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Villancicos en Málaga

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Viernes 27 de diciembre, 20:15 horas. Málaga, Iglesia del Sagrado Corazón: “Concierto para La Paz. La Navidad en el Mundo”. Orquesta Promúsica y Coral Santa María de la Victoria. Directores: Javier Claudio Portales y José Eugenio Vicente.

Varias generaciones musicales de intérpretes y obras se dieron cita en la hermosa iglesia neogótica ubicada en la plaza de San Ignacio en un concierto de villancicos que sirvió para comprobar cómo la música navideña sigue vigente y más cuando se interpreta desde el corazón y con espíritu solidario.
La Orquesta Promúsica de Málaga es todo un proyecto formativo para instrumentistas de cuerda fundado en 2009 gracias a la propuesta y el impulso de la Fundación Musical de Málaga diseñado y dirigido por el violinista y pedagogo malagueño Javier Claudio, profesor de violín en el Conservatorio Superior de Música de la ciudad. tiene como objetivo ofrecer apoyo, formación y estímulo musical actualmente a cerca de un centenar de niños y jóvenes de 6 a 26 años. La característica más destacada del proyecto es que los alumnos mayores ayudan como voluntarios en la formación de los más pequeños, creando una imbricación muy especial entre todos. El Proyecto tiene tres jóvenes orquestas: Orquesta Infantil, Joven Orquesta y Orquesta de Cámara, que pudimos disfrutar en las dos partes del concierto.

Sería los más pequeños quienes abrirían la velada con cuatro obras adaptadas a su nivel y con dos directores que también son instrumentistas de la Orquesta de cámara de Promúsica, Beatriz Claudio (violonchelo) con la Polka “Bella Bocca” de Waldteufel, y Bass-icamente Navidad de Piertpont ambas en arreglos de Bob Phillips, una gozada el entendimiento entre los músicos y la complicidad además del trabajo en la segunda, con un “swing” sin percusión digno de elogio, y Guillermo de Alba (contrabajo) con The Village Bells (Brahms) y The Sound of a sound (R. Meyer), partituras bien elegidas donde a los fundamentos de la cuerda se unen capacidades básicas como el ritmo y sobre todo el humor en ese “juguete musical” de Richard Meyer. Bravo por los “peques” y unos directores que apuntan maneras además de la pedagogía necesaria para llevar adelante estas cuatro obras.

La Joven Orquesta ya con el maestro Portales nos dejaron por su parte unos arreglos muy conseguidos de tres “clásicos americanos” como Let it Snow! (Jule Stine), Mister Santa (Pat Ballard) que no es sino el conocido Mr. Sandman bien traído a la orquesta de cuerda, y el eterno Irving Berlin fusionado Happy Holiday y White Christmas en una adaptación muy lograda para la una orquesta de cuerda, finalizando con el público malagueño sintiéndose vienés y la Marcha Radetzky de Johann Strauss padre, las palmas en su sitio además de matizarlas.

La Coral Santa María de la Victoria fundada por el recientemente fallecido Padre Gámez en 1969, y bajo la dirección del pianista malagueño además de catedrático José Eugenio Vicente Téllez, mantiene su excelente nivel de homogeneidad, empaste, afinación y buen gusto, años de tradición que suman enteros para un coro con mucha historia en estos 50 años de trayectoria con relevos generacionales que continúan la calidad y musicalidad que Don Manuel les transmitió desde sus inicios.

La parte “a capella” desgranaría lo mejor del repertorio navideño comenzando con Oh qué precioso niño (Mozart), El mensaje de los ángeles (F. A. Gevaert) que muchos conocemos como “Gloria in excelsis Deo“, bien compensado en sus cuatro voces, el villancico malagueño Dime niño (armonizado por A. Pérez Moya), en tempo y aire “clásico” como era de esperar en la formación malacitana, el popular Chiquirritín (armonizado por Oriol Martí) jugando con diferentes aires y contrastes entre las cuerdas, el Villancico Cordobés (arreglo de Francisco Civil) que no es otro que “Hacia Belén va una burra” en una armonización bellísima, Campanas de Belén del recordado Manuel Gámez López (Fuengirola 1927 – Málaga 2019 ) a quien Málaga le debe mucho y en el mundo musical aún más, para finalizar con Es Navidad (Gevaert).

