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Perfeccionamiento y descubrimiento

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Martes 11 de abril, 20:00 horas. Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA), Oviedo: La Castalia, Concierto de Clausura “Curso de Repertorio Vocal” con Manuel Burgueras (piano).

La Castalia retoma el ideal de la primitiva agrupación bajo la dirección de Begoña García-Tamargo que como profesora de canto mantiene estos cursos de repertorio vocal con un pianista como Manuel Burgueras de amplia experiencia y trayectoria en el mundo de la lírica, con cantantes de distintas procedencias conocedores de que la voz siempre hay que entrenarla, perfeccionarla y encontrar los repertorios ideales para ello. Con Begoña y Manuel saben que encontrarán el apoyo imprescindible en una carrera que nunca acaba, sea por afición o profesión, y estos cursos siempre finalizan con el concierto para el público. Tras algunas bajas y cambios en el programa que he intentado “arreglar” un poco más abajo para dejarlo en el orden que pudimos escuchar el público que abarrotó el RIDEA, incluso por los pasillos laterales tras hacer cola con más de media hora de antelación, me llevo distintas impresiones de los artistas que llevaron a la práctica las enseñanzas de sus maestros.

Sin entrar en muchos detalles quiero al menos destacar pequeños detalles y algún “descubrimiento”, con intervenciones salteadas que completaron diecisiete números variados donde no faltó ópera, zarzuela o música religiosa en este Martes Santo, con el magisterio de un Burgueras que sigue siendo un maestro en el piano desde el rol conocido como “repertorista“, el apoyo necesario para todo cantante y pilar imprescindible de estos cursos.

Distintos niveles en las sopranos Canela García (con Mozart y Fauré) o Paula Lueje (Toldrá, R. Strauss, Massenet o Giménez), donde las tablas de la moscona se notan, quedándome con Madre, unos ojuelos vi pese a estar acostumbrados a las versiones de mezzo, como perfecta expresión del cantar diciendo que exigen estos lieder españoles así como continuar apostando por nuestra zarzuela con la difícil romanza Sierras de Granada de “La Tempranica” y a la primera que tendremos que seguir su evolución, apuntando maneras como suele decirse en estos casos.

Aún en formación el tenor Adrián Begega que apunta maneras, con un registro grave sin problemas pero debiendo trabajar más la afinación, con dos Schubert más el Beethoven en la línea del genuino lied alemán por color más apropiadas para barítono, y dicción, que el tiempo le dará aplomo y autoconfianza porque está en buenas manos.

Y quienes me leen conocen mi debilidad por la voz de mezzo, contando esta vez con dos: María Heres, feliz reencuentro con Gluck y Vivaldi pero también con el complicado Rossini de L’invito al que hemos escuchado en sopranos pero que la ovetense defendió con solvencia, y el saleroso Tango de la Menegilda, segura en todos los registros, buena técnica y la confianza que da una trayectoria donde cantar es su vida, lo que se nota en cuanto la escuchamos.

El “hallazgo” de la tarde fue la barcelonesa Anna Gomà, una profesional que ya pasase por Gijón y que este martes se erigió en la voz del recital desde sus dos primeras intervenciones (en tercer y cuarto lugar), primero con arias de ópera con MassenetVa! Laisse couler mes larmes de “Werther“, y una Carmen de Bizet arrolladora en la “Canción Bohemia“, sentida, dramatizada, color vocal carnoso e  igualado en todos los registros; después romanzas de zarzuela en el decimocuarto número y cerrando el recital, nueva demostración de buen cantar y sentir, Cuando está tan hondo el querer de “El barquerillo” (Chapí) y un Qué te importa que no venga… de “Los claveles” (Serrano) que levantó literalmente al público de los asientos. Voces como la de esta mezzo catalana que acuden a estos cursos da idea de lo que se busca, mejorar y ampliar repertorios con los maestros, estando Oviedo en el mapa de muchas voces profesionales de toda España.

Para quienes quieren seguir aprendiendo saben que no hay vacaciones, lo mismo que para descubrir de primera mano figuras que en breve estarán en los mejores escenarios, y por el Palacio del Conde de Toreno había varios “cazatalentos” que no habrán desperdiciado la ocasión, como tampoco ninguno de estos alumnos que encuentran en La Castalia el apoyo necesario para darse a conocer un poco más mientras siguen formándose en una carrera que nunca termina.

Los caramelos viajeros de Cecilia

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Jueves 23 de marzo, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo. “Un viaje por 400 años de música italiana“: Cecilia Bartoli (mezzo), Antoni Parera Fons (piano).

Cada visita de la mezzo romana asegura lleno allá donde vaya, independientemente de lo que se programa. En esta gira española eligió un programa de música variada, la que ha cantado como solo ella sabe, con simpatía y buen gusto, técnica apabullante, pianísimos que enamoran y acallan toses o móviles, potencia la justa en vivo y esta vez con piano.

Pero está visto que en Oviedo parecemos gafados y el habitual acompañante Sergio Ciomei tras una indisposición obligó a retocar un programa (dejo los dos arriba) con el que el compositor, productor y pianista Antoni Parera Fons (Manacor, 1943) hubo de lidiar tomando algunas propinas para incorporarlas, sustituyendo la Fantasía en re menor de Mozart (que en Oviedo no aparecía) por T’estim i t’estimarem  y con toda la profesionalidad (los modernos dirían “el marrón”) adaptarse a la diva que al principio hubo de tranquilizar a su acompañante accidental.

