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Barbieri siempre único

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Jueves 27 de febrero, 20:00 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: XXVII Festival Lírico Español. El barberillo de Lavapiés (Francisco Asenjo Barbieri, libreto de Luis Mariano de Larra), dirección de escenas y adaptación del texto de Alfredo Sanzol; edición crítica de Mª Encina Cortizo y Ramón Sobrino, producción del Teatro de la Zarzuela de Madrid.

Nueva temporada de zarzuela en Oviedo, y van veintisiete años ininterrumpidos en “La Viena Española”, segunda temporada estable tras la madrileña, con una grande de nuestro género por excelencia para abrir boca en un festival esperanzador, contando para el irrepetible Barbieri con un elenco de altura ideal para cantar la historia de amor entre Lamparilla y Paloma con la puesta en escena y adaptación de Alfredo Sanzol más la dirección musical de Miquel Ortega al frente de la Oviedo Filarmonía junto a la Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo”, titulares del festival ovetense.

Buena entrada en el Campoamor y un “Barberillo” redondo por lo homogéneo, atinado, actual, sobrio y musicalmente impecable. El Maestro Ortega sabe cómo sacar partido a cada número, siempre mimando las voces, dándoles confianza, también al coro, más una orquesta cada vez mejor que en el foso se crece cuando la batuta manda.

Confianza a “la Capilla” ya en su primera entrada con Dicen que en El Pardo, Madre, y la primera aparición de un Lamparilla Quiza en pleno estado físico, actoral y vocal, verdadero triunfador de la noche, torrente de voz rotunda para un rol de muchos recovecos, derroche total de agilidades, empaste con sus compañeros excelente y la seguridad de tener a la orquesta con el volumen perfecto para su triunfo de inicio a final, Lamparilla de referencia hoy en día.

De la Paloma Faus podríamos decir lo mismo, llenando escena, cantando con ese gusto especial que engrandece cada personaje, y como su pareja escénica, una maravilla comprobar que los textos, íntegros, se proyectan con el mismo color que las partes musicales. Convincente y entregada, Como nací en la calle de la Paloma de empaque y fuerza, el dúo Una mujer que quiere ver a un barbero emocionante y convincente, la pareja del pueblo que nos enamoró, mezzo y barítono naturales, cercanos, cómplices y auténticos, lo más aplaudido no solo por la empatía con el pueblo sino por su comunicación total.

La pareja noble, soprano y tenor, encarnada por la Marquesa Miró y Don Luis Tomé, contrarrestaron al pueblo pero mantuvieron la misma cercanía y empaque, su dúo En una casa solariega y especial mención tanto al dúo de las majas encajado por soprano y mezzo a la perfección, y el cuarteto con el que cierra el segundo acto, dobles parejas bien empastadas y convincentes, con movimiento escénico que no les impidió proyectar sus voces sin problema, así como en el cuarteto de las caleseras del tercer acto.
Celebrar este elenco vocal protagonista que brilló a gran altura para mantener la calidad de toda la representación. También los papeles “menores” que redondearon un plantel perfecto para Barbieri, capaz de aunar lo popular y castizo con la ópera italiana del momento, escribiendo números variados y siempre exigentes para todos y cada uno de ellos, música de primera que requiere un equilibrio total presente en este “Barberillo de Oviedo”.

La Capilla Polifónica que dirige Pablo Moras entró con confianza en el Dicen que en El Pardo… tras el preludio inicial (silencioso con los “zancudos” y arranque orquestal), y así se mantuvo a lo largo de esta zarzuela grande, afinados, seguros, por grupos y en conjunto, tanto las voces graves, incluyendo la guardia, como las blancas que nos deleitaron vocal y escénicamente en el hermosísimo coro de las costureras.

Su colaboración a una escena sobria con mucho movimiento es habitual y sinónimo de seguridad y continuidad para una labor que no siempre parece recompensada aunque el público sí lo agradeció, recompensando con una larga ovación final.