El cierre del concierto lo ofrecerían junto a la Orquesta de Cámara con la batuta del Maestro Portales en cuatro obras populares donde la cuerda y las voces (reubicadas en su colocación como la orquesta, es decir los graves juntos, a a derecha según los vemos) dieron el salto de calidad, pues lo sinfónico coral une lo mejor de las dos formaciones. Primero A Christmas Festival (Leroy Anderson), un popurrí de temas navideños que reconocemos por tantas películas y grabaciones, especialmente los que ya peinamos canas, siguiendo con la popular alemana O Tannembaum (“El abeto” aunque conocida como “Oh! Luz De Dios”) y el arreglo del padre Gámez sobre el universal Noche de Paz de Gruber.

Para concluir en todo lo alto nada mejor que Haendel y el Aleluya de “El Mesías” donde las voces se emplearon a fondo, bien todas las cuerdas con unos bajos redondos y unas sopranos seguras, más una orquesta madura donde no echamos de menos vientos ni percusión dejándonos una versión ideal que sería el broche de oro para este mi último concierto del año en mi querida Málaga.

P. D.: Gracias a mi querido amigo Manuel L. Oliver-Copons por la invitación y el reencuentro breve e intenso, siempre con la música como “disculpa” y el recuerdo a Don Antonio.

Felices Fiestas

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Xma2019

Tras un 2.019 lleno de vicisitudes donde Neska llegó a darnos alegría, os deseamos a todos un 2.020 pletórico.

FELICES FIESTAS

Feliz Barroco malagueño en Navidad

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Lunes 23 de diciembre, 20:00 horas. S. I. B. Catedral de Málaga, Joven Orquesta Barroca de Andalucía, Aarón Zapico (director). Obras de Bach, Haendel, Vivaldi, Locatelli y Pachelbel. Entrada libre.
La Joven Orquesta Barroca de Andalucía (JOBA) nace en 2010 como un proyecto pedagógico promovido por la Orquesta Filarmónica de Málaga, dependiente del Ayuntamiento de Málaga y la Junta de Andalucía cuya finalidad es despertar en jóvenes entre los 17 y 22 años, el interés por la Música Barroca así como darles a conocer sus escuelas, géneros y prácticas interpretativas. En este encuentro de navidad han estado trabajando con el asturiano Aarón Zapico que continúa su imparable labor en la dirección y contagiando su pasión por un repertorio donde se ha consolidado como un especialista de renombre internacional.

El concierto que llenaría la “manquita malagueña” y ponía el punto y final a seis días de trabajo concienzudo, nada menos que cinco obras del barroco alemán e italiano muy exigentes para una orquesta joven a la vez que madura, de calidad más que demostrada, equilibrada y totalmente entregada al director, quien lleva y transmite a los músicos su visión fresca, llena de color e ímpetu de unas obras verdaderamente maravillosas.
Entrando desde la parte de atrás del altar con Rameau y su Danza de la pipa de la paz de “Las Indias Galantes” antes de ubicarse ya definitivamente para afrontar al dios Bach y su Suite para orquesta nº1 en do mayor, BWV 1066, llamadas en su época “Oberturas”, como bien explica en las excelentes y extensas notas al programa Alejandro Fernández, reorganizando el programa a la inversa del previsto, como previamente explicó Aarón Zapico, y ejecutado sin pausas las notas musicales que con la JOBA iluminarían la catedral malacitana.

Las siete partes o danzas (Ouverture, Courante, Gavotte I/II, Forlane, Minuet I/II, Bourrée I/II, Passepied I/II) con una instrumentación de oboe I/II, fagot, violín I/II, viola, bajo continuo) ya supusieron el primer toque de calidad de los jóvenes instrumentistas andaluces, con una cuerda muy equilibrada y una madera a la que la reverberación catedralicia no ayudó a degustar más su virtuosismo. Colores orquestales bien remarcados, aires contrastados y valientes en los rápidos, muy íntimos los lentos, con una gama dinámica realmente digna de veteranos.
Tras Bach su compatriota y contemporáneo Haendel con el Concierto nº 2 en si bemol mayor HWV 313 (de los Sei Concerti grosso op. 3), las dos caras del barroco alemán que se complementan pero ofrecen más lucimiento y menos hondura desde su estancia londinense no exenta tampoco de los aires de su época en sus cinco movimientos (Vivace, Largo, Allegro, Menuet y Gavotte), danzas para la cuerda bien contrastadas, con una plantilla ideal para cada una, nueva paleta amplia de matices y contrastes bien entendidos por el maestro Zapico y resueltos con solvencia por la JOBA.

