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Cantando historias

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Jueves 8 de agosto, 20:00 horas. Verano en Oviedo 2019, Claustro del Museo Arqueológico de Asturias: María Zapata (soprano), Aurelio Viribay (piano). Obras de F. Schubert, R. Strauss, R. Hahn, F. Poulenc, X. Montsalvatge y F. Obradors.
La canción de concierto es todo un género camerístico donde voz y piano conviven, se cuentan historias con inspiradas melodías y el protagonismo se comparte con un piano exigente, mucho más que el acompañamiento, algo que los intérpretes deben trabajar conjuntamente para convencer de sus narraciones musicales.

La soprano asturiana María Zapata y el pianista vitoriano Aurelio Viribay nos contaron historias en alemán, francés y español para disfrutar de un programa bien armado y variado encandilando al público que llenó, como siempre, el claustro del antiguo Convento de San Vicente, en perfecto entendimiento y complicidad. Naturalidad en el canto y soporte vital pianístico, tres bloques de canciones bellas, emocionantes, con los textos explicados por el maestro Viribay, gran conocedor del género, y la interpretación completa de Zapata, gestualidad total, implicación en cada página, amplia gama de registros donde los agudos seguros y poderosos subrayan el dramatismo de la acción y los graves mantienen el cuerpo y el color. El piano de Aurelio digno como siempre de mención por dibujar y completar la acción con páginas bellísimas per se que añadiendo la voz de María redondearon un recital para recordar.

El bloque alemán arrancaría con el gran liederista Franz Schubert (1797-1828) y cuatro joyas con textos de Relistab, Goethe, Schubart y M. von Collin: la conocida Serenata D. 957 Ständchen cual página de salón, “Margarita en la rueca” D. 118 Gretchen am Spinnrade de belleza total, “La trucha” D. 550 Die Forelle y esa melodía tan conocida que Schubert volvería a utilizar despojada del texto siempre lleno de consejos en su quinteto, y finalmente “El enano” D. 771 Der Zwerg con el dramatismo que la soprano y el pianista nos hicieron llegar.
El perfecto complemento Richard Strauss (1864-1949), amores recordados en la tumba el día de los santos Allerseelen (texto de H. von Gilm) de emociones compartidas por unos intérpretes en perfecta conjunción, y el repaso vital antes de la muerte, Befreit (R. Dehmel), otra historia llena de guiños mutuos y expresividad máxima.

La canción francesa estaría representada por el venezolano de nacimiento pero plenamente francés Reynaldo Hahn (1875-1947) con dos perlas en estilos distintos fiel reflejo del gusto compositivo para la voz y el piano en la llamada Belle Époque parisina: À Chloris (T. de Viau) y Tyndaris (L. de Lisle), completado con el gran Francis Poulenc (1899-1963), la triste C. (L. Aragon) contando la huída rápida dejando todos los enseres al lado del puente sobre el río ante la invasión alemana, y la “cabaretera” Fêtes galantes (L. Aragon), un trabalenguas maldito de cantar, demoniaco en las teclas que el tándem Zapata-Viribay bordaron con la magia de hacer fácil lo difícil.

Nuestros españoles pueden competir en igualdad de condiciones con los anteriores, inspiraciones populares en melodías con un pianismo moderno y actual que merece estar siempre de actualidad, algo que el Maestro Viribay lleva trabajando años y en parte recogido en su publicación “La Canción de Concierto en el grupo de Los Ocho de Madrid“. Dos exponentes del genio compositivo hispano los disfrutamos con Xavier Montsalvatge (1912-2002) y sus melodías de ultramar, Punto de habanera (Nestor Luján), Canción de cuna para dormira un negrito (Ildefonso Pereda Valdés) y Canto negro (Nicolás Guillén), letras que son poemas y música para enamorar, la voz convincente de María Zapata con el piano portentoso de Aurelio Viribay.
Al catalán afincando en las Islas Canarias Fernando Obradors (1897-1945) le tengo entre mis preferidos desde mis años de pianista acompañante por la facilidad con que trata lo popular y la complejidad de un piano que realza aún más la voz. Tres ejemplos que cantados con la naturalidad de la soprano asturiana y el magisterio del vitoriano siguen siendo maravillosas partituras atemporales, Consejo (con textos de Cervantes sacados de El Quijote), la popular montañesa El molondrón con esa caja de música inicial que levanta la tapa de las esencias, más la tradicional casi diría clásica El vito donde lo popular pasa a la sala de conciertos.

Y si el recital llegaba a su fin, la propina nos llevaría a la zarzuela cubana de Gonzalo Roig, la Cecilia Valdés que sonó fresca y actual, la interpretación convincente de María Zapata con el piano orquestal de Aurelio Viribay en una tarde calurosa que las piedras del Arqueológico atemperaron resonando aires de nuestro género por excelencia al que Oviedo le sigue dedicando capitalidad con una temporada asentada tras Madrid, y formando parte casi de nuestra propia historia, esta Viena española que no descansa en verano.

