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Enamorados de la tabernera

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Sábado 9 de junio, 20:00 horas. Teatro Campoamor, XXV Festival de Teatro Lírico Español, Oviedo, última función. “La tabernera del puerto”, romance marinero en tres actos (música de Pablo Sorozábal, libreto de Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw).

Los del norte somos muy de tabernas, chigres y sidrerías, de reunirnos en torno a una mesa para festejar cualquier evento y nada mejor para cerrar las bodas de plata de la temporada de zarzuela asturiana que volver a llenar el teatro (pasando a dos funciones cuando había cuatro por título y “Los del tres” no se enteran que #OviedoQuiereZarzuela) con uno de los títulos más conocidos y representativos de nuestro género, La tabernera del puerto situando Cantabreda en la costa cantábrica como no podía ser menos para mi tocayo donostiarra Sorozábal y utilizando melodías más ritmos tan nuestros desde una escritura sinfónica por momentos wagneriana, dejándonos las romanzas más populares de zarzuela que casi todos tenemos en nuestra memoria.

El éxito del cuarto título del único festival fuera de Madrid se redondearía gracias a la nueva producción del Teatro de la Zarzuela (que vio mermadas sus funciones ante las huelgas justificadas contra la fusión por decreto con el Teatro Real), con su director musical al frente, nuestro Óliver Díaz, congregando público llegado de fuera de Asturias que disfrutó con todo. Porque es difícil conjugar a la perfección todos los elementos que se necesitan para que un título lírico funcione: partitura y libreto de calidad, cantantes que sean actores y actores que canten, orquesta y coro veteranos y dominadores del repertorio, escenografía e iluminación junto a vestuario, mezclado en su justa proporción por un responsable musical que lleve con seguridad el timón para alcanzar buen puerto, y nunca mejor el símil marinero para esta zarzuela con sabor a salitre, catálogo de amor, humor fino y final feliz con sorpresas.

Toda la escena dirigida por Mario Gas es elegante, fiel al texto íntegro bien rimado por todos movidos a la perfección sin caer nunca en el abigarramiento, presencias variadas subrayadas por la iluminación adecuada y hasta la utilización real de agua y piedras cual orilla marina que también se usa dramáticamente sin molestar a los cantantes, dirección de un enamorado del teatro e hijo del bajo Manuel Gas, totalmente relacionado con esta zarzuela que él cantó ya en el estreno barcelonés llevándola por escenarios de medio mundo. Sumemos un decorado realista, el vestuario que todos asociamos a un puerto sardinero y añadamos la impresionante escena del naufragio de Marola y Leandro en una proa dentro de la proyección videográfica para completar el marco ideal donde desarrollar toda la acción.

El elenco debe contar con unos cantantes donde la partitura es difícil aunque agradecida, pero el texto hablado todavía más, proyectando la voz en ambos casos desde una correcta dicción en castellano que hace innecesario mirar los sobretítulos (siempre de agradecer), pero donde los actores también deben cantar con la misma exigencia. Por eso quiero destacar especialmente la Antigua de la inconmensurable Vicky Peña y el espléndido Chinchorro de Pep Molina, con su dúo cómico para recordar, colocando a caballo de actores y cantantes el Abel de la soprano Ruth González, timbre de adolescente en unas intervenciones que la encumbraron casi de protagonista de principio a fin y interpretando con solvencia todo su papel, sin dejarme atrás al cómico “televisivoÁngel Ruiz como Ripalda el del cafetín, no el Padre, algo sobreactuado buscando la risa, pero fiel a su papel, con un terceto cómico junto a Marola y Abel de calidades equilibradas.

Hablando del reparto no se puede omitir el papel de la Oviedo Filarmonía con el maestro Óliver Díaz mimando cada página, dando el protagonismo puntual a todos, interludios y acompañamientos, cuidando al detalle las dinámicas para percibir siempre las voces (incluso los coros fuera de escena).

Y un excelente elenco de cantantes donde la tabernera María José Moreno volvió a enamorar en argumento y teatro por presencia, color, gusto interpretativo en cada aparición (de “fábula” su conocida romanza e ideal Yo soy de un puerto lejano) y emociones compartidas dibujando una convincente y creíble Marola.
Otro tanto del Juan de Eguía a cargo del barítono gallego Javier Franco, dejándonos un rossiniano Chíbiri, capaz de llenar la escena en todo momento, timbre poderoso en todos los registros pero lleno de matices, empaste en los números conjuntos y torrente dramático en su romanza final.

Debutaba el tenor uruguayo Martín Nusspaumer como Leandro y no decepcionó aunque fue de menos a más (Todos lo saben), cumpliendo con la esperada No puede ser… del segundo acto que Kraus puso en un punto inalcanzable en nuestros tiempos. Habrá que seguir su carrera porque tiene buena materia prima, amplia tesitura de color bastante homogéneo con un grave claro y agudos suficientes aunque algo inseguro, puede que por los nervios de un papel que seguro repetirá. Otro tanto el Simpson del venezolano Ernesto Morillo, creciendo vocalmente aunque en la romanza echase de menos mayor proyección en el grave y timbre con color de barítono, pese al mimo desde el foso.

La Capilla Polifónica de Oviedo que dirige Pablo Moras es insustituible en este festival lírico y su experiencia sobre las tablas un seguro para toda producción. El primer coro de mujeres es difícil encajarlo y moverse, otro tanto del coro de hombres más “liviano” que el de marineros, añadiendo intervenciones conjuntas fuera de escena pero siempre presentes, solventes, empastados y matizados, sumando una escena profesional que nos lleva como la propia zarzuela a un final feliz.
La orquesta titular Oviedo Filarmonía ha demostrado con creces su madurez en todas las secciones y dúctil afrontando estilos dispares pero con la misma calidad en todos ellos a lo largo del festival. Tener al frente a Óliver Díaz ha sido el premio no ya de la temporada sino el merecido a una labor ingrata en el foso donde los errores se notan pero los aciertos son infravalorados, y puedo decir que el salto de calidad de esta orquesta ha sido grande.

