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Pamplona bien vale una misa

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Este año los docentes asturianos volvíamos a tener “puente” tras anteriores cursos donde dábamos saltos lectivos por una semana donde se celebran pegadas una festividad laica y otra religiosa. Para un melómano viajero, o viceversa, nada mejor que una escapada a la capital navarra para conjugar ocio personal y negocio ajeno (mi sufridora es autónoma), uniendo amistades con quienes compartimos muchas historias con la disculpa gastronómica donde no falta la música.

Callejear por Iruña siempre es un placer cualquier estación del año, de su despensa variada todo un emporio y de su cocina para viaras enciclopedias. De San Fermín decir que es casi una religión mundial, y de sus alrededores daría para muchos días, aunque merece visita especial Alzuza, donde se yergue imponente el Museo Fundación Oteiza para terminar en el valle de Esteribar camino de los Pirineos, tras pasar por Eugi, comiendo un arroz negro en el restaurante del Hostal Arrobi Borda, casi cita obligada, porque no todo es comer chistorra ni pinchos excelentes en el casco viejo.

De vuelta se puede visitar el Museo Pablo Sarasate, dedicado al músico navarro más internacional junto a Julián Gayarre, quien da nombre al teatro capitalino, o el Palacio de Congresos y  Auditorio Baluarte donde además de mucha y buena música también había exposición de belenes.

El viernes 8 de diciembre la Santa Iglesia Catedral de Santa María celebró la festividad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María con una solemne eucaristía a las 12 del mediodía presidida por el arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela el burgalés Don Francisco Pérez Gonzalez, y concelebrada con todo el boato de la efeméride mariana donde no puede ni debe faltar la música para vestirla de toda la solemnidad posible esta joya del gótico totalmente restaurada.

Además del deán organista Julián Ayesa y la histórica Capilla de Música de la propia catedral pamplonesa dirigida por su admirado, veterano y siempre vital chantre Aurelio Sagaseta (Iturén, 1935) también intervino la orquesta de cámara Ensemble 4.10 perteneciente a la Escuela de Música Joaquín Maya que nos dejaron obras de Nemesio Otaño, Mozart, Pascual Aldave, A. Sagaseta, parte del ordinario de la misa de Tomás Aragüés Bernard pero especialmente el final de la eucaristía donde hubo bendición papal con indulgencia plenaria y la aparición de los Seises o Infanticos de la Catedral con el llamado “baile de respeto” ante la imagen de Santa María la Real mientras escuchábamos el Villancico a la Virgen del Camino (1834) de Hilarión Eslava, conocido popularmente en Iruña como “Las sevillanas“, o Danza de los Seises, esta vez sin castañuelas, uniendo la capital hispalense y Pamplona por parte del sacerdote y músico de Burlada, con una tradición secular que atrajo una verdadera multitud para disfrutar un acontecimiento único en fechas muy señaladas como esta de La Inmaculada.

No faltaría tampoco una cena coloquio como tantas otras que hemos disfrutado a lo largo de la geografía nacional, aunque esta de la capital navarra fuese especial al ser invitado como “conferenciante”, hablando como no podía ser menos de música y viajes, interiores y reales con la disculpa de todo melómano que encuentra eventos allá donde va.

Sirva esta entrada como ejemplo y gratitud por hacerme sentir Pamplona como mi casa y mis amistades una gran familia donde no faltó la tía Basi, de Asiáin, que nos enseñó su libreta fechada en febrero de 1938 donde hacía su resumen de los conocimientos adquiridos por una mujer de 14 años entonces nada habitual, conservando una memoria privilegiada, comentando cuánto había cambiado el mundo y con una alegría de vivir contagiosa.

Nos vemos en la próxima escapada y prometo contarla.

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Febrero de 1975: Nueva Conciencia

