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Colección Zapico

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En esta cuarentena obligada (muy distinta de la mía tras el accidente de moto) tengo que agradecer que mi cartero rural, amigo además de currante y un artista con la cámara de fotos, funciona puntual como siempre y al fin llegó a la aldea el último CD para mi variada y gran colección (hace el número 3191, que además es primo), esta vez dos tercios de Forma Antiqva: los gemelos Zapico, Daniel y Pablo, que ya nos acostumbran a regalar en sus recitales intervenciones a dúo, también con la guitarra de mi tocayo, más allá del barroco donde se desenvuelven como pocos y explorando combinaciones sonoras con buenos resultados. Grabado con el sello alemán Winter & Winter que siempre apostó por esta familia, producido por el propio Stephan Winter junto a su esposa Mariko Takahashi, y con el patrocinio de Gobierno del Principado de Asturias, agradando un catálogo con curiosidades fruto del duro trabajo de recopilar y adaptar obras para sus variadas formaciones, en esta novedad interpretan Pablo con el archilaúd y Daniel a la tiorba donde tampoco faltan cada uno de ellos en solitario, ya rodado en el siempre difícil directo el pasado verano (pues hace unos días desconozco creo lo tuvieron que suspender). Y quiero citar también los luthiers de sus instrumentos: archilaúd José Miguel Moreno & Alejandro Fuentes, Madrid 2007 –  tiorba Jaume Bosser, Barcelona 2013.
De las notas que acompañan el disco, tituladas EL RETRATO DEL LAÚD, que incluyo a continuación, voy colocando distintos párrafos que ha escrito Pablo Zapico explicando el trabajo previo y la elección de las obras, alguna verdadero estreno, que presentaron en “La dársena” de Radio Clásica hace muy poco.
(* ver nota al final)

Filippo Dalla Casa (1737 – después 1811) “fue un pintor profesional y un intérprete aficionado del archilaúd. En 1811, cuando se decía contar con 74 años, donó su colección de Suonate di Celebri Auttori per l’Arcileuto Francese, su propio instrumento y un autorretrato fechado en 1759 al Liceo Filarmonico (1804), actual Conservatorio Statale di Musica ‘G. B. Martini’ de Bolonia; tal era su fuerte vínculo con la institución cultural donde ejercía como profesor de pintura“.

Exceptuando la Sinfonia, todas las piezas provienen de su doble manuscrito, fechado en la Bolonia de 1759 y 60. Entre los poquísimos autores reconocidos o señalados, figuran nombres de laudistas y –especialmente– clavecinistas de la época de los que hoy es muy difícil encontrar noticias en el diccionario musical pero que por entonces debieron ser célebres músicos. Su manuscrito es, pues, una compilación de la música que le gustaba escuchar para interpretarla él mismo. Dalla Casa justifica que «L’Arcileuto Francese, altro non è, che un clavicembalo portatile, tutta la musica che si suona in esso, si eseguisce nell’Arcileuto, col divario che è più difficile […]» (El archilaúd francés no es más que un clave portátil; toda la música que se toca en él puede reproducirse en el archilaúd con la diferencia de que resulta más difícil).

Tres sonatas de autor desconocido abren el disco: Andante en sol mayor, Allegro en sol mayor y Allegro en fa mayor, casi dotadas cual unidad tripartita abriendo horizontes de elegancia, sonoridades claras y uniformes como si de un solo instrumento se tratase con unas líneas bien definidas, juegos rítmicos, de aire y tonalidades luminosas.

Claro que Dalla Casa no consideraba entonces la posibilidad de utilizar dos instrumentos que maridan tan bien como el archilaúd y la tiorba. Este combo sí puede realmente competir con la rica textura armónica del clave sin limitaciones técnicas. De hecho, seguramente nada más le hubiera gustado a Filippo que poder desdoblarse, dado que además de intérprete de archilaúd, también lo fue de tiorba, tal y como especifica el título de su pequeño tratado anexo: «Regole di Musica, ed’anco le Regole per accompagnare sopra la Parte per Suonare il Basso continuo & per l’Arcileuto Francese, e per la Tiorba. Per uso di me Filippo Dalla Casa Suonatore di essi» (Reglas de música y, además, reglas para acompañar sobre la parte, para realizar el bajo continuo, y para el archilaúd francés y la tiorba. Para mi uso, Filippo Dalla Casa, intérprete de ambos).

El Aria del Martelli (Tommaso Martelli) recuerda una danza de salón con las líneas bien definidas, la melódica en el agudo del archilaúd y el sustento grave de la tiorba, como un gran clavicordio muy rico en tímbrica, seguido por el Allegro (fa mayor) de autor desconocido, contrapuesto al anterior manteniendo cierta unidad sonora e interpretativa para obras coetáneas que bien recogió Dalla Casa, y que Pablo explica perfectamente.

La mayor parte del Suonate di Celebri Auttori son transcripciones o composiciones para archilaúd a solo. Sin embargo, era costumbre natural en la época que los miembros de una misma familia compartieran música juntos y así lo es también para mi hermano y para mí. Siguiendo este hábito, quisimos revivir las transcripciones de Dalla Casa dotándolas de una lujosa versión a dúo que persiguiese satisfacer aquel ideal que debió de fascinar a Filippo cuando escuchó estas mismas piezas al clave. No obstante, algunas de las obras recogidas sí están escritas originalmente para dos intérpretes, como el Concierto en Do Mayor para mandolina y bajo de archilaúd de Giuseppe Vaccari, también incluido en esta grabación.


