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Con cuerda para rato

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Miércoles 16 de junio, 19:00 horas. Conciertos del Auditorio: New European Strings, Dmitry Sitkovetsky (concertino-director). Obras de Bach y Schubert. Entrada butaca: 28 €.

El curso y la temporada van llegando a su final y de nuevo la música de cámara como protagonista con esta orquesta de cámara fundada en Finlandia por el ruso Dmitry Sitkovetsky, quien agradeció al final del concierto (traducido por su chelista Miguel Jimenez) reencontrarse con el público al que echaba de menos, también de forma recíproca. Programa al menos curioso donde se partía de obras transcritas por el propio Sitkovetsky que buscan engrandecer formas “menores” para un entrenamiento de los instrumentistas y animar a la audiencia en este acercamiento que siempre viene bien a todos.

Mein Gott J. S. Bach (1685-1750) es siempre único en cualquier versión, interpretación, revisión o transcripción, inimitable, reconocible y padre de todas las músicas que en sus Variaciones Goldberg, BWV 988, un “Aria con 30 variaciones” escrita para teclado, resulta verdadera prueba de fuego si no el ejercicio para toda una vida por su complejidad, al encerrar en ella la biblia bachiana. Dmitry Sitkovetsky ya había realizado una transcripción para trío de cuerda (disponible en su propio Canal en YouTube©) que ahora amplió para su orquesta tras el obligado enclaustramiento del Covid. Con una plantilla de 5-5-3-2-1 con clave,  “Bach siempre es Bach”, y el arreglo de Sitkovetsky muy logrado en cada variación por las combinaciones de solistas (dúos, tríos, cuarteto) contrapuestas al “grosso” y con el contraste barroco obligado, para lucimientos de los primeros atriles (impresionante Boris Garlitsky en los segundos replicando a Sitkovetsky) y unos concertantes de aire plenamente brandemburgués. Todos los músicos funcionaron camerísticamente con un sonido no del todo muy cuidado, pues acústicamente percibí una afinación imprecisa del viola Mikhail Zemtsov y no toda la claridad esperada en la cellista Kati Raitinen en los pasajes rápidos compensado por el citado Garlitsky como violín II impecable así como el clave de Elena Garlitsky que se agradece aunque no tuviese mucha presencia sonora pero resulta imprescindible en “mi señor Bach”. La aclaración final (antes de la propia) de ser la primera vez que la ejecutaban en público supongo que explica estos “mínimos detalles” que no empequeñecen en absoluto el trabajo de esta formación que brilló en el Aria que abre y cierra las Goldberg, así como las variaciones más reducidas donde el protagonismo de Sitkovetsky se notó.

Tras un breve descanso, nueva “formación” o combinación de cuerda, prescindiendo del clave y alguna “permuta” de segundos a primeros donde Boris Garlitsky ocupó su lugar de concertino sumando una viola y un cello al Bach inicial (5-5-4-3-1) para que Sitkovetsky dirigiera su orquesta, que parecía no necesitarle.

Y es que  F. Schubert (1797-1828) ya deja todo claro en su Cuarteto en re menor D. 810, “La muerte y la doncella” partiendo de su “lied” homónimo (Der Tod un das Mädchen), por lo que la orquestación de Gustav Mahler (1860-1911) supone hacer un Schubert casi sinfónico sólo con la orquesta de cuerda, el dolor entendido y engrandecido desde las propias vivencias. Si el vienés redujo sus emociones a la mínima expresión posible para un cuarteto que late al unísono, el bohemio eleva el entendimiento a los dieciocho instrumentistas de cuerda que respondieron en los cuatro movimientos (Allegro; Andante con moto Scherzo; Allegro molto; Presto). Rodados con Bach como mejor remedio musical, este Schubert “aumentado por Mahler” sirvió para comprobar la sonoridad y calidad de estos músicos con engranaje camerístico y riqueza dinámica que fue “in crescendo” especialmente en los dos movimientos últimos, bien espoleados por el “jefe Sitkovetsky”, cómodo en la batuta pero integrado en esta poesía musical tan románticamente dolorosa por el alma mahleriana.

Y de propina disfrutamos del directo tras el trabajo “virtual” durante la pandemia con dos de los 24 Preludios  titulados “Canciones de Bukovina” de Leonid Desyatnikov (1955), otra transcripción, aquí del piano a la orquesta de cuerda también del propio Sitkovetsky que al fin nos llegaba al público, el vivo irrepetible y único para todos, una obra contemporánea que adquiere como en todas las “reconversiones” colores distintos, visiones o versiones siempre válidas artísticamente cuando detrás de ellas hay un estudio concienzudo y el amor por el original.

DiDonato, la Dama del alma

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Viernes 8 de enero, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: In my solitude, Joyce DiDonato (mezzo), Craig Terry (piano). Obras de Haydn, Mahler, Hasse, Händel, Berlioz, Giordani, Parisotti, Ellington y Piaf. Entrada butaca: 34 €.

Vuelta al cole y a la anormalidad (en el amplio sentido de la palabra) que no nos ha hecho perder el regreso de la gran DiDonato a Oviedo, nueva cita en una gira que incluye Barcelona y Madrid poniendo de nuevo a la capital asturiana en este lugar que vengo llamando “La Viena del Norte” español.

©Cris Singer

Cada visita de Joyce es una fiesta y el público asturiano acude necesitado de la música en vivo con la calidad que siempre rodea a la gran mezzo americana, diva y cercana, capaz de aglutinar en un mismo recital lírica y cabaret, música sin etiquetas en una voz única, madura, compacta, de dicción perfecta en cualquier idioma, actriz en cada rol y sobre todo intérprete con alma, esta vez con su pianista habitual Craig Terry y puro entertainment para mitigar incertidumbres y disfrutar cada día como si fuese el último, como así lo hizo saber tras su primera obra, agradecida de volver a sentir al público tras una etapa en la que tuvo, tuvimos, cielo e infierno, al igual que este recital inolvidable para los que tuvimos la fortuna de acudir sin importar el frío gélido exterior, porque el calor de “La Donato” derrite hasta a “La Filomena” de estos días.

Lástima que las medidas de prevención e higiene impidan tener en papel un programa que incluye las letras y su traducción, impagables para comprobar cómo la música engrandece el texto, pero al menos pudimos tenerlas “on line”, aunque no era la mejor opción estar durante el concierto con el teléfono encendido (de hecho no lo aprecié durante el mismo, como tampoco las toses que gracias a las mascarillas parecen erradicadas de los auditorios), por lo que fue excelente idea proyectarnos simultáneamente letra original y traducción, que a diferencia de la ópera está debajo del escenario y no miramos a las nubes sino a los músicos.

Una primera parte con Haydn y Mahler suficiente para satisfacer paladares delicados,  primero el “clásico” del vienés, la cantata para voz y piano Arianna a Naxos, Hob.XXVIb:2, primer recitativo poderoso, metida de lleno en el personaje que llama a Teseo y la primera aria Dove sei, mio bel tesoro? de cortar el silencio con un teclado casi orquestal, sin miramientos y tapa totalmente abierta pero siempre atento a las inflexiones, respiraciones y amplísima gama de matices. Aún mejor el siguiente recitativo, Ma, a chi parlo?Gli accenti Eco ripete sol con el piano cantando y contestando más el aria Ah! che morir vorrei, verdadera interpretación para morir pero de placer escuchando a la gran mezzo norteamericana y levantando la primera gran ovación de la noche tras la que DiDonato nos agradeció estar con ella en esta vuelta a los escenarios, hartos todos de pantallas y enclaustramientos, con la música que es la vida, toda ella a nuestro lado.

