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Más zarzuela en Oviedo

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Jueves 30 de marzo, 20:00 horas. Teatro Campoamor, XXIV Festival Lírico Español Oviedo 2017. Doña Francisquita, comedia lírica en tres actos, música de Amadeo Vives (libro de Romero y Fernández-Shaw). Estrenada en el Teatro Apolo de Madrid el 17 de octubre de 1923.
Producción del Teatro Villamarta, en coproducción con la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía.

Reparto vocal principal:

Sonia de Munck (Doña Francisquita), José Bros (Fernando Soler), José Manuel Zapata (Cardona), Cristina Faus (Aurora), Mª José Suárez (Doña Francisca), Enrique Baquerizo (Don Matías), José Manuel Díaz (Lorenzo), Yolanda Secades (Irene la de Pinto).

Equipo Artístico:

Dirección de escena e iluminación: Francisco López. Escenografía y figurines: Jesús Ruiz. Ayudante de dirección: Sonia Gómez. Coreógrafo: Javier Latorre. Director del ballet “Molinero en Compañía”: Alejandro Molinero. Rondalla de la Orquesta Langreana de Plectro.
Coro Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” (Pablo Moras Menéndez, director). Oviedo Filarmonía. Dirección musical: José María Moreno.

Nuevo lleno en un caluroso Campoamor para el segundo título de la vigésimocuarta temporada de zarzuela, la de los recortes que solo nos deja dos funciones de cada, pero que como reza el título de esta entrada Oviedo quiere más zarzuela y sobre todo con la calidad de Doña Francisquita, una verdadera ópera cómica en el templo lírico asturiano. Y apostar por voces de reconocida calidad unidas al equipo habitual del teatro como la OFil y “La Capilla” asegura el reconocimiento del respetable donde su grueso está en los jubilados que han vivido con la zarzuela mientras sus nietos descubren nuestro verdadero musical español que hace tiempo dejó de ser “casposo” para convertirse en algo totalmente exportable.
La partitura de Vives más el libreto de enredo habitual en “los felices 20” organizada en tres actos, con descanso tras el segundo, se ambienta en la literalidad y respeta las partes habladas que se omitían en aquellas grabaciones de pizarra, de vinilo e incluso las últimas llevadas al CD, exigiendo una escena compleja para todos: actores, figurantes (a uno de ellos accidentado en los ensayos se le dedicó por megafonía esta representación), coro, cuerpo de baile y unos cantantes que defienden el texto hablado con igual profesionalidad que sus músicas.

Así pudimos disfrutar de una escenografía de época bien armada desde Andalucía, jugando con los planos visuales en los actos para girarse al final y convertir esas fachadas en una corrala verbenera del corazón más castizo de Madrid.

Vestuario colorido, iluminación apropiada para cada número, movimiento en escena bien organizado con el juego que dan las puertas y “calles”, un cuerpo de baile más allá del conocido fandango colocado al final (en vez del más habitual Canto alegre de la juventud) que no funcionó al invitar a palmearlo con el público (ni siquiera en la repetición para ir saludando todo el elenco, creando algo de confusión como dándole la razón al simpático borracho pidiéndolo reiteradamente), y la pareja solista de bailarines marcándose una escena de capa bellísima, complementando al conocido coro de románticos, y por supuesto los cantantes organizados como en el cine, pareja protagonista, los llamados cantantes cómicos más los comprimarios completando con “los de casa” (coro y orquesta donde no faltó la rondalla) una producción jerezana sobresaliente para un título que siempre triunfa allá donde se programa, especialmente con repartos de altura como el que pudimos escuchar en Oviedo.

De los protagonistas una Doña Francisquita de primera a cargo de Sonia de Munck con romanzas tan agradecidas, difíciles y bien cantadas como el “ruiseñor” y el Fernando Soler de José Bros convincente, potente (aunque su “vibrato” puntual en los agudos fuertes siga sin gustarme así como algún momento de nasalización) en un rol que lleva tiempo en su repertorio, además de hacer propio la conocida romanza Por el humo se sabe dónde está el fuego. Los dúos igualados en intención y credibilidad vocal, Siempre es el amor ideal para una pareja que empasta en color y musicalidad.

La Beltrana a cargo de Cristina Faus resultó otra recreación para la mezzo que defendió su papel aunque puntualmente tapada por la orquesta en el grave, pero con un color de voz apropiado al juego dramático que le toca desempeñar, números musicales exigentes como Soy madrileña, el cuarteto del primer acto, la escena del “carnaval” del segundo acto, o la escena Escucha, mi bien con Bros que la valenciana cantó con aplomo y gracejo o en el trío, al igual que el conocido “Marabú” con José Manuel Zapata como Cardona, éste más en la línea de actores cantantes que viceversa, lástima para un tenor que parece haber tenido que renunciar a papeles de más enjundia aunque la simpatía granadina le va muy bien a este personaje, arrancando carcajadas disfrazado de maja.
Excepcional Matías de Enrique Baquerizo, voz hablada poderosa y cantada con el poso que tiene la veteranía unido a una escena de lo más completa, marcándose una mazurca de altura. Doña Francisca por la ovetense Mª José Suárez equiparable al barítono madrileño en un papel mal llamado secundario que reúne textos hablados jugosos y números cantados con el aplomo y seguridad a que nos tiene acostumbrados. También ayudaron a completar con calidad el Lorenzo de José Manuel Díaz, o Irene la de Pinto de la asturiana Yolanda Secades (que de nuevo salta del coro a estos papeles breves pero exigentes). No puedo decir lo mismo de los “comprimarios” como El lañador o La buhonera iniciales que se quedaron cortos de emisión y con más nervios de los deseados pero que también necesitan su rodaje (repitió de cofrade 3º) y fueron ganando en las siguientes apariciones (caso de la aguadora o el cofrade 1º como Sereno).

