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La más audaz

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Viernes 16 de abril, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Primavera II: OSPA, Akiko Suwanai (violín), Nuno Coelho (director). Obras de Ligeti y Bruckner. Entrada butaca: 15 €.

Tiempos de audacias, apostando por una cultura segura que sigue demostrando la responsabilidad y la necesidad de seguir con la música en vivo, pues las penas se vuelven alegrías con esta terapia, verdadero regocijo reencontrarse con conocidos, gozar del regreso seis años después de la japonesa Akiko Suwanai (a quien muchos descubrimos en 2009 ya con la OSPA) y del siempre gran director portugués Nuno Coelho al frente de la OSPA, sinónimo de entrega y energía, calidad y máxima audacia al programar nada menos que el concierto de Ligeti y “La sexta” de Bruckner, la más audaz como escribe Pablo Gallego en las notas al programa (enlazadas al inicio en los autores), exigencia total para los intérpretes y un púbico que sigue fiel.

Titulaba mi anterior concierto de esta “Primavera OSPA” arriesgar para disfrutar, y la apuesta ha subido un peldaño al programar el siempre poco agradecido Ligeti y su Concierto para violín (Rev. 1992), obra exigente para una orquestación muy especial y una escritura que lleva demasiado tiempo armarla para alcanzar las cotas deseadas. Se arriesgó el director luso antes de comenzar, tomando el micrófono para explicarlo en un castellano perfecto, no solo sus cinco movimientos sino las claves para poder seguirlo al detalle y hasta poniendo los ejemplos sonoros de las ocarinas en manos de las maderas, o las flautas de émbolo de los percusionistas, que hoy tuvieron mucho trabajo además de buenos resultados, antes de escucharlo en su integridad.

Arriesgado es también seguir sin titular tanto tiempo, así como sin concertino, aunque hoy la invitada Messun Hong rindió especialmente en esta obra junto a la solista japonesa que bordó en entrega, sentimiento y sonoridades redondas, una Suwanai que no optó por el repertorio conocido sino por una página complicada, llena en cierto modo de una religiosidad especial en los orientales, y así la entendió junto a la concertino norteamericana. Trabajo detallista y meticuloso de Coelho con el que la orquesta parece feliz, entendimiento y concertación con Suwanai, técnica exquisita, virtuosismo de altos vuelos y como decía, poco agradecido para gran parte del público, pero mi aplauso por seguir prestando atención a la música de mi generación, llena de referencias visuales más allá del sonido, y nada cómoda de escuchar por el esfuerzo intelectual que conlleva.

Especialmente bello el segundo movimiento, Aria, Hoquetis, Choral: Andante con moto, donde Akiko Suwanai nos regaló la mejor visión y expresividad de esta maravillosa página, bien arropada por su colega y una orquesta donde hasta las cuatro ocarinas tejieron un coral de color con referencia medieval junto a los aires zíngaros que también se presienten. Y aún más conmovedora la japonesa en la Passacaglia: Lento intenso, un silencio casi sepulcral en la sala roto por su violín susurrante que va creciendo en un diálogo exquisito con la orquesta, diría que lleno de meditación conjunta, violencia sonora sin agresividad, controlando pasiones en una introspección única. El último movimiento, Appassionato: Agitato molto dejó en todo lo alto este concierto de Ligeti, pleno de texturas con aires de danza en una obra de la misma edad que la OSPA cuyo esfuerzo interpretativo podría decir que nos dejó a todos exhaustos.

Y con las fuerzas casi al límite, mostrando todo el músculo de la plantilla, llegaba el momento esperado y álgido de la Sinfonía nº6 en la mayor (1879-1881) de Bruckner, en cierto modo otra incomprendida, y como el maestro Coelho confesaba a La Nueva España, “Las sinfonías de Bruckner son como el Everest“. También Pablo Gallego hace referencia en sus notas al símil montañero y a “… un camino de redención en el que no puede obviarse el ferviente catolicismo que le acompañó toda su vida“.

