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Cimientos musicales solidarios

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Viernes 2 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto SolidarioDía mundial del Cáncer”. Lola Casariego (soprano), Francisco J. Sánchez (tenor), Gianpaolo Vadurro (piano), Coro y Orquesta de la Universidad de Oviedo, Coro “Bloque al canto” del Colegio de Aparejadores de Asturias, Pedro Ordieres y Joaquín Valdeón (directores). Donativo: 15 €.

No solo en tiempos de crisis, aunque parezcan peores, es habitual encontrarnos con actos solidarios para recaudar fondos destinados a todo tipo de necesidades. La música siempre mueve públicos de todo tipo y la lucha contra el cáncer también, pues rara es la familia que no ha tenido cerca esta enfermedad contra la que seguir luchando, más ahora que ha dejado de ser sinónimo de muerte aunque siga sumiéndonos en tristeza o pesimismo, algo contra lo que la AECC lleva décadas trabajando. Su Junta Provincial en Asturias trajo este primer viernes de febrero la música para celebrar el “Día mundial del Cáncer” en el Auditorio de Oviedo como recordó en la presentación mi querido amigo el televisivo Laude Martínez, esa lucha sin bajar la guardia que podemos hacer extensivo a la música no ya como terapia contra todo dolor sino también como perfecta herramienta solidaria en este edificio nacido para ella donde también se han celebrado congresos, exposiciones y todo tipo de eventos no siempre solidarios, cuestionándose ahora la seguridad después de veinte años.

Agradecer las colaboraciones de la Universidad de Oviedo, del Ayuntamiento o de El Corte Inglés para adquirir las invitaciones incluso de fila cero para ayudar a mantener la batalla contra el cáncer, porque investigar cuesta dinero al igual que estudiar música, algo imposible en nuestro país hace años pero que tristemente vuelve a descuidarse en los presupuestos, por lo que el donativo de 15 euros sabe a poco para esta causa donde se nos ofreció un concierto con artistas de casa y solidarios, como la profesión o afición que han elegido, cuyo arduo trabajo, casi siempre invisible, no tiene más recompensa que el aplauso. Y celebraciones siempre con la música, también asturiana solidaria y desde el corazón de todos.

De los intérpretes quiero comenzar citando a la soprano ovetense Lola Casariego, cuya trayectoria sigo desde finales de los 80 (conservo tres casetes grabadas desde la tele con el Acis y Galatea de Literes) cuando dio el salto desde la cuerda de segundas del Coro Universitario, hoy también presente, para comenzar una carrera de fondo dura e imparable, donde ha tenido que redescubrirse hasta llegar a este 2018 plenamente asentada con un trabajo para el que no hay vacaciones ni todos los contratos deseados. Con ella nuestro “hijo adoptado” más que adoptivo Francisco J. Sánchez, un habitual del Festival Lírico del Campoamor donde hemos podido disfrutarle como tenor (no me gusta la etiqueta de actor cantante porque todos los cantantes deben actuar y los actores cantar…) en títulos como La Marchenera, El Terrible Pérez (2016) y especialmente el Maharajá (2017) cuyo escanciado y asturianía (amén del “puto yoga”) le valió mi bautizo como ATA (Adoptado Tenor Asturiano) al querido Paco que sigue ganando repertorio y color vocal.

A esta pareja de solistas le tocó abrir concierto, cimentar una velada para todos los públicos y gustos
con acompañamiento de piano, alternando soprano y tenor obras variadas desde la canción de concierto a la ópera pasando por la zarzuela hasta la opereta, que paso a desgranar.
La bella página A Chloris de Reynaldo Hahn no puede faltar en un recital de Lola porque la hace suya, aperitivo ideal antes de Le violette (Alessandro Scarlatti), “canzonetta” o aria antigua de la ópera “Pirro e Demetrio”, habitualmente interpretada por soprano pero válida para cualquier voz con Paco defendiéndola con solvencia, ampliando repertorio y registros, de agilidades bien resueltas y proyección suficiente.
El aria Ecco l’orrido campo de “Un ballo in maschera” (Verdi) pienso que no fue buena elección entre el amplio repertorio operístico que la ovetense tiene, más por color que tesitura esta Amelia, incómoda igualmente, y con un piano inseguro que no la ayudó finalizando el “Miserere” calada. De la conocida Jota de Falla por parte del tenor madrileño podría comentar lo mismo, el pianista venezolano perdido en el acompañamiento (el único original de la velada), supongo que por no tratarse de la versión aguda (soprano o tenor) sino de mezzo / barítono, registro más grave que no proyecta como un tenor aunque “la despedida” fuese auténtica haciendo mutis por la puerta lateral.

Mucho mejor las siguientes apariciones por parte de los tres, la Santuzza de “Cavalleria rusticana” (Mascagni) parece compuesta para Lola Casariego que mantiene el color y dominio grave de mezzo con las agilidades de este rol, por lo que el aria Voi lo sapete, o mamma brilló con el dramatismo requerido al que Vadurro también colaboró. Y Francisco J. Sánchez sí pudo ser el Leandro de mi tocayo Sorozábal cuya zarzuela “La tabernera del puerto” volveremos a disfrutar en junio para cerrar las bodas de plata del Festival Lírico ovetense. La romanza No puede ser es tan exigente o más que muchas arias operísticas, Paco la lleva en la sangre y el trabajo en la dirección correcta le ha permitido cantarla cómodo, fiel a la partitura sin respiración alguna en el final, afinado y convincente sin buscar excesos que pueden ser tan perjudiciales como el tabaco. Zarzuela de nuestra historia y tradición con páginas imperecederas, bien sentida por Lola que brilló en Sierras de Granada de “La tempranica” (Giménez), demostrando rigor, honestidad y entrega máxima, luciendo ambos una virtud que parece perderse muy a menudo como es la exquisita vocalización de cada romanza.

Y qué mejor que el dúo de “La Dolorosa” (Serrano) para reivindicar nuestro género, papeles de Dolores y Rafael perfectamente dramatizados en escena con el piano en reducción orquestal, intimismo y emoción para lograr transmitirla a un público ya entregado a esta pareja.