Tanto la rondalla langreana (dirigida por mi querida Seila González) en la Jota de los Estudiantes, como el cuerpo de baile (excelentemente coreografiado por Antonio Ruz) completaron una brillante escena musical reforzada por una escenografía y vestuario sobrios de Sanzol y Andújar, bloques móviles capaces de ambientar calles, palacios o plazas con su juego e iluminación, más los tonos cálidos de un vestuario variado de época (bien los tunos con sotana, fajín rojo y bicornio) diferenciando sin exagerar a pueblo y nobleza, que no necesitan más para hacernos creer una argumento tan actual en sus diálogos que puede resultar visionario aunque así seamos los españoles pese al cambio de época.
La Oviedo Filarmonía siempre impecable, clara, prudente y presente gracias a esta magia que tiene Miquel Ortega, verdadero maestro que siempre deja el listón muy alto, eligiendo los tempi precisos para poder escucharlo todo y dejar fluir la música, unos preludios sinfónicos y un balance entre las secciones siempre acertado, dominador de la obra y transmitiendo esa seguridad necesaria a todos en el escenario. Quienes acudan este sábado a la segunda y última representación podrán comprobar la grandeza de Barbieri cuando se suman tanta calidad musical y artística.

Lamparilla . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Borja Quiza
Paloma . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  Cristina Faus
Marquesita del Bierzo . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  María Miró
Don Luis de Haro . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  Javier Tomé
Don Juan de Peralta . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  David Sánchez
Don Pedro de Monforte. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Abel García
Rondalla Orquesta Langreana de Plectro, Seila González (dirección)

Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo”, Pablo Moras (director)
Oviedo Filarmonía
Dirección Musical. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Miquel Ortega Pujol

Acento y talento asturiano

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Miércoles 26 de febrero, 20:15 horas. Sociedad Filarmónica Avilesina, Auditorio de la Casa Municipal de Cultura, Avilés: “Con acento asturiano“, Beatriz Díaz (soprano), Luis Vázquez del Fresno (piano). Obras de Luis Vázquez del Fresno (Gijón, 1948).

Es siempre un placer escuchar al maestro Vázquez del Fresno interpretar obras suyas, al que admiro desde mis tiempos de estudiante en Mieres donde visitaba la extinta Filarmónica local, y donde pude disfrutar del gran repertorio como de sus propias composiciones en unos años 70 inolvidables. Comenzar con Yerba, op. 12 (1977) para piano solo me remontó a los orígenes, la fusión e inspiración de nuestro folklore como en tantos grandes compositores de la historia. Ideada para Eladio de la Concha, presidente que fuera de la hermana Sociedad Filarmónica de Gijón, aparecen temas populares asturianos a partir del tema original “Orbayu”.

Nuestro rico folclore va desgranándose con canciones reconocibles por todos que se elevan a la categoría de concierto: Dime paxarín…, Romería de San Andrés, La moza que a mí me quiera, Orbayu, Soy de Pravia, Soy de Mieres, Caminito de Avilés, La mió neña y esa vuelta al Orbayu, música cantábrica cual Mompou mediterráneo por ese acento francés que tanto pesa en Vázquez del Fresno, los enlaces entre los temas populares que les dota de esa unidad sin perder la esencia, recuerdos e inspiración de otros grandes asturianos (Torner, Saturino o Manuel del Fresno) que partiendo de lo tradicional lo recrean y elevan a atemporal.

Cantarinos pa que suañes utiliza los textos escritos por el allerano residente en Gijón José Mª González FernándezChemág, publicados por el Conseyu Rexonal d’Asturies en 1979 y reeditados en 1998 por Editora del Norte, el mismo año en que fueron grabados por el propio compositor al piano y la voz de la mierense Tina Gutiérrez, trece canciones que Beatriz Díaz interpreta como nadie por cercanía a la obra completa (letra y música) engrandeciendo la música asturiana digna de figurar en la historiad de nuestra “Lírica” que nada tiene que envidiar al Lied alemán o la Chanson francesa que tan bien conoce tanto el gijonés Vázquez del Fresno como la propia soprano allerana, que ya nos dejase una pequeña muestra hace ocho años, ahora en este tándem que hace única esta obra al completo con el compositor al piano, esperando lo lleven al disco para conservar un patrimonio de todos.

