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Instantáneas sonoras

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Jueves 5 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano “Luis G. Iberni“: Rafał Blechacz (piano) y Bomsori Kim (violín). Obras de Beethoven, Fauré, Debussy y Szymanowski.

Las grabaciones musicales son como las fotos, la captura de un momento que podemos repetir cuantas veces queramos porque nos recordará ese instante irrepetible dejando a la memoria y a menudo también la fantasía, que ponga el resto, aunque haya sido algo fugaz pero imperecedero. Las fotos viejas, como los discos, se pueden retocar para una mejor conservación e incluso apariencia, pero nada es comparable al directo, especialmente en la música.

La introducción viene a cuento porque en estas Jornadas de Piano volvía el pianista polaco Rafał Blechacz, que me dejó una excelente impresión allá por noviembre de 2012 en estas mismas Jornadas, así como su primer disco con el sello amarillo, pero no en solitario, aunque apareciese el primero en el orden, sino junto a la violinista coreana Bomsori Kim, con quien parece congenió hace dos años y se plantaron en el estudio para dejarnos una grabación que escuchamos al completo en el auditorio, aunque los estudios y el directo no sean lo mismo. Con la tapa acústica abierta al máximo, el Steinway tapó demasiadas veces el hermoso sonido del Guadagnini de 1774, algo que en la mesa de mezclas se puede arreglar pero sin la tecnología quedó en un segundo plano inmerecido porque realmente hubo momentos del concierto deliciosos.

No podía faltar este año Beethoven una de sus sonatas para violín y piano (ausente en su último CD), optando por la Sonata en re mayor, op. 12 nº 1 (1798) que pude seguir recordándola casi nota a nota de mi último curso de piano en “Música de cámara II” con el profesor Carlos Luzuriaga. Buena complicidad entre los dos intérpretes pero desequilibrado balance sonoro que no nos permitió degustar los intrépidos y dialogados pasajes del Allegro con brio. El Tema con variazioni. Andante con moto sí dejó una mayor presencia del violín aunque la rotundidad del piano de nuevo ocultaría ese juego sonoro entre los dos intérpretes. El Rondo. Allegro adoleció de lo mismo, casi como si el violín acompañase a un piano protagónico de principio a fin, hasta en el orden del programa, por su sonoridad incluso en los pasajes más pianissimi, con la firma inequívoca del genio de Bonn pero obviando la aportación y complemento del violín.

La Sonata en la mayor, op. 13 nº 1 (1875-76) de Fauré pareció enmendar un poco la falta de equlibrio entre los intérpretes, cuatro movimientos donde el violín tiene mucho que tocar en una pugna con el piano muy alejada del ciclo de canciones del francés, si bien su lirismo y estilo ya se perciben, especialmente en el segundo movimiento (Andante). Lucimiento en el Scherzo, Allegro vivace de ambos demostrando lo estudiado que tienen este repertorio antes de grabarlo, miradas y gestos claros para un buen entendimiento y una versión algo fría pero técnicamente impecable.

Para la segunda parte el resto del disco, en claro mejoría tanto de sonido como de implicación, primero la Sonata en sol menor (1917) de Debussy, virtuosismo polaco y pasión coreana dibujando esa paleta única del segundo compositor francés del concierto, mismo idioma pero lenguaje nuevo, más logrado en el dúo, como si todo estuviese planificado en cuanto a la entrega. Especialmente delicado el Intermède: fantasque et léger que nos permitió disfrutar de un violín sedoso más presente y protagonista que en los primeros “cortes” y haciéndonos olvidarnos del homenajeado alemán. Lo mejor vendría con Szymanowski y su Sonata en re menor, op. 9 (1904), verdadera pasión compartida, protagonismos equilibrados, sonoridades controladas con mayor lucimiento del violín de Kim más un piano de Blechacz auténtico contrapeso y guía emocional en los tres movimientos. Por fin el espíritu camerístico como escuela tanto interpretativa como auditiva, el momento para recordar y no solo un disco en bucle que siempre sonará igual.

