Inicio

Cimientos musicales solidarios

Deja un comentario

Viernes 2 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto SolidarioDía mundial del Cáncer”. Lola Casariego (soprano), Francisco J. Sánchez (tenor), Gianpaolo Vadurro (piano), Coro y Orquesta de la Universidad de Oviedo, Coro “Bloque al canto” del Colegio de Aparejadores de Asturias, Pedro Ordieres y Joaquín Valdeón (directores). Donativo: 15 €.

No solo en tiempos de crisis, aunque parezcan peores, es habitual encontrarnos con actos solidarios para recaudar fondos destinados a todo tipo de necesidades. La música siempre mueve públicos de todo tipo y la lucha contra el cáncer también, pues rara es la familia que no ha tenido cerca esta enfermedad contra la que seguir luchando, más ahora que ha dejado de ser sinónimo de muerte aunque siga sumiéndonos en tristeza o pesimismo, algo contra lo que la AECC lleva décadas trabajando. Su Junta Provincial en Asturias trajo este primer viernes de febrero la música para celebrar el “Día mundial del Cáncer” en el Auditorio de Oviedo como recordó en la presentación mi querido amigo el televisivo Laude Martínez, esa lucha sin bajar la guardia que podemos hacer extensivo a la música no ya como terapia contra todo dolor sino también como perfecta herramienta solidaria en este edificio nacido para ella donde también se han celebrado congresos, exposiciones y todo tipo de eventos no siempre solidarios, cuestionándose ahora la seguridad después de veinte años.

Agradecer las colaboraciones de la Universidad de Oviedo, del Ayuntamiento o de El Corte Inglés para adquirir las invitaciones incluso de fila cero para ayudar a mantener la batalla contra el cáncer, porque investigar cuesta dinero al igual que estudiar música, algo imposible en nuestro país hace años pero que tristemente vuelve a descuidarse en los presupuestos, por lo que el donativo de 15 euros sabe a poco para esta causa donde se nos ofreció un concierto con artistas de casa y solidarios, como la profesión o afición que han elegido, cuyo arduo trabajo, casi siempre invisible, no tiene más recompensa que el aplauso. Y celebraciones siempre con la música, también asturiana solidaria y desde el corazón de todos.

De los intérpretes quiero comenzar citando a la soprano ovetense Lola Casariego, cuya trayectoria sigo desde finales de los 80 (conservo tres casetes grabadas desde la tele con el Acis y Galatea de Literes) cuando dio el salto desde la cuerda de segundas del Coro Universitario, hoy también presente, para comenzar una carrera de fondo dura e imparable, donde ha tenido que redescubrirse hasta llegar a este 2018 plenamente asentada con un trabajo para el que no hay vacaciones ni todos los contratos deseados. Con ella nuestro “hijo adoptado” más que adoptivo Francisco J. Sánchez, un habitual del Festival Lírico del Campoamor donde hemos podido disfrutarle como tenor (no me gusta la etiqueta de actor cantante porque todos los cantantes deben actuar y los actores cantar…) en títulos como La Marchenera, El Terrible Pérez (2016) y especialmente el Maharajá (2017) cuyo escanciado y asturianía (amén del “puto yoga”) le valió mi bautizo como ATA (Adoptado Tenor Asturiano) al querido Paco que sigue ganando repertorio y color vocal.

A esta pareja de solistas le tocó abrir concierto, cimentar una velada para todos los públicos y gustos
con acompañamiento de piano, alternando soprano y tenor obras variadas desde la canción de concierto a la ópera pasando por la zarzuela hasta la opereta, que paso a desgranar.
La bella página A Chloris de Reynaldo Hahn no puede faltar en un recital de Lola porque la hace suya, aperitivo ideal antes de Le violette (Alessandro Scarlatti), “canzonetta” o aria antigua de la ópera “Pirro e Demetrio”, habitualmente interpretada por soprano pero válida para cualquier voz con Paco defendiéndola con solvencia, ampliando repertorio y registros, de agilidades bien resueltas y proyección suficiente.
El aria Ecco l’orrido campo de “Un ballo in maschera” (Verdi) pienso que no fue buena elección entre el amplio repertorio operístico que la ovetense tiene, más por color que tesitura esta Amelia, incómoda igualmente, y con un piano inseguro que no la ayudó finalizando el “Miserere” calada. De la conocida Jota de Falla por parte del tenor madrileño podría comentar lo mismo, el pianista venezolano perdido en el acompañamiento (el único original de la velada), supongo que por no tratarse de la versión aguda (soprano o tenor) sino de mezzo / barítono, registro más grave que no proyecta como un tenor aunque “la despedida” fuese auténtica haciendo mutis por la puerta lateral.

Mucho mejor las siguientes apariciones por parte de los tres, la Santuzza de “Cavalleria rusticana” (Mascagni) parece compuesta para Lola Casariego que mantiene el color y dominio grave de mezzo con las agilidades de este rol, por lo que el aria Voi lo sapete, o mamma brilló con el dramatismo requerido al que Vadurro también colaboró. Y Francisco J. Sánchez sí pudo ser el Leandro de mi tocayo Sorozábal cuya zarzuela “La tabernera del puerto” volveremos a disfrutar en junio para cerrar las bodas de plata del Festival Lírico ovetense. La romanza No puede ser es tan exigente o más que muchas arias operísticas, Paco la lleva en la sangre y el trabajo en la dirección correcta le ha permitido cantarla cómodo, fiel a la partitura sin respiración alguna en el final, afinado y convincente sin buscar excesos que pueden ser tan perjudiciales como el tabaco. Zarzuela de nuestra historia y tradición con páginas imperecederas, bien sentida por Lola que brilló en Sierras de Granada de “La tempranica” (Giménez), demostrando rigor, honestidad y entrega máxima, luciendo ambos una virtud que parece perderse muy a menudo como es la exquisita vocalización de cada romanza.

Y qué mejor que el dúo de “La Dolorosa” (Serrano) para reivindicar nuestro género, papeles de Dolores y Rafael perfectamente dramatizados en escena con el piano en reducción orquestal, intimismo y emoción para lograr transmitirla a un público ya entregado a esta pareja.

Todos deberíamos presumir de nuestra música, genuinamente española y llamar a la opereta “la zarzuela vienesa”, pues eso es entre otras “La viuda alegre” (Lehar) cuyo conocidísimo dúo Lippen Schweigen por parte de Paco y Lola (con piano) ni siquiera necesitó cava o sidra champanada para imaginar y compartir desde nuestras butacas el ambiente de salón en escena, elegancia, saber estar y final ideal para esta primera parte.