Y es que la voz de nuestra soprano es única para aunar la música del pianista y compositor, aunar la tonada asturiana y la canción de concierto desde el conocimiento, el buen gusto, el color que sigue único pero con más cuerpo en el grave, la musicalidad de unas partituras que respetan el texto y Beatriz Díaz representa, enamora, convence. Alguien del público decía que sabían a poco, tal era la entrega en cada estampa.

Agrupadas en tres bloques de cuatro, cuatro y cinco sumando el trece mágico, comenzaba esta joya con Cantarinos pa que suañes que titula el ciclo y ya nos guiaba por un discurrir único, la voz protagonista y el piano arropando siempre con unas armonías y modulaciones que elevaban los versos (de los que se nos entregó una copia bilingüe para poder seguirlas con verdadero deleite). La mió mamina, La cadenina y Al son d’una gaita vengo cerrarían esta primera entrega con melodías que parecen nuestras por giros, referencias al folklore y siempre la vocalidad presente y una vestimenta ilustrada al piano en un discurrir natural por parte de ambos intérpretes.

Jugando con los giros “ad libitum” típicos de la tonada donde el piano se convierte en “gaita de tecla”, enlazando con momentos líricos dignos de Fauré, el segundo bloque con una acústica asistida en esta sala avilesina que permite saborear cada fin de canción: La xaronca namorá, la exigente Les abeyines con unos sobreagudos en pianístico que solamente “la Díaz” es capaz de cantar, delicadez una en Los carros de la mió aldega, fraseada en este asturiano nada artificioso que se mantiene fresco sin academicismos, para “concluir” con otra bellísima La ñube, canción íntima con la atmósfera asturiana, cantábrica y vestida de mediterráneo con unos pianísimos que ponen la carne de gallina.

Tercer y último bloque con inspiraciones directas, un Villancicu rítmico de recuerdos a “xiringüelu” de salón, la nana Añada d’una caparina de aire moderadamente lento dibujando el tema popular que en el piano reviste de ópera al evocarme la Liu pucciniana por modulaciones y sentimiento antes de La mollinera allegre, canto asturiano elevado a internacional, juegos modales de dificultades máximas para la voz aunque siempre mimada en escritura, acompañamiento e interpretación que el dúo Vázquez-Díaz sublimaban según se acercaba el final. El ambiente impresionista tan del gusto del compositor se percibiría en El xuguete en un juego de tensiones entre la fuerza y la caricia, el soldadito y el caballo de cartón rotos como el sentimiento en la pérdida del amigo emigrante, maravillosa dramatización de la soprano y convincente complemento pianístico con una escritura que va subiendo de tono en todos los sentidos para concluir con el Marineru de tierra y montaña, mina y mar que tanto ha inspirado a los músicos, rememoranzas de “Al pasar por el puertu” o “La mió neña“,  lágrimas vocales que emocionan, el piano gijonés y la voz allerana, para un broche de oro a estos “Cantarinos” donde el diminutivo es cariñoso y la música superlativa.

No podían faltar los regalos y más con Beatriz Díaz que prosigue su carrera operística, dos arias de quitar la respiración para un público entregado: Cilea y Io son l’umile ancella (“Adriana Lecouvreur”) rotundamente íntimo y cantado con total entrega, más el Puccini para el que la de Bóo está dotada como ninguna, ese Oh! mio babbino caro (“Gianni Schicchi”) siempre único y emocionante con Vázquez del Fresno mimando a la soprano en toda la velada. Un placer que se repetirá en la Filarmónica Gijonesa en mayo, sociedades centenarias que tanto han ayudado y siguen luchando por promover la música e intérpretes de la tierra, como esta pareja de asturianos que suma generaciones y talento.