Un escalón más

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Lunes 29 de julio, 19:00 horas. Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA), La Castalia: Concierto de Clausura del V Curso Internacional de Canto y Repertorio Vocal.
Aún convaleciente de mi reciente operación de hombro y escribiendo con una sola mano, siempre digo que el verano también es trabajo y me complace volver a los conciertos que La Castalia ofrece al público con sus alumnos y profesores, otro regalo tanto para Oviedo como para melómanos llegados de todas partes que dejaron pequeño el patio del RIDEA, así como la posibilidad de continuar una formación vocal que nunca termina a un plantel de voces variado y con distintas trayectorias.
Otro mes de julio donde la incansable Begoña García-Tamargo se pone al frente de un claustro de profesores para dar lo mejor de su profesionalidad y poder seguir educando nuevas voces para un ascenso en esa carrera que no tiene fin pero que podemos congratularnos a la vista de los resultados.

Manuel Burgueras (repertorio vocal), Curro Carreres (escena lírica), Yelyzaveta Tomchuk (pianista acompañante), Ana Cristina Tolívar (fonética), Mª José Collazos (análisis musical) y Mario Bueno (fisioterapia) junto a la propia Begoña García-Tamargo (dirección artística y canto) han estado trabajando sin pausa con un alumnado internacional de todas las cuerdas, colores vocales y tesituras para sacar de ellos más de lo que podamos imaginar, adaptando a cada uno repertorio, estilos así como la puesta en escena que esta vez supuso un avance de calidad a lo largo de las dos horas de concierto donde hubo canción de concierto, ópera y zarzuela organizado en dos partes sin apenas descanso, en combinaciones variadas y bien estructuradas para disfrutar no solo de la música vocal sino también de un elenco de jóvenes abarcando promesas y realidades, desde la soprano debutante Eugenia Ugarte hasta la querida y consolidada mezzo María Heres con nuevos registros caso de su Habanera de “Carmen” (Bizet) verdaderamente lograda.

Me encanta comprobar el progreso imparable de la jovencísima soprano Janeth Zúñiga, los avances de Almudena Sanz, también soprano, el trabajo incansable de Canela García, pasando por el contratenor Mikel Malda que habrá que seguir de cerca (muy aplaudido con el conocido Lascià del Rinaldo handeliano), continuando por el barítono Javier Agudo o el bajo Román García así como más “descubrimientos”: el tenor Adrián Ribeiro, una voz con cuerpo que dará muchas alegrías, la soprano Carla Sampedro, con un timbre peculiar al que le encontraron sus roles, el barítono Darío Gallego y el tenor Thomas Minaux. Mención especial para la actriz Marina Cañada que volvió a demostrar la interacción necesaria con la música en el “dúo de gatos” de Rossini con Canela García, la actuación creíble y entendible del lenguaje minino en el simpático número del cisne de Pésaro.

El avance en calidad lo puso el maestro Curro Carreres que logró de todos ellos una implicación total en cada interpretación con los pianistas, creyéndose las partituras, interpretando en todos los sentidos, desde Tosti a las romanzas y dúos de zarzuela hasta la ópera, interesantísimos casos como el aria Si la rigueur (“La Juive” de Halévy) con el bajo Román García, el dúo Heure exquise de “La viuda alegre” (Léhar) con Janet Zúñiga y Thomas Minaux más el piano de Tomchuk, e incluso Quel vecchio maledivami de Verdi con Agudo-Rigoletto y García-Sparafucile en buen empaste y actuación de ambos.

Con ligeros cambios de vestuario, salidas a escena aprovechando el espacio del Palacio del Conde de Toreno y la siempre acertada selección del repertorio, fueron saliendo las voces para disfrutar cada página, combinaciones jugando con el color y alternando con páginas en solitario. Imposible detallar cada número (el programa lo he dejado más arriba), pero quiero destacar sobremanera la escena y terceto Zu Hilfe… Stirb, Ungeheur, durch unsre Macht del primer acto de “La Flauta Mágica” (Mozart) como el exponente máximo de hacer posible recrear este parte del cuento cantado, con las tres damas de Janeth, Canela, María más las actuaciones de Adrián-Tamino al que casi desnudan y la “serpiente” Marina, con el piano orquestal de Yelyzaveta, empastes y escena exprimidos al máximo.

