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Alma del maestro y amigo

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Mi querido maestro y amigo Manuel Hernández Silva (Caracas, 1962) sigue llevando en las venas su sangre venezolana, alma universal agrandada con los años entre nosotros.
Nos  conocimos en Covadonga allá por los inicios de los 80 durante unos cursos que organizaba FECORA, entonces estaba estudiando viola en Viena, su segunda casa, y en un puente largo del otoño asturiano trabajamos un Requiem de Mozart que nos dirigió en Cangas de Onís para recordar toda mi vida (Rex tremenda) aunque fuese solo con acompañamiento de piano, sin olvidarme de las largas sesiones de música en la Casa de Ejercicios o de tertulia en el Don Pelayo o El Peregrino, con su magisterio, simpatía, talento, enciclopedia folklórica des tierra y virtuoso del cuatro, nuestro Manuel al que le cantábamos lo de “¡Ay! Manolín va cojete la xelada… nun te vas quedar en nada” con el que desde entonces arrancaría una amistad imperecedera de casi 40 años compartida con muchos más.

Por ello supuso una alegría enorme saber de su vuelta a la “madre patria” en 1992 como director titular primero en Murcia (siempre en su corazón), después en Córdoba (2005), Málaga (otro Requiem para recordar) y Pamplona, siempre dejando su huella imperecedera, haciendo crecer aficiones y aumentando su lista de amistades. No he perdido la mínima ocasión de poder acercarme a algunos de sus conciertos y óperas siempre que he podido, incluso recuerdo una gala de reyes en 2013 con Beatriz Díaz en Santiago de Compostela al frente de la Real Filharmonía de Galicia, una de las muchas orquestas españolas donde le invitan con frecuencia, aunque tristemente todavía no haya dirigido a nuestra OSPA, algo extraño e inexplicable porque su batuta ha estado al frente de casi todas las formaciones nacionales, su vertiente pedagógica con las orquestas jóvenes, amén de una amplia agenda de compromisos internacionales que esta pandemia ha truncado, pero no su inquietud ni trabajo, aprovechando para sacar a la luz esta autobiografía en un momento vital y profesional óptimo, unas memorias tituladas Deshabitando el alma, de la que se han hecho eco muchas publicaciones nacionales digitales como Málaga hoy, RitmoBeckmesser, Mundo Clásico, Navarra digital, o Melómano Digital e incluso internacionales como El Universal. La Editorial Kalathos (que ha asumido la responsabilidad de dar a conocer las voces venezolanas en Europa) es la que le ha brindado esta oportunidad de poner en papel su alma fuera de los “cinco barrotes” como se refiere poéticamente al pentagrama en muchas ocasiones.

El pedido llegó puntual, antes de lo previsto, y el libro lo devoré en cuanto lo abrí (está disponible en varias plataformas que tanto nos han ayudado en acercarnos hasta casa lecturas y escuchas necesarias). En este obligado confinamiento no he dejado de consumir música enlatada como su reciente grabación para YouTube© con la OFM de la Titán de Mahler, una despedida que no ha podido ser como se merecía, o el CD para el sello amarillo con la orquesta gallega junto a su compatriota el gran Pacho Flores que me hizo revivir nuestro último encuentro en Málaga cual regalo navideño antes de volver de mis últimas vacaciones en la Costa del Sol sin poder quedarme a un concierto increíble.

Siempre me encantó su verbo fácil con un acento que no ha perdido con el paso de los años, sus modismos venezolanos sobre el papel, sus anécdotas desde la cuna hasta su llegada a España donde Viena ocupa mucho espacio (al igual que en su corazón). Honrando a la familia y a sus amistades, capaz de sintetizar tanto en tan poco, 99 páginas organizadas en ocho capítulos de distinta extensión que daría cada uno para una obra independiente. Todo un viaje interior prologado por su amigo José Francisco Burgos que no escatima adjetivos además de desear al “amigo leyente” que disfrute “(…) de la música de este cuerpo cierto, que se llama texto“. La contraportada de Octavio J, Peidró tampoco tiene desperdicio, “abre la puerta de par en par y nos invita a descubrir, sin ambages, su universo más personal e íntimo“.
Cómplice con el lector va desgranando sus años de colegio, adolescencia y juventud, locuras compartidas, aprendizaje de la propia vida, la familia como hilo conductor, aromas musicales, cuatrista de calle y teatro con mandolina frustrada en Don Giovanni, anécdota curiosamente también vivida en carne propia con paralelismos increíbles que aún unen más nuestros caminos. Poesía desde la prosa, poesía pura en cada cita, formando un todo único cual sinfonía mahleriana, y cómo no, ese vals vienés de ida y vuelta, el 3/4 y el 6/8, el ritmo como motor con el que “mi Manolín” impregna su vida diaria, latido caribeño de frío europeo, calidez humana y calidad musical, el empaparse siempre de Mozart y Haydn pero también el Beethoven vienés como el café o la tarta Sacher trufado con su folklore natal obviando el pop de entonces (aunque tenga una anécdota no escrita de los Rolling Stones en Viena).
Agradecido siempre de tenerle cerca del corazón, esperando otra escapada en torno a unas cañas fresquitas y una buena mesa en compañía de los nuestros, con la música como perfecta disculpa aunque innecesaria. Biografía no toda conocida y siempre enriquecedora, detalles ampliados desde la desnudez sincera del maestro.

Manolín, esta tierra asturiana que tanto quieres sigue esperando un viaje necesario para seguir ampliando tu vida apasionada y apasionante que has compartido con todos. Gracias maestro amigo.

Incertidumbres

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Mis abonos están congelados, muertos, esperando lo que no llega. Nos cogió a todos de improviso y comenzamos a ver desaparecer del calendario nuestros conciertos ya pagados, nuestros abonos fieles que son más que un sueldo toda una ilusión. Pensábamos que todo volvería a la normalidad, pero pasaban las semanas y caían las hojas del calendario como en un otoño fuera de temporada, recordando mi triste final de 2018 encerrado por obligación.
El viernes 13 de marzo saltaba la alarma, se cerraban espacios públicos y acudíamos al instituto sin alumnos, para una reunión atípica separados entre nosotros como apestados. Al menos esa semana pude disfrutar en familia, y ya con la gente asustada, de Noelia Rodiles, pero desaparecía el primer concierto esperado, nada menos que el violinista Michael Barenboim y la Orquesta de la RAI dirigidos por James Conlon el sábado 14 dentro de los Conciertos del Auditorio de Oviedo, con Mozart (obertura de La Clemenza di Tito y el Concierto nº 1 de violín) más la primera de Mahler. Ya no habrá más tema de conversación que el dichoso Coronavirus, después Covid-19 que parece más científico que llamarlo directamente “virus de mierda” o cinematográficamente “El virus del miedo”.

La siguiente semana no depararía tampoco cambios y se quedaban, aún no sabemos si aplazados o cancelados, otros dos: el miércoles 18 con el cellista Pieter Wispelwey y la Orquesta del Siglo XVIII dirigidos por Gustavo Gimeno en un programa monográfico de Schumann, mientras el viernes 20 nos despedíamos del noveno de abono de la OSPA, “Lenguajes propios II”, otro concierto esperado con dos invitados, el pianista macedonio Simon Trpčeski y el prometedor director Pablo Rus Broseta, con Shostakovich y el segundo Concierto para piano y orquesta más la segunda de Sibelius. Oportunidad perdida de seguir con la historia “Conociendo batutas con la OSPA”.

Sumábamos otra semana en blanco y comenzábamos a escuchar música grabada (que al menos tengo para varias vidas) con cierto mono de escribir aunque comentando discos en vez de conciertos, y a conectarnos con muchas plataformas de conciertos en streaming que abrían sus plataformas a todo el público. La Primavera Barroca se marchitó nada más llegar y así el miércoles 25 nos quedamos sin The King´s Consort mientras el viernes 27 de marzo otro aplazado “sine die” de la OSPA, el décimo de abono “Orígenes”, conferencia previa a las siete, y esta vez con protagonismo femenino, la ayudante de concertino Eva Meliskova que actuaba de solista y en el podio la colombiana Lina González Granados, con obras de BachStravinsky y Mendelssohn. El cansancio pesaba y ni escribir quería…

El arranque de abril volvía a ser tremendo a nivel general en España, todo parado, confinados con mucho miedo, devorando noticieros y “fake news“, mientras en lo musical se llevaba por delante en “La Viena española” de Oviedo tres actividades: primero la zarzuela Katiuska muy esperada esta temporada el jueves día 2, con Ainhoa Arteta de figura estelar (con una gala fuera de abono el día 24 de abril también cancelada) junto a Martín Nusspaumer y otras voces ya conocidas en el Campoamor; después el concierto extraordinario de Semana Santa con la OSPA el viernes 3, con la vuelta de Kynan Johns al podio junto al Coro de la FPA y un Beethoven de 250 aniversario con su Misa en Do mayor op. 86 sumando un buen plantel de solistas tras la Sinfonía Londres de Haydn.
De mis gustos omnívoros también nos quedamos sin Zenet en el Teatro Filarmónica programado para el sábado 28 de marzo repitiendo “la Guapería de Gijón“.
El domingo 5 ya comenzamos a leer “cancelado” en vez de “aplazado” por todo lo que supone rehacer agendas, y en esas deberíamos haber disfrutado dentro de “Los Conciertos del Auditorio” con los alemanes de Stuttgart, su coro de cámara y la capilla instrumental, Kammerchor Stuttgart / Hofkapelle Stuttgart dirigidos por Frieder Bernius que nos hubiesen deleitado con Mozart, primero el Requiem y después las Letanías, programa ideal para una Semana Santa que vendría con pasión y muerte sin resurrección.