(** ver nota al final)

El Trio de Lodovico Fontanelli está estructurado en los siguientes movimientos: I. Sonata (Andante); II. Aria. Allegro; III. Suo Minuetto, dispuestos como era costumbre barroca, contrastados en tiempos, compás y ritmos, manteniendo la línea melódica clara y virtuosa con un bajo redondo que suena perfectamente empastado, solo los gemelos parece que pueden sentir lo mismo y este Fontanelli es una muestra de ello. Desconocido pero reconocible estilísticamente  el Allegro en do mayor, ágil y contagioso, más Daniel Zapico solo en el Grave: si bemol mayor, la tiorba completa, el magisterio del instrumento con técnica impecable y la musicalidad habitual que le ha llevado a actuar con muchas y excelentes formaciones.

La Sinfonia no está firmada y por el momento permanece anónima. Procede del ítem 450, vendido en una subasta organizada por Karl & Faber el 6 de diciembre de 1956 en Múnich. Dicho lote pertenecía a la Graf Harrach Collection de Rohrau, Austria. Su comprador fue el laudista y musicólogo inglés Robert Spencer (1932 – 1997). Hasta hace poco, esta obra se conservaba únicamente en formato digital, en posesión del doctor en musicología Arthur J. Ness (Chicago, 1936), especialista en cuerda pulsada. La obra original fue escaneada por el propio Spencer antes de intentar venderla.

Una preciosidad esta Sinfonia à Solo di Arciliuto en cuatro movimientos sucediéndose en lento y rápido: I. Largo, solemne con intercambio de papeles en cuanto a “voz cantante”, II. Allegro vibrante, bien desarrollado con aromas venecianos, III. Largo germano por su gravedad no solo de registro, más el IV. Allegro contenido, ameno y ornamentado lo suficiente para no perdernos la riqueza armónica. Siguen en solitario Pablo Zapico con la Marchiata del Gordini de autor desconocido, y Daniel Zapico en el Grave: do menor, autores desconocidos felizmente recuperados, aplicándoles los mismos elogios a los dos hermanos en cuanto a interpretación y musicalidad desde unas tímbricas similares aunque distinguibles. Quiero añadir aquí que sobre la denominación muy poco común de Marchiata, Germán Labrador López de Azcona, Profesor Titular de Musicología de la UAM, escribía para el programa del concierto previsto en la Sala de Cámara del Auditorio de Madrid el último 14 de marzo, sobre esta obra de Gordini que es «(…) singular en este repertorio; aunque no es muy conocida, la “marchiata” ya aparece como toque de guerra en 1648 en Venecia, y en 1810 todavía pervivía como baile en la cultura popular. Probablemente por su origen militar y condición de “toque” o señal, sus motivos rítmicos resultan muy característicos, y es también un vestigio de la rica cultura musical que rodeó al protagonista indirecto de este programa. Lejos de la “gran historia” de la música, el manuscrito y la figura de Dalla Casa inspiran todo un programa de recuperación musical a partir de un intérprete desconocido, acaso autor de algunas de las obras de su antología, y personaje casi irrelevante, que no figura en libro alguno de música del siglo XVIII».
Continúan las notas de Pablo Zapico:

Tras su muerte, se perdió el rastro del documento original hasta que recientemente he podido localizarla dentro de la Robert Spencer Collection donada por su familia a la librería de la Royal Academy of Music de Londres, donde estará disponible próximamente en su biblioteca digital [GB-Lam MS799].

A dúo y escrito originalmente para esta combinación, Giuseppe Vaccari con su Concerto à Mandolino, è Basso del Arcileuto de tres movimientos bien claros: I. Allegro, II. Andante, III. Allegro nos demuestra la adaptación perfecta del archilaúd con la tiorba, no necesita el trémolo de la mandolina ni siquiera en el andante central nuevamente evocador “veneciano”, para dejarnos unas melodías bien armadas en una interpretación que parece limpiar un cuadro de la época donde el pincel final nos trae aire de los canales.

Sin duda, la ubicación estilística más importante que puede hacérsele a esta Sinfonia es la de considerarla en su totalidad como una obra posible dentro del marco musical del propio Filippo Dalla Casa, dado que he identificado una referencia al 4º movimiento (sin el acompañamiento) de la Sinfonia en su propio manuscrito. Afortunado hallazgo musicológico. Aunque la copia no es literal, sí es perfectamente reconocible y por esta razón se incluye en el álbum como primera grabación mundial.
Se trata de un repertorio que ya se adentra estilísticamente en el Clasicismo. Es el último capítulo y retrato del laúd; un instrumento que no tardaría mucho más en desaparecer. Es, de hecho, la última fuente catalogada de música para archilaúd.

Dos últimos anónimos para cerrar el disco: Grave: la menor y la Sonata: Andante, do mayor, dos movimientos casi unitarios e igual armadura, con ese inicio solemne en el modo menor antes del relativo mayor sin prisas, caminando hacia la necesidad de repetir toda la escucha, incluso jugando con la reproducción aleatoria porque todo el disco mantiene una unidad estilística buscada por Filippo Dalla Casa que “los pequeños” Zapico han plasmado a la perfección en este disco.