Finalmente queda hablar del Maestro Díaz, así con mayúsculas, pues su colega Víctor Pablo Pérez (también recordado en nuestra tierra) diferencia entre “conductores, directores y maestros“. Oliver Díaz, asturiano universal que triunfa en silencio, director musical del Teatro de la Zarzuela con merecimiento y conocimiento de causa, trabajador, implicado en todo proyecto con él al frente y siempre con “la tierrina y su gente” presentes para sumar calidades, estudia en profundidad cada partitura para sacar de ella lo mejor adaptándose al material humano de cada momento, y no siempre el mejor. Con esta tabernera nos ha hecho disfrutar al conjugarse los elementos necesarios para alcanzar el éxito, haciendo y haciéndose entender, cuidando las voces como pocos desde el foso, por eso es Maestro, dejando el protagonismo a los intérpretes dando un paso atrás pese a ser el responsable final. El buque Sorozábal llegó a puerto asturiano gracias a la pericia, madurez y veteranía que dan la sabiduría en el manejo del timón de un almirante nacido en Oviedo y criado en Gijón con el Mar Cantábrico siempre en el horizonte aunque surque todos los mares del mundo, invitándonos a compartir en la taberna otra fiesta musical.

El candor de México

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XXV Festival de Teatro Lírico Español, Teatro Campoamor, Oviedo: 15 y 17 de febrero, 20:00 horas. El Cantor de México, opereta en dos actos con música de Francis López y libreto de F. Gandera y R. Vincy en versión libre de Emilio Sagi. Fotos ©Teatro de la Zarzuela y ©PabloSiana. Entrada butaca: 40 € – Abono de principal para los cuatro títulos: 90 €.

Celebrando las bodas de plata de la zarzuela en Oviedo con una opereta, como el Carnaval en plena Cuaresma (también lo hacen) o programar El Rey León en la temporada de ópera (que espero no la toquen), pero todo sea por la música sin etiquetas aunque se queden cortas las dos funciones a la vista de la entrada registrada (lleno la segunda), sin entrar en los pateos a la megafonía en asturiano que siguen confrontando a una sociedad dividida por los políticos (más en la primera como parece ya normal), responsables de recortar incluso en inteligencia.

El éxito “almibarado” del pasado mes de octubre cosechado por El Cantor de México en el Teatro de la Zarzuela madrileño, coproductor junto a la Opéra de Lausanne el pasado tras el bombazo de su reestreno parisino, unido a la excelente campaña mediática y la presencia de Rossy de Palma parece ser el mejor reclamo para traer a Oviedo este título creado para el recordado Luis Mariano que los de mi época y nuestros mayores recordamos más por la película que por la propia opereta, traducida libremente por Enrique de Viana cambiándole la letra incluso a la conocida Ruiseñor que todos recordamos.

Lo mejor de todo el entretenimiento en sí y las músicas pegadizas con buenos arreglos e instrumentación ideal donde no faltó una excelente percusión de jazz junto a la guitarra eléctrica de caja (Juan Carlos Pizarro) o el acordeón (Norberto Magín) para una Oviedo Filarmonía con Óliver Díaz al frente, al igual que en la capital, y Marina Gurdzhiya de concertino, que realmente sonó de cine, mimando a las voces sin amplificar que no fueron, salvo el Bilou de Manel Esteve, los Vicente Etxebar y Cricri del primer reparto madrileño (José Luis Sola y Sonia de Munck) sino los segundos, algo que me temía al leer el avance tardío de los títulos donde se indicaba “entre otros” evitando citar el elenco ovetense (el argentino Emmanuel Faraldo y la catalana Sylvia Parejo, mejor ésta que aquél que mejoraron el sábado), y los actores que incluso cantan, como es de esperar en ellos y sí fueron los mismos de Madrid: Eva Marshal – Coronela Tornada por Rossy de Palma mal porque así se lo exige el guión, un buen Riccardo Cartoni por el barítono Luis Álvarez, y la excelente Ana Goya como la Señorita Cécile sin olvidarme del asturiano César Sánchez como Boucher más el resto del elenco de casa (Cristóbal Blanco de figurante junto al pianista Julio César Picos Sol en escena).

No quiero olvidarme en esta opereta del buenísimo cuerpo de baile con la coreografía de Nuria Castejón, elegantes en todas sus intervenciones, tanto en “Acapulco” como en la colorida y popular “fiesta del tequila“, además de complementar una figuración donde el vestuario de la argentina Renata Schussheim ayudó al colorido y ambientación diseñado por Daniel Bianco.

El coro sigue siendo el de casa, una Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo dirigida por Pablo Moras que no solo cantan y bien (México sin ellos hubiera sido otro como el tequila) sino que completan una puesta en escena abigarrada por momentos buscados pero siempre colorida (bien las chicas y sobresaliente el desparpajo masculino sin reparos por el vestuario para el “coro de las mujeres soldados”), mejorando en el segundo acto por el rodaje de la primera función y el entendimiento entre foso y escena.

Mejor la parte hablada que la cantada, lógico por los actores con una Rossy realmente “diva”, morcillas asturianas naturales (calla fata, cómo ye ho!? Préstame mucho) y los ya citados Luis Álvarez y Ana Goya, aunque sus textos a menudo resultan “forzadas” y algo chabacanos al igual que estereotipados (pero simpáticas y creíbles las Lupita y María de las vascas Maribel Salas y Nagore Navarro).

Del trío protagonista destacó el Bilou del barítono Manel Esteve, tanto en sus solos (Soy el mejor premonitorio, El tequila y sobre todo el Guarrimba, dios inmortal con el coro) como en el famoso dúo con Vicente Dos amigos así, y el trío al que se suma Cricri, dando cuerpo a los mismos unido a una actuación convincente.

La Cricri de la actriz y cantante Sylvia Parejo fue de menos a más en las dos representaciones, en emisión hablada y cantada con el mismo color vocal (siempre de agradecer) mejor sus Vals del segundo que En Montmartre yo nací, siempre con el foso a su servicio, mientras que el Vicente de Faraldo no es el de Solani tampoco el “francés” de Ismael Jordi, recayendo en él las canciones más conocidas de la opereta. Ninguno tiende a imitar a Luis Mariano pero está claro que el argentino, dotado de un excelente fiato y unos agudos ideales, carece de uniformidad dinámica, afinación y proyección adecuada pese al mimo orquestal,  que la cantada. Infame jueves aunque mejoría sabatina del bello y conocido “Acapulco” (El azul del mar en su esplendor), pobre su canción vasca Allá en el sur de Francia, algo mejor el final de Maitetxu, quién supiera cantar y cortos Ruiseñor y el archiconocido “Méxiiiiiico” que además se repite al acabar el primer acto y en un fin de fiesta que hasta el público invitado canta en el bis final, por cierto más entregado el carnavalesco sábado carbayón, aplaudiendo casi todos los números. Puedo asegurar que había varios amigos tunos el jueves capaces de mejorarlo.

