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Los números de 2014 y feliz 2015

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Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2014 de este blog.

Aquí hay un extracto:

La sala de conciertos de la Ópera de Sydney contiene 2.700 personas. Este blog ha sido visto cerca de 13.000 veces en 2014. Si fuera un concierto en el Sydney Opera House, se se necesitarían alrededor de 5 presentaciones con entradas agotadas para que todos lo vean.

Haz click para ver el reporte completo.

La difícil sencillez

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Viernes 19 de diciembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto Extraordinario “Europa canta a la Navidad“: El Mesías (Haendel). María Espada (soprano), Kristina Hammarström (mezzo), Valerio Contaldo (tenor), José Antonio López (barítono); Coro de la FPA (maestro de coro: José Esteban García Miranda); OSPA, Pilar Montoya (clave), Juan Carlos de Múlder (archilaúd), Eduardo López Banzo (director).

Final de año y trimestre, inicio de vacaciones navideñas, El Mesías me sirve como punto y seguido cada diciembre, nacimientos y muertes, el ciclo vital que las creencias religiosas conforman y los pueblos transmiten. Este 2014 suponía dejar atrás la Catedral y escucharlo en el Auditorio, con todo lo que queramos añadir para buscar el fiel de la balanza. A menudo la comodidad puede resultar peligrosa, como el todo gratis, y el lleno no evitó que existan los maleducados pendientes del reloj a quienes su egoísmo y miopía cultural no impide levantarse y marchar cuando les da su real gana. Ni siquiera saben esperar el final de un número, la hora les expulsa como una diarrea hacia otro destino cuando conocían dónde estaban y a qué venían, ¡aunque no les costase ni un euro!. Supongo que en las iglesias es habitual marchar en medio de la misa, antes de la comunión e incluso a medio sermón porque es “la hora de…”. Puedo asegurar que incluso los ateos son más educados, al menos aplican el refrán de “donde quiera que fueres haz lo que vieres”. De toses, móviles y ruidos tristemente habituales ya ni los comento porque me encabrono todavía más. Llevo toda la semana con resfriado, tos y malestar general, me he quedado sin asistir a varios conciertos para evitar sobresaltos, y hoy algo mejor decidí a última hora no perderme este Mesías distinto, aunque siga siendo descorazonador el comportamiento de una parte del público que parece contagiarse más que la gripe y convierten en cotidiano lo que siempre ha sido irreverente y maleducado. Me estoy haciendo mayor.

Tras el rollo inicial fruto del estado anímico e insalubre, este Mesías 2014 lo recordaré como el mejor de los últimos años, y han sido muchos, precisamente porque la misma obra nunca suena ni la percibimos igual por veces que la disfrutemos, canten o interpreten. Los ingredientes estuvieron todos en su justa proporción y el resultado final de nota.

Y esta vez quiero comenzar por el responsable de este Mesías distinto por el rigor desde el primer momento. Eduardo López Banzo conoce a Händel desde todas las facetas musicales, incluyendo la de profesor de canto que le da una visión realista de cómo llevar tiempos y dinámicas para que cada número brille en su medida. Tanto las arias como los números corales están llenos de dificultades sólo salvables cuando se conocen antes de afrontarlas. Maravilloso poder degustar tanto el fraseo como las agilidades sin perder frescura ni solemnidad cuando así lo requería el número. Por lo tanto el Coro de la Fundación estuvo y se le notó feliz, cómodo, adaptado a una obra que cada año afrontan como nueva y que en este parecía todo sencillo: volúmenes precisos, seguridad pasmosa, claridad en la emisión y placer al cantar que se transmitió desde el primer hasta el último número.

Del cuarteto solista, por fin todos de gran nivel, y puedo añadir lo mismo pues el aragonés López Banzo supo concertar y elegir el aire exacto para cada aria, mimando el acompañamiento para solaz de los solistas, y por poner sólo algún ejemplo con dos voces conocidas en Oviedo, el Rejoice de María Espada nos contagió de esa alegría desde ese color único y musicalidad firma de la emeritense, o el final del barítono-bajo José Antonio López realmente convincente en The trumpet shall sound con Maarten en pie resonó en el auditorio sin reverberaciones indeseadas o excesivas. Y he citado todo españoles, tanto el maestro como estos dos solistas aunque quiero resaltar a la mezzo sueca, barroca convencida de registros homogéneos y color hermoso, y especialmente al tenor italiano, que nos devolvieron la fe en estos papeles de oratorio porque cuando hay calidad vocal y además el repertorio es adecuado, no puede haber malos resultados. Contar con un cuarteto tan homogéneo siempre es para nota, y este 2014 por fin se alcanzó. Incluso el detalle de cantar todos juntos el Amen es más que indicativo del buen ambiente de trabajo y el placer compartido de este Mesías para recordar.

