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Caleidoscopio en infinidad de grises

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Viernes 9 de diciembre, 20:00 horas. Teatro de la Laboral, GijónLaboral Cineteca, Concierto extraordinario OSPA, Sonia de Munck (soprano), Mª José Suárez (mezzo), José Ramón Encinar (director). Jesús Torres: “Fausto. Música para la proyección de la película de Friedrich Wilhelm Murnau (1926)” (2008). Entrada: 8 € (más 1 € de gestión, todo desde casa incluyendo la impresión de la misma).
El mal llamado cine mudo siempre tuvo la música como soporte y apoyo, en directo con un piano, un dúo, una agrupación de cámara o una gran formación sinfónica. Grandes partituras orquestales se han escrito para la pantalla desde sus inicios y comienzan a recuperarse desde hace tiempo esas proyecciones con la música en vivo, incluso con nuevas bandas sonoras para películas históricas como ya hemos podido disfrutar en Asturias en repetidas ocasiones.

Y este viernes llegaba a Gijón el Faust. Eine deutsche Volkssage (Fausto. Una leyenda popular alemana) de 1926 del director alemán F. W. Murnau con música de Jesús Torres (Zaragoza, 1965), no la banda sonora sino una música paralela a la proyección, como indica el título de la partitura, superposición de ambos acontecimientos y pensada para complementarse más que subrayar la acción. El dedicatario de la misma, José Ramón Encinar junto a las voces que estrenaron la obra en Madrid, pero esta vez con nuestra OSPA en vez de la ORCAM (merece ver la entrevista en OSPATV) fueron los encargados de un excelente espectáculo sinfónico que nos devuelve lo mejor de la programación asturiana aunque sea fuera de los abonos y de los escenarios habituales, fichando como compositor residente al maño, con todo lo que supone trabajar codo con codo al creador y sus intérpretes.

El expresionismo como género artístico se concibe en toda la partitura como nueve escenas o números no siempre concidentes con la acción cinematográfica pero igualmente cargadas de emociones y ambientes sonoros desde un lenguaje atemporal con especial protagonismo de la percusión y el piano para una plantilla no muy grande donde además de metales (sin tuba), la madera presenta instrumentos extremos como flautín, clarinete bajo o contrafagot además del corno inglés, todos con intervenciones solistas y un tejido de texturas en la cuerda para ir jugando con una infinita carga de matices sobre el blanco y negro dibujando emociones, efectos avanzados para los años veinte del pasado siglo y la música por momentos contemporánea a la vez que actual, dos obras maestras discurriendo paralelas. La incorporación de la voz femenina hacia el final con la madrileña Sonia de Munck y la asturiana Mª José Suárez en perfecta simbiosis vocal de empaste, color y expresión, sin texto, amplificadas lo justo con una reverberación que ayudaba aún más a ese clima dramático en el amplio sentido de la palabra, las mismas voces que han participado en cada concierto, conforman casi una ópera visual, aportando una dimensión tan celestial como el propio triunfo del amor que ilumina pantalla y espacio sonoro.

Si percusión y viento parecen cargar con el peso, toda la cuerda (hoy con Fernando Zorita de ayudante de concertino) tejió pasajes en un caleidoscopio orgánico de variadas texturas para alcanzar dramatismo, pulsión rítmica, lirismo en los solos de Vasiliev o von Pfeil, guiños melodramáticos sin cargar tintas, dolor y amor en las dosis idóneas, todo con el dominio total de un Encinar que llevó cada fotograma sonoro de la partitura con igual exactitud que los del celuloide, dotándolo de las dinámicas precisas y el ambiente ideal pensado por un Torres que maneja la paleta sinfónica paralela a la de Murnau. Si la película sigue asombrando con la perspectiva de los años y el amor por el séptimo arte que no ha dejado de avanzar, la música no solo camina de la mano sino que puede volar independiente de la imagen aunque con ella alcance el verdadero sentido compositivo.