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La inmortalidad de la buena música
Hace unos años nadie podía suponer que a la juventud le interesase la música clásica e incluso tener en casa un disco de Beethoven al lado de uno del momento. Parece antagónico pero hoy no lo es. Y esto se debe a la labor de una serie de señores que bien mediante arreglos musicales o letrísticos, hicieron una música clásica al alcance de todos, pese a diversos sectores que califican como “crimen” artístico o sacrilegio alterar las inamovibles obras de los maestros. Es como un conflicto de dos generaciones: la joven que está de acuerdo y la de los adultos que lo consideran irreverente.
Pero no se puede juzgar igual a unos arreglos en el ritmo como los de Ray Conniff o Waldo de los Ríos, con otras interpretaciones personales de Emerson – Lake y Palmer o Teddy Bautista, por ejemplo y citando dos nacionales y otros dos extranjeros, con los originales.
Así, son muy conocidas versiones clásicas con letra de hoy de la “Canción de Cuna” de Brahms, o “Sueño de Amor” de Liszt, y muchas otras que han popularizado diversos cantantes mundiales.
Esto no es de ahora ya que en los 50 hubo una canción con el título de “Passion Flower” que no era más que una versión del “Para Elisa” de Beethoven pero más rítmica y con letra.
Pero no cabe duda de que el revolucionario de este nuevo estilo sinfónico-pop por así llamarlo, fue Waldo de los Ríos con su versión del “Himno de la Alegría”, cuarto movimiento de la Novena de Beethoven, que a su vez tomó la letra del poeta Schiller. La versión español corrió a cargo del cantante Miguel Ríos y obtuvo un resonante éxito mundial, vendiendo millones de copias.
Volvió a probar suerte con el “Te Deum” de Charpentier, con el título de “United” (Himno de Eurovisión), pero no consiguió igualar el record de ventas de la anterior versión beethoveniana.
Por tercera vez insistió, esta vez con Mozart y su sinfonía nº 40 manteniendo esta vez su línea de éxitos que hoy mantiene con su álbum “Mozartmanía”.
Respecto a la primera hubo una serie de críticas. Mi punto de vista es que no existe ningún problema con hacer una versión de una obra inmortal, pues quienes consideran como una “herejía” que manipulen y desfiguren obras ajenas no se dan cuenta que las originales permanecen incólumes y sin daño después de la versión propia que puede triunfar, caso de Picasso con sus Meninas al igual que las de Velázquez pero con su sello y estilo personal. La esencia se mantiene en ambas. Pero no sabemos cuál es el grado de admisibilidad de esas versiones, ni si son o no buenas. Puede darse el caso de que sirva para ir al original y que se den cuenta de su valor pero también el caso contrario de desilusión al compararlas (aunque sea esto casi imposible).
Esto es referente a la adaptación de obras clásicas para nuestros días, pero también está la conversión de una obra ajena en propia. Así y favorecidos por inventos de instrumentos electrónicos como el sintetizador, en el año 1968, debido a Walter Carlos, Leonard Bernstein y Robert Moog (aunque sus primeros pasos se remontan a 1952).
Este aparato es capaz de reproducir la frecuencia y los armónicos de cualquier instrumento, pero con igual timbre y sonoridad. Se han conseguido excelente versiones de obras sinfónicas, con nuevos matices. Ejemplo de esto, es el “Cuadros de una exposición” de Moussorggsky y Ravel, en versión de Emerson, Lake y Palmer, y una anterior del propio inventor, Walter Carlos, que basándose en Bach y con el título de “El sintetizador bien templado”, se la puede considerar como la primera en su género.
Una última posición, es la composición de obras actuales con forma clásica. Así, óperas pop o rock, como “Tommy” de Pete Townshend del conjunto “Who”, o la tan renombrada “Jesucristo Superstar”, de Tim Rice y Andrew Lloyd, junto a las últimas obras de Luis de Pablo.
De lo que no cabe duda, es que a música clásica está en alza. La gente joven se da cuenta de que las melodías del momento se olvidan pronto, pero que una obra de Mozart, Beethoven…, cualquier clásica, sea en la versión que sea, siempre se recordará, o al menos, tardará menos en olvidarse.
La prueba de que se dan cuenta está en el aumento de ventas de discos clásicos. Karajan compite en ventas con Dylan o Hendrix. Las múltiples grabaciones del mejor director del momento, se agotan una tras otras. Sinfonías de Brahms, Preludios de Mozart, Oberturas de Beethoven, Óperas de Verdi, se venden cada día más. Pero ¿quién las compra? los jóvenes. Ya se empiezan a ver la sala de concierto repletas de jóvenes de larga cabellera y tejanos, aplaudiendo una obra de Tchaikovsky, lo mismo que una actuación de un grupo moderno interpretando Chopin a ritmo de rock y acompañamiento de batería.
Vivaldi y sus “Cuatro Estaciones” ya se oyen lo mismo en versión de la Filarmónica londinense que en la actual de Teddy Bautista, antiguo “canario”.
Pero la realidad es esa. La música clásica, la Música, así con mayúscula, se oye y gusta. Claro. Es Inmortal.
Pablo Álvarez Fernández
Dejo esta transcripción literal con ligeros retoques de puntuación y los añadidos casi obligados a los enlaces o links que hoy nos permite la tecnología y enriquecen los textos de mi primer artículo publicado en 6º del Bachillerato de Ciencias, siendo de los primeros escritos por alumnos en la prestigiosa revista del único instituto en el Mieres de entonces, dirigido por Doña Carmen Díaz Castañón. Estaba en mi penúltimo curso (1974-75), suprimiendo el ministerio de turno la reválida de 4º de bachillerato y dejando opcional la de 6º para titular superando el llamado COU (curso de orientación universitaria que sustituía al PREU), y con mi título profesional de piano también en su recta final (llegaría al Conservatorio de Música de Oviedo en pleno San Mateo del mismo año 1975), profesional entonces y dependiente de Bellas Artes y la Diputación, aún en la calle Rosal. El curso 1975-76 cursaría el mío justo cuando comenzaba a impartirse el BUP (bachillerato unificado y polivalente), apareciendo en su primer año la materia de “Música” tras décadas pidiéndolo, llegando incluso a solicitar a la dirección del centro el puesto de profesor que por titulación podía, mas la edad resultaba un inconveniente, unido a ser alumno del propio instituto.
La revista “Nueva Conciencia” comenzó cual fanzine para ir mejorando en presentación e impresión, en parte financiada con las aportaciones de la Asociación de Padres de Alumnos de entonces, editándose profesionalmente e incluso enviándose algunos ejemplares a distintas universidades mundiales, pues recogía básicamente la memoria de actividades pero especialmente colaboraciones del profesorado de las distintas materias, incluso avances de tesis doctorales, dejando a continuación el índice de ese décimo número.
Guardo los números 4 al 10 y desconocía cuántos años más estuvo editándose (en Internet encontré que llegaron al 23) pues finalizado mi séptimo año en El Bernaldo tras aquel COU de calabazas en junio y tras un verano de enclaustramiento obligado con las ciencias puras (Matemáticas Física y Química) poder superarlas en septiembre junto a la temida Selectividad de entonces, para marchar a estudiar a Oviedo, aunque no Ciencias Químicas como en principio quería y a la vista de los problemas optar por “Magisterio”, entonces convertido en Diplomatura de la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado de EGB.
Aquel verano del 76 cambió muchas cosas en todos los aspectos, no digamos en “Mi querida España” que cantaba la malograda Cecilia, las ciencias por las letras al optar por la especialidad de “Humanidades y Ciencias Sociales” siempre esperando que se convocasen plazas de especialistas en mi materia, “Música”, tanto en las escuelas como en los institutos, aunque ésta no llegaría hasta 1987 en mi segunda “intentona” de oposiciones madrileñas para lo que se llamaba Territorio MEC, pero hoy tocaba recordar los años mozos.
De mis opiniones y gustos musicales no hubo tantos cambios a lo largo del tiempo como se puede deducir de la lectura de este artículo o de las entradas en el blog, pues sigo confesándome “omnívoro” en cuanto a la música se refiere, y donde los estilos e interpretaciones de la entonces llamada “música clásica”, siguen discutiéndose cuarenta años después. Pero gracias al esfuerzo y trabajo de todos en aquella transición, estos años pasados han formado a grandes profesionales en este mundo entonces de “bohemios” o gente de “mal vivir” que por lo menos son reconocidos socialmente, aunque nunca lo que se merecen.
Puedo concluir que incluso estos años reflejados por un adolescente de 1975 han redondeado la visión que da el tiempo, publicaciones muy serias y documentadas, verdaderos análisis de una historia de nuestro país que en el caso de mi admirado Eduardo García Salueña (1982) no solo fue tema de tesis doctoral sino el de una joya de libro recientemente publicado “Música para la libertad” (Norte Sur Ediciones) del que puedo presumir de haber estado en su bautizo en Gijón (arriba está la foto) y traerlo hasta Mieres el próximo 30 de noviembre a la librería “La Pilarica”, magna publicación con la que rejuvenezco por haber podido vivir tanto de lo reflejado en ella sobre aquella fusión en Galicia, Asturias y Cantabria. A él le debo recuperar este artículo por todo lo que removió su presentación y posterior lectura.
Tratándose de seguir haciendo historia musical además de cercana, el CD que acompaña al libro es otro documento imprescindible donde entre los doce temas (con dos inéditos) El ventolín de Asturcón fue sintonía de amigos y Juan Carlos Calderón mi pianista y compositor ideal de una adolescencia recordada en esta entrada que rememoraremos alguna que otra vez.