(* Pablo Zapico en su perfil de FB comenta sobre el cuadro“Este es el autorretrato de Filippo Dalla Casa, pintado en 1759, cuando tenía 22 años, tal y como aclara él mismo en una inscripción por detrás del mismo lienzo.Óleo sobre tela. Dimensiones 47,5 x 36,3 cm. Propiedad del

Museo internazionale e biblioteca della musica di Bologna (catálogo n° 123, inventario B 12005 / B 38492). Situado en el Conservatorio G.B. Martini, Piazza Rossini, 2 (Sala di lettura).Llama la atención lo bien detallado que está el encordado del instrumento (con diferentes materiales para las cuerdas más graves y densas) y el tamaño de sus uñas (al menos la del pulgar). En mi opinión, seguramente el instrumento esté pintado más pequeño de lo normal para encuadrarlo a las dimensiones del óvalo”).

(** Luigi Crespi, ca. 1777: retrato de Filippo Dalla Casa, óleo sobre lienzo).

Esencias de Marenzio

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Seguimos en casa recuperando grabaciones que me gustan, compradas y regaladas, para compartirlas desde este blog. Hoy me he transportado al Cinquecento italiano con este cuarteto vocal que da gusto escuchar en vivo y este tributo al llamado “compositor de los sentidos” nos permite disfrutarlo cuantas veces queramos.

QVINTA ESSENÇIA afincados en Barcelona y adaptándose a sus repertorios, está formado en su núcleo básico, como el de esta grabación, por la soprano valenciana Èlia Casanova, el contratenor ribagorzano Hugo Bolívar (alto), el tenor barcelonés Albert Riera y el bajo murciano Pablo Acosta, un cuarteto vocal de amplia trayectoria tanto coral como individual, y que se reúnen para dejarnos joyas como estos madrigales de Luca Marenzio (ca. 1553-1599).

Grabado del 23 al 26 de agosto de 2018 en la Capilla de los Dolores del Monasterio de Sant Joan de les Abadesses, y publicado en 2019 por el sello La Mà de Guido (LMG2157), con una buena acústica y toma de sonido que nos permite degustar esta bellísima polifonía a buen volumen, sin molestar nunca, nos transporta a esos ambientes renacentistas, con unos textos verdaderamente poéticos recogidos todos en el libreto con notas en varios idiomas, firmadas por el profesor Francesc Xavier Alern (doctor desde 2015 en Musicología por la Universidad Autónoma de Barcelona y verdadera autoridad en este periodo musical).

El propio Alern titula «El madrigal, “quintaesencia” de la música renacentista», también el nombre del cuarteto con estas obras, todo un tributo al arte de los sonidos, en este caso “a capella”, diría que en su estado más puro, sin instrumentos, dejando la desnudez vocal cantando los sonetos del aretino Petrarca y las églogas del napolitano Sannazaro, poesía humanista engrandecida por la música de Marenzio, cantante, laudista y sobre todo compositor de más de cuatrocientos madrigales publicados entre 1580 y 1599 que tuvieron enorme difusión no solo en Italia, un grande al que solo Monteverdi le hizo sombra.

Primera grabación de Qvinta Essençia con trece madrigales (dejo los títulos al final de esta entrada) del primer libro Madrigali a quattro voci… libro primo (Roma, 1585) en el llamado estilo “híbrido” del polifonista Marenzio, mezcla de madrigal culto y formas ligeras como la villanella, un nuevo tipo de canto virtuoso y sofisticado que pondrá las bases de este estilo a principios del XVII. Sumemos el regalo de Rore a cargo de este cuarteto donde el balance y color, muy homogéneo, son su mayor logro, alcanzando el difícil equilibrio que existe entre la línea individual, hermosa en las cuatro voces, y el sonido del conjunto, en parte por este formato “reducido” que como decía anteriormente, es puro cual decantación desde formaciones de cámara que necesitarían mucho más tiempo en alcanzar esta textura y sabor coral, junto a la perfecta dicción y seguimiento de los textos con esas armonías evocadoras desde el juego tímbrico tan poético como el italiano elegido. Marenzio compone con una armonía y un contrapunto libre para su época, posee los recursos estilísticos y expresivos desde una escritura musical donde el texto marida y crece con la música a base de cromatismos, disonancias, efectos silábicos y tintes dramáticos que Qvinta Essençia alcanza en cada madrigal.

CORTES

1. Dissi a l’amata mia lucida stella
2. Non vidi mai dopo notturna pioggia
3. Madonna, sua mercè pur una sera
4. Zephiro torna
5. Chi vuol dir i miei sospiri in rime
6. Ahi dispietata morte, ahi crudel vita!
7. Veggo, dolce mio bene
8. Tutto’l dí piango
9. Or vedi, Amor, che giovinetta donna
10. Menando un giorno gli agni presso un fiume
11. I lieti amanti e le fanciulle tenere
12. Vedi le valli e i campi che si smaltano
13. Vezzosi augelli, in fra le verdi fronde
14. Anchor che col partire (Cipriano de Rore)

Italia en España

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En estos días de enclaustramiento obligado y ante los múltiples aplazamientos de conciertos (que en mi Oviedo afectan a todos los ciclos programados), esperando no sean anulaciones por lo que supone para los músicos quedarse sin trabajo, toca volver a escuchar parte de mi fonoteca física, comentarla y compartirla desde este blog.
Hoy el título del disco de Concerto 1700 que lidera el violinista malagueño Daniel Pinteño parece de lo más actual aunque se refiera al legado musical que nuestros hermanos italianos nos han dejado y conservado en la Biblioteca Nacional de España, colecciones de sonatas para violín de autores que para algunos melómanos suenan desconocidos aunque en su momento fueron muy populares.