Y después el eterno Gustav y sus Rückert-Lieder (1860-1911) donde DiDonato comentó haber encontrado respuesta a muchas preguntas durante el confinamiento, debutándolo aquí, Oviedo capital musical, en un orden no cronológico pero sí lógico, diría que incluso ideal para el devenir del recital, con un Terry impecable y un alemán cantado y sentido con alma en las cinco canciones sobre los poemas de Friedrich RückertBlicke mir nicht in die Lieder (14 de junio de 1901), “No mires mis canciones!”,  Ich atmet’ einen linden Duft (julio de 1901), “Respiré una gentil fragancia de tilos”, el olor en los pentagramas, la palabra musicada y el sentimiento cantado; Liebst du um Schönheit (agosto de 1902), “Si amas la belleza”, la juventud, el amor, haciendo del idioma de Goethe poesía pura nunca rígido, amando la música de Mahler con la voz de JoyceIch bin der Welt abhanden gekommen (16 de agosto de 1901), “He abandonado el mundo en el que malgasté mucho tiempo”, estado de ánimo donde la muerte es música, “¡Vivo solo en mi cielo, en mi amor, en mi canción!” como la confesión de esta Dama del Alba parafraseando a nuestro Casona cual Dama del Alma mahleriana, y Um Mitternacht (verano de 1901), la rima Mitternacht-Macht, “A medianoche”-“fuerza” pero interior, con el sobrecogedor verso final:  Herr! über Tod und Leben
Du hältst die Wacht Um Mitternacht!
que Mahler eleva a esperanza, “¡Señor! ¡Sobre la vida y la
muerte, tú eres el centinela a medianoche!”. Impactante desnudez expresada con la voz y el piano íntimos concluyendo con un silencio sin prisas dejando flotar la última sílaba y la vibración del piano antes del aplauso más que merecido a la magia de “La Dama DiDonato”.

Tras el descanso y el cambio de vestido, la segunda parte comenzaría súbita con sus dos visiones de Cleopatra, primero la de JOHANN ADOLPH HASSE Morte col Fiero aspetto (“Marc’Antonio e Cleopatra”), la bravura barroca donde el color de voz uniforme en toda su tesitura y el piano orquestal nos trajeron a la Reina DiDonato, y a continuación la de GEORG FRIEDRICH HÄNDEL: É pur così in un giorno… Piangerò la sorte mia (“Giulio Cesare in Egitto”), la máxima belleza en una lección de canto y acompañamiento, el alma se serena y el corazón late agitado cual “síndrome de Stendhal” pero handeliano.

No podía faltar la ópera romántica con HECTOR BERLIOZ, Je vais mourir… Adieu, Fière cité (el aria de Didon de “Les Troyens“), la tragedia de Eneas y la plegaria a Venus, la orquesta hecha piano con todas las dinámicas escritas y la mezzo imbuida del espíritu troyano capaz de convertir el auditorio en un templo operístico desde el conocimiento y tránsito del Purcell inglés al Berlioz francés, dramaturgia en estado puro.

El fin de fiesta agrupado como “Canciones de Cabaret” y arreglos del propio pianista Craig Terry de lo más variado que en estas versiones suenan igualmente contemporáneas tras comentar y bromear con los jóvenes cantantes a quienes preguntaba si se habían sentido Callas o Berganza en sus primeras lecciones con dos arias que los estudiantes afrontan casi en la primer clase, GIUSEPPE GIORDANI: Caro mio ben,  y Se tu m’ami / Star vicino  (ALESSANDRO PARISOTTI / SALVATOR ROSA), los nervios del largo camino del cantante y la transición al show con clase, elegancia, dominio de estas obras con un piano exuberante y la Donato auténtica diva americana que sin perder la compostura es capaz de aplicar la misma técnica para estos aires de jazz tan clásicos como el barroco.

El intimismo del café concierto llegaría con (In My) Solitude de Duke Ellington con letra de Eddie DeLange e Irving Mills, auténtica gozada a dúo, elegancia y “soul” de un grande de la música del pasado siglo cuyas armonías suenan impresionistas en los arreglos de Terry completadas con unos graves dignos de las voces negras pero con el color único de esta mezzo todoterreno.

El francés íntimo, maravilloso cuando se canta de forma natural, pondría el último punto de sabor, glamour y buen cantar de esta simpar La Vie en Rose (Guglielmi- Monot) con letra de Edith Piaf que DiDonato reinterpreta junto a un Craig Terry enorme, Debussy padre del jazz en el idioma vecino y maridaje de gala.

Rendidos a La Dama que canta con el alma, nos asombraron con el regalo de Stardust (Carmichael) a cuatro manos que engrandece a la intérprete integral en guiños cómplices con su pianista, una joya vocal esta vez instrumental que supo a poco pero es esencia “marca de la casa“.

Con el ambiente de salón entre amigos, el público en pie y los intérpretes igualmente agradecidos, todavía llegaría un Somewhere, Over the rainbow mágico, embriagador, optimista, Oz es Oviedo, Dorothy DiDonato y Terry el Mago de Steinway en un camino rojo como el vestido de esta segunda parte, hacia las ciudades esmeraldas españolas antes del regreso al Kansas natal de la mezzo. Increíble, delicado, enorme para sobrecogernos el alma.

La locura desatada y el Mozart de Cherubino en “Las bodas de Fígaro”, su aria Voi che sapete, porque ellos sí que saben lo que es el amor por la música, el dominio idiomático y escénico, el gusto por el buen cantar y mejor estar.

Y la “postboda” mozartiana aún más asombrosa con un I Love A Piano desenfadado con Joyce y Craig, alegría de vivir, calor y color para un concierto inolvidable pasadas las 22:15 horas que recordaremos mucho tiempo en Oviedo.

Carta a SS.MM.

