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El oso bailó

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Viernes 1 de junio, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: Inspiración IV, abono 14 OSPA, Shai Wosner (piano), Rossen Milanov (director). Obras de Silvestrov, Mozart, Britten y Haydn.

Crítica para La Nueva España del domingo 3, con los añadidos de links, notas al pie, fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva:

La temporada llega a su recta final y junio nos devolvía al titular para los dos últimos conciertos de la OSPA, esta vez junto al pianista Shai Wosner con quien ya ha trabajado en EEUU. Cuarta “inspiración” bien explicada en la conferencia previa de Israel López Estelche (1) explicando y razonando el vínculo de los cuatro compositores del programa que le hubiera venido bien más público para entender aún mejor los emparejamientos del decimocuarto concierto al que se cambió el orden previsto para darle mayor coherencia.

Unir a Valentin Silvestrov (1937) con Mozart sin pausa, como una obra única para la primera parte, quedó bien por ser ambas con el mismo solista aunque obligase a permanecer ya sentados al viento y los timbales durante “El mensajero” para cuerdas y piano (1996) antes del concierto nº 21 del genio de Salzburgo pero dando unidad desde el “sonido Mozart” que se aprecia y cita el ruso como Picasso a Velázquez y Las Meninas. Primero el piano sumaría texturas más que solista, pedales creando una atmósfera lineal y plácida con esbozos temáticos, engrandeciendo a la cuerda, verdadera protagonista que no puede sonar mejor en cualquier repertorio, aquí aunando dos clasicismos, volviendo a brillar con luz propia desde un cuidado estatismo que prepararía al mejor Mozart con una óptica compositiva cercana. Símil pictórico trasladable a la cocina como deconstrucción de un plato tradicional bien digeridos ambos por un auditorio que sigue dando la espalda a estos menús, siendo preocupante comprobar tantas butacas vacías.

Sutil continuidad con el concierto de Mozart popularizado en el cine como “Elvira Madigan” que nunca defrauda y sigue impresionando por su belleza. Wosner (2) marcó estilo limpio y contenido que hace parecer fácil lo difícil, con Milanov en su incomodidad habitual para estos repertorios, que tras Silvestrov solo necesitaba dejar escucharse a la orquesta con el solista realmente encajando una música perfectamente escrita y difícil pasarla de punto. Andante publicitario entre dos “Allegros” brillantes, bien balanceados y con cadencias originales, cita operística incluida, realmente para lucimiento del pianista. La propina continuista en estilo y recogimiento: el Andante de la Sonata 13 de Schubert.

El segundo emparejamiento BrittenHaydn era lógico tras el primero, dando protagonismo nuevamente a la cuerda sola con las Variaciones sobre un tema de Frank Bridge antes de completarse formación para la sinfonía nº 82, repitiendo virtudes y defectos nunca a partes iguales.
Mejor llevada la nueva cocina, de aparente escasez en el plato, que el “oso sinfónico”, resultando más el que se comió a Favila que los de Xuanón de Cabañaquinta abrazados hasta la muerte.

La OSPA siempre condimento perfecto para unas obras no servidas como se merecen. Britten engordado de camerata a orquesta pero en su punto, pese a demandar mayor exigencia a toda la cuerda, un orgullo por homogénea, tensa, disciplinada, sonido puro en el vals vienés (séptima variación) más que intención, al faltar mando en una batuta pasada de vueltas como Thermomix© equivocada. Impecables los pasajes rápidos (Moto perpetuo octava y regalo de primeros violines melódicos como uno solo con pizzicati del resto cual gigantesca mandolina), emocionantes lentos y así cada variación de los Tres idilios para cuarteto de cuerda que el alumno Britten engrandeció hasta la Fuga y Finale de vértigo bien ejecutado.

La parisina Sinfonía nº 82 de Haydn tras las variaciones del británico, no mantuvo la tensión, el carácter humorístico del Finale vendría por falta de compenetración entre música y podio danzante, a pesar de la belleza de sus cuatro movimientos. Oso bailarín con gaita asturiana y no musette francesa aunque mejor olvidar el “estilo Rossen” sustituyendo la “experiencia Milanov” de su primera temporada. Imposible saber por sus gestos si el ritmo es binario o ternario, las dinámicas venideras o pasadas, danzar en vez de marcar, otro año corroborando que su repertorio, como los platos, no es el tradicional y básico en la alimentación de los melómanos asturianos. Lástima nuevamente que una orquesta en madurez total, demostrada con los distintos directores invitados, no se mantenga para este final, esperando que la “Pesadilla en la cocina” traiga un Master Chef.

Notas: (1) Israel López Estelche, autor de las notas al programa en la revista nº 20 y enlazadas en los autores al inicio. Su concierto de cello programado como cierre de la temporada se ha pospuesto para la próxima.
 (2) Entrevista en OSPA TV con el maestro Wosner.
P. D.: Reseña de Andrea G. Torres en La Nueva España del sábado 2.

Cuando la música fluye

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Viernes 25 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, “Orígenes III”, abono 13 OSPA, Vicente Mascarell (fagot), James Ross (director). Obras de Ligeti, Mozart y Brahms.

El decimotercer concierto de la temporada de abono de la OSPA tendría al fagot como protagonista, primero con la conferencia en la sala de cámara una hora antes a cargo de John Falcone, Una breve e interactiva historia del fagot siempre amena, simpática (¡no es un oboe!), incluso trayendo un bajón barroco y hasta un trozo de madera para explicar el origen de este instrumento único, ampliando la historia breve con vídeos curiosos de este neoyorkino afincado en Noreña y enamorado del instrumento para el que Mozart escribiría su único concierto, que escucharíamos más tarde por su compañero Vicente Mascarell.
El título “Orígenes III” supongo haga referencia al genio salzburgués sin el que la música no sería la misma, junto a sus acompañantes Ligeti y Brahms de quienes mi admirada doctora Mª Encina Cortizo nos deja unas excelentes notas en el nº 20 de la revista (abril-junio de 2018) que recoge la página de Facebook© de la orquesta y dejo enlazadas en los autores al inicio de esta entrada.