Todos deberíamos presumir de nuestra música, genuinamente española y llamar a la opereta “la zarzuela vienesa”, pues eso es entre otras “La viuda alegre” (Lehar) cuyo conocidísimo dúo Lippen Schweigen por parte de Paco y Lola (con piano) ni siquiera necesitó cava o sidra champanada para imaginar y compartir desde nuestras butacas el ambiente de salón en escena, elegancia, saber estar y final ideal para esta primera parte.

La segunda parte sería universitaria con refuerzo de aparejadores para finalizar un edificio solidario y sentido, primero la Orquesta Universitaria que continúa formación y ensamblaje en este su primer curso académico con Pedro Ordieres al frente, y tras su presentación navideña con Händel más los asturianos Ordás y Martínez, tocaba retomar pulso con el siempre festivo Haydn en este primer viernes preparando Carnaval y Cuaresma, lo profano y lo religioso conviviendo como la propia vida y la música, para seguir engrasando, empastando, completando sonoridades y entendimiento. “Junior”, como llamo cariñosamente a Pedro, hijo menor de Alfonso Ordieres Rivero que fundase esta orquesta en 1979, pionera entonces (y de momento el último de la saga), conoce este repertorio desde crío, así que elegir la última sinfonía de Papá Haydn, la número 104 en re mayor, no es casual. Sus cuatro movimientos bien diferenciados permiten trabajar cada sección para ir armando esta construcción musical, verdadero edificio sinfónico al que generaciones posteriores siempre han mirado, compositores y formaciones, así que la dirección de los universitarios es correcta, de menos a más con detalles que incluso las orquestas profesionales tampoco solventan satisfactoriamente, quedándome con el “Finale Spiritoso” como meta y objetivo por otra parte lógico y literal como la indicación del aire. No se puede pedir más en menos tiempo.

Y tenía especial interés en volver a escuchar el Stabat Mater Speciosa de Gabriel Ordás (Oviedo, 1999) estrenado en la Catedral el pasado 18 de diciembre contado por mí desde las mismas páginas de La Nueva España que también publican la crónica de este, y que en el blog dejé entonces idéntica para publicarla después que la prensa, aunque esta vez quise alargarme mucho más con la libertad de no limitarme espacio y poder añadir vínculos (links) que siempre enriquecen.

Sumando esfuerzos y sonoridades a la Orquesta Universitaria llegaría el relevo en el podio con Joaquín Valdeón y “sus” dos coros, el Universitario más el de Aparejadores, Bloque al canto cual metáfora musical para un concierto construido con los mejores materiales para crecer en altura, disfrutando nuevamente del Stabat Mater de Ordás. Volver a recordar su edad ¡18 años! pero de una hondura diría fuera de esta época, atemporal y nada casual, fruto de una formación humanística sumada a un talento innato acrecentado por un inspirador trabajo incansable con todos los apoyos familiares y profesionales. Cada obra es admirable y su capacidad compositiva envidiable, esperando volver a escuchar otro estreno este mes con la OSPA (el 22 en Avilés y el 23 en Oviedo con Milanov dirigiendo Onírico). Stabat Mater Speciosa, imagen de la Virgen no dolorosa con su hijo muerto sino con el Niño triunfante y dulce, como sonó de nuevo con un coro reforzado y una orquesta un poco corta en plantilla pero dando su dimensión real, auditorio mejor que catedral con trampa y cartón acústicos por engañosos al oido, esta vez en el espacio pensado para la música, ya trabajado e interiorizándose aún más por parte de todos, con mayores dinámicas plenamente asentadas donde se agradeció el aumento vocal aunque se pierda color, y necesitando más efectivos de cuerda para una plantilla con amplia percusión más órgano, que pese a ello consiguió los balances ideales para unas melodías bien construidas capaces de emocionar cantando en latín.

La vida sigue dándonos regalos, cada día uno, con belleza, calidez, esperanza, solidaridad, esta vez contra el cáncer pero que nunca nos falte, seguir luchando sin desfallecer, sin bajar la guardia, sea en cualquier faceta, con la música como la mejor terapia y motor vital, el mismo ímpetu juvenil que el de este primer viernes de febrero.

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Siempre progresando

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Lunes 29 de enero, 20:00 horas. RIDEA, Oviedo: La Castalia, Concierto de Clausura Curso de Repertorio Vocal. Manuel Burgueras (piano), Begoña García-Tamargo (directora artística y profesora de canto). Inés de Arvizu, Nora Chena, Canela García, Carla Romalde y Janeth Zúñiga (sopranos), Nerea González, María Heres (mezzosopranos), Adrián Begega (tenor), Ricardo Barrul, Pedro La Villa (barítonos).

Oviedo sigue manteniendo, a pesar de los recortes económicos, una tradición cultural y musical de muchos lustros donde la lírica forma parte de su propia historia y la de toda Asturias, con una temporada de ópera estable desde 1948, siendo la segunda más antigua de España, más la no siempre querida zarzuela que este año alcanza sus bodas de plata en el llamado Festival de Teatro Lírico Español, de nuevo con solo dos únicas funciones pero manteniendo con el titular madrileño la única oferta permanente de nuestro género por excelencia. Por todo ello es lógico pensar que la afición al canto haya surgido de forma espontánea en nuestra tierra, se hayan formado cantantes que estamos exportando a coliseos no solo europeos sino sudamericanos y hasta orientales, siendo consecuencia de ello que también figuremos como objetivo no ya en la programación, igualmente necesario, sino también en la formación, esa que nunca finaliza.
La Castalia apuesta por formar nuevas voces en unos cursos que sigo hace años, y sus conciertos finales suponen no ya la prueba de fuego necesaria para todo cantante sino el escaparate donde ofrecerse para proyectos de todo tipo. Su directora artística y profesora Begoña García-Tamargo hizo una defensa de nuestras voces, pidiendo les den más peso en los repartos, así como una encendida apuesta por la zarzuela en Oviedo, plenamente exportable y poco defendida sin entrar en detalles ni responsabilidades, que haberlas haylas.