Trabajando con talento

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Un nuevo curso de La Castalia que celebrará su mayoría de edad, 18 años de andadura tras recuperar la más antigua sociedad lírica ovetense que se remonta a 1875 con músicos de la talla de Víctor Saenz, Anselmo González del Valle o el mierense Teodoro Cuesta, flautista y director de la Banda del Real Hospicio además de poeta, en los albores de nuestra tradición musical decimonónica que plantó la semilla para una afición que lleva consolidada en la capital asturiana desde entonces y a la que llamo “La Viena española” por la amplia oferta musical (de hecho hoy había otro concierto de la Orquesta Universitaria de Oviedo en la Sala de Cámara del Auditorio estrenando una obra de Pablo Moras).

Con la asistencia del Presidente del Principado Adrián Barbón y la teniente de alcalde de Oviedo Mª Concepción Suárez, así como el presidente del RIDEA, Ramón Rodríguez o el Presidente de la Ópera de OviedoJuan Carlos Rodríguez-Ovejero, entre otras personalidades, lo que es de agradecer por lo que supone de visibilidad de los responsables políticos en estos actos, esperando un apoyo que Begoña García-Tamargo se encargó de recordar al inicio del concierto, volvíamos e escuchar muchas de las voces del último concierto, con la indisposición por afección gripal de Canela García, pero manteniendo un programa donde seguir comprobando el trabajo de estas voces y su evolución en tan poco tiempo.

Destacar el “debut” con La Castalia de Cristina Galán que abriría velada con una canción española de Guridi (No quiero tus avellanas) y el aria J’ai perdu mon serviteur de “Le devin du village” (J. J. Rousseau), más el piano del maestro Burgueras, siempre atento a estos jóvenes talentos.

Adrián Ribeiro volvió a demostrar poderío vocal y buen gusto, bien el Obradors de Corazón ¿por qué pasáis? con un piano igualmente protagonista, pero especialmente destacable en Musica proibita (S. Gastaldón) más el dúo final fuera de programa.

El candasín Mikel Malda progresa a pasos agigantados en su tesitura de contratenor, con dos arias muy apropiadas a su registro que gana cuerpo en el grave manteniendo un color propio, Thy hand, Belinda de “Dido y Eneas” (Purcell) y el conocido Largo (Ombra mai fu) de “Serse” (Händel), sin eludir el recitativo bien interpretado.

Importantísimo el trabajo fonético en todas las obras, donde se escuchó inglés, alemán, francés y español con una dicción perfecta siempre al servicio del canto.

No faltaría un “intermedio” con el instrumento más cercano a la voz, el cello de Santiago Ruiz de la Peña (que debutó recientemente en los atriles de la OFil) y el piano virtuoso de Sergey Bezrodny en el Allegro Moderato de la Sonata “Arpeggione” (Schubert).

Plenamente consolidada la soprano Janeth Zúñiga que amplía repertorio, registro e idiomas, desde un alemán Brahms sentido, siguiendo con la virtuosa francesa Les filles de Cadix (Delibes) para cerrar con zarzuela española, “La Generala” (Vives), casi escenificada Canción del Arlequín que nada tiene que envidiar a la opereta francesa, explorando no solo la línea de canto sino la dramatúrgica.

Un escalón más en su permanente esfuerzo y estudio para mi querida mezzo María Heres, años de trabajo pese a su juventud, abordando repertorio romántico francés tanto en su Fauré íntimo de Tristesse como el aria Mon coeurs s’ouvre à la voix del “Sansón y Dalila” (Saint-Saëns), interpretación en el amplio sentido de la palabra, pasión y entrega vocal más una Dalila verdaderamente creíble, el chorro de voz controlado para utilizarlo como recurso dramático en el momento preciso, manteniendo afinación y musicalidad digna de elogio.

Volvería con Adrián Ribeiro, fuera de programa, para el dúo de “Luisa Fernanda” (Moreno Torroba) y Javier, el famoso Cállate corazón escenificado con el agua cayendo por uno de los canalones pero haciéndonos pensar en una fuente con pájaros, estas dos voces empastadas en feliz entendimiento más la complicidad siempre única del maestro Manuel.

Larga vida a La Castalia y salud para continuar esta ímproba tarea de apostar por lo nuestro, esperando un apoyo necesario para mantener parte de la historia lírica asturiana.

