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Clausurando Jornadas Culturales del Conservatorio

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Viernes 26 de febrero, 20:00 horas. Auditorio del CONSMUPA de Oviedo: II Jornadas Culturales del Conservatorio Profesional de Música de Oviedo. Concierto de clausura: David Hevia Sesma (violín) y Noel Menéndez Suárez (piano). Obras de Mozart, Beethoven y Grieg.
Durante la semana del 22 al 26 de febrero han tenido lugar estas jornadas en el CPM de Oviedo, segunda edición de la que pude disfrutar el último de los eventos. Quiero dejar aquí íntegras las notas sobre ellas que ha escrito Paula Raposo, profesora de piano del conservatorio, antes de pasar a comentar el concierto del dúo Hevia-Menéndez.

“Múltiples notas, una sinfonía”: crónicas de un conservatorio

 El Conservatorio Profesional de Música de Oviedo clausura hoy la segunda edición de sus Jornadas Culturales. Bajo el lema “Múltiples notas, una sinfonía”, el centro ha acogido durante esta semana más de cincuenta actividades relacionadas con la música, en todo un esfuerzo de organización y coordinación. Como no podía ser de otra manera en un centro profesional de música, la programación ha incluido una media de tres conciertos diarios en distintos formatos y escenarios a cargo de alumnos y profesores, de los estilos más variados: desde música clásica hasta música electroacústica, pasando por la música tradicional asturiana, el estilo barroco, las bandas sonoras o la música tradicional andina. Entre los artistas invitados estuvo el Pequeño Coro Don Orione, de Posada de Llanes, cuyo objetivo es el desarrollo integral de las personas con discapacidad intelectual y el guitarrista Pedro Mateo González, que ofreció un curso de guitarra los días 23 y 24.

Profesores del Conservatorio Profesional han llevado a cabo charlas y talleres sobre improvisación, análisis musical, instrumentos antiguos, instrumentos tradicionales o la música y la ciencia y han celebrado encuentros de instrumentos que agruparon a músicos de distinta procedencia.

La programación se ha visto enriquecida gracias a la colaboración desinteresada de varios profesores del CONSMUPA y de los profesionales ajenos al centro que han participado en esta edición. El cartel de actividades ha incluido varias ponencias y talleres sobre cuestiones prácticas propias de la vida del músico: el lunes, el luthier Roberto Jardón abría las actividades con una charla sobre el problema de la humedad en los instrumentos de cuerda frotada. La clínica de Fisioterapia Mario Bueno ofreció un taller para la prevención y tratamiento de lesiones derivadas de la práctica musical. El profesor Julio Ogas, de la Universidad de Oviedo, habló a los jóvenes estudiantes sobre las profesiones de la música y las posibilidades de futuro profesional. El jueves 25 Vicente Llaneza llevó a cabo una sesión de Taichí para músicos y posteriormente el Centro Avantia organizó una dinámica de “Música, risa y emoción”, a cargo de la logopeda Bárbara Bayón y la musicoterapeuta Lorena Miranda. Los primeros auxilios también están presentes en las jornadas, con un taller que se realizará esta tarde a cargo de María José Villanueva, médico de urgencias.

Las Jornadas han reservado un espacio para la reflexión y el análisis de la práctica musical: el lunes, la violinista Olaya Pérez, Premio Descartes de Investigación, de Aula Allegretto, expuso los resultados de su trabajo sobre la interpretación historicista de las composiciones para violín de Bach. El martes, Elisabeth Expósito, responsable del archivo de la OSPA, se encargó de dar a conocer a los alumnos la figura del archivero musical y el funcionamiento de un archivo de música de una orquesta sinfónica. Finalizó el día con la ponencia del compositor Pablo Laspra sobre el papel de las bandas sonoras en el cine y los videojuegos. Por último, esta tarde, Emilio Fernández Fidalgo y Alfredo Diego orientarán a los jóvenes músicos sobre cómo montar su propio estudio de grabación.

La imagen también ha estado presente en estas Jornadas Culturales, que han celebrado la primera edición de su Concurso de Fotografía, cuyo fallo coincidió con la charla titulada “La imagen de la música”, a cargo del fotógrafo Marcos Vega.

Paula Alonso, Jefa de Estudios Adjunta y coordinadora del proyecto, ha mostrado su satisfacción por el buen discurrir de las jornadas y por la buena acogida que el evento ha tenido entre la comunidad educativa. “La intención era la de fomentar la colaboración y la convivencia entre profesores, alumnos y familias y, sobre todo, generar una experiencia compartida de disfrute de la música en común, en un contexto diferente al puramente académico, sin olvidar la posibilidad de enriquecer los aprendizajes y el conocimiento de los alumnos, en un ambiente relajado y lúdico”.

Las jornadas se clausurarán a las 20.00 horas de la tarde de hoy con la actuación del dúo de violín y piano a cargo de los profesores David Hevia y Noel Menéndez en el Auditorio del centro. La entrada es libre hasta completar aforo.

Gracias a Paula por el texto y ya centrándonos en el concierto, comentar la excelente acogida porque la música en vivo, y más la de cámara, son la base de todo melómano, tanto profesional como vocacional, y entre el público había de ambos, además de profesorado y alumnos de los conservatorios profesional y superior que no quisieron faltar a este broche de una semana bien explicada por la propia Paula Raposo. Los profesores que quieren mantenerse como concertistas no lo tienen fácil con la actual legislación y es esencial para todos poder conjugar docencia e interpretación porque son inseparables en el mundo musical, algo que los responsables deberían conocer y facilitar en vez de impedirlo, pero ya se sabe que en cultura nuestros políticos no están lo que se dice sobrados.

El concierto del dúo de profesores se organizaba en dos partes, una primera con obras diríamos que “habituales” en los planes de estudio ya desde mi época, pero que no debe faltar en ningún repertorio de cámara que se precie, y dejar la segunda para “altos vuelos”.
Así arrancaba la Sonata en mi menor, K. 304 (Mozart) de dos movimientos, el Allegro del que bebería en cierta manera Schubert (también “obligada” en mis años jóvenes), una página exigente para ambos, diálogo y protagonismo compartido aunque Noel levantase la tapa para el siguiente, sabedor del amplio rango dinámico de David y optando por volúmenes que posteriormente oscurecieron un tanto la presencia de un “violín Hevia” de abolengo asturiano (hijo de José Ramón y hermano de Aitor), familia que continúa en activo también desde la docencia. Y así el Tempo di Minuetto supuso delicadeza en el acompañamiento de un violín perfeccionista por naturaleza, en un Mozart plenamente imbuido del Sturm und Drang, literalmente “tormenta e ímpetu” como lo interpretaron los asturianos.
La Sonata en re mayor, op. 12 nº 1 (Beethoven) fue la que acusó las diferencias dinámicas aunque hubo momentos íntimos para saborear los instrumentos, diálogos, melodías protagonistas secundadas por el otro, y sobre todo el lenguaje de Bonn bien entendido, perfecto en cuanto a su lectura: un Allegro con brio algo más reposado de velocidad pero equilibrado, con trinos limpios y encaje de virtuosos en los rápidos pasajes a dúo, respetando las repeticiones escritas para diferenciar fraseos, el Tema con variazioni resultó un verdadero catálogo de intenciones y expresividad que quedó algo oscurecido desde la tecla pero sin perder nunca emotividad, piano cantando y violín contestando o alternando protagonismo con limpieza y lirismo por parte del dúo, pero sobre todo el Rondo-Allegro para disfrutar de ambos, una joya de estudio que el concierto eleva al magisterio interpretativo en manos de estos músicos con un perfecto entendimiento.

