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Miércoles 14 de febrero, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Gijón: Sociedad Filarmónica, concierto 1.598: “La vida breve“. Rafael Aguirre (guitarra) y Nadège Rochat (violonchelo). Obras de Albéniz, Falla, Granados, Cassadó, Ravel, Lara, Assad, Piazzolla y Tárrega.

Andrea García Alcantarilla titula las notas al programa “De lo popular a la sala de conciertos” haciendo ver la gran deuda de los compositores con la música popular y de lo que habló unos días antes en “Las charlas de la Filarmónica” organizadas por la JAM de Asturias. La mejor forma de saldar cuentas la pusieron un dúo atípico de amplio recorrido desde 2011 formado por el guitarrista malagueño Rafael Aguirre (1984) y la chelista suiza Nadège Rochat (1991) con un programa titulado “La vida breve” no solo por Falla sino también por el CD que grabaron, y que se presentaba por fin en España tras haberlo llevado entre otras salas famosas al Carnegie Hall neoyorquino o la Konzerthaus vienesa, un tributo a los grandes compositores inspirados en la música del pueblo más allá de lo que se ha llamado “nacionalismo”, y tanto a un lado como otro del charco.

Ambos fueron presentando las obras trufadas de anécdotas que completaron un San Valentín de dobles parejas por instrumentos e instrumentistas, masculino en manos femeninas y viceversa, el chelo de Nadège y la guitarra de Rafael, enamorados de unas joyas, la Alhambra de Aguirre y el Stradivarius “Ex Vatican” de 1703 de Rochat, que pude disfrutarlo, además de contemplarlo de cerca,  hace ahora un año en Bilbao a dúo con la donostiarra Judith Jáuregui, que también actuó para la Filarmónica gijonesa el pasado mayo, volviendo a reunirse en apenas quince días para Musika Música, sumándoseles la violinista ibicenca Lina Tur Bonet.
Y esta pareja acabó enamorando a un público que conocía la mayor parte de las partituras elegidas aunque las versiones a duo fueron originales por sonoridades (levemente amplificada la guitarra) y empastes, con guiños a la canción de concierto porque el violonchelo es lo más cercano a la voz y la suiza hizo cantar “su Vaticano”.

La primera parte con la guitarra sola y el “pianístico” Asturias – Leyenda (Albéniz) con “arte” además de virtuosismo pues el solista malagueño supo darle un sello propio antes de afrontar con el cello las Siete canciones populares españolas (Falla), aire gitano, toque flamenco, hondura asturiana, ritmo de jota, nana mecida, cante hondo del sur universal con Nadège cantando en todos los registros que la voz humana no puede, ornamentos imposibles hasta para los grandes que el cello posibilita asombrando lo bien que esta intérprete nacida en Ginebra ha captado la atmósfera de nuestra piel de toro, y la guitarra distinta al piano más cercana al pueblo del que el gaditano toma estas melodías.
Y lograda transcripción de la pianística danza Oriental (Granados) por el intercambio de registros entre punteado y frotado como si se multiplicasen las manos sobre unas teclas de cuerda.

No podía faltar el homenaje al gran virtuoso del chelo y compositor Gaspar Cassadó del que Nadège nos deleitó con la Danza finale antes de los Requiebros con guitarra en “atrevido” arreglo de Rafael que mantuvo esa línea argumental y sonora antes de rematar la faena con la conocida Danza de “La vida breve” (Falla).

Populares por inspiración, cercanía a su pueblo o directamente enamorados de esas músicas, la segunda parte comenzó con la Pièce en forme de Habanera (Ravel), una particular versión de Granada del mexicano Agustín Lara que por el mundo le hacen español aunque imposible cantarla con el cello, una joya del brasileño Sérgio Assad (1952) como es Menino, volviendo a disfrutar del Tárrega puro admirado desde niño por Rafael Aguirre que su guitarra elevó a virtuoso magisterio con la Gran Jota y Recuerdos de la Alhambra, más Piazzolla eterno que soporta cualquier combinación instrumental dada la belleza de sus temas, tangos nuevos incluso sin baile como Nightclub 1960 o Libertango acortado y algo alocado al que faltó el poso porteño difícil por la sangre joven de estos enamorados dos por dos.

Mas para tango puro la propina del gardeliano Volver más el deleite final con la milonga – tango del eterno Oblivion siempre agradecido de escuchar e interpretar para un miércoles de ceniza para enamorados de la música siendo el mejor regalo en esta original combinación de dos intérpretes que expulsan el arte a borbotones, juntos y separados.

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De cañas con Möebius

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Sábado 27 de enero, 19:00 horas. Centro de Cultura Antiguo Instituto, Gijón, Los conciertos del taller: Cuarteto Möebius, presentación de su primer disco L’Actuel. Obras de: Emmanuel Sejouorné, Patrick Burgan, Víctor Vallés, Javier Vázquez, Jacob Ter Veldhuis, Javier Utrabo y Guillermo Lago. Entrada libre.

No podía faltar a la presentación del primer trabajo discográfico del Cuarteto Möebius, financiado desde Verkami, grabado en Quintes, muy cerca de Gijón durante el mes de agosto de 2015 con René de Coupaud como responsable técnico y seguro de calidad en todo el proceso, siendo editado con el sello La mà de Guido, cuatro saxofones “de casa” con distintas trayectorias donde no han faltado revisiones del barroco, pero apostando en este debut grabado por autores actuales, incluso con obras de encargo que pudimos escuchar en un salón completo con presencia de gente joven y hasta de un compositor que nos contaría su inspiración como apuntaré más adelante.

