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Un acierto de desconcierto

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Miércoles 30 de mayo, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Concierto 103, clausura temporada 17-18 de la Sociedad Filarmónica de GijónDesconcierto para piano y voz: Rocío Márquez (cantaora), Rosa Torres Pardo (piano), Luis García Montero (recitador). Obras de Granados, Falla, Turina, Albéniz, García Lorca y García Montero.

Triángulos mágicos de cante, poesía y música, Huelva, Granada y Madrid, la perfección de la forma, geometría pura y Arte con mayúsculas. Con cierto desconcierto para un público que llenaba el teatro del Paseo de Begoña en una tarde desapacible abierta no solo a los socios de la centenaria sociedad, donde el concierto rodaría como la rueda poética. Desconcierto de un programa donde los tres bloques sin descanso estaban enlazados, los García (Lorca y Montero) sumaban Torres mientras Rocío rimaba con quejío. Aplausos contenidos cual respiraciones entrecortadas, ímpetu escénico con susurros del alma rotos por otros fuegos escritos que no queman, iluminan.
Rosa Torres Pardo (Madrid, 1960), el talento del piano desde el centro de la piel de toro, la musicalidad plena, el sentimiento hispano femenino y universal capaz de enlazar Granados y Falla, hilarlo con Albéniz en un sinfín armónico, seguir con la orgía de Turina y ambientar los poemas granadinos bien elegidos, elegías y saetas de siempre, hacer del piano poesía para conjugar en plural el texto ajeno invitado al rincón íntimo y sumarle pitos y palmas sordas con un flamenco de sangre y oro.

Rocío Márquez Limón (Huelva, 1985) es pasión y océano, pulsión e ímpetu con una voz inimitable, personal, única, escena y sentimiento, afinación clásica para el cante jondo en el que los músicos españoles de este concierto bebieron, poniendo el flamenco como un lied único que enamora, con un piano cercano cual guitarra pero poderosamente armado por nuestros grandes, inspiración de un pueblo al fin culto, ganado por la sabiduría de la música que llamamos pellizco, duende, magia, neblina u orpín.

Luis García Montero (Granada, 1958) artesano de palabras, poeta andaluz de ahora, prestidigitador lírico capaz de armar este triángulo con momentos solitarios tumultuosamente compartidos en primera persona. “Antes del concierto está el desconcierto, la necesidad de ponerse de acuerdo, de buscar un sentido, de que tu cinco y mi cuatro midan lo mismo“, nuestro tres en Gijón acertado y multiplicado por esperanza.

Puntualidad británica en el inicio, pianista intentando asentar rezagados con un arpegio, el poeta arrancando “Sabe el mundo vivir en unas manos” junto a esa grandiosa poesía vestida de Granados, cantada goyesca andaluza enlazando partituras y cante, fandangos de concierto y acento onubense, barrio de “Lavapiés” madrileño acogiendo andaluces en altas Torres, majos sin mantilla, guitarras de teclas y palabras desde el vientre que da vida.
Lorca y Poesía para ensamblar “Lorquiana” donde Albéniz en el piano de Rosa Torres Pardo es para regodearse, el Tango gaditano de poniente con la Almería del levante, García Montero poniendo la imagen del verso que habitó entre nosotros, Iberia y “Las palmeras navegan y nadan en el viento“, el estrecho de puertas abiertas como la onubense, canciones del norte y el sur en feliz convivencia, una sefardí anónima unidas a las “Canciones populares antiguas” del Lorca pianista con La Argentinita además de poeta, enamorado de Iberia, sentidas por estos artistas. Increíble el pupurri enlazando El Vito, Zorongo, Jota (de Falla), La tarara y Las tres hojas que en Asturias sentimos llegar por la Ruta de la Plata embaladas con un piano volador sobre el que cabalga la voz plateada en la “Huerta de San Vicente” de García Montero encontrando la ciudad buscada igual que la palabra.

Momentos mágicos de Albéniz y FallaEl Corpus Christi en Sevilla de saeta, pitos y palmas sordas con el arrebato pianístico, después la calma de arrullo, la Nana, placentera y murmurada como mecida por el mismo viento de Montero.
El amor brujo del Falla que embruja, dolores de Rocío con fuegos rituales y fatuos bien atizados por Pardo, Fandango Montero y Cantares de Turina con los barrios de Huelva entre dos patrias de una misma piel bravía. Si hace años “La Jurado” encendió a Saura y guardo el CD como una joya sinfónica entendiendo al gaditano como nadie, en este siglo XXI una Rocío onubense, “La Márquez” con Rosa son el Falla racial universal desde un canto que no rompe, desgarra con el piano candente, elementos de la naturaleza vividos en una concepción que saliendo del Moguer de Juan Ramón Jiménez vuelve a unir mundos en este mestizaje que mejora la raza musical y la propia vida. “El dogmatismo de las ideasexplicando Luis la prisa con pies de plomo, aplomo sin prisas de Falla para las damas.

Un trabajo conjunto donde Rosa Torres Pardo atesora el vagaje suficiente y la musicalidad en cada poro que le permite solear, solapar temas que fluyen como uno solo, modular con total naturalidad sin perder unidad (de ahí cierta sorpresa en unos aplausos que tras la Danza del fuego parecieron romper la complicidad, las entradas y salidas de la cantaora), adornar la poesía en primera persona con el acento granadino de García Montero y el timbre grave de dicción rotunda, para felizmente acompañar un cante íntimo, sentido por Rocío, casi imposible otro nombre de mujer en Huelva, fresco de la mañana y también Su Señora de Almonte, Márquez de apellido poético sin García, que lo pusieron Lorca y Montero, con un decir de clásica como un palo flamenco sin necesidad de desgarro, solo el vertido por las letras goyescas, populares y universales. Un verdadero espectáculo que lleva mucho recorrido y el ensamblaje resultó perfecto.

Concierto tras el desconcierto, “tu cinco y mi cuatro” reducidos a nuestro tres con par femenino para Volver, melodía de tango, imagen manchega de Almodóvar pero Puro Arte fusionando Rosa y Rocío, Torres con Márquez, mano a mano taurino incluso jugando con propios y artistas sobre la escena, Rocío Torres Montero clausurando con este cartel una temporada filarmónica gijonesa que ha apostado fuerte desde la renovada directiva buscando ampliar públicos, sumándose el Teatro Jovellanos que con este espectáculo “triangular” hace feliz a tantos omnívoros musicales como el que suscribe.

Herencia soviética

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Lunes 28 de mayo, 20:00 horas. Oviedo, Conciertos del AuditorioMischa Maisky (violonchelo), Orquesta Sinfónica Estatal de Lituania, GintarasRinkevičius (director). Obras de Respighi, Chaikovski y Bruckner.

Crítica para La Nueva España del miércoles 30, con los añadidos de links, fotos propias y tipografía:

Entre las vecinas Lituania y Letonia se organizó esta gira europea con parada en Oviedo, “La Viena del Norte”, la orquesta estatal fundada juvenil por Gintaras Rinkevičius (Vievis, 1960) para ir creciendo juntos en la capital Vilna, y el letón Mischa Maisky (Riga, 1948), verdadera figura mediática del cello bien apoyada por “el sello amarillo” y presumiendo haber sido alumno de Rostropóvich, con una primera parte preparada a la medida de este “santón” mimetizado con su cello de sonido increíble y procedencia desconocida para los mortales.

El Adagio con variaciones de Respighi lo tiene Maisky entre sus obras preferidas antes incluso de peinar canas, ideal en duración y protagonismo, de principio a fin, carácter melódico bien arropado por la orquesta lituana y su titular siempre atento al solista que era quien realmente mandaba, brillando con la claridad y brillantez aunque algo falta de intensidad de la partitura del compositor italiano, destacando la bellísima réplica del corno inglés.