Finalmente un verdadero espectáculo de luz (Eduardo Bravo) y tormenta de color incluyendo el vestuario. El fenomenal libro de la producción madrileña decía en su presentación:

La producción (…) muestra un escenario fantástico, al más puro estilo kitsch, donde se recrea un mundo tropical, sofisticado, en tecnicolor como corresponde a ese tipo de cine que persigue el gran espectáculo y que es precisamente el universo en el que se suceden todas las
tramas de la historia (…) repleta de situaciones cómicas entre elementos del folclore mexicano; llena de grandes flores y frutas, de colores necesariamente llamativos y, sobre todo, de buena música (…) también colorista (…) llena de influencias norteamericanas e hispanoamericanas que a partir de los «locos años 20» del siglo pasado habían ido llegando a la capital francesa. Charlestón, swing, mambo, bolero, una inusitada variedad de estilos que a lo largo del espectáculo obligan a la orquesta a transformarse en una banda de jazz, un
grupo de mariachis o una agrupación de bolero (…) con Emilio Sagi como director de escena, el espectáculo regala al espectador una gran fuerza visual. El responsable de la magia es aquel mismo equipo artístico que en 2006 Jean-Luc Choplin llamó para recuperar con clamoroso éxito (dos meses en cartel) la obra de Lopez en el escenario de París que cincuenta y cinco años antes la había visto nacer (…) en una nueva versión en castellano del propio
Emilio Sagi. Otro evidente atractivo de esta producción (…) es el hecho de contar con actores carismáticos como Rossy de Palma, que interpreta a una vedete muy particular, y con un meticuloso reparto de cantantes que sin duda darán vida de la forma más congruente y divertida a los personajes de esta colorida y divertida historia de cine y opereta
“.

Mi amigo eMe quien me regaló la entrada del jueves y con quien comparto muchas cosas, resumió esta opereta como “UN «CANTOR» DESCAFEINADO… brillantemente servido sobre un mantel de vivos colores pero desteñido por un  humor ramplón y cantantes solistas de escuálido grano“. Lástima no estuviese este sábado…

Pues eso, música excelente con el Maestro Díaz dominado partitura de principio a fin con luz y color como las calas gigantescas verdaderas joyas falleras, la logradísima doble luna llena con balustrada y un mar plateado, los platós de rodaje, los espejos rodando o los movimientos escénicos entre París y México bien organizados aunque por momentos excesivos y así buscados, pero donde fallaron las voces, mientras Sagi sigue triunfando en su Oviedo junto al tándem astur-argentino de Díaz-Bianco, actuales responsables del Teatro de la Zarzuela de Madrid, del que espero nos traigan en 2019 su Maruxa revisada al XXVI Festival de Teatro Lírico Español, e incluso La Tempestad ¡qué elenco han contratado! pero supongo dependamos del ¿criterio? del tripartito y de sus “intereses”.

Aunque de esta temporada que celebra las “Bodas de Plata” todavía nos quedan tres títulos con dos representaciones cada uno que iremos contando desde aquí, si el tiempo y los políticos no nos lo impiden.
P. D.: Reseña previa de Ramón Avello para El Comercio y críticas de la primera función más la de Elena Fdez. Pello en La Nueva España; Nuria Blanco en Codalario,

Emociones contadas

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Domingo  26 de noviembre, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de Cámara: Asociación Cultural “La Castalia”, XVI Curso “La Voz en la Música de Cámara”. Concierto de clausura en homenaje a la memoria de Olga Semushina. Entrada libre.

Significado según nuestra Real Academia Española de la Lengua de la palabra emoción (del lat. emotio, -ōnis): 1. f. Alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa, que va acompañada de cierta conmoción somática.
2. f. Interés, generalmente expectante, con que se participa en algo que está ocurriendo
.

La vida es puro aprendizaje, el trabajo otro tanto y no hablemos de la música donde nunca se termina de aprender y descubrir. Entendamos todo como pura emoción en cualquiera de las dos acepciones de la RAE, sea leer, escribir, escuchar… Y no es lo mismo “contadas emociones” por escasas y excepcionales que “emociones contadas”, lo que pretendo desde aquí y algo que en el mundo de la música se intenta hacer continuamente.
Emociones contadas y cantadas, emociones exteriorizadas o interiorizadas, emociones individuales y compartidas, colectivas por la magia de la música pero siempre emociones. Emoción hubo en un concierto final de curso que dejó pequeña la sala de cámara más allá de descubrir nuevas voces, hacer un seguimiento de las conocidas o escuchar dos estrenos. Emoción en quienes se sumaron al recuerdo y homenaje de una amiga, maestra, intérprete, compañera o esposa.

Emoción colectiva con todos los participantes escuchando las palabras de Begoña García-Tamargo, directora artística de “La Castalia“, emocionada por la amiga y compañera, emoción contenida con la música de Beethoven con el Adagio de la sonata en la mayor grabada por Olga Semushina con su marido Vladimir Atapin al cello, verdadero homenaje escuchado por todos con esa alteración del ánimo penosa e interpretada cual vida eterna de una música que nos mantendrá siempre vivos, ejecutada por ese matrimonio roto por una enfermedad contra la que luchó hasta el final, tristemente orgulloso de disfrutarla un poco más de lo diagnosticado.

Conmoción somática la de todo intérprete al salir al escenario con distintas reacciones interiores: cosquilleo, nervios, bloqueos, rigidez… emociones que todo músico conoce pero no siempre controla, cursos de idiomas porque la palabra cantada siempre debe ser escuchada, trabajo de repertorio de cámara que exige emocionarse cantando y emocionar al oyente, transmisión unívoca cuya respuesta llegará con el aplauso. La música de Fauré o Rodrigo, Guastavino o Tosti, Vaughan Williams o Barber, Hahn o Wolf con poemas emocionantes en su lectura pero aún más trascendentes con sus notas, inflexiones y el ropaje del piano, diálogos donde la música complementa la palabra. Emociones del lenguaje tan difícil y distintas en francés o castellano, alemán o inglés pero igual de exigentes para noveles o veteranos. Las sopranos Carla Romalde, Janeth Zúñiga, Canela García o Cristina Suárez, el barítono Pedro La Villa y el tenor Adrián Begega, la mezzo María Heres (me encantó el acento argentino en su su sentida Pampamapa) y la siempre querida soprano ferrolana Patricia Rodríguez Rico que no podía faltar en este homenaje de emociones (impactante y cómplice con el piano en el emocionante poema alemán que es Befreit de R. Strauss) y de estrenos

Búsquedas interna de la voz y el color, elección del repertorio, trabajo de interiorización y el examen constante del público, una vida cantada y no siempre contada. Manuel Burgueras al piano como profesor de estos repertorios llevando cada voz por el camino correcto o guiando a los demás pianistas como Yozhuan Chávez acompañando a Zúñiga o Alma González (con Heres) quien se sumó con un minuto de música al homenaje emocionado e individual de alumna a maestra, Angelico (1959) el primer número de “Música callada” (Mompou) con una rosa blanca sobre el negro barniz del Steinway.

