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Escenarios mierenses

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Preparando una conferencia sobre mis andanzas musicales pude observar cómo se han perdido distintos escenarios musicales en nuestro Mieres del Camino, lo que puede ser sintomático de todo un declive cultural, más aún en cuanto a la oferta de la llamada “música clásica”.
Luis Fernández Cabeza y Marino Canga. ©Foto Alfer Gancedo
Dependiente del Centro Cultural y Deportivo Mierense que dirigía Luis Fernández Cabeza estaba la Filarmónica con una trayectoria que bien se merece una tesis doctoral porque trajo a nuestra villa ilustres intérpretes que iban firmando en unos libros seguramente a buen recaudo y testimonio impagable de la importancia que tenían aquellos conciertos en el Teatro Pombo.

©Foto Paco
Por citar algunos a los que pude asistir y de los que guardo incluso autógrafos de los músicos como la mezzo Isabel Rivas en febrero de 1971, la soprano María Orán en febrero del mismo año, o el pianista Luis Galve en mayo de 1972. Dejo algunos programas con el slogan “Más socios, más conciertos”.
El cierre del Pombo supuso el traslado de los conciertos en el invierno de 1972, junto con el piano Blütnner propiedad de la propia Filarmónica, al salón de actos del Polideportivo de Oñón que entonces se llamaba Casa Municipal de la Juventud, dirigida por mi querido profesor y amigo Javier Pérez López, quien abrió las puertas a muchas actividades donde la música clásica nunca faltó e incluso dando oportunidades a los jóvenes músicos locales.
En mis cajas de recuerdos están programas de los pianistas asturianos Jesús González Alonso o Amador Fernández Iglesias en 1972, junto a la reconocida Pilar Bilbao, y al año siguiente Luis Vázquez del Fresno (casi habitual en todas las temporadas donde también había los conciertos navideños “Paz en la Tierra”), el famoso Leopoldo Querol, la arpista Mª Rosa Calvo Manzano y en 1974 los pianistas Pedro de Lerma y Perfecto García Chornet, manteniendo los llamados “Ciclo de Intérpretes Españoles” (organizados por la Comisaría de la Música de la Dirección General de Bellas Artes) y tantos otros invernales de la Banda de Música de Mieres dirigida por el maestro Alejandro Fernández Sastre, entonces teniente músico director de la “Banda de Música del Milán” de Oviedo, quien abandonaba la concha del Parque Jovellanos para darnos las matinales de los domingos en un salón más acogedor aunque con fuerte olor a humedad.
La nueva construcción por parte de la entonces Caja de Ahorros de Asturias del edificio que albergaría la Obra Social y Cultural dotó a Mieres de una sala de exposiciones muy apreciada donde colgaron pintores de reconocido prestigio y debutantes así como de un salón de actos en condiciones más que aceptables y con un piano “Yamaha” a estrenar, lo que supuso no ya un escenario acorde a los intérpretes que la Filarmónica continuaba trayendo a nuestro pueblo sino en ampliar conciertos organizados por la propia entidad bancaria.
Aunque por entonces ya estudiaba en Oviedo con lo que suponía de “aluvión melómano” (la ópera en septiembre más la Sociedad Filarmónica Ovetense al menos un concierto al mes), los fines de semana además de las vacaciones me volvía a casa. Los programas que guardo me traen recuerdos de una oferta musical variada apostando incluso por guitarristas o Tríos como el L.E.M.A. de Madrid, los “circuitos asturianos” de la Caja de Ahorros que además de Oviedo, Gijón, Avilés o Langreo, también realizados por el Orfeón de Mieres, al fin tenían nuestro pueblo como opción, con clásicos como la catalana Leonora Milá que repetía tras haber tocado para la Filarmónica (que además posibilitó el debut de la pianista local
Isabel Suárez González el 23 de abril de 1976), 
el excelente dúo pianístico vallisoletano Frechilla y Zuloaga conmemorando el 50 Día Universal del Ahorro un 31 de octubre de 1976, además de músicos internacionales de clave (Bernard Brauchli), piano (Leonidas Lipovetski), cantantes (el tenor Luis Lima estuvo en Mieres en sus inicios líricos), dúos instrumentales (como la violinista Eva Graubin con el pianista Roberto Bravo) sin olvidarnos de otros estilos de moda entonces como Claudina yAlberto Gambino e incluso otro dúo de pianos  “Los pianos barrocos” con Camacho y Vilches que nos abrieron los oídos a los folklores de ultramar desde una óptica tan válida y difícil como la clásica, bajo el  patrocinio de la marca “Petroff” que Jesús Arévalo, el afinador oficial de la Filarmónica de Mieres, quiso traer al “salón de la caja” un 17 de junio de 1975. La crisis nos dejó sin ahorros ni obra social y acabaría cerrando, quedándome al menos el recuerdo de asistir al concierto que los hermanos Zapico como Forma Antiqva darían en este escenario que todos los músicos y agrupaciones, incluido el Orfeón de Mieres, pisaron en repetidas ocasiones.

