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Fagioli d’Oro trae la primavera

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Martes 13 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de Cámara: Centro Nacional de Difusión de la Música (CNDM) y Ayuntamiento de Oviedo, V Primavera Barroca, Haendel Arias, Franco Fagioli (contratenor), Il Pomo d’Oro. Precio abono ciclo (butacas no numeradas): 84 € (73,50 € para abonados a otros ciclos).

El Barroco no pasa de moda, aumenta su demanda, no suele defraudar, es cómodo de escuchar, no cansa… comentarios habituales que escucho y corroboro. Apostar por un ciclo o festival monográfico siempre es arriesgado pero conociendo el panorama actual y comprobando que Asturias tiene un público incondicional que apoya y presume de nuestros intérpretes en este periodo o estilo que triunfan allá donde van (mientras aquí les echan), era previsible hace cinco años una Primavera Barroca en Oviedo con el CNDM apoyando y sumándose Conservatorio y Universidad a esta oferta que incluye conferencias para estudiantes y aficionados que se ha consolidado, dejando la sala de cámara pequeña otro año más, con cola media hora antes buscando una buena localidad (no están numeradas) sobre todo cuando nos traen figuras de la talla del contratenor Franco Fagioli y la agrupación Il Pomo d’Oro, conocida de otras actuaciones en la capital asturiana.

Comentaba en mi reseña para La Nueva España que “Fagioli logra la apoteosis con Haendel“, calidad vocal, entrega escénica, técnica asombrosa con fiatos larguísimos y el ropaje a medida de un sexteto de cuerda liderado por Stefano Rossi de concertino más el clave primoroso y preciosista de Federica Bianchi, quinteto sin viola en las obras instrumentales que no solo ayudan al descanso vocal sino también a disfrutar de otras páginas delicadas complemento de la selección de arias del genio alemán, perfectamente comentadas en el programa por mi tocayo sevillano Pablo J. Vayón.

Estuve estos días hablando a mis alumnos de Farinelli y otros castrati famosos como Senesino o Caffarelli proyectando en clase la película donde se reflejaba perfectamente esta Europa del XVIII con el poderío escénico de unas voces “contra natura”. El número de marzo de Scherzo dedica portada y entrevista al contratenor argentino afincando en Madrid Franco Fagioli que merece la pena leerse porque explica mucho de este proyecto y obras elegidas, diciendo “buscar la verdad en escena desde el momento único de la interpretación y su más absoluta honestidad”. Así fue esta velada Haendel escuchada con la misma pasión y devoción derrochadas por Fagioli con Il Pomo d’Oro, con un cierre inédito en Oviedo al cantar y bien afinado todos la segunda propina Lascia ch’io pianga a coro, tras la primera con otra aria de Serse.

Del programa que dejo aquí escaneado el Allegro inicial de la Sinfonía en si mayor HWV 338 aunque para fagot, cuerdas y bajo continuo se entiende que por la plantilla solamente de cuerda que los “pomodoros” presentaron en esta primavera adelantada resultó un arreglo para el quinteto (la viola solamente se sumaría a las partes vocales), y las arias por pares en la primera parte, por lo cual Cara sposa, amante cara / Venti, turbini, presta (de “Rinaldo”) no fue el cierre sino Mi lusinga il dolce affetto (de “Alcina”). Destacable cómo reinó el silencio antes de algunas de ellas facilitando la “transformación previa” de Fagioli en Bertarido, Oreste, Rinaldo y otros héroes de las óperas de Haendel, la que no hubo en los finales con esas inexplicables prisas por aplaudir primero, impidiendo degustar los segundos que flotan en el aire tras la última nota. Deberían observar al cantante lo que tarda en recuperarse antes de agradecer las palmas y vítores, por otra parte más que merecidos.

Sin necesidad de clasificar esta voz que se definía hace años falsetista, diríamos que posee el registro de alto y las agilidades de los llamados sopranistas, por lo que Fagioli puede afrontar cualquier personaje (afectos sería más correcto) de estas óperas y dotarlo de color propio, organizando el programa para alternar y jugar arias reposadas, dramatizadas frente a las virtuosas y un acompañamiento ideal en dinámicas y calidades, distinto al grabado pero más cercano en todo y por todo. Impresionante su registro grave y los pasos de registro con naturalidad desde la técnica y el buen gusto que mostró de principio a fin, propinas incluidas.

Ramón Avello en El Comercio titulaba “De la furia desatada al lamento conmovedor” para explicar esos cambios de roles e interpretación. Ver al público vehemente en el aplauso, volcado con los músicos en cada una de estas obras inmortales y sumado al final inédito coreando con Franco cual último éxito de los “principales” corrobora que el Barroco goza de buena salud, no es tan caro como lo sinfónico, vende discos, se firman autógrafos y es apto para todas las edades. En Oviedo también la ópera comienza a apostar lentamente por títulos barrocos sabedores del “tirón” que siempre tiene, más cuando se cuenta con voces de calidad.

Bienvenida adelantada de la primavera un martes y 13 sin supersticiones.

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Mozart, escuela de voces

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Viernes 2 de marzo, 21:00 horas – Domingo 4 de marzo, 19:00 horas. Teatro Cervantes, Málaga: XXIX temporada líricaCosì fan tutte ossia la scuola degli amanti, K. 588 (Mozart). Berna Perles (soprano), Carol García (mezzo), Pablo García López (tenor), Damián del Castillo (barítono), Enric Martínez-Castignani (barítono) y Beatriz Díaz (soprano); José Miguel Román (clave); director de escena: Curro Carreres; Coro de Ópera de Málaga (Salvador Vázquez, director), Orquesta Filarmónica de Málaga (OFM). Director: Manuel Hernández-Silva. Entrada platea: 60€ + 2,50€ gastos de gestión (¡por la compra on line!).