Se notó al mallorquín cauto, en cierto modo apagado abusando del pedal izquierdo como temiendo tapar a “La Bartoli” incluso con la tapa bajada, en un repertorio barroco donde el instrumento no es ideal aunque los estudiantes de canto tienen que estudiar estas obras desde este formato. Selve amiche de Caldara, las dos de Bellini, la encantadora y personal versión donizettiana del Me voglio fa na casa o el “hit” de Händel Lascia la spina que la propia mezzo se basta para cantarlas como sólo ella sabe desde sus inicios. Cierto que a una artista integral como Cecilia Bartoli cuesta acompañarla así de improviso y seguirla en sus acelerandos, pausas no escritas y ornamentos imprevisibles, pero ella siempre ayuda y esta vez se tornaron los papeles en cuanto al temple pero brillando “la diva“.

Nos perdimos por el camino esos esperados VivaldiMozart de Parto, ma tu ben mio (“La Clemenza di Tito”) que el docto Arturo Reverter comentaba en las notas al programa, aunque con piano hubieran resultado “distintos”, y apareció el Rossini de La danza que no nos hace olvidar a los grandes tenores aunque Cecilia no teme repertorios de voces “ajenas” pues siempre los hace suyos. El recuerdo de mi infancia radiofónica resultó el Munasterio ‘e Santa Chiara (Alberto Barberis) de Claudio Villa que aquí hizo famoso y traducido Jorge Sepúlveda aunque tras la versión a dúo romano-barcelonés me quedo con “la Bartoli de cámara”, mejor incluso que Mina o Vittorio De Sica que también la (re)interpretaron entre muchos más italianos famosos.

Tras las “chuches” de la primera parte y el cambio de vestuario, seguiríamos con el Puccini melódico e inspirado, descanso vocal incluido con el Piccolo valzer a cargo de Parera con la conocida aria de Musetta enlazada ya con “La Bartoli” y su peculiar Lauretta para otro “hit” como O mio babbino caro. Mejoría con un Tosti que siempre destila belleza en cualquier registro (su Aprile de lo mejor) y que Cecilia siente, canta y transmite incluso en el gesto, grande hasta los mínimos detalles. Después Donaudy, Parera Fons más tranquilo con unas páginas menos exigentes y traidoras, la conmovedora Santa Lucia luntana o simpática Tammurriata nera, ambas de E. A. Mario (1884-1961) napolitanas tan populares y cercanas a toda una generación como las de De Curtis (del que también regaló Non ti scordar di me) o el “Volare” de Modugno que Parera Fons acompañó como si fuese suya y Cecilia la destinataria, antes de las siempre esperadas propinas (algunas “reutilizadas” cual reciclaje obligado): O sole mio que no puede faltar en este recorrido de cuatro centurias de música italiana, la seguidilla de “Carmen” verdaderamente carnosa en la voz de “La Bartoli” apurando al pianista con el taconeo, y Mamma además del citado De Curtis, redondeando una fiesta italiana con pianista manacorí, plagada de dulces que Cecilia Bartoli eleva a delicadezas.

En Asturias diríamos caxigalines con ingredientes y presentación de alta repostería. Como ha pedido en Madrid o Barcelona nos encantaría escucharla en una ópera, aunque con la orquesta en el foso no creo que luciese tanto y el banquete podría atragantarse. Pero siempre nos queda DiDonato que cerrará los Conciertos del Auditorio, parece que manteniendo ese “duelo” en el ciclo ovetense que las suele traer juntas ¡pero distanciadas!. Las grabaciones están bien pero siempre comento que el directo es irrepetible… y sino que se lo digan al bueno de Parera Fons, verdadero héroe para sobrevivir al volcán italiano.

El Rigoletto de hoy

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Domingo 29 de enero, 19:00 horas. Teatro Campoamor, LXIX Temporada de Ópera de Oviedo: Rigoletto (Verdi), segunda función. Producción de la Ópera de Oviedo procedente de la Ópera de Saint-Étienne. Entrada delantera de general: 55 €.

FICHA ARTÍSTICA
El Duque de Mantua: Celso Albelo
; Rigoletto: Juan Jesús Rodríguez
; Gilda: Jessica Pratt; 
Sparafucile: Felipe Bou
; Maddalena: Alessandra Volpe
; Giovanna/La condesa: Pauline de Lannoy
; El Conde de Monterone: Ricardo Seguel; 
Marullo: José Manuel Díaz; 
Borsa: Pablo García-López; 
El Conde de Ceprano/Ujier: Javier Galán; 
Paje de la Duquesa: Lara Rainho.
Dirección musical: Marzio Conti; dirección de escena: Guy Joosten; 

Orquesta Oviedo Filarmonía (OFil); Coro de la Ópera de Oviedo (directora: Elena Mitrevska).

Tarde de domingo para una ópera esperada, con lleno hasta “gallinero” donde no faltó la clá procedente de Bilbao y Donosti, seguidores no ya de Celso Albelo, que debutaba en la temporada carbayona, sino verdaderos aficionados que suelen acudir a otras representaciones hasta “nuestra Vetusta“, porque la ópera de Oviedo mueve masas con todo lo que supone para la capital de imagen cultural e ingresos. Lástima que los políticos no lo vean así, aunque espero que vayan abriendo los ojos aunque la lírica no parezca estar entre sus aficiones. Al menos el concejal local del ramo y otros políticos sí acudieron este último y primaveral domingo de enero.

Pero si el tenor canario parecía ser la figura con más “gancho”, tanto el trío principal como el famoso “cuarteto” eran un reclamo para el aficionado fiel, sumando todo un elenco de papeles secundarios con muchos cantantes españoles, figurantes y demás participantes en esta veterana producción para uno de los títulos más esperados, incluso para Pachi Poncela, que tiene “su obertura” treinta minutos antes, es “la ópera”. Si me permite parafrasearle, este último título era “El Rigoletto”, siempre con esa manía de poner artículos a los divos.