Este nuevo curso traía diez voces variadas con dominio de las mujeres, sobre todo sopranos (cinco), casi todas conocidas y disfrutando de un repertorio que siguen aumentando “hecho a medida” por y para cada una de las voces, todas distintas e igual de sacrificadas, eligiendo 23 páginas, todas ellas con el maestro Manuel Burgueras al piano, esfuerzo titánico también para él y seguro para todos por confianza y dominio de este repertorio con arias de óperas barrocas, belcantistas, Mozart siempre necesario y hasta contemporáneas junto a varias canciones llamadas de concierto en distintos idiomas igualmente necesarios para una educación permanente donde los avances mostrados por muchas de ellas desde el verano pasado o el anterior curso de noviembre, se notaron muchísimo.
Alumnado muy aplicado de distinto nivel inicial que trajeron como examen final un variado programa para un público que volvió a dejar pequeño el Palacio de los Condes de Toreno. Con leves cambios en el orden de intervención o de las obras, iré desgranando con leves comentarios y fotos de estas voces que ya comienzan a sonar fuera de nuestra tierra.

La mezzo María Heres está asentándose en un repertorio barroco que le va bien y abriendo velada con el aria Ombra fedele anch’io de “Idaspe” (R. Broschi) continuando el barítono Ricardo Barrul con Avant de quitter ces lieux de “Fausto” (Gounod) antes de retomar el orden que figuraba, casi aperitivos de sus posteriores intervenciones, pues Heres volvería avanzado el concierto con Vivaldi y Agitata de’ venti dall’onte de “Armida” y casi al final su incursión con el Rossini de “L’italiana in Algeri” y su Cruda sorte que le va muy bien por color, registro, agilidades ya trabajadas con el barroco, ampliando épocas siempre bien orientada.

El turolense Barrul sería quien cerraría velada con Mein Sehnen mein Währen de “Die tote Staadt” (E. W. Korngold) de voz que va tomando cuerpo en dos repertorios tan distintos como el romanticismo francés y el expresionismo alemán, mostrándose cómodo en ambos, notando clara mejoría desde su anterior visita.

De voz joven y capacidades por descubrir pero con un salto de calidad desde mi anterior escucha, la soprano mexicana Janet Zúñiga comenzó con Ridente la calma (Mozart) y Tornami a vagheggiar de “Alcina” (Händel), asentándose con desparpajo, afrontando agilidades sin miedo demostrando una capacidad de trabajo digna de elogio, ganas de aprender y avanzar que debemos aplaudir.

El barítono Pedro La Villa necesita soltarse físicamente, pues además de cantar se debe interpretar, escenificar, y Deh, vieni alla finestra del “Don Giovanni” mozartiano fue muestra de ello, no transmitió esa ronda a la amada, como tampoco el dolor de Finzi y la bellísima canción con texto de Shakespeare Come, away, come away, death, puede con ellas pero el siguiente paso es sentirlas, interiorizarlas y transmitirlas. Voz tiene para eso y más.

Tengo un cariño especial al Tríptico de canciones de Jesús García Leoz que tantas voces han llevado al disco y los escenarios, verdadera marca española para voz y piano que Burgueras siempre ha bordado y la soprano Canela García interpretó vocalmente faltando ese plus de vivenciarlas. Hasta los títulos son inspiradores, Por el aire van pide suspirarlo, De Cádiz a Gibraltar pasando por el puerto de Málaga invita al taconeo y A la flor, a la pitiflor unas olivas con picardía y salero.

Jugando con colores vocales dentro del recital prosiguió la mezzo Nerea González con dos páginas italianas que dominó sin problemas de extensión, expresión, idioma o sentimiento: Confusa smarrita de “Catone” (Pergolesi) y O notte, o Dea del misterio (N. Piccini), voz con aplomo y un registro grave que promete por color y emisión. Tomo nota para seguirla pues era “nueva en mi memoria”.

El nivel iba aumentando y llegó el turno de la soprano ferrolana Carla Romalde (1993) con una de las arias más bellas y difíciles del belcantismo, Eccomi in lieta vesta… Oh quante volte de “I Capuleti e i Montecchi” (Bellini), emoción y gusto en una paleta amplia, generosa, con agudos naturales y desenvoltura expresiva que el piano de Burgueras aún le sumó enteros, demostrando que la formación no acaba y los repertorios crecen con el trabajo bien enfocado.

El tenor asturiano Adrián Begega optó por dos de las nueve “Songs of Travel” de Vaughan Willliams, Let Beauty awake y The roadside fire, bien cantadas aunque suenan mejor en otros registros y faltas de la emoción que sí tuvo con Lalo y el aria de “Le roi D’Ys” Puisqu’on ne peut fléchir… estando cómodo en ambos idiomas y con un color personal que sigue moldeando.

A la soprano Nora Chena puedo incluirla en la terna de “sopranos de otra liga” (con la ya comentada Romalde y Arvizu que será la siguiente) en cuanto al nivel y repertorio trabajado así como unas tablas que el tiempo y la experiencia suman a su favor. La vitoriana también escuchada en verano cantó el aria de Asapassia Nel grave tormento de “Mitridate re di Ponto” (Mozart) corroborando la engañosa facilidad de estas arias, agradecidas de escuchar y un tormento de trabajo que la soprano solventó con profesionalidad, y Goizeko eguzkiargiak (Los cielos me darán la luz) de “Mirentxu” (Guridi) que parecen ser exclusiva de quienes dominan el euskera como la propia soprano, aunque las melodías de su paisano siguen siendo universales.

Punto y aparte merece la abogada y soprano pamplonesa Inés de Arvizu que nos dejó tres muestras de su capacidad, técnica sobrada para una voz que se muestra cómoda en partituras tan distintas como las que remató más que preparar en este curso, dada la dificultad de todas: Ach, ich fül’s, es ist verschwunden, la Pamina de “La flauta mágica” (Mozart), Come, now a roundel de “Sueño de una noche de verano” (Britten) y Piangerò la sorte mia de “Giulio Cesare” (Händel), tal vez buscando probar y acertar en la elección donde las sensaciones son siempre muy personales. Impecable en las tres me decanto por el inglés sentido y poco agradecido para tanta belleza condensada en esa página con un piano orquestal y la voz entendidos como un todo.

De nuevo mis felicitaciones a La Castalia por seguir formando y enseñando valores líricos, así como a estas voces cuya pasión por el canto espero les permita vivir haciendo lo que más les gusta y poder disfrutar con ellas. No hay mayor satisfacción que encontrarse con los años figuras a las que vimos arrancar y formarse triunfando ya por el mundo.