Tras las palabras de Eduardo G. Salueña, responsable del “Taller de Músicos” que sigue apostando por todo tipo de repertorio en su programa y la salida de los cuatro instrumentistas con sus saxos (Enrique Prieto, al soprano, Israel Bajo, con el alto,  Pablo De Coupaud, en el tenor, y  Clemente Vicedo al barítono), se apagaron las luces para sorpresa de los presentes y algún llanto infantil pronto acallado.

Luces que se movían, que se sumaban, restaban y multiplicaban siempre con ritmo, los cuatro músicos portando cada uno dos dispositivos de luces led con una puesta en escena ideal para abrir este concierto: Vous Avez Du Feu? de Emanuel Sejourné (Limoges, 1961).

Y después de la originalidad inicial, el cuarteto pasó a interpretarnos seis temas del CD comenzando con Miniatures de Patrick Burgan (1960), obra estrenada por el cuarteto o Quatuor Diastema en Valencia allá por 1997, seis cuadros espaciales por los cambios de ubicación desde las cuatro esquinas hasta las sillas con todo el juego sonoro de saxos percusivos, guturales, rítmicos, polifónicos y hasta afónicos (titulados Funèbre, Fluide, Plaintif, Fougueux, Frémissant y Precipité) en un despliegue de expresionismo saxofónico que los asturianos han traducido y adoptado como suyo.

De-Construccions de Víctor Vallés Fornét (Vergel, Alicante, 1984) tal cual indica el título, “re-construcción” tras la “de-construcción” de J. S. Bach, padre de todas las músicas, más concretamente del sujeto de su Fuga en mi menor (“El Clave Bien Temperado” I), toda una labor compositiva usando diversas técnicas que crean sonoridades peculiares verticales (armonía) y horizontales (tiempo). Un lujo esta obra encargada al compositor alicantino por y para el Cuarteto Möebius.

Desórdenes 3: Melancholia (2015) de Javier Vázquez Rodríguez) se estrenó en Estrasburgo durante el XVII Congreso Mundial de Saxofón celebrado en el mes de julio de ese año por “Los Möebius” que se la encargaron a su paisano. Partiendo del reconocible Preludio del Tristán wagneriano, que también sonaba en la película “La melancolía” (Lars von Trier) y una experiencia depresiva cercana al compositor son las fuentes de inspiración de la obra de Vázquez, arreglista, saxofonista, enamorado del cine y tan gijonés como el cuarteto. Perfectamente explicado por el autor a todos los presentes para buscar una mejor escucha, así como en el propio proyecto Verkami, resulta impresionante cómo puede plasmarse musicalmente todo el proceso interior y psicológico con los saxofones, capaces de gritar, temblar, relajarse, recuperando el tema wagneriano sin perder identidad propia y usando los glissandi cual dolor indescriptible. Bravo por Javier capaz de integrar géneros variados desde una base académica seria con un lenguaje muy personal, pues este tercer desorden pienso que nos conmocionó a muchos de los presentes.

Tras una breve pausa para recuperar aliento y líquidos llegaría el Take a Wild Guess (2007-08) del holandés Jacob Ter Veldhuis “Jacob TV” (Westerlee, Países Bajos, 1951) sobre un “soundtrack” o base pregrabada con bajo y percusión, hablada casi “rapeada”, plenamente actual y jazzística avanzando temáticas de ritmo superpuesto coprotagonizado por la grabación incluida en la obra con un perfecto encaje del cuarteto con el audio al alcance de muy pocos.

El Tríptico de Javier Utrabo (Granada, 1981), siguió enriqueciendo ambientes sonoros, I con recuerdos de órgano por tímbrica y acordes que se “desparraman” con la melodía cantando sobre ellos y esa II Nana única titulada más III con el soprano llevando al trío rítmico y contrapuntístico tejiendo un verdadero lecho de sonidos este cuarteto al que los muchos años de trabajo conjunto le dan un plus de calidad sonora y un empaste único.

Concluirían con Ciudades de Guillermo Lago (seudónimo del holandés Willem Van Merwijk, Bemmel, 1960), eligiendo cuatro fotografías musicales reconocibles por ambiente y callejeo temático, cultural, folclórico, sentimental, adorables, distintas y unidas por la óptica viajera de un particular itinerario sonoro planificado por Lago. Acentos e idiomas traducidos al saxo, Córdoba flamenca, Sarajevo herida, Köln eterna y reposada como la parada final tras el agradecimiento de la Addis Abeba soñada, salvaje y africana con óptica europea.

Bravo por el Cuarteto Möebius y su L’Actuel verdaderamente contemporáneo y atemporal por calidad.
De propina el Patchwork de Philippe Geiss (1961), verdadero virtuosismo vocal e instrumental, con aires de jazz “Coreano”, corales y saxos en cuarteto al que le espera largo recorrido.

Y por solo 10 € me he traído el disco que ahora suena en la cadena tras recrear el concierto.

De Vuelta Abajo

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Viernes 15 de diciembre, 20:00 horas. Teatro Filarmónica, Oviedo. Concierto de Navidad del Ilustre Colegio de Abogados de Oviedo: Vuelta Abajo. Entrada libre.
Estar en casa por parte de organización y artistas es lo más importante para un evento en estas fiestas, y el Teatro Filarmónica ha sido escenario habitual del grupo Vuelta Abajo, Entre amigos si bien mi último recuerdo de ellos ultimando el CD fue allá por octubre en el Auditorio con la Banda de Música de la capital.

Tras el discurso de Don Ignacio Cuesta Areces, decano del ICA y la presentación de los invitados a un público fiel que llenó el patio de butacas del Filarmónica, mis amigos de Vuelta Abajo pasaron revista a los doce temas que integran un trabajo que debería estar a la venta en esta presentación, pero que problemas ajenos y lejanos lo traerán suponemos que los Reyes Magos.