Es imposible explicar cómo es la sonoridad rusa pero quienes hayan escuchado orquestas de la antigua URSS me entenderán. Las Variaciones rococó de Chaikovski sirven de ejemplo, desde el cello de Maisky al que el tiempo da rotundez y quita limpieza, hasta los lituanos en plantilla equilibrada para acompañar al letón con la cuerda empastada, sedosa, tensa y unida, de presencia uniforme, sumando una madera impecable y una trompa solista perfecta para no empañar la exposición de ese tema que tiene algo de británico con la melodía orquestada con la marca inimitable del compositor ruso. Estos mimbres armaron una interpretación puramente soviética en cada una de las siete variaciones, luciéndose todos, Maisky y Rinkevičius con sus pupilos, nombres de jugadores de baloncesto, poseedores de una técnica impoluta pero algo fríos, faltos de unas emociones que no se estudian, con detalles más que visión global. Probablemente las partes solas de Maisky fuesen las pinceladas sinceras de una velada más cercana al grabado que al óleo, aunque las líneas siempre estuviesen claras independientemente del grosor, y la exactitud en los cambios de ritmo digna de admiración.

El regalo tenía que ser también de Chaikovski tras las algo frías variaciones, y nada mejor que el aria de Lensky (de Eugene Onegin) cambiando tenor por cello de Misha, lo más cercano a la voz humana nuevamente revestida a medida por la sinfónica estatal lituana con Gintaras al frente en complicidad muy preparada.

Plantilla esperada en los antiguos soviéticos bálticos más que suficiente para la Sinfonía “Romántica” de Bruckner, su cuarta revisada varias veces (como el Chaikoski de las variaciones), número de catálogo WAB 104 y la única con subtítulo puesto por el propio compositor austriaco que jamás encontraba el resultado deseado, un auténtico “loco revisionista” nunca contento con sus obras sinfónicas. Cuatro movimientos inmensos e intensos de inspiración medieval, casi operística que hoy entenderíamos mejor desde el cine en blanco y negro, como los grabados de la primera parte. El primer movimiento se hizo eterno pese a los matices y dinámicas; el segundo Andante un placer en la cuerda siempre disciplinada, uniforme y presente; el Scherzo tercero una caza sin recompensa con buen protagonismo de los bronces, lo mejor y más romántico de esta cuarta; para el último Finale retomaron sombras y oscuridades con destellos de emociones trazadas con cierta contención en ese inmenso “tutti” orquestal conclusivo por el director fundador de esta sinfónica lituana que tiene calidad en todas sus secciones, con solistas acertados, amplia gama dinámica pero todo bajo el férreo control de Rinkevičius. Personalmente esperaba más pasión y menos contención sin negarles el respeto a la partitura (versión 1880), impecables los metales de sonido organístico brillando como los dibujos a tinta china cuyas sombras a base de finas líneas muy pegadas dan volumen sin color, aunque la riqueza de los grises tenga su propia dificultad. Romanticismo bruckneriano con cuerda brahmsiana para una cuarta bien cargada aunque descafeinada.

El regalo sorpresa tras dos horas largas, con prisas de despertador en parte del público, Libertango de Astor Piazzolla en arreglo sinfónico de tintes armenios para sacar a los percusionistas que no actuaron y reafirmar el virtuosismo orquestal (no entendí el acelerando enloquecido) que coloreó la bella fotografía original en blanco y negro del barrio de Boca para convertirla en Klaipeda, la ciudad portuaria de una Lituania europea pero todavía con herencia soviética, al menos en lo que a música se refiere. Con ella seguiremos para clausurar estos Conciertos del Auditorio el miércoles 13 de junio con la violinista georgiana Lisa Batiashvili y la Chamber Orchestra europea dirigidos por el franco-canadiense Yannick Nézet-Séguin.

Una castalia del siglo XIX al XXI

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Comenzaba este martes 29 de mayo en el RIDEA el I Ciclo de conferencias “Escenas musicales entre los siglos XIX y XX” que coordina la doctora y miembro correspondiente María Sanhuesa, haciendo de maestra de ceremonias para prologar y presentar a Begoña García-Tamargo, quien nos hablaría de “La sociedad La Castalia y su actividad musical en Oviedo (1875-1889)” precisamente un mes de mayo como efemérides de esta historia local que trasciende la capital asturiana.

Siempre es un placer conocer nuestra historia, más la cercana y mejor aún la musical, pues desconocerla puede llevarnos a repetir errores, si bien parece tozuda y hubo momentos en la conferencia que parecían reflejar una Vetusta clariniana totalmente de actualidad.

Con lenguaje cercano y bien documentada, la profesora García-Tamargo fue desgranando el origen de esta sociedad musical importantísima, un 16 de mayo de 1875 con ese nombre de La Castalia aunque también tendría el de Liceo como el griego, centro de enseñanza de esta asociación, y posteriormente Liceo Jovellanos, siempre con el afán de formar y entretener. Curiosas las distintas sedes de una sociedad formada por lo más granado de una sociedad culta además de rica puesto que el dinero también trajo prosperidad a las artes (el empresario belga de la metalurgia asentado en Oviedo Charles Joseph Bertrand Demanet como personaje y familia a recordar), siendo la música en la capital asturiana una seña de identidad desde aquellos teatros y circos de El Fontán o la calle Quintana como bien recordó la doctora Sanhuesa en la previa y amplió la profesora García-Tamargo con el deseo de otra castalia en pleno XXI conociendo la primigenia, con el mismo amor melómano por mantener una tradición que nos hace conocidos en todo el mundo solo con citar Oviedo.

Me encantó la elección de aquellos ilustrados del nombre de la musa Castalia, tanto en la mitología griega como romana, la hija del dios Aqueloo o mejor aún, la muchacha de Delfos que amaba Apolo, del que huye para zambullirse en esa fuente inspiradora para quienes bebían sus aguas o escuchaban su sonido. Adelantados aquellos jóvenes en esta inspiración que hasta el alemán Hermann Hesse también la retomará en 1943 para El juego de los abalorios donde Castalia es el hogar de una orden austera de intelectuales que pretende recoger y practicar lo mejor de todas las culturas, reuniéndolas en un juego de música y matemáticas que desarrolla las facultades humanas. Juventud preparada que deciden unir fuerzas, crear un coro además de la primera formación instrumental civil y promocionando la zarzuela y la música en general.

A lo largo de la conferencia de Begoña García-Tamargo, pudimos comprobar cómo 14 años de vida dieron para mucho, músicos de nuestra historia con Víctor Sáenz al frente de un sexteto de profesores amén de organista catedralicio y para muchos famoso por su almacén de instrumentos musicales y partituras funcionando hasta hace poco al lado de Camilo de Blas, aunque originalmente estaba en la calle Cimadevilla, negocio que no se entendería sin La Castalia, pero también nombres como Saturnino del Fresno o Baldomero Fernández, el mierense Teodoro Cuesta que además de poeta fue flautista y director de la Banda de Música del Hospicio (en el actual Hotel Reconquista), anécdotas y descubrimientos de trabajadores que serían tenores famosos como Lorenzo Abruñedo gracias a La Castalia, verdadero liceo que apostaba por estrenar zarzuelas antes incluso que las compañías profesionales. Zarzuelas de un acto, de dos y hasta de tres, con un inventario de representaciones que ya quisieran en pleno siglo XXI finalizando el XIX en un Oviedo de tantos cafés musicales, de teatros y circo, de distintas sedes de esta sociedad cultural melómana capaz de montar representaciones como el Stabat Mater de Rossini (causante de la crisis de Ana Ozores) junto a las zarzuelas de las grandes figuras del momento: Jugar con fuego (Barbieri), El Juramento (Gaztambide) o Marina (Arrieta) antes de hacerse ópera. Ya había dificultades económicas, se buscaban fusiones con otras sociedades, curioso el seguimiento de la prensa del momento, incesante actividad y los cimientos del primer Conservatorio y la Sociedad Filarmónica (1907), con un año 1885 dando los primeros avisos, luchando contra viento y marea ante la crisis de recursos así como los cambios laborales de muchos socios (el propio Víctor Sáenz Canel), un 5 diciembre de 1886 casi agonizante hasta la liquidación definitiva un 21 de mayo de 1889 (de nuevo mayo) con la subasta de bienes en buen estado y tantas partituras.

