Inicio

La Asturias sinfónica desde el corazón

Deja un comentario

Lunes 28 de septiembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, sala principal: Conciertu de les lletres asturianes: OSPA, Óliver Díaz (director). Obras de Facundo de la Viña, Julián Orbón, Jorge Muñiz y Benito Lauret. Entrada gratuita (previa adquisición on line).

La Selmana de les lletres asturianes de marzo hubo de ser suspendida por las causas que todos conocemos, pero con esa vuelta prudente en la búsqueda de la recuperación de tanto que hemos perdido, al menos la música de nuestra orquesta asturiana vuelve a sonar paulatinamente en el auditorio con la pena de ver el aforo reducido (esta vez con menos butacas vacías) pero con las mismas ganas, puede que más, de disfrutar del directo.

Y el programa de clara inspiración asturiana no podía faltar, con la vuelta al podio del ovetense Óliver Díaz que presentó las obras antes de comenzar, acabando con un slogan válido en tiempos de covid: “La cultura ye necesaria, la cultura ye segura”. El maestro sigue creciendo en su carrera como director, hoy al frente de una OSPA que mantiene su calidad y sonoridad sin notarse el paréntesis del confinamiento, salvo ligeros desajustes al inicio que fueron encontrando el punto perfecto a lo largo del concierto, y las buenas sensaciones que transmiten todos.

Las notas al programa de Ramón Avello (que dejo enlazadas) aunque en asturiano pienso que son fáciles de entender, explicando detalladamente la esencia de las obras de estos cuatro autores ligados a nuestra tierra por distintas razones. “Resonancias sinfónicas del cancionero asturiano” por la clara inspiración de nuestra rica música popular y especialmente nuestra canción tradicional que aún sigue siendo estudiada desde tiempos de Pedrell, el padre del nacionalismo español citase al tratadista jesuita Eximeno la frase de que “Sobre la base del cantar popular cada nación tiene que construir su sistema musical“, y las distintas formas de usar el cantar popular las pudimos apreciar en este concierto.

Arrancamos con el gijonés afincado en Valladolid Facundo de la Viña (1876-1952), triunfador en su época, con una carrera que finalizaría en Madrid tras estudiar en París con el mismísimo Paul Dukas, y caído en el olvido como tantos otros, aunque poco a poco se esté revitalizando con distintas publicaciones y la tesis doctoral de Sheila Martínez Díaz. El Poema Sinfónico Covadonga (1918) consta de tres secciones que comienzan con la melodía a nuestra Patrona “Santa María, en el cielo hay una Estrella que a los asturianos guía“, a la que sigue un rítmico Allegro a partir de dos temas populares, ampliamente desarrollados, “Fuisti a cortexar a Faro” y “Aquel pobre marino” además de alusiones a otras dos canciones marianas asturianas como “Virgen de Guía” y la propia “Virgen de Covadonga“, antes de una última sección evocadora de cualquier fiesta asturiana que se precie, el “Fandango de Pendueles” más la tonada que canta “La virgen de Covadonga ye pequeñina y galana” (hasta mi madre la tocaba con un dedo en el piano de casa), típica advocación de “fe, fervor y heroísmo” (como escribe Avello) que no podía faltar en esta composición ex profeso para la conmemoración de la “Cuna de España” de un asturiano lejos de “la tierrina” inspirándose en nuestro folklore. Un arranque algo dubitativo en entradas puntuales pero engrasando rápidamente para poder disfrutar de una Covadonga llena de sonoridades románticas y donde la hoy concertino Eva Meliskova pudo lucirse “ad libitum”, siempre bien arropada por sus compañeros y un podio que permite esos “rubati” para solaz de solistas sin perder la unidad agógica.

Otro compositor asturiano y universal fue el avilesino Julián Orbón (1925-1991), al menos más presente en la memoria de todos (parte por su Guantanamera aunque muchos aún crean que es anónima), cuya música sigue sonando más fuera de nuestra tierra que en la suya. Reconocido no solo en México sino en Cuba y posteriormente en Miami, el director Eduardo Mata le definió como el “músico de las dos orillas”, la síntesis entre lo español y lo latinoamericano “al tratar de expresar la absoluta integración estilística de su música con los elementos más puros de ambas orillas del Atlántico” que escribió Mata y recoge Avello. También recuerda el crítico y docente gijonés que el 12 de mayo de 1991, una semana antes de su muerte en Miami el día 20, la recién formada OSPA se estrenaría con sus Tres versiones sinfónicas (1954) que este lunes volvieron a los atriles. La formación académica del músico nacido en la Villa del Adelantado (paradojas de la vida) empezó con su padre Benjamín y el ovetense Saturnino del Fresno en el Conservatorio de Oviedo para dar el salto a los EEUU donde Copland marcará su estilo sinfónico perfectamente reflejado en estos tres cuadros musicales con la forma de la variación cuyos títulos indican las líneas a seguir: Pavana, Organum y Xylphone, tres movimientos bien armados, especialmente el último donde Rafa Casanova brilló con ese tema casi a su medida, comandando una sección de percusión que mantuvo un altísimo nivel en todo el programa. Destacar la sonoridad de la cuerda, sedosa como si del maestro Copland se tratase, y una batuta siempre atenta a mimar el balance entre las familias orquestales desde la acústica “cambiada” por la ausencia del panel trasero (que deja ver la sala polivalente) y el gran espacio entre los músicos, lo que como espectador se agradece por la sensación de envolvente sonora aunque supongo que en el escenario esa distancia impida escucharse mejor entre ellos.

A Jorge Muñiz (1974) “le nacieron en Suiza” pero al mes ya estaba en su Asturias del alma, estudiando en Oviedo con la gran Purita de la Riva (heredera, alumna e intérprete de Saturnino del Fresno), Ruiz de la Peña o Leoncio Diéguez (a quien Covadonga también marcaría su trayectoria) antes del “obligado” salto madrileño para proseguir con Zulema de la CruzGarcía Asensio o Antón García Abril (otro compositor que también ha llevado Asturias en sus obras). Seguimos exportando talento, musical sobremanera, y en 1998, como casi 60 años antes Orbón, “cruzará el charco” para completar el sueño americano, becado por la Fundación Fulbrigh, primero el Master en Composición (en Pittburg) donde estudiará con Leonardo Balada, y ya como docente desde 2004 en la Universidad de Indiana. He seguido su trayectoria como compositor en varios conciertos que han estrenado sus obras, importantísima su ópera Fuenteovejuna (2018) también con la OSPA, incluso recuerdo el estreno por encargo de esta Asturias desde la distancia el 29 de abril de 1999 para inaugurar este auditorio, con Max Valdés al frente de la OSPA (aún no había comenzado a escribir mi blog), inspirado en nuestra tradición, la recogida por el “Cancionero de Torner” pero sin caer en el mal entendido folklorismo. Se reconocen los motivos de canciones como “No le daba el sol” o “A la mar fui por naranjas“, evocaciones del roncón de la gaita y hasta los giros de la tonada tan emparentados con el “cante jondo” o los muecines árabes, pero la evolución tanto en los aires como el ritmo dotan a esta obra de un lenguaje actual, fresco, con gran protagonismo tímbrico donde la percusión nuevamente así como el piano explorando sonoridades, tejen un tapiz musical que borda en oro las notas del “Asturias patria querida”  desde esa lejanía con cierta “morriña” (sintiendo el Ay! de mí que me escurez). Nuevamente excelencias de cada sección, madera y metales abrazando la cuerda, y el siempre atento Díaz en destacar lo necesario sin perder la globalidad.

Y no podía haber mejor conclusión tratándose de música asturiana que nuestro siempre recordado Benito Lauret (1929-2005) a quien tanto le debe nuestra tierra como director de la Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo”, de la Orquesta de Cámara de Asturias, predecesora de la Sinfónica de Asturias y la actual OSPA, pero mucho más como compositor de música vocal y sinfónica que sigue siendo de obligada interpretación.

Este murciano que supo entender nuestro folklore, nos regaló las Escenas Asturianas (1976) dedicadas al recordado Manuel Álvarez-Buylla, entonces presidente de la Sociedad Filarmónica de Oviedo, que hasta las bandas de música han tomado como propias por la cercanía de sus temas, la calidad orquestal y magisterio del cartagenero al que aún se le debe un reconocimiento mayor que esta página sinfónica donde Óliver Díaz y la OSPA han puesto su aportación más directa.

Obra que más que un pupurri es el mejor muestrario o carta de presentación de nuestro patrimonio musical, con el maestro de ceremonias Díaz quien apostó por una interpretación sutil, muy contrastada, aires lentos para degustar y ritmos vivos como la vaqueira que permite lucir el virtuosismo de las flautas entre toda la madera. Me gustó cómo afrontó el director las distintas escenas cual acuarelista del instante más que del óleo reposado. La alegría contagiosa de nuestras melodías más populares, la orquestación impecable del gran Lauret y esa fusión final del Pericote llanisco con el “Asturias patria querida” mimada en todos los matices desde el podio y resueltas a la perfección por cada atril, sonando magistrales, emocionantes, empastadas, sentidas, para redescubrir detalles casi olvidados para una interpretación de primera.

Repetidas salidas de Óliver Díaz ante el entusiasmo de un público que supo compensarle el excelente trabajo de toda la orquesta y el mando en plaza de casa,  colofón perfecto no solo a un día de las letras sino de verdadera “folixa musical”.

P.D.: Bien de nuevo por el luminoso indicando autor y obras, así como el código QR para descargar el programa. Y aunque hoy primaba el “asturianu” y “les lletres”, sigue sin  sonarme nada bien llamar “concertín” a la concertino. Habrá que revisar que no todo es traducible a nuestra “llingua” pues no me imagino “falar de fugues y sonates” pese a mandar siempre #MUCHOCUCHO® (podría ser también #MUNCHUCUCHU®) a mis amistades musicales, más asturiano y nutritivo que la consabida mierda, el desear romperse una pierna o la boca del lobo sumada al “ToiToiToi” más en boga dentro de la lírica. Normalizar está bien pero “prau q’atrapa” no sirve como “campos magneticos”.

Explorando sabores musicales

Deja un comentario

Viernes 18 de septiembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala principal. OSPA, Marzena Diakun (directora). Concertino invitada: Mirabai Weismehl“Seronda”, obras de Martinu y Weinberg. Entrada butaca: 15€.

