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Lírica en Gijón

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Jueves 12 de octubre, 20:30 horas. Teatro Jovellanos, Gijón: Sociedad Filarmónica, Gala Lírica: Carlos Álvarez (barítono), Rocío Ignacio (soprano), Jorge de León (tenor), Juan Antonio Álvarez Parejo (piano).

Magnífica fiesta lírica con tres generaciones de voces españolas triunfando por el mundo y un pianista que sigue al pie del cañón trabajando repertorios tan variados como el de este Día de la Hispanidad.
Concierto de calidad y cercanía tocando todos los palos, el musical, la opereta, nuestra zarzuela y la ópera, la voz como verdadera protagonista organizada a la usanza de solos y dúos bien buscados para llegar a un público fiel aficionado a la lírica venido de distintos puntos de Asturias al abrir la centenaria sociedad gijonesa la taquilla, ampliando un aforo que los asociados no pueden llenar.

Tras la salida a escena del cuarteto de artistas dándonos la bienvenida el “veterano” barítono malagueño, comenzó el tenor canario Jorge de León con esa bellísima Maria del “West Side Story” (Leonard Bernstein) pletórico y lleno de matices tomando el relevo Carlos Álvarez con el “Sueño imposible” (Impossible dream) de “El hombre de La Mancha” (Mitch Leight), dos óperas más que musicales del siglo pasado también llevadas a la pantalla y conocidas en versiones más o menos líricas. Y cual musical la opereta del “rey Lehar” especialmente “La viuda alegre” para disfrute de la sevillana Rocío Ignacio con Vilja oh Vilja más reposado de lo habitual, y el dúo con el tenor canario del vals cantado en español, páginas conocidas y bien interpretadas, sentidas y mimadas desde el piano de Álvarez Parejo antes de acometer nuestra zarzuela.

Dificultades y exigencias aún mayores, cantantes y actores más que a la inversa para cuatro joyas de nuestra zarzuela defendidas como debe ser para alcanzar la calidad que se merece. Primero la soprano con la romanza Un tiempo fue de “Jugar con fuego” (Barbieri) de amplio registro y color uniforme, buena dicción y expresión, después el poderío y gusto de nuestro barítono más internacional en Luché la fe de “Luisa Fernanda” (F. Moreno Torroba), cantada con sentimiento y estilo único del malagueño para rematar en dúo andaluz del mismo compositor para “La Marchenera” que pudimos disfrutar en Oviedo, esta vez con piano pero igualmente agradecido, empaste, relevo generacional que hace coincidir madurez y frescura.

Verdi no pasa de moda y todavía estamos disfrutándolo estos días desde Oviedo, páginas que a nuestros cantantes les abre puertas en todo el mundo y demostrando su dominio. Dura el aria Come in quest’ora bruna de “Simón Bocanegra” para una soprano con voz creciendo poco a poco, durísimo ganar cuerpo y volumen en el grave pero bien defendida por Rocío Ignacio.
Para cerrar esta segunda parte cuatro números de “Otello“, el Shakespeare verdiano elevado al olimpo lírico para rodar dúos y arias en tres personajes dispares condenados a entenderse. Maravilloso estar cerca del escenario para ver la transformación gestual y actoral en cada número, Già nella notte de soprano y tenor, Desdémona aún más cómplice que la viuda de la primera parte, Credo in un Dio crudele de auténtica recreación a cargo de Carlos Álvarez en un momento álgido olvidado el pasado y disfrutando de una etapa nueva de mayor goce escénico y vocal; Dio mi potevi scagliar… nos descubrió nuevos colores del tenor Jorge de León, con cuerpo en el grave y agudos seguros en todos los matices. Y la guinda del pastel nuestros particulares Otelo y Yago del segundo acto, el dúo Si, per ciel, guiños de entendimiento y sabiduría, paleta de colores complementarios para enriquecer ese lienzo donde la reducción orquestal al piano es verdaderamente endiablada pero la belleza vocal primó de principio a fin. Excelente dúo de altos vuelos “Made in Spain” para un tenor canario que encara este demandado moro de Venecia con solvencia junto a un Yago talismán más que dominado por el barítono malagueño, para quien Verdi siempre es una llave que seguirá abriendo puertas.

De propina nada menos que dos dúos también verdianos: los caballeros Álvaro y Don Carlo en Solenne in quest’ora, el duetto de “La forza del destino” y los andaluces dejándonos a Leonora y El Conde Luna en “Il trovatore”, desigual peso de personajes y voces pero buen cierre para seguir tarareándolo entre las funciones del Campoamor, a donde volverán Carlos y Jorge con el “Andrea Chenier” que cierra año, penúltimo título de la temporada. El buen sabor de boca durará varios días.

P.D.: Crítica de Ramón Avello en El Comercio. Crónica en La Nueva España.
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Sigfrido sin miedos

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Miércoles 13 de septiembre, 19:00 horas. Teatro Campoamor, LXX Temporada de Ópera de Oviedo: tercera función: Siegfried (R. Wagner), nueva producción de la Ópera de Oviedo. Entrada último minuto delantera de principal: 30 €.