Pienso que el esfuerzo de Ligeti pasó factura en esta ascensión de cuatro “etapas” a La Sexta con Nuno cual sherpa guiando esta expedición, y al que no todos pudieron seguir tan infatigables como el luso, aunque se intentó. Arrancó todo Majestoso y majestuoso, con una cuerda tersa y los metales protagonistas, orgánicos como suelo calificarlos por el paralelismo con el instrumento rey del que Bruckner fue maestro.

Pero el primer tramo de la escalada resulta extenuante y ni siquiera el “campamento base” del Adagio-Sehr feierlich sirvió para tomar aire. Bien las intervenciones de violines y oboe, pero la marcha fúnebre era mal presagio, perdiéndose el empuje inicial a pesar del paso seguro del joven portugués. Hay que pisar bien y caminar a la par, evitando así caídas y desprendimientos del terreno, pero en el Scherzo-Nicht schnell – Trio. Langsam, los traspiés no fueron a mayores aunque deslucieron unas vistas de la ascensión con cierta neblina. Faltó la limpieza y precisión de esa danza vienesa bien marcada por Coelho, pero supongo que guardaban fuerzas para alcanzar la cumbre del Finale – Bewegt, doch nicht zu schnell, difícil ajustar el ritmo para que sea “movido, pero no demasiado rápido”, el transitar por tonalidades que pongan la bandera en todo lo alto y poder entonar el himno, pero faltó ese remate pese al esfuerzo que sí mereció la pena, pues las vistas desde esas alturas son un regalo del “organista supremo” al que Bruckner siempre tuvo presente. Gratitud, belleza, espiritualidad y emotividad en el gran sinfonista del XIX que sólo su discípulo Mahler pudo recoger el testigo.

Concierto arriesgado y sobre todo audaz, con esfuerzo poco recompensado del que recordaré el aire de religiosidad y gratitud vital de dos compositores emparejados en esta primavera aún fría, donde los reencuentros son cálidos. No se coronó la cumbre pero el recorrido mereció la pena y la semilla plantada ya está creciendo, falta poco para el esplendor florido y poder retomar otras vías para alcanzar más altas cotas musicales. La expedición cambiará de guía pero el equipo está ya bien entrenado.

Moreno sigue recuperando al Spagnuolo

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Miércoles 14 de abril, 19:00 horas. Sala de cámara del Auditorio de Oviedo, Primavera Barroca, CNDM “Circuitos”: La Real Cámara, Emilio Moreno (violín y dirección): “Bolonia 1708”. Obras de Francisco José de Castro ‘Spagnuolo’ y G. Torelli. Entrada: 15 €.

Tras un año pude volver al ciclo “Primavera Barroca” dentro de los circuitos del CNDM, habiéndome perdido los dos primeros por agotarse rápidamente las pocas localidades a la venta (no hay abonos) y el aforo está aún más reducido en esta sala de cámara del auditorio ovetense, pero siempre de agradecer recuperar la música en vivo, el siempre cautivador barroco, y nada menos que un día después de Les Arts Florissants con el histórico William Christie, esta vez con otra leyenda viva de la música barroca en España como es Emilio Moreno al frente de La Real Cámara.

Si el norteamericano casi francés está sacando a la luz muchas joyas desconocidas, el madrileño afincado en Cataluña no es menos, defendiendo y descubriendo autores nuestros como el sevillano Francisco José de Castro (ca. 1670-1723?) muerto en Italia, apodado El Corelli español pero más conocido allí como ‘Spagnuolo’ que en este programa Emilio Moreno lo emparenta acertadamente con el veronés Torelli, quien evidentemente tiene más cercanía e influencia, casi un modelo a seguir, y con la peculiaridad de tener al oboe y la trompeta como solistas.

La formación de La Real Cámara estuvo integrada por el propio Emilio Moreno en la dirección y el violín junto a Enrico Gatti, más los solistas de oboe Rodrigo Gutiérrez y trompeta Ricard Casañ, además del continuo con Mercedes Ruiz al chelo y los hermanos asturianos Pablo Zapico (guitarra y tiorba) y Aarón Zapico (clave).

