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Scaramouche, un francés en Gijón

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Miércoles 6 de octubre, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Sociedad Filarmónica de Gijón, concierto inaugural de la temporada: Forma Antiqva: Les Scaramouches (farsa, sátira, tragedia y comedia en la noche francesa). Música del barroco francés.

Forma Antiqva tiene varios equipos para competir en todas la categorías: sala, liga nacional y Champions. Este miércoles en Gijón trajo su alineación de gala capitaneada por Aarón Zapico con once artistas conocidos, figuras todas seleccionadas por el «boss» que nos hicieron pensar en el próximo derby  asturiano por los colores azul y rojo, pero finalmente resultó la tricolor francesa que sobrevoló todo un espectáculo donde la actriz Ana Villa puso en escena la dramaturgia de Natalia Huarte dando unidad a esta pantomima en la línea esperada de la formación asturiana que nunca defrauda, con ideas siempre originales que podemos disfrutar en cualquier escenario.

Importante amar y armar un programa con un hilo conductor desde el barroco francés, algo que el seleccionador  Zapico ya conoce con otro equipo, tras su último proyecto educativo junto a la OSPA (El Gato con botas), para centrarse de nuevo en el personaje de la Comedia del Arte, Scaramouche. Volver de Gijón por «la minera» escuchando por la radio el Italia-España también marcará esta entrada de lo más futbolísitica, pues los símiles taurinos parecen no sentarles bien a algunos seguidores de este blog.

La salida al terreno de juego, con un público más expectante que nunca, arrancó por la banda con una carrera en solitario del imprescindible mago de la percusión David Mayoral ambientando el primer número de las cuatro partes, francesas hasta en los títulos de cada bloque (a la una, a las dos, a las tres y ¡voilá!) para ir combinando entre todos, dando juego y color en un potente medio del campo con las flautas de Alejandro Villar y Guillermo Peñalver, reforzados con el cello de Ruth Verona (la cuarta Zapico) y el contrabajo de Jorge Muñoz doblando los laterales cual carrileros, la defensa sólida en banda con la viola de José Vélez, y la retaguardia de los tres Zapico con el mayor cual cancerbero ordenando, para dejar una delantera de dos estiletes del violín: Jorge Jiménez y Daniel Pinteño.

Un once internacional en un fluir de combinaciones tímbricas, farsa y sátira de textos delineados por Villa, pasos de la tragedia a la comedia pintada por sutiles triangulaciones arrancando desde atrás, músicos cómodos en cualquier ritmo y diseño en un escenario donde poder pasar del control Lully al «tiki taka» de Corrette, cambios de banda largos sin perder la identidad de conjunto, líneas de juego amplio pero igualmente en corto, que la maestría en cada demarcación alcanzó como equipo de Champions barroco.

Si Lully ponía la tranquilidad, Couperin sería la inspiración hispana, podemos presumir de exportarla, Leclair sería el toque sutil y Marais la esencia. Cuatro tiempos en uno, ataque y defensa balanceados en un equipo que se conoce, jugando y disfrutando, escuchándose, integrados con unos textos que fueron creciendo y cambiando en una Villa camaleónica donde el color de las chaquetas, las gafas de sol trágicas o el autodiálogo fraterno, la plegaria serena o los movimientos sencillos pasando por el palco escénico, nos hacían deambular imaginariamente (sin enfermar) por estancias insondables que la música unía como sólo ella es capaz. Banda sonora del exquisito barroco francés ejecutada con pasión y precisión por un once que enamora.

Triunfo arrollador de Forma Antiqva y excelente arranque de una prometedora temporada gijonesa cuya centenaria Sociedad Filarmónica estrena directiva joven tan ilusionada como nosotros, nos regaló una bolsa de tela con su logo para seguir llenándola de buena música. El próximo concierto será de los «históricos» y con dos grandes intérpretes de casa, que espero seguir contando desde aquí.

Los tres Zapico

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Viernes 1 de octubre, 20:00 horas. Auditorio Teodoro Cuesta, Mieres. FORMA ANTIQVA: Concerto Zapico Volumen 2 (Danzas instrumentales del Barroco español e italiano). Entrada gratuita.

Vuelta a casa, a Mieres con buena música de las cuencas mineras, buenas las dos cuencas y con tres hermanos casi adoptados en la del Caudal, tres músicos internacionales que presumo de seguirles desde sus inicios por lo que la cita era imperdible.

En la historia de la música hay muchos hermanos famosos, desde los Broschi (Riccardo y Carlo «Farinelli») pasando por Nannerl y Wolfgang Mozart, Fanny y Felix Mendelssohn, no digamos la saga Bach (toda una dinastía irrepetible), sin olvidarme de apellidos ilustres dentro de la interpretación como José Miguel y Emilio Moreno, los Mena Juanjo y Carlos, pasando por pianistas como PekinelLabèque, Del Valle o  los mediáticos Jussen, siempre en la mal llamada «música clásica», los todo terreno Marsalis Branford y Wynton, también cinematográficos como The Blues Brothers o Los Fabulosos Baker Boys, y hasta los CanoUrquijo en el pop, todo parejas de hermanos donde solo recuerdo que sean tres los Quijano.  Y tres, son tres los hermanos Zapico: Aarón más los gemelos Daniel y Pablo. hijos de Eloy (siempre en el origen) y Marga.  Todas fraternidades que comparten no solo la misma sangre y educación en la familia, sino que al unir afición con profesión resultan verdaderos prodigios tanto por separado como al unirse para hacer música juntos.

Los Zapico son de esa generación que apostó por estudiar instrumentos nada habituales entonces, llamados antiguos, debiendo formarse fuera de nuestras fronteras y apostando por la música barroca, donde han alcanzado fama mundial, tanto de solistas como en distintas formaciones, incluso Aarón en la dirección orquestal. Los tres docentes y con las ideas siempre claras, hacer lo que les gusta, todo un privilegio en estos tiempos. Acompañantes de lujo a los que se rifan, e integrándose en proyectos de distinta envergadura con esa marca propia que es Forma Antiqva donde ellos son el núcleo imprescindible.

Pero el auténtico disfrute resulta cuando se juntan los tres para adoptar como suya la música que habitualmente no protagonizan sino que comparten, rompen moldes, transcriben para ellos y consiguen el milagro de tres solistas en uno, todas las combinaciones posibles de solos, dúos hasta el triángulo mágico. Cada «Concerto Zapico» resulta un soplo de aire fresco, lúcido, actual, bien organizado en la selección de las obras y sobre todo un placer verles disfrutar haciendo música juntos, lo que se transmite al patio de butacas siempre con un público heterogéneo que ha encontrado en el barroco una música ligera y atemporal, guiños de jazz y pop, sencillez de estructuras que el magisterio Zapico eleva a la profundidad virtuosa de sus instrumentos:

El clave de Aarón siempre sabio de registro y ornamentos perlados auténticamente vertiginosos cuando así lo exige la obra.

La tiorba de Daniel explorando todos los registros tan grandes como el propio instrumento, bajos potentes, arpegios de ensueño y «punteos» que unen el «obligato» con la personalidad hasta en los armónicos.