Y de Alemania a Italia con el irrepetible Vivaldi de quien escuchamos su Concierto para cuerdas y continuo en sol menor, RV 157, maravillosa página del “cura pelirrojo” con una interpretación sublime de los jóvenes barrocos y el impulso desde la dirección, la luz que tras quitar el paso del tiempo cual lienzo sonoro descubre líneas y colores escondidos. La acústica también nos impidió disfrutar del clave con más presencia, aunque hubo momentos donde alcanzamos a vislumbrar ese continuo junto a unos cellos y contrabajo redondos.
Aún más preciosista en el planteamiento el Concierto grosso nº8 en fa menor, “Concierto de Navidad” op. 1 (de los Dodici Concerti grosso a Cuatro e a cinque) de Locatelli, para disfrutar de una orquesta ensamblada luchando con la difícil afinación y entregada, el barroco italiano siempre único que el maestro Zapico entiende a la perfección y la orquesta respondió fielmente.

Me asombraron tanto el fagot de Irene Camacho Sánchez como el oboe solista de la malagueña Nieves Escobar Baena, calidad y musicalidad que transmiten en cada intervención, al igual que los violines solistas en perfecto entendimiento a lo largo del programa, para rematar sin Aarón con el conocido Pachelbel y su Canon y giga en re mayor para tres violines y bajo continuo, T. 337 creciendo en emociones e intensidad manteniendo la pulsación levemente marcada por el arco de uno de los cellistas mientras el maestro dejó a su orquesta escucharse, disfrutar con esta popular obra, el broche final de un encuentro con mucho trabajo cuyo examen final y premio fue este concierto arrancando largas ovaciones de un público que disfrutó esta navidad barroca en la Catedral de Málaga, de nuevo con acento asturiano del que seguiré presumiendo.

Todo y poco Beethoven

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Viernes 20 de diciembre, 20:30 horas. Málaga, Teatro Cervantes, Programa 06 Navidad: “Todo Beethoven”: Juan Barahona (piano), Beatriz Díaz (soprano), Anna Bonitatibus (mezzosoprano), Johannes Chum (Tenor), Werner Van Mechelen (Bajo), Coro de Ópera de Málaga (director: Salvador Vázquez), Orquesta Filarmónica de Málaga, Virginia Martínez (directora).

Comenzar las vacaciones malagueñas con un “Todo Beethoven” donde había tantos conocidos y no solo de la “tierrina” es todo un regalo anticipado, más con un programa doble comenzando con el probablemente menos escuchado de los cinco conciertos del genio de Bonn, el Concierto para piano y orquesta Nº 2 en Si bemol mayor, Op.19 con mi querido pianista Juan Barahona al que sigo casi desde sus inicios, con la orquesta local esta vez dirigida por la murciana Virginia Martínez, a quien vi dirigir a la OSPA en Oviedo varias veces, y este programa doble (jueves y viernes) al frente de esta formación malagueña que ha ganado enteros en los últimos años bajo la titularidad de Manuel Hernández-Silva.
De todas formas la interpretación de Juan Barahona estuvo muy por encima de la orquesta, casi luchando “contra ella”, aunque siempre encajase cada final de las cadencias a la perfección, pero no lo arropado que cabría esperar. El Allegro con brio lo marcó desde el piano con unos músicos “a remolque” mientras Barahona desgranaba con limpieza y buena pulsación estos aires aún clásicos. Lograda la sonoridad del Adagio
Rondo
con momentos de emotividad a cargo del solista y arriesgado el Molto Allegro donde nuevamente quien mandó en el tempo fue el pianista “asturiano” con una concertación atenta que no tuvo la respuesta deseada por parte de los músicos malagueños.
El mal sabor de boca nos lo quitó con la propina de las “Flores solitarias” (Escenas del bosque) de Schumann, intimísimo y delicadeza suprema capaz de acallar unas toses que no descansaron en todo el concierto.