Tras unas palabras del profesor (quien dio una conferencia previa) y auténtica leyenda en el barroco español, explicando porqué figura la autoría de estos ocho conciertos opus 4 de Castro publicadas en 1708 durante su estancia en Brescia (antes de partir a Florencia y Roma) como Accademico Formato, estando perdidos los primeros (esperando algún día se recuperen) y emparejadas con las de Torelli, más una breve semblanza del músico español bien formado en la Italia aristocrática y culta de los Médici, pudimos escuchar estos conciertos breves donde comprobar la evolución artística del sevillano, movimientos lentos casi como recitativos preparando los rápidos para lucimiento del oboe o la trompeta, incluso el último, bisado, con ambos instrumentos de viento. Compositivamente no se puede negar una evolución hacia el estilo italiano en estos yo diría que bocetos o apuntes, donde los solistas suelen ser contestados por el violín que hace de hilo conductor en todos ellos, y la alternancia típica de aires y matices, con indicaciones precisas en los propios títulos de los conciertos.

La interpretación estuvo bien equilibrada en las sonoridades a pesar del poderío de la trompeta que se mantuvo en un plano apropiado, con los “gallos” traicioneros pero manteniendo el tipo en unos movimientos virtuosos que probablemente con un cornetto hubiesen sido casi imposibles pero hubiesen ayudado a un mejor empaste y en especial en el Concerto ottavo à cinque: tromba, oboè, due violini e basso en re mayorRicard Casañ, salió airoso igualmente en  Torelli (Concerto per la tromba “Estienne Roger 188” en re mayor, ITG 21) aunque estamos más acostumbrados a la sonoridad de la trompeta piccolo menos “arriesgada” y traicionera que la natural. Bien al oboe Rodrigo Gutiérrez, que hubo de lidiar con pasajes virtuosos exigentes en contraste con los lentos bien “cantados”.

El “ensemble” también se lució sin los vientos, calentando como los instrumentos a lo largo de la hora de concierto, siendo clara la mayor enjundia de Torelli (Sinfonia à tre: due violini, violonchelo e basso en do mayor, op. 5 nº5) frente a un Castro al que debe seguir reconociéndosele en esta faceta de humanista bien formado, donde la música estuvo presente en su vida como compositor, violinista, pero también teólogo y traductor al latín e italiano de los textos de los autores místicos españoles del Siglo de Oro, tal y como el maestro Moreno comentó al inicio y escribe en las notas al programa, quien sigue recuperando patrimonio español como pudimos comprobar en el verano de 2018 además de seguir enamorado de Boccherini y por supuesto de su Bach, que le mantiene joven y activo.

Placeres mundanos

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Martes 13 de abril, 19:00 horas. Conciertos del Auditorio: Les Arts Florissants, William Christie (dirección y clave). “AIRS SÉRIEUX ET À BOIRE 3″. Entrada butaca: 34 €.

Oviedo sigue siendo “La Viena del Norte” español por su oferta de primera calidad con figuras de reconocido prestigio internacional y demostrando en cada concierto que la cultura es segura. Pese a las restricciones de aforo, los cierres perimetrales, las medidas de prevención e higiene, el público asturiano es fiel y necesita de la música en directo tanto como los propios intérpretes, algo que William Christie comentaba en una entrevista para El País alabando nuestra apuesta por abrir los teatros y donde se anunciaba este nuevo concierto primaveral del ciclo carbayón.

Todo un espectáculo el presentado por el maestro norteamericano afincado en una Francia que sigue defendiendo su cultura, potenciando compositores de los que apenas hemos escuchado ni su nombre, y con unos músicos que el propio Christie ha ido descubriendo, siempre acertado como pudimos comprobar en esta velada semiescenificada, con traducción simultánea (además de tener los textos en las notas al programa) de ese idioma tan rico para cantar como es el de nuestros ilustrados vecinos.