Muertes cercanas y sentidas, Gustavo Tambascio recordado en el programa por el escenógrafo Curro Carreres en esta reposición malagueña de 2010, y por megafonía el mismo viernes a Jesús López-Cobos que siempre confesó su admiración por “El Così de Mozart“, de nuevo por curiosidades de la vida reemitido por La2 de TVE en su horario “hard time”, apostando por la ópera y la cultura en general, de una a cuatro de la madrugada en la producción de Haneke para el Real madrileño de hace cinco años.

El Maestro Hernández Silva además de mozartiano de pro, desde su llegada a Málaga ha apostado por voces que con el tiempo vamos encontrándonos y escuchando en distintos coliseos, así que más allá de recitales y música sinfónico coral esta vez tocaba hacer ópera.

El elenco de este Così parecía tenerlo claro, no ya por las seis voces específicas en cada rol sino por ese “descubrimiento” de José Miguel Román al clave al que considero el séptimo personaje por la excelencia en todas y cada una de sus intervenciones (el trabajo previo con el maestro venezolano me lo imagino largo y detallista), una OFM sonando a cámara con dinámicas casi siempre contenidas favoreciendo toda la acción sobre el escenario, un coro fuera de él ubicado en las bolsas laterales del primer piso en esa búsqueda de dinámicas y colores vocales, más una puesta en escena sin descontextualizar, Nápoles de 1790 con su vestuario elegante y decorados palaciegos, más leves guiños ampliando espacio con entradas y salidas por el patio de butacas sumados a una figuración que redondeó esta “Escuela de los amantes” aplaudida, equilibrada, con todo vendido para las dos funciones.

El genio de Salzburgo siempre resulta equívoco por la aparente sencillez y facilidad de sus obras, las óperas no escapan a dicha sensación y las exigencias son verdadera trampa para cada intérprete. La obertura tardó en arrancar un engranaje instrumental que Hernández Silva manejaría con autoridad y precisión de relojero. De “su” sexteto vocal para esta “ópera matemática”, simétrica por las apariciones, elegidas por color y dramatismo para una producción cien por cien clásica, comenzar destacando la generosidad de la soprano Beatriz Díaz aceptando esta Despina que resultó el motor de la representación, un personaje que actúa como revulsivo del resto no solo por comicidad (médico y notario dignos de las grandes voces) sino por calidad, brillando en sus arias, empastando los dúos, sumando enteros en los concertantes (mágico el sexteto) y dando una lección en sus recitativos convincentes, suponiendo el pegamento para el resto de compañeros, elevando el nivel global desde su complicidad y aplomo con los compañeros. Enric Martínez-Castignani como Don Alfonso estuvo correcto vocalmente, puede que algo más opaco de lo esperado adoleciendo una actuación de viejo (que no lo es) maquinador, creerse este personaje con muchas aristas que como barítono no explotó, al menos en la primera función.

De las parejas dobles protagonistas comenzar con Damián del Castillo, barítono excelente y convincente Guglielmo, enorme en escena cantando y actuando, equilibrado por el Ferrando de Pablo García López mozartiano puro en emisión y dicción, casi sobreactuado en lo cómico pero hondo en interpretación, ganando cuerpo en los graves siendo ya un tenor al que seguir. Su Aura amorosa literal y digna de bisarse cortó la respiración al público malagueño que esta vez resultó excesivamente educado.

Ellas, las que finalmente acaban dándonos la lección a nosotros, Berna Perles fue la Fiordiligi malagueña a la que pesó más de lo deseado ser local, pienso que algo nerviosa para un papel exigente al que fue tomándole el pulso a medida que la función avanzaba, con una emisión más oscura que en otras ocasiones y agilidades no del todo limpias.

La Dorabella de Carol García también ganó de escena en escena, una mezzo de emisión clara aunque con cierto vibrato que puede llevar a calar y hasta ensuciar algunas intervenciones, pero resuelta, convencida y cerrando un sexteto homogéneo, bien dibujado vocalmente para todo un juego de equilibrios mozartianos donde Hernández Silva volvió a demostrar conocimiento y pasión por Mozart transmitido a todos.

Contra los imprevistos siempre Verdi

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Sábado 24 de febrero, 20:00 horas. Oviedo, Conciertos del Auditorio: Olga Peretyatko-Mariotti (soprano), Luca Salsi (barítono), Oviedo Filarmonía, Tung-Chieh Chuang (director). Extractos de óperas de Mozart, Mascagni y Verdi.

Con expectación esperábamos en Oviedo, capital operística con solera, a la soprano rusa Olga Peretyatko, añadiendo el apellido Mariotti por matrimonio con Michele Mariotti en otra pareja para la historia de la lírica entre diva y director. En el concierto del sábado compartiría programa con el barítono Thomas Hampson pero a mediados de semana nos encontrábamos el aviso de cancelación aquejado de una insuficiencia respiratoria con el obligado cambio de obras y la búsqueda de otro barítono que pudiese afrontar con solvencia este duelo con la nueva diva rusa que desde ahora habrá que llamar como las estrellas con artículo delante, “La Peretyatko” (pues La Netrebko sigue siendo única), encontrándose los organizadores con el italiano Luca Salsi recién finalizada su participación en el Trovatore del MET ( hace pocos años también le tocó sustituir a última hora a Plácido Domingo) antes de volver en abril con Lucía y tras el recital del pasado domingo 18 en la Opera Naples que tiene a nuestro Ramón Tebar de director artístico (también pianista) en esta ciudad en el suroeste de Florida.

El barítono se sumó rápidamente a los ensayos con la Oviedo Filarmonía bajo la batuta del joven director taiwanés Tung-Chieh Chuang, auténtico responsable musical del concierto, agradeciéndoseles a todos por megafonía esta buena predisposición para luchar contra los imponderables, volviendo a realizar cambios en el añadido para la velada sabatina.