Grabado en la Iglesia de San Sebastián de en Cercedilla (España) durante el pasado mes de junio y con Jesús Trujillo de ingeniero de sonido (al igual que en su anterior grabación dedicada a José de Torres), este compacto nos deja cinco sonatas de Emanuele BARBELLA (1718-1777), Pietro NARDINI (1722-1793), Eligio CELESTINO (1739-1812), Luigi BORGHI (ca. 1745-ca. 1806) y Felice GIARDINI (1716-1796), frescas, cercanas, auténticas píldoras, expandiendo aquella colonización progresiva del mercado europeo con sus viajes y publicaciones también en el terreno de la música instrumental felizmente rescatadas del olvido.

Muy interesantes las notas en distintos idiomas de Stefano Russomanno y el propio Daniel Pinteño para centrar estilos, cronología e historia de estos compositores que gozaron de una fama efímera y ahora se les recupera para solaz de los melómanos compulsivos como el que suscribe.
Concerto 1700 está conformado para esta grabación por DANIEL PINTEÑO al violín, ESTER DOMINGO en el violoncello) y ALFONSO SEBASTIÁN desde el clave, trabajo muy conseguido por todos ellos en una plantilla ideal para estas sonatas, violín y bajo continuo habitual en la época, añadiendo la guitarra barroca de RAMIRO MORALES en Nardini al ser uno de los instrumentos que no solo aportan sonoridad mediterránea sino el instrumento favorito de aquella España del dieciocho aún con cinco órdenes además de habitual acompañante de voz y violín.

El rigor no ya en la recuperación de estas sonatas sino en su interpretación, prima en cada una de los cortes del disco. Se abre con el napolitano Emanuele Barbella y su Sonata VI –“Six solos for violin and bass (…) dedicated to Arch. Menzies of Culdares” (ca. 1756)-, forma tripartita (Larghetto e con gusto – Allegretto – Allegretto brillante. Alla francese), barroco bien armado y equilibrado, tímbricas conseguidas siempre desde el protagonismo violinístico.

El toque de la guitarra para la Sonata IV Op. 5 de “Six solos for the Violin with a bass” (ca. 1769) compuesta por el toscano Pietro Nardini casi nos transporta al Madrid cortesano donde su paisano Boccherini era el rey, una sonata en tres movimientos (sin indicaciónAllegro – Allegro) rápidos de amplias dinámicas contrastadas con el violín cantarín y el continuo acertadísimo del bajo chelísitico, las perlas al clave y ese empuje de acordes y leves punteos en la guitarra para una sonata diría que plenamente de salón por su elegancia con aromas españoles.

Muy interesante también Eligio Celestino, nacido en Pisa aunque desarrollase su carrera en Roma antes de sus viajes por toda Europa. La Sonata IV de sus “Six Solos for the Violin and a Bass for the Harpsichord or Violoncello, op. 2 (1774) mantiene la típica estructura tripartita aunque más clara por los tiempos perfectamente diferenciados: Largo para un mayor protagonismo del violín antes del Allegro lleno de contestaciones desde el bajo continuo con un cello compartiendo presencias, y el imperdible Minuetto. Andantino, delicioso baile desde una sonoridad cercana, dulce, afable y casi íntima.
Del piamontés Luigi Borghi, otro viajero incansable afincado en Londres y cuya música fue muy interpretada en España además de venderse cual “best seller”, la Sonata IV de los “Six Solos for a Violin and Bass op. 1 (1772) mantiene esquemas aunque los aires sean internacionales y sin olvidar el toque francés (Allegro – Largo – Rondeau. Andante Amoroso), melodías fáciles en su escucha aunque difíciles de ejecución, bien ornamentadas y arropadas por un bajo compacto además de efectivo en el rápido, lirismo en el lento central saboreando los graves del cello y un clave más allá del relleno armónico, antes de un final “rococó” o si se prefiere pre-clásico al que Borghi no era ajeno.

Cierra el disco el turinés Felice Giardini, formado en Milán e igualmente establecido en la capital británica donde además de reputado solista y compositor también ejerció de profesor. Sus obras se vendían muy bien en las tiendas madrileñas (hasta 1793) compitiendo con los Boccherini, Stamitz o Giordani, según se desprende del estudio de la prensa del momento como bien recuerdan las notas de Russomanno y Pinteño. La Sonata II de “Six Solos for the Violin and a Bass”, op. 19 (1777): es otra joya ideal para rematar estas recuperaciones llevadas al disco. Adagio galante, italiano a más no poder, un Presto Assai virtuoso, vibrante y el Grazioso último, elegancia cortesana para degustar un trío que hablan el mismo idioma interpretativo para esta Italia en España.

Esplendor barroco

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Miércoles 11 de marzo, 20:00 horas. Sala de cámara del Auditorio de Oviedo: Universo Barroco – VII Primavera Barroca: Ay! Bello esplendor, grandes villancicos barrocos. Vozes del AyreAl Ayre Español, Eduardo López Banzo (órgano director). Obras de José de Torres (ca. 1670-1738), A. Corelli (1653-1713), Juan Francés de Irribarren (1699-1767) y Carlos Seixas (1704-1742).

