Inicio

Antitusivo Bach

1 comentario

Lunes 23 de abril, 20:00 horas. Sala de cámara, Auditorio de Oviedo: V Primavera Barroca, Ensemble de la Orquesta Barroca de Helsinki. “Collegium Musicum”, obras de J. S. Bach.

Nuevo lleno en la sala pequeña del auditorio ovetense para una velada con Bach, el mejor antitusivo para un público educado y entregado a estos placeres barrocos, hoy plenamente instrumentales del Kantor en su breve pero feliz estancia en Cöthen, aunque siempre volviese sobre ellas en Leipzig en el Collegium Musicum que fundase Telemann, tal y como recuerda en las notas al programa el especialista sevillano Pablo J. Vayón que dejo, con las obras, aquí escaneadas.

Las páginas musicales que abrían y cerraban concierto nos trajeron dos clavecinistas de lujo: el finlandés Aapo Häkkinen, fundador y director de una orquesta barroca hoy reducida a “ensemble” de solistas, y el conocido francés Pierre Hantaï, que nos interpretaron los conciertos BWV 1061 y BWV 1062 en un derroche de calidades donde era imposible saber cuál era protagonista, quién contestaba a quién o la suma potenciada de unos claves perfectamente afinados que parecían uno, con momentos donde los cuatro teclados crearon una atmósfera milagrosa que hacía reinar un silencio sepulcral, casi reverencial ante Bach Dios nuestro.

El Concierto para dos claves en do menor, BWV 1062 (1736) con sus tres movimientos (Vivace – Andante – Allegro assai), arreglo o recreación del BWV 1043 para dos violines, demostró el entendimiento de los solistas con este buen “ensamblaje” de cuerda frotada, Tuomo Suni y Aira Maria Lehtipuu (violines), Riitta-Liisa Ristiluoma (viola), Heidi Peltoniemi (chelo), colocados como se aprecia en la foto inferior, mandando realmente el francés por ubicación, supongo también autoridad y respeto de sus compañeros nórdicos, fieles representantes del buen hacer y fidelidad interpretativa de estas partituras, donde la calidad individual suma como conjunto.

Para disfrutar del traverso de Pauliina Fred con Häkkinen al clave pudimos saborear la Sonata para flauta y clave en la mayor, BWV 1032 (1736?) donde el genio de Eisenach vuelca su virtuosismo interpretativo y compositivo con ambos instrumentos en perfecta unión tímbrica, dúos que explotará en cantatas varias pero que en esta distancia corta apreciamos con más detalle. Tres movimientos “habituales” o como digo otras veces “barroco de libro”, contrastes en todo: aire, compás, matices, virtuosismo en la forma y también en la ejecución del Vivace – Largo e dolce – Allegro, obra conservada curiosamente en la misma partitura de la BWV 1062 que abría el concierto, antes de afrontar todo el conjunto (sin el francés) la conocidísima Suite para orquesta nº 2 en si menor, BWV 1067 (1738/39), con protagonismo no solo de Fred en la flauta sino de esta formación mínima y suficiente para escuchar los siete números o danzas de esta suite en el orden habitual, que podrían haberse variado sin problemas (Ouverture – Rondeau – Sarabande – Bourrée – Polonaise – Menuett – Badinerie) dando juego todos y cada uno de los solistas con limpieza, empaste, aires siempre ajustados, dinámicas perfectas y equilibrios que el propio Bach refleja por la elección de los protagonismos puntuales. Sonido corto respecto a la flauta moderna pero suficiente en el traverso, perlas bien engarzadas en la ornamentación desde la tecla y ensamblaje en el cuarteto de cuerda redondeando una interpretación aseada y sin excesos.

