Inicio

Últimos apuntes veraniegos

Deja un comentario

Sábado 30 de agosto, 20:00 horas. Teatro de La Laboral: Clausura del XV Festival Internacional de Piano de Gijón “Jesús González Alonso”, Alberto Nosè (piano). Obras de Beethoven, Debussy y Chopin. Entrada libre.

El verano en cuanto a periodo vacacional toca a su fin y Gijón lleva siendo capital del piano las dos últimas semanas de agosto desde hace quince años, celebrando clases magistrales a los mejores jóvenes pianistas de todo el mundo con profesores capitaneados por el asturiano residente en Nueva York José Ramón Méndez, este año los reconocidos mundialmente Yuan Sheng y Alberto Nosè, galardonados en muchos concursos, siendo el italiano quien cerraba esta edición en el teatro del recinto diseñado por Luis Moya Blanco (1904-1990).

Con un público formado por alumnado, amigos, familiares y muchos aficionados al piano llegados hasta la capital de la Costa Verde, el profesor veronés nacido en 1979 brindó en un Yamaha que respondió bien a un programa básico y presente siempre en la formación instrumental de las ochenta y ocho teclas desde la interpretación profesional tamizada siempre por su visión personal siempre fiel a las partituras, con el toque latino que no se explica ni estudia pero buscan muchos orientales sobrados de técnica.

Para comenzar nada menos que Beethoven y su conocida “Patética”, la Sonata en do menor, op. 13, arrancando Grave, con duraciones y silencios perfectos subrayando claroscuros antes de atacar literalmente el Allegro di molto e con brio, discurso diáfano que sería como apuntes pictóricos realizados con carboncillo, cuidadoso en evitar manchar el papel, bien dibujado el romántico y melodioso Adagio cantabile roto por una rabieta que tardó en alejarse con su madre, e interrumpido nuevamente por ruidos de la megafonía (que no se apagó tras las primeras palabras de Amy E. Gustafson, subdirectora del festival) intentando atacar rápido el Rondo: Allegro final aunque con esa ruptura en la limpieza para todos de esta conocida sonata tripartita del genio de Bonn.

Debussy volvió a centrarnos a todos, seleccionando seis preludios (de las dos docenas agrupadas en dos libros) que resultaron auténticas acuarelas, más insolentes y espontáneas que el óleo, jugando con una amplia paleta colorista: La puerta del vino cual gama de robles y uvas de este ritmo de habanera perteneciente al libro segundo, Les collines d’Anacapri más esbozadas y tranquilas del primer libro al igual que La cathedral engloutie impregnada de azules en toda su intensidad con las campanadas realmente marinas, “General Lavine” – eccentric… de postal americana y juguetona (Cakewalk), La fille aux cheveux de lin realmente dorados antes de la explosión colorista de los Feux d’artifice, armonías casi sinfónicas que cierran los veinticuatro preludios del mejor Debussy pianístico.

Tras un breve descanso, el profesor daría su clase final con los 12 estudios Op. 10 de Chopin, auténticas aguadas que no permiten errores, trabajo de todas las técnicas necesarias con la maestría del polaco, algunas más rehechas como con tinta china en los conocidos y bautizados “Tristeza” el tercero o “Revolucionario” el último, con intensidades amplias en los monócromos y tenues donde la policromía abundaba. Rejuvenecí cuarenta años rememorando mis años de estudiante de piano con estas obras cuya partitura recreaba mentalmente mientras el maestro Nosè las hacía llegar tan eternas como siempre.

La despedida tenía que ser cercana, jovial, casi con bolígrafos de colores para regalarnos tres propinas del gran Gershwin: de sus “3 Preludes” los Allegro ben ritmato e deciso primero y tercero en mi bemol, dejando entre ambos la hermosa nana o Blue Lullaby, preludio número 2 llenos de ritmo, pletóricos y juveniles como el alumnado que pudo disfrutar de Música con mayúsculas desde el rigor estilístico de todos, la honestidad en la interpretación y sobre todo el amor por el piano de Alberto Nosè que contagió a todos.

Inmejorable despedida musical de agosto, de periodo vacacional al que debo una entrada resumen en el inicio de septiembre, nuevo curso académico cuando parece que terminábamos hace pocas sonatas… digo semanas.