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Muy señores nuestros, si ustedes me permiten este correcto trato epistolario:
Como todavía me queda algo de inocencia (serán los años), lo único que les pido a Los Magos (lo de reyes sigo sin llevarlo bien por esta tendencia mía a La República) es poder estar vacunados del puñetero bicho ese que nos ha traído el 2020 y ha trastocado todas las vidas.
Musicalmente  tras el pasado “Año Beethoven” al que la pandemia también ha afectado privándonos de conciertos muy esperados, y los ya pasados “Años Mahler” sigo pidiendo poder escuchar en Asturias la Octava Sinfonía “De los Mil” con todas nuestras orquestas (OSPAOvFil, la Universitaria ya renacida) nuestros coros (“El León de Oro”, grandes, chicas doradas y peques, igual que el de la Fundación Princesa y también la Escolanía San Salvador…) con nuestros solistas, que tenemos un montón y de primera en mi querida Asturias donde elegir: Beatriz DíazElena Pérez HerreroAna Nebot, Mª José SuárezLola Casariego, Alejandro RoyDavid MenéndezMiguel Ángel ZapaterJuan Noval-Moro… (algunos “adoptados” o directamente de nuestra familia cordobesa).
Mantengo mi ilusión de tener a Pablo González como director de un acontecimiento que me copió  Dudamel, al que le perdono casi todo… incluso que mi tocayu lo llevase a Barcelona en sus años como titular y seguro seguirá dirigiendo desde la OCRTVE o tantas otras orquestas donde le reclaman.
Pablo González y Mahler .
Es la ilusión infantil en este día, aunque tampoco quiero olvidarme de Forma Antiqva, para quienes vuelvo a pedir un Grammy clásico (se lo merecen), sobre todo a los hermanos Zapico que en 2020, y pese a todo, siguieron “a tope” haciendo historia, siempre volando desde casa, esperando siempre por nuevos discos.
También sigo recordando a mis queridos pianistas con la mierense nacida en la capital Carmen Yepes a la cabeza (trabajando duramente desde Madrid con los conciertos aparcados), sin olvidarme de mis admirados Judith Jáuregui, Diego Fernández Magdaleno o Gabriela Montero.
Mantengo la ilusión y pido más composiciones de Rubén Díez, no sé si por fin la zarzuela marinera, de Jorge Muñiz y de los siempre “redescubiertos” Guillermo Martínez y Gabriel Ordás que me consta en este 2021 seguirán inspirados y en su línea de estrenos.
De La Dama del Alba del incombustible Luis Vázquez del Fresno creo que alguna sorpresa tendremos para este año esperado y llegue completa a escena tras tantos lustros de ilusión.
Por no perder la esperanza pido para los llamados “gestores culturales” que se olviden de su crisis permanente (Covid aparte), pues la intelectual parece contagiosa como la gripe o las toses en los conciertos (que al menos las mascarillas han disipado) y den mucho más trabajo a los de casa, no por patriotismos sino por calidad contrastada, incluso cambiar alguna vez de agencia de contratación… y sobre todo ¡no más recortes, cancelaciones, ni cierres!. Ya saben que la Cultura es Segura.
No sé si ya les han escrito pidiendo para mis jóvenes violinistas favoritos (Ignacio Rodríguez, emigrado a Alemania, y María Ovín todavía en la OSPA) que van creciendo y cumpliendo años, para traerles mucho éxito en sus trabajos fuera o mejor en casa, aunque yo me sumo a esos mismos deseos, y de lo pedido en años pasados faltaron muchas cosas (supongo que por pedigüeño) pero a mi edad no tengo freno, parece que me hizo la boca un diputado catalán…
Para mi adorada Beatriz Díaz ya les escribiré otra carta porque se merece todo lo que traigan en 2021 y más. Además de darle las gracias de nuevo, felicitándola por su incorporación de Beethoven al repertorio (aunque en pleno 250 aniversario no se acordaron más de ella), especialmente mi ENHORABUENA por el éxito clamoroso y merecido en su reciente debut como Butterfly y su vuelta a la zarzuela ovetense tras las cancelaciones obligadas (aunque espere mucha más ópera en el Campoamor como protagonista y no un reparto joven de función única), esperando le llegue pronto esa Mimí, a ser posible en el Teatro Real de Madrid o el Liceu barcelonés, aunque en Italia saben que es muy querida, pues Londres, Nueva York o Viena aún no se han enterado… pero Vds. ya lo saben por ser Magos y la magia de la soprano allerana es tan única como la suya.
Para la Ópera necesitaría otra carta de adulto, pero mi mamá dicen que ya está bien de pedir… al menos mantener ópera y zarzuela en Asturias, porque haber suprimido la gala de los Premios Líricos Campoamor sigue enfadándome y ya han recogido sus frutos otros.
A todos mis amigos músicos repartidos por el mundo les mando siempre “MUCHO CUCHO®” antes de cada actuación, normalmente de vaca asturiana, y podría escribir una carta más detallada para tantos que tengo repartidos por el planeta (para que luego digan de la “maldición” ENTRE MÚSICOS TE VEAS).
Mientras tanto espero que la palabra corrupción desaparezca de nuestra cotidianidad y que las crisis, ya en plural, pasen hoja definitivamente y se olvide de la MÚSICA y de toda la CULTURA en general, donde “recortes” o “supresión” se escuche menos que “COVID” ¡lo qué ya es decir! para este año 2021 que acaba de nacer, aunque nuevamente parezcan estar “duros de oreja” (supongo que entre vacunas y reproches políticos no tendrán ni para un sonotone y la edad no perdone ni siquiera la Vox).
Por ultimo no quiero olvidarme de mi Ateneo Musical de Mieres del que me regalasteis su presidencia en junio de 2018, pidiendo la misma salud que en el recién finalizado 2020, a pesar de todo (de la Lotería no pido que toque), y mantengan su Banda Sinfónica dirigida por Antonio Cánovas a ese nivel tras dos años sin parar, llevando su música, además del nombre de nuestra Villa, lo más lejos posible, con una calidad y programas que son la envidia de muchos.
A propósito, si pudieran dejarnos la música en la educación un poco más que ínfima y optativa, entonces tiraría fuegos artificiales… pero ya ven que no está entre las peticiones musicales, ni siquiera que algún día en “esta España nuestra” que cantaba la recordada Cecilia (no la Santa patrona sino la Evangelina) se alcance un pacto de estado donde la educación sea inversión en vez de gasto y prime el menos común de los sentidos en vez de la partitocracia e independentismos que intentan reescribir la historia a base de tantos eufemismos que hasta a la mentira la llaman posverdad. Pero ya veo que la Ley Celáa comenzará en septiembre y ya van demasiadas para ir empeorando en pos de una generación de ignorantes digitales.
Gracias señores majos y Magos (de donde vengan y utilizando el transporte que tengan sin entrar en cabalgatas de las que mejor no opinar y menos las que se han inventado ¡estáticas! y hasta con Baltasar descolorido) por seguir llenándonos de esperanza e ilusiones.
Y como siempre, que no se me olvide, ¡Hala Oviedo!
Pablito, 12 años.

 

Carta a SS.MM.