Las notas al programa de Álvaro Guibert son las preparadas para el estreno madrileño en el Teatro de la Zarzuela que encarga esta partitura, allá por mayo de 2009, y que se ha repetido no demasiadas veces, agradeciendo poder disfrutarla en Gijón, un placer la lectura previa y también la posterior al espectáculo que agradó a todos los presentes, toses siempre evitables, alcanzando el clímax en la explosión de parte de los parches colocados en los palcos laterales del primer piso con el redoble de caja en el escenario mientras el amor de Goethe triunfaba sobre Mefisto, el drama inmortal  donde se sigue vendiendo el alma no ya por la eterna juventud sino por cosas mucho más perecederas. Torres ha sabido captar la quintaesencia y atraparla en una partitura para la que Murnau es compañero de este viaje.

Mieres orgulloso de su Banda

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El pasado domingo 1 de mayo en el Auditorio “Teodoro Cuesta” volvimos a escuchar a la Banda de Música de Mieres esta vez con el Coro IES María Guerrero de Collado Villalba, uniendo lazos con otras agrupaciones que conforman el acerbo cultural diario de localidades que no siempre tienen acceso a los grandes auditorios a la vez que forman y encauzan aficiones. A través de coros como el de este instituto del que forman parte profesores, alumnos actuales y antiguos, padres… o bandas de música como la de Mieres que ha sacado del olvido parte de la historia local, acercando jóvenes y veteranos de varias partes de Asturias hasta la cuenca minera han vuelto a demostrar que la unión hace afición, que los valores de cooperación siguen vigentes, que el altruismo cultural sigue vigente, y además con el reconocimiento del pueblo que continúa acudiendo a sus conciertos, algo hasta hace poco considerado de extraordinario.

El coro que dirige la argentina Carina Brezzi (1967) no pretende más de lo visto y escuchado: el amor por la música uniendo generaciones y llevando el nombre de Collado Villalba y del instituto desde 2003, supongo que con todos los cambios de plantilla habituales en coros de este tipo, además del sacrificio que supone dedicar “tiempo libre”, más del que muchos se creen, a preparar repertorios como el que trajeron a Mieres, agradable, variado y con música popular de todo el mundo. Desde la Canción de cuna costera (Linares Cardozo) con acompañamiento a la guitarra del “profe de Francés” evocando la patria de la responsable coral, la gallega y triste Lela (Alfonso Daniel Rodríguez Castelao) con algunos problemas de afinación, la coreografiada por coro y público Ipharadisi, con el ritmo al cajón del citado profesor, un tema popular sudafricano agradecido de cantar y compartir, el conocido Hallelujah (Leonard Cohen) con el profesor de música al teclado (supongo que no sea su instrumento habitual) y que en Mieres han cantado varias veces el coro local que dirige Reyes Duarte, para finalizar también con el conocido y bellísimo Dirait On (Morten Lauridsen) una vez resuelto el cambio de tono anterior en el teclado. Esfuerzo plausible pero exigencia de buscar siempre calidad, así como un consejo de veterano para Carina: la tranquilidad se transmite, hay que tener claro el tono del coro antes de arrancar, y por supuesto mejor parar y comenzar de nuevo que seguir mal, decisión correcta que seguramente muchos de los presentes ni se percataron.

Por supuesto cantar con el acompañamiento de una banda es mucho mejor para cualquier coro, y así cerrarían el concierto, aunque lo comentaré más adelante.

La Banda de Música de Mieres lleva desde 1991 luchando contra los elementos por recuperar una historia que incluso ya tiene su estudio con la tesis doctoral a cargo precisamente de uno de sus componentes, el profesor, doctor en Musicología y timbalero José Ramón Vidal, y que con el murciano Antonio Cánovas Moreno (1979) está consolidándose desde su llegada al podio hace ocho años como una joven agrupación de calidad, especialmente apostando por repertorios que conjugan tradición y modernidad, madurez y futuro aplaudiéndoselo como aficionado y profesor, puesto que el mundo de las bandas tiene en esta época un resurgir global con obras adaptadas a las plantillas y que con los ensayos bien aprovechados consiguen triunfar allá donde se lleven, como sucedió este primero de mayo. Aún en mi recuerdo el anterior “concierto de primavera“, las obras de entonces resultaron más trabajadas, empastadas y hasta impactantes, asentadas y asumidas con verdadero convencimiento por todas las secciones que cuentan con solistas excelentes, dando una dimensión de grandiosidad que el público premió con merecidos aplausos.