Emoción compartida desde la propia interiorizada de Gabriel Ureña, empatía de cello y dolor con el piano de Patxi Aizpiri en el Andante de la Sonata op. 19 de Rachmaninov, los rusos que sentimos asturianos, intérpretes y compositores, abrazo sin palabras al amigo y compañero Atapin recordando a “la Atapina” con la música que llega donde la palabra no, precisamente en un concierto con la voz de protagonista donde el violonchelo es lo más parecido a ella, verdadera Vocalise capaz de hacernos vibrar con cada cuerda y más con el sentimiento transmitido desde lo más íntimo.

Qué mejor homenaje que estrenar una obra, trabajada además por cuatro de estos alumnos como broche de otro curso, y Gabriel Ordás (1999) que sigue creciendo en todos los sentidos y estilos, nos regalaba “A Dafne“, fantasía para cuarteto vocal y piano con el texto del Soneto XIII de Garcilaso de la Vega. El relevo en el piano lo tomaría hasta el final la ucraniana afincada en Asturias Yelyzaveta Tomchuk, coprotagonista de este estreno junto a Patricia RodríguezMaría HeresAdrián Begega Pedro La Villa que emocionaron con ese soneto musicado exigiendo a cada solista entrega, técnica y solidaridad en el canto, matices con registros amplios y empastes buscados, intimismo camerístico y tensiones con piano recreando la letra desde la voz. Habrá quedado registrado por las muchas cámaras y grabadoras, a cuyos propietarios vendría bien hacer un curso para fotógrafos en conciertos, cómo comportarse sin molestar, el saber estar en cada momento tan importante para todo en la vida.

El segundo estreno vendría de Pablo Moras (1983), recientemente galardonado con el premio de la SGAE Carmelo Alonso Bernaola de jóvenes compositores, y su obra con texto de Xuan Bello “No Escuro” para coro mixto con piano, el propio compositor y director de la Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo con Lisa Tomchuk, emociones a flor de piel y emociones cercanas al lujo por poder interpretar una obra nueva dirigida por el autor, asistir en todas las personas, primera, tercera o segunda, singular o plural a la amplia gama de matices y colores emocionales de todo tipo con una obra actual cercana como el homenaje común a Olga desde la voz, solista o en coro.

Y sumándose a la Capilla algunas de las alumnas nada mejor que la alegría de un musical tan conocido como West Side Story (L. Bernstein) en un arreglo con piano de Len Thomas que redimensiona el original a coro, números de Tony por las voces graves, de Maria por las blancas, y el empuje coral conjunto bien compenetrado con el piano por un coro algo corto en hombres (endémico en casi todos) pero convincente, entusiasta y emocionado a la vez que emocionando.

No se podía pedir más, aunque Atapin volvió a dar las gracias a todos, orgulloso con la placa que le entregó “La Castalia” de manos del presidente y amigo Santiago Ruiz de la Peña, tras la foto final con todos los profesores, alumnos e invitados a este homenaje emotivo, porque de bien nacidos es ser agradecidos.

Maharajá ¡Welcome to Asturias!

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Jueves 15 de junio, 20:00 horas. Teatro Campoamor, XXIV Festival Lírico Español Oviedo 2017. Estreno absoluto: Maharajá, música de Guillermo Martínez y libreto de Maxi Rodríguez. Nueva producción del Teatro Campoamor (Fundación Municipal de Cultura).

Asistir al estreno de la primera zarzuela del siglo XXI es una ocasión histórica, más si se enmarca en los eventos para conmemorar 125 años de un teatro por el que ha pasado lo mejor de la música, la lírica, la danza y hasta Premios Nobel, hoy verdadera seña de identidad de la capital del Principado que parece volver a colocar la zarzuela en el lugar que nunca debió abandonar.

Este encargo de la Fundación Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo al mando de un tripartito que parece algo perdido en cuanto al concepto de cultura (esperemos no prohiba el yoga como escuchamos a Orlando), y aún más de lo que “La Música” (así, con mayúsculas) supone, con una programación que se cargó unos Premios Líricos (que incluso dejaron superávit a las arcas locales y otros recogerán lo sembrado), aunque esta vez al menos apostó por algo tan nuestro como el mal llamado género chico.

Con un escritor como el mierense Maxi Rodríguez capaz de conjugar una crítica feroz con el humor fino y casi británico (será por la ñublina) que tenemos en “la Cuenca“, digno heredero de Vital Aza, que sigue siendo referente en la historia tanto local como de la propia zarzuela, para un relato donde la escena hablada pareció superar la musical, reto difícil que Guillermo Martínez aceptó de buen gusto debutando en este género y pasando a los anales del coliseo carbayón en esta conmemoración.

Producción “Made in Asturias” por todo el elenco que puso en escena (tablas y foso) esta zarzuela actual, crítica, tal vez poco exportable fuera de “la tierrina” más allá del lenguaje cercano y localista lleno de tópicos que funcionan desde nuestro “madreñismo” aunque cruzando Pajares no todos puedan llegar a entender en su totalidad.

El propio Maxi Rodríguez nos lo cuenta en el programa de mano “Desde Asturias para el resto el mundo” (no me doy por aludido pese a mi intención de cabecera De Siana… al mundo y con la música por montera), conocedor de una realidad única e irrepetible con todo lo que supone, al que seguimos habitualmente en sus hilarantes relatos “Parando en Villalpando” que parecieron encarnarse de nuevo en este Maharajá, contando con actores de primera (Martina Bueno, Antón Caamaño, Roca Suárez, Carlos Mesa y Fernando Marrot, Teatro La Cascaya) que recrearon felizmente esta historia personal compartida por un público que volvió a llenar el teatro demostrando que #OviedoQuiereZarzuela (como etiqueta o hastag en las redes sociales).

