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Sorpresas veraniegas

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Jueves 19 de julio, 20:00 horas. Iglesia de Santo Tomás de Cantorbery, Avilés: Hans-Peter Retzmann, órgano. Obras de Bach, Franck, Boëllmann y el propio Retzmann. Organizado y patrocinado por la Fundación Avilés Conquista Musical.

Siempre es un placer escaparme hasta Avilés a escuchar “el niño de Chema” y la prensa avisó de este concierto (también este compañero bloggero) en el órgano fabricado por Acitores además del acompañamiento de la Eucaristía previa al mismo, otra sorpresa agradable al escucharlo durante el culto, como supongo hace este organista nacido en Colonia y titular de la Iglesia de S. Juan Bautista de Mönchengladbach.

Cada vez descubrimos nuevas sonoridades en esta joya de “Sabugo Nuevo”, y me alegra saber que más allá del Festival de Órgano o la Semana de Música Religiosa, Avilés sigue apostando por mantener vivo un instrumento que tanto esfuerzo (y dinero) ha costado. Escuchar a tres de los grandes en la interpretación de Retzmann resultó bien aunque no esté acostumbrado a unos registros como los elegidos por el alemán, puede que por falta de tiempo para investigar en los miles de combinaciones posibles apropiadas para las obras de esta tarde gris del verano avilesino, si bien me consta el esfuerzo realizado porque la profesionalidad del músico germano está demostrada y seguro estuvo perfectamente asesorado tanto por el “titular” José Mª Martínez como por el propio Federico Acitores. También a su favor la evolución y trabajo a lo largo del concierto “haciéndose” con un instrumento que seguirá asombrándonos en cada escucha.

El Preludio y Fuga en RE M., BWV 532 (J. S. Bach) resultó algo confuso en los planos sonoros pese a un tempo más reposado de lo “normal”, aunque la Fuga diese más luz, y un pedalero bien ajustado, siempre desde una interpretación ajustada históricamente.

La Pastoral de Cesar Franck sí sonó puramente romántica en el instrumento de Santo Tomás, gran variedad de registros y matices para un intérprete de técnica impecable, con momentos realmente de belleza tímbrica.

De esta tríada inicial destacó Priére á Notre-Dame, tercer número de la “Suite Gotique” de Léon Boëllmann, descubriendo combinaciones en los teclados soberbias, en especial un trémolo de “cromormo” quasi armonio en el Teclado I mientras en el III desgranaba una “voz celeste” realmente hermosa.

Y para redondear este concierto, el organista, que estudió con el muy querido en Avilés Naji Hakim composición e improvisación, tuvo a bien ofrecernos dos temas asturianos desde una técnica que va más allá de la  histórica variación a la que los intérpretes de hoy están volviendo. En el órgano positivo del altar nos desgranó unas Variaciones sobre “Carretera de Avilés” que enriquecieron tímbrica y armónicamente un tema tan universal desde lo local, adaptado a esa pequeña maravilla que también tuvo su protagonismo junto al “hermano mayor”, preparatorio de la obra final nuevamente en el gran órgano: Sinfonietta asturiana a partir de la melodía “Santa María, en el cielo hay una estrella…”, en cuatro movimientos bien contrastados en todo, llámese fraseo, registros, tiempos, matices y lo que queramos añadir, sin perder nunca el original pese a las múltiples variaciones: Introducción, Trío, Meditación y Final, suponiendo habrá quedado grabada para el archivo de la Fundación. Resultó un derroche musical de clara inspiración en Max Reger, compositor sobre el que el maestro Retzmann está preparando una tesis doctoral.

La satisfacción fue generalizada, no ya por estos dos regalos musicales de inspiración asturiana en uno de los mejores órganos de nuestra tierra sino por seguir comprobando cómo queda aún mucha ilusión en mantener viva la llama encendida del rey de los instrumentos. Siempre de agradecer conciertos como el de esta tarde, esperando el pronto relevo de organistas de nuestra tierra (ya los hay) que ayudarán a poder continuar un camino que nunca debió perderse. Los maestros siempre son un referente y el modelo a seguir; Hans-Peter Retzmann ya está en la larga lista de un claustro de profesores que sigue creciendo desde esta tierrina nuestra, y al que esperamos volver a escuchar de nuevo.

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Trovadores en Oviedo

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Martes 17 de julio, 20:00 horas. Oviedo es música, Festival de Verano. Claustro del Museo Arqueológico: Eloqventia (Alejandro Villar, flautas, David Mayoral, percusión), “Chominciamento di giogia”, Virtuosismo medieval a dúo.