Grandones con gaitas

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Martes 24 de octubre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: Argentum, concierto 25 aniversario Real Banda de Gaitas “Ciudad de Oviedo”. Entradas: 8 € y 6 €.

Llenazo histórico, con entradas agotadas hacía días, para una celebración local que trasciende Oviedo, las bodas de plata de esta Real Banda de Gaitas “Ciudad de Oviedo” con invitados de lujo en todo un espectáculo, plateado o Argentum, verdadera fiesta donde prevaleció el “grandonismo“, verdadera seña de identidad asturiana uniendo músicas e intérpretes que no siempre mezclan bien, megafonía irregular con exceso natural de decibelios pero la música siempre protagonista más allá de calidades interpretativas, que también las hubo, haciéndome recordar “los mil gaiteiros” en Santiago de los que presumía Fraga, porque no tantos pero como ellos sonaron en un auditorio que tembló acallando dudas sobre la seguridad, al menos de sus cimientos, y es que estas bandas tienen en el exterior su mejor acústica.

Hubo de todo y para todos, primera parte con​ un documental de presentación contando la historia de esta banda, Esther Fonseca de presentadora, otra habitual en los eventos folklóricos,
entrega de la Medalla de Plata del Ayuntamiento de Oviedo, con la presencia de Wenceslao López el alcalde, Ana Taboada la teniente de alcalde, o Roberto Sánchez Ramos “Rivi” concejal de Cultura, y por supuesto Adolfo García Blanco, presidente de la Real Banda de Gaitas “Ciudad de Oviedo” que recogió la distinción y mal leyó sus notas de agradecimiento.

