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Grados de madurez

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Sábado 28 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”: Jorge Luis Prats (piano), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías (director). Obras de Omar Navarro, P. I. Chaikovski y J. Brahms.

Tenía varios títulos para esta entrada como “Joven madurez”, “Madurez juvenil”, “Juventud y madurez”, mezclando sustantivo y adjetivo para encontrar la forma de explicar este concierto sabatino con un frío exterior contrapuesto al calor e ímpetu de la velada, decantándome por los distintos “Grados de madurez”.
De la madurez en general tengo que hablar para comenzar diciendo que la orquesta capitalina, la Oviedo Filarmonía (OFil) que sigue sin titular, está en esa plenitud alcanzada con el tiempo, siendo las “escapadas de la zarzuela” como un estímulo, saltar del foso al escenario en busca de calidades, más con los refuerzos del CONSMUPA que ayudaron a redondear sonoridad pese a contar de nuevo con solo cuatro contrabajos aunque la tarima sirvió de amplificador; sumemos a Lucas Macías Navarro (Valverde del Camino -Huelva-, 1978), oboísta triunfal en distintas orquestas de renombre mundial y ahora director joven pero ya maduro, recientemente nombrado principal director asistente de la ópera parisina, al que le pronto le saldrán más novias a la vista de sus éxitos al comprobar cómo hizo sonar de madura a la OFil.

Madurez juvenil la del “debutanteJorge Luis Prats (Camagüey, 1956) en Oviedo, un cubano optimista que parece triunfar algo tarde (sus biografías ponen 2007 como año del despegue internacional) y del que escriben que “sus interpretaciones se basan en los sentimientos y rechazan la teoría“, si bien preferiría ambas cosas. Estoy bastante de acuerdo con “su poderosa pulsación, ataques certeros y fulmíneos, magnífico juego dinámico y su digitación” aunque lo matizaré más adelante, destacando un ímpetu casi adolescente, con todo lo que ello conlleva, contrastando con su voluminosa presencia.

La joven madurez le corresponde al pianista, compositor y director Omar Navarro (Oviedo, 1983) de quien pudimos disfrutar el estreno absoluto de Nocturno para orquesta, con el que se abría el concierto. Su coetáneo Daniel Moro Vallina explica bien en las notas al programa el influjo de la noche no solo en esta partitura, diciendo que “no se trata de un guiño al impresionismo, con su recreación de atmósferas, sino de una reflexión sobre cómo un mismo espacio cambia si se contempla desde diferentes ángulos“, aunque personalmente me evocó esa atmósfera francesa tanto de Debussy como de Ravel en la orquestación (con arpa y celesta), en las líneas melódicas o en el propio armazón de este nocturno sinfónico. Dedicado a los músicos de la orquesta que con Macías alcanzaron unas texturas claras y precisas pese a los cambios de tiempo que encajaron sin problemas, gracias a la implicación de director y orquesta en esta obra nueva que suena atemporalmente conocida, será por ese carácter noctámbulo que muchos compartimos, esperando tenga largo recorrido porque la partitura y su autor lo merecen.

El popular Concierto para piano y orquesta nº 1 en si bemol menor, op. 23 (Chaikovski) admite enfoques para todos los gustos, aunque el de Prats con la OFil y Macías no me convenció mucho, puede que por falta de claridad, excesivo ímpetu en el solista (que no es el de hace diez años), dificultades de concertación ante un rubato por momentos exagerado, si bien no puedo negarle al cubano de padres españoles su pasión algo desmesurada para esta joya de concierto con cierto poso más que reposo, porque como dice el refrán “el que tuvo retuvo“.

La poderosa pulsación no llevó pareja la exactitud en los ataques, sus dinámicas exageradas lo fueron de principio a fin, siendo más agradecidas en el Andantino semplice, con un pedal que ensució más de lo debido aunque hubiese pasajes con aciertos tímbricos, más por el balance instrumental desde el podio que por limpieza en el teclado. Domar este ímpetu juvenil a ciertas edades desde un podio respetuoso se tornó arduo, gustándome más el sonido orquestal que el pianístico, interpretado con pasión por el pianista y atención por una orquesta que intentó plegarse al solista.