Otro “descubrimiento” el director y trompista bostoniano James Ross, amante de todo lo español, excepto las corridas de toros con el que la formación asturiana demostró empatía y comodidad en las tres obras, mimando la sección que él conoce bien para que alcanzase cotas de calidad en empaste, sonido aterciopelado y hasta el guiño de poner fuera de escena a Morató en el Concierto rumano (1951) de György Ligeti que abría el concierto, la “trompa alpina” como excelente tarjeta de presentación para todos. Hubo momentos mágicos en la conjunción del folklore rumano con el lenguaje instrumental bien entendido desde el podio, la pulsación rítmica y las intervenciones de los solistas de la OSPA nos dejaron calidades totales en color, dinámicas amplias, sonoridades delicadas y presentes, especialmente la cuerda, homogénea desde los graves que comienzan la obra solos, bien seguidos por una madera en estado de gracia, unos metales siempre acertados y la percusión precisa como en ella es habitual, asegurando un empuje alegre y colorista. Si el tercer movimiento Adagio ma non troppo es el Ligeti que el cine haría popular (como recuerda Cortizo), los tres movimientos restantes rinden culto a sus compatriotas Bartók y Enescu, las danzas populares junto a la herencia judía traducidas en una interpretación óptima que quedó registrada para Radio Clásica.

Vicente Mascarell protagonizaría su momento como solista dando el paso al frente y demostrando la calidad de los músicos de esta orquesta de todos los asturianos, una oportunidad que el valenciano (entrevistado en OSPATV) no dejó escapar para brindarnos el bellísimo Concierto para fagot en si bemol mayor, KV 191/186E (1774) del genio de Salzburgo, único para ese instrumento que el siempre joven Mozart escribiría con esa peculiar marca de la casa, puro clasicismo que hace “cantar” al instrumento, aquí el noble fagot con Mascarell unificando color en todo los registros. Virtuoso, presente gracias a una concertación bien entendida por Ross que con María Ovín de concertino en esta partitura, comandó una cuerda aterciopelada, limpia, precisa y siempre dejando escuchar al solista. Las cadencias sonaron rotundas y brillantes, con un Andante ma adagio casi operístico, bien escoltado por el primer Allegro luminoso de reguladores controlados y el alegre Rondo: Tempo di menuetto final, verdadera delicia para un auditorio de nuevo con muchos huecos pero rendido a intérpretes y solista, que todavía nos regalaría una excelente “Zarabanda” de Bach.

El maestro Ross, también en OSPATV con Fernando Zorita, dirige con gesto claro pero enérgico, dejando fluir la música y “obligando” a los músicos a escucharse, contestarse unos a otros, empastar y empatizar, manteniendo un sonido propio que se ha logrado con muchos años y trabajo conjunto, cerrando con la Serenata nº 1 en re mayor, op. 11 de Brahms una velada agradecida. Optar por esta obra en vez de cualquier otra sinfonía permitió volver a disfrutar de toda la orquesta, suma de intenciones e intervenciones, seis movimientos llenos de la firma del hamburgués cual esbozados homenajes a los grandes Haydn o Beethoven, sinfonistas con un mimo casi camerístico pese a la instrumentación “ampulosa” por la que Brahms optó para esta serenata. El uso acertado del viento con unas trompas afinadas al fin además de melódicas en sus fraseos, junto a las combinaciones instrumentales especialmente de la madera (un auténtico placer escuchar y ver cómo la interpretaron), hicieron brillar aún más una cuerda bien templada, tersa a la vez que dulce, limpia, unida, equilibrada en cellos y contrabajos, impregnando de calidad una versión que James Ross entendió con la delicadeza necesaria y el ímpetu docente que no mengua con los años.

Obra exigente a nivel global que el norteamericano entendió con dinámicas variadas buscando el dramatismo romántico aunque se quedase algo corto en fuerza pero melódico a más no poder, claro en las exposiciones, atento a los protagonismos de cada solista como hizo notar en los merecidos aplausos finales, levantando secciones completas por ese resultado de conjunto que volvió a dejarnos lo mejor de la OSPA sonando como el maestro Ross quiso en todo momento, disciplinada.

Quedan los dos últimos conciertos de junio con el regreso de Milanov para cerrar temporada (de la que se ha caído y pospuesto el estreno de López Estelche con Adolfo Gutiérrez Arenas), esperando sean más de “MasterChef” que “Pesadilla en la cocina“, tocando madera para conocer pronto el próximo curso 2018-19 que muchas otras formaciones y entidades ya han hecho públicas.

Educar divirtiendo

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El proyecto Link Up! del Weill Music Institute a través del Carnegie Hall es lo mejor que pudo traernos a la OSPA el todavía titular Rossen Milanov desde Nueva York, tras conocerlo de primera mano con la Orquesta de St. Luke y Civic de Chicago, siendo los primeros fuera de EE.UU. en sumarnos a esta propuesta que completaba su sexta edición en Asturias, cerrando por segunda vez el ciclo trianual compuesto por “La Orquesta Se Mueve“, “La Orquesta Canta” y “La Orquesta Rock“, conceptos algo engañosos por la traducción literal y si se desconoce el objetivo de cada uno de los programas en los que he tenido la suerte de participar como docente con el IES “El Batán” de Mieres  desde el primer año. Mover emociones y músicas, cantar melodías y el ritmo como necesidad vital a través de obras clásicas y actuales donde el propio alumnado es parte activa de los conciertos.
Cada curso se van sumando colegios e institutos de toda la región (también Navarra o Extremadura) con una demanda creciente cada año que obliga a aumentar las sesiones e incluso dejar fuera a tantos interesados que seguimos creyendo en la música como materia necesaria en la educación integral y la única manera de sembrar para recoger, acercar una orquesta sinfónica a las edades donde es tan importante formarlos para alcanzar un futuro más enriquecedor, así como pensar en el público que acudirá a los conciertos desde estos preparados para ellos con una escucha responsable donde participan y disfrutan el trabajo de todo un curso adaptado a todos los niveles desde Primaria a 2º de Secundaria.

