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Doña Paquita de Pasqual

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Miércoles 29 de mayo, 20:00 horas. Teatro de la Zarzuela, Madrid; retransmisión en vivo (desde los canales propios del teatro en Facebook, YouTube y Web): Doña Francisquita (música de Amadeo Vives, texto de Federico Romero y Guillermo Fernández Shaw inspirada en “La discreta enamorada” de Lope de Vega). Adaptación de Lluis Pasqual. Fotos ©TeatroDeLaZarzuela (capturas de pantalla de la emisión).

Desde sus orígenes la escena siempre ha sido objeto de visiones distintas con un mismo original. Teatro y Lírica forman parte de ello y hace años que los directores de escena y dramaturgos han querido revisar, actualizar o versionar con distinto criterio muchas obras maestras. En el caso de la ópera aún tengo mi primer recuerdo de Peter Sellars con un Cossì mozartiano ambientado en el “Despina’s caffe” o más recientemente una Bohème de Damiano Michieletto con la Netrebko, Beczala y sus amigos “yonkis”, escenografías que comenzarían a romper moldes en aquella recordada Traviata de Salzburgo con Villazón firmada por Willy Decker, sin olvidarme de los muchos Elisir solo citando DVDs que tengo en casa. De las muchas “actualizaciones” que han pasado por el Campoamor tengo buen recuerdo de unos Diálogos de Carmelitas de Carsen increíbles frente a la época de balnearios, albornoces y toallas (probablemente portuguesas) pero también el Sagi que ambientó en Llanes el archirrepresentado Elisir amén de las óperas barrocas que continúan la línea escénica en boga.

A nuestra zarzuela también ha llegado este interés por las “revisiones” con mayor o menor acierto, pues Calixto Bieito o La Fura resultan habitualmente “taquilleros” además de controvertidos por desvirtuar la acción original (como en tantas óperas), encumbrando a los directores de escena como los divos actuales, obligando a actuar en condiciones antinaturales para cualquier cantante, buscando más la visión estética que la musical, primando la belleza de cantantes más que su voz, una tiranía en la sociedad del placer. No tengo buenos recuerdos en algunos montajes finalizando con un Sobre Verde que sobraba, y en cambio la última Africana presentada por Joan Font resultaba por lo menos respetuosa desde lo actual. Hay que reconocer que los escándalos y las críticas negativas se hacen virales, ayudan a llevar más público, unos por morbo, otros para comprobar y a veces corroborar lo leído, pero los que se estrenen me preocupa se lleven una visión parcial de grandes obras musicales donde la escena sigue ocupando tres cuartas partes de las críticas.

Mi generación creció con el audio (radio, vinilos, cassettes y CD), y tras la llegada de la televisión y el vídeo (luego el LaserDisc, el DVD o el BlueRay) supuso un avance al acercarnos la otra mitad tan importante como la música: la escena. La llamada “era de internet” es la última revolución que en el acceso a la lírica en general supone “universalizar”, pero no siempre con la calidad deseada, aunque siempre con excepciones y la controversia siga vigente.

Toda esta introducción viene a cuento por la última producción del Teatro de la Zarzuela coproducida con el Liceu barcelonés y la ópera de Lausanne de Doña Francisquita y música del maestro Vives y un elenco de primeras figuras que con una excelente realización en directo (que disfruté en el televisor) y una toma de sonido impecable, hicieron llegar a todo el mundo (twitter echaba humo) esta joya de nuestro género por excelencia que llegaba con mucha polémica previa no siempre educada y perdiendo el respeto por quienes trabajan en ella, con mucho dinero invertido en vestuario, luces, atrezzo, escena y todo el personal. Si es gratis apagamos en caso de que no guste, si pagamos podemos no aplaudir, pedir la hoja de reclamaciones (porque quien paga tiene derecho a protestar), aportar opiniones razonadas siempre discutibles (el debate mantiene la mente despejada) e incluso silbar o patear al final del aria, romanza o toda la función (he vivido algunos momentos así con cantantes y últimamente más con las escenografías, lanzamiento de zapato incluido), pero nunca faltar al respeto, algo que tristemente se está dando en nuestra sociedad de la que la zarzuela o la ópera tampoco se escapan, fiel reflejo de estos tiempos, y que la zarzuela siempre criticó por ser algo vivo, irrepetible cada día.

Vuelven los tiempos de los escándalos por Jesucristo Superstar, el desnudo de Victoria Vera en Equus y los mal llamados conservadores que enarbolan la bandera de su moralidad y pensamiento único. Tendremos que recuperar aquel espíritu de libertad y de buenos modales que se han perdido.

