Inicio

Felices veinte años

Deja un comentario

Sábado 18 de mayo, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Oviedo Filarmonía, Nicolas Altstaedt (violonchelo y director). Obras de Sánchez Verdú, Shostakóvich y Sibelius.

Crítica para La Nueva España del lunes 20 con los añadidos de links (siempre enriquecedores y a ser posibles con los mismos intérpretes en el caso de las obras), fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

Veinte años para una orquesta son toda una vida, más para una ciudad como Oviedo que clausuraba esta temporada con el reconocimiento de la Fundación Municipal y la Concejalía de Cultura a la Oviedo Filarmonía (OFil) de manos de “Rivi” Sánchez Ramos así como de todo el público presente, muchos fieles seguidores que han sabido esperar por una madurez lejana en aquellos primeros años de la inicial OSCO, pero que con trabajo duro, tenaz, versátil, en todos los repertorios, aprendiendo siempre, han redondeado una campaña completa, pendiente aún de que “Luisa Fernanda” eche el telón al festival lírico.

Otras plumas más preparadas que la mía escribirán esta reciente historia musical de la capital asturiana, pero el último programa de los Conciertos del Auditorio seguro que merecerá capítulo aparte, por un violonchelista y director como el franco-alemán Nicolas Altstaedt (1982) que sacó lo mejor de la OFil, felizmente reforzada en la segunda parte con alumnos del Conservatorio Superior en un programa arriesgado.

Comenzaría con el estreno asturiano (segundo en España tras el Festival de Granada de 2018) de Memoria del rojo compuesta por José Mª Sanchez Verdú (Algeciras, 1968), obra difícil de encajar en el amplio sentido de la palabra, que Altstaedt llevó como si la hubiese dirigido toda su vida, estudiada a fondo, muy trabajadas las texturas y dinámicas orquestales con una tímbrica sinfónica digna de grandes formaciones, y la OFil ya lo es, inspirada en una Alhambra universal de color, dibujo y ornamentos sinestésicos.

Si el concierto para violonchelo nº 1 de Shostakóvich, estrenado por su destinatario y amigo Rostropovich, es endiablado para el solista, simultanearlo con la dirección suponía un reto aún mayor que la OFil y Altstaedt superaron de forma sobresaliente. Escuchar al maestro se hizo más que necesario obligado, con la complicidad del concertino Mijlin o el solista de chelo Ureña cual “alter egodel alemán, total entendimiento en todas las secciones y sonoridades rotundas, dinámicas extremas sin exageraciones, con la trompa de Pablo J. Hernández compartiendo protagonismo y virtuosismo con el chelo en esa melodía obsesiva del ruso, llevando los cuatro movimientos del infierno al cielo por agitación, potencia, lirismo (la celesta de Bezrodny una delicia) y entrega, un Moderato de cuerda y trompa atercioleadas previo a la “Cadenza” que acallaría el odiado e inoportuno teléfono, sonidos profundos llenos de emociones de principio a fin sin dejarse nada ninguno de los intérpretes. La propina en pizzicatos a dúo con Mijlin resultó un aperitivo de la tarta final.

Gran orquesta para la Sinfonía nº 1 en mi menor, op. 39 de Sibelius, madurez y trabajo de veinte años que el maestro Altstaedt entendió e hizo entender desde el podio, tiempos y matices extremos rondando el paroxismo, las manos, el gesto amplio, su implicación total para con la obra y sus músicos que nos dejaron el verdadero regalo de aniversario, inspiración finlandesa con sabor ruso. Allegro “enérgico” inicial con los timbales siempre mandando en una gama de matices magistrales, Andante ma non troppo – Lento para paladear las calidades de toda la OFil, el Scherzo brillante y la rotundidad del Finale (Quasi una fantasia), contagiosa explosión sonora para una piñata repleta de música.

Los aplausos merecidos por parte de músicos y auditorio celebrando esta gran temporada de conciertos (el avance de la venidera no se queda atrás) que dará el do de pecho con Juan Diego Flórez en un domingo de elecciones donde ganará la cultura de esta envidiada Viena del Norte que es Oviedo.

Dos almas y un solo latido

Deja un comentario

Lunes 13 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Clausura de las Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”: Gautier Capuçon (chelo), Gabriela Montero (piano). Obras de Schumann, Mendelssohn y Rachmaninov.