Y es que Juan Jesús Rodríguez encarna en estos momentos no ya el barítono verdiano sino al Rigoletto actual, los dos mundos de los que nos hablaba el comunicador gijonés construidos desde una vocalidad clara, rotunda, preciosista, de amplia expresividad en todos los registros unido a una escena poderosa que llena con su sola presencia, ese jorobado capaz de transmitir exterior e interior, el trabajo y los sentimientos personales, el personaje dual al que la “maledizione” parece perseguirle en este drama de Victor Hugo con el que Piave construye un libreto que Verdi eleva a la ópera de su vida en plena cuarentena. Aunque las intervenciones en general resultaron algo lentas, tónica general de casi toda la ópera, y los fraseos del andaluz no sean los de Leo Nucci que sigue siendo referente, está claro que el Rigoletto de Juan Jesús Rodríguez es personal e intransferible. Cada aria (de nota el Cortiggiani), cada dúo, incluso en el cuarteto, resultó prodigiosa su versatilidad anímica desde el canto.

El tenor canario es muy querido en Asturias y ha venido varias veces invitado por la ALAAK para distintos recitales (incluso con el citado Nucci), pero nos faltaba el esperado debut dentro de la temporada del coliseo capitalino, y nada mejor que con su Ducca, un rol que Celso Albelo ha ido moldeando a la par que su voz, ahora “más hecha”, unido a su exquisita dicción y emisión que perfila este personaje con las arias más conocidas de Verdi, cantadas con la musicalidad acostumbrada, pianísimos de cortarnos la respiración y agudos en toda la gama, sumándole los ornamentos propios para construir este personaje tan distinto a su propia personalidad, de nuevo los dos mundos desde la ópera. Cantar tumbado boca arriba en el último acto con Maddalena permitió disfrutar de su técnica, mejor que ese baile “a lo travolta” que realmente no le va, pero fue otro de los triunfadores de la noche aunque no me respigase (si es que sirve de referencia personal), dejándonos un buen dúo con Gilda, mejor que el Questa o quella, y una interesante Donna è mobile por la línea de canto elegida para la más universal de las arias de tenor, jugando con fraseos y matices variados para una tesitura sobrada.

Jessica Pratt, también “descubierta” en una gala lírica celebrada en el Auditorio (también con el barítono onubense más los asturianos Beatriz Díaz y Alejandro Roy), fue una Gilda que crece como su personaje, de lo infantil a lo carnal con amor y resignación. Las agilidades de su papel no tuvieron secretos como tampoco su color brillante y una amplia gama de matices con un Caro nome de muchos quilates, pero sobre todo un cuarteto equilibrado entre dos mundos, ella con su padre en la reja mientras el Duque flirtea con la voluptuosa Maddalena en la taberna, la ya conocida Alessandra Volpe de breve protagonismo pero exigente porque la mezzo es pieza clave no ya en la trama sino en el colorido del más bello concertante verdiano, capaz de inspirar hasta una película.

Con este equilibrado elenco, no se quedaron a la zaga el resto, comenzando por varios “habituales” en el Campoamor como el Sparafucile de Felipe Bou, mejor que en sus anteriores visitas, bien secundado en su primera aria por un perfecto acompañamiento de cello y contrabajo en octavas que “cerró el trato” con Rigoletto en lo más bajo del registro; otro que cumplió con creces fue José Manuel Díaz con un Marullo bien cantado y sentido, o el cordobés Pablo García-López como Borsa, buen color vocal capaz de dialogar y contrastar con Il Ducca, unido a una emisión clara que llegó sin problemas hasta el último piso, completando el buen nivel el chileno Ricardo Seguel como Monterone, uno de los “secundarios” que más me gustaron. Incluso las breves intervenciones de la mezzo belga Pauline de Lannoy, el barítono valenciano Javier Galán o la soprano portuguesa Lara Rainho ayudaron a redondear este esperado Rigoletto.

Nuevamente el coro de la ópera, esta vez solo las voces masculinas, resultó un seguro en escena y vocalmente, solo un poco lastrado en el tempo global salvo el más ligero Zitti, zitti del rapto de Gilda en el final del primer acto, asomados al muro. Precisamente el maestro Conti, tratando bien a los cantantes en cuanto a las dinámicas, pienso que se le cayó el aire por momentos, como ya apunté anteriormente. Cierto que ralentizar puede ayudar por momentos a las voces pero es como tener errores de principiante: piano lento y forte rápido. La OFil sigue siendo versátil y una orquesta de foso segura, como lo demostró en la obertura y subrayando los distintos solistas las arias y dúos más conocidos, aunque también decir que Verdi escribe para ella con un auténtico primor de Maestro.

De la escenografía comentar que me gustó la disposición en diagonal y parte del vestuario del primer acto tomándolo como una fiesta de disfraces para “explicar” el cambio temporal, aunque las espadas no pueden ser sustituidas por pistolas. Otros detalles ya ni siquiera escandalizan, por superfluos, aunque puedan incomodar a algún “puriatno” pero especialmente a los cantantes (la citada intervención del duque cantando boca arriba tumbado sobre la mesa, por poner un ejemplo), pero sin molestar, al menos para el que suscribe. Resultaron algo lentos los cambios de decorado e hicieron perder concentración al público, que llenó esta segunda función, comenzando la música con muchos móviles encendidos que parecían formar parte de la escenografía en el patio de butacas (desde mi posición “cenital”). Acertado el cañón sobre Rigoletto sobre todo en el final, los claroscuros que toda la ópera y también esta representación tuvieron. Aplaudir como siempre luminotecnia y sobretítulos, además de todo el personal del teatro. No olvidemos que la ópera también crea puestos de trabajo.