Para cerrar el círculo virtuoso el otro regalo de teclas a pares, el Concierto para dos claves en do mayor, BWV 1061 (1733/34) menos escuchado pero igualmente equilibrado entre ambos solistas y la cuerda frotada, espectacular Allegro, el duelo “sin sangre” entre ellos con un Adagio para paladear cada tecla, cada contestación, cada compás compartido en y por ambos, antes del apabullante Vivace con la suma en fuga de tímbricas, dinámicas y matemáticas elevadas a la enésima potencia, pues “Mein Gott es el padre de todas las músicas y esta obra, como casi todas las suyas soportan como pocas el paso del tiempo, versiones más o menos historicistas, de jazz, con piano y orquesta, reducciones, revisiones y hasta “barbaridades” que siempre parecen menores desde esta perfección, la misma con la que los nórdicos son capaces de romper el hielo y curar toses.
Todos juntos sumándose el traverso bisaron la popular Badinerie con dos claves donde finlandés y francés permutaron teclados para otra (re)visión del último número de la segunda suite orquestal, nunca más con menos.

Anuncios

Celebrando los 333 de Bach en Avilés

Deja un comentario

Miércoles 21 de marzo, 20:15 horas. Iglesia de Santo Tomás de Cantorbery, XLI Semana de Música Religiosa de Avilés (SMRA). Josep Mª Mas i Bonet (órgano). “Música para la Pasión”: obras de Bach, Brahms, Liszt, Franck y Messiaen.

Entramos en la recta final de la cuadragésimo primera SMRA​ en el día del 333 aniversario de Bach, que no podía faltar en un concierto titulado “Música para la Pasión” y con el veterano organista de Centelles (Barcelona) Josep Maria Mas i Bonet, que fue de menos a más en este penúltimo concierto con el órgano de Acitores nuevamente increíble en sonoridades todavía por descubrir, maestría de un intérprete de largo recorrido y obras de gran enjundia.

Comenzó el catalán con la Fantasía en do menor, BWV 562 del kantor, continuando con el Coral De profundis clamavi ad te, de la Cantata BWV 68 y la Fantasía y fuga en do menor, BWV 537, austeras como el propio Bach hubiera deseado, registros sobrios sobre el segundo teclado y el pedal, limpieza de líneas, técnicamente impecable y gustándose sobre todo en la última de las tres partituras de nuestro dios.
En línea similar discurrió Brahms como no podía ser menos al “revisar” al padre de las músicas con el Preludio coral Herzliebster Jesu, was hast du verbrochen  (Querido Jesús, qué culpa has cometido), comedido en su grandeza, homenaje romántico al barroco en el instrumento rey, el órgano de Santo Tomás avilesino en manos y pies de Mas i Bonet, de nuevo maestro con poso al afrontar este muestrario con referencias a la Pasión de Cristo.

Pero llegaría Liszt y rompería el fuego abriendo horizontes sonoros con la Oda fúnebre, muerte esperanzadora, luminosa sin perder dramatismo, registros mucho más variados, la expresión en los pedales que comenzaba a emanar grandeza sonora en distintas dinámicas.
El momento cumbre personalmente llegó con Cesar Franck y su Coral nº 1 en mi mayor, auténtico caleidoscopio sonoro en un Acitores camaleónico que parecía emular los Cavaillé-Coll del romanticismo pleno con variedad tímbrica y transiciones de un teclado a otro delicadas con sabor francés y verdadero “savoir faire” elegante, brillante, variado, jugoso, para la última explosión final del organista catalán.

Olivier Messiaen siempre supone un tributo bachiano y Les Ténèbres su música para esta pasión con truenos y tinieblas de dolor en ese lienzo orgánico antes de la feliz La Résurrection du Christ con el organista catalán siempre cercano a Francia en todo. Paleta barroca con trazo abstracto bien interpretado y exprimiendo el Acitores cada vez más asombroso cuando se le exige, y los cinco autores de este miércoles supusieron otra prueba de un órgano válido para repasar la historia de la música para él escrita.

No podía haber sido mejor cumpleaños de Mein Gott quien decía​
La música es una armonía agradable para el honor de Dios y de los placeres permitidos del alma“, armonías las alemanas y placeres inmejorables los franceses, pues Mas i Bonet se mostró en el órgano avilesino tan francés como Franck y Messiaen.
La agenda me impide asistir al último concierto del viernes 23 con el grupo de cámara santanderino Ars Poliphonica que además estrena espacio en la Iglesia de los Padres Franciscanos (Parroquia de San Antonio), acústica ideal para un programa que va de Dunstable y Gombert hasta Drake o Vince Clarke titulado “Dilecte Mi” a cargo de este grupo de voces graves.