La Sonata en do menor op. 45 nº 3 (Grieg) son palabras mayores y suponen un salto no solo cuantitativo sino cualitativo en los dúos, un lenguaje de mayor carga expresiva por parte de los intérpretes y una mayor envergadura de la partitura, como así lo entendieron afrontando con energía tres movimientos difíciles de encajar y aún más de sentir: el Allegro molto et appassionato carga en el violín un protagonismo desde la técnica que el piano debe subrayar y retomar, planos sonoros mejores que en la primera parte; el Allegro expresivo alla Romanza es un punto y seguido de emotividad, arrancando Noel un piano camerístico a más no poder, preparando el ambiente melódico del violín que David hace cantar lleno de musicalidad, siempre bien arropado desde las teclas, con ese toque nacionalista donde los pizzicati mantienen la pulsión compartida con el piano; y el Allegro animato, nuevamente nórdico, interacción de los dos intérpretes con un ritmo trepidante contrapuesto a unas melodías románticas, sin perder sonoridad en ninguno de los instrumentos, escritura densa y pasajes vertiginosos que ambos hicieron limpios aunque el violín siempre emerge sobre el piano más allá de una tímbrica consistente en todos los registros. ¡Bravo!.

Aún hubo tiempo de dos propinas, la Asturiana de Falla donde el violín da un paso más con un fraseo que “olvida el texto” para incidir en la melodía pura, y la primera de las Danzas folklóricas rumanas de Bartok en un alarde magiar y popular elevado a lo culto con el violín como protagonista bien acompañado al piano y concluir esta lección final en concierto para unas jornadas abiertas al público, demostrando el buen momento de la música en Asturias que no debemos permitir nos lo estropee cualquier inepto que haga de la política su profesión. Deberíamos exigirles que se preparasen al menos tanto como nuestro alumnado y profesorado para ejercer su trabajo.

Casi para todos los públicos

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Miércoles 24 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, AVANTI: OSPA, Rossen Milanov (director). Obras de L. Diéguez, R. Wagner, W. A. Mozart, P. I. Tchaikovsky, G. Mahler, L. van Beethoven, A. Dvorak, J S. Bach, E. Grieg, G. Bizet, B. Lauret y G. Giménez.

El público seguidor de la OSPA decidió dentro de una encuesta con 25 obras (como los 25 años que celebramos esta temporada) una docena dentro de lo que podríamos llamar, con perdón de RNE, “Clásicos populares” y así sonaron las obras que paso a citar, incidiendo en lo de sonar más que interpretar, pues como bien dijo el maestro titular, que hoy ejerció de “presentador” de cada una, es la orquesta de Asturias, capaz de afrontar cualquier repertorio, esta vez en un abanico de 300 años que no siempre lució como era de esperar.

Abríamos con nuestro Himno de Asturias en la orquestación oficial de Leoncio Diéguez, la misma que tantas veces ha sonado en este auditorio, aunque esta vez el coro fue público con los mismos problemas que los “profesionales” porque si no se dirige correctamente, todos cantan “a su aire”. Pero sentirse protagonista por unos momentos siempre es de agradecer y hasta nos olvidamos de calidades prefiriendo cantidades.
El “Preludio” del Acto III de Lohengrin (R. Wagner) necesita, como diríamos coloquialmente, amarrar los caballos para que no se desboquen, siendo obra sutil que sonó brava porque los balances son necesarios ante una lucha siempre desigual entre las distintas familias orquestales, hoy además al completo.
La cuerda de la OSPA siempre ha sido como la seña de identidad y el primer movimiento, “Allegro” de la Pequeña serenata nocturna en sol mayor, K. 525 (Mozart) era para lucirse, aunque no hubo intención de sentir esta joya que resultó bisutería, de calidad pero lejos de lo esperado. Triste recordar que la música no es solo la partitura.

Los ballets de Tchaikovsky son filigranas para toda orquesta y la Suite nº 1, Op. 71a del Cascanueces una muestra de su maravilloso sentido melódico e instrumental, plagado de detalles muy sutiles, eligiendo tres (o cuatro) de sus danzas: la rusa, la árabe y la china. Al menos pudimos disfrutar de la calidad de nuestros solistas, principalmente la madera, aunque la necesaria conjunción quedó en pinceladas, que no brochazos, de una batuta nuevamente deslavazada que no imprime ni ritmo ni aire, dejando a los músicos que intenten además de sonar, sentir.
Puede que por esa necesidad de sentimiento, el famosísimo y cinematográficoAdagietto” de la Sinfonía nº 5 en do sostenido menor (G. Mahler) con la cuerda con Miriam del Río al arpa nos dejó el mejor momento de la velada, esta vez más emoción que precisión, para unos músicos que parecen querer dejar clara su valía, con unas dinámicas al fin angustiosamente interpretadas.

Lástima que, como dice el refrán, “la alegría en casa del pobre dura poco” y Beethoven con su Sinfonía nº 6 en fa mayor, op. 68 “Pastoral” no corroboró el “hit” mahleriano. Pese a elegir los movimientos III y IV, la danza pastoril no resultó bucólica, a pesar de las trompas, faltó intención, aire y mando; la tormenta fue un chubasco, con poca claridad en los contrabajos que tronaron con los timbales.
No despejaron los nubarrones con el “Presto“de las Danzas eslavas, op. 46 nº 1 (Dvorak), borrosas, una Furiant nada ágil ni bailable y carente de un empuje rítmico que fue a borbotones y sin claridad en las melodías a pesar de los esfuerzos. Espero que en el próximo abono, de cámara, se resuelvan los problemas del “Avanti”.

La grandiosidad de la famosa “Aria” de la Suite nº 3 en re mayor, BWV 1068 (Bach) permitió disfrutar de la cuerda pero sin criterio, ni historicista ni musical, fraseos sin sentido, volúmenes fuera de lugar, sin la pulsación barroca que requiere un movimiento tan cantable que se le denomina precisamente aria.