Lo mejor tras el Chaikovski previo fueron las cuatro propinas de verdadero sabor latino, de nuevo por entrega más que por virtuosismo. Él mismo en una entrevista hace dos años y medio para El País decía: “yo soy un músico de la calle, pero me encanta decirlo porque, la verdad, todos a quienes admiro lo fueron. Y las raíces de toda la música que consideramos clásica, de Bach a Schubert, son populares“. Y popular en intención y tradición comenzó con su paisano Ernesto Lecuona y la conocida Siempre está en mi corazón que yo descubriese de crío cantada por Alfredo Kraus, al piano todo sentimiento, ambiente nocturno de club en la Florida del exilio, la música folclórica de ida y vuelta, sin etiquetas y directa a lo más íntimo. Ritmo innato llevando lo popular hasta la sala de conciertos como Lecuona con sus Danzas cubanas o las homónimas de Ignacio Cervantes que también están en su repertorio, caso de Los delirios de RositaEl velorio, La negra también bailaba, más la última y breve Mazurka también de Lecuona, juego con un dedo en glissandi uniendo folclore y humor en el repertorio donde mejor se mueve este juvenil cubano maduro.

Para la segunda parte Brahms y su Sinfonía nº 2 en re mayor, op 73 donde Macías sacó lo mejor de la OFil, unos violines tersos y claros, las violas con su momentos álgidos cantando varias notas de la famosa “canción de cuna” en el Allegro non troppo, los cellos con Ureña marcándose un solo también de lo más lírico, cuatro contrabajos dándolo todo en presencia y claridad, las maderas bien empastadas con intervenciones dignas de admiración y hasta los metales redondos, afinados, sin olvidarme de los timbales mandando con su precisión habitual. Los tiempos elegidos casi metronómicos en las indicaciones, sin demasía, como el Adagio non troppo sin decaer, el Allegretto grazioso (quasi Andantino) perfecto en los planos, y el potente y último Allegro con Spirito coronando una segunda de Brahms digna de las orquestas y directores grandes, y la de Oviedo lo fue este último sábado de abril.

Educando desde el Romanticismo

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Viernes 27 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Inspiración III, abono 11 OSPA, Peter Pearse (piccolo), Cristóbal Soler (director). Obras de Schumann, Stephenson y Schubert.

Este viernes se recuperaban los encuentros con el compositor una hora antes del concierto, siendo esta vez Luis Vázquez del Fresno (Gijón, 1948) quien mantendría junto a Ana Mateo y los pocos afortunados presentes en la sala de cámara, unos diálogos sobre su vida, herencia musical desde la infancia, mayor por el lado materno, sus años de estudiante en Gijón, Madrid o París, la larga carrera de pianista, su tarea docente como catedrático en el CONSMUPA asturiano, y el siempre compositor rompedor en su momento, conocedor de las llamadas vanguardias en primera línea que no hubo de abrazar sino simplemente estudiarlas para tener un lenguaje propio que como la propia vida, tiene distintos momentos. El maestro gijonés es “compositor invitado” esta temporada, pudiendo escuchar en diciembre la suite Florilegio del alba de su ópera La Dama del Alba que todos esperamos escuchar en vida, contándonos una primicia: el contratenor Carlos Mena ya tiene su partitura para ser “La peregrina” pues su voz de contralto es perfecta para el personaje, con más de cuatro mil compases escritos donde solo pidió al compositor cambiar dos notas… lógica de quien conoce la voz humana y escribe como músico.

Para el undécimo de abono tendríamos de nuevo a Don Luis (al que conocí en su faceta de pianista y compositor en la Filarmónica de Mieres allá por los inicios de los años 70) con la “Primera serie orquestal” del Álbum de la Juventud, op. 68 (selección) de Schumann, de la que también nos habló contándonos la peripecia que relata el autor de las notas al programa Ramón Avello en El Comercio de la partitura original que dirigiese Benito Lauret a la Orquesta de Cámara de Asturias (después OSA, Orquesta Sinfónica de Asturias con Víctor Pablo Pérez, predecesora de la actual OSPA), quemándose en un enero de 1979 fatídico los bajos del Campoamor con instrumentos y parte del archivo de la orquesta, entre otros papeles, la partitura original y las ‘particellas’ de esta obra de Vázquez del Fresno, cual fuego purificador, pues el autor a partir de una grabación casera en cassette (como lo hacía yo con él en Mieres) rehizo la orquestación con la visión y oficio que dan los años y la experiencia.