Lo sembrado por aquellos jóvenes intelectuales, las referencias de Clarín, de Melquíades Álvarez, de Fermín Canella, de la capital asturiana floreciente y culta, traería al poco de disolverse la sociedad, nada menos que la ópera Los Hugonotes de Meyerbeer para estrenar en 1892 un Teatro Campoamor que siglo y cuarto después sigue siendo capital lírica con la segunda temporada más antigua de España (solo superada por el Liceo, aunque las comparaciones sean odiosas y las diferencias abismales), y la Zarzuela defendida por La Castalia del XIX y del XXI, también tenga una temporada estable que ha cumplido sus bodas de plata, la única fuera de Madrid.

Sociedades privadas abiertas a su entorno con un terrorífico juego de palabras, sociedades privadas de ayudas que es privarnos de futuro, pues cuando lo público se desentiende, lo privado toma el relevo y hace negocio (Teatro de la Zarzuela VS Teatro Real), corroborando que la cultura no es un lujo sino un derecho, necesidad imperiosa de no dejar la cultura en manos de los privilegiados, inaccesible para el pueblo llano. La Castalia del siglo XXI lleva años luchando como aquella del XIX, apostando por nuestra zarzuela, por jóvenes valores a los que forma y encauza para una vida donde la lírica no puede faltar nunca. Gracias al RIDEA sobrevive La Castalia, lo que es de agradecer en tiempos de pobreza intelectual. El coloquio posterior daría para mucho, quedándome con la esperanza de cambiar este mundo inculto y violento, pidiendo tranquilidad ante la prisas o la impaciencia, malas consejeras. Sembrar para recoger porque no existe nada instantáneo en un campo como el educativo (también musical) que lleva tiempo, trabajo y mucho mimo siempre a pequeñas dosis. Pensemos que será la mejor herencia para las siguientes generaciones, esta Castalia que sigue plantando semillas y regando, haciendo crecer bien derechas unas ramas que no veremos hacerse árboles, ni siquiera bosques… pero el placer de la vida no nos lo quita nadie.

P.D.: Reseña de Elena Fdez. Pello en La Nueva España.

Ay! qué banda que perdemos la Banda

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Atónito ante las noticias que me encuentro en la prensa y las redes sociales (Facebook y Twitter), primero cabreo, más tarde desasosiego, finalmente triste además de sorprendido como melómano y especialmente mierense.
De nuevo cainitas y mediocres con afán de protagonismo, envidias y amiguismos mal entendidos ponen en peligro algo que ha costado muchos años de esfuerzo, con una gestión opaca que parece ser el último detonante, olvidando las ilusiones y sacrificios de los verdaderos artífices de un renacer deseado: los músicos (todos bienvenidos) y el director musical.

Curioso encontrarme críticas y algunos anónimos criticando el repertorio de nuestra banda, de la que llevo presumiendo varios años. Miopes y envidiosos incapaces de reconocer el nivel que estaba alcanzando la Banda de Música de Mieres, independientemente de la procedencia de unos músicos jóvenes, de conservatorio (¡qué placer y gratitud por su esfuerzo!) tachando con aldeanismo que no eran del pueblo como si se pidiese estar empadronado para tocar gratis y venirse a ensayar a la Casa de la Música, corriendo los gastos de sus bolsillos, amén de familias que han dejado dinero mientras ensayaban o actuaban en nuestra “hermosa Villa de Mieres”. Me enfada mirarse el ombligo, criticar sin conocimiento o buscando dañar y destruir en vez de remar para no volver a ahogarnos en la orilla, volver a pegar la patada a la lechera llena para lamentarse cínicamente esperando una huída que vuelva a dejar sillas vacías donde sentarse con un falso honor localista de dudosas intenciones.
Criticar es fácil, la coherencia imposible, pues dependiendo de la procedencia un mismo hecho resulta constructivo o destructivo:  fatal que una orquesta pida hablar catalán, cuando hay tantas nacionalidades distintas… qué mal una banda con gente que no es de Mieres, como si hubiese un “plus” para los no censados. Olvidan una vez más lo que supone hacer música, respeto, convivencia, sacrificio y sobre todo hablar el único lenguaje universal para construir un mundo más culto.
La Banda de Música de Mieres es heredera de aquella municipal, incluso ha sido objeto de una tesis a cargo del doctor en Musicología José Ramón Vidal, profesor mierense y percusionista de la misma (hoy ejerciendo por tierras castellanas), agrupación con músicos venidos de Liria, Zaragoza, Valencia, Moriles, Oviedo… empleados municipales “fichados para la Banda” y plenamente integrados en nuestro pueblo, todo un orgullo para la entonces pujante villa del Caudal pero que terminaría “como el rosario de la aurora”, reforzada con músicos militares para alargar artificialmente la vida de aquella agonizante banda en un Mieres igualmente de capa caída (y lo que aún vendría después).

La afición musical de algunos enamorados y componentes de aquella, también del pueblo como los siempre recordados que ya no están entre nosotros Ricardo Merediz, subdirector y fliscorno de la fenecida o Enrique Álvarez, empresario confitero, melómano y músico aficionado entre otros, junto a los todavía vivos Ramón del Llano, trompeta y trompa, o Fermín Álvarez Gil, clarinete, pusieron en pie la Asociación Mierense de Amigos de la Música (AMAM), retomando una formación con pocos mimbres pero mucha ilusión, con algunos veteranos que nunca guardaron sus instrumentos y unos “educandos” que se formarían en la nueva banda. Pasacalles y conciertos en fiestas puntuales que devolvieron la esperanza a mierenses de todas las edades, creciendo el número de socios que apoyaban una banda de nuevo llevando el nombre de la villa del Caudal por todo Asturias, siendo Llanes y el 8 de septiembre casi el termómetro de los avances anuales.

La llegada del maestro murciano Antonio Cánovas Moreno (Totana, 1979), saxofonista y profesor en el Conservatorio de Oviedo supuso el último empujón en cuanto a calidad y plantilla, rejuveneciendo además de afrontar repertorios de un nivel impensable hace 25 años sin olvidar “clásicos” pero apostando por obras actuales, algo que supone estar al día en la actualidad de las músicas para banda y muchas horas de estudio previo para poder ensayarlas cara a los conciertos. Cada vez más orgulloso comprobando el nivel de nuestra Banda (pasarse por su canal en YouTube© es una pequeña muestra), capaz de codearse en igualdad e incluso superioridad con otras hermanas e incluso compartir escenario de Champions en el Auditorio de Oviedo con su Banda, o ser invitada a Galdácano devolviendo visita y dejando bien alto el pabellón de Mieres, cuyo Ayuntamiento siempre ha apoyado.
Acabando mayo la directiva ha tomado unas decisiones que solo siembran dudas, nubarrones y el desconcierto de unos músicos que han escrito un comunicado que paso a reproducir, esperando que “los de siempre” den un paso atrás o directamente se vayan dejando el cargo para gente joven con ideas claras y sin afán de protagonismo. No es justo que el Maestro Cánovas tras el excelente trabajo realizado estos años se le pague con un despido y salida por la puerta de atrás, rápidamente sustituido en una maniobra un tanto oscura por no decir ominosa y ofensiva para cualquiera con sentido común.