Bautizada por la prensa musical como “La dama rusa del bel canto”, a la soprano rusa no le escuchamos nada de Rossini y prefirió para Oviedo cantar un poco de Mozart que siempre es mucho, y mucho Verdi que no es poco, junto al barítono italiano que sería padre político, biológico e incluso amante a lo largo de esta selección de óperas en el formato habitual de un aria y un dúo, semiescenificados, y dos más uno tras el descanso, sin faltar oberturas e intermedios amén de las esperadas y ensayadas propinas. Pero quien se merece un aplauso enorme de admiración y trabajo es el talentoso director taiwanés Tung-Chieh Chuang, premiado en el concurso para jóvenes directores Malko de la capital danesa en su edición del 2015, lo que le abrió más puertas, demostrando ser un maestro de la concertación con cantantes, mimándoles en las dinámicas y tempi, con gesto claro y preciso para la orquesta, la Oviedo Filarmonía, a la que se le notó cómoda pese a las premuras e inconvenientes surgidos.

Con Mozart tocó abrir (y casi cerrar) velada con Le nozze di Fígaro, primero la obertura ágil, rotunda y precisa antes de la aparición de la Condesa con Dove sono i bei momenti, recién estrenada en el repertorio de la rusa que puede con el aria pero aún le falta rodarla, demasiado sobria y falta de sentimiento.
Debería haber seguido Mascagni y su bellísimo además de delicado Intermezzo de “Cavalleria rusticana” que la orquesta ovetense (con Marina Gurdzhiya nuevamente de concertino) ya ha interpretado en conciertos similares y el maestro Chuang volvió a sacar lo mejor de ella. La Julieta de Gounod se cayó del programa, supongo que por mantener “cuotas de intervención”, así que…

… rompiendo también esa unidad argumental se adelantó la salida de Luca Salsi para comenzar con Verdi y La Traviata, la famosa aria de Giorgio Germont Di Provenza il mar, il suol que pienso le pilló un tanto frío, sobrado de potencia que puede llegar a variar por momentos la perfecta afinación. Y mucho mejor el dúo con su “nuera” Madamigella  Valery? donde empastaron perfectamente, moviéndose a la izquierda del podio casi peligrando la batuta del taiwanés, creíbles vocalmente y mimados en las dinámicas por Tung-Chieh Chuang y una orquesta ideal en estas partituras. Faltó la Violeta perdida (aunque sí el público aplaudiendo el dúo antes del “sacrificio”), nada abandonada sino felizmente encontrada por un Germont padre todo poderoso y generoso con la descarriada que tiene hace ya años en su repertorio.

Tras el descanso más Verdi, auténtico protagonista, impecable obertura de “La forza del destino”, digna página de conciertos sinfónicos (junto a las anteriores de Mozart y Mascagni) para una orquesta muy centrada y eficaz pese a los imprevistos. Cambiando de rol y de vestido (oro en la primera y rojo en la segunda ) inició la soprano rusa su segunda aria en solitario con Mercè, dilette amiche, el bolero de Hèléne (“Les vèpres siciliennes”) que aún necesita maduración y reposo pese a los años que lleva en su repertorio, tal vez el aire sea el de su Carmen pensada pero los graves deberán ganar redondez y volumen igualando colores demasiado contrastados todavía.

El italiano Salsi además de complemento masculino y paternal como Giorgio Germont nos regaló un entregado Macbeth Pietà, rispetto, onore que nos supo a poco, voz pletórica y rotunda, más contenido que de suegro y centrado en esta su segunda aria antes de pasar al padre jorobado con esos roles del genio de Busseto que exprimen todas las cuerdas para perfilar cada cantante su propio personaje.

La Peretyatko tiene igualmente bien estudiada y cantada la Gilda de “Rigoletto” aunque su Gualtier Maldé!… Caro nome con excesiva pirotecnia vocal en su última aria en solitario, tercera de la noche, resultó muy personal pero poco precisa aunque entregada en volúmenes para los agudos, antes del final con su “padre” Salsi, primero el Cortigiani vil razza dannata reválida de todo barítono que el italiano defendió con vehemencia, credibilidad (encorvándose además de cojear) y volumen, más el dúo paternofilial Tutte le feste al templo donde la soprano estuvo algo tapada por el barítono mientras Tung-Chieh Chuang no tuvo contemplaciones dinámicas con una orquesta madura.

Aplauso enorme para el barítono por lo que supuso esta sustitución de última hora que no decepcionó a nadie y se adaptó a las circunstancias, más los bravos para la prometedora diva rusa que aún sigue en ascenso para poder mejorar Verdi tras encandilar con Rossini, ausente en Oviedo. Personalmente su color vocal puede ser mozartiano y hasta creerme que los años la lleven por estos repertorios, es cuestión de esperar y elegir.
Ante el éxito nada menos que tres propinas: la Bess rusa del Summertime (Gershwin) que figuraba en el primer programa aunque ella prefiriese darnos sorpresso, sin poso en el grave, muy plana pese a sus agudos pero de lo más comercial. Como Zerlina llamaría al conquistador italiano para “darse la mano” y marcharse lentamente con Mozart (Là ci darem la mano), un Salsi poliédrico pasando este sábado de suegro a padre y finalmente Don Juan con la Peretyatko menos “Verdi” con Wolfgy en feliz dúo.

Mozart es mucha ópera y hubiese sido el final ideal, pero sin más papeles preparados y para regocijo del respetable quedaría organizarse un poco con unos desconcertados músicos y director para bisar los compases últimos del dúo Todos los días de fiesta con Verdi, y Oviedo volvió a disfrutar de la ópera aunque sea en concierto.

P. D.: reseña en La Nueva España de este domingo 25 y crítica del lunes 26 edición digital solo para suscriptores, adjunto foto:

Cimientos musicales solidarios

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Viernes 2 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto SolidarioDía mundial del Cáncer”. Lola Casariego (soprano), Francisco J. Sánchez (tenor), Gianpaolo Vadurro (piano), Coro y Orquesta de la Universidad de Oviedo, Coro “Bloque al canto” del Colegio de Aparejadores de Asturias, Pedro Ordieres y Joaquín Valdeón (directores). Donativo: 15 €.