Desde febrero que no escuchábamos a la OSPA en el Auditorio y con muchas ganas del reencuentro, ocupando “mi butaca” tras un estricto protocolo de seguridad e higiene y el aforo reducido. Primer sabor agridulce pues si normalmente el público estaba bajando (ya lo comenté en su momento), las circunstancias especiales como miedo, no excesiva publicidad, un programa “poco conocido”, entradas “on line”, taquillas a última hora para los “no iniciados en las tecnologías” (que son muchos y fieles) nos dejaban un aspecto desolador con demasiadas ausencias. Además la sala polivalente estaba abierta, el escenario preparado para los “otros conciertos de San Mateo” y parecía un ensayo matutino de los grandes conciertos, pero nada es igual. Programa en QR  evitando el papel como en la vida cotidiana. Pero como me está sucediendo en este regreso “escalonado” a mis conciertos, en cuanto comienza la música se  me olvidan las penas.

Hay que seguir reivindicando que la CULTURA es SEGURA además de ejemplar, y el público, como la orquesta, necesita el directo, el contacto visual y auditivo siempre único, distinto, irrepetible. Primer concierto sinfónico en el auditorio de esta “nueva era” donde nada es igual con el consuelo de los pobres: mejor así que nada.

Personalmente no quería faltar porque volvía la directora Marzena Diakun (Koszalin, Polonia, 1981) que tan buen sabor de boca me deja en sus visitas a Oviedo, desde la primera en mayo de 2017 y la anterior, un 25 de enero del año pasado que parece una eternidad, mi “temporada del divorcio” donde quise repetir con la polaca, así que “no hay dos sin tres” y me encandiló de nuevo.

Tras las palabras de agradecimiento por megafonía de la gerente Ana Mateo por esta “recuperación”, el recuerdo a los que ya no están en este lapsus de tiempo, concierto homenaje a los fallecidos pero también a los luchadores durante un confinamiento que se ha llevado demasiado en este breve espacio, de nuevo la música sinfónica resultó la mejor terapia. Y paradoja que los músicos, tan separados físicamente, hayan estado más cerca que nunca, un verdadero equipo entregado e ilusionado con volver, Diakun al frente con mano firme, gesto claro y dominadora de las dos obras elegidas.

Martinu y Weinberg son compositores del siglo XX que beben aún de toda la gran tradición europea para crear lenguajes nuevos en un perfecto dominio de la técnica para poder y saber innovar. Nuestros gustos musicales son un paladar que necesita probar y catar nuevas expresiones, la cerveza clásica está bien pero toca disfrutar de las artesanas, distintas, con sus semejanzas y diferencias, apostando por un mercado educado en lo de siempre que necesita seguir probando, creciendo y conociendo nuevas sensaciones. Manteniendo el paralelismo cervecero, Diakun hizo de maestra artesana elaborando un programa cual cata para paladear, una respuesta de ingredientes en las proporciones exactas y sin excesos, una hora que resultó como una caña, menos cantidad que la pinta para no empachar y quedarse con ganas de otra ronda probando más sabores.

Eliminada del programa previsto (al no ser este un “concierto al uso”) Le festin de l’araignée de A. Roussel, que hubiera alargado el espectáculo pero también ampliado sabores, la Sinfonía Nº 3, H299 de Bohuslav Martinů (1890-1959) recrearía sin palabras como banda sonora del momento actual, si comparamos cúando y como fue escrita (tras la Segunda Guerra Mundial). Perfectamente descrita en las notas al programa de Daniel Moro Vallina, la orquestación es plena incluyendo arpa, piano y abundante percusión. Su escritura (En mi música he recibido múltiples influencias pero sobre todo de la música nacional de Checoslovaquia. De Debussy y de los madrigalistas ingleses decía el propio compositor) está pensada como pequeños grupos de cámara que van contestándose y la colocación de los músicos tan separados ahora, unido a una acústica distinta, hizo percibir unas calidades nuevas en la OSPA, matices cuidados por Diakun con un sonido envolvente, claro y perfectamente balanceado en cada momento a lo largo de los tres movimientos “clásicos” de que consta esta tercera sinfonía, de las seis compuestas por Martinu. El panel luminoso que tapaba la tarima iba informando puntualmente (un acierto) mientras disfrutábamos de nuevas emociones necesarias.

El Allegro poco moderato nos devolvió al oído la mejor cuerda de los asturianos: tersa, doliente, con los “latigazos” del piano, dinámicas extremas y una pulsación bien mantenida. Sutil lenguaje sinfónico, pinceladas percusivas, ímpetu desde el podio, tímbricas para explorar, metales contundentes y final preciso. El Largo triste, sentido, evolucionando del modo menor al mayor como la alegría que podríamos pensar surgió durante la escritura de este movimiento tras conocer Martinu el desembarco de Normandía desde su retiro de verano en Ridgefield (Connecticut). Transcribir a música los sentimientos es muy subjetivo pero me dejo llevar por este discurso como “nota de cata”: bien escrito y equilibrado de matices, aroma de ALE, flautas delicadas con esa espuma de pizzicati enriquecido con los toques del piano, la cuerda infinita cual hilo dorado iluminado por el viento refrescante antes del último Allegro – Andante, explosivo, triunfante, contagiando esperanzas, riqueza de tutti con reguladores amplios y extremos, sordinas lejanas y flashes electrizantes, una marea de sensaciones para paladares curtidos. Bien servido, a la temperatura ideal, disfrutando del color, el aroma, la historia y el sabor de esta artesana checa con poso.
La segunda “botella” nos llevaría a otra tierra y receta, no por conocida igualmente sabrosa y descubierta no hace mucho. Cuando se cumplió el centenario del nacimiento en Varsovia de Mieczysław Weinberg, un coloso de la música soviética y origen judeo-polaco, era prácticamente desconocido para el melómano occidental hasta bien entrado este siglo, pero va ocupando rápidamente el lugar que le corresponde en la historia de la música. Su ostracismo podría atribuirse a las terribles circunstancias históricas que le tocaron vivir y padecer (nazismo y holocausto primero, el régimen stalinista más tarde) pero no al incuestionable interés de una obra que siempre gozó en su país adoptivo de defensores de altura (como Shostakovich o Rostropovich), produciéndose como escribían en el Scherzo de diciembre pasado, un ‘Weinberg boom’ en cuanto a grabaciones equiparable a las nuevas marcas cerveceras. Su ‘Rapsodia sobre temas moldavos’ op. 47-1 (1949) tiene todos los ingredientes para gustar, como tantas del este. Se comienza a servir lenta, cuerda susurrante de la que surge el oboe melancólico, los aires de música judía que mi generación asocia al musical y posterior película “El violinista en el tejado“, esta vez femenina y desde el otro lado del charco, la concertino invitada que se lució en buena lid con otros primeros atriles mientras la Maestra Marzena iba dejando posar y pasar, esperando surja y “aposiente” la espuma para ir mimando intensidades y colores, refrescante y contagiosa música de Weinberg (que hasta tiene nombre de cerveza), un vivo final con la cuerda compenetrada y compacta, percusión empujando, madera rebosante y metales poderosos.
Una velada completa, desde el homenaje sentido a las ganas de vivir, apostando por lo menos conocido mientras educamos el paladar sonoro, una carta amplia que todos queremos seguir probando.

Quien canta su mal espanta

Deja un comentario

Miércoles 9 de septiembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, sala de cámara, “Clásicos en San Mateo”. Canta y no lloresBeatriz Díaz (soprano), Mª José Suárez (mezzo), Marcos Suárez (piano). Entradas gratuitas (previa reserva on line) y agotadas.

No hay fiesta sin música, y en este atípico San Mateo ovetense la lírica ocupa su hueco en la programación de festejos. Otro lleno esperado siguiendo las limitaciones de aforo y pese a lo difícil que lo tiene buena parte de un público fiel que no puede (o no sabe) acceder a las compras por internet, agotándose las entradas ya el primer día.

Está claro el “hambre de directo” a pesar de las incomodidades que todas las medidas contra el Covid19 supone (la mascarilla sigue empañando las gafas), y por supuesto la necesidad de retomar tantos conciertos aplazados o o suspendidos que para la mayoría de los artistas son su única fuente de ingresos. Seguiremos reivindicando un status especial para ellos dentro de una legislación que como la propia sociedad solo parece querer la música como “acompañamiento” olvidando, que son una fuente de riqueza y sustento de miles de familias, amén de un turismo de calidad que supone aumentar la rica oferta asturiana, y no digamos la llamada música clásica que parece seguir con el sambenito de clasista para unos políticos totalmente alejados de la realidad.

Dos voces femeninas, conocidas, queridas, aclamadas y además de casa, para este segundo lírico mateíno: la soprano allerana Beatriz Díaz, calidad en cada página, y la mezzo ovetense María José Suárez, puro gracejo y escena a raudales, más el piano del langreano Marcos Suárez, no todo lo bien que me hubiera gustado, nos trajeron un programa cuyo título era mucho más que una declaración de intenciones: como dice la letra de “Cielito lindo”, Canta y no llores, aunque sería otra en un repertorio apto para todos los públicos, donde una cuidada y difícil selección dejaría pasiones y emociones entre los asistentes, que disfrutaron de principio a fin.

Siguiendo el orden del programa, un primer bloque operístico, que Oviedo entiende y exige, así como una celebración de aniversarios, como el del checo que se celebraba el mismo día de Asturias (8 de septiembre), Asturias como parte imprescindible por festividades y “tierrina” apostando por la lírica asturiana de concierto, y nuestra Zarzuela, que este año nos cortaron de cuajo y en cierto modo había que intentar devolvernos un poco.

Tras la salida a escena y las oportunas presentaciones además de agradecimientos, abría la velada “La Díaz” con Puccini porque es el compositor de su voz, la Musseta con alma de Mimí  Quando m’ en vo de “La Boheme” que sigue poniendo la carne de gallina por gusto, voz, entrega y talento.