La obra de Schumann dirigida por Cristóbal Soler (debutando con la OSPA aunque conocido en el foso del Campoamor en la temporada de zarzuela) sería la que abriría velada, selección de esta obra de piano de la que el maestro Vázquez del Fresno contó su acercamiento en París tras arduo trabajo con el Dante de Liszt, y cómo su profesora le dijo la dificultad que entrañaba esta aparente obra didáctica, música pura más allá de los títulos, así que el orquestarla vendría tanto de oficio y conocimiento de la partitura como del espíritu docente en tanto que resulta ideal para su interpretación por parte de orquestas de conservatorio como el propio Vázquez del Fresno comentaba en la conferencia. Nueve números, breves, bien elegidos y orquestados que “engrasan” tanto a la formación en plantilla habitual como a las secciones que tienen todas su protagonismo, con exigencias que desde el podio hacen predominar unas u otras en auténtico trabajo de orfebre, un “piano sinfónico” posibilitando distintas dinámicas y planos imposibles en las teclas pero soñadas y sonadas en la orquesta del director valenciano, múltiples colores de la composición original que un músico global como el gijonés ha llevado a lograr lo imposible, en el mismo camino que Rueda con Albéniz por citar a un contemporáneo suyo que también la OSPA ha interpretado. El público que acudió en mayor número que anteriores conciertos, aplaudió la “revisión” de estas piezas obligando a salir y saludar al profesor Vázquez del Fresno.

Peter Pearse es el flautín de la orquesta (entrevistado en OSPA TV) y buen representante de la calidad de todos sus solistas, a los que se les da la oportunidad de dar el paso al frente para un concierto con ellos, caso del Concertino para piccolo, cuerda y clave (1979) del inglés Allan Stepheson (1949), obra y solista que derrochan amabilidad, simpatía, carácter afable y gracejo, casi un juguete lleno de humor y delicadeza con cuerda de casa y clavecinista también conocida en un verdadero transporte al pasado barroco “revisitado” más que revisado, maravilloso comprobar la belleza sonora del instrumento más pequeño de la orquesta cuando se escribe y ejecuta con la maestría del undécimo de abono. Guiños de humor a obra y compañeros desde el Allegro amabile, recuerdos clásicos con aires de pavana francesa del hermoso Molto lento y la virtuosa última Marcha: Allegretto. Impresionante la sección de cuerda de la OSPA junto al “contrapunto” del clave de Silvia Márquez redondeando una obra de nuestro tiempo con aromas académicos y regustos románticos.
No digamos la propina de Bach y su Badinerie de la Suite nº 2 (aún fresca en el oído) en octava aguda y ornamentada con el gusto y pureza sin estridencias de un flautín de cuento junto a una OSPA aún más de cámara, ideal con el Maestro Soler que la llevó con claridad y dominio. Ramo de flores de Myra Pearse para su esposo y colega junto a todo el cariño de un público y compañeros de la orquesta que le aplaudieron largamente.

El siempre necesario de escuchar Franz Schubert ocuparía toda la segunda parte, de nuevo con la plantilla habitual de la orquesta asturiana y el invitado maestro Soler (entrevistado en OSPA TV) llevándola literalmente de la mano, delicadeza y firmeza, primero con Rosamunda: obertura, D. 644 de ideas claras en discurso, tiempos y sonoridades, para leernos a continuación el maestro valenciano la carta de Franz a su hermano Ferdinand al inicio de su enfermedad, cuya muerte le llegaría en plena composición de la Sinfonía nº 8 en si menor, D. 759 “Inacabada”, una escucha que nos dejó con la sensación de plenitud y gratitud, todo en su sitio interpretado con naturalidad fluyendo en todos. Y es que no pueden faltarnos los grandes sinfonistas a lo largo de la temporada, son nuestra memoria colectiva y casi obligados para toda formación orquestal, más cuando se les hace trabajar con seriedad, disfrutando del sonido claro y preciso de cada familia orquestal en el punto adecuado, con la búsqueda y elección de la tímbrica justa con las dinámicas y balances deseados.

La obertura del ballet ayudó a “completar” este Schubert vienés con unos matices capaces de acallar toses y disfrutar “pianissimi” emocionantes, brillando especialmente el oboe de Juan Pedro Romero, el clarinete de Andreas Weisgerber, el trío de trombones y de nuevo esa cuerda “marca de la casa” donde los violonchelos pusieron la voz a la conocida melodía de “la inacabada”, paso del clasicismo al romanticismo que nunca muere cuando se le interpreta como este viernes.

Beethoven limpio, Mozart dorado

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Miércoles 25 de abril, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo. Claire de Sévigné (soprano), Valentina Stadler (mezzo), Maciej Kwaśnikowski (tenor), George Humpreys (barítono), Orquesta del Mozarteum de Salzburgo, Coro “El León de Oro” (Marco A. García de Paz, maestro de coro), Leopold Hager (director). Obras de Beethoven y Mozart.

