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Gayarre para toda la vida

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Miércoles, 6 de junio, 19:30 horas. Real Instituto de Estudios Asturianos (Oviedo): I Ciclo de conferencias “Escenas musicales entre los siglos XIX y XX”: Julián Gayarre. La voz del Paraíso.
Óscar Salvoch (escritor e investigador).

Segunda e interesantísima conferencia organizada por “La Castalia” y el propio Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA) centrada en la figura del tenor roncalés Julián Gayarre a cargo de Óscar Salvoch, probablemente el más documentado y entregado en investigar además de ahondar en la vida y obra de nuestro primer gran tenor mundial, como bien prueba su libro de casi mil páginas titulado como la conferencia, y que como el propio investigador navarro nos comentaba, hoy daría para triplicar en extensión, además de estar en proceso toda una cronología que sigue creciendo.

Con más público que en la primera y abundando muchos melómanos operófilos, tras las presentaciones de la doctora y miembro correspondiente del RIDEA María Sanhuesa, más admiradora de barítonos que tenores con su sorna habitual, y de Begoña García-Tamargo, en nombre de “La Castalia” del siglo XXI, arrancó una larga pero amena conferencia de Óscar Salvoch nos dejó pinceladas sobre los orígenes humildes del roncalés, sus trabajos, profesores, mentores y todos los detalles de la pequeña historia que hace comprender mejor la importancia de Julián Gayarre en el mundo de la ópera, figura no siempre reconocida por nuestra sociedad poco dada a premiar lo nuestro, sin olvidarse de anécdotas y curiosidades tanto del biografiado como del propio biógrafo que darían para otra película además de las tres rodadas sobre la vida del tenor navarro (a menudo confundido con Pablo Sarasate por eso del paisanaje), de las que desconozco la primera pero he visto las protagonizadas por Alfredo Kraus (con el vinilo rayado de tanto escucharlo antes incluso de visionar la película) y José Carreras, quedándome siempre con el tenor canario.

Imposible resumir su impresionante libro Julián Gayarre: la voz del paraíso (ediciones Eunate) del que se vendieron y firmaron varios ejemplares, incluyendo el mío, pero recordar desde aquí algunas cosas que me encantaron, no solo sus roles en tantas óperas, teatros, el piso madrileño al lado del Teatro Real, la cita de Benito Pérez Galdós jugando con La Favorita y llamando navarros a todos los músicos españoles de su época, el recuerdo de nuestro Clarín que imaginó Los Hugonotes con que el Campoamor inauguraba pero sin Gayarre, el mito y leyenda en torno a un grande cuyas virtudes vendrían del trabajo y no de fenómenos sobrenaturales (qué risa recordando la doble laringe, pasando de una a otra a raíz de la conservación en formol de la original, que incluso ha sido objeto de estudio con las nuevas tecnologías en el Hospital de Navarra), su cabezonería como buen navarro, el breve paso por el Orfeón Pamplonés del que el propio Salvoch es tenor, las jotas que acarrearon alguna multa pero también la ayuda para algún pobre, la muerte de algún ser querido siempre unida a cada triunfo cual maldito tributo personal a la fama y el éxito, sin dejar a un lado los cotilleos más allá de lo calificado rosa como la “fama” de homosexualidad totalmente rebatida ante una vida de amoríos varios, hijos ilegítimos que siguen apareciendo cual doctor Iglesias Puga, y hasta uno presuntamente de su compañera la cantante Elena Sanz tras la gira por Argentina y Brasil, quien vuelve embarazada y atribuyen la paternidad al rey Alfonso XII, de nuevo por una fama cargada de falsedades y medias verdades, aunque Isabel II  llamase a la cantante “mi nuera ante Dios”, y la hija reconocida en su propio testamento que fue completando un puzzle al que siguen faltándole piezas. Debate posterior tras el aria de La Gioconda de Ponchielli para el propio Gayarre que la echaba de menos, el Nadir último de un gran jugador de pelota o el deseo de Verdi haciéndole llegar su editor Ricordi el Otello que no estrenaría el navarro.

Pese a la historia de Oviedo en el mundo lírico y cierto paralelismo de los tenores Lorenzo Abruñedo (del que ya se comentó en la primera conferencia) con Julián Gayarre en cuanto al origen humilde y trabajador, el roncalés nunca cantó en Asturias, pero Salvoch nos dejó la relación a partir del “Método de Canto de Benigno Llaneza“, Profesor por oposición en la Escuela Provincial de Bellas Artes de Oviedo (mi antiguo Conservatorio de la calle Rosal) aprobado por el gran tenor, dejando las fotos que ilustraron esta parte de la conferencia.

Interesante también la historia del Mausoleo de Marianico Benlliure que por deseo de la familia Gayarre terminaría en su pueblo natal y no en la plaza madrileña de Isabel II, detrás del Teatro Real por esos giros del destino, sin ningún atributo cristiano pero lleno de belleza incluso en la simbología: la música llorando, el telón caído, la melodía sustentada por la armonía y el genio de la fama poniendo el oído para escuchar la voz del tenor…

El libro espera su lectura reposada donde aparece todo lo antes comentado, y toda mi admiración por el ingente trabajo de muchos años que todavía continúa Óscar Salvoch, enamorado de su paisano a quien sigue dedicando su tiempo para difundir la vida y obra de una voz nunca suficientemente conocida, de la que no se conserva grabación alguna, contándonos vicisitudes personales sobre este tema donde Patrimonio Nacional, policía y un largo etcétera también darían para una serie televisiva con la ignorancia y la picaresca de trasfondo, aunque no cuento más por ser privilegio de quienes asistimos a esta conferencia, incluyendo alguna otra primicia que deberá esperar publicarse, aunque probablemente el Gobierno de Navarra o algún ayuntamiento sigan prefiriendo financiar otras parcelas totalmente alejadas de la cultura o la propia música. La recientemente fallecida soprano Lina Huarte, que prologa el libro de Óscar, tampoco tiene una calle en su Pamplona natal ni podrá ser reconocida en vida, en un país que sigue ignorando a sus grandes músicos.