Y la guitarra de Pablo, necesario equilibrio de rasgueos rítmicos y solos polifónicos de limpieza escrupulosa, con la atención casi exclusiva de los gemelos que respiran al unísono.

Solo queda unir cada punto, líneas paralelas, convergentes hasta el mejor y mínimo sustento de tres patas para el triángulo de cuerdas afrontando marionas y jácaras, tocatas y folías, aires rápidos y lentos, tonalidades mayores y menores siempre bien conjuntadas, verdadera «Fiesta Zapico» donde hasta lo asturiano les suena barroco, llevando la giraldilla de su Sama o el fandango de Leitariegos al terreno que ellos dominan como nadie. Un repertorio asentado, muy trabajado, dominado, siempre distinto en cada actuación o grabación, el poso y paso del tiempo, la madurez profesional y el entendimiento único entre  los hermanos. Goce compartido sobre el escenario y contagiado a un patio de butacas aún con todas las restricciones que el «Barroco Zapico» nos hace olvidar, volviendo a demostrar en estos tiempos de Pandemia que la cultura es segura y la música la mejor terapia. La receta «Made in  Langreo» es infalible.

Programa Concerto Zapico 2:
“Marionas” – Gaspar Sanz (ca.1640 – ca.1710)
“The old Spagnoletta” – Gilles Farnaby (ca.1563 – ca.1640)
“Grabe” – Santiago de Murcia (1673 – 1739)
“Faborita” – Anónimo (ed. Francisco Tejada, 1721)
“Passacaglia” – Giovanni Girolamo Kapsperger (ca.1580 – 1651)
“Jácaras” – Gaspar Sanz
“Toccata e Bergamasca” – Giovanni Battista Vitali (1632 – 1692)
“Españoletas” – Gaspar Sanz
“Villan di Spagna” – Giovanni Girolamo Kapsperger
“Bayle del Gran Duque” – Anónimo
“Folías Gallegas” – Santiago de Murcia
“Giraldilla de Sama de Langreo y Fandango de Leitariegos” – Tradicional asturiana
“Cumbees” – Santiago de Murcia
“Diferencias sobre las Folías” – Anónimo (ed. Antonio Martín y Coll, 1709)

Esplendor catedralicio

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Sábado 21 de agosto, 20:00 horas. Catedral de Oviedo: 1200 años de historia, «Oviedo, origen del camino». Esplendor musical en la Catedral de OviedoJone Martínez (soprano), Forma Antiqva, Orquesta Barroca, Aarón Zapico (director). Obras del Archivo de la Catedral de Oviedo. Entrada libre (aforo completo).

El tiempo inexorable no transcurre igual para todos, pues parece que fue ayer cuando descubríamos el archivo musical de la Sancta Ovetensis, gracias a mi siempre recordada Inmaculada Quintanal, al gran Benito Lauret y la Capilla Polifónica de Oviedo, y por supuesto al eterno Emilio Casares, un Joaquín Lázaro (Aliaga, 1746 – Mondoñedo, 1786) que volvería a sonar en «su casa» demasiados años más tarde, ya en marzo de 2012 precisamente por la labor de María Sanhuesa con Aarón Zapico, Forma Antiqva y María Espada, pidiendo entonces desde este blog más Lázaro. El archivo sigue siendo fuente inagotable pero a menudo infranqueable a pesar del interés por parte de investigadores e intérpretes asturianos que ya demostraron el tesoro escondido de una Catedral de la que se celebran los 1.200 años de su fundación precisamente en este Xacobeo pandémico, recordando que Oviedo es el Orígen del Camino.

De nuevo Forma Antiqva con Aarón Zapico han retomado casi 20 años después la difusión del turolense  Joaquín Lázaro, algunos de los músicos de entonces más los nuevos fichajes para una orquesta barroca que también guardaremos su grabación de estos días para el sello alemán de los langreanos, y sobre todo la soprano vizcaína Jone Martínez a la que tendremos que seguir muy de cerca porque la juventud pisa fuerte y está muy preparada, más en esta música que ya domina como una veterana, con una voz limpia, esmaltada, bien proyectada, de emisión clara aunque la gran reverberación catedralicia no ayude, pero que una vez plasmada en disco podremos saborear estas joyas en todo su esplendor.

Al menos los medios de comunicación se hicieron eco de este concierto, implicándose tanto el  Arzobispado, la propia Catedral, el Ayuntamiento de Oviedo y hasta la correspondiente Consejería del Principado (ahí estuvo presente su viceconsejera de turismo Graciela Blanco), con respuesta increíble de un público que no quería perderse esta tarde sabatina primera del verano astur, agotándose las entradas el mismo lunes que salieron en la web municipal, y demostrando no ya la contrastada afición sino la responsabilidad ante las medidas de higiene, pues una vez más queda claro que la cultura es segura.

Forma Antiqva en formación orquestal al uso, estuvo formada por: Gerard Serrano y Pepe Reche (trompas), Antonio Campillo y Liza Patron (traversos), Jorge Jiménez (concertino), Víctor Martínez, José Vélez, Cecilia Clares y Roldán Bernabé (violines I), Daniel Pinteño, José Manuel Navarro, Pablo Prieto, Roger Junyent y Belén Sancho (violines II), Ruth Verona y Ester Domingo (violonchelos), Jorge Muñoz (contrabajo), Javier Núñez (órgano), Daniel Zapico (tiorba) y Pablo Zapico (archilaúd), más la citada soprano Jone Martínez y Aarón Zapico en la dirección. Destacar el equilibrio entre secciones aunque algo opacas las flautas y el continuo, más los problemas de afinación habituales en las trompas naturales, pero la sonoridad de la música del Maestro Lázaro es única, un clasicismo precoz que bebe del Barroco final como seña de identidad de unas partituras en castellano, más las músicas de procesión que figuran como anónimas porque siempre se pretendía la posteridad de las obras más que los autores, auténticos obreros del pentagrama con la Catedral de patronal exigente.

Escuchar in situ páginas tricentenarias no tiene precio y disfrutar del trabajo de entonces en nuestros días es un placer total, sin olvidarnos que estamos redescubriendo una mínima parte, un patrimonio que es obligado recuperar, promocionar y mantener sin reparar en gastos, pues nada es gratis. Al menos pedir no ya apoyo sino también facilidades para que cada uno haga su trabajo.

El navarro José Castel (1737-1807) contemporáneo de Lázaro, y al que equipararon con Haydn, abría concierto con el Allegro de la Sinfonía nº 3 y todo el orgánico orquestal perfecto para enlazar y dar paso a Jone Martínez en su primera intervención, Dios mío, calla (que bisaría al final), aria de tempo medio y ritmo ternario donde la instrumentación y melodía son escénicas sino operísticas, el estilo que se impondrá y del que el turolense daría buena cuenta en el resto de obras del concierto, silencios dramáticos que reverberaban en toda la catedral, melodía vocal inspirada con un texto siempre reforzado y subrayado por la orquesta.