La OSPA tiene claroscuros desde hace tiempo, y esta vez dividida entre el foso del Campoamor para “el Barbero” y este Mesías con una plantilla ideal en todo (cuerda 6-6-4-4-2, 1 fagot, 2 trompetas y timbales) con el añadido del continuo de clave y archilaúd -excelencia habitual con López Banzo-, en un repertorio donde no se mueven todo lo bien que sería exigible a músicos de plantilla. La Sinfonía inicial fue desconcertante por los desajustes en entradas, que de haber sido en la Catedral hubiese achacado a la acústica, no siempre hubo la respuesta exigida desde la dirección precisamente en los tiempos, pero al menos respondieron en todas las dinámicas, y fueron calentando en un escenario que es su casa, para bien y para mal. Prescindir de los oboes (que no hubo en el estreno dublinés de El Mesías como comentaba el maestro López Banzo en la entrevista que dejo al final) y mimar el contingente sonoro sirvió para conseguir una versión de aparente sencillez en una obra compleja como tantas del universal Haendel. Lástima que siempre haya algún pero que poner a nuestra orquesta, nunca del todo perfecta y dependiendo del maestro que los conduzca. Esta vez pienso que no había disculpa alguna.

Los recitativos con archilaúd fueron un placer, los unísonos realmente vocales en la instrumentación, los fugados claros en su discurrir, la contención de timbales y trompetas realmente dignas de admiración, sobresaliente el papel acompañante de un coro que duplicaba los efectivos instrumentales rindiéndose al equilibrio buscado. No sé cómo estarán “los de la barbería”…

Para pérdida de los impacientes, el regalo de Stille Nacht Heilige Nacth (Gruber) también lo recordaremos por la elección de la versión original a dúo femenino celestial con acompañamiento terrenal de archilaúd (cual guitarra) y posterior incorporación del dúo masculino, la orquestación discreta y el coro suficiente para dejarnos una auténtica “Noche de Paz” tras las turbulencias que en estas fechas olvidamos para acabar ciclo y comenzar otro. La vida no sigue igual pero debemos vivirla ¡es nuestra obligación! y la música ayuda mucho.

Entrevista al Maestro López Banzo en LNE del viernes 19 de diciembre de 2014:

FELIZ SALIDA Y ENTRADA DE AÑO

Contagiando talento

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Miércoles 17 de diciembre, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio de Oviedo, Alisa Weilerstein (cello), Oviedo Filarmonía, Rafael Payaré (director). Obras de Schumann, Elgar y Brahms.
Llegaba a Oviedo otra solista de cello, instrumento que tiene siempre nutrida presencia en los conciertos carbayones, mediática por querer compararla con la Jacqueline Du Pré y haber recibido consejos de Barenboim precisamente con el famoso concierto de Elgar, grabado en sello discográfico potente y acompañada de su pareja que sale de la cantera del “sistema” venezolano.
Y lo mejor resultó el director Rafael Payaré, 34 años pero toda una vida por delante, preparado, trabajador, dirigiendo de memoria las obras cruciales del programa y con la edición de bolsillo para concertar con su señora a la perfección. Y qué maravilla ver que ese talento es contagioso porque la Oviedo Filarmonía sonó como nunca, parecía otra a pesar de la algo escasa cuerda, especialmente los contrabajos, solamente tres que tuvieron que apretar dedos y dientes para conseguir unas dinámicas muy buscadas desde el podio. Miraba a la espalda del director y me recordaba a Dudamel hasta en el pelo leonino, los gestos pulcros, las entradas clarísimas, la batuta recogida en las partes líricas, una mano izquierda prodigiosa y una carta de presentación muy clara con la Obertura de “Manfred”, op. 115 (Schumann), romanticismo en estado puro que Payaré dibujó al detalle, cuerda no muy incisiva pero definida siempre, maderas perfectamente ensambladas y metales contenidos pero redondos, contundentes sin excesos.
El Concierto para violonchelo y orquesta en mi menor, op. 85 (Elgar) le correspondería a la norteamericana y ciudadana del mundo, como el director, Alisa Weilerstein, otro talento joven con un instrumento que sonaba pletórico, de armónicos chispeantes pero que en la interpretación de este conocido concierto me resultó algo plana, técnica sin pellizco, poco “vibrato” y fraseos algo forzados aunque la orquesta siempre arropándola, dialogando e incluso aupándola gracias a la batuta impecable y precisa de Payaré. Esperaba más en ese inicio del Adagio; Moderato que debe conmover en la tercera cuerda y solamente sonó, transparente pero sin carne en el asador. El Lento; Allegro molto pareció enmendar un poco las emociones pero cayeron de nuevo en el Adagio que por momentos resultó plomizo. El cuarto movimiento fue más el catálogo de cambios de tempi y ánimos que la congoja necesaria para sublimar este concierto. Mis aplausos para la orquesta y la dirección más que para la cellista, calidades que tenemos mejores en nuestra tierra sin necesidad de cruzar el charco aunque con instrumentos menos caros y escaso marketing. Me preocupa pensar que el público joven tome de referencia estas versiones porque el oído debe educarse en la excelencia.
Al menos la propina bachiana nos devolvió el mejor cello de una joven figura que pareció estar más cómoda en solitario que afrontando retos de alto vuelo.
Para la segunda parte todo un Brahms y la Sinfonía nº 2 en re mayor, op 73, auténtica joya romántica continuadora del mejor Beethoven o Schumann que en la interpretación de la OvFi nos descubrió sonoridades increíbles, melodías escondidas y auténticas sutilezas en los planos consiguiendo Payaré una paleta de dinámicas asombrosas desde el dominio de la partitura hasta el mínimo detalle. “El Sistema” es anterior a los regímenes bolivarianos que suenan en cada informativo, con una larga trayectoria y muchísimas personalidades que creyeron en ese proyecto desde sus inicios, y pese a la instrumentalización que del mismo se han encargado todos los dirigentes venezolanos, con el beneplácito de Abreu y los guiños cómplices de Dudamel, sigue dando músicos de categoría mundial, instrumentistas y también directores como Payaré que en Europa pueden desarrollar la base de toda batuta, el repertorio de los grandes en nuestro viejo continente con el ímpetu y talento joven venido del Caribe.
Maravilloso ver a Rafael Payaré llevar cada uno de los cuatro movimientos de “mi segunda” con la maestría del veterano, la humildad del trabajador y el desparpajo del joven capaz de contagiar su ímpetu a cada atril de la orquesta carbayona. Los contrastes fueron surgiendo espontáneos, naturales, escritos en el aire con movimientos ajustados, “non troppo”, grazioso el tercero también contenido, y rebosante ese final del “Allegro con espíritu” brahmsiano del que la OvFi se impregnó perfectamente conducida, término muy americano pero que cuando existe la química entre todos el manejo del vehículo musical corresponde al conductor. Tendremos que seguir de cerca a Rafael más allá de Alisa porque está ya en la lista de los principales del siglo XXI.

Diez años que somos del ciclo de Don Alfredo

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Viernes 12 de diciembre, 20:30 horas. San Isidoro el Real de Oviedo: Concierto de clausura del X Ciclo de Música Sacra “Maestro de la Roza”. Svetoglas Quartet, Polifonía Sacra Ortodoxa. Entrada libre. Lleno absoluto.

Durante cinco viernes Oviedo volvió a ser la capital de la música sacra recordando a nuestro querido Alfredo de la Roza, un ciclo que se mantiene con todo tipo de apoyos, pocos en estos tiempos pero incluyendo el popular desde la campaña “Yo soy del Ciclo”, con difusión en cada concierto y en las redes sociales donde la Escolanía de San Salvador, organizadora desde hace diez años de esta cita obligada en el final del otoño carbayón, trabaja para mantener una música atemporal que nos toca la fibra a todos los aficionados. Este año por coincidencia de fechas con otros conciertos a los que estoy abonado, sólo pude asistir al último, pero la falta hubiera sido imperdonable.