Lluis Pasqual, como tantos otros, decide cambiar la acción original de Doña Francisquita del Madrid que arrancaba el pasado siglo, a tres momentos en cada acto (1934 grabando un disco, 1964 en aquella televisión del UHF que en la actualidad parece estar en las madrugadas o madrugando, y un ensayo general de nuestros días), teniendo que introducir al narrador que nos explique su personal visión con textos propios (genialmente interpretado por Gonzalo de Castro) y centrarnos en un argumento perdido con escenografía y bellísimo vestuario de Alejandro Andújar, aunque también hay crítica propia de estas “actualizaciones” por parte de Doña Francisca, que la asturiana Mª José Suárez bordó en cada intervención (seguro que también lleva más de cuarenta representaciones). De los tres actos el segundo me pareció el más logrado.

Las voces principales estuvieron a la altura esperada: Sabina Puértolas (Doña Francisquita) en un rol debutado sin problemas aunque le queda “hacerse con él”, e Ismael Jordi (Fernando) que está en un momento álgido de rotundidad vocal aunque sigamos recordando al irrepetible Alfredo Kraus (dedicatario de este título). Los dos lucieron en las romanzas y nos dejaron unos dúos impecables.

No se quedaron atrás Ana Ibarra (Aurora), para mí la verdadera triunfadora de la noche en una complicada partitura que defendió con calidad y belleza a “La Beltrana”, más Vicenç Esteve (Cardona), junto a un excelente Santos Ariño (Don Matías).

El cuerpo de baile lució y se lució más allá del esperado Fandango donde la incombustible Lucero Tena volvió a brillar como la figura mundial que es con las castañuelas (el público verdaderamente la aclamó), si bien no entendí que se repitiera, no era un bis, con ella sentada, dentro de esa idea de ambientar como ensayo el último acto.

El coro titular que dirige Antonio Fauró ayudó a completar una escena variada y variable (sentados todo el primer acto) pero perfectamente empastados y con los protagonismos esperados, sumando al conjunto desde su calidad habitual.

Redondearon la música la Orquesta de la Comunidad de Madrid y el titular Óliver Díaz, verdadero maestro sacando de todos lo mejor, defendiendo desde el teatro de la calle Jovellanos nuestras partituras, trabajador incansable, cuidando las dinámicas y los tempi que favorecieron el lucimiento de un elenco vocal que dignifica nuestro género, algo que siempre reclamamos para poder exportar nuestro patrimonio musical al resto del mundo.

Personalmente he visto cosas peores y he disfrutado como algunos otros, aunque esta “Doña Paquita de Pasqual” no sea la genuina “Doña Francisquita” sino más bien un homenaje (o salto en el tiempo) desde una óptica no bien explicada o entendida por muchos.

Mieres escuchando la voz en el musical

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Martes 17 de abril, 20:00 horas. Auditorio Teodoro Cuesta, Mieres: II Semana de la vozLa Voz en el Musical. Con las voces de Silvia I. Fraga, Cristóbal Blanco Fernández, Carla P. Fraga, Aisha F. RomeroMarcos Suárez Fernández (piano). Entrada: 5 €.

Segunda jornada de la semana dedicada a la voz con un recital dedicado al musical, en plural si se quiere, musicales de Broadway o Londres que se han llevado al cine ayudando a su difusión y popularidad. Poco público como en el día anterior pese al debut de Aisha, una joven mierense que promete, sumándose una saga familiar como Silvia con su hija Carla compartiendo escenario aunque no temas. Dos jóvenes promesas debutantes que cantan con esa naturalidad y espontaneidad únicas por su edad, preparándose para una carrera que el tiempo dirá si la disfrutarán como aficionadas o profesionales pero comenzando ya esta andadura. Completaría el escenario un veterano como Cristóbal Blanco que en este repertorio se mueve como pez en el agua por voz y escena, mientras al piano volvía Marcos Suárez quien este martes tenía no ya la responsabilidad de acompañar sino de tocar unas obras cuyas partituras son meros guiones que no ayudan a completar las armonías y ritmos de una orquesta ligera original, así como su “obligación” de mimar a las voces, especialmente las más jóvenes, para llevarlas por el camino seguro. La experiencia es un grado y los llamados pianistas repertoristas deben trabajar épocas y estilos tan dispares como el del lunes o este dedicado al musical, tan difícil y exigente que también ellos acaban especializándose, por lo que mucho ánimo a Marcos que es un “todoterreno”.

Leves cambios en el programa y casi todos los temas presentados por los intérpretes e incluso traducidos al respetable por ser inglés el idioma de este género con un público fiel en todo el mundo, ganándole terreno incluso a otros, con Madrid sumándose hace años a las capitales donde triunfa el musical.

