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Mucha flauta en semifinales

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Martes 10 de julio, 20:00 horas. Patio del Centro de Cultura Antiguo Instituto, Gijón: VII Concurso Internacional de Música Antigua. Ronda Semifinal. Entrada libre hasta completar aforo.

Dentro del XXI Festival de Música Antigua de Gijón se celebra este concurso internacional que llega ya a su séptima edición, pasando a la penúltima ronda cuatro grupos con predominio de flautas y algunas propuestas interesantes no ya por el repertorio donde abundó el Renacimiento, sino por las formaciones que actuaron por sorteo en el orden siguiente que paso a comentar.

Vox Tremula, un trío de flautas formado en el Conservatorio Superior de Sevilla allá por 2012 por la aragonesa Elena Escartín Díez, la alemana Judith Milena Cord-to-Krax y el argentino casi asturiano Gonzalo Martín Llao, quien también cantó De tous biens playne de Hayne van Guizeghem (c.1445-1476-97) antes de la versión instrumental de Alexander Agricola (c. 1445-1506) con la que abrieron la velada.

Combinaciones de flautas por parte de los tres músicos que continuaron con Calata ala spagnola (ditto Terzetti) de Joan Ambrosio Dalza (f. 1508), The eagles’s force & a gigg (William Byrd, 1543-1623) de virtuosismo a trío jugando con las dos danzas, y finalizar con la conocida Aria sopra “La Bergamasca del barroco Marco Uccelini (1603/10-1680), apuesta arriesgada por los instrumentos con buenos resultados interpretativos pese a cierta “monotonía” tímbrica bien resuelta por las arreglos de las obras elegidas, ricas en polifonía y ritmos sumadas a la calidad y virtuosismo de este consort internacional.

El Dúo Acciaccatura que ya ganase el premio del público el pasado año, está conformado por la violinista madrileña Berta Ares López y el tiorba oscense Ignacio Laguna Navarro, también guitarra barroca aunque no la tañese este martes, personalmente el más original pero técnicamente algo flojo, puede que por la presión del concurso, poco volumen en la tiorba comiéndose algunas notas, y mayor presencia del violín barroco con ligeras imprecisiones en arco pero sobre todo de pulsación que dieron lugar a armónicos indeseados aunque sin perder nunca una musicalidad e ímpetu admirables, sobre todo en la violinista.

Las dos obras elegidas fueron sendas sonatas barrocas francesas de cuatro movimientos: Jean-Féry Rebel (1666-1747), la nº 6 en si menor, y de Jean Marie Leclair (1697-1764) la Sonata VIII en re mayor (Troisieme Livre de Sonates op. 5) de mayor exigencia para ambos intérpretes, sentidos los tiempos lentos y vívidos los rápidos destacando el final virtuoso a unísono que resolvieron bien pese a no lucir la tiorba como si de una viola da gamba o un clave para el acompañamiento se tratase.

Más flautas en el Ensemble Melante con Daniel Riquelme DelgadoJuan Miguel Illán Calado (flauta de pico y fagot barroco en la segunda de las obras) más la viola da gamba de Andrés García Fraile, juego tímbrico de viento y cuerda para la Suitte II en sol menor (Pièces en trio) de Marin Marais (1656-1728), tripartita (I Prélude / II Sarabande / III Air gay) bien contrapuestas y sentidas aunque poco agradecidas por su escritura y textura que pese al virtuosismo del compositor en la viola da gamba no tuvo el protagonismo esperado mientras las flautas completaron una partitura no muy inspirada,

en contraposición a la impresionante Trio Sonata TWV42:F3 para flauta de pico, viola da gamba y continuo (Essercizii Musici) de Georg Philipp Telemann (1681-1767), mucho mejor al contraponer la flauta protagonista junto al continuo del fagot barroco y “la madre del cello” en tres movimientos impactantes y bien ejecutados por el ensemble: I Vivace / II Mesto / III Allegro, destacando los extremos por virtuosismo y docta escritura por parte del compositor alemán bien leída por este trío.

Cerrando semifinal desde Valencia otro trío con flautas pero con clave y cantando también, variando combinaciones y apostando sobre seguro en el repertorio con obras breves, variadas e incluso conocidas presentadas orden cronológico, mi personal votación como público, Ibera Auri con Lidia Rodrigo Royo (clave y también flautas aunque no para las obras elegidas), Gabriel Belkheiri García del Pozo (flautas de pico y tenor) y Laia Blasco López (mezzo y flautas de pico).