COMUNICADO INFORMATIVO

 

En relación a todas las informaciones aparecidas este fin de semana en medios de comunicación y redes sociales queremos decir en nombre de todos los compañeros y compañeras de la banda que hemos llegado hasta aquí de la mano de nuestro director, Antonio Cánovas Moreno, y salvando las dificultades que existen por parte de la actual directiva de la asociación a la que pertenece nuestra banda, la Asociación Mierense de Amigos de la Música.
Los componentes de esta banda siempre soportamos con resignación la desidia de los actuales responsables. Como disfrutamos ensayando y actuando, eso nos compensa como músicos.
Los miembros de esta banda somos socios de la asociación, no cobramos y hacemos esto por nuestro amor a la música y la fidelidad hacia este colectivo.
Sin embargo, hace unos meses, la expulsión de un compañero, de una forma totalmente arbitraria, en contra de todas las opiniones despertó el malestar latente en la banda.
A partir de ese momento, como músicos de la banda y como socios, comenzamos a pedir explicaciones a la junta directiva, en privado y en la Asamblea General, sobre su gestión. La información que hemos conseguido es una absoluta falta de transparencia.
 Hoy, sentimos estupor ante la manera en la que se ha procedido a despedir al Director de esta Banda. 
Cuando llegamos al lugar habitual de ensayo como todos los sábados, nos enteramos superficialmente de que nos faltaba LA BATUTA.

 

ESTAMOS EN ABSOLUTO DESACUERDO Y QUEREMOS DEJARLO PATENTE. 
Y también decir que Antonio Cánovas ha llevado a nuestra banda a ser una de las mejores formaciones de Asturias.
 Con Antonio, crecimos en número y en calidad, ampliamos repertorio, llegamos a nuevos escenarios de gran importancia y participamos en proyectos muy ambiciosos con otras formaciones musicales.
 No entendemos los motivos. La junta directiva, de manera totalmente unilateral, como practica habitual, decidió cesarle sin más.
 Nosotros propusimos siempre el diálogo y siempre chocamos con la cerrazón, las malas maneras y su negativa. 
En esos intentos de tender puentes tenemos que decir públicamente que siempre contamos con el Ayuntamiento en la persona de su alcalde, Aníbal Vázquez, y especialmente en su concejal de Cultura, Juan Ponte, a los que agradecemos su interés y su labor de mediación.

Aún sigue tristemente siendo noticia en La Nueva España “Cuencas” (web para suscriptores), martes 29 de mayo:

Cuando la música fluye

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Viernes 25 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, “Orígenes III”, abono 13 OSPA, Vicente Mascarell (fagot), James Ross (director). Obras de Ligeti, Mozart y Brahms.

El decimotercer concierto de la temporada de abono de la OSPA tendría al fagot como protagonista, primero con la conferencia en la sala de cámara una hora antes a cargo de John Falcone, Una breve e interactiva historia del fagot siempre amena, simpática (¡no es un oboe!), incluso trayendo un bajón barroco y hasta un trozo de madera para explicar el origen de este instrumento único, ampliando la historia breve con vídeos curiosos de este neoyorkino afincado en Noreña y enamorado del instrumento para el que Mozart escribiría su único concierto, que escucharíamos más tarde por su compañero Vicente Mascarell.
El título “Orígenes III” supongo haga referencia al genio salzburgués sin el que la música no sería la misma, junto a sus acompañantes Ligeti y Brahms de quienes mi admirada doctora Mª Encina Cortizo nos deja unas excelentes notas en el nº 20 de la revista (abril-junio de 2018) que recoge la página de Facebook© de la orquesta y dejo enlazadas en los autores al inicio de esta entrada.

Otro “descubrimiento” el director y trompista bostoniano James Ross, amante de todo lo español, excepto las corridas de toros con el que la formación asturiana demostró empatía y comodidad en las tres obras, mimando la sección que él conoce bien para que alcanzase cotas de calidad en empaste, sonido aterciopelado y hasta el guiño de poner fuera de escena a Morató en el Concierto rumano (1951) de György Ligeti que abría el concierto, la “trompa alpina” como excelente tarjeta de presentación para todos. Hubo momentos mágicos en la conjunción del folklore rumano con el lenguaje instrumental bien entendido desde el podio, la pulsación rítmica y las intervenciones de los solistas de la OSPA nos dejaron calidades totales en color, dinámicas amplias, sonoridades delicadas y presentes, especialmente la cuerda, homogénea desde los graves que comienzan la obra solos, bien seguidos por una madera en estado de gracia, unos metales siempre acertados y la percusión precisa como en ella es habitual, asegurando un empuje alegre y colorista. Si el tercer movimiento Adagio ma non troppo es el Ligeti que el cine haría popular (como recuerda Cortizo), los tres movimientos restantes rinden culto a sus compatriotas Bartók y Enescu, las danzas populares junto a la herencia judía traducidas en una interpretación óptima que quedó registrada para Radio Clásica.

Vicente Mascarell protagonizaría su momento como solista dando el paso al frente y demostrando la calidad de los músicos de esta orquesta de todos los asturianos, una oportunidad que el valenciano (entrevistado en OSPATV) no dejó escapar para brindarnos el bellísimo Concierto para fagot en si bemol mayor, KV 191/186E (1774) del genio de Salzburgo, único para ese instrumento que el siempre joven Mozart escribiría con esa peculiar marca de la casa, puro clasicismo que hace “cantar” al instrumento, aquí el noble fagot con Mascarell unificando color en todo los registros. Virtuoso, presente gracias a una concertación bien entendida por Ross que con María Ovín de concertino en esta partitura, comandó una cuerda aterciopelada, limpia, precisa y siempre dejando escuchar al solista. Las cadencias sonaron rotundas y brillantes, con un Andante ma adagio casi operístico, bien escoltado por el primer Allegro luminoso de reguladores controlados y el alegre Rondo: Tempo di menuetto final, verdadera delicia para un auditorio de nuevo con muchos huecos pero rendido a intérpretes y solista, que todavía nos regalaría una excelente “Zarabanda” de Bach.

El maestro Ross, también en OSPATV con Fernando Zorita, dirige con gesto claro pero enérgico, dejando fluir la música y “obligando” a los músicos a escucharse, contestarse unos a otros, empastar y empatizar, manteniendo un sonido propio que se ha logrado con muchos años y trabajo conjunto, cerrando con la Serenata nº 1 en re mayor, op. 11 de Brahms una velada agradecida. Optar por esta obra en vez de cualquier otra sinfonía permitió volver a disfrutar de toda la orquesta, suma de intenciones e intervenciones, seis movimientos llenos de la firma del hamburgués cual esbozados homenajes a los grandes Haydn o Beethoven, sinfonistas con un mimo casi camerístico pese a la instrumentación “ampulosa” por la que Brahms optó para esta serenata. El uso acertado del viento con unas trompas afinadas al fin además de melódicas en sus fraseos, junto a las combinaciones instrumentales especialmente de la madera (un auténtico placer escuchar y ver cómo la interpretaron), hicieron brillar aún más una cuerda bien templada, tersa a la vez que dulce, limpia, unida, equilibrada en cellos y contrabajos, impregnando de calidad una versión que James Ross entendió con la delicadeza necesaria y el ímpetu docente que no mengua con los años.

Obra exigente a nivel global que el norteamericano entendió con dinámicas variadas buscando el dramatismo romántico aunque se quedase algo corto en fuerza pero melódico a más no poder, claro en las exposiciones, atento a los protagonismos de cada solista como hizo notar en los merecidos aplausos finales, levantando secciones completas por ese resultado de conjunto que volvió a dejarnos lo mejor de la OSPA sonando como el maestro Ross quiso en todo momento, disciplinada.