Bach siempre misericordioso

Deja un comentario

Martes 20 de marzo, 20:15 horas. XLI Semana de Música Religiosa de Avilés (SMRA), Iglesia de Santo Tomás de Cantorbery: Pablo Taboada Jiménez, órgano. Obras de J. S. Bach, C. Franck y O. Messiaen.

Mein Gott Bach todopoderoso y también misericordioso perdonó ofensas pasadas y nos trajo al profesor catalán Pablo Taboada en el tercero de los conciertos programados con un repertorio potente donde estaba el trío de compositores ideales para todo organista que se precie: Bach, Franck y Messiaen cerrando el círculo, tres épocas y estilos con exigencias distintas que el órgano Acitores de Sabugo sigue respondiendo como un grande.

El Preludio y fuga en do menor, BWV 546 calentó tubos, dedos y acústica en un templo no tan lleno como nos gustaría, pues el público es el mejor premio y recompensa para el esfuerzo de Chema Martínez y los suyos. Todavía sin el poso ni el pulso deseado aunque buscando registros adecuados, mejores en la fuga pausada, algo pesante pero marcando todo, usando un pedal discreto igual de virtuoso que los teclados manuales, nunca enturbiando los temas principales, Taboada abrió la espita bachiana antes de continuar con dos corales.

An Wasserflüssen Babylon, BWV 653, de los dieciocho Corales de Leipzig y Erbarm dich mein, o Herre Gott, BWV 721, ambos de sonidos básicos casi “de libro” donde la melodía luterana sonó con una lengüetería clara de tímbrica sobresaliente mientras el pedalero seguía en un segundo plano con las apariciones puntuales, aguantando los tubos sin ningún ronquido.

El romanticismo de Cesar Franck le va como anillo al dedo al Acitores que ya tiene acento propio, castellano recio con sabor a salitre, rico en registros con los que Taboada acertó, desde reminiscencias al popular armonio hasta los flautados potentes, subiendo intensidades de volumen y emociones, jugando con el trémolo puntual y el pedal de expresión algo tímido en recorrido aunque dejándonos uno de sus tres corales para órgano, Deuxieme Choral en si mineur muy logrado de dinámicas al que le pediría un poco más de “arrebato” acorde con el estilo (del) francés.

Sin abandonar el país vecino y con la misma espiritualidad que el kantor de Santo Tomás (de Leipzig, no avilesino), Messiaen supone cerrar el círculo de Bach, virtuoso no ya en ejecución sino en la búsqueda de los sonidos adecuados, la atmósfera del texto inspirador con la tímbrica complementaria, y así entendió mi tocayo la Apparition de l’église éternelle con el Acitores pletórico, tubería acoplada con el exigente Olivier, de amplias dinámicas y registros inéditos completando una velada que fue calentando a medida que la música se acercaba a nuestro tiempo sin perder el respeto a los orígenes. Todo es mejorable, pero el maestro Mas Bonet estaba al lado ayudando y tomando nota para su concierto del miércoles donde al trío de ases de hoy se sumarán Brahms y Liszt en una verdadera fiesta sonora del órgano astur-palentino bajo el sugerente título “Música para la Pasión”.

La veteranía es un grado y los años dan el poso necesario no solo para la interpretación sino para la recreación de unas partituras siempre únicas y distintas según el órgano, el día, la temperatura… y el ánimo tanto del ejecutante como del oyente. Ya lo contaremos desde aquí mientras los organizadores de la SMRA siguen subiendo temas al Canal de YouTube©.

Perdónanos padre Bach

Deja un comentario

Lunes 19 de marzo, 20:15 horas. XLI Semana de Música Religiosa de Avilés (SMRA), Iglesia de Santo Tomás de Cantorbery: Trío Barroco (Fumi Kitamura, soprano – César Navarro, trompeta barroca – Eudald Danti, órgano). Obras de J. S. Bach, W. A. Mozart y G. F. Händel.