Desde el pasodoble Marta Agustín (Pere Sanz Alcover, 1975) valenciano como la horchata y con un trompeta de postín hasta el arreglo del holandés Johan Meij (1953) de Star Wars Saga (John Williams) plenamente americano, que con la selección de números del oscarizado compositor en esa adaptación para banda por parte del holandés, referente mundial en el nuevo repertorio, los músicos de Cánovas sonaron sinfónicos. Y otro tanto podemos decir del difícil y complicado Danzón nº 2 (Arturo Márquez, 1950) en arreglo de Oliver Nickel, otro compositor a tener en cuenta como así se encargan estos directores siempre al día en obras, conocedores de la materia prima con la que trabajan, dejándonos una interpretación de calidades superlativas donde quiero destacar a la pianista y a toda la sección de percusión por ser sustento obligado del resto, haciendo ilusionarnos a todos los melómanos y seguidores de nuestra banda.

Las dos obras con el coro fueron la mejor forma de unir y confluir, el arreglo del galés John Glenesk Mortimer (1951) del tema principal de la película 1492: The conquest of Paradise (1992) del griego Vangelis (1943), con un Cánovas escrupuloso en los matices para dejar protagonismo a las voces madrileñas cuando aparecían, sin olvidar la riqueza tímbrica de la propia partitura, y sobre todo el Gospel Train (Norman Tailor), “poutpurri” de espirituales negros sencillos de cantar, excelentemente orquestados y broche sinfónico-coral que levantó de nuevo al público de sus asientos para vitorear esta fiesta musical de un día señalado en el calendario.

Solo pedirle a Ramón Hernández, presidente de la AMAM, que sus notas podrían acompañarse como programa, evitando sus largas exposiciones de presentación de temas y formación (por otra parte sí incluidas en unos programas poco manejables pero completos).

Cine mudo pero con música

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Sábado 3 de octubre, 12:00 horas. Fundación Juan March, Madrid: Conciertos del Sábado, Ciclo “Clásicos del cine”. Improvisar para películas mudas, Javier Pérez de Azpeitia (piano). Entrada gratuita.

La oferta cultural de la Fundación Juan March es encomiable y la música tiene un lugar especial en ella. Durante el mes de octubre se programa un ciclo interesantísimo y personalmente me llamaba la atención acudir a este primer concierto por mi breve relación con el tema. 1982 además del Mundial de Fútbol que tuvo sedes en Gijón y Oviedo también fue año del centenario del cine y además de un Mundial Cultural, un incondicional del séptimo arte como Isaac del Rivero tuvo la idea de hacer un ciclo de películas mudas con acompañamiento al piano en vivo en el salón de actos de la Feria de Muestras, donde tuve la suerte de participar alternando proyecciones con mi recordado Antolín de la Fuente, básicamente películas cómicas de La Pandilla, Keaton, Lloyd o el genial Charlot, pero también La salida de los obreros de la fábrica (Lumière), La casa encantada (Segundo de Chomón) como homenaje al cine español e incluso El gabinete del Doctor Caligari (Wiene), alternando cortos y largometrajes.

Mi experiencia fue increíble y sin visionados previos, pero sirvió para que años después pudiese poner música en directo a La aldea maldita de Florián Rey con el maestro Luis Miguel Ruiz de la Peña al violín en el Ateneo Jovellanos, ya preparando motivos y temas específicos adaptados al trascurrir de la acción. Como mierense repetí en el Teatro Jovellanos invitado por el director de la Filmoteca de Asturias Juan Bonifacio Lorenzo Benavente, Boni para todos, en la proyección y recuperación de la película Mieres del Camino (Juan Díaz Quesada), un acontecimiento que aún recuerdo. Mis únicas referencias eran las “bandas sonoras” añadidas en las proyecciones, muchas con órgano, alguna actualizada como Berlín, sinfonía de una gran ciudad con música de Pegasus, y algunas con orquesta original como Alexander Nevski o Iván el terrible (Eisenstein) con música de Prokofiev, Nosferatu (Murnau) o Metropolis (Lang) incluyendo la “revisión” de Giorgio Moroder, que a lo largo del tiempo he podido revivir como espectador.