Primera gran ovación de la noche antes de dar paso a “La Suárez” en el citado aniversario de Dvorak y una de las canciones gitanas (Gypsy songs op. 55 nº 4 ) que le van bien al registro de la ovetense. Seguiríamos con el checo pero otro cuento, el del danés Hans Christian Andersen llevado a la “Rusalka” y su canción de la luna (Song of the moon de “Rusalka” que el confinamiento hizo el milagro de añadirla al repertorio de la soprano de Bóo, cantando en checo una página de emoción llena de color sacando a flote un color de grave homogéneo y grande, ampliando un registro no siempre fácil.

El famoso dúo de la Barcarolle de “Les Contes d’Hoffmann” (Offenbach) demostró lo bien que empastan estas voces, la complicidad sobre escena que descubrimos hace años y demostraron mantienen en esta preciosidad de la opereta francesa. Y un guiño a la ópera americana, también opereta o si se prefiere Musical, Beatriz Díaz con una visión del versionado infinitamente Summertime de “Porgy and Bess” (Gershwin) capaz de adaptarse a la carnosidad de las voces negras con el necesario “swing” sin olvidarse de su calidad lírica envidiable que encaja como un guante. La réplica cómica del Voltaire llevado a la escena por el gran Bernstein, ese número que bien explicó y cantó Mª José Suárez I was easily assimilated  de “Candide” a quien le hicieron los coros Marcos y Beatriz contagiando el colorido de Broadway.

Todo concierto vocal necesita su “descanso” pianístico, y Marcos Suárez eligió como inicio del recuerdo a los que faltan, el homenaje sentido de un Agnus Dei que es el Intermezzo de “L’arlesiana” (Bizet) al piano, difícil siempre reducir el colorido de la orquesta al blanco y negro de las teclas, pero la emoción suplió con creces las deficiencias.

Beatriz Díaz siguió ampliando repertorio, el alemán íntimo y bello de ese canto de difuntos que es el Allerseelen de R. Strauss, en la línea de las grandes sopranos a quien el coprotagonismo no siempre bien entendido del piano en el intrincado terreno del lied no la desvió de imprimir el dramatismo contenido y la expresividad que esta partitura atesora. Y recuerdo a Pepa Ojanguren de su amiga Mª José con esa “vidalita” rioplatense de Ginastera, la Canción al árbol del olvido que el piano necesitaría “guitarrear” y jugar con el rubato necesario del folklore argentino llevado a la sala de conciertos.

La parte asturiana estuvo más inspirada al piano con una versión sola del tema popular) que casi cantamos interiormente Ayer vite en la fonte, perfecto telón que abriría este tercer bloque, el regreso del “Lied asturiano” que ya escuchásemos en Avilés en febrero con el propio Vázquez del Fresno al piano y la misma Beatriz Díaz, un Xuguete el caballito de cartón de los “Cantarinos pa que suañes“, la creación sobre poesía asturiana tan grande como los alemanes y con un piano que requiere el mismo plano que la voz. Una delicia volver a escucharla como el tema elegido por Mª José Suárez que acompañó el público “sotto voce”, el bellísimo Chalaneru del zumayano afincado en “La Pola” (de Siero) Ángel Émbil Ecenarro, tan versioneado en nuestra tierra que hace feliz escucharlo. Velada donde primó el cantar sobre el llorar.

Durante el confinamiento las redes sociales ayudaron a seguir en contacto con nuestras cantantes, y la allerana llegó a compartir y casi enseñarnos su “Luna de Miel en El Cairo” de la que nos examinó a los presentes con las dos solistas antes de afrontar ya en serio el bellísimo dúo Niñas que a vender flores de “Los diamantes de la corona” (Barbieri) en nueva muestra de perfecto empaste vocal encajado con un piano algo despistado.

La conocida “tarántula”, ese bisho mu malo es el Zapateado de “La tempranica” (Giménez) que Mª José Suárez escenificó con esa gracia innata y contagiosa capaz de arrancar sonrisas al más serio. Y seriedad total con una de las romanzas menos escuchadas y más exigentes del gran Moreno Torroba que Beatriz Díaz borda, la Petenera de “La Marchenera” poderosa, segura y al fin con el piano de ropaje a medida.

Todos conocemos la Habanera de “Don Gil de Alcalá” (Penella), popularmente “Todas las mañanitas” con ese “Canta y no llores” a dúo con tímida pero afinada participación de los presentes, perfecto broche de programa, de entendimiento y variedad, de calidad y calidez que obligó a las protagonistas a regalarnos las esperadas propinas.

Aunque la inimitable “Saritísima” lleve años criando malvas, el cabaret de seducción sigue siendo necesario en tiempos de crisis y ese descaro recatado del Tápame fue perfecto aunque sin espiritoso sobre el piano pero con el guiño de pajarita y mascarilla a juego a la Mariajo carbayona, fiel a su papel a lo largo de la velada.

Y para cerrar nada mejor que volver a Puccini que parece haber escrito para Beatriz (qué ganas de su próxima Butterfly) otra de sus arias preferidas que cada vez siguen sonando únicas, O mio babbino caro de plenitud sin más calificativos.

El público ganado desde el principio se negaba a marchar, olvidando mascarillas e incomodidades pese a llevar más de hora y media, agradecimientos a los políticos locales por su presencia y apoyo, ausencia del primer regidor que como bien diría Mª José “él se lo pierde”, y otra famosa habanera, La Paloma de Sebastián Iradier (que en el Ravel operístico se dibujaba al final) a dúo de acompañamiento algo descafeinado, antes de despedirse con un fragmento último y coreado: “Canta y no llores”. Como dice Cervantes, “La música compone los ánimos descompuestos y alivia los trabajos que nacen del espíritu“.

P.D. 1: dejo aquí los recortes de prensa aparecidos en la prensa asturiana, LNE (que en la edición “Cuencas” no aparece y la digital es solo para suscriptores) y El Comercio:

P.D. 2: dejo aquí los “Links” a las críticas o reseñas de prensa del jueves 10 en La Nueva España y El Comercio.

San Mateo lírico

1 comentario

Lunes 7 de septiembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, sala de cámara. “Clásicos en San Mateo”: Ana Nebot (soprano), Juan Noval (tenor), Arkaitz Mendoza (piano). Entradas gratuitas (previa reserva on line) y agotadas.

La lírica también se ha visto afectada esta temporada, que arrancaba el pasado viernes con la nueva temporada de ópera, triste por las restricciones de aforo y alegre por volver a la música en vivo. Las emociones siguen encontradas en esta dicotomía permanente con el miedo que parece atenazar a muchos porque las incertidumbres son diarias y cambiantes a cada momento.
El ayuntamiento de Oviedo y su concejal correspondiente “del ramo” parece que han tomado nota que la Cultura, con mayúscula, es segura, mucho más que otras actividades (y las musicales no pueden olvidarse de la “música culta”) con todas las medidas de seguridad que “el bicho mu malo” obliga, si bien habrá que esperar resultados, aunque por fin se haga hueco en unas fiestas locales que serán muy distintas a las de siempre, lo mismo que nuestra vida desde el 13 de marzo, e intentando cubrir ausencias que no volverán (cancelaciones) o se transformarán por necesidad (aplazamientos), sin olvidarnos que muchos cantantes líricos lo están pasando verdaderamente mal en estos tiempos, creando en pleno confinamiento un sindicato propio que les dé voz, reclamando les reconozcan su peculiar trabajo además de hacer velar sus derechos (“potenciar, defender y dignificar la lírica de nuestro país) ante una clase política que parece no enterarse de lo que este colectivo significa para una sociedad cada vez más perdida.
Este ciclo de “Clásicos en San Mateo” se abre con artistas asturianos (si no los apoyamos nosotros nadie lo hará), primer día con la soprano carbayona Ana Nebot y el tenor poleso Juan Noval acompañados al piano por Arkaitz Mendoza que completaron un aforo reducido pero entregado, agradeciendo al final del concierto al alcalde Alfredo Canteli y Covadonga Díaz concejal de festejos el esfuerzo por sacar adelante este ciclo lírico, que disfrutaron como todos los presentes.
Los dos cantantes asturianos prepararon un concierto de salón, París en Oviedo y la sala de cámara, Amor de salón, amor de teatro” repartiéndose las dos partes sin pausa, con algunos dúos demostrando el empaste de sus voces agudas y la complicidad, entre ellos siempre con un excelente Arkaiz Mendoza que también tuvo sus “intermedios” solísticos adaptados a las páginas elegidas para los necesarios descansos vocales.
Ana Nebot se mueve como pez en el agua con las canciones francesas, interpretadas antes de la pandemia en el Filarmónica homenajeando a la Alianza Francesa, de amor y desamor, el postromanticismo entre siglos con aire cercano, dominando el idioma más bello para cantar al amor y también el más comprometido por la pronunciación, que la soprano controla como una segunda lengua. Así fue desgranando cuatro canciones del venezolano afincado en París Reynaldo Hahn (no podía faltar A Chloris), poesía hecha canción, continuando con el intimista Gabriel Fauré o la poco escuchada española y francesa Pauline Viardot, el único Francois Poulenc que recordaba al operístico de estos días en el Campoamor, o el inimitable Satie. De mariposas y lunas llenas, del amor carnal hasta La diva de L’Empire -dedicada a la recién fallecida Pepa Ojanguren que le regalase el elegantísimo vestido negro que lució su paisana- con una sentida de las tres Romances sans parolesop. 17 nº 3 (Fauré) al piano junto a la famosísima Gimnopedia nº 1 del genial Erik, buenas elecciones entre esos bloques para disfrutar de un piano maestro, así como el primer dúo con NovalNebot conocida y querida, con escena, alegría y entrega, en casa, y el acompañamiento magistral en cada página, coprotagonista de cabaret igualmente cómplice necesario de la voz en los dos números de Offenbach antes de la sorpresa final.
Con un coro de lujo formado por casi todo el elenco operístico que en los huecos también disfruta de Oviedo, presentes en la sala y apoyando a su compañera y amiga, un agradecimiento francés de la Gavota de Manon (Massenet), perfecto colofón de “La Nebot”, una joya pletórica preparando la segunda parte con “El Noval”.
Si Juan en el dúo inicial con Ana se mostró pletórico, su elección de arias de ópera presentadas en París, datos cronológicos humorísticamente explicados, fue la confirmación de un excelente estado vocal y escénico, grata sorpresa comprobar la evolución de estos años. Páginas ideales, y no muy escuchadas que siempre es de agradecer, para su color y tesitura jugando con volúmenes en un derroche de buen gusto y dominio: E. Lalo y el aria de Le roi d’Ys que popularizase el gran Fleta, matizada al detalle, El Juramento de Mercadante, o ese dúo de Romeo y Julieta (Gounod) muy logrado y semiescenificado con la soprano local mostrando un empaste perfecto.
El “Intermezzo” de Carmen (Bizet) al piano, haciéndonos olvidarse la flauta protagonista y reivindicando su papel en estos recitales (labor impagable la del mal llamado acompañante), hizo de puente instrumental para los “diablos” franceses: el Faust de Gounod (inmejorable) y el Mefistófeles de Boito (rotundo), páginas históricas bien cantadas por el tenor de “La Pola” (es de Siero para los de Oviedo). Cómodo y convincente, agudos potentes además de sentidos y bien interpretados.
Perfecto “puente pianístico” el  bellísimo Intermezzo de “Cavalleria Rusticana” (Mascagnial piano antes del final con dos nuevas muestras de gusto y ampliación de repertorio más allá del operístico pero igualmente exigentes: María del “West Side Story” (Bernstein) que el propio Lenny aplaudiría más que al “Carrerines” famoso, y nuestra zarzuela, Por el humo se sabe dónde está el fuego romanza por excelencia de “Doña Francisquita” (Vives) que en ese momento era Premio Max por la producción que el año pasado “vimos en Oviedo“del Teatro de la Zarzuela. Larga vida a la zarzuela sin complejos bien cantada.
Un Juan Noval renovado, maduro, pletórico y con ganas de verle sobre las tablas. No hubo propina pero sí las palabras de agradecimiento de Ana Nebot en nombre de tantos cantantes y antes recordadas para un público entregado a estas voces asturianas a las que debemos apoyar porque “La Cultura es segura” y ejemplar, nuestra lírica es seña de identidad de un Oviedo capitalidad musical. Que la música no pare…