No podía faltar lo que se llama “encore” (propina) que además completaría esta presentación discográfica, el mejor Chopin de Blechachz pero con el violín de Kim para que llevase la parte cantabile y el piano polaco completase el arreglo del ruso Nathan Milstein sobre el conocido Nocturno nº 30 en do sostenido menor.
Buen concierto aunque la coreana no aportase mucho calor desde esta técnica implacable y fría, quedándonos con más ganas del Rafał Blechacz poderoso y entregado en solitario que es donde la memoria me lleva, la instantánea sonora de esta tarde de jueves.

Horizonte francés hasta Bilbao

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Viernes 28 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, “Horizontes II”, abono VIII OSPA, Javier Molina (trompa), Andrew Grams (director). Obras de Debussy, R. Strauss y Saint-Säens.

Mientras esperamos con urgencia el nombramiento de un concertino (esta vez invitado el colombiano William Chiquito) y un director titular para la orquesta asturianas, volvía el director Andrew Grams tras sus anteriores visitas de 2014 y 2016, donde también pudimos disfrutar como en este octavo de abono (interesante su paso por OSPATV) de una obra de Richard Strauss, este viernes con el concierto para trompa de caza dedicado a su padre, a cargo del solista de la OSPA el alicantino Javier Molina (entrevistado en OSPATV).

Preparando el programado que la próxima semana llevarán al Musika-Música “Destino París”, el octavo de abono tenía claro sabor francés con Debussy y C. Saint-Säens más el gran R. Strauss de orquestación similar entre nuestros vecinos, y en Bilbao se sumarán Poulenc con su concierto para órgano (razón por la en este programa estuvo Juan de la Rubia, que será el solista), Berlioz con Los troyanos, Gounod y su Fausto más el esperado Bolero de Ravel, conciertos dirigidos también por el maestro Grams, páginas que la OSPA tiene en su “fondo de armario” sacándolos en estas ocasiones y que volverá a dejar el pabellón bien alto en la capital vizcaína un año más.

La suite sinfónica para orquesta y piano a cuatro manos “La Primavera” (Printemps, 1887-1912) de Debussy (1862-1918) no es de las obras más escuchadas del parisino en las salas de concierto porque pese a necesitar una plantilla grande presenta ciertas dificultades para conseguir ese color instrumental que llevaría a clasificar o etiquetar esta música como “impresionista” y no parece tener la fuerza de otras partituras sinfónicas. Grams trabajó a la perfección esa textura en todas las secciones para los dos movimientos “moderados”, pinceladas tímbricas aportadas tanto por el piano como el arpa y una cuerda sutil que parece buscar la limpieza de líneas del Botticelli homónimo donde se inspiró Debussy, no hay melodías reconocibles pero sí ese ambiente bucólico con una excelente intervención de la flauta de Myra Pears y una segunda sección de toda la orquesta donde las trompas parecían preparar la obra siguiente.

El Concierto para trompa y orquesta nº 1 en mi bemol mayor de R. Strauss (1864-1949) tuvo como solista a Javier Molina que defendió con aplomo, seguridad, buena gama de sonido y arropado por sus compañeros junto a una concertación correcta del maestro Grams, tiempos adecuados para el solista en sus tres movimientos. Es una alegría comprobar el nivel de los solistas que atesora la OSPA, que lo demuestran cuando les ofrecen dar el paso al frente, y el alicantino ha sido otra demostración de calidad y musicalidad con su trompa de caza. Amplia paleta sonora y dinámica, desde los aterciopelados a los potentes, lejanías evocadoras de lo cinegético, guerreras en los toques a rebato, sin perder nunca afinación. El público, con sus familiares encantados y felices disfrutando como el resto, supo premiar con generosidad el despliegue virtuoso de un concierto exigente para los trompistas.

En unión de sus cuatro compañeros en “los bronces” más la percusión de Rafa Casanova nos regalaron un hermoso y resultón arreglo del multiversioneado Oblivion (Piazzolla) verdaderamente lírico, cantado por este sexteto para la ocasión con Molina de “voz cantante”.