La primera función dejó buen sabor de boca a los críticos y la segunda parece siempre “cojear un poco” salvada la tensión del estreno. Me encantaría escuchar el “reparto joven” del viernes, donde la cordobesa Auxiliadora Toledano será sustituida como Gilda por Cristina Toledo, con un elenco que pronto veremos en carteles “de primera”, y todavía el sábado 4 de febrero se emitirá en directo por pantalla gigante en varios puntos de Asturias, Mieres incluido, aunque este último domingo de enero triunfase Rigoletto sobre todo(s).

Bryn Terfel repasando y reposando ópera

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Miércoles 26 de octubre, 20:00 horas. Oviedo, Inauguración de la temporada “Conciertos del Auditorio“: Bryn Terfel (bajo-barítono), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). Obras de Cimarosa, Händel, Mozart, Mascagni, Gounod, Boito, Puccini, Verdi y Wagner.

El galés Bryan Terfel, de quien el periodista de “Ópera Actual” y crítico del “ABC” entre otros medios, Pablo Meléndez-Haddad escribe una bella semblanza en las notas al programa, hacía su presentación en Oviedo con un recital donde repasaría sus papeles y arias preferidas desde el poco habitual barroco hasta “su” Wagner (que ocupó la segunda parte), sin olvidar el Mozart con el que triunfó y todavía sigue en el recuerdo, y por supuesto esos papeles que le van como anillo al dedo: Mefistófeles, Fausto y especialmente Falstaff, con la orquesta ovetense acostrumbrada a estos repertorios junto a su titular, quienes se lucieron en las partes instrumentales, variadas, unificadoras del programa y siempre necesarias en estos recitales de cantantes en solitario que necesitan descansar, sin olvidarnos que resultan mucho más duros que toda una ópera por el cambio de rol y la suma de arias a cuales más exigentes.
Buen inicio orquestal con Cimarosa y la Obertura de II Matrimonio Segreto, nunca mejor lo de templar cuerdas que se lucieron, antes de dejar la formación camerística sumándose el clave de Sergi Bezrodny para afrontar la primera salida de Terfel con un poco transitado Händel de su ópera Berenice, regina d’Egitto, con el aria de Demetrio “Si tra i ceppi”, originalmente para castrato contralto que en la voz del barítono alcanza otros colores y con unas agilidades algo más lentas de las acostumbradas pero con un saber cantar lleno de gusto y veteranía. Punto y seguido con Mozart, una plantilla algo más amplia manteniendo el clave y un aria de concierto de 1791, Io ti lascio, oh cara, addio, K245 (621a), de las pocas escritas originalmente para bajo, porque Terfel es un barítono de graves redondos más que poderosos, agudos llenos de matices con una “media voz” inigualable, y sobre todo un legato y forma de decir el texto increíble, sumándole una escena contagiosa que engancha al público en cada intervención suya.

La OFil le daría el primer descanso con Mascagni y ese bellísimo “Intermezzo” de Cavalleria Rusticana que volvió a dejarnos una cuerda aterciopelada y sonoridad compacta, casi íntima antes de sumergirnos en el infierno.
Bryn Terfel preparó dos visiones de ese personaje de Goethe, primero Gounod, “Le Veau d’Or est toujours debout” de su Faust, el gusto francés con la garra galesa, metido de lleno en el personaje que ya quisiéramos haber tenido en el Campoamor, y especialmente el de Boito y su “Son lo spirito che nega” de Mefistofele, el drama italiano puesto en escena por un cantante capaz de ofrecer dos caras de una misma moneda en una transformación de carácter de la que solo los grandes artistas son capaces.
Segundo descanso vocal y nueva intervención de la formación ovetense en una de las páginas que el foso no permite lucir tanto como en el escenario, el increíble orquestador Puccini con el “Intermezzo” de Manon Lescaut para “recuperar” a Gabriel Ureña en el cello maduro, de fraseo totalmente lírico para no perder sabor operístico junto al arpa siempre insustituible de Danuta Wojnar.

La última salida del barítono en esta primera parte nos dejaría una de sus creaciones, Verdi con el aria “Ehi Paggio! L’onore! ladri!” de Falstaff, la barriga hinchada gritando ¡fabada! (después sacaría varias toallas además de la que traía al hombro) y escanciando sidra en vez de vino (o cerveza) pero con una interpretación que sigue siendo referente en todo, cerrar los ojos y ver este testamento verdiano con un personaje shakesperiano donde el Orson Wells de “Campanadas a media noche” venía a mi memoria coloreando el celuloide en grises.
La segunda parte dedicada a Wagner con el que Terfel se ha encaramado en ese Valhalla escarpado con cada uno de los personajes de tres óperas a cual más intrincada musical y actoralmente, con dos oberturas verdianas para apenas tomar aire, de La Forza del Destino, con dinámicas y tempi buscando el ambiente alemán de programa, y sobre todo la Obertura de Nabucco, bien resuelta y plenamente italiana porque del buscado duelo entre contemporáneos no puede haber empate, además de que la OFil lo tiene más en atril que al alemán.

El talento de Bryn Terfel es indudable y con una voz que se proyecta sin problemas en cualquier idioma, incluso silbando afinado, lo que maravilla es su timbre, cómo juega con él para dramatizar, su paleta de matices que para Wagner es irrefutable, tres momentos estelares, Hans Sachs en “Was duftet doch der Flieder”, de Die Meistersinger von Nürnberg (Los maestros cantores de Nürnberg), “O du mein holder Abendstern” de Tannhäuser, y sobre todo la “Canción de la estrella vespertina” como se conoce la “Música del fuego mágico y Adiós de Wotan” de Die Walküre (La Walquiria), con una orquesta que no bajó volúmenes y la técnica del galés pudo emerger sobre ella, Conti despiadado pero Terfel mandando, muchas tablas para unos roles wagnerianos que son referente en su registro y escena. Una lección operística.