El pianista y profesor Javier Pérez de Azpeitia no solo puso la música en vivo a cuatro películas que pudimos disfrutar en pantalla grande sino que también disertó sobre el papel de la improvisación, con todo lo que ello supone, así como la subjetividad, y hasta la forma de trabajar sobre las músicas, algo de agradecer en un mundo recuperado pero no lo suficientemente difundido, por lo que este concierto era impresindible para mi.

La casa encantada (1907) de Chomón, además de una joya de efectos especiales para su época, fue la primera en desgranarse al piano por parte del maestro y hasta de pormenorizar su explicación posterior. Los guiños del piano en perfecta sincronía con la imagen, los motivos tétricos y hasta cómicos por momentos fueron la perfecta banda sonora.

El arranque de Tartüff (1925) de Murnau supuso todo un paso adelante en dificultad y extensión, música específica, original de Giuseppe Becce, y muy trabajada en sonoridades y expresión para una película adaptada o de inspiración teatral, como tantas de su época y que aún continúa pasando casi cien años después.

El toque satírico más que de humor lo puso La princesa de las ostras (1919) de Lubitsch, la música al piano del intérprete vasco el resto, perfecto, acertado en la elección de cada fragmento, variaciones sobre la Marcha Nupcial de Mendelssohn en el mejor estilo improvisatorio (y muy estudiado) y cada situación de la narrativa visual al detalle musical de ritmo infatigable como el propio fox-trot del baile nupcial. El regusto global es premio para el tándem cine-música que siempre han permanecido unidos y algunos compositores se atrevieron a ponerle música propia.

Interesante también la moda de películas inspiradas en zarzuelas, verdaderos éxitos del momento, como Curro Vargas (1923) de José Buchs donde no podían faltar motivos originales de la partitura de Chapí adaptados como el propio discurso cinematográfico, los aires de farruca o la recordada melodía “Soledad mía” del protagonista asociada a cada aparición pero sutilmente moldeada por Pérez de Azpeitia. Con un piano no puede sacarse más partido a una película donde el referente original es eso, recreado para la proyección.

Todo un clásico “de miedo” para finalizar como el Nosferatu (1922) de Murnau, cercano a las composiciones actuales como la de Sánchez Verdú sin perder la idea espacio-temporal de la época y el argumento, con la propia limitación de un instrumento que engrandece la proyección. Bravo por esta banda sonora (Hermann) en directo, única e irrepetible que se podrá volver a escuchar hasta el 4 de noviembre en los audios que la propia fundación coloca en su web, música pura desgajada de las imágenes para la que sonó pero igualmente bellas.

Candás, la Banda de Música y mucho más

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Lunes 8 de diciembre, 12:30 horas. Candás, antigua Fábrica de Ortiz, Concierto de Santa Cecilia 2014: Banda de Música de Candás, David Möen (director).

Dicen los de Luanco por eso de la rivalidad vecinal, que “En Candás, el Cristo na más… y si me apures un poco, el Cristo tampoco”, pero este lluvioso lunes festivo la oferta musical de la capital del concejo de Carreño era completa, por la mañana música de película y por la tarde zarzuela asturiana “El rapacín de Candás”, recuperada tras 150 años, a la que dedicaré otra entrada en el blog.

De la Banda de Música de Candás que preside José Miguel Carrera y dirige el Maestro Möen sólo puede escribir cosas buenas, desde una trayectoria que mantiene el perfecto equilibrio entre juventud y veteranía con una calidad musical de primera. Aunque el recinto elegido nos resguardaba de la lluvia no lo hacía del frío (y no están las economías para poner cañones de aire caliente con el precio que tiene la luz), pero a su favor una acústica excelente que facilitó poder degustar el amplio repertorio de música, casi toda de cine, que sonó realmente de película, con una percusión donde además de bombo, caja, platillos o timbales se sumó el “glockenspiel” (carillón o lira, que así se llama también al instrumento de láminas de metal), así como la gaita asturiana para Horner y su Braveheart.