La docena estuvo bien trabajada aunque vuelvo a echar de menos más púas y unos arreglos que primen las melodías, pues la escucha de temas tan conocidos en esta nueva etapa de los “primeros dieciséis años” sigue careciendo de esa presencia, supongo que por plantilla nunca al completo, por gripes y evitando hacer del responsable de sonido un mago que equilibrase un directo sin trampas ni cartón, poniendo más bien vuelta arriba las melodías. Calidad instrumental y vocal tiene esta formación de amigos en el tiempo enamorados de la música latinoamericana a los que alguna vez he bautizados como “Los sabandeños asturianos” aunque su nombre sea el de la isla cubana más tabaquera, conocedor por los cigarrillos que fumé desde que tengo memoria, antes Habanos y supongo que tras “la marcha” de Fidel se han renombrado Herencia. Amigos, tabaco, memoria y música.

Sin entrar a fondo con lo disfrutado esta tarde aunque buscando con detalle mis habituales enlaces (links dicen los expertos) a los temas escuchados, dejo directamente las anotaciones en el “celular” según iba escuchando, amparado que no escondido en la última fila por no incordiar ni molestar con las fotos que también ilustran esta entrada.

Alma Llanera de Venezuela, el himno no oficial con todos un poco fríos y desajustes varios, aunque el tema siempre ha sido de los preferidos de estos “vuelteños“.
Y con el mismo aire De Tenderetede Elfidio Alonso, sabandeño fundador, ya van entonando en Canarias, tierra de ron y tabaco, de bellas mujeres y folklore inigualable, vuelta abajo de Venezuela de la continental canaria ultramarina en tantas cosas.
Volvemos a cruzar el charco, Argentina, Atahualpa Yupanqui y la Zamba de la toldería tras lección de historia y geografía que acompaña cada tema, famosa por Los Chalchaleros, QuilapayúnLos Cantores de Quilla Huasi, bien estos de Asturias con ese ritmo característico que los chicos de vuelta dominan a la perfección.

Paloma ausente de Violeta Parra, bienvenida a la hija donde sikus, quenas y bombo legüero visten de calidad unas voces ya empastadas y mejor ecualizadas con guitarras y bajo, eléctrico pero discreto.
De Leonardo Favio recordando a Cafrune y Marito El niño y el canario hecho bolero elevando tristeza a recuerdos de infancia, bien cantado y sentido aunque los argentinos no son de vuelta abajo.
Y no podía faltar un vals, de Perú Callejón de un solo caño enlazado sutilmente con la “marinera” Palmero, ¡qué bonito! con el típico cajón que Paco (de Lucía) traería para quedarse flamenco, voces bien equilibradas con cuerda y percusión más el bajo redondeando el conjunto aunque perdamos la melodía en pos de la armonía.

Viaje al nordeste argentino con un “chamamé” de Jorge Fandermole, pobre pescador y Oración del remanso al Cristo de las redes, efectos acuáticos y ornitologicos en la entrada instrumental antes de dos solistas (bien “mi Eduardo derecho”) que van preparando el conjunto para este bello son.
Aquél grupo que se llamaba Los fronterizos popularizó el himno de todos los latinoamericanos tan escuchado en los años de la llamada transición, al menos esperanza sí había, la Canción con todos, “todas las voces, todas…” en versión creciente de solo, bocas cerradas y la explosión del estribillo, sin perderse el puente de quenas desembocando en un final nada desbocado sino agarrando los machos.

Del cuyano Buenaventura Luna, el mismo de la zamba “toldera” vendría Si “sabis” templar las cuerdas que nos devuelve el purismo folclórico, en las voces con recitados (más puneños que jujeños) e instrumentos, bien “templados” por afinados y temple (a falta de timple).
El golpe para los venezolanos también es un ritmo (no sean mal pensados), el de Amalia Rosa en arreglo asturiano del guitarrista avilesino Moisés Arnaiz, original conjunción instrumental y vocal engrandeciendo el ritmo pero corto de púas que podrían haber dado el color al segundo nombre de la dama cantada.
Los Reyes Magos (Ariel Ramírez) nos adelantó las navidades, con más equilibrio y buen contrapunto brillando flautas y percusión, manteniendo el espíritu de nochebuena en la siguiente ¡Ay para Navidad!este bailecito villancico con el mismo ambiente de buenas voces y púas cuál arpas de registro grave, fórmula de puente flautado y desembarco pascual a la espera del nuevo año.

Más allá de los doce temas del esperado CD presentado “virutalmente”, llegaría el 13 sin superstición, un bolero de origen cubano pero portorriqueño Madrigal con voz solista gastada en esa tesitura pero sentida cual tango, remontando el conjunto para quien “bolero” no es sinónimo de mentiroso ni de limpiabotas.
Nos hablan de Bolivia pero supongo será Paraguay, también en repertorio con Alma guaraní de Ramona Galarza, exaltación de una raza de orgullo y posterior mestizaje musical así entendido en este tema con todos los intérpretes entonados en el buen sentido de la palabra, incluyendo solista y coro. La celebración en taberna cercana aún debería esperar el último tema.

Amigo no podía ser mejor elección para despedirse con todo el teatro coreando y palmeando. Sin necesidad de que cantásemos el “Todos queremos más” y con la premura del técnico Rober que debe tomar rumbo a Vegadeo en esta noche lluviosa, aún queda tiempo para el Candombe para José, un clásico de Vuelta Abajo y “Ánimo arriba”, echando en falta la conocida melodía más presente pero dejándonos el regusto de paladear el compacto, pues el trabajo de estudio puede remedar detalles que el directo no. Gracias amigos y felices fiestas.

Pamplona bien vale una misa

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Este año los docentes asturianos volvíamos a tener “puente” tras anteriores cursos donde dábamos saltos lectivos por una semana donde se celebran pegadas una festividad laica y otra religiosa. Para un melómano viajero, o viceversa, nada mejor que una escapada a la capital navarra para conjugar ocio personal y negocio ajeno (mi sufridora es autónoma), uniendo amistades con quienes compartimos muchas historias con la disculpa gastronómica donde no falta la música.