El propio Gayarre sufrió el cambio de la Monarquía a la República al quitársele la beca con la que malvivía de estudiante en el decimonónico Conservatorio madrileño, como Eslava y Arrieta en diatribas que ya quisiéramos revivir ante el peso de tanto navarro de postín, pero la realidad nos la dimos de bruces al conocer el recién nombrado Ministro de Cultura saliendo del Palacio del Conde de Toreno.

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El camino sin final

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Lunes 30 de abril, 20:00 horas. Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA): La Castalia, Curso de Repertorio Vocal, concierto de clausura. Directores: Begoña García-Tamargo (directora artística y profesora de canto) y Manuel Burgueras (piano). Entrada libre.

Será pasión musical o deformación profesional que siga con atención, siempre que puedo, los cursos de perfeccionamiento, profundización y todo aquello que tenga relación con esa máxima de “morir aprendiendo”, pues en cualquier faceta de la vida pero aún más en la música siempre estamos aprendiendo. Así que me encantó volver al Palacio del Conde de Toreno en la plaza Porlier para comprobar el trabajo de La Castalia que lleva más de quince años organizando estos cursos, la colaboración con el RIDEA sin la que no sería posible llevarlos a cabo, tras la negativa de subvenciones por parte de políticos e instituciones, y sobre todo la evolución de unos cantantes a los que sigo en mayor o menor medida.

La velada comenzó con una presentación reivindicativa de la profesora y directora artística de la asociación cultural La Castalia, Begoña García-Tamargodonde recordó las penurias no ya económicas en cuanto a la ausencia de subvenciones para ellos, sino también culturales defendiendo nuestra Zarzuela, releyendo lo escrito por Chapí 1)  hace 112 años y negándose como tantos a su privatización por decreto, de la Fundación del Teatro Real. Nuestro patrimonio y nuestras voces para el género más representativo que sigue luchando frente a los foráneos y ni siquiera en igualdad de condiciones.

Se hace camino al andar y nada mejor que comenzar con zarzuela por la primera soprano del elenco vocal, la navarra Inés de Arbizu, la segunda vez que la escuchaba, y quien también cerraría este concierto, profesional que como todos, sigue perfeccionándose y ampliando repertorio. Defendió con seguridad “La canción del Arlequín” de La Generala (Amadeo Vives) y la disfrutamos tanto con Gustave Charpentier (1860-1956) en Depuis le jour de “Louise“, auténtica “pirotecnia” que exige control absoluto y dominio técnico, más las hermosas Aguas de Primavera (Vesennije vody), op. 14 nº 11 de Sergei Rachmaninov, cual banda sonora de la tormenta que caía en el exterior y se colaba por desagües y canalones, sin perder concentración, musicalidad ni buen gusto. Soprano a seguir de cerca y el acompañamiento maestro de Burgueras, también acertado en cuanto a bucear en repertorios siempre adecuados a cada voz.

El momento emotivo lo puso el violonchelista Santiago Ruiz de la Peña hijo, una mayoría de edad con este regalo de poder interpretar el Concierto para violonchelo y orquesta en la menor, op. 33 de Camille Saint-Saëns con el piano de Sergey Bezrodny, joven con la música antes de nacer por sus padres y ejemplo de elección por su parte de un arduo camino sin fin donde el sacrificio será diario, aplaudiendo su opción y el apoyo en casa para una carrera de auténtico fondo. La muestra este concierto del compositor francés muy trabajado, con acompañamiento de virtuoso y la búsqueda personal de un sonido propio, afinado y afianzado, pues la interpretación como el sentimiento mostrado le vienen de raza, no en vano se suele decir que el violonchelo es el instrumento más parecido a la voz humana, feliz conjunción familiar.

El barítono Pedro La Villa está evolucionando en cada curso, ganando en color y emisión, le cuesta “soltarse” por lo que elegir sus dos obras fue otro punto favorable, el aria Va tacito e nascosto del “Giulio Cesare” (Händel) algo pesante y demasiado silábica, y sobre todo la canción sobre texto de Shakespeare Take, O take those lips away (Roger Quilter) donde la escritura “de salón”, camerística con el piano le dan más cercanía y expresión que la ópera barroca.

Algo parecido podría decir del tenor asturiano Adrián Begega con Thy rebuke… Behold, and see… But thou del “Messiah” de Händel, ayudándole cantar con las manos ocupadas en la carpeta, habitual en los oratorios y cantatas, para disfrutar mucho más en el Poème d’un jour (Gabriel Fauré) siendo aplaudido en cada uno de los tres de nuevo con el piano de Burgueras coprotagonizando estas canciones de concierto donde Begega brilla con un color propio de amplias dinámicas y buena dicción.

Avance significativo de la soprano Canela García en cada curso donde la escucho, mucho trabajo previo cuyo premio será a largo plazo pero donde el estudio y repertorio irán dándole alegrías en una búsqueda dirigida por buenos maestros. El “Offertorium” de la Misa Sacra en do menor, op. 147 (R. Schumann) mantiene su voz contenida aunque requiera uniformidad de color en todos sus registros, mientras que con la romanza En la calle del Ave María del sainete lírico “La Canción de la Lola” (Chueca y Valverde) la soprano explora sonidos desde el idioma propio junto a la interpretación siempre necesaria de la música para la escena.

Termino con mi querida mezzo María Heres, joven apasionada de la música para quien el canto es casi obsesión, activa y pasiva, disfrutando en conciertos, participando con la Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” en el Festival Lírico carbayón, y formándose continuamente, buscando, ahondando, investigando, asesorándose para encontrar lo mejor para su voz que sigue ganando enteros en agudos y graves, color con personalidad, emisión clara y matizada, que en la primera aparición nos dejó un A Chloris (Reynaldo Hanh) cómplice con el piano del maestro Manuel, y la conocida aria Cara sposa de “Rinaldo” (Händel) sentida, convencida, metida en un repertorio donde se la nota feliz, recuperando el registro de mezzo o contralto últimamente “robados” por los contratenores. Y mostrándonos el rol cómico que no puede esconder, de nuevo defendiendo nuestra zarzuela en el registro apropiado, nada menos que a Gerónimo Giménez y “La Tempranica” con su zapateado más conocido como “La tarántula” tan exigente en la reducción orquestal para el piano como en el trabalenguas del texto encajado en un cuplé de altura que María nos cantó con aplomo, gracejo y solvencia.