Buen trabajo de conjunto vocal que redondeó la Capilla Polifónica en un estado vocal idóneo en sus conocidos coros como el citado de “románticos“, presente incluso fuera de escena, aunque tiendan a frenar los tiempos, además de aportar un movimiento sobre las tablas verdaderamente profesional, siendo muchos de sus componentes unos figurantes excelentes.
Desde el preludio hasta el final la OFil sonó bien balanceada desde el foso pese a lo apretados y compartido con el pulso y púa langreano (en vez de utilizarlos en el escenario) necesarios siempre para redondear una función bien llevada por el maestro José María Moreno que hubo de luchar para “tirar” por momentos de algunos números pero manteniendo el equilibrio y mimo necesario para no enturbiar las voces, brillando sin destellos, quedando algo “ocultas” las castañuelas o la propia rondalla en beneficio más vocal que escénico, desde una partitura que conoce a la perfección y siempre a su servicio, como debe ser, más contando con la calidad que brilló en esta primera función, porque Oviedo quiere más zarzuela como esta del jueves.

P. D.: Aquí dejo las primeras impresiones en la prensa regional del viernes:

Golondrinas de altos vuelos

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Jueves 16 de febrero, 20:00 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: XXIV Festival de Teatro Lírico Español. Las Golondrinas (música José María Usandizaga – libreto Gregorio Martínez Sierra y María Lejárraga). Abono butaca de Principal, cuatro funciones: 90 €. Fotos del autor, más las sacadas del libreto y Web de OFil.

Desde el madrileño Teatro de La Zarzuela llega esta producción al Teatro Campoamor con el mismo elenco del pasado (re)estreno en octubre pasado, con dirección de escena de Giancarlo del Mónaco y musical del asturiano Óliver Díaz al frente de la Oviedo Filarmonía y la Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” (que actualmente dirige Pablo Moras) en esta recortado festival con una entrada rozando el lleno en una joya musical como la del donostiarra Usandizaga.

Obra compleja para todo el elenco, de la que Díaz sacó lo mejor desde su dominio musical total tanto para una orquesta en foso entregada, arropando las voces y protagonista absoluta de los bellos preludios del primer y tercer acto llevados sin necesidad de batuta buscando el lirismo preparatorio de los números siguientes y permitiendo brillar a los solistas como si de voces se tratase. Volúmenes bien trabajados, planos orquestales bien diferenciados, tiempos de difícil encaje con las voces pero siempre ayudándolas. Porque Usandizaga posee un lenguaje que para el año de su estreno (1914 y después como ópera en 1929) tuvo que asombrar y la mantiene plenamente actual, escritura difícil de cantar no solo para el trío protagonista por las pocas referencias melódicas desde el foso manteniendo una orquestación tan protagonista como las romanzas, dúos o coros que exigen del trío una afinación perfecta unida a momentos escénicos de espaldas al público que tampoco ayudan a la mejor proyección.

Con todo esta zarzuela-ópera trajo el reparto madrileño donde volvió a brillar en primer lugar el Puck del barítono brasileño Rodrigo Esteves, complejo en caracterizarlo sin excesos, remarcando su brutalidad con momentos íntimos (hermosos sus dúos con las protagonistas) merced a una voz penetrante y rica de matices. Bien cantada la conocida romanza “Caminar, caminar” y una voz en la línea de los que hicieron grande estas Golondrinas, con un final rotundo y convincente.

Excelente la Cecilia de la mezzo canaria Nancy Fabiola Herrera, en un momento ideal, vocalidad serena y escena grandiosa, capaz de encajar unos textos complicados desde una dicción clara para recrear este personaje que siempre superó a Lina en todos los aspectos, carnosa en el grave, rotunda en los medios y unos agudos llenos de matices delineando un papel que le va física y vocalmente. Cada visita a Oviedo nos gusta más, profesionalidad total y musicalidad innata en una voz de referencia mundial.

La valenciana Carmen Romeu fue de menos a más reconociendo las dificultades apuntadas de la partitura y escena, pero tiene un registro grave casi inaudible y el fraseo no permitía hacer el español del todo inteligible. Añadir que su color en los dúos con Cecilia no permitía apreciar grandes diferencias, por lo que más que tesitura habría que buscar contraste, saliendo “perdedora” desde su primera aparición aunque escénicamente también tuvo momentos brillantes, mejorando en cada acto hasta el trágico final.

Sin problemas para el tenor asturiano Jorge Rodríguez-Norton como Juanito y en su línea habitual el bajo Felipe Bou que ha enlazado final de ópera e inicio de zarzuela, esta vez como Roberto, breve y seguro aunque algo corto de volumen en el registro grave.