Callejear por Iruña siempre es un placer cualquier estación del año, de su despensa variada todo un emporio y de su cocina para viaras enciclopedias. De San Fermín decir que es casi una religión mundial, y de sus alrededores daría para muchos días, aunque merece visita especial Alzuza, donde se yergue imponente el Museo Fundación Oteiza para terminar en el valle de Esteribar camino de los Pirineos, tras pasar por Eugi, comiendo un arroz negro en el restaurante del Hostal Arrobi Borda, casi cita obligada, porque no todo es comer chistorra ni pinchos excelentes en el casco viejo.

De vuelta se puede visitar el Museo Pablo Sarasate, dedicado al músico navarro más internacional junto a Julián Gayarre, quien da nombre al teatro capitalino, o el Palacio de Congresos y  Auditorio Baluarte donde además de mucha y buena música también había exposición de belenes.

El viernes 8 de diciembre la Santa Iglesia Catedral de Santa María celebró la festividad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María con una solemne eucaristía a las 12 del mediodía presidida por el arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela el burgalés Don Francisco Pérez Gonzalez, y concelebrada con todo el boato de la efeméride mariana donde no puede ni debe faltar la música para vestirla de toda la solemnidad posible esta joya del gótico totalmente restaurada.

Además del deán organista Julián Ayesa y la histórica Capilla de Música de la propia catedral pamplonesa dirigida por su admirado, veterano y siempre vital chantre Aurelio Sagaseta (Iturén, 1935) también intervino la orquesta de cámara Ensemble 4.10 perteneciente a la Escuela de Música Joaquín Maya que nos dejaron obras de Nemesio Otaño, Mozart, Pascual Aldave, A. Sagaseta, parte del ordinario de la misa de Tomás Aragüés Bernard pero especialmente el final de la eucaristía donde hubo bendición papal con indulgencia plenaria y la aparición de los Seises o Infanticos de la Catedral con el llamado “baile de respeto” ante la imagen de Santa María la Real mientras escuchábamos el Villancico a la Virgen del Camino (1834) de Hilarión Eslava, conocido popularmente en Iruña como “Las sevillanas“, o Danza de los Seises, esta vez sin castañuelas, uniendo la capital hispalense y Pamplona por parte del sacerdote y músico de Burlada, con una tradición secular que atrajo una verdadera multitud para disfrutar un acontecimiento único en fechas muy señaladas como esta de La Inmaculada.

No faltaría tampoco una cena coloquio como tantas otras que hemos disfrutado a lo largo de la geografía nacional, aunque esta de la capital navarra fuese especial al ser invitado como “conferenciante”, hablando como no podía ser menos de música y viajes, interiores y reales con la disculpa de todo melómano que encuentra eventos allá donde va.

Sirva esta entrada como ejemplo y gratitud por hacerme sentir Pamplona como mi casa y mis amistades una gran familia donde no faltó la tía Basi, de Asiáin, que nos enseñó su libreta fechada en febrero de 1938 donde hacía su resumen de los conocimientos adquiridos por una mujer de 14 años entonces nada habitual, conservando una memoria privilegiada, comentando cuánto había cambiado el mundo y con una alegría de vivir contagiosa.

Nos vemos en la próxima escapada y prometo contarla.