Gracias a todos por esta despedida de “abril, aguas mil” donde el diluvio fue de ilusión por parte de los intérpretes, “a mal tiempo buena cara” por la entrega y pasión del dúo Begoña-Manuel, y servidor tan refranero como Sancho Panza en un país que necesita muchos Quijotes para seguir defendiendo y apostando por nuestro patrimonio y nuestra cultura, aunque “no hay peor sordo que el que no quiere oir“. Al menos seguiremos con la música porque “quien canta, sus males espanta” y “donde música hubiere, cosa mala no existiere“…

1) Ruperto Chapí: “Mientras el Teatro Real sea un teatro extranjero, mientras no se organice con dirección al arte Nacional, mientras este arte no haya de encontrar allí más que desdenes de la parte de un público hostil, bien va como va. Vengan o vayan “Lucias” y tenores Marconis, que todo ello se caerá sólo como lo del cuento. En tanto, ya lo sabéis compositores españoles, el Teatro Real, por ahora, no es nuestro reino“.

Fagioli d’Oro trae la primavera

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Martes 13 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de Cámara: Centro Nacional de Difusión de la Música (CNDM) y Ayuntamiento de Oviedo, V Primavera Barroca, Haendel Arias, Franco Fagioli (contratenor), Il Pomo d’Oro. Precio abono ciclo (butacas no numeradas): 84 € (73,50 € para abonados a otros ciclos).

El Barroco no pasa de moda, aumenta su demanda, no suele defraudar, es cómodo de escuchar, no cansa… comentarios habituales que escucho y corroboro. Apostar por un ciclo o festival monográfico siempre es arriesgado pero conociendo el panorama actual y comprobando que Asturias tiene un público incondicional que apoya y presume de nuestros intérpretes en este periodo o estilo que triunfan allá donde van (mientras aquí les echan), era previsible hace cinco años una Primavera Barroca en Oviedo con el CNDM apoyando y sumándose Conservatorio y Universidad a esta oferta que incluye conferencias para estudiantes y aficionados que se ha consolidado, dejando la sala de cámara pequeña otro año más, con cola media hora antes buscando una buena localidad (no están numeradas) sobre todo cuando nos traen figuras de la talla del contratenor Franco Fagioli y la agrupación Il Pomo d’Oro, conocida de otras actuaciones en la capital asturiana.

Comentaba en mi reseña para La Nueva España que “Fagioli logra la apoteosis con Haendel“, calidad vocal, entrega escénica, técnica asombrosa con fiatos larguísimos y el ropaje a medida de un sexteto de cuerda liderado por Stefano Rossi de concertino más el clave primoroso y preciosista de Federica Bianchi, quinteto sin viola en las obras instrumentales que no solo ayudan al descanso vocal sino también a disfrutar de otras páginas delicadas complemento de la selección de arias del genio alemán, perfectamente comentadas en el programa por mi tocayo sevillano Pablo J. Vayón.

Estuve estos días hablando a mis alumnos de Farinelli y otros castrati famosos como Senesino o Caffarelli proyectando en clase la película donde se reflejaba perfectamente esta Europa del XVIII con el poderío escénico de unas voces “contra natura”. El número de marzo de Scherzo dedica portada y entrevista al contratenor argentino afincando en Madrid Franco Fagioli que merece la pena leerse porque explica mucho de este proyecto y obras elegidas, diciendo “buscar la verdad en escena desde el momento único de la interpretación y su más absoluta honestidad”. Así fue esta velada Haendel escuchada con la misma pasión y devoción derrochadas por Fagioli con Il Pomo d’Oro, con un cierre inédito en Oviedo al cantar y bien afinado todos la segunda propina Lascia ch’io pianga a coro, tras la primera con otra aria de Serse.

Del programa que dejo aquí escaneado el Allegro inicial de la Sinfonía en si mayor HWV 338 aunque para fagot, cuerdas y bajo continuo se entiende que por la plantilla solamente de cuerda que los “pomodoros” presentaron en esta primavera adelantada resultó un arreglo para el quinteto (la viola solamente se sumaría a las partes vocales), y las arias por pares en la primera parte, por lo cual Cara sposa, amante cara / Venti, turbini, presta (de “Rinaldo”) no fue el cierre sino Mi lusinga il dolce affetto (de “Alcina”). Destacable cómo reinó el silencio antes de algunas de ellas facilitando la “transformación previa” de Fagioli en Bertarido, Oreste, Rinaldo y otros héroes de las óperas de Haendel, la que no hubo en los finales con esas inexplicables prisas por aplaudir primero, impidiendo degustar los segundos que flotan en el aire tras la última nota. Deberían observar al cantante lo que tarda en recuperarse antes de agradecer las palmas y vítores, por otra parte más que merecidos.

Sin necesidad de clasificar esta voz que se definía hace años falsetista, diríamos que posee el registro de alto y las agilidades de los llamados sopranistas, por lo que Fagioli puede afrontar cualquier personaje (afectos sería más correcto) de estas óperas y dotarlo de color propio, organizando el programa para alternar y jugar arias reposadas, dramatizadas frente a las virtuosas y un acompañamiento ideal en dinámicas y calidades, distinto al grabado pero más cercano en todo y por todo. Impresionante su registro grave y los pasos de registro con naturalidad desde la técnica y el buen gusto que mostró de principio a fin, propinas incluidas.

Ramón Avello en El Comercio titulaba “De la furia desatada al lamento conmovedor” para explicar esos cambios de roles e interpretación. Ver al público vehemente en el aplauso, volcado con los músicos en cada una de estas obras inmortales y sumado al final inédito coreando con Franco cual último éxito de los “principales” corrobora que el Barroco goza de buena salud, no es tan caro como lo sinfónico, vende discos, se firman autógrafos y es apto para todas las edades. En Oviedo también la ópera comienza a apostar lentamente por títulos barrocos sabedores del “tirón” que siempre tiene, más cuando se cuenta con voces de calidad.

Bienvenida adelantada de la primavera un martes y 13 sin supersticiones.