Tres directores para una grandona por numerosa banda de gaitas con tambores, bombo y acordeones, José Manuel Fernández “Guti”, Vicente Prado Suárez “El Pravianu” y Yolanda Pérez Alonso “Yoly”, la Real Banda de Gaitas Ciudad de Oviedo pero también la Banda de Gaitas Vetusta, cantera que asegura la continuidad. Participarían iguallmente los finalistas de baile del Concurso Ciudad de Oviedo. Primera parte que comenzó con una gaita sola mientras se llenaba el escenario para comenzar con Castañeiru-Eire de Guti, versión del tema The Clumsy Lover arreglada para sonar potente y cercana antes del Asturies de mi querer de Falo Moro, otro referente de la música asturiana, el conocido baile tradicional de El Saltón, con las parejas de baile citadas añadiendo colorido para esta versión casi sinfónica igualmente “grandona” en vez de la habitual pareja de gaita y tambor. En tantos años se nos han ido grandes músicos y mejores personas por lo que nada mejor que hacerles un homenaje con El Pravianu dirigiendo sus arreglos de BasilisaEstecheiru de Fernando Largo, Careao de Silvamayor-Muñeira de Llibardón, merecido al siempre recordado Antolín de la Fuente, o Nidiu atapecer-Martin’s (Martín Fdez. Cascudo) con la “Vetusta” en buen estado de forma y Yoly al frente. Excelentes acercamientos de nuestro folklore elevado a la máxima potencia.

Los arreglos de Guti y El Pravianu de la conocida Muñeira de Tormaleo sirvieron de presentación a la Escolanía de Covadonga, para el popular Soy de Verdiciu cubano-astur con letra de Marcos del Torniellu que la megafonía no pudo ayudar a disfrutar de los escolanos engullidos por la masa sonora y el “moscón” de los roncones (sin rima), pero la cantera coral del Real Sitio tenía que estar presente, máxime porque un antiguo componente firmaría la segunda parte, unión de las generaciones que recogerán el testigo de una historia viva.

Ya no hay etiquetas y las gaitas son capaces de tocar música sin etiquetas y de todas las épocas, convirtiendo en tradicional lo popular y a la inversa, por lo que Nel Muñiz González, antiguo componente de la banda de gaitas, se le ocurrió preparar unos temas de los Beatles con el grupo The Blue Submarine (formado por Emilio Ribera a la guitarra, Iván Cueto al bajo eléctrico, Willon de Calle a la batería y Javi Rubio a los teclados) que apenas pudieron equipararse en volumen a la sucesión de Obladi oblada, Yellow submarine, Yesterday, Hey Jude y de nuevo el submarino cual símbolo de mantenerse a flote porque no hay quien derribe esta nave, porque en tiempos revueltos fuera las etiquetas y viva el mestizaje. No se puede hacer más con lo que teníamos en escena.

Tras la ceremonia protocolaria, siempre propaganda e ideario de lo que algunos entienden por cultura, un descanso para los tímpanos y la segunda parte sinfónico-coral con los arreglos de Guillermo Martínez, un todo terreno que bebió en Covadonga un elixir musical que da para mucho, buscando un lenguaje propio pero hablándolos todos, aceptando un reto casi imposible: mezclar sobre el escenario una segunda parte diríamos de gala por la vestimenta de temas asturianos centenarios unos, sesenteros del de Mieres otros, con casi doscientas voces (Coro de la FPA y Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo”), Oviedo Filarmonía bajo la dirección de Luis Miguel Méndez, más la homenajeada banda, ubicaciones estudiadas sobre el escenario y megafonía necesaria porque aceite y agua se superponen pero las frecuencias son como son y no es cuestión de volúmenes, sumándose la estrella invitada Víctor Manuel y el fin de fiesta también con la Escolanía de Covadonga, cuna de España para nuestro Asturias Patria Querida (en arreglo de Guti) que puso la piel de gallina y los 1500 espectadores en pie sumando casi dos mil personas entonando nuestro Himno.

Ya circulan grabaciones por las redes sociales pero siempre digo lo mismo: el directo es irrepetible.

La Suite Asturiana con temas recogidos por los directores gaiteros y orquestados por Guillermo Martínez resultaron adecuados, bien organizados con un lenguaje sinfónico igualmente tradicional, pero con demasiadas gaitas para apreciar la cuerda y especialmente el gran coro, solo audible puntualmente, cantando con ellos muchos de los presentes (para dentro, claro). Ni amplificados pudimos gozar de las sutilezas que la partitura esconde, supongo que en un estudio de grabación se podrá equilibrar semejante despliegue, pero personalmente hubiese apostado por dejar un cuarteto de gaitas y prescindir de parches y acordeones dado que la orquesta aporta dichos efectivos dando más equilibrios a unas dinámicas y planos que se perdieron entre una masa sonora que la megafonía solo sirvió para ensuciar aún más. Puede que una banda sinfónica resultase más equilibrada pues solo los metales pueden igualar medianamente melodías y contrapuntos que ni siquiera las propias gaitas sacaron a flote ante una pegada de watios y decibelios que podían haber resultado dañinos para los oídos del respetable, aunque los años hagan perder sensibilidad.

Más comedidas fueron las mezclas para la Suite de Víctor Manuel, en tanto que las apariciones de la banda de gaitas no fueron tantas y mejor ubicadas en la partitura. Los arreglos de gaita más los sinfónicos de Guillermo me recordaron los originales del de Mieres, tanto en Paxarinos o Carmina (al fin pudimos escuchar las flautas) como “nuestra Romería” (bien el oboe y toda la cuerda, especialmente los cellos comandados por Gabriel Ureña) y los de Amargós en Cuélebre, también con el Coro de la FPA y la OSPA, pero sobremanera el Asturias si yo pudiera, el himno no oficial con letra del sevillano Pedro Garfias que Víctor Manuel (Mieres, 7 de julio de 1947) sigue llevando por estandarte (mejor que pendón y no digamos bandera) haciéndola popular en un mundo sin fronteras. Las pinceladas corales resultaron algo mejores que en la primera suite aunque coincidentes con los momentos fortissimi, y tener al propio compositor cantándolas hace permitirle jugar con los tempi en un rubato muy habitual pero que Luis Miguel Méndez aguantó.