Cinco voces que con sus características individuales realmente destacables, empastando en los conjuntos, emocionando en solitario, a capella, divirtiéndonos y siempre bien arropados por un conjunto instrumental de primera donde el maestro Christie al clave casi pasó desapercibido, disfrutando como uno más de esta representación que como bien explican las extensas notas al programa, “Air de cour hace referencia a las canciones que se cantaban en la corte francesa y que en su origen eran melodías sencillas que hablaban de amor, de escenas pastorales, y que interpretaban trabajadores y doncellas. Sin embargo, en el s. XVII, este popular género se traslada desde las calles a los salones en los que se puso de moda entre la realeza y los aristócratas, quienes los adoptaron con extraordinario fervor. Estas canciones podían ser serias, alegres e incluso licenciosas en según qué momentos“, programa perfectamente armado que explora todas las posibilidades de este género permitiendo todas las combinaciones de los intérpretes en escena.

Destacables tanto las voces de Emmanuelle de Negri (soprano), Anna Reinhold (mezzo), Cyril Auvity (tenor alto), Marc Mauillon (tenor bajo / barítono) y Lisandro Abadie (bajo), especialmente soprano y tenor que prefiere el calificativo de alto y no “contratenor” con mucha razón por su voz natural de graves muy claros manteniendo un color homogéneo, así como el “tenor barítono”, en cierto modo buscando más el color que la tesitura, pues todos demostraron amplio registro y un gusto exquisito en sus solos, yen esta formación habitual de quinteto para este espectáculo que va por su tercera edición.

Del conjunto instrumental que trae para estos “aires de corazónLes Arts Florissants además del dúo de violines Tami Troman y Emmanuel Resche, destacar el impresionante continuo de Thomas Dunford a la tiorba, con intervenciones primorosas de sonido y buen gusto, más la viola de gamba de Myriam Rignol, perfectas combinaciones tanto instrumentales (insertadas entre las arias y provenientes de las tres principales fuentes de música para violines en la época de Guédron, Boësset y Moulinié), incluyendo el no muy abundante pero siempre imprescindible clave de Christie, como en las intervenciones solistas de tiorba y viola -incluso cambiando de posición para reforzar también las voces cantadas- además de participar de la acción en los momentos precisos, destacando la simpatía de Lorsque j’étais petite garce (“Cuando era una pequeña zorra”) de Pierre Guédron, donde una joven guardiana de vacas pierde su virginidad para comprarse un queso, contrastando voces e instrumentos por reflejar esas pasiones y placeres mundanos.

Las obras seleccionadas fueron cautivando de menos a más, dependiendo también del propio aire, lentas sentidas, declamadas, y rápidas llenas de esa comicidad intrínseca como el Rossignol de Claude Le Jeune, o el Que dit-on au village? del citado Guédron, combinación sabia de lo íntimo con lo burlesco, con un resultado de conjunto que hizo las delicias de todos los amantes de la música de los siglos XVI y XVII, la corte versallesca en ese cambio de siglo tan refinado y agradecido, finalizando casi en una oración o confesión de Suzanne un jour nuevamente de  Le Jeune pero evocador de nuestro Siglo de Oro, que nos hizo pasar el concierto en un suspiro, regalándonos dos bises que por las horas no pudieron ser más y disfrutando tanto Christie como su formación, lo que se apreció de principio a fin, pues como él mismo decía, “Tocar sin púbico es cruel“, y nosotros lo corroboramos.

Disfrutar la madurez

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Sábado 10 de abril, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”: Dmytro Choni (piano), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías (director). Obras de López Estelche, Rachmaninov y Brahms. Entrada butaca: 12 €.

Alcanzar la madurez supone disfrutar del tiempo vivido con todo lo que ello conlleva de aprendizaje, errores y aciertos, frustraciones y alegrías. Oviedo Filarmonía es ya una formación con el gran acierto en la elección como titular de Lucas Macías, pues no solo ha crecido desde la diversidad y versatilidad a lo largo de estos años sino que ha encontrado ese momento dulce capaz de afrontar sin complejos, con solvencia y entrega, desde una sonoridad propia, los grandes repertorios sinfónicos que no por muchas veces escuchados se hacen menos necesarios.