La segunda parte nada menos que con la gran joya sinfónica de Beethoven, la Sinfonía Nº 9 en Re menor, Op. 125 “Coral”incorporando en el último movimiento cuatro solistas y coro cantando la “Oda a la alegría” de Schiller, convertida en Himno EuropeoJosé Antonio Cantón dice de ella en las notas así programa que “… redime la música por su virtud más íntima, y la llena hacia el arte universal del futuro“. Toda una prueba de fuego para los intérpretes, cuatro movimientos de una inmensidad, intensidad y variedad que marcarán el resto de la historia musical ya que “después de la novena no es posible progreso alguno, puesto que sólo la puede seguir directamente la consumada obra de arte del porvenir“. Cuarteto solista de tres voces ya conocidas por quien suscribe: la asturiana Beatriz Díaz, volviendo al Cervantes, que este año está debutando con éxito Beethoven, la italiana Anna Bonitatibus a quien la Primavera Barroca nos trajo a Oviedo hace siete años con un Rossini único y posteriormente una Agrippina mejorable, y el austriaco Johannes Chum tras su convincente Mime en el Sigfrido del Campoamor hace dos años, uniéndose el bajo belga Werner Van Mechelen.
Con el Coro de Ópera de Málaga que dirige Salvador Vázquez, y todos situados en el escenario, comenzaba titubeante y dubitativo el Allegro ma non troppo, un poco maestoso. No hubo química ni empaque en la formación malagueña, faltó la majestuosidad, cada sección parecía “ir a lo suyo” desde una madera sin cohesión hasta la cuerda sin tensión. Por momentos parecía que se remontaría el vuelo pero fueron espejismos, sin el cemento necesario para asegurar una construcción majestuosa que permaneció inestable. El Scherzo. Molto vivace – Presto volvió a mostrar las carencias de unidad a las que el gesto claro pero algo contenido de la directora murciana tampoco ayudó. Nuevas desconexiones y falta de implicación para un movimiento que pide tensión, contrastes sutiles y no a brochazos, sin delinear los motivos, manchas más que dibujos musicales. Y el bellísimo Adagio molto e cantabile, se fue cayendo, muriendo a medida que avanzaban los compases, sin ese “cantable” que reza el aire del tercer movimiento y una madera poco ligada, huérfana por momentos, deslavazada, nada entregada, un individualismo que solo conduce a lo vacuo y la inexpresividad.

El esperado final arrancó con la orquesta bajo una batuta de Virginia Martínez algo más “templada” pero como dice el refrán, “poco duró la alegría en casa del pobre”. Cierta rigidez en la murciana con gesto demasiado frío, izquierda ausente por momentos y escasa por no decir nula respuesta de la orquesta.
Los distintos tiempos que van surgiendo en el último movimiento (Presto – Allegro assai; Allegro molto assai (Alla marcia); Andante maestoso – Adagio ma non troppo, ma divoto – Allegro energico, sempre ben marcato – Allegro ma non tanto – Prestissmo) fueron sucediéndose sin pasión sinfónica, sin energía ni musicalidad solo salvada por el cuarteto solista, desde la primera intervención del bajo-barítono Van Mehelen algo “tocado” por alguna afección pero poniendo toda la carne en el asador, dicción perfecta, fraseo correcto y entrega, al igual que el tenor Chum, de suficiente volumen y buen empaste con su compañero.
La pareja femenina se decantó a favor de la soprano asturiana, sobrada de registro y color homogéneo que por momentos tapó a la mezzo italiana, sin perder nunca la musicalidad de su breve pero exigente intervención, tanto en los dúos como en el conjunto donde el brillo, frescura y tesitura de Beatriz Díaz sobrevoló cual flautín sobre una masa sonora que no pudo con ella.
Todo con una orquesta que nunca bajó las dinámicas y mantuvo la falta de balance entre sus secciones, con unos timbales demasiado presentes en relación al resto y no siempre “a tempo”. Si las partes solistas son cortas pero exigentes, para el coro es una verdadera maratón que se solventó con fuerza excesiva ante el desequilibrio con la orquesta, uniéndose una falta de legado en la línea melódica optando por marcarlo como los instrumentos y dejando un silabeo entrecortado que nos impidió saborear este último movimiento. Hubo momentos rozando el peligro en las sopranos, manteniéndose en la cuerda floja, mientras los graves aguantaron el tipo. Dentro de la mediocridad al menos los cuatro solistas cumplieron por encima del resto.