Incertidumbres

2 comentarios

Mis abonos están congelados, muertos, esperando lo que no llega. Nos cogió a todos de improviso y comenzamos a ver desaparecer del calendario nuestros conciertos ya pagados, nuestros abonos fieles que son más que un sueldo toda una ilusión. Pensábamos que todo volvería a la normalidad, pero pasaban las semanas y caían las hojas del calendario como en un otoño fuera de temporada, recordando mi triste final de 2018 encerrado por obligación.
El viernes 13 de marzo saltaba la alarma, se cerraban espacios públicos y acudíamos al instituto sin alumnos, para una reunión atípica separados entre nosotros como apestados. Al menos esa semana pude disfrutar en familia, y ya con la gente asustada, de Noelia Rodiles, pero desaparecía el primer concierto esperado, nada menos que el violinista Michael Barenboim y la Orquesta de la RAI dirigidos por James Conlon el sábado 14 dentro de los Conciertos del Auditorio de Oviedo, con Mozart (obertura de La Clemenza di Tito y el Concierto nº 1 de violín) más la primera de Mahler. Ya no habrá más tema de conversación que el dichoso Coronavirus, después Covid-19 que parece más científico que llamarlo directamente “virus de mierda” o cinematográficamente “El virus del miedo”.

La siguiente semana no depararía tampoco cambios y se quedaban, aún no sabemos si aplazados o cancelados, otros dos: el miércoles 18 con el cellista Pieter Wispelwey y la Orquesta del Siglo XVIII dirigidos por Gustavo Gimeno en un programa monográfico de Schumann, mientras el viernes 20 nos despedíamos del noveno de abono de la OSPA, “Lenguajes propios II”, otro concierto esperado con dos invitados, el pianista macedonio Simon Trpčeski y el prometedor director Pablo Rus Broseta, con Shostakovich y el segundo Concierto para piano y orquesta más la segunda de Sibelius. Oportunidad perdida de seguir con la historia “Conociendo batutas con la OSPA”.

Sumábamos otra semana en blanco y comenzábamos a escuchar música grabada (que al menos tengo para varias vidas) con cierto mono de escribir aunque comentando discos en vez de conciertos, y a conectarnos con muchas plataformas de conciertos en streaming que abrían sus plataformas a todo el público. La Primavera Barroca se marchitó nada más llegar y así el miércoles 25 nos quedamos sin The King´s Consort mientras el viernes 27 de marzo otro aplazado “sine die” de la OSPA, el décimo de abono “Orígenes”, conferencia previa a las siete, y esta vez con protagonismo femenino, la ayudante de concertino Eva Meliskova que actuaba de solista y en el podio la colombiana Lina González Granados, con obras de BachStravinsky y Mendelssohn. El cansancio pesaba y ni escribir quería…

El arranque de abril volvía a ser tremendo a nivel general en España, todo parado, confinados con mucho miedo, devorando noticieros y “fake news“, mientras en lo musical se llevaba por delante en “La Viena española” de Oviedo tres actividades: primero la zarzuela Katiuska muy esperada esta temporada el jueves día 2, con Ainhoa Arteta de figura estelar (con una gala fuera de abono el día 24 de abril también cancelada) junto a Martín Nusspaumer y otras voces ya conocidas en el Campoamor; después el concierto extraordinario de Semana Santa con la OSPA el viernes 3, con la vuelta de Kynan Johns al podio junto al Coro de la FPA y un Beethoven de 250 aniversario con su Misa en Do mayor op. 86 sumando un buen plantel de solistas tras la Sinfonía Londres de Haydn.
De mis gustos omnívoros también nos quedamos sin Zenet en el Teatro Filarmónica programado para el sábado 28 de marzo repitiendo “la Guapería de Gijón“.
El domingo 5 ya comenzamos a leer “cancelado” en vez de “aplazado” por todo lo que supone rehacer agendas, y en esas deberíamos haber disfrutado dentro de “Los Conciertos del Auditorio” con los alemanes de Stuttgart, su coro de cámara y la capilla instrumental, Kammerchor Stuttgart / Hofkapelle Stuttgart dirigidos por Frieder Bernius que nos hubiesen deleitado con Mozart, primero el Requiem y después las Letanías, programa ideal para una Semana Santa que vendría con pasión y muerte sin resurrección.

Mientras tanto a seguir en casa trabajando “on line”, adaptándonos a crear materiales en “la nube” para un alumnado al que llaman “nativos digitales” pero que no todos tienen ordenador en casa o menos aún conexión (y ya no hablemos de la Asturias rural), como mucho un móvil al que su saldo queda temblando, con familias donde hermanos y padres comparten lo que tienen. Atención individualizada nada parecida a la presencial (necesaria porque educar también es convivir y socializar), y no quiero ni contar cómo es la “Música” en ESO, por lo que las llamadas “vacaciones” solo las salvó mi buena costumbre de seguir con las dos pasiones de Bach (bendito YouTube©) y mi particular resurrección de Mahler desde Lucerna, sin olvidarme de Victoria.

Se detuvo abril, al menos Radio Clásica sigue como siempre, “Entre dos luces” omnívoros musicales y echando mucho de menos la música en vivo, nada comparable con las óperas y los conciertos en plataformas de pago que ahora se abren para posiblemente buscar ganancias cuando acabe este enclaustramiento, el directo irrepetible y sin ayudas tecnológicas ni micrófonos que equilibran lo que la sala o las voces no logran.

Otra semana horrible y cuatro conciertos menos: el Ensemble 1700 del miércoles 15 dentro de la Primavera Barroca, al día siguiente el esperado contratenor de moda Jakub Orlinsky con Il Pomo d’Oro (jueves 16), el undécimo de abono “Legados” de la OSPA el viernes 17 que nos hubiese devuelto a la gran directora Marzena Diakun en un programa verdaderamente jugoso, y el domingo 19 cuando nos traería a la violinista Isabel Faust con Les Siècles.y François-Xavier Roth a la batuta para un monográfico dedicado a Stravinsky.

Avanza abril y otra ausencia irreemplazable aunque esperando se “reprograme” como era la vuelta de Martha Argerich con la Sinfónica de Lucerna el jueves 23, más otro extraordinario fuera de abono de la OSPA con Mayte Martín y Joan Albert Amargós el viernes 24, uno de esos conciertos distintos, Tempo rubato para una versión personal y “quasi flamenca” de El Amor Brujo (Falla).

Despedíamos abril como comenzase, incluso sonó como nunca “Quién me ha robado el mes de abril” (mejor que un “Resistiré” que no resisto), más cancelaciones como la del violinista Ilya Gringolts con la Orquesta de la Radio Noruega dirigida por el peruano Miguel Harth-Bedoya el martes 28 dentro de los Conciertos del Auditorio o el duodécimo de abono, “Contrastes II” de la OSPA para abrir mayo en un extraño día del trabajo donde deberíamos haber escuchado a Juan Barahona en el piano con Jordi Bernácer en el podio (que sigue esperando un titular como agua de un mayo estrenado). Al menos el Ateneo Musical de Mieres estuvo currando desde el inicio de esta cuarentena siempre “Repartidos por casa” con varios grupos de cámara que prepararon un concierto virtual emitido el sábado 2 patrocinado por el Ayuntamiento de Mieres, siempre mimando la cultura y apostando por estos “tiempos modernos” donde un virus nos abofeteó y seguimos  grogui.

Mayo era un mes de lo más prometedor en mi agenda, florido y hermoso aunque marzea tras abril, con todo bien programado desde septiembre del año pasado pues así funcionamos los docentes y melómanos, apuntando cada evento para no perderse nada aunque la dura y cruda realidad nos lo quitó todo.

Sin las conferencias de La Castalia que había preparado su III Ciclo verdaderamente apetecible que arrancaría el martes 5 con mi querida amiga y compañera de facultad Mª Luz González Peña, una avilesina en el archivo de la SGAE para contarnos desde su trabajo las más de 10.000 zarzuelas que atesoran. Sin el Handel de L’Apotheose en la Primavera Barroca carbayona. Sin la ansiada María Moliner de Antoni Parera Fons a estrenar en la temporada de zarzuela del Campoamor con Victor Pablo Pérez en el foso al frente de la OFilMaría José Montiel en el rol protagonista de la famosa bibliotecaria y filóloga, junto a Amparo Navarro o Simón Orfila entre un elenco de voces excepcionales que Oviedo siempre espera con ilusión.
También sin el esperado decimotercero de abono con la OSPA dedicado a Telemann desconocido bajo la dirección de Carlos Mena con el poco conocido oratorio Der Tag des Gerichts, y unos solistas españoles encabezado por María Espada, Juan Antonio Sanabria, José Antonio López más nuevamente el Coro de la FPA, junto a una conferencia previa para el reciente viernes 8 de mayo. Huérfanos también del Homenaje a Lorca con el espectáculo “El Poeta y La Luna” que el Ateneo Musical de Mieres iba a repetir tras el éxito de diciembre 2018.