Le tocó romper fuego a  Silvia I. Fraga con el bellísimo tema de “Los MiserablesI dream a dream (Claude Michel Schönberg), soñar un sueño para continuar con la canción irlandesa You Raise Me Up del noruego R. Løvland y que popularizase el grupo Il Divo, voz trabajando registros y colores que le queda encontrar aunque esté en el camino y las manos correctas.

Cristóbal Blanco nos dio la bienvenida con la música de Kander y Ebb para el “Cabaret” en tres idiomas: francés, inglés WelcomeWillkommen alemán invitándonos y contagiándonos de la música entreguerras popularizada en la película de Liza Minelli, continuando con el melódico She de Charles Aznavour usado en “Notting Hill”, con un piano algo “perdido”.

Para las más jóvenes se utilizó un micro discreto que ayudó a disfrutar primero de Carla P. Fraga cantando Smile de Charles Chaplin, jovencísima, con ese sentimiento natural y sin miedos sabiendo esperar al piano, respirar y afinar en pleno aprendizaje, y otro tanto en Cry me a river (Arthur Hamilton), dominando el inglés y templando con el piano.

No se quedó atrás Aisha F. Romero, aún más joven cantándonos el famoso Edelweiss (Rodgers/Hammerstein) de “Sonrisas y lágrimas”, mala traducción del inglés “The Sound of Music” (El sonido de la música), musical de referencia para muchas generaciones, también para Aisha, aún de voz pequeña que crecerá con los años y el estudio pero sin complejos sobre el escenario, y aún mejor el Ave María (Michael Lorenc) con esa naturalidad infantil inimitable que espero mantenga hasta el cambio fisiológico porque la espontaneidad junto a la musicalidad no deben perderse en el canto.

Retomando la pareja de adultos nos iríamos al “Moulin Rouge” primero con Silvia
y One Day I’ll Fly Away (Sample / Jennings) imaginándonos en la película a Nicole Kidman con algún desafine que el piano no pudo subsanar, y Cristóbal el tema de Elton John que aparecía también en ese musical Your Song en su onda de convencer al cantar sin copiar ni imitar, sacando unos agudos propios que dieron el sello personal.

De lo mejor del recital y con ese punto canalla del que avisó y le va genial pese al piano inseguro que le faltó la misma onda espectacular casi histriónica, Cristóbal se marcó el tema de Herodes del “Jesus Christ Superstar” (A. Lloyd Weber / Tim Rice) realmente espectacular, entendiendo como nadie qué es un musical, ópera rock, teatro cantado y dominador de la escena, además del idioma de Shakespeare pudiendo haber elegido la versión española.

Otro de los musicales que tiene verdaderas joyas para las voces como es habitual en Andrew Lloyd Weber e igualmente llevado a la gran pantalla, “El Fantasma de la ópera” nos permitió escuchar el dúo All I Ask of You con buen color y empaste entre ambos antes de que

Silvia nos interpretase Wishing You Were Somehow Here Again, esa conversación de la protagonista en el cementerio con la tumba de su padre, bien en general aunque le falte esa seguridad y naturalidad que el tiempo y estudio consiguen pero bien asentanda aunque nuevamente el piano por escritura no ayude. Seguiría Cristóbal con The Music of the Night solvente en escena y canto con un registro grave hermoso y más natural a veces que sus agudos, con este tema que le va perfecto por intimismo, estilo y gusto. Cerrando esta selección la protagonista del musical Christine en la voz de Silvia cantaría Think of Me con ese guiño final operístico y exigente técnicamente que muestra las dificultades que esconde el musical cuando se quiere hacer honesto y con calidad, sin artificios y desde el respeto a la música.

El colofón nada menos que con The Quest, la búsqueda del sueño imposible, perteneciente al musical “Man of La Mancha“, El Hombre de la Mancha que en España cantasen José Sacristán con Paloma San Basilio (y en el cine Peter O’Toole y Sofía Loren), excelente elección y casi ideario de lo que supone trabajar la voz, estudiar canto y adaptarse a los diferentes estilos con técnicas distintas pero que dominándolas pueden dar a los intérpretes satisfacciones en todos ellos para conseguir emocionarse y emocionarnos.

Mieres por una tarde fue capital musical y del Musical. Mañana las voces serán femeninas y corales…

Sobre el ciclo Historias de Mieres

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Martes 6 de marzo, 20:00 horas. Ciclo “Historias de Mieres”, Casa de la Cultura “Teodoro Cuesta”. Proyección comentada de la película Mieres del Camino (Juan Díaz Quesada, 1928).