Tras el discurso político del alcalde Francisco de la Torre, melómano reconocido que volvió a prometer un auditorio para Málaga (espero verlo algún día), todos volvieron a escena para cantar con el público Noche de Paz, cuya partitura se incluía en el programa, aunque solamente se hiciese dos veces la primera estrofa). Casi las once de la noche para un concierto esperado donde mis conocidos no defraudaron ante la falta de química entre la orquesta y el resto.

De lectura obligada

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No suelo comentar en el blog las novedades editoriales, pues ya hay excelentes especialistas en ello y soy un mero aprendiz en este tema, aunque es raro el mes que no aumenta mi biblioteca, desde revistas musicales a las que estoy suscrito hace años hasta publicaciones puntuales o reediciones que siempre ayudan a comprender las grandes obras musicales junto a la práctica docente diaria.
Desde mi experiencia de casi 33 años (y aún me quedan otros dos años antes de jubilarme si no vuelven a cambiar las leyes), estamos aprendiendo continuamente, retroalimentándonos de nuestro alumnado y acudiendo a cuanto tengamos a mano para seguir formándonos.
Mi admirada Isabel Villagar ha sacado un nuevo libro, casi complementario de su “Guía práctica para cantar” y “Guía práctica para cantar en un coro“, donde vuelve a unir su larga experiencia en el terreno vocal y docente de reconocido prestigio internacional. “Cómo enseñar a cantar a niños y adolescentes” de la colección Taller de Música en la editorial Redbook (Libros de Ma Non Troppo) está a la venta en distintas plataformas, sin olvidar la versión digital, y no estaría de más regalarlo en estas fechas, aprovechando unas merecidas vacaciones docentes y continuando ese eterno proceso del refrán “muriendo y aprendiendo”.

A los profes nuestra compañera Isabel ya nos ayuda desde su blog “La brújula del canto” (de donde he sacado las ilustraciones de esta entrada), desde la que nos viene dando consejos útiles en vídeos y entradas de lo más aprovechables, y ahora con esta nueva publicación, casi diría que enciclopédica, abarca todo el desarrollo vocal desde el nacimiento, aunque parezca nimio pero no lo sea, pasando por la niñez hasta la pubertad, a lo largo de sus 208 páginas con una excelente y amplísima bibliografía, tanto de libros como de artículos y documentos electrónicos, para los que queramos profundizar aún más, pero orientado tanto a las familias -el primer paso siempre es decisivo- como a maestros, profesores, educadores musicales, sin olvidarse de los directores de coro, aportando no solo las características evolutivas y la maduración del único instrumento universal al que un mal uso puede hacerlo impracticable y sin reparación posible.