Los conciertos de mi querida Gabriela Montero son siempre únicos, irrepetibles, con la emoción a flor de piel, sea sola, con orquesta o esta vez de nuevo en Oviedo compartiendo escena nada menos que con el gran cellista francés Gautier Capuçon, siempre acertado en la elección de sus pianistas (Argerich o Yuja Wang entre las algunas), la reunión de dos talentos, dos almas, dos músicos enormes haciendo música juntos y latiendo como un solo corazón. Giras muy largas con distintos programas y con “jet lag” pero suficientemente preparados para comenzar un viaje a dúo desde Oviedo a Las Palmas pasando por Bilbao en un programa romántico que fue de menos a más en intención, emoción, entendimiento y buen hacer entre dos viejos conocidos.

Primera parte con Leipzig como punto de unión, la Fantasiestücke para violonchelo y piano, op. 73 de Robert Schumann (1810-1856) originalmente para clarinete pero que el cello de Capuçon transporta al lirismo puro, algo corto en sonido, echando de menos una tarima que hiciese de caja de resonancia, y el piano con la tapa abierta para comprobar todos los matices que Montero es capaz de sacar. Tres movimientos cuyos títulos expresan lo que pudimos escuchar: I. Zart und mit Ausdruck (Dulce y con expresión), arranque tenebroso y camerístico, dinámicas ajustadas, melodías y contracantos claros; II. Lebhaft, leicht (Animado, ligero), cristalino en ambos, de la melancolía inicial al optismo, energías bien encauzadas; y el III. Rasch und mit Feuer (Rápidamente y con fuego), apasionado, frenético en ambos, “virtuosismo mutuo… que finaliza de modo épico” como bien escribe Mirta Marcela González en las notas al programa (enlazadas arriba en los autores). Así lo entendía Schumann, su enamorada Clara y los grandes románticos para quienes los términos italianos les quedaban cortos para intentar explicar no ya la intención sino la entrega exigida. Maravilloso entendimiento de dos músicos tan distintos tocando como un solo ente, con muchos años compartiendo escenarios por todo el mundo.

A Félix Mendelsshon-Bartoldy (1809-1847) le debemos el rescate de “Mein Gott Bach”, y hay mucho del “kantor” en la Sonata nº 2 para violonchelo y piano en re mayor, op. 58, cuatro escenas más que tiempos, donde los intérpretes dialogan, participan, comparten protagonismo, sin olvidar que todos los compositores elegidos para esta clausura de las jornadas de piano fueron grandes pianistas. Se nota en la escritura predominante aunque el violonchelo canta en todos ellos convirtiendo esta sonata casi en lieder similares a las “Romanzas sin palabras” o incluso corales luteranos donde el teclado quiere evocar al órgano, cuatro movimientos cual relatos llenos de claroscuros sobre los que triunfa siempre la luz. De nuevo admirable el entendimiento en los aires elegidos, en la intención: el I. Allegro assai vivace pletórico, atacado con valentía y con matices increíbles, de los que hacen cortar el silencio, seguido de un técnico y contenido II. Allegretto scherzando, bachiano con juegos de pizzicatos “orgánicos” contestados por el piano; el III. Adagio emocionante por la profundidad en ambos virtuosos, los graves del chelo que vibran como pocos instrumentos mientras el piano suelta destellos y perlas; para terminar el brillante IV. Molto allegro e vivace, perfectamente encajado entre dos solistas que se unen para engrandecer la llamada música de cámara, un dúo como unidad. Impresionante el respeto por el sonido, los finales ajustados en duraciones que quedan flotando en el ambiente derrochando pasión por la música.

