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Mozart y Haydn bien valen una misa

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Martes 16 de abril, 20:30 horas: San Isidoro El Real, Oviedo. Concierto: Un Clasicismo sacro: “Mozart y Haydn alla breve“.

En plena semana de Pasión la música en vivo no podía faltar y volvíamos a llenar el templo barroco de la plaza de la Constitución, la del Ayuntamiento ovetense, tras el “pago” de la Misa previa para encontrar asiento en un concierto con músicos de casa, bien avenidos como son el coro Amicorum Musicae que dirige Julia Fernández González, un grupo de cuerda de la Orquesta de la Universidad de Oviedo con Carla Martín Fernández de concertino, y el organista Emilio Huerta Villanueva, todos bajo la dirección de Amaro González de Mesa, a quien conozco desde sus años de estudiante de canto y ahora dirige el Coro de la Universidad de Alcalá, donde repetirán este programa el 11 de mayo, así como la Sociedad Coral “Excelentia” de Madrid. De todos ellos dejo escaneadas biografías así como las notas al programa de la Dra. María Sanhuesa Fonseca, perfectas para una mejor comprensión de las obras elegidas para este martes santo que continúan ampliando el repertorio del coro asturiano.

Obras “breves” pero intensas, muchas conocidas, comenzando por Mozart y terminando con Haydn, dos clásicos que eligieron el latín como idioma sacro salvo la inicial con el coro “a capella” God is our Refuge and Strength, KV 20 , obra de corta duración ideal para calentar voces, mostrando la supremacía femenina pero equilibrada con las voces graves antes de proseguir ya con los instrumentistas Santa Maria, mater Dei, KV 273, formación original y página bien interpretada por todos al igual que Alma Dei Creatoris, KV 277 donde intervinieron dos solistas del propio coro no indicados en el programa pero con buena afinación y proyección a lo que ayudó la propia acústica de San Isidoro que multiplica no solo las voces sino al sexteto de cuerda y un órgano eléctrico reforzando graves, redondeando esta alegre página del genio austríaco.

El conocido Ave verum corpus KV 618 se inició hasta tres veces por “discrepancias” entre coro e instrumentistas en cuanto a entradas y tempo, pero ya arrancado nos dejó una buena versión aunque personalmente falta de más matices. Otro tanto en cuanto a dinámicas algo exageradas fue el exitoso Lacrimosa del inacabado Requiem KV 626, ambos bisados al final del concierto, esta vez más “contenidos” y ya rodados tras el concierto al completo. Entre ambas otra de las páginas sacras de Mozart que no suelen faltar en las ceremonias como el Laudate Dominum, (de las Vesperae Solennes de Confessore, KV 339) con Lucía García Fernández, soprano del coro a quien se la escuchó perfectamente afinada y “ensamblada” con todo el conjunto, algo bajo de volumen el órgano, pero bien llevado globalmente por Amaro González en esta digna selección de las obras del genio de Salzburgo que van desde las tempranas hasta esa cumbre que es el réquiem y donde el grupo instrumental resultó más que suficiente para unas versiones muy dignas.

Tras una breve pausa para cambiar papeles y descansar pudimos escuchar a Haydn y su Missa brevis Sancti Joannis de Deo in B, Hob. XXII/7 hermosísima, de nuevo con Lucía García de solista en el Benedictus, un ordinario de la misa corta pero intensa, obra clásica de “papá Haydn” por su escritura característica, y donde los universitarios junto al organista de Pola de Siero dieron la talla en cuanto a buen gusto y musicalidad; Amicorum Musicae demostraron el porqué de su nombre, amigos de la música que siguen ofreciendo estos conciertos donde alternan éxitos y páginas menos escuchadas con distintos directores, esta vez González de Mesa, con quien ya trabajaron anteriormente.

Semana santa de vacaciones para unos, trabajo para otros, recogimiento y disfrute siempre con la música protagonista que seguirá siendo protagonista como el resto del año.

Gozoso viernes de dolor romántico ​

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Viernes 12 de abril, 20:00 horas. XLII Semana de Música Religiosa de Avilés, Iglesia de Santo Tomás de Cantorbery: Matthieu de Miguel (órgano). Obras de Dupré, Händel, Mendelssohn, Widor, Karg-Elert, Saint-Säens, Rheinberger, Gigout, Jongen, Bridge y Vierne.

Último de los conciertos de la cuadragésimo segunda semana de música religiosa avilesina con el órgano de Acitores resplandeciente, luminoso, orquestal, casi sinfónico, y un programa romántico de altura con el organista hispanofrancés Matthieu de Miguel (1979) que hizo disfrutar este “Viernes de Dolores” al numeroso público que se acercó hasta el templo nuevo de Sabugo.

Casi una hora repleta de obras de altura en el amplio sentido de la palabra, sacando lo mejor del Acitores avilesino, exprimiendo los registros más románticos del repertorio para órgano que De Miguel domina como pocos. Combinaciones de teclados, pedalero, expresión, trémolo… todo bajo la supervisión de José Mª Martínez, alma mater de esta SMRA, concierto de altura para clausurar esta edición donde el órgano de Santo Tomás brilló con luz propia haciendo del dolor gozo.

Abría el concierto lo mejor de la escuela francesa de órgano con la transcripción realizada por el francés Marcel Dupré (1886-1971) del Concierto op. 4 nº 2 en si bemol mayor (Händel) en dos movimientos (A tempo ordinario e staccato y Allegro) que sorprendieron por el color de los registros, orquestalmente pleno, completo y virtuosa recreación del rey de los instrumentos al unir teclado y orquesta todo en uno.

De Félix Mendelssohn (1809-1847) escucharíamos el Andante y Variaciones en re mayor, romanticismo alemán sacando sonoridades “nuevas” al Acitores plenamente asentado a nivel tímbrico, íntimo, creciente y limpio además de recogido.

Uno de los momentos mágicos llegó con el francés Charles Marie Widor (1844-1937) y su Intermezzo de la VI Sinfonía, virtuoso, brillante, mágico, registros plenos pero nunca chirriantes, limpieza en teclados y pedalero inundando Santo Tomás de Cantorbery de la luz que luchaba con la noche, contrastes y delicadas transiciones entre teclados en un juego dinámico portentoso a cargo del organista formado en Burdeos y afincado en Toulousse.
Un descubrimiento para quien suscribe resultó el alemán Sigfried Kargt-Elert (1877-193) y sus Harmonies du soir, op. 72 nº 1, juegos de trémolo y registros de harmonio celestial, sugestivo además de íntimo.