Quedan los dos últimos conciertos de junio con el regreso de Milanov para cerrar temporada (de la que se ha caído y pospuesto el estreno de López Estelche con Adolfo Gutiérrez Arenas), esperando sean más de “MasterChef” que “Pesadilla en la cocina“, tocando madera para conocer pronto el próximo curso 2018-19 que muchas otras formaciones y entidades ya han hecho públicas.

Chascos y chubascos primaverales

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Miércoles 23 de mayo, 20:00 horas. Sala de cámara, Auditorio de Oviedo: V Primavera Barroca: El arte de la Reforma: del Monteverdi católico al Schütz protestante. Los Afectos Diversos, Oniria, Nacho Rodríguez (director).

Celebrando 2017 un año después (450 años de Monteverdi y 500 de la Reforma Luterana) mientras el CNDM presentaba todas las actividades de la próxima temporada 2018-19, avanzando ya la sexta edición en esta quinta primavera barroca que cerraba con claros y nubes incluyendo algún chaparrón que otro, así se presagiaba con la menor entrada de todo el ciclo para encontrarnos con ocho solistas que no son un coro, duplicados por el cuarteto de sacabuches y corneto, al que se sumar la organista Laura Puerto para traernos dos climas vocales que me resultaron un chasco, aunque la música siga uniendo mundos, culturas y religiones.

Monteverdi y su Messa a cuatro voci da cappella, SV 190 (1650) no pasaría el crisol tridentino al hacerse imposible captar el latín cantado sumándole órgano y cuarteto de metal, cierto que la costumbre de duplicar con los ministriles era habitual, pero esta vez resultó agua y aceite, incluso la masa sonora sonó amorfa al situar las voces cantadas y tocadas por cuerdas: dos sopranos y el cornetto, dos contratenores altos y el sacabuche homónimo, dos tenores con su “hermano” y los dos bajos ibidem.

La climatología adversa del italiano no era la del Vasquez español que el conjunto que dirige Nacho Rodríguez ha dejado registrado, faltó rigor en muchos finales de los números, quedando “sueltas” notas del órgano o alguna voz “despistada”. No encontré homogeneidad vocal, tampoco global, sino una suma desequilibrada incluso en el gesto interpretativo ¡para cantar esta misa!, mientras los vientos parecían soplar obligadamente contenidos. Los Afectos Diversos fueron literales en el que suscribe, esperando que tras el descanso ¡escampase! que diríamos en Asturias, a la espera de Schütz.

Mi gozo en un pozo pues tras las nubes monteverdianas el primer chaparrón vino con Rodríguez ¿tenor? junto a la organista Laura Puerto, sorpresa cantando fuera de programa uno de los Kleine geistliche Konzerte (“Pequeños bocetos sacros”) para llorar y no precisamente de emoción.

Poca voz ¡pero desagradecida! sumando una floja pronunciación alemana, casi de estudiante principiante, para después hacernos la presentación completando sus propias notas al programa mientras se incorporaban dudosos la docena restante para afrontar las seis obras del alemán estudiado en la Venecia de Don Claudio y sufridor de la guerra de los 30 años. Tomando literalmente este dolor bélico con los trece intérpretes e intentando lucirse los distintos solistas, nada llamativos, alternaron números conjuntos, “tirando de lo que había” “con menor esplendor” (referido a la posguerra alemana que nos contó Rodríguez) y combinando posiciones que volvieron a poner en evidencia la mala idea de doblar voces con metales pese al intento.

Alternando tres Psalmen Davidis con los tres Kleine geistliche Konzerte, op. 8, pequeños por extensión además de bocetos sacros por no formar un corpus sino tanteos compositivos, supusieron algún claro entre las nubes, Oniria Sacabuche ya eran conocidos en Oviedo gracias al olvidado “Ciclo de música sacra Alfredo de la Roza“, y su empaste resultó mejor que el vocal, si bien las agilidades exigidas no ayudan, saliendo mejor librado Manuel Pascual que desde el cornetto al menos adornó lo suficiente a las sopranos para darle algo de sentido a un Schütz más “liviano” que Monteverdi.

De los distintos solos con órgano (que también jugó alternando entre la literal repetición vocal y el ornamento mínimo con los solistas), me quedo con el buen color en uno de los altos y un idioma alemán más creíble sin ser el de Goethe.

Las sopranos lo intentaron pero desiguales, pienso que por tener colores muy distintos e incluso quedando poco lucidas con el órgano. Repito que cantar a coro no es sumar solistas, aún más difícil con dos por cuerda, si sumamos unos trombones que comedidos suenan más y entorpecen el fluir del texto, el resultado se queda cojo, al menos para una acústica como la de la sala de cámara que no es catedralicia. Tal vez dieciséis voces con el cuarteto Oniria hubiese logrado el equilibrio dinámico deseado, pues la expresividad se perdió totalmente ante la falta de claridad y rigor.

Detrás de mi escuchaba bravos enfervorecidos, los gustos climatológicos son también variados y me alegra comprobar que la música siempre tiene el poder de conmover, supongo que provocando realmente “afectos diversos”, que regalaron sin hacerse mucho de rogar un buen Surrexit del alemán, corroborándome que la mejor colocación de la velada resultó con los vientos a la derecha y las voces a la izquierda.

Y ya solos Los Afectos Diversos con el órgano, otro regalo del puente entre Renacimiento y Barroco,  el motete Adoramus Te Christe de Monteverdi a seis voces que de nuevo se quedó cojo con ocho, calándome como si la tormenta me hubiese dejado esa sensación de incomodidad. Mala forma de despedir una primavera que tiene ya su hueco en “La Viena del Norte” de España como es Oviedo, y 2019 promete mejor clima…

La orquesta universitaria en Mieres

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Domingo 20 de mayo, 20:00 horas. Auditorio “Teodoro Cuesta”, MieresOrquesta de la Universidad de Oviedo, Maximilian Von Pfeil (chelo), Pedro Ordieres (director). Obras de Beethoven, Tchaikovsky y Schubert. Entrada gratuita.

Agenda apretada la de este domingo veraniego con la mañana de Primavera coral infantil a cargo de la Fundación y el Corín local (que me perdí por ser las fiestas de Santa Rita en mi aldea de Siana), y tarde sinfónica que hacía años no teníamos, con la Orquesta de la Universidad de Oviedo para recordar que en Mieres también hay Campus desde hace muchos años y seguimos reivindicando el mantenimiento de unas instalaciones infrautilizadas, capaces de seguir creciendo en titulaciones.

La labor universitaria de acercar la cultura a toda la sociedad también incluye la música, con un coro que no nos visita hace años, y desde un “avance” en las Navidades de 2016 para repetir en las pasadas cosolidándose en este curso académico, una orquesta también universitaria dirigida por Pedro Ordieres dando el relevo a su padre Alfonso Ordieres Rivero, presente y feliz en el auditorio mierense con su esposa, fundador allá por 1979 de la entonces pionera en España como tal orquesta universitaria, felizmente recuperada y que en tan poco tiempo, pero con la ilusión sumada al talento, está ofreciendo conciertos de calidad. En Mieres se presentaban con un programa de altura, ideal en la formación de intérpretes y público, bien adaptado a una plantilla que espero ver crecer cada curso, pues no hay muchas oportunidades de tocar en orquestas y la universitaria ofrece algo único que además revierte en beneficio de todos.