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Muy señores nuestros, si ustedes me permiten este correcto trato epistolario:
Como todavía me queda algo de inocencia (serán los años), lo único que les pido a Los Magos (lo de reyes sigo sin llevarlo bien por esta tendencia mía a La República) tras los pasados “Años Mahler” sin lograrlo, es poder escuchar en Asturias la Octava Sinfonía “De los Mil” con todas nuestras orquestas (OSPAOvFil, la Filarmónica de Asturias, la Universitaria ya renacida, la OCAS, nuestros coros (“El León de Oro”, grandes, chicas doradas y peques, igual que el de la Fundación Príncipe y también la Escolanía San Salvador…) con nuestros solistas, que tenemos un montón y de primera en mi querida Asturias donde elegir: Beatriz DíazElena Pérez HerreroAna Nebot, Mª José SuárezLola Casariego, Alejandro RoyDavid MenéndezMiguel Ángel ZapaterJuan Noval-Moro… (algunos “adoptados” o directamente de nuestra familia cordobesa).
Mantengo mi ilusión de tener a Pablo González como director de un acontecimiento que me copió Dudamel, al que le perdono casi todo… incluso que mi tocayu lo llevase a Barcelona en sus años como titular y seguro seguirá desde la OCRTVE.
Pablo González y Mahler .
Es la ilusión infantil en este día aunque tampoco quiero olvidarme de Forma Antiqva, para quienes vuelvo a pedir un Grammy clásico (se lo merecen, sobre todo los hermanos Zapico, que en 2019 siguieron “a tope” y haciendo historia siempre volando desde casa, esperando nuevo disco a pesar de su obligada mudanza de la capital).
También sigo recordando a mis queridos pianistas con la mierense nacida en la capital Carmen Yepes a la cabeza (trabajado duramente desde Madrid), sin olvidarme de Judith JáureguiDiego Fernández Magdaleno.
Mantengo ilusión y pido más composiciones de Rubén Díez, no sé si por fin la zarzuela marinera, ya que de Jorge Muñiz al fin llegó su Fuenteovejuna al Campoamor, y del siempre “redescubierto” Guillermo Martínez o de Gabriel Ordás me consta que este 2020 seguirán inspirados y en su línea de estrenos. De La Dama del Alba del incombustible Luis Vázquez del Fresno creo que alguna sorpresa tendremos para este año y llegue completa a escena.
Por no perder la esperanza pido para los llamados “gestores culturales” que se olviden de su crisis permanente, la intelectual que parece contagiosa como la gripe o las toses en los conciertos, y den mucho más trabajo a los de casa, no por patriotismos sino por calidad contrastada, incluso cambiar alguna vez de agencia de contratación… y sobre todo ¡no más recortes ni cierres!.
No sé si ya les han escrito pidiendo para mis jóvenes violinistas favoritos (Ignacio Rodríguez, y María Ovín aún en la OSPA) que van creciendo, para traerles mucho éxito en sus trabajos fuera o en casa, aunque yo me sumo a esos mismos deseos, y de lo pedido en años pasados faltaron muchas cosas (supongo que por pedigüeño) pero a mi edad no tengo freno, parece que me hizo la boca un diputado…
Para mi adorada Beatriz Díaz ya les escribiré otra carta porque se merece todo lo que traigan en 2020 y más. Además de darle las gracias de nuevo felicititándola por su incorporación de Beethoven al repertorio, y su vuelta a la zarzuela ovetense en junio (aunque espere más ópera en el Campoamor), espero le llegue pronto esa Mimí, a ser posible en el Teatro Real de Madrid aunque en Italia saben que es muy querida y Londres, Nueva York o Viena aún no se hayan enterado… pero Vds. lo saben por ser Magos.
Para la Ópera necesitaría otra carta de adulto, pero mi mamá dicen que ya está bien de pedir… al menos mantener ópera y zarzuela porque suprimir la gala de los Premios Líricos Campoamor sigue enfadándome y ya han recogido sus frutos otros. A todos mis amigos músicos repartidos por el mundo les mando siempre “MUCHO CUCHO®” antes de cada actuación, normalmente de vaca asturiana, y podría escribir una carta más detallada para tantos que tengo repartidos por el planeta (para que luego digan de la “maldición” ENTRE MÚSICOS TE VEAS).
Mientras tanto espero que la palabra corrupción desaparezca de nuestra cotidianidad y que las crisis, ya en plural, pasen hoja definitivamente y se olvide de la MÚSICA y de toda la CULTURA en general, donde “recortes” o “supresión” se escuche menos que “Cataluña” ¡lo qué ya es decir! para este año 2020 que acaba de nacer, aunque nuevamente parezcan estar “duros de oreja” (supongo que con el 155, tripartitos de tonada y demás “ocurrencies de oficalidá” no tendrán ni para un sonotone y la edad no perdone ni siquiera la Vox).
No quiero olvidarme de mi Ateneo Musical de Mieres del que me regalásteis su presidencia en junio de 2018, pidiendo la misma salud que en el recién finalizado 2019 (la Lotería no pedimos que toque), y mantengan la Banda Sinfónica dirigida por Antonio Cánovas a ese nivel de un año sin parar, llevando su música además del nombre de nuestra Villa lo más lejos posible.
A propósito, si pudieran dejarnos la música en la educación un poco más que ínfima y optativa, entonces tiraría fuegos artificiales… pero ya ven que no está entre las peticiones musicales, ni siquiera que algún día en “esta España nuestra” que cantaba la recordada Cecilia (no la Santa sino la Evangelina) se alcance un pacto de estado donde la educación sea inversión en vez de gasto y prime el menos común de los sentidos en vez de la partitocracia e independentismos que intentan reescribir la historia a base de tantos eufemismos que hasta a la mentira la llaman posverdad.
Gracias señores majos y Magos (de donde vengan y utilizando el transporte que tengan sin entrar en cabalgatas municipales de las que mejor no opinar) por seguir llenándonos de esperanza e ilusiones.
Pablito, 12 años.

 

Apasionada “Trágica” mahleriana

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Viernes 22 de junio, 20:00 horas. Día Europeo de la Música, Auditorio de Oviedo: OFIL (Oviedo Filarmonía) y OSPA (Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias), Pablo González (director). Mahler: Sinfonía nº 6 en la menor, “Trágica”. Entrada 5€.

Crítica para La Nueva España del domingo 24, con los añadidos de links, fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva:

El tiempo de Mahler llegó a nosotros antes de lo que el propio compositor imaginó, siempre amado o denostado, exigiendo de todos un esfuerzo mayor o menor más allá de las sensaciones personales. Una lástima que el auditorio no tuviese mayor entrada celebrando un día después la fiesta europea de la música con un espectáculo único y al alcance de todos, reuniendo de nuevo un centenar largo de músicos de las dos principales orquestas asturianas (OSPA y OFIL) con un director de casa como Pablo González empeñado en un apostolado mahleriano con el que prosigue una carrera internacional de la que nos hace partícipes a sus paisanos continuando la “Resurrección” de 2017 y a la espera de “Los Mil” en un futuro espero no muy lejano.

Unir fuerzas siempre es tarea ardua, más en la música, pero “la única Sexta, pese a la Pastoral” que diría Alban Berg, es esta “Trágica” ideal para pulsar el estado de dos formaciones que siguen convergiendo en su crecimiento, primero el Wagner del Campoamor con García Calvo, después este Mahler del Auditorio con González Bernardo, gracias a estas dos batutas españolas, preparadas, convencidas y defensoras de la calidad desde un trabajo serio que siempre contagia pasión. El carbayón ha crecido entre grandes y Mahler sigue siendo referente de una dilatada trayectoria a la que todavía le queda mucho recorrido tras su paso como titular de la OBC (Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña); volver a casa y reunir a OFIL y OSPA es un reto al alcance de pocos, no ya musical sino de liderazgo para aunar sentimientos, superar egos, romper asperezas y defender una obra de tanto calado como la sexta del bohemio. Si hace un año aplaudíamos el esfuerzo y magisterio de mi tocayo para alcanzar una sonoridad propia desde dos grandes orquestas, la reválida ha llegado este primer viernes de verano.

Para quienes disfrutaron por vez primera del espectáculo recordarán lo anecdótico, cencerros y campanas fuera de escena, el despliegue de percusión, el gigantesco mazo que golpea dos veces despertando alguna conciencia, arpas a pares, la impresionante estampa de ocho trompas con las campanas al cielo, toda una legión de viento, hasta la reprimenda del maestro al detener el inicio del segundo movimiento por la insistencia de las toses maleducadas y pidiendo celeridad en quitar el papel al caramelo siempre inoportuno.

Los habituales pudimos paladear una obra que no da tregua a nadie, arrancando y finalizando cuatro movimientos con energía, de estructura académica con la tonalidad menor, trágica por escritura y trasfondo vital mahleriano, el Andante con firma propia de felicidad y sufrimiento por el amor efímero, miedo a perderlo todo como sucedería en un breve tiempo (su hija, el trabajo en la ópera de Viena y la salud con la enfermedad coronaria que le mataría). Desde el dolor se crea belleza y esta sexta asturiana conmovió a los presentes con mano firme en el podio y respuesta certera por parte de todos los músicos. González revalidó su magisterio dominando los tiempos globales e internos de cada microcosmos temático, sonoro y anímico en cuatro capítulos, alcanzando una visión de conjunto a partir de sonoridades propias para cada sección, con dinámicas ricas siempre claramente marcadas desde el podio. Cuerda contundente en los graves y tersa en los violines con Mijlin de concertino, permutando violas y cellos para el balance deseado; una legión de madera “desfilando toda a una” rivalizando en calidades solistas; los flancos de metales refulgentes, poderoso octeto de trompas equilibrado en brillos con trompetas, trombones y la tuba colosal de Moen; celestiales celesta y arpas de Danuta y Miriam en feliz comunión; punto y aparte la amplia percusión criticada en su estreno, comandada este viernes por los timbales de Arias, el rico xilófono y el siempre llamativo martillo de Mahler ejecutado por Casanova.

Despliegue humano al servicio de una “Trágica” apasionada, sentida y reteniendo el último hálito de silencio antes del largo aplauso tras el esfuerzo en unir con música lo que otros separan por sordera e incapacidad. Pablo González al frente de esta orquesta idealmente real interpretando al mejor Mahler, acercando lo inalcanzable en nuestra temporada para despedir curso de la mejor forma posible y desde casa.