Mozart, escuela de voces

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Viernes 2 de marzo, 21:00 horas – Domingo 4 de marzo, 19:00 horas. Teatro Cervantes, Málaga: XXIX temporada líricaCosì fan tutte ossia la scuola degli amanti, K. 588 (Mozart). Berna Perles (soprano), Carol García (mezzo), Pablo García López (tenor), Damián del Castillo (barítono), Enric Martínez-Castignani (barítono) y Beatriz Díaz (soprano); José Miguel Román (clave); director de escena: Curro Carreres; Coro de Ópera de Málaga (Salvador Vázquez, director), Orquesta Filarmónica de Málaga (OFM). Director: Manuel Hernández-Silva. Entrada platea: 60€ + 2,50€ gastos de gestión (¡por la compra on line!).

Muertes cercanas y sentidas, Gustavo Tambascio recordado en el programa por el escenógrafo Curro Carreres en esta reposición malagueña de 2010, y por megafonía el mismo viernes a Jesús López-Cobos que siempre confesó su admiración por “El Così de Mozart“, de nuevo por curiosidades de la vida reemitido por La2 de TVE en su horario “hard time”, apostando por la ópera y la cultura en general, de una a cuatro de la madrugada en la producción de Haneke para el Real madrileño de hace cinco años.

El Maestro Hernández Silva además de mozartiano de pro, desde su llegada a Málaga ha apostado por voces que con el tiempo vamos encontrándonos y escuchando en distintos coliseos, así que más allá de recitales y música sinfónico coral esta vez tocaba hacer ópera.

El elenco de este Così parecía tenerlo claro, no ya por las seis voces específicas en cada rol sino por ese “descubrimiento” de José Miguel Román al clave al que considero el séptimo personaje por la excelencia en todas y cada una de sus intervenciones (el trabajo previo con el maestro venezolano me lo imagino largo y detallista), una OFM sonando a cámara con dinámicas casi siempre contenidas favoreciendo toda la acción sobre el escenario, un coro fuera de él ubicado en las bolsas laterales del primer piso en esa búsqueda de dinámicas y colores vocales, más una puesta en escena sin descontextualizar, Nápoles de 1790 con su vestuario elegante y decorados palaciegos, más leves guiños ampliando espacio con entradas y salidas por el patio de butacas sumados a una figuración que redondeó esta “Escuela de los amantes” aplaudida, equilibrada, con todo vendido para las dos funciones.

El genio de Salzburgo siempre resulta equívoco por la aparente sencillez y facilidad de sus obras, las óperas no escapan a dicha sensación y las exigencias son verdadera trampa para cada intérprete. La obertura tardó en arrancar un engranaje instrumental que Hernández Silva manejaría con autoridad y precisión de relojero. De “su” sexteto vocal para esta “ópera matemática”, simétrica por las apariciones, elegidas por color y dramatismo para una producción cien por cien clásica, comenzar destacando la generosidad de la soprano Beatriz Díaz aceptando esta Despina que resultó el motor de la representación, un personaje que actúa como revulsivo del resto no solo por comicidad (médico y notario dignos de las grandes voces) sino por calidad, brillando en sus arias, empastando los dúos, sumando enteros en los concertantes (mágico el sexteto) y dando una lección en sus recitativos convincentes, suponiendo el pegamento para el resto de compañeros, elevando el nivel global desde su complicidad y aplomo con los compañeros. Enric Martínez-Castignani como Don Alfonso estuvo correcto vocalmente, puede que algo más opaco de lo esperado adoleciendo una actuación de viejo (que no lo es) maquinador, creerse este personaje con muchas aristas que como barítono no explotó, al menos en la primera función.

De las parejas dobles protagonistas comenzar con Damián del Castillo, barítono excelente y convincente Guglielmo, enorme en escena cantando y actuando, equilibrado por el Ferrando de Pablo García López mozartiano puro en emisión y dicción, casi sobreactuado en lo cómico pero hondo en interpretación, ganando cuerpo en los graves siendo ya un tenor al que seguir. Su Aura amorosa literal y digna de bisarse cortó la respiración al público malagueño que esta vez resultó excesivamente educado.

Ellas, las que finalmente acaban dándonos la lección a nosotros, Berna Perles fue la Fiordiligi malagueña a la que pesó más de lo deseado ser local, pienso que algo nerviosa para un papel exigente al que fue tomándole el pulso a medida que la función avanzaba, con una emisión más oscura que en otras ocasiones y agilidades no del todo limpias.

La Dorabella de Carol García también ganó de escena en escena, una mezzo de emisión clara aunque con cierto vibrato que puede llevar a calar y hasta ensuciar algunas intervenciones, pero resuelta, convencida y cerrando un sexteto homogéneo, bien dibujado vocalmente para todo un juego de equilibrios mozartianos donde Hernández Silva volvió a demostrar conocimiento y pasión por Mozart transmitido a todos.

Contra los imprevistos siempre Verdi

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Sábado 24 de febrero, 20:00 horas. Oviedo, Conciertos del Auditorio: Olga Peretyatko-Mariotti (soprano), Luca Salsi (barítono), Oviedo Filarmonía, Tung-Chieh Chuang (director). Extractos de óperas de Mozart, Mascagni y Verdi.

Con expectación esperábamos en Oviedo, capital operística con solera, a la soprano rusa Olga Peretyatko, añadiendo el apellido Mariotti por matrimonio con Michele Mariotti en otra pareja para la historia de la lírica entre diva y director. En el concierto del sábado compartiría programa con el barítono Thomas Hampson pero a mediados de semana nos encontrábamos el aviso de cancelación aquejado de una insuficiencia respiratoria con el obligado cambio de obras y la búsqueda de otro barítono que pudiese afrontar con solvencia este duelo con la nueva diva rusa que desde ahora habrá que llamar como las estrellas con artículo delante, “La Peretyatko” (pues La Netrebko sigue siendo única), encontrándose los organizadores con el italiano Luca Salsi recién finalizada su participación en el Trovatore del MET ( hace pocos años también le tocó sustituir a última hora a Plácido Domingo) antes de volver en abril con Lucía y tras el recital del pasado domingo 18 en la Opera Naples que tiene a nuestro Ramón Tebar de director artístico (también pianista) en esta ciudad en el suroeste de Florida.