Ya escuchada en 2012 el aria para tiple, trompas, flautas, cuerda y continuo Noche preciosa clara, viva además de bien contrastada, volvió a dejarnos una grata impresión de la soprano vasca pletórica aunque contenida, con soltura y frescura. Después el primer anónimo de las «músicas de procesión», un Moderato  sin flautas para estas páginas exportables que la plantilla elegida hacen esplendorosas. Me imagino los ministriles de entonces, probablemente en menor número, haciendo sonar estas partituras que con Forma Antiqva mantienen su impronta barroca con el aire preclásico ideal de todo el concierto.

El aria Encendida en vivo fuego solo con cuerda y continuo trajo de nuevo la voz diáfana de Martínez mejor arropada sin los vientos, maravilla musical asombrosa para su tiempo que refuerza la necesidad de conocer este repertorio del Maestro Lázaro, fuego vocal e instrumental. Otro tanto con la más ornamentada vocalmente aria Del risco se despeña, agilidades limpias de la soprano, silencios subrayando estos dramas musicados por el presbítero aragonés y orquestación ideal.

El oficio se demuestra en la reutilización de melodías vestidas de distinta forma, y volvimos a disfrutar del aria A Eulalia dichosa, la patrona de la diócesis Santa Eulalia de Mérida, que «atraía la lluvia», obra sin flautas y técnicamente similar a la primera pero con giros y «da capo» siempre distintos, ricos en la voz de Jone Martínez, color ideal para este repertorio donde se la nota cómoda por tesitura y estilo.

Segunda música de procesión «anónima», esta vez un Allegretto para toda la orquesta, más compacta aún que en el Moderato anterior, Aarón Zapico impulsando con su personal versión de los aires y claroscuros instrumentales, pinceladas de calidad en unos violines en perfecto entendimiento y un contrabajo que asentaba la extensión escrita, luminosa y contenida.

Para finalizar y recordar aquel 25 de abril, el recitativo y cavatina Reparad qué luz clara y peregrina con una introducción de Pablo Zapico al archilaúd impoluta, suya, más el acompañamiento íntimo antes de la cavatina que Jone Martínez bordó de principio a fin, amplitud de matices desde la aparente simplicidad de esta partitura que brilló de nuevo con más esplendor catedralicio.

Enhorabuena al trabajo infatigable de años en el archivo de la incombustible doctora María Sanhuesa, el encuentro y apuesta de Aarón Zapico con Forma Antiqva para la ocasión, desando largo recorrido en esta ardua labor por poner a Joaquín Lázaro donde debe, agradeciendo el «fichaje» de Jone Martínez para este proyecto así como a una plantilla orquestal de confianza que sigue conjugando lo mejor del panorama español en este repertorio siempre actual. Si en breve habrá en el mercado nueva grabación de los langreanos, la Sancta Ovetensis asombrará igualmente y pondrá la música hecha en Asturias como verdadera seña de identidad a nivel mundial.

Dejo finalmente los textos del director asturiano para este concierto:

«Esplendor musical en la Catedral de Oviedo

Una música superlativa. Un patrimonio formidable.

La hipérbole es constante cuando hablamos de la música conservada en el Archivo Capitular de la Catedral de Oviedo o Sancta Ovetensis. Legajos de partituras conservadas durante centurias que el próximo 21 de agosto verán la luz en el preciso lugar para el que fueron creadas. Es el Maestro de Capilla Joaquín Lázaro (1746-1786) el representante escogido para mostrar parte de esta exuberancia a través de melodías refinadas y solemnes ritmos que dan vida y color a unos textos plenos de poesía.
Este concierto es la guinda de un proyecto colectivo perseguido durante mucho tiempo y que contribuye de manera definitiva a dotar a Asturias de un patrimonio inigualable del que sentirse muy orgullosos
«.

Mutaciones al atardecer

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Sábado 14 de agosto, 20:00 horas. Iglesia de Santa María de Valdediós: «Atardeceres en Valdediós» (Círculo Cultural de Valdediós), Ciclo El flujo de la identidad: «Mutaciones«, segundo concierto: Olalla Alemán (soprano) – Daniel Zapico (tiorba). In partita variate -La variación como elemento de composición durante el Barroco-.

Dos días seguidos acudiendo al conjunto monástico cisterciense de Valdediós casi en peregrinación musical de Xacobeo astur, esta vez para acudir al segundo concierto de un ciclo inspirado en la Pandemia, siempre temáticos los atardeceres organizados por la asociación que preside desde hace 13 años el doctor  Martín Caicoya, que presentó el concierto, poesía y música en una iglesia que mejora notablemente el entorno la y acústica del antiguo salón de actos, apostando por intérpretes de renombre ligados, además de suficientemente conocidos, a nuestro Principado melómano, ofreciéndonos a dúo estas «mutaciones» ya con recorrido en los duros tiempos de pandemia, un repaso de obras y compositores barrocos que se están convirtiendo en grandes éxitos de público y ventas, repertorio que no pasa de moda ganando cada vez más adeptos.

La soprano murciana especializada en la mal llamada «música antigua» y el virtuoso tiorbista langreano que ya tiene en el mercado un CD en solitario (AuMonde) de sello propio, prepararon un bellísimo programa con intervenciones solistas de Daniel intercaladas para el siempre necesario descanso vocal de Olalla, excelsa combinación de virtuosismo a cargo de estos intérpretes que son referentes internacionales en este repertorio, pasando a comentar lo vivido este atardecer nublado aunque haya dejado el vídeo del concierto ofrecido en Aledo dentro del Festival ECOS de Sierra Espuña el pasado octubre para disfrutar con estas obras.

Tras unas palabras de Daniel Zapico explicando las obras de comienzos del s. XVII con el creciente interés por comunicar emociones a través de la música, la voz como el gran instrumento, contribuyendo al abandono progresivo de la polifonía y surgimiento de la monodia acompañada en las obras vocales seleccionadas, este nuevo estilo de composición fortalecería la relación entre música y texto, volviéndolos sumamente interdependientes.

Precisamente el puente estilístico entre el Renacimiento y el Barroco lo representa como nadie Claudio Monteverdi (1567-1643), del que escuchamos Laudate Dominum in sanctis eius (Selva morale et Spirituale), la importancia del latín sacro que la música eleva a espiritualidad. La reverberación de la iglesia dotó de buena sonoridad a la tiorba y la proyección vocal, aunque dificulte precisamente entender correctamente los textos, pero la belleza del timbre y amplitud de registros de la murciana suplió esas mínimas carencias acústicas.

Manteniendo ese clima de religiosidad con el telón de fondo del hermoso retablo de Manuel González Manjoya (en 1749), Giovanni Felice Sances (ca.1600-1679) y su Stabat Mater dolorosa (Civico Museo Bibliografico musicale di Bologna) cerrarían este inicio espiritual que marcaría las pautas del gran barroco vocal y camerístico.

Los madrigales de Claudio Monteverdi son una delicia en la lengua de Dante para cualquiera de sus formaciones, germen de la ópera por ser como microrrelatos de una bellezaa infinita, casi arias los dos que escuchamos en la voz de AlemánEcco di dolci raggi y Quel sguardo sdegnosetto (Scherzi musicali cioè arie et madrigali), con su recitativo y la tiorba «redonda», una lección armónica de acompañamiento con un instrumento nacido en esta época precisamente para acompañar la voz, añadiendo a los laúdes las cuerdas graves que dan mayor corporeidad al instrumento y el perfecto ropaje madrigalesco, como explicaría de nuevo el profesor Don Daniel al finalizar este primer bloque.