Las partes líricas fueron “otro cantar” que Guillermo Martínez (cosecha del 83) hubo de lidiar desde una madura juventud que respeta la experiencia, bebe de todos los manantiales posibles y los pasa por un trabajo realmente ecléctico que en el caso de la zarzuela actualiza una tradición secular. Veinte números variados con sus “interludios orquestales” intercalados con diálogos por momentos hilarantes aunque difícil encajar los textos del de Ujo en el pentagrama por métricas imposibles que obligaban a romper sinalefas y por lo tanto el necesario ritmo cantado, al lado de adopciones bien traídas de melodías conocidas para letras actualizadas (Dónde vas con blusón y pasmina) y viceversa (Tengo de subir al árbol) en un salto mortal que pudo descolocar al respetable con el que siempre se juega, sátira y humor, sentimientos enfrentados con mucha autocrítica, sorna “minera y dinamitera“, sucesiones de interludios orquestales conjugando lenguajes cercanos (desde el jazz o los musicales de Lloyd Weber hasta el más puro Bollywood) e históricos (habaneras, pasodobles…) con dúos, romanzas (directamente las llama arias) y coros de reminiscencias variadas desde la personalidad y buen oficio de un Guillermo Martínez siempre exigente para las voces.

Marzio Conti, ya ovetense de adopción, en su discreta despedida musical de nuevo al frente de “su” Oviedo Filarmonía, fue responsable -en el amplio sentido de la palabra- de que todo encajase con lo escrito, atento a las voces, buscando los planos adecuados, jugando con los balances de una instrumentación variada donde no faltó el arpa, una batería, ni las percusiones indias, formación de foso que asegura la continuidad de este verdadero festival de teatro lírico en este estreno mundial, entregada a esta apuesta local que defendió con encomiable profesionalidad.

Otro tanto cabe decir de la Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo (dirigida por Pablo Moras Menéndez) imponente en escena y vocalmente. Guillermo Martínez domina la escritura coral como pocos y los números escritos para ellos fueron ideales tanto para los hombres, recordando al Coro Minero de Turón por el detalle de las fundas (monos decimos por aquí) y los cascos con la lámpara que tanto Maxi como todos los de Mieres conocemos y sentimos nuestros, como para la capilla en su totalidad, fuera (Welcome to Asturias) y dentro del escenario (Manifa y la escena sidrera del nº 15), voces jóvenes, afinadas, empastadas y entregadas además a una acción digna de profesionales. Siguen siendo seña de identidad de la zarzuela en Oviedo y nunca defraudan.

Y para que lo musical complete el éxito nada mejor que elegir las mejores voces para este espectáculo que cierra temporada, cantantes de casa con trayectoria internacional, reconocidos más fuera que dentro, pero con los que se ha contado desde los inicios del proyecto, redondeando un estreno de altura en todos ellos.

En cabeza la soprano allerana y protagonista Beatriz Díaz en el rol de “Vane la de Vallobín” con su inseparable trolley a cuestas, capaz de cautivar a Mishka -persiguiendo hasta Oviedo a Vanisha-, a Ana que quiere ser como ella, a Velino el sindicalista que la espera tras su periplo “indiano”, a todos. Simpática, convincente y brillando en cada número, desde el primer dúo protagonista No sueltes mi mano (nº 2) o Quiero ser tú (nº 8) con Ana, hasta su aria ¿Calidad de vida? (nº5), comprometidos por extensión, matices y dicción que sólo una cantante de su calidad podía defender y convencer.
Otro tanto de la mezzo ovetense Mª José Suárez, cantante y actriz, dramaturgia pura por escena y línea de canto desde la hondura, la empresaria del restaurante “Anapurna” emocionando con la hermosa y crítica Niebla (nº7) más el dúo con Vanisha (nº8), sumando carcajadas con Orlando en verdadera química cómica.

Las apariciones en casa del barítono castrillonense David Menéndez se cuentan por triunfos, una portentosa unión de cantante y actor poco habitual que en su caso dota los roles cómicos de personalidad propia, engrandeciendo sus papeles como este Mishka – Mittal del que hubiésemos deseado más arias aunque tanto el dúo inicial como el concertante decimotercero antes del aria Tengo de subir al árbol (nº17) donde volvió a demostrar su excelente momento vocal.
El tenor poleso Juan Noval-Moro encarnando a Velino hubo de aplicarse a fondo para un papel durísimo de cantar y representar, especialmente en su aparición durante la Manifa (nº6) o el concertante con coro Nubes negras (nº9), por presencia y dinámicas, y el aria final Dumping (nº19) aún más potente y enérgica con toda la emoción acumulada en casi dos horas de trepidante y desternillante acción.

Completando el elenco vocal de lujo y merecedor del “título honorífico” de ATA (Adoptado Tenor Asturiano) para el madrileño Francisco Javier Sánchez Marín, habitual en el Campoamor y de risa asegurada con su presencia y buen hacer. Orlando redondea una zarzuela de casa donde su musicalidad y escena, tanto cantada como hablada, fueron siempre aplaudidas. Pareja ideal de Ana en ironías (Puto yoga casi “leit motiv” de este Maharajá sinónimo de carcajada), sentido dúo con ella en Si fueras aventurero (nº 11), cuarteto concertante (nº 13) de sainete “hilarionte” y campeón escanciador de altura en OrLalandO (nº16 junto al coro Bebida Compañera). Siempre un placer tener a Paco en Oviedo.

La prensa del “día después” (gracias a Andrea G. Torres en La Nueva España) recoge mejor que nadie argumento y sensaciones. Personalmente felicitar a todos los responsables, del primero al último (también a los niños figurantes de Divertimento) sin olvidarme de la escena de Carmen Castañón, Alejandro Carantoña como ayudante, la iluminación de Juanjo Llorens, el vestuario de Azucena Rico y Carmen Barquero, colorido, sobre todo el indio con el de la sidrería o la coreografía de Estrella García, para una velada donde sin olvidar la crítica nunca nos falta el humor, calidad desde esta “Asturias, patria de prejubilados” que necesita como nunca no ya un ferrocarril que sigue en el XIX sino nuevas señas de identidad, y la música escénica es una de ellas.

Don Gil de las Asturias

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Jueves 11 de mayo, 20:00 horas. Teatro Campoamor, XXIV Festival de Teatro Lírico Español Oviedo 2017: Don Gil de Alcalá (música y libreto de Manuel Penella Moreno, Valencia 1880 – Cuernavaca -México- 1939).