Y para la segunda parte C. Saint-Säens (1835-1921) con la Sinfonía nº 3 en do menor, op. 78 “con órgano” (pero sin él, pues el auditorio de Oviedo carece de uno permanente como sí tiene por ejemplo el Euskalduna que dará la auténtica dimensión a esta tercera, pues no tenerlo condiciona mucho la sonoridad original). Nuevo lienzo sonoro de la OSPA con ese órgano (Juan de la Rubia como un músico más de atril) más el piano completando una tímbrica global recogida por momentos y apoteósica en el final. Grams supo delinear esos dos capítulos con varios movimientos internos que la orquestación arroja intervenciones solistas de mucho calado (bien la viola de Alamá), los metales cual tubos de órgano ampliando los registros y colores, emparejados con una madera siempre impecable, el gran órgano sinfónico que Saint-Säens construye en esta sinfonía orgánica igualmente por la vital transformación temática donde no falta el Dies Irae, melodías paralelas a su propio Carnaval (Oviedo lo celebra este sábado de Cuaresma) y perfectamente explicado en las notas al programa de Lidia Izquierdo Torrontera (enlazadas en los autores al inicio). Evoluciones de aires, modulaciones que finalizan en un corale más la coda final fugada hacia el do mayor luminoso bien llevado por un Grams nada ampuloso en el gesto pero efectivo, buscando ese acento francés que le sienta muy bien a nuestra orquesta asturiana de aires cantábricos con parada en Bilbao.

El París de Perianes

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Jueves 28 de marzo, 20:00 horas. Oviedo, Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”Javier Perianes (piano). Obras de ChopinDebussy y Falla.

Crítica para La Nueva España del sábado 30, con los añadidos de links (siempre enriquecedores y a ser posibles con los mismos intérpretes en el caso de las obras), fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.
Un Auditorio con demasiadas butacas vacías esperaba la nueva visita del pianista de Nerva (Huelva) a Oviedo que se presentaba en solitario con tres de sus autores de cabecera, recién grabados en el primer centenario de Debussy para el sello Harmonia Mundi y presentado en Madrid el pasado diciembre, todos unidos por un París internacional y aglutinador de tendencias como el propio Javier Perianes (1978) en plena madurez artística y vital.Chopin es el romanticismo de salón, rompedor pero íntimo, como los dos Nocturnos opus 48 elegidos para abrir el concierto, los números 1 y 2 discontinuados por los estertores maleducados que me recordaron la tisis del polaco. Claroscuros parecidos a un Turner (el pintor preferido de Debussy) que prepararía todavía más una paleta de recursos pianísticos para la Sonata nº 3 en si menor op. 58, cuatro movimientos donde el “Scherzo. Molto vivace” precede al “Largo” que nos hace intuir las sombras coloreadas posteriores de sonido cristalino, y el “Finale. Presto, non tanto” verdadera explosión de color, pinceladas carnosas, casi pre-impresionistas en las manos del onubense levantando el vuelo con toda la delicadeza y fuerza posibles. Al descanso el afinador retocaría lo justo el Steinway© cual caballete sonoro para los siguientes cuadros musicales.