Segundo concierto de la cuadragésimoprimera SMRA con el órgano de Acitores en la Iglesia Nueva de Sabugo (Santo Tomás) y un programa hermoso además de variado que no rindió honores en esta festividad de San José, día del padre que para muchos en nuestra religión melómana sigue siendo Bach, supongo que por causas que se me escapan pero con cierta decepción y lástima, aunque Kitamura y Danti ya conocían instrumento y templo al haber estado en el sexto cumpleaños del gran Acitores avilesino.

Eudald Danti al órgano no encontró ni los registros adecuados para los preludios, fugas y corales del kantor ni los apropiados para las obras con voz y trompeta, aunque con ésta al menos encontró el empaste necesario pero no la comodidad para acompañar.

El Preludio y fuga en do mayor, BWV 545 (Bach) con el que arrancaba el concierto, proyectado en pantalla, careció de fluidez, pulsación y limpieza, especialmente en la fuga, esperando fuese el tributo necesario para calentar instrumento y dedos. Las Vesperae Solennes de confessore, KV 339 son una de las páginas más conocidas de Mozart, especialmente el aria Laudate Dominum (aquí soprano sin coro pero con órgano y trompeta barroca) a cargo de la cantante japonesa que ralentizó el “tempo” o la frenaron sus acompañantes, ya que registro y volumen lo demostró con creces pero le faltó la musicalidad en su línea de canto, tampoco ayudada por los instrumentistas ni la acústica.

Tras la mínima incursión en el Clasicismo volvería el barroco de Bach y Händel, el coral O Mensch bewein’ dein Sünde gross, BWV 622 que por acierto en registros y tempo lento resultó lo más llevadero del lunes, casi como el texto que dice “oh! hombre, llora tu gran pecado”, pudiera ser el de la falta de estudio, de inspiración o simple penitencia de otros anteriores o peor aún, los posteriores. Y es que la cantata Jauchzet Gott in allen Landen, BWV 51 tiene esa belleza de aria para soprano y trompeta con el órgano “ejerciendo” de orquesta aunque los gritos de júbilo fueron lastimeros y hasta tortuosos. Reconociendo la dificultad de la trompeta barroca, César Navarro no estuvo acertado en sus intervenciones y pese a colocarse ladeado para no tapar a Fumi Kitamura tampoco hubo los aciertos esperados, habiendo sido preferible dejar al órgano la doble trompetería que equilibrase dinámicas y encaje, amén de un aire más ligero y menos pesante incluso la trompeta en re habitual para estas páginas.

Otra súplica en Ich ruf zu dir, Herr Jesu Christ, BWV 639 breve y lenta pero sucia la ejecución de la melodía del coral, pues Bach exige las duraciones escritas y apartarse de ellas es un castigo para el intérprete y el público. De la Fantasía en sol menor, BWV 542 otro tanto carente de fuga, sin la pulsación necesaria con un discurso a trompicones sin majestuosidad, pidiéndole mentalmente de penitencia el estudio con metrónomo y recordarle qué es la forma “fantasía”. El último pecado en solitario sería el Preludio y fuga en do mayor, BWV 547, anodino, soporífero y onanismo bachiano por no decir sacrilegio.

Händel no se libró de esta ofensa musical, el trío afrontó Eternal source of light divine de la “Oda para el aniversario de la Reina Ana” con las mismas carencias mozartianas agravadas por problemas de afinación (la iglesia estuvo sin calefacción precisamente para respetar y mantener la afinación del órgano como bien explicó antes del concierto el párroco) y aunque la melodía cantada por la japonesa brillase algo más sobre los instrumentos, ni el acompañamiento organístico ni los “contrapuntos” trompetísticos ayudaron a mejorar la versión del Trío Barroco. La maldición final como el propio Samson pero decapitando con esa conocidísima Let the bright Seraphim que las grandes sopranos afrontan como un reto y en Avilés sufrí incluso “da capo”. Ni la trompeta contestando como debe a la soprano, ni el órgano tocando todo lo escrito, manco y perdido por momentos, sin alcanzarse la unidad que a un trío debemos exigir. No sería su día este último invernal, el frío no es aliado para los pulmones ni los dedos, y marché lastimado más que con lástima de este concierto. Espero que mi tocayo Taboada este martes no caiga en las mismas tentaciones bachianas ni se escude en el “bendito Messiaen“. Los barrocos de San José una calamidad y mal regalo.