Este libro acaba con muchos mitos, como el de que cantar es solo para aquellos que poseen esa habilidad innata y que los que la tienen no necesitan ayuda, o informaciones erróneas que suelen abundar en este mundo digital. Un placer leer este libro, mucho más que un manual, desde un estudio minucioso y detallado pero siempre ameno, que en el caso de los profesores de secundaria nos viene especialmente bien para esa difícil etapa de la muda de voz, sin olvidarse tampoco de los factores psicológicos (pues se enfoca desde los planos físico, afectivo y mental), el contexto emocional tan necesario en todos los ámbitos y especialmente en la educación musical.
Estructurado en seis grandes capítulos o bloques, muchos detallados hasta el máximo, y como el propio subtítulo aclara, tenemos Fundamentos técnicos y pedagógicos de la voz cantada, lo que nos viene genial, recordarnos el desarrollo de la voz, la pedagogía del canto en la infancia (primera hasta los 6 años, segunda de 6 a 12 años) y especialmente la adolescencia (todo el capítulo 5), periodo crítico que no siempre entendemos ni se nos explica con la claridad con la que Isabel lo hace para mis colegas de Secundaria entre los que me incluyo, desarrollado en seis fases, diferenciando chicos y chicas -que casi nunca recordamos las enormes diferencias-, así como el capítulo dedicado a la clase de canto enfocándolo desde todas las perspectivas: la estructura de la clase, el profesor, la evaluación inicial, objetivos, repertorio (verdadera fuente de información actualizada y variada), sin olvidar cada uno de los detalles que los docentes tenemos en nuestras programaciones pero que el conocimiento y la práctica que nuestra colega atesora en su dilatada trayectoria, esperando siga muchos años más, lo que nos enriquecerá a todos.
Quiero destacar la excelente maquetación con gráficos, anotaciones destacadas, consejos, y la ingente cantidad de ejercicios y actividades que solo el magisterio y experiencia de Villagar puede compartir con todos nosotros, alumnos de todas las edades con ansias de seguir aprendiendo. Las dos páginas de agradecimientos demuestran la grandeza de nuestra profesora desde la humildad y el cariño hacia todos los nombres propios que aparecen.
Quien canta su mal espanta“, pero al menos cantemos correctamente porque además de ser saludable nos ayudará a ser felices como otro dicho: “La música siempre es indicio de regocijo y fiestas“.

Celebrando Mozart y Beethoven en Pamplona

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Viernes 13 de diciembre, 20:00 horas. Pamplona: Baluarte, Concierto 5, Temporada OSN “Colores”. Beatriz Díaz (soprano), Orquesta Sinfónica de Navarra, Manuel Hernández-Silva (director). Obras de Mozart y Beethoven. Entrada butaca: 30€.

Sigue el tándem Díaz y Hernández-Silva para disfrutar a Mozart y Beethoven al que ya estamos celebrando antes de sus 250 años el próximo 2.020, y el maridaje de la soprano asturiana con el director hispanovenezolano sigue dando sus frutos tras el Fidelio malagueño en este segundo concierto del abono de la orquesta navarra de la que Manuel Hernández-Silva es su titular, tres sesiones en el inmenso auditorio de Iruña más hoy sábado en Tudela, descubriendo la faceta sinfónica con la soprano asturiana no ya en un Mozart que domina hace tiempo sino con un Beethoven que abre aún más la paleta vocal en el siempre agradecido idioma italiano.
Programa organizado con ese acento vienés de los dos grandes, obertura más aria de ambos en la primera parte más la poco escuchada “Segunda” del Sordo de Bonn.

Desde los primeros acordes de la Obertura de “La Flauta MágicaK 620 (Mozart) se notó la complicidad entre la orquesta navarra y Hernández Silva, claridad en todas las secciones, agilidades precisas, amplia gama de matices y la sensación de fluir permanente antes de atacar el Aria de concierto Misera, dove son, K 369 con la soprano Beatriz Díaz, nueva incursión en un repertorio difícil pero en el que se mueve con seguridad, graves que han tomado cuerpo, potencia sin contención junto a pianísimos sobrecogedores que fluyen por la sala con facilidad (y estaba sentado en la fila 26), amplitud de recursos junto a su conocida musicalidad para esta página mozartiana felizmente arropada por una formación que con Manuel Hernández-Silva siempre mima la voz.

El homenaje a Ludwig van Beethoven lo comenzó la Obertura de Las criaturas de Prometeo op. 43, todavía con ese clasicismo vienés de aires haydinianos más que mozartianos, aunque parezca flotar la venganza de Don Juan, la escritura que apunta los contrastes románticos pero sin las rotundidades que vendrían al final del concierto. Y a continuación nueva Aria de concierto Ah, pérfido op. 65 con una Beatriz Díaz pletórica, recitativo orquestal de vértigo, emisión y dicción clara, gama amplísima de matices que en su voz siempre son un regalo, dramatismo en el texto siempre “legible” y el subrayado musical lleno de sutilezas, con la orquesta escuchando y la batuta dejando que cada nota sean pinceladas, fondo de lienzo y redondeo total de perfección entre solista e instrumentos, una perla musical que está al alcance de pocas formaciones y sopranos, para otra nueva lección de buen hacer. El público se entregó a la cantante asturiana obligada a saludar repetidas veces junto al maestro hispanovenezolano. Una delicia que espero sea simplemente un aperitivo para la soprano en este repertorio con orquesta más allá de la ópera que en su caso puede compaginar sin etiquetarse en ninguno y haciéndonos disfrutar con todo lo que canta.