Otro refrán dice “de perdidos, al río” porque el cuarto número “En la cueva del rey de la montaña” de la conocidísima Suite nº 1, op. 46 de Peer Gynt (Grieg) nos dejó literalmente dentro de la oscuridad absoluta y nada platónica, cierto que los solistas intentaron poner un poco de luz pero el largo y progresivo acelerando sólo sirvió para llenar de barro, tras la tormenta pastoral o los traspiés eslavos, una obra donde los matices olvidados borraron la melodía principal en un final de fuego prehistórico.
Del ímpetu y colorido que tiene el “Preludio” de Carmen (Bizet) nos quedamos con lo primero porque más que de inspiración española me resultó griega (por las ruinas).

A Benito Lauret no me cansaré de recordarle y agradecer lo que hizo por Asturias en todos los campos. Sus Escenas asturianas tanto en la versión sinfónica como para banda recogen melodías que este cartagenero hizo grandes, y en el Finale da gusto el oficio de orquestador en un músico excelente, jugando con el “balamé” del Pericote y nuestro “Asturias patria querida” en una contraposición no ya de temas sino de colores en los que Diéguez también buscó su instrumentación. Es una obra que nuestra OSPA ha llevado por medio mundo y con grabación para la posteridad que se debería escuchar más a menudo, pues su riqueza dentro de cierto nacionalismo bien entendido y académico a más no poder, requiere un estudio previo y documentado. Algo parecido a nuestra fabada que con excelentes ingredientes y condimentos se puede estropear sin una buena cocción.

Y al final llegó el divorcio, vamos que el “Intermedio” de La boda de Luis Alonso (G. Giménez) resultó un “totum revolutum” a pesar de estar todo claro. Puede que con las cartas boca arriba y una partitura precisa se demuestra la falta de entendimiento entre lo escrito y lo escuchado, teniendo en nuestra memoria tantas y excelentes versiones con orquestas de menor calidad que nuestra OSPA.

Temblando estoy del panorama cercano donde podré escuchar otras formaciones españolas como la Orquesta Ciudad de Granada, las de Bilbao y Euskadi o la Real Filharmonia de Galicia, porque además las obras y compositores exigen no solo trabajo sino talento…

Un Maestro con la cantera de las bandas de música

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El Maestro Enrique García Asensio (Valencia, 22 de agosto de 1937) ha impartido durante esta semana unas clases magistrales cuya clausura fueron los dos conciertos con la mejor banda de Asturias formada en el CONSMUPA. De entre todos los alumnos oyentes y los 9 activos que asistieron, el propio Maestro seleccionó a 4 alumnos para dirigirlos, tres internos, alumnos de dirección del propio Conservatorio y a David Colado, único alumno externo al Conservatorio. Antes del concierto tuvo lugar la lectura de un manifiesto por parte de los alumnos de dicho centro, muchos más que los músicos que formaron la banda, reclamando precisamente una​
enseñanza musical de calidad y un profesorado que no cumple en su totalidad, básicamente en sus grandes agrupaciones, las dos orquestas -de cámara y sinfónica- así como la propia banda del conservatorio (y llevan 2 años de protestas que darían para mucho, con burocracia y legislación que entorpecen e impiden la necesaria continuidad de su plantilla). Está claro y suscribo ese manifiesto que denuncia el poco, por no decir nulo, interés de las administraciones públicas por los estudios musicales en todas sus facetas pero sobre todo en la enseñanza especializada.

Los conciertos han sido ayer viernes en el Teatro Prendes de Candás y este sábado en el Auditorio de Oviedo. El programa organizado en dos partes lo comenzó el propio Maestro García Asensio, vitalidad y sabiduría que dan los años así como un trabajo que no ha cesado desde que a los 11 años formase parte como violín de la orquesta del conservatorio de la que llegaría concertino y más tarde director.  La Obertura Festiva (Dmitri Shostakovich) pone a prueba todos los efectivos de una amplia formación como corresponde a las bandas sinfónicas, en un arreglo que mantiene la esencia orquestal pero con el colorido propio que dan clarinetes y saxofones, además de los fliscornos o bombardinos que “magnifica” la original. Maravilloso comprobar cómo respondían los jóvenes músicos a cada indicación del maestro, pendiente de todo y todos, contrastes de planos y ritmos que siguen siendo una lección magistral.

Los alumnos seleccionados, tras recibir con el resto sus diplomas acreditativos de manos del maestro valenciano, se turnaron con los cinco movimientos del Capricho Español (Rimsky-Korsakov), la Alborada (con Ane Legarreta), breve y bien llevada con lenguaje cantábrico bien entendido; las Variazioni (Roberto Redondo) llenas de ricas sutilezas tímbricas que la batuta supo sacar a flote; la Alborada (Xuacu Llaneza) tan rítmica y cercana en sabor, diferenciada de la primera como así debe ser; pero sobre todo los dos últimos números, Scena e Canto Gitano más “nuestro” Fandango Asturiano, dirigidos por el ya “rodado” David Colado que sacó todos los recursos y detalles de estos dos números tan universalmente asturianos en un arreglo poderoso capaz de hacernos olvidar el original sinfónico. Cambios de ritmo, dinámicas amplias, sin olvidar que la técnica de dirección es válida para cualquier formación como bien recordó el maestro valenciano, y que todo director sabe diferenciar lo que tiene delante, por lo que una banda sinfónica mantiene una identidad única que estos alumnos tuvieron claro desde el principio.

La segunda parte ya con el Maestro E. García Asensio al frente, nos dejó dos interesantísimas obras del saxofonista y compositor de Catarroja Francisco Arturo Bort Ramón (1963), autodidacta confeso pero con mucho oficio “a pie de obra” y un vagaje musical familiar, unido a ese gen geográfico que es Valencia, cuna de grandes músicos, lo que puede ayudarnos a comprender las dos obras elegidas para este concierto y que gozan de fama internacional. Leyendas (“Llegendes“), un poema sinfónico que resulta todo un mosaico de melodías evocadoras que van pasando por todas las secciones de la banda con un papel protagonista de la amplia percusión (no tuvieron respiro, especialmente las “láminas”) y unos cambios de ritmo interesantísimos, con ambientes alcanzados desde una instrumentación actual que bebe de fuentes de claro “acento norteamericano” (Gershwin, Bernstein, Copland.. e incluso nuestro García Abril de las series televisivas por lo avanzado en su época), así que resulta habitual que formaciones de allí programen las obras del valenciano. Si escuchamos en nuestras bandas locales muchas de las composiciones “made in USA” reconoceremos en estas leyendas el amplio vagaje de Bort Ramón como intérprete de las mismas, lo que se tradujo en una vibrante interpretación de García Asensio con la Banda Sinfónica del CONSMUPA, plagada de verdaderos virtuosos aún en formación.