De nuestra zarzuela siempre hay numerosas páginas donde aprovechar las posibilidades vocales de cada cuerda, con romanzas primorosas y bellísimas, caso de “Gigantes y Cabezudos” (Fernández Caballero) con Canela García como Pilar en esa sentida Está en su carta… No sé leer con Manuel Burgueras al piano, Madrileña bonita del enorme Pablo Sorozábal (“La del manojo de rosas“) con Darío Gallego, las poco escuchadas Nocturno y romanza A verla voy de “Curro Gallardo” (Penella) con el barítono Javier AgudoBurgueras, junto a “La canción de La Lola” (Chueca y Valverde) y la romanza En la calle del Ave María interpretada por Almudena Sanz acompañada por Burgueras. Dúos emocionantes como el No llores más de “La Malquerida” (Penella) a cargo de María Heres y Javier Agudo, entregados como Cállate corazón de “Luisa Fernanda” (Moreno Torroba) con Heres-Ribeiro o el conocidísimo de Felipe y Mari Pepa (“La Revoltosa” de Chapí), perfecto broche final nuevamente con María Heres, Darío Gallego y Elyzabeta Tomchuk al piano que cosecharon las mayores ovaciones.

La despedida coral cantando Asturias patria querida puso el punto y seguido a este nuevo curso que no se detiene. Un escalón más para La Castalia y su equipo, para las voces que continúan formándose en todos los ámbitos y para Oviedo y todo el Principado de Asturias que sigue apostando por la música en todas sus facetas como verdadera seña de identidad. Mi enhorabuena para todos, profesorado y alumnado, porque la educación está desde siempre en nuestras vidas.

Despedida por todo lo alto

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Domingo 16 de junio, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”, concierto extraordinario cierre de Temporada. Juan Diego Flórez (tenor), Cécile Restier (piano). Obras de Bellini, Glinka, Donizetti, Lehár, Bizet, Gounod, Bizet y Verdi. Entrada: 58,50€ (descuento para abonados del ciclo).

Despedida por todo lo alto con Juan Diego Flórez (Lima, 1973) para un ciclo donde el tenor peruano llenó el auditorio poniéndolo en pie sin defraudar nunca, esperado concierto programado inicialmente para el 26 de mayo pasado cancelado por motivos de salud, pero que mantuvo el aforo y programa pese al apretado calendario de esta figura mundial, acompañado de una excelente pianista como  Cécile Restier (Paris, 1981) que tampoco defraudó, haciendo “olvidarnos” del habitual acompañante Vicenzo Scalera.

Obras bien elegidas con los “intermedios” de la pianista francesa en la línea habitual de estos recitales, comenzando con Bellini y tres de sus canciones de concierto aptas igual para cualquier tesitura, casi como arias, perfectas para ir calentando voz y dedos, siempre optando por tiempos adecuados a la buena dicción, Vaga luna, che inargenti, bien lenta, Vanne, o rosa fortunata, algo más ligera, y Ma rendi pur contento gustándose los dos intérpretes, especialmente el limeño.

Sin romper este inicio belcantista la pianista eligió a Mikhail Glinka y su Rondino brillante sobre un tema de Bellini de lucimiento personal claramente ejecutado para dar el descanso vocal antes del aria O di Capellio, generosi amici… È serbato a questo acciaro…L’amo tanto e m’è sì cara de “I Capuleti e i Montecchi” donde Flórez comenzó a dar lo mejor de la velada en el repertorio que domina como pocos.

No podía faltar Gaetano Donizetti, primero el poco escuchado Vals en La mayor (para piano solo) y después dos arias bien distintas: Una furtiva lagrima del Nemorino de “L’elisir d’amore”, recogido casi íntimo con un piano discreto (aunque siempre tengo que destacar lo complicadas que son las reducciones orquestales), y tras él volviendo a escena arrancando con el poderoso Edgardo de Tombe degli avi miei… Fra poco a me ricovero de “Lucia di Lamermoor” que cerró la primera parte en calidades “in crescendo” mostrando las cualidades que Arturo Reverter destaca en las notas al programa (enlazadas al inicio en obras): “exquisito, de voz clara y argéntea, de
probada técnica de emisión
” o las que destaca otro crítico como Javier Pérez Senz: “En el arte del buen cantar, Flórez es un maestro; difícil parece encontrar en la actualidad un tenor capaz de un canto más dulce y efusivo, más elegante y sabiamente fraseado“.

Con algo de escepticismo esperaba las arias de Franz Lehár porque idioma y estilo no me cuadran mucho con el color vocal de Flórez (mis referencias son 2K: KrausKaufmann) aunque no sea igual con piano que orquesta de cámara o sinfónica pero cantándolo desde hace años. Comenzaría con Dein ist mein ganzes Herz de “Das Land des Lächelns” algo plano, mejor el Gern hab’ ich die Frau’n geküsst de “Paganini” y culminando con más calidad y poderío el Freunde, das Leben ist Lebenswert de “Giuditta“, antes del Scherzo “vivace” de la Sonata en Re menor (para piano solo) y la parisina Restier luciéndose con el príncipe de la opereta.