Febrero de 1975: Nueva Conciencia

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La inmortalidad de la buena música
Hace unos años nadie podía suponer que a la juventud le interesase la música clásica e incluso tener en casa un disco de Beethoven al lado de uno del momento. Parece antagónico pero hoy no lo es. Y esto se debe a la labor de una serie de señores que bien mediante arreglos musicales o letrísticos, hicieron una música clásica al alcance de todos, pese a diversos sectores que califican como “crimen” artístico o sacrilegio alterar las inamovibles obras de los maestros. Es como un conflicto de dos generaciones: la joven que está de acuerdo y la de los adultos que lo consideran irreverente.
Pero no se puede juzgar igual a unos arreglos en el ritmo como los de Ray Conniff o Waldo de los Ríos, con otras interpretaciones personales de Emerson – Lake y Palmer o Teddy Bautista, por ejemplo y citando dos nacionales y otros dos extranjeros, con los originales.
Así, son muy conocidas versiones clásicas con letra de hoy de la “Canción de Cuna” de Brahms, o “Sueño de Amor” de Liszt, y muchas otras que han popularizado diversos cantantes mundiales.
Esto no es de ahora ya que en los 50 hubo una canción con el título de “Passion Flower” que no era más que una versión del “Para Elisa” de Beethoven pero más rítmica y con letra.
Pero no cabe duda de que el revolucionario de este nuevo estilo sinfónico-pop por así llamarlo, fue Waldo de los Ríos con su versión del “Himno de la Alegría”, cuarto movimiento de la Novena de Beethoven, que a su vez tomó la letra del poeta Schiller. La versión español corrió a cargo del cantante Miguel Ríos y obtuvo un resonante éxito mundial, vendiendo millones de copias.
Volvió a probar suerte con el “Te Deum” de Charpentier, con el título de “United” (Himno de Eurovisión), pero no consiguió igualar el record de ventas de la anterior versión beethoveniana.
Por tercera vez insistió, esta vez con Mozart y su sinfonía nº 40 manteniendo esta vez su línea de éxitos que hoy mantiene con su álbum “Mozartmanía”.
Respecto a la primera hubo una serie de críticas. Mi punto de vista es que no existe ningún problema con hacer una versión de una obra inmortal, pues quienes consideran como una “herejía” que manipulen y desfiguren obras ajenas no se dan cuenta que las originales permanecen incólumes y sin daño después de la versión propia que puede triunfar, caso de Picasso con sus Meninas al igual que las de Velázquez pero con su sello y estilo personal. La esencia se mantiene en ambas. Pero no sabemos cuál es el grado de admisibilidad de esas versiones, ni si son o no buenas. Puede darse el caso de que sirva para ir al original y que se den cuenta de su valor pero también el caso contrario de desilusión al compararlas (aunque sea esto casi imposible).
Esto es referente a la adaptación de obras clásicas para nuestros días, pero también está la conversión de una obra ajena en propia. Así y favorecidos por inventos de instrumentos electrónicos como el sintetizador, en el año 1968, debido a Walter Carlos, Leonard Bernstein y Robert Moog (aunque sus primeros pasos se remontan a 1952).
Este aparato es capaz de reproducir la frecuencia y los armónicos de cualquier instrumento, pero con igual timbre y sonoridad. Se han conseguido excelente versiones de obras sinfónicas, con nuevos matices. Ejemplo de esto, es el “Cuadros de una exposición” de Moussorggsky y Ravel, en versión de Emerson, Lake y Palmer, y una anterior del propio inventor, Walter Carlos, que basándose en Bach y con el título de “El sintetizador bien templado”, se la puede considerar como la primera en su género.
Una última posición, es la composición de obras actuales con forma clásica. Así, óperas pop o rock, como “Tommy” de Pete Townshend del conjunto “Who”, o la tan renombrada “Jesucristo Superstar”, de Tim Rice y Andrew Lloyd, junto a las últimas obras de Luis de Pablo.
De lo que no cabe duda, es que a música clásica está en alza. La gente joven se da cuenta de que las melodías del momento se olvidan pronto, pero que una obra de Mozart, Beethoven…, cualquier clásica, sea en la versión que sea, siempre se recordará, o al menos, tardará menos en olvidarse.
La prueba de que se dan cuenta está en el aumento de ventas de discos clásicos. Karajan compite en ventas con Dylan o Hendrix. Las múltiples grabaciones del mejor director del momento, se agotan una tras otras. Sinfonías de Brahms, Preludios de Mozart, Oberturas de Beethoven, Óperas de Verdi, se venden cada día más. Pero ¿quién las compra? los jóvenes. Ya se empiezan a ver la sala de concierto repletas de jóvenes de larga cabellera y tejanos, aplaudiendo una obra de Tchaikovsky, lo mismo que una actuación de un grupo moderno interpretando Chopin a ritmo de rock y acompañamiento de batería.
Vivaldi y sus “Cuatro Estaciones” ya se oyen lo mismo en versión de la Filarmónica londinense que en la actual de Teddy Bautista, antiguo “canario”.
Pero la realidad es esa. La música clásica, la Música, así con mayúscula, se oye y gusta. Claro. Es Inmortal.
Pablo Álvarez Fernández
Dejo esta transcripción literal con ligeros retoques de puntuación y los añadidos casi obligados a los enlaces o links que hoy nos permite la tecnología y enriquecen los textos de mi primer artículo publicado en 6º del Bachillerato de Ciencias, siendo de los primeros escritos por alumnos en la prestigiosa revista del único instituto en el Mieres de entonces, dirigido por Doña Carmen Díaz Castañón. Estaba en mi penúltimo curso (1974-75), suprimiendo el ministerio de turno la reválida de 4º de bachillerato y dejando opcional la de 6º para titular superando el llamado COU (curso de orientación universitaria que sustituía al PREU), y con mi título profesional de piano también en su recta final (llegaría al Conservatorio de Música de Oviedo en pleno San Mateo del mismo año 1975), profesional entonces y dependiente de Bellas Artes y la Diputación, aún en la calle Rosal. El curso 1975-76 cursaría el mío justo cuando comenzaba a impartirse el BUP (bachillerato unificado y polivalente), apareciendo en su primer año la materia de “Música” tras décadas pidiéndolo, llegando incluso a solicitar a la dirección del centro el puesto de profesor que por titulación podía, mas la edad resultaba un inconveniente, unido a ser alumno del propio instituto.
La revista “Nueva Conciencia” comenzó cual fanzine para ir mejorando en presentación e impresión, en parte financiada con las aportaciones de la Asociación de Padres de Alumnos de entonces, editándose profesionalmente e incluso enviándose algunos ejemplares a distintas universidades mundiales, pues recogía básicamente la memoria de actividades pero especialmente colaboraciones del profesorado de las distintas materias, incluso avances de tesis doctorales, dejando a continuación el índice de ese décimo número.
Guardo los números 4 al 10 y desconocía cuántos años más estuvo editándose (en Internet encontré que llegaron al 23) pues finalizado mi séptimo año en El Bernaldo tras aquel COU de calabazas en junio y tras un verano de enclaustramiento obligado con las ciencias puras (Matemáticas Física y Química) poder superarlas en septiembre junto a la temida Selectividad de entonces, para marchar a estudiar a Oviedo, aunque no Ciencias Químicas como en principio quería y a la vista de los problemas optar por “Magisterio”, entonces convertido en Diplomatura de la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado de EGB.
Aquel verano del 76 cambió muchas cosas en todos los aspectos, no digamos en “Mi querida España” que cantaba la malograda Cecilia, las ciencias por las letras al optar por la especialidad de “Humanidades y Ciencias Sociales” siempre esperando que se convocasen plazas de especialistas en mi materia, “Música”, tanto en las escuelas como en los institutos, aunque ésta no llegaría hasta 1987 en mi segunda “intentona” de oposiciones madrileñas para lo que se llamaba Territorio MEC, pero hoy tocaba recordar los años mozos.
De mis opiniones y gustos musicales no hubo tantos cambios a lo largo del tiempo como se puede deducir de la lectura de este artículo o de las entradas en el blog, pues sigo confesándome “omnívoro” en cuanto a la música se refiere, y donde los estilos e interpretaciones de la entonces llamada “música clásica”, siguen discutiéndose cuarenta años después. Pero gracias al esfuerzo y trabajo de todos en aquella transición, estos años pasados han formado a grandes profesionales en este mundo entonces de “bohemios” o gente de “mal vivir” que por lo menos son reconocidos socialmente, aunque nunca lo que se merecen.
Puedo concluir que incluso estos años reflejados por un adolescente de 1975 han redondeado la visión que da el tiempo, publicaciones muy serias y documentadas, verdaderos análisis de una historia de nuestro país que en el caso de mi admirado Eduardo García Salueña (1982) no solo fue tema de tesis doctoral sino el de una joya de libro recientemente publicado “Música para la libertad” (Norte Sur Ediciones) del que puedo presumir de haber estado en su bautizo en Gijón (arriba está la foto) y traerlo hasta Mieres el próximo 30 de noviembre a la librería “La Pilarica”, magna publicación con la que rejuvenezco por haber podido vivir tanto de lo reflejado en ella sobre aquella fusión en Galicia, Asturias y Cantabria. A él le debo recuperar este artículo por todo lo que removió su presentación y posterior lectura.
Tratándose de seguir haciendo historia musical además de cercana, el CD que acompaña al libro es otro documento imprescindible donde entre los doce temas (con dos inéditos) El ventolín de Asturcón fue sintonía de amigos y Juan Carlos Calderón mi pianista y compositor ideal de una adolescencia recordada en esta entrada que rememoraremos alguna que otra vez.