Si algo ha caracterizado a la formación ovetense sin duda es la amplitud de estilos que le confieren una ductilidad sonora difícil en otras orquestas. Y apostando por la nueva creación el “Proyecto Beethoven” ha reunido estrenos de cinco compositores que tienen una especial vinculación asturiana con la orquesta, siendo este sábado el turno de Israel López Estelche (Santoña, 1983) y sus Tres danzas donde la original “excusa” del supuesto origen español de la abuela del sordo genial, le sirve para construir un tríptico verdaderamente novedoso de ritmos con aires hispanos de inspiración universal, orquestación rica e impecable además de buena prueba de fuego para la Oviedo Filarmonía con Rolanda Ginkute de concertino y Lucas Macías de nuevo al frente, tres danzas evocadoras de lenguajes propios y heredados de sus maestros, armonías francesas del cambio de siglo mezcladas con aires de Falla en la última, música cercana y exportable, actual y eterna por lo bien “armada” y escrita que está la estrenada obra de un compositor cántabro ya maduro en su formación, trayectoria y lenguaje, tres piezas bien defendidas por los intérpretes, recibiendo todos ellos sobre el escenario los merecidos aplausos de un público que sigue llenando el reducido aforo del auditorio en estos tiempos convulsos, ávido de música con tanta calidad como esta inicial en un sábado lluvioso donde la luz la pone siempre la cultura segura y estos conciertos.

Tenía ganas de escuchar en vivo al ucraniano Dmytro Choni (1993), ganador del Primer Premio y la Medalla de Oro en el XIX Concurso Internacional de Piano de Santander “Paloma O’Shea” del año 2018 que me impactó en aquel momento con su Prokofiev retransmitido por RTVE, esta vez nada menos que con el segundo de Rachmaninov. Obra exigente para todo solista, pero aún más de concertar por los rubati intrínsecos de sus tres movimientos, los cambios de agógica constantes y la cantidad de detalles escondidos que Macías supo sacar a flote, incluso salir airoso en el siempre delicado momento donde se pierda el solista. Choni tiene ya suficiente madurez, a pesar de su apariencia adolescente, para mandar en este concierto, pero el ropaje de la orquesta fue sobresaliente, dinámicas amplias siempre ajustadas al volumen del piano solista, encajes perfectos, sonoridad rotunda muy trabajada e intervenciones de los primeros atriles dignas de mención todas ellas, alternando violas y cellos en su posición para una trabajadísima sonoridad.  Pulsación rica la del ucraniano, detalles en una obra muy estudiada a pesar de la “laguna” que no empañó un resultado global más que digno. Sonido contundente y delicadeza cuando fueron precisas en esta página siempre emocionante además de popular gracias a su utilización en tantas películas y muy presente en las programaciones de nuestras orquestas, desde ahora también en la ovetense.

Para demostrar su reconocido virtuosismo al piano, una propina de cara a la galería como es la Soirée de Vienne op. 56 del checo Alfred Grünfeld (1852-1924),  la (re)interpretación con variaciones sobre el conocido “murciélago” straussiano que todos los grandes del piano suelen incorporar a su repertorio y Choni se suma a estos fuegos artificiales bien interpretados además de sentidos.

Y no defraudó Choni con la segunda propina de Rachmaninov, Daisies, op. 38 nº3, de la Seis Romanzas del ruso, con hondura sin artificios para despedirse de unos aficionados que conocemos bien este repertorio.

Lucas Macías Navarro volvió a demostrar su excelente trabajo, la interiorización de cada obra y su exigencia para con la orquesta en la Sinfonía n.º 4 en mi menor, op. 98 de Brahms, rica de principio a fin, detallista, preciso y claro, arranque del Allegro non troppo vivo manteniendo la tersura y textura orquestal, dibujando las líneas con delicadeza, realzando los graves hoy contundentes, sujetando los metales sin oscurecer el conjunto, disfrutando de una madera empastada, con unos fraseos bellísimos. El Andante moderato reafirmó la búsqueda de un sonido limpio, precisión de ataques, ritmo decidido. Contundente Allegro giocoso – Poco meno presto sujetando el tempo para una formación tersa y entregada que remataría en un Allegro energico e pasionato, Più allegro convincente, maduro, carnoso, reposado, matizado y entregado, con una madera destacable tanto en la flauta como en el clarinete, brillando a gran altura todos.