Para los docentes y melómanos en Asturias el comienzo del curso lo marca la temporada de ópera ovetense que este año alcanza nada menos que 70 años, cumpliendo con los 125 del Teatro Campoamor, así como el paso por taquilla para la adquisición de abonos de OSPA, Conciertos del Auditorio y Jornadas de Piano, una verdadera “cuesta de septiembre” más allá del Huerna o el Puerto de Pajares, en todos los sentidos.
Inicio de curso musical por todo lo alto, con una conferencia previa cual lección inaugural el pasado día 5 a cargo del maestro Guillermo García Calvo embarcado en completar la tetralogía wagneriana que este 2017 nos trae la tercera entrega de El Anillo del Nibelungo con “Sigfrido“. Si Wagner siempre es mucho, contado por el director madrileño aún se engrandece la figura y obra del compositor, lo que pude comprobar en la tercera función de un miércoles climatológicamente ardiente, como toda la trama de fuego, con excelente entrada pese a las cinco horas largas que suponía esta cita ineludible (parte del público marchó en el segundo descanso, perdiéndose el tercer acto… pero ya sabemos cómo es Vetusta clariniana).
Media hora antes de levantarse el telón, en el salón de té Pachi Poncela avanzaba su “preludio” informal pero documentado para los que venían con tiempo, invitando a disfrutar con la mochila vacía de este cuento para niños de todas las edades, si bien algunos traíamos la lección aprendida sabedores de lo que se avecinaba, máxime tras la citada conferencia del maestro madrileño junto a Carlos Wagner, el diseñador de una original puesta en escena que tapaba el foso para situar los cantantes sobre él, incluso entrando por el patio de butacas o cantando desde Principal, sin utillaje y con un vestuario atemporal pero efectivo, mientras en el escenario una “Orquesta Fantástica Asturiana” con más de cien músicos compartiría el protagonismo musical total.
Y hablo de orquesta fantástica porque se unieron OSPA y Oviedo Filarmonía bajo la dirección de García Calvo para alcanzar una sonoridad única, duro trabajo previo buscando ese ideal wagneriano de riqueza tímbrica, el verdadero color con todos los matices posibles que nunca taparon un elenco vocal muy equilibrado, otro logro alcanzado de un reto titánico. La “orquesta fantástica” nos dejó momentos increíbles de empastes en todas las secciones, el ropaje idóneo para las voces y el protagonismo total en el sitio justo, cuerda sedosa, maderas y metales casi como un órgano, percusión segura, dinámicas y equilibrios perfecto bajo la dirección siempre comprometida, segura y convencida del maestro Guillermo. Desde el inicio hasta el último acto no hubo respiro, pianísimos increíbles, casi camerísticos, contrastes sin miedos como el propio Siegfried, reguladores amplios, potencia caleidoscópica en el inicio del tercer acto que mantuvo el concepto de obra de arte total rematando un trabajo de orfebre para un anillo mágico y una Nothung bien forjada orquestalmente. alternancia de concertinos en cada acto pero una alegría ver compartir atriles a los músicos de ambas formaciones en esta orquesta única que espero poder volver a encontrarla para una Octava de Mahler asturiana
Con el escenario lleno en todos lo sentidos, las voces elegidas completarían una función que pasará a la historia operística local, comenzando por el tenor ruso Mikhail Vekua como Sigfrido, un verdadero atleta para poder cantar un rol tan exigente, Heldentenor o tenor heróico además de dramático en el buen sentido, desde una clasificación cada vez menos necesaria pero que ayuda a entender este tipo de voz necesaria en estas óperas.
Impresionante la riqueza expresiva, su potencia sin perder lirismo ni buen gusto y el crecimiento del personaje nunca temeroso hasta encontrar a Brunilde, redondeando una actuación magistral sobre el foso, caminando de un lado al otro, corriendo, tumbándose, escenificando sin ningún atrezzo y convenciendo a todos.
Otro tenor y otro color pero igualmente creíble el Mime de Johannes Chum, personaje complejo el malvado enano capaz de pasar de la ternura al odio, la (con)fabulación y la burla, segundo pilar vocal de Sigfrido.
La tercera pata masculina fue el barítono rumano Béla Perencz como Wotan El Viandante (o caminante) apareciendo por el pasillo del patio de butacas con lo que supone a nivel acústico, fue mejorando en cada acto para completar una actuación sobria de este trío protagonista.
Pero el resto, pese a intervenciones “menores” en cuanto a presencia escénica no podían quedar a la zaga en cuanto a calidades.
Destacables a mi gusto el bajo-barítono rumano Zoltan Nagy como Alberich el hermano de Mime, manteniendo el tipo, y las dos sopranos españolas: Maribel Ortega, una Brünnhilde impresionante, segura, de tesitura amplia y redondez en todos los registros, llenando el acto final de belleza vocal junto a Siegfried, más la voz del Pájaro del bosque del segundo acto, Alicia Amo, cantando desde principal (un lujo escucharla tan cerca de mí) y entresuelo, afinada pese a la distancia con la orquesta, color hermoso que esperamos disfrutar mucho tiempo en papeles protagonistas, pero tan necesarios en estas óperas para alcanzar esa calidad vocal global.
Dentro del citado equilibrio vocal el bajo milanés Andrea Mastroni como Fafner me gustó su color y volumen, cerrando elenco en un escalón inferior la mezzo polaca Agnes Zwierko como Erda, breve escénicamente y la única que pareció tener miedo al empuje orquestal detrás con un vibrato algo excesivo pero completando un reparto muy homogéneo para este Sigfried wagneriano.
No entraré en detalles sobre  la representación semiescénica (o más técnicamente “semi stage“) con la que los cantantes afrontaron sus personajes, sin espadas, lanzas o yelmos, aunque el concepto del venezolano Wagner basado en proyecciones sobre la pantalla del fondo y la cortina delante de la orquesta, tuvo de todo. Bien lograda la forja o los vuelos de los estorninos que parecían estar dentro del teatro dando formas cambiantes desde el propio anillo hasta un corazón o una calavera, la lluvia, espadas o incluso el dragón, también la gruta junto a las cartas de la baraja y otras formas más o menos abstractas que no añadían mucho, aunque por momentos se lograban efectos tridimensionales pero desde el patio de butacas parece molestaron más que desde mi ubicación en el segundo piso. La escenografía con estos contenidos generados digitalmente dan mucho juego y en esta concepción donde la orquesta forma parte del propio argumento siendo decorado y protagonista a la vez, personalmente no engrandeció la representación puesto que la música lo inundó todo y cerrando los ojos ponía lo que echaba en falta.
El resto en las manos de Guillermo García-Calvo, orfebre de lujo para perder el miedo a Wagner.
Aún faltando la cuarta y última función, ya han comenzado los ensayos del siguiente título, un trovador verdiano para mantener la sana rivalidad con el alemán, histórica y complemento de dos polos que siguen sumando: el italiano con legión de seguidores, el germano ganando adeptos y nuevos públicos, y en Oviedo, nuestra “Viena del Norte”, compartiendo cartel para deleite de operófilos y melómanos en general en un curso 2017-2018 que se avecina de lo más completo.