©Foto Paco
Punto y aparte se merece nuestro añorado Teatro Capitol, derribado en 1992 dejándonos huérfanos de mucha historia. Los Festivales de España trajeron a la capital de nuestro concejo el mejor teatro, música y danza del momento, sirviendo como marco inigualable para las orquestas que sólo cabían en aquel escenario.
La Orquesta Sinfónica de Asturias (OSA) dio varios conciertos didácticos en varias temporadas, a los que asistimos alumnos de diferentes edades, organizados por la Delegación Nacional de la Sección Femenina con la colaboración de la Delegación Provincial de Educación y Ciencia de Asturias y la Delegación Provincial de la Juventud, guardando los programas de inicios de los 70 con Alberto Blancafort en la batuta (1972 y 1973) y Benito Lauret (1975). La propia Filarmónica solía cerrar temporada “a lo grande” y así fue la
clausura de la XXX un 19 de junio de 1981 con un Extraordinario Concierto a cargo de la propia
OSA dirigida por un casi debutante Victor Pablo Pérez
más el
Coro Universitario de Oviedo (en las manos de Luis Gutiérrez Ariasinterpretando la “Sinfonía Incompleta” de Schubert y la “Misa de Gloria” de Puccini contando con el tenor Joaquín Pixán y el barítono Luis Álvarez Sastre como solistas, programa que repetirían los días siguientes en Oviedo y Gijón.
Cuatro años más tarde y con motivo de la celebración del Día de Asturias en Mieres, el 7 de septiembre de 1985, coincidiendo con el Año Europeo de la Música, pudimos escuchar la “Novena Sinfonía” de Beethoven en el Teatro Capitol por la OSA de nuevo con Víctor Pablo, el Coro de RTVE dirigido por PascualOrtega, y cuatro solistas para el recuerdo: la soprano asturiana Belén Genicio, la mezzo Carmen Sinovas, el tenor José Ramón Alonso y el barítono Manuel Pérez Bermúdez, una “Oda a la alegría” que como dice el refrán en casa del pobre duró poco y la piqueta acabó llevándose nuestro último coliseo.
La antigua Escuela de Capataces también tiene su historia hasta convertirse en Casa de Cultura, con diferentes remodelaciones que nos dejaron el único espacio escénico bautizado como Auditorio “Teodoro Cuesta”. Al menos recuperamos escenario y la amplia oferta abarca todos los estilos musicales que aseguran una más que excelente ocupación, pero no hay otra. Son casi noticiables los conciertos clásicos y a las proyecciones en directo desde la Ópera del Campoamor no hay mucho público, aparte de convertir el salón en una tele gigante, que no es lo mismo que estar en el teatro aunque no nos cueste y hasta se pueda comentar en voz alta sin molestar.

A la desaparecida Filarmónica de Mieres le debemos agradecimiento por ser historia de la música clásica local, a la defenestrada Obra Social el recuerdo de lo que pudo ser y no fue, mientras el Parque Jovellanos mantiene su concha como testigo mudo de tanta música como en ella hubo, solo roto por una renacida Banda de Música de Mieres, hoy acompañada en fiestas como la Folixa o San Juan de un escenario desmontable donde lo clásico no existe ni se le espera. Los templos religiosos intentan cubrir espacios pero sin ser los más idóneos para ello. Espacios públicos o privados que son minorías para un público que también parece serlo.

Sin pesimismo y desde mis 58 años tengo que concluir que cualquier tiempo pasado fue mejor, si se quiere porque éramos más jóvenes, pero este vistazo rápido de los recuerdos musicales en aquellos escenarios no volverán, los tiempos han cambiado como los gustos, aunque creo que fueron la mejor escuela para los públicos actuales habiéndonos olvidado de los futuros al ir cerrando tantas puertas.

Artículo escrito y publicado (sin enlaces y con menos fotos) en el nº 14 de la Revista “Coral” editada por el Orfeón de Mieres, con motivo del XVI Encuentro coral de los pueblos mineros “La mina canta unida” a celebrar los próximos días 16 y 17 de junio de 2017.

¡Cómo toca Ning!

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Viernes 9 de junio, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, “Virtuoso” Abono 15 OSPA, Ning Feng (violín), Rossen Milanov (director). Obras de Rameau, Vieuxtemps, Paganini y Respighi. Notas al programa de Alejandro G. Villalibre. Fotos web, ©OSPA y ©pablosiana.

Decimoquinto y último programa de abono de la temporada (aún queda el que cerrará mes y curso académico) con un virtuoso que sigue deslumbrando cada vez que viene a nuestra tierra como es el violinista Ning Feng (entrevistado en OSPA TV), afrontando no uno sino dos conciertos, el cuarto de Vieuxtemps que lo debuta con nosotros, y el primero de Paganini, directamente en sus genes como comentaba en el vídeo, y que además los grabarán esta semana para dejar un legado del que el maestro chino se sentirá orgulloso. Dos conciertos para violín escoltados por Rameau y Respighi con una OSPA pletórica en esta recta final de nuevo con su titular del que solo queda añadir sus carencias concertando, la sutileza fuera de su alcance, y querencias por la grandilocuencia sinfónica que el compositor italiano ofrece, en una formación que además contó con el apoyo juvenil de los estudiantes y graduados en el CONSMUPA, sumándose a esta fiesta asturiana en la despedida.

Luces y sombras como suele suceder cuando el búlgaro se pone al frente, pero con una orquesta íntegra, de calidad más que demostrada en todos los repertorios y épocas, comenzando por Rameau y la obertura de Zaïs (1748) donde cuerda y madera se mostraron compactas y seguras, adoleciendo de un balance adecuado y un discurso más contrastante y contrastado, pero aún así de sonoridad idónea, con protagonismo en la caja sorda o tambor de Rafael Casanova. más el “dúo Pearse” en las flautas. Como escribe el doctor González Villalibre obra que “representa el choque de los elementos al emerger del caos… evoluciona a través de bruscos cambios de tonalidad y rítmicas irregulares que proveen la idea de orden desde el desconcierto”, y así lo sentí, faltó más precisión en el difícil encaje sonando con “una modernidad atemporal” y nada barroca en este caso.

El auténtico protagonista de esta despedida, Ning Feng, nos ofrecería en la primera parte el poco escuchado Concierto para violín nº 4 en re menor, op. 31 (1850) de Henri Vieuxtemps (1820-1881), menos “diabólico” que Paganini pero igualmente de virtuoso aunque huyendo del mero artificio con mucho lirismo y una orquestación muy cuidada. Este cuarto concierto, el favorito del compositor, es “un trabajo con vocación grandiosa, estructurado en cuatro movimientos (uno más de los habituales), y es especialmente destacable el trabajo de orquestación para la madera tanto en la introducción como en los pasajes de tutti” como bien explican las notas al programa. Los cambios de velocidad del primer movimiento no siempre encajaron entre solista y orquesta, pero el violín del chino emergió no ya desde una técnica apabullante sino desde iniciado a través de un coral que gradualmente alcanza velocidad y espectacularidad en un tratamiento del instrumento solista casi en recitativo. Buen inicio de las trompas en el Adagio religioso, sereno casi inaprehensible y buen empaste global de orquesta y solista, antes del vibrante Scherzo virtuosístico, un despliegue de sonoridades en todos sin mimar mucho los balances orquestales, como sucedió en el Finale marziale: andante – Allegro, festivo y con un Feng espectacular. Supongo que cara a la grabación se corrijan los ligeros desajustes si bien la ingeniería postproducción puede paliar los distintos planos.