No solo en tiempos de crisis, aunque parezcan peores, es habitual encontrarnos con actos solidarios para recaudar fondos destinados a todo tipo de necesidades. La música siempre mueve públicos de todo tipo y la lucha contra el cáncer también, pues rara es la familia que no ha tenido cerca esta enfermedad contra la que seguir luchando, más ahora que ha dejado de ser sinónimo de muerte aunque siga sumiéndonos en tristeza o pesimismo, algo contra lo que la AECC lleva décadas trabajando. Su Junta Provincial en Asturias trajo este primer viernes de febrero la música para celebrar el “Día mundial del Cáncer” en el Auditorio de Oviedo como recordó en la presentación mi querido amigo el televisivo Laude Martínez, esa lucha sin bajar la guardia que podemos hacer extensivo a la música no ya como terapia contra todo dolor sino también como perfecta herramienta solidaria en este edificio nacido para ella donde también se han celebrado congresos, exposiciones y todo tipo de eventos no siempre solidarios, cuestionándose ahora la seguridad después de veinte años.

Agradecer las colaboraciones de la Universidad de Oviedo, del Ayuntamiento o de El Corte Inglés para adquirir las invitaciones incluso de fila cero para ayudar a mantener la batalla contra el cáncer, porque investigar cuesta dinero al igual que estudiar música, algo imposible en nuestro país hace años pero que tristemente vuelve a descuidarse en los presupuestos, por lo que el donativo de 15 euros sabe a poco para esta causa donde se nos ofreció un concierto con artistas de casa y solidarios, como la profesión o afición que han elegido, cuyo arduo trabajo, casi siempre invisible, no tiene más recompensa que el aplauso. Y celebraciones siempre con la música, también asturiana solidaria y desde el corazón de todos.

De los intérpretes quiero comenzar citando a la soprano ovetense Lola Casariego, cuya trayectoria sigo desde finales de los 80 (conservo tres casetes grabadas desde la tele con el Acis y Galatea de Literes) cuando dio el salto desde la cuerda de segundas del Coro Universitario, hoy también presente, para comenzar una carrera de fondo dura e imparable, donde ha tenido que redescubrirse hasta llegar a este 2018 plenamente asentada con un trabajo para el que no hay vacaciones ni todos los contratos deseados. Con ella nuestro “hijo adoptado” más que adoptivo Francisco J. Sánchez, un habitual del Festival Lírico del Campoamor donde hemos podido disfrutarle como tenor (no me gusta la etiqueta de actor cantante porque todos los cantantes deben actuar y los actores cantar…) en títulos como La Marchenera, El Terrible Pérez (2016) y especialmente el Maharajá (2017) cuyo escanciado y asturianía (amén del “puto yoga”) le valió mi bautizo como ATA (Adoptado Tenor Asturiano) al querido Paco que sigue ganando repertorio y color vocal.

A esta pareja de solistas le tocó abrir concierto, cimentar una velada para todos los públicos y gustos
con acompañamiento de piano, alternando soprano y tenor obras variadas desde la canción de concierto a la ópera pasando por la zarzuela hasta la opereta, que paso a desgranar.
La bella página A Chloris de Reynaldo Hahn no puede faltar en un recital de Lola porque la hace suya, aperitivo ideal antes de Le violette (Alessandro Scarlatti), “canzonetta” o aria antigua de la ópera “Pirro e Demetrio”, habitualmente interpretada por soprano pero válida para cualquier voz con Paco defendiéndola con solvencia, ampliando repertorio y registros, de agilidades bien resueltas y proyección suficiente.
El aria Ecco l’orrido campo de “Un ballo in maschera” (Verdi) pienso que no fue buena elección entre el amplio repertorio operístico que la ovetense tiene, más por color que tesitura esta Amelia, incómoda igualmente, y con un piano inseguro que no la ayudó finalizando el “Miserere” calada. De la conocida Jota de Falla por parte del tenor madrileño podría comentar lo mismo, el pianista venezolano perdido en el acompañamiento (el único original de la velada), supongo que por no tratarse de la versión aguda (soprano o tenor) sino de mezzo / barítono, registro más grave que no proyecta como un tenor aunque “la despedida” fuese auténtica haciendo mutis por la puerta lateral.

Mucho mejor las siguientes apariciones por parte de los tres, la Santuzza de “Cavalleria rusticana” (Mascagni) parece compuesta para Lola Casariego que mantiene el color y dominio grave de mezzo con las agilidades de este rol, por lo que el aria Voi lo sapete, o mamma brilló con el dramatismo requerido al que Vadurro también colaboró. Y Francisco J. Sánchez sí pudo ser el Leandro de mi tocayo Sorozábal cuya zarzuela “La tabernera del puerto” volveremos a disfrutar en junio para cerrar las bodas de plata del Festival Lírico ovetense. La romanza No puede ser es tan exigente o más que muchas arias operísticas, Paco la lleva en la sangre y el trabajo en la dirección correcta le ha permitido cantarla cómodo, fiel a la partitura sin respiración alguna en el final, afinado y convincente sin buscar excesos que pueden ser tan perjudiciales como el tabaco. Zarzuela de nuestra historia y tradición con páginas imperecederas, bien sentida por Lola que brilló en Sierras de Granada de “La tempranica” (Giménez), demostrando rigor, honestidad y entrega máxima, luciendo ambos una virtud que parece perderse muy a menudo como es la exquisita vocalización de cada romanza.

Y qué mejor que el dúo de “La Dolorosa” (Serrano) para reivindicar nuestro género, papeles de Dolores y Rafael perfectamente dramatizados en escena con el piano en reducción orquestal, intimismo y emoción para lograr transmitirla a un público ya entregado a esta pareja.

Todos deberíamos presumir de nuestra música, genuinamente española y llamar a la opereta “la zarzuela vienesa”, pues eso es entre otras “La viuda alegre” (Lehar) cuyo conocidísimo dúo Lippen Schweigen por parte de Paco y Lola (con piano) ni siquiera necesitó cava o sidra champanada para imaginar y compartir desde nuestras butacas el ambiente de salón en escena, elegancia, saber estar y final ideal para esta primera parte.