Mientras tanto a seguir en casa trabajando “on line”, adaptándonos a crear materiales en “la nube” para un alumnado al que llaman “nativos digitales” pero que no todos tienen ordenador en casa o menos aún conexión (y ya no hablemos de la Asturias rural), como mucho un móvil al que su saldo queda temblando, con familias donde hermanos y padres comparten lo que tienen. Atención individualizada nada parecida a la presencial (necesaria porque educar también es convivir y socializar), y no quiero ni contar cómo es la “Música” en ESO, por lo que las llamadas “vacaciones” solo las salvó mi buena costumbre de seguir con las dos pasiones de Bach (bendito YouTube©) y mi particular resurrección de Mahler desde Lucerna, sin olvidarme de Victoria.

Se detuvo abril, al menos Radio Clásica sigue como siempre, “Entre dos luces” omnívoros musicales y echando mucho de menos la música en vivo, nada comparable con las óperas y los conciertos en plataformas de pago que ahora se abren para posiblemente buscar ganancias cuando acabe este enclaustramiento, el directo irrepetible y sin ayudas tecnológicas ni micrófonos que equilibran lo que la sala o las voces no logran.

Otra semana horrible y cuatro conciertos menos: el Ensemble 1700 del miércoles 15 dentro de la Primavera Barroca, al día siguiente el esperado contratenor de moda Jakub Orlinsky con Il Pomo d’Oro (jueves 16), el undécimo de abono “Legados” de la OSPA el viernes 17 que nos hubiese devuelto a la gran directora Marzena Diakun en un programa verdaderamente jugoso, y el domingo 19 cuando nos traería a la violinista Isabel Faust con Les Siècles.y François-Xavier Roth a la batuta para un monográfico dedicado a Stravinsky.

Avanza abril y otra ausencia irreemplazable aunque esperando se “reprograme” como era la vuelta de Martha Argerich con la Sinfónica de Lucerna el jueves 23, más otro extraordinario fuera de abono de la OSPA con Mayte Martín y Joan Albert Amargós el viernes 24, uno de esos conciertos distintos, Tempo rubato para una versión personal y “quasi flamenca” de El Amor Brujo (Falla).

Despedíamos abril como comenzase, incluso sonó como nunca “Quién me ha robado el mes de abril” (mejor que un “Resistiré” que no resisto), más cancelaciones como la del violinista Ilya Gringolts con la Orquesta de la Radio Noruega dirigida por el peruano Miguel Harth-Bedoya el martes 28 dentro de los Conciertos del Auditorio o el duodécimo de abono, “Contrastes II” de la OSPA para abrir mayo en un extraño día del trabajo donde deberíamos haber escuchado a Juan Barahona en el piano con Jordi Bernácer en el podio (que sigue esperando un titular como agua de un mayo estrenado). Al menos el Ateneo Musical de Mieres estuvo currando desde el inicio de esta cuarentena siempre “Repartidos por casa” con varios grupos de cámara que prepararon un concierto virtual emitido el sábado 2 patrocinado por el Ayuntamiento de Mieres, siempre mimando la cultura y apostando por estos “tiempos modernos” donde un virus nos abofeteó y seguimos  grogui.

Mayo era un mes de lo más prometedor en mi agenda, florido y hermoso aunque marzea tras abril, con todo bien programado desde septiembre del año pasado pues así funcionamos los docentes y melómanos, apuntando cada evento para no perderse nada aunque la dura y cruda realidad nos lo quitó todo.

Sin las conferencias de La Castalia que había preparado su III Ciclo verdaderamente apetecible que arrancaría el martes 5 con mi querida amiga y compañera de facultad Mª Luz González Peña, una avilesina en el archivo de la SGAE para contarnos desde su trabajo las más de 10.000 zarzuelas que atesoran. Sin el Handel de L’Apotheose en la Primavera Barroca carbayona. Sin la ansiada María Moliner de Antoni Parera Fons a estrenar en la temporada de zarzuela del Campoamor con Victor Pablo Pérez en el foso al frente de la OFilMaría José Montiel en el rol protagonista de la famosa bibliotecaria y filóloga, junto a Amparo Navarro o Simón Orfila entre un elenco de voces excepcionales que Oviedo siempre espera con ilusión.
También sin el esperado decimotercero de abono con la OSPA dedicado a Telemann desconocido bajo la dirección de Carlos Mena con el poco conocido oratorio Der Tag des Gerichts, y unos solistas españoles encabezado por María Espada, Juan Antonio Sanabria, José Antonio López más nuevamente el Coro de la FPA, junto a una conferencia previa para el reciente viernes 8 de mayo. Huérfanos también del Homenaje a Lorca con el espectáculo “El Poeta y La Luna” que el Ateneo Musical de Mieres iba a repetir tras el éxito de diciembre 2018.

Llegamos a esta semana del 11 al 17 que completa dos meses enclaustrados y perdidos en casi todo. El martes 12 sería la segunda conferencia de La Castalia con ganas de escuchar al joven compositor Gabriel Ordás, hablándonos de su obra lírica, mientras este jueves 14 hubiera llegado otro de los soñados en Oviedo que se cancelará aunque figure como aplazado porque cuadrar fechas para estos artistas se hará imposible: nada menos que un monográfico Bartok con Sir Simon Rattle y la LSO dentro de los Conciertos del Auditorio que habían programado para esta temporada de mucha altura.
El proyecto LinkUp de la OSPA (este año de nuevo La Orquesta Canta) que con tanta ilusión preparamos desde casi todos los centros educativos asturianos a lo largo de este curso escolar (que no olvidaremos jamás) para hacer música todos juntos también se ha cancelado esta semana a pesar del esfuerzo de alumnado y profesorado así como de la propia OSPA y muchos de sus músicos que han intentado hacerla sonar desde casa, pero la experiencia que vivimos todos en la sala sinfónica tampoco podrán compensarla Internet ni las redes sociales. Parón emocional y también económico para la cantidad de autobuses que hubieran llenado los alrededores de la Plaza de La Gesta (o del Fresno, según toque al gobierno local de turno).
Es grande el refranero español, “Mal de muchos consuelo de tontos” al ver que seguimos huérfanos de música en todo el mundo y no ya en la desunida unión europea, de la que Ibermúsica está padeciendo y mucho, con Alfonso Aijón deleitándonos desde Instagram en una genial conversación con Pablo L. Rodríguez para “La Música Confinada” de Scherzo (mi revista habitual que por primera vez no mandó a casa las revistas de abril y mayo aunque las regaló a todos en PDF, siempre de agradecer), otro de los canales que me han ocupado “cuando la tarde languidece y renacen las sombras”, vamos que no estaba teletrabajando aunque siempre esté pegado a una pantalla.

La semana próxima aparecían en mi agenda la chelista Alisa Weilerstein en la Primavera Barroca el martes 19, más el abono 14 de la OSPA, de nuevo celebrando a Beethoven el viernes 22, con Christoph König dirigiendo la séptima del genio de Boon así como a Schumann o el concierto de cello de Haydn con Kian Soltani de solista, manteniendo una estructura de concierto decimonónica para un siglo que busca no ya un director sino nuevos públicos. Menos mal que mi inversión en abonos no incluye el Festival de Danza porque entonces “mi ruina” ya hubiese sido total.

Y la Oviedo Filarmonía bajo la dirección de su titular Lucas Macías, nos debería traer el Requiem de Verdi (muchos difuntos para recordar) con el Coro de la FPA junto a un cuarteto solista de lo más operístico el domingo 24, pero tampoco me imagino yo el auditorio ovetense con un tercio de aforo (creo que los abonados ya ocuparíamos mucho más) o la orquesta y el coro separados cada uno de sus músicos dos metros además de rodearse de metacrilato (a precio de oro para la Fase 1) o actuando con mascarillas. Despropósitos de los expertos que crecen como setas en todos los terrenos al igual que los “periolistos” capaces de hablar sin saber… muchos interrogantes, dudas, mariposas en el estómago, insomnios muchas noches, confinamiento respetuoso, acatar las normas y así “ad infinitum“.

No hay nada claro en el horizonte, cada día aparecen decretos ministeriales, órdenes autonómicas, instrucciones incompletas, fases de desescalada (aumenta la jerga sin sentido) cual concurso televisivo sin pasarela, bulos permanentes, odios y enfrentamientos en redes o platós televisivos y estudios radiofónicos, insatisfacción y cabreo en toda la sociedad de a pie con unos políticos cada vez más alejados de la realidad. Se apela a la responsabilidad de todos y al sentido común (el menos común de los sentidos).