Finalizado el Festival de Música Antigua de Gijón donde esta formación siempre asombra al respetable (hay vídeos), perdiéndomelo por agenda vacacional fuera de la tierrina, llegaba en su gérmen a este verano carbayón a un espacio que me retrotrajo 40 años cuando en las Fiestas de San Mateo se celebraban conciertos en este Claustro, aunque por entonces se ubicaban mejor sillas y escenario, éste en el ángulo que posibilitaba verlo desde dos laterales, pero que esta vez no ocurrió, limitándome a escuchar y perderme la parte didáctica en cuanto a la explicación del amplio arsenal musical utilizado, no ya aerófonos de todo tipo (flautas, dobles, albogues…) por parte de Alejandro sino una amplia percusión de David (membranófonos varios como el doumbek, panderos, idiófonos en campanas a las que habría que sumar las propias y espontáneas del entorno -cuartos, medias y en punto de las campanas de las Pelayas, la Corte o la Catedral- hasta un cordófono percutido como el salterio), siempre atentos al repertorio medieval de los siglos XIII al XV de ambiente oriental, andalusí, sefardí, italiano y cómo no, el Llibre Vermell de Montserrat, todo música instrumental trovadoresca pero no por ello ausente de espíritu poético profano.

A lo largo de una hora fueron escuchándose melodías modales casi en su entorno natural del medievo, virtuosismo en ambos intérpretes con perfecto entendimiento,  y primando danzas procesionales algo lentas y solos intimistas donde el silencio era intrínseco, aunque parte del público abandonase el concierto antes de acabar, perdiéndose los endiablados ornamentos del anónimo italiano del XIV que daba título al espectáculo (Chiminciamento di gioia, Comienzo de la alegría), más vivaces y frescas que muchas de las anteriores, todas de rica variedad rítmica, para concluir con La Manfredina – La Rotta Manfredina, auténtico derroche de entusiasmo por parte del dúo que tiene como objetivo “rescatar las escuetas líneas melódicas que nos han legado los códices medievales, y transformarlas en emotivas canciones y vibrantes danzas que consigan evocar el lejano tiempo pasado en el que fueron compuestas”. Cierto que me hubiese gustado escuchar sus Cantigas de amigo de Martín Códax o las de amor del rey Dom Dinis de Portugal, pero el repertorio elegido fue la singularidad del dúo capitaneado por el leonés Alejandro Villar, que sabemos crece según las necesidades.

Tras mi reciente visita escurialiense y como escribía al poco de salir del concierto, era como si las Cantigas de Santa María, las de Alfonso X “El Sabio”, hubiesen trascendido a la realidad, recreaciones de tiempos pasados que no disfrutamos habitualmente en este Ovetus tan musical.

Después de soltar 404,00€ por el Abono de la próxima temporada (realmente barato si lo repartimos entre todos los conciertos y no llega la media a 20€), agradecemos que aún haya espectáculos gratis y con repertorios “fuera de circuito” que también hacen afición y ayudan al maltrecho bolsillo (me he ahorrado la subida del IVA, y el que no se consuela es porque no quiere). Mi sobrina Irene de 5 años se comportó como una melómana y no podía evitar percutir en la silla de plástico como un idiófono más. Entre escapadas y vueltas al Paraíso seguiremos disfrutando de estas vacaciones ¿las últimas?.

RecuerdOS PAra la temporada finalizada

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Con el poso que da la finalización del curso y las muchas emociones vividas en la temporada que nos trajo al Maestro Milanov como esperado titular de la OSPA, sin olvidar a Lockington como principal invitado, y aceptando la invitación que la orquesta me hizo para el “balance de la temporada” en el Facebook©, quiero destacar, agradeciendo no ya poder colaborar con “nuestra orquesta” sino todos los enlaces que aquí aparecen:

  • Enlazando con lo anterior recordar el altísimo nivel de muchos solistas invitados y el reencuentro con algunos directores que siguen marcando diferencias. De los que me han dejado huella, cronológicamente, la “princesa descalza” Patricia Kopatchinskaja, la elegancia al piano de Cristina Ortiz, la musicalidad de Dylana Jenson con su marido a la batuta y “su majestad” Truls Mørk, rey absoluto del cello con un concierto de despedida que me regalaron en Gijón ante mi ausencia ovetense. Por supuesto enhorabuena a los solistas de la OSPA que dieron el paso al frente porque pueden codearse con cualquiera de los invitados, manteniendo un nivel que redunda en el de toda la orquesta. De las batutas Manuel Hernández Silva, fuera de abono y que privó a muchos habituales disfrutar de su magisterio, Rossen Gergov (con “la princesa”) y Perry So (con Cristina y Truls) que consigue siempre lo mejor de todos.
  • La apuesta por obras nuevas, estrenos absolutos (me encantó el clarinetista José Franch-Ballester con la obra de Oscar Navarro dirigiendo Milanov) y otros europeos, alternando con obras menos habituales (el Dohnnanyi de mi admirado Eldar Nebolsin fue un auténtico lujo) sin olvidar el repertorio sinfónico “de siempre”, urgiendo pese a la crisis un aumento de plantilla (más cuerda, por favor) que permita afrontar obras que se están aparcando sine die.
  • No olvidar el aspecto pedagógico porque es la inversión futura, una OSPA que está en su mejor momento histórico tras 21 años, no puede olvidar el público de mañana: la media de edad de los abonados es tan preocupante como sus toses y olvidos telefónicos de órdago, con una salud que dejó muchos huecos en conciertos que deberían haber colgado el cartel de completo.
    Ya voy ahorrando para la próxima temporada, primera con Rossen Milanov pergeñando con la gerente Ana Mateo un programa que seguro no nos dejará indiferentes, y Marta Barbón nos irá dando información puntual.

P. D.: El Concierto en El Vaticano ya es historia propia de la música española, la asturiana y de la propia OSPA. No sólo disfruté de emociones en la retransmisión en vivo sino que lo guardo como documento sonoro a pesar de la mala calidad del sonido.

Dos italianos redescubren Gershwin en Oviedo

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Miércoles 4 de julio, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: Festival de Verano “Oviedo es música”. Proyecto de Jazz, Oviedo Filarmonía, Alessandro Lanzoni (piano), Marzio Conti (director). Obras de G. Gershwin. Entrada gratuita.

También el verano es tiempo de música, incluso desenfadada, en chanclas, sin frac pero donde el ocio no está reñido con la calidad. Inicialmente previsto para la Plaza del Ayuntamiento pero con el orbayu amenazando se cambió el aire libre con carpa por el habitual Auditorio donde otro proyecto Conti volvía a tomar forma con la orquesta de la que es titular hace ahora un año, y con un joven pianista italiano al que conoce desde que tenía los dos años como él mismo confesó en uno de los bises.

Aparecía en escena Alessandro marcándose un solo del I’ve got rhythm mientras iban apareciendo por todas partes los músicos de la orquesta, algunos no habituales, otros de la plantilla, charlando, abrazándose, hablando por “el celular”, saludando al pianista que enlazaba con Summertime para la penúltima entrada de “el hombre del banjo” con botella de bourbon incluida, todo como en un Club de Jazz de los que apenas quedan, y finalmente el maestro Conti desgranando Lanzoni melodías de la Rapsodia en blue, justo para comenzar con ese sólo de clarinete interrumpido por aplausos en una versión realmente jazzística desde una orquesta poderosa en tanto que las intervenciones solistas siempre resultaron distintas a la escrita, como muchas partes de la orquesta. Versión fresca, intimista, de tempos tranquilos y mucho “swing” en todos, rematando con una propina vital como es el Blue Monk (aquí enlazada en versión del verano pasado).

Sin apenas respiro comenzó la versión de la casi centenaria Un americano en París llena de auténtico jugo sinfónico sin perder un ápice el espíritu del gran George. La orquesta se mueve como pez en el agua dejándonos Un italiano en Oviedo por lo sutil del arreglo, toques de Bernstein tamizados por el mejor musical de Broadway con pinceladas sinfónicas de Copland. Intentaré buscar el autor de estas versiones porque fueron todo un descubrimiento.

Y otro tanto con Porgy and Bess: Symphonic Picture en arreglo de Robert Russell Bennet que fue todo un muestrario de la calidad en todas las secciones de una OvFi más alegre con Conti que con el recordado Haider, con un trío de saxos dando un sello Count o Duke, la percusión en su salsa, una cuerda de película con redondez en los contrabajos, madera elegante y delicada más unos metales, en especial las trompetas, que pusieron la guinda por sonido y fraseos jazzístico a más no poder para una selección de la ópera negra más allá del archiconocido Summertime que los violines y posteriomente oboe cantaron con auténtico “acento negro”.

El cóctel final lo trajo nuevamente Lanzoni en trío con Fernando Arias y Andrea Baruffaldi luego arropado por una orquesta que lució cual formación digna de Miller, protagonismos en pie incluidos y auténtica delicia de arreglos. Reconozco que los dos florentinos nos redescubrieron al Gershwin del nuestros días. Alessandro Lanzoni demostró que la formación clásica para el jazz es de ida y vuelta, interpretación propia a partir del original, con una gama de matices tan rica que quedé con ganas de seguir escuchándole con un gin-tonic y nada de humo (dichosa ley antitabaco).

P. D.: Reseña de Javier Neira en LNE.