Enlaces: Tertulia de “La Nueva España”; críticas de: Ramón Avello “El Comercio”, Andrea G. Torres “La Nueva España”, Aurelio M. Seco “Codalario”Alejandro G. Villalibre “OperaWorld”, Javier Labrada “Platea Magazine”, y prensa escrita:

Schumann y Falla con el Mediterráneo

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Viernes 28 de julio, 22:30 horas. Castillo de Bil-Bil, Benalmádena. Recital lírico de canto y piano “Cultura en la calle”: José Manuel Montero (tenor), Aurelio Viribay (piano). Obras de Schumann, F. Alonso y Falla.

El verano supone para muchos artistas trabajo que el público siempre agradece, con escenarios distintos a los habituales como en el caso de Benalmádena que con el Mediterráneo y el Castillo de Bil-Bil de telón de fondo traía este último viernes de julio una música aparentemente poco popular como el mundo del “lied” romántico y que el año pasado funcionó, por lo que repetir no era correr riesgos y a la vista de la ocupación de todas las sillas, más abundante público de pie, la fórmula volvió a resultar acertada, en buena parte por la calidad de unos intérpretes que se han puesto como objetivo dar a conocer la música vocal de salón, los grandes compositores de la canción con piano donde los españoles deben estar a la misma altura que los germanos, como pudimos volver a comprobar.

El ciclo de canciones Liederkreis, op. 39 de R. Schumann y textos de von Eichendorff (1788 – 1857) no están entre los más escuchados, si bien de los dos ciclos, nueve temas con textos de Heine los opus 24 menos que los doce del segundo que pudimos disfrutar al aire libre y con amplificación cuidada, más transitados a lo largo de los años, teniéndolos en mi discoteca nada menos que por el irrepetible barítono Fischer-Dieskau.
El piano poniendo la música sin palabras en equilibrio a la poética del canto, diálogos con el trasfondo tan romántico de la naturaleza, el desamor, la paz y el dolor con momentos íntimos, poderosos y la belleza imponente de la naturaleza en comunión piano y tenor para esos microrrelatos románticos y puros. Títulos que parecían describir el propio entorno de esta noche de verano mediterráneo: La quietud, En un castillo, En la lejanía, Melancolía, con la dicción germana perfecta de José Manuel Montero y color dramático capaz de alcanzar sin problemas el amplio registro de este ciclo, más el piano maestro de Aurelio Viribay, un tándem de muchos quilates. La docena de poemas con música fueron desgranándose con todo el sentimiento que los textos requerían (lástima no poder ir leyéndolos) y un público que aplaudía cada uno sin esperar el resultado global, óptimo sin lugar a dudas.

El piano solo necesario para un leve descanso vocal (y un cambio de camisa) vino con un “desconocido” Francisco Alonso y una poco frecuente Mi adiós a Granada de hondura en fraseo evocado por ese folclore único que el maestro Viribay siempre eleva la llamada música de salón al Olimpo de Orfeo, el recuerdo nostálgico del granadino en el Madrid que le daría la fama.