Mi agenda sigue llena de anulaciones, aplazamientos y cancelaciones… ya estoy cansado tras dos meses encerrado en casa escuchando discos, Spotify©, entrevistas de todo tipo o conciertos en los miles de canales que hay en Internet. Estoy cansado de leer libros nuevos o releídos (con más poesía que novela). Cansado de ver películas de todo tipo (aunque confieso debilidad por las musicales de todo tipo) y series en canales como Netflix, Movistar o Amazon en un caos visual de tanto trabajo delante del ordenador.
No me apetece ni quiero tanta pantalla, echo de menos “mi música” en vivo, los conciertos en Oviedo, Gijón, León, las escapadas a Bilbao, Málaga o Pamplona. La mal llamada “nueva normalidad”, otro eufemismo horripilante en una sociedad cada vez más pobre y quebrada, no tendrá nada de normal y tendrá todo de nueva. Incertidumbre en todas partes, las necesidades vitales con la salud primero y el trabajo después, le pese a quien le pese (es decir a los de siempre), ayudar a quienes se han quedado sin nada, con demasiados muertos por el camino y hambre en pleno 2020.

Prioridades ideológicas antes que las diarias, las de gente corriente como nosotros, el fútbol sucedáneo del “pan y toros” porque mejor entretener a la masa aborregada mientras hacen caja en partidos planteados sin público (como los conciertos), los necesarios test para los que puedan pagarlos, la puerta cerrada a la cultura con todo lo que mueve y significa para miles de autónomos que ven derrumbarse su vida sin ingresos ni ayudas ni siquiera perspectiva de futuro en un presente muy negro y un futuro impensable por no decir terrible. La generación actual no quiero pensar qué le espera pero tampoco a la mía, con 61 años y casi 33 cotizados.

Palabrerío y apariciones televisivas que no aclaran nada a nadie, sembrando más odio, envidias, cabreos, cacerolas y aplausos en claro “diminuendo”. Al menos la música me acompañará siempre, pero hay algo que tengo claro y escribí ya en Twitter cuando nos confinaban:

NADA VOLVERÁ A SER IGUAL

8M de mujeres y música en Mieres

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Domingo 8 de marzo, 20:30 horas. Auditorio Teodoro Cuesta, Mieres. Concierto “Día de la muyer”: Banda Sinfónica del Ateneo Musical de MieresAntonio Cánovas Moreno (director), Alberto Cienfuegos “Michel” (presentador). Estreno absoluto de las obras de Mª Luz Ortíz, Mª José Belenguer y Pilar Miralles, ganadoras del I Concurso Internacional de Composición para Mujeres “Mª Teresa Prieto”.

El Ateneo Musical de Mieres desde su fundación en junio de 2018 no obvió la importancia de la mujer en la música y así en marzo del pasado año ofreció el concierto De ellas con obras de compositoras y dirección femenina a cargo de dos componentes del propio Ateneo (la clarinetista Elba Rodal y Lara González, oboe). A raíz de este concierto se planteó con tanta ilusión como esfuerzo crear el I Concurso Internacional de Composición para Mujeres “Mª Teresa Prieto, nombre de esta compositora asturiana no suficientemente reconocida y muerta en el exilio mexicano; con un jurado de prestigio formado por Zulema De la Cruz, Ferrer Ferrán y David Rivas, valoraron hasta el día 14 de octubre todas las obras recibidas, emitiendo su veredicto y actuando como secretario Antonio Cánovas Moreno, director de la Banda Sinfónica del Ateneo Musical de Mieres.

El 18 de octubre de 2019 en el transcurso del concierto “Homenaje a Morricone” de la Banda Sinfónica del Ateneo Musical de Mieres con la Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” como invitada, se daban a conocer las tres ganadoras, que además de los premios en metálico y los diplomas acreditativos, entregados en este concierto del 8M por el Director Xeneral de Política Llingüística Antón García Fernández, en representación de la Consejería de Cultura Política Lingüística y Turismo patrocinadora el concurso, la Concejala d’Igualdá y Feminismo del Ayuntamiento de Mieres Nuria José Ordóñez Martín, y el presidente del Ateneo Musical de Mieres Pablo Álvarez, realmente el verdadero premio para todo compositor es escuchar por vez primeras sus obras en directo, esta vez interpretadas por la Banda Sinfónica del Ateneo Musical de Mieres dirigida por su titular Antonio Cánovas Moreno, asistiendo las tres compositoras.

Paso a continuación a dejar el programa del concierto enmarcado en un día especial, así como las notas sobre las composiciones de sus autoras y sus biografías, sin entrar en más consideraciones por ser parte implicada pero no por ello olvidarme de este acontecimiento musical con muchas M mayúsculas y protagonistas: Marzo, Mieres, Mujeres y Música.


OBRAS, NOTAS AL PROGRAMA Y BIOGRAFÍAS

DE BARCOS, ESPUMEROS MORENOS Y PUERTOS ASTURIANOS (MARIA LUZ ORTÍZ HERNÁNDEZ) Estreno absoluto.
Tercer premio del I Concurso de Composición “María Teresa Prieto”.

De barcos, espumeros morenos y barcos asturianos es una obra programática que cuenta la historia de cómo los espumeros morenos, seres mitológicos asturianos, ayudan a los barcos a llegar a tierra firme en días de niebla. Así, la compositora, con un estilo influenciado por el sinfonismo de los años 70 de la música de cine y la música folklórica, busca recrear con su música cuatro escenarios principales: el barco, la niebla, los espumeros morenos y la llegada a puerto asturiano.
De esta forma, la música que caracteriza el barco tendrá un carácter heroico y grandioso, donde la percusión y la sección de metales tendrán un gran protagonismo. Por otro lado, el uso de armonías más disonantes representará la niebla, que sorprenderá a la navegación en su travesía. Los espumeros morenos serán caracterizados por el flautín después de la niebla y, por último, la llegada a puerto asturiano será representada por una melodía placible y cantabile que muestra la belleza de las costas asturianas.

LAS CARBONERAS DEL NALÓN (MARÍA JOSÉ BELENGUER DOLZ) Estreno absoluto.
Segundo premio del I Concurso de Composición “María Teresa Prieto”.

Las Carboneras del Nalón es un homenaje a las primeras mujeres que trabajaron en las minas del Nalón, que eran llamadas carboneras. Su labor estaba en el exterior de la mina, donde realizaban todo tipo de tareas como la limpieza de vagones y herramientas, traslado de cestas llenas de carbón, etc. Además de ser pioneras como mujeres trabajadoras y en el sector de la minería, muchas de ellas mantenían a su familia de este modo al quedar viudas tras la guerra.
La obra nos presenta dos ambientes sonoros distintos que se van sucediendo; por un lado los sonidos de la mina, que recrean la atmósfera sonora del metal, la tierra y las detonaciones, que provocan una tensión y un sentimiento de preocupación constante en las carboneras, por el peligro que suponen para los que trabajan bajo tierra. Por otro lado, un tema melódico con carácter folclórico, que es el hilo conductor de toda la obra, constituyendo un verdadero leitmotiv de las carboneras.

LA MAR CUAJADA: Entrada en la Noche de San Juan – En contra del Cuélebre – La victoria y el tesoro (MARIA DEL PILAR MIRALLES CASTILLO). Estreno absoluto.
Primer premio del I Concurso de Composición “María Teresa Prieto”.

La mar cuajada es una fantasía sinfónica para banda basada en la mitología asturiana que trata sobre este lugar legendario. Según la historia, la mar cuajada es el lugar al cual van a vivir los cuélebres cuando ya envejecen, un lugar situado mar adentro donde además estos seres custodian un abundante tesoro. El cuélebre es una serpiente gigante y alada, y es en la noche de San Juan en el único momento en que éste duerme y se puede entrar a su morada. Es por eso que esta fantasía comienza con un primer movimiento llamado “Entrada en la noche de San Juan”, relatando la entrada de los humanos con la intención de rescatar este tesoro. El segundo movimiento es “En contra del cuélebre”, cuando éste despierta de repente para enfrentarse a ellos, también introduciendo una potente tormenta frente a ellos. Por último, “La victoria y el tesoro” para aquellos que entraron en la mar cuajada, cierran la obra recordando la misma forma en la que entraron y volviendo a tierra triunfales.

Biografías de las compositoras:

MARI LUZ ORTIZ HERNÁNDEZ: Nace en 1995 en Guadix (Granada). Inicia sus estudios musicales en su ciudad natal en el CPM Carlos Ros de Guadix (Granada) en la especialidad de piano. Termina las Enseñanzas Artísticas Superiores en junio de 2017 en la especialidad de Composición en el Real Conservatorio Superior de Música Victoria Eugenia de Granada y, posteriormente, realiza el “Máster de Composición aplicada a medios audiovisuales y artes escénicas” en el Conservatorio del Liceo de Barcelona, encontrándose entre el profesorado del mismo compositores de reconocido prestigio dentro de la música para cine como José Nieto.
Cabe destacar de su currículum como pianista el Primer Premio en el Concurso de Interpretación del CPM Carlos Ros y su puesto de Semifinalista en el Concurso Provincial de Interpretación de la Diputación de Granada. Como compositora, son notables los siguientes galardones: Primer Premio en el I Concurso de Composición e Interpretación del CPM Carlos Ros y Primer Premio en el X Concurso de Composición del RCSM Victoria Eugenia en la modalidad B. Además, es una de las seleccionadas por la Asociación de Música Electroacústica de España (AMEE) para la realización del “Proyecto AMEE para Nuevos Creadores” (PANC) en 2017. Es miembro de la Asociación de Compositores de Málaga (ACIM) y cuenta con numerosos estrenos en ciudades como Londres, Madrid, Granada, Málaga, Valencia y Jaén. También participa en varios proyectos para la creación de la banda sonora de algunos cortometrajes y documentales.