Es necesario tomarse un respiro tras Vieuxtemps para escuchar, y sobre todo interpretar el Concierto para violín nº 1 en re mayor, op. 6 (1817-1818) de Niccolo Paganini (1782-1840), tres movimientos donde la “cadenza” del primero sigue dejándonos absortos a todos. El espíritu operístico que parece transmitir todo él alcanza en el violín arias de bravura, momentos de placidez y sobre todo el despliegue de recursos por parte de Feng lleno de musicalidad en todo momento, un referente en este conocido concierto donde la orquesta arropa al protagonista, navegando en ese ambiente festivo del Allegro maestoso, el intimismo del Adagio aún más virtuoso por la equívoca sencillez desde una hondura interpretativa realmente increíble, y la fuerza del Rondo: Allegro spiritoso, esperando más presencia orquestal desde la delicadeza de los pizzicatti algo opacos y una percusión más discreta. Escrito todo él para lucimiento del intérprete pero no exento de calidad en la instrumentación, Ning Feng no defraudó en ningún momento, logrando una química con la formación asturiana a la que realmente llevó en volandas.

Hacía tiempo que el auditorio y los propios músicos no aplaudían con tanto entusiasmo a un solista, pero el chino se lo ganó, dejándonos dos propinas de altura que volvieron a crear esa complicidad de los grandes momentos, cortándose el silencio con unos Recuerdos de la Alhambra de Tárrega transcrito por el violinista enamorado de la guitarra española R. Ricci, y que en el “Stradivarius MacMillan” del chino sonaron increíbles, no digamos ya el Capricho nº 5 de Paganini, auténtico regalo para el oído y la vista al disfrutar de todo lo que un virtuoso como Ning Feng es capaz de tocar desde el sentimiento que solo la música alcanza y la honrada sencillez de un genio.

Las Fiestas romanas (1928) de Ottorino Respighi (1879-1936) ponían en escena una formación grandiosa con el refuerzo juvenil de una orquestación potente como la del italiano formado con los grandes Rimski o Bruch, en un tríptico que sigue sonando sublime, especialmente este último eligido para cerrar temporada, estas cuatro fiestas:
Juegos Circenses, el coliseo instrumental de gladiadores y fanfarrias contrapuesto a cuerda y maderas en relato doloroso por los primeros mártires cristianos, el avance opresivo y violento hasta la muerte, sonoridades exageradas para lo bueno y lo malo.
El Giubileo describe a los peregrinos en su camino a la Roma papal, sus impresiones descubriendo la ciudad eterna entonando himnos de alabanza de recuerdos gregorianos acompañados por las campanas de las iglesias que les reciben, paso firme de la orquesta con la percusión y el piano subrayando esas imágenes sonoras desde una cuerda aterciopelada “marca de la casa”, un regulador eterno hacia la tercera fiesta desembocando en el gozo sinfónico y la deseada calma.
L’Ottobrata es la festividad de la cosecha en octubre celebrada entre ecos de los cuernos de caza, esplendor en las trompas y timbales, cuerdas engullidas por las poderosas trompetas, sonido de campanas y canciones de amor, cascabeles para una percusiva y rítmica cuerda, antes del crepúsculo embriagador y bello de los violines cinematográficos de Cinecittà, el clarinete evocador, el callejeo por las calles romanas más la “obligada” serenata con mandolina sonando bajo la ventana con el concertino mágico de Vasiliev, buscando mantener el rubato idóneo de una escena realmente de película.
El final de este poema sinfónico, La Befana (La Epifanía) tiene lugar en la Plaza Navona hoy transportada a la del Fresno carbayón, con las trompetas que “vuelven a sonar creando un crisol de canciones y bailes, incluyendo el saltarello, el organillo, la aparición del pregonero o incluso un borracho reflejado en el sonido del trombón tenor”, el ímpetu del tutti más global que específico, derroche luminoso y espectáculo sonoro de tímbricas donde Milanov volvió a optar por el trazo grueso en vez de la serenidad, contagiado de la magnificencia descontrolada en balances y dinámicas algo abruptas.
Con todo, las distintas secciones volvieron a disfrutar de sus intervenciones, desde el piano a cuatro manos (Marcos Suárez y Ana Sánchez, también al órgano), una nutrida percusión, metales donde un cuarteto de trompetas sustituyó las buccine originales (me hubiera gustado la opción de los fliscornos por color), mandolina, y una cuerda nuevamente poderosa (un par de contrabajos hubieran redondeado la pegada en los graves), vibrante, entregada por alcanzar el equilibrio sonoro con el resto.
Fiesta de despedida donde el comentario en asturiano ¡Cómo toca, nin! lo traduzco al nombre del virtuoso, verdadero protagonista y mejor título que “A los leones”…
Como dicen las notas al programa, «para la edición de Ricordi el autor acompañó su partitura de indicaciones programáticas que ayudan a su comprensión y que incluyen una reveladora frase en el final de la obra: “Lassàtece passà, semo Romani!” – “¡Dejadnos pasar, somos romanos!”».

Reproduzco finamente las palabras de despedida de la temporada en el Facebook© de la orquesta:

¡Estamos muy agradecidos a nuestra audiencia leal
por apoyarnos e inspirarnos para hacer la mejor música posible!
¡Somos su orquesta y estamos muy honrados y orgullosos
de tener el privilegio de compartir con ustedes el entusiasmo
que sentimos siempre que estamos sobre el escenario!
¡Espero con impaciencia verles de nuevo en la próxima temporada!