La segunda parte sería universitaria con refuerzo de aparejadores para finalizar un edificio solidario y sentido, primero la Orquesta Universitaria que continúa formación y ensamblaje en este su primer curso académico con Pedro Ordieres al frente, y tras su presentación navideña con Händel más los asturianos Ordás y Martínez, tocaba retomar pulso con el siempre festivo Haydn en este primer viernes preparando Carnaval y Cuaresma, lo profano y lo religioso conviviendo como la propia vida y la música, para seguir engrasando, empastando, completando sonoridades y entendimiento. “Junior”, como llamo cariñosamente a Pedro, hijo menor de Alfonso Ordieres Rivero que fundase esta orquesta en 1979, pionera entonces (y de momento el último de la saga), conoce este repertorio desde crío, así que elegir la última sinfonía de Papá Haydn, la número 104 en re mayor, no es casual. Sus cuatro movimientos bien diferenciados permiten trabajar cada sección para ir armando esta construcción musical, verdadero edificio sinfónico al que generaciones posteriores siempre han mirado, compositores y formaciones, así que la dirección de los universitarios es correcta, de menos a más con detalles que incluso las orquestas profesionales tampoco solventan satisfactoriamente, quedándome con el “Finale Spiritoso” como meta y objetivo por otra parte lógico y literal como la indicación del aire. No se puede pedir más en menos tiempo.

Y tenía especial interés en volver a escuchar el Stabat Mater Speciosa de Gabriel Ordás (Oviedo, 1999) estrenado en la Catedral el pasado 18 de diciembre contado por mí desde las mismas páginas de La Nueva España que también publican la crónica de este, y que en el blog dejé entonces idéntica para publicarla después que la prensa, aunque esta vez quise alargarme mucho más con la libertad de no limitarme espacio y poder añadir vínculos (links) que siempre enriquecen.

Sumando esfuerzos y sonoridades a la Orquesta Universitaria llegaría el relevo en el podio con Joaquín Valdeón y “sus” dos coros, el Universitario más el de Aparejadores, Bloque al canto cual metáfora musical para un concierto construido con los mejores materiales para crecer en altura, disfrutando nuevamente del Stabat Mater de Ordás. Volver a recordar su edad ¡18 años! pero de una hondura diría fuera de esta época, atemporal y nada casual, fruto de una formación humanística sumada a un talento innato acrecentado por un inspirador trabajo incansable con todos los apoyos familiares y profesionales. Cada obra es admirable y su capacidad compositiva envidiable, esperando volver a escuchar otro estreno este mes con la OSPA (el 22 en Avilés y el 23 en Oviedo con Milanov dirigiendo Onírico). Stabat Mater Speciosa, imagen de la Virgen no dolorosa con su hijo muerto sino con el Niño triunfante y dulce, como sonó de nuevo con un coro reforzado y una orquesta un poco corta en plantilla pero dando su dimensión real, auditorio mejor que catedral con trampa y cartón acústicos por engañosos al oido, esta vez en el espacio pensado para la música, ya trabajado e interiorizándose aún más por parte de todos, con mayores dinámicas plenamente asentadas donde se agradeció el aumento vocal aunque se pierda color, y necesitando más efectivos de cuerda para una plantilla con amplia percusión más órgano, que pese a ello consiguió los balances ideales para unas melodías bien construidas capaces de emocionar cantando en latín.

La vida sigue dándonos regalos, cada día uno, con belleza, calidez, esperanza, solidaridad, esta vez contra el cáncer pero que nunca nos falte, seguir luchando sin desfallecer, sin bajar la guardia, sea en cualquier faceta, con la música como la mejor terapia y motor vital, el mismo ímpetu juvenil que el de este primer viernes de febrero.

Anuncios

Siempre progresando

Deja un comentario

Lunes 29 de enero, 20:00 horas. RIDEA, Oviedo: La Castalia, Concierto de Clausura Curso de Repertorio Vocal. Manuel Burgueras (piano), Begoña García-Tamargo (directora artística y profesora de canto). Inés de Arvizu, Nora Chena, Canela García, Carla Romalde y Janeth Zúñiga (sopranos), Nerea González, María Heres (mezzosopranos), Adrián Begega (tenor), Ricardo Barrul, Pedro La Villa (barítonos).

Oviedo sigue manteniendo, a pesar de los recortes económicos, una tradición cultural y musical de muchos lustros donde la lírica forma parte de su propia historia y la de toda Asturias, con una temporada de ópera estable desde 1948, siendo la segunda más antigua de España, más la no siempre querida zarzuela que este año alcanza sus bodas de plata en el llamado Festival de Teatro Lírico Español, de nuevo con solo dos únicas funciones pero manteniendo con el titular madrileño la única oferta permanente de nuestro género por excelencia. Por todo ello es lógico pensar que la afición al canto haya surgido de forma espontánea en nuestra tierra, se hayan formado cantantes que estamos exportando a coliseos no solo europeos sino sudamericanos y hasta orientales, siendo consecuencia de ello que también figuremos como objetivo no ya en la programación, igualmente necesario, sino también en la formación, esa que nunca finaliza.
La Castalia apuesta por formar nuevas voces en unos cursos que sigo hace años, y sus conciertos finales suponen no ya la prueba de fuego necesaria para todo cantante sino el escaparate donde ofrecerse para proyectos de todo tipo. Su directora artística y profesora Begoña García-Tamargo hizo una defensa de nuestras voces, pidiendo les den más peso en los repartos, así como una encendida apuesta por la zarzuela en Oviedo, plenamente exportable y poco defendida sin entrar en detalles ni responsabilidades, que haberlas haylas.

Este nuevo curso traía diez voces variadas con dominio de las mujeres, sobre todo sopranos (cinco), casi todas conocidas y disfrutando de un repertorio que siguen aumentando “hecho a medida” por y para cada una de las voces, todas distintas e igual de sacrificadas, eligiendo 23 páginas, todas ellas con el maestro Manuel Burgueras al piano, esfuerzo titánico también para él y seguro para todos por confianza y dominio de este repertorio con arias de óperas barrocas, belcantistas, Mozart siempre necesario y hasta contemporáneas junto a varias canciones llamadas de concierto en distintos idiomas igualmente necesarios para una educación permanente donde los avances mostrados por muchas de ellas desde el verano pasado o el anterior curso de noviembre, se notaron muchísimo.
Alumnado muy aplicado de distinto nivel inicial que trajeron como examen final un variado programa para un público que volvió a dejar pequeño el Palacio de los Condes de Toreno. Con leves cambios en el orden de intervención o de las obras, iré desgranando con leves comentarios y fotos de estas voces que ya comienzan a sonar fuera de nuestra tierra.