No ha sido un gran cantante “Victorín” pero mueve masas, más en su tierra, sus canciones ya son tan asturianas como las recogidas por Torner, en la cercanía de un acústico son casi de chigre pero con coros y orquesta, sumándole las gaitas, la magnitud que alcanzan solo es comparable a la fiesta del auditorio ovetense para celebrar 25 años de una banda que ya es Real y auténtica “Marca Asturias” sin madreñismos cuando se mima (bravo por Guillermo).

Lástima los excesos tan nuestros, ese grandonismo que nos nubla el sentido y el oído. Todo sea por la fiesta, de prau o en butaca, que para “la folixa” siempre hemos sido únicos, y no hay auténtica celebración asturiana sin gaita. Si son muchas el recuerdo será proporcional, doy fe.

Domingo de música transatlántica

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Domingo 15 de octubre, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, “Conciertos de otoño”: Vuelta Abajo, Banda de Música Ciudad de Oviedo, David Colado Coronas (director). Entrada libre.

Llevo años siguiendo a mis amigos de Vuelta Abajo desde su fundación allá por San Mateo de 2001 cuando los boleros y el son les dejaba huella de sus viajes tunantescos a Miami y Cuba, para ir creciendo  a partir de 2006 en número, ritmos y calidad. No me perdí varias de sus actuaciones por distintos locales y sobre todo “las grandes” de la Plaza de la Catedral compartidas desde este blog en plenas fiestas de 2013 y 2014 (un festival compartiendo escenario con Los Sabandeños el Día de América en Asturias) así como la grabación en vivo de su CD “Entre amigos” el 15 de enero de 2012 celebrando los 10 años en el Teatro Filarmónica. Tampoco podía faltar a este nuevo proyecto ampliando repertorio y sumándose a la Banda de Música Ciudad de Oviedo en el inicio de futuras colaboraciones.

Mucho público esta tarde dominical para escuchar músicas del otro lado del charco, el repertorio habitual de nuestros “sabandeños asturianos” que sigue creciendo. Aunque algo mermados en efectivos, con solo 17 en escena (nueve voces y ocho instrumentistas) no muy bien amplificados, volvieron a demostrar el dominio de la música hispanoamericana así como lo trabajado que tienen cada tema, comenzando con la peruana Luz de amanecer (Carlos Ayala), uno de los primeros del grupo que sigue siendo perfecta presentación, ese minero boliviano con flautas, charango, bombo legüero y unas voces bien ensayadas (además de contar con un micrófono para cada una) con el refuerzo del bajo eléctrico, más potente que un guitarrón o el habitual contrabajo.
De México nos dejarían El camino de la noche (José Alfredo Jiménez) jugando con la hermosa voz solista emulando al gran Javier Solís con más calidez instrumental que la original y un “coro” muy bien empastado, otro de los temas que Vuelta Abajo no puede dejar de ofrecer.

Casi a media luz para continuar viaje hasta Argentina y esa Oración del remanso compuesta por Jorge Fandermole que Mercedes Sosa rezaba como nadie y los asturianos han incorporado desde la intimidad y el buenhacer del conjunto para continuar viaje por Cuyo con El niño y el canario (Hilario Cuadros / Evaristo Fratantoni) que de niños conocimos por Jorge Cafrune y Marito aunque me quedo con esta versión nuestra menos empalagosa y mejor armonizada.
Se notó la falta de más voces, especialmente la primera, en el vals jaranero Callejón de un solo caño (Victoria y Nicomedes Santa Cruz) interpretado junto a Palmero sube a la palma, ¡qué bonito! recordando a nuestros admirados canarios especialmente en la parte instrumental. Sin perder sabor llegaría la Zamba de la toldería (Buenaventura Luna, Óscar Valles y Fernando Porta), rítmica en estado puro y buenos punteos, Alma guaraní (Osvaldo Sosa / Damasio Esquivel) de belleza habitual en estas melodías del Paraguay, para cerrar viaje con la historia de un negro en Uruguay visto desde la vecina Argentina, de nuevo limitados en los equilibrios de voces e instrumentos con el Candombe para José (Roberto Ternán) y una amplificación no muy inspirada, recordando los tres orígenes del folklore hispanoamericano: el español, el indígena y el africano, feliz mestizaje que tan buena música nos ha dejado y de la que Vuelta Abajo son buenos intérpretes.