Y si el carácter jovial se transmitía en cada página, los regalos tocaron la otra pasión del barítono británico, los musicales con el “Si yo fuera rico” (If I Were a Rich Man) de El violinista en el tejado, l eterno musical con ese personaje soñador con los pies en la tierra que Terfel mejora al Topol cinematográfico, sin prescindir de la parte hablada con poderío emisor para toda la sala, y la canción tradicional galesa “Suo Gan” que todos recordamos por la película de Spielberg El imperio del sol, cantada con ternura y sentimiento casi íntimo bien arropada por la orquesta ovetense que volvió a ser un perfecto ropaje para tantos personajes puestos sobre las tablas por un Bryn Terfel que vuelve a brillar, perfecta inauguración para una temporada donde muchas de las grandes voces líricas del momento desfilarán por el Auditorio. Todo un lujo para nuestra Asturias, patria querida, siempre musical.

Dudoso Fausto proyectado

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Martes 11 de octubre, 20:00 horas. Auditorio “Teodoro Cuesta”, Casa de Cultura de Mieres, proyección en vivo desde el Teatro Campoamor de Oviedo, LXIX Temporada de Ópera: Fausto (Gounod), segunda función.

Volvía la ópera transmitida en directo desde el coliseo ovetense aunque con un título de esos que no enganchan demasiado al público en general, y que en Mieres congregó a unas 40 personas, muchas de las cuales se fueron al descanso, perdiéndose lo mejor que siempre está por venir.

Quiero insistir en este tipo de iniciativas pero con varias reservas. Primero que la iluminación para el teatro no es la mejor para la pantalla (donde hubo auténticos fogonazos), lo que sumado a una pésima realización no es equiparable a las proyecciones profesionales donde se cuida todo para después comercializarlo. Puedo entender la precariedad de medios como tener solo tres cámaras pero son imperdonables los cambios sin sentido en ellas olvidando quién está cantando, zoom no siempre adecuado y no digamos  los enésimos saltos de eje además de enfocar las espaldas de los cantantes o cortarles directamente. Hay profesionales en Asturias capaces de una realización más cuidada y no dejar esta “promoción” en manos equivocadas, al menos para una ópera (y ya viene de tiempo). Lamentar también la pantalla en negro durante los cambios de decorado. Felicitar los subtítulos aunque con ligeros despistes.

La toma de audio fue buena aunque sin olvidar que los micrófonos están sobre el escenario, recogiendo todo tipo de sonidos, y para el espectador no muy ducho en el tema puede parecer que los cantantes siempre suenan más que la orquesta, en segundo plano pero no tanto, totalmente distinto del irrepetible directo en el teatro.
De esta historia de Goethe bastante conocida por el tema de vender el alma al diablo con el protagonista que da título a la obra, Faust, dudando de todo y queriendo alcanzar la juventud y todo lo que conlleva en una autodestrucción con final no exento de moralina como la pérdida de valores, siempre vigente, de tristes finales en los amores y sobre todo cómo todo está corrupto, daría para puestas en escena de lo más variadas si tenemos en cuenta ese “mensaje”, pero esta vez Curro Carreres pienso que no acertó o se quedó a medias, algo bastante compartido por muchos de los que acudieron e incluso patearon la primera función dominical, aunque pueda servir curiosamente de publicidad por esa teoría de que lo viral pone de moda algo que podría pasar desapercibido.

Si algunas escenografías intentan actualizar acciones (algo que yo no entiendo en muchos títulos) parecen no molestar o “chirriar” aunque siempre queda cerrar los ojos y quedarnos con la música, privándonos de la propia esencia operística, esta vez no convenció, de nuevo olvidando que la acción debe cantarse pero nunca obligando a un esfuerzo extra como poner de espaldas a cantantes y coro, incluso con baile aumentando el ejercicio físico para una buena emisión, incluso sentado en una silla de ruedas que debe moverse mientras se canta.
Mucho ambiente de moda con un Satán Lagerfeld de raza negra y pinchadiscos de un vals nada discotequero ni de pasarela, o de una mal llamada orgía de un Baco con rayos de niño Jesús (cosas peores hemos visto), un pase de modelos del avilesino Alberto Valcárcel que no encajaba con los “esperados” soldados, matronas y estudiantes borrachos, y no digamos el abuso de los teléfonos móviles sacando selfies que con ser un reflejo de la sociedad actual, también cansan, haciendo de la primera parte un gran bostezo.

Tras el descanso todo resultó algo más atemporal y llevadero, apenas unos neones y poco más (para un Guantánamo aún abierto), unido a una parte vocal que fue también mejorando aunque no consiguió llegar a convencerme del todo, puede que por estar con la mente recordando al reciente y sorpresivo fallecimiento del joven David López Linares, amigo de la música en las redes sociales cuyo espíritu espero permanezca disfrutando de la luz eterna y renacido como en el final de la ópera.

Entrando en lo estrictamente musical, de todo el reparto me quedo en primer lugar con Borja Quiza entregado desde el principio, cantando “dentro del servicio” (velado) o en una silla de ruedas demostrando poderío físico, escénico y vocal, atravesando un momento artístico de primera, papel romántico y la conocida aria Avant de quitter ces lieux perfecta.