Las Siete canciones populares españolas de Manuel de Falla resultaron perfecto complemento y enaltecimiento de nuestro lied hispano, textos y estampas bien combinadas de tiempo, sentimientos y fragor con una articulación de excelencia en Montero y el piano coprotagonista de Viribay, enamorando a propios y extraños. Siempre emocionante y admirable cómo el compositor gaditano elevó las canciones populares al nivel clásico equiparable a los germanos Schubert, Wolf, R. Strauss Mahler y engrosando un “corpus” donde también estarán Granados, Toldrá, Obradors o Turina por recordar algunos de los nuestros. Por emociones me quedo con la Asturiana y el siempre exigente Polo que Montero-Viribay dejaron siempre en todo lo alto, claros y precisos de inicio a final, tal vez con un piano amplificado algo inferior al necesario para saborear todo lo escrito y la voz ligera con cuerpo y presencia más que suficiente para bajar un par de puntos los “fader”.

De regalo nada menos que un par, dos mundos en uno: el recuerdo de Granados y su Andaluza (la Danza española nº 5 compuesta para piano sin letra y popularizada por tantos cantantes de todos los estilos), casi leyendo mi mente sobre los hispanos, para rematar con el gran R. StraussDevoción, la que yo siento por esta pareja de intérpretes cerrando un círculo virtuoso hispano-alemán en el mismo plano de calidad y calidez.
Quien no apuesta no arriesga y bien por la cultura en la calle del Ayuntamiento de Benalmádena que ya sabido apostar por una música que aún no tiene el hueco merecido ni siquiera en los escenarios habituales.

El verano también es trabajo

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Viernes 21 de julio, 20:00 horas. RIDEA, Oviedo: Concierto de clausura del III Curso de Canto y Repertorio “La Castalia“. Entrada libre.
Para algunos el verano supone ocio y vacaciones aunque en el mundo musical nunca se tenga un minuto de tiempo libre. Oviedo sigue siendo “La Viena del Norte” hispano incluso en los meses de estío con unas temperaturas idóneas para disfrutar de su amplia oferta en los distintos entornos y festivales, pero también para aprovechar unos días de formación, la que ocupa toda la vida profesional y más aún en el siempre exigente mundo lírico.

La Asociación Cultural “La Castalia” que preside Santiago Ruiz de la Peña sigue ofreciendo cursos como este tercero de canto y repertorio en la capital asturiana, acudiendo jóvenes voces asturianas y de las comunidades cercanas para continuar esa carrera en algunos casos incipiente, en otros consolidándose, buscando siempre mejorar distintos aspectos como perfeccionar la técnica, dicción y fonética, idiomas tan necesarios en todas las facetas profesionales, o repertorio y análisis, recordando que todo ello es imprescindible para quienes se dedican al mundo de la lírica, independientemente de buscar una carrera o por el mero hecho de continuar ese itinerario sin final que es el canto.
La labor del claustro de “La Castalia” sigue siendo encomiable por inculcar amor por la música y poder visibilizar unas voces desconocidas para parte de un público que volvió a llenar el Palacio de Toreno, y que resultó el termómetro de examen final a cinco días de duro trabajo que culminan con el concierto final.

Enhorabuena a Begoña García-Tamargo (dirección artística y canto), Manuel Burgueras (repertorio y pianista “oficial” de estos cursos), Ana Cristina Tolívar (fonética), Mª José Collazos (análisis) y la ucraniana afincada entre nosotros Yelyzaveta Tomchuk, nuevo fichaje en el campo del pianista de repertorio, más allá del acompañamiento, con un trabajo “poco agradecido” en las siempre diabólicas reducciones orquestales que compensan páginas “liederísticas” como también pudimos disfrutar este viernes, completando un elenco de profesores a los que la moda e invasión anglosajona comienza a llamar coach.
Interesantes las obras elegidas y el orden de intervención de los cantantes para “armar” este concierto de clausura del que dejo copia a continuación y amplío con algunas anotaciones a vuelapluma.

Abundante cosecha de sopranos y digna representación del resto de cuerdas (mezzo, tenor y barítono) afrontando repertorio variado y difícil donde hubo una verdadera colección lírica con dos obras por voz colocadas en el programa para dar variedad y vistosidad a los géneros trabajados con el profesorado durante la semana.

Abría velada la soprano gallega Cristina Suárez con Manuel Burgueras al piano cantando Sposa son disprezzata de “Bajazet” RV 703 (Vivaldi), con la misma trama de “Il Tamerlano“, un aria barroca de calado mostrando buenas maneras (que completaría su intervención con Weber) y ganas de gustar en dos estilos distintos y distantes.

Volvía a escuchar a la soprano Canela García que nos dejó el “lied” sinfónico Zueignung op. 10 nº 1 (R. Strauss) de sentimiento, poesía musical y diálogo con el piano del maestro hispanoargentino y volvería con La zagala alegre de las “Seis canciones castellanas” (Toldrá), la canción de concierto que exige a los intérpretes crear y cantar un microrrelato donde el texto debe ser subrayado con la música, algo que ambos intérpretes entendieron en la dirección correcta.

Ya conocía a la mezzo María Heres, con Lisa Tomchuk al piano que afrontó el aria Che puro ciel de “Orfeo y Euridice” (Gluck), un repertorio de arias barrocas en las que la ovetense se desenvuelve con comodidad y un color idóneo recordándonos el de algunos contratenores que están recuperando muchas de estas partituras, retomándolo posteriormente con Che faro senza Euridice (en vez del previsto Cruda sorte! Amor tiranno! de la rossiniana “L’Italiana in Algeri“, único cambio que demuestra el atento trabajo por ofrecer siempre lo mejor de cada intérprete).