Deuda saldada

Deja un comentario

Jueves 8 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”: Khatia Buniatishvili (piano). Obras de Brahms, Tchaikovsky y Liszt.

Oviedo, Pablo Siana | 09.02.2018 | 03:45
Khatia Buniatishvili retornó ayer a Oviedo para ofrecer el concierto que, inicialmente previsto para el 3 de diciembre, tuvo que retrasar por una insuficiencia respiratoria acompañada de un proceso febril.
Un recital incluido en el programa de las Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”, que patrocina LA NUEVA ESPAÑA, y en el que la intérprete georgiana integró dos mundos: el íntimo, casi religioso, frente a la pirotecnia para todos los públicos.

En un concierto rebosante de música, Khatia Buniatishvili se empleó con elegancia y equívoca facilidad por la sencillez, llena de delicada fortaleza.

Su pieza inicial, la Sonata para piano nº 3 en fa menor de Brahms, precisa de una madurez que a la georgiana le viene por genética. La pianista deleitó en sus cinco movimientos diferentes y únicos. En el primero, un Allegro maestoso, ofreció una arrebatadora entrada, acallando aplausos y pasión como el rojo vestido que apenas dio tiempo a digerir. En el segundo, Andante espressivo, rindió un íntimo tributo a las otras “B” (Bach y Beethoven) por un Brahms con la óptica femenina, también “B” mayúscula, de Buniatshvili, pero minúscula por bostezo y carraspeo, cuando no tos nada griposa sino de aburrimiento, por parte del público no preparado para esta sonata exigente. Una parte del público a la que el tercero, Scherzo: Allegro energico – Trio, provocó un despertar con volúmenes amplios y abrumadora limpieza.

El cuarto movimiento, Intermezzo: Andante molto, otra interiorización y tributo de Brahms a “la quinta” de su adorado sordo, fue dinámico, delicado y arrebatado en esa mezcla que Buniatishvili domina desde su técnica y musicalidad asombrosa previa al quinto, Finale: Allegro moderato ma rubato, como esperado fin de trayecto en una primera parte locuaz pero introvertida. Como los propios gestos de la giorgiana.

Chaikovski es seguro de triunfo sobre todo su Cascanueces cuya suite el también virtuoso M. Pletnev (conocido en Oviedo) arregló en siete números donde de las danzas hizo Buniatishvili virtud al piano recreando sonoridades propias más que orquestales por matices y velocidades diversas.

Y cerrando velada el Liszt endemoniado, siempre cortando aplausos, sin rodeos ni poses o tics, apurando respiración, primero el Vals Mephisto nº 1, del paraíso perdido al abismo emocional, implosión y explosión virtuosa antes de apurar la Rapsodia española, S.254. Tributos de húngaro y georgiana a nuestra música más que la jota, con visiones internacionales donde los dedos se entrenan pero la mente sigue dominando.

Kathia Buniatshvili, KB para abreviar, asombrando como siempre, aún nos regaló un poco de la Rapsodia húngara y mucho del otro KB, el “Kantor Bach” con un Coral que de nuevo puso a Oviedo en el mapa de la música.

P. D.: El texto corresponde a mi reseña para La Nueva España (en la edición digital solo para suscriptores) de la  madrugada del viernes a la que desde casa he añadido mis fotos, salvo la indicada que ilustraba el periódico, y los habituales “links” enlazando temas y autores.