Las cifras de este 2018 son para impresionar, además de todo el complejo organizativo de orquesta, personal del auditorio, Protección Civil, Policía Local, así como el trabajo previo desde comienzo de curso con dos encuentros de profesores con los responsables y el envío de libros para los estudiantes más las guías del profesorado, un material de calidad que muchos utilizamos a diario en nuestras aulas. Desde el martes 15 al viernes 18 de mayo, 4 días, 8 sesiones, casi 9.300 asistentes, 8.801 alumnos y 577 profesores de 134 centros docentes en 67 localidades asturianas, con un total de 400.000 mil estudiantes en dos continentes entre los que Oviedo y Asturias forman parte de este mapamundi de la pedagogía musical.

Conocedor de los tres proyectos debo reconocer que el más corto y con menor exigencia de participación es este de “La Orquesta Rock” aunque como en todo concierto cada uno es distinto para músicos y alumnado, dependiendo del horario (10:30 o 12:00 horas) así como de lo rodado a lo largo de los cuatro días y la siempre sorpresiva reacción de públicos tan diversos.

El proyecto que llegó hasta Asturias comenzó liderado por el santanderino Gustavo Moral que continúa ligado a este mundo de la didáctica musical, siendo su labor continuada por Ana Hernández, “La Sanchiz desde el año pasado y contando con las voces habituales de Sonia de Munck (soprano), Beatriz Lanza (mezzo) y Julio Morales (tenor), este año bajo con dirección de la debutante joven maestra sevillana Irene Gómez-Calado, a la que podemos escuchar entrevistada por Fernando Zorita en el canal OSPATV.

La sintonía casi himno de Link Up! es el tema de Thomas CabannisCome to Play, “Ven a tocar” que es el único en común a los tres programas (“La Orquesta Swing” creo que no llegaremos a disfrutarla por novedosa y exigencias orquestales distintas), y desde el segundo año ya tuvo una mejor traducción al castellano, siendo de los pocos temas donde no se ha mantenido el idioma original, sea francés, portugués e incluso latín, pues en todos ellos se ha cantado. Niveles distintos, tres voces para cantar o tocar con la flauta, alternando incluso, y emocionante comprobar que quienes repiten ya lo dominan casi mejor que la directora, obligada a retomar la impresionante pulsación que empuja desde un auditorio ocupado por cientos de educandos musicales, que primero se entretienen con pasatiempos relacionados con el proyecto proyectados en la pantalla gigante sobre la orquesta, el auténtico atril digital sobre el que convergerán todas las miradas, mientras se van ubicando en las localidades y hacen la ola como hooligans de la música o les jalean desde el escenario en el tiempo que tardamos en prepararnos antes de comenzar el concierto, afinando e ir reconociendo las distintas familias orquestales. Sigue poniendo la piel de gallina escuchar más de mil flautas y voces con la OSPA en este himno de Link Up!.

Lo que impresiona sobremanera es el O Fortuna (C. Orff) de los “Carmina Burana” que el propio compositor y pedagogo hubiera firmado aunque se repita la estrofa por no añadir más texto latino. La enorme cantata con niños y adolescentes no tiene parangón como tampoco la forma de trabajarlo y recrearla con la OSPA y Gómez-Calado en el podio. Si la dinámica es “in crescendo” para llegar a la última estrofa fortísima y ese calderón final para perder la respiración, puedo asegurar que la emoción aún es mayor tanto escuchándola con tu alumnado como evadiéndote unos instantes y ejercer de mero espectador, retomando el papel infantil que llevamos para disfrutar con la música divirtiéndome.
El primer momento sinfónico para entrenarse en la escucha tras un análisis formal e incluso biográfico en muchas clases previas llegaría con Chaikovski y la Sinfonía nº 4 en fa menor de la que disfrutamos el cuarto y último movimiento (Allegro con fuoco) verdaderamente fogoso en sus 293 compases, disfrutando con la visión de los instrumentistas en pleno trabajo, las dinámicas bien marcadas por la maestra andaluza, y las impagables caras de unos niños y adolescentes que se estrenaban ante semejante masa orquestal.

Los compositores actuales también tienen cabida junto a experiencias minimalistas como In C (Tierry Riley) que da vía libre a una creatividad e improvisación permitiendo variar cualquiera de los siete modelos propuestos. La apuesta por estas fórmulas casi debería llevarse al gran público que todavía considera “demasiado modernas” obras como las del compositor enamorado de las músicas orientales.
Nuevo momento de escucha y dejando volar la imaginación, no solo a Los Planetas o el elegido Marte (G. Holst) sino a guerras galácticas, erupciones volcánicas o guerras de barcos piratas por películas previas del alumnado sin olvidarse de ostinatos rítmicos, diseños melódicos o familias orquestales protagonizadas por la OSPA.

Todavía faltaba un impresionante Bolero (Ravel) que pasa por todos los escalones previstos en Link Up!enganchándonos” de todas las formas posibles: ritmo eterno, ostinato melódico, melodía en flautas u otros instrumentos (había alumnos con guitarras, violines, clarinetes…) y hasta una letra en castellano que va guiándoles en la impresionante orquestación del francés sumando una coreografía esta vez sin necesidad de levantarse de las butacas, que mis alumnos presumieron de completarla en mejores condiciones que muchos vecinos.