Rossen Milanov, en nombre de los músicos y personal administrativo de la OSPA.

Contrasta2

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Miércoles 24 de mayo, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Sociedad Filarmónica de Gijón, año 109, concierto nº 1.591. “Chopin’ Chopin“. Judith Jáuregui (piano), Pepe Rivero (piano), Georvis Pico (batería), Reinier Elizarde “Negrón” (contrabajo).

Atractivo y valiente programa de hora y media literalmente sin descanso, donde dos jóvenes pianistas sin complejos afrontaron al siempre exigente Chopin desde dos visiones complementarias que terminan confluyendo. Jugando con el número dos y las palabras, contrasta2 pero no enfrenta2, comprometi2 y refina2, entreteni2 y decidi2, inspira2 e iguala2 como 2 enamora2 de la música de un polaco universal enamorado del piano como nuestros 2 intérpretes.

Haciendo un paralelismo entre Velázquez y Picasso capaces de pintar unas meninas con la distancia que pone el tiempo, los lenguajes que evolucionan y se enriquecen, saboreando ambas obras nunca excluyentes sino complementarias, así fue este Chopin por partida doble en Gijón, un privilegio del que pocos han disfrutado en vivo, el de mi querida donostiarra -a la que sigo desde sus inicios- y el del admirado cubano -felizmente descubierto por Toni Zenet-, dos estilos llamados clásico y jazz en perfecta fusión, pues como decía el anuncio del concierto, “Dos pianos, dos orígenes, dos estilos. Un sólo alma”, la música sin más, especialmente la buena, la que me gusta, omnívoro devorador de estas joyas y a un paso de la aldea por la autovía minera.

Hay a lo largo de los años muchos acercamientos desde el jazz, la genuina música del pasado siglo, a la llamada música clásica, todos los compositores imaginables y en todos los formatos, bebiendo de ese mestizaje a ambos lados del océano, pero poder disfrutar de ambos en el mismo concierto es una apuesta arriesgada de la Sociedad Filarmónica de Gijón que registró una excelente entrada en el teatro del Paseo de Begoña, abierto al público en general con un precio único de 20 €.

Algunos despistados, entrados en años, desconocían la causa de ver sobre el escenario una batería e incluso un amplificador, para el contrabajo, pero en cuanto comenzó a sonar el Chopin de los Preludios opus 28 alternando entre Jáuregui y Rivero se hizo la magia y fluyó la música, cercana, presente, delicada sin excesos de decibelios con la acústica perfecta del Jovellanos. Sin pausa y de la una al otro, en compañía del guantanamero Pico y del villaclareño Negrón (que sustituyó al madrileño Mario Carrillo) surgieron contrapuntos realmente coloridos, detallistas, acertados, de la vasca a los solos del cubano saltaron los preludios nº1 (fuerza en el arranque), nº4 (impresionantes todos), nº7 (delicias en pequeño formato), nº18 (profundo), nº20 (el dolor frente al color) y nº23 (cristalino y juguetón), encadenados además de sabiamente elegidos, inspirados e inspiradores, el original limpio de Judith y la reinterpretación de Pepe, ritmos y tiempos variados, danza interior y exterior, fusiones de fuerza y placer, arrebatos con remansos de baladas, un Chopin de acentos variados con una percusión completa de buen gusto más el contrabajo redondeando tímbricas y acentos.

La Balada op. 23 nº 1 volvió a surcar dos mares, el Cantábrico y el Caribe, ambos llenos de matices y momentos, calma chicha y galeradas, tonos azulados con torbellinos y huracanes, confluyendo en ese Océano Atlántico que es Chopin, Judith navegando firme en el timón y relevada por Rivero retomando a Rachmaninov y Gershwin, el jazz hecho un brazo de mar que todo lo empapa. España y Cuba reunidas al fin, Donosti cerca de la Francia chopiniana y Santa Clara verdadero centro interior de comunicaciones cubano e intercambio con los Estados Unidos desde cualquier puerto, malecón o cayo, el viejo y el nuevo mundo unidos por este par de talentos del piano. Transitando por la música de ida y vuelta, Judith Jáuregui le dio toda la elegancia de salón retomada por Pepe Rivero en trío, como si fuesen “los boleros de Chopin“, la formación clásica llevada a la fusión, al jazz, escuelas europea y cubana de grandes pianistas como son la española y el cubano, femenino y masculino singularmente plurales.

El baile de salón, valses o polkas con ritmos caribeños, chachachá y salsa como perfecta disculpa para disfrutar de la Mazurka op. 17 nº 8, la playa de La Zurriola o escaparse hasta Varadero, Donosti es Santa Clara con chirimiri, Santa Clara es Donosti con danzón, elegancia y desparpajo, vacación y vocación, luz y calor, Judith y Pepe dialogando en la intimidad desde una penumbra deslumbrante de alegría compartida entre la escena y el patio de butacas, complementándose y entregando por partida doble a un Chopin casi gaditano de La Habana con el “éxtasis” guipuzcoano.

El huracán y la galerna, mar bravo con el Andante spianato – Gran Polonesa Brillante, op. 22, original y revisión, la orquesta reducida a un trío jugando con el Debussy más jazzístico, virtuosismo en estado puro al servicio de Chopin, savoir y sabor, vichyssoise y salsa, champagne y mojito, rape y habano, las excelencias del polaco más francés en manos de dos ciudadanos del mundo surcando mares sobre un navío de 88 teclas, bandera blanca y negra para todo un océano de color.

Y faltaba el regalo del Mediterráneo, el Mare Nostrum de Mompou, las “Escenas de niños” con la luz de un Sorolla, la Cataluña europea fronteriza con los franceses capaz de tomar una habanera de Palafrugell y elevarla a un collar de perlas engarzado por esta donostiarra internacional, como su admirada Alicia de Larrocha, para regalarla a los tres cubanos “herederos” de Lecuona, entendiéndola como sólo ellos saben hacerlo. Un concierto para disfrutar en Gijón, capital de la Costa Verde, hoy puerto de amarre de dos marineros con su tripulación, capitaneados por el alma de Chopin.