Debussy admiraba a Chopin y con sus tres Estampas viajará con su imaginación desde un piano que se negaba a llamar impresionista, pues lo evanescente ya lo intuimos en la sonata del polaco bien leída por Perianes. Pero el color armónico y el dibujo de pedal en el francés superará paralelismos pictóricos, “mezcla de ingrávido y preciso” en palabras del propio pianista, perfecta definición para esta música que casi transmite olor y color. Las Pagodas nos transportan a los nenúfares de Monet con música de gamelán, mientras La tarde en Granada y los Jardines bajo la lluvia tienen la luz de Regoyos y el olor a azar, rasgueos de guitarra de la España inspiradora de tanto arte, la Expo parisina de 1889 con postales de una Alhambra que Debussy nunca conoció pero el onubense ofició de guía musical perfecto desde una confesa fascinación por el autor (nos quedan grabados los Preludios).
El verdadero sabor hispano desde la capital francesa, que no abandonamos, lo pondría Falla, del que Perianes hereda la luz atlántica en la corta distancia de Cádiz a Huelva, su cosmopolitismo y la continua búsqueda del color, aquí aliñado con olor a jerez y manzanilla pintados por este Sorolla del piano. Las Cuatro piezas españolas son cual recuerdo de la patria lejana retratando paisajes y paisanajes: “Aragonesa” recia de jota para escuchar, “Cubana” habanera gaditana mecida en una hamaca del malecón, “Montañesa” que se menea resalada entre Cantabria y Asturias antes de la última “Andaluza” que solamente Don Javier puede transmitirnos como Don Manuel, músicas universales que beben aires parisinos pero evocan la patria chica.

Y la explosión del baile llegaría con El sombrero de tres picos y las tres danzas españolas por andaluzas, el todo por la parte, sinfonismo grandiosamente reducido al piano que las manos de Perianes convierten en un arco iris tímbrico, empuje rítmico con barniz de guitarra y flamenco, bailaoras gitanas de Romero de Torres en la “Danza de los vecinos”, seguidillas con prisa en el aplauso que no hizo perder el paso para la farruca del molinero y el fandango de la molinera, fuerza hidráulica atlántica de empuje ruso en el París con decorados y figurines de Picasso, otro andaluz universal que cayó rendido a los aires del Sena y el Barrio Latino.

El público premió con numerosos aplausos el triunvirato elegido y Javier Perianes nos devolvió nuevamente a los tres, primero La catedral sumergida de Debussy (del primer libro de los Preludios), un Monet musical con campanadas embrujadas, AGUA antes de La danza del FUEGO de Falla, segundo elemento natural de pasión gitana y sangre agarena, respirando el AIRE del Nocturno nº 20 en do sostenido menor chopiniano, retornando al punto de partida de un viaje musical muy pictórico desde la capital francesa, donde Perianes fue el mago del piano capaz de unificarlo todo desde las páginas de estos tres grandes, lienzo siempre nuevo aunque lo pinte cada día y aparezcan siempre detalles con luces nuevas cual Antonio López, españoles, artistas únicos e irrepetibles.

Perianes inspiración parisina

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Jueves 28 de marzo, 20:00 horas. Oviedo, Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”: Javier Perianes (piano). Obras de Chopin, Debussy y Falla.

Reseña para La Nueva España del viernes 29, con los añadidos de links (siempre enriquecedores y a ser posibles con los mismos intérpretes en el caso de las obras), fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

Nueva visita del onubense Javier Perianes a Oviedo, esta vez en solitario y con menos público del merecido, dentro de las Jornadas de Piano “Luis G. Iberni” trayendo parte del programa que ha grabado recientemente para el sello Harmonia Mundi cerrando el centenario de Debussy junto a Chopin y Falla, tres mundos evocadores en homenajes musicales encadenados.
Chopin con dos Nocturnos op 48 (1 y 2 con breve intermedio tísico) más la poderosa Sonata nº 3 en Si m op. 58 fueron pinceladas finas, de dibujo impecable y atmósferas románticas para la primera parte donde las sombras ya se coloreaban preparando lo que vendría después tras ajustar el piano por el tormentoso finale.

Las tres Estampas debussyanas y viajeras nos trajeron aromas chinos y granadinos únicos, “sonidos y perfumes” que Perianes destila con luz propia sin perder la nebulosa ni la admiración chopiniana del compositor francés.
Y admiración por Debussy la de Falla en el Paris donde añora España, las Cuatro Piezas casi geográficas de carácter y ritmo, Cubana casi gaditana o Montañesa resalada medio asturiana, Sorolla musical que Perianes pinta como nadie para terminar tocado con El Sombrero de Tres Picos bailando las tres danzas, vecinos interrumpiendo insolentes la Molinera y Molinero batidos por el Atlántico onubense en el piano sinfónico de nuestro intérprete más internacional.
Espléndido con propinas catedralicia (Debussy), fuego (Falla) y nocturno (Chopin), siempre parisinos en manos de Perianes.