La Capilla Polifónica sigue siendo el coro titular del festival lírico, suficiente en número para aunar escena y canto con cuerdas muy equilibradas para unas intervenciones tirantes que solventaron con su calidad, incluso en el segundo acto cantando de espaldas para recibir a la “Colombina” del segundo acto en un efecto visual que introduce a los espectadores en el propio espectáculo pero engaña al oído por su ubicación inicial aunque finalicen frente al patio de butacas. El tándem ovetense Capilla-OFil sigue funcionando a la perfección en la temporada de zarzuela, y más con directores como Óliver Díaz, teniendo que sumar para esta producción el excelente trabajo de Barbara Staffolani, directora de reposición y movimiento coreográfico (como figuraba en la fe de erratas para las páginas 4 y 13 del libreto).

Hay que mencionar a todo el elenco circense de verdaderos profesionales buscados para esta producción madrileña aunque con los “excesos” escénicos habituales como si de un horror vacui contagiase a los registas, pero sin ellos la escenografía de del Mónaco no hubiese sido igual, con unas notas al programa donde explica su concepción de “Las Golondrinas”. Luces y sombras, el blanco y negro solo roto en el segundo acto por el colorido homenaje a la Commedia dell’Arte totalmente apropiado para la época, caracterizaciones y vestuario completando una representación sobresaliente.

La música de Usandizaga es digna de escucharse más a menudo, y no solo en aquellos “montajes” de la única televisión pública que sí culturizaba, siempre que contemos con repartos equilibrados, como en esta producción, aunque su dificultad obligue a programarla con cuentagotas. Al menos Oviedo ya la ha disfrutado para abrir boca hasta junio. Iremos contándolo desde aquí porque, pese al recorte reduciendo el festival a dos funciones para los cuatro títulos, esta temporada previa a las bodas de plata y en el Centenario del Campoamor, promete: Doña Francisquita 30 de marzo y 1 de abril, Don Gil de Alcalá 11 y 13 de mayo, más el estreno absoluto del Maharajá “asturiano” 15 y 17 de junio, música de Guillermo Martínez, libreto de Maxi Rodríguez y voces también de casa con el regreso a la “tierrina” entre otros, de nuestra Beatriz Díaz, estos días repitiendo éxitos cual Fura de Bóo.

Auténtico sabor vienés

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Lunes 2 de enero de 2017, 19:00 horas. Teatro Cervantes, Málaga: Concierto Extraordinario de Año Nuevo. Alba Chantar (soprano), Pablo García-López (tenor), Orquesta Filarmónica de Málaga, Manuel Hernández Silva (director). Entrada segundo piso: 27 €. Obras de J. Strauss hijo, R. Leoncavallo, F. von Suppé, J. OffenbachF. Lehár, R. Chapí, G. Giménez, R. Soutullo / J. Vert y J. Strauss padre.

Un director venezolano con la Orquesta Filarmónica de Viena no, con la de Málaga de la que es titular y a la que está exprimiendo musicalmente, haciendo sonar cada vez mejor, con un programa de autores que ha mamado en sus estudios en la capital austríaca y van tomando poso como los buenos vinos con el tiempo, nada que ver con el otro venezolano más mediático que se “desinfló” en el concierto más visto de cada año, al que se le han dedicado montones de críticas, incluso musicales, no todas coincidentes con mi opinión de cierto “miedo escénico” y un desigual concierto que no le quita el mérito a mi admirado Gustavo Dudamel de haber llegado ahí con tan solo 35 años, el más joven de la historia (y lo que todavía le queda por delante) del más famoso y televisivo evento musical en esta semana que se llevó con 92 primaveras al francés Georges Prêtre, el más longevo en dirigirlo (con 85 años) y probablemente el mejor que muchos recordamos de los últimos años estrenando año nuevo. Esta vez no haré crítica aunque mis tuits en vivo (madrugando desde Aguadulce) están ahí para ver la evolución del mismo, y que tristemente en Venezuela solo pudieron disfrutarlo como “regalo de Reyes”.

Si amanecer el primero de año con los vieneses es obligado para todo melómano, esta vez cambié fecha y ubicación para disfrutar en directo con Manuel Hernández Silva y “su” filarmónica, que además buscó dos voces para enriquecer esa sangre vienesa y mestiza de los compositores elegidos, la rondeña Alba Chantar y el cordobés Pablo García-López, programa que dejo a continuación y del que quiero resaltar algunas cosas en este concierto que volvía a la sede de la que nunca debió marcharse, con entradas agotadas y asistiendo un público entregado desde las primeras notas de la conocida obertura de El murciélago de J. Strauss hijo.

