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La Cerezal crece

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Sábado 18 de enero, 20:00 horas. Auditorio de Pola de Siero, La Cereza’l Cielu, presentación del disco. Entrada: 6€.

Cerezal nacía en 2013 con un sonido original, lleno de matices y sin perder asturianía, sin complejos, giros al pop llevado a su terreno, grabando un EP autoproducido en noviembre de ese año, agotado en la presentación.
Un año hasta su primer CD “Camín”, pero manteniendo calidad y rodeados de colaboradores de lujo, y con ligeros cambios, Cerezal crece como grupo, cambian voz femenina por masculina, aumenta la plantilla manteniendo la base original de violín, percusión y guitarra, para volver a los Estudios Tutú de Corvera (un referente musical) y dejarnos como regalo navideño de 2019 este nuevo trabajo titulado “La Cereza’l Cielu” (una forma asturiana de llamar al arco iris) que presentaban en el Auditorio de la Pola Siero rodeados de amigos arriba y abajo del escenario.

Los Cerezal de ahora son Marcos Álvarez (voz), Andrea Joglar (gaitas y flautas), Juan José Díaz (percusiones), Juan Yagüe (guitarra, mandolina, voces), Gonzalo Pumares (violín), Marcos Álvarez (voz), Juan Carlos Vega Cabín (bajo eléctrico, voces) y por supuesto Miguel G. Díaz (pintor y diseñador) que en directo pinta la portada creciendo a la par que la música, tal como en aquella cerezal de 2014.

Sonido en vivo con uno de los productores del disco junto al técnico del propio auditorio polesu, aunque tardasen en acertar con los balances y ecualizaciones especialmente de la voz, repaso al CD y unos invitados de lujo que en directo siempre se agradecen, amén de algunas secuencias pregrabadas perfectamente ensambladas.

Buena entrada y un discurrir de temas donde hubo baile cual danza prima tanto en el patio de butacas como sobre el escenario, temas populares llevados al “estilo Cerezal” donde la voz de Marcos Álvarez le da nueva vida a los temas del primer disco, también escuchados este sábado entre lo nuevo, la percusión de Juanjo Díaz sigue siendo un motor de muchos caballos capaz de combinar cajón, batería y carillón en un malabarismo único, la guitarra de Juan Yagüe el complemento rítmico y armónico donde nunca faltan las pinceladas de excelentes punteos y unos coros bien empastados, más el violín de Pumares que lo mismo volotea cual Grapelli del folk que en unísonos con gaitas o flautas engordan esa tímbrica única de raíz irlandesa pero ya asimilada a esa etiqueta de “celta” (aunque como guerreros no tenían micho tiempo para la música) por no llamarles atlánticos.

Con el bajo eléctrico de Cabín el sustento queda más homogéneo y el remate a la formación lo pone la flauta y gaita de Andrea, académica cuando debe y creativa siempre como en el Jazz, sonidos limpios, dibujos amplios y perfecto ensamblaje de este sexteto.

Los invitados pusieron el plus, no estaban todos los que eran (y  grabaron) pero sí eran los que estuvieron, entre ellos Alvaro Bárcena, impecable con sus guitarras incluyendo la steel, aumentando los matices en los temas donde participó, Nel Suárez, Marco Antonio Guardado, Fernando Oyágüez al banjo,  Rodrigo Joglar en el acordeón diatónico, Ruboh rapeando, Pedro Santiago Pitu, David Mori con la gaita como sus colegas Rubén Alba  o Jose Manuel Tejedor Mier, un lujo sumarse a la fiesta del directo y estreno de disco.

Repaso a una trayectoria de años sin perder la frescura, aires ligeros, añadas que no duermen, poetas de ayer y de hoy, electrónica bien encajada sin abusar de ella, toques de Rap pero siendo y sonando siempre a Cerezal, buscando etiquetarlos a caballo del folk acústico y el pop-rock pero simplemente trayendo hasta hoy una tradición de la que Beleño o Llan de Cubel comenzaron en los 80 a actualizar.

Caleyando con esa secuencia inicial que desemboca en un medio tiempo presentado por flauta y violín, La Playa de Rodiles cual “country astur”, La Polesina bailable, movida y muy de Celtas Cortos aunque aquí serían “Cerezales con filtro”, el coreado Nun me dexes cayer, la Danza Bidules capaz de comenzar eléctricamente folk por instrumentación con la voz de Marcos digna de romances, el arco iris que da título al disco como una banda de “road movie” traducida al asturiano “viajera y caleyera”, una preciosa As Andolías igualmente actual por un inicio electrónico juguetón para un día gris de “orbayu” que va calando instrumentalmente para vestir ese timbre de Marcos, una Bretaña de “lalalá” ancestral que salta cien años sin perder solera.

La “steel guitar” de Na oriella prieta riega una balada agradecida, Ayeri mantiene la esencia originaria de Cerezal, melodías bien construidas que suenan bien masculinas o femeninas, la alegría de Fala un beso, reivindicativa además del doble sentido que no es más que el propio beso, y el genial Thriller de Michel Jackson, aullidos incluidos empujado por una rueda rítmica de “Yagüe Knopfler”, el paraíso asturiano capaz de mantener reconocible el “monstruoso” éxito del genio que nunca quiso crecer resucitado con esas cerezas autóctonas.

Un fin de fiesta para la Nueche, la primera y también la última, la misma noche con más años, casi dos horas de música variada, público entregado y escenario más, complicidades interpretativas en un repertorio que mantienen y renuevan estos Cerezal.