Comenzaron con el anónimo del siglo XV Por qué llorax blanca niña en la voz femenina con el clave casi laúd y la flauta de perfecta ambientación sefardí, continuando con Por que não me vês Joana del Cancionero de Elvas otro anónimo del XVI alternando las flautas y voces, mejor la mezzo que el tenor pero ambos con naturalidad, fraseando después las flautas como el texto más el siempre presente y seguro clave, aparcando momentáneamente las flautas para cantarnos Frescos ayres del pradode Antoine Boësset (1587-1643), antes de las dos conocidas obras para el final, las instrumentales y virtuosas Folias para Dña. Tarolilla de Carallenosde Andrea Falconieri (1585-1656) y Trompicavalas amor de Juan Hidalgo de Polanco (1614-1685) con Laia Blasco cantando junto a la flauta de Gabriel y el clave de Lidia en una versión que madurará con ellos porque hay tantas versiones que todavía será inalcanzable la propia con este trío joven.

Al finalizar de escribir desconozco quiénes pasarán a la final del miércoles donde también se dará a conocer el premio del público que nuevamente abarrotó el patio del Antiguo Instituto Jovellanos aunque escuchase algunos despistes, mayormente jubiladas, confundiendo el clave con un piano de cola o la tiorba con un laúd… pero disfrutando todos de cuatro formaciones con mucha flauta.

P. D.: Vox Tremula e Ibera Auri finalistas para este miércoles 11.

Forma Antiqva: café en La Felguera

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Sábado 18 de marzo, 20:00 horas. Nuevo Teatro de La Felguera (El Maripeña): “Café Telemann”, Forma Antiqva. Entrada: 5 € más 0,60 € por gestión (desde mi casa y paseo hasta un cajero para retirarlas, es decir, ¡Liberbank nunca pierde! y siempre pagamos nosotros). Obras de Georg Philipp Telemann (1681-1767).

Forma Antiqva siguen en plena erupción tras el CD titulado The Volcano Symphony (para el sello alemán Winter & Winter del que son artistas exclusivos) interpretando una composición original calificada como “poema sinfónico” del holandés Ernst Reijseger (1954), que recomiendo escuchar con detenimiento por lo que supone hacer música de hoy con instrumentos de ayer y hoy en feliz conjunción atemporal, tal como hicieron en la propina de este sábado desde “la otra Cuenca” para los de ésta, uniendo dos temas asturianos: la popular Santa Bárbara Bendita (desde el minuto 39:26 del enlace) y un Fandango de Leitariegos. Porque no hay etiquetas para los langreanos que volvían a su casa con otros dos “adoptados” encontrando por fin el apoyo merecido a su trabajo de difusión del concejo, del Principado y de la que muchos llaman #MarcaEspaña pero olvidando a menudo la música y sus intérpretes. Por cierto que pese a la agenda tan apretada de la formación y sus integrantes con distintos programas, están metidos estos días en la grabación del nuevo CD volviendo a apostar fuerte, titulado Poem of a cell con música de Vivaldi, Mozart, Haydn, Fumio Ysadu, Fabio Nieder y Uri Caine (el mismo de las exitosas Estaciones Zapico) en el Estudio Uno de Colmenar Viejo que espero escuchar en cuanto salga.

Ya había degustado el pasado verano este “Café Telemann” que este sábado servían a un público venido de toda Asturias con la misma formación que entonces: Alejandro Villar (flauta de pico), Daniel Pinteño (violín), Daniel Zapico (tiorba), Pablo Zapico (guitarra barroca) y Aarón Zapico (clave), del que tuve además el honor de realizar mi crónica para el diario La Nueva España, aunque la total libertad de espacio que me da el blog supuso una entrada con múltiples enlaces a toda la repostería que acompañaba cada café.

Como los reconocidos baristas, este café puro se preparó en cuatro entregas con postres por parte de Forma Antiqva, bloques de distintas sonatas bien organizadas para poder saborear las combinaciones que ese quinteto, para la ocasión, pueden realizar a partir de la música de Telemann, en el año de celebración de los 250 años de su muerte (porque los grandes genios siempre siguen vivos).

Si en el mes de julio me asombraban con estas joyas, destacando la búsqueda no ya de repertorio sino de cómo presentarlo, con el paladar hecho a este café alemán volvíamos a degustar las sonoridades tan logradas que permiten no ya el lucimiento individual a modo de dulce, sino los diálogos entre violín y flauta uniendo virtuosismo en los pasajes rápidos y lirismo en los lentos.

Escuchar la tiorba a dúo con el violín abre nuevos sabores más allá de la decoración florida, que también. Y las intervenciones de los hermanos Zapico en solitario fueron impecables además de virtuosas, especialmente Aarón que sacó del clave sonidos impensables, ataques dinámicos (para que opinen los expertos), otros secos jugando con la resonancia junto a acordes tenidos que iban quedando en la nota principal.

Por supuesto reencontrar a Alejandro Villar en este repertorio barroco para situarle entre los virtuosos de la flauta de pico, asombrándonos el fiato, las dinámicas y la musicalidad amén del empaste con el violín de Daniel Pinteño, otro músico impresionante que Forma Antiqva ficha en estas formaciones que crecen desde el trío, tanto como su propio repertorio. Excelente café antes de una Guinness© en “mi oficina” de Mieres.