Si las obras instrumentales fueron sacando de la orquesta malagueña matices impensables, con una cuerda algo corta en número pero rica en dinámicas y sonoridad (siempre destacable la concertino Andrea Sestakova), el acompañamiento de las voces tanto en las intervenciones solistas como en los dúos son una delicia, unido a un buen empaste de dos voces con distinto recorrido, el cordobés con una Mattinata vespertina y la malagueña arrancando con el “aria de los pájaros” (la de la muñeca) de Offenbach demasiado exigente para su edad y algo atrevido comenzar con ella por unas agilidades que en frío no lucieron como debería aunque mejoró en el dueto de Sangre vienesa equilibrado y sentido por ambas voces tras haber “calentado” la orquesta con el vals Voces de primavera y la polka rápida Larga vida al magiar donde el magisterio del director venezolano fue más que evidente. Es un placer verle trabajar el “rubato” con la elegancia acostumbrada y contemplar la orquesta aguantar la batuta en esa tercera parte del compás que parece no terminar, con una entrega que evidenció la mejoría que el tiempo logra con su titular desde 2014. Es difícil transmitir tanto a una formación que va “in crescendo” en cada concierto que la escucho, pocos por la distancia, con una disciplina alcanzada con esfuerzo y mano izquierda, implicación total de un titular con la agenda apretada pero que no olvida sus obligaciones con “sus” malagueños. En estos tiempos que corren deberán agradecer este esfuerzo y amor por la música bien hecha.
La segunda parte mantuvo el tipo tanto con oberturas y polkas como en un Léhar a cargo de los solistas, una entregada “Canción de Vilja” por parte de la soprano, rojo pasión esta vez, y especialmente el tenor cordobés con “Dein is mein…” de El país de las sonrisas cantado en un alemán perfecto, con gusto, pasión y una orquesta aterciopelada que nos permitió degustar cada detalle de este aria hermosísima del llamado rey de la opereta vienesa a cargo de Pablo García-López que se incorporaba al día siguiente como el Borsa del Rigoletto que cerrará temporada carbayona.
Comentaba en una de las pausas el maestro Hernández Silva, algo griposo como la mayoría de los presentes, el mestizaje de la Viena de los grandes donde nuestros Chapí o Giménez no desentonarían puesto que la zarzuela es realmente opereta española, más aún, zarzuela vienesa porque todos beben de fuentes populares que elevan al mayor rango sinfónico, como se pudo comprobar con el preludio de La Revoltosa o el intermedio de La boda de Luis Alonso, dos joyas que compartieron programa junto a “La primorosa” Alba Chantar, “Bella enamorada” de El último romántico Pablo García-López, opereta española antes de las dos propinas de sangre vienesa con sabor andaluz a cargo de los Johannes Strauss hijo y padre que volvieron a llevarnos al día primero de este 2017 pero en Málaga el segundo: El bello Danubio azul como me gustaría hubiese sonado (pese al abismo de ambas filarmónicas) y la Marcha Radetzky matizada y con el humor que faltó en su famoso compatriota, porque calidad y calidez deben ir unidas, respeto a la música desde el disfrute compartido.

Balances y avances

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Ya finalizando julio, donde todavía queda mucha música, y antes de “cerrar” por vacaciones, me gustaría hacer un balance rápido de la temporada que finaliza, siempre muy rica en Oviedo donde somos privilegiados de contar con una oferta de primera en cuanto a cantidad y calidad.
Quiero comenzar comentando la celebración de las Bodas de Plata de “nuestra” OSPA, aunque sus orígenes, como así se recordó en el último concierto, sean republicanos y todavía haya algunos maestros vivos de unos orígenes que han mantenido una orquesta histórica en nuestro Principado. Como viene siendo “norma” se ha optado, como la mayoría de orquestas españolas,  por una programación que aúna repertorios “imprescindibles” para público y músicos, con obras menos habituales donde no faltaron los estrenos. Igual que en botica o en grandes almacenes, hubo de todo, si bien lo nuevo al carecer de referencias en nuestro recuerdo o memoria auditiva, hace más difícil juzgar las interpretaciones. Me preocupa la poca asistencia en el auditorio incluso de abonados habituales, desconociendo las razones, aunque pueda intuirlas.

El titular, que tampoco dirigió muchos programas, ha ido desencantándonos a muchos y de algunos desaguisados mejor no hablar porque ya está reflejado en su momento. Me quedo con la apuesta que ha supuesto Link Up, cuatro años y preparando el quinto, en cuanto a movilizar a más de veinte mil escolares asturianos para hacer música juntos, labor didáctica y de futuro que no podemos perder si deseamos un siglo XXI con nuevo público que entienda y disfrute de la música en general y la sinfónica en particular. De los 16 conciertos de abono en la capital, parece haberse aparcado la idea gastronómica y pediría más publicidad para las conferencias en colaboración con la Universidad de Oviedo por lo que suponen de acercamiento al concierto posterior, mucho más que las notas al programa (este curso se han recuperado las revistas que siguen siendo necesarias aunque los costes aumenten el siempre ajustado presupuesto). Se ha mantenido al maestro Lockington de principal director invitado así como otras batutas conocidas con resultados desiguales, a los que sumar una larga lista de solistas invitados donde no han faltado los primeros atriles de la OSPA, apostando por los de casa que no desmerecen nunca. No quiero olvidarme de la aportación a la temporada de ópera que pese a privarnos como abonados de una continuidad en la temporada, es la “financiación asturiana” a la segunda temporada más antigua de España y pone el nivel alto en un foso compartido con la OFil.

Del ciclo Conciertos del Auditorio y Jornadas de Piano “Luis G. Iberni” globalmente todo un éxito en cantidad y calidad, 19 conciertos más el de Lang Lang fuera de abono, apostando sobre seguro con figuras que aseguran llenos frente a otros que “equilibran” una oferta que supone no ya un atractivo cultural de primera sino enriquecer nuestro “Paraíso Natural” y generar un tejido económico que aún debe explorarse más a fondo. La Oviedo Filarmonía, además de su participación en las temporadas de ópera y zarzuela, supone el ropaje ideal para cantantes y solistas que van conociendo la madurez y flexibilidad de una orquesta originariamente “de foso” pero creciendo con los años, aunque nuevamente la titularidad parezca distanciarse de lo que cualquier melómano desea para una orquesta como la ovetense.