La segunda parte sería universitaria con refuerzo de aparejadores para finalizar un edificio solidario y sentido, primero la Orquesta Universitaria que continúa formación y ensamblaje en este su primer curso académico con Pedro Ordieres al frente, y tras su presentación navideña con Händel más los asturianos Ordás y Martínez, tocaba retomar pulso con el siempre festivo Haydn en este primer viernes preparando Carnaval y Cuaresma, lo profano y lo religioso conviviendo como la propia vida y la música, para seguir engrasando, empastando, completando sonoridades y entendimiento. “Junior”, como llamo cariñosamente a Pedro, hijo menor de Alfonso Ordieres Rivero que fundase esta orquesta en 1979, pionera entonces (y de momento el último de la saga), conoce este repertorio desde crío, así que elegir la última sinfonía de Papá Haydn, la número 104 en re mayor, no es casual. Sus cuatro movimientos bien diferenciados permiten trabajar cada sección para ir armando esta construcción musical, verdadero edificio sinfónico al que generaciones posteriores siempre han mirado, compositores y formaciones, así que la dirección de los universitarios es correcta, de menos a más con detalles que incluso las orquestas profesionales tampoco solventan satisfactoriamente, quedándome con el “Finale Spiritoso” como meta y objetivo por otra parte lógico y literal como la indicación del aire. No se puede pedir más en menos tiempo.

Y tenía especial interés en volver a escuchar el Stabat Mater Speciosa de Gabriel Ordás (Oviedo, 1999) estrenado en la Catedral el pasado 18 de diciembre contado por mí desde las mismas páginas de La Nueva España que también publican la crónica de este, y que en el blog dejé entonces idéntica para publicarla después que la prensa, aunque esta vez quise alargarme mucho más con la libertad de no limitarme espacio y poder añadir vínculos (links) que siempre enriquecen.

Sumando esfuerzos y sonoridades a la Orquesta Universitaria llegaría el relevo en el podio con Joaquín Valdeón y “sus” dos coros, el Universitario más el de Aparejadores, Bloque al canto cual metáfora musical para un concierto construido con los mejores materiales para crecer en altura, disfrutando nuevamente del Stabat Mater de Ordás. Volver a recordar su edad ¡18 años! pero de una hondura diría fuera de esta época, atemporal y nada casual, fruto de una formación humanística sumada a un talento innato acrecentado por un inspirador trabajo incansable con todos los apoyos familiares y profesionales. Cada obra es admirable y su capacidad compositiva envidiable, esperando volver a escuchar otro estreno este mes con la OSPA (el 22 en Avilés y el 23 en Oviedo con Milanov dirigiendo Onírico). Stabat Mater Speciosa, imagen de la Virgen no dolorosa con su hijo muerto sino con el Niño triunfante y dulce, como sonó de nuevo con un coro reforzado y una orquesta un poco corta en plantilla pero dando su dimensión real, auditorio mejor que catedral con trampa y cartón acústicos por engañosos al oido, esta vez en el espacio pensado para la música, ya trabajado e interiorizándose aún más por parte de todos, con mayores dinámicas plenamente asentadas donde se agradeció el aumento vocal aunque se pierda color, y necesitando más efectivos de cuerda para una plantilla con amplia percusión más órgano, que pese a ello consiguió los balances ideales para unas melodías bien construidas capaces de emocionar cantando en latín.

La vida sigue dándonos regalos, cada día uno, con belleza, calidez, esperanza, solidaridad, esta vez contra el cáncer pero que nunca nos falte, seguir luchando sin desfallecer, sin bajar la guardia, sea en cualquier faceta, con la música como la mejor terapia y motor vital, el mismo ímpetu juvenil que el de este primer viernes de febrero.

Siempre progresando

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Lunes 29 de enero, 20:00 horas. RIDEA, Oviedo: La Castalia, Concierto de Clausura Curso de Repertorio Vocal. Manuel Burgueras (piano), Begoña García-Tamargo (directora artística y profesora de canto). Inés de Arvizu, Nora Chena, Canela García, Carla Romalde y Janeth Zúñiga (sopranos), Nerea González, María Heres (mezzosopranos), Adrián Begega (tenor), Ricardo Barrul, Pedro La Villa (barítonos).

Oviedo sigue manteniendo, a pesar de los recortes económicos, una tradición cultural y musical de muchos lustros donde la lírica forma parte de su propia historia y la de toda Asturias, con una temporada de ópera estable desde 1948, siendo la segunda más antigua de España, más la no siempre querida zarzuela que este año alcanza sus bodas de plata en el llamado Festival de Teatro Lírico Español, de nuevo con solo dos únicas funciones pero manteniendo con el titular madrileño la única oferta permanente de nuestro género por excelencia. Por todo ello es lógico pensar que la afición al canto haya surgido de forma espontánea en nuestra tierra, se hayan formado cantantes que estamos exportando a coliseos no solo europeos sino sudamericanos y hasta orientales, siendo consecuencia de ello que también figuremos como objetivo no ya en la programación, igualmente necesario, sino también en la formación, esa que nunca finaliza.
La Castalia apuesta por formar nuevas voces en unos cursos que sigo hace años, y sus conciertos finales suponen no ya la prueba de fuego necesaria para todo cantante sino el escaparate donde ofrecerse para proyectos de todo tipo. Su directora artística y profesora Begoña García-Tamargo hizo una defensa de nuestras voces, pidiendo les den más peso en los repartos, así como una encendida apuesta por la zarzuela en Oviedo, plenamente exportable y poco defendida sin entrar en detalles ni responsabilidades, que haberlas haylas.