Forma Antiqva traen café y dulces

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Jueves 14 de julio, 20:00 horas. Festival de Verano, Claustro del Museo Arqueológico de Oviedo. “Café Telemann”, Forma AntiqvaAlejandro Villar (flauta), Daniel Pinteño (violín), Daniel Zapico (tiorba), Pablo Zapico (guitarra barroca), Aarón Zapico (clave). Entrada libre.

Oviedo no es Leipzig ni el Arqueológico el Café Zimmermann pero el público volvió a llenar el claustro del antiguo Monasterio de San Vicente para probar un Café Telemann preparado por los hermanos Zapico, esta vez en quinteto al sumarse a este nuevo proyecto dos habituales colaboradores de los langreanos: el flautista leonés Alejandro Villar (cofundador con Daniel Mayoral del dúo medieval Eloqventia) y el violinista malagueño Daniel Pinteño (líder del ensemble Concerto1700) en un programa dedicado a Georg Phillipp Telemann (Magdeburgo, 1681 – Hamburgo, 1767), reconocido por el Libro Guinness como el más prolífico compositor con más de 800 obras acreditadas de las más de 3000 conocidas), contemporáneo de su amigo Bach o del vecino Händel, un triunvirato aunque entonces él les eclipsó, y que aprovechando los 250 años de su muerte en 2017 espero recuperemos parte de su obra y lugar en el barroco, como han hecho los Zapico con este original concierto que saca a la luz el dominio instrumental de Telemann con un brillo propio.

Si por algo se ha caracterizado Forma Antiqva desde su nacimiento es bucear en el tiempo para retomar y recuperar obras dándoles la frescura de los tiempos actuales, apostando por combinaciones tímbricas que van más allá de sus instrumentos, ya originales en este formato propio. Incorporar esta vez flauta y violín es un nuevo escalón, partiendo de un Telemann cuya máxima parece seguir nuestra formación: “Dar a cada instrumento lo que pide de manera que el instrumentista obtenga placer y el compositor satisfacción” (recogida en las notas al programa), y del que recomiendo para los que entiendan inglés la lectura de esta tesis del año 2001.

La organización del programa parte de los “Essercizii Musici overo Dodeci Soli e Dodeci Trii à diversi stromenti” (Hamburgo, 1740) sobre los que versa la tesis antes citada, y donde están las sonatas para flauta de pico y continuo TWV 41:C5 y TWV 41:d4, virtuosismo a la medida de Villar, las “Trio sonata en la menor para flauta, violín y continuo” TWV 42:a4 y TWV 42:a1, ideales para sumar a Pinteño más la “Sonata a 3” TWV 42:d10 basada en el manuscrito V7117 de la biblioteca del Conservatorio de Bruselas y la “Sonatina en do menor” TWV 41:c2 (Hamburgo, 1730) junto a otra similar catalogada TWV 41:a4 de las que solo sobrevivieron la parte solista en la Biblioteca Real de la capital danesa sumándola al bajo de otra versión para violín de estas obras conservadas en Dresde, pero combinadas de forma que todo el quinteto pueda lucirse.
Incluso ya que de café se trataba esta música surgiendo natural y agradable aunque sin tertulia (sólo los pájaros parecían estarlo), nada mejor que acompañar cada taza con dulces de origen y nombre francés como era la moda, pero fabricados en Asturias como los carbayones: Macaron, Petit beurre, Brioche y Mille-feuille, de los que dejo los enlaces en vez de las imágenes (verdaderas tentaciones de los golosos como servidor) pero que según vayan leyendo acabarán probando.

La Trio Sonata TWV42:a1 abría boca con el quinteto, flauta virtuosa y solista contestada por el violín atento y cómplice, mientras clave, guitarra y tiorba ponían la consistencia de un café puro contrastado en cinco movimientos que abrían papila gustativa y auditiva como si de una carta se tratase: Largo, Vivace, Affettuoso y Allegro. Los lentos, especialmente el tercero, ideales y bien situados entre los rápidos para presentar el estilo Zapico, juegos tímbricos en cascadas y remansos alternados antes de las combinaciones de elementos tomados en distintas proporciones, café natural o torrefacto frente a los arábica o robusta, educando paladares.

Después vendría la Trio Sonata TWV 42:a4 jugando con el orden de los movimientos y la primera galleta, el primer punto de inflexión, tras el Affettuoso un Vivace sin violín de la Sonata TWV 41:C5 traería el Grave de repostería más creativa y atractiva, la tiorba de Dani sola y polifónicamente rotunda con un punteo cual variante de pistacho para el mismo dulce, sumándose sus dos hermanos más el violín antes de completar este dulce con la flauta y atacar el Vivace en vertigionosa glotonería sólo compensada en azúcar por el Menuet & Trio que el “dúo invitado” contrastó en timbre y buen gusto frente al “tutti”.