Un lujo comprobar la buena línea que afronta el onubense al frente de la orquesta ovetense que siguen creciendo juntos, disfrutando de esta madurez deseada.

Arriesgar y disfrutar

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Viernes 9 de abril, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo: Primavera I. OSPARoman Simovic (violinista y director). Obras de Mendelssohn y Prokofiev. Entrada butaca: 15 €.

La primavera asturiana es puro contraste, mañanas frescas y mediodías calurosos, atardeceres luminosos no exentos de fina lluvia, praderas coloridas donde todavía hay que segar para que la paleta de colores resulte limpia.

La OSPA arrancaba esta nueva estación con un programa viajero desde nuestras butacas y con el violinista ucraniano afincado en Londres como concertino de su sinfónica, Roman Simovic ejerciendo de auténtico guía, protagonismo compartido por un músico de atril que deja a los compañeros disfrutar pero exigiendo el máximo riesgo, como nuestra recién estrenada primavera asturiana.

La conocidísima Sinfonía Italiana de Mendelssohn es una habitual en las temporadas de la OSPA y hasta en las notas al programa (que no están firmadas) se nos apunta es la décima en sus treinta años, por lo que nunca está de más desempolvarla y transmitir en estos tiempos pandémicos la alegría desbordante que el músico alemán derrocha en esta joya. Simovic compartió y compaginó dirección y concertino con la invitada Elena Rey dejando fluir la música pero “apretando el acelerador”, exigiendo para el primer Allegro vivace una velocidad endiablada, como obviando allegro, que evidenció desajustes y cierta precipitación, arriesgada pero brillante, sumado a la acústica distinta que supone situarlos a todos en pie (salvo los cellos, evidentemente) y el añadido habitual en “Protoclo Covid” de una caja acústica abierta, más fondo de escenario y la separación entre los músicos que supongo para el público es perfecta al acceder a detalles precisos pero que para director e intérpretes es totalmente distinta. Los balances entre secciones no fueron los deseados, pero con todo la interpretación de este inicio de “la italiana” fue arriesgar para disfrutar, la pradera aún sin segar que comentaba al principio con esa temperatura de contrastes casi extremos en esta estación, la luz de la madera y las sombras metálicas. En cambio el Andante con moto supuso el remanso casi religioso tras la cercana Semana Santa, el recuerdo napolitano del alemán y el malagueño de este asturiano, una sonoridad delicada y deseada con una orquesta que disfrutaba con la línea marcada por su compañero al mando, Con Moto moderato que continuó la sinfonía viajera, gozando nuevamente de la madera y el ropaje de una cuerda sedosa, casi británica,  unas trompas empastadas en feliz conjunción con la madera, toques de timbal precisos y fraseos de arcos amplios antes de volver al desenfreno del Saltarello: Presto, verdadera evocación de la tarantella napolitana pues la picadura fue espolear para saltar a un vacío de vértigo sin contención alguna, potente, enérgico, en tensión siempre necesaria para la orquesta con un valiente Simovic que apostó de nuevo por conjugar el binomio arriesgar con disfrutar, virtuosismo en flautas, violines en carrera, graves empujando y el arco de batuta mandando atacar: primavera asturlondinense.