No podía faltar ópera francesa, comenzando con una mejorable en estilo pero bien sentida y cantada La fleur que tu m’avais jetée, de “Carmen” (Georges Bizet) para proseguir con Charles Gounod pero no el Salut, demeure chaste et pure de “Faust” sino Ah lève toi, soleil de “Romeo et Juliette” que álguien del público contestó “mejor”, bien el enamorado Romeo tras el celoso Don José.
Siguiente número de piano solo retomando a Bizet con su Nocturno en Re mayor en las manos de Cécile Restier verdaderamente impecable antes del esperado Verdi con dos arias para rematar la faena demostrando que su repertorio se engrandece como el cuerpo de su voz: Oh dolore de “Attila” y La mia letizia infondere… Come poteva un angelo de “I lombardi” apasionado e incluso brillante, que volvieron a dejarme buen sabor de boca con el esperado, aclamado y mediático Juan Diego Flórez que regresaría al escenario cantando algunas de sus habituales propinas.

Guitarra en mano, público pidiendo a gritos canciones cual comanda de “trattoria”, su Perú del alma, comenzando con Chabuca Granda y el canto al gallo Camarón, seguido de un mix que dicen ahora De domingo a domingo en el día del padre en Hispanoamérica enlazado con el Cielito lindo, bromeando con todos, cercano, afable y simpático (su nombre en México es un santo al que se le apareció la Virgen de Guadalupe).
Todavía quedarían dos propinas más con Cécile Restier quien hubo de lidiar con una Granada (Agustín Lara) algo complicada de acompañar pero que Flórez paró con humor y guiños, incluyendo el giros “aflamencado” antes del agudo final, y un inesperado Calaf del “Turandot” pucciniano, el archiconocido Nessun dorma que me hizo saltar las lágrimas recordando a mi tío Paco al que enterrábamos por la mañana y hubiese disfrutado más que yo este concierto como buen melómano que me inició en este mundo único de la música.

Mejor despedida imposible.

Doña Paquita de Pasqual

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Miércoles 29 de mayo, 20:00 horas. Teatro de la Zarzuela, Madrid; retransmisión en vivo (desde los canales propios del teatro en Facebook, YouTube y Web): Doña Francisquita (música de Amadeo Vives, texto de Federico Romero y Guillermo Fernández Shaw inspirada en “La discreta enamorada” de Lope de Vega). Adaptación de Lluis Pasqual. Fotos ©TeatroDeLaZarzuela (capturas de pantalla de la emisión).

Desde sus orígenes la escena siempre ha sido objeto de visiones distintas con un mismo original. Teatro y Lírica forman parte de ello y hace años que los directores de escena y dramaturgos han querido revisar, actualizar o versionar con distinto criterio muchas obras maestras. En el caso de la ópera aún tengo mi primer recuerdo de Peter Sellars con un Cossì mozartiano ambientado en el “Despina’s caffe” o más recientemente una Bohème de Damiano Michieletto con la Netrebko, Beczala y sus amigos “yonkis”, escenografías que comenzarían a romper moldes en aquella recordada Traviata de Salzburgo con Villazón firmada por Willy Decker, sin olvidarme de los muchos Elisir solo citando DVDs que tengo en casa. De las muchas “actualizaciones” que han pasado por el Campoamor tengo buen recuerdo de unos Diálogos de Carmelitas de Carsen increíbles frente a la época de balnearios, albornoces y toallas (probablemente portuguesas) pero también el Sagi que ambientó en Llanes el archirrepresentado Elisir amén de las óperas barrocas que continúan la línea escénica en boga.

A nuestra zarzuela también ha llegado este interés por las “revisiones” con mayor o menor acierto, pues Calixto Bieito o La Fura resultan habitualmente “taquilleros” además de controvertidos por desvirtuar la acción original (como en tantas óperas), encumbrando a los directores de escena como los divos actuales, obligando a actuar en condiciones antinaturales para cualquier cantante, buscando más la visión estética que la musical, primando la belleza de cantantes más que su voz, una tiranía en la sociedad del placer. No tengo buenos recuerdos en algunos montajes finalizando con un Sobre Verde que sobraba, y en cambio la última Africana presentada por Joan Font resultaba por lo menos respetuosa desde lo actual. Hay que reconocer que los escándalos y las críticas negativas se hacen virales, ayudan a llevar más público, unos por morbo, otros para comprobar y a veces corroborar lo leído, pero los que se estrenen me preocupa se lleven una visión parcial de grandes obras musicales donde la escena sigue ocupando tres cuartas partes de las críticas.

Mi generación creció con el audio (radio, vinilos, cassettes y CD), y tras la llegada de la televisión y el vídeo (luego el LaserDisc, el DVD o el BlueRay) supuso un avance al acercarnos la otra mitad tan importante como la música: la escena. La llamada “era de internet” es la última revolución que en el acceso a la lírica en general supone “universalizar”, pero no siempre con la calidad deseada, aunque siempre con excepciones y la controversia siga vigente.