Poderío sonoro sería el último número Allegro giocoso, de las 7 improvisaciones op. 150 nº 7 de Camille Saint-Saëns (1835-1921), rememoranzas medievales de trompetería llena, pedalero subrayando el ritmo y perlas rápidas en los tres teclados. Sabor francés y puro romanticismo, antes de pasar al alemán Joseph Gabriel Rheinberger (1839-1901) y su Intermezzo de la IV Sonata, placidez sonora con registros medios de trémolo comedido, combinaciones de teclados y dinámicas, buen gusto tímbrico y expresivo.
Siempre es un gusto volver a escuchar al francés Eugène Gigout (1844-1925), calificado como “postromántico” pero casi me atrevería a llamarle “neobarroco” pues su Toccata, Si menor tiene lo mejor de esta forma virtuosística aunque con el tamiz armónico temporal del siglo XX, aires debussyanos sin perder un ápice la inspiración propia. Matthieu de Miguel no solo trajo magisterio técnico sino gusto en la elección de registros así como de los compositores para esta clausura de la SMRA.

Segunda novedad para mí e igual de agradecer dentro del vastísimo repertorio para órgano me resultó el Scherzetto, op. 108 del belga Joseph Jongen (1873-1953), en cierto modo “broma musical” (eso es literalmente un “scherzo”) de sabor americano por la lengüetería, el trémolo y un pedalero vivo, rítmico diría que cinematográfico por los recuerdos y referencias que da esta obra juguetona, elegante y agradecida.

Si en el anterior concierto de esta XLII SMRA calificaba al Acitores de políglota, las escuelas europeas de órgano tienen su propia acento, si bien franceses y belgas musicalmente los podamos unir. En el caso del Adagio, Mi Mayor. Op. 63 del británico Frank Bridge (1879-1941) no me atrevería a etiquetarlo en ninguna escuela, si acaso en la liturgia global por el recogimiento que esta página tiene y el organista hispanofrancés nos transmitió, serenidad con registros delicados preparándonos para la explosión última.
Inmejorable Final de la I Sinfonía, Re M, op. 14 del francés Louis Vierne (1870-1937), la explosión sonora del órgano palentino asentado en Avilés que Matthieu de Miguel entendió a la perfección. Transiciones de teclados en su sitio, tímbricas variadas hasta en el pedal, juegos tubulares orquestales en un verdadero castillo de fuegos musicales.

El regalo cerraba el círculo virtuoso nuevamente con Händel y sus Himnos de Victoria, si lo prefieren Canticorum Iubilo en la versión organística plena, punto álgido y final apoteósico en el Acitores con sabor a salitre, políglota y poderosa clausura de una semana que siempre me sabe a poco pero colma mis escapadas al querido Avilés. Enhorabuena a todos los organizadores y en especial a mi admirado Chema.

Acitores políglota con Cea

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Lunes 8 de abril, 20:00 horas. XLII Semana de Música Religiosa de Avilés, Iglesia de Santo Tomás de Cantorbery: Andrés Cea (órgano). Obras de Scheidemann, Sweelinck, Böhm, Bach, Kellner, Cabanilles y Buxtehude.

Segundo de los conciertos de la cuadragésimo segunda semana de música religiosa de Avilés (SMRA) con el órgano como protagonista absoluto en las manos y pies de Andrés Cea, todo un profesor que dio lección magistral desde la sencillez en la registración, los volúmenes contenidos y un programa barroco donde no faltó nuestro Bach español, Juan Cabanilles (1644-1712) del que el maestro jerezano afincado en la capital hispalense es toda una autoridad.
Desde su inauguración el órgano de Acitores nos asombró por su poderío y variedad sonora capaz de adaptarse a cualquier repertorio y época, brillando en todos ellos porque posibilidades y combinaciones tiene para estar explorando años sin parar. El magisterio de Cea estuvo precisamente en acertar con los timbres ideales para las obras que trajo hasta Santo Tomás, siempre proyectado en pantalla para no perdernos detalle, con una selección de compositores alemanes, holandeses y nuestro “propio Bach” desde una limpieza ejecutiva de registros ideales para cada una de ellas, demostrando que el Acitores es políglota, como el doctor andaluz.
Comenzando de forma intimista con el coral luterano O Gott, wir danken deiner Güt de Heinrich Scheidemann (1595-1663), dos teclados bien diferenciados para proseguir con la Echo fantasia de Jan Pieterzoon Sweelinck (1562-1621), reputado profesor del anterior en Amsterdam y emparentados en cuanto a sonoridad aunque jugando con la forma del eco lograda en flautados contrastados para el efecto buscado. El catedrático Cea Galán remarcó emparentó históricamente al alumno y al profesor intrepretando seguidos a ambos con mínimos cambios en los sonidos.
El desarrollo de la partita coral se debe a Georg Böhm (1661-1733), del que escuchamos Vater unser im Himmelreich, y lo retomaría un joven Johann Sebastian Bach (1685-1750), nueva lección histórica del órgano, especialmente por la madura Fuga sopra ill Magnificat BWV 733, nuevos tributos académicos aunque “Dios Bach” sea inalcanzable y el alumno sobrepasó al profesor dejando la huella indeleble para el resto de la humanidad musical. A nivel sonoro el kantor fue el rey del Acitores, el sonido alemán al que estamos acostumbrados, sin acentos marineros, recio sin salitre y espartano porque no sobraba ni faltaba nada, pureza interpretativa y adecuación tímbrica a esa forma endiablada de la fuga a partir de la joya cantora del “Magnificat“.

Tercera lección de la tarde nada menos que con el coral Herzlich thut mich verlangen de Johann Peter Kellner (1705-1772), padre del también músico Johann Cristoph, el oficio de maestro de capilla (kantor), organista, compositor, maestro que pasa de padres a hijos aunque en los Kellner solamente serían dos generaciones y no la casi incontable de “los Bach” que Johann Peter conoció por haberlo estudiado copiando las partituras, la forma de hacerlo en aquellos años y gracias a lo que podemos conservar muchas obras originales perdidas. Aunque no esté constatado parece que J. P. Kellner conoció tanto a Bach como a Händel, así que escuchar el coral registrado como si del kantor de Leipzig se tratase fue un auténtico placer, el espíritu luterano cantado por el pueblo, en el Acitores un regalo sonoro en el segundo teclado, redondez ambiental y respeto total por la partitura disfrutando de las figuraciones exactas, el fraseo vocal y la exquisitez dinámica.