Sin apenas respiro y lo que se tarda en vaciar el escenario, la Banda de Música Ciudad de Oviedo nos traería más música del otro lado con unos arreglos verdaderamente espectaculares para apreciar la calidad de una formación donde solo faltó una flauta más para haber redondeado una interpretación llena de sutilezas, ritmo y armonías de película, siempre con David Colado atento a cada dinámica y protagonismo en plena renovación de repertorio. Interesante el arreglo de “Los hijos de Sánchez”, traducción española de Children of Sánchez de Chuck Mangione, un virtuoso del fliscorno en los felices 70 con este tema que sirvió de banda sonora a la película homónima, aquí con protagonismo no solo del flügelhorn sino también del saxo alto, pero con todas las secciones conformando un tema algo repetitivo, sin voz, que salva un ritmo frenético empujando el tema siguiendo las modas de entonces.
Con ese aire peliculero de las películas vaqueras nos mantuvimos en el nuevo continente con la conocida habanera esta vez reconvertida en mambo La Paloma (Sebastián Yradier) para una banda muy potente, especialmente en los metales y nuevamente la percusión que marca diferencias en este arreglo japonés. Y todavía más curiosa la versión de Amapola (José Mª Lacalle), un gaditano emigrado a Nueva York, cambiando los ritmos del bolero inicial, rumba y chachacá terminando en samba, verdadero homenaje caribeño del músico nipón Naohiro Iwai (1923-2014) para mantener ese aire transatlántico de este domingo donde el fuego robaba protagonismo a la música. Antes de volver a hacer una pequeña escala en nuestra España, el conocido tema de Rafael Hernández Marín “El Jibarito” El Cumbanchero con una instrumentación nada vulgar de nuevo a cargo de este descubrimiento del imperio naciente, hoy casi tan protagonista como los intérpretes, y pese a lo “vulgar” que nos podrían parecer estas canciones que toman nuevos aires, nunca mejor dicho, haciendo que las bandas también actualicen sonoridades y estilos.
Canta la copla que “La Habana es Cádiz con más negritos, Cádiz, La Habana con más salero” y Pascual Piqueras (Valencia, 1973) compuso este De Cai manteniendo la percusión del cajón mal llamado flamenco, venido de Perú pero totalmente asimilado gracias a Paco de Lucía, sumándole palmas y taconeo (bien por la pareja de percusionistas) que se quedaron comidos por las dinámicas de toda la banda, aires del sur con instrumentación internacional para esta música tan exportable y llena de vida, con todas las secciones participando.

Para el fin de fiesta nada mejor que volver a cruzar el Atlántico y aunar esfuerzos Vuelta Abajo con la banda y dos temas que los primeros tienen de siempre buscando nuevas sonoridades aunque la amplificación ni los arreglos estuvieron a la altura necesaria: Manhã de Carnaval (Luis Bonfa), ese Brasil de “Orfeo Negro” que hubiese necesitado más presencia y cuerpo vocal e instrumental con menos volúmenes en la banda, y el conocido joropo, casi segundo himno venezolano Alma Llanera (Rafael Bolívar Coronado – Pedro Elías Gutiérrez) que bisarían mejorando planos aunque la instrumentación no vendría mal eliminar la melodía duplicada o al menos mimar los matices, aunque supongo que esta primera toma de contacto también suponga corregir detalles y buscar arreglos tan buenos como los del japonés. Espero ya el siguiente proyecto para animar a estas fusiones más allá de coros de zarzuela y óperas, pues siempre digo que no hay etiquetas para la música, solo la que gusta y la que no, y David Colado apuesta por ello.

El horizonte de Teresa Salgueiro

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Sábado 8 de abril, 20:30 horas. Teatro de La Laboral, Gijón: O Horizonte, Teresa Salgueiro. Entrada: 25 €.
Teresa Salgueiro siempre la asociaremos a Madredeus, algo irrenunciable en cualquier grupo donde la voz va asociada al grupo. Pero no reniega de ello, al contrario, en Gijón y con un lleno que demuestra cómo la oferta musical asturiana se complementa y no rivaliza, además de presentar su nuevo trabajo discográfico grabado el pasado verano, también repasó temas del grupo portugués más internacional y de calidad (Guitarra), sin olvidarse del tributo a Zeca Afonso o Amalia Rodrigues, y del amor por lo latino que nuestros vecinos tienen, con dos canciones como Fina estampa o una composición de la propia Teresa grabadas en México (La golondrina y el horizonte, 2016) con el título de Canción Mixteca, una delicia.

Gusto, sensibilidad, emoción, esa voz inimitable capaz de unos agudos naturales casi celestiales y una forma de cantar única, textos llenos de historias sobre un horizonte como punto del camino o el propio transcurrir de la vida. La puesta en escena sencilla como la propia Salgueiro, luces delicadas ambientando lo suficiente para que nada distraiga de la escucha atenta de la voz portuguesa, con un técnico de sonido que es uno más del grupo al hacer entrar los efectos para conseguir coros imposibles o la ambientación sonora de varios temas del disco, pero sobre todo un cuarteto de músicos que dotan a este último trabajo de la lisboeta de una calidad suprema: Rui Lobato pasando de la guitarra a las percusiones y la batería, Óscar Torres al contrabajo eléctrico, jugando con el arco y los registros cercanos al chelo además de unos “delay” en el sitio justo, Marlon Valente al acordeón que por momentos cantaba como Teresa y otros resultaba cual violines, y especialmente la guitarra del madeirense Graciano Caldeira, pasando al cabaquinho en los temas “latinos” con un virtuosismo y buen gusto que completaron este proyecto realmente de calidad.