No hay dos sin tres

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Viernes 17 de noviembre, 20:00 horas. Teatro Campoamor, LXX Temporada de Ópera: “Viernes de ópera” L’elisir d’amore (Donizetti). Producción de la Deutsche Oper am Rhein. Reparto: Sara Blanch (Adina), Pablo García-López (Nemorino), Michael Borth (Belcore), Pablo López (El doctor Dulcamara), Marta Ubieta (Giannetta). Coro de la Ópera de Oviedo (Elena Mitrevska, dirección del coro), Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA), Óliver Díaz (dirección musical).

Viernes de fiesta con un reparto joven para otro elixir que resultó mágico de nuevo pese a ser el tercero que llevo, grandeza de la ópera, de la música y de todo arte en vivo, con sorpresa en el cambio a última hora del otro catalán Nemorino Marc Sala por el cordobés Pablo García-López, mi admirado tenor que volvía a darlo todo en Oviedo.

Salvo Giannetta Ubieta que tendría “su cuarto parto”, el cuarteto protagonista era nuevo y sin nada que envidiar al primer reparto, muchísimo más equilibrado en conjunto con un coro nuevamente excelente, seguro, llenando literalmente la escena y plenamente rodado, sumándole una OSPA aterciopelada tocada por la varita mágica del asturiano Óliver Díaz que nuevamente meció la escena, ayudando a los cantantes, respetando las dinámicas pero sobre todo imprimiendo ese carácter propio ideal para este juguete de Donizetti donde los momentos jocosos se alternan con recogimiento en la dualidad razón y corazón reflejada en el discurrir musical de este elisir maduramente juvenil.

La escenografía, luces, vestuario, creo que están suficientemente comentadas en las dos entradas anteriores, más esta vez desde una posición en plantea envidiable a la que sumar las fotos que intentan acercar esta producción a quienes no hayan asistido pues ya me encargué personalmente de “tripetir” como en 5º de carrera, aunque en la Web de la Ópera de Oviedo las hay mucho mejores.

Este “viernes de ópera” registró una excelente entrada, siendo el público más agradecido con los cantantes y aplaudiendo en números obviados en otras funciones, también con algunos melómanos y críticos bisando función para escuchar nuevas voces en la temporada ovetense, un elenco del que quiero comenzar por mis dos tocayos.

El Nemorino cordobés Pablo García-López resultó para muchos una sorpresa en esta vuelta al Campoamor tres años después, más si supiesen que tan solo pudo hacer la segunda parte del ensayo general, que defendió su rol haciéndolo propio de cabo a rabo, con ese color de voz ideal para el joven idiota por enamorado aunque noble de sentimiento, alocado por la edad, lleno de matices y ánimos de tenor bien enfocado en sus papeles, haciéndose querer por todos dentro y fuera de la escena, empaste ideal con el resto del reparto, amoldándose en cada intervención a los paternaires, pero también gozando de sus arias como la siempre esperada furtiva lágrima que cantó con aplomo, gusto, naturalidad y sello personal muy aplaudido.

Y excelente el mallorquín Pablo López, un doctor Dulcamara más joven que Corbelli, de baleares colores dorados en vez de violetas italianos pero sobre todo con voz rotunda, profundidad y agilidades limpias (ahora lo llaman bajo barítono) necesarias para hacer más creíble aún al charlatán vendedor de remedios para todo, coctelero de moda en esta boda que como sus compañeros mostrará las dos caras del personaje, embaucador y pícaro aunque de corazón noble, compartiendo con Adina momentos de excelencia escénica vocal y actoralmente, sobre todo en la barcaruola a due voci  genialmente cantada por ambos con verdadera ventriloquía causando risas sinceras.

Llego a la debutante Adina de Sara Blanch, una soprano tarraconense que metió al público en el bolsillo por presencia física y vocal más que suficiente, registros homogéneos difíciles de encontrar en voces jóvenes, dinámicas generosas unidas a un color brillante perfilaron a la caprichosa Adina jugando con todos, dúos, concertantes y arias pugnando en entrega con sus compañeros. Si de Nemorino destacaba empaste, sus dúos con él fueron bellos y cantados con musicalidad bajo el ropaje  y magia de la “varita” de Óliver Díaz con la OSPA, llevando al final feliz en todos los sentidos.

Completó el Sargento alemán Michael Borth un cuarteto protagonista con solvencia, presencia, limpieza vocal y seguridad, vestido de suboficial marinero impoluto como sus intervenciones, escalafón militar superior vocalmente al “titular” americano Parks, resolutivo por su papel con oficio y musicalidad, dando al elenco joven un equilibrio y homogeneidad digna de primera función.

Tengo que volver a citar al coro que dirige Elena Mitrevska por su profesionalidad, exigencias presenciales no ya vocales sino escénicas, llenando de colorido y acción una boda con tantos invitados, aún más reflejados en los espejos de la caja, movimientos complicados que en esta cuarta representación encajaron perfectamente con la figuración cantando con volumen y dicción perfectos. Y mención especial a las chicas que junto a la soprano bilbaína Marta Ubieta nos dejaron esos momentos hilarantes de contracciones en espera del parto, el “acoso” al Nemorino heredero de su tío o el secreto compartido rápidamente desde los “celulares” con guiño actual que este elixir soporta como pocos. Bravo por el coro.

Una verdadera fiesta de color y luz que pude disfrutar desde tres butacas distintas con dos repartos de un título que nunca defrauda, por el que seguirán apostando todos los grandes teatros, contando en Oviedo con el mago Díaz al frente de esta fiesta lírica y ayudando a elevar los niveles de calidad.

La ópera de Oviedo ha sabido a lo largo de estos años dar oportunidades a nuevas voces que terminarán apareciendo en los primeros repartos además de asegurar posibles bajas (lo que se llama “cover”), y ofrecer cada temporada obras de siempre junto a títulos menos transitados, abriendo la capital a nuevos públicos de dentro y fuera de Asturias para apostar por la cultura como seña de identidad en esta “Viena del norte” además de un destino turístico como pocos.

P. D.: Dejo a continuación el reportaje de La Nueva España sobre el segundo reparto:

Elixir mágico

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Jueves 16 de noviembre, 20:00 horas. Teatro Campoamor, LXX Temporada de Ópera: L’elisir d’amore (Donizetti), tercera función. Entrada último minuto: 15 €, anfiteatro lateral.