Mi admirada soprano la avilesina Vanessa del Riego con Manuel Burgueras al “piano orquestal” nos interpretaron el Laudamus te de la “Gran Misa en do menor” (Mozart) siempre progresando en un repertorio que lleva interpretando a lo largo de su carrera, siempre difícil en el caso del genio de Salzburgo, endiablado en agilidades, color, saltos y musicalidad. Un aplauso por su encomiable trabajo y amor por la música.

El también conocido tenor Adrián Begega con Yelyzabeta Tomchuk afrontó el lied Der Neugierige del ciclo “Die schöne Müllerin” (Schubert) y el recitativo con aria Sventurata Sidon!… Se colà ne´fatti è scritto del “Idomeneomozartiano, bello color y registro central poderoso, más idóneo para Mozart que para el muy exigente y siempre complicado mundo camerístico de la llamada canción de concierto, al que pocos cantantes han querido acercarse precisamente por sus dificultades.

La también gallega y soprano Carla Romalde nos interpretaría la Ännchen de “El cazador furtivo” (Weber) con el aria Einst träume meiner sel’gen Base donde su expresión gestual debe complementar la acción que el texto en alemán describe, mejor en la parte movida y “cantabile”, mientras su compañera Cristina Suárez volvería para la Ágata doliente Und ob die Wolke sie verhülle, dos colores de voz y personajes para la misma obra, con la reducción pianísitica a cargo de una convincente Lysa Tomchuk. Carla Romalde repetiría posteriormente con la Romanza de María de “El Juramento” (Gaztambide) más cómoda  con el castellano y de color carnoso escrito para lo que entonces se llamaba tiple, para una partitura igual de exigente que también pudimos disfrutar en el Campoamor hace tres años.

Habitual en nuestra tierra y también trabajando duro, la soprano moscona Paula Lueje con Manuel Burgueras nos dejaron una auténtica recreación de I’ vidi in terra (soneto 123 y último de los “Drittes Sonet von Petrarca“) del húngaro Franz Liszt, partitura poco habitual bien defendida y ejecutada por ambos intérpretes, que como escribe Petrarca supusieron “cordura, amor, dolor y cortesía”, muchas tablas por parte de ambos, siendo la de Grado quien finalizaría el concierto con el piano de Tomchuk pasando de la poética italiana al alemán casi cabaretero de la conocida Canción de Vilja (Vilja Lied) perteneciente a “La viuda alegre” (“Die Lustige Witwe“) de Léhar, el rey de la opereta siempre exigente pero muy agradecida, perfecto rubato con feliz entendimiento pianístico y sentimiento a raudales que resultaría broche dorado del concierto.

Otra voz que pasó hace unos años por Asturias y volvía a este curso es la soprano ferrolana Gloria Amil que tiene tras de sí una carrera variada, esta vez trabajando y cantando con la orquesta hecha piano de Manuel Burgueras dos exigentes y conocidas arias operísticas: el Addio, del passato bei sogni ridenti de “La Traviata” (Verdi) y la gavota Obéissons quand leur voix appellee de “Manon” (Massenet) lógicamente con piano y sin coro pero que el público interrumpió varias veces -supongo que por desconocimiento pese a ser un título de referencia en la ópera-, mejor Manon que Violeta sin meterse mucho en dos roles que deben convencer y enamorar además de cantarse, aunque la belleza de estas páginas supera cualquier comentario teniendo todos nuestras referencias en dos personajes fetiches para cualquier operófilo.

El joven barítono turolense Ricardo Barrul Martín acompañado al piano por el maestro Burgueras apuntó buenas maneras en las arias de Alfonso Ma, de’malvagi invan… Vien, Leonora de “La Favorita” (Donizetti) y Zurga O Nadir de “Los pescadores de perlas” (Bizet), con un bello color vocal que los años irán dando el cuerpo necesario puesto que musicalidad tiene y técnica continúa trabajándolo, estando en el camino correcto para afrontar estos roles.

La soprano vitoriana Nora Chena Sola con el piano de Yelyzabeta Tomchuk demostró el buen y poderoso instrumento que posee afrontando dos pesos pesados vocalmente como la “Canción de la risa de Adela· en Mein Herr Marquis de “El murciélago” (Johann Strauss hijo) y Les oiseaux dans la chamille (“Los Cuentos de Hoffman“) de Offenbach, mucho más que un despliegue de poderío, agudos o agilidades, convencimiento y escena que da el trabajo así como mucho tiempo de estudio, el que nunca termina, cautivando al público en ambas arias, especialmente la segunda donde no necesitó “darle cuerda a la muñeca” para enamorar siempre con el excelente subrayado musical de la astur-ucraniana Tomchuk.

En definitiva un curso de nota con las lecciones bien aprendidas que todavía quedaría repasar tras el concierto de examen final porque así es la vida del música, estudiando siempre para buscar la excelencia. Y llegar a casa con tiempo para disfrutar en El Palco de La 2 (también en la web de rtve) de un “Liceu a la fresca” con un “Trovador” que algunos de estos cantantes podrían cantar en algún momento de sus carreras, pues la ópera sigue enamorando y las voces llegan directamente al alma.
Enhorabuena a todos.