Tanto la temporada de ópera como la de zarzuela han ido ganando públicos jóvenes, espantando a los “conservadores” que desean figuras mundiales, con las que no podría mantenerse el actual nivel, apostando también por repartos “noveles” que también sirven de aprendizaje con las voces principales aunque siempre echamos de menos algunas, siendo algo preocupante constatar cierta continuidad en algunos de los elegidos que no van parejos a la “calidad” esperada, echando de menos otras que parecen olvidadas para las temporadas carbayonas cuando no desaparecidas, mientras algunas hacen dobletes en el Campoamor.

De los gestores supongo que daría para mucho, algo como con el fútbol y el seleccionador, pero intuyo que cierta “comodidad” da la impresión de evitar buscar, optando por castings cerrados donde hay de todo. Como subida al carro que en cambio ha resultado muy positiva, en este caso con el CNDM el ciclo “Primavera Barroca” plenamente asentado y con público fiel además del joven al que esta música parece llegarle mejor que la sinfónica, con un avance para 2017 que promete mantener alto el listón, sin dejarme en el tintero el Ciclo de Música Sacra “Maestro De La Roza” que llena Noviembre de músicas e intérpretes singulares y este otoño llegará a su décima edición, todo un hito que demuestra el trabajo bien hecho con mucho amor por la música a pesar del poco dinero con que cuentan, pero el público se ha volcado y “algo tendrá el agua cuando la bendicen“.

De la Temporada 2016-17 ya conocemos fechas, intérpretes y autores, comenzando por la OSPA (que estará en el FIS el próximo 1 de agosto), arrancando el 14 de octubre con 15 conciertos de abono que traerán nuevas batutas además de las conocidas como Bayl, Rasilainen, Rubén Gimeno, J. R. EncinarVíctor Pablo Pérez que es casi de casa, junto a Oliver Díaz o Pablo González (que estrena la figura de colaborador artístico) y solistas de casa como Andreas Weisgerber, Maximilian von Pfeil o Juan Barahona, además de Leticia Moreno, Jesús Reina o Ning Feng, más los “aportados” por directores que trabajan con otras formaciones y nos “descubren” figuras que triunfan en otros escenarios, también al otro lado del charco, nuevamente con repertorios equilibrando novedades y tradición, destacando los compositores españoles Jesús Torres, Marcos Fernández y Consuelo Díez junto a Mason Bates en contraposición a la interpretación de la novena sinfonía del avilesino Ramón de Garay (1761-1823), un clásico que en La Villa del Adelantado llevan años recuperando.

Mención especial para los 20 Conciertos del Auditorio y Jornadas de Piano “Luis G. Iberni” que harán volver a Oviedo los grandes Sokolov, Volodos, Pogorelich además del “debut” de Martha Arguerich en la capital junto al último triunfador de Santander, Juan Pérez Floristán, además de “las mezzos divas” Bartoli y Di Donato, también conocidas en Oviedo, sin perder de vista los “fichajes” de Bryan Terfel y Piotr Beczala con la OFil, así como Nathalie Stutzman en la batuta… porque 125 años del Campoamor no podían olvidarse de las figuras actuales aunque sean en recital, sin olvidarnos de formaciones y solistas de primera (Akademie für Alte Musik de Berlín, Orfeus Chamber Orchestra con Alisa Weilerstein, Renaud Capuçón o el nuevo espectáculo de Daniel Hope, así como el Cuarteto Brodsky con la Sinfónica de Guanajuato) que traerán a Oviedo melómanos llegados de todas partes.

Y es que la temporada del coliseo carbayón sigue su línea, ópera y zarzuela con las dos orquestas en foso y dos coros solventes como el propio de la ópera (con Elena Mitrevska de nueva directora) más la Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo”. Aún no conozco el próximo festival lírico, recién finalizado el actual pero sí la LIXX Temporada, con un estreno nacional, Mazepa de Tchaikovsky combinado con los “imperdibles” Mozart, Verdi, Bellini y Gounod, volviendo a los viernes jóvenes donde los repartos de “cover” siempre preparados para cubrir bajas inesperadas, tienen su protagonismo. Los años anteriores he intentado no perdérmelos por el aire fresco y calidad que los “primeros repartos” no siempre tuvieron. Gijón se ha sumado a la oferta y esperemos continúen las entradas de última hora ¡a 15€! y las proyecciones en pantalla gigante que están llevando la lírica a lugares y públicos que probando seguro repiten en vivo, algo constatable por quien suscribe.

También haremos escapadas puntuales como a la vecina y cercana León donde el órgano Klais de “la Pulchra” seguirá sonando muchos jueves antes del sabatino vermut madrileño, además de conciertos gratuitos donde el pago es el peaje del Huerna y la cola obligada, pero están a poco más de una hora, así como la fiesta del Euskalduna bilbaino. Continuaré jugando todas las semanas a la Primitiva porque mi ilusión es viajar con la disculpa de la música, aunque con ella podamos hacerlo sin movernos de casa.

Seguimos con gobierno en funciones y hay dudas sobre la magnitud de los “obligados” recortes donde la cultura seguida o unida a la educación parecen estar en primera línea de fuego, así que viendo el curso que se avecina, toquemos madera y digamos aquello de “que me quede como estoy”. Mientras tanto, a disfrutar de agosto y hasta la próxima…

​ ¡Madriz! humor y color de revista

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Lunes 27 de junio, 20:00 horas: Teatro Campoamor, XXIII Festival de Teatro Lírico Español Oviedo 2016: tercera y última función de ¡Cómo está Madriz! (texto de Miguel del Arco en torno a “La Gran Vía” y “El año pasado por agua” de Chueca y Valverde).