Batallas musicales a lo grande

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Jueves 7 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de piano “Luis G. Iberni”. Daniil Trifonov (piano), Orquesta Sinfónica del Teatro Mariinsky, Valery Gergiev (director). Obras de Debussy, Rachmaninov y R. Strauss.

Llegaba la División Acorazada del Mariinsky con el general Gergiev al mando para una guerra sinfónica de tres batallas donde cada sección orquestal fueron como las armas del ejército: infantería de una cuerda con un sargento concertino mandando y luciendo galones, caballería de la madera siempre atinada, ingenieros de percusiones variadas y la artillería pesada del metal que fueron tomando posiciones desde el inicio.

Aún con las últimas notas del Debussy de acento ruso en las manos de San Sokolov flotando en el ambiente, el Preludio a la siesta de un fauno desplegaría el primer batallón ruso con muestras de dar mucha batalla y nada de dormirse. Casi podíamos imaginar a los legendarios Nijinski o Nureyev danzando con esta compañía mientras disfrutábamos de la flautista solista Maria Fedotova o del arpa cristalina de Gulnara Galbova en un ambiente de clara nebulosa donde el general Gergiev de gesto inimitable y mínimo palillo de bastón de mando sacaba de sus huestes todo lo mejor, esa especie de “parkinson” en ambas manos donde podíamos contemplar el certero vibrato de una infantería sedosa y la caballería atinada sin errar ningún disparo, llevando esta primera batalla al triunfo sin resistencia.

El coronel Trifonov, bien conocido en Oviedo, es en cierto modo ahijado del general, con él nos ha dejado conciertos y grabaciones estelares, y el Concierto para piano nº 1 en fa sostenido menor, op. 1 (Rachmaninov) requiere de tensión, pasión y precisión. La artillería no se contuvo en ningún momento exigiendo del piano fuerza hercúlea para alcanzar los volúmenes necesarios sin perderse ni un disparo. Trifonov se volcó literalmente desde el Vivace inicial, sin tregua apenas en el Andante cantabile para tomar aire bien arropado por el batallón Mariinsky, soltando todo el fuego que le quedaba en el Allegro vivace, piano sinfónico, orquesta pianística bajo el mando Gergiev, concertación y concentración de todo el ejército en cada arma, ayudándose al escucharse para unos momentos explosivos dejando el campo despejado para esta victoria de la música con el tándem Trifonov-Gergiev al fin juntos en las Jornadas de Piano ovetenses.

En solitario y disfrutándole todos un arreglo del propio pianista sobre Las campanas plateadas de Ravel y Rachmaninov del que Trifonov aún tuvo resuello para asombrar en toda la gama dinámica de un piano malherido tras esta escaramuza virtuosa con vítores.

Con toda la división acorazada el heróico general al frente para Una vida de Héroe, op. 40 (R. Strauss), seis episodios de este poema sinfónico casi épico para disfrutar de los mejores tiradores, caballería de combate mecanizada, infantería con el concertino certeramente brillante al que el general dejaba jugar, la artillería orgánica mientras pasábamos de los adversarios a la compañera y el fragor de la batalla, desplegando cada flanco poderoso de ataque, vibrante y brillante, fortísimos globales sin perdernos detalle de todo el arsenal. La paz llegaría como la retirada del mundo y una auténtica consumación de estos héroes rusos que siguen ganando batallas en una guerra de nueve días por España.

Las salvas de honor tenían que ser como en 2013 con Wagner y su preludio del tercer acto de Lohengrin, artillería de largo alcance blindada por una infantería de lujo a buen paso, ligero y efectista cual desfile de honor para los vencedores. Tardes de historia sinfónica rusa con intérpretes de fama mundial arrancando en Oviedo esta gira de nueve días intensos.