El magisterio de Maria Callas

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Lunes 3 de julio, 20:00 horas. Oviedo, La Nueva España, Club de Prensa Asturiana: Asociación Lírica Asturiana Alfredo Kraus, conferencia “El magisterio de Maria Callas”, a cargo de Victoria Stapells y Arturo Reverter.

Lleno hasta la bandera en el club de prensa del diario asturiano para escuchar la conferencia organizada por la ALAAK, presidida por Carlos G. Abeledo, quien abrió el acto para presentar a los ponentes, la canadiense afincada en sevilla Victoria Stapells y el musicólogo, crítico musical, escritor y radiofonista Arturo Reverter, en un verdadero y ameno homenaje con motivo de los 40 años de la muerte de “La Divina“, que sigue siéndolo además de un verdadero mito, manteniendo su vida y su carrera tan presente como solo las divas pueden.

Alternando Stapells y Reverter en perfecto orden datos personales, audios de conferencias, fotografías y por supuesto fragmentos de algunos de los mejores momentos de Maria Callas (Nueva York, 1923 – París 1977) en los felices años 50, sin faltar el toque crítico y el humor gallego de Don Arturo, pudimos disfrutar de tomas en vivo, siempre las mejores que en estudio, reconociendo que la soprano americana de origen griego pese a carencias conocidas resultó única, sabiendo adaptarse y hacer suyo cada rol. Tampoco faltaron esas anécdotas que todavía engradecen más si cabe al mito, y cómo no, la soledad de las grandes tras la apoteósis del escenario.

Para terminar la hora de conferencia nada menos que unos fragmentos de “La Callas” (sólo las grandes tienen su apellido precedido por el artículo) en una de aquellas históricas clases en la Juilliard School allá por 1971 explicando cómo cantar Una voce poco fa del “Barbero”, repasando Arturo Reverter las variaciones y agregados habidos a lo largo de este aria de Rosina en el tiempo y las distintas intérpretes, siempre desde el análisis técnico de un especialista como el madrileño, para terminar con la “Tosca” del Covent Garden en 1964 rodada por Zeffirelli y el famoso Vissi d’arte con Tito Gobbi que todavía sigue poniendo los pelos como escarpias…

Maharajá ¡Welcome to Asturias!

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Jueves 15 de junio, 20:00 horas. Teatro Campoamor, XXIV Festival Lírico Español Oviedo 2017. Estreno absoluto: Maharajá, música de Guillermo Martínez y libreto de Maxi Rodríguez. Nueva producción del Teatro Campoamor (Fundación Municipal de Cultura).

Asistir al estreno de la primera zarzuela del siglo XXI es una ocasión histórica, más si se enmarca en los eventos para conmemorar 125 años de un teatro por el que ha pasado lo mejor de la música, la lírica, la danza y hasta Premios Nobel, hoy verdadera seña de identidad de la capital del Principado que parece volver a colocar la zarzuela en el lugar que nunca debió abandonar.

Este encargo de la Fundación Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo al mando de un tripartito que parece algo perdido en cuanto al concepto de cultura (esperemos no prohiba el yoga como escuchamos a Orlando), y aún más de lo que “La Música” (así, con mayúsculas) supone, con una programación que se cargó unos Premios Líricos (que incluso dejaron superávit a las arcas locales y otros recogerán lo sembrado), aunque esta vez al menos apostó por algo tan nuestro como el mal llamado género chico.

Con un escritor como el mierense Maxi Rodríguez capaz de conjugar una crítica feroz con el humor fino y casi británico (será por la ñublina) que tenemos en “la Cuenca“, digno heredero de Vital Aza, que sigue siendo referente en la historia tanto local como de la propia zarzuela, para un relato donde la escena hablada pareció superar la musical, reto difícil que Guillermo Martínez aceptó de buen gusto debutando en este género y pasando a los anales del coliseo carbayón en esta conmemoración.

Producción “Made in Asturias” por todo el elenco que puso en escena (tablas y foso) esta zarzuela actual, crítica, tal vez poco exportable fuera de “la tierrina” más allá del lenguaje cercano y localista lleno de tópicos que funcionan desde nuestro “madreñismo” aunque cruzando Pajares no todos puedan llegar a entender en su totalidad.

El propio Maxi Rodríguez nos lo cuenta en el programa de mano “Desde Asturias para el resto el mundo” (no me doy por aludido pese a mi intención de cabecera De Siana… al mundo y con la música por montera), conocedor de una realidad única e irrepetible con todo lo que supone, al que seguimos habitualmente en sus hilarantes relatos “Parando en Villalpando” que parecieron encarnarse de nuevo en este Maharajá, contando con actores de primera (Martina Bueno, Antón Caamaño, Roca Suárez, Carlos Mesa y Fernando Marrot, Teatro La Cascaya) que recrearon felizmente esta historia personal compartida por un público que volvió a llenar el teatro demostrando que #OviedoQuiereZarzuela (como etiqueta o hastag en las redes sociales).