Quienes me conocen e incluso me leen, también saben de mi afición por las terceras funciones en Oviedo, pasadas las tensiones del estreno y ya rodada la función sin la “relajación” que pueda suponer la última, por lo que repetía título en mi preferida volviendo a confirmarse que la ópera es verdadero elisir, magia capaz de enamorar cada vez porque no hay dos iguales, porque hay otra ubicación, porque nuestros estados de ánimo son diferentes como el de los intérpretes y así múltiples razones para no ser tildado de friki, obsesivo o directamente loco por la música.
Si el domingo acudíamos a una boda, este jueves disfruté como una luna de miel porque pude recrearme en otros detalles, olvidarme de los sobretítulos (en mi juventud no existían), perderme parte de la escena como el juego de espejos o el fondo del escenario, pero centrarme en la música siempre al servicio de la palabra por parte de todos en una ópera cómica como pocas y bien entendida en esta producción alemana.

Es cierto, como comentaba con algún aficionado al filo de las once de la noche, que nuevamente todo funcionó mejor tras el descanso, puede que por efecto de este elisir resultando más que vino francés sidra asturiana que hasta se escanció, aunque Borgoña o Bourdeos puedan tener más historia, y siempre chispeante con los momentos típicos, que no fases de la borrachera, de ese punto de “alegría” sin caer en la embriaguez: soltar la emoción, perder los miedos, vuelta a la cruda realidad y un final feliz, tal y como Donizetti entiende esta comedia no exenta de pasajes hondos bien entendidos por parte de todos con cánticos regionales convertidos en morcillas tipo “tócala de nuevo Sam” o tararear el inicio de la marcha nupcial de Wagner.
La OSPA con el maestro Óliver Díaz de responsable musical total, volvió a ser el ropaje perfecto de la acción, calidad y cercanía en todas las secciones, aires ayudando y presencia equilibrada sin perder matices, con el coro titular más centrado en todo, a tiempo, afinados, de dinámicas variadas, feliz complemento sobre las tablas con las chicas verdaderas actrices “secundarias” completando una puesta en escena almodovariana en cuanto a luz, color, vestuario y argumento (las contracciones del parto en plena boda) sin perder calidad en el canto con la novia Giannetta Ubieta más protagonista de lo esperado porque además de su omnipresencia cómica poniendo el toque casi hilarante, unió la excelencia en su línea de canto, fórmula ideal para triunfar con un par de intervenciones vocales en un auténtico regalo escénico.

El Sargento Parks o Edward Belcore si se me permite el juego de palabras, volvió a ser el personaje inmenso por presencia pero esperando mejoría en sus agilidades. Tiene volumen y tablas, color vocal bueno y no hablemos de un registro amplio pero no es un barítono con el perfil deseado o al menos falta redondearlo, esperando más limpieza de emisión aunque todo acabe compensándose por disfrutarlo desde una visión global, luminosa y festiva de este Elisir.
El doctor Corbelli volvió a servir las mejores compuestas de la noche, el barman Dulcamara jocoso, brillante experiencia capaz de cantar esos trabalenguas con esdrújulas, armar unos tríos donde su voz empasta con todas, y hasta enamorar con Adina abriéndonos los ojos a la seducción del corazón sobre la mente con otra barcaruola simpatiquísima. Recordaré al maestro Alessandro como el perfecto equilibrio anímico sin renunciar a la palabra musicada de todo bufo con alma sensible, augusto más que clown.

De Nemorino Bros nuevamente mi total rendición a su entrega total, toda una gama de buen hacer y gusto llenando escena en pleno jolgorio con Quanto è bella… o la plenitud de la soledad de Una furtiva lagrima nuevamente emocionante, recreada, luminosa en la penumbra y arrullado por una orquesta a su servicio, sin bisar pero merecido. Sus dúos con Adina además de complicidad y musicalidad extrema nos dejaron una línea de canto bien entendida y sentida por ambos.

Dejo para el final a mi querida Beatriz Díaz, la Adina por antonomasia y con un Nemorino creíble, la soprano asturiana en plena madurez vocal y física para hacer suyo un rol muy complicado vocalmente pero cantado con esa facilidad aparente al alcance de muy pocas voces, aplomo, seguridad en todos los registros pero siempre volcada en comunicar todos los estados de ánimo de su personaje con una paleta de matices aún mayor que el colorido vestuario de las damas invitadas a esta boda de Giannetta.

El belcanto así se debe entender, comunicar todo con la voz y transmitir tantas y distintas situaciones en poco tiempo: coqueteos, preocupaciones, celos, compasión, maquinaciones, enfados, mentiras y finalmente triunfando el amor sin engaños líquidos con total entrega vocal. Cada escena sola, en dúos, concertantes o tutti, nuestra Adina allerana volvió a demostrar que es muy grande y capaz de acallar todo un teatro con unos pianísimos bien respetados desde el foso y lucirse en un agudo sobre la masa sonora final, omnipresente con todos los matices y una técnica envidiable.
Para los que la disfrutamos en Don Pasquale hace ya cuatro años, era normal que con este elixir volviese a enamorar a sus paisanos y todo el que se acercase estos días al Campoamor. Ahora me toca esperar su debut mozartiano en Málaga, que prometo si nada lo impide, contar desde aquí.

Del resto podría remitirme a lo escrito el domingo de madrugada recién llegado a la aldea. De lo nuevo para este viernes con el llamado reparto joven, habrá que esperar al sabato pomerigio

Boda con elisir

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Domingo 12 de noviembre, 19:00 horas. Teatro Campoamor, LXX Temporada de ÓperaL’elisir d’amore (Donizetti). Producción de la Deutsche Oper am Rhein. Reparto: Beatriz Díaz (Adina), José Bros (Nemorino), Edward Parks (Belcore), Alessandro Corbelli (El doctor Dulcamara), Marta Ubieta (Giannetta).

Dirección de escena: Joan Anton Rechi; diseño de escenografía: Alfons Flores; diseño de vestuario: Sebastian Ellrich; diseño de iluminación: Alfonso Malanda. Coro de la Ópera de Oviedo, Elena Mitrevska (dirección del coro). Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias, Óliver Díaz (dirección musical). Entrada delantera de principal: 110 €.