Grandones con gaitas

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Martes 24 de octubre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: Argentum, concierto 25 aniversario Real Banda de Gaitas “Ciudad de Oviedo”. Entradas: 8 € y 6 €.

Llenazo histórico, con entradas agotadas hacía días, para una celebración local que trasciende Oviedo, las bodas de plata de esta Real Banda de Gaitas “Ciudad de Oviedo” con invitados de lujo en todo un espectáculo, plateado o Argentum, verdadera fiesta donde prevaleció el “grandonismo“, verdadera seña de identidad asturiana uniendo músicas e intérpretes que no siempre mezclan bien, megafonía irregular con exceso natural de decibelios pero la música siempre protagonista más allá de calidades interpretativas, que también las hubo, haciéndome recordar “los mil gaiteiros” en Santiago de los que presumía Fraga, porque no tantos pero como ellos sonaron en un auditorio que tembló acallando dudas sobre la seguridad, al menos de sus cimientos, y es que estas bandas tienen en el exterior su mejor acústica.

Hubo de todo y para todos, primera parte con​ un documental de presentación contando la historia de esta banda, Esther Fonseca de presentadora, otra habitual en los eventos folklóricos,
entrega de la Medalla de Plata del Ayuntamiento de Oviedo, con la presencia de Wenceslao López el alcalde, Ana Taboada la teniente de alcalde, o Roberto Sánchez Ramos “Rivi” concejal de Cultura, y por supuesto Adolfo García Blanco, presidente de la Real Banda de Gaitas “Ciudad de Oviedo” que recogió la distinción y mal leyó sus notas de agradecimiento.

Tres directores para una grandona por numerosa banda de gaitas con tambores, bombo y acordeones, José Manuel Fernández “Guti”, Vicente Prado Suárez “El Pravianu” y Yolanda Pérez Alonso “Yoly”, la Real Banda de Gaitas Ciudad de Oviedo pero también la Banda de Gaitas Vetusta, cantera que asegura la continuidad. Participarían iguallmente los finalistas de baile del Concurso Ciudad de Oviedo. Primera parte que comenzó con una gaita sola mientras se llenaba el escenario para comenzar con Castañeiru-Eire de Guti, versión del tema The Clumsy Lover arreglada para sonar potente y cercana antes del Asturies de mi querer de Falo Moro, otro referente de la música asturiana, el conocido baile tradicional de El Saltón, con las parejas de baile citadas añadiendo colorido para esta versión casi sinfónica igualmente “grandona” en vez de la habitual pareja de gaita y tambor. En tantos años se nos han ido grandes músicos y mejores personas por lo que nada mejor que hacerles un homenaje con El Pravianu dirigiendo sus arreglos de BasilisaEstecheiru de Fernando Largo, Careao de Silvamayor-Muñeira de Llibardón, merecido al siempre recordado Antolín de la Fuente, o Nidiu atapecer-Martin’s (Martín Fdez. Cascudo) con la “Vetusta” en buen estado de forma y Yoly al frente. Excelentes acercamientos de nuestro folklore elevado a la máxima potencia.

Los arreglos de Guti y El Pravianu de la conocida Muñeira de Tormaleo sirvieron de presentación a la Escolanía de Covadonga, para el popular Soy de Verdiciu cubano-astur con letra de Marcos del Torniellu que la megafonía no pudo ayudar a disfrutar de los escolanos engullidos por la masa sonora y el “moscón” de los roncones (sin rima), pero la cantera coral del Real Sitio tenía que estar presente, máxime porque un antiguo componente firmaría la segunda parte, unión de las generaciones que recogerán el testigo de una historia viva.

Ya no hay etiquetas y las gaitas son capaces de tocar música sin etiquetas y de todas las épocas, convirtiendo en tradicional lo popular y a la inversa, por lo que Nel Muñiz González, antiguo componente de la banda de gaitas, se le ocurrió preparar unos temas de los Beatles con el grupo The Blue Submarine (formado por Emilio Ribera a la guitarra, Iván Cueto al bajo eléctrico, Willon de Calle a la batería y Javi Rubio a los teclados) que apenas pudieron equipararse en volumen a la sucesión de Obladi oblada, Yellow submarine, Yesterday, Hey Jude y de nuevo el submarino cual símbolo de mantenerse a flote porque no hay quien derribe esta nave, porque en tiempos revueltos fuera las etiquetas y viva el mestizaje. No se puede hacer más con lo que teníamos en escena.