Como novedad intentan acercarnos cada año alguna formación nueva, recordando todavía a Cuncordu e tenore de Orosei, y hace cinco años aunque parezca que fue ayer, que continuaron incluso en la plaza para completar aquel concierto con música popular de Cerdeña.

Esta vez desde Bulgaria acudía el Svetoglas Quartet cuya polifonía ortodoxa abarca un amplio repertorio desde el siglo IX hasta el XIX, incluyendo tanto obras escritas como las de transmisión oral con todo lo que ello supone.

Conforman este cuarteto dos tenores, barítono y bajo pero no desde la concepción o clasificación vocal clásica sino desde el canto natural de voces de hombre agudas y graves combinándose en dúos, tríos o cuartetos dependiendo de la obra elegida, tanto del folklore búlgaro (especialmente las dos propinas) como los cantos religiosos desde una visión actual que sin necesidad de ahondar en criterios necesariamente musicológicos, hacen de esta música actual desde sus interpretaciones que nunca pierden la novedad de descubrir cantos hasta ahora desconocidos por muchos, sonando cercanos e incluso modernos.

Daniel Spassov, Stanimir Ivanov, Tihomir Borissov y Milen Ivanov, que hace las veces de director, son las voces de este cuarteto “a capella” con la mezcla necesaria de juventud y experiencia, explicándonos en inglés el origen, estructura o forma de las obras a escuchar.

Organizadas en dos partes con un intermedio necesario para descansar ellos y marchar algunos del público (habitual en los conciertos gratuitos) para agradecimiento del público que estaba de pie, la primera parte ofreció diez obras variadas en estilos y combinaciones, con la letra traducida al español y proyectada en la pantalla gigante central, siempre desde el Misterio de la polifonía búlgara con referencias o recuerdos a músicas medievales recogidas en España como en el “Condúcenos, Santa Cruz” que aunque del siglo XIX y cantado por dos de ellos en “monodia con roncón” parecía sacada del Llibre Vermell de Montserrat, o con la misma forma el canto dedicado al “Sacerdote” que me trajo recuerdos del canto en las mezquitas por el muecín, con una melodía utilizando esos giros arábigos y melismas u ornamentaciones típicas, al igual que el “Aleluya” interpretado en séptimo lugar.

La primera del siglo IX en cuarteto como la melodía popular “Bendiciendo el nombre de Dios” para dejarnos un dúo del siglo X en la tercera, casi como del rito mozárabe o el tradicional y heredado en versión a tres voces “Gospodi”, contrastando la música escrita y la transmitida que va enriqueciendo las melodías como en los inicios polifónicos de Leonin o Perotin, mismas formas musicales a partir de las propias composiciones de autores anónimos y posteriores armonías añadidas como el hermosísimo “Bautismo” a cuatro voces antes del trío para la “Lamentación sepulcral” riquísima incluso en matices y reguladores que desde la acústica perfecta por la ubicación de las voces y su empaste nos transportaron a esa música de los monasterios búlgaros que parecían estar en San Isidoro.

Finalizaron esta primera parte con “Te bendecimos, Santa Madre” con el cuarteto y no pudiendo faltar la temática mariana tras este recorrido cristiano desde el bautismo a la muerte como esperanza.

Otras diez obras para la segunda parte que comenzaron con la “Bendición” a dúo del siglo XIV antes de seguir el resto con música de transmisión oral y autores anónimos manteniendo las combinaciones a tres, dos o cuatro voces, sin perder nunca el “basso” como sustento para la monodia, la polifonía básica a tres voces o la más elaborada a cuatro casi académica de no ser por el tamiz que Bulgaria realiza como cualquier otro pueblo que hace suya la tradición. La penúltima “Sálvanos, Hijo de Dios” prescindió del habitual tenor primero sustituyéndolo por el segundo, para acabar a cuatro voces con “Te glorificamos María”, nuevamente cierre mariano antes de las dos propinas folklóricas llenas del colorido interpretativo de “ayes guturales” que Don Alfredo, hombre abierto a todas las músicas, hubiera disfrutado como los demás.