Tercer título de la temporada con una boda por todo lo alto gracias a la idea de Rechi para una ópera bufa que parece soportar cualquier escena, desde mi primer carbayón en 1973 de bancos y rejas, uno histórico en 1982 año del Mundial, a la llanisca y universitaria de Emilio Sagi y Julio Galán también de los felices 90, o la Commedia dell’Arte en La Fenice de 2010, hoy recordada con varios amigos, pasando por esta sencilla pero resultona boda donde un techo de copas, mesas y sillas con una iluminación excelente que nunca debemos olvidar, sumando el colorido del vestuario en la gama de Calatrava para la T4 de Barajas ayudaron a disfrutar de un elenco vocal de altura, amén de críticos que lo vendiesen antes de escucharlas.

Dos voces de celebración y queridas en Oviedo como José Bros y Beatriz Díaz dieron vida a la pareja protagonista, veinticinco y quince años respectivamente para volver a coincidir este 2017 unidos en esta boda.
El Nemorino del barcelonés ideal en su voz, exigente desde su primera aria y esperando todos la lágrima furtiva, lo más aplaudido, para un rol que como decía Pachi Poncela en la “obertura” recuerda al Jack Lemmon de Wilder buscando paralelismo entre estos dramas cómicos con ese tinte casi trágico. Bella línea de canto, emisión sobrada, gusto en la escena y triunfador como su personaje.
La Adina de la allerana ha ganado en madurez desde la recordada veneciana, capaz de transitar estados de ánimo tan distintos a lo largo de la obra y con unos matices inolvidables en cualquier registro, seguridad en los agudos siempre claros y un grave redondo, jugando con su voz y empastando siempre con los compañeros, uniendo sus excelentes dotes como actriz para recrear este personaje que le va como anillo al dedo en un final feliz de este regreso a casa. Sus parejas fueron un regalo con ella: la altura de Belcore sumando comicidad, la barcarola con el doctor un juego visual de ventriloquía al que se sumó el coro, más el enamorado Bros ideal, una alegría comprobar complicidad y gestos cariñosos que llegan al público.
Dulcamara Corbelli aportó la sabiduría de los años para este charlatán transformado en el barman de moda capaz de vender una compuesta al mismísimo director musical, parlati y canto gastado pero esperado de trabalenguas canoros en un personaje de vuelta en la vida y todavía en activo como el barítono turinés, entregado y cómico con momentos memorables amén de la barcarola más la última y esperada entrada por el patio de butacas con más elisir para el fin de fiesta.
El Sargento Parks fue calentando a medida que avanzaba la trama, aunque su color vocal no sea esmaltado ni homogéneos sus registros, pero acabó como su personaje, bien pero sin triunfar ni enamorar. Y un placer Giannetta Urbieta, simpática novia de parto retrasado y feliz, convincente y sobrada en volúmenes tanto en arias como concertantes, redondeando un elenco muy homogéneo para este Donizetti bufo, donde la figuración estuvo al mismo nivel que los músicos.

Sin ánimo de repertirme, el Coro de la Ópera sigue siendo una garantía de profesionalidad y buen hacer sobre las tablas, yendo un poco a remolque al inicio hasta que fue avanzando la boda, más protagonismo de ellas que de ellos pero todos solventes y sumando positivos a la globalidad.
De la OSPA la seguridad en el foso con solistas de altura como el fagot o la trompa, sonoridad bien llevada por el maestro Óliver Díaz, que debutaba en la ópera ovetense (¡ya era hora!), siempre atento a dinámicas y entendimiento con la escena, algo lenta la primera aria de Belcore ayudando a las agilidades, pero siendo una lástima no tener un clave en vez del piano vertical ¡y desafinado! que hubiese enriquecido la tímbrica de unos recitativos no siempre acertados para preocupación de los solistas.
La producción, como ya comenté, sencilla y adecuada para este melodrama por el que no pasan los años, con buenos movimientos escénicos que ayudaron a la agilidad de la acción y pararla cuando así lo requería el libreto (caso de la famosa lágrima final de Nemorino), y la angustia de unas copas que crearon sensación de fragilidad como la propia relación de la pareja protagonista que termina asentándose y convirtiendo en luces de fiesta un cristal “de pega”, lo único irreal de este elixir que continúa enamorando.

¡Qué padre!

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Viernes 10 de noviembre, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Javier Camarena (tenor), Guadalupe Paz (mezzosoprano), Oviedo Filarmonía, Iván López-Reynoso (director). Arias y dúos de ópera.

La Academia Mexicana de la Lengua define la expresión, derivada del español, padre ‘muy grande’, adjetivo que significa muy bueno, muy bonito, estupendo, admirable (por ejemplo, esa muchacha está padre). Se usa también en aumentativo: padrísimo, padrísima. Personalmente la escuché a nuestra “hija mexicana” tras una ruta asturiana donde no faltó la gastronomía con ese significado de “qué bueno” y así quería titular esta entrada donde mi “México lindo y querido” hermano tuvo todo el protagonismo lírico de este viernes que recordaremos todos los aficionados a la ópera, que en Asturias somos muchos, rendidos ante un espectáculo de buen hacer.

Trío de artistas mejicanos encabezado por el tenor del momento, un Javier Camarena de canto natural y espontáneo en todo lo que hace, pareciendo fácil lo difícil, además de emocionarnos, empatizar, disfrutar de nuestra tierra y desplegar una línea vocal que todavía le dará muchos más éxitos en una carrera a la que no vislumbramos punto final. Con él una mezzo de las que hay pocas en la actualidad como Guadalupe Paz, de registro amplio y homogéneo, bello, carnoso con una musicalidad notable; y el director Iván López-Reynoso que completó una velada irrepetible, sacando de la Oviedo Filarmonía todas sus cualidades demostradas hace tiempo en el foso del Campoamor elevándolas al auditorio, con entendimiento total, tanto en las oberturas como en los dúos y arias de sus compatriotas (algo tiene México para las voces), sonoridades redondas, dinámicas amplias adecuadas a los cantantes, y una plantilla levemente reforzada que redondeó una velada musical de altura hasta las once de la noche.