Para quienes tengan el CD es una maravilla seguir las letras de los doce temas que lo componen y con el poema “Horizonte” de Pessoa como presentación de lo más adecuada al disco. Aires atlánticos desde esa Lisboa del Tajo cuyo discurrir sigue llevando a nuestros vecinos portugueses por los mares musicales a los que Teresa Salgueiro pone letra y música. Un placer compartido durante dos horas de concierto en La Laboral de Gijón, también con olor a salitre.

Boleros y especialmente coplas

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Jueves 16 de marzo, 20:00 horas. Auditorio “Teodoro Cuesta”, Casa de la Cultura, Mieres. Semana Internacional de la voz, “Tardes de Coplas… y Boleros”: Chus Serrano (voz) y Marcos Suárez (piano). Entrada: 5 €.

Continúa la semana de la voz con un artista integral como Chus Serrano, actor, cantante y logopeda, reuniendo tres facetas plenamente ligadas a esta celebración musical, y esta tarde con boleros y coplas que todos tenemos en nuestra memoria, microrrelatos donde además de cantar unos textos que son “puro teatro” también se deben escenificar, hacer creíbles. 

Como bien me comentaba Elena Pérez-Herrero, coordinadora de esta semana y maestra de canto de muchos de los participantes, hubiéramos necesitado un Astor Piazzolla para nuestra copla que la elevase al sitio que merece como hizo el argentino con el tango.
No abundan buenas partituras y menos arreglos para piano de estas “pequeñas” piezas de nuestra vida, lo sé por experiencia, apenas la melodía y los acordes (siempre pensando en la guitarra) que ni siquiera están todos ni bien… con un poco de suerte algunos arreglos para aquellas orquestinas donde el guión de piano servía para eso, guiar unas armonías que como el tiempo, también han evolucionado, y no hablemos de las editoriales de partituras, casi siempre aprovechando las presentadas en “Autores” (la SGAE) donde solo se exige melodía y bajo “cifrado”, que además tienen poca venta ante el pirateo de las redes donde todo es gratis… y así nos luce el pelo.

Recordaba escuchando esta velada que registró la mejor entrada hasta el momento, cómo estos géneros han sido un poco el Guadiana, la música de nuestra infancia que algunos grandes intérpretes la han sacado del olvido volviendo a ponerla de moda, aunque sea atemporal, y siempre nos pasa que seguimos sin saber venderlo. Luis Miguel o Alejandro Fernández han colocado el bolero en la memoria de su generación, retomando la historia de la mexicana María Grever ¡discípula de Debussy! que llegó a escribir un libro titulado “Aprenda Ud. español por medio de la música” tan influyente en los años 40 y 50 en EE.UU. donde Mario LanzaFrank Sinatra y especialmente Nat King Cole, Dean Martin tenían el mismo acento para aquellos temas que pusieron nuestro idioma de moda, también José Feliciano, actualizado y renovado con una rusa: “El idioma es música“. Y es que el bolero no pasa de moda, es mestizaje, sigue generando mucha y buena literatura, documentada, porque es un poco la banda sonora de nuestras vidas además de la mejor promoción del español.
También han coqueteado con el bolero desde Gloria EstefanTamara o Alejandro Sanz, Los Sabandeños, los leoneses Café Quijano e incluso los dos Davides “triunfitos” Bisbal y Bustamante, amén de nuestro cubano Antonio Machín o unos incombustibles Los Panchos que seguimos asociando al bolero, incluso un dúo irrepetible entre Tete Montoliú y Mayte Martín, aunque para mí el maestro siga siendo Armando Manzanero.

Y en la copla tengo que mencionar a nuestro añorado Carlos Cano otro grande de la copla recuperada, sin olvidarme de Martirio que le da a todos los palos su impronta personal (también al bolero como Miguel Poveda) e incluso el asturiano Joaquín Pixán que la elevó también al campo sinfónico. Muy importante la labor de los arreglistas para vestir correctamente estos cuerpos protagonistas de auténticos dramas (y aprovecho para recordar que significa escenificación o teatralización, con dramas cómicos y trágicos aunque parezca que solo sean tales éstos) y sobre todo darle el estilo o aire de dos géneros tan especiales y eternos como el bolero o la copla, de los que Serrano fue contándonos cada historia.

Un placer escuchar la voz fresca, natural, sin amaneramientos de un Chus Serrano que destila arte desde el momento de pisar el escenario, incluso su apellido respira aire propio. No imita a nadie sino que hace suyo cada tema, el bolero y sobre todo la copla, los adornos sinceros e innatos, como el movimiento de las manos en los bailarines, buscando unas tonalidades perfectas para un color de voz espontáneo aunque muy trabajado. Marcos Suárez tuvo que hacer lo que buenamente pudo, con distintos resultados pero siempre respetando al cantante, desnudez en su momento para comprobar que no se necesitan aditivos cuando se canta desde el corazón, aunque deseando encuentren los arreglos que se merecen estos temas inmortales.
Una docena de temas que como suelo hacer, dejo con los enlaces a algunas versiones disponibles en la red y ¡cómo no! unas letras (enlazadas en los autores) que debemos entender en su momento, porque en estos tiempos que corren muchos de ellos estarían metidos en pleitos por machistas, acosadores o incitadores… Tristemente se olvidan de la historia, y el bolero como la copla no pueden cambiarla pero si seguir recordándola para no repetirla.