También me gustó ver los retratos de Alfredo Menéndez, especialmente los del fondo de Pedro Braña, un enorme músico que tiene calle en su Candás natal y en su Sevilla adoptiva, con el de “Pipi” Antuña, muchos años director de esta banda a la que escuché en El Paseín del otro lado de la pared y en la plaza de La Baragaña muchos veranos de mi infancia y adolescencia, escoltando una foto de “su” banda que preside la nave. Abajo a la derecha también está el retrato de Sarita Pascual, pianista y organista de la Iglesia de San Félix con quien compartí muchos años de amistad, aunque de ella tendré que escribir largo y tendido junto a la “Escolanía de Candás”.

La conocida marcha de Sousa Washington Post que muchos asociamos como sintonía deportiva, calentó a público y músicos, marcial, potente, enérgica, poderío de los metales, gusto en maderas y percusión siempre acertada, antes de seguir con una selección de músicas de las películas de Walt Disney donde no faltó el deshollinador de Mary Poppins. Pronto vendría el “bloque Williams” para solaz de grandes y chicos que casi llenaron este local con recuerdos pesqueros de una villa marinera, deportista, olímpica y muy musical.

Me maravilló su gran plantilla que nos deleitó con unos arreglos para banda realmente exquisitos y además perfectamente interpretados, con sonoridades sinfónicas, un empaste y afinación admirables. Cierto que John Williams es el gran compositor del siglo XX con partituras en nuestra memoria auditiva que trascienden la pantalla, por lo que su música siempre nos toca la fibra, aunque El señor de los anillos no sea suya sino de Howard Shore, pero tampoco se quedó atrás el citado James Horner, gaita asturiana mejor que la original escocesa, dejando para el final dos obras asturianas, La Rapacina (Enrique Reñé), una fantasía asturiana plenamente pensada para banda y el fragmento de las Escenas Asturianas del no suficientemente reconocido Benito Lauret donde al final mezcla nuestro oriental y hermoso baile del “Pericote” llanisco con el himno “Asturias, patria querida” de tal maestría y dominio de la paleta orquestal que, como con Williams, suena perfecto tanto en sinfónico como en la formación bandística.

Un placer comenzar el día con música de cine bien tocada, contagiando esos finales épicos, espectaculares manteniendo una calidad en esta formación candasina que nos hace ser optimistas y pensar en un renacer de las bandas de música más allá de cantera para otras formaciones. El pueblo las siente más cercanas y propias, por lo que el apoyo en casa nunca falta. Añadir que se incluyó antes de los temas asturianos una selección de los temas que John Williams escribió para las películas de Indiana Jones, convirtiendo al laureado compositor norteamericano en el protagonista de este concierto recordando a la patrona de los músicos, con buena compañía.

Mieres de Traviata

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Martes 15 de octubre, 20:00 horas. Auditorio Teodoro Cuesta (Casa de Cultura) de Mieres: retransmisión en directo desde el Teatro Campoamor de La Traviata (Verdi).
Un año después volvía a Mieres la ópera, eso sí, televisada, y nada menos que en el 200 Centenario de Verdi con una entrada como sólo esta obra inmortal es capaz de convocar.

Vuelvo a repetir las carencias de una emisión como las anteriores, que esta vez podrán compartir los cientos de personas que se dieron cita en La Escandalera de la capital, donde ni la iluminación está prevista para la televisión, la realización sigue dejando mucho que desear aunque haya mejorado, y el sonido logra el milagro de las voces tapando a la orquesta (!). Supongo que la falta de medios y algo más de conocimiento técnico no sean impedimento para continuar con esta experiencia que hace llegar la ópera a un público no habitual pero al que también debemos educar con calidad.

Las críticas profesionales tras la primera función coinciden con mi opinión técnica, aunque tras las consideraciones iniciales, quiero dejar unas pinceladas de cosecha propia.

Con un decorado casi minimalista a base de espejos – cristales, Susana Gómez es perfecta para la solución económica entre los grandes montajes inalcanzables por presupuesto y espacio escénico, y las versiones en concierto que no deben venderse como ópera en el sentido estricto. Sofá y mesa de despacho (diseño escenográfico de Antonio López), así como una pequeña mesa de juego como único Mobiliario, unido a un vestuario años 50 (de Gabriela Salaverri) completan la coproducción de la Ópera de Oviedo, Festival de Verano de El Escorial, Quincena Musical de San Sebastián, Auditorio Baluarte de Pamplona y Gran Teatro de Córdoba.