La Obertura “Egmont”, op. 84 (Beethoven) sonó clara, precisa y poderosa, rica en matices, valiente en los tiempos y contrastes, dejando el sonido impregnando los silencios para marcar dramatismos inherentes a la partitura del sordo genial, con un Ordieres dominando toda la paleta expresiva que sus músicos asimilaron por claridad en el gesto y experiencias compartidas, contando con Fernando Zorita de concertino y una buena sonoridad en la cuerda así como en las secciones de viento, tanto la madera como el metal.

Contar con Maximilian von Pfeil de violonchelo solista para las Variaciones sobre un tema Rococó, op. 33 (Tchaikovsky) es un verdadero lujo, trasciende el compañerismo para disfrutar con La Música, con mayúsculas, implicado en este proyecto con la misma calidad y entrega que en otros compromisos profesionales. Ante una obra exigente para todos por los continuos cambios de ritmo, compás, tempo, intención y todo lo que cabe en la forma así conocida como variaciones, siete más la coda, complicidad entre todos dejó una versión de altura. El sonido y profundidad del alemán con un instrumento penetrante, de sonido hermoso y presencia absoluta en sus solos ponen la piel de gallina, como en la variación quinta; estuvo bien contrapesado por una orquesta empastada, escuchándose para unificar intenciones, atentos unos a otros (excelentes clarinete y flauta) con total respeto por esta maravillosa composición del ruso para lucimiento del chelo que aún fue mayor por la feliz conjunción instrumental global, bisando como regalo la sexta variación con la cuerda en pizzicato y la madera aún mejor que la primera vez.

Y el sinfonismo siempre tendrá una deuda con Franz Schubert cuya Sinfonía nº 8 “Incompleta” sigue siendo maravillosa de escuchar y supongo que de interpretar, tanto en los atriles como desde la batuta. Dos movimientos que saben a poco pero capaces de emocionar a una audiencia que respondió a esta llamada orquestal. Las bases románticas de una forma que viene del clasicismo y que Beethoven junto a Schubert empujarán para llenar todo el siglo XIX, dejando una herencia y modelo todavía vigente. La “Incompleta” sonó redonda, rica, contrastada, saboreando las intervenciones solistas (muy bien el oboe) y con una cuerda, especialmente la grave (Maximilian se unió a los chelos), flexible y compacta, melódica bien subrayada por Ordieres, con las dinámicas en el punto justo de equilibrio entre lo poco superfluo y lo mucho principal en la música del vienés. Satisfacción completa para este domingo al fin primaveral donde la banda sonora la puso esta orquesta que espero pueda seguir disfrutando y crecer, pues con estos mimbres ya se puede armar un concierto excelente, así que imaginarme metas más altas es de lógica.

Educar divirtiendo

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El proyecto Link Up! del Weill Music Institute a través del Carnegie Hall es lo mejor que pudo traernos a la OSPA el todavía titular Rossen Milanov desde Nueva York, tras conocerlo de primera mano con la Orquesta de St. Luke y Civic de Chicago, siendo los primeros fuera de EE.UU. en sumarnos a esta propuesta que completaba su sexta edición en Asturias, cerrando por segunda vez el ciclo trianual compuesto por “La Orquesta Se Mueve“, “La Orquesta Canta” y “La Orquesta Rock“, conceptos algo engañosos por la traducción literal y si se desconoce el objetivo de cada uno de los programas en los que he tenido la suerte de participar como docente con el IES “El Batán” de Mieres  desde el primer año. Mover emociones y músicas, cantar melodías y el ritmo como necesidad vital a través de obras clásicas y actuales donde el propio alumnado es parte activa de los conciertos.
Cada curso se van sumando colegios e institutos de toda la región (también Navarra o Extremadura) con una demanda creciente cada año que obliga a aumentar las sesiones e incluso dejar fuera a tantos interesados que seguimos creyendo en la música como materia necesaria en la educación integral y la única manera de sembrar para recoger, acercar una orquesta sinfónica a las edades donde es tan importante formarlos para alcanzar un futuro más enriquecedor, así como pensar en el público que acudirá a los conciertos desde estos preparados para ellos con una escucha responsable donde participan y disfrutan el trabajo de todo un curso adaptado a todos los niveles desde Primaria a 2º de Secundaria.

Las cifras de este 2018 son para impresionar, además de todo el complejo organizativo de orquesta, personal del auditorio, Protección Civil, Policía Local, así como el trabajo previo desde comienzo de curso con dos encuentros de profesores con los responsables y el envío de libros para los estudiantes más las guías del profesorado, un material de calidad que muchos utilizamos a diario en nuestras aulas. Desde el martes 15 al viernes 18 de mayo, 4 días, 8 sesiones, casi 9.300 asistentes, 8.801 alumnos y 577 profesores de 134 centros docentes en 67 localidades asturianas, con un total de 400.000 mil estudiantes en dos continentes entre los que Oviedo y Asturias forman parte de este mapamundi de la pedagogía musical.

Conocedor de los tres proyectos debo reconocer que el más corto y con menor exigencia de participación es este de “La Orquesta Rock” aunque como en todo concierto cada uno es distinto para músicos y alumnado, dependiendo del horario (10:30 o 12:00 horas) así como de lo rodado a lo largo de los cuatro días y la siempre sorpresiva reacción de públicos tan diversos.

El proyecto que llegó hasta Asturias comenzó liderado por el santanderino Gustavo Moral que continúa ligado a este mundo de la didáctica musical, siendo su labor continuada por Ana Hernández, “La Sanchiz desde el año pasado y contando con las voces habituales de Sonia de Munck (soprano), Beatriz Lanza (mezzo) y Julio Morales (tenor), este año bajo con dirección de la debutante joven maestra sevillana Irene Gómez-Calado, a la que podemos escuchar entrevistada por Fernando Zorita en el canal OSPATV.

La sintonía casi himno de Link Up! es el tema de Thomas CabannisCome to Play, “Ven a tocar” que es el único en común a los tres programas (“La Orquesta Swing” creo que no llegaremos a disfrutarla por novedosa y exigencias orquestales distintas), y desde el segundo año ya tuvo una mejor traducción al castellano, siendo de los pocos temas donde no se ha mantenido el idioma original, sea francés, portugués e incluso latín, pues en todos ellos se ha cantado. Niveles distintos, tres voces para cantar o tocar con la flauta, alternando incluso, y emocionante comprobar que quienes repiten ya lo dominan casi mejor que la directora, obligada a retomar la impresionante pulsación que empuja desde un auditorio ocupado por cientos de educandos musicales, que primero se entretienen con pasatiempos relacionados con el proyecto proyectados en la pantalla gigante sobre la orquesta, el auténtico atril digital sobre el que convergerán todas las miradas, mientras se van ubicando en las localidades y hacen la ola como hooligans de la música o les jalean desde el escenario en el tiempo que tardamos en prepararnos antes de comenzar el concierto, afinando e ir reconociendo las distintas familias orquestales. Sigue poniendo la piel de gallina escuchar más de mil flautas y voces con la OSPA en este himno de Link Up!.

Lo que impresiona sobremanera es el O Fortuna (C. Orff) de los “Carmina Burana” que el propio compositor y pedagogo hubiera firmado aunque se repita la estrofa por no añadir más texto latino. La enorme cantata con niños y adolescentes no tiene parangón como tampoco la forma de trabajarlo y recrearla con la OSPA y Gómez-Calado en el podio. Si la dinámica es “in crescendo” para llegar a la última estrofa fortísima y ese calderón final para perder la respiración, puedo asegurar que la emoción aún es mayor tanto escuchándola con tu alumnado como evadiéndote unos instantes y ejercer de mero espectador, retomando el papel infantil que llevamos para disfrutar con la música divirtiéndome.
El primer momento sinfónico para entrenarse en la escucha tras un análisis formal e incluso biográfico en muchas clases previas llegaría con Chaikovski y la Sinfonía nº 4 en fa menor de la que disfrutamos el cuarto y último movimiento (Allegro con fuoco) verdaderamente fogoso en sus 293 compases, disfrutando con la visión de los instrumentistas en pleno trabajo, las dinámicas bien marcadas por la maestra andaluza, y las impagables caras de unos niños y adolescentes que se estrenaban ante semejante masa orquestal.