Toda esta introducción viene a cuento por la última producción del Teatro de la Zarzuela coproducida con el Liceu barcelonés y la ópera de Lausanne de Doña Francisquita y música del maestro Vives y un elenco de primeras figuras que con una excelente realización en directo (que disfruté en el televisor) y una toma de sonido impecable, hicieron llegar a todo el mundo (twitter echaba humo) esta joya de nuestro género por excelencia que llegaba con mucha polémica previa no siempre educada y perdiendo el respeto por quienes trabajan en ella, con mucho dinero invertido en vestuario, luces, atrezzo, escena y todo el personal. Si es gratis apagamos en caso de que no guste, si pagamos podemos no aplaudir, pedir la hoja de reclamaciones (porque quien paga tiene derecho a protestar), aportar opiniones razonadas siempre discutibles (el debate mantiene la mente despejada) e incluso silbar o patear al final del aria, romanza o toda la función (he vivido algunos momentos así con cantantes y últimamente más con las escenografías, lanzamiento de zapato incluido), pero nunca faltar al respeto, algo que tristemente se está dando en nuestra sociedad de la que la zarzuela o la ópera tampoco se escapan, fiel reflejo de estos tiempos, y que la zarzuela siempre criticó por ser algo vivo, irrepetible cada día.

Vuelven los tiempos de los escándalos por Jesucristo Superstar, el desnudo de Victoria Vera en Equus y los mal llamados conservadores que enarbolan la bandera de su moralidad y pensamiento único. Tendremos que recuperar aquel espíritu de libertad y de buenos modales que se han perdido.

Lluis Pasqual, como tantos otros, decide cambiar la acción original de Doña Francisquita del Madrid que arrancaba el pasado siglo, a tres momentos en cada acto (1934 grabando un disco, 1964 en aquella televisión del UHF que en la actualidad parece estar en las madrugadas o madrugando, y un ensayo general de nuestros días), teniendo que introducir al narrador que nos explique su personal visión con textos propios (genialmente interpretado por Gonzalo de Castro) y centrarnos en un argumento perdido con escenografía y bellísimo vestuario de Alejandro Andújar, aunque también hay crítica propia de estas “actualizaciones” por parte de Doña Francisca, que la asturiana Mª José Suárez bordó en cada intervención (seguro que también lleva más de cuarenta representaciones). De los tres actos el segundo me pareció el más logrado.

Las voces principales estuvieron a la altura esperada: Sabina Puértolas (Doña Francisquita) en un rol debutado sin problemas aunque le queda “hacerse con él”, e Ismael Jordi (Fernando) que está en un momento álgido de rotundidad vocal aunque sigamos recordando al irrepetible Alfredo Kraus (dedicatario de este título). Los dos lucieron en las romanzas y nos dejaron unos dúos impecables.

No se quedaron atrás Ana Ibarra (Aurora), para mí la verdadera triunfadora de la noche en una complicada partitura que defendió con calidad y belleza a “La Beltrana”, más Vicenç Esteve (Cardona), junto a un excelente Santos Ariño (Don Matías).

El cuerpo de baile lució y se lució más allá del esperado Fandango donde la incombustible Lucero Tena volvió a brillar como la figura mundial que es con las castañuelas (el público verdaderamente la aclamó), si bien no entendí que se repitiera, no era un bis, con ella sentada, dentro de esa idea de ambientar como ensayo el último acto.

El coro titular que dirige Antonio Fauró ayudó a completar una escena variada y variable (sentados todo el primer acto) pero perfectamente empastados y con los protagonismos esperados, sumando al conjunto desde su calidad habitual.

Redondearon la música la Orquesta de la Comunidad de Madrid y el titular Óliver Díaz, verdadero maestro sacando de todos lo mejor, defendiendo desde el teatro de la calle Jovellanos nuestras partituras, trabajador incansable, cuidando las dinámicas y los tempi que favorecieron el lucimiento de un elenco vocal que dignifica nuestro género, algo que siempre reclamamos para poder exportar nuestro patrimonio musical al resto del mundo.

Personalmente he visto cosas peores y he disfrutado como algunos otros, aunque esta “Doña Paquita de Pasqual” no sea la genuina “Doña Francisquita” sino más bien un homenaje (o salto en el tiempo) desde una óptica no bien explicada o entendida por muchos.

Bacanal lírica

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Sábado 27 de abril, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo. Ermonela Jaho (soprano), Benjamin Bernheim (tenor), Oviedo Filarmonía (OFil), Alain Guingal (director). Música de ópera francesa e italiana.

Crítica para La Nueva España del lunes 29 con los añadidos de links (siempre enriquecedores y a ser posibles con los mismos intérpretes en el caso de las obras), fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

Saint-Saëns y la Bacanal de Sansón y Dalila fue premonitoria de una gala lírica que llenó el auditorio con abonados, habituales del Campoamor y seguidores venidos de toda España buscando la excelencia de dos figuras mundiales de actualidad: la soprano albanesa Ermonela Jaho y el tenor francés Benjamin Bernheim, arias y dúos conocidos de la ópera francesa e italiana donde ésta triunfó sobre la primera con una Oviedo Filarmonía pletórica bajo la batuta del director Alain Guingal.