Este nuevo curso traía diez voces variadas con dominio de las mujeres, sobre todo sopranos (cinco), casi todas conocidas y disfrutando de un repertorio que siguen aumentando “hecho a medida” por y para cada una de las voces, todas distintas e igual de sacrificadas, eligiendo 23 páginas, todas ellas con el maestro Manuel Burgueras al piano, esfuerzo titánico también para él y seguro para todos por confianza y dominio de este repertorio con arias de óperas barrocas, belcantistas, Mozart siempre necesario y hasta contemporáneas junto a varias canciones llamadas de concierto en distintos idiomas igualmente necesarios para una educación permanente donde los avances mostrados por muchas de ellas desde el verano pasado o el anterior curso de noviembre, se notaron muchísimo.
Alumnado muy aplicado de distinto nivel inicial que trajeron como examen final un variado programa para un público que volvió a dejar pequeño el Palacio de los Condes de Toreno. Con leves cambios en el orden de intervención o de las obras, iré desgranando con leves comentarios y fotos de estas voces que ya comienzan a sonar fuera de nuestra tierra.

La mezzo María Heres está asentándose en un repertorio barroco que le va bien y abriendo velada con el aria Ombra fedele anch’io de “Idaspe” (R. Broschi) continuando el barítono Ricardo Barrul con Avant de quitter ces lieux de “Fausto” (Gounod) antes de retomar el orden que figuraba, casi aperitivos de sus posteriores intervenciones, pues Heres volvería avanzado el concierto con Vivaldi y Agitata de’ venti dall’onte de “Armida” y casi al final su incursión con el Rossini de “L’italiana in Algeri” y su Cruda sorte que le va muy bien por color, registro, agilidades ya trabajadas con el barroco, ampliando épocas siempre bien orientada.

El turolense Barrul sería quien cerraría velada con Mein Sehnen mein Währen de “Die tote Staadt” (E. W. Korngold) de voz que va tomando cuerpo en dos repertorios tan distintos como el romanticismo francés y el expresionismo alemán, mostrándose cómodo en ambos, notando clara mejoría desde su anterior visita.

De voz joven y capacidades por descubrir pero con un salto de calidad desde mi anterior escucha, la soprano mexicana Janet Zúñiga comenzó con Ridente la calma (Mozart) y Tornami a vagheggiar de “Alcina” (Händel), asentándose con desparpajo, afrontando agilidades sin miedo demostrando una capacidad de trabajo digna de elogio, ganas de aprender y avanzar que debemos aplaudir.

El barítono Pedro La Villa necesita soltarse físicamente, pues además de cantar se debe interpretar, escenificar, y Deh, vieni alla finestra del “Don Giovanni” mozartiano fue muestra de ello, no transmitió esa ronda a la amada, como tampoco el dolor de Finzi y la bellísima canción con texto de Shakespeare Come, away, come away, death, puede con ellas pero el siguiente paso es sentirlas, interiorizarlas y transmitirlas. Voz tiene para eso y más.

Tengo un cariño especial al Tríptico de canciones de Jesús García Leoz que tantas voces han llevado al disco y los escenarios, verdadera marca española para voz y piano que Burgueras siempre ha bordado y la soprano Canela García interpretó vocalmente faltando ese plus de vivenciarlas. Hasta los títulos son inspiradores, Por el aire van pide suspirarlo, De Cádiz a Gibraltar pasando por el puerto de Málaga invita al taconeo y A la flor, a la pitiflor unas olivas con picardía y salero.

Jugando con colores vocales dentro del recital prosiguió la mezzo Nerea González con dos páginas italianas que dominó sin problemas de extensión, expresión, idioma o sentimiento: Confusa smarrita de “Catone” (Pergolesi) y O notte, o Dea del misterio (N. Piccini), voz con aplomo y un registro grave que promete por color y emisión. Tomo nota para seguirla pues era “nueva en mi memoria”.

El nivel iba aumentando y llegó el turno de la soprano ferrolana Carla Romalde (1993) con una de las arias más bellas y difíciles del belcantismo, Eccomi in lieta vesta… Oh quante volte de “I Capuleti e i Montecchi” (Bellini), emoción y gusto en una paleta amplia, generosa, con agudos naturales y desenvoltura expresiva que el piano de Burgueras aún le sumó enteros, demostrando que la formación no acaba y los repertorios crecen con el trabajo bien enfocado.

El tenor asturiano Adrián Begega optó por dos de las nueve “Songs of Travel” de Vaughan Willliams, Let Beauty awake y The roadside fire, bien cantadas aunque suenan mejor en otros registros y faltas de la emoción que sí tuvo con Lalo y el aria de “Le roi D’Ys” Puisqu’on ne peut fléchir… estando cómodo en ambos idiomas y con un color personal que sigue moldeando.

A la soprano Nora Chena puedo incluirla en la terna de “sopranos de otra liga” (con la ya comentada Romalde y Arvizu que será la siguiente) en cuanto al nivel y repertorio trabajado así como unas tablas que el tiempo y la experiencia suman a su favor. La vitoriana también escuchada en verano cantó el aria de Asapassia Nel grave tormento de “Mitridate re di Ponto” (Mozart) corroborando la engañosa facilidad de estas arias, agradecidas de escuchar y un tormento de trabajo que la soprano solventó con profesionalidad, y Goizeko eguzkiargiak (Los cielos me darán la luz) de “Mirentxu” (Guridi) que parecen ser exclusiva de quienes dominan el euskera como la propia soprano, aunque las melodías de su paisano siguen siendo universales.

Punto y aparte merece la abogada y soprano pamplonesa Inés de Arvizu que nos dejó tres muestras de su capacidad, técnica sobrada para una voz que se muestra cómoda en partituras tan distintas como las que remató más que preparar en este curso, dada la dificultad de todas: Ach, ich fül’s, es ist verschwunden, la Pamina de “La flauta mágica” (Mozart), Come, now a roundel de “Sueño de una noche de verano” (Britten) y Piangerò la sorte mia de “Giulio Cesare” (Händel), tal vez buscando probar y acertar en la elección donde las sensaciones son siempre muy personales. Impecable en las tres me decanto por el inglés sentido y poco agradecido para tanta belleza condensada en esa página con un piano orquestal y la voz entendidos como un todo.