Sergei Rachmaninov (1873-1943) no debe faltar en ninguno de los dos músicos porque hay simbiosis interpretativa y amor por unas páginas que tienen mucho de bocetos orquestales. La Sonata para violonchelo y piano en sol menor, op. 19 (1901) es contemporánea del archiconocido segundo concierto para piano y tiene la firma inconfundible del ruso con motivos reconocibles tanto en el piano como en el chelo, lo que se tradujo en una entrega emocional en los cuatro movimientos, un sonido muy cuidado por parte de los dos solistas, la continuidad romántica de la primera parte elevada al altar romántico que nunca debe faltar. El chelo comenzando solo, susurrando el piano en el I. Lento. Allegro moderato, atacando esas melodías sinfónicas dialogadas, individualidades bien entendidas; profundo el II. Allegro scherzando, acoplado al detalle con un “tempo” vertiginoso y limpio, el virtuosismo del ruso para unas melodías únicas desde el chelo de Capuçon y el piano de Montero; momento álgido de emociones el III. Andante, protagonismos alternados con el violonchelo sinfónico y el piano solístico en conjunción envidiable, la grandiosidad de una partitura que toma vida en cada nota con dos músicos entregados antes del IV. Allegro mosso, en la línea del tercer concierto de piano por la potencia sonora en ambos, Gabriela apoteósica, Gautier inconmensurable, despliegue de matices, rubatos encajados, tímbricas redondeadas, vuelos de paloma cantados al cello, cielo azul del piano, poesía musical de dos almas latiendo con un solo corazón. No se puede pedir más en una interpretación cálida, entregada y cercana del mejor Rachmaninov.

Público en pie jaleando una interpretación magistral del ruso de quien nos regalaron su Vocalise en arreglo propio de ambos en otra muestra de Música con mayúsculas, el Sergei que enamora, que no pasa de moda, entendido por los dos intérpretes de altura con una obra intensa y corta. Aún nos dejarían otra personalísima visión del tema más conocido (nº18)  de las Variaciones sobre un tema de Paganini, la reducción orquestal a dúo capaz de convertir lo pequeño en grande, bocetos tan artísticos como el original cuando se interpretan como Capuçon y Montero en un encuentro para el recuerdo.

Todavía hubo tiempo para firmar discos, programas, fotos con compatriotas, invitaciones a queso venezolano y alguna que otra confidencia entre amigos, a pesar del madrugón que les esperaba. Siempre quedamos con ganas de más

La Guapería de Zenet se quedó

Deja un comentario

Viernes 10 de mayo, 20:30 horas. Teatro Jovellanos, Gijón: Zenet: La Guapería. Entrada butaca: 26€.

La Guapería llegó… y se quedó reza el estribillo del último trabajo del malagueño Zenet, jaleado por un teatro lleno hasta la bandera con un coro espontáneo del que Tony comentó “sois muchos para una furgoneta”, la que traía a Gijón temas que canta y cuenta, con una iluminación elegante, un sonido perfecto y una banda que siempre es un placer escucharla, mayor o menor pero convincente, empujando, con sus habituales y casi imprescindibles: el venezolano José Taboada (guitarra), los cubanos Moisés Porro (batería y percusión) y Manuel Machado (trompeta y fliscorno) el inmenso, más los maños Raúl Márquez (violín) y Toño Miguel (contrabajo), último fichaje de una “escudería” multinacional que sigue aportando calidades cada vez que suben a escena, músicos de raza, curtidos en ese mestizaje de estilos que Zenet necesita como un traje a medida.

Sea en el Café Central madrileño, en el Cervantes malagueño o en la Plaza Mayor de Gijón, por recordar las últimas veces que les escuché, la banda que acompaña a Zenet siempre convence y enamora, vistiendo los poemas musicales de Javier Laguna como en anteriores trabajos, o convirtiéndose en “ladrones de género” del último CD, tomando prestados temas que se fueron en barco, los robaron y devuelven con el “sello Z” que en vivo siempre es único e irrepetible. Viajes sin moverse de casa, desde la butaca, cerrando los ojos pero abriendo bien los oídos.

Casi dos horas de concierto comenzando con temas de “La Guapería“: Estás equivocada (compuesto por Osvaldo Farrés), Ansias locas (Delfín Figueroa), Devuélveme mis besos del gran Bola de Nieve que muchos recordamos por Olga Guillot ahora atracado en tierra firme aunque siempre de aires marinos, Me gustas (de Javier Lagunaaunque me cueste la vida y seas lo que no me conviene, que aparece en el vídeo clip de estética en blanco y negro pero llena de color, rueda de acordes arrancada con la guitarra de Taboada que crece sumando instrumentos como la escena de todos ellos, llevándonos a su terreno como la propia letra. Desgranando solos en la trompeta de Machado, el violín de Márquez recordando a Grapelli, y los bongos de Porro poniendo la firma de bolero cubano, mexicano, malagueño. Fusiones Zenet que aúnan los ritmos para retornarlos sin tiempo.