Auténtica fiesta palaciega en este inicio de la séptima edición de la Primavera Barroca en colaboración de la Fundación de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo y el CNDM, que ofrecían nada menos que ocho estrenos mundiales, cinco de Torres y tres de su alumno Francés de Iribarren, con un programa alternando un conjunto vocal de ocho solistas perfectos para las obras elegidas, voces de larga trayectoria que se unen con el instrumental de siete dirigidos por el maestro López Banzo al órgano, equilibrio conseguido desde una sonoridad impecable en todos, puede que algo coja en uno de los contratenores aunque solamente en su intervención solista, con los textos a disposición del público en una presentación que otras veces debíamos conformarnos con la no impresa.
Como describe la presentación de este concierto, “El maestro José de Torres (ca. 1670­1738) y su discípulo Juan Francés de Iribarren (1699­1767) comparten protagonismo en este nuevo proyecto artístico de Eduardo López Banzo al frente de Al Ayre Español, articulado en torno a la estrecha relación profesional que existió entre los dos famosos compositores.
La prodigiosa imaginación musical, la acertada síntesis de los más variados estilos y la expresión vehemente y colorida de Torres encontrarán en Iribarren, quien sigue al comienzo de su carrera las pautas compositivas del maestro, un lenguaje más terso y galante y la constante búsqueda de un estilo sencillo y popular, sin abandonar su sofisticada escritura musical. Las variadas combinaciones vocales e instrumentales y las contrastantes temáticas de las obras elegidas para este programa muestran la sorprendente riqueza expresiva de este repertorio
“. Y no defraudaron en este programa de villancicos que nos acercaron un poco a lo que deberían ser las navidades palaciegas, aunque el incendio hiciese perderse todas las partituras que atesoraba.
La fiesta comenzaría con José de Torres¡Mirad y admirad portentos! (ø+), villancico general al Santísimo, a ocho voces con violines y oboe, todos los intérpretes jugando con los solos de María Espada y los dos coros enfrentados, música pegadiza y bien balanceada con una escritura respetando la propia rítmica del texto.  De la pobreza a las puertas (ø+), es un villancico de Calenda de Reyes, a ocho voces con violines y oboe (1714), de nuevo alternando coro y solos de María Espada y Víctor Sordo, dos voces bien empastadas por timbres y entendimiento, alternancias de estribillos y coplas muy vivas, para continuar con Pues el cielo y la tierra (ø+), villancico de Navidad a cuatro voces (1713), cuatro solistas masculinos jugando en las coplas y los aires festivos, instrumentos reducidos al archilaúd, contrabajo y órgano no solo dando réplica sino empujando una masa global, un tutti de estilo hispano pero con calidades internacionales más allá de un estilo italianizante tan de moda en estos albores del XVIII.

El “puente instrumental” tenía que ser en un idioma común y nada mejor que Arcangelo Corelli y su Sonata nº 10 en la menor, op. 3 (1689), Al Ayre Español en estado puro, ese dúo de violines en simbiosis arropados por los graves contundentes, el ropaje organístio y las perlas de Juan Carlos de Mulder, imprescindible en el continuo.

Vuelta a Torres para cerrar la primera parte con Lágrimas tristes, corred (ø+), villancico al Santísimo, a cuatro voces con violines, disfrutando nuevamente de las voces solistas (las sopranos, contrátenos y barítono, la mitad pero igual riqueza de escritura e interpretación, estribillo y coplas cantadas con el instrumental en los planos adecuados que permitieron paladear unos textos intrínsecamente musicales seguido del Luciente, vagante estrella (ø+), villancico de Reyes, a ocho voces con violines y oboe (1714), probablemente el más logrado por las combinaciones vocales y la aparición del estribillo-aria así como los solos cambiantes refrendados tanto por el coro como el ensemble donde el oboe de Pedro Lopes e Castro resultó casi una voz sin palabras.

La segunda parte sería la de Juan Francés de Iribarren, buen continuador del maestro en evolución natural del estilo comenzando con el bellísimo Tortolilla (ø+), villancico a dúo para reyes, con violines y oboe (1733), estribillo a dúo, al igual que el recitado, escena pura y un aria para soprano y tenor, María y Víctor, contrastes rítmicos y tímbricos más un ropaje instrumental de excelencia para siete números estructurados en espejo, nueva fiesta musical.
Si los aires italianos ponían el puente para Torres, en el caso de Francés de Iribarren sería el portugués Carlos Seixas con su Sonata para oboe en do menor, lucimiento solista de su compatriota con el ensamble sin violines y auténtico virtuosismo en tres movimientos donde la Giga central sonó plenamente francesa, elegante antes del Minueto final.

Y hasta la conclusión volvería Francés de Iribarren, primero con Cesen desde hoy los profetas (ø+), villancico de Calenda de Navidad, a ocho con violines (1739), algo más movida de lo que cabría esperar y poniendo en dificultades las largas frases de una María Espada que nunca defrauda, para terminar con una jácara vertiginosa a cargo de Víctor Cruz, Digo que no he de cantarla (ø+), jácara de Navidad a cinco con violines (1750), guitarra -por vihuela- de aire español internacional de unos compositores recuperados de los archivos de las catedrales salmantina, malagueña y guatemalteca que Eduardo López Banzo ha transcrito de los manuscritos originales inéditos, pues como bien nos recordó al finalizar el programa, se quemaron con el Palacio Real y gracias a esas copias podemos hacernos una idea de lo que sonaba en estas fiestas que casi recrearon en la sala de cámara del auditorio ovetense.