Reparto y equipo artístico:
Alejandro Roy (Don Gil de Alcalá ), Susana Cordón (Niña Estrella Miztilán), David Menéndez (Sargento Carrasquilla), Javier Franco (Don Diego), Sandra Ferrández (Maya), Jorge Rodríguez- Norton (Chamaco), Vicenç Esteve Corbacho (El Gobernador), David Rubiera (Padre Magistral), Marina Pardo (Madre Abadesa), Boro Giner (Virrey), Cristóbal Blanco (El Maestro de Ceremonias), María Heres (Una amiga de Niña Estrella). Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” (director: Pablo Moras Menéndez), Oviedo Filarmonía, Rubén Gimeno (director musical). Dirección de escena: Emilio Sagi; ayudante de dirección: Javier Ulacia; escenografía: Daniel Bianco; iluminación: Eduardo Bravo; coreografía: Estrella García.

Penúltimo título de la temporada de zarzuela de la capital asturiana aunque solo dos funciones, pero con un lleno que corrobora el lema en las redes sociales #Oviedo quiere Zarzuela, si bien este Don Gil de Alcalá netamente asturiano, sea más ópera española que zarzuela bien elegida para celebrar los 125 años de este coliseo por el que ha pasado lo mejor de la música y el teatro internacional.

Un lujo contar con Emilio Sagi para esta producción “made in Asturias” totalmente exportable a cualquier escenario mundial y con un elenco de altura que engrandece aún más este género escénico del que podemos presumir. Penella compone esta ópera cómica de tres actos en su primera versión solo para orquesta de cuerda (con arpa) dominando la escritura vocal que luce aún más con este acompañamiento. Con una puesta en escena de mínimos realmente bien aprovechados para ambientar la España colonial, un vestuario elegante y sobrio, que visto de cerca no llama tanto la atención (por lo que de nuevo aplausos a la economía de medios cuando hay sabiduría en los planteamientos) pero que mantiene esa gama de blancos y ocres adecuada al color escénico (salvo el guiño azul para la conocida habanera “Todas las mañanitas“), más plateados y dorados puntuales realzados por una iluminación perfecta y sobre todo la imprescindible parte vocal: cantantes, coro y orquesta de primera calidad, encumbraron a este “Don Gil de las Asturias”.

Quiero comenzar por los de casa (sin caer en el madreñismo que acuñase mi primo David Álvarez), dado que fueron profetas en su tierra por calidad, cantidad y entrega. Además del citado Sagi, sinónimo de elegancia, respeto y entendimiento con la música, la cuerda de la Oviedo Filarmonía sonó ideal por presencia y musicalidad en todas sus intervenciones, puesto que la textura que da la partitura con el arpa más pizzicati y todos los recursos técnicos ayudan al protagonismo vocal que luce aún más con esta escritura. Lástima que Rubén Gimeno no fuese lo suficientemente claro en el gesto para alcanzar la mejor coordinación entre foso y escena, con desajustes e inseguridades que esperemos se solventen para la representación sabatina, aunque a su favor tuvo la total entrega de instrumentistas y voces. Probablemente quien más incómodo estuvo fue el “coro titular” de la Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo, pero el maestro valenciano llevó a la orquesta por los derroteros idóneos de dinámicas y aires plegados a las voces.

Mientras las voces femeninas arrancaron dubitativas entre la “dirección de la madre Abadesa” y la del maestro Gimeno, al completo tuvieron que hacer un esfuerzo para encajar los pocos pero hermosos números de conjunto, teniendo en cuenta que por ubicación y efectivos orquestales exige una mayor atención desde la batuta ante la falta de referencias para las entradas y tiempos exactos. Reconocer la dificultad de esta ópera de cámara tanto en los textos, siempre bien vocalizados y afinados, como en su escritura llena de síncopas y contratiempos que de resultar exactos (al menos más trabajados) hubiesen dado un resultado sobresaliente, debiendo conformarnos con un notable alto. Con todo, orquesta y coro siguen siendo la mejor apuesta para este festival de zarzuela asturiano, asentándose en una calidad que mantiene un nivel del que no deberán bajar.

El elenco vocal tuvo al tenor Alejandro Roy como el verdadero protagonista, un Don Gil de Gijón poderoso en todos los registros, convincente y en un estado de gracia que ya asombrase en  su anterior visita como Curro Vargas. Seguro, con una línea de canto grandiosa sin escatimar en medios a la vez que recogido en los momentos sentimentales, pocos tenores pueden interpretar este complicado rol en el que Penella vuelca sus mejores melodías tanto en las romanzas como en los dúos y concertantes donde siempre sobresale por tesitura y dinámicas, así como de color ideal combinado con el de la Niña Estrella.

El castrillonense David Menéndez, habitual en nuestras temporadas de ópera y zarzuela así como en programas sinfónicos, dio vida al Carrasquilla andaluz simpático, pícaro y “tunante”, contrapeso de su paisano y compañero de estudios, empaste de dos asturianos en todos los sentidos, química desde la musicalidad y rompedor en el brindis con vino de Jerez que cierra el primer acto, tras su conocido canto a la sidra cual catador de caldos y romanzas de todo calado unido a una escena que siempre cautiva al respetable, independientemente de lo difícil que resulta imitar acentos locales según exigen los libretos (no me imagino tener que cantar un aria “a la” milanesa, veneciana o napolitana).

Me impresionó la clara mejoría vocal, en parte por un papel vocal y escénicamente ideal, del tenor avilesino Jorge Rodríguez-Norton como Chamaco, mejicano salao y sembrao que diría un andaluz, ganándose al respetable en cada aparición, emisión clara en toda la tesitura, concertantes presentes, buen gusto en el dúo ¡Ay! zúmbale con Maya, y una verdadera recreación de un papel cómico en el que se desenvolvió con soltura y calidad.

Breve pero segura la Madre Abadesa de la mezzo cántabra Marina Pardo, en un papel mal llamado secundario pero que voces como la de esta asturiana de adopción suman en el buen resultado final. Tampoco quiero olvidarme de los “comprimarios” que saltan del coro a los pequeños papeles, Cristóbal y María verdaderos profesionales que siempre ayudan a completar elencos de nivel como el de este “Don Gil de las Asturias”.

Susana Cordón, soprano mallorquina de nacimiento y valenciana de adopción, compartió protagonismo y triunfo como la Niña Estrella de la que todos se enamoran y enamora con un color precioso, dicción y proyección perfecta, musicalidad y comicidad en las dosis idóneas, empaste en dúos y concertantes, amén de la técnica necesaria para redondear su personaje, ya muy aplaudida en la inicial “Bendita cruz” aunque la habanera resultó de lo mejor con su compañera, la soprano-mezzo valenciana Sandra Ferrández que nos dejó una Maya cercana, salada, empastada con Miztilán, contrapeso de Chamaco y quinteto coprotagonista de colorido rico en matices, asentando un elenco vocal de calidad que redondeó una función triunfante.