Ya comentaba anteriormente que Andrés Cea es toda una autoridad en el órgano hispano y portugués, así que el Acitores “habló” español universal y magisterio de tecla con Juan Bautista Cabanilles (1644-1712) con una de las formas musicales más españolas desde el renacimiento que llegó al primer barroco. El Tiento de quarto tono posee lo mejor del virtuosismo en la ejecución y una página histórica que el maestro Cea ejecutó “quitando el polvo” a la lengüetería bien combinada con trompetería, lleno literalmente, explosión contenida llena de color en una partitura donde separar grano y paja, por intentar explicar la cantidad de notas, se hace verdaderamente difícil antes del Pasacalles, igual línea compositiva y nuevos registros dentro de una paleta no muy amplia pero suficiente. No es cuestión de “atronar” sino buscar la sencillez sonora para primar la música sin artificios, y en esto todo el programa mantuvo esa unidad de registros.
Y si el poderío al órgano barroco siempre es Bach, su “rival” de la época, Dietrich Buxtehude (1637-1707) no estaba a la zaga, recordando la leyenda del duelo entre ambos en Lübeck que parece le costó un buen disgusto al joven Johann Sebastian en Arnstadt, pues realizó un viaje de casi 400 kilómetros hasta el norte que le tuvo fuera cuatro meses (no cuatro semanas como había pedido fuera de su puesto de trabajo). Viajar para aprender, conocer, intercambiar, la última lección histórica en la fría tarde del lunes con el profesor Cea Galán impartiendo cátedra organística en Santo Tomás de Cantorbery.

Sonaría el Preludio en sol menor, Praeludium g moll BuxWV 148 en el Acitores viajero, español viajado de Torquemada hasta Avilés, como Cea de Sevilla a Asturias, de Arnstadt a Lübeck, políglotas con la música como único lenguaje universal en el llamado “rey de los instrumentos“, un preludio para el final de esta segunda etapa de la XLII SMRA.

Comienza otra semana de música en Avilés

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Viernes 5 de abril, 20:00 horas. XLII Semana de Música Religiosa de Avilés, Iglesia de Santo Tomás de Cantorbery. Coro Easo Araoz gazte, Ana Belén García Pérez (órgano), Gorka Miranda (director). Obras de Mendelssohn, Buxtehude, Rheinberger, Guridi, Widor y Chilcott.

Cuarenta y dos años de una cita previa a la Semana Santa avilesina con protagonismo de la música religiosa organizándola desde la calidad y la amistad en tiempos de penurias económicas que no pueden con la ilusión y buen hacer de Chema Martínez, incansable en la lucha por mantener esta cita imperdible para todo buen melómano que acuden puntualmente, al frente de un equipo digno de elogio.
Y de amistades que acuden cuando se las necesita está llena esta semana que arrancaba este viernes con donostiarras queridos y admirados, la organista Ana Belén García y el Coro Easo Araoz gazte que dirige el maestro Gorka Miranda Blanco, un verdadero placer de programa derrochando calidad en cada obra, variado en estilos, con “el Acitores” en manos de la profesora de Andoaín acompañando con el volumen idóneo, deleitándonos en sus obras solas, más las chicas (de 12 a 17 años) de Easo enamorando desde sus voces jóvenes, limpias, afinadas, de amplias dinámicas, modelo a seguir para una cantera de la que los donostiarras, y vascos en general, siempre son únicos.

Comenzó el concierto con quince minutos de retraso sobre el horario previsto tras la misa de las 19:30 presentando semana y protagonistas del primero de los cinco conciertos, pantalla para no perdernos detalle del coro donde se ubicaron para los Dos Motetes op. 39 de Mendelssohn (1809-1847), sonoridades celestiales en el latín universal de la religión católica que tan grandes páginas musicales nos ha dejado.

Ana Belén García atacaría la Chacona en mi menor, BuxWV 160 de Buxtehude (1637-1707) eligiendo unos registros que conoce en “el Acitores de Santo Tomás” apropiados al barroco y recuperando el sabor a salitre de un órgano impresionante para cualquier repertorio.
Josef Gabriel Rheinberger (1857-1944) escribe su Missa Sincere in memoriam op. 187 para los seis números del ordinario de la misa (Kyrie, Gloria, Credo, Sanctus, Benedictus y Agnus Dei) que las chicas del Easo Araoz gazte cantaron como ángeles desde el coro avilesino, perfecta emisión de claridad pluscuamperfecta arropadas por Ana Belén, repertorista del mismo, bien llevado por Gorka Miranda en tiempos, siendo él quien arrancaba el “Íncipit” gregoriano antes de la polifonía blanca de color único. A mitad de esa misa el II. Intermezzo de la Orgel Sonate nº 3 op. 88 no solo sirvió de respiro sino de complemento ideal en el discurrir del compositor afincado en Munich, gran conocedor de un instrumento que dominó y para el que escribió páginas casi obligadas para un concierto como el de este lluvioso viernes de abril.

De un coro vasco no podía faltar Guridi (1886-1961) del que escuchamos su Ave María, breve e intenso con todas las chicas, página mariana impregnada de un espíritu que no se pierde en las fiestas donostiarras de agosto donde Ana Belén es parte de ellas desde el Cavaillé-Coll de Santa María en San Sebastián. Ella nos ofreció el Bach’s Memento del francés Charles-Marie Widor (1844-1937), escuela organística que se rinde al “dios Bach” en un virtuoso homenaje desde el coral final de la “Pasión Según San Mateo” que el Acitores hizo sonar romántico, pleno, jugoso en registros, transiciones delicadas entre teclados y todo un juego dinámico además de tímbrico que perduró en Santo Tomás impregnando cada rincón.
Mientras las chicas bajaron hasta el altar y “a capella” nos regalaron Lift thine eyes (Mendelssohn) reafirmando su calidad vocal en todas las cuerdas, increíble y difícil en voces blancas con graves que el órgano refuerza pero solas demostraron el color impecable, los registros amplios y sobre todo una musicalidad única desde ese sello vasco por excelencia.

Para terminar el concierto eligieron al inglés Bob Chilcott (1955) con el piano electrónico de Ana Belén García, compositor que los coros jóvenes tienen en su repertorio por la modernidad armónica que exige escucharse, interiorizar y exteriorizar ritmos genuinos del antiguo cantor de los legendarios King’s Singers, quien en sus Cuatro baladas amarillas toma textos de nuestro Federico García Lorca, vocalizaciones perfectas, contrastes anímicos en cada una, En lo alto de aquel monte un arbolito verde, La tierra estaba amarilla, Dos bueyes rojos en el campo de oro y la explosión rítmica con palmas Sobre el cielo de las margaritas ando, un piano complemento polifónico remarcando una poesía que Chilcott entiende como pocos para los coros del mundo.