La Sonata TWV 41:d4 fueron dos galletas de mantequilla en el Affettuoso comenzando con un dúo de violín y tiorba verdaderamente sabrosos, contrastando forma pero no sabor con un trío de guitarra, clave y flauta al que añadiendo en el último momento la tiorba atacaríamos el Presto prescindiendo del violín, manteniendo paladar para un café en dos tragos largos ya que el pan de leche, el toque de yema lo pondría el clave en el inicio del Larghetto (de la TWV 41:C5) degustado en trozos pequeños bien masticados desgranando notas, pausas rotas por el grave salpicado de agudo puro alejándose para entrar la doble cuerda rasgada más la frotada malagueña, sin la flauta que entraría como el azúcar en el café final del Allegro de la TWV 42:d10), otra combinación ideal como si en el Café Central de la capital de la Costa del Sol pidiésemos uno de los diez tipos, geniales hasta en los nombres, incluso si me apuran hasta el tipo de leche.

Pero todavía quedaba seguir combinando una Sonata y una Trío Sonata, dulce de múltiples variantes locales que servidos al “estilo forma antiqva” serían milhojas de crema, la Sonata TWV 41:d4 tomando el Grave, nuevamente lento aperitivo de guitarra, después flauta y tiorba y volviendo a unir los tres ingredientes antes del Adagio de la Trio Sonata TWV 42:D10 con todos ellos, sabor profundo y color oscuro sin aditivos, trago largo del que despojar el violín para un muy Allegro de la primera Sonata y todos juntos posar el Allegro de “la Trio”, apurando un Presto global del que no dejamos ningún poso con flauta y violín vertiginosos, virtuosos, bien arropados, entregados al placer de la música.

Buen café este de Telemann servido por Forma Antiqva, arte de combinar elementos de calidad, movimientos lentos con tímbricas bien mezcladas y planos equilibrados donde flauta y violín colorean al trío local, y los rápidos para lucimiento de estos “invitados” que enriquecen los cafés donde el dulce sigue siendo marca de la casa.
De regalo un postre ovetense, Vivaldi cual carbayón: el Allegro de la Trio Sonata en do mayor, RV 82 en versión “ad hoc” del quinteto, degustando los dos “ingredientes nuevos”, y repetimos el primer Allegro para recordar el buen sabor de la primera taza. La carta sigue creciendo, ahora con Telemann y este proyecto tendrá mucho recorrido, el tiempo me dará la razón (como hace cinco años con sus estaciones de Vivaldi).

P. D.: Crítica aparecida en la versión en papel de LNE del domingo 17 de julio:

Flautas de pico en el Museo de Bellas Artes

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Jueves 9 de abril, 19:00 horas. Museo de Bellas Artes de Asturias, Oviedo. II Ciclo de Música Antigua “Sonidos de la historia”. Alejandro Villar (flautas de pico): Recorder 8.3. Obras de Diego Ortiz, Jacob Van Eyck, Telemann, N. Bousquet, Maki Ishii y anónimos. Entrada libre.

Nadie se espera que un concierto con solo flautas de pico en solitario puedan convocar tanto público, pero evidentemente el programa era más que un reclamo, Oviedo tiene una oferta donde la llamada música antigua sigue llamando y llenando, nuevo éxito de la JAM (Joven Asociación de Musicología de Asturias) en este segundo año que resulta no ya de asentamiento de un “ciclo para los jueves” sino todo un reto para preparar los próximos que seguro vendrán.

Alejandro Villar tiene un largo historial de colaboraciones con otras formaciones del que podemos leer algo en los enlaces del concierto y en su propia página web, para muchos “medio Eloqventia” y todo un virtuoso además de profesor y estudioso de la flauta de pico, “tristemente” asociada al terreno escolar merced a Orff, pero que está asentada en la historia llegando a ser tan importante como sus hermanos hasta la llegada de los instrumentos llamemos actuales.

Alejandro se encargó de desmontar falsedades abordando ocho obras de ocho siglos con un tipo de flauta para cada una de ellas, toda una lección y elección magistrales para poner en su sitio la flauta de pico, la de bisel fijo (como los silbatos), “recorder” que llaman los anglófonos, siempre aderezando de forma breve y amena los orígenes así como procedencia de las músicas interpretadas, diría que recreadas por el flautista astur-leonés.

Sin entrar en cada una de ellas, desde los anónimos del siglo XIII (con doble flauta o aulos) y XIV con la “estampida” como forma medieval francesa e italiana, músicas bailables, hasta la última, cada obra fue un ejemplo del papel que tanto el instrumento como la propia música ha tenido a lo largo de la historia, “sonidos de la historia” como se titula este segundo ciclo e “historia del sonido” por el trayecto que Alejandro Villar nos brindó, virtuosismo cada vez mayor desde Diego Ortiz, intercambiables tratados para cuerda o viento, al “Paganini de la flauta” Jacob Van Eyck,

el barroco inglés de Telemann con una verdadera fantasía en tres movimientos, siempre contrastados, que encumbra la música instrumental en su momento álgido, para “caer” y recordarnos el siglo XIX donde la flauta travesera parece relegada al olvido pero donde Bousquet escribe para este instrumento olvidado unos estudios de los que el tercero Allegro moderato puso el estilo clásico al servicio de la “recuperada flauta de pico”, con intentos de modernizar mecanismos (flagolet) aunque nada mejor que volver al origen y auparla por fin a la actualidad en los años sesenta y setenta del pasado siglo gracias al llamado movimiento historicista donde el recién fallecido Frans Brüggen eleva a la máxima categoría las interpretaciones con flauta de pico desde los Países Bajos, centro de “peregrinación” de estudiantes y músicos que predijeron el renacer de las mal llamadas músicas antiguas haciéndolas cada vez más actuales.