Canciones que van conformando nuestra memoria musical porque están rodadas y escuchadas como Cuando te enfadas (de “Si sucede conviene“), Quién sabe rememorando un “Quiéreme mucho” que se autopregunta “no sé quién eres” pero nosotros siempre convencidos con Zenet, no está el piano de Pepe Rivero pero la banda siempre reviste cada canción de verdad, antes de provocarnos con Échame el humo a la cara (con un solo inicial de Machado al fliscorno o flugelhorn genuinamente neoyorquino que mejora incluso la armónica grabada), los temas “slow” que tan bien lleva el boquerón de acento chulesco y gestos canallas subrayando cada pequeña historia, pasando de la luz a la sombra sin perder nunca claridad ni emoción.

ImágenesTranquila, No te empeñes más (Martha Valdés), Es tan difícil (Bola de Nieve), solo con la guitarra de Taboada haciendo fácil lo único, sin piano, letras que conforman ellas solas auténtica lírica, música y poesía íntimas antes de devolvernos la marcha a discos anteriores con Entre tú balcón y mi ventana permutando clarinete por violín, o volvernos a los locales de poca luz y humo ya perdidos con Que será lo que me has dado, surcar Los mares de China con Un beso de esos llevando el timón el contrabajo de Antonio Miguel, o viajar Por debajo de Madrid. Sin paradas, con palabras que mueven y conmueven, Estela, siempre por ella, nuestra “debilidad” A poquito que te roce con mucho swing, trompetas con sordina y violines zíngaros, Tu no yo sí, el recuerdo de Matamoros de aire cubano con humo de habanos y sabor a ron, “quiéreme… bésame” coreado por todos pero sin furgonetas.

Como en una película el título último cerca de las diez y media de la noche tras una sesión continua de Oscar sin palomitas, La palabra fin (Chico Novarro) de esta Guapería en coche descapotable que realmente fue Demasiado (Gradelio Pérez con el vistobueno de su hijo Alain), confesiones íntimas de Zenet, “demasiado tiempo” perdiéndose con el público, “La Guapería llegó y se quedó” en nuestro recuerdo sonoro y emocional.

Público en pie, agradecido, enamorado y sin amplificar, solos Machado, Taboada, Márquez y Zenet sentado a pie de escenario para volver a Soñar contigo. Aún hubo tiempo para firmar discos, sacar fotos y charlar un poco.

La magia de La Africana

Deja un comentario

Jueves 9 de mayo, 20:00 horas. Teatro Campoamor, XXVI Festival de Teatro Lírico Español: El Dúo de La Africana, zarzuela cómica en un acto (música de Manuel Fernández Caballero, libreto de Miguel Echegaray). Nueva producción del Teatro Campoamor con dirección musical de Miquel Ortega y escena de Joan Font (Comediants).

Penúltimo título del vigésimosexto festival de zarzuela ovetense que volvía a programar esta obra llena de magia estrenada en el Teatro Apolo de Madrid un 13 de mayo de 1893 que sigue cautivando actualizada con todo el respeto al original, añadiendo lo necesario para mantener vigente el “metateatro” desde antes de comenzar la función.

Oviedo sigue haciendo historia lírica y tras la capital madrileña es referente nacional e internacional produciendo esta mágica zarzuela del murciano Fernández Caballero (1835-1906) donde el “género chico” se hace grande pues todo estuvo medido para hacer disfrutar al público fiel y entendido, que sigue llenando el Teatro Campoamor hasta general, de una tarde entretenida, lluviosa (dentro y fuera), con un plantel completo apostando por la calidad global sin tachas para ninguno.

La magia puso el toque nuevo de esta producción con Raúl Alegría que fue apareciendo a lo largo de la representación “intentando buscar una magia que pueda entrar en esta nueva versión; finalmente, gracias a la magia, se podrá llegar al final de la representación” en palabras del propio Joan Font, otro mago de la escena. Muy aplaudidos los números destacando el final donde la actriz Carmen Gloria García (Dña. Serafina) remataría la ilusión de esta puesta en escena llena de humor, guiños operísticos al propio Meyerbeer que también inaugurase el Teatro en 1892 aunque con Los Hugonotes pero permitámonos la licencia de pensar que fuese con La Africana.