El “poderío” vocal de Easo Aaoz gazte fue la propina, colocados en tres grupos (altar y laterales) con la canción de cuna vasca más maravillosa que se haya escrito, Aurtxo Seraskan (Gabriel Olaizola, 1891-1973) que me descubriese Luis Mariano, aquí en Avilés cantada por una solista de altura con un futuro prometedor de voz educada, clara, emisión potente y buen gusto, y el “colchón” a boca cerrada de sus compañeras, manteniendo tensión, afinación, color y calor, bien llevado por Gorka Miranda dejando lucirse a la soprano en esta maravillosa nana que nos dejó la excelencia coral de una cantera de siglos que mantiene la tradición desde esta juventud que seguirá toda la vida cantando, el mejor sabor de boca para esta nueva SMRA que apuesta por repertorios identitarios y calidades plausibles.

Celebrando los 333 de Bach en Avilés

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Miércoles 21 de marzo, 20:15 horas. Iglesia de Santo Tomás de Cantorbery, XLI Semana de Música Religiosa de Avilés (SMRA). Josep Mª Mas i Bonet (órgano). “Música para la Pasión”: obras de Bach, Brahms, Liszt, Franck y Messiaen.

Entramos en la recta final de la cuadragésimo primera SMRA​ en el día del 333 aniversario de Bach, que no podía faltar en un concierto titulado “Música para la Pasión” y con el veterano organista de Centelles (Barcelona) Josep Maria Mas i Bonet, que fue de menos a más en este penúltimo concierto con el órgano de Acitores nuevamente increíble en sonoridades todavía por descubrir, maestría de un intérprete de largo recorrido y obras de gran enjundia.

Comenzó el catalán con la Fantasía en do menor, BWV 562 del kantor, continuando con el Coral De profundis clamavi ad te, de la Cantata BWV 68 y la Fantasía y fuga en do menor, BWV 537, austeras como el propio Bach hubiera deseado, registros sobrios sobre el segundo teclado y el pedal, limpieza de líneas, técnicamente impecable y gustándose sobre todo en la última de las tres partituras de nuestro dios.
En línea similar discurrió Brahms como no podía ser menos al “revisar” al padre de las músicas con el Preludio coral Herzliebster Jesu, was hast du verbrochen  (Querido Jesús, qué culpa has cometido), comedido en su grandeza, homenaje romántico al barroco en el instrumento rey, el órgano de Santo Tomás avilesino en manos y pies de Mas i Bonet, de nuevo maestro con poso al afrontar este muestrario con referencias a la Pasión de Cristo.

Pero llegaría Liszt y rompería el fuego abriendo horizontes sonoros con la Oda fúnebre, muerte esperanzadora, luminosa sin perder dramatismo, registros mucho más variados, la expresión en los pedales que comenzaba a emanar grandeza sonora en distintas dinámicas.
El momento cumbre personalmente llegó con Cesar Franck y su Coral nº 1 en mi mayor, auténtico caleidoscopio sonoro en un Acitores camaleónico que parecía emular los Cavaillé-Coll del romanticismo pleno con variedad tímbrica y transiciones de un teclado a otro delicadas con sabor francés y verdadero “savoir faire” elegante, brillante, variado, jugoso, para la última explosión final del organista catalán.

Olivier Messiaen siempre supone un tributo bachiano y Les Ténèbres su música para esta pasión con truenos y tinieblas de dolor en ese lienzo orgánico antes de la feliz La Résurrection du Christ con el organista catalán siempre cercano a Francia en todo. Paleta barroca con trazo abstracto bien interpretado y exprimiendo el Acitores cada vez más asombroso cuando se le exige, y los cinco autores de este miércoles supusieron otra prueba de un órgano válido para repasar la historia de la música para él escrita.

No podía haber sido mejor cumpleaños de Mein Gott quien decía​
La música es una armonía agradable para el honor de Dios y de los placeres permitidos del alma“, armonías las alemanas y placeres inmejorables los franceses, pues Mas i Bonet se mostró en el órgano avilesino tan francés como Franck y Messiaen.
La agenda me impide asistir al último concierto del viernes 23 con el grupo de cámara santanderino Ars Poliphonica que además estrena espacio en la Iglesia de los Padres Franciscanos (Parroquia de San Antonio), acústica ideal para un programa que va de Dunstable y Gombert hasta Drake o Vince Clarke titulado “Dilecte Mi” a cargo de este grupo de voces graves.

Bach siempre misericordioso

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Martes 20 de marzo, 20:15 horas. XLI Semana de Música Religiosa de Avilés (SMRA), Iglesia de Santo Tomás de Cantorbery: Pablo Taboada Jiménez, órgano. Obras de J. S. Bach, C. Franck y O. Messiaen.

Mein Gott Bach todopoderoso y también misericordioso perdonó ofensas pasadas y nos trajo al profesor catalán Pablo Taboada en el tercero de los conciertos programados con un repertorio potente donde estaba el trío de compositores ideales para todo organista que se precie: Bach, Franck y Messiaen cerrando el círculo, tres épocas y estilos con exigencias distintas que el órgano Acitores de Sabugo sigue respondiendo como un grande.

El Preludio y fuga en do menor, BWV 546 calentó tubos, dedos y acústica en un templo no tan lleno como nos gustaría, pues el público es el mejor premio y recompensa para el esfuerzo de Chema Martínez y los suyos. Todavía sin el poso ni el pulso deseado aunque buscando registros adecuados, mejores en la fuga pausada, algo pesante pero marcando todo, usando un pedal discreto igual de virtuoso que los teclados manuales, nunca enturbiando los temas principales, Taboada abrió la espita bachiana antes de continuar con dos corales.

An Wasserflüssen Babylon, BWV 653, de los dieciocho Corales de Leipzig y Erbarm dich mein, o Herre Gott, BWV 721, ambos de sonidos básicos casi “de libro” donde la melodía luterana sonó con una lengüetería clara de tímbrica sobresaliente mientras el pedalero seguía en un segundo plano con las apariciones puntuales, aguantando los tubos sin ningún ronquido.

El romanticismo de Cesar Franck le va como anillo al dedo al Acitores que ya tiene acento propio, castellano recio con sabor a salitre, rico en registros con los que Taboada acertó, desde reminiscencias al popular armonio hasta los flautados potentes, subiendo intensidades de volumen y emociones, jugando con el trémolo puntual y el pedal de expresión algo tímido en recorrido aunque dejándonos uno de sus tres corales para órgano, Deuxieme Choral en si mineur muy logrado de dinámicas al que le pediría un poco más de “arrebato” acorde con el estilo (del) francés.