Bien el Mefistófeles de Mark S. Doss con una presencia ideal para su papel bien cantado, convincente y verdadero diablo vestido de Lagerfeld. Tiene buen timbre el tenor rumano Stefan Pop aunque pienso que puede ganar enteros y seguridad en los agudos, con un dúo de amor sin pasión y poco encajado con la soprano (pendiente del monitor más que del tenor), especialmente el final. Habrá que seguir su progresión.

Maite Alberola debutaba esta Margarita que solventó de menos a más, más cantada que sentida, faltando el dominio que dan las funciones, con un “aria de las joyas” más de bisutería que piedras preciosas (con Siebel y Marthe en escena aunque luego se asombra del baúl con el que ya ha estado jugando) pero excelente y dramática en su aria final aunque algo insegura en el trío previo a la bajada del telón.

La ovetense María José Suárez es otra de las voces que aseguran calidad y oficio sobre las tablas, una Marthe contundente ideal para su color, empastando y apoyando siempre en escena. Desigual Lidia Vinyes Curtis que se limitó a hacer elegante una partitura a la que puede sacarle mucho más juego; finalmente correcto Pablo Ruiz. Finalizar apuntando lo difícil que puede resultar cantar en francés y evitar nasalizar.

El coro que dirige Elena Mitrevska también sufrió lo suyo, tanto las voces blancas fuera y dentro de escena, como las graves, algo retrasadas con respecto a la orquesta, en cierto modo pesantes aunque se vinieron arriba en el famoso coro de soldados. Supongo que faltó más tiempo para preparar este título tras el duro Mazepa que bordaron, pero su juventud y profesionalidad les permiten afrontar estos compromisos aunque no haya sido de los inolvidables.

Finalmente la Oviedo Filarmonía en foso pareció estar demasiado comedida (recuerdo los micrófonos enfocados al escenario) y casi adormecida, con un Albiach limitándose a concertar pero sin sacar sonoridades más románticas de las que quisiera incluso en las oberturas, por momentos frenando tiempos que restaron brillantez al conjunto. Está bien mimar las voces pero sin menoscabo de una instrumentación que en vez de engrandecer se limitó a subrayar.

Quedan tres funciones incluyendo el “viernes joven” con segundo reparto de este Fausto que volvía a Oviedo desde hace muchos años, y devolvía a los pueblos la posibilidad de vivirlo gratis desde casa, porque realmente parece que la ópera está de moda.

Faust: Stefan Pop
Méphistophélès: Mark S. Doss
Valentin: Borja Quiza
Wagner: Pablo Ruiz
Marguerite: Maite Alberola
Dirección musical: Álvaro Albiach
Dirección de escena: Curro Carreres – Diseño de escenografía: Italo Grassi – Diseño de vestuario: Alberto Valcárcel – Diseño de iluminación: Eduardo Bravo
Nueva producción de la Ópera de Oviedo en coproducción con la Ópera de Tenerife

Arriba el telón

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Domingo 18 de septiembre, 20:00 horas. Teatro Campoamor, LXIX Temporada de Ópera: Tchaikovsky: Mazepa. Estreno en España. Cuarta y última función. Precio: 15 € (última hora).

Se levanta mi particular telón musical de la temporada y nada menos que con una ópera nunca antes representada en España como esta de Tchaikovsky con libreto suyo y de Viktor Burenin basado en el poema Poltava de Pushkin, cuya música de sello propio inundó el coliseo carbayón con una excelente entrada sabatina y público llegado de distintos puntos (había muchos bilbaínos) que pienso disfrutó tanto como yo gracias a una OSPA con su titular Milanov al frente y un reparto ideal para un título exigente donde brilló sobre todo el coro que ahora dirige la macedonia Elena Mitrevska. De la escenografía de Tatjana Gürbaca y Klaus Grünberg producida por la Opera Vlaanderen no fue de las que chirrían y soportó sin problemas una obra que crece a lo largo de las casi tres horas, con momentos bellos en arias endiabladas, dúos casi instrumentales y conjuntos variados para un drama lleno de tensión, violencia y también lirismo en voces y foso con la firma rusa que alcanzó un resultado global notable.

FICHA:

Mazepa: Vladislav Sulimsky; Kochubei: Vitalij Kowaljovn; Andrei: Viktor Antipenko; Orlik: Mikhail Timoshenko; Liubov: Elena Bocharova; Maria: Dinara Alieva; Iskra: Vicent Romero; Un cosaco borracho: Francisco Vas.
OSPA, dirección musical: Rossen Milanov; Coro de la Ópera de Oviedo, dirección:

Elena Mitrevska.

Del elenco vocal masculino me gustó el completo Kochubei del bajo Kowaljovn así como el Mazepa protagonista del barítono Sulimsky, típicas voces rusas con empaque en el grave y agudos solventes, sin problemas de volumen ni equilibrio con el foso, un poco menos el Andrei del tenor Antipenko que en su paso anterior como Pinkerton no me convenció, sigue adoleciendo de unos agudos con un vibrato poco agradecido y tenso, pero sobrado en potencia, color agradecido e idóneo para un rol mejor que le va mejor que el pucciniano, además de ser todos unos excelentes actores. No desmerecieron el aragonés Francisco Vas en su breve pero convincente aparición, así como el Iskra del valenciano Vicent Romero.