Cendrillon palaciego

1 comentario

Viernes 15 de agosto, 20:30 horas. 63 Festival Internacional Santander. Noches Líricas del Palacio de Hualle, Treceño. Cendrillon, opereta de salón de Pauline Viardot, basada en “Cenicienta” de Perrault. Entrada y coctel – cena: 50 €.

Dirección de escena, vídeo e iluminación: Tomás Muñoz
Dirección musical y piano: Aurelio Viribay
Reparto
Cenicienta: Soledad Cardoso (soprano)
Príncipe Encantador: José Manuel Montero (tenor)
Barón de Picorvo: Isidro Anaya (barítono)
Conde Barrigula: Pablo García-López (tenor)
Magalona: Mercedes Lario (soprano)
Armelinda: Marta Knörr (mezzo)

 

Hada madrina: Sonia de Munck (soprano)

Volvía a disfrutar de este proyecto veterano como el Cendrillon madrileño de la Fundación Juan March con un equipo similar, salvo la cenicienta y el barón, pero en un entorno privilegiado, otro marco histórico recuperado de la ruina en 1988 por el tristemente fallecido Henri Jova, y dentro del FIS junto a la Asociación Cultural Amigos de Lírica Palacio de Hualle (constituída en 2011) que preside Raymundo Viana, entre otros patrocinadores.

Si el montaje en Madrid resultó impecable por el maridaje nuevas tecnologías y economía de medios, Tomás Muñoz sacó todo el provecho y partido al propio palacio, puertas, jardines, personajes apareciendo por todas partes, lo que hizo aún más creíble este cuento musical, ópera de salón totalmente exportable cuando se cuenta con un reparto vocal de primera, todos en un momento óptimo para una temporada que en verano no se toma vacaciones, destacando las novedades respecto a Madrid:

La excelente María Cendrillon de Soledad Cardoso, cuya maternidad le ha dado redondez vocal en el grave manteniendo su hermosísimo color, afrontando nuevos papeles que darán muchas alegrías, junto a una presencia escénica ideal para este “juguete musical”, y el Picorvo de Isidro Anaya, rol difícil vocal y actoralmente que sacó a flote sin problemas, crecidos todos ante la calidad y equilibrio mostrado por el elenco montañés.

De las hermanas sin madrastra, tanto la soprano Mercedes Lario como la mezzo Marta Knörr cumplieron sin dificultad en sus intervenciones, tanto solistas como dúos y concertantes de empastes perfectos incluso en los diálogos hablados. Sigue enamorando el hada Sonia de Munck por su magisterio total recreando cada personaje que canta, sean carnosos o ligeros, contemporáneos o barrocos, convincente siempre, de nuevo con su perro Fito ideal para completar el elenco femenino.

De las voces masculinas impresionante el príncipe José Manuel Montero que “rehizo” su personaje antes de la entrada del público al recinto mientras degustábamos un Tío Pepe, un pobre de solemnidad que algunos se creyeron al igual que la cenicienta barriendo los soportales mientras nos acomodábamos en las sillas. Vocalmente continúa ganando quilates en el grave -de hecho el papel original es de barítono-, potencia en el medio y calidez en el agudo, recreando su doble papel con el humor innato. Otro tanto del tenor cordobés Pablo García-López, recién finalizada la grabación del Turandot valenciano con Mehta, voz mozartiana ideal que sigue creciendo y enriqueciendo repertorio, siendo este Barrigula un auténtico juguete al que saca todo su jugo, nunca forzado empastando felizmente con todos y gustándose en sus intervenciones solistas.

De Aurelio Viribay solo me cabe admiración desde su dominio técnico no ya del piano sino de esta obra que dibuja desde la primera intervención solística, acompañando con su habitual y reconocida maestría, pendiente de las voces incluso cuando cantan desde el primer piso, auténtico responsable musical cuya discreción siempre es digna de elogio.

Como guiños al entorno y montaje, hacer partícipe a parte del público llamado al baile bajo los arcos palaciegos antes de compartir coctel finalizando el segundo acto, en principio rompiendo la continuidad musical pero logrado hilo conductor al integrarse en la propia obra y retomar el último acto nuevamente acomodados para salir del palacio siendo despedidos por los propios artistas. También destacar la excelente acústica no ya de la piedra sino de la carpa que cubría al público, volúmenes y planos más que suficientes para el piano con tapa abierta totalmente, hermanas y padre proyectando perfectamente tanto desde los balcones del primer piso como en los soportales, y concertantes presentes todas las voces, redondeando una noche de cuento en palacio.