Volvíamos a visionar ¡al fin en Mieres! una película que además de ser historia de nuestra “hermosa villa” supuso descubrirme musicalmente cómo se ambientaba en vivo desde el piano aquellas proyecciones de cine mudo en las salas de entonces. Siempre agradeceré a Juan Bonifacio Lorenzo, Boni, director de la Filmoteca Asturiana (defenestrado por los incompetentes habituales) no ya haber recuperado esta película y mantenerla para siempre en la historia del cine, sino contar conmigo en las primeras proyecciones, recordando especialmente la del Teatro Jovellanos de Gijón con la única luz procedente de la pantalla y tocando temas relacionados con mi pueblo de Mieres, canciones populares que incluso aparecían de soslayo en el propio argumento (el encauce del río y el nuevo puente de Siana sobre el Caudal además del ferrocarril a Mieres), la Danza Prima, Santa Bárbara patrona de los mineros, junto a páginas clásicas de Wagner, Beethoven o Albéniz que ponían la banda sonora en vivo tras un visionado previo en una cinta en VHS, hoy ya digitalizadaBoni volvería a mi instituto en 2013 para proyectársela a todo el personal dentro de las jornadas culturales que dedicamos a la minería.
Hoy en día podemos verla completa en YouTube© con un piano añadido del que desconozco procedencia, pues de aquella no era costumbre grabar nada, aunque tendría que investigar y lo improvisado no lo suele reconocer ni siquiera quien lo interpretó en su momento.

Este martes seguía el ciclo con la presencia del doctor historiador y cinéfilo Juan Carlos De La Madrid presentado por Mª Fernanda Fernández Gutiérrez, vivencias paralelas recordando esa joya documentada y editada allá por 1996 por el primero, “Cinematógrafo y varietés en Asturias (1896-1915)”, repasando memoria e historia de nuestro Mieres donde teníamos en la misma manzana nada menos que tres cines: el Novedades, el Pombo y después el Esperanza (del cuarto en liza, el Capitol, daría para muchas más sesiones), siendo el empresario Gerardo Pombo quien produciría la película de Juan Díaz Quesada, cubano de origen asturiano, entendiendo bien el poder del cine como espectáculo pero también como documental y elemento de propaganda minera, tal vez patrocinada por la entonces poderosa Fábrica de Mieres. En esta semana de homenajes no podía faltar esta película que ya ha cumplido 90 años el pasado enero, estrenada primero en el Cine Princesa de Madrid y dos días después en nuestro Teatro Pombo.

Un placer escuchar a Juan Carlos contando y glosando la importancia de la película por el hecho de tenerla, las vicisitudes del propio formato, la mina como verdadera protagonista en 1926 que comienza la producción de la película sin entrar nunca en el minero ni el trabajo, el triángulo protagonista de Pinón, Pepina (hija de Gaspar Campomanes) y el prometido indiano Ruperto que está siempre “off”, treinta y un minutos donde no faltará mucha información documental de los años dorados de Mieres, el carbón como potencia industrial, también la parte musical que en parte ya comenté anteriormente y donde el final feliz de una historia de Capuletos y Montescos locales tiene boda y fiesta asturiana donde no faltan la pareja de baile -jota asturiana intuida- puede que también tonada, y la pareja de gaita (José La Piedra) y tambor, sin olvidarnos del gran Martinez Abades, músico y pintor relacionado con este  “Celuloide ceniciento y temblón” como lo bautizó De la Madrid.

Interesante seguir la proyección con los comentarios de Roberto Álvarez Espinaredo centrando la acción en lugares reconocibles como Fábrica, el Pozu Barredo, la bocamina del Grupo Mariana, las Casas Baratas de Anasagasti y hasta el Palacio de Viade donde viven Gasparón y Pepina.
Noventa años de una película que es patrimonio cultural en una villa que ha perdido sus teatros como seña de identidad mutados en mini-cines llamados multicines, impersonales dentro de los llamados centros comerciales siguiendo la moda americana donde no faltan palomitas y refrescos, situados en un extrarradio casi cercano al palacete de Gaspar en el valle de Cuna. Al menos quedan los recuerdos y amantes del séptimo arte que siguen rodando en nuestra tierra, denunciando las mismas injusticias de entonces y reivindicando una historia que no podemos olvidar.
La semana aún guarda sorpresas y un guateque en el Casino, como en mis años mozos con el “incombutibleJuan de Pablos, “Flor de Pasión“… el sábado me pilla de verbena en Oviedo pero las horas nocturnas forman parte de muchas biografías locales entre las que se encuentra la mía.