Primer «intermedio» instrumental de Zapico engarzando la Toccata Terza del italiano Giovanni Girolamo Kapsperger (ca.1580-1651), conocido allí como Il tedesco della tiorba, con nuestro Gaspar Sanz (1640-1710) y sus  famosas Españoletas (Instrucción de música), formas de ida y vuelta, bautizadas en Italia y traídas a España desde donde pasarían a Hispanoamérica, inconfundibles y habituales del instrumentista asturiano que siempre resultan emocionantes por su intención y sentimiento, aún más rotundas en la tiorba por sus graves y resonancia que las tocadas generalmente con guitarra barroca, para abrir paso de nuevo a la voz con el gran Sebastián Durón (1660-1716) y su «cantada a solo» Mas, ay, que el llanto y la tristeza, forma hispana para disfrutar en la interpretación de este dúo, fusión de aires cercanos al Mediterráneo y Cantábrico con una música muy sentida en perfecta comunión.

En el tramo final Tarquinio Merula (1595-1665), Canzonetta Spirituale Sopra Alla Nanna (Canzonetta spirituale sopra alla nanna ‘Hor ch’è il tempo di dormiré’), virtuosismo vocal y delicadeza instrumental en perfecto empaste, tempo lento al que la acústica afecta menos aumentando la sensación sonora de esta obra mayor del cremonense. Últimas palabras de agradecimiento y tras el puente instrumental, nuevamente Kapsperger, Villan di Spagna (Libro IV d’intavolatura di chitarrone’), imprescindible en los conciertos donde esté Daniel que como suelo decir, borda este repertorio dotándolo de esa sonoridad tan especial en su tiorba universal, recomendando de nuevo escuchar su disco en solitario.

Dúo de cierre con Benedetto Ferrari (ca.1603-1681) cuyo Amanti io vi so dire (Musiche e poesie varie à voce solo, libro terzo) como bien titula la colección, fueron música y poesía para Alemán y Zapico, dos compases de acordes que dan para mucho, mutaciones de atardecer en el valle de Boiges (Puelles) con la tiorba rítmica arropando y complementando la melodía vocal poderosa, delicada potencia bien entendida, ornamentos y magisterio a dúo que, como escribía en las notas al programa el asturiano (que dejo a continuación), nos dejamos llevar y disfrutamos del concierto.

 

Clausura en casa

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Viernes 13 de agosto, 20:30 horasIglesia de Santa María de ValdediósX Ciclo de Órgano de Villaviciosa. Susana G. Lastra (órgano). Obras deSoler, Correa de Arauxo, Galuppi, Martín y Coll, Cabanilles, Froberger, Haydn y ArquimbauEntrada libre por inscripción.

Llegamos a la clausura de este décimo ciclo de órgano con el concierto de la maliayesa Susana García Lastra predicando nuevamente con el ejemplo a las teclas (antes del próximo en tierras catalanas) y no solo desde la organización de esta cita imprescindible en el verano asturiano para melómanos y amantes del órgano, también los muchos turistas que se acercan a visitar y disfrutar este rincón mágico de nuestro Paraíso Natural, completando otra vez el aforo reducido con todas las medidas de seguridad e higiene en tiempos de pandemia, demostrando siempre que la cultura es segura cuando hay responsabilidad por parte de todos.

La máxima conocedora del instrumento «de casa» seleccionaría un programa adecuado a las posibilidades de la joya de Valdediós, en el que la gran organista local realizó un recorrido europeo por el Renacimiento, Barroco y Clasicismo, con alguna obra ya escuchada en conciertos anteriores pero disfrutando de la magia del directo, siempre irrepetible pues nunca es igual por registros ni interpretación, esmerándose y trabajando incluso a «seis manos» en un derroche sonoro para dejar en todo lo alto la música de tecla que sonó a lo largo de estos cuatro conciertos y llenando de luz un día grisáceo en el casi vaciado valle monacal.

Para abrir boca y oídos así como los «pulmones» del instrumento de viento por excelencia, nada mejor que el Padre Antonio Soler (1729-1783) con una amplia selección de sus Versos para “Te Deum”, jugando con registros variados gracias a la ayuda de dos compañeros luchando con los tiradores de una madera a la que los cambios meteorológicos afecta igual que a la lengüetería pero donde la música bien tocada cura todos los males.

El indispensable Francisco Correa de Arauxo (1584-1654) repetiría en Valdediós con el Tiento de quarto tono (1626), dedicado a John Mortimer, un artista local muy querido y fallecido recientemente, haciéndolo extensivo a todas las víctimas del Covid que siguen dejándonos aún en estos días, y manteniendo la proyección de su obra «Un diálogo infinito» con el tiento como banda sonora.

Saltando a Italia hasta la laguna veneciana, conocido como Il BuranelloBaldassare Galuppi (1706-1785) cuya Sonata en re (Allegro – Largo – Allegro e spiritoso) jugó con los timbres para cada uno de sus tres movimientos, sin importar que en el último «no quisiese entrar» el registro buscado, para retomarlo rápidamente a gusto de una intérprete que buscó la limpieza y exactitud en todo.

Atravesando el Mare Nostrum del reusenc Antonio Martín y Coll (ca. 1680-1734?), otro habitual en los programas organísticos, degustamos Obra de falsas cromáticas, música rica en escritura y tímbricas ejecutada con primor y sonando luminosa en el órgano monacal, nueva clase de la profesora Lastra en «su órgano».

Atribuída a Juan Cabanilles (1644-1712), la Corrente italiana tampoco podía faltar en un órgano barroco por responder fiel a la historia y aunando los gustos del momento así como la música anterior y posterior que sonaría de nuevo este segundo viernes de agosto, siempre distinta y única jugando con el tempo y los timbres, grandeza del único lenguaje universal.

Asimilando las escuelas francesa e italiana, el alemán Johann Jakob Froberger (1616-1667) es un referente organístico y su Toccata III in Sol M toda una prueba de fuego para los «teclistas»: variedad de registros en esta virtuosística forma que resonó grandiosa en las centenarias paredes de Valdediós cual catedral germana en tiempos barrocos. Y continuando con los anglosajones, un anónimo inglés atribuido a John James (s. XVIII) y una de las formas típicas de su época, Voluntary en la menor (Adagio-Allegro),  dos movimientos contrastados en todo, recreando la sonoridad británica exportada al continente, para proseguir con la Marche (Flötenuhrstücke, Hob.XIX) de Franz Joseph Haydn (1732-1809) que forma parte de las llamadas  piezas para órgano mecánico en la misma línea de su contemporáneo Mozart, que también sonaría en el ciclo, pero que Lastra prefirió engrandecerla con una registración plena más allá de los «tubos callejeros», manteniendo la marca Haydn de principio a fin.