De regalo bisarían a Torres y el estribillo de Luciente, vagante estrella que da nombre al espectáculo, “Ay! bello esplendor”, belleza y esplendor de un barroco que pujaba por mantenerse en unos tiempos casi tan complicados como lo actuales. Bravo por estos “ayres” del maestro maño.
(ø+) Recuperación histórica, estreno en tiempos modernos.

VOZES DEL AYRE: María Espada y Lucía Caihuela (sopranos), Sonia Gancedo (mezzo), Gabriel Díaz y Jorge Enrique García (contratenores), Víctor Sordo (tenor), Víctor Cruz (barítono), Javier Jiménez Cuevas (bajo).
AL AYRE ESPAÑOL: Pedro Lopes e Castro (oboe), Alexis Aguado y Kepa Artetxe (violines), Guillermo Turina (cello), Xisco Aguiló (contrabajo), Juan Carlos de Mulder (archilaúd y guitarra barroca). Eduardo López Banzo (órgano y dirección).

El Bach nuestro de cada día

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Los maestros Emilio Moreno y Aarón Zapico vuelven a los estudios de grabación para dejarnos un “Bach melancólico” e incluso soñado, recreando páginas del kantor de Leipzig con la viola “da braccio” y el clave a cargo de este dúo que se entiende a la perfección, dos generaciones en conjunción que ya en su Boccherini anterior me cautivaron.

Todo en este CD del sello Glossa (fundado por Emilio Moreno) está cuidado al detalle: la grabación en la bodega de Torremocha de Jarama, Madrid (Finca Casa de Oficios) a lo largo del mes de julio de 2019, al igual que en su anterior grabación, de acústica perfecta así como la toma de sonido de Federico Prieto; las siempre enriquecedoras notas en cuatro idiomas (pues los mercados discográficos todavía se mantienen allende los Pirineos); las fotografías de Carmen Hache en esa Castilla canicular y amarillenta, la siega acabada y aparentemente árida pero llena de riqueza que no me he resistido a incluirlas en esta reseña; el recuerdo póstumo a Margarita Aguado de Moreno, y por supuesto el tándem Moreno-Zapico paseando informalmente por ellos.
Esta misma sencillez les lleva a reinterpretar (algunos hablan de “reinventar” o de revivir) 18 páginas de nuestro “Dios Bach” purísimas en cuanto al concepto básico: las melodías cantadas por la viola de Moreno y el continuo impoluto y preciosista de Zapico al clave, con dos instrumentos evocadores, la original Viola Sympertus Niggel de 1751 (Füsse ) y el clavicordio (o harpsichord) de Rafael Marijuán (réplica del Joannes Ruchers, 1616) construido en Torrelaguna (2010), sonidos contemporáneos a la propia época de Johann Sebastian Bach (1685-1750) que resucitan en el siglo XXI.

The Melancholich Bach se está presentando desde el mes pasado, tanto en Radio Clásica (programa “La Dársena” con Jesús Trujillo en una entrevista cercana y amigable como todo lo que rodea este trabajo), y en distintos locales con palabra y música caso del celebrado en La Dársena, en Sevilla… aunque también se puede disfrutar en la red  incluyendo la popular plataforma Spotify, pero personalmente sigo fiel a mis manías manteniendo siempre la cadena musical en condiciones para reproducir el CD al volumen y calidad que se merecen.

Ya hay reseñas bien fundadas como la de MúsicaAntigua.COM o la catalana ElTempsDeLes Arts (que dejo enlazadas) así como en las redes sociales, pero quiero dejar aquí muy especialmente la de la Web del propio sello Glossa donde describe esta grabación:

Con The Melancholic Bach, Emilio Moreno se acerca de manera nostálgica y pensativa a las músicas que Bach podría haber compuesto para la viola. Este nuevo álbum es reflexivo pero nunca triste, sosegado a menudo, pero animado en otros fragmentos. Moreno es violinista a la vez que violista: con el primer instrumento dirige sus conjuntos La Real Cámara y El Concierto Español, mientras que con la viola está desde hace muchos años al frente de su sección en la Orquesta del Siglo XVIII.

Admirador del Johann Sebastian Bach de conciertos, sonatas, partitas y otros muchos géneros, Moreno siempre ha deseado que existiera un repertorio paralelo del gran maestro que pudiera ser tocado en la viola. De hecho, se sabe que Bach fue un gran intérprete del instrumento y era plenamente consciente de su potencial solístico, además de la melancolía intrínseca a su sonido, tan crucial para las armonías internas de sus composiciones.

Aparte de algunas piezas con viola obligada, lo cierto es que la amplia obra del Kantor contiene poca música para el instrumento, por lo que Moreno y Aarón Zapico (clavecinista también en los recientes discos dedicados a Castro y Boccherini) decidieron preparar una serie de transcripciones que se adaptaran a la viola da braccio construida en 1751 por Sympertus Niggel y utilizada en esta grabación. Para The Melancholic Bach, se han adaptado movimientos de sonatas en trío, cantatas y corales para órgano, con la viola tocando la línea melódica y el clave las otras dos partes.