Caleidoscopio en infinidad de grises

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Viernes 9 de diciembre, 20:00 horas. Teatro de la Laboral, GijónLaboral Cineteca, Concierto extraordinario OSPA, Sonia de Munck (soprano), Mª José Suárez (mezzo), José Ramón Encinar (director). Jesús Torres: “Fausto. Música para la proyección de la película de Friedrich Wilhelm Murnau (1926)” (2008). Entrada: 8 € (más 1 € de gestión, todo desde casa incluyendo la impresión de la misma).
El mal llamado cine mudo siempre tuvo la música como soporte y apoyo, en directo con un piano, un dúo, una agrupación de cámara o una gran formación sinfónica. Grandes partituras orquestales se han escrito para la pantalla desde sus inicios y comienzan a recuperarse desde hace tiempo esas proyecciones con la música en vivo, incluso con nuevas bandas sonoras para películas históricas como ya hemos podido disfrutar en Asturias en repetidas ocasiones.

Y este viernes llegaba a Gijón el Faust. Eine deutsche Volkssage (Fausto. Una leyenda popular alemana) de 1926 del director alemán F. W. Murnau con música de Jesús Torres (Zaragoza, 1965), no la banda sonora sino una música paralela a la proyección, como indica el título de la partitura, superposición de ambos acontecimientos y pensada para complementarse más que subrayar la acción. El dedicatario de la misma, José Ramón Encinar junto a las voces que estrenaron la obra en Madrid, pero esta vez con nuestra OSPA en vez de la ORCAM (merece ver la entrevista en OSPATV) fueron los encargados de un excelente espectáculo sinfónico que nos devuelve lo mejor de la programación asturiana aunque sea fuera de los abonos y de los escenarios habituales, fichando como compositor residente al maño, con todo lo que supone trabajar codo con codo al creador y sus intérpretes.

El expresionismo como género artístico se concibe en toda la partitura como nueve escenas o números no siempre concidentes con la acción cinematográfica pero igualmente cargadas de emociones y ambientes sonoros desde un lenguaje atemporal con especial protagonismo de la percusión y el piano para una plantilla no muy grande donde además de metales (sin tuba), la madera presenta instrumentos extremos como flautín, clarinete bajo o contrafagot además del corno inglés, todos con intervenciones solistas y un tejido de texturas en la cuerda para ir jugando con una infinita carga de matices sobre el blanco y negro dibujando emociones, efectos avanzados para los años veinte del pasado siglo y la música por momentos contemporánea a la vez que actual, dos obras maestras discurriendo paralelas. La incorporación de la voz femenina hacia el final con la madrileña Sonia de Munck y la asturiana Mª José Suárez en perfecta simbiosis vocal de empaste, color y expresión, sin texto, amplificadas lo justo con una reverberación que ayudaba aún más a ese clima dramático en el amplio sentido de la palabra, las mismas voces que han participado en cada concierto, conforman casi una ópera visual, aportando una dimensión tan celestial como el propio triunfo del amor que ilumina pantalla y espacio sonoro.

Si percusión y viento parecen cargar con el peso, toda la cuerda (hoy con Fernando Zorita de ayudante de concertino) tejió pasajes en un caleidoscopio orgánico de variadas texturas para alcanzar dramatismo, pulsión rítmica, lirismo en los solos de Vasiliev o von Pfeil, guiños melodramáticos sin cargar tintas, dolor y amor en las dosis idóneas, todo con el dominio total de un Encinar que llevó cada fotograma sonoro de la partitura con igual exactitud que los del celuloide, dotándolo de las dinámicas precisas y el ambiente ideal pensado por un Torres que maneja la paleta sinfónica paralela a la de Murnau. Si la película sigue asombrando con la perspectiva de los años y el amor por el séptimo arte que no ha dejado de avanzar, la música no solo camina de la mano sino que puede volar independiente de la imagen aunque con ella alcance el verdadero sentido compositivo.

Las notas al programa de Álvaro Guibert son las preparadas para el estreno madrileño en el Teatro de la Zarzuela que encarga esta partitura, allá por mayo de 2009, y que se ha repetido no demasiadas veces, agradeciendo poder disfrutarla en Gijón, un placer la lectura previa y también la posterior al espectáculo que agradó a todos los presentes, toses siempre evitables, alcanzando el clímax en la explosión de parte de los parches colocados en los palcos laterales del primer piso con el redoble de caja en el escenario mientras el amor de Goethe triunfaba sobre Mefisto, el drama inmortal  donde se sigue vendiendo el alma no ya por la eterna juventud sino por cosas mucho más perecederas. Torres ha sabido captar la quintaesencia y atraparla en una partitura para la que Murnau es compañero de este viaje.