MARÍA JOSÉ BELENGUER DOLZ: Nacida en 1983 Onda (Castellón), ha realizado sus estudios musicales en el Conservatorio Superior de Castellón, donde obtiene el Título Superior en la especialidad de Flauta travesera (2008) y el Título Superior de Composición (2009). Paralelamente realiza estudios de Piano. Posteriormente realiza el Master oficial en Musicoterapia en la Universidad Católica de Valencia (2011) y el Master de Composición para Medios Audiovisuales (2015-16) en el Centro Superior “Katarina Gurska”.
Su inquietud por la composición la lleva a asistir a diferentes cursos, seminarios, talleres, durante su formación con compositores como Jose Manuel López López, Agustín Charles, Tomás Marco, Cristóbal Halffter, Jose María Sánchez Verdú.
Ha sido becada por la Junta de Andalucía para asistir al curso de composición: Cátedra Manuel de Falla (2007), con el compositor Mauricio Sotelo como tutor de dicho curso, en el que estrenó su obra “Marabunta”.
Ha sido seleccionada para el panel de lectura del Encuentro de composición INJUVE 2007, en el cual tuvo como profesores a Hilda Paredes, Philippe Hurel, Poul Rudders y Jesús Rueda. A raíz de este encuentro asiste a clases particulares en Londres con la compositora Hilda Paredes durante dos años.
Ha sido seleccionada para participar en el Encuentro de composición INJUVE 2008, en el cual tuvo como profesores a Marcela Rodríguez, Yann Maresz, Lucca Francesconi y Jesús Rueda.
Ha obtenido el segundo premio “Carmelo Alonso Bernaola”, en la 23ª edición de los Premios Jóvenes Compositores Fundación Autor-CNDM 2012, con su obra “Ida y vuelta”. Nominada en la X edición de los Premios Jerry Goldsmith a la categoría de Mejor Canción por su trabajo “The girl who lives in me”, que pertenece a la Banda sonora de “Mi peor Enemiga”, de Mario Ayala.
Ha obtenido el segundo premio en el I Concurso Internacional de Composición para banda “María Teresa Prieto”.
Ha ganado el premio a Mejor música original en el Asians on film Festival 2019 por la banda sonora del cortometraje “Cul-de-sac”.
Ha recibido encargos para festivales Internacionales como ENSEMS 2009, ENSEMS 2015, Circleart I, Femme in art, etc. Sus obras han sido interpretadas por grupos como Taller Sonoro, Grup Instrumental de Valencia, Grupo Instrumental Siglo XXI, etc.
En el ámbito de la música para medios audiovisuales ha compuesto música para cortometrajes como “Eiénesis” (Premio Proyecta 2010) dirigida por Miguel Ángel Font Bisier, “Mi peor Enemiga” dirigida por Mario Ayala (Nominada a los X Jerry Goldsmith por este trabajo), “Cul-de-sac”, dirigida por Cara Lawons, para el videojuego “Lost King’s Lullaby” , para obras de teatro como “Casa Lupe desde 1798” escrita por Inés de Miguel y dirigida por David Couso, etc.
Trabaja como arreglista para la Orquesta SAMVO, con la que realiza arreglos de todo tipo de repertorio (Beatles, Disney, Rock, Pop) adaptándolo para orquesta sinfónica para artistas de la talla de Paco Arrojo, Pepa Aniorte, Gisela, Sandra Polop, Reke, Vicente Seguí, Lorena Gómez, Rafa Blas, etc.
Trabaja como Editora y asistente de Orquestación para la compositora Claudia Montero, ganadora de cuatro Latin Grammy’s.
Trabaja como Editora y copista para la editorial Eurindia Ediciones.


MARÍA DEL PILAR MIRALLES CASTILLO:
Nace en Almería en 1997 y estudia doble especialidad de flauta y piano en las enseñanzas profesionales de música. Realiza sus estudios superiores de composición en el Real Conservatorio Superior de Música “Victoria Eugenia” de Granada. Actualmente estudia el Máster de Composición Electroacústica en el Centro Superior de Enseñanza Musical “Katarina Gurska” de Madrid. Ganadora del segundo premio en la categoría Junior de la International Antonín Dvorák Composition Competition 2019 en Praga y del XIII Concurso de Composición del RCSM Victoria Eugenia en la modalidad de música de cámara. Ha realizado cursos y masterclasses de composición con Enrique Rueda, Alicia Díaz de la Fuente y Brice Pauset, entre otros.

Nuestra ENHORABUENA a ellas y al Ateneo Musical de Mieres

 

Horizonte francés hasta Bilbao

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Viernes 28 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, “Horizontes II”, abono VIII OSPA, Javier Molina (trompa), Andrew Grams (director). Obras de Debussy, R. Strauss y Saint-Säens.

Mientras esperamos con urgencia el nombramiento de un concertino (esta vez invitado el colombiano William Chiquito) y un director titular para la orquesta asturianas, volvía el director Andrew Grams tras sus anteriores visitas de 2014 y 2016, donde también pudimos disfrutar como en este octavo de abono (interesante su paso por OSPATV) de una obra de Richard Strauss, este viernes con el concierto para trompa de caza dedicado a su padre, a cargo del solista de la OSPA el alicantino Javier Molina (entrevistado en OSPATV).

Preparando el programado que la próxima semana llevarán al Musika-Música “Destino París”, el octavo de abono tenía claro sabor francés con Debussy y C. Saint-Säens más el gran R. Strauss de orquestación similar entre nuestros vecinos, y en Bilbao se sumarán Poulenc con su concierto para órgano (razón por la en este programa estuvo Juan de la Rubia, que será el solista), Berlioz con Los troyanos, Gounod y su Fausto más el esperado Bolero de Ravel, conciertos dirigidos también por el maestro Grams, páginas que la OSPA tiene en su “fondo de armario” sacándolos en estas ocasiones y que volverá a dejar el pabellón bien alto en la capital vizcaína un año más.

La suite sinfónica para orquesta y piano a cuatro manos “La Primavera” (Printemps, 1887-1912) de Debussy (1862-1918) no es de las obras más escuchadas del parisino en las salas de concierto porque pese a necesitar una plantilla grande presenta ciertas dificultades para conseguir ese color instrumental que llevaría a clasificar o etiquetar esta música como “impresionista” y no parece tener la fuerza de otras partituras sinfónicas. Grams trabajó a la perfección esa textura en todas las secciones para los dos movimientos “moderados”, pinceladas tímbricas aportadas tanto por el piano como el arpa y una cuerda sutil que parece buscar la limpieza de líneas del Botticelli homónimo donde se inspiró Debussy, no hay melodías reconocibles pero sí ese ambiente bucólico con una excelente intervención de la flauta de Myra Pears y una segunda sección de toda la orquesta donde las trompas parecían preparar la obra siguiente.

El Concierto para trompa y orquesta nº 1 en mi bemol mayor de R. Strauss (1864-1949) tuvo como solista a Javier Molina que defendió con aplomo, seguridad, buena gama de sonido y arropado por sus compañeros junto a una concertación correcta del maestro Grams, tiempos adecuados para el solista en sus tres movimientos. Es una alegría comprobar el nivel de los solistas que atesora la OSPA, que lo demuestran cuando les ofrecen dar el paso al frente, y el alicantino ha sido otra demostración de calidad y musicalidad con su trompa de caza. Amplia paleta sonora y dinámica, desde los aterciopelados a los potentes, lejanías evocadoras de lo cinegético, guerreras en los toques a rebato, sin perder nunca afinación. El público, con sus familiares encantados y felices disfrutando como el resto, supo premiar con generosidad el despliegue virtuoso de un concierto exigente para los trompistas.

En unión de sus cuatro compañeros en “los bronces” más la percusión de Rafa Casanova nos regalaron un hermoso y resultón arreglo del multiversioneado Oblivion (Piazzolla) verdaderamente lírico, cantado por este sexteto para la ocasión con Molina de “voz cantante”.

Y para la segunda parte C. Saint-Säens (1835-1921) con la Sinfonía nº 3 en do menor, op. 78 “con órgano” (pero sin él, pues el auditorio de Oviedo carece de uno permanente como sí tiene por ejemplo el Euskalduna que dará la auténtica dimensión a esta tercera, pues no tenerlo condiciona mucho la sonoridad original). Nuevo lienzo sonoro de la OSPA con ese órgano (Juan de la Rubia como un músico más de atril) más el piano completando una tímbrica global recogida por momentos y apoteósica en el final. Grams supo delinear esos dos capítulos con varios movimientos internos que la orquestación arroja intervenciones solistas de mucho calado (bien la viola de Alamá), los metales cual tubos de órgano ampliando los registros y colores, emparejados con una madera siempre impecable, el gran órgano sinfónico que Saint-Säens construye en esta sinfonía orgánica igualmente por la vital transformación temática donde no falta el Dies Irae, melodías paralelas a su propio Carnaval (Oviedo lo celebra este sábado de Cuaresma) y perfectamente explicado en las notas al programa de Lidia Izquierdo Torrontera (enlazadas en los autores al inicio). Evoluciones de aires, modulaciones que finalizan en un corale más la coda final fugada hacia el do mayor luminoso bien llevado por un Grams nada ampuloso en el gesto pero efectivo, buscando ese acento francés que le sienta muy bien a nuestra orquesta asturiana de aires cantábricos con parada en Bilbao.