Y como el adjetivo “rock” de la orquesta más allá del propio ritmo intrínseco, la sorpresa con la Banda Académica Torner interpretando el conocido We will rock you de Queen
que no necesitó presentación ni preparación, el conocido ritmo “Chum-chum-pá” con pies y palmadas jaleando al grupo con vocalista de bigote estilo
Mercury y el inmenso coro juvenil al que se sumaron muchos “sinfónicos” para cerrar esta orquesta rock donde el Ven a tocar resonó de propina para volver a citarnos el próximo año.

La vuelta en el autobús resultó la prolongación del auditorio con ganas de repetir el próximo año, inocentes y ajenos a los avatares económicos, políticos y sociales de una sociedad que debe recuperar muchos valores presentes en el aula contra viento y marea del acontecer diario. Educar divirtiendo, pasándonoslo bien alumnado y profes, que aún nos sentimos niños, demostrando que el latín no está muerto y también resuena por los pasillos del instituto convirtiendo el O Fortuna en un éxito mayor que el de unos eurovisivos de capa caída, imagen errónea de los valores de una generación distinta que entiende la música como banda sonora en una España demasiado narcisista e individualista, a pesar de los avances digitales, acompañando unas vivencias demasiado lejanas para nuestros dirigentes. No vendría mal que tomasen nota de estos eventos importantes para un futuro no tan lejano…

Más noches de cuento

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Viernes 11 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, “Música y literatura III”, abono 12 OSPA, Pablo Sáinz Villegas (guitarra), Jaime Martín (director). Obras de Kodaly, Rodrigo y Rimsky-Korsakóv.

Érase una vez una princesa asturiana que fue creciendo sana y robusta hacia una madurez plena, hermosa, tras haber enviudado y divorciado varias veces, algo normal en tiempos modernos, uniéndola de nuevo con un noble cocinero búlgaro tras dos años de búsqueda donde la felicidad parecía brillar en un reino sin prisas. Entonces desfilaban por palacio pretendientes con futuro, algunos ideales pero poco raudos para evitar el compromiso en otras cortes, así que la elección del centroeuropeo nos dejó algo inquietos. Al principio parecían quererse tras el breve noviazgo, pero faltó la química que nunca hubo del todo, las recetas nuevas nunca compensaban la cocina tradicional que solía desgraciar cuando entraba en la cocina, así que la desgana pareció apoderarse de él atendiendo otros fogones, así que en las obligadas ausencias cada visita de invitados a la casa eran una verdadera fiesta que hacían olvidar los malos tragos, los sinsabores y hasta las pesadillas con las que solía despertarse nuestra amada princesa. La última alegría vendría con la segunda visita de un conde de la vecina Cantabria y la primera de un famoso juglar riojano emigrado a ultramar, que hizo las delicias de todos los asistentes, dado el cariño y mimo hacia la princesa así como el buen entendimiento entre el noble y el joven para con la anfitriona, dejándonos otra noche para el recuerdo intentando alejar la vuelta a casa del marido…

El cuento está incompleto para no extenderme y con el final por escribir. El duodécimo programa de abono volvía con el matrimonio entre música y literatura, básicamente por esos cuentos de las mil y una noches que me hicieron tontear al inicio de esta entrada como otro escritor, aunque este género nos siga dando joyas literarias y trascienda lo infantil pese a la mala prensa que el oficio de “cuentista” ha tenido.
No quiero chismes llamados cuentos ni mentiras adobadas de “pseudoverdad”, mejor retomar el carácter didáctico que siempre ha tenido esta literatura, donde los recuerdos tanto de infancia escuchando como adultos contándolos enlazan con la idea musical de cuento, del verbo contar, narrar, que por tradición y transmisión nunca suenan igual ni los sentimos igual.
Tres obras conocidas por un público que retornaba a las buenas entradas en la sala, donde el director Jaime Martín cual narrador de historias volvía a transmitirnos su talento igual o mejor que hace dos años, contando con otro Pablo para la historia de la música, Sáinz Villegas (Logroño, 1977), un guitarrista español que triunfa en el país de las oportunidades (de momento) llevando con humildad su guitarra a los desfavorecidos con la misma entrega que a espectantes melómanos de todo el mundo y a las escuelas donde se debe sembrar para recoger en un futuro siempre incierto con todo el amor y dedicación, ideal conjunción de invitados para que nuestra OSPA brillase, disfrutase y nos hiciese felices a todos como en el final de (casi) todos los cuentos.

Las Danzas de Galanta (Zoltan Kodaly) son como el fondo de armario de nuestra OSPA y normalmente sinónimo de éxito por la brillantez de su música que hace lucirse tanto a nuestros habituales solistas como a los distintos directores que disfrutan con la formación asturiana. El maestro santanderino volvía a demostrar no solo talento sino empatía y respeto por la partitura con unos intérpretes a los que dejó fluir (impresionante el clarinete de Andreas Weisgerber), contagiando alegría y emoción para estas páginas zíngaras en el recuerdo infantil del compositor húngaro, donde el ritmo impulsó una sucesión de bailes llenos de color a lo largo de las cinco danzas enlazadas. Maravilloso el sonido logrado, de nuevo la cuerda tersa, presente incluso en los graves (por fin) y la madera primorosa.

La mejor imagen de nuestro país sigue siendo la guitarra que creció de vihuela y morisca hasta ser directamente española, gracias a tantos compositores que escribieron para ella, especialmente Boccherini por elevarla otro peldaño, si bien tardaría demasiado tiempo en recuperar el papel “culto” pese a la amplia literatura a ella dedicada, dejándola en manos flamencas e incluso populares sin mayores aspiraciones artísticas, decantándose por lo lúdico además de accesible. Todavía en nuestros días la guitarra española sigue asociada a los gitanos, autodidactas increíbles, y sobre todo a la auténtica leyenda del siempre recordado e irrepetible Paco de Lucía. El espaldarazo como instrumento de concierto con orquesta lo darían, con distintas circunstancias políticas, Salvador Bacarisse (Madrid 1898 – París 1963) y Joaquín Rodrigo (Sagunto 1901- Madrid 1999), siempre unidos a intérpretes de reconocido prestigio como Narciso Yepes o Andrés Segovia que darían popularidad y galones a nuestro instrumento por antonomasia, así como a las muchas y hermosas páginas a ellos dedicadas, sin olvidarnos que el algecireño aprendió a leer música para poder interpretar con toda la fidelidad a Falla y al propio Rodrigo.