Las Variaciones Irónicasganadora del premio de composición “Maestro Villa” de Madrid del 2007, y como casi todas las del músico valenciano programadas por la Banda Municipal de Valencia en el Palau de la Música de esta ciudad bajo la dirección de su titular Pablo Sánchez Torrella. Asimismo, Enrique García Asensio, titular de la Banda Sinfónica Municipal de Madrid hasta 2012, ha programado numerosas veces y con gran éxito sus obras, agradeciéndole las trajese a Asturias porque ambas son ideales para estas formaciones. Tanto “Llegendes” como estas “Variaciones Irónicas”, donde no faltan guiños al tango y otros sutiles ritmos hispanos con la ironía instrumental bien entendida, utilizan recursos agradecidos de escuchar, puede que algo reiterativos al escuchar ambas seguidas, aunque lo podamos entender como sello personal del saxofonista y compositor, pero no cabe duda que son difíciles de ejecutar y dirigir, aunque García Asensio lo haga fácil, implicado no ya como maestro sino como docente además de precursor en la televisión. Mis felicitaciones para todas las secciones, especialmente a los clarinetes y trombones, aunque sin desmerecer a nadie, pues solo esta Banda puede afrontar un repertorio como el que sonó esta tarde de sábado en Oviedo.

Quiero comentar que el Maestro muy gustosamente accedió a escuchar el ensayo y a dar una charla a los componentes de la Banda Sinfónica Infantil y Juvenil del Principado de Asturias esta mañana de sábado entre las 12:30 y las 13:30 en el propio Auditorio “Príncipe Felipe” de Oviedo, y que este domingo 21 a las 19:00 h en la Sala Principal Sinfónica del Auditorio Principe Felipe de Oviedo se presenta precisamente la BANDA SINFÓNICA INFANTIL Y JUVENIL DEL PRINCIPADO DE ASTURIAS formada desde la ANDB, Asociación Nacional de Directores de Banda, de la que David Colado es Delegado Territorial aquí en Asturias, concierto en colaboración con la Banda de Música “Ciudad de Oviedo”.
Se trata de una banda sinfónica formada por niños y jóvenes de edades comprendidas entre los 6 años y los 20 procedentes de diversas ciudades y pueblos de Asturias como Gijón, Oviedo, Avilés, Corvera, Candás, Pravia, Cangas de Narcea, Tineo, Luarca, etc…

Este proyecto está integrado en un “Plan Nacional de Bandas de Música” desarrollando por la ANDB de la que el Maestro Asensio es Socio de Honor y que ya se está trabajando de la misma forma en otras comunidades autónomas como Galicia, Cataluña, País Vasco, Madrid o Valencia… Mi total apoyo a las bandas de música como cantera de intérpretes y públicos en los que las administraciones deberían tomar nota por lo que supone de esfuerzo, trabajo en equipo y formación permanente. Apostar por la música es invertir en cultura, verdadera identidad y riqueza de un país donde la crisis no puede robar ilusiones.

P. D.: Manifiesto leído por el alumnado del CONSMUPA:

Amores y desamores boreales

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Viernes 19 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, “Auroras boreales II”: Abono 7 OSPA, Colin Currie (percusión), Rossen Milanov (director). Obras de Sánchez Velasco, Rautavaara y Rachmaninov.

Interesante conferencia previa al concierto del musicólogo y compositor Israel López Estelche, autor de las notas al programa (enlazadas arriba en los autores), poniendo más luz a unas “auroras boreales” finlandesas que nos ayudaron a aumentar la envidia por ese modelo político, educativo y social, el de los países del norte que han sabido apostar e invertir en lo suyo.

En menor medida también defendemos lo nuestro y fue una alegría ver cómo Daniel Sánchez Velasco (1972), clarinete coprincipal en excedencia de la OSPA, director y compositor, volvía a su casa con sus amigos y compañeros para escuchar el estreno (jueves en Gijón) de sus Danzas flamencas (2015) pensadas para la plantilla actual (arpa incluida) y puede que incluso en nombres propios para hacer sonar un ballet con la disculpa de Paco de Lucía en el recuerdo y armar cinco números totalmente melódicos, agradecidos, algo “arcaicos” en comparación con el resto del programa, conocedor de la instrumentación desde dentro, lo que se nota en cada número, un encargo para lucimiento de solistas y orquesta desde el folklore andaluz con tintes variados como Falla, Turina e incluso Rodrigo sin olvidar un toque de jazz sinfónico o una percusión plenamente española con castañuelas o maracas pero también “glockenspiel”, y donde no faltó el cajón que Francisco Sánchez Gómez incorporaría al flamenco fusionando acentos para un mismo idioma. Así parece entender el avilesino desde su residencia cordobesa un Prólogo cual carta de presentación sin tópicos pero fiel a la raíz con los elementos inprescindibles: melodía, ritmo y armonía desde todos los estilos, antes de una Danza general casi cinematográfica, cartas boca arriba en cuanto a estructura coherente y formal donde la composición se vuelve recreación, danza vibrante preparando una romántica Escena con decorado de Guadalquivir cordobés más que sevillano, lucimiento de la flauta pero también de las violas, todo bien armado y encajado. Hasta Huelva nos llevó ese río flamenco en esencia con un Fandango sureño y cálido totalmente actual de fusión, como Paco de Lucía rompiendo tradiciones y tabúes que ahora se consideran leyenda. El Vito remontó río arriba hasta los incomparables alcázares en la línea de revisiones sinfónicas “albenizianas” de su Iberia sin complejos ni ataduras, creación libre de un Sánchez Velasco amable, formal y con oficio, bien correspondido por sus compañeros y un Milanov matizando más que moviendo, supongo que lejano en sentimiento de algo muy de raíz. Merece la pena escuchar la entrevista para OSPATV donde habla de estas danzas.