Regresos esperados

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Viernes 21 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, “Reflejos II”, abono VII OSPANing Feng (violín), Carlos Miguel Prieto (director). Obras de Revueltas, GoldmarkElgar.

Varios regresos esperados para el séptimo de abono de nuestra OSPA: Israel López Estelche (compositor y autor de las notas al programa, enlazadas en los compositores) con una conferencia previa siempre interesante y casi de obligada asistencia para comprender mejor lo que vendrá a continuación, sin olvidarse “fuera de programa” de la asturiana emigrada a México Maria Teresa Prieto (1896-1982), muy ligada a este concierto; el violinista Ning Feng (un virtuoso que nos ha dejado un CD con la OSPA para recordar y volver a disfrutar) con el concierto de Goldmark (que como todos los de la orquesta grabó RNE), verdadero triunfador del programa; el director mexicano de ascendencia asturiana Carlos Miguel Prieto (siempre bien recibido) hoy con parte de su familia entre el público, rememorando sus orígenes y donde se encontraba su padre el chelista Carlos Prieto, (sobrino y depositario de la obra de Mª Teresa Prieto) que departió amigablemente con el presidente de la Sociedad Filarmónica Ovetense Jaime A. Buylla y señora al final del concierto, más una obra de Elgar que siempre funciona con la formación asturiana (y para quien la orquesta trajo refuerzos del CONSMUPA, en la buena dirección de ayudar a completar la formación de estos músicos jóvenes, algunos de ellos entrevistados en OSPATV) para su Sinfonía nº 1 en la bemol mayor, op. 55.

Para comenzar nada mejor que el compositor mexicano Silvestre Revueltas (1899-1940) y su poema sinfónico Janitzio (1933), «una pieza tradicional que lleva el nombre una isla en un lago en México» como bien recordaba en El Comercio el maestro Prieto (Ciudad de México, 1965) así como en la entrevista para el canal de YouTube© que cada programa presenta Fernando Zorita. Música de su tierra estrenada por la orquesta de la que es titular en una página que evoca precisamente la vuelta a la tierra, reflejos como el título del séptimo de abono. Colorido instrumental, ritmos autóctonos y la sublimación de lo popular en lo sinfónico bien entendido por un director que transmite seguridad a los músicos, con la pareja de oboes evocando las trompetas del mariachi, la percusión dando las pinceladas necesarias para este fresco orquestal donde lo ternario invita al baile, y una cuerda comandada esta vez por el concertino Michael Brooks, todos plenamente integrados con unas melodías que sentimos cercanas.

López Estelche nos hablaba en la conferencia previa de compositores “independientes y solitarios”, incluso autodevorados por su propio estilo siendo reconocidos por pocas obras, caso del húngaro Karl Goldmark (1830-1915) con su ópera La Reina de Saba (1875) o el Concierto para violín en la menor, op. 28 que contó con el increíble Ning Feng, siempre bien arropado desde el podio en un derroche de música, técnica al servicio de la partitura desde una modestia que no impide apreciar su grandeza como violinista. Pese a lo denso del concierto por ese estilo propio de Goldmark donde las melodías son eternas y la orquestación su punto fuerte, el virtuoso chino mantuvo la tensión y el diálogo en los tres movimientos que fueron creciendo en intensidad y entrega desde el Allegro moderato contenido y saltarín, lirismo contrapuesto a una orquesta perfectamente balanceada que permitió una amplísima gama de matices enriqueciendo un timbre aterciopelado, unos ornamentos claros y diálogos precisos donde toda la cuerda se mostró incisiva. El Air: Andante resultó conmovedor por unos pianissimi impecables, una cadenza de cortar la respiración y el sonido del violín emocionante, presente, cálido, “in crescendo” de sentimientos antes de afrontar un Moderato-Allegro que pondría la guinda del buen entendimiento, ideal el unísono con el clarinete, ensamblaje perfecto en los cambios de aire, paleta de dinámicas en solista y orquesta, vibrante entrega para un concierto que recuerda los de Mendelssohn o Brahms pero con la paleta de un solitario como Goldmark sin etiquetas ni “hogar estético“.

El público premió con una fuerte ovación que Ning Feng nos agradeció primero con el Andante BWV 1003 de Bach íntimo, nuevamente modesto e interiorizado, casi religioso, y después un entregado Paganini explosivo, el Capricho 24 mágico, endemoniado y de otra galaxia por un despliegue técnico epatante capaz de escuchar dos violines en uno.

Todavía saldría a saludar más veces antes del Der Erlkonig (Schubert) que pareció dejar en otra galaxia a un violinista cercano, valiente, virtuoso volviendo sin el instrumento al que el ayudante de concertino ofrecía el suyo (foto superior) ante la enésima salida para saludar a un respetable entusiasmado por el derroche del chino, nuevamente triunfador en Oviedo.

Y sumándose como uno más a los últimos atriles de los violines primeros, más el refuerzo joven de los trece alumnos en prácticas extracurriculares, llegaría la impresionante Sinfonía nº 1 en la bemol mayor, op. 55 de Sir Edward Elgar (1857-1934) donde Carlos Miguel Prieto extrajo lo mejor de una orquesta majestuosa con casi cien efectivos, capaces de unos piani imperceptibles y unos forti nunca exagerados pero sumando calidades en todas las secciones para una plantilla siempre deseada.

Música con la firma solemne y elegante del británico, la melodía infinita que aparece delineada por una orquestación plena y variada, exigente en cada familia, trombones y tuba compitiendo con trompetas y trompas por dotar de grandeza unos pasajes sustentados por cuerda y madera en equilibrio inestable cercano al éxtasis sonoro del primer movimiento (Andante. Nobilmente e semplice – Allegro) con esa “simplicidad” tan del Elgar de Nimrod (Variaciones “Enigma”).

El maestro mexicano fue destacando las texturas sin perder de vista el lirismo, en el Allegro molto auténtica filigrana, empuje vital donde bordó un tapiz lleno de contrastes, hilo de oro en el viento metal, plata en la madera y terciopelo en la cuerda que al fin tuvo los graves deseados, y en el siguiente Adagio remanso melódico sin necesidad de batuta, cantando evocadores paisajes ingleses de un romanticismo que se negaba a abandonar la escritura sinfónica. El último Lento – Allegro “simple en intención, noble y elevado”, sublime transición de sonoridades oscuras antes de la luz nunca cegadora de una brillante sinfonía que redondearía este séptimo de abono la mejor y deseada OSPA en busca de director. Carlos Miguel Prieto se sintió en casa.

Buenas manos en la masa

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Sábado 8 de febrero, 20:00 horasConciertos del Auditorio: Oviedo Filarmonía, Manuel Blanco (trompeta), Christian Lindberg (director). Obras de Chaikovski, Arutunian, Lindberg y Borodin.

Crítica para La Nueva España del lunes 10 con los añadidos de links (siempre enriquecedores y a ser posibles con los mismos intérpretes en el caso de las obras), fotos de la Web y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