La venta de discos del cuarteto búlgaro al finalizar el concierto corroboró el nuevo éxito de este concierto de clausura. Esta décima edición hay que volver a felicitar a la organización, siempre impecable, con cuatro conciertos y una conferencia glosando, como no podía ser menos, la vida de Don Alfredo a cargo del párroco José Luis Alonso Tuñón en el Monasterio de San Pelayo, y manteniendo San Isidoro como sede principal. Desde mañana ya está en marcha la undécima, el público la espera y la oferta ovetense sigue siendo algo que asombra a foráneos y propios, por lo que contra viento y marea, cantando esa “paz en la tierra” que titulaba esta edición aunque válido para todos los hombres de buena voluntad incluyendo “Amicus meus” del concierto de la Escolanía, amigos todos de un ciclo que no debe faltar.

El piano sincero y profundo de Carmen Yepes

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Hace años que conozco y sigo la trayectoria profesional de la pianista asturiana Carmen Yepes, de Mieres pero nacida en Oviedo por esos caprichos del destino, aunque podía copiar ese dicho de los de Bilbao y pasarlo a mi pueblo: los de Mieres nacemos donde queremos.

Desde joven pude comprobar no ya la hondura al afrontar cada partitura desde una técnica siempre al servicio de las obras, sino el enorme trabajo para desentrañar y hacer suyas las notas profundizando en relecturas que pudieran sacar a flote nuevas aportaciones, siendo siempre alumna aventajada en su larga formación, capaz de asumir consejos e indicaciones de muchos colegas para interiorizarlos y engrosar su propio lenguaje. Sus maestros pueden presumir de ella, orgullo palpable en muchas actuaciones tanto en solitario como con orquesta e incluso banda sinfónica, trabajando con distintas formaciones y directores, pues escuchar a Carmen Yepes es reconocer un discurso vital, madurando paralelamente en el plano artístico.

Dedicada a tareas docentes en la Comunidad de Madrid desde hace años, que al menos facilita la labor concertística de sus profesores con más visión que aquí en Asturias, compagina su quehacer diario con apariciones puntuales en público, a algunas de las cuales pude asistir como en Madrid (retransmitido por RTVE) o Barcelona. El pasado noviembre volvía a Málaga, donde es muy querida y reconocida tras una breve estancia en esa capital andaluza, para ofrecer dos conciertos de los que acompaño programas, uno para la Sociedad Filarmónica en la Sala María Cristina de la Fundación Unicaja el jueves 6, y otro dentro del ciclo “Músicas con encanto” de Les Roches (Marbella) organizado por el Centro de Divulgación Musical del Mediterráneo el sábado 8, ambos con un programa atrevido, valiente, profundo y exigente:

la Sonata en sol mayor “Sonata Fantasía”, D. 894 (Schubert), la selección del conocido Romeo y Julieta, op. 75 (Prokofiev) que incluía los números “Escena”, “La joven Julieta”, “Montescos y Capuletos”, “Mercurio” y “Romeo y Julieta antes de partir”, y el Andante Spianato y Gran Polonesa Brillante, op. 22 (Chopin). Tres compositores que la pianista asturiana domina, tres maneras de entender la música y una sola de profundidad interpretativa, la madurez de Schubert, el calvario interior y desbordante de Chopin más la magia literaria del ballet sinfónico reducido a las 88 teclas del piano de Prokofiev, digno exponente de la escuela rusa. Tres monumentos para degustar en concierto cercano, casi íntimo y opuesto a la inmensidad de los auditorios, aunque la intérprete lo da todo independientemente del entorno, que parece ayuda más al público en esa conexión siempre inevitable y mágica con el escenario.

No he podido leer críticas aunque seguro que fueron un éxito, desconociendo en qué pianos tocó, porque debemos recordar que a diferencia de otros instrumentistas, nunca se tiene el mismo instrumento, con distinta pulsación, durezas, sonoridades, antigüedad y tantos factores que influyen en el resultado final, explicando que algunas figuras mundiales exijan una marca y modelo específico, e incluso viajando con el propio instrumento, cuando no también con afinador específico en casos extremos, sirviendo de propaganda recíproca pero asegurando todos los detalles.

Del recital de Marbella hay dos vídeos en YouTube© que comparto desde aquí con el permiso de la propia Carmen Yepes, para que mis habituales puedan degustarlo en este formato nunca comparable al directo pero al menos revivirlo como esta vez me tocó a mí.