Volverían las sillas y el virtuoso Simovic al mando para retomar viaje, esta vez Prokofiev y su Concierto para violín nº 2 en sol menor, op. 63, más implicado como solista con la joya de Stradivarius pero igualmente atento a la orquesta, protagonismos compartidos en una interpretación magistral de este segundo del ruso que conjuga una orquestación reconocible así como las etapas que sus tres movimientos suponen en este “tour” que arranca con el I. Allegro moderato francés, donde la melodía parece tomar las primeras notas de La vie en rose, violín cantando cual acordeón en el Sena contestado por una orquesta densa y clara, primavera parisina elevándose con vertiginosas escalas al cielo de la ciudad de la luz pero con acento ruso y mando solista controlando todos los recovecos orquestales; siguiente parada en el sur de Moscú, Vorónezh, con el II. Andante assai de tiempo ideal para la sonoridad carnosa del violín solista, el acompañamiento orquestal que me evoca al Elgar sin enigmas, universalidad de la ciudad universitaria rusa en este bellísimo movimiento central donde todo fluye sin prisa pero sin pausa, más el salto hasta Azerbayán del III. Allegro, ben marcato, la Unión Soviética tan variada y rica donde la música nunca falta, última etapa de este segundo de Prokofiev que mostró la primavera viajera, madura y luminosa de una OSPA bien fusionada con un pletórico Roman Simovic, disfrutando todos con todo y transmitiendo buenas sensaciones en un bien marcado allegro puramente Sergei que cerraba velada.

Excelencia rusa tras un concierto que se estrenó en el Madrid republicano y casi tercera parte con un postre de lujo: la impresionante Ballade (Sonata nº 3) de Eugène Ysaÿe, compositor que como Simovic también alternaba violín y dirección, auténtica lección de musicalidad con un virtuosismo impactante y el sonido del Stradivarius de 1709 cedido generosamente por Jonathan Molds, presidente del Banco de América. Esperanzas primaverales pese a las incertidumbres, nuevamente demostrando que la cultura es segura y Oviedo sigue siendo “la Viena del norte” español. Y mañana más.

Recuperando al Literes sacro

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Es de agradecer que en tiempos de pandemia no se acalle la música ni el trabajo de grabación de nuestras formaciones históricas, pero fundamentalmente la recuperación de nuestro patrimonio que ha encontrado su lugar necesario desde el patrocinio de becas como las Leonardo de la Fundación BBVA, la ardua investigación de asociaciones como Ars Hispana con los musicólogos Antoni Pons y Raúl Angulo al frente, más la de músicos como el malagueño Daniel Pinteño que con su formación Concerto 1700 han sacado un nuevo trabajo dedicado al mallorquín Antonio Literes (1673-1747) titulado Sacred Cantatas for alto, con la participación del contratenor vitoriano Carlos Mena, tras el aquí comentado hace un año de Italy in Spain.

Grabación realizada en San Lorenzo de El Escorial en julio del pasado año para su propio sello 1700 Classics, gracias a la Beca Leonardo de 2019, supone tras su recuperación el estreno en tiempos modernos, así como la primera grabación en disco de estas cuatro “Cantadas al Santísimo” del compositor de Artá, uno de nuestros grandes del barroco que poco a poco va ganando presencia en nuestro panorama musical, con partituras que habían permanecido olvidadas en los archivos de la catedral de Guatemala durante dos siglos pero donde la rigurosa investigación musicológica toma su necesario papel por salvar del olvido obras que corroboran la importancia de nuestros compositores barrocos también en Hispanoamérica, y la obligada presencia en la historia universal de músicos como Literes.

Tres de las cuatro cantadas sacras ya han podido escucharse en vivo hace apenas un mes dentro del FIAS madrileño que ha dirigido hasta ahora Pepe Mompeán, y del que merece la pena leer la crítica de Mario Guada para Codalario. El disco es una joya en sí, no solo como documento sonoro sino literario, que abre Antoni Pons citando al Padre Feijóo, tan vinculado a Oviedo, referido al mallorquín: «Don Antonio Literes, compositor de primer orden, y acaso el único que ha sabido juntar toda la majestad y dulzura de la música antigua con el bullicio de la moderna» (Teatro crítico universal, 1726), poniendo en contexto no ya la biografía sino la recuperación de estas cuatro cantadas sacras al Santísimo, menos conocidas que su producción escénica, obras tardías que reflejan la evolución compositiva de Literes asimilando estilos de otros países como Francia o Italia que comienzan a ponerse de moda en el mundo hispano sin renunciar a nuestra propia tradición musical. Magisterio en traducir al pentagrama las imágenes y “afectos” que los textos transmiten y que en la voz de Carlos Mena podemos disfrutar además de seguirlos con el libreto en mano.