El finlandés Einojuhani Rautavaara (1928), como bien nos contó López Estelche, supo aprovechar el legado de Sibelius y la formación que su país le brindó para cumplir las expectativas antes de romper clichés desde su ideario de componer para él olvidándose de convencionalismo o modas, llegando a decir que “la música sin melodía puede ser interesante, pero demasiado a menudo suena falta de talento”. Podría decir que con Rautavaara la disonancia es bella, su música cercana y actual a sus vitales 88 años, aceptando el encargo del músico Colin Currie componiendo estas “Incantations” para percusión y orquesta (2008), estreno en España, un verdadero alarde y espectáculo del solista dentro de una obra de estructura clásica en tres movimientos contrastados en tiempo para comprobar las posibilidades de un auténtico arsenal percusivo: marimba, vibráfono, campanas, platillos, membranófonos varios incluyendo un bombo accionado con el talón, cencerro (con otro pedal) y flexatone, todo un alarde tímbrico y melódico en unas permanentes disonancias contrapuestas a las distintas alturas de su peculiar batería. La energía del primer movimiento (Pesante – Enérgico) pareció quedarse en el primero para Milanov que seguía dibujando ondas con una batuta nada clara, que confunde más que ayuda, en una obra realmente compleja de encajar, con una orquestación que debe contrapesar equilibrios y marcar poliritmias con el percusionista, y eso que estos repertorios de estrenos son su tarjeta de visita. Con el Espresivo segundo movimiento Currie logró transmitir con el vibráfono ese paisaje que titulaba el programa, las resonancias alcanzadas dejando un peso sobre el apagador, virtuosismo de doble baqueta para interpretar terceras paralelas que convergen en cuatro voces casi corales, la formación vocal de todo finlandés llevada al concierto solista, con una orquesta de gravedad marcada por el solista escocés ante la ausencia búlgara. Tercer movimiento Animato y rítmico a más no poder, con ostinados simulatáneos que no encajaron como deberían en un despligue tímbrico por parte de todos con la marimba finalmente protagonista entre todo el amplio material percusivo, evocando la cálida madera nórdica y cierto espíritu de chamán en este virtuoso solista, verdadero mediador, más que intermediario, entre obra y público.

La breve propina de Elliott Carter volvió a cautivar con la marimba de este percusionista del que dejo aquí un fragmento de estas encantaciones.

El calvario que supuso el género sinfónico para Sergei Rachmaninov (1873-1943) se explica muy bien en las notas de López Estelche, y la Sinfonía nº 1 en re menor, op. 13 (1895) el mejor ejemplo. No es de las más programadas, es poco agradecida de escuchar, y supongo que de interpretar, pese a tener una estructura clásica de orquestación poderosa, con melodías que pueden hacerse eternas si además falta implicación y claridad para sacar a flote la complejidad, por lo que el sopor y calvario se hacen contagiosos. Rossen Milanov no convenció en el Grave-Allegro ma non troppo, la flacidez del gesto parece transmitir cansancio y así no hay forma de paladear los juegos entre clarinete y cuerda partiendo de ese motivo con tres notas cromáticas que estará presente en toda la obra pero sonando siempre distinto. La OSPA está en un momento ideal de entendimiento, cada sección suena empastada, sin fisuras, pero falta seguridad desde el podio, hacer música juntos y más allá de las dinámicas, que siempre han sido amplias y delicadas. Este primer movimiento no tuvo claros los motivos unificadores ni la intención, tampoco el paso del lento al rápido además indicado como “no demasiado”. La plantilla es perfecta para jugar con los planos y ver crecer este arranque de sinfonía que tiene tutti grandiosos que se quedaron cortos, esta vez una continencia nada deseada, puede que por inseguridad. El Allegro animato pareció algo más claro en su exposición aunque sin “carnaza”, de nuevo sin impulso a pesar de una cuerda hiriente como este primerizo Rachmaninov la quiere, de graves reforzados, con los metales seguros protagonistas y la madera con unas pinceladas luminosas, siempre acertadas, el “toque ruso” del que la orquesta tiene para regalar pero que el cocinero búlgaro parece obviar en busca de una expresividad que sale sola. El Larghetto me resultó soporífero, la obra se cayó literalmente y solo el Allegro con fuoco pareció despertarnos un poco a todos, por fin la batuta emergió contagiando seguridad y frescura, el fuego apareció con el ritmo vibrante, el toque de percusión y trompetas, el cuarteto de trompas empastado, la cuerda punzante, pero ya estaba todo quemado. Lo del séptimo de abono ha sido realmente una pena y un dolor porque hay producto o equipo para triunfar.

El próximo miércoles volveremos con un programa elegido por el público, y en marzo estaré apoyando en el Euskalduna a nuestra orquesta en dura “competición” con otras formaciones españolas para una “maratón musical” que tendrá de protagonistas a Schubert, Mendelssohn, Wagner y R. Strauss, esperando que el nivel interpretativo se ajuste a lo que de ella se espera.

Dejo finalmente las dos entrevistas para la prensa regional de Daniel Sánchez Velasco, que volvía a casa pero desde el patio de butacas como compositor, deseándole lo mejor en esta etapa y que su música llegue lo más lejos posible sin mucha espera…

Prometedores debutantes

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Miércoles 17 de febrero, 20:00 horas. Oviedo, Conciertos del Auditorio: Edgar Moreau (violonchelo), Oviedo Filarmonía, Tung-Chieh Chuang (director). Obras de J. Fernández Guerra, Shostakovich y Tchaikovsky.
Noche de debuts y estrenos con un verdadero examen para el director taiwanés Tung-Chieh Chuang que se enfrentó a tres obras muy distintas como son una primicia, un dificilísimo concierto con solista y una sinfonía histórica, superando con sobresaliente la prueba, dominando tanto las obras como a la formación local que igualmente es una todo-terreno en cualquier repertorio y estilo, sabiendo amoldarse a las distintas batutas que se han puesto al frente, aprendiendo de casi todas, esta vez equilibrando los planos para compensar una cuerda que sigue siendo algo escasa pero que con maestría y esfuerzo logran hacernos olvidarlo, precisamente por una contención y búsqueda del sonido de una sección de viento realmente “domada” por el ganador del último Concurso Malko de dirección en la capital danesa, lo que le supondrá una verdadera gira con orquestas de prestigio, siendo el arranque este miércoles dentro de los conciertos del auditorio asturiano.

La propia Oviedo Filarmonía sigue con su política de encargar obras para engrosar sus estrenos, y esta vez correspondió al compositor madrileño Jorge Fernández Guerra (1952) y su Calle 1061, explicada perfectamente por él mismo en las notas al programa, inspirado en el Concierto para dosclaves y continuo, BWV 1061:

“… Yo, entonces, era un ferviente consumidor
de fugas, pero esta no es superior a cualquiera de las más grandes de
los últimos años (El arte de la fuga, Ofrenda musical, etc.)…. En esas fechas era adepto de las
orquestaciones de Bach realizadas por Webern, Schoenberg, Stravinsky o Busoni.
Y “orquesté” esa fuga con un secuenciador electrónico de esos años, con
sonidos lamentables pero que me daban los planos que escuchaba. El secuenciador
terminó saliendo de mi vida, así como una grabación casera en casete
que perdí en alguna de tantas mudanzas.
Pero la fuga seguía en mi cabeza y solo en ella. La oportunidad de hacer con
ella un proyecto orquestal que acabara con esta fijación vino con este encargo
para Oviedo Filarmonía.
Calle 1061 consta de dos partes, la primera recoge momentos del segundo movimiento
del Concierto de Bach, con algunas licencias y una especie de tratamiento
casi narrativo. Es siempre Bach pero “glosado”. La segunda parte es la
fuga del tercer movimiento, y aquí suena entera (no se puede bromear con una
fuga de Bach), pero tratada orquestalmente siguiendo ese lema: “así es como yo
la oigo”, que Anton Webern empleó para explicar su orquestación del Ricercare a Seis de la Ofrenda Musical. No es el mismo resultado, yo no soy Webern, pero
me he reconciliado con un episodio de mi pasado y, al mismo tiempo, ofrezco
una obra de muy buena música, no en vano es de Bach”
.