Espero acudir, si mis obligaciones laborales no me lo impiden, al siguiente, pues escuchar el piano de Yepes me hace repasar mi propia trayectoria vital y disfrutar de esa evolución permanente que todo artista de primera mantiene a lo largo de su carrera.

El rapacín de Candás volvió tras 150 años

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Lunes 8 de diciembre, 20:00 horas. Teatro Prendes, Candás: El rapacín de Candás (Gabriel Balart y Francisco García Cuevas). Juan Noval Moro (tenor), Yolanda Montoussé (soprano), Fabio Barrutia (barítono), actores del Grupo Cultural “Xana” de Perlora (Lucía Colunga, Enrique Molina, Carlos Arias Cancio, Rosa Ana Muñoz -y directora de escena-, Francisco Suárez), Coral Polifónica “Aires de Candás” (directores: Marco A. GarcíaElena Rosso), Orquesta Sinfónica “Miguel Barrosa”, David Colado (dirección musical).


Tremenda expectación domingo y  lunes más allá de la capital de Carreño ante la recuperación de una obra titulada El rapacín de Candás que dormía en algún baúl pero que siempre tenemos la suerte de encontrarnos musicólogos y estudiosos capaces de recuperarlas, incluso rehabilitarlas ante el mal estado en que se encontraban, pudiendo decir eso de “estreno en tiempos modernos”. Ramón Avello explica muy bien en su crítica de la función dominical aparecida este martes 9 en el diario El Comercio, cómo se rescata del olvido una obra que sin ser una joya del teatro lírico sí puede considerarse pionera de los sainetes escritos en asturiano:

Personalmente me sorprendió (como también a algunos conocidos, como un amigo que escribía “tiene partes musicales bonitas, pero finales reiterativos, repitiendo cuatro veces para llegar a la cadencia final. El argumento carece de mayor interés, se puede comparar a un sainete del teatro costumbrista. Le falta la parte cómica, los ballets, etc. de otras zarzuelas”) que se doblase escena y canto, aunque supongo que el mayor peso de la parte hablada y además en asturiano, hacía difícil memorizarla a los cantantes, pese a ser más fácil que intentar que los actores cantasen, pues esto no es EE.UU. donde todos los estudios escénicos incluyen la música y el canto.

Que yo conozca los buenos actores que canten son más que los buenos cantantes actuando, aunque algo esté cambiando. Esta vez la separación no ayudó por situarlos abajo, detrás de la orquesta (que tampoco tenía foso) y ni siquiera los actores sobre el escenario estaban ubicados como los cantantes, teniendo un desesquilibrio ubicacional y resultando una suerte de “Escala en HiFi” que muchos de mi edad recordarán en blanco y negro, incluso las producciones de zarzuela donde creía que los actores cantaban hasta que conocí el “play back” con figuras de la lírica que tan solo ponían la voz, primando actores sobre cantantes. De los programas de mano a elegir en asturiano o castellano, tan solo el argumento, datos técnicos de los intérpretes pero sin recordar a los autores, compositor de la obra el catalán Gabriel Balart i Crehuet (1824-1893) junto a los textos o libreto de Francisco García Cuevas.

De lo vivido en la segunda función, nuevamente con lleno total, felicitar al elenco de actores de grupo perlorino, auténticos protagonistas, incluso a la coral local que sí formó parte de la escena, dirigidos por Elena Rosso, quien también formó parte de la acción sobre las tablas. Del trío solista escuchaba por vez primera al barítono y me reencontraba con la pareja principal tenor y soprano, aunque vocalmente no me aportaron mucho ni tampoco pienso que su ubicación ayudase.

Felicitar finalmente a los músicos del conservatorio local reforzados para la ocasión para conseguir una orquesta sinfónica que bajo la dirección de David Colado (quien también es responsable de la revisión y “rehabilitación” de la obra) sacaron adelante este entretenimiento que podía haber sido candasín o mierense, incluso leonés o lucense puesto que ese asturiano “amestao” aún se usa y entiende. Está bien recuperar patrimonio aunque la calidad no lo haga muy exportable, pero es nuestro y vuelve al pueblo. Hacer una grabación para conservar todo el documento sonoro supongo que no sería excesivamente caro aunque el estudio permita licencias que el directo no.