Villancicos en Málaga

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Viernes 27 de diciembre, 20:15 horas. Málaga, Iglesia del Sagrado Corazón: “Concierto para La Paz. La Navidad en el Mundo”. Orquesta Promúsica y Coral Santa María de la Victoria. Directores: Javier Claudio Portales y José Eugenio Vicente.

Varias generaciones musicales de intérpretes y obras se dieron cita en la hermosa iglesia neogótica ubicada en la plaza de San Ignacio en un concierto de villancicos que sirvió para comprobar cómo la música navideña sigue vigente y más cuando se interpreta desde el corazón y con espíritu solidario.
La Orquesta Promúsica de Málaga es todo un proyecto formativo para instrumentistas de cuerda fundado en 2009 gracias a la propuesta y el impulso de la Fundación Musical de Málaga diseñado y dirigido por el violinista y pedagogo malagueño Javier Claudio, profesor de violín en el Conservatorio Superior de Música de la ciudad. tiene como objetivo ofrecer apoyo, formación y estímulo musical actualmente a cerca de un centenar de niños y jóvenes de 6 a 26 años. La característica más destacada del proyecto es que los alumnos mayores ayudan como voluntarios en la formación de los más pequeños, creando una imbricación muy especial entre todos. El Proyecto tiene tres jóvenes orquestas: Orquesta Infantil, Joven Orquesta y Orquesta de Cámara, que pudimos disfrutar en las dos partes del concierto.

Sería los más pequeños quienes abrirían la velada con cuatro obras adaptadas a su nivel y con dos directores que también son instrumentistas de la Orquesta de cámara de Promúsica, Beatriz Claudio (violonchelo) con la Polka “Bella Bocca” de Waldteufel, y Bass-icamente Navidad de Piertpont ambas en arreglos de Bob Phillips, una gozada el entendimiento entre los músicos y la complicidad además del trabajo en la segunda, con un “swing” sin percusión digno de elogio, y Guillermo de Alba (contrabajo) con The Village Bells (Brahms) y The Sound of a sound (R. Meyer), partituras bien elegidas donde a los fundamentos de la cuerda se unen capacidades básicas como el ritmo y sobre todo el humor en ese “juguete musical” de Richard Meyer. Bravo por los “peques” y unos directores que apuntan maneras además de la pedagogía necesaria para llevar adelante estas cuatro obras.

La Joven Orquesta ya con el maestro Portales nos dejaron por su parte unos arreglos muy conseguidos de tres “clásicos americanos” como Let it Snow! (Jule Stine), Mister Santa (Pat Ballard) que no es sino el conocido Mr. Sandman bien traído a la orquesta de cuerda, y el eterno Irving Berlin fusionado Happy Holiday y White Christmas en una adaptación muy lograda para la una orquesta de cuerda, finalizando con el público malagueño sintiéndose vienés y la Marcha Radetzky de Johann Strauss padre, las palmas en su sitio además de matizarlas.

La Coral Santa María de la Victoria fundada por el recientemente fallecido Padre Gámez en 1969, y bajo la dirección del pianista malagueño además de catedrático José Eugenio Vicente Téllez, mantiene su excelente nivel de homogeneidad, empaste, afinación y buen gusto, años de tradición que suman enteros para un coro con mucha historia en estos 50 años de trayectoria con relevos generacionales que continúan la calidad y musicalidad que Don Manuel les transmitió desde sus inicios.

La parte “a capella” desgranaría lo mejor del repertorio navideño comenzando con Oh qué precioso niño (Mozart), El mensaje de los ángeles (F. A. Gevaert) que muchos conocemos como “Gloria in excelsis Deo“, bien compensado en sus cuatro voces, el villancico malagueño Dime niño (armonizado por A. Pérez Moya), en tempo y aire “clásico” como era de esperar en la formación malacitana, el popular Chiquirritín (armonizado por Oriol Martí) jugando con diferentes aires y contrastes entre las cuerdas, el Villancico Cordobés (arreglo de Francisco Civil) que no es otro que “Hacia Belén va una burra” en una armonización bellísima, Campanas de Belén del recordado Manuel Gámez López (Fuengirola 1927 – Málaga 2019 ) a quien Málaga le debe mucho y en el mundo musical aún más, para finalizar con Es Navidad (Gevaert).

El cierre del concierto lo ofrecerían junto a la Orquesta de Cámara con la batuta del Maestro Portales en cuatro obras populares donde la cuerda y las voces (reubicadas en su colocación como la orquesta, es decir los graves juntos, a a derecha según los vemos) dieron el salto de calidad, pues lo sinfónico coral une lo mejor de las dos formaciones. Primero A Christmas Festival (Leroy Anderson), un popurrí de temas navideños que reconocemos por tantas películas y grabaciones, especialmente los que ya peinamos canas, siguiendo con la popular alemana O Tannembaum (“El abeto” aunque conocida como “Oh! Luz De Dios”) y el arreglo del padre Gámez sobre el universal Noche de Paz de Gruber.

Para concluir en todo lo alto nada mejor que Haendel y el Aleluya de “El Mesías” donde las voces se emplearon a fondo, bien todas las cuerdas con unos bajos redondos y unas sopranos seguras, más una orquesta madura donde no echamos de menos vientos ni percusión dejándonos una versión ideal que sería el broche de oro para este mi último concierto del año en mi querida Málaga.

P. D.: Gracias a mi querido amigo Manuel L. Oliver-Copons por la invitación y el reencuentro breve e intenso, siempre con la música como “disculpa” y el recuerdo a Don Antonio.