El regreso a tierras hispanas con Domingo Arquimbau (1760-1829) cuyo Baile de Seises representa el mejor espíritu sevillano del compositor catalán, Maestro de Capilla en la catedral hispalense transportado al Monasterio de Valdediós por la magia del órgano, más cuerpo sonoro que en el anterior concierto apostando por tubos menos cortos y alternando registros en los distintos aires ceremoniales de los niños catedralicios también disfrutados hace unos años en Pamplona.

Y nada mejor que terminar este «viaje musical» tal como lo iniciamos: Correa de Arauxo y su Tiento tercero de Sexto Tono sobre la primera parte de la Batalla de Morales (1626), exprimiendo todo el poderío tímbrico de los grandes registros de esta joya organística para poner no el punto final sino un deseado punto y seguido del undécimo ciclo (para 2022), con la esperanza de mantener la buena salud de un instrumento que necesita seguir respirando como nosotros con todo el mimo de su conservación, necesitada de inversión pública y privada para una sanidad también cultural.

El regalo de Susana a su madre cumpliendo años redondos fue una selección de tres temas asturianos más allá de la tonada, elevados al concierto organístico, comenzando por Soy de Mieres (que me autodediqué) aunque dice también «… y en Villaviciosa vivo», finalizando con nuestro Himno, amplia paleta sonora barroca de fin de fiesta en el BIC Grenzing para este tríptico de clausura en casa, regional e internacional por su música e intérpretes.

El espejo del tiempo

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Viernes 6 de agosto, 20:30 horasIglesia de Santa María de ValdediósX Ciclo de Órgano de Villaviciosa. Matteo Bonfiglioli (órgano). Obras deBaguer, Cabanilles, Correa de Arauxo, Fernández Palero, Bonfiglioli, Merulo, Frescobaldi y BaldratiEntrada libre por inscripción.

Tercer concierto de este décimo ciclo en el órgano de Valdediós con el italiano Matteo Bonfiglioli (Bologna, 1977), que organizaría las obras cual juego de espejos como bien explicó en la presentación Susana G. Lastra, nueve obras con el eje central del propio organista compositor, desde el Renacimiento pasando por el Barroco y el Clasicismo de las dos caras del programa, España e Italia, mostrando la versatilidad de un instrumento barroco en el que un programa bien elegido suena todo atemporal sin perder nunca las esencias musicales. Si además contamos con una climatología más benigna que la pasada semana, la ayuda inestimable en la registración de la propia Susana en las páginas más complejas, y lo bien que se comportó el BIC (no la marca de bolígrafo sino el Bien de Interés Cultural, como dice la Fundación Cardín en sus Tweets), el nivel del ciclo ha subido otro escalón de excelencia.

Arrancaba este concierto con música española comenzando con el catalán Carles Baguer (1768-1808), Carlets ya predestinado al órgano desde la pila bautismal, seguidor de Haydn como demuestra en sus 17 sinfonías, aún sin publicarse las grabaciones, obras poco escuchadas y agradecidos que deba venir un organista italiano a «desempolvarlas» precisamente en Valdediós. La Sinfonia III (Allegro moderato – Minuetto – Adagio. Larghetto [con variaciones]) es fiel tributo a la forma clásica y ejemplo del poderío orquestal que tiene el llamado «instrumento rey», más regio aún en esta joya de instrumento explorando registros casi sinfónicos, complejidad en la elección de los mismos, siempre excelente para poder reflejar la riqueza tímbrica de esta sinfonía, y limpieza en la ejecución de Bonfiglioli comprobando ya la salud del instrumento de la Iglesia de Santa María.

De nuestra época dorada no podía faltar Juan Cabanilles (1644-1712) con la Corrente italiana que sonaría perfecta en su totalidad, digitación esplendorosa y los mejores registros del instrumento barroco para esta  obra; y otro tanto a favor con Francisco Correa de Arauxo (1584-1654) del que el Tiento de medio registro de baxon de duodecimo tono – XLIX (Facultad orgánica, Alcalá 1626) sacó al aire la tímbrica ideal, sin alardes y plenamente cristalino; para cerrar este viaje en el tiempo español, el poquísimamente escuchado maestro de la Capilla Real de Granada durante más de 40 años, Francisco Fernandez Palero (1533 ca.-1597), quien firmaba con su segundo apellido, Palero, y cuyo Ave mari[s] stella es una pequeña muestra de su buen oficio compositivo e interpretativo, destacando ya en la primera publicación española de tablatura, «Libro de cifra nueva» (Alcalá, 1557) compilado por su contemporáneo Luis Venegas de Henestrosa, aunque con una vida al menos curiosa por los continuos enfrentamientos con sus superiores eclesiásticos. La música ayuda a purgar pecados y la dedicatoria mariana supongo que fuese una penitencia bien aceptada, absolución del organista boloñes de nuevo perfecto e impecable en ejecución y registros que lucieron celestiales.

Ya en el eje ítalo a modo de bisagra Matteo Bonfiglioli (1977) con su particular tributo propio usando dos formas muy hispanas como la Pavana e Gagliarda del Cucco (2020) con un poco di improvvisazione, historia organística con la visión del intérprete y compositor, increíbles combinaciones de timbres para un regalo musical que volvería a manifestar la buena salud del órgano ibérico de Valdediós exigiéndole gran esfuerzo del que no se resintió, «pulmones» a pleno rendimiento preparando el desdoble cronológico de este juego de espejos tubulares.

Dos grandes compositores bien elegidos para el sonido de la joya de Valdediós: primero Claudio Merulo (1533-1604), La Palma (Libro secondo di canzoni d’intavolatura d’organo […] a quattro voci, fatte alla francese, Venezia 1606), la polifonía bien construida que cuando la digitación es tan precisa como la del Señor Matteo, permite reconocer y disfrutar la individualidad desde el conjunto, registros partidos y riqueza compositiva; después Girolamo Frescobaldi (1583-1643), la Fantasia Ottava sopra tre Soggetti (Il primo libro delle fantasie a quattro, Milano 1608), virtuosística con el «rubato» justo, la intencionalidad exacta y una interpretación de altura.

Para ir cerrando este círculo en espejo, una danza anónima del XVIII que siempre anima el espíritu, una Tarantella curativa, con los tubos más pequeños en la parte rápida sin perdernos ni una nota pese a unos agudos casi imperceptibles, y los plenos para la parte central de este baile eterno y mágico, más un final pletórico del para mí desconocido Giuseppe Baldrati (ss. XVIII-XIX), cuya Overtur per l’Organo, gracias a una explosión de registros consiguió el salto en el tiempo bien soportado por el «restaurado Grenzing», del que un órgano romántico habría hecho un castillo de fuegos artificiales pero que con el magisterio de Bonfiglioli logró una pirotecnia artesanal bien llevada a esta fiesta del órgano, verdadero espejo del tiempo que brilló como nunca.

Quiero destacar la buena realización en la proyección que permitió ver el inconmensurable trabajo de los registros y la digitación exacta del maestro italiano, con un uso del zoom adecuado a cada momento, y por supuesto al público que tiene sed de la música en directo, ama el órgano, peregrina hasta Valdediós y demuestra que la cultura es segura, aplaudiendo cada obra pese a las advertencias previas de esperar al final para no romper la unidad, pues sigue siendo soberano y agradece el regalo musical además del esfuerzo de los organizadores de este ciclo plenamente consolidado en el verano astur que finalizará el próximo viernes con la propia Susana G. Lastra en «su órgano», esperando seguir contándolo desde aquí.