Pablo Sáinz Villegas ha tomado el relevo de los grandes y su interpretación de la Fantasía para un gentilhombre (1954) de Rodrigo alcanza la plenitud interpretativa esta vez con la OSPA y un Jaime Martín concertador excelente, dejando fluir la música, haciendo escucharse unos a otros, con una guitarra sin necesidad de amplificación pero con una claridad y armónicos ideales, fundida sin competir con la orquesta, felices encuentros entre trompeta con sordina y piccolo, junto a una limpieza en la ejecución que consiguió momentos mágicos de silencio, tan necesario para el disfrute como el propio sonido. Los dedos del riojano son espectáculo en sí, punteando, rasgueando, subiendo y bajando el mástil, percutiendo sobre el golpeador… Si en la entrevista para OSPATV nos encandiló, su guitarra enamora desde el primer acorde. Asombrosa la proyección a toda la sala sinfónica y ejemplar la comunión con maestro y orquesta. Gaspar Sanz elevado al firmamento sinfónico del siglo XX por dos nobles como el valenciano Marqués de Aranjuez y su destinatario jienense Marqués de Salobreña, otro cuento universal, “gentil”, con mucha historia española donde la música siempre ha estado presente.
No solo virtuosismo sino arte sonoro en estado puro con la propina de la Gran Jota de Concierto de Francisco Tárrega, dejándonos boquiabiertos al comprobar todo el arsenal de una guitarra en las manos de Pablo interpretando esta música popular fuente de inspiración de tantos compositores, y que uno de los mayores enamorados de nuestro instrumento puso al alcance de pocos por las exigencias técnicas, algo que hace fácil lo difícil al escuchar a Sáinz Villegas.

Agradecido por una semana de eficiente y cordial trabajo con nuestra orquesta como con el maestro vecino, aún nos dejaría otro regalo hermanando pueblos con la música, Asturias (Albéniz) leyenda o relato casi flamenco que un catalán dedica a nuestra tierra interpretado por este tocayo mío riojano y universal.

Las mil y una noches de cuentos y conciertos, los sueños personales reales e irreales que la música provoca, esta vez Rimsky-Korsakov y su famosa Scheherezade, op. 35 que corroboró un concierto de magia, de ensueño sin trampas, cuatro movimientos para disfrute de público e intérpretes, la química por lo conocido unida a una interpretación de altura para una orquesta madura, 27 años que se notan para lo bueno y lo malo, Jaime Martín apostando por lo positivo, llevándola con gesto claro, preciso, benevolente, recreándose Vasiliev como en sus mejor juventud, aunque los años no pasen en balde, y con el arpa de Miriam del Río, realmente toda la plantilla colorida y brillante, la cuerda nuevamente enorme, presente y precisa, tensa y tersa, todos gustándose y disfrutando (bravo los percusionistas), cada solista disfrutando con sus pasajes, las secciones empastadas y todas a una haciendo surgir la magia del conjunto, más en una obra tan rica en orquestación como esta del ruso, contagiando la luminosidad que echamos de menos cuando se pasa de cocción o falta la implicación desde el podio. El Maestro Martín nos brindó un completísimo concierto convencido y convenciendo, es verdad que las obras elegidas ayudan, pero recrearlas para hacerlas lucir como nuevas es la magia interpretativa. Un mismo cuento narrado de distintas formas permite descubrir matices, recovecos, momentos imperceptibles en otras ocasiones que como niño inocente nos permite reconocer lo desconocido. Hay que reivindicar el repertorio de siempre pero desde la calidad e implicación narrativa, actores y espectadores conviviendo en la alegría de un espectáculo siempre único.

La próxima semana nuestra OSPA afronta por sexto año el proyecto Link Up, “La orquesta rock” pero no se dejen llevar por el título engañoso, sembrar para recoger desde el Carnegie Hall siendo los primeros en disfrutarlo fuera de los Estados Unidos. De nuevo estará Ana Hernández Sanchiz con cantantes conocidos y estrenándose entre nosotros la directora Irene Gómez-Calado, que espero contarles como “profe” con mis alumnos un año más

Educando desde el Romanticismo

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Viernes 27 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Inspiración III, abono 11 OSPA, Peter Pearse (piccolo), Cristóbal Soler (director). Obras de Schumann, Stephenson y Schubert.

Este viernes se recuperaban los encuentros con el compositor una hora antes del concierto, siendo esta vez Luis Vázquez del Fresno (Gijón, 1948) quien mantendría junto a Ana Mateo y los pocos afortunados presentes en la sala de cámara, unos diálogos sobre su vida, herencia musical desde la infancia, mayor por el lado materno, sus años de estudiante en Gijón, Madrid o París, la larga carrera de pianista, su tarea docente como catedrático en el CONSMUPA asturiano, y el siempre compositor rompedor en su momento, conocedor de las llamadas vanguardias en primera línea que no hubo de abrazar sino simplemente estudiarlas para tener un lenguaje propio que como la propia vida, tiene distintos momentos. El maestro gijonés es “compositor invitado” esta temporada, pudiendo escuchar en diciembre la suite Florilegio del alba de su ópera La Dama del Alba que todos esperamos escuchar en vida, contándonos una primicia: el contratenor Carlos Mena ya tiene su partitura para ser “La peregrina” pues su voz de contralto es perfecta para el personaje, con más de cuatro mil compases escritos donde solo pidió al compositor cambiar dos notas… lógica de quien conoce la voz humana y escribe como músico.