De regalo nuevamente Mozart y el aria Dove sono de “Las bodas de Fígaro”, piel de gallina cantada por la allerana, microrrelato lleno de entrega, gusto, elegancia, con una orquesta que escucha y siente llevada por el director hispanovenezolano desde el recitativo hasta esa maravillosa página, transmitiendo seguridad y magisterio en el siempre difícil de la dirección. Como dice nuestro querido amigo común eMe “BraBoo!”.

Impresionante la segunda parte con la Sinfonía nº 2 en Re Mayor op. 36 de Ludwig van Beethoven, la más clásica abriendo camino con la firma irrepetible del genio. El primer movimiento I. Adagio molto-Allegro con brio marcaría el sentido que imperaría en toda ella, claroscuros nítidos, luminosos, contrastes ricos y una orquesta de primera a la que Hernández-Silva lleva de la mano, marcando lo necesario para dejar disfrutar la calidad de todas sus secciones y solistas. El II. Larguetto pudimos recrearnos con un equilibrio desde la belleza instrumental casi coral, casi sin batuta antes del III. Scherzo: Allegro verdaderamente juguetón y “bromista”, una cuerda aterciopelada, una madera (a dos) inspirada y unos metales (dos trompas y dos trompetas) contenidos, afinados, junto a los timbales precisos mientras en el podio el baile innato llevaba este movimiento hacia el Beethoven en estado puro del IV. Allegro molto, poderoso, sentido y consentido, con sentido clásico diáfano heredero del Mozart inicial redondeando una celebración vienesa en el Baluarte pamplonés que continuará esta tarde de sábado en Tudela. La Orquesta Sinfónica de Navarra camina con paso firme de la mano de Manuel HernándezSilva al que se le nota feliz con ella en esta su segunda temporada, madurez que deja poso.

Juventud, talento y mucho trabajo

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Lunes 9 de diciembre, 19:00 horas. Oviedo, Sala de cámara del Auditorio Príncipe Felipe, La Castalia: Concierto de Clausura del XVIII Curso “La voz en la música de cámara”. Profesorado: Begoña García-Tamargo (canto), Manuel Burgueras (música de cámara vocal), Ana Cristina Tolivar Alas (fonética aplicada al canto).

No me cansaré de escribir sobre el talento de nuestra juventud y la apuesta desde hace dieciocho cursos de la asociación cultural “La Castalia” que preside Santiago Ruiz de la Peña por formar voces y programar obras de estreno. Una de las “joyas de la corona” es Gabriel Ordás (1999) que volvía a estrenar una ópera de cámara para ellos, “Terceto de desamor” con libreto de María Abella (1999) también de la tierra, jóvenes sobradamente preparados que no dejan de trabajar desde un silencio que no debemos mantener. Este concierto que llenó la sala de cámara, también nos dejó dos estrenos ovetenses del gallego Juan Durán (1960) y del madrileño Víctor Carbajo (1970) con dos partituras bien defendidas por unas voces conocidas, nuevas otras pero con mucha carrera por delante, talentos a los que voy viendo progresar, avanzar en cada curso, siempre con la maestría del maestro Burgueras que acierta en la elección del mejor repertorio donde la canción de concierto gana terreno a las siempre necesarias arietas, permitiéndonos disfrutar con su buen hacer en el piano, especialmente en estas obras donde el piano dialoga con la voz.