Mieres orgulloso de su Banda

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El pasado domingo 1 de mayo en el Auditorio “Teodoro Cuesta” volvimos a escuchar a la Banda de Música de Mieres esta vez con el Coro IES María Guerrero de Collado Villalba, uniendo lazos con otras agrupaciones que conforman el acerbo cultural diario de localidades que no siempre tienen acceso a los grandes auditorios a la vez que forman y encauzan aficiones. A través de coros como el de este instituto del que forman parte profesores, alumnos actuales y antiguos, padres… o bandas de música como la de Mieres que ha sacado del olvido parte de la historia local, acercando jóvenes y veteranos de varias partes de Asturias hasta la cuenca minera han vuelto a demostrar que la unión hace afición, que los valores de cooperación siguen vigentes, que el altruismo cultural sigue vigente, y además con el reconocimiento del pueblo que continúa acudiendo a sus conciertos, algo hasta hace poco considerado de extraordinario.

El coro que dirige la argentina Carina Brezzi (1967) no pretende más de lo visto y escuchado: el amor por la música uniendo generaciones y llevando el nombre de Collado Villalba y del instituto desde 2003, supongo que con todos los cambios de plantilla habituales en coros de este tipo, además del sacrificio que supone dedicar “tiempo libre”, más del que muchos se creen, a preparar repertorios como el que trajeron a Mieres, agradable, variado y con música popular de todo el mundo. Desde la Canción de cuna costera (Linares Cardozo) con acompañamiento a la guitarra del “profe de Francés” evocando la patria de la responsable coral, la gallega y triste Lela (Alfonso Daniel Rodríguez Castelao) con algunos problemas de afinación, la coreografiada por coro y público Ipharadisi, con el ritmo al cajón del citado profesor, un tema popular sudafricano agradecido de cantar y compartir, el conocido Hallelujah (Leonard Cohen) con el profesor de música al teclado (supongo que no sea su instrumento habitual) y que en Mieres han cantado varias veces el coro local que dirige Reyes Duarte, para finalizar también con el conocido y bellísimo Dirait On (Morten Lauridsen) una vez resuelto el cambio de tono anterior en el teclado. Esfuerzo plausible pero exigencia de buscar siempre calidad, así como un consejo de veterano para Carina: la tranquilidad se transmite, hay que tener claro el tono del coro antes de arrancar, y por supuesto mejor parar y comenzar de nuevo que seguir mal, decisión correcta que seguramente muchos de los presentes ni se percataron.

Por supuesto cantar con el acompañamiento de una banda es mucho mejor para cualquier coro, y así cerrarían el concierto, aunque lo comentaré más adelante.

La Banda de Música de Mieres lleva desde 1991 luchando contra los elementos por recuperar una historia que incluso ya tiene su estudio con la tesis doctoral a cargo precisamente de uno de sus componentes, el profesor, doctor en Musicología y timbalero José Ramón Vidal, y que con el murciano Antonio Cánovas Moreno (1979) está consolidándose desde su llegada al podio hace ocho años como una joven agrupación de calidad, especialmente apostando por repertorios que conjugan tradición y modernidad, madurez y futuro aplaudiéndoselo como aficionado y profesor, puesto que el mundo de las bandas tiene en esta época un resurgir global con obras adaptadas a las plantillas y que con los ensayos bien aprovechados consiguen triunfar allá donde se lleven, como sucedió este primero de mayo. Aún en mi recuerdo el anterior “concierto de primavera“, las obras de entonces resultaron más trabajadas, empastadas y hasta impactantes, asentadas y asumidas con verdadero convencimiento por todas las secciones que cuentan con solistas excelentes, dando una dimensión de grandiosidad que el público premió con merecidos aplausos.

Desde el pasodoble Marta Agustín (Pere Sanz Alcover, 1975) valenciano como la horchata y con un trompeta de postín hasta el arreglo del holandés Johan Meij (1953) de Star Wars Saga (John Williams) plenamente americano, que con la selección de números del oscarizado compositor en esa adaptación para banda por parte del holandés, referente mundial en el nuevo repertorio, los músicos de Cánovas sonaron sinfónicos. Y otro tanto podemos decir del difícil y complicado Danzón nº 2 (Arturo Márquez, 1950) en arreglo de Oliver Nickel, otro compositor a tener en cuenta como así se encargan estos directores siempre al día en obras, conocedores de la materia prima con la que trabajan, dejándonos una interpretación de calidades superlativas donde quiero destacar a la pianista y a toda la sección de percusión por ser sustento obligado del resto, haciendo ilusionarnos a todos los melómanos y seguidores de nuestra banda.

Las dos obras con el coro fueron la mejor forma de unir y confluir, el arreglo del galés John Glenesk Mortimer (1951) del tema principal de la película 1492: The conquest of Paradise (1992) del griego Vangelis (1943), con un Cánovas escrupuloso en los matices para dejar protagonismo a las voces madrileñas cuando aparecían, sin olvidar la riqueza tímbrica de la propia partitura, y sobre todo el Gospel Train (Norman Tailor), “poutpurri” de espirituales negros sencillos de cantar, excelentemente orquestados y broche sinfónico-coral que levantó de nuevo al público de sus asientos para vitorear esta fiesta musical de un día señalado en el calendario.