Sin abandonar el país vecino y con la misma espiritualidad que el kantor de Santo Tomás (de Leipzig, no avilesino), Messiaen supone cerrar el círculo de Bach, virtuoso no ya en ejecución sino en la búsqueda de los sonidos adecuados, la atmósfera del texto inspirador con la tímbrica complementaria, y así entendió mi tocayo la Apparition de l’église éternelle con el Acitores pletórico, tubería acoplada con el exigente Olivier, de amplias dinámicas y registros inéditos completando una velada que fue calentando a medida que la música se acercaba a nuestro tiempo sin perder el respeto a los orígenes. Todo es mejorable, pero el maestro Mas Bonet estaba al lado ayudando y tomando nota para su concierto del miércoles donde al trío de ases de hoy se sumarán Brahms y Liszt en una verdadera fiesta sonora del órgano astur-palentino bajo el sugerente título “Música para la Pasión”.

La veteranía es un grado y los años dan el poso necesario no solo para la interpretación sino para la recreación de unas partituras siempre únicas y distintas según el órgano, el día, la temperatura… y el ánimo tanto del ejecutante como del oyente. Ya lo contaremos desde aquí mientras los organizadores de la SMRA siguen subiendo temas al Canal de YouTube©.

Perdónanos padre Bach

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Lunes 19 de marzo, 20:15 horas. XLI Semana de Música Religiosa de Avilés (SMRA), Iglesia de Santo Tomás de Cantorbery: Trío Barroco (Fumi Kitamura, soprano – César Navarro, trompeta barroca – Eudald Danti, órgano). Obras de J. S. Bach, W. A. Mozart y G. F. Händel.

Segundo concierto de la cuadragésimoprimera SMRA con el órgano de Acitores en la Iglesia Nueva de Sabugo (Santo Tomás) y un programa hermoso además de variado que no rindió honores en esta festividad de San José, día del padre que para muchos en nuestra religión melómana sigue siendo Bach, supongo que por causas que se me escapan pero con cierta decepción y lástima, aunque Kitamura y Danti ya conocían instrumento y templo al haber estado en el sexto cumpleaños del gran Acitores avilesino.

Eudald Danti al órgano no encontró ni los registros adecuados para los preludios, fugas y corales del kantor ni los apropiados para las obras con voz y trompeta, aunque con ésta al menos encontró el empaste necesario pero no la comodidad para acompañar.

El Preludio y fuga en do mayor, BWV 545 (Bach) con el que arrancaba el concierto, proyectado en pantalla, careció de fluidez, pulsación y limpieza, especialmente en la fuga, esperando fuese el tributo necesario para calentar instrumento y dedos. Las Vesperae Solennes de confessore, KV 339 son una de las páginas más conocidas de Mozart, especialmente el aria Laudate Dominum (aquí soprano sin coro pero con órgano y trompeta barroca) a cargo de la cantante japonesa que ralentizó el “tempo” o la frenaron sus acompañantes, ya que registro y volumen lo demostró con creces pero le faltó la musicalidad en su línea de canto, tampoco ayudada por los instrumentistas ni la acústica.

Tras la mínima incursión en el Clasicismo volvería el barroco de Bach y Händel, el coral O Mensch bewein’ dein Sünde gross, BWV 622 que por acierto en registros y tempo lento resultó lo más llevadero del lunes, casi como el texto que dice “oh! hombre, llora tu gran pecado”, pudiera ser el de la falta de estudio, de inspiración o simple penitencia de otros anteriores o peor aún, los posteriores. Y es que la cantata Jauchzet Gott in allen Landen, BWV 51 tiene esa belleza de aria para soprano y trompeta con el órgano “ejerciendo” de orquesta aunque los gritos de júbilo fueron lastimeros y hasta tortuosos. Reconociendo la dificultad de la trompeta barroca, César Navarro no estuvo acertado en sus intervenciones y pese a colocarse ladeado para no tapar a Fumi Kitamura tampoco hubo los aciertos esperados, habiendo sido preferible dejar al órgano la doble trompetería que equilibrase dinámicas y encaje, amén de un aire más ligero y menos pesante incluso la trompeta en re habitual para estas páginas.

Otra súplica en Ich ruf zu dir, Herr Jesu Christ, BWV 639 breve y lenta pero sucia la ejecución de la melodía del coral, pues Bach exige las duraciones escritas y apartarse de ellas es un castigo para el intérprete y el público. De la Fantasía en sol menor, BWV 542 otro tanto carente de fuga, sin la pulsación necesaria con un discurso a trompicones sin majestuosidad, pidiéndole mentalmente de penitencia el estudio con metrónomo y recordarle qué es la forma “fantasía”. El último pecado en solitario sería el Preludio y fuga en do mayor, BWV 547, anodino, soporífero y onanismo bachiano por no decir sacrilegio.

Händel no se libró de esta ofensa musical, el trío afrontó Eternal source of light divine de la “Oda para el aniversario de la Reina Ana” con las mismas carencias mozartianas agravadas por problemas de afinación (la iglesia estuvo sin calefacción precisamente para respetar y mantener la afinación del órgano como bien explicó antes del concierto el párroco) y aunque la melodía cantada por la japonesa brillase algo más sobre los instrumentos, ni el acompañamiento organístico ni los “contrapuntos” trompetísticos ayudaron a mejorar la versión del Trío Barroco. La maldición final como el propio Samson pero decapitando con esa conocidísima Let the bright Seraphim que las grandes sopranos afrontan como un reto y en Avilés sufrí incluso “da capo”. Ni la trompeta contestando como debe a la soprano, ni el órgano tocando todo lo escrito, manco y perdido por momentos, sin alcanzarse la unidad que a un trío debemos exigir. No sería su día este último invernal, el frío no es aliado para los pulmones ni los dedos, y marché lastimado más que con lástima de este concierto. Espero que mi tocayo Taboada este martes no caiga en las mismas tentaciones bachianas ni se escude en el “bendito Messiaen“. Los barrocos de San José una calamidad y mal regalo.

Bombones musicales

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Jueves 8 de noviembre, 20:15 horas. Iglesia Santo Tomás de Cantorbery, Avilés: VII Aniversario de la inauguración del órgano de Acitores. Vicente Cueva Díaz (violín), Fernando Álvarez (órgano). Obras de Pachelbel, V. Cueva, Avison, Bach, Reger, Ravel, Veracini, Ravina, Massenet, Westerhout, Camidge, Giazotto y Bohm. Organiza y patrocina Fundación Avilés Conquista Musical.