Mucha expectación por escuchar a “La Jaho” que me defraudó aunque reconozca la entrega en cada papel, su presencia, la técnica e incluso el color vocal, así como la implicación en las obras elegidas, escenificando las heroínas operísticas que todos esperábamos. Pero cuando se abusa de recursos como el vibrato desmedido, los filatos y los portamentos hacia el agudo en todos los roles, dificilísimos por otra parte, rozando una afinación no del todo limpia, perdemos intensidad dramática y credibilidad, con ese amaneramiento que termina por pasar factura global en cuanto a calidad. No pareció estar cómoda ni en la Louise de Charpentier ni en la poco interpretada aria de Thais (Massenet) donde la bellísima y popular Meditación del concertino Mijlin eclipsó a la soprano en lirismo. La Manon francesa al menos dejó detalles a los que ayudó Bernheim (al que quiero dedicarle más espacio). Y la Adriana Lecouveur de Cilea volvió a dejarme con la miel en los labios, siendo más creíble su Mimí de La Bohème que cerraría el recital. Una voz la de Ermonela Jaho de colores desiguales que gana enteros en el medio y agudo, sobre todo en los fortísimos pero perdida en cuanto reitera los giros que dejan de sorprendernos a medida que avanzaba la gala. Al público le enamoran y aplaudió a rabiar, aunque reconocerle solo la técnica es poco para una estrella que triunfa en todo el mundo con su presencia escénica.

Asombroso Benjamin Bernheim desde la primera nota de su Fausto (Gounod), potencia, gusto en su línea de canto, robustez en la emisión y amplia gama dinámica que ayudaron a convertirlo en mi triunfador de la noche. Su Werther (Massenet) del “Pourquoi me réveiller” está a la altura de los mejores tenores actuales, el francés no lo nasaliza, es su lengua materna, el sonido es redondo, claro, y con Puccini Rodolfo brilló más que Mimí, si bien el empaste de ambas voces resultó ideal, debiendo “plegarse” a la soprano en los finales donde Bernheim siempre estuvo sobrado. Me puso la piel de gallina con “Che gelida manina” y los dúos con Jaho los ganó no ya por presencia o heroísmo sino por musicalidad.

La entrega de los dos cantantes fue completa, semiescenificando las entradas, puerta lateral incluida, usando la barandilla y la escalera; Guingal no bajó volúmenes en ningún momento por esa tentación sonora siempre inevitable ante la respuesta efectiva de la OFil que se lució desde la Bacanal y aún más con la obertura verdiana de La fuerza del destino, como si quisiera presagiar que el sino de la noche sería del tenor más que de la soprano. Puccini rey de la gala desde el Intermezzo de la otra Manon, Lescaut, hasta el final del primer acto de La Bohème que cerraría programa. El público quiere escuchar lo que conoce y Oviedo sabe mucho de la ópera italiana que ama sobre todas las demás.

Las propinas mantuvieron la línea de todos: orquesta madura y segura, Guingal pisando el acelerador dinámico aprovechando la potencia de las partituras, una impecable “furtiva lagrima” del elisir donizzetiano con un Nemorino Berheim rozando la emoción máxima; “O mio babbino caro” algo descafeinado para Lauretta Jaho, acelerado y poco convincente canto a “papaíto” como creo sintió la propia albanesa, que a continuación siguió con Puccini para transformarse en la Tosca de “Vissi d’arte”, más apropiado a su voz dramática quitando algo del mal sabor de boca, para brindar finalmente como Violetta con Alfredo Berheim en La Traviata verdiana que tantos éxitos le ha dado, alzando la copa por el tenor francés que triunfó en Oviedo.

Concierto para aficionados a la ópera y seguidores de figuras con renombre, congratulándome de la gran orquesta que es ya la OFil, sobremanera en el “repertorio de foso” que se ilumina sobre el escenario.

Resurrección vocal

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Domingo 21 de abril, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de cámara: La Castalia, Concierto de clausura, curso de Repertorio Vocal. Manuel Burgueras (piano), Begoña García-Tamargo (directora artística y profesora de canto).

No hay vacaciones para la formación y La Castalia volvió a reunir jóvenes talentos que dentro de nada, como recordaba en las pasadas Jornadas Culturales del Conservatorio de Oviedo, podremos presumir de haberlos visto comenzar en el siempre difícil mundo de la lírica y además en nuestra tierra. Valores en alza a los que sigo desde sus primeros pasos y descubrimientos que habremos de seguir muy de cerca.