Trompeta regia en Valdediós

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Viernes 30 de julio, 20:30 horas. Iglesia de Santa María de Valdediós: X Ciclo de Órgano de Villaviciosa. Johannes Skudlik (órgano): «La trompeta real«. Entrada libre por inscripción.

Segundo concierto del ciclo maliayés, de nuevo con aforo completo para escuchar al organista titular de Landsberg en Alemania, Johannes Skudlik (Munich, 16 febrero 1957)  criado en Barcelona, con un programa variado, eligiendo lo mejor de la música de tecla ibérica y europea, muy trabajado y plenamente adaptado a la sonoridad del órgano de Valdediós que volvió a sonar imperial y también llevará al órgano de Turull (Morella) dentro de su Festival Internacional de la ciudad castellonense. De momento Villaviciosa sigue siendo capital del instrumento rey y el público sigue apoyándolo, cumpliendo con todas las restricciones y medidas de higiene, sin importarle la climatología astur (hoy afectando la afinación de la lengüetería) y agotando las entradas disponibles, porque «La Cultura es segura» además de necesaria.

El director del Festival Euro-Via comenzó su amplio recorrido musical con varios de nuestros ilustres españoles: el valenciano de Algemesí Juan B. Cabanilles
(1644-1712) y su barroca Battaglia Imperial, casi obligada en el órgano de Valdediós para «desatascar» las trompeterías siempre reales de las que presume este BIC, continuando con el renacentista sevillano Francisco de Peraza
(1564-1598) del Tiento de registro alto de 1° tono, registrando en solitario, pasando hojas y luchando con los primeros gemidos del instrumento lucieron con oficio en las manos del alemán.

Siguiente parada en Tudela (Navarra) con Andrès de Sola
(1634-1696) que ejercería en La Seo zaragozana, cuyo Tiento de medio registro de mano derecha de 1° tono mantiene en auge esa forma instrumental típica de nuestra escuela ibérica, verdaderas fantasías virtuosísticas que exigen limpieza en ejecución y exactitud en los registros, como así demostró Skudlik, finalizando este primer periplo con Pedro de San Lorenzo
(del siglo XVII): Obra de 1° tono de registro de mano izquierda. De nuevo la afinación algo desigual debido al efecto de la humedad y especialmente de la baja temperatura no nos impidió disfrutar de unas partituras a las que el órgano maliayés le van como anillo al dedo.

No podía faltar el genio Wolfgang Amadeus Mozart
(1756-1791) con su Andante für eine Walze in eine kleine Orgel KV 616, un juguete para pequeño órgano mecánico, siempre grande en escritura y buscando esos registros agudos de flauta que nos transportan a las calles musicales europeas.

Tras el austríaco, tres sonatas ibéricas en este repaso «formal»: del portugués Carlos Seixas
(1704-1742): su Sonata XVI en tres movimientos (Allegro, Adagio, Minuet), originalmente para clave pero adscrita a la llamada «música de tecla«, que al órgano resultan más exigentes por la figuración exacta. También del valenciano de Onteniente Vicente Rodríguez Monllor
(1685-1760) otra Sonata, referente hispano de esta forma, para continuar con la Sonata del gerundense y monje en Montserrat Anselmo Viola
(1738-1798), ya en pleno clasicismo y haciendo todo un recorrido histórico comprobando la evolución de la sonata que seguiría después con dos nuevos ejemplos en un órgano poderoso que necesita respirar a diario porque lo agradece, aunque el clima de este valle sea su peor enemigo y hasta se empapiza cuando el verano se convierte en invierno astur.

Si de sonatas se trata no podía faltar el considerado como su padre, «El Bach de Berlín» Carl Philipp Emanuel Bach
(1714-1788) con la maravillosa Sonate a-moll Wq 70,4, tripartita y organística a más no poder y equiparable sin complejos a la siguiente de nuestro Antonio Soler
(1729-1783), el padre catalán cuya Sonata de Clarines sacó lengüetería y trompetas al aire de Valdediós combinando registros variados plenamente acertados aunque no siempre limpios al oído.

Quedaría cerrar este programa titulado «La trompeta real» (registro que casi todos los órganos poseen y este especialmente) con una Batalla Famossa, anónima española del siglo XVII para poner a máximo rendimiento y «pleno pulmón» esta joya organística de nuestro patrimonio cultural. Sobre la «Batalla» o «Batalha» añadir que fue muy apreciada por los compositores ibéricos del renacimiento y el barroco que se llevará a Hispanoamérica; muchas composiciones que aparecen como anónimas generalmente fueron realizadas por los religiosos que vivieron durante este periodo y en el que su oficio secular les permitía copiar o crear estas obras musicales como una habilidad más dentro de sus funciones eclesiales. El papel que el clero ha aportado a nuestra historia de la música merece una honda reflexión y nuestro órgano ibérico es la mejor voz, siendo el de Valdediós destacada, más en las manos de un maestro como Johannes Skudlik. Excelente repertorio el de este veterano intérprete y defensor del instrumento rey.

Guerreros del órgano en Valdediós

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Viernes 23 de julio, 20:30 horas. Iglesia de Santa María de Valdediós: X Ciclo de Órgano de Villaviciosa. Dúo de Cámara: David Mayoral (percusión) y Daniel Oyarzabal (órgano). Obras hispanoitalianas. Entrada libre por inscripción.

De nuevo protagonista Valdediós y su órgano, otro de los Bienes de Interés Cultural del Principado, instrumento barroco datado en 1713 y restaurado por el taller de  G. Grenzing en 1988 fiel al original donde destaca no ya el sonido sino toda su fachada con los ángeles músicos que son portada del libro «El órgano en el Principado de Asturias» de María Sanhuesa, Susana G. Lastra y Enrique Campuzano, publicado por la Fundación Cardín que continúa por décimo año con este ciclo veraniego imprescindible para mantener en funcionamiento esta joya de nuestro patrimonio cuyo primer enemigo es la humedad de Valdediós (el segundo, aún mayor y más peligroso es la desidia política hacia la música).

Aforo completo y organización perfecta cumpliendo todo el protocolo de seguridad e higiene contra el Covid, entrada individual y escalonada con tiempo suficiente (una hora antes) para evitar aglomeraciones, y volviendo a demostrar que la cultura es segura, que Valdediós mantiene la delicada salud de su instrumento rey (hoy con caras conocidas mezcladas con visitantes que no pueden faltar en un turismo cultural que todavía parece no ser visto como motor económico), y finamente comprobar de primera mano que Asturias continúa en el mapa musical veraniego.