Para el undécimo de abono tendríamos de nuevo a Don Luis (al que conocí en su faceta de pianista y compositor en la Filarmónica de Mieres allá por los inicios de los años 70) con la “Primera serie orquestal” del Álbum de la Juventud, op. 68 (selección) de Schumann, de la que también nos habló contándonos la peripecia que relata el autor de las notas al programa Ramón Avello en El Comercio de la partitura original que dirigiese Benito Lauret a la Orquesta de Cámara de Asturias (después OSA, Orquesta Sinfónica de Asturias con Víctor Pablo Pérez, predecesora de la actual OSPA), quemándose en un enero de 1979 fatídico los bajos del Campoamor con instrumentos y parte del archivo de la orquesta, entre otros papeles, la partitura original y las ‘particellas’ de esta obra de Vázquez del Fresno, cual fuego purificador, pues el autor a partir de una grabación casera en cassette (como lo hacía yo con él en Mieres) rehizo la orquestación con la visión y oficio que dan los años y la experiencia.

La obra de Schumann dirigida por Cristóbal Soler (debutando con la OSPA aunque conocido en el foso del Campoamor en la temporada de zarzuela) sería la que abriría velada, selección de esta obra de piano de la que el maestro Vázquez del Fresno contó su acercamiento en París tras arduo trabajo con el Dante de Liszt, y cómo su profesora le dijo la dificultad que entrañaba esta aparente obra didáctica, música pura más allá de los títulos, así que el orquestarla vendría tanto de oficio y conocimiento de la partitura como del espíritu docente en tanto que resulta ideal para su interpretación por parte de orquestas de conservatorio como el propio Vázquez del Fresno comentaba en la conferencia. Nueve números, breves, bien elegidos y orquestados que “engrasan” tanto a la formación en plantilla habitual como a las secciones que tienen todas su protagonismo, con exigencias que desde el podio hacen predominar unas u otras en auténtico trabajo de orfebre, un “piano sinfónico” posibilitando distintas dinámicas y planos imposibles en las teclas pero soñadas y sonadas en la orquesta del director valenciano, múltiples colores de la composición original que un músico global como el gijonés ha llevado a lograr lo imposible, en el mismo camino que Rueda con Albéniz por citar a un contemporáneo suyo que también la OSPA ha interpretado. El público que acudió en mayor número que anteriores conciertos, aplaudió la “revisión” de estas piezas obligando a salir y saludar al profesor Vázquez del Fresno.

Peter Pearse es el flautín de la orquesta (entrevistado en OSPA TV) y buen representante de la calidad de todos sus solistas, a los que se les da la oportunidad de dar el paso al frente para un concierto con ellos, caso del Concertino para piccolo, cuerda y clave (1979) del inglés Allan Stepheson (1949), obra y solista que derrochan amabilidad, simpatía, carácter afable y gracejo, casi un juguete lleno de humor y delicadeza con cuerda de casa y clavecinista también conocida en un verdadero transporte al pasado barroco “revisitado” más que revisado, maravilloso comprobar la belleza sonora del instrumento más pequeño de la orquesta cuando se escribe y ejecuta con la maestría del undécimo de abono. Guiños de humor a obra y compañeros desde el Allegro amabile, recuerdos clásicos con aires de pavana francesa del hermoso Molto lento y la virtuosa última Marcha: Allegretto. Impresionante la sección de cuerda de la OSPA junto al “contrapunto” del clave de Silvia Márquez redondeando una obra de nuestro tiempo con aromas académicos y regustos románticos.
No digamos la propina de Bach y su Badinerie de la Suite nº 2 (aún fresca en el oído) en octava aguda y ornamentada con el gusto y pureza sin estridencias de un flautín de cuento junto a una OSPA aún más de cámara, ideal con el Maestro Soler que la llevó con claridad y dominio. Ramo de flores de Myra Pearse para su esposo y colega junto a todo el cariño de un público y compañeros de la orquesta que le aplaudieron largamente.

El siempre necesario de escuchar Franz Schubert ocuparía toda la segunda parte, de nuevo con la plantilla habitual de la orquesta asturiana y el invitado maestro Soler (entrevistado en OSPA TV) llevándola literalmente de la mano, delicadeza y firmeza, primero con Rosamunda: obertura, D. 644 de ideas claras en discurso, tiempos y sonoridades, para leernos a continuación el maestro valenciano la carta de Franz a su hermano Ferdinand al inicio de su enfermedad, cuya muerte le llegaría en plena composición de la Sinfonía nº 8 en si menor, D. 759 “Inacabada”, una escucha que nos dejó con la sensación de plenitud y gratitud, todo en su sitio interpretado con naturalidad fluyendo en todos. Y es que no pueden faltarnos los grandes sinfonistas a lo largo de la temporada, son nuestra memoria colectiva y casi obligados para toda formación orquestal, más cuando se les hace trabajar con seriedad, disfrutando del sonido claro y preciso de cada familia orquestal en el punto adecuado, con la búsqueda y elección de la tímbrica justa con las dinámicas y balances deseados.

La obertura del ballet ayudó a “completar” este Schubert vienés con unos matices capaces de acallar toses y disfrutar “pianissimi” emocionantes, brillando especialmente el oboe de Juan Pedro Romero, el clarinete de Andreas Weisgerber, el trío de trombones y de nuevo esa cuerda “marca de la casa” donde los violonchelos pusieron la voz a la conocida melodía de “la inacabada”, paso del clasicismo al romanticismo que nunca muere cuando se le interpreta como este viernes.

Pidiendo PaSO

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Viernes 20 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, “Música y literatura II”, abono 10 OSPA, Mario Gas (narrador), Perry So (director). Obras de Sibelius y Wagner.