©FernandoRodríguezLNE
Hay “masa madre” en la Oviedo Filarmonía que con las manos del polifacético Christian Lindberg (Danderyd, 15 de febrero de 1958) elaboraron unos manjares musicales con sabores rusos y propios que fueron del gusto de un público entregado y entusiasmado con la evolución natural de la orquesta ovetense, plena en cualquier repertorio y aún más con el gran repertorio sinfónico, aunque siga echando de menos más graves, si bien la “levadura” fermentó a la perfección con el maestro sueco cuya camisa plateada (azul para Arutunian) parecía recordar a sus compatriotas de ABBA.
La Obertura-Fantasía “Romeo y Julieta” de Chaikovski sonó poderosa guiada por esas manos tan expresivas del director y una gestualidad un tanto histriónica pero efectiva para lograr sacar líneas melódicas limpias, emocionantes y potentes en unos metales que sonaron aterciopelados además de presentes cuando así lo exigía el momento, notándose la faceta de trombonista del sueco por cómo mimó la “sección de bronces” a lo largo del concierto, sin desmerecer a una madera excelente más la cuerda siempre limpia, precisa y tersa (comandada por la concertino Marina Gurdzhiya) en los pasajes más líricos, con unos chelos y violas de lo más inspirados.
El trompetista manchego Manuel Blanco (Daimiel, 1985) es una figura mundial de agenda completísima que se presentaba en Oviedo, la Viena española, con el Concierto para trompeta y orquesta en la bemol mayor (1950) del armenio Alexander Arutunian (1920-2012), digno compañero de programa de los rusos y el sueco, fusionando estilos sin obviar el neoclasicismo entonces en boga, bebiendo de una herencia musical riquísima, explotando los registros de un instrumento capaz de evocar lo épico al mismo nivel que las melodías populares asiáticas de esta antigua república soviética pero de historia ancestral, hiriente e íntimo. El sonido de Blanco con su trompeta es impresionante, de proyección impecable desde todas las dinámicas que presenta este concierto que lleva tiempo en su repertorio, y en la sección lenta con sordina sacando unos timbres más cercanos al corno inglés que nos hacen olvidar el arduo trabajo de los labios, además de una cadencia virtuosa y sentida siempre perfectamente concertada por Lindberg y una OFil inspirada y dúctil, engrandeciendo una página no suficientemente escuchada que el público recibió con respeto premiando el esfuerzo de todos.
Con el fliscorno y la sección de cuerda Manuel Blanco nos regaló una versión de Oblivion (Piazzolla) muy libre pero sin perder esencias, introducido con el famoso tema del Aranjuez de Rodrigo, fusionando también ese aire de pop y jazz (Chuck Mangione popularizaría esta trompeta grave, “flugelhorn” para los anglófonos), magníficamente llevados por Lindberg y compartiendo melodía con el violín de Gurdzhiya compitiendo en delicadezas. La Nana de Falla con un fliscorno solo arrullando redondearía la intervención del manchego, digno sucesor de Maurice André en un instrumento polivalente en manos y boca de estos virtuosos.
El Lindberg compositor estrenaba en Europa su Fake News (2017), título revelador donde la manipulación del sonido, para una plantilla que apenas varió en todo el concierto, parece explicar la inspiración de una partitura valiente, bien orquestada con importante percusión, motivos agradecidos al oído, especialmente en el tema ternario, y aires de banda sonora de documental aunque el compositor confiese no escribir en ningún estilo, solamente lo que su cerebro y alma le dicen. La vitalidad y buena mano demostrada se reflejan en esta composición que volvió a mostrarnos una OFil equilibrada y brillante.
De nuevo el sinfonismo ruso, Borodin y su Sinfonía “Épica”, la segunda en si menor escrita en cuatro movimientos para una masa sonora perfectamente controlada por el maestro sueco, memorizada como Chaikovski y manteniendo el balance con la calidad de la orquesta carbayona, lucimiento de solistas, sonido claro, virtuosismo global en el Prestissimo, auténtica repostería el Andante y brillante Allegro final. Manos de artesano sonoro capaces de poner a la Oviedo Filarmonía en un primer plano sinfónico conjugando estilos emparentados que nunca nos resultan ajenos. Christian Lindberg en estado puro y con las manos en la masa.

Con P de Pablo

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Viernes 7 de febrero, 20:00 horas. OSPA Abono VI “Contrastes I”, Maximiliano Martín (clarinete), Pablo González (director). Obras de Berlioz, Nielsen y MussorgskiRavel.

Sexto abono de la OSPA que quiero titular “Con P de Pablo”. Pablo González Bernardo, prodigio y pródigo, profeta en su tierra, personalidad, poderío, puntilloso, permeable, precavido, pasional… faltan calificativos para un concierto donde orquesta y director celebraban veinte años de su primera colaboración, dos décadas de crecimiento en ambos con momentos duros en estas dos décadas, pero que en días como este primer viernes de febrero, compensan al encontrar tanto un programa de lucimiento por los grandes orquestadores, como el feliz entendimiento y complicidad entre nuestros paisanos.
Dos grandes orquestadores y franceses como Berlioz y Ravel escoltarían al danés Nielsen (aquí estos primeros “Contrastes” que titulan este programa) con un concierto de clarinete que nos trajo al tinerfeño Maximiliano Martín de solista, compañero de estudios londinenses con algunos de los músicos de la OSPA, colaborador del director ovetense y otro prodigio para una velada portentosa.

Ya en el Carnaval Romano, op. 9: obertura del gran Hector Berlioz (1803-1869) pudimos adivinar las líneas maestras del concierto, sonoridades muy cuidadas, colorido del carnaval, velocidades en el punto justo para disfrutar de los solistas (magistral el corno de Juan P. Romero), unos balances entre todas las secciones perfectos y la gestualidad clara y precisa de Pablo González para ir definiendo todos los planos con una paleta muy rica en las dinámicas. Una orquesta entregada a la que se la notaba disfrutar con el “conductor”, un término británico que al director asturiano formado en la capital inglesa con el siempre recordado Sir Colin Davis entre otros, le viene como anillo al dedo, manejando la masa sonora con prudencia, tino y acierto, controlando sin pisar el acelerador, un guiño, una mueca suficientemente clara para sacar el máximo rendimiento a la impresionante orquestación para una formación que necesita más que nunca un titular como el carbayón, así como un concertino (hoy invitado el madrileño Miguel Colom y la ovetense María Ovín de ayudante), para sonar como saben y pueden, la calidad tanto de las obras elegidas como de sus intérpretes.

Hace años que Carl A. Nielsen (1865-1931) enamoró al actual titular de la Orquesta Sinfónica de RTVE, dirigiendo una segunda que todavía recuerdo, y entre los colosos franceses colocar al nórdico con su Concierto para clarinete y orquesta, op. 57 resultó primoroso no ya por Maximiliano Martín que hizo cantar desde un virtuosismo endiablado su instrumento, sino por la plantilla peculiar con cuerda “menguada”, dos fagots, dos trompas y la caja (impresionante Rafael Casanova) casi tan solista como el clarinete, donde concertar sin perder nada de lo escrito, es una tarea al alcance de pocos directores. Concierto con destinatario que el propio Martín explica en OSPATV así como en las notas al programa (enlazadas al inicio en los autores) de Marina Carnicero García, un lenguaje musical muy danés por inspiración en su folklore, pero innovando en todo desde una complejidad técnica que exprime al máximo todos los recursos del clarinete. “La caña” literalmente, un solo movimiento con juegos te tiempos contrastados, rítmicamente complicados de concertar, diálogos entre orquesta y solista, así como la caja que también parece cantar y contestar el carácter del destinatario Aage Oxenvad (quien lo estrenaría en Copenhague el 11 de octubre de 1928), gruñón y endiosado al que su compatriota parece quiso pone a prueba, que el canario Martín eleva al culmen con esa sabia combinación de técnica y musicalidad, el canto desde el clarinete explorando los registros extremos, las dinámicas imposibles capaces de cortar la respiración del público (los móviles todavía no saben escuchar), los solos volando literalmente por el auditorio, y la orquesta revistiendo de belleza esta página de mi querida Dinamarca que suena totalmente actual casi cien años después.

La propina de un músico que trabaja como clarinete principal en la SCO (Scottish Chamber Orchestra) tenía que ser escocesa, una excelente página de James MacMillan (1959), From Galloway, para seguir disfrutando del sonido único del clarinete maestro, la caña del canto, la inspiración antigua en el sonido actual, con la respiración como expresión intrínseca a la música, el intimismo e incluso la crítica a un incomprensible “Brexit” para una visión unificadora y artística de un español universal en Gran Bretaña.

Verdadera prueba de fuego son los Cuadros de una exposición de Músorgski en la orquestación de Ravel, exigencia para cada solista, para las secciones que deben estar en la proporción exacta para equilibrarse, pero también para el director que conduce al oyente por cada cuadro debiendo pintar con sonidos toda una explosión de color desde todas las intensidades con el aire justo para disfrutar de los paseos entre ellos deleitándonos y aportando la personalidad del guía. La versión de Pablo González, que conoce esta obra desde hace tiempo dirigiéndola de memoria) resultó preciosista, precisa, puntillista por los detalles, dejando a los solistas “respirar” en sus intervenciones y retomando la pulsación justa con el rubato necesario para tomar carga expresiva, unido a unos silencios sobrecogedores que aportan el dramatismo subyacente. Diez cuadros pintados a la perfección con la respuesta exacta exigida desde la dirección poderosa, cómplice y hasta próxima para una obra que por conocida siempre resulta complicado sacarle brillo. Artesano del sonido, mi tocayo (también en OSPATV) supo jugar con una sonoridad cuidada, limpia y que permitió escuchar todo lo que Ravel saca del piano original para recrear estos lienzos limpiándolos y dotarlos del brillo que la OSPA tuvo. Hacía años que la cuerda no sonaba tan presente y llena, con unos pizzicati claros, redondos, una madera en estado de gracia (saxo incluído), unos metales poderosos (bravo el solo de bombardino de Brandhofer) que nunca cegaron con una cuidada emisión y la percusión pletórica, tanto en las pinceladas como en los grandes trazos finales, empujando para un sonido sinfónico único. Los polluelos salieron del cascarón, la discusión de Goldenberg y Schmuyle se escuchó precisa, las Catacumbas acogieron los claroscuros, la cabaña Baba-Yaga pese a las patas de gallina nunca estuvo tan asentada y la gran puerta de Kiev se abrió de par en par para la salida triunfal de Pablo González, calificativos “con P” en este regreso al podio de una OSPA huérfana que le acoge como su público rendidos ante su magisterio.

Imágenes italianas

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Viernes 17 de enero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, “Horizontes II”, abono V OSPA, Benedetto Lupo (piano), Corrado Rovaris (director). Obras de Elgar y Nino Rota.

Con Italia tenemos esa cercanía del Mare Nostrum y su música la sentimos casi como nuestra. De ahí llegaban director, pianista y unas obras que Eduardo Chávarri, autor de las notas al programa (enlazadas en los autores) desgranó en la conferencia previa poniendo imagen a unas partituras de por sí evocadoras y más aún cuando te las muestran e incluso analizan con detalle, máxime en la música de cine.