Me gustó el barítono coruñés Javier Franco como Don Diego, más por la diferencia de color con Carrasquilla que siempre se agradece, seguro en canto y escena, aunque “los malos” no siempre triunfan sobre los pícaros.

También breves pero convincentes y de menor a mayor relevancia en el global los barítonos que interpretaron al Gobernador, Vicenç Esteve Corbacho, algo titubeante y hasta afónico en el inicio, más actor que cantante el catalán, el Virrey de Boro Giner, y el Padre Magistral (literalmente) del cántabro David Rubiera, con un registro grave que pedía más la voz de bajo aunque suficiente sin ser potente.

En definitiva un Don Gil de Alcalá triunfador globalmente al que solo faltó mayor seguridad sobre la escena que supongo el sábado y ya rodado resulte sobresaliente. Me consta la llegada de aficionados de fuera confirmando que los políticos no parecen ver que la cultura y en especial la música, son una verdadera inversión más allá del gasto, y pese a las penurias, recortes o sueldos bajos, el amor y la profesionalidad pueden ofrecer un producto verdaderamente rentable ¡incluso electoralmente!.

Golondrinas de altos vuelos

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Jueves 16 de febrero, 20:00 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: XXIV Festival de Teatro Lírico Español. Las Golondrinas (música José María Usandizaga – libreto Gregorio Martínez Sierra y María Lejárraga). Abono butaca de Principal, cuatro funciones: 90 €. Fotos del autor, más las sacadas del libreto y Web de OFil.

Desde el madrileño Teatro de La Zarzuela llega esta producción al Teatro Campoamor con el mismo elenco del pasado (re)estreno en octubre pasado, con dirección de escena de Giancarlo del Mónaco y musical del asturiano Óliver Díaz al frente de la Oviedo Filarmonía y la Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” (que actualmente dirige Pablo Moras) en esta recortado festival con una entrada rozando el lleno en una joya musical como la del donostiarra Usandizaga.

Obra compleja para todo el elenco, de la que Díaz sacó lo mejor desde su dominio musical total tanto para una orquesta en foso entregada, arropando las voces y protagonista absoluta de los bellos preludios del primer y tercer acto llevados sin necesidad de batuta buscando el lirismo preparatorio de los números siguientes y permitiendo brillar a los solistas como si de voces se tratase. Volúmenes bien trabajados, planos orquestales bien diferenciados, tiempos de difícil encaje con las voces pero siempre ayudándolas. Porque Usandizaga posee un lenguaje que para el año de su estreno (1914 y después como ópera en 1929) tuvo que asombrar y la mantiene plenamente actual, escritura difícil de cantar no solo para el trío protagonista por las pocas referencias melódicas desde el foso manteniendo una orquestación tan protagonista como las romanzas, dúos o coros que exigen del trío una afinación perfecta unida a momentos escénicos de espaldas al público que tampoco ayudan a la mejor proyección.

Con todo esta zarzuela-ópera trajo el reparto madrileño donde volvió a brillar en primer lugar el Puck del barítono brasileño Rodrigo Esteves, complejo en caracterizarlo sin excesos, remarcando su brutalidad con momentos íntimos (hermosos sus dúos con las protagonistas) merced a una voz penetrante y rica de matices. Bien cantada la conocida romanza “Caminar, caminar” y una voz en la línea de los que hicieron grande estas Golondrinas, con un final rotundo y convincente.

Excelente la Cecilia de la mezzo canaria Nancy Fabiola Herrera, en un momento ideal, vocalidad serena y escena grandiosa, capaz de encajar unos textos complicados desde una dicción clara para recrear este personaje que siempre superó a Lina en todos los aspectos, carnosa en el grave, rotunda en los medios y unos agudos llenos de matices delineando un papel que le va física y vocalmente. Cada visita a Oviedo nos gusta más, profesionalidad total y musicalidad innata en una voz de referencia mundial.

La valenciana Carmen Romeu fue de menos a más reconociendo las dificultades apuntadas de la partitura y escena, pero tiene un registro grave casi inaudible y el fraseo no permitía hacer el español del todo inteligible. Añadir que su color en los dúos con Cecilia no permitía apreciar grandes diferencias, por lo que más que tesitura habría que buscar contraste, saliendo “perdedora” desde su primera aparición aunque escénicamente también tuvo momentos brillantes, mejorando en cada acto hasta el trágico final.

Sin problemas para el tenor asturiano Jorge Rodríguez-Norton como Juanito y en su línea habitual el bajo Felipe Bou que ha enlazado final de ópera e inicio de zarzuela, esta vez como Roberto, breve y seguro aunque algo corto de volumen en el registro grave.

La Capilla Polifónica sigue siendo el coro titular del festival lírico, suficiente en número para aunar escena y canto con cuerdas muy equilibradas para unas intervenciones tirantes que solventaron con su calidad, incluso en el segundo acto cantando de espaldas para recibir a la “Colombina” del segundo acto en un efecto visual que introduce a los espectadores en el propio espectáculo pero engaña al oído por su ubicación inicial aunque finalicen frente al patio de butacas. El tándem ovetense Capilla-OFil sigue funcionando a la perfección en la temporada de zarzuela, y más con directores como Óliver Díaz, teniendo que sumar para esta producción el excelente trabajo de Barbara Staffolani, directora de reposición y movimiento coreográfico (como figuraba en la fe de erratas para las páginas 4 y 13 del libreto).

Hay que mencionar a todo el elenco circense de verdaderos profesionales buscados para esta producción madrileña aunque con los “excesos” escénicos habituales como si de un horror vacui contagiase a los registas, pero sin ellos la escenografía de del Mónaco no hubiese sido igual, con unas notas al programa donde explica su concepción de “Las Golondrinas”. Luces y sombras, el blanco y negro solo roto en el segundo acto por el colorido homenaje a la Commedia dell’Arte totalmente apropiado para la época, caracterizaciones y vestuario completando una representación sobresaliente.

La música de Usandizaga es digna de escucharse más a menudo, y no solo en aquellos “montajes” de la única televisión pública que sí culturizaba, siempre que contemos con repartos equilibrados, como en esta producción, aunque su dificultad obligue a programarla con cuentagotas. Al menos Oviedo ya la ha disfrutado para abrir boca hasta junio. Iremos contándolo desde aquí porque, pese al recorte reduciendo el festival a dos funciones para los cuatro títulos, esta temporada previa a las bodas de plata y en el Centenario del Campoamor, promete: Doña Francisquita 30 de marzo y 1 de abril, Don Gil de Alcalá 11 y 13 de mayo, más el estreno absoluto del Maharajá “asturiano” 15 y 17 de junio, música de Guillermo Martínez, libreto de Maxi Rodríguez y voces también de casa con el regreso a la “tierrina” entre otros, de nuestra Beatriz Díaz, estos días repitiendo éxitos cual Fura de Bóo.