Bien la Maria de Dinara Alieva que como la propia obra, fue creciendo a lo largo de la representación, voz de registro amplio y homogéneo que recreó un personaje que pasa del amor a la locura tras su azaroso periplo vital, dúo realmente bello con “su” Mazepa y desgarrador escena con su madre Liubov a cargo de una convincente Bocharova, una mezzo a la que le “pierde” su falta de homogeneidad en los registros que desfigura totalmente su color vocal, buscando una proyección que sí consigue para dibujar de esta forma el dramatismo de su personaje. Las melodías de Tchaikovsky son complicadas y las voces son casi tratadas instrumentalmente, por lo que tics que en otros estilos serían imperdonables, aquí resultan válidas.
El coro tiene un papel muy importante y no defraudó, bien las voces blancas ya desde el inicio de las muchachas, perfectos todos con los jóvenes judokas (a cambio de la danza de cosacos) pero sobremanera impresionante en la escena final de la muchedumbre acallando al borracho en el segundo acto, alcanzando un clímax merced a una dinámica amplia pasando del pianísimo claro y presente hasta el fuerte homogéneo, con unas voces jóvenes, empastadas, afinadas, técnicamente perfectas y que seguirán dando muchas alegrías en el Campoamor.

La OSPA es sinónimo de solvencia y calidad tras años donde su presencia en el foso es indispensable en títulos como este, porque Tchaikovsky suena ideal en las oberturas pero igualmente con las voces, solistas arriba y abajo tan bien escritos que la música domina todo. Milanov dominó la ópera de principio a fin, estuvo atento al detalle manteniendo los planos de todos, exprimiendo todas las secciones sin excesos, con unos metales seguros, poderosos cuando dibujaban la batalla pero cálidos en compañía de las voces, incluso la percusión estuvo siempre en su sitio, por lo que fluyó todo sin problemas y anotándose todos una ópera equilibrada y notable.

Finalmente la escena que siempre parece buscar polémicas, no molesta, podremos criticar “incluso” los distintos acentos ucraniano, ruso, bielorruso, aragonés o asturiano para cantar los textos, pero el dilema están en el propio argumento y los puntos de vista además de personales son discutibles o coincidentes. Personalmente choca cambiar cosacos por judokas, sables por pistolas e incluso ejecutar con la comida, metáfora algo chocante en un salón aristocrático donde los manteles y su encaje de bolillos sirvió de telón después destruido tras la barbarie, puede que lo más conseguido, pero no resulta costosa: taburetes de baño blancos como las mesas, el juego de musgo y cristal para el río convertido después en ceniza. Creo que sale barata la producción belga, poco usada al no ser título muy programado y apuesta de la ópera carbayona por seguir con obras nuevas, tirón para atraer públicos que parece estar funcionando. Quedó algo pobre el vestuario con el toque “sesentero” de las damas con “guantes gilda” que aportó un glamour igualmente abocado a la destrucción y la iluminación ayudó a mantener ese ambiente de claroscuro que solo la música hizo brillar, Tchaikovski siempre.

Quedan otros cuatro títulos hasta el mes de febrero, pero esta temporada ya subió el telón que permanecerá muchos meses, con las bajadas puntuales de cada función y concierto, levantándose esperanzador siempre. Por lo menos arrancamos contentos y optimistas, abonos bien pagados el Auditorio y colas de última hora para conseguir precios de ganga que alivian el bolsillo.

Balances y avances

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Ya finalizando julio, donde todavía queda mucha música, y antes de “cerrar” por vacaciones, me gustaría hacer un balance rápido de la temporada que finaliza, siempre muy rica en Oviedo donde somos privilegiados de contar con una oferta de primera en cuanto a cantidad y calidad.
Quiero comenzar comentando la celebración de las Bodas de Plata de “nuestra” OSPA, aunque sus orígenes, como así se recordó en el último concierto, sean republicanos y todavía haya algunos maestros vivos de unos orígenes que han mantenido una orquesta histórica en nuestro Principado. Como viene siendo “norma” se ha optado, como la mayoría de orquestas españolas,  por una programación que aúna repertorios “imprescindibles” para público y músicos, con obras menos habituales donde no faltaron los estrenos. Igual que en botica o en grandes almacenes, hubo de todo, si bien lo nuevo al carecer de referencias en nuestro recuerdo o memoria auditiva, hace más difícil juzgar las interpretaciones. Me preocupa la poca asistencia en el auditorio incluso de abonados habituales, desconociendo las razones, aunque pueda intuirlas.

El titular, que tampoco dirigió muchos programas, ha ido desencantándonos a muchos y de algunos desaguisados mejor no hablar porque ya está reflejado en su momento. Me quedo con la apuesta que ha supuesto Link Up, cuatro años y preparando el quinto, en cuanto a movilizar a más de veinte mil escolares asturianos para hacer música juntos, labor didáctica y de futuro que no podemos perder si deseamos un siglo XXI con nuevo público que entienda y disfrute de la música en general y la sinfónica en particular. De los 16 conciertos de abono en la capital, parece haberse aparcado la idea gastronómica y pediría más publicidad para las conferencias en colaboración con la Universidad de Oviedo por lo que suponen de acercamiento al concierto posterior, mucho más que las notas al programa (este curso se han recuperado las revistas que siguen siendo necesarias aunque los costes aumenten el siempre ajustado presupuesto). Se ha mantenido al maestro Lockington de principal director invitado así como otras batutas conocidas con resultados desiguales, a los que sumar una larga lista de solistas invitados donde no han faltado los primeros atriles de la OSPA, apostando por los de casa que no desmerecen nunca. No quiero olvidarme de la aportación a la temporada de ópera que pese a privarnos como abonados de una continuidad en la temporada, es la “financiación asturiana” a la segunda temporada más antigua de España y pone el nivel alto en un foso compartido con la OFil.

Del ciclo Conciertos del Auditorio y Jornadas de Piano “Luis G. Iberni” globalmente todo un éxito en cantidad y calidad, 19 conciertos más el de Lang Lang fuera de abono, apostando sobre seguro con figuras que aseguran llenos frente a otros que “equilibran” una oferta que supone no ya un atractivo cultural de primera sino enriquecer nuestro “Paraíso Natural” y generar un tejido económico que aún debe explorarse más a fondo. La Oviedo Filarmonía, además de su participación en las temporadas de ópera y zarzuela, supone el ropaje ideal para cantantes y solistas que van conociendo la madurez y flexibilidad de una orquesta originariamente “de foso” pero creciendo con los años, aunque nuevamente la titularidad parezca distanciarse de lo que cualquier melómano desea para una orquesta como la ovetense.