Intérpretes: Paco LeónLuis CansinoMaría Rey-JolyÁngel Ruiz, Amelia FontIsabel Rodríguez, Amparo Navarro; Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo”, Oviedo Filarmonía, dirección musical: José María Moreno, dirección de escena: Miguel del Arco. Entrada butaca: 38,50€ + 1€ de gestión (Liberbank, y pasando obligatoriamente por taquilla al no poder retirarse ya en los cajeros las del Campoamor).

Brillante clausura de la vigesimotercera temporada de “Teatro Lírico Español” de Oviedo con llenos en cada una de las tres funciones y una producción idéntica a la que se disfrutó hace poco en el Madrid del Teatro de la Zarzuela. Interesante haber asistido el pasado jueves 23, víspera del estreno, a la conferencia que el maestro Moreno, el dramaturgo Miguel del Arco y el doctor Ramón Sobrino (coautor con Mª Encina Cortizo de la edición crítica de “La Gran Vía“) nos dieron en la Universidad de Oviedo para conocer en qué estado se encontraban tanto las partituras de Chueca y su “inseparable” orquestador Valverde como la idea de unir los títulos añadiendo los guiños a Barbieri y sobre todo comprender qué era el género chico, el sainete o la revista, pues de eso se trata este ¡Cómo está Madriz! que sigue vigente en toda su crítica a los estratos sociales (iglesia incluida), culturales y políticos, puesto que España y su capital estamos condenados a repetir la historia, siendo normal que nos veamos fielmente reflejados en el sueño que Paco tiene, un durmiente Paco de León que llena él solo la escena y dinamiza todo el espectáculo, con la técnica del video mapping ayudando muchísimo a completar un impresionante despliegue de vestuario así como de personajes en escena. Escuchándoles se disiparon todas las dudas que podrían planear leyendo la prensa nacional tras los incidentes y críticas que sirvieron como la mejor publicidad para el Teatro Campoamor, agotando el papel para poder asistir en primera persona y sin intermediarios a un espectáculo que, como todos, gustaría o no, pues de eso se trata.

Solo con ver el reparto y la ficha técnica del equipo artístico podemos darnos una idea (así como con algunas de las fotos de las distintas webs de la prensa nacional tras su estreno madrileño que ilustran esta entrada) del ambiente creado sobre la escena, con especial mención a la Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” (dirigida ahora por Pablo Moras Menéndez), coro titular solvente no ya en la parte vocal, que estuvo al máximo nivel -cuerdas juntas y por separado, pletóricos, afinados, empastados y siempre atentos, incluso aportando nuevamente solistas al inmenso elenco- sino en el escénico, porque esta revista de tanto humor y color no sería posible sin ellos, para una compleja producción de ritmo frenético sobre las tablas en cada escena con pocos momentos de relajación musical.

Algunos criticarán el espectáculo de mucho teatro y algunos números musicales, pero todo ello es la revista como se entendía hace cien años, doce números en la primera parte más otros diez en la segunda para tres horas con descanso incluido de excelentes textos bien declamados, que no olvidan a Valle Inclán, Benavente, Antonio Machado, Baroja, citas de Ortega y Gasset junto a otros grandes tan actuales como vigentes en su visión de esta España nuestra, sin faltar el humor (fino pero también de brochazo) como vehículo crítico, y es que todavía me río cuando Pablo pide varias veces quemar Iglesias contestando todos “No! que es patrimonio” (también lo es la propia zarzuela), unido a una buena elección de los títulos para completar una fiesta que abarrotó y puso en pie al teatro para el número final con el maestro en escena dirigiéndonos a todos.

Un lujo todo el elenco vocal con pocas romanzas (en algún caso solo una) para cada cantante pero defendidas con calidad, soltura y desenfado, bien rodadas en veintitantas funciones madrileñas que sirvieron para tenerlo todo bien encajado y medido, destacando el siempre seguro y muy querido en Oviedo Luis Cansino (en el doble papel de “El caballero de Gracia” y Policía), barítono pletórico en canto y dicción,  la “Doña Virtudes” de la soprano cómica Amelia Font o “El Elíseo” de la valenciana Amparo Navarro ambas en plenitud de facultades, o “La Menegilda” de la bella María Rey-Joly, la Merche de Paco que completan el dúo “protagonista” de esta humorada coral, sólo por citar mis preferencias, sin olvidarme del simpático “Neptuno” del actor Ángel Ruiz (también uno de “Los Tres Ratas” junto a Carlos Crooke y Pedro Quiralte) o el doblete “La Gomosa / La Bujía” de Isabel Rodríguez, más todas las calles madrileñas, y por supuesto todo el cuadro de actores, algunos reconocidos por sus intervenciones televisivas como el propio Paco León, con larga trayectoria en todo tipo de obras donde los musicales no les son ajenos y siguen revitalizándose con la implicación de tantos nombres de la escena que como Miguel del Arco encuentran en nuestra Zarzuela con mayúsculas la inspiración para recuperar títulos como los elegidos para este Madriz castizo, plural e incorregible.