El barítono se sumó rápidamente a los ensayos con la Oviedo Filarmonía bajo la batuta del joven director taiwanés Tung-Chieh Chuang, auténtico responsable musical del concierto, agradeciéndoseles a todos por megafonía esta buena predisposición para luchar contra los imponderables, volviendo a realizar cambios en el añadido para la velada sabatina.

Bautizada por la prensa musical como “La dama rusa del bel canto”, a la soprano rusa no le escuchamos nada de Rossini y prefirió para Oviedo cantar un poco de Mozart que siempre es mucho, y mucho Verdi que no es poco, junto al barítono italiano que sería padre político, biológico e incluso amante a lo largo de esta selección de óperas en el formato habitual de un aria y un dúo, semiescenificados, y dos más uno tras el descanso, sin faltar oberturas e intermedios amén de las esperadas y ensayadas propinas. Pero quien se merece un aplauso enorme de admiración y trabajo es el talentoso director taiwanés Tung-Chieh Chuang, premiado en el concurso para jóvenes directores Malko de la capital danesa en su edición del 2015, lo que le abrió más puertas, demostrando ser un maestro de la concertación con cantantes, mimándoles en las dinámicas y tempi, con gesto claro y preciso para la orquesta, la Oviedo Filarmonía, a la que se le notó cómoda pese a las premuras e inconvenientes surgidos.

Con Mozart tocó abrir (y casi cerrar) velada con Le nozze di Fígaro, primero la obertura ágil, rotunda y precisa antes de la aparición de la Condesa con Dove sono i bei momenti, recién estrenada en el repertorio de la rusa que puede con el aria pero aún le falta rodarla, demasiado sobria y falta de sentimiento.
Debería haber seguido Mascagni y su bellísimo además de delicado Intermezzo de “Cavalleria rusticana” que la orquesta ovetense (con Marina Gurdzhiya nuevamente de concertino) ya ha interpretado en conciertos similares y el maestro Chuang volvió a sacar lo mejor de ella. La Julieta de Gounod se cayó del programa, supongo que por mantener “cuotas de intervención”, así que…

… rompiendo también esa unidad argumental se adelantó la salida de Luca Salsi para comenzar con Verdi y La Traviata, la famosa aria de Giorgio Germont Di Provenza il mar, il suol que pienso le pilló un tanto frío, sobrado de potencia que puede llegar a variar por momentos la perfecta afinación. Y mucho mejor el dúo con su “nuera” Madamigella  Valery? donde empastaron perfectamente, moviéndose a la izquierda del podio casi peligrando la batuta del taiwanés, creíbles vocalmente y mimados en las dinámicas por Tung-Chieh Chuang y una orquesta ideal en estas partituras. Faltó la Violeta perdida (aunque sí el público aplaudiendo el dúo antes del “sacrificio”), nada abandonada sino felizmente encontrada por un Germont padre todo poderoso y generoso con la descarriada que tiene hace ya años en su repertorio.

Tras el descanso más Verdi, auténtico protagonista, impecable obertura de “La forza del destino”, digna página de conciertos sinfónicos (junto a las anteriores de Mozart y Mascagni) para una orquesta muy centrada y eficaz pese a los imprevistos. Cambiando de rol y de vestido (oro en la primera y rojo en la segunda ) inició la soprano rusa su segunda aria en solitario con Mercè, dilette amiche, el bolero de Hèléne (“Les vèpres siciliennes”) que aún necesita maduración y reposo pese a los años que lleva en su repertorio, tal vez el aire sea el de su Carmen pensada pero los graves deberán ganar redondez y volumen igualando colores demasiado contrastados todavía.

El italiano Salsi además de complemento masculino y paternal como Giorgio Germont nos regaló un entregado Macbeth Pietà, rispetto, onore que nos supo a poco, voz pletórica y rotunda, más contenido que de suegro y centrado en esta su segunda aria antes de pasar al padre jorobado con esos roles del genio de Busseto que exprimen todas las cuerdas para perfilar cada cantante su propio personaje.

La Peretyatko tiene igualmente bien estudiada y cantada la Gilda de “Rigoletto” aunque su Gualtier Maldé!… Caro nome con excesiva pirotecnia vocal en su última aria en solitario, tercera de la noche, resultó muy personal pero poco precisa aunque entregada en volúmenes para los agudos, antes del final con su “padre” Salsi, primero el Cortigiani vil razza dannata reválida de todo barítono que el italiano defendió con vehemencia, credibilidad (encorvándose además de cojear) y volumen, más el dúo paternofilial Tutte le feste al templo donde la soprano estuvo algo tapada por el barítono mientras Tung-Chieh Chuang no tuvo contemplaciones dinámicas con una orquesta madura.

Aplauso enorme para el barítono por lo que supuso esta sustitución de última hora que no decepcionó a nadie y se adaptó a las circunstancias, más los bravos para la prometedora diva rusa que aún sigue en ascenso para poder mejorar Verdi tras encandilar con Rossini, ausente en Oviedo. Personalmente su color vocal puede ser mozartiano y hasta creerme que los años la lleven por estos repertorios, es cuestión de esperar y elegir.
Ante el éxito nada menos que tres propinas: la Bess rusa del Summertime (Gershwin) que figuraba en el primer programa aunque ella prefiriese darnos sorpresso, sin poso en el grave, muy plana pese a sus agudos pero de lo más comercial. Como Zerlina llamaría al conquistador italiano para “darse la mano” y marcharse lentamente con Mozart (Là ci darem la mano), un Salsi poliédrico pasando este sábado de suegro a padre y finalmente Don Juan con la Peretyatko menos “Verdi” con Wolfgy en feliz dúo.

Mozart es mucha ópera y hubiese sido el final ideal, pero sin más papeles preparados y para regocijo del respetable quedaría organizarse un poco con unos desconcertados músicos y director para bisar los compases últimos del dúo Todos los días de fiesta con Verdi, y Oviedo volvió a disfrutar de la ópera aunque sea en concierto.

P. D.: reseña en La Nueva España de este domingo 25 y crítica del lunes 26 edición digital solo para suscriptores, adjunto foto:

Cimientos musicales solidarios

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Viernes 2 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto SolidarioDía mundial del Cáncer”. Lola Casariego (soprano), Francisco J. Sánchez (tenor), Gianpaolo Vadurro (piano), Coro y Orquesta de la Universidad de Oviedo, Coro “Bloque al canto” del Colegio de Aparejadores de Asturias, Pedro Ordieres y Joaquín Valdeón (directores). Donativo: 15 €.