La mezzo María Heres está asentándose en un repertorio barroco que le va bien y abriendo velada con el aria Ombra fedele anch’io de “Idaspe” (R. Broschi) continuando el barítono Ricardo Barrul con Avant de quitter ces lieux de “Fausto” (Gounod) antes de retomar el orden que figuraba, casi aperitivos de sus posteriores intervenciones, pues Heres volvería avanzado el concierto con Vivaldi y Agitata de’ venti dall’onte de “Armida” y casi al final su incursión con el Rossini de “L’italiana in Algeri” y su Cruda sorte que le va muy bien por color, registro, agilidades ya trabajadas con el barroco, ampliando épocas siempre bien orientada.

El turolense Barrul sería quien cerraría velada con Mein Sehnen mein Währen de “Die tote Staadt” (E. W. Korngold) de voz que va tomando cuerpo en dos repertorios tan distintos como el romanticismo francés y el expresionismo alemán, mostrándose cómodo en ambos, notando clara mejoría desde su anterior visita.

De voz joven y capacidades por descubrir pero con un salto de calidad desde mi anterior escucha, la soprano mexicana Janet Zúñiga comenzó con Ridente la calma (Mozart) y Tornami a vagheggiar de “Alcina” (Händel), asentándose con desparpajo, afrontando agilidades sin miedo demostrando una capacidad de trabajo digna de elogio, ganas de aprender y avanzar que debemos aplaudir.

El barítono Pedro La Villa necesita soltarse físicamente, pues además de cantar se debe interpretar, escenificar, y Deh, vieni alla finestra del “Don Giovanni” mozartiano fue muestra de ello, no transmitió esa ronda a la amada, como tampoco el dolor de Finzi y la bellísima canción con texto de Shakespeare Come, away, come away, death, puede con ellas pero el siguiente paso es sentirlas, interiorizarlas y transmitirlas. Voz tiene para eso y más.

Tengo un cariño especial al Tríptico de canciones de Jesús García Leoz que tantas voces han llevado al disco y los escenarios, verdadera marca española para voz y piano que Burgueras siempre ha bordado y la soprano Canela García interpretó vocalmente faltando ese plus de vivenciarlas. Hasta los títulos son inspiradores, Por el aire van pide suspirarlo, De Cádiz a Gibraltar pasando por el puerto de Málaga invita al taconeo y A la flor, a la pitiflor unas olivas con picardía y salero.

Jugando con colores vocales dentro del recital prosiguió la mezzo Nerea González con dos páginas italianas que dominó sin problemas de extensión, expresión, idioma o sentimiento: Confusa smarrita de “Catone” (Pergolesi) y O notte, o Dea del misterio (N. Piccini), voz con aplomo y un registro grave que promete por color y emisión. Tomo nota para seguirla pues era “nueva en mi memoria”.

El nivel iba aumentando y llegó el turno de la soprano ferrolana Carla Romalde (1993) con una de las arias más bellas y difíciles del belcantismo, Eccomi in lieta vesta… Oh quante volte de “I Capuleti e i Montecchi” (Bellini), emoción y gusto en una paleta amplia, generosa, con agudos naturales y desenvoltura expresiva que el piano de Burgueras aún le sumó enteros, demostrando que la formación no acaba y los repertorios crecen con el trabajo bien enfocado.

El tenor asturiano Adrián Begega optó por dos de las nueve “Songs of Travel” de Vaughan Willliams, Let Beauty awake y The roadside fire, bien cantadas aunque suenan mejor en otros registros y faltas de la emoción que sí tuvo con Lalo y el aria de “Le roi D’Ys” Puisqu’on ne peut fléchir… estando cómodo en ambos idiomas y con un color personal que sigue moldeando.

A la soprano Nora Chena puedo incluirla en la terna de “sopranos de otra liga” (con la ya comentada Romalde y Arvizu que será la siguiente) en cuanto al nivel y repertorio trabajado así como unas tablas que el tiempo y la experiencia suman a su favor. La vitoriana también escuchada en verano cantó el aria de Asapassia Nel grave tormento de “Mitridate re di Ponto” (Mozart) corroborando la engañosa facilidad de estas arias, agradecidas de escuchar y un tormento de trabajo que la soprano solventó con profesionalidad, y Goizeko eguzkiargiak (Los cielos me darán la luz) de “Mirentxu” (Guridi) que parecen ser exclusiva de quienes dominan el euskera como la propia soprano, aunque las melodías de su paisano siguen siendo universales.

Punto y aparte merece la abogada y soprano pamplonesa Inés de Arvizu que nos dejó tres muestras de su capacidad, técnica sobrada para una voz que se muestra cómoda en partituras tan distintas como las que remató más que preparar en este curso, dada la dificultad de todas: Ach, ich fül’s, es ist verschwunden, la Pamina de “La flauta mágica” (Mozart), Come, now a roundel de “Sueño de una noche de verano” (Britten) y Piangerò la sorte mia de “Giulio Cesare” (Händel), tal vez buscando probar y acertar en la elección donde las sensaciones son siempre muy personales. Impecable en las tres me decanto por el inglés sentido y poco agradecido para tanta belleza condensada en esa página con un piano orquestal y la voz entendidos como un todo.

De nuevo mis felicitaciones a La Castalia por seguir formando y enseñando valores líricos, así como a estas voces cuya pasión por el canto espero les permita vivir haciendo lo que más les gusta y poder disfrutar con ellas. No hay mayor satisfacción que encontrarse con los años figuras a las que vimos arrancar y formarse triunfando ya por el mundo.

Emociones contadas

1 comentario

Domingo  26 de noviembre, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de Cámara: Asociación Cultural “La Castalia”, XVI Curso “La Voz en la Música de Cámara”. Concierto de clausura en homenaje a la memoria de Olga Semushina. Entrada libre.

Significado según nuestra Real Academia Española de la Lengua de la palabra emoción (del lat. emotio, -ōnis): 1. f. Alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa, que va acompañada de cierta conmoción somática.
2. f. Interés, generalmente expectante, con que se participa en algo que está ocurriendo
.