El virtuosismo siempre al servicio del estilo permitió disfrutar de esta auténtica clase magistral del músico leonés afincado en nuestra tierra, para acabar en el siglo XX con Black intention I (1976) de Maki Ishii (Tokyo, 1936), la inspiración japonesa tamizada por sonidos casi milenarios de la protagonista en manos y boca de Alejandro Villar, introspección casi mística con tres flautas distintas y un gong recuperando sonoridades que cierran círculos, la presencia de lo antiguo desde nuestro tiempo en una época capaz de conjugar en primera persona la atemporalidad de la música.

La propina tenía que ser de Bach, padre de todas las músicas, del que Villar nos regaló la Allemande de la Partita BWV 1013 para flauta solo como colofón a una tarde de museo vivo lleno de sonidos mágicos de flautas.

Pirotecnia inglesa desde una Suite real

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Martes 13 de enero, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio: “The Royal Händel. Händel regio, Händel real“. Forma Antiqva, Aarón Zapico (director). Obras de Purcell, Telemann y Händel.

Nuevo trabajo el que presentó Forma Antiqva con el mayor de los Zapico al frente, en el Auditorio de Oviedo, su residencia, conformando un programa basado en la suite como conjunto de danzas contrapuestas tan barroco y además plenamente británico, en suite también como alojamiento de lujo porque estar como en casa siempre ayuda al bienestar anímico, laboral y lúdico.

Con una orquesta “ad hoc” para este concierto, con músicos habituales en otros proyectos (Ruth Verona casi de la “familia”) y fichajes específicos (incluso el cambio por fuerza mayor del concertino Jorge Jiménez perfectamente suplido por Stefano Rossi, que dejó su lugar como principal de los segundos a José Manuel Navarro), está claro que los Zapico cada vez son más internacionales y su nombre es sinónimo de calidad además de mucho investigación y trabajo previo. Lástima no disponer de más tiempo para acabar de perfilar pequeños detalles que no empañaron el gran resultado global, pues todos los músicos son excelentes, aunque los ensayos siempre limitados para estas formaciones y obras necesiten un mayor “ensemble” que sólo se alcanza con muchos más días. Hubo algunos desajustes en entradas y retardandos finales pero el disfrute, tanto sobre el escenario como entre el público, más numeroso de lo habitual, fue de menos a más.

Original y muy bien organizada la elección de obras y planificación de “La gran suite”, sin descanso que rompiese la unidad buscada, con dos partes que abría Purcell, con dos chaconas: de “The Fairy Queen” Z. 629 con los músicos tocando por el patio de butacas hacia el escenario ante cierto desconcierto del público que aplaudía o seguía murmurando, y la escrita en sol menor, Z. 730 para la segunda, antes del espectáculo final que siempre supone Händel y su Music for the Royal Fireworks (Música para los Reales Fuegos Artificiales) HWV 351. No faltó el propio alemán nacionalizado inglés en las dos partes previas con fragmentos de las suites de su Water Music (Música Acuática) HWV 348 sabiamente intercalados con Telemann, el tercer inglés de la noche con espíritu de gran suite que la orquesta barroca de Forma Antiqva fue desgranando entre auténticos contrastes, sorpresas siempre gratas, y una sonoridad exquisita, partiendo de una plantilla equilibrada incluso visualmente sobre la escena. Genial utilizar timbales y tambor para homogeneizar volúmenes y colores.

Dejo aquí escaneado en grande el programa del que quiero destacar algunas cosas: el Menuet II comenzó solamente con los gemelos Zapico (Daniel a la tiorba y Pablo a la guitarra barroca) en la introducción antes del resto de la cuerda, un auténtico placer de volúmenes pianísimos; la sorpresa y descubrimiento del Allegro de Telemann cual juego de “T” por trompas, tambor, timbales y tempo, rápido, con cuerdas y ese par de claves (Silvia Márquez y Alfonso Sebastián) que redondean una sonoridad muy buscada, la Hornpipe cambiando metal por madera y guitarra en el inicio y luego toda la cuerda y el “tutti” con ataques en esforzando subrayados por un tambor sutil, apenas perceptible pero redondeando colorido propio, eligiendo un tempo no muy movido para degustarse sin prisas.