Personalmente mantengo desde siempre que en música habría que hablar antes y después de Bach (con un AB/DB tal como se usa AC a. de JC / DC d. de JC) pues tras su muerte parece haberse inventado todo, versiones que llegan desde todos los estilos e instrumentos sin perder nunca la esencia, algo que solo en “el cantor de Santo Tomás” se da.
Por lo tanto en esta combinación que bien podría haber sido original, no solo soporta el espíritu sino que por momentos es el ideal, especialmente en los corales del Libro de Órgano (Das Orgel-Büchlein) todavía más íntimos que si los escuchásemos en una iglesia luterana desde la consola del kapellmeister correspondiente. Las sonatas son auténticas recreaciones con las visiones doctas de dos intérpretes dominadores de sus instrumentos, y no digamos los solos de ambos maestros: el clave de Don Aarón, reverencia digital de hondo espíritu siempre claro, y la viola de Don Emilio paladeando cada frase con especial deleite, y a quien los años solo sirven para madurar más si cabe su entrega a la música de dios Bach todopoderoso. Esta vez soy yo quien me descubro ante sus apóstoles para repetir El Bach nuestro de cada día

CORTES
1. Trio super: Herr Jesu Christ, dich zu uns wend’ BWV 665a
2. Liebster Jesu, wir sind hier BWV 731
3. Trio BWV 583 (Adagio)
Arreglos de los corales del Orgel-Büchlein:
4. O Mensch, bewein’ dein Sünde groß BWV 622 (Adagio assai)
5. Komm, Gott Schöpfer, Heiliger Geist BWV 631a
Sonata en do menor (después BWV 76, 582/2&586):
6. Adagio-Vivace (de la Cantata BWV 76, parte segunda, Sinfonia nach der Predigt)
7. Andante (de la Sonata 4 a 2 Clav. et Pedal BWV 528/2)
8. Allegro (del Trío a 2 Clav. et Pedal… nach Telemann BWV 586)
9. Allemanda 2ª para clave solo (de la Sonata en la menor BWV 965, después de Johann Adam Reincken (1643-1722), Hortus Musicus (1688)
Sonata en fa mayor (tras BWV 664, 614&676):
10. Allegro (del Trio super: Allein Gott in der Höh’ sei Ehr’ BWV 664)
11. Adagio (del Das alte Jahr vergangen ist BWV 614, Orgel-Büchlein.
12. Allegro (de Allein Gott in der Höh’ sei Ehr’ a 2 Clav. e Pedale BWV 676)
13. Très vivement para viola sola (de la Fantasía BWV 572)
14. Exercitium for solo viola (del Pedalexercitium BWV 598; atribuido a C.P.E. Bach)
Arreglos de los chorales del Orgel-Büchlein:
15. Helft mir Gott’s Güte preisen BWV 613
16. Ich ruf ’ zu dir, Herr Jesu Christ BWV 639
17. Wenn wir in höchsten Nöten sein BWV 641
18. Wer nur den lieben Gott lässt walten BWV 691

Lamentaciones y bálsamo espiritual

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Jueves 23 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de cámara: clausura VI Primavera Barroca – Circuitos CNDMCapella de Ministrers, Carles Magraner (violón y dirección). Cristóbal de Morales (ca. 1500-1553): Super Lamentationes Hieremie Prophete (ca. 1543-1550).

Manuel del Sol ha recuperado por encargo del CNDM en 2016, transcrito y editadas estas seis “Lamentaciones de Jeremías” pasión y muerte compuestas por Cristóbal de Morales, dos de ellas complemento perfecto de las otras cuatro, que en las notas al programa explica el doctor Del Sol tanto el origen del género como las múltiples interpretaciones habidas en el Renacimiento “dependiendo, por norma general, del contexto institucional y los recursos musicales disponibles“. En el caso de la agrupación que dirige Carles Magraner según la práctica musical de la Capilla Real del emperador Carlos V, donde las lamentaciones se cantaban polifónicamente con acompañamiento instrumental de violones o vihuelas de arco… práctica singular en la historia de este género“.

Con el paso de los siglos esta música sigue siendo una reflexión sobre la barbarie, las guerras, el llanto, la desolación, la muerte, pero también la esperanza. Impresionante el silencio y la emoción que el público presente mantuvo a lo largo de la hora abundante de estas “Super lamentationes” con la Capella de Ministrers en seis “lecciones para el Oficio de tinieblas“, manteniendo todo el espíritu original en combinaciones verdaderamente conmovedoras.

Esta formación se presentaba con las voces de Élia Casanova (superius), Hugo Bolívar (altus), Fran Braojos, Albert Riera y Víctor Sordo (tenores) más Pablo Acosta (bassus) en las voces, así citadas conservando la nomenclatura original de las cuatro voces mixtas (soprano, alto, tenor y bajo), más los violones (violas de gamba) de Lixsania Fernández, Leonardo Luckert
y Jordi Comellas, la tiorba de Robert Cases y el propio Carles Magraner con el violón (viola de arco, violón agudo, evolución de las fídulas y antecedentes del violín), además de la dirección del conjunto, planos sonoros bien claros, matices equilibrados y amplios, empaste vocal e instrumental con protagonismos compartidos junto a la riqueza tímbrica que esta magna obra atesora.

La primera de las recuperaciones históricas que abría las “Lamentaciones de Sión cautiva” (Aleph. Quomodo sedet sola) a cuatro voces iguales fueron presentando sentimientos musicales fiel reflejo de unos textos latinos tan bien encajados por un Morales dominador de la polifonía y avanzado para su tiempo dentro del llamado triunvirato de la Edad de Oro renacentista con Guerrero y Victoria.