Llegamos a esta semana del 11 al 17 que completa dos meses enclaustrados y perdidos en casi todo. El martes 12 sería la segunda conferencia de La Castalia con ganas de escuchar al joven compositor Gabriel Ordás, hablándonos de su obra lírica, mientras este jueves 14 hubiera llegado otro de los soñados en Oviedo que se cancelará aunque figure como aplazado porque cuadrar fechas para estos artistas se hará imposible: nada menos que un monográfico Bartok con Sir Simon Rattle y la LSO dentro de los Conciertos del Auditorio que habían programado para esta temporada de mucha altura.
El proyecto LinkUp de la OSPA (este año de nuevo La Orquesta Canta) que con tanta ilusión preparamos desde casi todos los centros educativos asturianos a lo largo de este curso escolar (que no olvidaremos jamás) para hacer música todos juntos también se ha cancelado esta semana a pesar del esfuerzo de alumnado y profesorado así como de la propia OSPA y muchos de sus músicos que han intentado hacerla sonar desde casa, pero la experiencia que vivimos todos en la sala sinfónica tampoco podrán compensarla Internet ni las redes sociales. Parón emocional y también económico para la cantidad de autobuses que hubieran llenado los alrededores de la Plaza de La Gesta (o del Fresno, según toque al gobierno local de turno).
Es grande el refranero español, “Mal de muchos consuelo de tontos” al ver que seguimos huérfanos de música en todo el mundo y no ya en la desunida unión europea, de la que Ibermúsica está padeciendo y mucho, con Alfonso Aijón deleitándonos desde Instagram en una genial conversación con Pablo L. Rodríguez para “La Música Confinada” de Scherzo (mi revista habitual que por primera vez no mandó a casa las revistas de abril y mayo aunque las regaló a todos en PDF, siempre de agradecer), otro de los canales que me han ocupado “cuando la tarde languidece y renacen las sombras”, vamos que no estaba teletrabajando aunque siempre esté pegado a una pantalla.

La semana próxima aparecían en mi agenda la chelista Alisa Weilerstein en la Primavera Barroca el martes 19, más el abono 14 de la OSPA, de nuevo celebrando a Beethoven el viernes 22, con Christoph König dirigiendo la séptima del genio de Boon así como a Schumann o el concierto de cello de Haydn con Kian Soltani de solista, manteniendo una estructura de concierto decimonónica para un siglo que busca no ya un director sino nuevos públicos. Menos mal que mi inversión en abonos no incluye el Festival de Danza porque entonces “mi ruina” ya hubiese sido total.

Y la Oviedo Filarmonía bajo la dirección de su titular Lucas Macías, nos debería traer el Requiem de Verdi (muchos difuntos para recordar) con el Coro de la FPA junto a un cuarteto solista de lo más operístico el domingo 24, pero tampoco me imagino yo el auditorio ovetense con un tercio de aforo (creo que los abonados ya ocuparíamos mucho más) o la orquesta y el coro separados cada uno de sus músicos dos metros además de rodearse de metacrilato (a precio de oro para la Fase 1) o actuando con mascarillas. Despropósitos de los expertos que crecen como setas en todos los terrenos al igual que los “periolistos” capaces de hablar sin saber… muchos interrogantes, dudas, mariposas en el estómago, insomnios muchas noches, confinamiento respetuoso, acatar las normas y así “ad infinitum“.

No hay nada claro en el horizonte, cada día aparecen decretos ministeriales, órdenes autonómicas, instrucciones incompletas, fases de desescalada (aumenta la jerga sin sentido) cual concurso televisivo sin pasarela, bulos permanentes, odios y enfrentamientos en redes o platós televisivos y estudios radiofónicos, insatisfacción y cabreo en toda la sociedad de a pie con unos políticos cada vez más alejados de la realidad. Se apela a la responsabilidad de todos y al sentido común (el menos común de los sentidos).

Mi agenda sigue llena de anulaciones, aplazamientos y cancelaciones… ya estoy cansado tras dos meses encerrado en casa escuchando discos, Spotify©, entrevistas de todo tipo o conciertos en los miles de canales que hay en Internet. Estoy cansado de leer libros nuevos o releídos (con más poesía que novela). Cansado de ver películas de todo tipo (aunque confieso debilidad por las musicales de todo tipo) y series en canales como Netflix, Movistar o Amazon en un caos visual de tanto trabajo delante del ordenador.
No me apetece ni quiero tanta pantalla, echo de menos “mi música” en vivo, los conciertos en Oviedo, Gijón, León, las escapadas a Bilbao, Málaga o Pamplona. La mal llamada “nueva normalidad”, otro eufemismo horripilante en una sociedad cada vez más pobre y quebrada, no tendrá nada de normal y tendrá todo de nueva. Incertidumbre en todas partes, las necesidades vitales con la salud primero y el trabajo después, le pese a quien le pese (es decir a los de siempre), ayudar a quienes se han quedado sin nada, con demasiados muertos por el camino y hambre en pleno 2020.

Prioridades ideológicas antes que las diarias, las de gente corriente como nosotros, el fútbol sucedáneo del “pan y toros” porque mejor entretener a la masa aborregada mientras hacen caja en partidos planteados sin público (como los conciertos), los necesarios test para los que puedan pagarlos, la puerta cerrada a la cultura con todo lo que mueve y significa para miles de autónomos que ven derrumbarse su vida sin ingresos ni ayudas ni siquiera perspectiva de futuro en un presente muy negro y un futuro impensable por no decir terrible. La generación actual no quiero pensar qué le espera pero tampoco a la mía, con 61 años y casi 33 cotizados.

Palabrerío y apariciones televisivas que no aclaran nada a nadie, sembrando más odio, envidias, cabreos, cacerolas y aplausos en claro “diminuendo”. Al menos la música me acompañará siempre, pero hay algo que tengo claro y escribí ya en Twitter cuando nos confinaban:

NADA VOLVERÁ A SER IGUAL

Esplendor barroco

Deja un comentario

Miércoles 11 de marzo, 20:00 horas. Sala de cámara del Auditorio de Oviedo: Universo Barroco – VII Primavera Barroca: Ay! Bello esplendor, grandes villancicos barrocos. Vozes del AyreAl Ayre Español, Eduardo López Banzo (órgano director). Obras de José de Torres (ca. 1670-1738), A. Corelli (1653-1713), Juan Francés de Irribarren (1699-1767) y Carlos Seixas (1704-1742).

Auténtica fiesta palaciega en este inicio de la séptima edición de la Primavera Barroca en colaboración de la Fundación de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo y el CNDM, que ofrecían nada menos que ocho estrenos mundiales, cinco de Torres y tres de su alumno Francés de Iribarren, con un programa alternando un conjunto vocal de ocho solistas perfectos para las obras elegidas, voces de larga trayectoria que se unen con el instrumental de siete dirigidos por el maestro López Banzo al órgano, equilibrio conseguido desde una sonoridad impecable en todos, puede que algo coja en uno de los contratenores aunque solamente en su intervención solista, con los textos a disposición del público en una presentación que otras veces debíamos conformarnos con la no impresa.
Como describe la presentación de este concierto, “El maestro José de Torres (ca. 1670­1738) y su discípulo Juan Francés de Iribarren (1699­1767) comparten protagonismo en este nuevo proyecto artístico de Eduardo López Banzo al frente de Al Ayre Español, articulado en torno a la estrecha relación profesional que existió entre los dos famosos compositores.
La prodigiosa imaginación musical, la acertada síntesis de los más variados estilos y la expresión vehemente y colorida de Torres encontrarán en Iribarren, quien sigue al comienzo de su carrera las pautas compositivas del maestro, un lenguaje más terso y galante y la constante búsqueda de un estilo sencillo y popular, sin abandonar su sofisticada escritura musical. Las variadas combinaciones vocales e instrumentales y las contrastantes temáticas de las obras elegidas para este programa muestran la sorprendente riqueza expresiva de este repertorio
“. Y no defraudaron en este programa de villancicos que nos acercaron un poco a lo que deberían ser las navidades palaciegas, aunque el incendio hiciese perderse todas las partituras que atesoraba.
La fiesta comenzaría con José de Torres¡Mirad y admirad portentos! (ø+), villancico general al Santísimo, a ocho voces con violines y oboe, todos los intérpretes jugando con los solos de María Espada y los dos coros enfrentados, música pegadiza y bien balanceada con una escritura respetando la propia rítmica del texto.  De la pobreza a las puertas (ø+), es un villancico de Calenda de Reyes, a ocho voces con violines y oboe (1714), de nuevo alternando coro y solos de María Espada y Víctor Sordo, dos voces bien empastadas por timbres y entendimiento, alternancias de estribillos y coplas muy vivas, para continuar con Pues el cielo y la tierra (ø+), villancico de Navidad a cuatro voces (1713), cuatro solistas masculinos jugando en las coplas y los aires festivos, instrumentos reducidos al archilaúd, contrabajo y órgano no solo dando réplica sino empujando una masa global, un tutti de estilo hispano pero con calidades internacionales más allá de un estilo italianizante tan de moda en estos albores del XVIII.

El “puente instrumental” tenía que ser en un idioma común y nada mejor que Arcangelo Corelli y su Sonata nº 10 en la menor, op. 3 (1689), Al Ayre Español en estado puro, ese dúo de violines en simbiosis arropados por los graves contundentes, el ropaje organístio y las perlas de Juan Carlos de Mulder, imprescindible en el continuo.