Cada concierto de la OSPA con nuestro “colaborador artístico” por no llamarlo director invitado de esta temporada es una satisfacción para el poco público que comienza a preocuparme aunque podría dar algunas causas. Este décimo programa de abono, “Música y literatura II”, nos traía dos obras que Perry So explicaba a Fernando Zorita en OSPATV perfectamente y nos refleja el trabajo meticuloso y detallista junto a la pasión que contagia a todos, maneras de pensar y sentir la música desde un profundo conocimiento de ella, dos mundos sinfónicos desde su visión personal y con esa gran orquesta asturiana deseada cuya ampliación se llevó la tijera económica. Gracias a la colaboración con el CONSMUPA pudimos tener una formación con los mínimos refuerzos habituales y doce estudiantes para dos partituras inmensas poco escuchadas. Los músicos comienzan a jubilarse y los jóvenes piden paso, la renovación debe planificarse con tiempo para mantener la calidad alcanzada por una OSPA a la que debemos exigirle siempre lo mejor. Este viernes pudimos comprobar cambios puntuales en los atriles realmente esperanzadores. Lástima no haber tenido tres o cuatro contrabajos más porque el resultado global todavía hubiera subido enteros y la ausencia de RNE que graba normalmente los conciertos en el Auditorio.

La Tempestad, op. 109 (Sibelius) se presentaba en una selección del propio director con quince (de los 34 números) que conforman las dos suites, en un orden personal con la narración de los textos de la obra de Shakespeare traducida al castellano por Ángel Luis Pujalte en la voz de Mario Gas, interpretación que completaría esta música con “visión literaria” bien explicada por Hertha Gallego de Torres en las notas al programa (enlazadas arriba en el compositor) cuya ecualización fue mejorando a lo largo de la obra aunque pillase por sorpresa alguna vez a los responsables del sonido, actor pero sobre todo artista muy ligado a distintas producciones que explican la buena dinámica y entendimiento con la partitura del maestro So.
Orquestación poderosa en todas las secciones para ir poniendo imágenes a esta banda sonora del finlandés inevitablemente romántica cargada de contrastes anímicos, rítmicos, dinámicos, con recuerdos casi folklóricos de la cercana Rusia en distintas danzas para esta festiva singladura por los mares personales. Maravilloso comprobar la calidad de todos los solistas, unas secciones compactas y los planos a flote con buen rumbo bajo capitaneados con mano firme, clara, precisa y  con mando en plaza del maestro. Tras la tempestad inicial vino la calma, momentos de mar como un plato y de oleaje sonoro con calma chicha, no por quietud sino de meditación y remanso en la turbulencia de la propia vida traducida a música sin texto y textos sin música antes de la confluencia. Como la letra del epílogo “vuestro aliento hincha mis velas o fracasará mi idea, que fue agradar. Sin dominio sobre espíritus o hechizos, me vencerá el desaliento si no me alivia algún rezo tan sentido que emocione al cielo y excuse errores“, verdadera ímpetu siempre controlado agradando sin desaliento alguno emocionando a cielo y tierra esta interpretación de este Sibelius rarísimamente escuchado en vivo que completa a más habitual sinfónico todavía por descubrir.

Plenamente romántico y con historia marinera el mito de Tristán e Iseo, surcando de Grecia al universo wagneriano, la música pura de Tristán e Isolda (Wagner) en esta suite arreglada por el holandés Henk de Vileger (1953) en 1994 nos permitió degustar sin cantantes la impresionante construcción del genio alemán en esta “música sin palabras” en siete números de intensidades y emociones graduadas teatralmente reconociendo esa música inimitable. Personalmente creo que Guillermo García Calvo ha ido haciendo a la OSPA más wagneriana, emergiendo del foso del Campoamor al escenario del Auditorio, subiendo por el Campo de San Francisco hasta la colina húmeda para desnudar la palabra y disfrutar la música en estado puro. Con Héctor Corpus de concertino las calidades instrumentales no cesaron nunca, trompas conjuntadas de sonido ateciopelado, trombones y tuba de textura organística en catedral aérea, arpa en el plano adecuado, timbales seguros, madera de color empastado, cuerda dulce o tensa adaptándose al discurrir dramático, Perry So preciso, batuta rectilínea y enérgica cual estilete y mano izquierda atenuando cualquier mínimo exceso que pudiera enturbiar esta historia de amor mitológica.

Conjunto sólido, eficaz, con músculo y delicadeza sumándole unos solistas de lujo como el clarinete bajo de Daniel Sánchez Velasco, la viola de María Moros cuya colocación este viernes permutadas con los violonchelos nos impidió degustar aún más su sonoridad, pero sobre todos el corno inglés de Juan Pedro Romero capaz de enamorarnos en solitario desde el segundo piso y llegar a tiempo para esa escena final de Isoldes Liebestod, una muerte como final argumental romántico y perfecto en un concierto esperado que no decepcionó.

Lienzo sonoro busca pintor

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Viernes 9 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, “Los colores de la orquesta“, abono 8 OSPA, Leila Josefowicz (violín), Rossen Milanov (director). Obras de Bernstein, Zimmermann y Prokofiev.

La OSPA devolviendo la visita de enero a la Real Filharmonia de Galicia (y ausente esta edición 2018 de “Musika Música” en el Euskalduna de Bilbao), llegaba de Santiago donde interpretaría el día anterior este octavo de abono todavía con Milanov al frente (ya lleva cinco años), para rendir homenaje al gran Leonard Bernstein (1918-1990) en su centenario, pero también al menos conocido Bernrd Alois Zimmermann (1918-1970) y completando velada una página del gran sinfonismo, viernes ruso de Prokofiev con su quinta (mantengo mi teoría musical de “no hay quinta mala” parafraseando el refranero). Pero incluso podrían haber celebrado el 8M dado que la solista invitada, Leila Josefowicz(Toronto, 20 octubre 1977) de origen polaco y afincada en Nueva York, encabeza una lista de grandes violinistas engrosando otra aún mayor de mujeres triunfando en el mundo musical.