La vida es puro aprendizaje, el trabajo otro tanto y no hablemos de la música donde nunca se termina de aprender y descubrir. Entendamos todo como pura emoción en cualquiera de las dos acepciones de la RAE, sea leer, escribir, escuchar… Y no es lo mismo “contadas emociones” por escasas y excepcionales que “emociones contadas”, lo que pretendo desde aquí y algo que en el mundo de la música se intenta hacer continuamente.
Emociones contadas y cantadas, emociones exteriorizadas o interiorizadas, emociones individuales y compartidas, colectivas por la magia de la música pero siempre emociones. Emoción hubo en un concierto final de curso que dejó pequeña la sala de cámara más allá de descubrir nuevas voces, hacer un seguimiento de las conocidas o escuchar dos estrenos. Emoción en quienes se sumaron al recuerdo y homenaje de una amiga, maestra, intérprete, compañera o esposa.

Emoción colectiva con todos los participantes escuchando las palabras de Begoña García-Tamargo, directora artística de “La Castalia“, emocionada por la amiga y compañera, emoción contenida con la música de Beethoven con el Adagio de la sonata en la mayor grabada por Olga Semushina con su marido Vladimir Atapin al cello, verdadero homenaje escuchado por todos con esa alteración del ánimo penosa e interpretada cual vida eterna de una música que nos mantendrá siempre vivos, ejecutada por ese matrimonio roto por una enfermedad contra la que luchó hasta el final, tristemente orgulloso de disfrutarla un poco más de lo diagnosticado.

Conmoción somática la de todo intérprete al salir al escenario con distintas reacciones interiores: cosquilleo, nervios, bloqueos, rigidez… emociones que todo músico conoce pero no siempre controla, cursos de idiomas porque la palabra cantada siempre debe ser escuchada, trabajo de repertorio de cámara que exige emocionarse cantando y emocionar al oyente, transmisión unívoca cuya respuesta llegará con el aplauso. La música de Fauré o Rodrigo, Guastavino o Tosti, Vaughan Williams o Barber, Hahn o Wolf con poemas emocionantes en su lectura pero aún más trascendentes con sus notas, inflexiones y el ropaje del piano, diálogos donde la música complementa la palabra. Emociones del lenguaje tan difícil y distintas en francés o castellano, alemán o inglés pero igual de exigentes para noveles o veteranos. Las sopranos Carla Romalde, Janeth Zúñiga, Canela García o Cristina Suárez, el barítono Pedro La Villa y el tenor Adrián Begega, la mezzo María Heres (me encantó el acento argentino en su su sentida Pampamapa) y la siempre querida soprano ferrolana Patricia Rodríguez Rico que no podía faltar en este homenaje de emociones (impactante y cómplice con el piano en el emocionante poema alemán que es Befreit de R. Strauss) y de estrenos

Búsquedas interna de la voz y el color, elección del repertorio, trabajo de interiorización y el examen constante del público, una vida cantada y no siempre contada. Manuel Burgueras al piano como profesor de estos repertorios llevando cada voz por el camino correcto o guiando a los demás pianistas como Yozhuan Chávez acompañando a Zúñiga o Alma González (con Heres) quien se sumó con un minuto de música al homenaje emocionado e individual de alumna a maestra, Angelico (1959) el primer número de “Música callada” (Mompou) con una rosa blanca sobre el negro barniz del Steinway.

Emoción compartida desde la propia interiorizada de Gabriel Ureña, empatía de cello y dolor con el piano de Patxi Aizpiri en el Andante de la Sonata op. 19 de Rachmaninov, los rusos que sentimos asturianos, intérpretes y compositores, abrazo sin palabras al amigo y compañero Atapin recordando a “la Atapina” con la música que llega donde la palabra no, precisamente en un concierto con la voz de protagonista donde el violonchelo es lo más parecido a ella, verdadera Vocalise capaz de hacernos vibrar con cada cuerda y más con el sentimiento transmitido desde lo más íntimo.

Qué mejor homenaje que estrenar una obra, trabajada además por cuatro de estos alumnos como broche de otro curso, y Gabriel Ordás (1999) que sigue creciendo en todos los sentidos y estilos, nos regalaba “A Dafne“, fantasía para cuarteto vocal y piano con el texto del Soneto XIII de Garcilaso de la Vega. El relevo en el piano lo tomaría hasta el final la ucraniana afincada en Asturias Yelyzaveta Tomchuk, coprotagonista de este estreno junto a Patricia RodríguezMaría HeresAdrián Begega Pedro La Villa que emocionaron con ese soneto musicado exigiendo a cada solista entrega, técnica y solidaridad en el canto, matices con registros amplios y empastes buscados, intimismo camerístico y tensiones con piano recreando la letra desde la voz. Habrá quedado registrado por las muchas cámaras y grabadoras, a cuyos propietarios vendría bien hacer un curso para fotógrafos en conciertos, cómo comportarse sin molestar, el saber estar en cada momento tan importante para todo en la vida.

El segundo estreno vendría de Pablo Moras (1983), recientemente galardonado con el premio de la SGAE Carmelo Alonso Bernaola de jóvenes compositores, y su obra con texto de Xuan Bello “No Escuro” para coro mixto con piano, el propio compositor y director de la Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo con Lisa Tomchuk, emociones a flor de piel y emociones cercanas al lujo por poder interpretar una obra nueva dirigida por el autor, asistir en todas las personas, primera, tercera o segunda, singular o plural a la amplia gama de matices y colores emocionales de todo tipo con una obra actual cercana como el homenaje común a Olga desde la voz, solista o en coro.

Y sumándose a la Capilla algunas de las alumnas nada mejor que la alegría de un musical tan conocido como West Side Story (L. Bernstein) en un arreglo con piano de Len Thomas que redimensiona el original a coro, números de Tony por las voces graves, de Maria por las blancas, y el empuje coral conjunto bien compenetrado con el piano por un coro algo corto en hombres (endémico en casi todos) pero convincente, entusiasta y emocionado a la vez que emocionando.

No se podía pedir más, aunque Atapin volvió a dar las gracias a todos, orgulloso con la placa que le entregó “La Castalia” de manos del presidente y amigo Santiago Ruiz de la Peña, tras la foto final con todos los profesores, alumnos e invitados a este homenaje emotivo, porque de bien nacidos es ser agradecidos.

¡Qué padre!

2 comentarios

Viernes 10 de noviembre, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Javier Camarena (tenor), Guadalupe Paz (mezzosoprano), Oviedo Filarmonía, Iván López-Reynoso (director). Arias y dúos de ópera.

La Academia Mexicana de la Lengua define la expresión, derivada del español, padre ‘muy grande’, adjetivo que significa muy bueno, muy bonito, estupendo, admirable (por ejemplo, esa muchacha está padre). Se usa también en aumentativo: padrísimo, padrísima. Personalmente la escuché a nuestra “hija mexicana” tras una ruta asturiana donde no faltó la gastronomía con ese significado de “qué bueno” y así quería titular esta entrada donde mi “México lindo y querido” hermano tuvo todo el protagonismo lírico de este viernes que recordaremos todos los aficionados a la ópera, que en Asturias somos muchos, rendidos ante un espectáculo de buen hacer.