Evidentemente Sir Edward Elgar (1857-1934) no era italiano pero su obertura In The South “Alassio” op. 50 se inspira claramente en ese municipio italiano en el golfo de Génova donde pasó el invierno de 1903 que no fue lo que se dice benigno, pero suficientemente evocador de un imperio romano del que aún quedan vestigios, de las películas romanas que bien pudieran utilizarse como imágenes para esta música, así como de un mar capaz de pasar de ser una balsa a enfurecerse y bañar de grises un lienzo ideal. El maestro Corrado Rovaris volvía al frente de la OSPA (entrevistado en OSPA TV por Fernando Zorita) haciendo música de su tierra natal aunque en Oviedo le recuerdo básicamente en dirigiendo dos óperas: la excelente Peter Grimes de enero de 2012Ainadamar en diciembre de 2013 sin olvidarme tampoco de su anterior visita de marzo de 2015 con el cellista Asier Polo en un concierto donde mimó el sonido de nuestra formación. Conocedor por tanto de la orquesta, con la que se nota un feliz entendimiento, la página de Elgar sacó lo mejor de cada sección y lucimiento de los solistas a lo largo del concierto, incluso permitiéndose cambiar algunos primeros atriles. Energía inicial, con las trompas seguras, la cuerda aterciopelada y equilibrada, el viento madera en su línea habitual así como todos “los bronces” en estado de gracia, poderoso metal de evocaciones dignas de los Péplum. La viola de Alamá no solo rindió homenaje, como el propio autor, al Harold italiano de Berlioz sino que pareció imbuirse de Riquelme en el anterior concierto, dejándonos un solo bellísimo, de musicalidad máxima para poner imágenes a ese mar ambiguo y traicionero, bien contestado por la trompa solista de Rosado, dos valencianos de pura cepa con la cercanía mediterránea. Como bien describen las notas al programa esta partitura “profundizando en esa sensación de elegancia y nobleza que subyace a lo largo de toda la pieza“, elegancia de Rovaris y nobleza de una orquesta con solistas de primera.

Nino Rota (1911-1979) pasará a la historia como gran compositor de bandas sonoras pero su biografía nos muestra a un niño prodigio del piano y autor de páginas sinfónicas u operísticas de vanguardia, con una calidad que el cine parece haber confirmado, pues no me canso de repetir que son los compositores más populares del siglo XX precisamente por el séptimo arte. El Concierto Soirée para piano y orquesta (1961-1962) lo estrenó el propio Rota en el Teatro Olímpico de Vicenza (1963) y en él aparecen guiños llenos de citas musicales, de toques humorísticos y sobre todo su empeño de “hacer feliz a la gente“. Uno de sus alumnos fue Benedetto Lupo, quien ha grabado la integral para piano de su maestro, el solista ideal para este concierto (merece la pena la entrevista en OSPA TV), cinco movimientos no exentos de virtuosismo, de diálogos con la orquesta (algo más reducida) y exigente por los cambios de tempo, ritmo y dinámicas que Rovaris entendió desde su dirección clara, precisa y nunca ampulosa pero siempre efectiva. Imágenes que los propios títulos evocan, desde el Chopin del Valzer Fantasía inicial, el Ballo figurato con reminiscencias rusas incluso en la instrumentación, el romanticismo exiguo de la Romanza (que utilizará Rota en La Strada) donde el chelo de von Pfeil rivalizó en sonoridad con la viola o el corno inglés de esta primera parte, poniéndole personalmente al piano imágenes del mejor Rachmaninov tamizado también por Hollywood, final en la menor casi de fundido a negro con el paso último al mayor que Lupo devolvió al do natural en otra humorada “muy de Rota” antes de la afrancesada Quadriglia, piano emergiendo arriba y abajo con flautas más clarinetes coloreando este baile de salón que finaliza con el alegre y luminoso Can-Can para solaz de orquesta y batuta concertando a la perfección con Benedetto Lupo inspirado como todos.

El regalo del Preludio 13 de Rota recordaría el dominio melódico del maestro y beber de la fuente directamente para un Lupo poderoso y tierno, preludio cinematográfico de la segunda parte.

Las imágenes de La Strada (1954) seleccionadas por el doctor Chávarri para la conferencia nos recordaron al mejor Fellini y el genial tándem con Nino Rota cuya música conocemos a la perfección, casi siempre asociada al cine. El reparto con Giulietta Masina (Gelsomina), expresividad y delicadeza irrepetible, Anthony Quinn (Zampanò), todavía joven en el papel de forzudo tragafuegos y maltratador, y Richard Basehart (il Mato, payaso trapecista), mi almirante Nelson del submarino nuclear Seaview en la serie “Viaje al fondo del mar” de los años 60 con televisión en blanco y negro como la propia película de Fellini.
La belleza de esta banda sonora para la oscarizada como mejor película de habla no inglesa en 1956, donde hay amor, ensoñación y desengaño subrayados perfectamente por el compositor le llevaron en 1966 a escribir la Suite del ballet para orquesta a petición de La Scala de su Milán natal, partitura que Rovaris con la OSPA elevó al paraíso cinematográfico con imágenes propias. Lucimiento en cada intervención de los solistas desde el impetuoso inicio. Si la trompeta de Van Weverwijk pasaba del sonido circense al de jazz con total naturalidad, el trío de músicos que se encuentran con Gersomina, flauta, clarinete y tuba -en la película vemos un bombardino- caminan sobre el alambre sin red pero seguros en las alturas con toda la madera al encuentro de “il Mato”. El swing lo marcaría Casanova a la batería secundada por unas trompetas espectaculares y el trombón de Brandhofer en su salsa, junto a los timbales de Prentice asegurando con precisión los tutti. Y la delicadeza de Massina recayó en el violín de Isabel Jiménez (que repetía de concertino invitada), contrastando con la tensión orquestal del maltratador Zampanò, el único momento donde el balance cayó hacia los “bronces” ocultando una cuerda (con piano, celesta y dos arpas) casi siempre presente y contundente. El “intermezzo” cede la melodía a la trompeta, nuevamente inspirada, antes del triste final nuevamente con el solo de violín doloroso y bello.
Rovaris diseñó una película sinfónica llena de claroscuros bien coloreados, sacando brillos y sedas, luciéndose y haciendo lucir a cada músico con los múltiples cambios de una partitura que hizo las delicias de todos. Parece perentorio ir cerrando el tema de contrataciones de un concertino titular así como de un director, al menos que sea un Maestro con mayúsculas como el de este abono (“no hay quinto malo” dice el refrán), capaz de contagiar entusiasmo y confianza, conocedor de un amplio repertorio más allá del necesario “fondo de armario habitual” alternado con estrenos no siempre de calidad, para que todo funcione y podamos decir que la OSPA suena de cine.

Buenas sensaciones

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Viernes 10 de enero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, “Lenguajes propios I”, abono IV OSPA, Joaquín Riquelme (viola), Nuno Coelho (director). Obras de Britten, Walton y Brahms.

Primer concierto en vivo del año, dando por supuesto que todo melómano ya se estrenó desde su casa con el mediático vienés, y conferencia previa de la doctora María Sanhuesa, autora también de las notas al programa, sobre “Dos voces británicas” que ocuparían la primera parte del cuarto de abono de la OSPA, Britten y Walton bien traídos como en el estreno de las obras de este programa en Barcelona y nada menos que con Hindemith de solista en la viola, ese instrumento al que las nuevas generaciones están poniendo en su sitio con abanderados españoles como la pamplonesa Isabel Villanueva, el asturiano Jesús Rodolfo o el murciano Joaquín Riquelme que nos visitaría esta semana desde su atril en la Filarmónica de Berlín y concedió para el Canal en YouTube© de la OSPA una excelente entrevista.

Para arrancar la velada nada mejor que Benjamin Britten y sus Cuatro interludios marinos de “Peter Grimes”, op. 33a, música que la OSPA siempre ha interpretado bien, desde un War Requiem en 2013 hasta la propia ópera hace ocho años en el Campoamor que también nos recordaba María Sanhuesa una hora antes. La excelente orquestación del británico pudimos saborearla gracias al maestro Nuno Coelho que repetía visita tras la invitación en abril del pasado año, volviendo a mostrar la química con los músicos y contagiar su energía (entrevista en OSPATV). El poso que los portugueses tienen de Inglaterra parece estar en sus genes y el director luso llevó con mano izquierda y rigor los cuatro lienzos sonoros capaces de evocar unos paisajes diría que oceánicos, más allá del interior que la ópera presenta y coloca entre sus actos. Dawn, Sunday Morning, Moonlight y Storm fueron ganando en intensidad controlando la amplia gama dinámica de unas escenas bien delineadas por una orquesta ideal en número aunque sigamos necesitando un concertino titular (esta vez la invitada fue Isabel Jiménez), con sonoridades rotundas y claras. Sucesión de escenas bien delineadas por Coelho con la formación asturiana, la calma del amanecer desde una cuerda sedosa, trombones y tuba coloreando, una madera limpia, la tranquilidad en la playa un domingo por la mañana con el sonido de pájaros (bravo por la flauta de P. Pearse) y campanas con una percusión impecable y la luz otoñal nunca cegadora, así entendida en las texturas, la luna llena que ilumina ese puerto inglés de Aldeburgh antes de la furiosa tormenta que la música describe a la perfección, pasión más externa que interna en la visión del director portugués que encontró la respuesta precisa de una OSPA cómoda con la obra y la batuta lusa.