Los compositores actuales también tienen cabida junto a experiencias minimalistas como In C (Tierry Riley) que da vía libre a una creatividad e improvisación permitiendo variar cualquiera de los siete modelos propuestos. La apuesta por estas fórmulas casi debería llevarse al gran público que todavía considera “demasiado modernas” obras como las del compositor enamorado de las músicas orientales.
Nuevo momento de escucha y dejando volar la imaginación, no solo a Los Planetas o el elegido Marte (G. Holst) sino a guerras galácticas, erupciones volcánicas o guerras de barcos piratas por películas previas del alumnado sin olvidarse de ostinatos rítmicos, diseños melódicos o familias orquestales protagonizadas por la OSPA.

Todavía faltaba un impresionante Bolero (Ravel) que pasa por todos los escalones previstos en Link Up!enganchándonos” de todas las formas posibles: ritmo eterno, ostinato melódico, melodía en flautas u otros instrumentos (había alumnos con guitarras, violines, clarinetes…) y hasta una letra en castellano que va guiándoles en la impresionante orquestación del francés sumando una coreografía esta vez sin necesidad de levantarse de las butacas, que mis alumnos presumieron de completarla en mejores condiciones que muchos vecinos.

Y como el adjetivo “rock” de la orquesta más allá del propio ritmo intrínseco, la sorpresa con la Banda Académica Torner interpretando el conocido We will rock you de Queen
que no necesitó presentación ni preparación, el conocido ritmo “Chum-chum-pá” con pies y palmadas jaleando al grupo con vocalista de bigote estilo
Mercury y el inmenso coro juvenil al que se sumaron muchos “sinfónicos” para cerrar esta orquesta rock donde el Ven a tocar resonó de propina para volver a citarnos el próximo año.

La vuelta en el autobús resultó la prolongación del auditorio con ganas de repetir el próximo año, inocentes y ajenos a los avatares económicos, políticos y sociales de una sociedad que debe recuperar muchos valores presentes en el aula contra viento y marea del acontecer diario. Educar divirtiendo, pasándonoslo bien alumnado y profes, que aún nos sentimos niños, demostrando que el latín no está muerto y también resuena por los pasillos del instituto convirtiendo el O Fortuna en un éxito mayor que el de unos eurovisivos de capa caída, imagen errónea de los valores de una generación distinta que entiende la música como banda sonora en una España demasiado narcisista e individualista, a pesar de los avances digitales, acompañando unas vivencias demasiado lejanas para nuestros dirigentes. No vendría mal que tomasen nota de estos eventos importantes para un futuro no tan lejano…

La belleza del cuarteto

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Miércoles 16 de mayo, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Sociedad Filarmónica de Gijón, concierto 1.602, “Grandes cuartetos de cuerda II”: Cuarteto Quiroga. Obras de Bartók y Schubert.

Un cuarteto de cuerda es un organismo múltiple que funciona con un solo corazón, todo encajado al milímetro y dotado de un alma intangible que surge de la unión de virtuosos en cada instrumento capaces de sentir como uno. No hay muchos cuartetos así, pues a menudo se juntan cuatro músicos, mejores o virtuosos, incluso grandes solistas, pero la diferencia entre el verdadero y el ocasional reside en un trabajo muy duro a base de compartir gustos, dialogar en el amplio sentido del verbo, consentir, ceder para crecer y a fin de cuentas convivir para disfrutar felices.
El Cuarteto Quiroga es como una familia que funciona todos a uno, la unión hace la fuerza, encuentros bien programados y conciertos que exceden el ámbito puramente musical para convertirse en una reunión de afectos compartidos. Sus discos reflejan también todo este ambiente y trabajo previo antes de registrarse para convertirse en algo atemporal, pero su directo siempre es irrepetible.

Aitor Hevia, Cibrán Sierra, Josep Puchades y Helena Poggio volvieron a recordarnos la belleza del cuarteto, no solo la musical que puede provocar un “Síndrome Quiroga“, sino también plástica, visual, una verdadera danza de arcos y cuerpos fundidos con cada instrumento, respiraciones al unísono, compases hirientes y silencios profundos, sosiego tras la tensión para un espectáculo único de feliz conjunción a cuatro para alcanzar momentos mágicos. Una breve gira por Gijón, Avilés y Lugo con dos páginas increíbles, difíciles, esforzardas, que interpretan con ese sello único, el segundo de Bartók y el decimocuarto de Schubert.

Dejo aquí arriba escaneadas las notas al programa de Andrea García Torres para centrarnos en la génesis previa a la escucha, si bien Cibrán Sierra, estudioso de este género y formación histórica, nos habló antes de comenzar sobre el nexo entre ambas compositores y las obras elegidas, que podría parecer extraño pero no lo fue haciéndonos ver el nexo común de la inspiración en el folklore y lo popular, la música de la tierra, Terra como su último disco donde aparece el mismo “cuarteto gijonés”, la inspiración de Bartok y Schubert en sus países y viajes, también la de los intérpretes en este viaje sin retorno.

El Cuarteto nº 2, Op. 17, Sz. 667 de Béla Bartók es de una exigencia total desde el primer compás del Moderato inicial, el hilo sonoro que va tomando cuerpo, creciendo, fundiendo sensaciones, ritmos, fraseos, ligaduras, matices extremos desde una ternura ingenua a la tensión dramática, unidad y variedad en ese instrumento único del cuarteto de cuerda, percibiendo cada uno y el todo, tomando palabras del libro de Sierra, un viaje a la dinámica interna del cuarteto de cuerda. El Allegro molto capriccioso. Prestissimo eleva las exigencias para los intérpretes y el público, ritmos centroeuropeos, juegos tímbricos, esfuerzo compartido, pulsación con razón, complicidad permanente para afrontar este “capricho” que hace posible lo imposible hasta en los guiños cómicos de cada componente, frases intercambiadas, diálogos a pares, empuje unitario en pasajes a unísono increíblemente y perfectamente encajados. Y terminar con el Largo de cortar la respiración, ese “cuarteto como conversación” que “Los Quiroga” regalan en cada concierto, volver al hilo inicial que se deshace tenue y rasgado con delicadeza, colores ocres como la tierra seca llena de esa belleza del húngaro que el cuarteto eleva a obra maestra, pinceladas combinadas en cada instrumento, en cada tesitura, formando una estampa uniformemente variada, magia de maestros.

En su libro el profesor Sierra escribe sobre cómo construir una interpretación o cómo se configura el carácter de grupo, pero no solo la teoría sino desde la práctica docente y real con este cuarteto que surgió en Llanes, se precocinó unos años antes en este mismo escenario de Gijón entre el gallego y la madrileña (como recordaba el orensano) en aquellas concursos de Juventudes Musicales, y acabó convirtiéndose en este cuarteto que triunfa merecidamente allá donde va, creciendo su fama en igual medida que su calidad por la convivencia de este ser vivo irrepetible solamente posible por un mismo latir que rompe barreras y distancias.