El Rey Camarena

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Martes 28 de enero, 20:00 horas. Oviedo, Los Conciertos del Auditorio: Javier Camarena (tenor), Ángel Rodríguez (piano). Obras de Gounod, Lalo, Donizetti, Rossini, Flotow y Cilea.

Crítica para La Nueva España del jueves 30 con los añadidos de links (siempre enriquecedores y a ser posibles con los mismos intérpretes en el caso de las obras), fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

Javier Camarena sigue siendo “El Rey” como bien cantaba en la cuarta y última propina jaleado por un auditorio hasta la bandera que le sigue coronando como el mejor tenor actual. Con su habitual pianista cubano Ángel Rodríguez compartió un triunfo sonado ante el derroche artístico mostrado por ambos, la voz que gana cuerpo y asombra con sus “filados” (parece tener tres pulmones bromeaba un aficionado) y las diabólicas reducciones orquestales para el piano donde no faltaba ninguna nota ni matiz. Si en el recordado concierto de noviembre 2017 asombró, en este enero 2020 maravilló y cautivó antes de cantar, haciendo su presentación con ese semblante siempre risueño, afable y cercano que solo los grandes poseen, totalmente alejados del divismo.

El recital se organizó con una primera parte en la lengua de Víctor Hugo y la segunda en italiano, arias conocidas y otras menos transitadas de óperas puede que menores pero bien elegidas sus arias para lucimiento del xalapeño que en esta gira española de parada obligada en “La Viena del Norte”, tiene todas las entradas vendidas con antelación.

El “Fausto” de Gounod fue el primer “brindis” con Salut! Demeure chaste et pure antes de la poco escuchada Vainament, ma bien áimée de la ópera de LaloLe roi d’Ys” de alegre estribillo y estrofas delicadas, un aperitivo que de por sí resulta agradecido además de difícil.

El Donizetti de Camarena sigue siendo único, tanto en el aria de “Don Sebastián Rey de Portugal”, que como ópera puede no ser destacable pero en esta página recuerda todos los protagonistas que el tenor mexicano atesora en su repertorio, y donde el francés natural lo emite sin nasalizar en absoluto, con un total dominio técnico, proyección exquisita y limpieza total, matizado con tal riqueza que da gusto escucharle. Evidentemente no podía faltar su aria fetiche y casi “record Guinness” por las veces que lo ha bisado, “La hija del Regimiento” con la famosa aria A mis amigos, reales entre el público con el elenco de la Lucía del Campoamor entre ellos y “los nueve do” que resultaron once ante el derroche vocal del final a cargo del Rey Javier I de México y el príncipe “consorte” del piano dando el ropaje y entendimiento total en cada nota.

En italiano otra rareza de Donizetti y su ópera “Betly” (1836), el aria E fia ver, tu mia sarai…, sello inconfundible en su escritura, dominio absoluto en el canto y acompañamiento increíble, Camarena en estado puro cuyo Rossini inicial de “Ricciardo e Zoraide” resultó una lección de “canto bello” en una de las primeras óperas del Cisne de Pésaro, llena de los giros siguientes en sus arias de tenor como esta S’ella mè ognor fidele…, agilidades vertiginosas bien resueltas con la aparente facilidad del canto y piano venidos desde México.

El sentimiento en estado puro, la emoción de los “pianissimi” capaces de alcanzar el silencio respetuoso de un público entregado llegaría con dos arias donde el espíritu de Alfredo Kraus “El Tenor” pareció imbuir al xalapeño de timbre único, poderosamente delicado y entregado en las últimas del recital, M’appari…  (Von Flotow) de la poco representada “Martha” y El Lamento de Federico de “La arlesiana de Cilea“, joyas para tenor que Camarena bordó además de emocionar, rindiendo a un público que ha creado hasta un Club de Fans en “Facebook”.