La música de Lenny sigue sonando actual, nuestra, ágil, luminosa, “made in USA” que siempre presumió de este músico integral. Su Divertimento para orquesta (1980) es puro espectáculo sinfónico, algo que Milanov conoce bien en su trabajo al otro lado del charco y le funciona, aunque en la vieja Europa los gustos sean otros, si se me apura más “conservadores”. Las notas al programa de Miriam Perandones (enlazadas al inicio en cada compositor) explican perfectamente el programa elegido comenzando con la partitura escrita para el centenario de la Orquesta Sinfónica de Boston. Ocho danzas que combinan la historia musical yanqui, herencias y adopciones con el impulso rítmico tan característico de Bernstein plasmando virtuosismo a todas las secciones orquestales de las que la OSPA puede presumir, aunque las dificultades estén en poder ser fieles a la partitura sin claridad gestual en la tarima (la batuta por momentos tan baja parecía reflejar oscuras intenciones). Prefiero cerrar los ojos antes de mirar al podio porque casi nunca coincide con lo escuchado, máxime en compases de amalgama y polirritmias nunca marcadas que dan el sello típico de estas músicas capaces de unir tradición y modernidad.
Lujo nuestros instrumentistas aunque pienso innecesaria la puesta en escena imitando las bandas de jazz donde los solistas se ponen en pie, finalizando todos la octava Marcha “The BSO Forever” que incluso bisaron (algo raro en la OSPA) cual banda sinfónica. Colorido musical de Broadway, de esos cafés en blanquirojo con café recalentado, patatas fritas, batidos de fresa y hamburguesas. La importancia del detalle que hace cambiar el menú según cómo y dónde se sirva…

 

Impresionante el Concierto para violín (1950) de Zimmermann con Leila Josefowicz de solista. Me quedé con las ganas de disfrutarla en “Los Conciertos del Auditorio” allá por febrero de 2009 con la Orquesta Sinfónica de Islandia que la crisis truncó anulando la gira prevista. Ocho después y como si el destino quisiera pagarnos deudas pendientes, por fin venía a la capital asturiana. Escucharla en la entrevista para OSPATV hablar de este concierto para violín de Zimmermann nos hace entender la pasión por la música de nuestro tiempo, “actual” y agradeciendo se programe siempre que sea posible, siendo esta violinista auténtica activista en estrenos en ella pensados. Su sonido, entrega y pasión engrandecen este concierto de forma clásica pero rompedor en el momento de su escritura etiquetada de vanguardia aunque este no lo sea, estética neoclásica como su propia vida en cierto modo paralela a la de Bernstein, con tantas interrogantes y dudas místicas, filosóficas, vitales incluso en ambos, ritmo cual motor humano desde el origen pero con el poso europeo del alemán. Los títulos de cada movimiento parecen dejar sobre la mesa sus intenciones así como la opción elegida: Sonata el primero, más allá de la propia forma o el origen del “sonare”, el segundo Fantasía  por emociones y distintas fuentes inspiradoras tanto en el violín como en la orquesta, exuberancia por doquier que tampoco necesita mayores gestos (la ampulosidad está en los pentagramas) con un virtuosismo impactante hasta el Rondó final, verdadero colorido musical, evocador del jazz con una marimba poniendo pinceladas en el sitio preciso, recuerdos de películas americanas cuyas mejores bandas prepararon los compositores europeos, nuevos paralelismos de dos compositores nacidos hace 100 años bien entendidos por estas generaciones donde la formación marca diferencias, y la OSPA con Leila resultó el mejor lienzo en busca de pintor.
La propina el final de Lachen verlernt (Essa Pekka Salonen) de reminiscencias primaverales en la Polonia natal, de la música judía, aires de Armenia, explosión tímbrica de virtuosismo ya desde sus años como niña prodigio pero asentado desde la madurez de la vida, pura belleza con dolor y color.

Aunque estemos en el 2018 se mantienen las recetas de los conciertos: apertura más o menos contemporánea, un concierto solista y segunda parte con el mundo sinfónico. Prokofiev como gran orquestador augura espectáculo cuando hay calidad, y su Sinfonía nº5 en si bemol mayor, op. 100 (1944) remató un concierto lleno de color y calor por parte de una formación capaz de expresar todo lo que la partitura esconde, ceñirse al estilo y seguir las dinámicas marcadas, más claras que pulsación, entradas o cambios de tempo. Desconozco si el hilo conductor buscado para este programa era el número 100 y Bernstein  aunque se titulase “Los colores de la orquesta”, pues el acierto fue pleno y el americano comentaba de esta quinta, como bien recoge la profesora Perandones en sus notas: “… una de las mejores sátiras de Haydn, incluso afirmó que fue la única obra que, al oírla, le hizo estallar en carcajadas por la incongruencia entre la formalidad del siglo XVIII y la modernidad del lenguaje del siglo XX“. Prueba superada por los músicos aunque resultara en cierto modo monocromática y no sobre el rojo pasión sino más bien en toda la paleta de ocres pese a la riqueza de esta sinfonía rica en efectivos (abundante percusión y piano) que se lucieron sin necesitar ponerse en pie. Destacar el protagonismo del viento, siempre excelente, y especialmente los metales buscando esa épica que supone afrontar conciertos como el de este viernes.
Por lo menos Perry So, al que bauticé “pintor de sonidos”, nos traerá el Stabat Mater de Dvorak que pude disfrutar el año pasado en Bilbao.

Y lo raro de una propina en los conciertos de abono por parte de la OSPA, bisando a Bernstein el In memoriam para mayor gloria de MilanovThe OSPA Forever y “That’s all folks“. El propio Lenny y su sentido del humor que no nos falte…

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