La primera parte trajo el belcantismo en estado puro donde el xalapeño Camarena es reconocido mundialmente, comenzando con Donizetti y la obertura de su “Anna Bolena” o el Povero Ernesto… Cercherò lontana terra… de “Don Pasquale“, destacando con el trompeta solista, y antes un Bellini igualmente presente en el entregado Romeo È serbato questo acciato de “I Capuleti e i Montecchi“, y por supuesto el irrepetible Rossini cambiando al conde Ory por el Ramiro de “La Cenerentola” previsto para cerrar de agilidades impecables, limpias, cantando mentalmente un coro que hubiera sido completar espectáculo, pero dejando de final su aclamada “Aria de los 9 do de pecho“, Ah! mes amis de “La hija del regimiento” para éxtasis de los aficionados en un francés perfecto. Intentar expresar con palabras lo escuchado en el auditorio ovetense es difícil porque cada aria en la voz de Camarena es un placer auditivo y una lección de canto, sutileza, musicalidad, seguridad total, estando arropado por una orquesta plegada al tenor donde el director de Guanajuato se mostró dominador del siempre difícil arte de la concertación amén de captar la intención de cada compositor, dejándonos una obertura de Il turco in Italia excelente. De las calidades y cualidades del tenor remito a las notas al programa “Cita con el bel canto” de mi tocayo Meléndez-Haddad buen conocedor de la trayectoria del mejicano al que ha disfrutado muchas veces en distintos escenarios mundiales.

Pero no me olvido de “Lupita tijuanense” porque Guadalupe Paz me sorprendió gratamente desde su primera aria de “La donna del lagoTanti affetti in tal momento… Pra il padre rotunda y bien cantada así como el dúo semiactuado con “Ramiro” Camarena Tutto è deserto… Un soave non so che de la Cenicienta rossiniana arrebatadora desde la inocencia de un rol difícil de cantar como lo hizo la mezzo mejicana.

Tras la generosidad vocal de la primera, la segunda parte aún resultaría más pletórica si cabe abordando distintos páginas grandiosas de la ópera por parte de todos los intérpretes, con la sabrosa pincelada donizettiana del dúo de “Maria Stuardo” Era d’amor l’immagine

El francés Berlioz y su obertura op. 21 Le corsaire ágil, limpia y contrastada por la OFil con López-Reynoso prepararon el ambiente para el “Werther” de Massenet con Guadalupe Paz interpretando la conocida aria de las cartas Qui m’aurait dit la place… y Javier Camarena un Pourquoi me réveiller que me hizo reencontrarme con una línea de canto única casi olvidada, matizada, bien fraseada y la sensación de plenitud sin arrogancias ni esfuerzo aparente. Dos números grandiosos antes del encuentro verdiano.
La obertura de “Nabucco” resultó gratificante en su interpretación bien dibujada por el maestro mejicano y respondida al detalle por los músicos de la filarmónica local, todas las secciones bien ensambladas destacando unos trombones orgánicos y una cuerda tersa, presente y clara antes de llegar al “fin de fiesta” de Camarena y Paz para deleitarse. El “duque de Xalapa” nos dejó un Ella mi fu rapita!… Parmi veder la lagrime emocionante, arropado por una dirección orquestal a su altura, como si el tenor descubriese un registro dramático sin perder lirismo, redondeado y cómodo, un “Rigoletto” esperado en la escena con reparto a la altura del mejicano.

Lupita Paz no quiso quedarse atrás en el festín verdiano, del verde inicial al rojo pasión, colores de su bandera junto al blanco para una Princesa de Éboli tan hispana en el “Don Carlos” francés con su aria Nei giardin del bello exigente y agradecida, giros casi flamencos de espíritu, recreándose en agudos del mismo color que los graves en esta “Chavela operística” para descubrir excelencias que por estos lares también triunfan. Quedaba el remate de Javier Germont o Alfredo Camarena, “La Traviata” querida con la bellísima aria Lunga da lei… cantada de nuevo con colores intensos y fraseos impecables, sentimiento en un personaje que le viene al tenor en un momento dulce de su carrera llevado en volandas por una orquesta también madura bajo la batuta de una realidad como el maestro mejicano.

Habría más regalos en esta fiesta, tricolor también por las obras y compositores elegidos aunque como bien decía el tenor “podría empezar de nuevo” aunque no traía rancheras, tal era su satisfacción tras dos horas largas de exigencias para todos, pues no debemos olvidar que estos recitales resultan más duros que una ópera completa.

El Danzón nº 2 de Arturo Márquez entendido por López-Reynoso desde su propia tierra y compatriota, el ritmo y tempo exacto de un auténtico danzón sin exageraciones, con la orquesta (a la que se sumó percusión y piano) traduciendo el magisterio del folklore llevado a la sala de conciertos. Y mi siempre recordada leonesa (de Guanajuato) María Joaquina de la Portilla Torres, hija de padre español y madre mejicana, conocida artísticamente como María Grever, una embajadora de nuestro idioma en los EE.UU. con un método “Aprenda usted español con el bolero“, emigrada y afincada en Nueva York, excelente compositora de melodías inolvidables, eternas porque la buena música no entiende de etiquetas y menos para omnívoros como un servidor, incluso cuando las interpretan voces como Camarena y Paz en arreglos orquestales que elevan aún más la calidad de su compatriota.

Primero el tenor sin pirotecnicas vocales y sentimiento patrio lleno de musicalidad innata con Alma mía, inmortalizada en su momento por José Mojica y que no hubiera importado amplificar como hacen en este género pero defendido por todos sobre el escenario, acallando estornudos aunque sin evitar la huída de un público cuyo reloj parece lanzarlo fuera de la sala antes de disfrutar los obsequios (me parece una falta total de educación). Y Júrame a dúo con Guadalupe pusieron las once campanadas de un año lírico con estrellas en el firmamento de este Oviedo al que sigo llamando “La Viena del Norte” español por la calidad y oferta que la crisis no ha recortado con el esfuerzo de todos. Camarena eclipsó y no decepcionó pero no se olviden de Lupita e Iván.

P. D.: Imposible sacarse una foto con Javier pese a las peticiones del “Cenáculo musical” de ambos lados del Charco, especialmente de Santo Domingo (besos para Catana y Ana María) o de “nuestras operísticas” Margarita Mitrov y Rosa Ulacia. Sirva esta crónica con fotos para acercarnos aún más.