Obra amable de escuchar porque “Mein Gott” soporta lecturas desde todos los estilos y tímbricas, y Fernández Guerra opta por una cercanía nada actual donde prima el buen gusto orquestal con el color que dan la marimba y el arpa junto a una cuerda sedosa y unos vientos por momentos organísticos en cuanto a presencia. Cierto que la fuga no está desarrollada académicamente sino desde la óptica del compositor, bebiendo de distintas fuentes y profesores, con una “visión de las transformaciones que la música de creación precisaba acometer en el cambio de siglo” (como figura en su propia biografía); el maestro Chuang sacó de la partitura no ya los motivos bachianos sino la paleta elegida por el madrileño, con quien supongo intercambiaría impresiones en los ensayos, y que subió a recibir los aplausos de un público agradecido, en general predispuesto a estrenos en esta línea compositiva.

El Concierto para violonchelo nº 1 en mi bemol mayor, op. 107 de Shostakovich es como casi todo el catálogo del gran compositor ruso, una verdadera montaña de emociones plagada de diabluras para todos los intérpretes con momentos de aparente remanso, exigente para el solista, esta vez Edgar Moreau, un prodigio de cellista francés con un “David Tecchler de 1711” sonando por momentos aterciopelado y nunca “gimiente”, excelentemente concertado por un Chuang de nuevo explorando planos y presencias, con tiempos pactados con el solista desde el Allegretto inicial fácil de degustar cada intervención solista o del tutti, contagiando el aire festivo y veloz, con una trompa cual segundo solista, aunque técnicamente en otra categoría, un extenso Moderato realmente sentido por todos, atención y escucha mutua, dramatismo y sonoridades excelentes tanto en los armónicos de Moreau como el ambiente de la celesta en los dedos del virtuoso Bezrodny, la Cadenza del solista de musicalidad y sonido preciosista, con fraseos limpios y presencia, musicalidad madura tal vez bien encauzada por sus maestros pero ya totalmente interiorizada pese a la juventud, y el Allegro con moto vibrante, espectacular, los sentimientos personales de Don Dmitri llevados al pentagrama en una obra referente de Rostropovich a quien fue dedicado, con Moreau asombrando y contagiando empuje. Una excelente interpretación de todos.
La propina solo podía ser Bach como hiciese en el homenaje a las víctimas de París, esta vez la “Sarabande” de la Suite nº 3, poderosa, desgarradora y cerrando círculo de esta primera parte, inspiración y fuente. Este enfant terrible nos dará muchas alegrías y habrá que seguirle la pista.

Aunque pueda parecer reiterativo siempre digo que “no hay quinta mala”, y además la tenemos fresca de hace dos meses con la OSPA, y me refiero a la impresionante Sinfonía nº 5 en mi menor, op. 64 (Tchaikovsky). La orquesta ovetense no tiene la plantilla de la asturiana, y en estas maravillas sinfónicas se nota, pero el trabajo del director taiwanés es digno de destacarlo, como lo fue en la primera parte. Dominando la obra de memoria pudo mantener el tipo y alcanzar de la OFil lo mejor de cada sección, de sus solistas y sobre todo del conjunto, amoldándose fielmente a todas las indicaciones del maestro Chuang que brindó una quinta sobresaliente desde el Andante previo al Allegro con anima. Seguridad, aplomo, gestos claros y precisos, una mano izquierda prodigiosa para mantener los volúmenes en su sitio con una respuesta ideal por parte de la orquesta. El famosísimo Andante cantabile – Andante maestoso resultó melódico a más no poder, con un sentido del “rubato” impecable, reguladores de total expresividad bien logrados por un viento muy empastado desde un sonido suave sin perder color, no ya el conocido solo de trompa sino las distintas contestaciones de la madera o toda la cuerda. El Valse: Allegro moderato con patrioso parecía arrancar cojo y binario pero solo la primera apariencia porque el inestable equilibrio sirvió para la personal lectura de un taiwanés berlinés, el Tchaikovski de los ballets como recordando un foso en el que la OFil tiene su “sede” y el Auditorio lo visita como si de otra orquesta invitada al ciclo se tratase, tiempos no forzados para disfrutar todas las notas y hasta bailarlas sin traspiés. Lo mejor ese inigualable último movimiento, donde cada repetición del tema es distinta y subrayó claramente Tung-Chieh Chuang, sucesión de tiempos y presencias, la entrega de los músicos a una partitura que no nos cansamos de escuchar, Andante maestoso – Presto furioso – Allegro maestoso – Allegro vivace- Allegro con anima, cada el aire calificativo haciéndose sustantivo y sustancioso, uniendo en esta quinta sinfonía “el amor y el dolor extremos” como el propio director comentaba en La Nueva España, contención y explosión.

Meditaciones vallisoletanas

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Sábado 13 de febrero, 20:00 horas. Museo Nacional de Escultura, Colegio de San Gregorio, Valladolid. Ciclo “Nada temas, dice ella”. Diego Fernández Magdaleno (piano), Meditaciones. Obras de Fenton, Sardà, J. Alain, Kurtág, Joaquín Díaz, S. Bainbridge, Lully, H. Skempton, Benet Casablancas, Cruz de CastroFederico OlmedaTeresa Catalán, Francisco García Álvarez, C. Halfter, Marais, A. Grèbol y Edward Ivory. Entrada: 10 €.

Entrar en la capilla del Colegio de San Gregorio impacta por cierta austeridad unida a la comodidad de unas sillas confortables y una calefacción radiante, espacio ideal para asistir a un concierto, donde el piano, flanqueado por los primeros Duques de Lerma como magníficos orantes de Pompeo Leoni llamaban a una primera meditación de la fría tarde de sábado en Pucela.