Hace ocho años que el maestro salzburgués Leopold Hager (6 de octubre de 1935) estuvo en este auditorio asturiano con Maria João Pires y la Staatskapelle Weimar en un “concierto de disco” como titulé entonces la entrada del blog. A la pianista esperamos poder despedirnos de ella el próximo 12 de mayo (toquemos madera) y al director austríaco que respira Mozart desde su nacimiento, felicitarle de nuevo porque sigue siendo referente en la música de la llamada “Primera Escuela de Viena”, siendo este último concierto otra joya para el recuerdo, más aún teniendo al coro asturiano LDO compartiendo escenario en otro hito dentro de sus veinte años de carrera para confirmarse como histórico. Las notas al programa de Iván J. Román Busto tituladas “Viena, Milán y Salzburgo“, que dejo enlazadas arriba en los autores, completan la información de este concierto para el recuerdo.

No se escucha mucho la Sinfonía nº 2 en re mayor, op. 36 de Beethoven, todavía de estructura clásica y con aires mozartianos en el último Allegro molto pero con mucho del genio alemán que bebería del salzburgués y viviría en Viena esa época única, con el Scherzo sustituyendo al Menuett del tercer movimiento, jugando con las dinámicas y estirando motivos. Hager llevó a la Orquesta del Mozarteum de Salzburgo con toda su sabiduría y buen hacer de memoria, siempre de gesto preciso para exprimirla desde una pureza en el desarrollo y los planos sacando a relucir las calidades de todas y cada una de las secciones en disposición vienesa como era de esperar con violines enfrentados, contrabajos a la izquierda y timbales a la derecha: cuerda corpórea, limpia, virtuosa y con poso, la madera de excelencia y empaste donde brillarían tanto oboes y fagots como clarinetes, más unos metales redondos, aterciopelados tanto en trompetas como trompas de afinación y presencia ideales. Qué placer paladear esta sinfonía compuesta en un momento crítico del sordo de Bonn sabiendo que la tercera despegaría hacia el imparable romanticismo desde la Viena del cambio de siglo que tantísimo arte atesoraría y legaría para la posteridad.

La segunda parte nos traería a Mozart, otro genio muerto en la capital austríaca con dos perlas vocales de su amplio catálogo, primero disfrutando de la soprano canadiense Claire de Sévigné en el hermosísimo motete Exultate, jubilate K 165/158a que han cantado y grabado las mejores voces de la historia, al completo y con la orquesta sonando pura, precisa, colorista, mimando las intervenciones solistas gracias al magisterio del jovial Hager, descubriéndonos voces jóvenes que enriquecerán carrera con estas páginas llenas de recovecos desde la siempre engañosa simplicidad mozartiana, agilidades de vértigo, registro grave exigente, matices endiablados que con una dirección y orquesta de altura aún resultan más fáciles. Voz ideal la soprano canadiense, contestaciones de la oboe Isabella Unterer igualmente magistrales y el ropaje perfecto de una orquesta creada para honrar al genio en cada concierto.

La Misa de Coronación para órgano, coro, solistas y orquesta en do mayor, K 317 contó con un equilibrado y joven cuarteto de solistas, la citada soprano que volvió a gustarme, más la mezzo berlinesa Stadler, el tenor polaco Kwaśnikowski de color típico para Mozart, y el barítono inglés Humpreys, de poca “pegada” en el grave (como suele pasar con estos papeles “clasificados” de bajo-barítono por los exigentes agudos) pero equilibrando el conjunto, colocados sobre una tarima a la derecha, sumándose un LDO seguro para brindarnos todos ellos una verdadera liturgia de calidades oficiada por el sumo Hager con la Mozarteum, entrega donde solo caben dos peros: la ausencia del órgano en la parte instrumental, y más confianza, incluso descaro con las dinámicas fuertes en las partes vocales (a excepción de la siempre segura cuerda de sopranos). La peculiar plantilla de esta misa brinda un colorido y textura único sumándose el papel protagonista del coro y las intervenciones del cuarteto perfectamente empastado y buscado en esta paleta tímbrica, disfrutando desde el Kyrie inicial hasta el Agnus Dei que sigue sonando a gloria (como el coro). Supongo que la experiencia de cantar con este elenco sea casi mística, la entrega por parte de todos fue total y de nuevo “los leones” pusieron el toque dorado para una misa que vuelve a coronarles en lo más alto del panorama coral tras el anterior y dificilísimo concierto a capella con música renacentista. No se necesitan más de 38 voces para tocar el cielo mozartiano vestidos con los salzburgueses conducidos por Hager para seguir ascendiendo en busca de la perfección (“permanente búsqueda de la belleza sonora, experimentar la pureza de la polifonía y la comunidad que surge del canto conjunto” es su ideal). LDO con Marco Antonio García de Paz continúan demostrando su capacidad de trabajo en todos los estilos y periodos musicales, sumando muchos enteros con este Mozart de Oviedo que también llevarán a Valencia. La legión de seguidores (bautizados como leónigans) aumentará en la capital del Turia. Y sobre todo amen…