Vuelta a Torres para cerrar la primera parte con Lágrimas tristes, corred (ø+), villancico al Santísimo, a cuatro voces con violines, disfrutando nuevamente de las voces solistas (las sopranos, contrátenos y barítono, la mitad pero igual riqueza de escritura e interpretación, estribillo y coplas cantadas con el instrumental en los planos adecuados que permitieron paladear unos textos intrínsecamente musicales seguido del Luciente, vagante estrella (ø+), villancico de Reyes, a ocho voces con violines y oboe (1714), probablemente el más logrado por las combinaciones vocales y la aparición del estribillo-aria así como los solos cambiantes refrendados tanto por el coro como el ensemble donde el oboe de Pedro Lopes e Castro resultó casi una voz sin palabras.

La segunda parte sería la de Juan Francés de Iribarren, buen continuador del maestro en evolución natural del estilo comenzando con el bellísimo Tortolilla (ø+), villancico a dúo para reyes, con violines y oboe (1733), estribillo a dúo, al igual que el recitado, escena pura y un aria para soprano y tenor, María y Víctor, contrastes rítmicos y tímbricos más un ropaje instrumental de excelencia para siete números estructurados en espejo, nueva fiesta musical.
Si los aires italianos ponían el puente para Torres, en el caso de Francés de Iribarren sería el portugués Carlos Seixas con su Sonata para oboe en do menor, lucimiento solista de su compatriota con el ensamble sin violines y auténtico virtuosismo en tres movimientos donde la Giga central sonó plenamente francesa, elegante antes del Minueto final.

Y hasta la conclusión volvería Francés de Iribarren, primero con Cesen desde hoy los profetas (ø+), villancico de Calenda de Navidad, a ocho con violines (1739), algo más movida de lo que cabría esperar y poniendo en dificultades las largas frases de una María Espada que nunca defrauda, para terminar con una jácara vertiginosa a cargo de Víctor Cruz, Digo que no he de cantarla (ø+), jácara de Navidad a cinco con violines (1750), guitarra -por vihuela- de aire español internacional de unos compositores recuperados de los archivos de las catedrales salmantina, malagueña y guatemalteca que Eduardo López Banzo ha transcrito de los manuscritos originales inéditos, pues como bien nos recordó al finalizar el programa, se quemaron con el Palacio Real y gracias a esas copias podemos hacernos una idea de lo que sonaba en estas fiestas que casi recrearon en la sala de cámara del auditorio ovetense.

De regalo bisarían a Torres y el estribillo de Luciente, vagante estrella que da nombre al espectáculo, “Ay! bello esplendor”, belleza y esplendor de un barroco que pujaba por mantenerse en unos tiempos casi tan complicados como lo actuales. Bravo por estos “ayres” del maestro maño.
(ø+) Recuperación histórica, estreno en tiempos modernos.

VOZES DEL AYRE: María Espada y Lucía Caihuela (sopranos), Sonia Gancedo (mezzo), Gabriel Díaz y Jorge Enrique García (contratenores), Víctor Sordo (tenor), Víctor Cruz (barítono), Javier Jiménez Cuevas (bajo).
AL AYRE ESPAÑOL: Pedro Lopes e Castro (oboe), Alexis Aguado y Kepa Artetxe (violines), Guillermo Turina (cello), Xisco Aguiló (contrabajo), Juan Carlos de Mulder (archilaúd y guitarra barroca). Eduardo López Banzo (órgano y dirección).

8M de mujeres y música en Mieres

1 comentario

Domingo 8 de marzo, 20:30 horas. Auditorio Teodoro Cuesta, Mieres. Concierto “Día de la muyer”: Banda Sinfónica del Ateneo Musical de MieresAntonio Cánovas Moreno (director), Alberto Cienfuegos “Michel” (presentador). Estreno absoluto de las obras de Mª Luz Ortíz, Mª José Belenguer y Pilar Miralles, ganadoras del I Concurso Internacional de Composición para Mujeres “Mª Teresa Prieto”.

El Ateneo Musical de Mieres desde su fundación en junio de 2018 no obvió la importancia de la mujer en la música y así en marzo del pasado año ofreció el concierto De ellas con obras de compositoras y dirección femenina a cargo de dos componentes del propio Ateneo (la clarinetista Elba Rodal y Lara González, oboe). A raíz de este concierto se planteó con tanta ilusión como esfuerzo crear el I Concurso Internacional de Composición para Mujeres “Mª Teresa Prieto, nombre de esta compositora asturiana no suficientemente reconocida y muerta en el exilio mexicano; con un jurado de prestigio formado por Zulema De la Cruz, Ferrer Ferrán y David Rivas, valoraron hasta el día 14 de octubre todas las obras recibidas, emitiendo su veredicto y actuando como secretario Antonio Cánovas Moreno, director de la Banda Sinfónica del Ateneo Musical de Mieres.

El 18 de octubre de 2019 en el transcurso del concierto “Homenaje a Morricone” de la Banda Sinfónica del Ateneo Musical de Mieres con la Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” como invitada, se daban a conocer las tres ganadoras, que además de los premios en metálico y los diplomas acreditativos, entregados en este concierto del 8M por el Director Xeneral de Política Llingüística Antón García Fernández, en representación de la Consejería de Cultura Política Lingüística y Turismo patrocinadora el concurso, la Concejala d’Igualdá y Feminismo del Ayuntamiento de Mieres Nuria José Ordóñez Martín, y el presidente del Ateneo Musical de Mieres Pablo Álvarez, realmente el verdadero premio para todo compositor es escuchar por vez primeras sus obras en directo, esta vez interpretadas por la Banda Sinfónica del Ateneo Musical de Mieres dirigida por su titular Antonio Cánovas Moreno, asistiendo las tres compositoras.

Paso a continuación a dejar el programa del concierto enmarcado en un día especial, así como las notas sobre las composiciones de sus autoras y sus biografías, sin entrar en más consideraciones por ser parte implicada pero no por ello olvidarme de este acontecimiento musical con muchas M mayúsculas y protagonistas: Marzo, Mieres, Mujeres y Música.


OBRAS, NOTAS AL PROGRAMA Y BIOGRAFÍAS

DE BARCOS, ESPUMEROS MORENOS Y PUERTOS ASTURIANOS (MARIA LUZ ORTÍZ HERNÁNDEZ) Estreno absoluto.
Tercer premio del I Concurso de Composición “María Teresa Prieto”.

De barcos, espumeros morenos y barcos asturianos es una obra programática que cuenta la historia de cómo los espumeros morenos, seres mitológicos asturianos, ayudan a los barcos a llegar a tierra firme en días de niebla. Así, la compositora, con un estilo influenciado por el sinfonismo de los años 70 de la música de cine y la música folklórica, busca recrear con su música cuatro escenarios principales: el barco, la niebla, los espumeros morenos y la llegada a puerto asturiano.
De esta forma, la música que caracteriza el barco tendrá un carácter heroico y grandioso, donde la percusión y la sección de metales tendrán un gran protagonismo. Por otro lado, el uso de armonías más disonantes representará la niebla, que sorprenderá a la navegación en su travesía. Los espumeros morenos serán caracterizados por el flautín después de la niebla y, por último, la llegada a puerto asturiano será representada por una melodía placible y cantabile que muestra la belleza de las costas asturianas.

LAS CARBONERAS DEL NALÓN (MARÍA JOSÉ BELENGUER DOLZ) Estreno absoluto.
Segundo premio del I Concurso de Composición “María Teresa Prieto”.

Las Carboneras del Nalón es un homenaje a las primeras mujeres que trabajaron en las minas del Nalón, que eran llamadas carboneras. Su labor estaba en el exterior de la mina, donde realizaban todo tipo de tareas como la limpieza de vagones y herramientas, traslado de cestas llenas de carbón, etc. Además de ser pioneras como mujeres trabajadoras y en el sector de la minería, muchas de ellas mantenían a su familia de este modo al quedar viudas tras la guerra.
La obra nos presenta dos ambientes sonoros distintos que se van sucediendo; por un lado los sonidos de la mina, que recrean la atmósfera sonora del metal, la tierra y las detonaciones, que provocan una tensión y un sentimiento de preocupación constante en las carboneras, por el peligro que suponen para los que trabajan bajo tierra. Por otro lado, un tema melódico con carácter folclórico, que es el hilo conductor de toda la obra, constituyendo un verdadero leitmotiv de las carboneras.

LA MAR CUAJADA: Entrada en la Noche de San Juan – En contra del Cuélebre – La victoria y el tesoro (MARIA DEL PILAR MIRALLES CASTILLO). Estreno absoluto.
Primer premio del I Concurso de Composición “María Teresa Prieto”.

La mar cuajada es una fantasía sinfónica para banda basada en la mitología asturiana que trata sobre este lugar legendario. Según la historia, la mar cuajada es el lugar al cual van a vivir los cuélebres cuando ya envejecen, un lugar situado mar adentro donde además estos seres custodian un abundante tesoro. El cuélebre es una serpiente gigante y alada, y es en la noche de San Juan en el único momento en que éste duerme y se puede entrar a su morada. Es por eso que esta fantasía comienza con un primer movimiento llamado “Entrada en la noche de San Juan”, relatando la entrada de los humanos con la intención de rescatar este tesoro. El segundo movimiento es “En contra del cuélebre”, cuando éste despierta de repente para enfrentarse a ellos, también introduciendo una potente tormenta frente a ellos. Por último, “La victoria y el tesoro” para aquellos que entraron en la mar cuajada, cierran la obra recordando la misma forma en la que entraron y volviendo a tierra triunfales.

Biografías de las compositoras:

MARI LUZ ORTIZ HERNÁNDEZ: Nace en 1995 en Guadix (Granada). Inicia sus estudios musicales en su ciudad natal en el CPM Carlos Ros de Guadix (Granada) en la especialidad de piano. Termina las Enseñanzas Artísticas Superiores en junio de 2017 en la especialidad de Composición en el Real Conservatorio Superior de Música Victoria Eugenia de Granada y, posteriormente, realiza el “Máster de Composición aplicada a medios audiovisuales y artes escénicas” en el Conservatorio del Liceo de Barcelona, encontrándose entre el profesorado del mismo compositores de reconocido prestigio dentro de la música para cine como José Nieto.
Cabe destacar de su currículum como pianista el Primer Premio en el Concurso de Interpretación del CPM Carlos Ros y su puesto de Semifinalista en el Concurso Provincial de Interpretación de la Diputación de Granada. Como compositora, son notables los siguientes galardones: Primer Premio en el I Concurso de Composición e Interpretación del CPM Carlos Ros y Primer Premio en el X Concurso de Composición del RCSM Victoria Eugenia en la modalidad B. Además, es una de las seleccionadas por la Asociación de Música Electroacústica de España (AMEE) para la realización del “Proyecto AMEE para Nuevos Creadores” (PANC) en 2017. Es miembro de la Asociación de Compositores de Málaga (ACIM) y cuenta con numerosos estrenos en ciudades como Londres, Madrid, Granada, Málaga, Valencia y Jaén. También participa en varios proyectos para la creación de la banda sonora de algunos cortometrajes y documentales.