Trío de artistas mejicanos encabezado por el tenor del momento, un Javier Camarena de canto natural y espontáneo en todo lo que hace, pareciendo fácil lo difícil, además de emocionarnos, empatizar, disfrutar de nuestra tierra y desplegar una línea vocal que todavía le dará muchos más éxitos en una carrera a la que no vislumbramos punto final. Con él una mezzo de las que hay pocas en la actualidad como Guadalupe Paz, de registro amplio y homogéneo, bello, carnoso con una musicalidad notable; y el director Iván López-Reynoso que completó una velada irrepetible, sacando de la Oviedo Filarmonía todas sus cualidades demostradas hace tiempo en el foso del Campoamor elevándolas al auditorio, con entendimiento total, tanto en las oberturas como en los dúos y arias de sus compatriotas (algo tiene México para las voces), sonoridades redondas, dinámicas amplias adecuadas a los cantantes, y una plantilla levemente reforzada que redondeó una velada musical de altura hasta las once de la noche.

La primera parte trajo el belcantismo en estado puro donde el xalapeño Camarena es reconocido mundialmente, comenzando con Donizetti y la obertura de su “Anna Bolena” o el Povero Ernesto… Cercherò lontana terra… de “Don Pasquale“, destacando con el trompeta solista, y antes un Bellini igualmente presente en el entregado Romeo È serbato questo acciato de “I Capuleti e i Montecchi“, y por supuesto el irrepetible Rossini cambiando al conde Ory por el Ramiro de “La Cenerentola” previsto para cerrar de agilidades impecables, limpias, cantando mentalmente un coro que hubiera sido completar espectáculo, pero dejando de final su aclamada “Aria de los 9 do de pecho“, Ah! mes amis de “La hija del regimiento” para éxtasis de los aficionados en un francés perfecto. Intentar expresar con palabras lo escuchado en el auditorio ovetense es difícil porque cada aria en la voz de Camarena es un placer auditivo y una lección de canto, sutileza, musicalidad, seguridad total, estando arropado por una orquesta plegada al tenor donde el director de Guanajuato se mostró dominador del siempre difícil arte de la concertación amén de captar la intención de cada compositor, dejándonos una obertura de Il turco in Italia excelente. De las calidades y cualidades del tenor remito a las notas al programa “Cita con el bel canto” de mi tocayo Meléndez-Haddad buen conocedor de la trayectoria del mejicano al que ha disfrutado muchas veces en distintos escenarios mundiales.

Pero no me olvido de “Lupita tijuanense” porque Guadalupe Paz me sorprendió gratamente desde su primera aria de “La donna del lagoTanti affetti in tal momento… Pra il padre rotunda y bien cantada así como el dúo semiactuado con “Ramiro” Camarena Tutto è deserto… Un soave non so che de la Cenicienta rossiniana arrebatadora desde la inocencia de un rol difícil de cantar como lo hizo la mezzo mejicana.

Tras la generosidad vocal de la primera, la segunda parte aún resultaría más pletórica si cabe abordando distintos páginas grandiosas de la ópera por parte de todos los intérpretes, con la sabrosa pincelada donizettiana del dúo de “Maria Stuardo” Era d’amor l’immagine

El francés Berlioz y su obertura op. 21 Le corsaire ágil, limpia y contrastada por la OFil con López-Reynoso prepararon el ambiente para el “Werther” de Massenet con Guadalupe Paz interpretando la conocida aria de las cartas Qui m’aurait dit la place… y Javier Camarena un Pourquoi me réveiller que me hizo reencontrarme con una línea de canto única casi olvidada, matizada, bien fraseada y la sensación de plenitud sin arrogancias ni esfuerzo aparente. Dos números grandiosos antes del encuentro verdiano.
La obertura de “Nabucco” resultó gratificante en su interpretación bien dibujada por el maestro mejicano y respondida al detalle por los músicos de la filarmónica local, todas las secciones bien ensambladas destacando unos trombones orgánicos y una cuerda tersa, presente y clara antes de llegar al “fin de fiesta” de Camarena y Paz para deleitarse. El “duque de Xalapa” nos dejó un Ella mi fu rapita!… Parmi veder la lagrime emocionante, arropado por una dirección orquestal a su altura, como si el tenor descubriese un registro dramático sin perder lirismo, redondeado y cómodo, un “Rigoletto” esperado en la escena con reparto a la altura del mejicano.

Lupita Paz no quiso quedarse atrás en el festín verdiano, del verde inicial al rojo pasión, colores de su bandera junto al blanco para una Princesa de Éboli tan hispana en el “Don Carlos” francés con su aria Nei giardin del bello exigente y agradecida, giros casi flamencos de espíritu, recreándose en agudos del mismo color que los graves en esta “Chavela operística” para descubrir excelencias que por estos lares también triunfan. Quedaba el remate de Javier Germont o Alfredo Camarena, “La Traviata” querida con la bellísima aria Lunga da lei… cantada de nuevo con colores intensos y fraseos impecables, sentimiento en un personaje que le viene al tenor en un momento dulce de su carrera llevado en volandas por una orquesta también madura bajo la batuta de una realidad como el maestro mejicano.

Habría más regalos en esta fiesta, tricolor también por las obras y compositores elegidos aunque como bien decía el tenor “podría empezar de nuevo” aunque no traía rancheras, tal era su satisfacción tras dos horas largas de exigencias para todos, pues no debemos olvidar que estos recitales resultan más duros que una ópera completa.

El Danzón nº 2 de Arturo Márquez entendido por López-Reynoso desde su propia tierra y compatriota, el ritmo y tempo exacto de un auténtico danzón sin exageraciones, con la orquesta (a la que se sumó percusión y piano) traduciendo el magisterio del folklore llevado a la sala de conciertos. Y mi siempre recordada leonesa (de Guanajuato) María Joaquina de la Portilla Torres, hija de padre español y madre mejicana, conocida artísticamente como María Grever, una embajadora de nuestro idioma en los EE.UU. con un método “Aprenda usted español con el bolero“, emigrada y afincada en Nueva York, excelente compositora de melodías inolvidables, eternas porque la buena música no entiende de etiquetas y menos para omnívoros como un servidor, incluso cuando las interpretan voces como Camarena y Paz en arreglos orquestales que elevan aún más la calidad de su compatriota.