Destellos del alba

1 comentario

Viernes 1 de diciembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono 3 “Espiritualidad I“, OSPA, Pablo Ferrández (cello), Rossen Milanov (director). Obras de Vázquez del Fresno, Elgar y Mendelssohn.
Desde niño llevo admirando al gijonés Luis Vázquez del Fresno (1948) primero como pianista y después como compositor, habiendo escuchado por él mismo algunos estrenos como sus Audiogramas en la Filarmónica de Mieres que presidía Luis Fernández Cabeza, enseñándome nuevos recursos del piano, preparado se decía entonces, que me ayudarían al acercamiento de lo que se llamaba música contemporánea o vanguardia, así como sus acercamientos a nuestro folklore con el tenor Joaquín Pixán, guardando como un tesoro el LP dedicado y en la memoria la presentación.

El tiempo nos da otra visión del pasado, derriba muros o quita calificativos pero mi devoción por el maestro Luis no ha cambiado salvo que sigue en aumento, por lo que poder escuchar el estreno (en Avilés el día antes) de una obra suya siempre es un placer, y esta vez Florilegio del alba, op. 53, una suite sinfónica (2001-2017) mientras esperamos el estreno de la ópera La dama del alba prometida por las “autoridades” muchas veces e incumplido como en ellas es tristemente de esperar. Me gustaría escucharla en vida del compositor porque mientras, nos debemos conformar con materiales de ella, caso de esta suite tan asturiana e internacional como Alejandro Casona, nuestra OSPA o el propio Vázquez del Fresno, un aperitivo a modo de “trailer” con seis números dignos de interpretarse por cualquier orquesta de fama mundial o de llevarse al disco porque calidad desborda toda ella. De la ópera supongo que no es solo cuestión económica porque material humano en nuestra Asturias para ponerla en pie hay más que interés por parte de los gestores.

No quiero tanto analizar una partitura que no conozco, dejando el recorte de La Nueva España de Andrea G. Torres sobre el estreno de ayer, y el enlace a las notas al programa (arriba) de Daniel Moro Vallina, sino las sensaciones sentidas desde mi butaca, música para paladear que abarca distintos lenguajes fácilmente entendibles y dominados por el maestro gijonés desde una instrumentación donde además del piano preparado (que me devolvió al Mieres de mi infancia), el arpa o una percusión rica y variada, aparecía en la madera el saxofón junto a metales y cuerda perfectamente equilibradas en número, volumen y dinámicas variadas. Números con “estética” de los años cincuenta conviviendo con rítmicas o melodías de aroma astur o tributo orquestal al amado Debussy del que Luis Vázquez del Fresno ha sido embajador y casi traductor en sus dos facetas de profesor y concertista, junto a Messiaen, pero siempre con la firma original del asturiano, pues todos tienen un bagaje que influye a la hora de componer y de interpretar. Este alba luminosa fue leída con cariño por unos intérpretes que la sienten por cercanía geográfica y musical, con un Milanov atento especialmente a los matices que la orquesta asturiana puso en esta suite, agradeciendo el autor los merecidos aplausos que le obligaron a subir por dos veces al escenario.

El toque británico en cuanto a elegancia, saber estar, educación, musicalidad, porte, sobriedad, emociones interiorizadas huyendo del puro espectáculo, lo pondría el Concierto para violonchelo en mi menor, op 85 (1919) de Sir Edward Elgar en manos de un Pablo Ferrández (Madrid, 1991) cuyas interpretaciones en Oviedo (2013 y 2014 las tengo contabilizadas y reflejadas, antes de su eclosión en 2015 tras ganar el Concurso Tchaikovsky) con la OSPA y Milanov siempre me han resultado impactantes por unir una técnica prodigiosa y unas visiones atrevidas muy trabajadas junto al sonido de “sus” cellos, primero el impresionante Stradivarius “Andrea Castagneri” de 1733 y después el “Lord Aylesford” (de 1696) propiedad de la Nippon Music Foundation que presta sus tesoros a jóvenes intérpretes de primera con impacto internacional, como el español, quien volvió a revolver nuestro interior por su impactante pegada, sus armónicos y la cascada de musicalidad del solista madrileño. Siendo uno de los conciertos más famosos para cello y orquesta, con grabaciones e intérpretes de referencia, personalmente firmo este ovetense como inolvidable hasta el día de hoy, más tras escucharle en OSPATV que no le gustaba en sus años de estudiante. Está claro que los años todo lo curan, sobre todo la juventud pero especialmente el trabajo constante.