De nuevo mis felicitaciones a La Castalia por seguir formando y enseñando valores líricos, así como a estas voces cuya pasión por el canto espero les permita vivir haciendo lo que más les gusta y poder disfrutar con ellas. No hay mayor satisfacción que encontrarse con los años figuras a las que vimos arrancar y formarse triunfando ya por el mundo.

No hay dos sin tres

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Viernes 17 de noviembre, 20:00 horas. Teatro Campoamor, LXX Temporada de Ópera: “Viernes de ópera” L’elisir d’amore (Donizetti). Producción de la Deutsche Oper am Rhein. Reparto: Sara Blanch (Adina), Pablo García-López (Nemorino), Michael Borth (Belcore), Pablo López (El doctor Dulcamara), Marta Ubieta (Giannetta). Coro de la Ópera de Oviedo (Elena Mitrevska, dirección del coro), Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA), Óliver Díaz (dirección musical).

Viernes de fiesta con un reparto joven para otro elixir que resultó mágico de nuevo pese a ser el tercero que llevo, grandeza de la ópera, de la música y de todo arte en vivo, con sorpresa en el cambio a última hora del otro catalán Nemorino Marc Sala por el cordobés Pablo García-López, mi admirado tenor que volvía a darlo todo en Oviedo.

Salvo Giannetta Ubieta que tendría “su cuarto parto”, el cuarteto protagonista era nuevo y sin nada que envidiar al primer reparto, muchísimo más equilibrado en conjunto con un coro nuevamente excelente, seguro, llenando literalmente la escena y plenamente rodado, sumándole una OSPA aterciopelada tocada por la varita mágica del asturiano Óliver Díaz que nuevamente meció la escena, ayudando a los cantantes, respetando las dinámicas pero sobre todo imprimiendo ese carácter propio ideal para este juguete de Donizetti donde los momentos jocosos se alternan con recogimiento en la dualidad razón y corazón reflejada en el discurrir musical de este elisir maduramente juvenil.

La escenografía, luces, vestuario, creo que están suficientemente comentadas en las dos entradas anteriores, más esta vez desde una posición en plantea envidiable a la que sumar las fotos que intentan acercar esta producción a quienes no hayan asistido pues ya me encargué personalmente de “tripetir” como en 5º de carrera, aunque en la Web de la Ópera de Oviedo las hay mucho mejores.

Este “viernes de ópera” registró una excelente entrada, siendo el público más agradecido con los cantantes y aplaudiendo en números obviados en otras funciones, también con algunos melómanos y críticos bisando función para escuchar nuevas voces en la temporada ovetense, un elenco del que quiero comenzar por mis dos tocayos.

El Nemorino cordobés Pablo García-López resultó para muchos una sorpresa en esta vuelta al Campoamor tres años después, más si supiesen que tan solo pudo hacer la segunda parte del ensayo general, que defendió su rol haciéndolo propio de cabo a rabo, con ese color de voz ideal para el joven idiota por enamorado aunque noble de sentimiento, alocado por la edad, lleno de matices y ánimos de tenor bien enfocado en sus papeles, haciéndose querer por todos dentro y fuera de la escena, empaste ideal con el resto del reparto, amoldándose en cada intervención a los paternaires, pero también gozando de sus arias como la siempre esperada furtiva lágrima que cantó con aplomo, gusto, naturalidad y sello personal muy aplaudido.

Y excelente el mallorquín Pablo López, un doctor Dulcamara más joven que Corbelli, de baleares colores dorados en vez de violetas italianos pero sobre todo con voz rotunda, profundidad y agilidades limpias (ahora lo llaman bajo barítono) necesarias para hacer más creíble aún al charlatán vendedor de remedios para todo, coctelero de moda en esta boda que como sus compañeros mostrará las dos caras del personaje, embaucador y pícaro aunque de corazón noble, compartiendo con Adina momentos de excelencia escénica vocal y actoralmente, sobre todo en la barcaruola a due voci  genialmente cantada por ambos con verdadera ventriloquía causando risas sinceras.

Llego a la debutante Adina de Sara Blanch, una soprano tarraconense que metió al público en el bolsillo por presencia física y vocal más que suficiente, registros homogéneos difíciles de encontrar en voces jóvenes, dinámicas generosas unidas a un color brillante perfilaron a la caprichosa Adina jugando con todos, dúos, concertantes y arias pugnando en entrega con sus compañeros. Si de Nemorino destacaba empaste, sus dúos con él fueron bellos y cantados con musicalidad bajo el ropaje  y magia de la “varita” de Óliver Díaz con la OSPA, llevando al final feliz en todos los sentidos.

Completó el Sargento alemán Michael Borth un cuarteto protagonista con solvencia, presencia, limpieza vocal y seguridad, vestido de suboficial marinero impoluto como sus intervenciones, escalafón militar superior vocalmente al “titular” americano Parks, resolutivo por su papel con oficio y musicalidad, dando al elenco joven un equilibrio y homogeneidad digna de primera función.

Tengo que volver a citar al coro que dirige Elena Mitrevska por su profesionalidad, exigencias presenciales no ya vocales sino escénicas, llenando de colorido y acción una boda con tantos invitados, aún más reflejados en los espejos de la caja, movimientos complicados que en esta cuarta representación encajaron perfectamente con la figuración cantando con volumen y dicción perfectos. Y mención especial a las chicas que junto a la soprano bilbaína Marta Ubieta nos dejaron esos momentos hilarantes de contracciones en espera del parto, el “acoso” al Nemorino heredero de su tío o el secreto compartido rápidamente desde los “celulares” con guiño actual que este elixir soporta como pocos. Bravo por el coro.

Una verdadera fiesta de color y luz que pude disfrutar desde tres butacas distintas con dos repartos de un título que nunca defrauda, por el que seguirán apostando todos los grandes teatros, contando en Oviedo con el mago Díaz al frente de esta fiesta lírica y ayudando a elevar los niveles de calidad.

La ópera de Oviedo ha sabido a lo largo de estos años dar oportunidades a nuevas voces que terminarán apareciendo en los primeros repartos además de asegurar posibles bajas (lo que se llama “cover”), y ofrecer cada temporada obras de siempre junto a títulos menos transitados, abriendo la capital a nuevos públicos de dentro y fuera de Asturias para apostar por la cultura como seña de identidad en esta “Viena del norte” además de un destino turístico como pocos.