Las propinas fueron casi una tercera parte para delirio de todos. Nuestra zarzuela a nivel estratosférico con Camarena y Rodríguez: “Los Gavilanes” de Guerrero con la romanza Flor roja, de poner la piel de gallina y cortar el aire, más No puede ser de “La Tabernera del Puerto” (Sorozábal), poderosamente íntima antes del fin de fiesta mexicano con aires de mariachi: el famoso huapango de la “Malagueña salerosa” nacionalizada asturiana (qué pena los arranques de aplausos) con un piano primoroso, derroche de agudos para pone en pie a todo el auditorio antes de acabar con la ranchera más conocida de José Alfredo Jiménez y coreada por el auditorio, porque Camarena sigue siendo “El Rey”.

Juventud, talento y mucho trabajo

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Lunes 9 de diciembre, 19:00 horas. Oviedo, Sala de cámara del Auditorio Príncipe Felipe, La Castalia: Concierto de Clausura del XVIII Curso “La voz en la música de cámara”. Profesorado: Begoña García-Tamargo (canto), Manuel Burgueras (música de cámara vocal), Ana Cristina Tolivar Alas (fonética aplicada al canto).

No me cansaré de escribir sobre el talento de nuestra juventud y la apuesta desde hace dieciocho cursos de la asociación cultural “La Castalia” que preside Santiago Ruiz de la Peña por formar voces y programar obras de estreno. Una de las “joyas de la corona” es Gabriel Ordás (1999) que volvía a estrenar una ópera de cámara para ellos, “Terceto de desamor” con libreto de María Abella (1999) también de la tierra, jóvenes sobradamente preparados que no dejan de trabajar desde un silencio que no debemos mantener. Este concierto que llenó la sala de cámara, también nos dejó dos estrenos ovetenses del gallego Juan Durán (1960) y del madrileño Víctor Carbajo (1970) con dos partituras bien defendidas por unas voces conocidas, nuevas otras pero con mucha carrera por delante, talentos a los que voy viendo progresar, avanzar en cada curso, siempre con la maestría del maestro Burgueras que acierta en la elección del mejor repertorio donde la canción de concierto gana terreno a las siempre necesarias arietas, permitiéndonos disfrutar con su buen hacer en el piano, especialmente en estas obras donde el piano dialoga con la voz.

La directora artística de los cursos tomó la palabra para presentar esta nueva edición y rendir homenaje a la Fundación Musical Ciudad de Oviedo que sigue poniendo a Oviedo como capital musical del norte de España, “La Viena del Norte” que yo digo, glosando las temporadas donde está inmersa con la Banda de Música y por supuesto la Oviedo Filarmonía, cuya gerente María Riera también agradeció la placa conmemorativa (en compañía del presidente de la Fundación Francisco Álvarez Buylla) y puso los puntos sobre las “íes” en cuanto a cómo la política no siempre entiende de la rentabilidad que supone apostar por una seña de identidad de la capital asturiana además de generadora de puestos de trabajo y riqueza para la ciudad.

María Heres (mezzo), Janeth Zúñiga (soprano) y Adrián Ribeiro (tenor) con el piano de Yelyzaveta Tomchuk pusieron en escena una ópera vivaz, entretenida, actual pero siempre cercana, respetando un texto de nuestros días donde hay recitativos, “parlatos” y muchas melodías solas, a dúo y por supuesto a trío, complicidad vocal, sabiamente escrita tanto para un piano luminoso, rítmico, valiente, como para cada tesitura, compuesta como comentaba tras el concierto con el maestro Burgueras “a la vieja usanza”, pensando en los intérpretes, tesituras, color y personajes a medida que nos dejaron otro estreno del prolífico Gabriel Ordás, jóvenes que empastaron, se entregaron y demostraron la valía que atesoran en sus carreras: Heres poderosa y convincente en cada aparición, Ribeiro ganando enteros en unos agudos seguros sin perder compostura, Zúñiga avanzando a pasos agigantados desde su primera vez en el RIDEA que todavía recuerdo. Bravo por todos pues estrenar requiere un trabajo añadido en el estudio y defender los roles como todos lo hicieron es solo parte de una carrera de fondo que ya han comenzado.

Con los ligeros cambios en el programa que he añadido a bolígrafo al programa escaneado, y sin entrar muy en detalle, nuevo escalón del contratenor Mikel Malda que empastó a la perfección en Sound the trumpet (Purcell) con Almudena Sanz (soprano), igualmente ganando enteros en su formación, que nos dejó un Granados (Amor y odio) bien sentido y cantado.