El mismo aire de las islas nos lo trajo W. Walton con su Concierto para viola y orquesta (revisión de 1962) y Joaquín Riquelme de solista, todo un lujo de sonido, virtuosismo, elegancia y musicalidad en los tres movimientos que el contemporáneo de Britten coloca en un orden “rompedor” sin perder ni coherencia ni teatralidad, pues no quiero olvidar al Walton cinematográfico y todo un referente para las generaciones posteriores en las bandas sonoras. Comenzar con un Andante cómodo supone la puesta en escena de todo un “corpus orquestal” narrativo, con toda la acción en el Vivo, con molto preciso, el nudo argumental donde solista y formación se emplearon a fondo en calidades, balances, intensidades, todo bien concertado por el maestro Coelho que volvió a dominar la escena, hasta ese Allegro moderato donde la luz del norte ilumina de forma nítida un concierto poético incluso en su dedicatoria y verdaderamente teatral además de inimitablemente británico.

Con “permiso” de los cellos, Riquelme nos regalaría la Allemande de la Suite nº1 de Bach demostrando que la viola ha sido injustamente tratada y posee el sonido más cercano a la voz de mezzo como su hermano mayor lo sea de barítono (el violista murciano en la entrevista para OSPATV lo comparaba a la voz de un tenor italiano). Personalmente tímbrica “femenina” ideal para un repertorio que el músico de la mejor orquesta del mundo conoce como pocos, sumándose a la OSPA en su atril para la segunda parte, pasión por la música y auténtica forma de entender la vida.

La Sinfonía nº 2 en re mayor, op. 73 de Brahms volvía a los atriles de la OSPA tras el regreso de Max Valdés hace casi cuatro años, esta vez con acento portugués y poso británico. Nuno Coelho tiene talento, se nota el trabajo y las ideas, como su gesto, son claras además de precisas. Conocedores de un repertorio básico en toda orquesta, el germano pone a prueba no ya todas las secciones sino el calado interpretativo al afrontar sus sinfonías, especialmente esta segunda, disfrutando de todos los solistas al encontrar las dinámicas, equilibrios y tempi adecuados a cada movimiento. El Allegro non troppo dibuja esa melodía en la cuerda que recuerda la “Canción de cuna”, revestida por una madera siempre en estado de gracia junto a unos metales acertados, amplia gama de matices muy logrados con la garra justa y el sonido “de orquesta británica” que pareció impregnar todo el concierto. El Adagio non troppo perdió algo de la energía demostrada en el primer movimiento pero mantuvo la calidad sinfónica para remontar en el Allegretto grazioso (quasi Andantino) y rematar en alto con el Allegro con Spirito que devolvió ímpetu, fuerza y la sonoridad de la orquesta asturiana mostrando lo mejor en todas las secciones y la entrega a un director que sigue creciendo musicalmente postulándose entre los candidatos a la necesaria (y urgente) titularidad de una formación que sigue sin sus dos pilares básicos.

Carta a SS.MM.

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Muy señores nuestros, si ustedes me permiten este correcto trato epistolario:
Como todavía me queda algo de inocencia (serán los años), lo único que les pido a Los Magos (lo de reyes sigo sin llevarlo bien por esta tendencia mía a La República) tras los pasados “Años Mahler” sin lograrlo, es poder escuchar en Asturias la Octava Sinfonía “De los Mil” con todas nuestras orquestas (OSPAOvFil, la Filarmónica de Asturias, la Universitaria ya renacida, la OCAS, nuestros coros (“El León de Oro”, grandes, chicas doradas y peques, igual que el de la Fundación Príncipe y también la Escolanía San Salvador…) con nuestros solistas, que tenemos un montón y de primera en mi querida Asturias donde elegir: Beatriz DíazElena Pérez HerreroAna Nebot, Mª José SuárezLola Casariego, Alejandro RoyDavid MenéndezMiguel Ángel ZapaterJuan Noval-Moro… (algunos “adoptados” o directamente de nuestra familia cordobesa).
Mantengo mi ilusión de tener a Pablo González como director de un acontecimiento que me copió Dudamel, al que le perdono casi todo… incluso que mi tocayu lo llevase a Barcelona en sus años como titular y seguro seguirá desde la OCRTVE.
Pablo González y Mahler .
Es la ilusión infantil en este día aunque tampoco quiero olvidarme de Forma Antiqva, para quienes vuelvo a pedir un Grammy clásico (se lo merecen, sobre todo los hermanos Zapico, que en 2019 siguieron “a tope” y haciendo historia siempre volando desde casa, esperando nuevo disco a pesar de su obligada mudanza de la capital).
También sigo recordando a mis queridos pianistas con la mierense nacida en la capital Carmen Yepes a la cabeza (trabajado duramente desde Madrid), sin olvidarme de Judith JáureguiDiego Fernández Magdaleno.
Mantengo ilusión y pido más composiciones de Rubén Díez, no sé si por fin la zarzuela marinera, ya que de Jorge Muñiz al fin llegó su Fuenteovejuna al Campoamor, y del siempre “redescubierto” Guillermo Martínez o de Gabriel Ordás me consta que este 2020 seguirán inspirados y en su línea de estrenos. De La Dama del Alba del incombustible Luis Vázquez del Fresno creo que alguna sorpresa tendremos para este año y llegue completa a escena.
Por no perder la esperanza pido para los llamados “gestores culturales” que se olviden de su crisis permanente, la intelectual que parece contagiosa como la gripe o las toses en los conciertos, y den mucho más trabajo a los de casa, no por patriotismos sino por calidad contrastada, incluso cambiar alguna vez de agencia de contratación… y sobre todo ¡no más recortes ni cierres!.
No sé si ya les han escrito pidiendo para mis jóvenes violinistas favoritos (Ignacio Rodríguez, y María Ovín aún en la OSPA) que van creciendo, para traerles mucho éxito en sus trabajos fuera o en casa, aunque yo me sumo a esos mismos deseos, y de lo pedido en años pasados faltaron muchas cosas (supongo que por pedigüeño) pero a mi edad no tengo freno, parece que me hizo la boca un diputado…
Para mi adorada Beatriz Díaz ya les escribiré otra carta porque se merece todo lo que traigan en 2020 y más. Además de darle las gracias de nuevo felicititándola por su incorporación de Beethoven al repertorio, y su vuelta a la zarzuela ovetense en junio (aunque espere más ópera en el Campoamor), espero le llegue pronto esa Mimí, a ser posible en el Teatro Real de Madrid aunque en Italia saben que es muy querida y Londres, Nueva York o Viena aún no se hayan enterado… pero Vds. lo saben por ser Magos.
Para la Ópera necesitaría otra carta de adulto, pero mi mamá dicen que ya está bien de pedir… al menos mantener ópera y zarzuela porque suprimir la gala de los Premios Líricos Campoamor sigue enfadándome y ya han recogido sus frutos otros. A todos mis amigos músicos repartidos por el mundo les mando siempre “MUCHO CUCHO®” antes de cada actuación, normalmente de vaca asturiana, y podría escribir una carta más detallada para tantos que tengo repartidos por el planeta (para que luego digan de la “maldición” ENTRE MÚSICOS TE VEAS).
Mientras tanto espero que la palabra corrupción desaparezca de nuestra cotidianidad y que las crisis, ya en plural, pasen hoja definitivamente y se olvide de la MÚSICA y de toda la CULTURA en general, donde “recortes” o “supresión” se escuche menos que “Cataluña” ¡lo qué ya es decir! para este año 2020 que acaba de nacer, aunque nuevamente parezcan estar “duros de oreja” (supongo que con el 155, tripartitos de tonada y demás “ocurrencies de oficalidá” no tendrán ni para un sonotone y la edad no perdone ni siquiera la Vox).
No quiero olvidarme de mi Ateneo Musical de Mieres del que me regalásteis su presidencia en junio de 2018, pidiendo la misma salud que en el recién finalizado 2019 (la Lotería no pedimos que toque), y mantengan la Banda Sinfónica dirigida por Antonio Cánovas a ese nivel de un año sin parar, llevando su música además del nombre de nuestra Villa lo más lejos posible.
A propósito, si pudieran dejarnos la música en la educación un poco más que ínfima y optativa, entonces tiraría fuegos artificiales… pero ya ven que no está entre las peticiones musicales, ni siquiera que algún día en “esta España nuestra” que cantaba la recordada Cecilia (no la Santa sino la Evangelina) se alcance un pacto de estado donde la educación sea inversión en vez de gasto y prime el menos común de los sentidos en vez de la partitocracia e independentismos que intentan reescribir la historia a base de tantos eufemismos que hasta a la mentira la llaman posverdad.
Gracias señores majos y Magos (de donde vengan y utilizando el transporte que tengan sin entrar en cabalgatas municipales de las que mejor no opinar) por seguir llenándonos de esperanza e ilusiones.
Pablito, 12 años.

 

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