De la Oviedo Filarmonía volver a destacar su excelente momento cerrando ya temporada (aunque en verano siga trabajando), formación ideal para el foso y perfecto acompañamiento para las partituras de los doctores Sobrino y Cortizo publicadas por el ICCMU, bien entendidas por José María Moreno que supo llevar con buen aire (alguna vez algo adelantado a las voces) unos números musicales que los que peinamos canas tenemos en nuestra memoria colectiva como verdaderos éxitos que espero resurjan en el público joven que ha vuelto al Campoamor. Hasta las mutaciones cual “morcillas musicales” ayudaron a encajar toda esta revista, donde no faltó “El Imperio Contraataca”. Podemos presumir de nuestro género si nos despojamos de prejuicios y la calidad prima en todo, no caigamos en lo mismo de hace cien años porque tristemente parecemos abocados a repetir las historias en vez de aprender de los errores.

La Marchenera de Carlos Álvarez

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Lunes 30 de mayo, 20:00 horas. Teatro Campoamor, Oviedo. Zarzuela: XXIII Festival de Teatro Lírico Español: La Marchenera (música de F. Moreno Torroba, libreto de Ricardo González Toro y Fernando Luque), producción del Teatro de la Zarzuela. Equipo artístico: dirección musical de Miguel Ángel Gómez Martínez al frente de la Oviedo Filarmonía, coro Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo”; dirección de escena y dramaturgia: Javier de Dios; iluminador: David J. Díaz. Entrada butaca: 38,50€ + 1 € de gestión (aunque Liberbank no actualiza los cajeros obligándonos a pasar por taquilla).

©Foto Archivo histórico de la SGAE

Primera función de las tres programadas para este penúltimo título del festival de zarzuela ovetense con una producción de “la casa madre” bien resuelta por Javier de Dios, que reescribe todo el texto teatral, al contar con dos excelentes actores como Fernando Sansegundo como Blas Cantero el empresario, y David Ávila como el libretista Serafín Bravo, los verdaderos protagonistas por el enorme trabajo en conseguir explicarnos a la perfección un libreto algo caótico y endeble que van (re)creando para que la música del gran Moreno Torroba lo salve y sirva de actualización con unos recursos en escena básicos que funcionan a la perfección: salvo los actores vestidos según la moda de 1928 en que se estrena La Marchenera, el resto del elenco lo está de fiesta, con trajes negros y fracs siempre elegantes, una iluminación y teloncillos en su sitio para la sucesión de números, y sobre todo un enorme despligue de cantantes mal llamados secundarios por el distinto peso y protagonismo, incluyendo varios solistas del propio coro hoy coprotagonistas, que darían distinto juego, aunque fuese la presencia del barítono Carlos Álvarez como Conde Hinojares más el tenor Sergio Escobar en el rol de Don Félix, perfectos “reclamos” vocales en sus papeles protagonistas, sin desmerecer a las sopranos Rocío Ignacio como Valentina (el único toque verde azabache dentro de la sobriedad global en blanco y negro) y Susana Cordón como Paloma (aunque sea más papel de mezzo).

Quiero comenzar felicitando a la Oviedo Filarmonía que volvió a dejar el foso pequeño por el derroche y calidad demostrados en los dieciséis números, especialmente en el preludio del tercer acto, con un maestro de prestigio como Miguel Ángel Gómez Martínez quien defendió con solvencia y conocimiento esta partitura llena de momentos muy variados, de la alta tensión a lo más popular, todos respetando el escenario para hacer llevaderas y acertadas las intervenciones de los cantantes.

La Capilla Polifónica es el coro oficial del festival y las tablas unidas al trabajo de una formación joven y preparada son un seguro para sus apariciones. En La Marchenera son parte importante de la obra, esta vez sentados pero con una presencia vocal enorme, salvo el último acto, llenos de matices y energía bien medida en los fuertes con todas las cuerdas bien equilibradas, afinadas y empastadas. Los solistas aportados al enorme reparto son de agradecer por ese “paso adelante” que supone tener sus papeles, destacando especialmente Yolanda Secades como Jeroma, convincente vocal y escénicamente.

Y de las once voces del reparto, al igual que en Madrid triunfó Carlos Álvarez, pletórico conde, recuperado felizmente para llenar escena y aportar el grado de calidad a esta zarzuela, profesionalidad y buen gusto siempre, ya demostrado en la temporada de ópera. También volvía Sergio Escobar, esta vez Félix Samaniego sin problemas vocales como en el Ismael de Nabucco, potente y con derroche de volumen que le hace perder musicalidad en los finales de unas páginas bien escritas para tenor, especialmente los pianísimos que brillaron por su ausencia, aunque el ímpetu orquestal también tuvo parte de culpa.

Mejor la Valentina de Rocío Ignacio, que no se salió por peteneras sino que la cantó convencida y con excelente emisión para un color bonito como su vestido. La Paloma de Susana Cordón voló de forma irregular, con un registro grave casi inaudible que intentó compensar con unos agudos sin medida, problemas de tesitura para este papel ingrato de cantar, muy distinto de su anterior visita mozartiana.

De los llamados secundarios volvía el “asturiano de adopción” Francisco Sánchez como Cárdenas tras su anterior Concordio terrible, breve pero seguro, esperando escucharle en papeles con más empaque, pues cualidades y calidad tiene. La soprano toledana Hevila Cardeña fue una Teravilla que se ganó al público, algo corta de emisión pero con gracejo escénico, al igual que el Orentino de Gabriel Blanco, “dibujados” como dúo cómico que no vocales, en un dúo algo gritado en su final, al igual que el breve Don Miguelito de Lorenzo Moncloa.