Poesía es música

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Sábado 28 de julio, 20:00 h. Salón de actos del Monasterio de Santa María de Valdediós: “Atardeceres Musicales 2018“, Ciclo La voz y la palabra, organiza Círculo Cultural de Valdediós. El canto de la dulce FilomenaLola Casariego (soprano), Aurelio Viribay (piano). Obras de Debussy, Fauré, Hahn, Massenet, Granados, García Abril y Bautista Cachaza. Entrada libre hasta completar aforo.

El ciclo titulado “La voz y la palabra” une los dos pilares del Círculo Cultural de Valdediós, poesía y música presentando este segundo concierto donde los textos son aún más protagonistas con la música, Francia y España, poemas ofrecidos con letra original y su traducción en unos programas de mano con papel excelente, obras de compositores del pasado siglo tanto del país vecino ocupando la primera parte como nuestros españoles internacionales en la segunda, si se quiere de mayor calidad todavía con un Federico García Lorca más vivo que nunca en los lenguajes de tres músicos dispares que engrandecen con la voz y el piano la eterna lírica. Contar con la ovetense Lola Casariego en este concierto suponía garantía de calidad, y sumándole el magisterio al piano del vitoriano Aurelio Viribay el resultado final fue poéticamente musical o musicalmente poético, buen decir en francés o castellano, mejor fraseo instrumental sin palabras y protagonismo compartido de un género que seguimos vendiendo mal precisamente por ser nuestro: la canción española de concierto que el Maestro Viribay conoce como pocos, equiparable a las Chanson vecina, Songs inglesas o Lieder alemanes, porque las hermosas melodías alcanzan altos vuelos ante el pianismo de unos compositores que conocen los estilos vecinos, contemporáneos e incluso avanzados a su tiempo como comentaré más adelante.

Por desgranar la primera parte en perfecto orden cronológico y estilístico, cuatro músicos que mueren en la capital francesa. Claude Debussy (Saint-Germain-en-Laye, 1862 – París, 1918) y tres poesías musicalizadas de auténtica soirée maliayesa en este entorno monacal: Beau Soir (Bourget), Nuit d’Etoiles (Banville) y Mandoline (Verlaine), la voz carnosa de la soprano carbayona con el impresionismo puro del pianista alavés, textos realzados en pentagramas rompedores en su momento, perfecto maridaje del cambio de siglo para continuar con el gran melodista vecino, Gabriel Fauré (Pamiers, 1845 – París, 1924) al que Elly Ameling y Dalton Baldwin me engancharon hace muchos años para reactivarse este sábado de voz y palabra tomando del ciclo La Bonne Chanson op. 61 sobre textos de Verlaine dos de las nueve canciones, tercera y segunda respectivamente: La lune blanche luit dans les bois, hermosa en cualquier registro vocal pero que con Casariego alcanza color propio sin perder el sabor de mezzo, y Puisque l’aube est grandit, la propia poesía describiendo el piano que “crece como el alba” en manos de Viribay guiando la voz “por senderos de espuma apartando guijarros y peñas, arrullando las lentitudes cantando aires ingenuos” pero maduros en la voz de Lola, sin nasalizar en absoluto dominando textos y argumentos, dramatización compartida en la escena.
Evolucionando en lenguaje tanto vocal como instrumental pero siempre al servicio del texto vendría otro melodista caribeño de nacimiento pero plenamente integrado en el ambiente de “La Belle Époque”, el venezolano Reynaldo Hahn (Caracas, 1874 -París, 1947) con dos páginas a cual más bellas: Si mes vers avaient des ailes (V. Hugo) y A Chloris (Théophile de Viau), verdadera recreación que este tándem Casariego-Viribay suelen ofrecer en pugna de emociones antes de concluir con el operístico Jules Massenet (Montaud, 1842 – París, 1912) que como tal, no podía olvidar estas miniaturas teatralizadas con textos de Louis Gallet como la Elégie para disfrutar por partida doble, voz dramáticamente emocional y piano conteniendo desde el equilibrio ideal sin cello, antes de Nuit d´Espagne, excelente visión musical francesa de nuestra geografía literaria con cierta reminiscencia bizetiana más que raveliana aunque la inspiración española no tiene fin.

Apenas diez minutos de descanso y totalmente española la segunda parte, colocadas obras y autores ahora jugando con los estilos y dándole protagonismo a García Lorca tras abrir boca con un Enrique Granados (Lérida, 1867 – Canal de La Mancha, 1916) siempre actual. De “La maja dolorosa”, tres tonadillas dieciochescas, inspiradas en la moda goyesca e inspiradoras por calado, ¡Oh muerte cruel!, ¡Ay majo de mi vida! y De aquél majo amante. El gusto de Lola Casariego se recrea con esta maja bien entendida desde un registro grave poderoso y una tesitura cómoda de dicción perfecta que siempre ayuda a la emisión clara, mientras el piano de Aurelio Viribay no solo sustenta esos tres textos pictóricos sino que vuela en el lenguaje pianístico hispano iluminado en París y malogrado por una tragedia que truncaría una proyección inimaginable del catalán.

Suelo comentar con muchos melómanos que uno de los compositores que mejor han entendido el folklore español ha sido el maño Antón García Abril (Teruel, 1933), digno representante y continuador de esta tradición de canción que conoce y se inspira en los orígenes populares para elevar los textos de nuestros poetas. Así toma a Lorca para sus “Tres canciones españolas” que sin perder el trasfondo regionalista mantienen el lenguaje típico del turolense, “tierno y brillante” en palabras de la propia Lola, compartiendo empuje voz y piano, el ritmo del Zorongo de regusto decimonónico, la Nana, niño, nana, sentimiento fallesco de armonías en plena transición o la Baladilla de los tres ríos de tradición melódica cercana a Rodrigo, de final poderoso que han sido llevadas al disco por ambos intérpretes (Canciones) junto a otras más que conforman este “corpus de canción hispana” donde no falta lo asturiano, aunque el directo único de Valdediós lo hizo irrepetible.