También m resultó muy especial el Air con el inicio solo de la madera y la posterior suma de una cuerda de prodigiosas calidades en sonorido y dinámicas. El regreso de Telemann y la Suite “Alster” enriqueció no ya el concepto de contrastes totales sino de las sorpresas y el humos utilizando ese Capriccio de “ranas y cuervos” tan poco escuchado y preparando el difícil Allegro haendeliano, especialmente para las trompas y tambor, mejor que los timbales, que se unieron en buenos planos sonoros sin exagerar presencia.

La pirotecnia final no se hizo esperar, manteniendo color y calor con las aportaciones necesarias de Forma Antiqva en la “Música para los Reales Fuegos Artificiales” y así tras una Overture realmente solmente y luminosa, el puente al Allegro lo realizó un solo de tiorba espléndido de Daniel. Sabemos lo difícil que es tocar instrumentos de época, sobre todo los metales naturales, y así las trompas resultaron algo destempladas, más notorio por el tempo tan exigente por lo rápido, que Aarón Zapico imprimió en cada Allegro, supercontrastados con el Lentement. La Bourrée sin metales mejoró en todo, jugando con el color incluso la entrada maderas para La Paix, donde trompas y trompetas sonaron más contenidos, y todos con un sutil acompañamiento de la guitarra creando un clima más que londinense, madrileño por el recuerdo a Boccherini. Como si realmente del espectáculo con fuegos artificiales se tratase, La Rejouissance sonó poderosa con el tambor que equilibró la dinámica ajustada y nunca excesiva. El Menuet I-II supuso otra delicia en la cuerda y madera con metales y percusión comedidos al ser un tempo casi marcial, con madera y clave jugosos más guitarra en pianissimi mágicos rotos en el final por el tutti en fortísimo sin perder la marcialidad, sin excesos sonoros para la “traca final”que remató un concierto en casa pero como reyes en la mejor suite del auditorio ovetense como es la sala principal, hoy con sabor británico.

Enhorabuena como responsable final a Aarón Zapico por pergeñar esa “The gran suite” para celebrar quince años, con las estancias, habitaciones o suites preparatorias del espectáculo total que siempre supone el barroco inglés y que bien explicaba María Sanhuesa Fonseca en sus siempre agradables y originales notas al programa, al frente de una señora orquesta de época con músicos experimentados en estos repertorios que dan siempre lo mejor de sí haciendo sonar el trabajo previo para que resultase todo un “regio acierto”. De regalo bisaron el Menuet I de la Suite en fa mayor HWV 348.

El programa tiene mucho recorrido y Forma Antiqva lo sabe mover muy bien, llevando la marca Oviedo, de Asturias, finalmente de España, por todo el mundo. Felicidades y como digo siempre “MUCHO CUCHO”© allá donde vayan. Esta vez la pólvora no se mojó ni hizo estragos.

Barrockeros potentes y convincentes

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Domingo 7 de julio, 20:00 horasGijón Música Antigua 2013. XVI Festival y II Concurso Internacional de Música Antigua, Centro de Cultura “Antiguo Instituto”. Final Grupo 1: Barrock’n Roll. Obras de Andrea Falconiero, A. Corelli, Telemann, Marco Uccellini, C. Ph. E. Bach, Frescobaldi y Vivaldi.

Primera final del concurso gijonés en el marco del festival, con un grupo joven hasta en el nombre: Barrock’n Roll formado por Moisés Maroto y Olga Radón (flautas), María Simón (violonchelo) y Sara Johnson (clave), formados en el Conservatorio Superior de Aragón en 2010 aunque de procedencias diversas, y que nos ofrecieron un programa arriesgado, completo y variado, con algunas adaptaciones (recreaciones prefiero llamarlas) realmente logradas para esta formación, transmitiendo desde la primera nota una alegría contagiosa viéndoles disfrutar con la música que nos regalaron desde un dominio técnico impecable y con auténtica madurez interpretativa que comentaré en detalle. Destacar unos finales muy trabajados, cuidado de la sonoridad de una formación personal que domina la articulación, las dinámicas, los fraseos y ornamentos, así como una permanente preocupación por la afinación que puntualmente les jugó alguna sin desmerecer el trabajo global que pondrá el veredicto del jurado difícil antes de escuchar el del lunes.

La Batalla de Barrabaso, yerno de Satanás (A. Falconiero) con dos flautas soprano resultó una delicia de simpatía y efectismos, auténticas diabluras técnicas incluyendo glissandis en todos los instrumentos.

De Arcangello Corelli afrontaron con flautas contralto la Trío Sonata en fa mayor, op. 3 nº 1 en tres movimientos claramente contrastados, Grave, Allegro y Vivace, éste en un tiempo perfecto nada exagerado para degustar los contrapuntos entre flautas y un dúo cello-clave que dejaron momentos impactantes.