Dejo aquí recortes de prensa con comentarios, críticas y todo lo que este regreso movilizó en Asturias que tenía su capital lírica este puente festivo en Candás.

Candás, la Banda de Música y mucho más

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Lunes 8 de diciembre, 12:30 horas. Candás, antigua Fábrica de Ortiz, Concierto de Santa Cecilia 2014: Banda de Música de Candás, David Möen (director).

Dicen los de Luanco por eso de la rivalidad vecinal, que “En Candás, el Cristo na más… y si me apures un poco, el Cristo tampoco”, pero este lluvioso lunes festivo la oferta musical de la capital del concejo de Carreño era completa, por la mañana música de película y por la tarde zarzuela asturiana “El rapacín de Candás”, recuperada tras 150 años, a la que dedicaré otra entrada en el blog.

De la Banda de Música de Candás que preside José Miguel Carrera y dirige el Maestro Möen sólo puede escribir cosas buenas, desde una trayectoria que mantiene el perfecto equilibrio entre juventud y veteranía con una calidad musical de primera. Aunque el recinto elegido nos resguardaba de la lluvia no lo hacía del frío (y no están las economías para poner cañones de aire caliente con el precio que tiene la luz), pero a su favor una acústica excelente que facilitó poder degustar el amplio repertorio de música, casi toda de cine, que sonó realmente de película, con una percusión donde además de bombo, caja, platillos o timbales se sumó el “glockenspiel” (carillón o lira, que así se llama también al instrumento de láminas de metal), así como la gaita asturiana para Horner y su Braveheart.

También me gustó ver los retratos de Alfredo Menéndez, especialmente los del fondo de Pedro Braña, un enorme músico que tiene calle en su Candás natal y en su Sevilla adoptiva, con el de “Pipi” Antuña, muchos años director de esta banda a la que escuché en El Paseín del otro lado de la pared y en la plaza de La Baragaña muchos veranos de mi infancia y adolescencia, escoltando una foto de “su” banda que preside la nave. Abajo a la derecha también está el retrato de Sarita Pascual, pianista y organista de la Iglesia de San Félix con quien compartí muchos años de amistad, aunque de ella tendré que escribir largo y tendido junto a la “Escolanía de Candás”.

La conocida marcha de Sousa Washington Post que muchos asociamos como sintonía deportiva, calentó a público y músicos, marcial, potente, enérgica, poderío de los metales, gusto en maderas y percusión siempre acertada, antes de seguir con una selección de músicas de las películas de Walt Disney donde no faltó el deshollinador de Mary Poppins. Pronto vendría el “bloque Williams” para solaz de grandes y chicos que casi llenaron este local con recuerdos pesqueros de una villa marinera, deportista, olímpica y muy musical.

Me maravilló su gran plantilla que nos deleitó con unos arreglos para banda realmente exquisitos y además perfectamente interpretados, con sonoridades sinfónicas, un empaste y afinación admirables. Cierto que John Williams es el gran compositor del siglo XX con partituras en nuestra memoria auditiva que trascienden la pantalla, por lo que su música siempre nos toca la fibra, aunque El señor de los anillos no sea suya sino de Howard Shore, pero tampoco se quedó atrás el citado James Horner, gaita asturiana mejor que la original escocesa, dejando para el final dos obras asturianas, La Rapacina (Enrique Reñé), una fantasía asturiana plenamente pensada para banda y el fragmento de las Escenas Asturianas del no suficientemente reconocido Benito Lauret donde al final mezcla nuestro oriental y hermoso baile del “Pericote” llanisco con el himno “Asturias, patria querida” de tal maestría y dominio de la paleta orquestal que, como con Williams, suena perfecto tanto en sinfónico como en la formación bandística.

Un placer comenzar el día con música de cine bien tocada, contagiando esos finales épicos, espectaculares manteniendo una calidad en esta formación candasina que nos hace ser optimistas y pensar en un renacer de las bandas de música más allá de cantera para otras formaciones. El pueblo las siente más cercanas y propias, por lo que el apoyo en casa nunca falta. Añadir que se incluyó antes de los temas asturianos una selección de los temas que John Williams escribió para las películas de Indiana Jones, convirtiendo al laureado compositor norteamericano en el protagonista de este concierto recordando a la patrona de los músicos, con buena compañía.

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