Tras la ceremonia protocolaria, siempre propaganda e ideario de lo que algunos entienden por cultura, un descanso para los tímpanos y la segunda parte sinfónico-coral con los arreglos de Guillermo Martínez, un todo terreno que bebió en Covadonga un elixir musical que da para mucho, buscando un lenguaje propio pero hablándolos todos, aceptando un reto casi imposible: mezclar sobre el escenario una segunda parte diríamos de gala por la vestimenta de temas asturianos centenarios unos, sesenteros del de Mieres otros, con casi doscientas voces (Coro de la FPA y Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo”), Oviedo Filarmonía bajo la dirección de Luis Miguel Méndez, más la homenajeada banda, ubicaciones estudiadas sobre el escenario y megafonía necesaria porque aceite y agua se superponen pero las frecuencias son como son y no es cuestión de volúmenes, sumándose la estrella invitada Víctor Manuel y el fin de fiesta también con la Escolanía de Covadonga, cuna de España para nuestro Asturias Patria Querida (en arreglo de Guti) que puso la piel de gallina y los 1500 espectadores en pie sumando casi dos mil personas entonando nuestro Himno.

Ya circulan grabaciones por las redes sociales pero siempre digo lo mismo: el directo es irrepetible.

La Suite Asturiana con temas recogidos por los directores gaiteros y orquestados por Guillermo Martínez resultaron adecuados, bien organizados con un lenguaje sinfónico igualmente tradicional, pero con demasiadas gaitas para apreciar la cuerda y especialmente el gran coro, solo audible puntualmente, cantando con ellos muchos de los presentes (para dentro, claro). Ni amplificados pudimos gozar de las sutilezas que la partitura esconde, supongo que en un estudio de grabación se podrá equilibrar semejante despliegue, pero personalmente hubiese apostado por dejar un cuarteto de gaitas y prescindir de parches y acordeones dado que la orquesta aporta dichos efectivos dando más equilibrios a unas dinámicas y planos que se perdieron entre una masa sonora que la megafonía solo sirvió para ensuciar aún más. Puede que una banda sinfónica resultase más equilibrada pues solo los metales pueden igualar medianamente melodías y contrapuntos que ni siquiera las propias gaitas sacaron a flote ante una pegada de watios y decibelios que podían haber resultado dañinos para los oídos del respetable, aunque los años hagan perder sensibilidad.

Más comedidas fueron las mezclas para la Suite de Víctor Manuel, en tanto que las apariciones de la banda de gaitas no fueron tantas y mejor ubicadas en la partitura. Los arreglos de gaita más los sinfónicos de Guillermo me recordaron los originales del de Mieres, tanto en Paxarinos o Carmina (al fin pudimos escuchar las flautas) como “nuestra Romería” (bien el oboe y toda la cuerda, especialmente los cellos comandados por Gabriel Ureña) y los de Amargós en Cuélebre, también con el Coro de la FPA y la OSPA, pero sobremanera el Asturias si yo pudiera, el himno no oficial con letra del sevillano Pedro Garfias que Víctor Manuel (Mieres, 7 de julio de 1947) sigue llevando por estandarte (mejor que pendón y no digamos bandera) haciéndola popular en un mundo sin fronteras. Las pinceladas corales resultaron algo mejores que en la primera suite aunque coincidentes con los momentos fortissimi, y tener al propio compositor cantándolas hace permitirle jugar con los tempi en un rubato muy habitual pero que Luis Miguel Méndez aguantó.

No ha sido un gran cantante “Victorín” pero mueve masas, más en su tierra, sus canciones ya son tan asturianas como las recogidas por Torner, en la cercanía de un acústico son casi de chigre pero con coros y orquesta, sumándole las gaitas, la magnitud que alcanzan solo es comparable a la fiesta del auditorio ovetense para celebrar 25 años de una banda que ya es Real y auténtica “Marca Asturias” sin madreñismos cuando se mima (bravo por Guillermo).

Lástima los excesos tan nuestros, ese grandonismo que nos nubla el sentido y el oído. Todo sea por la fiesta, de prau o en butaca, que para “la folixa” siempre hemos sido únicos, y no hay auténtica celebración asturiana sin gaita. Si son muchas el recuerdo será proporcional, doy fe.

Domingo de música transatlántica

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Domingo 15 de octubre, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, “Conciertos de otoño”: Vuelta Abajo, Banda de Música Ciudad de Oviedo, David Colado Coronas (director). Entrada libre.

Llevo años siguiendo a mis amigos de Vuelta Abajo desde su fundación allá por San Mateo de 2001 cuando los boleros y el son les dejaba huella de sus viajes tunantescos a Miami y Cuba, para ir creciendo  a partir de 2006 en número, ritmos y calidad. No me perdí varias de sus actuaciones por distintos locales y sobre todo “las grandes” de la Plaza de la Catedral compartidas desde este blog en plenas fiestas de 2013 y 2014 (un festival compartiendo escenario con Los Sabandeños el Día de América en Asturias) así como la grabación en vivo de su CD “Entre amigos” el 15 de enero de 2012 celebrando los 10 años en el Teatro Filarmónica. Tampoco podía faltar a este nuevo proyecto ampliando repertorio y sumándose a la Banda de Música Ciudad de Oviedo en el inicio de futuras colaboraciones.