Antitusivo Bach

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Lunes 23 de abril, 20:00 horas. Sala de cámara, Auditorio de Oviedo: V Primavera Barroca, Ensemble de la Orquesta Barroca de Helsinki. “Collegium Musicum”, obras de J. S. Bach.

Nuevo lleno en la sala pequeña del auditorio ovetense para una velada con Bach, el mejor antitusivo para un público educado y entregado a estos placeres barrocos, hoy plenamente instrumentales del Kantor en su breve pero feliz estancia en Cöthen, aunque siempre volviese sobre ellas en Leipzig en el Collegium Musicum que fundase Telemann, tal y como recuerda en las notas al programa el especialista sevillano Pablo J. Vayón que dejo, con las obras, aquí escaneadas.

Las páginas musicales que abrían y cerraban concierto nos trajeron dos clavecinistas de lujo: el finlandés Aapo Häkkinen, fundador y director de una orquesta barroca hoy reducida a “ensemble” de solistas, y el conocido francés Pierre Hantaï, que nos interpretaron los conciertos BWV 1061 y BWV 1062 en un derroche de calidades donde era imposible saber cuál era protagonista, quién contestaba a quién o la suma potenciada de unos claves perfectamente afinados que parecían uno, con momentos donde los cuatro teclados crearon una atmósfera milagrosa que hacía reinar un silencio sepulcral, casi reverencial ante Bach Dios nuestro.

El Concierto para dos claves en do menor, BWV 1062 (1736) con sus tres movimientos (Vivace – Andante – Allegro assai), arreglo o recreación del BWV 1043 para dos violines, demostró el entendimiento de los solistas con este buen “ensamblaje” de cuerda frotada, Tuomo Suni y Aira Maria Lehtipuu (violines), Riitta-Liisa Ristiluoma (viola), Heidi Peltoniemi (chelo), colocados como se aprecia en la foto inferior, mandando realmente el francés por ubicación, supongo también autoridad y respeto de sus compañeros nórdicos, fieles representantes del buen hacer y fidelidad interpretativa de estas partituras, donde la calidad individual suma como conjunto.

Para disfrutar del traverso de Pauliina Fred con Häkkinen al clave pudimos saborear la Sonata para flauta y clave en la mayor, BWV 1032 (1736?) donde el genio de Eisenach vuelca su virtuosismo interpretativo y compositivo con ambos instrumentos en perfecta unión tímbrica, dúos que explotará en cantatas varias pero que en esta distancia corta apreciamos con más detalle. Tres movimientos “habituales” o como digo otras veces “barroco de libro”, contrastes en todo: aire, compás, matices, virtuosismo en la forma y también en la ejecución del Vivace – Largo e dolce – Allegro, obra conservada curiosamente en la misma partitura de la BWV 1062 que abría el concierto, antes de afrontar todo el conjunto (sin el francés) la conocidísima Suite para orquesta nº 2 en si menor, BWV 1067 (1738/39), con protagonismo no solo de Fred en la flauta sino de esta formación mínima y suficiente para escuchar los siete números o danzas de esta suite en el orden habitual, que podrían haberse variado sin problemas (Ouverture – Rondeau – Sarabande – Bourrée – Polonaise – Menuett – Badinerie) dando juego todos y cada uno de los solistas con limpieza, empaste, aires siempre ajustados, dinámicas perfectas y equilibrios que el propio Bach refleja por la elección de los protagonismos puntuales. Sonido corto respecto a la flauta moderna pero suficiente en el traverso, perlas bien engarzadas en la ornamentación desde la tecla y ensamblaje en el cuarteto de cuerda redondeando una interpretación aseada y sin excesos.