Pola de Siero también con Alfredo Kraus

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Martes 31 de octubre, 20:00 horas. Teatro Auditorio de Pola de Siero, XIV Concierto Homenaje a Alfredo Kraus: Ruth Terán (soprano), Francisco Corujo (tenor), Juan Francisco Parra (piano). Arias, dúos y romanzas. Organiza: Asociación Lírica Asturiana Alfredo Kraus (ALAAK). Entrada público: 15 €.

La asociación que preside José Carlos González Abeledo continúa recordando al gran tenor canario organizando por decimocuarto año estas galas líricas con Alfredo Kraus siempre presente y voces que le rinden tributo e incluso paisanaje, este año llevando ópera y zarzuela al excelente auditorio de Pola de Siero que pese a su reconocida afición no llenó el aforo, si bien los socios de ALAAK acudieron en bloque para ayudar también al asilo local (Residencia Nuestra Señora de Covadonga) a quien fue donada la recaudación del concierto.

Expectación y ganas de volver a escuchar a este trío de artistas como la soprano madrileña Ruth Terán y el tenor canario Pancho Corujo más el siempre impecable maestro Juan Francisco Parra al piano, en dos partes bien diferencias e igualmente exigentes, ópera y zarzuela a partes iguales con arias y dúos conocidos, el referente de “el tenor” con un repertorio que muchos conocemos de memoria y nos sigue acompañando en nuestros quehaceres.

Gounod con su “Romeo y Julieta” abrirían la velada con Ruth Terán cantando Dieu quel frisson court dans mes veines… convincente, de graves suficientes con un piano orquestal mimándola, y repetiría con Francisco Corujo el hermosísimo dúo Ange adorable…, voces jóvenes que empastaron a la perfección, de colores complementarios, algo metálico el agudo de la madrileña y redondeándolo el canario, que antes nos dejó al recordadísimo “Werther” kraussiano (portada de estos conciertos) del Pourquoi me reveiller?… sentido en el canto, mimado desde el piano, sobrado de facultades y gustándose en el escenario.

Dos cambios en el programa (corregidos en la copia que dejo arriba) nos llevaron del estilo francés, siempre difícil por la tendencia a nasalizar del idioma, a la Italia adorada e igualmente exigente. Primero el aria de Nedda de “Pagliacci” (Leoncavallo) con una Terán metida en el rol, recitales como microrrelatos que hacen pasar en minutos a estados de ánimo reflejados en el canto, y a continuación Rinuccio Corujo del “Gianni Schicchi” (Puccini), bien interpretado escénica y vocalmente, potente y convincente salvando sin dificultad un aria de registros extremos afrontados con seguridad, valiente junto a la orquesta pianística de Parra sin miramientos en los matices pero atento al tenor, siempre de agradecer.

En breve tendremos “L’elisir d’amore” en Oviedo y nada mejor que terminar la parte operística con el dúo de Nemorino y Adina, Caro elisir, sei mio… escena ideal y representada convenciéndonos a todos, Corujo con su botella (de agua) y Terán coqueteando, haciéndose de rogar para finalmente convencerse del amor puro, belleza de una página bien defendida por esta pareja perfectamente acoplada y muy creíble sobre el escenario sierense, con una acústica agradecida y espacio para recrear la acción con amplitud.

Siempre digo que tenemos zarzuelas de mayor calidad que muchas óperas y no digamos de la dificultad añadida del texto hablado, puede que la razón por la cual no encontremos más títulos en cartelera por la exigencia de actuar además de cantar. Si el elenco elegido resulta bien, el éxito está asegurado, con páginas que nuestros tenores han llevado por todo el mundo elevando nuestra zarzuela al olimpo lírico. Las romanzas y dúos elegidos cumplen esa premisa sumando un pianista capaz no ya de tocar las casi imposibles reducciones orquestales sino de dibujar la tímbrica de cada instrumento, convencernos con una sonoridad prístina y encajando perfectamente con los cantantes aportando la seguridad necesaria en cuanto a las referencias que deben tener.

Tienes razón amigo… de “La Chulapona” (Moreno Torroba) es un aria en toda regla y así la defendió Francisco Corujo con Parra, arpa casi guitarrística, verdadera orquesta de tecla, dúo canario en estado de gracia, tomando el relevo Ruth Terán (que cantó fuera de escena la romanza anterior) con la complicada Canción del ruiseñor de “Doña Francisquita” (Vives), pirotecnia de agudos bien proyectados con el ropaje pianístico y la réplica de Corujo apareciendo por el extremo izquierdo, echando de menos una vocalización mejor en nuestro idioma pero defendida con honestidad y recursos, siempre con un color que deberá homogeneizar, al igual que el hermoso dúo Le van a oir, voces complementarias, bien empastadas, amplias dinámicas reflejadas por los tres de esta zarzuela que Don Alfredo amaba tomando estos dos números como el homenaje más directo a cargo de los intérpretes.

Una lástima la Canción Veneciana de “El carro del sol” (Serrano) que no transmitió comodidad ni seguridad, con momentos calantes de la soprano que evitaron redondear una actuación más completa, sin desmerecer en absoluto por estos detalles que debo reflejar pues tiene cualidades y capacidad para ello, de nuevo con un piano camerístico elevando a “lied” esta romanza de una zarzuela poco representada.

Y para terminar este recital nuevo homenaje al Maestro Kraus con mi tocayo Sorozábal de “La tabernera del puerto“, primero Corujo en la bellísima romanza No puede ser… sentida, vivida y emocionada, antes del dúo Todos los saben, es imposible disimular, salitre lírico del vasco interpretado por el marinero canario y la tabernera alcalaína en un final por todo lo alto.

Todavía quedaría el regalo del dúo de “Soleá Terán” y “Juanillo Corujo” que termina con el conocido pasodoble de “El Gato Montés” (Penella) sinfónico más que verbenero, calidad de nuestro género cuando se interpreta como lo hicieron estos tres músicos aplaudidos por un público en pie que disfrutó de este nuevo homenaje al irrepetible Alfredo Kraus Trujillo, para mí siempre “el tenor”.

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