Primero el tenor sin pirotecnicas vocales y sentimiento patrio lleno de musicalidad innata con Alma mía, inmortalizada en su momento por José Mojica y que no hubiera importado amplificar como hacen en este género pero defendido por todos sobre el escenario, acallando estornudos aunque sin evitar la huída de un público cuyo reloj parece lanzarlo fuera de la sala antes de disfrutar los obsequios (me parece una falta total de educación). Y Júrame a dúo con Guadalupe pusieron las once campanadas de un año lírico con estrellas en el firmamento de este Oviedo al que sigo llamando “La Viena del Norte” español por la calidad y oferta que la crisis no ha recortado con el esfuerzo de todos. Camarena eclipsó y no decepcionó pero no se olviden de Lupita e Iván.

P. D.: Imposible sacarse una foto con Javier pese a las peticiones del “Cenáculo musical” de ambos lados del Charco, especialmente de Santo Domingo (besos para Catana y Ana María) o de “nuestras operísticas” Margarita Mitrov y Rosa Ulacia. Sirva esta crónica con fotos para acercarnos aún más.

Pola de Siero también con Alfredo Kraus

Deja un comentario

Martes 31 de octubre, 20:00 horas. Teatro Auditorio de Pola de Siero, XIV Concierto Homenaje a Alfredo Kraus: Ruth Terán (soprano), Francisco Corujo (tenor), Juan Francisco Parra (piano). Arias, dúos y romanzas. Organiza: Asociación Lírica Asturiana Alfredo Kraus (ALAAK). Entrada público: 15 €.

La asociación que preside José Carlos González Abeledo continúa recordando al gran tenor canario organizando por decimocuarto año estas galas líricas con Alfredo Kraus siempre presente y voces que le rinden tributo e incluso paisanaje, este año llevando ópera y zarzuela al excelente auditorio de Pola de Siero que pese a su reconocida afición no llenó el aforo, si bien los socios de ALAAK acudieron en bloque para ayudar también al asilo local (Residencia Nuestra Señora de Covadonga) a quien fue donada la recaudación del concierto.

Expectación y ganas de volver a escuchar a este trío de artistas como la soprano madrileña Ruth Terán y el tenor canario Pancho Corujo más el siempre impecable maestro Juan Francisco Parra al piano, en dos partes bien diferencias e igualmente exigentes, ópera y zarzuela a partes iguales con arias y dúos conocidos, el referente de “el tenor” con un repertorio que muchos conocemos de memoria y nos sigue acompañando en nuestros quehaceres.

Gounod con su “Romeo y Julieta” abrirían la velada con Ruth Terán cantando Dieu quel frisson court dans mes veines… convincente, de graves suficientes con un piano orquestal mimándola, y repetiría con Francisco Corujo el hermosísimo dúo Ange adorable…, voces jóvenes que empastaron a la perfección, de colores complementarios, algo metálico el agudo de la madrileña y redondeándolo el canario, que antes nos dejó al recordadísimo “Werther” kraussiano (portada de estos conciertos) del Pourquoi me reveiller?… sentido en el canto, mimado desde el piano, sobrado de facultades y gustándose en el escenario.

Dos cambios en el programa (corregidos en la copia que dejo arriba) nos llevaron del estilo francés, siempre difícil por la tendencia a nasalizar del idioma, a la Italia adorada e igualmente exigente. Primero el aria de Nedda de “Pagliacci” (Leoncavallo) con una Terán metida en el rol, recitales como microrrelatos que hacen pasar en minutos a estados de ánimo reflejados en el canto, y a continuación Rinuccio Corujo del “Gianni Schicchi” (Puccini), bien interpretado escénica y vocalmente, potente y convincente salvando sin dificultad un aria de registros extremos afrontados con seguridad, valiente junto a la orquesta pianística de Parra sin miramientos en los matices pero atento al tenor, siempre de agradecer.

En breve tendremos “L’elisir d’amore” en Oviedo y nada mejor que terminar la parte operística con el dúo de Nemorino y Adina, Caro elisir, sei mio… escena ideal y representada convenciéndonos a todos, Corujo con su botella (de agua) y Terán coqueteando, haciéndose de rogar para finalmente convencerse del amor puro, belleza de una página bien defendida por esta pareja perfectamente acoplada y muy creíble sobre el escenario sierense, con una acústica agradecida y espacio para recrear la acción con amplitud.

Siempre digo que tenemos zarzuelas de mayor calidad que muchas óperas y no digamos de la dificultad añadida del texto hablado, puede que la razón por la cual no encontremos más títulos en cartelera por la exigencia de actuar además de cantar. Si el elenco elegido resulta bien, el éxito está asegurado, con páginas que nuestros tenores han llevado por todo el mundo elevando nuestra zarzuela al olimpo lírico. Las romanzas y dúos elegidos cumplen esa premisa sumando un pianista capaz no ya de tocar las casi imposibles reducciones orquestales sino de dibujar la tímbrica de cada instrumento, convencernos con una sonoridad prístina y encajando perfectamente con los cantantes aportando la seguridad necesaria en cuanto a las referencias que deben tener.

Tienes razón amigo… de “La Chulapona” (Moreno Torroba) es un aria en toda regla y así la defendió Francisco Corujo con Parra, arpa casi guitarrística, verdadera orquesta de tecla, dúo canario en estado de gracia, tomando el relevo Ruth Terán (que cantó fuera de escena la romanza anterior) con la complicada Canción del ruiseñor de “Doña Francisquita” (Vives), pirotecnia de agudos bien proyectados con el ropaje pianístico y la réplica de Corujo apareciendo por el extremo izquierdo, echando de menos una vocalización mejor en nuestro idioma pero defendida con honestidad y recursos, siempre con un color que deberá homogeneizar, al igual que el hermoso dúo Le van a oir, voces complementarias, bien empastadas, amplias dinámicas reflejadas por los tres de esta zarzuela que Don Alfredo amaba tomando estos dos números como el homenaje más directo a cargo de los intérpretes.

Una lástima la Canción Veneciana de “El carro del sol” (Serrano) que no transmitió comodidad ni seguridad, con momentos calantes de la soprano que evitaron redondear una actuación más completa, sin desmerecer en absoluto por estos detalles que debo reflejar pues tiene cualidades y capacidad para ello, de nuevo con un piano camerístico elevando a “lied” esta romanza de una zarzuela poco representada.

Y para terminar este recital nuevo homenaje al Maestro Kraus con mi tocayo Sorozábal de “La tabernera del puerto“, primero Corujo en la bellísima romanza No puede ser… sentida, vivida y emocionada, antes del dúo Todos los saben, es imposible disimular, salitre lírico del vasco interpretado por el marinero canario y la tabernera alcalaína en un final por todo lo alto.