Tanto la temporada de ópera como la de zarzuela han ido ganando públicos jóvenes, espantando a los “conservadores” que desean figuras mundiales, con las que no podría mantenerse el actual nivel, apostando también por repartos “noveles” que también sirven de aprendizaje con las voces principales aunque siempre echamos de menos algunas, siendo algo preocupante constatar cierta continuidad en algunos de los elegidos que no van parejos a la “calidad” esperada, echando de menos otras que parecen olvidadas para las temporadas carbayonas cuando no desaparecidas, mientras algunas hacen dobletes en el Campoamor.

De los gestores supongo que daría para mucho, algo como con el fútbol y el seleccionador, pero intuyo que cierta “comodidad” da la impresión de evitar buscar, optando por castings cerrados donde hay de todo. Como subida al carro que en cambio ha resultado muy positiva, en este caso con el CNDM el ciclo “Primavera Barroca” plenamente asentado y con público fiel además del joven al que esta música parece llegarle mejor que la sinfónica, con un avance para 2017 que promete mantener alto el listón, sin dejarme en el tintero el Ciclo de Música Sacra “Maestro De La Roza” que llena Noviembre de músicas e intérpretes singulares y este otoño llegará a su décima edición, todo un hito que demuestra el trabajo bien hecho con mucho amor por la música a pesar del poco dinero con que cuentan, pero el público se ha volcado y “algo tendrá el agua cuando la bendicen“.

De la Temporada 2016-17 ya conocemos fechas, intérpretes y autores, comenzando por la OSPA (que estará en el FIS el próximo 1 de agosto), arrancando el 14 de octubre con 15 conciertos de abono que traerán nuevas batutas además de las conocidas como Bayl, Rasilainen, Rubén Gimeno, J. R. EncinarVíctor Pablo Pérez que es casi de casa, junto a Oliver Díaz o Pablo González (que estrena la figura de colaborador artístico) y solistas de casa como Andreas Weisgerber, Maximilian von Pfeil o Juan Barahona, además de Leticia Moreno, Jesús Reina o Ning Feng, más los “aportados” por directores que trabajan con otras formaciones y nos “descubren” figuras que triunfan en otros escenarios, también al otro lado del charco, nuevamente con repertorios equilibrando novedades y tradición, destacando los compositores españoles Jesús Torres, Marcos Fernández y Consuelo Díez junto a Mason Bates en contraposición a la interpretación de la novena sinfonía del avilesino Ramón de Garay (1761-1823), un clásico que en La Villa del Adelantado llevan años recuperando.

Mención especial para los 20 Conciertos del Auditorio y Jornadas de Piano “Luis G. Iberni” que harán volver a Oviedo los grandes Sokolov, Volodos, Pogorelich además del “debut” de Martha Arguerich en la capital junto al último triunfador de Santander, Juan Pérez Floristán, además de “las mezzos divas” Bartoli y Di Donato, también conocidas en Oviedo, sin perder de vista los “fichajes” de Bryan Terfel y Piotr Beczala con la OFil, así como Nathalie Stutzman en la batuta… porque 125 años del Campoamor no podían olvidarse de las figuras actuales aunque sean en recital, sin olvidarnos de formaciones y solistas de primera (Akademie für Alte Musik de Berlín, Orfeus Chamber Orchestra con Alisa Weilerstein, Renaud Capuçón o el nuevo espectáculo de Daniel Hope, así como el Cuarteto Brodsky con la Sinfónica de Guanajuato) que traerán a Oviedo melómanos llegados de todas partes.

Y es que la temporada del coliseo carbayón sigue su línea, ópera y zarzuela con las dos orquestas en foso y dos coros solventes como el propio de la ópera (con Elena Mitrevska de nueva directora) más la Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo”. Aún no conozco el próximo festival lírico, recién finalizado el actual pero sí la LIXX Temporada, con un estreno nacional, Mazepa de Tchaikovsky combinado con los “imperdibles” Mozart, Verdi, Bellini y Gounod, volviendo a los viernes jóvenes donde los repartos de “cover” siempre preparados para cubrir bajas inesperadas, tienen su protagonismo. Los años anteriores he intentado no perdérmelos por el aire fresco y calidad que los “primeros repartos” no siempre tuvieron. Gijón se ha sumado a la oferta y esperemos continúen las entradas de última hora ¡a 15€! y las proyecciones en pantalla gigante que están llevando la lírica a lugares y públicos que probando seguro repiten en vivo, algo constatable por quien suscribe.

También haremos escapadas puntuales como a la vecina y cercana León donde el órgano Klais de “la Pulchra” seguirá sonando muchos jueves antes del sabatino vermut madrileño, además de conciertos gratuitos donde el pago es el peaje del Huerna y la cola obligada, pero están a poco más de una hora, así como la fiesta del Euskalduna bilbaino. Continuaré jugando todas las semanas a la Primitiva porque mi ilusión es viajar con la disculpa de la música, aunque con ella podamos hacerlo sin movernos de casa.

Seguimos con gobierno en funciones y hay dudas sobre la magnitud de los “obligados” recortes donde la cultura seguida o unida a la educación parecen estar en primera línea de fuego, así que viendo el curso que se avecina, toquemos madera y digamos aquello de “que me quede como estoy”. Mientras tanto, a disfrutar de agosto y hasta la próxima…

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