Liturgia Sokolov

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Sábado 2 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”: Grigory Sokolov. Obras de Beethoven y Brahms.

Crítica para La Nueva España del lunes 4, con los añadidos de links (siempre enriquecedores y a ser posibles con los mismos intérpretes en el caso de las obras), fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

Cada visita del pianista Grigory Sokolov (San Petersburgo, 1950) a España es un espectáculo casi místico con una liturgia conocida: temperatura adecuada, luz casi íntima, Steinway© con afinador incluido que al descanso vuelve a escena para retocar un instrumento que en manos del ruso alcanza sonoridades de otro mundo, más un programa donde las propinas son realmente la tercera parte, nunca improvisadas porque no hay nada al azar. Sabido de antemano antes de acudir al templo, merecen mayor penitencia quienes reinciden en el pecado de marchar antes de tiempo pues no hay propósito de enmienda; es verdadero sacrilegio toser inadecuadamente con ánimo de regocijo; y excomunión directa para los móviles demoníacos. El ritual no puede romperse aunque el ruso parezca ajeno a todo desde su púlpito instrumental, y los acólitos no soportamos las ofensas.
Sokolov es cual evangelista que bebe del antiguo testamento pianístico e interpreta literalmente desde el nuevo, con Oviedo parada obligada de sus giras (2011, 2014, 2017), en esta ocasión incluyendo dos de las tres B musicales de von Büllow: Beethoven y Brahms, románticos primero y último, dejando a Bach todopoderoso en el primer paraíso terrenal que entraría en mi particular santoral el 9 de abril de 2011.

Comenzar con la Sonata nº 3 en do mayor, op. 2 supone redescubrir al Beethoven que parte del Clasicismo haydiniano en su Allegro inicial, técnicamente siempre perfecto al servicio de la historia musical interpretativa, con fraseos impolutos, virginales, pureza de pedales, intensidades únicas en cada dedo con matices que en el Adagio presentan ya el primer romántico de claroscuros, profético en las manos de Sokolov, el Scherzo sustituyendo al minueto mozartiano ya plenamente sinfónico, y el último Allegro assai “imperial”, ligero de trinos barrocos, orquestales por momentos, con melodías inspiradoras para Schumann, Mendelssohn o Brahms, un testamento para todos los románticos.
Las Once bagatelas, op. 119 juegan con tonalidades y modos, aires del andante al vivace, estilos y épocas que al reunirse vuelven a tomar sentido de globalidad y premonición, música de un autor del que Sokolov se erige como gran mentor desde el siglo pasado. Emparejadas se complementan cual piedras preciosas en pendientes, sumando elementos se transforman en pulseras o collares, y todas juntas construyen esta corona real, bien engarzadas por este orfebre las once lecturas “futuristas”, más de lo que supondríamos al escucharlas por San Sokolov, miniaturas inmensas dotadas de unidad místicamente interiorizada que van creciendo, impactando e iluminando músicas aún por escribir en 1823 cuando se publicaron: juvenil A l’Allemande que nos recordó nuestro Antón Pirulero, chopiniano Vivace moderato de la nueve y carnavalescamente breve el Allegramente schumaniano por citar solo tres diamantes.

Brahms admiró y bebió de Beethoven, el último pianismo del hamburgués coincide en número opus con el maestro de Bonn. Sokolov unió las 118 y 119 Klavierstücke, diez piezas (seis y cuatro) dotadas de una madurez tanto escrita como interpretativa, donde los silencios brillan con la levedad deseada, cada nota responde fiel al pentagrama llenando el auditorio, las tonalidades adquieren brillos inenarrables y todo fluye mágico con equívoca apariencia de sencillez, monodia cumbre casi susurrada, verbo hecho arte mayúsculo, “rubato” imperceptible del fraseo y la buscada sonoridad casi enfermiza del ruso, sacando infinitas dinámicas independientes en cada gesto sin perder los legatos de ataques variopintos según la necesidad expresiva, ora ingrávida, ora refulgente y vigorosa. Cada pieza es única, reunidas las diez todo un nuevo testamento interpretativo de este evangelista del piano que siempre asombra descubriendo no ya el Intermezzo forma sino firma de un reverenciado Brahms.