Foto de Codalario

Ópera atemporal donde las haya, el reparto resultó equilibrado en su totalidad, lo que es de por sí digno de mención, aunque la protagonista total haya sido Aylin Pérez que fue capaz de cantar y captar toda la evolución de su personaje de Violeta aunque sin camelias y transformada en una pelirroja Gilda Valery, color vocal perfecto para un rol que le está dando muchas alegrías. El Alfredo de Aquiles Machado resultó convincente en sus conocidas arias, delicado en los dúos y con ligeras carencias que no empañan la globalidad, completada por el Giorgio Germont de Gabriele Viviani, otro tanto que “su hijo”, bien actoralmente aunque con una pequeña desafinación en la conocida “Di Provenza”, puede que fruto del micrófono tan cercano y la orquesta “hundida en el foso”, un trío sobre el que se asienta sin cojear esta maravillosa ópera.
Destacar la buena dirección musical de Carlo Montanaro capaz de dar su toque ya desde la obertura, jugar con los tempi de una Oviedo Filarmonía que no pude degustar como seguramente sonó en el teatro, y sobre todo cómo concertó con las voces, respirando con ellas y eligiendo siempre el aire que reclamaban los protagonistas, que lo son siempre.

No quiero olvidarme del Coro que dirige Patxi Azpiri, auténtica delicia escénica y vocal (nuevamente ellas mejor que ellos) con una profesionalidad que el tiempo ha ido asentando.

Los siempre difíciles secundarios cumplieron en sus intervenciones, desde la Flora de la asturiana María José Suárez, seguridad y aplomo, la delicada Annina de Marta Ubieta, siguiendo con Jon Plazaola (Gastone), Carlos Daza (Douphol), el Marqués José Manuel Díaz y el Grenvil de David Sánchez, junto a los “comprimarios” Gonzalo Quirós y Bruno Prieto (del propio coro) en sus breves apariciones como Giuseppe y Commissionario.

El público mierense disfrutó sobre todo hasta el descanso tras hora y media de un tirón, quedando todavía el último acto donde Violeta es “abducida por la luz” tras enamorar al respetable esta Ailyn Pérez como auténtica diva de esta segunda función que sonó en medio Asturias como merecido homenaje a Pepe Verdi. Agradecer estas iniciativas aunque tengan todos los peros que queramos y algunos sigan recordando el año 1958 de La Callas con Kraus, siempre Don Alfredo, en Lisboa… Ay! ¡si hubiesen tenido los medios técnicos de hoy en día…!

Sánchez-Verdú resucitando a Nosferatu

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Viernes 23 de agosto, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: Festival de Verano “Oviedo es Música”. Proyección de la película “Nosferatu” (director: F. W. Murnau, 1922), música de José María Sánchez-Verdú (estreno 2003). Coro de mujeres de la Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” (director adjunto: Rubén Díez Fernández), Oviedo Filarmonía, director: Nacho de Paz. Entrada butaca: 14,50€+1€ gestión.

Cine de verano con música en directo, tercera apuesta de la orquesta carbayona por esta fórmula de poner música a clásicos del cine mudo, primero “Metrópolis” en el Campoamor y una vez “redescubierto” el foso del Auditorio “Alexandre Nevsky” y por fin una de miedo con el famoso “Nosferatu, una sinfonía del horror” del alemán Murnau a quien el compositor de Algeciras Sánchez-Verdú (1968) tampoco se resistió y hace diez años puso su música para la imagen en la línea de otros colegas, recuperando las grandes proyecciones que superan al pianista de los inicios del cine mudo. Binomio que esperamos se mantenga en las programaciones de la capital porque retroalimentan y unen aficiones.

Impresionante la partitura del gaditano (arriba con las anotaciones del propio Nacho de Paz -Oviedo 1974- propietario de la foto) que reinterpreta desde un lenguaje actual el propio expresionismo de la cinta alemana para lograr auténticos momentos cumbre muy exigentes para los músicos de una orquesta madura que el director ovetense conoce y supo manejar como especialista en estas músicas no habituales en los atriles.