Para cerrar el círculo virtuoso el otro regalo de teclas a pares, el Concierto para dos claves en do mayor, BWV 1061 (1733/34) menos escuchado pero igualmente equilibrado entre ambos solistas y la cuerda frotada, espectacular Allegro, el duelo “sin sangre” entre ellos con un Adagio para paladear cada tecla, cada contestación, cada compás compartido en y por ambos, antes del apabullante Vivace con la suma en fuga de tímbricas, dinámicas y matemáticas elevadas a la enésima potencia, pues “Mein Gott es el padre de todas las músicas y esta obra, como casi todas las suyas soportan como pocas el paso del tiempo, versiones más o menos historicistas, de jazz, con piano y orquesta, reducciones, revisiones y hasta “barbaridades” que siempre parecen menores desde esta perfección, la misma con la que los nórdicos son capaces de romper el hielo y curar toses.
Todos juntos sumándose el traverso bisaron la popular Badinerie con dos claves donde finlandés y francés permutaron teclados para otra (re)visión del último número de la segunda suite orquestal, nunca más con menos.

En el buen camino

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Domingo 22 de abril, 12:30 horas. León, Hall del Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León (MUSAC): EL CANTO DEL PEREGRINO. Canciones y danzas medievales para amenizar el Camino. ELOQVENTIA (Alejandro Villar: flautas, symphonía y voz – Efrén López: zanfona, cítola, arpa, laúd y coro – David Mayoral: dulcimer, percusiones y coro). Entrada libre.

Dentro de la exposición titulada Muchos caminos. Imágenes contemporáneas del Camino de Santiago, abierta hasta el 2 de septiembre, el MUSAC organizó esta mañana de domingo un concierto de música medieval con el grupo Eloqventia en un marco contemporáneo, rompiendo barreras y haciendo camino como hace más de mil años, música atemporal que tiene cabida en cualquier lugar haya unas mínimas condiciones. El hall del museo se quedó pequeño y hubo que montar muchas más sillas para dar cabida a los muchos seguidores de estas músicas y este grupo capitaneado por el leonés Alejandro Villar.

Como rezaba la publicidad en las redes sociales tanto del grupo como del Museo y la menor de la prensa leonoesa tanto digital como en papel, que titulaba como “la banda sonora de los peregrinos medievales“, suficiente también para los que peregrinamos por la música hasta nuestra vecina del sur, Eloqventia con formación de trío (sumándose el valenciano Efrén López al dúo Villar-Mayoral) presentaban una variada selección de canciones y danzas de los siglos XIII y XIV que nos invitaba a realizar un recorrido por la Europa medieval a través de algunas obras italianas y francesas recogidas en el códice 29987 de la Biblioteca del Museo Británico en Londres y en el Chansonnier du Roi de París, respectivamente.

El programa incluía también una moaxaja andalusí, como muestra de la música vocal del momento y del rico patrimonio peninsular, añadiendo una pieza de devoción mariana perteneciente al Llibre Vermell, una “cantiga de escarnio y maldecir” firmada por Alfonso X “El Sabio” y una canción del trovador del Rosignol Berenguer de Palou.

Acallando murmullos aparecía Alejandro Villar tocando una especie de aulós o doble flauta en peregrinación por el hall hasta la tarima donde le esperaban sus dos compañeros con la cítola y percusiones varias, comenzando este viaje musical con la Tierche Estampie Roial, un anónimo francés antes del italiano Saltarello, ahora David Mayoral en el dulcimer, esa especie de salterio, cimbalón o cítara de cuerdas percutidas, y la zanfona de Efrén López, instrumento cual “motor” cuya rueda empuja estas músicas de todos los caminos medievales donde lo importante era el propio discurrir más que el destino, y donde estas páginas anónimas eran moneda de cambio y verdadero patrimonio inmaterial.

La sonoridad del trío gana muchos enteros además de completar un colorido tímbrico que en el caso de Efrén encaja a la perfección con el dúo habitual de Eloqventia.

No podía faltar algun tema vocal de aquellos peregrinos hacia Montserrat donde se custodia el Llibre Vermell (siglo XIV),  y así pudimos escuchar la voz de Alejandro cantando Cuncti simus concanentes acompañándose él mismo con la “symphonia“, madre o prima de la zanfona que consigue el mismo efecto de movimiento pausado, cumplimentado por la cítola y el bodhram mientras cumplían cual coro “cantemos todos a una Ave Maria”.