Carta a SS. MM.

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Muy señores nuestros, si ustedes me permiten este correcto el trato epistolario:
Como todavía me queda algo de inocencia (serán los años), lo único que les pido a Los Magos (lo de reyes sigo sin llevarlo bien por esta tendencia mía a La República) tras los pasados “Años Mahler” sin lograrlo, es poder escuchar en Asturias la Octava Sinfonía “De los Mil” con todas nuestras orquestas (OSPAOvFil, la Filarmónica de Asturias, la Universitaria ya renacida, la OCAS, nuestros coros (“El León de Oro”, grandes, chicas doradas y peques, igual que el de la Fundación Príncipe y también la Escolanía San Salvador…) con nuestros solistas, que tenemos un montón y de primera en mi querida Asturias donde elegir: Beatriz DíazElena Pérez HerreroAna Nebot, Mª José SuárezLola Casariego, Alejandro RoyDavid MenéndezMiguel Ángel ZapaterJuan Noval-Moro… (algunos “adoptados” o directamente de nuestra familia cordobesa).
Mantengo mi ilusión de tener a Pablo González como director de un acontecimiento que me copióDudamel, al que le perdono todo… incluso que mi tocayu lo llevase a Barcelona en sus años como titular.
Pablo González y Mahler .
Es la ilusión infantil en este día aunque tampoco quiero olvidarme de Forma Antiqva, para quienes vuelvo a pedir un Grammy clásico (se lo merecen, sobre todo los hermanos Zapico, que en el recién acabado 2017 siguieron “a tope” y haciendo historia siempre volando desde casa, con nuevo disco en el horno a pesar de su obligada mudanza de la capital).
También sigo recordando a mis queridos pianistas con la mierense nacida en la capita Carmen Yepes a la cabeza (trabajado duramente desde Madrid), sin olvidarme de Judith JáureguiDiego Fernández Magdaleno.
Mantengo ilusión y pido más composiciones de Rubén Díez, no sé si por fin la zarzuela marinera, ya que de Jorge Muñiz nos llegará su Fuenteovejuna al Campoamor, y del siempre “redescubierto” Guillermo Martínez o de Gabriel Ordás me consta que este 2018 seguirán inspirados y en su línea de estrenos.
Por no perder la esperanza pido para los llamados “gestores culturales” que se olviden de su otra crisis, la intelectual que parece contagiosa como la gripe, y den mucho más trabajo a los de casa, no por patriotismos sino por calidad contrastada, incluso cambiar alguna vez de agencia de contratación… y sobre todo ¡no más recortes ni cierres!.
No sé si ya les han escrito pidiendo para mis violinistas favoritos (Ignacio Rodríguez, y María Ovín aún en la OSPA) para traerles mucho éxito en sus trabajos fuera o en casa, aunque yo me sumo a esos mismos deseos, y de lo pedido en años pasados faltaron muchas cosas (supongo que por pedigüeño) pero a mi edad no tengo freno, parece que me hizo la boca un diputado…
Para mi adorada Beatriz Díaz ya les escribiré otra carta porque se merece todo lo que traigan en 2018 y más. Además de darles las gracias e nuevo por Luca, por su vuelta y triunfo en la ópera ovetense con Elisir (el veneciano me lo bebí directamente en La Fenice), por ese nombramiento como “asturiana del mes“, esperando también lo sea de este año y que llegue pronto esa Mimí, a ser posible en el Teatro Real de Madrid aunque en Italia saben que es muy querida y Londres, Nueva York o Viena aún no se hayan enterado… pero Vds. lo saben por ser Magos.

Para la Ópera necesitaría otra carta de adulto, pero mi mapá dicen que ya está bien de pedir… al menos mantener ópera y zarzuela porque suprimir la gala de los Premios Líricos Campoamor y sin encontrar relevo fue lo que menos me ha gustado del pasado año (que se haya ido mi papá tampoco pero supongo que irá en el apartado de quejas y no cartas del día de hoy).
A todos mis amigos músicos repartidos por el mundo les mando siempre “MUCHO CUCHO®” antes de cada actuación, normalmente de vaca asturiana, y podría escribir una carta más detallada para tantos que tengo repartidos por el planeta (para que luego digan de la “maldición” ENTRE MÚSICOS TE VEAS).

Mientras tanto espero que la palabra corrupción vaya desapareciendo de nuestra cotidianidad y que la crisis pase hoja definitivamente y se olvide de la MÚSICA y de toda la CULTURA en general, donde “recortes” o “supresión” se escuche menos que “Cataluña” ¡lo qué ya es decir!, para este año 2018 que acaba de nacer, aunque nuevamente parezcan estar “duros de oreja” (supongo que con el 151, los tripartitos de tonada y demás “ocurrencies de oficalidá” no tendrán ni para un sonotone y la edad no perdone).
A propósito, si pudieran derogar la Ley Wert (ya casi nadie se acuerda de su dorada estancia parisina tras dejarnos la música en la educación como ínfima y optativa), entonces tiraría fuegos artificiales… pero ya ven que no está entre las peticiones musicales, ni siquiera que algún día en “esta España nuestra” que cantaba la recordada Cecilia (no la Santa sino la Evangelina) se alcance un pacto de estado donde la educación sea inversión en vez de gasto y prime el menos común de los sentidos en vez de la partitocracia e independentismos que intentan reescribir la historia a base de tantos eufemismos que hasta a la mentira la llaman posverdad.
Gracias señores majos y Magos (de donde vengan y utilizando el transporte que tengan sin entrar en cabalgatas municipales de las que mejor no opinar) por seguir llenándonos de esperanza e ilusiones.
Pablito, 12 años.

Briggs sinfónico en el KLAIS

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Jueves 21 de septiembre, 21:00 horas. XXXIV Festival Internacional de Órgano Catedral de León (FIOCLE): David Briggs (órgano). Obras de J. S. Bach, F. J. Haydn, D. BriggsO. MessiaenM. Ravel, G. Mahler y N. Rimsky-Korsakov. Entrada libre. Precio del programa general: 1 €.

San Mateo además de fiesta en Oviedo (y Logroño), está marcado normalmente en mi calendario como el inicio del FIOCLE hasta noviembre con el patrocinio del CNDM (dentro del ciclo Músicas Históricas de León), que este año alcanza su trigésimocuarta edición mientras sigue presumiendo de su “bicho”, el órgano KLAIS ante el que los más reputados intérpretes comienzan a rendir pleitesía y admiración, como este primer concierto con el británico David Briggs (1962), que repetía visita a la Pulchra Leonina tras su participación en Todo Bach, comentando a los presentes en español antes de arrancar el concierto su devoción por un instrumento que en manos como las suyas volvió a sorprender a un público que hizo larguísima cola (llegando por la calle Ancha casi hasta la Casa Botines), porque a León acuden aficionados y peregrinos que mantienen año tras año un festival variado con el “rey de los instrumentos” como verdadero protagonista, articulado en torno a la música francesa en los diecisiete conciertos previstos para esta edición. Enhorabuena.

Si el “bicho” ya está sonando a lo largo del año celebrando los 25 años de la muerte de Olivier Messiaen cual Bach del siglo pasado en cuanto a la magnitud de su producción para órgano, qué mejor que unir a ambos en este primer programa, entretenido y variado donde las transcripciones orquestales junto a las improvisaciones también encontraron hueco. El amante de los pájaros seguirá con su monográfico dentro del festival con Giampaolo Di Rosa pero muchos conciertos también le recuerdan y David Briggs no dudó en sumarse al homenaje.