Y no digamos de las diez voces femeninas de “la Capilla” dirigidas por el también compositor avilesino Rubén Díez incrustado entre ellas para que todo encajase a la perfección, sobre todo en las entradas complicadas en sincronización con la película.

Pertrechadas de “microafinadores”y amplificadas, con dos altavoces sobre la orquesta más algún efecto reverberante fueron impecables instrumentos de viento, con vocalizaciones de afinaciones casi imposibles, nombrando notas o glissandos emulando y/o doblando cuerdas, maderas y metales. Personalmente fueron lo más destacable del evento, sin olvidarme de la percusión que tanto peso lleva a lo largo de la gran partitura de Sánchez-Verdú (comentada por el doctor Alejandro G. Villalibre en “Clasicaytuits”).

Está claro que la música no aguantaría una interpretación sin las imágenes pero Murnau hubiese aprobado esta partitura del abogado y compositor de eso estoy seguro, atemporal como su película y personaje donde la música es más necesaria que los rótulos.

 

Queda verano y conciertos antes del comienzo de curso, pero “Nosferatu” resucitó y sembró el pánico en un Auditorio que presentaba una excelente entrada pese a tener que pasar por taquilla. Mi enhorabuena a todos.

Sánchez- Verdú, Nacho de Paz y Rubén Díez

Dicha de Amor es la música

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El jueves 23 pude asistir en LAUDEO, organizado por Extensión Universitaria de Oviedo y el Departamento de Musicología a una nueva proyección en directo, esta vez desde el Teatro de la Zarzuela de Viento (es la dicha de Amor), “Poema lírico sobre El Deseo” basado en la zarzuela con libreto de Antonio de Zamora y música de José de Nebra, con dramaturgia de Andrés Lima a partir de poesía amorosa española de los siglos XVII al XXI, y este sábado 25 volví a escucharlo por Radio Clásica.

María Sanhuesa Fonseca nos dió una interesantísima conferencia previa a la representación que nos puso en antecedentes de lo que era la zarzuela barroca, los teatros, libretos, y sobre todo la figura del gran José de Nebra, a caballo entre el barroco y el clasicismo con un lenguaje musical capaz de alternar lo hispano con lo italiano, francés o incluso alemán. La única referencia que tengo de la obra es la grabación de 1995 (publicada en 1996) editada por el desaparecido sello Auvidis Valois “Viento es la dicha de amor” sin diálogos pero con un completo libreto que incluye textos de Andrés Ruiz Tarazona y y Alicia Lázaro. Al menos la doctora Sanhuesa avisó antes de ver la representación que el título no engañaba a nadie, “Poema lírico sobre El Deseo” con textos actualizados y escenografía de “última generación” donde aparece igualmente la maravillosa música de Nebra bajo la dirección y el clave de Alan Curtis al frente de la Orquesta Barroca de Sevilla, cantada (por orden de aparición) por las sopranos Beatriz Díaz (Amor) y Yolanda Auyanet (Liriope), la mezzo Clara Mouriz (Zéfiro), el tenor Gustavo De Gennaro (Marsias), más Ruth González (Delfa), Mercedes Arcuri (Ninfa) y el actor Alberto San Juan (Antenor) entre otros, junto a un excelente Coro del Teatro de la Zarzuela que dirige Antonio Fauró.

La idea de doblar cantantes y actores no es nueva (personalmente no me aportó nada) y la partitura es hermosa en sí, “llena de melodías pensadas para ser cantadas con fluidez y gracia” (Alicia Lázaro en el CD citado), con sucesión de coros, recitativos, arias, dúos y concertantes llenos de colorido, más una orquesta que funcionó a la perfección bajo la batuta del experto Curtis.

Destacar a la soprano asturiana Beatriz Díaz con este papel barroco nuevo y exigente en un registro grave que está creciendo pese a sacrificar un poco la dicción, excelente en cambio en el agudo que sigue siendo de respigar desde el aria inicial “Teme aleve fementido” a la final “Guerra publique, guerra” sobreponiéndose a trompetas con ese color tan personal. Geniales las coplas “Ay Dios aleve” y bien empastada en los concertantes.