Las partes líricas fueron “otro cantar” que Guillermo Martínez (cosecha del 83) hubo de lidiar desde una madura juventud que respeta la experiencia, bebe de todos los manantiales posibles y los pasa por un trabajo realmente ecléctico que en el caso de la zarzuela actualiza una tradición secular. Veinte números variados con sus “interludios orquestales” intercalados con diálogos por momentos hilarantes aunque difícil encajar los textos del de Ujo en el pentagrama por métricas imposibles que obligaban a romper sinalefas y por lo tanto el necesario ritmo cantado, al lado de adopciones bien traídas de melodías conocidas para letras actualizadas (Dónde vas con blusón y pasmina) y viceversa (Tengo de subir al árbol) en un salto mortal que pudo descolocar al respetable con el que siempre se juega, sátira y humor, sentimientos enfrentados con mucha autocrítica, sorna “minera y dinamitera“, sucesiones de interludios orquestales conjugando lenguajes cercanos (desde el jazz o los musicales de Lloyd Weber hasta el más puro Bollywood) e históricos (habaneras, pasodobles…) con dúos, romanzas (directamente las llama arias) y coros de reminiscencias variadas desde la personalidad y buen oficio de un Guillermo Martínez siempre exigente para las voces.

Marzio Conti, ya ovetense de adopción, en su discreta despedida musical de nuevo al frente de “su” Oviedo Filarmonía, fue responsable -en el amplio sentido de la palabra- de que todo encajase con lo escrito, atento a las voces, buscando los planos adecuados, jugando con los balances de una instrumentación variada donde no faltó el arpa, una batería, ni las percusiones indias, formación de foso que asegura la continuidad de este verdadero festival de teatro lírico en este estreno mundial, entregada a esta apuesta local que defendió con encomiable profesionalidad.

Otro tanto cabe decir de la Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo (dirigida por Pablo Moras Menéndez) imponente en escena y vocalmente. Guillermo Martínez domina la escritura coral como pocos y los números escritos para ellos fueron ideales tanto para los hombres, recordando al Coro Minero de Turón por el detalle de las fundas (monos decimos por aquí) y los cascos con la lámpara que tanto Maxi como todos los de Mieres conocemos y sentimos nuestros, como para la capilla en su totalidad, fuera (Welcome to Asturias) y dentro del escenario (Manifa y la escena sidrera del nº 15), voces jóvenes, afinadas, empastadas y entregadas además a una acción digna de profesionales. Siguen siendo seña de identidad de la zarzuela en Oviedo y nunca defraudan.

Y para que lo musical complete el éxito nada mejor que elegir las mejores voces para este espectáculo que cierra temporada, cantantes de casa con trayectoria internacional, reconocidos más fuera que dentro, pero con los que se ha contado desde los inicios del proyecto, redondeando un estreno de altura en todos ellos.

En cabeza la soprano allerana y protagonista Beatriz Díaz en el rol de “Vane la de Vallobín” con su inseparable trolley a cuestas, capaz de cautivar a Mishka -persiguiendo hasta Oviedo a Vanisha-, a Ana que quiere ser como ella, a Velino el sindicalista que la espera tras su periplo “indiano”, a todos. Simpática, convincente y brillando en cada número, desde el primer dúo protagonista No sueltes mi mano (nº 2) o Quiero ser tú (nº 8) con Ana, hasta su aria ¿Calidad de vida? (nº5), comprometidos por extensión, matices y dicción que sólo una cantante de su calidad podía defender y convencer.
Otro tanto de la mezzo ovetense Mª José Suárez, cantante y actriz, dramaturgia pura por escena y línea de canto desde la hondura, la empresaria del restaurante “Anapurna” emocionando con la hermosa y crítica Niebla (nº7) más el dúo con Vanisha (nº8), sumando carcajadas con Orlando en verdadera química cómica.

Las apariciones en casa del barítono castrillonense David Menéndez se cuentan por triunfos, una portentosa unión de cantante y actor poco habitual que en su caso dota los roles cómicos de personalidad propia, engrandeciendo sus papeles como este Mishka – Mittal del que hubiésemos deseado más arias aunque tanto el dúo inicial como el concertante decimotercero antes del aria Tengo de subir al árbol (nº17) donde volvió a demostrar su excelente momento vocal.
El tenor poleso Juan Noval-Moro encarnando a Velino hubo de aplicarse a fondo para un papel durísimo de cantar y representar, especialmente en su aparición durante la Manifa (nº6) o el concertante con coro Nubes negras (nº9), por presencia y dinámicas, y el aria final Dumping (nº19) aún más potente y enérgica con toda la emoción acumulada en casi dos horas de trepidante y desternillante acción.

Completando el elenco vocal de lujo y merecedor del “título honorífico” de ATA (Adoptado Tenor Asturiano) para el madrileño Francisco Javier Sánchez Marín, habitual en el Campoamor y de risa asegurada con su presencia y buen hacer. Orlando redondea una zarzuela de casa donde su musicalidad y escena, tanto cantada como hablada, fueron siempre aplaudidas. Pareja ideal de Ana en ironías (Puto yoga casi “leit motiv” de este Maharajá sinónimo de carcajada), sentido dúo con ella en Si fueras aventurero (nº 11), cuarteto concertante (nº 13) de sainete “hilarionte” y campeón escanciador de altura en OrLalandO (nº16 junto al coro Bebida Compañera). Siempre un placer tener a Paco en Oviedo.