Como “prueba de fuego”, que también se cita en el programa general de este concierto inaugural, nada mejor que comenzar con J. S. BACH (1685-1750) y su popular Toccata y fuga en re menor, BWV 565 para hacer “rugir el bicho” desde unos ornamentos plenamente barrocos pero con registraciones e interpretación de lo más romántica. David Briggs optó por registros puede que “distintos”, especialmente en la fuga mezclando nasardos cuya afinación no sea del todo idónea en las contestaciones, así como un rubato continuo pero buscando el contraste típico desde un mayor impacto tímbrico que por la disposición de los tubos consiguió efectos estereofónicos muy logrados.

También jugó el británico con sonidos encontrados esta vez perfectos para las Tres Piezas para reloj musical (de “Flötenuhrstücke“, 1772/93) de FRANZ JOSEPH HAYDN (1732-1809), verdadero juguete en las manos del virtuoso intérprete que brilló mucho más en sus Variations on Greensleeves (2005), en una lenguaje actual lleno de disonancias explorando los registros del KLAIS donde a la conocida melodía tradicional inglesa se la reconocía revestida de unos sonidos y ropajes cercanos al siempre innovador y celebrado OLIVIER MESSIAEN (1908-1992) de quien Briggs eligió Le banquet céleste (1928), registros ya conocidos en el gran órgano alemán que resultaron como si para él fuesen indicados directamente por el galo al inglés.
Comentaba unas líneas más arriba que la música francesa será el eje vertebrador de esta 34º edición del FIOCLE, más allá de Messiaen, y así pudimos disfrutar de “la orquesta KLAIS” gracias a la transcripción que Eugenio Maria Fagiani hizo de La Valse (1919/20) de MAURICE RAVEL (1875-1937), tal vez majestuosa aunque poco clara en su escucha desde mi posición (esta vez a la entrada de la catedral, con la consola colocada en medio del coro y el público sentado en bancos y las “sillas de tortura” plegables rellenando todos los huecos posibles). Hubo momentos de sonoridades más logradas, la utilización del pedal de expresión consiguiendo efectos verdaderamente sinfónicos, la “pegada” del pedalero como contrabajos aerófonos (nunca la cuerda encontrará equivalencia en el órgano o el piano) y por supuesto los registros de trompeterías y lengüetería que ayudaron a darle esa pátina tan impresionista llena de colores de esta partitura inigualable en instrumentación de la que Ravel fue único y Fagiani parece haber buscado casi al detalle, faltando solamente una ejecución a la altura del compositor y transcriptor.

El propio Briggs hizo su propia transcripción del emocionante Adagietto de la Sinfonía nº 5 (1901/02) de GUSTAV MAHLER (1860-1911) que a diferencia con la anterior de Ravel buscó sonoridades propias en vez de intentar recrear unas cuerdas siempre imposibles en un órgano no electrónico. Puede que las emociones y recuerdos que afloran con esta música, en cualquier versión que elijamos, sean especiales para muchos de los presentes, dolor del alma que han hecho del Adagietto de la Quinta un himno a la pena “cantado” desde el respeto a la partitura por parte del organista inglés.
Continuó la fiesta sinfónica en el “bicho KLAIS” con NICOLÁI RIMSKY- KORSAKOF (1844-1908) y su conocidísimo El vuelo del moscardón (1899-1900) en arreglo de Willi Nagel, breve y virtuoso contagiando el humor de esta partitura orquestal que en el órgano con Briggs sirvió de contrapunto emocional del gran Mahler.

Y como David Briggs además de compositor y transcriptor es un reconocido maestro del órgano, las improvisaciones no pueden faltar en un concierto suyo. Así desde dos melodías tan conocidas como la Oda a la alegría de Beethoven más el himno God Save The Queen, el intérprete británico nos dejó una peculiar Improvisación: Tríptico Sinfónico sobre ambos temas con estructura propia, “Introducción y Scherzo – Fuga – Finale”, verdadera lección de una técnica que parece haberse recuperado por parte de muchos músicos como siempre se hizo desde los orígenes, esta vez con el lenguaje ya comentado de música atonal pero deudora de toda una vida transitando por la historia de la literatura musical como los propios compositores han afrontado sus obras. Búsqueda de registros que siguen apareciendo nuevos, luminosos como las vidrieras, oscuros como las interioridades pétreas, mosaico sonoro del órgano de Bonn cuyos tubos van tomando recio acento castellano en las catedralicias piedras seculares leoneas. La química entre intérprete e instrumento trasciende a los aficionados que seguiremos peregrinando para disfrutar con tantos maestros como está previsto sigan haciendo Música desde sus teclados, el único lenguaje universal. Un breve regalo de virtuoso con sonoridad americana (si se quiere canadiense) tras hora y media disfrutando.

Resucitando, principio y final

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Viernes 30 de junio, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto Extraordinario. Gustav Mahler: Sinfonía nº 2 en do menor, “Resurrección” (Auferstehung). OSPA, OFIL, María Espada (soprano), Iris Vermillion (mezzo), Coro de la FPA (maestro de coro: José Esteban García Miranda), Pablo González (director). Entrada: 5 €.

No podía haber mejor final de temporada e inicio de vacaciones que la resurrección mahleriana, todo un símbolo de vida después del fin, esperanza también musical fusionando las dos orquestas sinfónicas con sede en Oviedo, el coro referente de los grandes eventos (aún resuena el último), solistas de calidad y una dirección enorme con Mahler entre sus predilectos para esta clausura de altura, esperando poder escuchar Los Mil en el auditorio bajo esta misma dirección que llevo pidiendo hace años.

Y es que el director ovetense Pablo González ha alcanzado una madurez para afrontar obras de calado, ampliando repertorios pero apostando por los grandes, sin olvidar la ópera. Su paso como titular en Barcelona ha supuesto un antes y un después con Mahler marcando momentos sublimes. Poder dirigirlo en Oviedo ha sido lo mejor de esta temporada, máxime uniendo OSPA y OFIL, la primera con su colaboración y la segunda ahora sin titular pero sumada a la asturiana para tener esa gran formación necesaria en las grandes sinfonías del bohemio, y esta segunda así lo requería. Cada visita de la soprano María Espada a Oviedo es motivo de alegría, y además mantiene su excelencia en la “Resurección” mientras la mezzo Iris Vermillion fue el complemento perfecto en color, emisión y empaste con la extremeña. Finalmente el Coro de la FPA redondeó una interpretación sublime, en 2008 dirigiendo Dudamel a “La Bolívar” afrontó con profesionalidad esta partitura, corta en protagonismo para ellos pero exigente como pocas, mas este último día del curso 2016-17 alcanzó la cima interpretativa: gusto, afinación, empaste, color, emisión con matices extremos y musicalidad contagiada por la mano maestra de un concienzudo Pablo González tras un duro trabajo previo que alcanzó la recompensa deseada.

Resulta complicado unir intenciones orquestales bajo una batuta “ajena” (aunque conocida), pero la fusión resultó perfecta en efectivos, manteniendo primeros atriles de OSPA con la ampliación de plantilla ideal de la OFIL en todas las secciones, incluyendo el conjunto de metales y percusión fuera de escena, poder tener dos arpas y el órgano (lástima fuese electrónico) virtuoso, y las ideas claras de mi tocayo sacaron lo mejor de una orquesta asturiana de muchos quilates con Vasiliev de concertino.

El arranque impetuoso del Totenfeier (“Ritos Fúnebres”). Allegro Maestoso. Mit Durchaus ernstem und feierlichem Ausdruck predecía el camino a seguir: colorido claro y tensiones en aumento desde la gestualidad clara y enérgica del ovetense transmitida al detalle y respuesta precisa por parte de todos. Los silencios subrayaron el dramatismo de esta “oda” bien equilibrada, balances perfectos conteniendo cualquier atisbo de exceso, verdadero funeral lleno de interrogantes donde la música de Mahler resulta subyugante cuando no inquietante, y así lo sentí, por fin con unos graves en la cuerda reforzando presencias.