Tras las palabras de bienvenida y agradecimiento del alma mater del ciclo, la docente y organista local Susana G. Lastra (que como conocedora del instrumento ayudaría en la registración), con pantalla gigante para no perder detalle, aparecerían en la zona del altar este dúo armado con campanas, yembé y organetto que nos dejarían una selección de anónimos de nuestra Edad Media con melodías del Llibre Vermell y las Cantigas de Santa María para ponernos en ambiente, con un público respetuoso y asombrado por la originalidad de dos figuras bien conocidas en nuestra tierra donde suelen acudir con distintas formaciones pero uniendo fuerzas en este viernes gris en el exterior afrontando un repertorio ideal en el órgano barroco maliayés con algún toque clásico: David Mayoral a la percusión que engrandece las partituras elegidas por Daniel Oyarzábal, el organista siempre seguro apostando por unas tímbricas únicas que sólo el perfecto entendimiento de dos músicos como ellos resonarían majestuosas en un templo e instrumento dignos de estas músicas.

Ya desde sus posiciones en las alturas, fueron desgranando y alternando España e Italia, renacimiento y barroco, primero Sebastián Aguilera de Heredia (1561-1627) y su Ensalada del VIII tono que las membranas «del mayoral» reforzaron rítmicamente unos registros bien buscados en el órgano, después en solitario para la conocida Sonata en fa mayor K. 82 de Domenico Scarlatti (1685-1757), más grandiosa que al clave, o el nuevo ropaje para la Pavana de Luis de Milán (1500-1561) en esa mixtura mágica de percusión y viento, delicadeza siempre con mimo interpretativo por parte de ambos intérpretes.

La luz del atardecer iba cambiando la ambientación de claroscuros, pero la música iluminaba y resplandecía en cada obra, especialmente con Antonio Valente (c.1520- c.1580) y un perfecto «tríptico» renacentista italiano: Ballo dell’IntorciaBascia Fiammignia  – La Romanesca para disfrutar de la riqueza sonora del órgano de Valdediós aún mayor con la suma de los membranófonos en tres números bien contrastados con clarines al cielo como cañonazos de dos guerreros en la Santa María.

Siempre se agradece un poco de clasicismo en estos órganos, pues la música de tecla gana enteros, y así respiramos toques mozartianos del vasco Fray José de Larrañaga (1728-1806) y su Sonata de V Tono, limpieza de ejecución que el órgano detecta como ningún otro, buenas combinaciones en los registros de ambas manos ágiles, sin excesos para mantener la pulcritud de la escritura, al igual que el intimismo italiano de Domenico Zipoli (1688 – 1726) en su Toccata all’elevazione, sonoridades ideales antes de afrontar la gran batalla final.

Una Corrente italiana (Anónimo italiano del XVII) sirvió para un primer embate de poderío, conjunción de dos músicos y una partitura bailarina antes de la última Batalla imperial de Johann Caspar Kerll (1627-1693), trompetería y llenos con buenos pulmones en ejecución clara y precisa reforzada por dos bombos que latieron al únísono, corazones en un puño ganando el aplauso de un público emocionado ante un esfuerzo sonoro único, dominio del órgano con sabia percusión que realzó siempre unas obras perfectamente elegidas para abrir fuego en este ciclo de Valdediós.

Descendiendo del paraíso, y recogiendo los laureles del éxito, cerrarían el círculo nuevamente con el organetto capaz de reguladores imposibles en el «grande» y las membranas perfectas para el ostinato rítmico en una curiosa traslación al medievo atemporal del Bolero de Ravel que Oyarzábal con esta combinación curiosa hicieron de la propina musical un regalo de lujo, con dos artistas de altura tras una batalla de sonidos en el instrumento rey más actual que nunca.

Esplendores sonoros en el Camino

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Jueves 15 de julio, 20:00 horas. Iglesia de Santa María La Real de La Corte: Oviedo, Origen del Camino. Esplendores Sonoros: “Europa se hizo peregrinando a Compostela”. Susana García Lastra (órgano). Obras de: Soler, Correa de Arauxo, Galuppi, Clérambault, Martín y Coll, Froberger, Cornet y Arquimbau.

La profesora maliayesa Susana García Lastra se ha convertido en una de las mayores defensoras del órgano en Asturias. Desde su faceta como investigadora ha editado el libro «El órgano en el Principado de Asturias» junto a María Sanhuesa y Enrique Campuzano, todo un referente para conocer un detallado y minucioso inventario de los 55 instrumentos en nuestra región, de los que 11 han sido declarados Bien de Interés Cultural (BIC), sin olvidar nunca el papel de docente e intérprete así como el de organizadora del Ciclo de Órgano de Villaviciosa, rescatando la afición que nuestra tierra tiene por el instrumento rey desde aquel festival que CajAstur dejó de apoyar pese a una trayectoria histórica digna de seguir recordándola.

Este jueves nos daría un concierto dentro de las actividades centradas en la campaña «Oviedo, orígen del Camino» en uno de los órganos BIC desde 2017, el de La Corte de Oviedo, el único órgano barroco de la capital del Principado, que en el libro citado anteriormente señala su construcción en 1705 aunque más fielmente figure como de la segunda mitad del XVIII por su composición «muy completa, en mixturas y mutaciones». Restaurado por Gerhard Grenzing en 1988, ha pasado todo tipo de penurias desde entonces, tratado contra la carcoma en 2000 y el posterior desastre de 2003 cuando durante la reparación de las cubiertas del templo una tromba de agua lo dañó dejándolo totalmente inutilizado. Habría que esperar hasta 2010 para la nueva restauración de Grenzing y al menos se le ha salvado recuperando el aliento y gozando de buena salud, sin gemidos aguantando repertorios exigentes, recobrando una actividad necesaria para mantenerlos vivos.

El programa elegido por Susana G. Lastra recogió no solo música española que refleja la importancia de la llamada Ruta del Norte en el Camino Primitivo, sino también la principal ruta desde el sur a través de la Vía de la Plata, la primera representada por compositores como el Padre Soler, Martín y Coll o Domingo Arquimbau, y la segunda con el sevillano Francisco Correa de Arauxo, uno de los mejores compositores de música para tecla que encarna la transición hacia el primer Barroco en España.

Aunque sin organizarse cronológicamente, pudimos disfrutar de la riqueza tímbrica de este órgano barroco comenzando con una selección de Versos para «Te Deum» de Soler, excelente inicio de concierto con las sonoridades que esconde esta joya de instrumento, registros bien elegidos para cada número, destacando la majestuosidad de la trompetería que llena como nadie el templo real, junto a flautados y octavas más recogidos.

Interesante la elección de Il Buranello y su Sonata en re para recrear ese barroco italiano casi orquestal en el órgano, tres movimientos bien contrastados en tímbrica y aire que sonó fresca e ideal para la tubería barroca en una acústica siempre agradecida. Otro tanto con el Caprice sur les Grans Jeux (Louis-Nicolas Cléramault), más reposado que virtuosístico para adaptarse perfectamente al instrumento ovetense.

Aunque el barroco sea amplio en estilos y procedencias, tanto como la música elegida para el concierto, por mis gustos personales me quedo con el renacimiento español, todo un referente europeo y verdadero siglo de oro, los registros más íntimos y cercanos sin olvidarse del carácter virtuoso de muchas composiciones, y el gran Correa de Arauxo con los dos tientos elegidos, el paso al barroco con ese cierre del tercero de Sexto Tono que resultó el broche ideal del concierto.