Y el aún por descubrir Julián Bautista Cachaza (Madrid, 1901 – Buenos Aires, 1961), estilísticamente el más actual y adelantado a su época por aunar el sabor clásico andaluz con toques de jazz flamenco, o viceversa, a partir de los textos lorquianos en Tres ciudades, el compositor “hondo y racial” que arranca con una Malagueña de piano guitarrístico además de “jondo” y voz con “pellizco y quejío”, Barrio de Córdoba sentido, florido como los patios, balada llorada desde la lejanía antes del Baile de final apoteósico con aires de AlbénizTurina para recrear la Carmen sevillana e internacional que hacen del exiliado Bautista un compositor español cercano y universal  como también lo fue su amigo Salvador Bacarisse, ambos en el llamado “Grupo de los Ocho” madrileño, otro compositor que entendería a la perfección que la poesía es música. Muchas gracias a Aurelio Viribay por su incansable trabajo en mantener encendida la llama de estos excelentes músicos a quienes todavía no se les ha reconocido en su justa medida y también acreedores de la memoria histórica pues la dictadura les privó de triunfar en su patria.
De propina sin necesidad de presentaciones aunque “fuera de contexto” por reducción orquestal al piano tras un equilibrado y bien elegido programa, una de las más bellas arias de ópera escritas por Puccini, “O mio babbino caro” de Gianni Schicci, preferida de muchos aficionados que llenaron el salón monacal a los que nuestra Lola agradeció cantando a papis, güelitos y tíos con sobrinas.

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Viernes 20 de julio, 20:00 horas. Patio del Centro de Cultura Antiguo Instituto (CCAI): Concierto homenaje a René de Coupaud. Isaac Turienzo (piano), Xel Pereda Quinteto, Andreas Prittwitz Lookingback Trío. Aforo completo.

Entrar en el Antiguo Instituto es recordar siempre a mi querido René, el omnipresente que diría Andreas, su hogar tras cambiar Vetusta por Gijón donde siempre tuvo su casa, pues allí nació y fundó el primer estudio de grabación asturiano en el recinto ferial, los legendarios Estudios Norte y después EOLO donde le conocí con Pipo Prendes, por donde pasarían tantos artistas y grupos de todos los estilos a dejar escrita un poco de la historia musical asturiana, con el tándem Coupaud-Bastarrica, el mismo de La Orquestina Son Les Poles con un toque personal y avanzado para entonces que continuarían en menor medida Cuélebre. En Asturias todos sabíamos que hablar de René de Coupaud era hacerlo de música, de trabajo, de ilusión y hasta de innovación.
Surgió entonces la chispa y mi admiración por una leyenda cuyo nombre iba unido al de figuras de mi adolescencia (Camilo Sesto, Ángela Carrasco, Alcatraz…), tenerlo cercano fue un aprendizaje vital y de respeto hacia el maestro, cariño hacia su familia en Fray Ceferino con Javi y Pablo, también grandes músicos como no podía ser menos, chapoteando en la piscina mientras Loli preparaba la merienda.
El cambio de destino no solo supuso hacer menos kilómetros diarios sino mejorar la calidad de vida y dejar atrás San Juan el Real, pasar otra hoja a su libro musical además de continuar haciendo escuela desde el Taller de Músicos de la Fundación Municipal de Cultura y Universidad Popular, primero en los bajos de El Molinón y después en este CCAI desde donde seguir dinamizando todo lo que sonase, impulsor entre otros del Festival de Música Antigua de Gijón.
René siempre apostando por innovar, imposible resumir sus 25 años al frente de esta iniciativa que sirvió de modelo para muchas más, rompedor siempre en su momento y todo un clásico ya. Sembró mucho, discreto y tenaz, trabajador infatigable, y en el mejor momento de su vida, recién jubilado disfrutando de Quintes, su corazón volvió a fallar dejándonos un vacío indescriptible. Un febrero gris de invierno que no terminaremos de digerir ni siquiera cinco meses después, repitiendo climatología en pleno verano después porque sigo buscándole cada vez que vengo al Centro.

Recordarle era lo menos que le debíamos, y no podía ser más que con música, en su casa y como decía la concejal de educación y cultura Ana Montserrat López Moro al inicio, con “cariño, respeto y admiración”. Sería imposible reunir sobre el escenario a todos por los que René apostó, asesorándoles, grabando o apoyando infatigable, pero hubo una buena representación este sábado con el respaldo de su Gijón del alma, de tantos amigos que dejaron pequeño el patio: el jazz, el folk o la fusión, avanzados en su momento y plenamente actuales.

Isaac Turienzo ha sido Premio AMAS de Honor como René en 2014, ambos enamorados del jazz y que abrió homenaje casi intimista con Thelonius Monk, un Monk’s Mood contrapuestos y unidos por el equilibrio, desde la locura uno y de la reflexión otro como el propio Isaac comentó. Otros dos temas, primero un bolero de aire casi Corea o incluo Camilo pero Michel, con la canción de amor España, siguiendo con otro “standard” recordando 1992 del ciclo “Jazz en el centro” el mismo año que grabase en Mieres “Made in Asturias“, con dos referentes de Isaac, Tete y René cual tamiz de ambos, la (re)visión popular de Santa Bárbara bendita.