Ofrenda Bruggen de La Tempestad

1 comentario

Jueves 14 de agosto, 22:00 horas. 63 Festival Internacional de Santander, Ciclo “Marcos históricos”: Santillana del Mar, Claustro de la Colegiata de Santa Juliana. La Tempestad1747: “Una ofrenda musical”. Música de cámara para Federico II de Prusia. Obras de C. Ph. E. Bach y J. S. Bach. Entrada: 6 €.

Festivales de verano como forma de turismo cultural y en uno de los más asentados de España que sale de la propia capital cántabra para llegar a lugares con historia como es Santillana del Mar. La formación con sede en Murcia fundada en el año 2000, liderada por la clavecinista aragonesa Silvia Márquez y dedicada a la música antigua, acudía como cuarteto para un concierto dedicado a la memoria de Frans Bruggen, fallecido el día anterior y uno de los padres de estas músicas que nunca pasan de moda, siendo las que están captando más público joven, con colas dos horas antes para adquirir unas localidades en la propia colegiata (desconozco la imposibilidad de hacerlo en internet o cajeros) con un programa muy trabajado.

Con la Ofrenda musical en torno al rey músico de Prusia, como el recordado Bruggen, fue Guillermo Peñalver al traveso quien ejercería de monarca junto al violín de Pablo Prieto y el continuo del cello Guillermo Turina más el clave de la citada Silvia Márquez, abriendo velada nocturna con la Sonata a trío en si menor Wq. 143 (H. 567) para flauta de Carl Philipp Emanuel Bach en tres movimientos (Allegro – Adagio – Presto) bien contrastados e interpretados por el cuarteto, perfecto preámbulo y referente antes de afrontar la gran obra del concierto del padre Bach:

Una ofrenda musical“, Eine musikalische Opfer BWV 1079, densa, dura, llena de historia partiendo del tema de Federico II que el rey Bach recrearía con dos fugas a tres y seis voces (casi nada), diversos cánones y la sonata final para flauta travesera, violín y bajo continuo, “despliegue de maestría, virtuosismo y laberinto de juegos y variaciones sobre un mismo tema” como la propia profesora Silvia Márquez Chulilla escribe en el programa del concierto, no solo declaración de intentaciones para una interpretación emocionada de principio a fin sólo “rota” por las campanadas de media y completas las once de la noche además del pertinaz teléfono móvil femenino que sigue mostrando su mala educación en cualquier lugar, primero al finalizar el Ricercar a 3 inicial a cargo del clave solo, con sonoridades rotundas en el grave y delicadas en el agudo (no pude fijarme en el modelo) antes de comenzar los cánones sobre el tema regio en las distintas combinaciones instrumentales para solaz y virtuosismo de los músicos: dúos de Cancrizans para violín y chelo, cambiado por el clave en Violin in unissono, el trío con la flauta del Per motum contrarium o el lento per Augmentatione, contrario Motu del cuarteto, segunda y eterna melodía telefónica. Chelo y violín per Tonos con las campanadas de las 22:30 horas y la impresionante Fuga canonica in Epidiapente, cuarteto en estado puro para ir armando la estructura académica compositiva e interpretativa, violín clave, chelo y finalmente la flauta, sin precipitaciones, paladeando la matemática musical.

Tras semejante torbellino los “pianissimi” del Canon perpetuus super Thema Regium despojados del clave prepararon el rápido octavo número Canon perpetuus en “tutti”, arcos amplios, respiraciones ajustadas a las frases y nuevamente el clave presente siempre y protagonista en su sitio.

Aún quedaba la recta final: Quaerendo invenietis con el Canon a 2 del clave, esforzandos y amplia gama dinámica en el Canon a 4 y el Ricercar a 6 con el clave solo de Silvia plagado de musicalidad en cada voz, virtuosismo en tecla que engaña al oido cual laud con plectro por las tímbricas encontradas, antes de la Sonata Sopr’Il Sogetto Reale a Traversa, Violino e Continuo que cerraba esta ofrenda y homenajes varios, del propio Bach, de La Tempestad a Bruggen, como repartidos en cada movimiento:

Largo, Allegro, once campanadas sumándose al festín, Andante y Allegro, disfrute por y para todos, emociones que trajeron como propina el bis de uno de los cánones finalizados en do. Marcos históricos para músicas históricas desde la atemporalidad y el rigor incluso de las noches de verano.