​ ¡Madriz! humor y color de revista

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Lunes 27 de junio, 20:00 horas: Teatro Campoamor, XXIII Festival de Teatro Lírico Español Oviedo 2016: tercera y última función de ¡Cómo está Madriz! (texto de Miguel del Arco en torno a “La Gran Vía” y “El año pasado por agua” de Chueca y Valverde).

Intérpretes: Paco LeónLuis CansinoMaría Rey-JolyÁngel Ruiz, Amelia FontIsabel Rodríguez, Amparo Navarro; Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo”, Oviedo Filarmonía, dirección musical: José María Moreno, dirección de escena: Miguel del Arco. Entrada butaca: 38,50€ + 1€ de gestión (Liberbank, y pasando obligatoriamente por taquilla al no poder retirarse ya en los cajeros las del Campoamor).

Brillante clausura de la vigesimotercera temporada de “Teatro Lírico Español” de Oviedo con llenos en cada una de las tres funciones y una producción idéntica a la que se disfrutó hace poco en el Madrid del Teatro de la Zarzuela. Interesante haber asistido el pasado jueves 23, víspera del estreno, a la conferencia que el maestro Moreno, el dramaturgo Miguel del Arco y el doctor Ramón Sobrino (coautor con Mª Encina Cortizo de la edición crítica de “La Gran Vía“) nos dieron en la Universidad de Oviedo para conocer en qué estado se encontraban tanto las partituras de Chueca y su “inseparable” orquestador Valverde como la idea de unir los títulos añadiendo los guiños a Barbieri y sobre todo comprender qué era el género chico, el sainete o la revista, pues de eso se trata este ¡Cómo está Madriz! que sigue vigente en toda su crítica a los estratos sociales (iglesia incluida), culturales y políticos, puesto que España y su capital estamos condenados a repetir la historia, siendo normal que nos veamos fielmente reflejados en el sueño que Paco tiene, un durmiente Paco de León que llena él solo la escena y dinamiza todo el espectáculo, con la técnica del video mapping ayudando muchísimo a completar un impresionante despliegue de vestuario así como de personajes en escena. Escuchándoles se disiparon todas las dudas que podrían planear leyendo la prensa nacional tras los incidentes y críticas que sirvieron como la mejor publicidad para el Teatro Campoamor, agotando el papel para poder asistir en primera persona y sin intermediarios a un espectáculo que, como todos, gustaría o no, pues de eso se trata.

Solo con ver el reparto y la ficha técnica del equipo artístico podemos darnos una idea (así como con algunas de las fotos de las distintas webs de la prensa nacional tras su estreno madrileño que ilustran esta entrada) del ambiente creado sobre la escena, con especial mención a la Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” (dirigida ahora por Pablo Moras Menéndez), coro titular solvente no ya en la parte vocal, que estuvo al máximo nivel -cuerdas juntas y por separado, pletóricos, afinados, empastados y siempre atentos, incluso aportando nuevamente solistas al inmenso elenco- sino en el escénico, porque esta revista de tanto humor y color no sería posible sin ellos, para una compleja producción de ritmo frenético sobre las tablas en cada escena con pocos momentos de relajación musical.

Algunos criticarán el espectáculo de mucho teatro y algunos números musicales, pero todo ello es la revista como se entendía hace cien años, doce números en la primera parte más otros diez en la segunda para tres horas con descanso incluido de excelentes textos bien declamados, que no olvidan a Valle Inclán, Benavente, Antonio Machado, Baroja, citas de Ortega y Gasset junto a otros grandes tan actuales como vigentes en su visión de esta España nuestra, sin faltar el humor (fino pero también de brochazo) como vehículo crítico, y es que todavía me río cuando Pablo pide varias veces quemar Iglesias contestando todos “No! que es patrimonio” (también lo es la propia zarzuela), unido a una buena elección de los títulos para completar una fiesta que abarrotó y puso en pie al teatro para el número final con el maestro en escena dirigiéndonos a todos.

Un lujo todo el elenco vocal con pocas romanzas (en algún caso solo una) para cada cantante pero defendidas con calidad, soltura y desenfado, bien rodadas en veintitantas funciones madrileñas que sirvieron para tenerlo todo bien encajado y medido, destacando el siempre seguro y muy querido en Oviedo Luis Cansino (en el doble papel de “El caballero de Gracia” y Policía), barítono pletórico en canto y dicción,  la “Doña Virtudes” de la soprano cómica Amelia Font o “El Elíseo” de la valenciana Amparo Navarro ambas en plenitud de facultades, o “La Menegilda” de la bella María Rey-Joly, la Merche de Paco que completan el dúo “protagonista” de esta humorada coral, sólo por citar mis preferencias, sin olvidarme del simpático “Neptuno” del actor Ángel Ruiz (también uno de “Los Tres Ratas” junto a Carlos Crooke y Pedro Quiralte) o el doblete “La Gomosa / La Bujía” de Isabel Rodríguez, más todas las calles madrileñas, y por supuesto todo el cuadro de actores, algunos reconocidos por sus intervenciones televisivas como el propio Paco León, con larga trayectoria en todo tipo de obras donde los musicales no les son ajenos y siguen revitalizándose con la implicación de tantos nombres de la escena que como Miguel del Arco encuentran en nuestra Zarzuela con mayúsculas la inspiración para recuperar títulos como los elegidos para este Madriz castizo, plural e incorregible.

De la Oviedo Filarmonía volver a destacar su excelente momento cerrando ya temporada (aunque en verano siga trabajando), formación ideal para el foso y perfecto acompañamiento para las partituras de los doctores Sobrino y Cortizo publicadas por el ICCMU, bien entendidas por José María Moreno que supo llevar con buen aire (alguna vez algo adelantado a las voces) unos números musicales que los que peinamos canas tenemos en nuestra memoria colectiva como verdaderos éxitos que espero resurjan en el público joven que ha vuelto al Campoamor. Hasta las mutaciones cual “morcillas musicales” ayudaron a encajar toda esta revista, donde no faltó “El Imperio Contraataca”. Podemos presumir de nuestro género si nos despojamos de prejuicios y la calidad prima en todo, no caigamos en lo mismo de hace cien años porque tristemente parecemos abocados a repetir las historias en vez de aprender de los errores.

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