El Cuarteto nº 14 en re menor D. 810 “La muerte y la doncella” (Franz Schubert) es probablemente de las partituras camerísticas del vienés más utilizadas en el cine, haciéndose por ello popular pero que nunca cansas de disfrutar en vivo. Tras el Bartók de la primera parte, el Cuarteto Quiroga afrontaría esta segunda retrocediendo en el tiempo pero avanzando en hondura, madurez y sentimiento. Siguen asombrando por la precisión corpórea en unísonos, la unidad tímbrica del grupo sin renunciar al papel individual, el ímpetu y tensión puntual, mantenida hasta el último golpe de arco, los pianissimi unificados como si de un solo instrumento se tratase, magia y trabajo del cuarteto, los planos en su sitio con sutileza, sin brusquedad, el balance ideal que pasa del papel al instrumento y de éste al público. El Allegro luminoso, cómplices a pares, brillante y aterciopelado, el Andante con moto cantado y variado, agitación con terrores que la música subraya; ritmo puro como la forma Scherzo (Allegro molto) buscando plasmar desesperación, agonía, belleza en el centro, detalles extremos para disfrutar del colorido cuarteto, tan usado en el cine, antes de enlazar con el Presto virtuoso, mágico, desenfrenado, tempestad que todavía corre hasta la muerte final exacta, casi la de Aitor y un arco de guadaña, tal resultó la entrega que tuvo la recompensa de unos larguísimos aplausos por parte de un público respetuoso que casi llenó el coliseo del paseo de Begoña.

Aún hubo tiempo y fuerzas para un villancico, la Panxoliña para o Nadal de José Pacheco, del archivo de Mondoñedo con aires vecinos de muñeira que el Cuarteto Quiroga hace eterno lo popular cuando se interpreta y siente como ellos saben. Un concierto que a la salida muchos pedían repetirse en la próxima temporada de la que ya hay avance (Juan Pérez Floristán, Cuarteto de Leipzig, Emilio Moreno y Aarón Zapico o una Gala Lírica Asturiana con Beatriz Díaz y Alejandro Roy acompañados por el maestro Álvarez Parejo). Espero seguir contándolo desde aquí…

Y al séptimo descansó

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Domingo 13 de mayo, 19:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Sandrine Piau (soprano), Hugo Hymas (tenor), Alex Rosen (bajo), Les Arts Florissants, William Christie (director). Haydn: La Creación, Hob. XXI:2 (1798).

Domingo de fiesta tras una semana musical increíble, frío en la calle a pesar de las fechas y calor en el auditorio para recibir al Maestro William Christie con su formación (coro de 27 voces incluido) y un joven trío de solistas donde destacaría especialmente el barítono-bajo británico, para interpretarnos el maravillo oratorio de Haydn Die Schöpfung (La Creación), que mi admirado Ramón Sobrino disecciona y explica en las notas al programa. Hubiera sido de agradecer incorporar los textos aunque tuvimos la traducción en sobretítulos que nos iba guiando y ayudando a comprender y comprobar el paralelismo entre música y palabra, descripciones instrumentales casi literales subrayando la importancia del texto, cantado en alemán como en esta versión (aunque también en inglés), a partir de unos textos de un desconocido Mr. Lidley basado en el Génesis con interpolaciones de El paraíso perdido de Milton, homenaje subyacente al Händel londinense tras el regreso a Viena de “Papá Haydn“.

No voy a descubrir a la formación del maestro norteamericano nacionalizado francés en sus casi 40 años de historia y casi el centenar de grabaciones, que sigue preparando y descubriendo músicos tanto en Francia como en la Juilliard School de Nueva York con la idea de ir renovando desde dentro, plantar para recoger, unir dos mundos, promocionar nuestra música barroca y clásica en el país más ávido de ella. Coro y orquesta con instrumentos de época donde los problemas de afinación fueron este domingo más de los deseados, especialmente en las maderas (las flautas debían tener otro diapasón) mucho más que en los metales, con el primer violín Hiro Kurosaki (al que descubrí con La Ritirata) comandando una amplia formación ideal para este oratorio y con un bajo continuo homogéneo formado por chelo, contrabajo y fortepiano (Marie Van Rhijn).

Organizando los 32 números musicales en tres partes (14+12+6), la primera nos dejó en el día cuarto, para retomar el quinto tras el descanso. Tras la solemne obertura La representación del caos fueron apareciendo los diferentes capítulos creativos en cada día, con los arcángeles Gabriel (soprano), Uriel (tenor) y Rafael (barítono) alternando recitativos acompañados, arias y coros. Christie sigue siendo referente con su formación, destacando en todo momento un coro bien equilibrado en sus cuerdas, de volumen suficiente para los tutti y delicado cuando así lo exigía la partitura, coro celestial o pueblo que canta “Aleluya” y “Amen”. Vibrantes literalmente en el nº 11 “Stimmt auf die Saiten” (¡Tomad las liras y haced vibrar sus cuerdas!), vigorosos en los finales del día quinto (nº 19), de la segunda parte (nº 26) y en el último “Singt dem Herren alle Stimmen” (¡Que todas las voces canten al Señor!).
De la orquesta los apuntados problemas de afinación que no restaron calidad global, siempre atentos al maestro que marca todo con todo, manos, cuerpo, pies, hombros… buscando la respuesta adecuada. Mejor la cuerda y los metales naturales, problemas en la madera y algún golpe de timbal fuera de lugar para demostrar que son humanos y el directo no tiene trampa. El maestro mimó al trío solista y dejó libertad al bajo continuo en los recitativos marcando lo mínimo, más preparando que entrando, para volcarse con una partitura que recrea cual sumo hacedor musical.

De los jóvenes solistas un auténtico descubrimiento de William Christie con Juilliard415 el bajo, o mejor barítono-bajo, Alex Rosen como un convincente Rafael, pues las notas graves eran las de un barítono de amplia tesitura, poderoso en el agudo y algo corto de volumen en las más graves pero con excelente proyección, interpretando los textos como exige un oratorio, y un color hermoso que empastó a la perfección con la soprano, especialmente en el último dúo como Adán y Eva, nº 29 y 30 (“Holde Gattin, dir zur Seite”, ¡Amada esposa! A tu lado). Tomo nota para seguir su trayectoria, que de no torcerse seguro le dará largo recorrido.

Un escalón inferior el tenor británico Hugo Hymas, corto de volumen al que se “comieron” en los tríos o cuando cantaba con el coro, pero con esa forma tan inglesa en emisión, fraseo, bonito color y buena dicción. Su Uriel sonó más como evangelista bachiano que como arcángel, demasiado contenido y asegurando afinaciones más que disfrutar con su papel, si bien los recitativos resultaron encajados.

La soprano francesa Sandrine Piau no decepcionó ni como Gabriel, con unas arias hermosas para lucirse (nº 5 “Mit Staunen sieht das Wunderwerk”, La hueste de los bienaventurados, o la nº 9 “Nun beut die Flur das frische Grün”, Ahora los campos presentan un fresco manto) ni tampoco como Eva en la parte final a dúo con Adán. Domina el repertorio barroco por técnica y voz, expresa bien los textos, sus recitativos son creíbles y acertados, las arias bien cantadas y los concertantes perfectamente empastados con el coro, pero sobre todo con el barítono americano.
Añadir para el último cuarteto a una mezzo del coro que se sumó a los solistas (nº 32 “Singt dem Herren alle Stimmen“, ¡Que todas las voces canten al Señor!) para el apoteósico final.

Una semana de ensueño esta mía que arrancaba el jueves barroco y terminaba este domingo casi con las palabras de Eva y Adán que podría dedicar a la música:

Junto a ti aumenta cada gozo,
junto a ti disfruto doblemente,
junto a ti la vida es alegría.
¡Que todo a ti esté consagrado!

Séptimo día de esta creación, verdadera recreación con estas formación francesa que solo para en Oviedo (“La Viena del Norte) y Barcelona, otro tanto a favor de la oferta musical en la capital asturiana con mucho donde elegir y donde la llamada “música culta” es referente mundial, por si alguien lo dudase.

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