Quiero dar las gracias al esfuerzo no ya de estas voces sino de La Castalia con el tándem indestructible que forman Burgueras y García-Tamargo para continuar apoyando estos cursos tan necesarios para el canto, la siempre complicada tarea de encontrar el repertorio adecuado a cada alumno, distintos caracteres, cualidades, colores, valores, y este Domingo de Resurrección volvieron a dar en el clavo, incluso con los invitados y habituales colaboradores. Ligeros cambios en el programa que iré comentando a continuación.

La Escuela de Música Divertimento de Oviedo lleva décadas trabajando en la formación musical de los jóvenes y no han olvidado los coros que siguen triunfado allá donde actúan, comenzando por el coro infantil que participa en la escena ovetense, caso de la última Carmen (Bizet) y el conocido Choeur des gamins con puesta en escena y la dirección de Cristina Langa más el piano de Marcos Suárez. Maravilloso grupo afinado, simpático, profesionalidad increíble que hizo las delicias del público que casi llena la sala de cámara.

A continuación tomaron el relevo las chicas del Coro Arsis con la Habanera divina de M. Massotti Littel y el difícil Bring me Little water, Silvy “a capella” incluyendo la percusión corporal rítmicamente complicada pero solventada nuevamente con calidades indescriptibles para unas jóvenes para quienes la música forma parte de su vida, ocio y educación siempre de la mano. Bravo por ellas.

Llegó el turno solista con voces conocidas y el piano del maestro Burgueras, responsable de que todas dieran lo mejor en cada partitura, primero la soprano Almudena Sanz con tres obras donde fue ganando confianza para una voz natural que va ganando color en cada curso: la conocida canción de cuna de Brahms (Wiegenlied), la Canción de las dos noches de Antón García Abril y otro estreno del joven Ignacio Fernández, Namárië quien vuelve a regalar a La Castalia una página de bella melodía y piano bien escrita, lenta y romántica para la voz de Almudena.

Se presentaba el tenor Adrián Ribeiro que comienza el grado superior de canto, una voz que diríamos con cuerpo en busca del repertorio apropiado. Con el barroco aún le cuestan las difíciles agilidades, caso del Vittoria, vittoria de G. Carissimi, pero en cuanto gane en matices será un tenor prometedor que con Tosti demostró bravura, potencia sobrada que irá domando, afinado y homogéneo de color Malia y L’ultima canzone dieron muestras de estas cualidades.

Conocida la soprano Canela García que va asegurando la afinación y ganando en confianza y escena,  algo rígida en el Jerusalem del “Paulus” (Mendelssohn) pero con Turina y El Fantasma le vino mucho mejor por carácter y graves con cuerpo más color homogéneo, rematando con Lágrimas mías de “El anillo de hierro” (M. Marqués), excelentes y encontrando el repertorio ideal a una voz con sello propio que mejora en cada curso.

La jovencísima soprano Janeth Zúñiga nos asombró con Mozart, primero Das Veilchen y a continuación Ruhe sanf, mein joldes Leben de “Zaide“, su voz crece y la mejoría es increíble, cual flauta limpia y afinación segura para el “traidor y engañoso” Mozart, con un semblante que ayuda y una promesa segura con un repertorio que le ayuda a ampliar registros. De Kirke Mechem y su Fair Robin I Love de “Tartufo“, un vals que supuso otro acierto en la elección de repertorio redondeó una más que digna actuación.

El tenor Adrián Begega es también de los conocidos y habituales en estos cursos, con un timbre bello, de amplios matices y que se encuentra cómodo con los franceses, un repertorio bueno para su voz como demostró con las dos páginas de Fauré En Sourdine y Aurore más H. Duparc y Phidylé. Me agrada comprobar la evolución y que vaya encontrando su camino.

La mezzo María Heres es apuesta segura, impecable en cualquier obra por una voz que transmite todo lo que canta aunque el barroco parece pensado para ella y dominando idiomas. Tras comenzar con Les Berceaux de Fauré pasó al inglés Take, o take those lips away de R. Quilter para terminar su actuación con la bellísima Cantata Profana (Adagio-Lento-Allegro) “piango, gemo  sospiro” de Vivaldi en el arreglo que Félix Lavilla dedicase a Victoria de los Ángeles, buenos espejos donde mirarse tanto la cantante asturiana como el pianismo del maestro Burgueras, un dúo de altura para este concierto.

Solo uno de los dúos previstos de Le Nozze di Figaro (Mozart) con el compositor Ignacio Fernández al piano: el recitativo Tutto ancor non ho perso y el “duettino” Via resti servita, madama brillante a cargo de Almudena Sanz como Sussana y Canela García Marcellina, dos sopranos diferentes que empastan bien además de empatizar pese a afinación mejorable en la primera, pero bien elegido para ambas aumentando repertorio operístico en el siempre “traicionero Mozart” que vocalmente resulta ideal en estos años iniciales.