El orgánico instrumental de este Concerto 1700 lo forman músicos reputados y experimentados en nuestra música antigua, encabezados por el malagueño Daniel Pinteño en la dirección y violín junto a Pablo Prieto, más Ricard Casañ (trompeta), Jacobo Díaz (oboe),
Ester Domingo (violoncello), Ismael Campanero (violone), Pablo Zapico (tiorba) e Ignacio Prego (clave y órgano), plantilla perfecta para las cuatro cantadas con intervenciones siempre acertadas, protagonismos puntuales y un equilibrio con la voz que las grabaciones permiten mucho más que el directo.

Abre el disco Ya por el horizonte para violines, oboe y clarín (1728) con un Mena pletórico, virtuoso como la trompeta de Casañ, canto bucólico a la vez que marcial, el vivo “suene el alboreada” contratado con el grave “Ay, que si yo pudiera”, las coplas vibrantes y el recitado “Repite, ave canora” donde la tiorba de Zapico arropa la belleza vocal del contratenor antes del vivo final “De su aplauso en el empleo”, seguridad en ambos protagonistas, con exposiciones claras y sonoridades brillantes en esta “italianización” de un género típicamente hispano como la Cantada al Santísimo que no pierde su esencia, recordando el cinematográfico duelo entre Farinelli el castrado y la trompeta.

Continúa con Si el viento con violines y oboe (ca. 1725) que arranca con el recitado “Si el viento busca ave placentera” con protagonismo de tiorba más órgano delicado y expresivo, la voz de Mena en su registro medio-grave ideal y homogéneo igualmente en el aria “Es el divino centro del hombre”, buenos balances con la orquesta en un bello y acertado juego entre violines y oboe. Impecable dicción del vitoriano para unas melodías bellas bien armadas en la instrumentación desde un tempo medio ideal antes del aria con el violonchelo y el continuo elegante para destacar esa voz pletórica y medida en expresión antes del aria “Como alegres placenteros”, disfrutando de nuevo con los  violines y el oboe en un aria perfectamente trabajada con un ritmo vibrante que nunca enturbió el fraseo y articulación del contratenor vasco.

La tercera cantada, Cuando a pique señor con violines (1733) metáfora de tormenta que son las tentaciones y el creyente guiado por la gracia de Dios, un cuadro musical de virtuosismo vocal y violinístico iniciado el recitativo por el flautado del órgano antes del aria “Va zozobrando la navecilla” vitalista y bien equilibrada de contrastes donde la riqueza de las cuerdas mantiene esa inestabilidad buscada que la voz lleva con mano firme al timón, el recitado “¿Qué tiene que temer?” con la tiorba  asturiana sustentante agrandada por el cello maño y las perlas del clave antes del aria final “Llegue ansioso tu cuidado” de brillo italiano y esmaltes hispanos. Interesante juego de estilos en Literes que mantiene una línea argumental en los instrumentos siempre remando a favor de los textos en un barroco religioso plenamente nuestro.

Finaliza el disco con De aquel fatal bocado para violines y oboe (1730), cuatro movimientos que alternan dos recitados y sus respectivas arias, inmensidad melódica y belleza apabullante en la voz de Carlos Mena, musicalidad pasmosa por la que no pasan los años y con ese timbre único que parece ideal para este Literes recuperado. Órgano aterciopelado y rasgueo de tiorba vistiendo el inicio antes de un aria versallesca, “Pan de llanto y de dolor” con un oboe casi clarín, un violín elegante y un “ensemble” sobrio en todo momento pero colorista por contrastes manteniendo la pulsación y el balance exacto con el solista, nuevamente preciso y claro en la dicción para una música del Literes universalmente hispano al que Guatemala ha conservado para al fin disfrutarlo de nuevo.

Destacar una toma de sonido impoluta con el conocido Jesús Trujillo a los mandos, que pude disfrutar a todo volumen apreciando cada detalle cual concierto íntimo en este Viernes Santo.

© Fotos webs Toda la música y Loff.it The Music Clasical.