La directora artística de los cursos tomó la palabra para presentar esta nueva edición y rendir homenaje a la Fundación Musical Ciudad de Oviedo que sigue poniendo a Oviedo como capital musical del norte de España, “La Viena del Norte” que yo digo, glosando las temporadas donde está inmersa con la Banda de Música y por supuesto la Oviedo Filarmonía, cuya gerente María Riera también agradeció la placa conmemorativa (en compañía del presidente de la Fundación Francisco Álvarez Buylla) y puso los puntos sobre las “íes” en cuanto a cómo la política no siempre entiende de la rentabilidad que supone apostar por una seña de identidad de la capital asturiana además de generadora de puestos de trabajo y riqueza para la ciudad.

María Heres (mezzo), Janeth Zúñiga (soprano) y Adrián Ribeiro (tenor) con el piano de Yelyzaveta Tomchuk pusieron en escena una ópera vivaz, entretenida, actual pero siempre cercana, respetando un texto de nuestros días donde hay recitativos, “parlatos” y muchas melodías solas, a dúo y por supuesto a trío, complicidad vocal, sabiamente escrita tanto para un piano luminoso, rítmico, valiente, como para cada tesitura, compuesta como comentaba tras el concierto con el maestro Burgueras “a la vieja usanza”, pensando en los intérpretes, tesituras, color y personajes a medida que nos dejaron otro estreno del prolífico Gabriel Ordás, jóvenes que empastaron, se entregaron y demostraron la valía que atesoran en sus carreras: Heres poderosa y convincente en cada aparición, Ribeiro ganando enteros en unos agudos seguros sin perder compostura, Zúñiga avanzando a pasos agigantados desde su primera vez en el RIDEA que todavía recuerdo. Bravo por todos pues estrenar requiere un trabajo añadido en el estudio y defender los roles como todos lo hicieron es solo parte de una carrera de fondo que ya han comenzado.

Con los ligeros cambios en el programa que he añadido a bolígrafo al programa escaneado, y sin entrar muy en detalle, nuevo escalón del contratenor Mikel Malda que empastó a la perfección en Sound the trumpet (Purcell) con Almudena Sanz (soprano), igualmente ganando enteros en su formación, que nos dejó un Granados (Amor y odio) bien sentido y cantado.

Al tenor Thomas Minaux le descubrí el pasado mes de julio y sigue en clara trayectoria ascendente, con dos Schumann (Ich denke dein y Schön ist das Test des Lenzes) a dúo con Canela García (soprano) más que convincentes, de dicción muy correcta de dos voces empastadas a la perfección con el magisterio pianístico de Manuel Burgueras, lieder en estado puro acertando con los intérpretes. Sigo a la soprano gallega desde hace años y su progreso es imparable, trabajadora y ganando en expresividad además de graves, con La niña de Guatemala (Carbajo) entre lo mejor de la velada en una partitura bellísima de escritura y entendida a la perfección, al igual que Träume de los “Wesendoncklieder” (Wagner) verdaderamente bien interpretados.

Otro talento joven es el barítono Javier Agudo, que ya me impactase en el verano, color de voz imponente, tesitura amplia de graves claros, medios bien proyectados y agudos aterciopelados que no solo nos deleitó con una canción finlandesa de Sibelius sino en el dúo Länliches Lied (Schumann) con la soprano gallega Beatriz Vázquez. Ésta debutaba en la capital estrenándonos en Oviedo Tecín soia (Juan Durán con textos de Rosalía de Castro) y recreando Nuit dètoiles (Debussy), el impresionismo que también transitó como Pierrot Janeth Zúñiga con la magia del piano vistiendo unas melodías claras y bien dichas.

También repiten en plaza las sopranos Hanna Rubio y Eugenia Ugarte que cantaron Vo cercando fra le ombre (Emanuele Barone d’Astorga) y Quando lo stral spezzai (G. Paisiello), colores y timbres muy iguales que permitieron un empaste y entendimiento entre ellas perfecto para dos páginas que no deben faltar en la formación vocal, bien elegidas para este concierto.

El broche final de nuevo a tres más el piano de Manuel, con Janeth, Canela y María Heres en Matinée dété (Massenet), musicalidad, talento, complicidades, trío de damas y ropaje maestro, tras el Debussy previo y los agradecimientos finales.

El premio fue la prolongada ovación, merecidos aplausos y un éxito más para todos en un lunes festivo donde la música en Oviedo sigue siendo su seña de identidad y sirvió de pistoletazo a las fiestas navideñas.

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