No solo en tiempos de crisis, aunque parezcan peores, es habitual encontrarnos con actos solidarios para recaudar fondos destinados a todo tipo de necesidades. La música siempre mueve públicos de todo tipo y la lucha contra el cáncer también, pues rara es la familia que no ha tenido cerca esta enfermedad contra la que seguir luchando, más ahora que ha dejado de ser sinónimo de muerte aunque siga sumiéndonos en tristeza o pesimismo, algo contra lo que la AECC lleva décadas trabajando. Su Junta Provincial en Asturias trajo este primer viernes de febrero la música para celebrar el “Día mundial del Cáncer” en el Auditorio de Oviedo como recordó en la presentación mi querido amigo el televisivo Laude Martínez, esa lucha sin bajar la guardia que podemos hacer extensivo a la música no ya como terapia contra todo dolor sino también como perfecta herramienta solidaria en este edificio nacido para ella donde también se han celebrado congresos, exposiciones y todo tipo de eventos no siempre solidarios, cuestionándose ahora la seguridad después de veinte años.

Agradecer las colaboraciones de la Universidad de Oviedo, del Ayuntamiento o de El Corte Inglés para adquirir las invitaciones incluso de fila cero para ayudar a mantener la batalla contra el cáncer, porque investigar cuesta dinero al igual que estudiar música, algo imposible en nuestro país hace años pero que tristemente vuelve a descuidarse en los presupuestos, por lo que el donativo de 15 euros sabe a poco para esta causa donde se nos ofreció un concierto con artistas de casa y solidarios, como la profesión o afición que han elegido, cuyo arduo trabajo, casi siempre invisible, no tiene más recompensa que el aplauso. Y celebraciones siempre con la música, también asturiana solidaria y desde el corazón de todos.

De los intérpretes quiero comenzar citando a la soprano ovetense Lola Casariego, cuya trayectoria sigo desde finales de los 80 (conservo tres casetes grabadas desde la tele con el Acis y Galatea de Literes) cuando dio el salto desde la cuerda de segundas del Coro Universitario, hoy también presente, para comenzar una carrera de fondo dura e imparable, donde ha tenido que redescubrirse hasta llegar a este 2018 plenamente asentada con un trabajo para el que no hay vacaciones ni todos los contratos deseados. Con ella nuestro “hijo adoptado” más que adoptivo Francisco J. Sánchez, un habitual del Festival Lírico del Campoamor donde hemos podido disfrutarle como tenor (no me gusta la etiqueta de actor cantante porque todos los cantantes deben actuar y los actores cantar…) en títulos como La Marchenera, El Terrible Pérez (2016) y especialmente el Maharajá (2017) cuyo escanciado y asturianía (amén del “puto yoga”) le valió mi bautizo como ATA (Adoptado Tenor Asturiano) al querido Paco que sigue ganando repertorio y color vocal.

A esta pareja de solistas le tocó abrir concierto, cimentar una velada para todos los públicos y gustos
con acompañamiento de piano, alternando soprano y tenor obras variadas desde la canción de concierto a la ópera pasando por la zarzuela hasta la opereta, que paso a desgranar.
La bella página A Chloris de Reynaldo Hahn no puede faltar en un recital de Lola porque la hace suya, aperitivo ideal antes de Le violette (Alessandro Scarlatti), “canzonetta” o aria antigua de la ópera “Pirro e Demetrio”, habitualmente interpretada por soprano pero válida para cualquier voz con Paco defendiéndola con solvencia, ampliando repertorio y registros, de agilidades bien resueltas y proyección suficiente.
El aria Ecco l’orrido campo de “Un ballo in maschera” (Verdi) pienso que no fue buena elección entre el amplio repertorio operístico que la ovetense tiene, más por color que tesitura esta Amelia, incómoda igualmente, y con un piano inseguro que no la ayudó finalizando el “Miserere” calada. De la conocida Jota de Falla por parte del tenor madrileño podría comentar lo mismo, el pianista venezolano perdido en el acompañamiento (el único original de la velada), supongo que por no tratarse de la versión aguda (soprano o tenor) sino de mezzo / barítono, registro más grave que no proyecta como un tenor aunque “la despedida” fuese auténtica haciendo mutis por la puerta lateral.

Mucho mejor las siguientes apariciones por parte de los tres, la Santuzza de “Cavalleria rusticana” (Mascagni) parece compuesta para Lola Casariego que mantiene el color y dominio grave de mezzo con las agilidades de este rol, por lo que el aria Voi lo sapete, o mamma brilló con el dramatismo requerido al que Vadurro también colaboró. Y Francisco J. Sánchez sí pudo ser el Leandro de mi tocayo Sorozábal cuya zarzuela “La tabernera del puerto” volveremos a disfrutar en junio para cerrar las bodas de plata del Festival Lírico ovetense. La romanza No puede ser es tan exigente o más que muchas arias operísticas, Paco la lleva en la sangre y el trabajo en la dirección correcta le ha permitido cantarla cómodo, fiel a la partitura sin respiración alguna en el final, afinado y convincente sin buscar excesos que pueden ser tan perjudiciales como el tabaco. Zarzuela de nuestra historia y tradición con páginas imperecederas, bien sentida por Lola que brilló en Sierras de Granada de “La tempranica” (Giménez), demostrando rigor, honestidad y entrega máxima, luciendo ambos una virtud que parece perderse muy a menudo como es la exquisita vocalización de cada romanza.

Y qué mejor que el dúo de “La Dolorosa” (Serrano) para reivindicar nuestro género, papeles de Dolores y Rafael perfectamente dramatizados en escena con el piano en reducción orquestal, intimismo y emoción para lograr transmitirla a un público ya entregado a esta pareja.

Todos deberíamos presumir de nuestra música, genuinamente española y llamar a la opereta “la zarzuela vienesa”, pues eso es entre otras “La viuda alegre” (Lehar) cuyo conocidísimo dúo Lippen Schweigen por parte de Paco y Lola (con piano) ni siquiera necesitó cava o sidra champanada para imaginar y compartir desde nuestras butacas el ambiente de salón en escena, elegancia, saber estar y final ideal para esta primera parte.