Solo pedirle a Ramón Hernández, presidente de la AMAM, que sus notas podrían acompañarse como programa, evitando sus largas exposiciones de presentación de temas y formación (por otra parte sí incluidas en unos programas poco manejables pero completos).

Cine mudo pero con música

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Sábado 3 de octubre, 12:00 horas. Fundación Juan March, Madrid: Conciertos del Sábado, Ciclo “Clásicos del cine”. Improvisar para películas mudas, Javier Pérez de Azpeitia (piano). Entrada gratuita.

La oferta cultural de la Fundación Juan March es encomiable y la música tiene un lugar especial en ella. Durante el mes de octubre se programa un ciclo interesantísimo y personalmente me llamaba la atención acudir a este primer concierto por mi breve relación con el tema. 1982 además del Mundial de Fútbol que tuvo sedes en Gijón y Oviedo también fue año del centenario del cine y además de un Mundial Cultural, un incondicional del séptimo arte como Isaac del Rivero tuvo la idea de hacer un ciclo de películas mudas con acompañamiento al piano en vivo en el salón de actos de la Feria de Muestras, donde tuve la suerte de participar alternando proyecciones con mi recordado Antolín de la Fuente, básicamente películas cómicas de La Pandilla, Keaton, Lloyd o el genial Charlot, pero también La salida de los obreros de la fábrica (Lumière), La casa encantada (Segundo de Chomón) como homenaje al cine español e incluso El gabinete del Doctor Caligari (Wiene), alternando cortos y largometrajes.

Mi experiencia fue increíble y sin visionados previos, pero sirvió para que años después pudiese poner música en directo a La aldea maldita de Florián Rey con el maestro Luis Miguel Ruiz de la Peña al violín en el Ateneo Jovellanos, ya preparando motivos y temas específicos adaptados al trascurrir de la acción. Como mierense repetí en el Teatro Jovellanos invitado por el director de la Filmoteca de Asturias Juan Bonifacio Lorenzo Benavente, Boni para todos, en la proyección y recuperación de la película Mieres del Camino (Juan Díaz Quesada), un acontecimiento que aún recuerdo. Mis únicas referencias eran las “bandas sonoras” añadidas en las proyecciones, muchas con órgano, alguna actualizada como Berlín, sinfonía de una gran ciudad con música de Pegasus, y algunas con orquesta original como Alexander Nevski o Iván el terrible (Eisenstein) con música de Prokofiev, Nosferatu (Murnau) o Metropolis (Lang) incluyendo la “revisión” de Giorgio Moroder, que a lo largo del tiempo he podido revivir como espectador.

El pianista y profesor Javier Pérez de Azpeitia no solo puso la música en vivo a cuatro películas que pudimos disfrutar en pantalla grande sino que también disertó sobre el papel de la improvisación, con todo lo que ello supone, así como la subjetividad, y hasta la forma de trabajar sobre las músicas, algo de agradecer en un mundo recuperado pero no lo suficientemente difundido, por lo que este concierto era impresindible para mi.

La casa encantada (1907) de Chomón, además de una joya de efectos especiales para su época, fue la primera en desgranarse al piano por parte del maestro y hasta de pormenorizar su explicación posterior. Los guiños del piano en perfecta sincronía con la imagen, los motivos tétricos y hasta cómicos por momentos fueron la perfecta banda sonora.

El arranque de Tartüff (1925) de Murnau supuso todo un paso adelante en dificultad y extensión, música específica, original de Giuseppe Becce, y muy trabajada en sonoridades y expresión para una película adaptada o de inspiración teatral, como tantas de su época y que aún continúa pasando casi cien años después.

El toque satírico más que de humor lo puso La princesa de las ostras (1919) de Lubitsch, la música al piano del intérprete vasco el resto, perfecto, acertado en la elección de cada fragmento, variaciones sobre la Marcha Nupcial de Mendelssohn en el mejor estilo improvisatorio (y muy estudiado) y cada situación de la narrativa visual al detalle musical de ritmo infatigable como el propio fox-trot del baile nupcial. El regusto global es premio para el tándem cine-música que siempre han permanecido unidos y algunos compositores se atrevieron a ponerle música propia.

Interesante también la moda de películas inspiradas en zarzuelas, verdaderos éxitos del momento, como Curro Vargas (1923) de José Buchs donde no podían faltar motivos originales de la partitura de Chapí adaptados como el propio discurso cinematográfico, los aires de farruca o la recordada melodía “Soledad mía” del protagonista asociada a cada aparición pero sutilmente moldeada por Pérez de Azpeitia. Con un piano no puede sacarse más partido a una película donde el referente original es eso, recreado para la proyección.