Eduardo García Salueña, digno heredero de René, hizo de maestro de ceremonias y también dejó pinceladas antes de dar paso a Xel Pereda con un cuarteto donde estuvieron con
Ángel Ruiz en la pedal steel guitar un trío de cuerda (violín, viola y cello). Desde Llan de Cubel, grupo de folk que también pasase por las manos de René, Xel cantando con su guitarra fue llenando de asturianía contemporánea el patio gijonés con la añada Agora non en versiones atemporales, siguiendo con el tema de Igor Medio (FelpeyuLos fayeos de mayo
y con el quinteto Onde vas por agua
para finalizar desde la fórmula del popurrí comenzando con una introducción instrumental de steel y guitarra del conocido En el campo nacen flores donde van cantándose arreglados de aire “country” el Xilguerín parleru con Si la nieve resbala, buena fórmula para revitalizar la llamada música de raíz que sigue funcionando.

En este homenaje a René había que recordar los talleres de improvisación que arrancaron allá por 1996 y todavía funcionando, y Eduardo aprovechó para dar paso a la última actuación de un asturiano de adopción que ha venido tantas veces a nuestra tierra en parte “por culpa de René” con distintos grupos, a charlas y conferencias, a festivales y conciertos, seminarios o grabaciones con el omnipresente amigo: Andreas Prittwitz en trío de Looking Back con Ramiro Morales en la tiorba (guitarra barroca para el último tema) y Antonio Toledo a la guitarra española mientras Andreas saltaba del clarinete a la flauta o el saxo, la fórmula que mezcla jazz y clásico a lo largo de la historia de la música, otra de las apuestas que el Taller de Músicos trajo a Gijón y ahora se ha normalizado. Tres grandes músicos capaces de improvisar con la naturalidad que da el tiempo y el dominio de estos repertorios, recreando a Bach y una de las suite de cello en formato de blues a la tiorba de Ramiro realmente curiosa que arrancó aplausos espontáneos, o una joya atemporal como las Tres morillas en una introducción de Toledo a la guitarra de quitar e hipo que tuvo además una sonorización global a la altura del maestro homenajeado. Las Jácaras de Gaspar Sanz serían otro tesoro con el virtuosismo habitual de Andreas a la flauta que le trajo a España aunque domine igualmente clarinete y no digamos el saxo, acompañado de tiorba y guitarra. Finalmente y dedicada a la familia de René que también lo es suya por el roce y cariño de tantos años, su adorada Chacona de Francesco Corbetta con la guitarra barroca sola antes de ir floreciendo con el clarinete, después el saxo y la guitarra española de sabor universal.
Tarde de vivencias con la música que mantiene vivos los recuerdos y nada mejor que entre amigos, porque como el propio René decía

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Mieres, fiesta coral por San Juan

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Coincidiendo con las fiestas patronales de San Juan, Mieres lleva celebrando desde hace diecisiete años el “Encuentro coral de los pueblos mineros La mina canta unida“, con visitas de coros amigos invitados por el anfitrión, a menudo devolviendo viaje con nuestro centenario Orfeón de Mieres, el decano de los asturianos, que volvieron a llenar el Auditorio Teodoro Cuesta los días 15 y 16 de junio, siendo el sábado a las 8 de la tarde cuando acudí a escuchar los dos coros en la última jornada.

Antes de comenzar volver a mostrar mi preocupación por la elevada media de edad de unas formaciones con mucha historia pero donde cantar casi es terapia e inclusión social más que buscar la belleza del canto. El envejecimiento de los coros, salvo honrosas excepciones, sigue siendo preocupante, lo que deja voces cansadas, con emisiones no correctas y problemas de afinación, olvidando unos mínimos de calidad que compensan con ilusión y ganas de gustar. No denigro esta faceta pero un coro amateur también debe buscar calidad dentro de sus posibilidades. Y si profundizamos en los repertorios elegidos también nos encontramos con muchas obras conocidas que el público demanda, así como arreglos o adaptaciones que darían para mucha crítica, acompañados por instrumentos que más que ayudar entorpecen, olvidándose de la existencia de obras asequibles, agradecidas y menos populares que como embajadores musicales también deberían dar a conocer.

Es el caso de la veterana Coral Polifónica Follas Novas de A Coruña que dirige el maestro Fernando Vázquez Arias, con acompañamiento de piano (electrónico) a cargo de la armenia Anna Mirzoyan en todas las obras que trajeron a Mieres, distintas calidades con resultados dispares y muy mejorables, donde sí encontramos tradición, popularidad y cierta renovación.

De ejemplo la Insalata italiana (Richard Genee) donde el repaso por la terminología musical debería ir pareja letra y música, aunque no siempre resultó. En general el coro coruñés abusó de brusquedades en emisión y matices, a menudo alejadas de lo escrito, con desajustes para elegir entre cuerdas y piano, por otra parte con desequilibrio entre hombres y mujeres que parece endémico en muchos coros y hasta se opta por coros de voces blancas. Los intentos del maestro Vázquez por encajar piano y coro fueron constantes pero la afinación no se logró más los matices demasiado exagerados.

De las tres obras de zarzuela mejor no ensañarme y de la llamada Suite latina del propio director Vázquez Arias resultó un pupurri excesivamente largo de boleros y canciones del otro lado del charco más propicio para una sobremesa que elegirlo para un concierto. Su obra A Coruña e unha serea desconocida para mí ofrece buenas ideas musicales que me gustaría escuchar por otra formación para poder emitir un mejor juicio de valor.