MARÍA JOSÉ BELENGUER DOLZ: Nacida en 1983 Onda (Castellón), ha realizado sus estudios musicales en el Conservatorio Superior de Castellón, donde obtiene el Título Superior en la especialidad de Flauta travesera (2008) y el Título Superior de Composición (2009). Paralelamente realiza estudios de Piano. Posteriormente realiza el Master oficial en Musicoterapia en la Universidad Católica de Valencia (2011) y el Master de Composición para Medios Audiovisuales (2015-16) en el Centro Superior “Katarina Gurska”.
Su inquietud por la composición la lleva a asistir a diferentes cursos, seminarios, talleres, durante su formación con compositores como Jose Manuel López López, Agustín Charles, Tomás Marco, Cristóbal Halffter, Jose María Sánchez Verdú.
Ha sido becada por la Junta de Andalucía para asistir al curso de composición: Cátedra Manuel de Falla (2007), con el compositor Mauricio Sotelo como tutor de dicho curso, en el que estrenó su obra “Marabunta”.
Ha sido seleccionada para el panel de lectura del Encuentro de composición INJUVE 2007, en el cual tuvo como profesores a Hilda Paredes, Philippe Hurel, Poul Rudders y Jesús Rueda. A raíz de este encuentro asiste a clases particulares en Londres con la compositora Hilda Paredes durante dos años.
Ha sido seleccionada para participar en el Encuentro de composición INJUVE 2008, en el cual tuvo como profesores a Marcela Rodríguez, Yann Maresz, Lucca Francesconi y Jesús Rueda.
Ha obtenido el segundo premio “Carmelo Alonso Bernaola”, en la 23ª edición de los Premios Jóvenes Compositores Fundación Autor-CNDM 2012, con su obra “Ida y vuelta”. Nominada en la X edición de los Premios Jerry Goldsmith a la categoría de Mejor Canción por su trabajo “The girl who lives in me”, que pertenece a la Banda sonora de “Mi peor Enemiga”, de Mario Ayala.
Ha obtenido el segundo premio en el I Concurso Internacional de Composición para banda “María Teresa Prieto”.
Ha ganado el premio a Mejor música original en el Asians on film Festival 2019 por la banda sonora del cortometraje “Cul-de-sac”.
Ha recibido encargos para festivales Internacionales como ENSEMS 2009, ENSEMS 2015, Circleart I, Femme in art, etc. Sus obras han sido interpretadas por grupos como Taller Sonoro, Grup Instrumental de Valencia, Grupo Instrumental Siglo XXI, etc.
En el ámbito de la música para medios audiovisuales ha compuesto música para cortometrajes como “Eiénesis” (Premio Proyecta 2010) dirigida por Miguel Ángel Font Bisier, “Mi peor Enemiga” dirigida por Mario Ayala (Nominada a los X Jerry Goldsmith por este trabajo), “Cul-de-sac”, dirigida por Cara Lawons, para el videojuego “Lost King’s Lullaby” , para obras de teatro como “Casa Lupe desde 1798” escrita por Inés de Miguel y dirigida por David Couso, etc.
Trabaja como arreglista para la Orquesta SAMVO, con la que realiza arreglos de todo tipo de repertorio (Beatles, Disney, Rock, Pop) adaptándolo para orquesta sinfónica para artistas de la talla de Paco Arrojo, Pepa Aniorte, Gisela, Sandra Polop, Reke, Vicente Seguí, Lorena Gómez, Rafa Blas, etc.
Trabaja como Editora y asistente de Orquestación para la compositora Claudia Montero, ganadora de cuatro Latin Grammy’s.
Trabaja como Editora y copista para la editorial Eurindia Ediciones.


MARÍA DEL PILAR MIRALLES CASTILLO:
Nace en Almería en 1997 y estudia doble especialidad de flauta y piano en las enseñanzas profesionales de música. Realiza sus estudios superiores de composición en el Real Conservatorio Superior de Música “Victoria Eugenia” de Granada. Actualmente estudia el Máster de Composición Electroacústica en el Centro Superior de Enseñanza Musical “Katarina Gurska” de Madrid. Ganadora del segundo premio en la categoría Junior de la International Antonín Dvorák Composition Competition 2019 en Praga y del XIII Concurso de Composición del RCSM Victoria Eugenia en la modalidad de música de cámara. Ha realizado cursos y masterclasses de composición con Enrique Rueda, Alicia Díaz de la Fuente y Brice Pauset, entre otros.

Nuestra ENHORABUENA a ellas y al Ateneo Musical de Mieres

 

Instantáneas sonoras

1 comentario

Jueves 5 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano “Luis G. Iberni“: Rafał Blechacz (piano) y Bomsori Kim (violín). Obras de Beethoven, Fauré, Debussy y Szymanowski.

Las grabaciones musicales son como las fotos, la captura de un momento que podemos repetir cuantas veces queramos porque nos recordará ese instante irrepetible dejando a la memoria y a menudo también la fantasía, que ponga el resto, aunque haya sido algo fugaz pero imperecedero. Las fotos viejas, como los discos, se pueden retocar para una mejor conservación e incluso apariencia, pero nada es comparable al directo, especialmente en la música.

La introducción viene a cuento porque en estas Jornadas de Piano volvía el pianista polaco Rafał Blechacz, que me dejó una excelente impresión allá por noviembre de 2012 en estas mismas Jornadas, así como su primer disco con el sello amarillo, pero no en solitario, aunque apareciese el primero en el orden, sino junto a la violinista coreana Bomsori Kim, con quien parece congenió hace dos años y se plantaron en el estudio para dejarnos una grabación que escuchamos al completo en el auditorio, aunque los estudios y el directo no sean lo mismo. Con la tapa acústica abierta al máximo, el Steinway tapó demasiadas veces el hermoso sonido del Guadagnini de 1774, algo que en la mesa de mezclas se puede arreglar pero sin la tecnología quedó en un segundo plano inmerecido porque realmente hubo momentos del concierto deliciosos.

No podía faltar este año Beethoven una de sus sonatas para violín y piano (ausente en su último CD), optando por la Sonata en re mayor, op. 12 nº 1 (1798) que pude seguir recordándola casi nota a nota de mi último curso de piano en “Música de cámara II” con el profesor Carlos Luzuriaga. Buena complicidad entre los dos intérpretes pero desequilibrado balance sonoro que no nos permitió degustar los intrépidos y dialogados pasajes del Allegro con brio. El Tema con variazioni. Andante con moto sí dejó una mayor presencia del violín aunque la rotundidad del piano de nuevo ocultaría ese juego sonoro entre los dos intérpretes. El Rondo. Allegro adoleció de lo mismo, casi como si el violín acompañase a un piano protagónico de principio a fin, hasta en el orden del programa, por su sonoridad incluso en los pasajes más pianissimi, con la firma inequívoca del genio de Bonn pero obviando la aportación y complemento del violín.

La Sonata en la mayor, op. 13 nº 1 (1875-76) de Fauré pareció enmendar un poco la falta de equlibrio entre los intérpretes, cuatro movimientos donde el violín tiene mucho que tocar en una pugna con el piano muy alejada del ciclo de canciones del francés, si bien su lirismo y estilo ya se perciben, especialmente en el segundo movimiento (Andante). Lucimiento en el Scherzo, Allegro vivace de ambos demostrando lo estudiado que tienen este repertorio antes de grabarlo, miradas y gestos claros para un buen entendimiento y una versión algo fría pero técnicamente impecable.

Para la segunda parte el resto del disco, en claro mejoría tanto de sonido como de implicación, primero la Sonata en sol menor (1917) de Debussy, virtuosismo polaco y pasión coreana dibujando esa paleta única del segundo compositor francés del concierto, mismo idioma pero lenguaje nuevo, más logrado en el dúo, como si todo estuviese planificado en cuanto a la entrega. Especialmente delicado el Intermède: fantasque et léger que nos permitió disfrutar de un violín sedoso más presente y protagonista que en los primeros “cortes” y haciéndonos olvidarnos del homenajeado alemán. Lo mejor vendría con Szymanowski y su Sonata en re menor, op. 9 (1904), verdadera pasión compartida, protagonismos equilibrados, sonoridades controladas con mayor lucimiento del violín de Kim más un piano de Blechacz auténtico contrapeso y guía emocional en los tres movimientos. Por fin el espíritu camerístico como escuela tanto interpretativa como auditiva, el momento para recordar y no solo un disco en bucle que siempre sonará igual.

No podía faltar lo que se llama “encore” (propina) que además completaría esta presentación discográfica, el mejor Chopin de Blechachz pero con el violín de Kim para que llevase la parte cantabile y el piano polaco completase el arreglo del ruso Nathan Milstein sobre el conocido Nocturno nº 30 en do sostenido menor.
Buen concierto aunque la coreana no aportase mucho calor desde esta técnica implacable y fría, quedándonos con más ganas del Rafał Blechacz poderoso y entregado en solitario que es donde la memoria me lleva, la instantánea sonora de esta tarde de jueves.

Horizonte francés hasta Bilbao

1 comentario

Viernes 28 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, “Horizontes II”, abono VIII OSPA, Javier Molina (trompa), Andrew Grams (director). Obras de Debussy, R. Strauss y Saint-Säens.

Mientras esperamos con urgencia el nombramiento de un concertino (esta vez invitado el colombiano William Chiquito) y un director titular para la orquesta asturianas, volvía el director Andrew Grams tras sus anteriores visitas de 2014 y 2016, donde también pudimos disfrutar como en este octavo de abono (interesante su paso por OSPATV) de una obra de Richard Strauss, este viernes con el concierto para trompa de caza dedicado a su padre, a cargo del solista de la OSPA el alicantino Javier Molina (entrevistado en OSPATV).