Cada uno tenemos nuestras versiones pero todas irrepetibles y menos en directo. De regalo Chus Serrano nos dejó el deseo de conocer GRANADA (Agustín Lara) desde la sencillez y convencimiento de una voz propia no solo para el bolero o la copla…

La Ortodoxia rusa

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Viernes 17 de febrero, 20:30 horas. San Isidoro el Real, Oviedo: XII Ciclo de Música Sacra Alfredo de la Roza. Doros: “Música Ortodoxa de la Catedral de San Basilio, Moscú”.
DorosVruyr Ananikyan, tenor – Aleksandr Gorbatov, tenor – Aleksandr Kamyshintcev, barítono – Konstantin Senchenko, bajo-barítono – Bekseit Ryspaev, bajo.

El ciclo que homenajea a Don Alfredo de la Roza ha cambiado noviembre por febrero pero sigue contando con el apoyo popular volviendo a registrarse un lleno histórico ocupando totalmente el templo desde media hora antes del concierto del quinteto vocal Doros.

Dos partes de música coral rusa de distintas épocas y estilos pero cercanos al oído por tratarse de obras bien armonizadas diría que académicas, para mostrarnos la calidad de los componentes tanto individualmente, con solos de los cuatro, especialmente presente el barítono Aleksandr Kamyshintcev (mientras el bajo Ryspaev lo haría en la segunda de las propinas) bien situados en el programa, como del quinteto capaz de cantar imprimiendo emoción y calidad llena de excelencias, amplios reguladores, matices variados, emisión clara y cuantos calificativos vocales queramos añadir.

La gama de dinámicas bien trabajada según la partitura dejaba pianísimos impactantes perfectamente audibles en una iglesia de acústica apropiada y los fortísimos modulados sin perder nunca un sonido compacto, afinado, con un bajo profundo verdadero sustento de las variadas obras ofrecidas por los moscovitas, profesionales de la música y embajadores de sus compositores, muchos desconocidos pero con tanto oficio como sus intérpretes.

Armonizaciones para un quinteto de voces graves que destacaron la religiosidad de melodías y textos (sin traducir pero avanzados por los títulos de salmos y plegarias ortodoxas) salpicados por otras populares desde la sacralidad como los Doce ladrones, una balada rusa que aquí en Asturias se ha conocido por agrupaciones similares desde el Peregrino de la noche (Jaroff). Repaso histórico de obras anónimas junto a compositores desde el barroco de Deletsky, el clasicismo del italiano Sárti, Bortnyantsky o Degtyaréff, a la plenitud coral del XIX con Arkhangelski y el más cercano siglo XX con Khristov también famoso cantante búlgaro, o Tchesnokoff, el más presente dentro del programa, todos buenos conocedores de los recursos vocales al servicio del culto, la herencia europea con toques tradicionales rusos desde la tonalidad occidental para melodías que siguen sonando cercanas pese a la distancia geográfica.

Como decía, unos solistas de hermoso timbre y grandes recursos bien arropados por el cuarteto para obras de herencia occidental en cuanto a su composición, y quintetos de empaque que gustaron al respetable, sonido increíble que cerrando los ojos presumía mayor número de componentes, verdaderos profesionales del canto coral.

Tras agradecer la acogida, tres propinas con dos populares y una armonización del conocido Ave María de Schubert en latín, nuevamente permitieron disfrutar de la voz solista de Gorbatov, uno de los dos tenores, el más matizado y con timbre ideal para lo sacro, finalizando a las diez de la noche este segundo concierto del ciclo antes de la clausura el próximo viernes con la Escolanía San Salvador organizadora de esta cita imperdible con mucho apoyo popular, que este año incorpora conferencias y mesas redondas sobre la figura del querido y siempre recordado Don Alfredo.

PROGRAMA:
PRIMERA PARTE
El canto de los Querubines (Serbia)
Canto sobre la Natividad de Cristo
Aleksandr Arkhangelski (1846-1924)
Salmo 20
Dmitri Bortnyantsky (1751-1825)
Mi alma pecadora (Poesía sacra del norte de Rusia)
Glorificación de Dios (Salmo)
Nikolay Deletsky (1630-1681)
En tu Reino de la bienaventuranza
Bóris Khristov (1914-1993)
Canto de Pascua
Pavel Tchesnokoff (1877-1944)
Señor, escucha mi plegaria
Pavel Tchesnokoff (1877-1944)
El Señor está elevado
Stepán Degtyaréff (1766-1813)
Amor santo
Georgy Svirìdoff
SEGUNDA PARTE
Concierto de Navidad
Stepán Degtyaréff (1766-1813)
Nuestro Padre
Nikolay Kèdroff, padre
¿Por qué me has abandonado?
Georgy Rùtoff
Canto consagrado al icono de la Virgen de Kazan
Pavel Tchesnokoff (1877-1944)
Canto de Pascua
Pavel Tchesnokoff (1877-1944)
La cena
Aleksandr Lvoff
Canto de Pascua
Giuseppe Sárti (1729-1802)
Doce ladrones (Balada rusa sacra)
En memoria eterna del justo
Nikolay Kedróff, hijo
Veré los rápidos del río (Canción popular rusa)
arr, Victor Popov.

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