Tras entregas e intercambios de regalos entre los dos coros así como la entrega de distinciones al Área de Cultura de nuestro ayuntamiento por el apoyo a eventos como el que nos ocupa, o la insignia de plata del Orfeón a Rosa Mª Llaneza que lleva toda la vida cantando y es historia viva del coro decano de Asturias,

el Orfeón de Mieres con Carlos Ruiz de Arcaute Rivero seleccionó para casa siete partituras variadas donde se escuchó por primera vez la obra Mieres del camino originalmente para voz y piano del pintor gijonés Juan Martínez Abades (1862-1920) que también escribía música para cabarets y salones de su época. De aplaudir la incorporación de temática local buceando o trabajando en adaptaciones como esta estrenada hoy por el propio orfeón.

Del folklore asturiano no podían faltar el Axuntábense (Sergio Domingo) o la hermosísima Tengo de ponete un ramu de Benito Lauret que tanto hizo por la música en Asturias durante su estancia allá por los años 70 con la entonces Orquesta de Cámara “Muñiz Toca” que sería la Sinfónica de Asturias, y la Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo”. Del repertorio habitual con el que disfrutamos del orfeón La golondrina (J. Pagán), Mi viejo San Juan pero del portorriqueño musicado por Antonio Barés, o Ilusión de amor (Santos Montiel, armonizada por Ginés Abellán), sumándose la conocida Chiquitita del grupo ABBA que dio un toque de “modernidad” aunque también habría mucho que escribir de los repertorios e incorporada recientemente en La Calzada por nuestro decano coro. Con todo felicitar a este Orfeón que con Ruiz de Arcaute está llevando la música coral con el nombre de Mieres por la geografía española.

Tratándose de poner voz, esta vez alzándola con el silencio de la razón, todos los componentes del orfeón a los que se sumó algún conocido más sobre el escenario en una campaña que se extiende por todas partes, hicieron visible con carteles la petición del Grado de Deportes para nuestro Campus de Mieres, pues ya va siendo hora de dotar de más contenidos a unas instalaciones modélicas e infrautilizadas por parte de la Universidad de Oviedo, el pasado minero e industrial que tanto dio a Asturias y España, teniendo todavía por saldar una deuda con Mieres, justo cuando se vuelve a plantear el cese de la actividad minera y la defensa de energías limpias y renovables. Al menos que nos dejen ser una verdadera ciudad universitaria al completo.

El colofón tras la reivindicación, Asturias, patria querida cantado por todos los presentes que volvió a sonar luchador y esperanzador porque “quien canta, su mal espanta”.

Todavía llegaría a casa para el “Liceu a la fresca” con un Manon Lescaut de Puccini donde brilló el español Carlos Chausson y el estadounidense Gregory Kunde que cunde pese a los años, aunque no haya sido para archivar. Al menos el “horario cultural” no resultó ser las dos de la madrugada sino el llamado “prime time” y todo lo que sea popularizar la ópera siempre será bien recibido.

A disfrutar de la fiesta siempre con música…

Un acierto de desconcierto

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Miércoles 30 de mayo, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Concierto 103, clausura temporada 17-18 de la Sociedad Filarmónica de GijónDesconcierto para piano y voz: Rocío Márquez (cantaora), Rosa Torres Pardo (piano), Luis García Montero (recitador). Obras de Granados, Falla, Turina, Albéniz, García Lorca y García Montero.

Triángulos mágicos de cante, poesía y música, Huelva, Granada y Madrid, la perfección de la forma, geometría pura y Arte con mayúsculas. Con cierto desconcierto para un público que llenaba el teatro del Paseo de Begoña en una tarde desapacible abierta no solo a los socios de la centenaria sociedad, donde el concierto rodaría como la rueda poética. Desconcierto de un programa donde los tres bloques sin descanso estaban enlazados, los García (Lorca y Montero) sumaban Torres mientras Rocío rimaba con quejío. Aplausos contenidos cual respiraciones entrecortadas, ímpetu escénico con susurros del alma rotos por otros fuegos escritos que no queman, iluminan.
Rosa Torres Pardo (Madrid, 1960), el talento del piano desde el centro de la piel de toro, la musicalidad plena, el sentimiento hispano femenino y universal capaz de enlazar Granados y Falla, hilarlo con Albéniz en un sinfín armónico, seguir con la orgía de Turina y ambientar los poemas granadinos bien elegidos, elegías y saetas de siempre, hacer del piano poesía para conjugar en plural el texto ajeno invitado al rincón íntimo y sumarle pitos y palmas sordas con un flamenco de sangre y oro.

Rocío Márquez Limón (Huelva, 1985) es pasión y océano, pulsión e ímpetu con una voz inimitable, personal, única, escena y sentimiento, afinación clásica para el cante jondo en el que los músicos españoles de este concierto bebieron, poniendo el flamenco como un lied único que enamora, con un piano cercano cual guitarra pero poderosamente armado por nuestros grandes, inspiración de un pueblo al fin culto, ganado por la sabiduría de la música que llamamos pellizco, duende, magia, neblina u orpín.

Luis García Montero (Granada, 1958) artesano de palabras, poeta andaluz de ahora, prestidigitador lírico capaz de armar este triángulo con momentos solitarios tumultuosamente compartidos en primera persona. “Antes del concierto está el desconcierto, la necesidad de ponerse de acuerdo, de buscar un sentido, de que tu cinco y mi cuatro midan lo mismo“, nuestro tres en Gijón acertado y multiplicado por esperanza.