La segunda parte sería universitaria con refuerzo de aparejadores para finalizar un edificio solidario y sentido, primero la Orquesta Universitaria que continúa formación y ensamblaje en este su primer curso académico con Pedro Ordieres al frente, y tras su presentación navideña con Händel más los asturianos Ordás y Martínez, tocaba retomar pulso con el siempre festivo Haydn en este primer viernes preparando Carnaval y Cuaresma, lo profano y lo religioso conviviendo como la propia vida y la música, para seguir engrasando, empastando, completando sonoridades y entendimiento. “Junior”, como llamo cariñosamente a Pedro, hijo menor de Alfonso Ordieres Rivero que fundase esta orquesta en 1979, pionera entonces (y de momento el último de la saga), conoce este repertorio desde crío, así que elegir la última sinfonía de Papá Haydn, la número 104 en re mayor, no es casual. Sus cuatro movimientos bien diferenciados permiten trabajar cada sección para ir armando esta construcción musical, verdadero edificio sinfónico al que generaciones posteriores siempre han mirado, compositores y formaciones, así que la dirección de los universitarios es correcta, de menos a más con detalles que incluso las orquestas profesionales tampoco solventan satisfactoriamente, quedándome con el “Finale Spiritoso” como meta y objetivo por otra parte lógico y literal como la indicación del aire. No se puede pedir más en menos tiempo.

Y tenía especial interés en volver a escuchar el Stabat Mater Speciosa de Gabriel Ordás (Oviedo, 1999) estrenado en la Catedral el pasado 18 de diciembre contado por mí desde las mismas páginas de La Nueva España que también publican la crónica de este, y que en el blog dejé entonces idéntica para publicarla después que la prensa, aunque esta vez quise alargarme mucho más con la libertad de no limitarme espacio y poder añadir vínculos (links) que siempre enriquecen.

Sumando esfuerzos y sonoridades a la Orquesta Universitaria llegaría el relevo en el podio con Joaquín Valdeón y “sus” dos coros, el Universitario más el de Aparejadores, Bloque al canto cual metáfora musical para un concierto construido con los mejores materiales para crecer en altura, disfrutando nuevamente del Stabat Mater de Ordás. Volver a recordar su edad ¡18 años! pero de una hondura diría fuera de esta época, atemporal y nada casual, fruto de una formación humanística sumada a un talento innato acrecentado por un inspirador trabajo incansable con todos los apoyos familiares y profesionales. Cada obra es admirable y su capacidad compositiva envidiable, esperando volver a escuchar otro estreno este mes con la OSPA (el 22 en Avilés y el 23 en Oviedo con Milanov dirigiendo Onírico). Stabat Mater Speciosa, imagen de la Virgen no dolorosa con su hijo muerto sino con el Niño triunfante y dulce, como sonó de nuevo con un coro reforzado y una orquesta un poco corta en plantilla pero dando su dimensión real, auditorio mejor que catedral con trampa y cartón acústicos por engañosos al oido, esta vez en el espacio pensado para la música, ya trabajado e interiorizándose aún más por parte de todos, con mayores dinámicas plenamente asentadas donde se agradeció el aumento vocal aunque se pierda color, y necesitando más efectivos de cuerda para una plantilla con amplia percusión más órgano, que pese a ello consiguió los balances ideales para unas melodías bien construidas capaces de emocionar cantando en latín.

La vida sigue dándonos regalos, cada día uno, con belleza, calidez, esperanza, solidaridad, esta vez contra el cáncer pero que nunca nos falte, seguir luchando sin desfallecer, sin bajar la guardia, sea en cualquier faceta, con la música como la mejor terapia y motor vital, el mismo ímpetu juvenil que el de este primer viernes de febrero.

Siempre progresando

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Lunes 29 de enero, 20:00 horas. RIDEA, Oviedo: La Castalia, Concierto de Clausura Curso de Repertorio Vocal. Manuel Burgueras (piano), Begoña García-Tamargo (directora artística y profesora de canto). Inés de Arvizu, Nora Chena, Canela García, Carla Romalde y Janeth Zúñiga (sopranos), Nerea González, María Heres (mezzosopranos), Adrián Begega (tenor), Ricardo Barrul, Pedro La Villa (barítonos).

Oviedo sigue manteniendo, a pesar de los recortes económicos, una tradición cultural y musical de muchos lustros donde la lírica forma parte de su propia historia y la de toda Asturias, con una temporada de ópera estable desde 1948, siendo la segunda más antigua de España, más la no siempre querida zarzuela que este año alcanza sus bodas de plata en el llamado Festival de Teatro Lírico Español, de nuevo con solo dos únicas funciones pero manteniendo con el titular madrileño la única oferta permanente de nuestro género por excelencia. Por todo ello es lógico pensar que la afición al canto haya surgido de forma espontánea en nuestra tierra, se hayan formado cantantes que estamos exportando a coliseos no solo europeos sino sudamericanos y hasta orientales, siendo consecuencia de ello que también figuremos como objetivo no ya en la programación, igualmente necesario, sino también en la formación, esa que nunca finaliza.
La Castalia apuesta por formar nuevas voces en unos cursos que sigo hace años, y sus conciertos finales suponen no ya la prueba de fuego necesaria para todo cantante sino el escaparate donde ofrecerse para proyectos de todo tipo. Su directora artística y profesora Begoña García-Tamargo hizo una defensa de nuestras voces, pidiendo les den más peso en los repartos, así como una encendida apuesta por la zarzuela en Oviedo, plenamente exportable y poco defendida sin entrar en detalles ni responsabilidades, que haberlas haylas.