Debe ser cuestión de años pero parece que fue ayer cuando inaugurábamos el nuevo órgano de Sabugo tras años luchando por tener un instrumento rey en Avilés y finalizando una etapa para conseguir los fondos necesarios a cargo de una fundación nacida con ese propósito y presidida por el infatigable Chema Martínez. Recuerdo haber visitado el montaje con otro enamorado del órgano como mi querido Paolo Zacchetti en peregrinaje desde Santiago a Milán con parada en La Villa del Adelantado para saludar a Federico y comprobar in situ esta joya castellana que acabaría teniendo acento de salitre cantábrico con la ría de fondo.

Siete años ya, que había que celebrar como se debe, pues un instrumento no puede estar nunca callado, así que nada mejor que recurrir al organista titular del Acitores de Covadonga como el belmontino Fernando Álvarez (Almurfe, 1965) en compañía del maestro Vicente Cueva (Gijón, 1943), violinista, barítono y compositor entre otras muchas cosas, amén de padre de una estirpe de músicos, dos generaciones y dos instrumentos unidos en una fiesta musical de rara combinación donde los bombones fueron las obras seleccionadas por ambos intérpretes, un dúo poco habitual y bien avenido porque el timbre de la cuerda frotada y sus armónicas empastan a la perfección con el órgano, máxime cuando se registra con mimo para buscar el acompañamiento ideal del violín como si de una orquesta se tratase. Como es buena costumbre en la iglesia nueva de Sabugo, pudimos disfrutar de ambos proyectados en pantalla para comprobar el grado de entendimiento necesario entre ambos para un convite de aniversario servido con toda la calidad desde nuestra tierra.

Protagonismo compartido entre el órgano solo donde no faltaron “Meine Gott” Bach y su coral BWV 617, Pachelbel con los Tres versos para el Magnificat y Toccata, perfecta obertura de concierto, Charles Avison (1710-1770) y su Allegro en re mayor o la Chanson triste (Pavana para una infanta difunta) de Ravel con “redescubrimientos” como el Menuet de Jean Henri Ravina (1818-1906), la Ronde d’amour de Niccolò van Westerhout (1857-1898) realmente de feria, combinando romanticismo de escritura y sonoridad dorada hispana, la Gavotte de Matthew Camidge (1758-1844) combinando romanticismo de escritura y sonoridad dorada hispana, o la Sarabande del director y compositor Karl Bohm (1927-1981), auténticos bombones de regalo traídos directamente o reelaborados de originales perfectamente cocinados en los registros por Fernando, pero especialmente en los dúos con el violín.

Si los bombones anteriores resultaron delicias al oído, las obras con Vicente Cueva fueron los rellenos de todos los sabores con la delicadeza al paladar porque el sonido aterciopelado de su violín en partituras lentas, aún engradecieron un timbre que sigue siendo envidiable y con el poso de toda la vida pegado a él. Elegir dos obras suyas para abrir y cerrar el concierto fueron regalos inesperados y casi testamento de un músico íntegro e integral. Si el Epílogo pudimos escucharlo todos en vida y colocado al inicio porque estamos muriendo desde que nacemos, la Añada (que es como llamamos en Asturias a las nanas) es adormecer para un sueño puede que eterno pero meciendo al niño que nunca debe morir en nosotros. Curiosa ubicación, supongo que bien buscada, para compartir legado y pasiones, músicas para el buen morir, dejando partituras conocidas con el violín protagonista y el órgano orquestal mimando al maestro, registros en adición o sustracción en vez de utilizar el pedal de expresión, instrumento puro más rico que la propia orquesta o el piano.

Así saboreamos unos “praliné” que fueron exquisiteces: la Romanze de Max Reger (1873-1916), el Largo de F. M. Veracini (1690-1768) que convirtió la ría avilesina en canales venecianos, la Meditación (de Thais) del francés J. Massenet (1842-1912) asentada y sentida por los dos intérpretes, respirando juntos y por supuesto el conocido Adagio en sol menor muchos años atribuido a Tomaso Albinoni pero compuesto realmente por Remo Giazotto (1910-1998) a partir de los apuntes y bajo cifrado del barroco, donde el órgano brilló a igual altura que un violín cuyas cuerdas graves resonaron por el templo nuevo de Sabugo con todo el poso de dos vidas entregadas a la música, dos generaciones de músicos asturianos que quisieron regalarnos esta fiesta de cumpleaños.

Y como la música todo lo puede, el frío otoñal asturiano se convirtió en tiempo de verano, Summertime (Gershwin) de raigambre jazzística y hechura académica para seguir soñando despiertos y viajar donde queramos, Porgy and Bess, Vicente y Fernando que continuarán sumando encuentros (aquí tras el concierto con dos “chiflados del órgano” como Jaime Menéndez Corrales y quien suscribe).

Bach hace el camino francés

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Viernes 27 de octubre, 21:00 horas. Festival Internacional de Órgano Catedral de León (FIOCLE): Raúl Prieto (órgano). Obras de Bach, Saint-Saëns, Liszt, Widor y Duruflé.

Volvía a sonar el KLAIS con nuestro organista más internacional aquejado de una fascitis plantar en el pie derecho, obligándole a retocar varias de las obras previstas que no impidió disfrutar casi hora y media de buena música con un programa que el propio intérprete definió como “construido pensando más en un plano emocional
que musicológico
” y ejecutado en su integridad de memoria, incluyendo nada menos que cuatro propinas.

Si esta trigésimocuarta edición tiene de hilo conductor la llamada escuela francesa con León parada obligada en el Camino de Santiago de su ruta homónima, Raúl Prieto Ramírez (Navalmoral de la Mata, Cáceres, 1979), peregrino musical por vocación y profesión, organizó el concierto con Bach cerrando el círculo, principio y final cual padre de todas las músicas flanqueando transcripciones propias que resultan más recreaciones de las obras que meras búsquedas de tímbricas cercanas a la orquesta.
Siempre me sorprende su magisterio en la registración desde un virtuosismo que le permite afrontar “partituras imposibles” y un conocimiento del instrumento para sacar sonidos adecuados a su personal visión, exprimiendo allá donde va la potencialidad escondida con un dominio no ya de la técnica sino del funcionamiento interno de cada órgano. Las obras que interpretó en León están muy trabajadas en sus exitosas giras mundiales y forman parte de un repertorio amplísimo que le permite adaptarse a gustos, recintos y programaciones. Conocedor del “bicho Klais” dentro de la “Integral Bach” y pese a los cambios obligados, el concierto resultó otro éxito en una dilatada carrera mundial con otro lleno en la catedral leonesa que se rindió al magisterio exuberante y generoso de este extremeño universal embajador del órgano del que es un enamorado docente y apasionado intérprete.