Con el programa en la mano impresionaba ver nada menos que veinte obras de compositores variados, casi todos actuales, organizados en cuatro meditaciones, un verdadero alarde de originalidad en la composición de cada bloque con el nexo de György Kurtág (1926) en todos ellos y pinceladas históricas intercaladas entre los actuales, como notándose la faceta docente del maestro Diego Fernández Magdaleno (1971) que es capaz de preparar conciertos siempre únicos y muy trabajados en el marco ideal, como el reciente del Instituto Cervantes de París, esta vez con unas músicas para meditar no ya sobre Santa Teresa sino sobre nuestra historia, también la musical, incluso de la actualidad plegada a pie de calle.
Porque el pianista riosecano, Premio Nacional de Música 2010, un humanista de nuestro tiempo, escritor y músico, hila siempre fino y sabe engarzar verdaderas perlas buscando ofrecer momentos para meditar, un embajador de nuestros compositores vivos, equiparándolos con los eternos y los olvidados, igualando en la música categorías vanales de prioridades o gustos para defender partituras con un dominio y expresión como sólo Diego Fernández Magdaleno es capaz de interpretar. Incluso el nexo Kurtàg cuyos 90 años podemos comenzar a celebrar toda esta temporada, esperando siga regalándonos obras como las escuchadas este sábado.

“Meditación I” uniendo ingredientes aparentemente incompatibles pero cocinados en el orden perfecto para este primer pensamiento de atemporalidad, comenzando con un Veni Sancte Spiritus espiritual de George Fenton (1950), seguido por Amor y humor de Albert Sardà (1943), donde la fuerza de los sentimientos toma forma en una ejecución impactante estrenada por el propio painista vallisoletano, un breve respiro “organístico” con El niño Jesús va a la escuela de Jehan Alain (1911-1940), recuerdo infantil sobre el teclado de alguien todavía cercano desde la lejanía, el toque breve y profundo de Somos flores… (1b) de Kurtág que daaría para un tratado sobre la expresividad máxima con recursos mínimos, y la tierra común de Joaquín Díaz (1947), La rosa enflorece cual deseo de olvidar distancias cronológicas, incluso religiosas, y convertir la música atemporal en ideario vital.
“Meditación II” con aumento de tensiones y reflexiones interiores, desde las Campanas de Simons Bainbridge (1952) que resonaron pianísticas en la capilla, el recuerdo francés de J. B. Lully (1632-1687) con una Zarabanda (en transcripción de Marie Bertin) llena de sonoridades violagambistas en un piano universal que se pliega a los lenguajes sin acentos, el Versetto: Temtavit Deus Abraham breve Kurtág porque no puede condensarse más en menos, nueva Reflection 2 esta vez de Howard Skempton (1947) y el admirado Benet Casablancas (1956) Come un recitativo, compositor unido al intérprete como todos los españoles de nuestro tiempo que Diego recrea y engrandece en este segundo bloque.

“Meditación III” de la amistad y el trabajo, obras de la vida y rescate del olvido, Carlos Cruz de Castro (1941) con el Preludio IV, un Andante religioso de Federico Olmeda (1865-1909) inmenso, necesario de interpretar en un espacio desacralizado devolviéndonos autores “ninguneados” con obras capaces de firmarlas sus compañeros de Olimpo, este músico presbítero de Burgo de Osma, folklorista burgalés recuperado por el zamorano Joaquín Díaz de la primera meditación, y recreado por el pianista de Medina de Rioseco, la música de Castilla al piano; el Tiento de tantos tonos (2011) donde Teresa Catalán (1951) juega con la tecla del siglo de oro para traerla a la era digital con los mismos mimbres de antaño pasados por la óptica abierta de los compositores a los que Diego da voz, se entrega, engrandece con mimo por el sonido, matices inconmensurables y profunda reflexión con el punto de inflexión Kurtág Somos flores… (2) antes de Partiré en silencio del cántabro Francisco García Álvarez (1959), interesantísima partitura donde la evolución e involución se dan la mano, lenguaje abstracto que lleva a la pura melodía coral antes del terrible conflicto interior de una partida silenciosa hecha música cercana incomprensible solamente para los inmovilistas de espíritu, de nuevo (re)creado por un Diego Fernández Magdaleno irrepetible.
“Meditación IV” de los grandes, el culmen del concierto donde todo parece encajar del papel al piano, lo antiguo y lo nuevo, padres e hijos, atemporales e imperecederos, herencias actuales y sueños eternos, Cristóbal Halfter (1930) Contando una historia, Kurtág … flores… también las estrellas iluminando el retablo y la capilla renacentista, Marin Marais (1656-1728) La soñadora, Savall en el subconsciente colectivo de intérprete y público, hasta en el título buscado, Armand Grèbol (1958) Fantasía, compositor diría que fetiche para Fernández Magdaleno por las sinergias entre ambos, y Edward Ivory (1985) Resonancia (J. S. Bach, Quédate con nosotros Señor), la paleta de las teclas y el cuadro bachiano leído desde la juventud de un estreno cercano por el propio Diego, crisol y tamiz en el universos de las 88 teclas con un piano que sonó siempre poderoso  (pese al tamaño) e íntimo, conjunción ideal para entorno y título de un concierto irrepetible con el magisterio de Fernández Magdaleno.

Foto © Diego Fernández Magdaleno

Todavía hubo tiempo de escuchar de nuevo a Skempton Extremely quietly en un cuatro por ocho que hizo sonar las piedras.

Con Mozart hasta Júpiter

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Jueves 11 de febrero, 20:00 horas. Oviedo, Conciertos del Auditorio: Martin Fröst (clarinete), Orquesta de Cámara Sueca, Thomas Dausgaard (director). Obras de Mozart.

Hace tres años titulaba “Placeres suecos” la anterior visita de esta formación con un director danés que siempre impacta por su sencillez y eficacia. Dausgaard sabe cómo conducir esta orquesta con gestos mínimos llenos de sabiduría, dejando que la música fluya de sus músicos y simplemente “recordando” lo trabajado en los ensayos, un gesto de cabeza, un toque de hombro con los brazos pegados al cuerpo, no necesita marcar entradas o compases, tan solo las entradas, los matices siempre increíbles en este pedazo de orquesta (lo de cámara solamente por el número, porque suena grande) y unos rubati en su sitio fruto de muchas horas de trabajo previo. Si la “velada Mozart” fue impresionante, las propinas de un Brahms que están grabando, tres danzas húngaras en arreglos asombrosos por lo frescos y adaptados a la formación, sumando una calidad grupal nórdica por disciplina y sonoridades, hacen lógico que al salir del concierto nos fuésemos no hasta Júpiter sino hasta otra galaxia, recordando que los buenos momentos se mantienen y aumentan en días como hoy, donde el aforo estuvo casi al completo con un público juvenil venido de varios puntos de España ante la presencia de un astro del clarinete como Martin Fröst. Pero esto lo dejo para después.