La prensa del “día después” (gracias a Andrea G. Torres en La Nueva España) recoge mejor que nadie argumento y sensaciones. Personalmente felicitar a todos los responsables, del primero al último (también a los niños figurantes de Divertimento) sin olvidarme de la escena de Carmen Castañón, Alejandro Carantoña como ayudante, la iluminación de Juanjo Llorens, el vestuario de Azucena Rico y Carmen Barquero, colorido, sobre todo el indio con el de la sidrería o la coreografía de Estrella García, para una velada donde sin olvidar la crítica nunca nos falta el humor, calidad desde esta “Asturias, patria de prejubilados” que necesita como nunca no ya un ferrocarril que sigue en el XIX sino nuevas señas de identidad, y la música escénica es una de ellas.

Perfeccionamiento y descubrimiento

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Martes 11 de abril, 20:00 horas. Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA), Oviedo: La Castalia, Concierto de Clausura “Curso de Repertorio Vocal” con Manuel Burgueras (piano).

La Castalia retoma el ideal de la primitiva agrupación bajo la dirección de Begoña García-Tamargo que como profesora de canto mantiene estos cursos de repertorio vocal con un pianista como Manuel Burgueras de amplia experiencia y trayectoria en el mundo de la lírica, con cantantes de distintas procedencias conocedores de que la voz siempre hay que entrenarla, perfeccionarla y encontrar los repertorios ideales para ello. Con Begoña y Manuel saben que encontrarán el apoyo imprescindible en una carrera que nunca acaba, sea por afición o profesión, y estos cursos siempre finalizan con el concierto para el público. Tras algunas bajas y cambios en el programa que he intentado “arreglar” un poco más abajo para dejarlo en el orden que pudimos escuchar el público que abarrotó el RIDEA, incluso por los pasillos laterales tras hacer cola con más de media hora de antelación, me llevo distintas impresiones de los artistas que llevaron a la práctica las enseñanzas de sus maestros.

Sin entrar en muchos detalles quiero al menos destacar pequeños detalles y algún “descubrimiento”, con intervenciones salteadas que completaron diecisiete números variados donde no faltó ópera, zarzuela o música religiosa en este Martes Santo, con el magisterio de un Burgueras que sigue siendo un maestro en el piano desde el rol conocido como “repertorista“, el apoyo necesario para todo cantante y pilar imprescindible de estos cursos.

Distintos niveles en las sopranos Canela García (con Mozart y Fauré) o Paula Lueje (Toldrá, R. Strauss, Massenet o Giménez), donde las tablas de la moscona se notan, quedándome con Madre, unos ojuelos vi pese a estar acostumbrados a las versiones de mezzo, como perfecta expresión del cantar diciendo que exigen estos lieder españoles así como continuar apostando por nuestra zarzuela con la difícil romanza Sierras de Granada de “La Tempranica” y a la primera que tendremos que seguir su evolución, apuntando maneras como suele decirse en estos casos.

Aún en formación el tenor Adrián Begega que apunta maneras, con un registro grave sin problemas pero debiendo trabajar más la afinación, con dos Schubert más el Beethoven en la línea del genuino lied alemán por color más apropiadas para barítono, y dicción, que el tiempo le dará aplomo y autoconfianza porque está en buenas manos.

Y quienes me leen conocen mi debilidad por la voz de mezzo, contando esta vez con dos: María Heres, feliz reencuentro con Gluck y Vivaldi pero también con el complicado Rossini de L’invito al que hemos escuchado en sopranos pero que la ovetense defendió con solvencia, y el saleroso Tango de la Menegilda, segura en todos los registros, buena técnica y la confianza que da una trayectoria donde cantar es su vida, lo que se nota en cuanto la escuchamos.

El “hallazgo” de la tarde fue la barcelonesa Anna Gomà, una profesional que ya pasase por Gijón y que este martes se erigió en la voz del recital desde sus dos primeras intervenciones (en tercer y cuarto lugar), primero con arias de ópera con MassenetVa! Laisse couler mes larmes de “Werther“, y una Carmen de Bizet arrolladora en la “Canción Bohemia“, sentida, dramatizada, color vocal carnoso e  igualado en todos los registros; después romanzas de zarzuela en el decimocuarto número y cerrando el recital, nueva demostración de buen cantar y sentir, Cuando está tan hondo el querer de “El barquerillo” (Chapí) y un Qué te importa que no venga… de “Los claveles” (Serrano) que levantó literalmente al público de los asientos. Voces como la de esta mezzo catalana que acuden a estos cursos da idea de lo que se busca, mejorar y ampliar repertorios con los maestros, estando Oviedo en el mapa de muchas voces profesionales de toda España.

Para quienes quieren seguir aprendiendo saben que no hay vacaciones, lo mismo que para descubrir de primera mano figuras que en breve estarán en los mejores escenarios, y por el Palacio del Conde de Toreno había varios “cazatalentos” que no habrán desperdiciado la ocasión, como tampoco ninguno de estos alumnos que encuentran en La Castalia el apoyo necesario para darse a conocer un poco más mientras siguen formándose en una carrera que nunca termina.

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