Tercera parte de propinas, las seis “previstas” donde lo apuntado en los dos “B” toma forma independiente y profecías cumplidas: el Impromptu op. 90 nº 4 de Schubert más la Melodía húngara D 817, alternando con su esperado Rameau de trinos imposibles, piezas para clavecín de Los Salvajes La llamada de los pájaros antes del vals nº 2 de su compatriota A. Griboyédov para darnos la bendición apostólica con el mejor Debussy íntimo, casi místico del preludio Pasos sobre la nieve, el último legado del que Sokolov volvió a evangelizar caminando sobre la penumbra de un marzo ya primaveral.

El talento no naufraga

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Lunes 18 de febrero, 20:00 horas. Oviedo, RIDEA: La Castalia, Concierto de Clausura del Curso de repertorio vocal. Canela García, Carla Romalde, Almudena Sanz (sopranos), Gabriel Ordás (violín), Jorge Diego Fernández Varela (viola y piano), Santiago Ruiz de la Peña (cello); Manuel Burgueras (piano); Begoña García-Tamargo, directora artística y profesora de canto.

Tarde lluviosa con música de fondo de los canalones sin parar en el patio del Palacio del Conde Toreno que no logró aguar un concierto con aires reivindicativos.

Tomó la palabra la directora de “La Castalia” para volver a insistir la ausencia de ayudas a esta asociación veterana que hoy en día no existiría sin el apoyo del RIDEA, denunciando no ya la política cultural, citando el artículo 44 de nuestra Constitución sino el aumento en el precio de los abonos para la temporada de zarzuela que comienza el próximo jueves, y la tardanza en sacarlas a la venta.

Por si el aguacero de incomprensiones fuese poco, Begoña cedió la palabra a Mateo Luces, profesor de violín del Conservatorio del Nalón y presidente del comité de empresa que tras años en el tajo junto a sus compañeros, la Mancomunidad amenaza con llevar a juicio al centro musical de la comarca langreana y pedir que se haga cargo el Principado de este conservatorio, peligrando los puestos de sus 23 profesores que opositaron a ello hace más de 20 años y podrían quedarse como interinos al no haber subrogaciones de contrato, todo por leyes que cada uno interpreta como les viene bien y que por resumir se queda en unos cien mil euros a pagar entre cinco ayuntamientos.

Seguimos recortando en cultura y más en la musical olvidando que Forma Antiqva o el Coro de Voces Blancas han salido de este conservatorio y llevan a mucha honra el nombre de Asturias con una calidad envidiable, teniendo que volver a reivindicar y defender lo que tanto tiempo y esfuerzo ha costado.

En la parte musical hubo bajas médicas de la mezzo María Heres o el tenor Adrián Begega, pero el talento es más fuerte que las inclemencias y un triunvirato de jóvenes compositores además de intérpretes, supieron adaptarse a las circunstancias y completar un concierto que no tuvo desperdicio.

Al cellista Santiago Ruiz de la Peña le tocó abrir velada tras la media hora de reivindicaciones con el mejor “manifiesto” para la música como es J. S. Bach de cuya Suite nº 3 en do mayor nos dejó el profundo y ligero Preludio, la Zarabanda muy sentida recordando las violas de gamba francesas, y la Giga con aires de gaita. Buena memoria, templando con seguridad, arco flexible y creando un sonido que el tiempo, pues el estudio no falta nunca, acabará tomando aún más cuerpo y sonoridad en un instrumento que ya domina.

En el caso de Jorge Diego Fdez. Varela (1996), compositor y músico gijonés nos dejó al piano sus Farolillos en el agua casi banda sonora de esta tarde con el reflejo de las farolas en la autopista “Y” que une la costa con la capital, sencillez y ternura, new age por cristalina y Debussy o Ravel por inspiración y temática.