Un placer contemplar la escucha atenta de toda la OSPA para ser la mejor cómplice del solista en los cuatro movimientos encajando intenciones, empastes, cambios de tempo (especialmente en el último movimiento), con Milanov disfrutando como uno más, sin molestar, asombrándonos Ferrández con la aparente y engañosa facilidad del arco, los ataques, los armónicos o sus escalas limpias y precisas dejándonos “un Elgar” para el recuerdo (grabado como todos los de la OSPA por Radio Clásica).

Generoso en su interpretación británica, también lo fue en sus regalos, la “Sarabande” de la Suite 3 de Bach con una cuarta cuerda que hace vibrar hasta las entrañas, fraseos maestros e intimismo acallando a todo el auditorio (no con el lleno deseado para estas joyas) y El cant dels ocells pidiendo la necesaria paz en este mundo convulso que el propio tocayo catalán hubiera aplaudido por el sentimiento hecho música de su violonchelo solo, plegaria y llanto. El éxito internacional de Pablo Ferrández es lógico y corroborado por los que estuvimos en esta cita.

El habitual formato de programa (obertura o estreno más concierto solista) tendría en la segunda parte a Mendelssohn pero con una obra poco escuchada, bella y grandiosa aunque exigente ante el enorme esfuerzo para sacar adelante todo lo reflejado en la partitura, la Sinfonía nº 5 en re menor, op. 107 “Reforma” (1830-1832), interpretación con destellos de plenitud, plagada de sutilezas en volúmenes con una cocina que no quemó los ingredientes aunque algo sosa y deslavazada, en parte porque la belleza del compositor alemán apenas necesita más condimento que dejarla fluir en sus movimientos siguiendo las propias indicaciones de agógica. Los músicos sirvieron este plato en su punto, de instrumentación ideal para la orquesta asturiana, maderas a dos (con contrafagot) en dúo de oboe precioso y preciso, metales compactos y orgánicos como me gusta llamarlos en páginas como el coral final de tímbrica cercana a la trompetería del órgano de tubos, timbales más la cuerda deseada, al fin rotunda en contrabajos y la personalidad de siempre en esta OSPA, clara, vibrante, llena de matices y color, capaz de herir desde el terciopelo y mantener el hilo sonoro cual emoción contenida en unos pianísimos con la misma calidad que en los tutti. Buen concierto y mejores sensaciones por las excelentes obras junto a buenas interpretaciones de un esperado amanecer sinfónico asturiano, a la que no volveré a escuchar hasta el próximo año.

Bombones musicales

Deja un comentario

Jueves 8 de noviembre, 20:15 horas. Iglesia Santo Tomás de Cantorbery, Avilés: VII Aniversario de la inauguración del órgano de Acitores. Vicente Cueva Díaz (violín), Fernando Álvarez (órgano). Obras de Pachelbel, V. Cueva, Avison, Bach, Reger, Ravel, Veracini, Ravina, Massenet, Westerhout, Camidge, Giazotto y Bohm. Organiza y patrocina Fundación Avilés Conquista Musical.

Debe ser cuestión de años pero parece que fue ayer cuando inaugurábamos el nuevo órgano de Sabugo tras años luchando por tener un instrumento rey en Avilés y finalizando una etapa para conseguir los fondos necesarios a cargo de una fundación nacida con ese propósito y presidida por el infatigable Chema Martínez. Recuerdo haber visitado el montaje con otro enamorado del órgano como mi querido Paolo Zacchetti en peregrinaje desde Santiago a Milán con parada en La Villa del Adelantado para saludar a Federico y comprobar in situ esta joya castellana que acabaría teniendo acento de salitre cantábrico con la ría de fondo.