Antes del concierto charlaba con otros melómanos sobre la moda de llevar los tiempos casi a los extremos, como olvidando las indicaciones (aunque sean eso) o buscando impactar con velocidades supersónicas para demostrar la técnica asombrosa (por otra parte necesaria) de orquesta sinfónicas. La Sinfonía nº 39 en mi bemol mayor, K. 543 sonó impecable precisamente por ajustar cada movimiento a lo indicado, con ese Mozart siempre traicionero por la aparente y engañosa sencillez, partituras de una madurez y lenguaje inimitable a partir de una evolución lógica desde “papá Haydn”. Y es que el Adagio. Allegro sonó operístico en su arranque, cargado de dramatismos plasmados en los contrastes dinámicos y agógicos que la orquesta sueca con el danés Dausgaard al frente parece entender a la perfección. Cada sección en su plano sonoro, presente cuando debe sin perder unidad, una cuerda camerística aunque de amplísima gama de matices, unos vientos ajustados y de sonido bello (con trompetas naturales) más los timbales antiguos, secos y presentes marcando el inicio y asegurando el fluir sin enturbiar un caudal de notas donde no falta ni sobra ninguna (como parece le dijo Mozart al Emperador José II). El Andante con moto mantuvo la fidelidad desde la sencillez, con mucho sin ser pesante ni lento, expresivo a más no poder y degustando cada tema. Del rítmico Menuetto e Trio den aires austriacos una nueva lección de conducción desde el podio, con unos clarinetes ensamblados como si de uno solo en cuanto al color conseguido con melodía y acompañamiento en inspiradísimo entendimiento bien arropado por el resto. Para rematar una interpretación fabulosa el Finale con los violines limpios entrando casi por sorpresa (lástima parte del público que espera cada “entretiempo” para toser por inercia) aunque el maestro danés controla todo sin aparentar mando (ahí reside su magisterio), saboreando ese contrapunto enérgico, presente, clásico en transición hacia la atmósfera pre-romántica y con la Coda rematando la primera sinfonía de la trilogía final mozartiana.

El Concierto para clarinete en la mayor, K. 622 (1791), único compuesto para este instrumento por Mozart en el final de sus días, ¡lástima se muriese en plenitud!, traía en gira al mejor solista de la actualidad (con permiso de Sabine Meyer) que movilizó jóvenes, estudiantes, profesionales y melómanos venidos de nuestra amplia geografía. Martin Fröst con su “clarinete di bassetto” (más grave y afinado en La que utilizará a dúo en su Requiem) dio una lección magistral de musicalidad con una técnica inalcanzable para muchos desde un sonido único en todos los registros, graves poderosos, agudos nada hirientes, fraseos de voz humana y unos pianissimi mágicos al igual que la orquesta sueca, cortando el silencio y donde los silencios ayudan a reforzar los claroscuros mozartianos, inspirado a su vez en el “corno di bassetto” (como un clarinete contralto en fa o sol) cuyo sonido parece subyugó a Mozart. No es de extrañar cómo escribió para este clarinete al utilizar todos los recursos y características técnicas junto a un poder expresivo que cautivará las instrumentaciones del genio. El Allegreto parece un aria de ópera por fraseo y acompañamiento, las intervenciones de Fröst eran de una tesitura espacial donde la voz no llega, pero el Adagio resultó celestial (siempre “Memorias de África”), un aire eternamente lírico, “mágica” con un dúo de clarinete y flauta operísticas a más no poder, acompañando al clarinete igualmente mágico del virtuoso. Sin dejar de flotar el Rondó Allegro fueron fuegos artificiales cargados de adrenalina musical, brillante, vital, perfecto diálogo entre solista y orquesta con Dausgaard y Fröst en sintonía perfecta, clarinete que suena a cuerda en un catálogo tímbrico envidiable por escritura y ejecución, joyas que adornarán los recuerdos de todos los presentes.

El público cautivado terminó de rendirse ante la propina de unas improvisaciones sobre melodías “klezmer” de Göran Fröst que arrancaron a solo (“Let’s be happy”) conjugando habla y sonido en un clarinete actual al que se  suma la orquesta, tradición hebrea donde Fröst contó de nuevo con sus paisanos suecos igualmente inspirados, sonoridades punzantes, ritmo frenético desde un dominio del “rubato” de Dausgaard y su orquesta para realzar más si cabe el virtuosismo del sueco.

Al descanso se vendieron todos los discos que pacientemente firmó ante un ambiente que me alegró al comprobar las pasiones juveniles que un músico de la talla del sueco alcanza.
Mozart en formación de cámara con dos conciertos del Auditorio seguidos y nunca cansa. Ante la calidad de la Orquesta de Cámara de Suecia ya auguraba que la Sinfonía nº 41 en do mayor, K. 551 “Júpiter” (1788) iba a resultar irrepetible, y no defraudó un Dausgaard sencillo en apariencia como la música del genio salzburgués, sobrenombre de planeta debido a Johann Peter Salomon como bien recuerda Gloria A. Rodríguez en las notas al programa, sinfonía galáctica en la tonalidad ceremonial por antonomasia y cierre de la trilogía que arrancaba en la primera parte, de plantilla similar aunque sean los oboes quienes reemplacen los clarinetes, pero la misma sonoridad cristalina de la nº 39, el mismo respeto por los tiempos, unos matices ricos por los extremos, increíbles los pianissimi y sin estruendos los forte, empaste y equilibrio clásico en una de las sinfonías más emblemáticas.

El Allegro vivace trajo toda la gama de claroscuros desde las pinceladas de Thomas Dausgaard, con esas melodías operísticas que parecen siempre conocidas aunque distintas (salvo el tercer tema Un bacio di mano) con una orquesta aterciopelada y punzante, la engañosa simplicidad del genio. El Andante catabili vuelve a rezumar aires de escena bien delineados por los guiños corporales del director XXX, elegante como el Menuetto Allegreto cuyo trío en los vientos confirmó calidades y musicalidad a raudales. Del Finale: molto allegro otra lección interpretativa, ajustada en el aire exacto para no perder nada del lenguaje contrapuntístico, verdadera filigrana orquestal con el inconfundible sello mozartiano, energía y claridad desde unos suecos nada fríos con un danés al frente.

La vorágine y gratitud se hizo música con tres propinas de Brahms que sonó cálido, cercano, en arreglos para la plantilla (esta vez al completo y con trompetas de llaves) dando otro acento nórdico a las danzas húngaras (la nº 6 , la nº 7 la siempre cinematográfica Danza nº 5) que demostraron ductilidad en la interpretación llevada por un Dausgaard magistral.

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