Sehr gemächlich. Andante moderato literalmente sin prisa, pausado, marcando con precisión y decisión, saliendo a flote cada idea, motivo, escuchando todo en el plano ideal, contenido pero igualmente tenso, una cuerda sonando como si llevasen juntos muchos años, el recuerdo de tiempos felices de una vida que se apagó manteniendo la esperanza luminosa como visión optimista en épocas convulsas, música en estado puro bien entendida por Pablo González, pizzicati redondos, presentes, engrandecidos por las arpas, maderas llenas de detallismo, dinámicas muy trabajadas de respuesta rápida, el tempo suspendido manteniendo todo el color y jugando con una tensión que parecía durar eternamente.

In ruhig fiessender Bewegung (con un movimiento tranquilamente fluyente), la pérdida de la fe y la vida como un sinsentido, tensiones y claroscuros, dudas musicalizadas e interpretadas con intención, dolor tímbrico buscado y alcanzado desde el golpe de timbal, el ritmo ternario vienés, un caudal melódico de preguntas y respuestas con toques sutiles de humor, todo bien encajado lleno de color y calor, cambios de aires plácidos sin perder la unidad temática ni el dramatismo narrativo, juegos expresivos de amplios matices bien llevados desde el podio.

Sehr feierlich, aber Schnlicht “Urlicht” representa el Mahler más lírico e inspirado, el de los textos de “Das Knaben Wunderhorn“, cuerno de juventud emanada del escenario en una emoción arrastrada desde el inicio en una curva ascendente de musicalidad, esa canción que supone la fe recuperada de un Dios poderoso más allá de religiones, el propio universo interior iluminado por una Iris Vermillion de registro central coloridamente dramático, carnoso, ubicada (con la soprano) entre el coro y las trompas para proyectar sin problemas y desde el podio dibujar los planos idóneos, juegos tímbricos desde la organicidad de trombones y tubas plácidos contrastando con la voz de una mezzo para quien el bohemio siempre escribió páginas sublimes. La orquestación delicada permitió deleitarnos con cada pincelada del oboe tan lírico como humano, el tiempo detenido sin dejar de fluir, el violín completando musicalidad, el ropaje sinfónico etéreo pero consistente, acordes como destellos en un crescendo emocional protagonizado por la mezzo alemana en ese final de frase premonitorio del “adagio de la quinta“.
Sin respiro y sobresaltándonos el ataque fortísimo en “tutti” In Tempo des Scherzos. Wild herausfahrend “Auferstehung” (texto de Klopstock) realmente salvajemente exteriorizado y jugoso, refulgente tras las anteriores preguntas y dudas, el amor divino, el reconocimiento y convencimiento de que hay vida después de la muerte, esperanza más que resurrección, el tiempo de Mahler que llegó antes de lo que pensaba, una montaña rusa de matices y tiempos. María Espada emergiendo de las trompas cual tranquilo amanecer vocal tras la tormenta, preparado por unos bronces con destellos de arpas y mecidos por la madera, paso firme hacia el mediodía esplendoroso, el crepúsculo más que ocaso y un sueño hecho música antes de la irrupción del coro en empaste ideal con la emeritense y después la germana, desde unos pianissimi claros (en pie para poder ver al director por una tarima demasiado baja y ocultos tras la enorme percusión), convencidos, entregados en las manos de Pablo González balanceando el poderío orquestal hasta el plano perfecto, tanto desde fuera de escena como dentro, encajando con una flauta bucólica y cristalina contestada por los metales celestiales antes de abrazar ese final sinfónico coral con ambas solistas igualmente claras y presentes, texturas increíbles bien buscadas.

Los cuatro movimientos preparando este quinto, el final indescriptible, bello, lleno de colores vibrantes desde las sombras absolutas, explosión vital en permanente contraste que parece no terminar antes de alcanzar la cima. Enorme trabajo sinfónico previo, trombones y tubas tan corales como un gran órgano romántico, expresiones dinámicas y luminosas desde el susurro a las fff, la cuerda limpia y desgarradora, trompetas de válvulas sin herir, pero sobre todo el Coro de la Fundación en una de las mejores veladas que le recuerdo, contagiado de la tensión necesaria para mantener afinación, presencia, emisión y color vocal, por fin con graves convincentes y sustrato cimentando ese final exigente para todas las cuerdas.
Si este tiempo de scherzos es todo él un universo vital, campanas de fe, paso firme y convincente hacia una luz primordial, cegadora y llena de fuerza interior hasta la resurrección, la música de Mahler revuelve entrañas y devuelve la esperanza. La iluminación del auditorio aumentada para seguir los textos traducidos pareció sumarse al espectáculo, principio y final, la inabarcable irrupción sonora dentro y fuera manteniendo pulsión y tensión, corazón y pasión de Pablo González transmitida a todos los intérpretes, “levantando el vuelo hacia la luz que no ha alcanzado ningún ojo“, morir para vivir. No se puede pedir más.

Páginas grandiosas

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Viernes 17 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: “El mundo de ayer II”, Abono 8 OSPA, Maximilian von Pfeil (chelo), Pablo González (director). Obras de Richard Strauss y Mahler.

Ser testigo de la evolución de un artista o una formación es un privilegio solo da la edad. La OSPA lleva 26 años aunque procede de la anterior Orquesta Sinfónica de Asturias, y puedo presumir de haber crecido casi con ambas. Al ovetense Pablo González Bernardo (1975) le sigo desde su infancia como estudiante de flauta y su salto al podio en este músico integral que se ha hecho un nombre propio en el siempre difícil mundo de la dirección orquestal, habiendo sido testigo incluso de la feliz titularidad en la ciudad condal. El reencuentro siempre es fructífero (jueves en Gijón y viernes Oviedo), más cuando director y orquesta están en un momento adulto, de madurez personal y profesional que propicia tanto ópera como conciertos grandiosos en cuanto a las obras elegidas y su interpretación, en el amplio sentido de la palabra.

No es políticamente correcto hablar del Arte de Cúchares en estos tiempos que corren, pero el octavo de abono (orquestal, claro) resultó como encerrarse con tres miuras en solitario dada su leyenda de dificultad, peligro, bravura pero también sabedores que un triunfo supone “salir por la puerta grande” y entrar en la historia. Pablo Gonzaléz y la OSPA (ver la entrevista en el canal OSPA TV) se enfrentaron con dos grandes sinfonistas como Richard Strauss y Gustav Mahler que están presentes en su propia vida y siempre reaparecen con el enfoque que el momento de su interpretación supone, distinto y enriquecedor a partes iguales.

Los llamados poemas sinfónicos de R. Strauss son páginas capaces de examinar a cualquier orquesta y director que la lleven a cabo por su magnitud, cimas de la orquestación por las plantillas exigidas y la densidad que encierran Don Quijote, op. 35 es mucho más que fuente de inspiración en la mejor obra de la literatura universal y escrita por el español Miguel de Cervantes. Tener de solistas dos atriles de la propia orquesta asturiana (también entrevistados en OSPA TV) como Maximilian von Pfeil en el rol de Alonso de Quijano y el viola Vicente Alamá como Sancho demuestran la calidad de los músicos que conforman esta OSPA del siglo XXI, el equilibrio de dos personajes protagonistas necesarios para comprender la obra (tanto literaria como musical). El desarrollo está perfectamente explicado en las notas al programa (que dejo enlazadas al principio en los compositores) de Gloria Araceli Rodríguez quien previamente dio una conferencia sobre “Los poemas sinfónicos de Richard Strauss: de la descripción sonora a la expresividad musical”.
La interpretación dirigida por González fue un verdadero relato sonoro lleno de sutilezas en cada variación, ambientes descritos en la partitura que trascienden la genialidad cervantina desde nuestra propia imaginación, escenas donde los primeros atriles volvieron a brillar como sus dos compañeros hoy solistas, escuchándose, contestándose, disfrutando de esta obra de madura juventud totalmente interiorizada por todos. Un placer disfrutar de las dinámicas amplias, explosivas en el momento justo, íntimas saliendo de la locura y valorando una sonoridad plena que explica a la perfección un concepto algo etéreo como la textura orquestal, que en manos del ovetense con la orquesta asturiana resultaron claros y luminosos en este “Quijote de Strauss“.