Decepción Biondi

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Jueves 18 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de cámara: IV Primavera Barroca, “Los conciertos del adiós“. Europa Galante, Fabio Biondi (violín, viola d’amore y dirección). Obras de Antonio Vivaldi (Venecia, 1671 – Viena, 1741).

Penúltimo de los conciertos de este ciclo que llena en todos los programas, este jueves con el Vivaldi de Fabio Biondi al frente de Europa Galante, una gira española cual equipo de fútbol en cuanto al número, once, equilibrado y funcionando como tal si nos atenemos a la plantilla donde el siciliano es la figura y por tanto el delantero centro al que todos miran, admiran y esta vez escuchan. El planteamiento muy clásico entre los italianos, un excelente portero español al violone (Patxi Montero), una defensa segura de tres en un continuo, por los laterales Giangiacomo Pinardi (tiorba y laúd) y Alessandro Andriani (violonchelo) y en el centro el clave de una siempre segura Paola Poncet; el centro del campo tenía de pivote la viola de Pablo de Pedro, más los violines segundos de Andrea Rognoni, la figura discreta que cual Iniesta crea todo el juego, reparte y comparte protagonismo cuando le dejan, Luca Giardini y Silvia Falavigna junto a la delantera en auténtico “tridente” de violines primeros con Fabio Ravasi Elin Gabrielsson al lado de Biondi.

Enfrentarse a Vivaldi nunca es fácil, pues de conocido siempre resulta correoso aunque agradecido, y más con obras nunca publicadas en vida del compositor aunque con la fórmula habitual del “cura pelirrojillo” donde el contraste es previsible. Biondi no estuvo inspirado, desafinado más de lo esperado, poco limpio en los pasajes virtuosos donde mantiene un arco maestro pero la pulsación y agilidad de la izquierda no es la de hace años, así como una pulsación poco constante que hacía perder el ritmo de juego. Al menos su equipo se adapta al líder y hasta le cubrió en todo momento, un ropaje que hizo disfrutar de la cuerda global aunque la figura no estuviese fina.

Dos sinfonías abriendo y cerrando los dos tiempos del partido para esta Squadra azurra barroca frente a Vivaldi: “Il coro delle muse”, RV 149 (1740) y “La Griselda” RV 718 (1735), compactas, bien equilibradas las líneas con el toque de color en tiorba y clave más la consistencia del violone que asentó el juego.

Mejor la primera parte que la segunda. El Concierto para dos violines y cuerdas en la menor, op. 3 nº 8, RV 522 (1711), “marca roja veneciana” sirvió para comprobar las apuntadas carencias de Biondi y la presencia de Rognoni, más limpio y claro que su compañero con el que compartió ciertas libertades en un pulso desigual pero arropado por todos. Agradable poder escuchar en vivo el Concierto para viola d’amore y laúd en re menor, RV 540 (1740) con Pinardi verdadero defensor en el ataque, virtuoso del laúd en perfecta textura con Biondi en una “viola d’amore” que esta vez afinó y marcó diferencias con el resto del partido, tanto en los rápidos extremos como un Largo de “tikitaka” entre los solistas nuevamente asegurados por el resto de un equipo solvente, permitiéndose las licencias propias de los movimientos lentos. Nadie diría que Vivaldi moriría en la absoluta pobreza vienesa malviviendo de la publicación de estas partituras llenas de luz y con su sello inconfundible ya en la honda del Sturm und Drang, en este caso dedicada al príncipe elector de Sajonia en su visita al carnaval veneciano en 1740.

Para la segunda parte “estrenos” para mayor gloria de Biondi nuevamente en la fórmula habitual, tres conciertos para el solista que ahondaron en mi sufrimiento de ver cómo una figura consagrada no tenía un día para el recuerdo pese a ser un referente en “Las cuerdas de Vivaldi” que titulaba el programa de mano. Tres conciertos (RV 189, RV 222 y RV 367) nunca publicados
en vida del compositor, escritos para violín, cuerdas y bajo continuo
siguiendo el esquema habitual para mayor gloria de un Biondi que brilló menos que su team, atrás llenos de detalles desde la portería y la defensa con una Paola ornamentando delicadamente y un Pinardi complementando el buen hacer de una plantilla que lució más que su capitán y estrella.

Dice la leyenda que en el pobre entierro de Don Antonio en San Esteban de Viena estaba de niño cantor catedralicio “un tal” Franz Joseph Haydn del que nos regalaron un primerizo último movimiento sinfónico donde el conjunto funcionó mucho mejor que “contra Vivaldi“. Tiempo añadido y agradecido para unos gregarios de primera que funcionan bien engranados en todas las líneas. Lástima que el espectáculo no resultase como era de esperar antes del partido, pero así es el calcio italiano

P. D. Por cuestiones de tiempo y lentitud en mi red aldeana, las fotos se subieron el día siguiente…

La OSPA encanta

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La Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA) además de los conciertos de abono repartidos entre Oviedo, Gijón y Avilés, los extraordinarios que buscan ampliar espacios y públicos (siendo habitual su presencia en el Festival “Musika-Música” de Bilbao), o su participación en la Temporada de Ópera, también tiene entre sus muchas funciones la social y también la didáctica.
Desde hace cinco años y de la mano de su titular Rossen Milanov, que ya había desarrollado este programa en el Carnegie Hall con la Orquesta de St. Luke, nos han traído Link Up!, el excelente programa del “Weill Music Institute” hasta Asturias, siendo quien lo estrenó en Europa, aunque lleva varios años desarrollándose en Estados Unidos y otras ciudades de Canadá, Latinoamérica, Japón y África, extendiéndose lentamente por España y el resto de países europeos.