Todavía quedaría el regalo del dúo de “Soleá Terán” y “Juanillo Corujo” que termina con el conocido pasodoble de “El Gato Montés” (Penella) sinfónico más que verbenero, calidad de nuestro género cuando se interpreta como lo hicieron estos tres músicos aplaudidos por un público en pie que disfrutó de este nuevo homenaje al irrepetible Alfredo Kraus Trujillo, para mí siempre “el tenor”.

Lírica en Gijón

Deja un comentario

Jueves 12 de octubre, 20:30 horas. Teatro Jovellanos, Gijón: Sociedad Filarmónica, Gala Lírica: Carlos Álvarez (barítono), Rocío Ignacio (soprano), Jorge de León (tenor), Juan Antonio Álvarez Parejo (piano).

Magnífica fiesta lírica con tres generaciones de voces españolas triunfando por el mundo y un pianista que sigue al pie del cañón trabajando repertorios tan variados como el de este Día de la Hispanidad.
Concierto de calidad y cercanía tocando todos los palos, el musical, la opereta, nuestra zarzuela y la ópera, la voz como verdadera protagonista organizada a la usanza de solos y dúos bien buscados para llegar a un público fiel aficionado a la lírica venido de distintos puntos de Asturias al abrir la centenaria sociedad gijonesa la taquilla, ampliando un aforo que los asociados no pueden llenar.

Tras la salida a escena del cuarteto de artistas dándonos la bienvenida el “veterano” barítono malagueño, comenzó el tenor canario Jorge de León con esa bellísima Maria del “West Side Story” (Leonard Bernstein) pletórico y lleno de matices tomando el relevo Carlos Álvarez con el “Sueño imposible” (Impossible dream) de “El hombre de La Mancha” (Mitch Leight), dos óperas más que musicales del siglo pasado también llevadas a la pantalla y conocidas en versiones más o menos líricas. Y cual musical la opereta del “rey Lehar” especialmente “La viuda alegre” para disfrute de la sevillana Rocío Ignacio con Vilja oh Vilja más reposado de lo habitual, y el dúo con el tenor canario del vals cantado en español, páginas conocidas y bien interpretadas, sentidas y mimadas desde el piano de Álvarez Parejo antes de acometer nuestra zarzuela.

Dificultades y exigencias aún mayores, cantantes y actores más que a la inversa para cuatro joyas de nuestra zarzuela defendidas como debe ser para alcanzar la calidad que se merece. Primero la soprano con la romanza Un tiempo fue de “Jugar con fuego” (Barbieri) de amplio registro y color uniforme, buena dicción y expresión, después el poderío y gusto de nuestro barítono más internacional en Luché la fe de “Luisa Fernanda” (F. Moreno Torroba), cantada con sentimiento y estilo único del malagueño para rematar en dúo andaluz del mismo compositor para “La Marchenera” que pudimos disfrutar en Oviedo, esta vez con piano pero igualmente agradecido, empaste, relevo generacional que hace coincidir madurez y frescura.

Verdi no pasa de moda y todavía estamos disfrutándolo estos días desde Oviedo, páginas que a nuestros cantantes les abre puertas en todo el mundo y demostrando su dominio. Dura el aria Come in quest’ora bruna de “Simón Bocanegra” para una soprano con voz creciendo poco a poco, durísimo ganar cuerpo y volumen en el grave pero bien defendida por Rocío Ignacio.
Para cerrar esta segunda parte cuatro números de “Otello“, el Shakespeare verdiano elevado al olimpo lírico para rodar dúos y arias en tres personajes dispares condenados a entenderse. Maravilloso estar cerca del escenario para ver la transformación gestual y actoral en cada número, Già nella notte de soprano y tenor, Desdémona aún más cómplice que la viuda de la primera parte, Credo in un Dio crudele de auténtica recreación a cargo de Carlos Álvarez en un momento álgido olvidado el pasado y disfrutando de una etapa nueva de mayor goce escénico y vocal; Dio mi potevi scagliar… nos descubrió nuevos colores del tenor Jorge de León, con cuerpo en el grave y agudos seguros en todos los matices. Y la guinda del pastel nuestros particulares Otelo y Yago del segundo acto, el dúo Si, per ciel, guiños de entendimiento y sabiduría, paleta de colores complementarios para enriquecer ese lienzo donde la reducción orquestal al piano es verdaderamente endiablada pero la belleza vocal primó de principio a fin. Excelente dúo de altos vuelos “Made in Spain” para un tenor canario que encara este demandado moro de Venecia con solvencia junto a un Yago talismán más que dominado por el barítono malagueño, para quien Verdi siempre es una llave que seguirá abriendo puertas.

De propina nada menos que dos dúos también verdianos: los caballeros Álvaro y Don Carlo en Solenne in quest’ora, el duetto de “La forza del destino” y los andaluces dejándonos a Leonora y El Conde Luna en “Il trovatore”, desigual peso de personajes y voces pero buen cierre para seguir tarareándolo entre las funciones del Campoamor, a donde volverán Carlos y Jorge con el “Andrea Chenier” que cierra año, penúltimo título de la temporada. El buen sabor de boca durará varios días.

P.D.: Crítica de Ramón Avello en El Comercio. Crónica en La Nueva España.

Sigfrido sin miedos

2 comentarios

Miércoles 13 de septiembre, 19:00 horas. Teatro Campoamor, LXX Temporada de Ópera de Oviedo: tercera función: Siegfried (R. Wagner), nueva producción de la Ópera de Oviedo. Entrada último minuto delantera de principal: 30 €.