Preparando el programado que la próxima semana llevarán al Musika-Música “Destino París”, el octavo de abono tenía claro sabor francés con Debussy y C. Saint-Säens más el gran R. Strauss de orquestación similar entre nuestros vecinos, y en Bilbao se sumarán Poulenc con su concierto para órgano (razón por la en este programa estuvo Juan de la Rubia, que será el solista), Berlioz con Los troyanos, Gounod y su Fausto más el esperado Bolero de Ravel, conciertos dirigidos también por el maestro Grams, páginas que la OSPA tiene en su “fondo de armario” sacándolos en estas ocasiones y que volverá a dejar el pabellón bien alto en la capital vizcaína un año más.

La suite sinfónica para orquesta y piano a cuatro manos “La Primavera” (Printemps, 1887-1912) de Debussy (1862-1918) no es de las obras más escuchadas del parisino en las salas de concierto porque pese a necesitar una plantilla grande presenta ciertas dificultades para conseguir ese color instrumental que llevaría a clasificar o etiquetar esta música como “impresionista” y no parece tener la fuerza de otras partituras sinfónicas. Grams trabajó a la perfección esa textura en todas las secciones para los dos movimientos “moderados”, pinceladas tímbricas aportadas tanto por el piano como el arpa y una cuerda sutil que parece buscar la limpieza de líneas del Botticelli homónimo donde se inspiró Debussy, no hay melodías reconocibles pero sí ese ambiente bucólico con una excelente intervención de la flauta de Myra Pears y una segunda sección de toda la orquesta donde las trompas parecían preparar la obra siguiente.

El Concierto para trompa y orquesta nº 1 en mi bemol mayor de R. Strauss (1864-1949) tuvo como solista a Javier Molina que defendió con aplomo, seguridad, buena gama de sonido y arropado por sus compañeros junto a una concertación correcta del maestro Grams, tiempos adecuados para el solista en sus tres movimientos. Es una alegría comprobar el nivel de los solistas que atesora la OSPA, que lo demuestran cuando les ofrecen dar el paso al frente, y el alicantino ha sido otra demostración de calidad y musicalidad con su trompa de caza. Amplia paleta sonora y dinámica, desde los aterciopelados a los potentes, lejanías evocadoras de lo cinegético, guerreras en los toques a rebato, sin perder nunca afinación. El público, con sus familiares encantados y felices disfrutando como el resto, supo premiar con generosidad el despliegue virtuoso de un concierto exigente para los trompistas.

En unión de sus cuatro compañeros en “los bronces” más la percusión de Rafa Casanova nos regalaron un hermoso y resultón arreglo del multiversioneado Oblivion (Piazzolla) verdaderamente lírico, cantado por este sexteto para la ocasión con Molina de “voz cantante”.

Y para la segunda parte C. Saint-Säens (1835-1921) con la Sinfonía nº 3 en do menor, op. 78 “con órgano” (pero sin él, pues el auditorio de Oviedo carece de uno permanente como sí tiene por ejemplo el Euskalduna que dará la auténtica dimensión a esta tercera, pues no tenerlo condiciona mucho la sonoridad original). Nuevo lienzo sonoro de la OSPA con ese órgano (Juan de la Rubia como un músico más de atril) más el piano completando una tímbrica global recogida por momentos y apoteósica en el final. Grams supo delinear esos dos capítulos con varios movimientos internos que la orquestación arroja intervenciones solistas de mucho calado (bien la viola de Alamá), los metales cual tubos de órgano ampliando los registros y colores, emparejados con una madera siempre impecable, el gran órgano sinfónico que Saint-Säens construye en esta sinfonía orgánica igualmente por la vital transformación temática donde no falta el Dies Irae, melodías paralelas a su propio Carnaval (Oviedo lo celebra este sábado de Cuaresma) y perfectamente explicado en las notas al programa de Lidia Izquierdo Torrontera (enlazadas en los autores al inicio). Evoluciones de aires, modulaciones que finalizan en un corale más la coda final fugada hacia el do mayor luminoso bien llevado por un Grams nada ampuloso en el gesto pero efectivo, buscando ese acento francés que le sienta muy bien a nuestra orquesta asturiana de aires cantábricos con parada en Bilbao.

Acento y talento asturiano

1 comentario

Miércoles 26 de febrero, 20:15 horas. Sociedad Filarmónica Avilesina, Auditorio de la Casa Municipal de Cultura, Avilés: “Con acento asturiano“, Beatriz Díaz (soprano), Luis Vázquez del Fresno (piano). Obras de Luis Vázquez del Fresno (Gijón, 1948).

Es siempre un placer escuchar al maestro Vázquez del Fresno interpretar obras suyas, al que admiro desde mis tiempos de estudiante en Mieres donde visitaba la extinta Filarmónica local, y donde pude disfrutar del gran repertorio como de sus propias composiciones en unos años 70 inolvidables. Comenzar con Yerba, op. 12 (1977) para piano solo me remontó a los orígenes, la fusión e inspiración de nuestro folklore como en tantos grandes compositores de la historia. Ideada para Eladio de la Concha, presidente que fuera de la hermana Sociedad Filarmónica de Gijón, aparecen temas populares asturianos a partir del tema original “Orbayu”.

Nuestro rico folclore va desgranándose con canciones reconocibles por todos que se elevan a la categoría de concierto: Dime paxarín…, Romería de San Andrés, La moza que a mí me quiera, Orbayu, Soy de Pravia, Soy de Mieres, Caminito de Avilés, La mió neña y esa vuelta al Orbayu, música cantábrica cual Mompou mediterráneo por ese acento francés que tanto pesa en Vázquez del Fresno, los enlaces entre los temas populares que les dota de esa unidad sin perder la esencia, recuerdos e inspiración de otros grandes asturianos (Torner, Saturino o Manuel del Fresno) que partiendo de lo tradicional lo recrean y elevan a atemporal.

Cantarinos pa que suañes utiliza los textos escritos por el allerano residente en Gijón José Mª González FernándezChemág, publicados por el Conseyu Rexonal d’Asturies en 1979 y reeditados en 1998 por Editora del Norte, el mismo año en que fueron grabados por el propio compositor al piano y la voz de la mierense Tina Gutiérrez, trece canciones que Beatriz Díaz interpreta como nadie por cercanía a la obra completa (letra y música) engrandeciendo la música asturiana digna de figurar en la historiad de nuestra “Lírica” que nada tiene que envidiar al Lied alemán o la Chanson francesa que tan bien conoce tanto el gijonés Vázquez del Fresno como la propia soprano allerana, que ya nos dejase una pequeña muestra hace ocho años, ahora en este tándem que hace única esta obra al completo con el compositor al piano, esperando lo lleven al disco para conservar un patrimonio de todos.

Y es que la voz de nuestra soprano es única para aunar la música del pianista y compositor, aunar la tonada asturiana y la canción de concierto desde el conocimiento, el buen gusto, el color que sigue único pero con más cuerpo en el grave, la musicalidad de unas partituras que respetan el texto y Beatriz Díaz representa, enamora, convence. Alguien del público decía que sabían a poco, tal era la entrega en cada estampa.

Agrupadas en tres bloques de cuatro, cuatro y cinco sumando el trece mágico, comenzaba esta joya con Cantarinos pa que suañes que titula el ciclo y ya nos guiaba por un discurrir único, la voz protagonista y el piano arropando siempre con unas armonías y modulaciones que elevaban los versos (de los que se nos entregó una copia bilingüe para poder seguirlas con verdadero deleite). La mió mamina, La cadenina y Al son d’una gaita vengo cerrarían esta primera entrega con melodías que parecen nuestras por giros, referencias al folklore y siempre la vocalidad presente y una vestimenta ilustrada al piano en un discurrir natural por parte de ambos intérpretes.

Jugando con los giros “ad libitum” típicos de la tonada donde el piano se convierte en “gaita de tecla”, enlazando con momentos líricos dignos de Fauré, el segundo bloque con una acústica asistida en esta sala avilesina que permite saborear cada fin de canción: La xaronca namorá, la exigente Les abeyines con unos sobreagudos en pianístico que solamente “la Díaz” es capaz de cantar, delicadez una en Los carros de la mió aldega, fraseada en este asturiano nada artificioso que se mantiene fresco sin academicismos, para “concluir” con otra bellísima La ñube, canción íntima con la atmósfera asturiana, cantábrica y vestida de mediterráneo con unos pianísimos que ponen la carne de gallina.

Tercer y último bloque con inspiraciones directas, un Villancicu rítmico de recuerdos a “xiringüelu” de salón, la nana Añada d’una caparina de aire moderadamente lento dibujando el tema popular que en el piano reviste de ópera al evocarme la Liu pucciniana por modulaciones y sentimiento antes de La mollinera allegre, canto asturiano elevado a internacional, juegos modales de dificultades máximas para la voz aunque siempre mimada en escritura, acompañamiento e interpretación que el dúo Vázquez-Díaz sublimaban según se acercaba el final. El ambiente impresionista tan del gusto del compositor se percibiría en El xuguete en un juego de tensiones entre la fuerza y la caricia, el soldadito y el caballo de cartón rotos como el sentimiento en la pérdida del amigo emigrante, maravillosa dramatización de la soprano y convincente complemento pianístico con una escritura que va subiendo de tono en todos los sentidos para concluir con el Marineru de tierra y montaña, mina y mar que tanto ha inspirado a los músicos, rememoranzas de “Al pasar por el puertu” o “La mió neña“,  lágrimas vocales que emocionan, el piano gijonés y la voz allerana, para un broche de oro a estos “Cantarinos” donde el diminutivo es cariñoso y la música superlativa.

No podían faltar los regalos y más con Beatriz Díaz que prosigue su carrera operística, dos arias de quitar la respiración para un público entregado: Cilea y Io son l’umile ancella (“Adriana Lecouvreur”) rotundamente íntimo y cantado con total entrega, más el Puccini para el que la de Bóo está dotada como ninguna, ese Oh! mio babbino caro (“Gianni Schicchi”) siempre único y emocionante con Vázquez del Fresno mimando a la soprano en toda la velada. Un placer que se repetirá en la Filarmónica Gijonesa en mayo, sociedades centenarias que tanto han ayudado y siguen luchando por promover la música e intérpretes de la tierra, como esta pareja de asturianos que suma generaciones y talento.

Older Entries