Este nuevo curso traía diez voces variadas con dominio de las mujeres, sobre todo sopranos (cinco), casi todas conocidas y disfrutando de un repertorio que siguen aumentando “hecho a medida” por y para cada una de las voces, todas distintas e igual de sacrificadas, eligiendo 23 páginas, todas ellas con el maestro Manuel Burgueras al piano, esfuerzo titánico también para él y seguro para todos por confianza y dominio de este repertorio con arias de óperas barrocas, belcantistas, Mozart siempre necesario y hasta contemporáneas junto a varias canciones llamadas de concierto en distintos idiomas igualmente necesarios para una educación permanente donde los avances mostrados por muchas de ellas desde el verano pasado o el anterior curso de noviembre, se notaron muchísimo.
Alumnado muy aplicado de distinto nivel inicial que trajeron como examen final un variado programa para un público que volvió a dejar pequeño el Palacio de los Condes de Toreno. Con leves cambios en el orden de intervención o de las obras, iré desgranando con leves comentarios y fotos de estas voces que ya comienzan a sonar fuera de nuestra tierra.

La mezzo María Heres está asentándose en un repertorio barroco que le va bien y abriendo velada con el aria Ombra fedele anch’io de “Idaspe” (R. Broschi) continuando el barítono Ricardo Barrul con Avant de quitter ces lieux de “Fausto” (Gounod) antes de retomar el orden que figuraba, casi aperitivos de sus posteriores intervenciones, pues Heres volvería avanzado el concierto con Vivaldi y Agitata de’ venti dall’onte de “Armida” y casi al final su incursión con el Rossini de “L’italiana in Algeri” y su Cruda sorte que le va muy bien por color, registro, agilidades ya trabajadas con el barroco, ampliando épocas siempre bien orientada.

El turolense Barrul sería quien cerraría velada con Mein Sehnen mein Währen de “Die tote Staadt” (E. W. Korngold) de voz que va tomando cuerpo en dos repertorios tan distintos como el romanticismo francés y el expresionismo alemán, mostrándose cómodo en ambos, notando clara mejoría desde su anterior visita.

De voz joven y capacidades por descubrir pero con un salto de calidad desde mi anterior escucha, la soprano mexicana Janet Zúñiga comenzó con Ridente la calma (Mozart) y Tornami a vagheggiar de “Alcina” (Händel), asentándose con desparpajo, afrontando agilidades sin miedo demostrando una capacidad de trabajo digna de elogio, ganas de aprender y avanzar que debemos aplaudir.

El barítono Pedro La Villa necesita soltarse físicamente, pues además de cantar se debe interpretar, escenificar, y Deh, vieni alla finestra del “Don Giovanni” mozartiano fue muestra de ello, no transmitió esa ronda a la amada, como tampoco el dolor de Finzi y la bellísima canción con texto de Shakespeare Come, away, come away, death, puede con ellas pero el siguiente paso es sentirlas, interiorizarlas y transmitirlas. Voz tiene para eso y más.

Tengo un cariño especial al Tríptico de canciones de Jesús García Leoz que tantas voces han llevado al disco y los escenarios, verdadera marca española para voz y piano que Burgueras siempre ha bordado y la soprano Canela García interpretó vocalmente faltando ese plus de vivenciarlas. Hasta los títulos son inspiradores, Por el aire van pide suspirarlo, De Cádiz a Gibraltar pasando por el puerto de Málaga invita al taconeo y A la flor, a la pitiflor unas olivas con picardía y salero.

Jugando con colores vocales dentro del recital prosiguió la mezzo Nerea González con dos páginas italianas que dominó sin problemas de extensión, expresión, idioma o sentimiento: Confusa smarrita de “Catone” (Pergolesi) y O notte, o Dea del misterio (N. Piccini), voz con aplomo y un registro grave que promete por color y emisión. Tomo nota para seguirla pues era “nueva en mi memoria”.

El nivel iba aumentando y llegó el turno de la soprano ferrolana Carla Romalde (1993) con una de las arias más bellas y difíciles del belcantismo, Eccomi in lieta vesta… Oh quante volte de “I Capuleti e i Montecchi” (Bellini), emoción y gusto en una paleta amplia, generosa, con agudos naturales y desenvoltura expresiva que el piano de Burgueras aún le sumó enteros, demostrando que la formación no acaba y los repertorios crecen con el trabajo bien enfocado.

El tenor asturiano Adrián Begega optó por dos de las nueve “Songs of Travel” de Vaughan Willliams, Let Beauty awake y The roadside fire, bien cantadas aunque suenan mejor en otros registros y faltas de la emoción que sí tuvo con Lalo y el aria de “Le roi D’Ys” Puisqu’on ne peut fléchir… estando cómodo en ambos idiomas y con un color personal que sigue moldeando.

A la soprano Nora Chena puedo incluirla en la terna de “sopranos de otra liga” (con la ya comentada Romalde y Arvizu que será la siguiente) en cuanto al nivel y repertorio trabajado así como unas tablas que el tiempo y la experiencia suman a su favor. La vitoriana también escuchada en verano cantó el aria de Asapassia Nel grave tormento de “Mitridate re di Ponto” (Mozart) corroborando la engañosa facilidad de estas arias, agradecidas de escuchar y un tormento de trabajo que la soprano solventó con profesionalidad, y Goizeko eguzkiargiak (Los cielos me darán la luz) de “Mirentxu” (Guridi) que parecen ser exclusiva de quienes dominan el euskera como la propia soprano, aunque las melodías de su paisano siguen siendo universales.

Punto y aparte merece la abogada y soprano pamplonesa Inés de Arvizu que nos dejó tres muestras de su capacidad, técnica sobrada para una voz que se muestra cómoda en partituras tan distintas como las que remató más que preparar en este curso, dada la dificultad de todas: Ach, ich fül’s, es ist verschwunden, la Pamina de “La flauta mágica” (Mozart), Come, now a roundel de “Sueño de una noche de verano” (Britten) y Piangerò la sorte mia de “Giulio Cesare” (Händel), tal vez buscando probar y acertar en la elección donde las sensaciones son siempre muy personales. Impecable en las tres me decanto por el inglés sentido y poco agradecido para tanta belleza condensada en esa página con un piano orquestal y la voz entendidos como un todo.

De nuevo mis felicitaciones a La Castalia por seguir formando y enseñando valores líricos, así como a estas voces cuya pasión por el canto espero les permita vivir haciendo lo que más les gusta y poder disfrutar con ellas. No hay mayor satisfacción que encontrarse con los años figuras a las que vimos arrancar y formarse triunfando ya por el mundo.

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