Auténtico divertimento escénico esta preparación de la ópera como “disculpa” para enlazar las relaciones de todo tipo comenzando por las vocales del trío protagonista: nuestra soprano Beatriz Díaz volvía a encarnar La Antonelli (que hiciese hace años en Avilés), no solo acento sevillano sino gracejo, simpatía, llenando escena y enamorando a todos, Yo he nacido muy chiquita pero cantando con grandeza, potencia e intimismo, buen gusto y dicción, empaste en los dúos con Giussepini Comprende lo grave de mi situación y el popular No cantes más La Africana, amén de la comicidad en cada aparición con Oh! Selika, Io t’adoro. Impresionante el tenor santanderino Alejandro del Cerro, el Pepe valenciano tornado a nombre de payaso que esgrimía Doña Serafina buscando a su hijo (genial las proyecciones y efectos), entrega total en escena, torrente de voz siempre con musicalidad y engrandeciendo este personaje con enjundia, galán “bon vivant” de canto poderoso. Y completísimo el Querubini del barítono mejicano Jorge Eleazar, joven bien caracterizado de maduro con un timbre redondo que busca siempre la emisión correcta y el empaste global, al que sumarle una verdadera recreación del celoso y tacaño empresario marido de La Antonelli.
Completó el elenco protagonista el polifacético Josep Zapater quien como Inocencio también se marcó un excelente número de guitarra eléctrica junto a Noèlia Pérez (Amina) haciendo un rockero Oh! Selika, redondeando una interpretación de primera en este ensayo de “gran ópera” con una compañía modesta, barata porque “nadie cobra”, que brilló como todo el espectáculo.

Nuevamente el coro titular que dirige Pablo Moras mantuvo un gran nivel, especialmente las voces blancas desde su aparición por el patio de butacas con paraguas y chubasqueros continuada por las graves algo adelantadas en la primera entrada pero rápidamente “enganchados” a una dinámica ágil, una Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” que esta vez matizó sus muchas intervenciones, tanto en la Mazurca como en el Coro de la Murmuración de una zarzuela que tienen bien trabajada.

Y parte del éxito volvió a estar en el foso donde Miquel Ortega Pujol no solo sacó una sonoridad ideal de la Oviedo Filarmonía sino que nunca descuidó el escenario, atento a cada voz, mimándolas, respetando la esencia y marcando todo para transmitir esa seguridad necesaria “arriba” desde “abajo”. Al maestro compositor catalán también le debemos el fragmento adicional para el cuerpo de baile (otro acierto lleno de calidad las seis) ambientando esa puesta en escena con unas Variaciones “africanas” partiendo de los motivos del coro enriqueciendo la maravillosa partitura del prolífico Fernández Caballero, que con este “Dúo” rinde pequeños tributos a Donizetti o Rossini desde un humor inteligente y una escritura muy completa.

La vida es puro teatro canta un bolero, pero tras este penúltimo título ovetense, la zarzuela es magia, la de la escena musical española.

El músico valiente

Deja un comentario

Martes 7 de mayo, 19:45 horas. Teatro Filarmónica, concierto 9 del año, 1990 de la Sociedad Filarmónica de Oviedo: Dúo Gabriel Ordás (violín), Damián Hernández (piano). Obras de Bach, Schubert y Beethoven.

Hace años que sigo la trayectoria de Gabriel Ordás (Oviedo, 1999) quien a pesar de su juventud lleva casi toda la vida dedicándose a la música, escuchándola, tocando el violín, el piano, en solitario y también cámara o hasta orquesta (aún le recuerdo en un LinkUp de hace cinco años con la OSPA que me enamoró) y sobre todo su faceta de compositor con estrenos que puedo presumir de haberlos comentado y disfrutado. Hay que ser muy valiente en estos tiempos para compaginar los estudios obligatorios con la práctica musical y llevarlo todo como Gabriel lo hace, siempre con el apoyo de una familia sin la cual nada sería posible.