Puedo presumir, pues queda constancia en el blog, de haber apostado desde la primera edición allá en 2013 por este ilusionante proyecto que traía hasta el Auditorio de Oviedo a un montón de alumnos y profesores de colegios e institutos de toda la geografía asturiana para participar de forma activa y no como meros espectadores en estos conciertos pedagógicos. “La Orquesta se mueve” comenzó con dos días y cuatro sesiones en pases matutinos a las 10:30 y 12:00 horas en el Auditorio Príncipe Felipe de la capital asturiana, seguida por “La Orquesta Canta” al año siguiente y cerrando este ciclo de tres títulos con “La Orquesta Rock“, cada año con más demanda e implicados en el proyecto, retornando el año pasado a esta “trilogía” que ha llegado a cuatro días (16, 17, 18 y 19 de mayo) y ocho sesiones en este 2017, puede que con el más emotivo a la vista de los resultados contrastados con mi alumnado del IES “El Batán” de Mieres y los profesores que acudimos. Sirvan también los datos de esta quinta edición: 9.251 asistentes, de los que 8.686 son alumnos entre 8 y 15 años, con 565 profesores de 128 colegios e institutos de toda Asturias, con nuestra OSPA en la lista de las 90 orquestas que este año participan en este programa mundial, una experiencia didáctica que pretende extender la música más allá de las salas de conciertos comenzando precisamente en el aula.

Hay que seguir apoyando esta iniciativa que según las previsiones del propio “Weill Music Institute”, más de medio millón de estudiantes de todo el mundo participen en Link Up! este 2017, avanzando que ya han presentado este año su cuarto proyecto “The Orchestra Swings“, ampliando los estilos y repertorio con el jazz, algo que no abunda mucho en nuestro entorno ni tampoco ocupa mucho espacio en el currículo de una materia como “Música” a la que los legisladores llevan arrinconando después de años de lucha por su inclusión en los planes de estudio.

Alumnos y profesores nos hemos involucrado en esta actividad que busca una comprensión profunda de la importancia de la Música en la educación de los jóvenes gracias a la OSPA, que con Link Up! la dio un paso más en esta apuesta por la educación musical, manteniendo una estrecha colaboración con escuelas y maestros con su programación didáctica. En los meses previos a cada concierto, la OSPA ofrece varios talleres de formación y apoyo directo a los profesores para familiarizarnos con el repertorio que se tocará con la orquesta cada año (este curso Ana Hernández Sanchiz, sustituyó a Gustavo Moral, quien estuvo los cuatro años anteriores y con una agenda que le impidió volver a Oviedo), además de unas guías excelentes distribuidas de forma gratuita entre alumnos y profesores que participan en estos programas, descubriendo la notación musical, las claves para tocar la flauta dulce (extensible a otros instrumentos en casos puntuales, siempre atendidos por su personal), patrones musicales y partituras de obras variadas.

En “La Orquesta Canta” hemos trabajado la Oda a la alegría de Beethoven, el “finale” de El Pájaro de fuego (Stravinsky), el “Largo” de la Sinfonía del “Nuevo Mundo” de Dvorak, uno de los momentos más emocionantes de este segundo programa, con las flautas “robando” protagonismo al corno inglés, además de contenidos musicales creados específicamente como Oye de Jim Papoulis o el Ven a tocar de Thomas Cabaniss, el “himno” de Link Up! que es la única pieza repetida en todos los programas. Añadir Simple Gifts de Brackett o la tradicional Bought Me a Cat y añadimos el inglés a los contenidos (como el francés, el portugués e incluso el latín de años pasados), con dificultades variadas y adaptas al nivel del alumnado.

Estos días “La orquesta canta” está dirigida por el maestro Carlos Garcés, un descubrimiento para el que suscribe, y con el tenor Julio Morales en funciones de presentador, junto a las sopranos Sonia de Munck y Elena Ramos (tres “fijos” en Link Up!) más la mezzo Beatriz Lanza. Ahí estuvimos este miércoles lluvioso a las 10:30 en primera fila disfrutando como niños, y con la vuelta al aula como siempre una “Oda a la alegría” en el autobús con Oye convertida en el número uno de los éxitos de este curso. Algunos ya conocían programas anteriores y otros debutaron hoy, pero todos quieren volver ya el próximo año e incluso preguntan si toca Rock… Proyectos como Link Up! y nuestra OSPA nos hacen reafirmarnos en la necesidad de sembrar para recoger, si queremos rejuvenecer unos auditorios que se están despoblando, y formar musicalmente a un público que no tiene muchas oportunidades de ello, aún menos en esta deprimida Cuenca del Caudal.

P. D. No quiero olvidarme que Oviedo Filarmonía también presentaba hoy tres funciones en el Teatro Filarmónica su concierto didáctico La leyenda del fauno, igualmente desde ese compromiso de completar la educación musical de los más jóvenes con esta actividad en la que los estudiantes del municipio de Oviedo se acercan a la orquesta y a todo el entramado que implica un concierto de música clásica y los diferentes agentes que en él participan, una propuesta para introducir a los más pequeños en el siempre fascinante mundo de la música clásica, completado con la actividad que la orquesta desarrolla también en los distintos colegios del municipio, lo que resulta más local pero complementario a la labor emprendida por la OSPA. Todo sea por remar en la misma dirección. Comentar que este fauno es una idea del músico y actor Andreas Prittwitz con guión de Susana Gómez, donde se escucharán la Obertura 1812 de Chaikovski, la Sinfonía del “Nuevo Mundo” de Dvorak, El moldava de Smetana, La Notte de Vivaldi y el segundo movimiento del “Concierto para clarinete” de Mozart, estrenando una composición del propio Andreas, Standard de Jazz, arreglado por él mismo y música de cine más pequeños fragmentos de obras de música de cámara para introducir y presentar los diferentes instrumentos a los chavales ovetenses.

Inglaterra tiene sabor español

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Domingo 14 de mayo, 19:00 horas. Oviedo, Conciertos del Auditorio: Orquesta Filarmónica de la BBC, Alberto Menéndez (trompa), Juanjo Mena (director). Obras de: V. Williams, R. Strauss y Elgar. Entrada de butaca: 30 €.