Todo un clásico “de miedo” para finalizar como el Nosferatu (1922) de Murnau, cercano a las composiciones actuales como la de Sánchez Verdú sin perder la idea espacio-temporal de la época y el argumento, con la propia limitación de un instrumento que engrandece la proyección. Bravo por esta banda sonora (Hermann) en directo, única e irrepetible que se podrá volver a escuchar hasta el 4 de noviembre en los audios que la propia fundación coloca en su web, música pura desgajada de las imágenes para la que sonó pero igualmente bellas.

Candás, la Banda de Música y mucho más

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Lunes 8 de diciembre, 12:30 horas. Candás, antigua Fábrica de Ortiz, Concierto de Santa Cecilia 2014: Banda de Música de Candás, David Möen (director).

Dicen los de Luanco por eso de la rivalidad vecinal, que “En Candás, el Cristo na más… y si me apures un poco, el Cristo tampoco”, pero este lluvioso lunes festivo la oferta musical de la capital del concejo de Carreño era completa, por la mañana música de película y por la tarde zarzuela asturiana “El rapacín de Candás”, recuperada tras 150 años, a la que dedicaré otra entrada en el blog.

De la Banda de Música de Candás que preside José Miguel Carrera y dirige el Maestro Möen sólo puede escribir cosas buenas, desde una trayectoria que mantiene el perfecto equilibrio entre juventud y veteranía con una calidad musical de primera. Aunque el recinto elegido nos resguardaba de la lluvia no lo hacía del frío (y no están las economías para poner cañones de aire caliente con el precio que tiene la luz), pero a su favor una acústica excelente que facilitó poder degustar el amplio repertorio de música, casi toda de cine, que sonó realmente de película, con una percusión donde además de bombo, caja, platillos o timbales se sumó el “glockenspiel” (carillón o lira, que así se llama también al instrumento de láminas de metal), así como la gaita asturiana para Horner y su Braveheart.

También me gustó ver los retratos de Alfredo Menéndez, especialmente los del fondo de Pedro Braña, un enorme músico que tiene calle en su Candás natal y en su Sevilla adoptiva, con el de “Pipi” Antuña, muchos años director de esta banda a la que escuché en El Paseín del otro lado de la pared y en la plaza de La Baragaña muchos veranos de mi infancia y adolescencia, escoltando una foto de “su” banda que preside la nave. Abajo a la derecha también está el retrato de Sarita Pascual, pianista y organista de la Iglesia de San Félix con quien compartí muchos años de amistad, aunque de ella tendré que escribir largo y tendido junto a la “Escolanía de Candás”.

La conocida marcha de Sousa Washington Post que muchos asociamos como sintonía deportiva, calentó a público y músicos, marcial, potente, enérgica, poderío de los metales, gusto en maderas y percusión siempre acertada, antes de seguir con una selección de músicas de las películas de Walt Disney donde no faltó el deshollinador de Mary Poppins. Pronto vendría el “bloque Williams” para solaz de grandes y chicos que casi llenaron este local con recuerdos pesqueros de una villa marinera, deportista, olímpica y muy musical.

Me maravilló su gran plantilla que nos deleitó con unos arreglos para banda realmente exquisitos y además perfectamente interpretados, con sonoridades sinfónicas, un empaste y afinación admirables. Cierto que John Williams es el gran compositor del siglo XX con partituras en nuestra memoria auditiva que trascienden la pantalla, por lo que su música siempre nos toca la fibra, aunque El señor de los anillos no sea suya sino de Howard Shore, pero tampoco se quedó atrás el citado James Horner, gaita asturiana mejor que la original escocesa, dejando para el final dos obras asturianas, La Rapacina (Enrique Reñé), una fantasía asturiana plenamente pensada para banda y el fragmento de las Escenas Asturianas del no suficientemente reconocido Benito Lauret donde al final mezcla nuestro oriental y hermoso baile del “Pericote” llanisco con el himno “Asturias, patria querida” de tal maestría y dominio de la paleta orquestal que, como con Williams, suena perfecto tanto en sinfónico como en la formación bandística.

Un placer comenzar el día con música de cine bien tocada, contagiando esos finales épicos, espectaculares manteniendo una calidad en esta formación candasina que nos hace ser optimistas y pensar en un renacer de las bandas de música más allá de cantera para otras formaciones. El pueblo las siente más cercanas y propias, por lo que el apoyo en casa nunca falta. Añadir que se incluyó antes de los temas asturianos una selección de los temas que John Williams escribió para las películas de Indiana Jones, convirtiendo al laureado compositor norteamericano en el protagonista de este concierto recordando a la patrona de los músicos, con buena compañía.

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