En este otro viaje mediterráneo, el laúd andalusí transmutado del Ud para hacerse europeo hasta finales del barroco, cuerda punteada y relajada bien arropada por flauta y percusión integrados en nuestra piel de toro una hermosa Moaxaja anónima del enorme tesoro que nos dejaron en la inmensa y rica Al-Ándalus.
Cercanas de herencia, historias y sentimientos son las música italianas como el anónimo In pro, perteneciente al género conocido como “Istampitta” o “estampie“, manteniendo el laúd casi como ostinato o nota pedal rítmica sumándose la flauta grave y la percusión, unidades sonoras y colorido en cada uno de los tres instrumentistas.

Alejandro Villar es un excelente barítono que hace cantar sus flautas, aunque imposible unirlas pero al menos volvió a entonar con buena voz cual trovador del Rosignol acompañándose a la “symphonia” De la gensor de Berenguer de Palou, mientras arpa y dulcimer completaban este lienzo sonoro de líricas para las que música y palabra eran uno.

Volvía el ritmo para coger el paso alegre de este peregrinaje, estampidas instrumentales de anónimos caminos procedentes de Francia como Quarte Estampie Royal con zanfona, cuerno y percusiones, más la Italia amorosa, Isabella con punteo de cítola, flauta aguda y percusiones, fuerza y belleza, ímpetu y descanso que los tres músicos trasladan con facilidad desde su virtuosismo.

En esta “banda sonora medieval” no podía faltar alguna de las Cantigas de Alfonso X El Sabio, la más fructífera época de convivencia pacífica de culturas que en música nos han dejado un vasto legado con ilustraciones que han servido, al igual que el Pórtico de la Gloria en Santiago, de modelos a replicar y reconstruir para hacernos una idea de cómo sonaban aquellas músicas. Con zanfona y percusiones sumándose las dos “voces elocuentes” escuchamos la cantiga de escarnio Non quer’eu donzela fea (no queremos mujer fea), melodías y ritmos de caminantes en noches estrelladas que también fueron cantadas por peregrinos del viejo continente en tiempos de miserias donde peregrinar no solo era espiritual sino otra forma de vida.
Para terminar este recorrido de una hora abundante nada mejor que desde la querida Italia con La Manfredina unida a La Rotta della Manfredina en juego instrumental lento – rápido cambiando del arpa a la zanfona, del dulcimer a las percusiones y de la flauta más grave a la doble para alcanzar un éxito total que supo a poco.

Conocido el magisterio de Villar en cada flauta y como barítono, el virtuosismo discreto de Mayoral capaz de sacar desde su “arsenal” todo el color para revestir estas melodías, y de nuevo el feliz añadido de las distintas cuerdas de López, obligaron a bisar saltarello cual estampida con flauta aguda, zanfona y ese caleidoscopio percusivo que nos hizo viajar en el tiempo y el espacio desde un peregrinaje personal, sincero y honesto.

Pidiendo PaSO

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Viernes 20 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, “Música y literatura II”, abono 10 OSPA, Mario Gas (narrador), Perry So (director). Obras de Sibelius y Wagner.

Cada concierto de la OSPA con nuestro “colaborador artístico” por no llamarlo director invitado de esta temporada es una satisfacción para el poco público que comienza a preocuparme aunque podría dar algunas causas. Este décimo programa de abono, “Música y literatura II”, nos traía dos obras que Perry So explicaba a Fernando Zorita en OSPATV perfectamente y nos refleja el trabajo meticuloso y detallista junto a la pasión que contagia a todos, maneras de pensar y sentir la música desde un profundo conocimiento de ella, dos mundos sinfónicos desde su visión personal y con esa gran orquesta asturiana deseada cuya ampliación se llevó la tijera económica. Gracias a la colaboración con el CONSMUPA pudimos tener una formación con los mínimos refuerzos habituales y doce estudiantes para dos partituras inmensas poco escuchadas. Los músicos comienzan a jubilarse y los jóvenes piden paso, la renovación debe planificarse con tiempo para mantener la calidad alcanzada por una OSPA a la que debemos exigirle siempre lo mejor. Este viernes pudimos comprobar cambios puntuales en los atriles realmente esperanzadores. Lástima no haber tenido tres o cuatro contrabajos más porque el resultado global todavía hubiera subido enteros y la ausencia de RNE que graba normalmente los conciertos en el Auditorio.

