaras de Gaspar Sanz serían otro tesoro con el virtuosismo habitual de Andreas a la flauta que le trajo a España aunque domine igualmente clarinete y no digamos el saxo, acompañado de tiorba y guitarra. Finalmente y dedicada a la familia de René que también lo es suya por el roce y cariño de tantos años, su adorada Chacona de Francesco Corbetta con la guitarra barroca sola antes de ir floreciendo con el clarinete, después el saxo y la guitarra española de sabor universal.
Tarde de vivencias con la música que mantiene vivos los recuerdos y nada mejor que entre amigos, porque como el propio René decía

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