La propina de von Pfeil (un número de la Música para niños, op. 65 de Prokofiev en arreglo de Piatigorsky) volvió a corroborar el virtuosismo de este chelista alemán sacando del instrumento sonidos más allá de la propia melodía en una bella página solista que cautivó a un público tristemente no muy numeroso en el auditorio.
Pero quedaba una segunda parte aún más potente si cabe, primero el Mahler de la Sinfonía nº10 en fa sostenido mayor, “Incompleta” (1910) en su único primer movimiento acabado, “Andante-Adagio” como “conclusión” de unos días donde el bohemio ha ocupado buena parte de mis conciertos. No entraré en las posteriores versiones que intentaron completar una sinfonía sobre la que de nuevo planeó la “maldición“.

Quienes me leen saben que llevo años pidiendo una octava asturiana “de Los Mil” precisamente con Pablo en la dirección porque no solo es un mahleriano convencido sino por su capacidad para afrontar obras de esta envergadura. La versión con la OSPA demuestra que Mahler es como un amuleto para el director carbayón y la orquesta lo entiende a la perfección. Comenzando más lento de lo esperado, como en mis referencias guardadas, con unas violas compactas, arrancaba esta estremecedora página que veríamos crecer desde el buen gusto y la empatía necesarias, el terciopelo de una cuerda que sigue enamorando, unos metales (esencialmente las trompas) asentados desde la seguridad con unas sordinas nunca empañadas sino buscando la tímbrica deseada, y un Pablo González dirigiendo desde la confianza, capaz de dejar fluir la música en las manos de estos músicos para quienes el reto es seguir manteniendo ese nivel de calidad más que demostrada, crescendi vibrantes y brillantes de emoción contenida, paladeando las secciones como pocas veces en Mahler, esa densidad sonora acunando una muerte no por esperada indeseada llegando a ese final cortando la respiración. Una versión (con)sentida por estos intérpretes haciendo de vehículos ideales para una partitura con mucha historia… ¡Bravo!.

Y del poema sinfónico Muerte y transfiguración, op. 24 (R. Strauss) que en Oviedo ya hemos escuchado, también a la OSPA afrontándola en varias ocasiones, la interpretación con Pablo González es para guardar (grabada para Radio Clásica y esperando su emisión), rubricando otro Strauss de referencia en casa. Dominio absoluto de la partitura para lograr esa riqueza sonora conseguida con un empaste por parte de los músicos que permitió escuchar cada detalle, la fusión de cada sección con la otra en los fraseos sin cesuras, el gran instrumento orquestal que Strauss llevó a la cumbre y no me canso de escuchar, los cambios de registro en la cuerda como una sola, la conjunción de registros graves en tuba, contrabajos y contrafagot, el feliz encuentro de madera y cuerda, así cada uno de los cuatro movimientos que pasan de la oscuridad a la luz con el poder creador de la muerte, al igual que en Mahler, cuatro etapas de la vida que es muerte desde el primer momento pero siempre arrebatadoras. Las dinámicas amplias sin opulencias, con unos pianissimi increíbles y los tutti nunca ensordecedores, destacando especialmente el balance perfecto desde un sonido redondo, con una cuerda ya “engrasada” en el adagio mahleriano capaz de sonar tensamente aterciopelada y presente (intervención sentida de Vasiliev) de contrabajos poderosos, con una percusión sinónimo de seguridad, más unos metales que nuevamente estuvieron como diría un andaluz “sembraos” fueron engrandenciendo esta página sublime. Parece increíble mantener tanto tiempo (el que está escrito) esa nota en la trompeta sin perder calidad ni calidez, sujetar los matices como hace Pablo González, jugar con los tempi ajustados siempre a la partitura, y plantear una “transfiguración” en una orquesta que funciona siempre desde el trabajo y claridad en la dirección. Bilbao ha dado confianza a nuestros músicos y tener esta temporada a Pablo como “director colaborador” pienso que seguirá haciendo grande a esta orquesta de todos los asturianos.

Bohemia capital Bilbao (9)

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Domingo 5 de marzo, 13:30 horas. Palacio Euskalduna, Bilbao: “Musika-Música“. Concierto nº 48, Auditorio: Janáček Philharmonic Orchestra Ostrava, Heiko Mathias Förster (director). Mahler: Sinfonía nº 1 en re mayor “Titán”. Entrada: 12 €.

Mahler presentó esta obra en Budapest (1889) como “Poema sinfónico en dos partes y cinco movimiento”, dirigiéndola en Weimar en 1894 aunque no fuese del agrado de público ni críticos, cosas del momento y quién le iría a decir que “su tiempo” llegaría tan pronto y continuaría revisándola. La versión definitiva de 1899 deja el título simplemente en Sinfonía en re mayor, llena de sonidos de la naturaleza como el viento o el cuco recordando aquellos paseos con su padre por los bosques de Moravia.
Sabor de Bohemia como el de esta “orquesta del este” con la que repetía para “la primera” que era última y cierre de mi particular “Ciclo Mahler” de Bilbao esta mañana de domingo con un vibrante final para la luminosa “Titán” con algunos chaparrones de las trompas que fueron templando, como en el exterior.

El primer movimiento (I. Langsam, schleppend…) que nos acerca a la naturaleza sacó lo mejor de la cuerda checa, sumándose las trompetas fuera de escena bien encajadas con el resto, una dificultad añadida que da espectáculo además de la sonoridad buscada, contestada por el cuco en maderas y el ambiente bucólico de las trompas aún no muy centradas, aunque fueron evolucionando todos en este paseo por el bosque mahleriano.
En el segundo (Kräftig bewegt, doch nicht zu schnell), ese länder o danza popular austríaca que nos recuerda el vals, Förster intentó sacar los grandes contrastes y dominando los tempi, con unos bajos redondos, percusión colorista, los metales calentando (bien las sordinas) y la limpieza de una cuerda que es lo mejor de esta orquesta, sin olvidarnos del arpa, con buenas dinámicas y balance entre secciones.

La conocida Marcha fúnebre (Feierlich und gemessen, ohne zu schleppen) marcó el punto de inflexión e hizo música celestial ese choque brutal uniendo tristeza y música popular, algo que los músicos de esta formación conocen de primera mano, transmitiendo uno de los momentos más emotivos de “La Primera”: cuerda doliente, viento pletórico (muy bien oboe y fagot) más percusión ajustada en dos mundos musicales que son los propios de Mahler, ganando en calidad y preparando el explosivo final con el paso de las tinieblas a la luz, Stürmisch bewegt, toda la intensidad dramática que culmina en esa coda triunfal donde la cuerda volvió a brillar, aunque todos fueron mejorando en esta obra grandiosamente luminosa, incluyendo la percusión. Puedo decir que Mahler lució en esta joya que “la Janáček de Ostrava” sacó a flote, una cuerda además de limpia desgarradora cuando así se le exigía, los bronces ayudando a toda la carga expresiva y la madera sin quedarse atrás, con un Förster conocedor de todo lo que ahí se cocía aunque buscando más precisión que emoción, que sí logró finamente, dando una lección de dirección a todos.

Comida rápida y a la tarde la despedida con un esperado Dvořák muy asturiano…

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