No me gustó la breve intervención de la cantaora Sara Salado como la Gitana de los Buñuelos al estar amplificada solamente al final ante el poderío del foso, aunque seguramente con una guitarra española y en los palos adecuados su voz luzca mucho más que en esta zarzuela. Una buena técnica vocal no necesita micrófonos, como así demostraron el resto (me pareció Sansegundo en su intervención con la orquesta en tutti algo ayudado, pero puntualmente), pero reconozco que acostumbrados a los trucos en las grabaciones el directo “desmerece” al hacer desvanecerse las voces que no proyectan correctamente.

Con todo Moreno Torroba siempre deja momentos musicales únicos como el dúo de arpa y violín, conocedor de la orquestación aunque La Marchenera resulte densa para algunas voces salvo un Carlos Álvarez que vuelve a ser el de siempre, como Gómez Martínez, la OFil y nuestra “Polifónica”.

Terrible… aunque no tanto

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Miércoles 6 de abril, 20:00 horas. Teatro Campoamor, XXIII Festival de Teatro Lírico Español Oviedo 2016: El Terrible Pérez, humorada trágico lírica, libreto de Carlos Arniches y Enrique García Álvarez, música de Tomás López Torregrosa y Joaquín Valverde hijo. Versión musical de Nacho de Paz. Nueva producción de la Fundación Jacinto e Inocencio Guerrero, en colaboración con el Centro de Documentación y Archivo (CEDOA) de la SGAE y el Teatro de la Zarzuela. Entrada de butaca: 38,50 € + 1€ gestión en Liberbank (sin comentarios).

Finalizadas mis vacaciones retomaba mi “rutina musical” y nada mejor que con humor para el segundo título del festival de zarzuela española más importante tras el madrileño, con un teatro que registraba buena entrada que espero aumente viernes y sobre todo sábado, y reciente “Premio Lírico Teatro Campoamor a la mejor nueva producción de ópera española o zarzuela 2015“.

Conocía El Terrible Pérez por la grabación en DVD efectuada en Cuenca el 28 de septiembre de 2014 de la única representación hasta el día de hoy para una obra simpática estrenada el 1 de mayo de 1903 en el Teatro Apolo de Madrid. La producción sencilla y efectiva del “triciclePaco Mir más el elenco de entonces que se mantenía casi en su totalidad incluyendo dirección musical y orquesta (nuestra Oviedo Filarmonía titular de este festival carbayón), actores con mucho papel y cantantes que también deben hablar y bastante, con algunos cambios que personalmente mejoraron el conjunto del estreno conquense.

Hora y media de gags y diecisiete números musicales cercanos al “music hall”, cabaret e incluso revista, pues de todo hay en esta “humorada” que el asturiano Nacho de Paz ha recuperado quitándole el polvo como a los maniquíes de la sastrería donde transcurre la primera parte, implicándose de principio a fin, lo que se agradeció por conocer de primera mano y como nadie esta obra más que centenaria pero actual, dominando foso y escenario, con guiños locales tan habituales en las salidas a provincias, donde el tranvía iba a Mieres o Pola de Siero y hasta la fama llegaba a Vallobín (además de la propina final del Canto a la Sidra de “Xuanón” en versión “ad hoc” e intervenciones de todo el reparto vocal), con una música sin mayores pretensiones pero que funciona -genial el toque del fragmento del preludio de Don Giovanni en el penúltimo número- o la inclusión de La Pulga orquestada por el propio De Paz, y otros números para completar un libreto lleno de momentos casi hilarantes merced a la excelente interpretación del Saturnino de Balbino Lacosta, el completísimo Concordio de Francisco J. Sánchez con casi más texto que partitura, un David Menéndez que volvía “a casa” como Fidel imponente siempre, degustando la parte cómica que siempre ha tenido escondida, y sobre todo ese Pérez que es Eduardo Santamaría porque no puedo imaginármelo sin él, realmente borda “su papel”. Otro tanto podríamos decir de la Teresita de Ruth Iniesta, ideal en su papel y también recogiendo premios en un 2015 completo (Premio Lírico Campoamor y Premio Codalario a la cantante revelación), más una Cocotero mexicana a la que “todoterreno” Pilar Jurado devuelve nacionalidad primigenia respecto al reestreno, presencia y sello propio.

El cuarteto de pantaloneras (las mezzos Pilar Belaval y Ana Cristina Marco más las sopranos Sagrario Salamanca y Soledad Vidal) escogido en un amplio casting como pude enterarme, cumplió y se comportaron en sus números, exigentes por la necesidad de bailar, cantar empastadas y convencer, al igual que los actores José Luis Alcobendas (ciego, camarero y baturro) y excelente el principal de la sastrería Javier Lago (Braulio y maestro) más el tenor cómico Carlos Crooke (pollo, guardia y capitán).

La Oviedo Filarmonía funcionó a la perfección, equilibrada, sonando a cabaret de lujo e imprimiendo la calidad que debe imperar en foso, bien llevada por un Nacho de Paz que mimó todos los detalles para el feliz entendimiento con el escenario. Igualmente felicitar a todo el equipo artístico de esta producción a la que le auguro recorrido por novedosa, llevadera (hora y media sin descanso) y sobre todo con mucho humor que no nos puede faltar nunca.

En definitiva una buena forma de retomar mis actividades musicales con una semana bastante completa que iremos contando desde aquí.

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