El trío formado por Gabriel Ordás (violín), Jorge Diego Fernández (viola) y Santiago Ruiz de la Peña (violonchelo) pusieron el broche de oro con el Trío para cuerdas de Jean Françaix, cuatro movimientos de encajes complicados con los que demostraron el buen trabajo y tiempo dedicado a formar un “ente único” como es el trío, la música de cámara que tanto ayuda en la captación de formaciones y públicos para una partitura exigente que interpretaron con madurez, buen sonido, entendimiento entre ellos y “chapeau” por ellos. Un buen Domingo de Resurrección musical gracias a La Castalia.

El Cairo está en Bilbao

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Sábado 6 de abril, 19:30 horas. Teatro Arriaga, Bilbao: Luna de Miel en El Cairo (José Muñoz / Francisco Alonso, versión libre de Emilio Sagi). Fotos de la web salvo las indicadas y el programa de mano escaneado.

La revista (opereta arrevistada si lo prefieren) asociada a la zarzuela y a muchos de sus autores está volviendo a la escena actual, y la escapada bilbaína distaría de la reciente ovetense por muchas razones: una puesta en escena luminosa (de Daniel Bianco), sencilla  con detalles como el muro de globos azules, pero sacándole mucho rendimiento, un vestuario colorido de buen acabado y corte (Jesús Ruiz), la iluminación (Eduardo Bravo) subrayando la dramaturgia, un magnífico cuerpo de baile (coreografiado por Nuria Castejón), unas voces equilibradas tanto en los solistas como el coro (las ocho mujeres del Coro Rossini que dirige Carlos Imaz) bien empastadas, unos actores de largo recorrido, una orquesta de calidad en el foso (la BOS con saxos y piano de primera), y todo ello bajo la mano maestra de Miquel Ortega que conoce y mima la música del maestro Alonso, atento a los cantantes aunque se encuentren al fondo del escenario, disfrutando de la partitura llena de ritmos de la postguerra, contagiando alegría, ayudando y haciéndonos copartícipes a todos, con un público que llenó y disfrutó la tarde de sábado que personalmente finalizaríamos tomando el tranvía (en el estreno sería el Metro que muchos asistentes perdieron por las repeticiones tras el éxito alcanzado) hasta Indautxu como buenos “aldeanos” y sentarnos alrededor de una buena mesa entre amigos como corresponde a mis visitas vizcaínas.

Evidentemente no quería perderme esta producción del Teatro de La Zarzuela y el INAEM que el Arriaga programó en cuatro funciones con voces conocidas y queridas por el que suscribe como los asturianos David Menéndez y Beatriz Díaz, el “adoptado” José Manuel Díaz, la granaína Mariola Cantarero, todas ellas bien encajadas en sus roles, sin olvidarme de Enrique Viana haciendo de él mismo como no podía ser de otra forma, Itxaro Mentxaca acertadísima de principio a fin, más una cuadrilla de cómicos como Mitxel Santamarina ágil y “engordado”, Iñaki Maruri y Alberto Núñez que dieron réplicas de guiño local que el ovetense Sagi conoce como nadie para redondear esta “Luna de Miel en Limburgo”.

Dos actos sin pausa ambientados en su época (1943), argumento bien hilvanado de los ensayos preparando la opereta que da título (en vez del transatlántico original) y el ensayo general (en el mismo teatro, no en Alejandría ni el Nilo), ágil acción con todo lo que se espera de ella: diálogos chispeantes y enredos amorosos, música en escena con piano real y delicada transición al foso, juegos de escaleras y unas melodías pegadizas que muchos asociamos al cine y la televisión porque crecimos con ellas: Tomar la vida en serio es una tontería y esta broma musical rebosa alegría (hubiera sido genial bisarla), el buen gusto impera sobre el escenario del coliseo de la ría y la calidad del elenco ayuda a redondear esta obra del prolífico maestro granaíno.

De los cantantes protagonistas David Menéndez (Eduardo) mantiene un nivel de excelencia y elegancia de principio a fin, poderío vocal y escénico en el papel de compositor, junto a Beatriz Díaz (Martha) capaz de amplios matices y derrochando simpatía, luchando con un registro grave casi imposible en estas partituras pero solventado sobrada su princesa en los agudos y medios desde su línea de canto limpia llena de matices. Itxaro Mentxaca dio el toque de veteranía real e imaginaria (Doña Basilisa, costurera y antigua tiple) especialmente con el tapate tapatío en compañía de “las Rossini”. Cantarero (Mirna) y Viana (Rufi) pusieron el histrionismo necesario de sus papeles, jugando con el santoral, la geografía y hasta las debilidades carnales. Sumemos lo comentado del conjunto con el Maestro Ortega al frente, y tendremos una revista de siempre por la que no pasa el tiempo dándole la mínima actualización a textos y situación con todo el respeto a la música por parte de todos los intérpretes.

Como sugerencia estaría bien representarla en Oviedo en el próximo Festival Lírico con este mismo reparto y director musical, el público carbayón seguro respondería feliz a esta revista, opereta, zarzuela… espectáculo musical a fin de cuentas.

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