Siete años ya, que había que celebrar como se debe, pues un instrumento no puede estar nunca callado, así que nada mejor que recurrir al organista titular del Acitores de Covadonga como el belmontino Fernando Álvarez (Almurfe, 1965) en compañía del maestro Vicente Cueva (Gijón, 1943), violinista, barítono y compositor entre otras muchas cosas, amén de padre de una estirpe de músicos, dos generaciones y dos instrumentos unidos en una fiesta musical de rara combinación donde los bombones fueron las obras seleccionadas por ambos intérpretes, un dúo poco habitual y bien avenido porque el timbre de la cuerda frotada y sus armónicas empastan a la perfección con el órgano, máxime cuando se registra con mimo para buscar el acompañamiento ideal del violín como si de una orquesta se tratase. Como es buena costumbre en la iglesia nueva de Sabugo, pudimos disfrutar de ambos proyectados en pantalla para comprobar el grado de entendimiento necesario entre ambos para un convite de aniversario servido con toda la calidad desde nuestra tierra.

Protagonismo compartido entre el órgano solo donde no faltaron “Meine Gott” Bach y su coral BWV 617, Pachelbel con los Tres versos para el Magnificat y Toccata, perfecta obertura de concierto, Charles Avison (1710-1770) y su Allegro en re mayor o la Chanson triste (Pavana para una infanta difunta) de Ravel con “redescubrimientos” como el Menuet de Jean Henri Ravina (1818-1906), la Ronde d’amour de Niccolò van Westerhout (1857-1898) realmente de feria, combinando romanticismo de escritura y sonoridad dorada hispana, la Gavotte de Matthew Camidge (1758-1844) combinando romanticismo de escritura y sonoridad dorada hispana, o la Sarabande del director y compositor Karl Bohm (1927-1981), auténticos bombones de regalo traídos directamente o reelaborados de originales perfectamente cocinados en los registros por Fernando, pero especialmente en los dúos con el violín.

Si los bombones anteriores resultaron delicias al oído, las obras con Vicente Cueva fueron los rellenos de todos los sabores con la delicadeza al paladar porque el sonido aterciopelado de su violín en partituras lentas, aún engradecieron un timbre que sigue siendo envidiable y con el poso de toda la vida pegado a él. Elegir dos obras suyas para abrir y cerrar el concierto fueron regalos inesperados y casi testamento de un músico íntegro e integral. Si el Epílogo pudimos escucharlo todos en vida y colocado al inicio porque estamos muriendo desde que nacemos, la Añada (que es como llamamos en Asturias a las nanas) es adormecer para un sueño puede que eterno pero meciendo al niño que nunca debe morir en nosotros. Curiosa ubicación, supongo que bien buscada, para compartir legado y pasiones, músicas para el buen morir, dejando partituras conocidas con el violín protagonista y el órgano orquestal mimando al maestro, registros en adición o sustracción en vez de utilizar el pedal de expresión, instrumento puro más rico que la propia orquesta o el piano.

Así saboreamos unos “praliné” que fueron exquisiteces: la Romanze de Max Reger (1873-1916), el Largo de F. M. Veracini (1690-1768) que convirtió la ría avilesina en canales venecianos, la Meditación (de Thais) del francés J. Massenet (1842-1912) asentada y sentida por los dos intérpretes, respirando juntos y por supuesto el conocido Adagio en sol menor muchos años atribuido a Tomaso Albinoni pero compuesto realmente por Remo Giazotto (1910-1998) a partir de los apuntes y bajo cifrado del barroco, donde el órgano brilló a igual altura que un violín cuyas cuerdas graves resonaron por el templo nuevo de Sabugo con todo el poso de dos vidas entregadas a la música, dos generaciones de músicos asturianos que quisieron regalarnos esta fiesta de cumpleaños.

Y como la música todo lo puede, el frío otoñal asturiano se convirtió en tiempo de verano, Summertime (Gershwin) de raigambre jazzística y hechura académica para seguir soñando despiertos y viajar donde queramos, Porgy and Bess, Vicente y Fernando que continuarán sumando encuentros (aquí tras el concierto con dos “chiflados del órgano” como Jaime Menéndez Corrales y quien suscribe).

Older Entries