La Toccata, adagio y fuga en do mayor, BWV 564 (ca. 1708) de J. S. Bach resume a la perfección el ideario o mapa musical de este peregrinaje organístico en León que arrancaba en la lejana Alemania luterana: la toccata virtuosa, vertiginosa y limpia, jugando con la acústica catedralicia con registros bien diferenciados “pisando fuerte” en ese teclado bajo que volvería a sorprendernos al final, interrumpido por un público que no tenía el programa a mano, siguiendo el adagio, lento, reposado, bien articulado y ornamentado con esa bellísima melodía en un registro de lengüetería flotando por tímbrica más que dinámica, casi mecida por mano izquierda y pies cual contrabajos orquestales, para terminar con esa fuga final colorista en compás de 6/8, tres mundos en uno, introspección hacia la explosión, la limpia exposición del motivo que va creciendo, construyendo esa forma matemática hecha música por el rey y dios musical.

Cercanos los difuntos, tradiciones variadas en torno a nuestros muertos, los musicales siempre están muy vivos y más esa Danza Macabra, op. 40 de Saint-Saëns, poema sinfónico en transcripción del propio Raúl Prieto pero como apuntaba al principio, verdadera recreación por la búsqueda de sonidos propios del órgano que no posee la orquesta. Pese a los problemas en el pedal de expresión, independientes de su molesta fascitis, el KLAIS trabajó a la perfección los múltiples cambios de registros y las amplísimas dinámicas para una visión organística moderna y llena de vida para “este muerto”, contrastes muy buscados en los distintos teclados con la transmisión a los tubos instantánea, no solo flautados o trompeterías sino toda la paleta y más del compositor francés que nuestro organista reconstruye en esta personal versión.
Interesante también poder escuchar por vez primera en España el Mephisto Waltz nº 1 (S. 514) de Franz Liszt, rebosante y desbordante transcripción del organista afincado en EE.UU. para el instrumento rey que descubre ambientes propios que no se encuentran ni en la versión de piano ni siquiera en la orquestal. Virtuosismo en dedos y pies, inteligencia innata para buscar registros y jugar con ellos construyendo un lenguaje organístico que asombra allá donde lo interpreta, y al fin en su tierra nada menos que con el KLAIS que continúa descubriéndonos tubos y combinaciones cada día. Precisión, perfección y búsqueda constante en esta recreación que no vende el alma al diablo, guiños cómicos, literatura hecha sonido, crisol tímbrico y banda sonora mentando en el templo al innombrable por parte del redimido abate húngaro revestido de magnificencia catedralicia en las manos (y pies) de Raúl Prieto.

Cercano en el tiempo y casi flotando aún en “la Pulchra Leonina” sonaba de nuevo el primer movimiento “Allegro” de la Sexta Sinfonía op. 42 nº 2 de Widor, sustituyendo a la prevista transcripción de Horowitz, misma obra con distinta sonoridad, grandeza de la música en vivo, órgano en estado puro, solemne, poderoso, volviendo a enamorar a los seguidores de nuestro admirado intérprete sea Milán o León en este peculiar peregrinaje por el mundo del instrumento rey. Buena elección para este cambio obligado, transcripciones sinfónicas al órgano y una sinfonía propia como Widor la entendió en el instrumento al que dedicó su vida y mejor producción.

Para finalizar y manteniendo el argumentario francés, nadie mejor que uno de los alumnos de Widor, su compatriota Maurice Duruflé (1902-1986), evolución compositiva desde el respeto a las formas y su utilización pero rompiendo moldes como es de esperar. La Suite para órgano, op. 5 (1933), prueba de fuego para órgano y organista nos dejó sus tres movimientos que volvieron a sacar sonidos encontrados de lengüetería, la expresión romántica e impresionista colorido. Preludio que bebe de fuentes ya escuchadas este viernes con tímbricas sabiamente seleccionadas por Prieto, combinaciones de teclados que lograron jugar con las distintas fachadas del KLAIS, evoluciones dinámicas y pinceladas recreándose en cada registro; después la Siciliana celestial por un fagot ideal en la exposición junto a unos cristalinos flautados bien combinados casi etéreos cual homenaje a Debussy o Fauré, el inexplicable acento francés más allá de las propias melodías o armonías, la delicadeza sonora antes de la ruptura sonora que supone la Toccata, última para armar de principio a fin este concierto virtuoso, la forma por excelencia del virtuosismo en las teclas de Bach a Duruflé, testimonio de pervivencia compositiva e interpretativa.

El público entusiasmado tras semejante derroche y buena música que emanaba del KLAIS, con un Raúl Prieto que quería mantener mi pensado título “Bach principio y final”, por lo que nos regalaría el Preludio y Fuga en re mayor, BWV 532, docencia con el Maestro por el discípulo aventajado, pues órgano y Bach siempre van de la mano. Bienestar mutuo entre todos y otro regalo, vuelta a Saint-Saëns, de sus Septs improvisactions op. 150, la séptima “Allegro giocoso“, alegría por el instrumento alemán ya asentado en León que devolvía con creces cada nota, la respuesta del público volcado, las molestias del pie que parecían olvidarse con esta música. Y generosidad porque Bach tenía que cerrar el círculo virtuoso, curiosamente volviendo con un regalo que también sonó el sábado anterior, el Preludio Coral, BWV 731 enamorado de esa melodía luterana, Liebster Jesu! wir sind hier, casi traducido a “querido Bach, estamos aquí” en registro de lengüeta horizontal octavado, otra dimensión que desata pasiones interiores, paz y belleza del “kantor” de Leipzig. Pero Raúl todavía dejaría más constancia del virtuosismo, generosidad y profesionalidad con el “Ejercicio para pedal” BWV 598, recuperado plenamente para el órgano aunque después retomaría las muletas y la inmovilización del pie derecho que trabajó con una plantilla especialmente diseñada para no cancelar y mantener el compromiso con organizadores, obras y un público rendido literalmente a sus pies. Gracias amigo.

P. D.: muchas de las veces que escribo “lengüetas” también son flautados, para evitar interpretaciones erróneas de los especialistas en los registros de órgano, y buscando más un paralelismo instrumental; en el caso del coral de Bach el organista utilizó una flauta 8′ del positivo y una docena 2 2/3′ del recitativo. Gracias al intérprete por indicarme su elección.