La Trio Sonata en la menor, TWV42 a 4 de Telemann mantuvo la línea de calidad en los cuatro movimientos, un Largo impecable, un Vivace excelente con una amplia paleta ornamental y dinámica disfrutando de los silencios como subrayados temáticos, un Affetuoso íntimo de empastes perfectos y un Allegro remate perfecto de una obra difícil.

El aire fresco trajo de nuevo las flautas sopranos para el Aria quinta: sopra la Bergamasca op. 3 (M. Uccellini) en este danzante con entradas sucesivas de clave, cello y flautas que fueron variando el tema desde unas ornamentaciones en su sitio por parte del cuarteto, técnicamente perfectos y sonoridades cuidadas nunca estridentes en diálogos complementarios dentro de una globalidad siempre virtuosa.

Probablemente la obra más compleja del programa y nada barroca fue el Trío en la menor H537 de Carl Philipp Emanuel Bach, partitura de cuarteto que no deja nada al azar en su escritura, tampoco en la adaptación, con gran peso del clave y el cello, que Sara Johnson Huidobro y María Simón hicieron aún más protagonistas desde el Andantino, nueva paleta tímbrica con la flauta contralto de Olga Radón y la soprano de Moisés Maroto, brillantes desde la templanza en el Largo e sostenuto, y el Allegro assai poniendo el énfasis en unos fraseos que nunca se solaparon sino que tuvieron unidad expositiva, cuidando al detalle cada final de movimiento.

La Canzona seconda a 4 (due bassi e due canti) de Frescobaldi resultó ideal para el cuarteto (de nuevo las dos flautas sopranos) con contrastes brillantes, intervenciones de clave y chelo de hondura interpretativa, Da capos siempre bien variados y disfrute total por parte de músicos y público.

No podía faltar Vivaldi en el programa, su Trio sonata en re menor RV63 “Follia” que se les “atrangantó” un poco: afinación algo imprecisa en las flautas contraltos o algún cambio de tempo no del todo bien resuelto aunque demostraron tanta profesionalidad y desparpajo que fueron de menos a más para terminar,  jugando como ellos con las palabras desde el cariño y el respeto, bien “folliados” en el final vivaldiano con atronadores aplausos de un público nuevamente entregado a esta música “barrockera” que no tiene edad para dejar de amarla.

Y como en un concierto, una propina como la Ciaccona del italiano Tarquino Merula para “quitar hierro” y demostrar la calidad musical de un grupo español joven y maduro, completando una hora larga de programa que el jurado, auténticas celebridades y autoridades en la materia, habrá anotado con mucho más detalle que este comentario personal. A esperar la siguiente final de este concurso con el grupo argentino Don Gil de las Calzas Verdes y el veredicto tanto oficial como del público, que también votaremos al finalizar. Lo contaremos en Twitter© y más detenidamente desde Siana…

El cambio climático de Forma Antiqva

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Martes 30 de abril, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo. Forma Antiqva, Aitor Hevia (violín), Aarón Zapico (clave y dirección). Obras de Telemann y Vivaldi. Entrada: 23 €.

La música siempre me depara placeres únicos, irrepetibles en directo aunque las grabaciones tiendan a capturar lo perecedero. En mi vida guardo momentos imborrables que tiendo a compartir con mis seres queridos, siendo un San Fermín de 2011 en Granada uno de ellos. Allí disfruté de un concierto increíble que titulé “Vivaldi redescubierto” con unos paisanos míos que sabía estaban haciendo historia y felizmente era testigo de ella, dudando en titularlo como “Estaciones asturianas”.

La música escrita es guión y pauta para los estudiosos, razón de existir en la propia historia y hasta motivo de discusiones encontradas en pleno siglo XXI para musicólogos, melómanos e intérpretes. La música escuchada plantea la dualidad objetividad – subjetividad por todo lo que conlleva de estado anímico en ambas partes, intérpretes y auditorio, preparación y/o formación, pero sobre todo, algo tan primigenio como el gusto individual.

Forma Antiqva no lograrán jamás dejarnos indiferentes, algo que en sí ya marca diferencias. Su regreso a casa siempre resulta noticia y puedo decir que “son profetas en su tierra”, que les devuelve en pequeñas dosis todo lo que ellos hacen por ella. Volver a escuchar sus Concerti Figurati ossia Le Quattro Stagioni (“Conciertos descriptivos, o Las Cuatro Estaciones”) casi dos años después me mantiene la capacidad de seguir sorprendiéndome por lo irrepetible de la música.