La emergente mezzo vasca Clara Mouriz en ese papel masculino realmente agradecido vocalmente, aunque nuevamente tengamos dificultad en entender el texto, también resultó de mi agrado. Bien sus arias “Tórtola que carece” y “Selva florida”, más el dúo “Albricias, Arcadia” realmente potente, creciendo a lo largo de la representación. Bien igualmente los personajes de la soprano canaria como Liriope y su paisana Delfa, así como la Ninfa argentina, siendo el tenor argentino Marsias mejor en la retransmisión radiofónica (excelente toma de sonido) que la televisada (por cierto con algunos fallos debidos a cámaras autónomas, como me informaron el jueves), aunque yo hubiese apostado por una cantante, incluso un contratenor.

De la puesta en escena llevada al “Balneario Arcadia” con fondo alpino tipo spa, excelente la iluminación de Valentín Álvarez, vestuario elegante de Beatriz Sanjuan incluyendo la lencería, pero crujiendo ese intento de modernizar o actualizar para un público nuevo que apenas acude y soliviantando al habitual que pasa por taquilla. Para empezar “Amor” no aparece disfrazado de zagal sino de Marilyn Monroe que continuará así en la Segunda Jornada (como se denominaban entonces los Actos), tal vez diosa furiosa.

En lo humano “Marsias” como cocinero puedo entenderlo en cuanto a interesado por el vino, la comida y las mujeres, sobre todo “Delfa” cual ¿encargada del comedor? ¿servir en vez de entretener? ¿a las ninfas?. De éstas como empleadas en el entorno acuático también servirían, pero supongo que la culpa es mía por conocer el argumento antes de asistir a la representación.

El detalle del rapto de una desnuda actriz con la bañera girando como en los tiovivos, está bien pensado pero se coló el sonido de las ruedas de por los micrófonos y será difícil quitar ese ruido extra caso de comercializar la producción en DVD. Como las imágenes que ilustran la entrada son de la representación, cada uno podrá opinar. Habrá quien me escriba diciendo que para gustos colores… claroscuros barrocos con luces y sombras.

Los poemas están muy bien elegidos (Ángel González, Valente, Hierro…) y apropiados para cada momento, aunque la forma de recitar de Alberto San Juan resultó algo cansina para mi gusto. El directo es lo que tiene y supongo que será difícil encontrar grandes declamadores en los castings. De su “pareja” mejor me callo todos los aspectos (incluso el físico).

La división de opiniones estaba servida antes del estreno, y la quinta función del sábado volvió a suscitar abucheos que seguramente los gestores achaquen a la edad. Creo que debemos dejar algo a nuestra imaginación y no ser tan explícitos. Estamos dando la comida ya masticada, puré que a la larga dejará dentaduras intactas de inútiles. ¿Son necesarias las escenas de “alto voltaje”? ¿el desfile la ropa interior? ¿desnudos cual aquélla “Fedra” de Espríu y Espert de finales de los 70? y un ballet que por momentos resultó excesivo pese a la coreografía de Sol Picó al “estilo Martha Graham” que podría triunfar per sé y descontextualizado.

Cierto que zarzuela es cantar, declamar, bailar, comprendo el “horror vacui” tan barroco, incluso puedo aceptar estas transmutaciones: ¿otro Viaje a Reims? ¿está barata la escenografía IKEA?. Pero al final no se debe olvidar la música y menos a los cantantes, auténticos protagonistas que tienen que actuar en no muy buenas condiciones. El barroco es exceso pero me quedo con el musical sobre el escénico. En estos tiempos de crisis (sobre todo de ideas) donde parecemos retroceder históricamente en muchos aspectos, el landismo parece ser reclamo para captar público en los teatros, ocupando más espacio en las críticas que el específicamente musical. Será que me crié con discos de vinilo y cintas….

La llegada del vídeo supuso todo un descubrimiento y los directos del Campoamor no podían olvidar el banco o la reja que servían para todo. El LaserDisc© me lo comí con patatas y me detuve en el DVD, porque el Blu-ray© nunca lo tuve claro. De la televisión nada de nada, algo más en los cines y sobre todo Internet, aunque la cadena de música y los CDs siguen a mi lado funcionando medio día.

Cumplir años es lo que tiene y debo estar volviéndome un viejo carca que se jubilará con 70 años si esto continúa así. Pero siempre nos quedará la música…

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