Puntualidad británica en el inicio, pianista intentando asentar rezagados con un arpegio, el poeta arrancando “Sabe el mundo vivir en unas manos” junto a esa grandiosa poesía vestida de Granados, cantada goyesca andaluza enlazando partituras y cante, fandangos de concierto y acento onubense, barrio de “Lavapiés” madrileño acogiendo andaluces en altas Torres, majos sin mantilla, guitarras de teclas y palabras desde el vientre que da vida.
Lorca y Poesía para ensamblar “Lorquiana” donde Albéniz en el piano de Rosa Torres Pardo es para regodearse, el Tango gaditano de poniente con la Almería del levante, García Montero poniendo la imagen del verso que habitó entre nosotros, Iberia y “Las palmeras navegan y nadan en el viento“, el estrecho de puertas abiertas como la onubense, canciones del norte y el sur en feliz convivencia, una sefardí anónima unidas a las “Canciones populares antiguas” del Lorca pianista con La Argentinita además de poeta, enamorado de Iberia, sentidas por estos artistas. Increíble el pupurri enlazando El Vito, Zorongo, Jota (de Falla), La tarara y Las tres hojas que en Asturias sentimos llegar por la Ruta de la Plata embaladas con un piano volador sobre el que cabalga la voz plateada en la “Huerta de San Vicente” de García Montero encontrando la ciudad buscada igual que la palabra.

Momentos mágicos de Albéniz y FallaEl Corpus Christi en Sevilla de saeta, pitos y palmas sordas con el arrebato pianístico, después la calma de arrullo, la Nana, placentera y murmurada como mecida por el mismo viento de Montero.
El amor brujo del Falla que embruja, dolores de Rocío con fuegos rituales y fatuos bien atizados por Pardo, Fandango Montero y Cantares de Turina con los barrios de Huelva entre dos patrias de una misma piel bravía. Si hace años “La Jurado” encendió a Saura y guardo el CD como una joya sinfónica entendiendo al gaditano como nadie, en este siglo XXI una Rocío onubense, “La Márquez” con Rosa son el Falla racial universal desde un canto que no rompe, desgarra con el piano candente, elementos de la naturaleza vividos en una concepción que saliendo del Moguer de Juan Ramón Jiménez vuelve a unir mundos en este mestizaje que mejora la raza musical y la propia vida. “El dogmatismo de las ideasexplicando Luis la prisa con pies de plomo, aplomo sin prisas de Falla para las damas.

Un trabajo conjunto donde Rosa Torres Pardo atesora el vagaje suficiente y la musicalidad en cada poro que le permite solear, solapar temas que fluyen como uno solo, modular con total naturalidad sin perder unidad (de ahí cierta sorpresa en unos aplausos que tras la Danza del fuego parecieron romper la complicidad, las entradas y salidas de la cantaora), adornar la poesía en primera persona con el acento granadino de García Montero y el timbre grave de dicción rotunda, para felizmente acompañar un cante íntimo, sentido por Rocío, casi imposible otro nombre de mujer en Huelva, fresco de la mañana y también Su Señora de Almonte, Márquez de apellido poético sin García, que lo pusieron Lorca y Montero, con un decir de clásica como un palo flamenco sin necesidad de desgarro, solo el vertido por las letras goyescas, populares y universales. Un verdadero espectáculo que lleva mucho recorrido y el ensamblaje resultó perfecto.

Concierto tras el desconcierto, “tu cinco y mi cuatro” reducidos a nuestro tres con par femenino para Volver, melodía de tango, imagen manchega de Almodóvar pero Puro Arte fusionando Rosa y Rocío, Torres con Márquez, mano a mano taurino incluso jugando con propios y artistas sobre la escena, Rocío Torres Montero clausurando con este cartel una temporada filarmónica gijonesa que ha apostado fuerte desde la renovada directiva buscando ampliar públicos, sumándose el Teatro Jovellanos que con este espectáculo “triangular” hace feliz a tantos omnívoros musicales como el que suscribe.

II Semana de la voz: en la música asturiana

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Lunes 16 de abril, 20:00 horas. Auditorio Teodoro Cuesta, Mieres: II Semana de la voz: La voz en la música asturiana. Fernando G. Nuño (voz), Marcos Suárez Fernández (piano), Vicente Prado Suárez “El Pravianu”. Entrada: 5 €.

Desde el año 1999 cada 16 de abril se celebra el “día mundial de la voz” para concienciarnos del cuidado de esta herramienta con la que nacemos, nos comunicamos, hacemos sufrir o emocionar y debemos cuidarla porque es para toda la vida. El Ayuntamiento de Mieres a través de su Concejalía de Cultura con la colaboración de la Escuela de Canto y Repertorio “Haragei” que dirige Elena Pérez-Herrero, han vuelto a organizar por segundo año, y luchando contra incomprensiones pero sin desmayar aunque el público no responda, la “Semana de la voz” que contemplando lo variado contempla distintos enfoques en el uso y disfrute de lo más preciado que tenemos quienes la necesitamos para nuestro trabajo y cómo no, para el ocio. Nada incomparable a la voz humana que en Mieres tiene su espacio público.

Este primer día tras la bienvenida y agradecimientos de mi querida amiga, colega y artista pudimos apreciar el papel de la voz en la música asturiana quitando etiquetas y poniéndola donde siempre está, encima del escenario, sea sola, con gaita, piano o toda una orquesta, sin trampas ni amplificación y buscando temas populares en los que muchos compositores siguen inspirándose, manteniendo cada vez más viva nuestra tradición aunque como bien decía hoy el cantante Vicente Díaz en El Comercio, “la tonada está poco valorada por los organismos oficiales“. Por lo menos en mi pueblo se sigue apostando por ella y hasta la televisión autonómica le dedica bastantes programas, necesario para el relevo generacional que está mucho más preparado que hace cien años.