Para los docentes y melómanos en Asturias el comienzo del curso lo marca la temporada de ópera ovetense que este año alcanza nada menos que 70 años, cumpliendo con los 125 del Teatro Campoamor, así como el paso por taquilla para la adquisición de abonos de OSPA, Conciertos del Auditorio y Jornadas de Piano, una verdadera “cuesta de septiembre” más allá del Huerna o el Puerto de Pajares, en todos los sentidos.
Inicio de curso musical por todo lo alto, con una conferencia previa cual lección inaugural el pasado día 5 a cargo del maestro Guillermo García Calvo embarcado en completar la tetralogía wagneriana que este 2017 nos trae la tercera entrega de El Anillo del Nibelungo con “Sigfrido“. Si Wagner siempre es mucho, contado por el director madrileño aún se engrandece la figura y obra del compositor, lo que pude comprobar en la tercera función de un miércoles climatológicamente ardiente, como toda la trama de fuego, con excelente entrada pese a las cinco horas largas que suponía esta cita ineludible (parte del público marchó en el segundo descanso, perdiéndose el tercer acto… pero ya sabemos cómo es Vetusta clariniana).
Media hora antes de levantarse el telón, en el salón de té Pachi Poncela avanzaba su “preludio” informal pero documentado para los que venían con tiempo, invitando a disfrutar con la mochila vacía de este cuento para niños de todas las edades, si bien algunos traíamos la lección aprendida sabedores de lo que se avecinaba, máxime tras la citada conferencia del maestro madrileño junto a Carlos Wagner, el diseñador de una original puesta en escena que tapaba el foso para situar los cantantes sobre él, incluso entrando por el patio de butacas o cantando desde Principal, sin utillaje y con un vestuario atemporal pero efectivo, mientras en el escenario una “Orquesta Fantástica Asturiana” con más de cien músicos compartiría el protagonismo musical total.
Y hablo de orquesta fantástica porque se unieron OSPA y Oviedo Filarmonía bajo la dirección de García Calvo para alcanzar una sonoridad única, duro trabajo previo buscando ese ideal wagneriano de riqueza tímbrica, el verdadero color con todos los matices posibles que nunca taparon un elenco vocal muy equilibrado, otro logro alcanzado de un reto titánico. La “orquesta fantástica” nos dejó momentos increíbles de empastes en todas las secciones, el ropaje idóneo para las voces y el protagonismo total en el sitio justo, cuerda sedosa, maderas y metales casi como un órgano, percusión segura, dinámicas y equilibrios perfecto bajo la dirección siempre comprometida, segura y convencida del maestro Guillermo. Desde el inicio hasta el último acto no hubo respiro, pianísimos increíbles, casi camerísticos, contrastes sin miedos como el propio Siegfried, reguladores amplios, potencia caleidoscópica en el inicio del tercer acto que mantuvo el concepto de obra de arte total rematando un trabajo de orfebre para un anillo mágico y una Nothung bien forjada orquestalmente. alternancia de concertinos en cada acto pero una alegría ver compartir atriles a los músicos de ambas formaciones en esta orquesta única que espero poder volver a encontrarla para una Octava de Mahler asturiana
Con el escenario lleno en todos lo sentidos, las voces elegidas completarían una función que pasará a la historia operística local, comenzando por el tenor ruso Mikhail Vekua como Sigfrido, un verdadero atleta para poder cantar un rol tan exigente, Heldentenor o tenor heróico además de dramático en el buen sentido, desde una clasificación cada vez menos necesaria pero que ayuda a entender este tipo de voz necesaria en estas óperas.
Impresionante la riqueza expresiva, su potencia sin perder lirismo ni buen gusto y el crecimiento del personaje nunca temeroso hasta encontrar a Brunilde, redondeando una actuación magistral sobre el foso, caminando de un lado al otro, corriendo, tumbándose, escenificando sin ningún atrezzo y convenciendo a todos.
Otro tenor y otro color pero igualmente creíble el Mime de Johannes Chum, personaje complejo el malvado enano capaz de pasar de la ternura al odio, la (con)fabulación y la burla, segundo pilar vocal de Sigfrido.
La tercera pata masculina fue el barítono rumano Béla Perencz como Wotan El Viandante (o caminante) apareciendo por el pasillo del patio de butacas con lo que supone a nivel acústico, fue mejorando en cada acto para completar una actuación sobria de este trío protagonista.
Pero el resto, pese a intervenciones “menores” en cuanto a presencia escénica no podían quedar a la zaga en cuanto a calidades.
Destacables a mi gusto el bajo-barítono rumano Zoltan Nagy como Alberich el hermano de Mime, manteniendo el tipo, y las dos sopranos españolas: Maribel Ortega, una Brünnhilde impresionante, segura, de tesitura amplia y redondez en todos los registros, llenando el acto final de belleza vocal junto a Siegfried, más la voz del Pájaro del bosque del segundo acto, Alicia Amo, cantando desde principal (un lujo escucharla tan cerca de mí) y entresuelo, afinada pese a la distancia con la orquesta, color hermoso que esperamos disfrutar mucho tiempo en papeles protagonistas, pero tan necesarios en estas óperas para alcanzar esa calidad vocal global.
Dentro del citado equilibrio vocal el bajo milanés Andrea Mastroni como Fafner me gustó su color y volumen, cerrando elenco en un escalón inferior la mezzo polaca Agnes Zwierko como Erda, breve escénicamente y la única que pareció tener miedo al empuje orquestal detrás con un vibrato algo excesivo pero completando un reparto muy homogéneo para este Sigfried wagneriano.
No entraré en detalles sobre  la representación semiescénica (o más técnicamente “semi stage“) con la que los cantantes afrontaron sus personajes, sin espadas, lanzas o yelmos, aunque el concepto del venezolano Wagner basado en proyecciones sobre la pantalla del fondo y la cortina delante de la orquesta, tuvo de todo. Bien lograda la forja o los vuelos de los estorninos que parecían estar dentro del teatro dando formas cambiantes desde el propio anillo hasta un corazón o una calavera, la lluvia, espadas o incluso el dragón, también la gruta junto a las cartas de la baraja y otras formas más o menos abstractas que no añadían mucho, aunque por momentos se lograban efectos tridimensionales pero desde el patio de butacas parece molestaron más que desde mi ubicación en el segundo piso. La escenografía con estos contenidos generados digitalmente dan mucho juego y en esta concepción donde la orquesta forma parte del propio argumento siendo decorado y protagonista a la vez, personalmente no engrandeció la representación puesto que la música lo inundó todo y cerrando los ojos ponía lo que echaba en falta.
El resto en las manos de Guillermo García-Calvo, orfebre de lujo para perder el miedo a Wagner.
Aún faltando la cuarta y última función, ya han comenzado los ensayos del siguiente título, un trovador verdiano para mantener la sana rivalidad con el alemán, histórica y complemento de dos polos que siguen sumando: el italiano con legión de seguidores, el germano ganando adeptos y nuevos públicos, y en Oviedo, nuestra “Viena del Norte”, compartiendo cartel para deleite de operófilos y melómanos en general en un curso 2017-2018 que se avecina de lo más completo.

Enlaces: Tertulia de “La Nueva España”; críticas de: Ramón Avello “El Comercio”, Andrea G. Torres “La Nueva España”, Aurelio M. Seco “Codalario”Alejandro G. Villalibre “OperaWorld”, Javier Labrada “Platea Magazine”, y prensa escrita:

Older Entries