Dos de los Concerto Polonoise (Concierto polaco) de Telemann,  los TWV 43:G7 y B3 escoltarían la Symphonia RV 111a de Vivaldi en un bloque ejecutado como único a petición suya, con una formación que varía según programas y ligeramente de “la granadina”. Aarón Zapico cual prete bruno tomaría el timón de una nave que convirtió el auditorio carbayón en Ospedale della Pietà que recoge jóvenes músicos de primera remando en la misma dirección, en Ovetus veneciana por aguas mil de este cierre abrileño con acqua alta para dar y tomar. Pero esta orquesta barroca “de casa”, capaz de igualar otras que ya han pasado por el mismo escenario, quería arrancar precisamente con el compositor alemán, que fusionase los estilos alemán y francés con su collegium musicum en Leipzig y Eisenach emulando aquel espíritu de difundir los conciertos de música instrumental entre el público aficionado fuera de la exclusividad de los ambientes cortesanos y eclesiásticos como bien recoge en las notas al programa Maria Sanhuesa, autoridad en música de la época y valedora como pocos de nuestro patrimonio histórico y actual. Alternancia de movimientos lentos y rápidos típica de los conjuntos de cuerda y continuo que Forma Antiqva fue desgranando, seguros en los movidos, líricos en los pausados, claros en los danzables, para dejar a Vivaldi aún más luminoso entre ellos. Jorge Jiménez como concertino, conocido ya en Oviedo, marcaba el ritmo y velaba armas nuevamente a las órdenes del Mayor Zapico, capitán de la nave, algo exagerado en el gesto pero eficiente en el resultado: una regata por aguas nada fáciles capaz de mantener equilibrio y contagiar sensación de remanso ante una auténtica tormenta emocional que no dio tregua en casi media hora de remo. El fondo de la embarcación lo ponían los contramaestres Zapico a la tiorba y guitarra – archilaúd, con un clave y órgano de Silvia Márquez más el contrabajo de Vega Montero, que asentaban el conjunto y sumaban agilidades. La tripulación estaba preparada para la larga ciaboga final.

La cuarta parte asturiana “del QuirogaAitor Hevia tiene mucho peso en estas “cuatro estaciones de Forma Antiqva” y sin él no resultarán nunca igual (del cuarto gallego lo dejo en los “links” finales, dando de pista que está en los violines segundos). Los años dan madurez y perspectiva, poso y sabor, paso de crianza a gran reserva, por lo que seguir aportando cosas nuevas a los archiconocidos conciertos para violín de Vivaldi no es reto sino virtud.

Apuntaba en el momento de escucharlas en Granada que fue como redescubrir “Las Meninas” tras la limpieza, pero aún siguen capa a capa sacando a la superficie colores nuevos (alternar guitarra y laúd), sombras llenas de luz (silencios ligeramente más largos), fraseos distintos (arcos, ataques, peso del viento en el órgano), dinámicas estremecedoramente extremas (los pp acallaron incluso toses), respiraciones con poso (el sustento del contrabajo solo o el órgano con nota pedal) y sobre todo la frescura del espectáculo (qué bien queda rebajar el tempi cuando el tema mayor torna a menor) volvieron a asombrarme y deslumbrarme sin cegar del todo, para poder visualizar lo siguiente sin momento para el reposo (hasta los movimientos lentos resultaron subyugantes).

Cada estación, cada uno de los doce números sonaron nuevos, pero esta primavera invernal ovetense sirvió para disfrutar de un Verano indescriptible, en especial el Allegro mà non molto. La magia de Hevia no tiene parangón cuando es contagiosa para todos. Hay otras formaciones, incluso españolas, que siguen interpretando “Las Cuatro Estaciones” de Vivaldi, pero Forma Antiqva con Hevia las reinterpretan con la frescura y juventud de quien no pretende más que disfrutar y compartir (los alemanes han apostado por ellos ¡caramba, qué coincidencia!).

No suelo elegir ni priorizar cuando el conjunto es sobresaliente, pero realmente hubo cambio climático y me marcó toda la velada (más el resto de la noche).

El público no daba crédido a este ciclón musical y la propina del conocido Fiddle Faddle (John Johnson) supo a poco ante un auditorio entregado que olvidó la Champions televisada. Sin descanso en todos los sentidos, aún bisarían el Largo de “El invierno”, otra delicia para recordar la temperatura real en el exterior, aunque la belleza de la nieve cristalizada fuese musical (en Pajares creo que no). Obras conocidas y siempre distintas, grandeza de los intérpretes que quiero citar uno a uno, pero sobre todo el placer en primera persona de continuar viviendo momentos irrepetibles en una España que va por el camino equivocado: educar no es gasto sino inversión, y Forma Antiqva rentabilizan con creces esta premisa. La música nos haría enderezar el rumbo pero la ignorancia es la madre del atrevimiento, y todavía quedan quienes piensan que el cambio climático es una tontería.

Forma Antiqva:

Violín solista: Aitor Hevia; Violines I: Jorge Jiménez (concertino), Pablo Prieto, Cecilia Clares; Violines II: Cibrán Sierra, Miren Ceberio, Judith Verona; Violas: Antonio Clares, José Vélez; Violonchelos: Diana Vinagre, Ruth Verona; Contrabajo: Vega Montero; Tiorba: Daniel Zapico; Guitarra barroca – archilaúd: Pablo Zapico; Clave – órgano: Silvia Márquez; Clave y dirección: Aarón Zapico.

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