No creo que se necesite explicar que la BBC no se refiere al Real Madrid sino a la emisora pública británica, donde trabajó en el exilio nuestro añorado Eduardo Martínez Torner, y equivalente a nuestra Radio Televisión Española, que entre sus funciones están la de promover la cultura y en ella la música, de su país así como sus intérpretes, con orquestas y coros cuyos conciertos son grabados y emitidos en todo el mundo. El Brexit supongo que afectará a muchos músicos europeos que trabajan en el Reino Unido, pero de momento el vitoriano Juanjo Mena (portada del “Anuario Codalario” de este año y entrevistado ampliamente en el mismo) es el director titular de la orquesta filarmónica de la radio inglesa con base en Salford. Y el español traía en esta gira un programa muy british con dos pesos pesados: Ralph Vaughan-Williams  (1872-1958) y Sir Edward Elgar (1857-1934) escoltando al germano Richard Strauss (1864-1949) que además contaba como solista con el avilesino, aunque criado en Burgos, Alberto Menéndez Escribano, otro motivo más para darle sabor hispano a “los hijos de la Gran Bretaña“, siendo el doctor Ramón Sobrino el autor de las notas a este programa (enlazadas aquí) que llenó el auditorio de la capital haciendo disfrutar hasta la propina netamente andaluza en un guiño del director para con los músicos internacionales de la BBC Philharmonic Orchestra que no solo interpretan bien su música sino la nuestra.

Para comenzar como debe ser un concierto, Vaughan-Williams“The Wasps” (Las Avispas), una obertura para su “Suite aristofánica” basada en la obra teatral homónima, la burla que Aristófanes dedica a Celón de Atenas a través de los “punzantes” textos del coro formado por miembros de los tribunales atenienses, que se identifica las avispas y sus aguijones y recuerda en el inicio al famoso El vuelo del moscardón de Rimski-Korsakov. Como diríamos por aquí, un “orquestón” bien equilibrado (con ocho contrabajos ya se pueden hacer idea) de sonido pulido, claro, presente, bien balanceado, con secciones de calidad y solistas excelentes, bien llevados por un Mena siempre fiel a lo escrito y consolidado entre las grandes batutas dándole el empuje y calor latino necesario para que la música conjugase ironía o humor británico con el color vasco del sur para esta música incidental con diecisiete números más, digna de escucharse al completo, aunque la obertura esté bien elegida para arrancar o calentar motores como suelo decir.

De todos mis habituales creo conocido que Richard Strauss era hijo de Franz, trompa solista de la Orquesta de la Corte de Munich, por lo que parecería normal que le dedicase este primer concierto Waldhomkonzert (para trompa natural, suponemos que una broma paternofilial) que no pudo tocarlo al considerarlo difícil, aunque fuese con la trompa moderna de pistones, originalmente con piano y posteriormente orquestado, estrenándolo nada menos que Von Büllow en Meiningen (1885). El Concierto para trompa Nº 1 en mi bemol mayor, op. 11 (1882-83) del muniqués consta de tres movimientos breves y sin pausa, plenamente románticos por contrates y estructura, para lucimiento del solista que se mostró seguro, rotundo, regio y valiente en los momentos de bravura, delicado y lírico en los pasajes “cantabiles”, siempre bien concertado por un Mena que impuso ritmo y coherencia a esta orquesta aterciopelada con destellos de brillantez arropando a Alberto Menéndez que ha formado parte de la misma y en la actualidad está en la escocesa. De sonido muy redondo en el instrumento jugó con toda la gama de matices, ataques y fraseos demostrando la dificultad de un concierto poco interpretado precisamente por su exigencia, que el asturiano afrontó como un virtuoso convincente.

Tras el descanso volvería el sabor y color británico, Edwar Elgar del que su Pompa y Circunstancia sea probablemente lo más conocido de su amplio catálogo, pero cuya poco escuchada Sinfonía nº 1 en la bemol mayor, op. 55, de casi una hora de duración y compuesta con 50 años, dedicada a Hans Richter (que la estrenaría en Manchester el 3 de diciembre de 1908), presenta todos sus rasgos característicos e inconfundibles: una orquestación muy amplia en efectivos, lograda y plena, llena de colorido para encontrar unas texturas (incluyendo dos arpas) ricas además de esa sonoridad palaciega, pausada en el inicio, marcial más que imperial, “pomposa” y nostálgica, brumosa por momentos como si de una acuarela musical se tratase, sin perder el contorno ni la línea en temas muy trabajados que aparecerán en cada uno de los movimientos, generando esos motivos que la orquesta de la radiotelevisión inglesa fue delineando con la mano maestra de Mena. Hermosa composición de Elgar que el público dudó en aplaudir porque como comentaba después el gasteizarra, podría continuar…

Y de regalo español nada menos que la Orgía de Joaquín Turina (1882-1949) la tercera de sus Danzas fantásticas, op. 22, del piano a una orquestación, desconocida por mí, que Juanjo Mena ha llevado a los atriles ingleses y con su dirección consiguieron desplegar todo su poderío sonoro junto al sabor sevillano del cello solista, corroborando la calidad de una excepcional orquesta inglesa que crece junto a su titular, apostando también por lo nuestro en un concierto de coetáneos que siguen teniendo su hueco sinfónico.

Profesores: maestros e intérpretes

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Martes 9 de mayo, 19:45 horas. Teatro Filarmónica, Sociedad Filarmónica de Oviedo (concierto 9 del año, 1957 año 111). José María Fernández Benítez (violín), Josep Colom (piano). Obras de: Brahms, Schubert y Mozart.

Los profesores Josep Colom (Barcelona, 1947), habitual en Oviedo, maestro de maestros en una trayectoria impecable, y José María Fernández Benítez (Córdoba, 1977), compaginan docencia y conciertos, acercando su magisterio a estudiantes (muchos alumnos del conservatorio ovetense) y melómanos como así debería ser en todas partes, y teniendo la música de cámara como parte importante en sus trayectorias.