Se ampliaba la plantilla vocal a cinco voces mixtas con la segunda de las Lamentaciones (Num. Vigilavit iugum iniquitatum), orfebrería en las violas de gamba con auténticas perlas de la tiorba o el violón de Magraner, más un quinteto vocal equilibrado (se nota el bloque del cuarteto Qvinta Esencia) como sucedería con la segunda recuperación del doctor Manuel del Sol, la tercera lamentación (Heth. Cogitavit Dominus) a cuatro voces mixtas comenzando con cinco cantantes (se sumaría el contratenor en la voz de alto) antes del final con la soprano para todo el “ensemble vocal”, la destrucción musicada con dolor y pasión, los claroscuros etéreos y la concentración interior frente a la contrición, una espiritualidad que inundaría la sala de meditaciones individuales a partir de un colectivo de calidad.

Momentos impresionantes en la puesta en escena cuando las primeras cuatro voces se vuelven cantando frente a una de las puertas abovedadas de la sala de cámara, o las cuerdas comienzan con un pizzicato esta lamentación mientras prosiguen las voces a capella, verdadera riqueza tímbrica para mediados del siglo XVI, casi avanzando un Morales barroco que en España siempre tuvo la deuda renacentista, una apuesta segura esta recuperación histórica.

Tras unas palabras del maestro Magraner afrontarían las otras tres lamentaciones, nuevamente combinando voces, todas, cuatro y nuevamente el conjunto completo: Zain. Candidiores nazarei (a 5 voces), el canto “El Señor destruyó a Israel” del Sábado Santo, correspondiente a la Lección II Oficio de Tinieblas, más colorido y pasión, Coph. Vocavi amicos meos (a 4 voces), “Lamentaciones de Sión cautiva” siempre con las dinámicas perfectas bien balanceadas entre todos, y finalmente Phe. Expandit Syon (a 6 voces), el Viernes Santo con su Lección III del Oficio de Tinieblas que ponía el final con las palabras “Jerusalén , conviértete a tu Dios y Señor”, la Hierusalem eterna casi metafórica que emerge de sus ruinas, la historia que se repite con un llanto musical lleno de belleza y dolor.

Un primor al oído, auténtico bálsamo musical del gran Cristóbal de Morales en una visión e interpretación que se llevará en breve al disco con esta Capella de Ministrers quienes desde el lunes hasta el jueves estuvieron trabajando al detalle en nuestro auditorio para regalarnos esa paz interior tan necesaria en tiempos convulsos, pues el dolor nos ha dejado en el arte auténticas obras maestras.

Zimmermann descafeinado

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Lunes 6 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de cámara, Circuitos OviedoVI Primavera Barroca: Bailes y batallas, Café Zimmermann. Obras de Biber, Schmelzer y Froberger.

Comenzaba en Oviedo una gira de la formación coliderada por el violinista argentino Pablo Valetti con el título “Bailes y batallas” que el Pablo sevillano J. Vayón presentaba en las notas (que dejo escaneadas) como Phantasticus comentando el papel de la música en la Alemania del XVIII, formas instrumentales italianas pero con el tinte teutón que no siempre va unido a la brillantez.

El grueso del programa lo ocuparía Heinrich Ignaz Franz von BIBER (1644-1704) de quien Café Zimmermann interpretó varias sonatas que aúnan sacro y religioso como el propio poder germano donde el destinatario era importante como también nos contó Valetti. Desiguales en escritura e intensidades emocionales, la número tercera Fidicinium sacri-profanum (ca. 1683) pareció tomar el pulso con un octeto formado por dos violines, dos violas, chelo, contrabajo, órgano y tiorba que sonó empastado y compacto en todo el programa, variando un poco el número en varias para disfrutar de la calidad de unos músicos que interpretaron unas partituras no del todo agradecidas donde la variedad no es de color, algo claroscuro, sino de aires y dinámicas.

Costó afinar como es habitual en la seca sala de cámara del auditorio ovetense y al menos con Johann Heinrich SCHMELZER (1623-1680) tras el “segundo” Biber ya comenzaron a funcionar de forma orgánica. La Serenata con altre arie, a cinque en siete movimientos quedó algo “agria”, mejorando con el Balletto a cuatro “Die Fechtscule” (“La escuela de esgrima”, 1668) de seis danzas, más rica tímbrica y rítmicamente, donde prescindieron de una de las violas como en alguna sonata de Biber.

De todo el concierto me quedo con Johann Jakob FROBERGER (1616-1667) cuya Toccata II en re menor nos permitió saborear el solo de órgano positivo de Céline Frisch y en el siguiente Ricercar I en do mayor la tiorba de Shizuko Noiri (que bisarían), obras de homenajes, bailes y batallas con poca pólvora, bien escritas y ejecutadas pero faltas del dinamismo italiano aunque los franceses de Café Zimmermann se mostraron como un conjunto honesto con las partituras, de buen sonido y trabajo previo bien llevado por Pablo Valetti.

Esta Primavera Barroca en su sexta edición sigue apostando por un repertorio que gusta al público y acude en buen número con entradas que rozan el lleno, aunque personalmente este lunes (y la “resaca” de HH aún perduraba en muchos oídos) el café, de calidad y sabor algo amargo, quedó descafeinado.

CAFÉ ZIMMERMANNPablo Valetti (violín I), Mauro Lopes Ferreira (violín II), Patricia Gagnon (viola I), Lucie Uzzeni (viola II), Petr Skalka (violonchelo), Daniel Szomor (contrabajo), Céline Frisch (órgano), Shizuko Noiri (tiorba).

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