P. D.: Dejo a continuación el reportaje de La Nueva España sobre el segundo reparto:

Elixir mágico

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Jueves 16 de noviembre, 20:00 horas. Teatro Campoamor, LXX Temporada de Ópera: L’elisir d’amore (Donizetti), tercera función. Entrada último minuto: 15 €, anfiteatro lateral.

Quienes me conocen e incluso me leen, también saben de mi afición por las terceras funciones en Oviedo, pasadas las tensiones del estreno y ya rodada la función sin la “relajación” que pueda suponer la última, por lo que repetía título en mi preferida volviendo a confirmarse que la ópera es verdadero elisir, magia capaz de enamorar cada vez porque no hay dos iguales, porque hay otra ubicación, porque nuestros estados de ánimo son diferentes como el de los intérpretes y así múltiples razones para no ser tildado de friki, obsesivo o directamente loco por la música.
Si el domingo acudíamos a una boda, este jueves disfruté como una luna de miel porque pude recrearme en otros detalles, olvidarme de los sobretítulos (en mi juventud no existían), perderme parte de la escena como el juego de espejos o el fondo del escenario, pero centrarme en la música siempre al servicio de la palabra por parte de todos en una ópera cómica como pocas y bien entendida en esta producción alemana.

Es cierto, como comentaba con algún aficionado al filo de las once de la noche, que nuevamente todo funcionó mejor tras el descanso, puede que por efecto de este elisir resultando más que vino francés sidra asturiana que hasta se escanció, aunque Borgoña o Bourdeos puedan tener más historia, y siempre chispeante con los momentos típicos, que no fases de la borrachera, de ese punto de “alegría” sin caer en la embriaguez: soltar la emoción, perder los miedos, vuelta a la cruda realidad y un final feliz, tal y como Donizetti entiende esta comedia no exenta de pasajes hondos bien entendidos por parte de todos con cánticos regionales convertidos en morcillas tipo “tócala de nuevo Sam” o tararear el inicio de la marcha nupcial de Wagner.
La OSPA con el maestro Óliver Díaz de responsable musical total, volvió a ser el ropaje perfecto de la acción, calidad y cercanía en todas las secciones, aires ayudando y presencia equilibrada sin perder matices, con el coro titular más centrado en todo, a tiempo, afinados, de dinámicas variadas, feliz complemento sobre las tablas con las chicas verdaderas actrices “secundarias” completando una puesta en escena almodovariana en cuanto a luz, color, vestuario y argumento (las contracciones del parto en plena boda) sin perder calidad en el canto con la novia Giannetta Ubieta más protagonista de lo esperado porque además de su omnipresencia cómica poniendo el toque casi hilarante, unió la excelencia en su línea de canto, fórmula ideal para triunfar con un par de intervenciones vocales en un auténtico regalo escénico.

El Sargento Parks o Edward Belcore si se me permite el juego de palabras, volvió a ser el personaje inmenso por presencia pero esperando mejoría en sus agilidades. Tiene volumen y tablas, color vocal bueno y no hablemos de un registro amplio pero no es un barítono con el perfil deseado o al menos falta redondearlo, esperando más limpieza de emisión aunque todo acabe compensándose por disfrutarlo desde una visión global, luminosa y festiva de este Elisir.
El doctor Corbelli volvió a servir las mejores compuestas de la noche, el barman Dulcamara jocoso, brillante experiencia capaz de cantar esos trabalenguas con esdrújulas, armar unos tríos donde su voz empasta con todas, y hasta enamorar con Adina abriéndonos los ojos a la seducción del corazón sobre la mente con otra barcaruola simpatiquísima. Recordaré al maestro Alessandro como el perfecto equilibrio anímico sin renunciar a la palabra musicada de todo bufo con alma sensible, augusto más que clown.

De Nemorino Bros nuevamente mi total rendición a su entrega total, toda una gama de buen hacer y gusto llenando escena en pleno jolgorio con Quanto è bella… o la plenitud de la soledad de Una furtiva lagrima nuevamente emocionante, recreada, luminosa en la penumbra y arrullado por una orquesta a su servicio, sin bisar pero merecido. Sus dúos con Adina además de complicidad y musicalidad extrema nos dejaron una línea de canto bien entendida y sentida por ambos.

Dejo para el final a mi querida Beatriz Díaz, la Adina por antonomasia y con un Nemorino creíble, la soprano asturiana en plena madurez vocal y física para hacer suyo un rol muy complicado vocalmente pero cantado con esa facilidad aparente al alcance de muy pocas voces, aplomo, seguridad en todos los registros pero siempre volcada en comunicar todos los estados de ánimo de su personaje con una paleta de matices aún mayor que el colorido vestuario de las damas invitadas a esta boda de Giannetta.

El belcanto así se debe entender, comunicar todo con la voz y transmitir tantas y distintas situaciones en poco tiempo: coqueteos, preocupaciones, celos, compasión, maquinaciones, enfados, mentiras y finalmente triunfando el amor sin engaños líquidos con total entrega vocal. Cada escena sola, en dúos, concertantes o tutti, nuestra Adina allerana volvió a demostrar que es muy grande y capaz de acallar todo un teatro con unos pianísimos bien respetados desde el foso y lucirse en un agudo sobre la masa sonora final, omnipresente con todos los matices y una técnica envidiable.
Para los que la disfrutamos en Don Pasquale hace ya cuatro años, era normal que con este elixir volviese a enamorar a sus paisanos y todo el que se acercase estos días al Campoamor. Ahora me toca esperar su debut mozartiano en Málaga, que prometo si nada lo impide, contar desde aquí.

Del resto podría remitirme a lo escrito el domingo de madrugada recién llegado a la aldea. De lo nuevo para este viernes con el llamado reparto joven, habrá que esperar al sabato pomerigio

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