La asociación cultural “La Castalia” tiene una querencia lógica por Gabriel Ordás (1999) que tomó el violín para reinterpretar la Nana felguerina con texto de Lorca, originalmente para soprano que hoy “cantóel ovetense con el piano del compositor, Jorge Diego Varela, obra que obtuvo el primer premio en el II Concurso de Composición de la “Fundación Marino Gutiérrez Suárez“, adaptación lírica a más no poder. Y de nuevo el talento de estos dos jóvenes para adaptar de su ópera de cámara Doña Esquina estrenada por “La Castalia” el aria para tenor Y cómo que lo estoy, nuevo dúo violín-piano cantando desde el dominio del compositor esta música fresca y vibrante llena de poesía. Reflejar la premura con la que ambos compositores tuvieron que trabajar, al alcance solo del talento de ambos músicos, integrales en sus dos facetas.

Fueron ellos tres, al sumarse Santiago y cambiar Jorge piano por viola los encargados de clausurar este concierto nada menos que con el Trío de cuerda en si bemol mayor D 471 de F. Schubert, uno de los grandes liederistas que el triunvirato interpretó cual romanza sin palabras en perfecto entendimiento camerístico, cual veteranos músicos que saben cómo latir a una, la mejor defensa para hacer ver lo importante que es tenerlos de ejemplo y tarjeta de presentación a sus coetáneos, esperando los políticos alcancen a entender que es la mejor inversión futura y no un gasto.

De las tres sopranos, ya conocidas por el que suscribe de anteriores cursos, quiero destacar el enorme trabajo y la progresión en cada una de ellas, junto a una sabia elección de repertorio a cargo del maestro Manuel Burgueras que conoce como pocos la materia prima. Para Almudena Sanz de voz fresca y creciente musicalidad eligió a Haydn para comprobar la ganancia en proyección de su voz: Pensi a me si fido amante y Un tetto umil,  para finalizar con el aria Signor, voi sapete de “Il matrimonio per inganno“, microrrelato bien interpretado tras la bellísima Plaisir d’amour (J. P. Martini) que nos descubriese la irrepetible Victoria de los Ángeles.

De artista ya profesional hay que calificar a la ferrolana Carla Romalde, afianzada en color de timbre penetrante y un dominio tanto del euskera como del alemán, idiomas muy parejos con los que pudimos disfrutarla tanto en Sorozábal o Guridi (Romanza de Mirentxu) pero sobre todo con Richard Strauss donde el piano dialoga con ella, un Zueignung poderoso tras el Día de los Santos (Allerseelen), tablas y musicalidad para unos textos que personalmente iba leyendo en el teléfono, traducción incluida.

La mayor satisfacción me la daría Canela García por el enorme avance mostrado, afinación segura y un cuerpo vocal ganando en el registro grave y dramático, con temas en francés muy adecuados a un color que ya está asentado y homogéneo. Beau Soir (Debussy), L’enamourée (R. Hahn) y el aria de “HerodiadeIl est bon (Massenet) fueron páginas muy trabajadas para poder disfruta de una vocalidad que ha ganado en confianza y colorido. Remataría con Kurt Weill y Nanna’s Lied, el cabaret alemán con partes habladas llenas de desenfado que le vienen muy bien a la soprano madrileña cuya evolución a lo largo de los cursos es digna de mención, esperando el próximo.

Felicidades al profesorado que contagia su amor por la música a esta generación de jóvenes cantantes, y mi admiración por el trío instrumental de talento desbordante, cuyas carreras de compositores no han hecho más que empezar y ya sacan a flote lo mejor de ellos en un largo camino para el que deseo a todos ellos lo mejor. Lástima que la política se esté devaluando y llenando de mediocres porque con acercarse esta tarde lluviosa hasta el RIDEA hubieran comprobado “in situ” la buena inversión que esperemos no se lleven alemanes o ingleses, pues dejar escapar talento no tiene retorno y la historia es terca.

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