Visitando las Sociedades Filarmónicas de Oviedo y Gijón, verdaderos oasis musicales en peligro de extinción y auténtica escuela para todos, este dúo de violín andaluz y piano catalán nos trajo un programa con el violín como protagonista, recordando al gran intérprete húngaro Joseph Joachim, cuyo Stradivarius se escuchó en el Auditorio el pasado viernes en manos de Ray Chen, pero donde el piano comparte protagonismo.

Brahms resultó el auténtico plato fuerte, comienzo y final. El “Scherzo”, de la Sonata FAE, que fue concebida, como indican las notas al programa, por Schumann como regalo para Joachim “en una suerte de unión del talento musical del propio Schumann (Intermezzo y Finale), Albert Dietrich (el inicial Allegro) y de Johannes Brahms (el scherzo que hoy nos ocupa), parte que sin duda es la que con el tiempo ha vivido mayor fortuna y suele interpretarse como pieza separada”. Continúan las notas diciendo que “los tres compositores amigos tomaron el lema de Joachim “Frei aber einsam” (libre pero solo) para obtener el tema principal de la sonata (fa-la-mi). El 28 de octubre de 1853, en casa de los Schumann, con Clara al piano y el propio Joachim al violín, fue presentada la sonata por sus autores a su dedicatario, que adivinó sin problema alguno quién era el autor de cada uno de los movimientos”. La tapa acústica del piano abierta totalmente nos permitió apreciar la inmensa gama dinámica del compositor alemán en ambos instrumentos, puede que algo oscuro el violín en los pianísimos pero presente y consistente, impulso vital y momentos cantabiles realmente logrados.

La Sonata Gran Dúo en la mayor, D. 574 de Schubert es habitual en los programas de los grandes intérpretes solistas que se unen para disfrutar juntos la música de la Viena romántica, presentes los recuerdos beethovenianos del malogrado Franz, diálogos desde el juego melódico y nueva demostración de Música con mayúsculas a cargo de Fernández Benítez y Colom, el Teatro Filarmónica cual salón de una de aquellas “schubertiadas” (las fiestas de música y poesía organizadas por el compositor vienés) a la que estuvimos invitados. Limpieza en los fraseos, exactitud en las duraciones, el rubato ensamblado y entendido con delicada precisión más la unión discursiva de los cuatro movimientos en esta joya que el propio compositor no pudo ver en vida, pese a considerarse una de las preferidas de su autor. De nuevo quiero citar las notas al programa: “Schubert es Viena. Nace, vive y muere en la que ya entonces es capital musical europea, Así, podemos decir que su música es Viena en puridad. Aspectos de su vida y personalidad nos hablan de un autor atormentado y brillante, de corta vida -muere a los 31 años- y prolífico como pocos, que la historia de la Música ha dejado como paradigma del infortunio y el trágico destino, prueba de ello es la famosa anécdota que se le atribuye de su proposición de brindis tras el entierro de Beethoven por el próximo en ser enterrado, sin saber que estaba brindando por sí mismo. Paradigma de ese infortunio puede ser la historia de este Gran Dúo, escrito en agosto de 1817 -con veinte años- pero que fue publicado, póstumamente en 1851 y estrenado en 1864. Sin duda recordaremos a Beethoven escuchándolo, pero estaremos ante Schubert o en Viena, que es lo mismo, desde el mismo principio de la obra, cuando los envolventes cuatro primeros compases del piano den entrada al tema del violín que nos situará en una schubertiada, plena de delicadeza musical”.

Otra partitura de las que se agradecen en estos conciertos es la Sonata en mi mayor, K. 304 (Mozart), con dos movimientos, el “Allegro” conocido -e incluso tarareado por mis vecinas de localidad- más el “Tempo di Menuetto”, que bisarían como propina, abriendo la segunda parte. Verdadera joya del Clasicismo que guarda la siempre engañosa sencillez del genio de Salzburgo con la profundidad que marcaría su inmensa producción. Escrita en París en 1778 cuando Mozart buscaba un trabajo estable y marcado por la muerte de su madre, es una de las más destacadas obras de cámara del joven Wolfgang. Independientemente de ser anterior o posterior al hecho luctuoso sí podemos apreciar cierto sentimiento de ausencia. Si se habla de “sencillez formal y profundidad expresiva de una forma que merece resaltarse dentro de su catálogo”, diría que la sencillez estuvo en una ejecución sustentada en el conocimiento y el entendimiento, mientras la profundidad expresiva en la unidad sonora engrandecida por dinámicas y fraseos claros, complementarios para los dos movimientos expuestos por dos maestros para quienes la edad no es distancia sino un plus de madurez que redunda en la calidad interpretativa, dejándonos por partida doble ese “Menuetto” exquisito bisado como propina. Mozart siempre nos transmitirá alegría y colocarlo entre Brahms predispone oído y sentimientos antes de un final realmente poderoso.

Porque la Sonata nº 3 en re menor, op. 108 (Brahms) fue la segunda joya musical del alemán afincado en Viena, como no podía ser menos, engarce técnico y expresivo de un diamante que brilló con luz propia y dispuesto a degustarse con pasión, disfrutando del entendimiento en estado puro entre el pianista catalán y el violinista andaluz para encajar tiempos y estilo en una ejecución desde la honestidad y el respeto por la partitura, unido a la musicalidad que ambos profesores atesoran. Si el lirismo y la fuerza marcaron el “Scherzo” que abría concierto, en la sonata de cierre fueron pasión y vehemencia, destacando especialmente el “Adagio” y el “Presto agitato” de auténtico encaje de bolillos, balances, diálogos, hondura y perfecta lección de cómo abordar una sonata a dúo, Josep y José María.

P. D.: Comentar que dejo este escrito nada más concluir mi crítica para LNE, limitada por el espacio, que no así en el blog, reorganizándola para no resultar idéntica además de sumar las posibilidades que da Internet de poder colocar enlaces a biografías, obras y fotos propias. La “subida” al blog queda programada para después de la prensa escrita.

Miércoles, 9 de mayo, 1:33.

Crítica aparecida en la edición de Oviedo el 11 de mayo de 2017:

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