Valentía igualmente es enfrentarse al Bach elegido para su presentación en la centenaria sociedad filarmónica carbayona, la desnudez del salto sin red de la impresionante Sonata nº1 en sol menor, BWV 1001, dejando fluir la música a borbotones, con una técnica aún sin depurar que no le impide entregarse en cada nota, en cada compás, en cada frase. Impresionante el Adagio inicial sentido para afrontar la complicada Fuga (Allegro) que multiplica las sonoridades, la Siciliana muy “cantabile” y el vertiginoso Presto final.

Si en la sonata Gabriel Ordás dejaba muestras de un talento innato y madurez interpretativa, la Chacona perteneciente a la Partita nº 2 en re menor, BWV 1004 es un nuevo salto al vacío, el Bach interiorizado, memorizado y muy trabajado, un reto que pocos profesionales afrontan en concierto pero que el ovetense ofreció sin miedo ni complejos. Maravilloso escucharle y observar un arco lleno de plasticidad desde una amplia gama sonora al servicio de las endiabladas partituras del genio de Eisenach.

Francisco Damián Hernández Díez (Oviedo, 1973) compartió excelencia desde el piano, primero con la Sonata nº 1 en re mayor, Op. 137 de Schubert, obra que siempre recordaré de mis años jóvenes en primer año de música de cámara. Hernández y Ordás forman un dúo que entiende la música sin complicaciones pero con mucho trabajo conjunto, todo fluye con naturalidad, los diálogos, los acompañamientos, el saber dónde están los encuentros, los planos de cada uno, los protagonismos sin divismos. Excelente sonata tripartita con el Allegro Vivace final chispeante, exigente para ambos y luminoso en su interpretación.

La juventud como eterna primavera sonó con la homónima Sonata nº 5 en fa mayor para violín y piano, Op. 24 de Beethoven, dos intérpretes con muchas horas de estudio afrontando con frescura los cuatro movimientos, diálogos chispeantes, matices, movimientos desenfadados pero llenos de hondura, una asombrosa madurez para esta sonata exigente tanto para el piano como para el violín, sin apenas respiros y demostrando la grandiosidad de hacer música a dúo.

El regalo una adaptación del aria para tenor “Enamorado” de la ópera de cámara Doña Esquina compuesta por Gabriel Ordás, el sentimiento del intérprete con su composición, el canto desde el violín con el piano orquestal de Damián Hernández, siempre un placer cada concierto y más comprobar la evolución del talento musical y humano de un joven de su generación para quien la literatura, la música y todo el arte es afición, esperando sea pronto también profesión.

Zimmermann descafeinado

Deja un comentario

Lunes 6 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de cámara, Circuitos OviedoVI Primavera Barroca: Bailes y batallas, Café Zimmermann. Obras de Biber, Schmelzer y Froberger.

Comenzaba en Oviedo una gira de la formación coliderada por el violinista argentino Pablo Valetti con el título “Bailes y batallas” que el Pablo sevillano J. Vayón presentaba en las notas (que dejo escaneadas) como Phantasticus comentando el papel de la música en la Alemania del XVIII, formas instrumentales italianas pero con el tinte teutón que no siempre va unido a la brillantez.

El grueso del programa lo ocuparía Heinrich Ignaz Franz von BIBER (1644-1704) de quien Café Zimmermann interpretó varias sonatas que aúnan sacro y religioso como el propio poder germano donde el destinatario era importante como también nos contó Valetti. Desiguales en escritura e intensidades emocionales, la número tercera Fidicinium sacri-profanum (ca. 1683) pareció tomar el pulso con un octeto formado por dos violines, dos violas, chelo, contrabajo, órgano y tiorba que sonó empastado y compacto en todo el programa, variando un poco el número en varias para disfrutar de la calidad de unos músicos que interpretaron unas partituras no del todo agradecidas donde la variedad no es de color, algo claroscuro, sino de aires y dinámicas.

Costó afinar como es habitual en la seca sala de cámara del auditorio ovetense y al menos con Johann Heinrich SCHMELZER (1623-1680) tras el “segundo” Biber ya comenzaron a funcionar de forma orgánica. La Serenata con altre arie, a cinque en siete movimientos quedó algo “agria”, mejorando con el Balletto a cuatro “Die Fechtscule” (“La escuela de esgrima”, 1668) de seis danzas, más rica tímbrica y rítmicamente, donde prescindieron de una de las violas como en alguna sonata de Biber.