Quiero destacar igualmente la inclusión del Baile de Seises de Domingo Arquimbau que me transportó no ya a Sevilla sino a Pamplona, ambas en todos los caminos que llevan a Santiago pero pasan por El Salvador (después el Siervo, primero el Señor), todo un homenaje sonoro a una tradición que aún se mantiene viva como las músicas de este esplendor organístico.

Público fiel y turistas que llenaron con todas las medidas de seguridad la iglesia de la Plaza Feijóo, demostrando, como la propia Susana comentó al final, que la cultura es segura y la música en vivo siempre irrepetible, además de otro regalo inglés de Maurice Greene (completando el anónimo Voluntary en la m del XVIII) donde poder utilizar ese efecto de «Pájaros» que cantaron en el atardecer ovetense del resucitado Grenzing.

Feliz cumpleaños barroco

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Jueves 8 de julio, 20:00 horas. Centro de Cultura Antiguo Instituto, XXIV Festival de Música Antigua de Gijón: «Birthday Baroque Party», Raquel Andueza & La Galanía. Entrada: 3 €.

La capital de la Costa Verde sigue siendo destino estival a lo largo de los años y dentro de su amplia oferta cultural no hay descanso tampoco en las vacaciones de verano, siendo su Festival de Música Antigua todo un referente consolidado incluso en estos tiempos de pandemia.

Con entradas agotadas para todas sus actividades, volvía al antiguo Instituto Jovellanos para disfrutar de un auténtico «guateque barroco» con una estrella mundial sin igual que sigue teniendo fans en todas las generaciones: Raquel Andueza y La Galanía celebrando 10 años como formación señera en un estilo cada vez más joven y con verdadero tirón allá donde van.

Recién llegados de otro evento veraniego que tiene mucho mérito, como es «Música en Segura«, y por donde han pasado también nuestros Forma Antiqva (que llenaron igualmente este recinto histórico el pasado lunes), este cumpleaños se suma a la celebración de la música antigua en Asturias, manteniendo el Concurso Internacional en la modalidad «on line» que con el Covid abrió un formato que ha venido para quedarse, a la vista del éxito. Felicitar a toda la organización con Eduardo G. Salueña al frente por el excelente trabajo al frente de un festival plenamente asentado que apoya igualmente al órgano asturiano (huérfano tras la desaparición del suyo propio), potenciando tanto la presentación de un libro imprescindible para todos los amantes del instrumento rey, como el órgano de Valdediós que mantendrá también su ciclo propio.

Esta fiesta de cumpleaños para la «formación galana» tuvo un programa a la medida de los más de quince mil seguidores que tienen en sus redes sociales, quienes eligieron sus obras favoritas del repertorio habitual. Como bien describen en su presentación, «… han sido las que conforman este precioso programa lleno de claroscuros barrocos, con las obras más apasionadas, divertidas, pícaras, dramáticas, amorosas, sensuales y bellas que hemos interpretado en estos diez años. Pasión, ternura, anhelo, ausencia, desgarro, esperanza… todo contado y cantado con una música que se subordina a la palabra de un modo casi servil y, desde luego, revolucionario en su época. Es el albor del barroco, una de las propuestas más audaces e innovadoras de la historia de la música, que empieza a desplegarse en la Italia de Monteverdi, Merula o Cavalli. Líneas intensas, tensión entre melodía y bajo y una disposición retórica que busca conmover al oyente, siempre bajo los principios de la seconda pratica. Raquel Andueza, una voz que se ha convertido en indispensable en el panorama de la música antigua mundial, propone con la complicidad de La Galanía un concierto en torno a la lírica amatoria del primer barroco español e italiano. Un programa que, tomando la pasión como urdimbre, se desarrolla como un auténtico diálogo amoroso: música en estado puro».

La soprano pamplonesa con La Galanía nos trajo a Gijón una auténtica fiesta barroca con el sello inconfundible de su voz y formación, esta vez un dúo de lujo con la tiorba de Jesús Fernández Baena y la guitarra barroca de Pierre Pitzl, disfrute vocal e instrumental en un repertorio propio que ha funcionado siempre, convirtiendo todas sus grabaciones en superventas. Con un público entregado, Raquel Andueza fue presentando esta «selección de bises» como ella misma lo definió, su voz natural capaz de contagiar alegrías y penas, con la dicción siempre perfecta que hace de los textos música en sí, en italiano o español, adaptando las partituras que le gustan y hace siempre suyas, y unas cuerdas en perfecta conjunción donde pude al fin escuchar en solitario a Pierre Pitzl con la cantante navarra, una Galanía íntima que entendió a la perfección este programa festivo que comenzaría con su primer hit Yo soy la locura de Henry du Bailly, sin olvidarse nunca de «Il Divino Claudio» que Andueza interpreta como pocas (hoy con «cuerda doble»), el gran operista Cavalli o esos anónimos algunos musicados por Álvaro Torrente que  ya recuperasen para «El baile perdido» y donde los textos (siempre grande nuestro Quevedo) son verdaderas joyas que siempre podemos degustar en la voz de la cantante de Iruña en todo su esplendor.

Bien elegidos los números instrumentales para el necesario descanso vocal y donde el juego rítmico y melódico del dúo Pierre-Jesús conjugó unas sonoridades redondas, de protagonismos compartidos y feliz entendimiento, desde las Marionas a las Folías, además de ser el ropaje ideal para el «fin de fiesta» donde poder morir a la española con la adaptación de Lully que Andueza ha hecho única e inimitable, la nana monteverdiana que acunó el atardecer barroco y la siempre agradecida «zarabanda del Catálogo«.

Y para este concierto de cumpleaños, la propina de su último éxito, una batalla de amor donde la elegancia erótica se vistió otra vez de zarabanda, música para disfrutar, textos para escuchar y interpretación entregada por un trío que puso la guinda a esta tarta barroca de La Galanía deseando larga vida, «y que cumpla muchos más» y poder seguir celebrándolo con ellos.

PROGRAMA:

Henry du Bailly (1590 – 1637): Yo soy la locura.

Claudio Monteverdi (1567 – 1643): Perché se m’odiavi.

Anónimo (siglo XVII): La Ausençia.

Santiago de Murcia (1673 – 1739) y Lucas Ruiz de Ribayaz (1626 – 1677): Marionas.

Francesco Cavalli (1602 – 1676): Vieni in questo seno.

Anónimos (siglo XVII): Arrojome las naranjicas en reconstrucción melódica de Álvaro Torrente (1963) y Vuestros ojos.

Ferdinando Valdambrini (fl 1646–7): Capona.

Claudio Monteverdi (1567 – 1643): Si dolce è’l tormento.

Con texto de Francisco de Quevedo otra reconstrucción melódica de Á. Torrente: Jácara de la Trena.

Jean-Baptiste Lully (1632 – 1687): Sé que me muero (de «El Burgués Gentilhombre»).

Gaspar Sanz (1640 – 1710): Folías.

Claudio Monteverdi (1567 – 1643): Oblivion soave.

Sobre texto anónimo del siglo XVII y reconstrucción de A. Torrente: Zarabanda del Catálogo.

Anónimo (siglo XVII): Cruda signora.

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