La Tempestad, op. 109 (Sibelius) se presentaba en una selección del propio director con quince (de los 34 números) que conforman las dos suites, en un orden personal con la narración de los textos de la obra de Shakespeare traducida al castellano por Ángel Luis Pujalte en la voz de Mario Gas, interpretación que completaría esta música con “visión literaria” bien explicada por Hertha Gallego de Torres en las notas al programa (enlazadas arriba en el compositor) cuya ecualización fue mejorando a lo largo de la obra aunque pillase por sorpresa alguna vez a los responsables del sonido, actor pero sobre todo artista muy ligado a distintas producciones que explican la buena dinámica y entendimiento con la partitura del maestro So.
Orquestación poderosa en todas las secciones para ir poniendo imágenes a esta banda sonora del finlandés inevitablemente romántica cargada de contrastes anímicos, rítmicos, dinámicos, con recuerdos casi folklóricos de la cercana Rusia en distintas danzas para esta festiva singladura por los mares personales. Maravilloso comprobar la calidad de todos los solistas, unas secciones compactas y los planos a flote con buen rumbo bajo capitaneados con mano firme, clara, precisa y  con mando en plaza del maestro. Tras la tempestad inicial vino la calma, momentos de mar como un plato y de oleaje sonoro con calma chicha, no por quietud sino de meditación y remanso en la turbulencia de la propia vida traducida a música sin texto y textos sin música antes de la confluencia. Como la letra del epílogo “vuestro aliento hincha mis velas o fracasará mi idea, que fue agradar. Sin dominio sobre espíritus o hechizos, me vencerá el desaliento si no me alivia algún rezo tan sentido que emocione al cielo y excuse errores“, verdadera ímpetu siempre controlado agradando sin desaliento alguno emocionando a cielo y tierra esta interpretación de este Sibelius rarísimamente escuchado en vivo que completa a más habitual sinfónico todavía por descubrir.

Plenamente romántico y con historia marinera el mito de Tristán e Iseo, surcando de Grecia al universo wagneriano, la música pura de Tristán e Isolda (Wagner) en esta suite arreglada por el holandés Henk de Vileger (1953) en 1994 nos permitió degustar sin cantantes la impresionante construcción del genio alemán en esta “música sin palabras” en siete números de intensidades y emociones graduadas teatralmente reconociendo esa música inimitable. Personalmente creo que Guillermo García Calvo ha ido haciendo a la OSPA más wagneriana, emergiendo del foso del Campoamor al escenario del Auditorio, subiendo por el Campo de San Francisco hasta la colina húmeda para desnudar la palabra y disfrutar la música en estado puro. Con Héctor Corpus de concertino las calidades instrumentales no cesaron nunca, trompas conjuntadas de sonido ateciopelado, trombones y tuba de textura organística en catedral aérea, arpa en el plano adecuado, timbales seguros, madera de color empastado, cuerda dulce o tensa adaptándose al discurrir dramático, Perry So preciso, batuta rectilínea y enérgica cual estilete y mano izquierda atenuando cualquier mínimo exceso que pudiera enturbiar esta historia de amor mitológica.

Conjunto sólido, eficaz, con músculo y delicadeza sumándole unos solistas de lujo como el clarinete bajo de Daniel Sánchez Velasco, la viola de María Moros cuya colocación este viernes permutadas con los violonchelos nos impidió degustar aún más su sonoridad, pero sobre todos el corno inglés de Juan Pedro Romero capaz de enamorarnos en solitario desde el segundo piso y llegar a tiempo para esa escena final de Isoldes Liebestod, una muerte como final argumental romántico y perfecto en un concierto esperado que no decepcionó.

Por decreto

1 comentario

En este día de luto para la Zarzuela quiero compartir estas palabras escritas en 1903 por Ruperto Chapí, fundador de la Sociedad de Autores Españoles:

Mientras el Teatro Real sea un teatro extranjero, mientras no se organice con dirección al arte Nacional, mientras este arte no haya de encontrar allí más que desdenes de la parte de un público hostil, bien va como va. Vengan o vayan “Lucias” y tenores Marconis, que todo ello se caerá solo como lo del cuento. En tanto, ya lo sabéis compositores españoles, el Teatro Real, por ahora , no es nuestro reino”.

Hasta ahí la cita…112 años después no ha mejorado la historia y hoy se consuma la infamia de poner en manos de ese teatro al único teatro concebido para la música española…. y levantado por autores españoles: ¡¡¡el Teatro de la Zarzuela!!!

No voy a hacer ningún comentario sobre el Ministero de Cultura, porque ya ha quedado retratado con esta decisión… y todo sin escuchar a las partes implicadas, ni a los expertos en Zarzuela, y además sin que a los medios de comunicación generalistas les importe un bledo, o sigan las órdenes del caPPital y los amigos 😱

Un día NEGRO!!!!!!

Gracias a Mª Luz González Peña por su perseverancia en defender NUESTRA ZARZUELA

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