De todo el concierto me quedo con Johann Jakob FROBERGER (1616-1667) cuya Toccata II en re menor nos permitió saborear el solo de órgano positivo de Céline Frisch y en el siguiente Ricercar I en do mayor la tiorba de Shizuko Noiri (que bisarían), obras de homenajes, bailes y batallas con poca pólvora, bien escritas y ejecutadas pero faltas del dinamismo italiano aunque los franceses de Café Zimmermann se mostraron como un conjunto honesto con las partituras, de buen sonido y trabajo previo bien llevado por Pablo Valetti.

Esta Primavera Barroca en su sexta edición sigue apostando por un repertorio que gusta al público y acude en buen número con entradas que rozan el lleno, aunque personalmente este lunes (y la “resaca” de HH aún perduraba en muchos oídos) el café, de calidad y sabor algo amargo, quedó descafeinado.

CAFÉ ZIMMERMANNPablo Valetti (violín I), Mauro Lopes Ferreira (violín II), Patricia Gagnon (viola I), Lucie Uzzeni (viola II), Petr Skalka (violonchelo), Daniel Szomor (contrabajo), Céline Frisch (órgano), Shizuko Noiri (tiorba).

Fantástica Hahn

Deja un comentario

Domingo 5 de mayo, 19:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Hilary Hann (violín), Orquesta Filarmónica de Radio Francia, Mikko Franck (director). Obras de Sibelius y Berlioz.

Crítica para La Nueva España del martes 7 con los añadidos de links (siempre enriquecedores y a ser posibles con los mismos intérpretes en el caso de las obras), fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

Finlandia y Francia unidas en un programa donde el gélido norte se volvió pasión como el vestido rojo de Hilary Hahn con el Concierto para violín en re menor, op. 47 de Sibelius más Berlioz entre cañonazos y pólvora mojada, aunque el maestro Mikko Franck presumió de nacionalidad y, pese a problemas físicos que le obligaron a dirigir sentado la mayor parte del concierto, el control total de la orquesta de la que es titular le levantaba para dibujar emociones patrióticas y musicales.

Sibelius en el violín de Hahn resultó pletórico de musicalidad y sentimiento, cálidamente virtuoso no ya por un sonido siempre presente sino por el mimo con que lo trató el director finlandés, excelente concertador y conocedor de la obra, amplísima gama de matices en los “radiofónicos franceses” para escuchar siempre a esta solista que habla y canta con su violín, tanto en las cadencias como con la orquesta. No importan móviles maleducados que comienzan a ser odiados, aplausos tras el Allegro moderato o toses inoportunas pues no perdió tensión ni entrega. La fantástica Hilary enamoró con todo un catálogo de lirismo, melancolía (Adagio di molto) y explosión pasional en el último Allegro ma non tanto donde los franceses siempre respondieron al maestro Franck en dinámicas, limpieza y equilibrio. Violín cálido en el registro grave y apasionantes agudos con un arco de otro mundo para lograr una interpretación asombrosa de solista, director y orquesta. La Sarabande de la Partita 2 de Bach un auténtico regalo, fascinación para la intérprete norteamericana y el público al que firmaría muchos discos tras el concierto.

La Sinfonía Fantástica de Berlioz sirvió para mostrar músculo y poderío de gran formación filarmónica, secciones impecables y seguras con una cuerda limpia donde destacaron violas y contrabajos por sonido aterciopelado entre todo un ejército sinfónico, sobrepasando el centenar con cinco percusionistas. La apuesta del finlandés para el compositor francés fue la misma: mantener un sonido pulcro e impecable en toda la orquesta, con “Un baile” juguetón entre dos sosos “Ensueños” sin pasiones y la impoluta “Escena en el campo”, aunque la “Marcha al cadalso” (destacando el corno inglés contestado por el oboe fuera del escenario), nos dirigió al verdadero aquelarre final en la instrumentación pletórica de Berlioz.

Sibelius vencía a Berlioz en su casa, Franck necesita emociones propias y nada mejor que “Finlandia”, más que propina espectacular fuera de programa donde la Orquesta Filarmónica de Radio Francia sacó músculo y Hilary Hahn fantástica como la tierra de Mikko Franck.

Older Entries