El cantante Fernando García Nuño es un conocido en los circuitos de canción asturiana que sigue preparándose en Haragei y ampliando horizontes en su repertorio. De voz algo gastada y rota, quebrada en algún momento, está en proceso de “reparación” tanto para la tonada como para el llamado “repertorio lírico” que se debe cantar con la misma naturalidad y gusto en él innato desde la tonada y su simpatía, puliendo detalles que con trabajo y esfuerzo irán dando frutos.
Buena elección de doce temas variados que fue comentando, alternando el acompañamiento al piano de Marcos Suárez y la gaita de El Pravianu, para derribar barreras y etiquetas inútiles de una música tan universal como la asturiana, con muy diferentes arreglos, interpretaciones e inspiraciones.

Del Cancionero de Maya y Rodríguez Lavandera en buen arreglo de piano comenzaron Fernando y Marcos cantándonos Pasé la puente de hierro antes de cambiar al acompañamiento de gaita de El Pravianu, magisterio vivo colocándose al fondo del escenario para equilibrar dinámicas, en Si quieres que te cortexe, con primera referencia grabada por Botón (Los Cuatro Ases) en La Habana allá por 1918 y recogida por Baldomero Fernández, otro nombre propio imprescindible en la dignificación de la canción asturiana, hoy con letra de Antonio Gamoneda que junto a Joaquín Pixán han descongelado nuestra tonada dando paso a esta “Tentativa de Cancionero asturiano del siglo XXI“, llevada incluso a CD.

El músico guipuzcoano afincado en Pola de Siero Ángel Émbil (1897-1980) también se inspiró en nuestros temas populares, dejándonos un hermoso arreglo con piano de Les fayes de la rotella donde Fernando G. Nuño añadió el solo de la conocida tonada Arboleda bien plantada para seguir manteniendo viva nuestra música, llamémoslo actualizar o adaptar, con un acompañamiento pianístico agradecido.
Muchos músicos se han inspirado en nuestra tierra, caso de Rimsky-Korsakov con nuestra Alborada y Fandango asturiano en el Capricho Español, e igualmente en la canción de concierto que buscaba identidades en los salones decimonónicos como nacionalismos bien entendidos, por lo que me encantó escuchar la Asturiana de Joaquín Nin (La Habana, 1879-1949) con letra adaptada por Narciso Fernández en la línea de Falla o Antón García Abril sin olvidarme de nuestro Luis Vázquez del Fresno, compositores que encontraron el equilibrio entre voz y piano desde el folklore. Un caso cercano es el del excelente director y compositor Alfonso Sánchez Peña (1942) con su Allende’l mar con letra de José Leon Delestal (Ciaño, 1921 – Madrid, 1989), asturiana cabraliega, de “equí” del oriente astur, de Bulnes, Carreña o Poncebos.

Con la gaita escuchamos La mio neña grabada en 1911 por el Gaiteru Llibardón y recogida como tantas por Baldomero Fernández, siendo famosa en versiones de Juanín de Mieres o Joaquín Pixán, de nuevo con la letra algo cambiada y con un complicado acompañamiento por los cambios de octava entre voz y gaita que con la tonalidad elegida El Pravianu hubo de hacer malabares.
No podía faltar un merecido homenaje y recuerdo al gijonés Enrique Truán (1905-1995) con su Añada para voz y piano de una delicadeza increíble donde los intérpretes se encontraron realmente cómodos.
En el estilo o modalidad soberana con gaita Arrimadito aquel roble poco habitual con gaita y vuelta al piano con el emotivo Pasando el puertu (A. Sánchez Peña y letra de León Delestal) tras comentarnos su charla con mama Josefa de lo más cercana, espontánea y emotiva para que le cantase alguno de los “Cantares de chigre” recogidos en un libro de bolsillo y cómo se convirtió en un verdadero concierto de tres cuartos de hora que le sirvió de ejemplo para este lunes, saliendo y volviendo a “la tierrina” por cualquiera de nuestros puertos de montaña.

El trío final recuperó tres “clásicos”, primero la bellísima La foguera (Truán), alegre, fiesta de San Xuan con una escritura pianística envidiable en perfecta conexión con la voz, después Cuando oigo sonar la gaita de Vicente, el recitado antes de continuar acompañado por el piano en esta canción langreana que como nos contó el propio Fernando, hay una grabación de 1905 a cargo del cantante flamenco El Mochuelo por ese viaje permanente de las músicas sin fronteras, y en estilo “soberana” recogida por Miranda (Los Cuatro Ases) en 1923, conocida más cerca por Alfredo Canga. Emotivo recitado con voz sola y quebrada para entonar después con el pianista que en estos temas donde solo hay melodía y poco más, suelo llamar “gaiteru de tecla”.

Otro tanto para terminar con la casi obligada y famosa Dime xilguerín parleru que por lo visto fue un asturiano en México quien se la enseñó al El Presi antes de grabarla con guitarra, como informa Javier de Arroes, también presente en la sala, cierre sin “acompañamiento lírico” pero siempre plegado al estilo de canción asturiana cuya historia se remonta a La Busdonga pasando por Diamantina Rodríguez hasta las nuevas generaciones que siguen cantando y renovando nuestro repertorio.

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