Mucho público esta tarde dominical para escuchar músicas del otro lado del charco, el repertorio habitual de nuestros “sabandeños asturianos” que sigue creciendo. Aunque algo mermados en efectivos, con solo 17 en escena (nueve voces y ocho instrumentistas) no muy bien amplificados, volvieron a demostrar el dominio de la música hispanoamericana así como lo trabajado que tienen cada tema, comenzando con la peruana Luz de amanecer (Carlos Ayala), uno de los primeros del grupo que sigue siendo perfecta presentación, ese minero boliviano con flautas, charango, bombo legüero y unas voces bien ensayadas (además de contar con un micrófono para cada una) con el refuerzo del bajo eléctrico, más potente que un guitarrón o el habitual contrabajo.
De México nos dejarían El camino de la noche (José Alfredo Jiménez) jugando con la hermosa voz solista emulando al gran Javier Solís con más calidez instrumental que la original y un “coro” muy bien empastado, otro de los temas que Vuelta Abajo no puede dejar de ofrecer.

Casi a media luz para continuar viaje hasta Argentina y esa Oración del remanso compuesta por Jorge Fandermole que Mercedes Sosa rezaba como nadie y los asturianos han incorporado desde la intimidad y el buenhacer del conjunto para continuar viaje por Cuyo con El niño y el canario (Hilario Cuadros / Evaristo Fratantoni) que de niños conocimos por Jorge Cafrune y Marito aunque me quedo con esta versión nuestra menos empalagosa y mejor armonizada.
Se notó la falta de más voces, especialmente la primera, en el vals jaranero Callejón de un solo caño (Victoria y Nicomedes Santa Cruz) interpretado junto a Palmero sube a la palma, ¡qué bonito! recordando a nuestros admirados canarios especialmente en la parte instrumental. Sin perder sabor llegaría la Zamba de la toldería (Buenaventura Luna, Óscar Valles y Fernando Porta), rítmica en estado puro y buenos punteos, Alma guaraní (Osvaldo Sosa / Damasio Esquivel) de belleza habitual en estas melodías del Paraguay, para cerrar viaje con la historia de un negro en Uruguay visto desde la vecina Argentina, de nuevo limitados en los equilibrios de voces e instrumentos con el Candombe para José (Roberto Ternán) y una amplificación no muy inspirada, recordando los tres orígenes del folklore hispanoamericano: el español, el indígena y el africano, feliz mestizaje que tan buena música nos ha dejado y de la que Vuelta Abajo son buenos intérpretes.

Sin apenas respiro y lo que se tarda en vaciar el escenario, la Banda de Música Ciudad de Oviedo nos traería más música del otro lado con unos arreglos verdaderamente espectaculares para apreciar la calidad de una formación donde solo faltó una flauta más para haber redondeado una interpretación llena de sutilezas, ritmo y armonías de película, siempre con David Colado atento a cada dinámica y protagonismo en plena renovación de repertorio. Interesante el arreglo de “Los hijos de Sánchez”, traducción española de Children of Sánchez de Chuck Mangione, un virtuoso del fliscorno en los felices 70 con este tema que sirvió de banda sonora a la película homónima, aquí con protagonismo no solo del flügelhorn sino también del saxo alto, pero con todas las secciones conformando un tema algo repetitivo, sin voz, que salva un ritmo frenético empujando el tema siguiendo las modas de entonces.
Con ese aire peliculero de las películas vaqueras nos mantuvimos en el nuevo continente con la conocida habanera esta vez reconvertida en mambo La Paloma (Sebastián Yradier) para una banda muy potente, especialmente en los metales y nuevamente la percusión que marca diferencias en este arreglo japonés. Y todavía más curiosa la versión de Amapola (José Mª Lacalle), un gaditano emigrado a Nueva York, cambiando los ritmos del bolero inicial, rumba y chachacá terminando en samba, verdadero homenaje caribeño del músico nipón Naohiro Iwai (1923-2014) para mantener ese aire transatlántico de este domingo donde el fuego robaba protagonismo a la música. Antes de volver a hacer una pequeña escala en nuestra España, el conocido tema de Rafael Hernández Marín “El Jibarito” El Cumbanchero con una instrumentación nada vulgar de nuevo a cargo de este descubrimiento del imperio naciente, hoy casi tan protagonista como los intérpretes, y pese a lo “vulgar” que nos podrían parecer estas canciones que toman nuevos aires, nunca mejor dicho, haciendo que las bandas también actualicen sonoridades y estilos.
Canta la copla que “La Habana es Cádiz con más negritos, Cádiz, La Habana con más salero” y Pascual Piqueras (Valencia, 1973) compuso este De Cai manteniendo la percusión del cajón mal llamado flamenco, venido de Perú pero totalmente asimilado gracias a Paco de Lucía, sumándole palmas y taconeo (bien por la pareja de percusionistas) que se quedaron comidos por las dinámicas de toda la banda, aires del sur con instrumentación internacional para esta música tan exportable y llena de vida, con todas las secciones participando.

Para el fin de fiesta nada mejor que volver a cruzar el Atlántico y aunar esfuerzos Vuelta Abajo con la banda y dos temas que los primeros tienen de siempre buscando nuevas sonoridades aunque la amplificación ni los arreglos estuvieron a la altura necesaria: Manhã de Carnaval (Luis Bonfa), ese Brasil de “Orfeo Negro” que hubiese necesitado más presencia y cuerpo vocal e instrumental con menos volúmenes en la banda, y el conocido joropo, casi segundo himno venezolano Alma Llanera (Rafael Bolívar Coronado – Pedro Elías Gutiérrez) que bisarían mejorando planos aunque la instrumentación no vendría mal eliminar la melodía duplicada o al menos mimar los matices, aunque supongo que esta primera toma de contacto también suponga corregir detalles y buscar arreglos tan buenos como los del japonés. Espero ya el siguiente proyecto para animar a estas fusiones más allá de coros de zarzuela y óperas, pues siempre digo que no hay etiquetas para la música, solo la que gusta y la que no, y David Colado apuesta por ello.

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