 

Aplaudida decisión

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Jueves 19 de octubre, 21:00 horas. XXXIV Festival Internacional de Órgano Catedral de León, Ciclo de Músicas Históricas de León: Monica Melcova (órgano). Obras de Bach, Marchand, Melcova, Fauré y Vierne.

Enfilando ya la segunda mitad del festival de órgano me escapaba de nuevo a la capital vecina con tiempo de sobra para tener buen sitio en la cola y disfrutar del duodécimo concierto con una baja imprevista como la del estadounidense Stephan Tharp y la anunciada cancelación por enfermedad del decimotercero a cargo de Paolo Oreni, comunicada antes de comenzar por Samuel Rubio, en el primer caso cubierta a tiempo con éxito por mi admirada Monica Melcova (1974) que repetirá programa en la inauguración del cuarto año del exitoso “Bach Vermut” en el órgano de la Sala Sinfónica del Auditorio Nacional de Madrid este sábado (otro éxito del CNDM copatrocinador de este FIOCLE) mientras sigue sumando éxitos allá donde va, alternando conciertos y docencia en Musikene con su residencia granadina.

El programa elegido por la organista eslovaca volvió a sacar sonoridades de “el bicho Klais” aún por descubrir, optando por registrar manualmente y dominando como pocos intérpretes no solo la ornamentación sino la improvisación de la que es una verdadera maestra en el amplio sentido de la palabra.

Tres obras de “Dios Bach” para disfrutar de la magnitud compositiva e intepretativa en el órgano alemán capaz de hablar todos los idiomas: el monumental Praeludium E dur, BWV 566, exigente en manos y pies con registros “esperados” sin necesidad de excesos pero variado y potente inicio de concierto en un día frío. Continuaría con An Wasserflüssen Babylon, BWV 653, perteneciente a los llamados “corales de Leipzig“, perfecto de tímbricas en dos teclados más pedalero, la melodía luterana en la izquierda siempre presente por registro, el acompañamiento delicado de la mano derecha y el sustento del pedalero, el lenguaje divino de “Mein Gott“.
Y para cerrar esta trilogía inicial la Fantasia super Valet will ich dir geben, BWV 735, otra mezcla de maestría sonora por la elección de los registros y la rica pero nunca superflua ornamentación desde una limpieza expositiva más el rigor de cada figura, BACH siempre el mejor examen para todo músico.

Contrapuesto al alemán no solo en acentos, el barroco francés tiene en Louis MARCHAND
(1669 -1732) uno de los principales representantes y habitual en cada festival, dos mundos unidos en el tiempo pero separados en estilo, como así pudimos comprobar con las dos obras elegidas: Tierce en Taille [del 1er Livre] reposado y emparentado en registros más con España que Alemania aunque técnicamente lo fuese con el coral bachiano, y Grand Dialogue en Ut [3ème Livre] potente en sonoridades jugando con esos aires de gaita bretona que me recuerdan el folklore asturiano, de nuevo con ese acento del órgano hispano que Melcova conoce de primera mano, perfecto diálogo entre lo solemne y festivo en el leonés KLAIS.

Ya hice mención al magisterio de Monica MELCOVA con las Improvisaciones, y Samuel Rubio le pasó las partituras con dos melodías, de nuevo el “Himno a la Virgen del Camino“, supongo que por el fervor que despierta en todo el Reino, y la bellísima canción tradicional asturiana pero igualmente leonesa por su popularidad y cercanía, “Dónde vas a por agua” que me tomé como un guiño casi personal pues resultó más protagonista que el himno con un despliegue de registros parejo al virtuosismo de la eslovaca con armonías de la mejor escuela francesa de órgano de la que es gran intérprete, superponiendo ambas en una lección de gusto y técnica.

No deben faltar las transcripciones y arreglos de grandes partituras orquestales, y por supuesto para el órgano, pensando que cuando no existían las grabaciones o eran inaccesibles para el pueblo llano, era la única forma de conocerlas precisamente en las iglesias y catedrales. De Gabriel FAURÉ
(1845 – 1924) su Pavane op. 50
[transcripción de Geoff Piper] en la interpretación de Melcova sonó verdaderamente sinfónica, cuerdas en los tubos, arcos imposibles y contrabajos en los pies, pizzicati bien atacados, oboes y flautas en las manos melódicas, con un fluir creando el ambiente tristemente bello de esta página tan gala y con el sello propio del compositor traducido por la eslovaca.

Las campanas sonaron de nuevo en el KLAIS con la virtuosística página del también francés Louis VIERNE
(1870-1937) y su Carillon de Westminster
[Pièces de Fantaisie op. 54 nº 6]

perfecto toque final para seguir explorando y descubriendo sonidos del instrumento catedralicio leonés que va asentando su acento políglota que Monica tradujo desde la primera nota, honestidad en cada duración, planos clarísimos, uso del pedal de expresión romántico, despliegue en la búsqueda de efectos y registros ideales, pero sobre todo una lección de buen hacer, aplaudiendo a la organización y al CNDM por la decisión de sustituir al yanqui por esta organista afincada en España, que colmó las expectativas de aquellos que desconocían el cambio y mejoró la opinión de los que seguimos a esta gran organista plenamente afincada entre nosotros, aunque los músicos sean siempre universales.

Público rendido al magisterio de la organista que regaló otra improvisación además de atender gustosamente a cuantos se acercaron a felicitarla. Siempre un placer escucharla.

Consideraciones finales: hora y cuarto de cola para encontrar una buena ubicación pero entrar y ver reservada toda la zona central para los socios que colaboran en la organización del FIOCLE lo puedo entender y hasta asumir, aunque creo se pasaron con las previsiones. Y al abrir el cordón para llenar tanta silla vacía mientras había público de pie que no cabía en el espacio libre corriendo a ocuparlas, terminó por incomodarme y hacerme sentir un idiota por una espera estéril. Tampoco entiendo la decisión de no cobrar algo simbólico (el euro del programa podría servir) pues evitaría curiosos y peregrinos que aprovechan para ver gratis la catedral y marcharse en medio del concierto, si bien algunos se enganchan a la música. La consigna “espectáculo gratis cueste lo que cueste” no suele fallar tampoco en León.
Moraleja: llegar diez minutos antes, y esperar que abran la zona reservada da mejor posición que los abnegados y educados aficionados sufridores de las inclemencias del tiempo ubicados en laterales con poca o escasa visión del teclado (ya no se usan las pantallas de hace años). Menos mal que “el bicho” ruge en cualquier sitio.

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