Al tenor Thomas Minaux le descubrí el pasado mes de julio y sigue en clara trayectoria ascendente, con dos Schumann (Ich denke dein y Schön ist das Test des Lenzes) a dúo con Canela García (soprano) más que convincentes, de dicción muy correcta de dos voces empastadas a la perfección con el magisterio pianístico de Manuel Burgueras, lieder en estado puro acertando con los intérpretes. Sigo a la soprano gallega desde hace años y su progreso es imparable, trabajadora y ganando en expresividad además de graves, con La niña de Guatemala (Carbajo) entre lo mejor de la velada en una partitura bellísima de escritura y entendida a la perfección, al igual que Träume de los “Wesendoncklieder” (Wagner) verdaderamente bien interpretados.

Otro talento joven es el barítono Javier Agudo, que ya me impactase en el verano, color de voz imponente, tesitura amplia de graves claros, medios bien proyectados y agudos aterciopelados que no solo nos deleitó con una canción finlandesa de Sibelius sino en el dúo Länliches Lied (Schumann) con la soprano gallega Beatriz Vázquez. Ésta debutaba en la capital estrenándonos en Oviedo Tecín soia (Juan Durán con textos de Rosalía de Castro) y recreando Nuit dètoiles (Debussy), el impresionismo que también transitó como Pierrot Janeth Zúñiga con la magia del piano vistiendo unas melodías claras y bien dichas.

También repiten en plaza las sopranos Hanna Rubio y Eugenia Ugarte que cantaron Vo cercando fra le ombre (Emanuele Barone d’Astorga) y Quando lo stral spezzai (G. Paisiello), colores y timbres muy iguales que permitieron un empaste y entendimiento entre ellas perfecto para dos páginas que no deben faltar en la formación vocal, bien elegidas para este concierto.

El broche final de nuevo a tres más el piano de Manuel, con Janeth, Canela y María Heres en Matinée dété (Massenet), musicalidad, talento, complicidades, trío de damas y ropaje maestro, tras el Debussy previo y los agradecimientos finales.

El premio fue la prolongada ovación, merecidos aplausos y un éxito más para todos en un lunes festivo donde la música en Oviedo sigue siendo su seña de identidad y sirvió de pistoletazo a las fiestas navideñas.

Cantando historias

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Jueves 8 de agosto, 20:00 horas. Verano en Oviedo 2019, Claustro del Museo Arqueológico de Asturias: María Zapata (soprano), Aurelio Viribay (piano). Obras de F. Schubert, R. Strauss, R. Hahn, F. Poulenc, X. Montsalvatge y F. Obradors.
La canción de concierto es todo un género camerístico donde voz y piano conviven, se cuentan historias con inspiradas melodías y el protagonismo se comparte con un piano exigente, mucho más que el acompañamiento, algo que los intérpretes deben trabajar conjuntamente para convencer de sus narraciones musicales.

La soprano asturiana María Zapata y el pianista vitoriano Aurelio Viribay nos contaron historias en alemán, francés y español para disfrutar de un programa bien armado y variado encandilando al público que llenó, como siempre, el claustro del antiguo Convento de San Vicente, en perfecto entendimiento y complicidad. Naturalidad en el canto y soporte vital pianístico, tres bloques de canciones bellas, emocionantes, con los textos explicados por el maestro Viribay, gran conocedor del género, y la interpretación completa de Zapata, gestualidad total, implicación en cada página, amplia gama de registros donde los agudos seguros y poderosos subrayan el dramatismo de la acción y los graves mantienen el cuerpo y el color. El piano de Aurelio digno como siempre de mención por dibujar y completar la acción con páginas bellísimas per se que añadiendo la voz de María redondearon un recital para recordar.

El bloque alemán arrancaría con el gran liederista Franz Schubert (1797-1828) y cuatro joyas con textos de Relistab, Goethe, Schubart y M. von Collin: la conocida Serenata D. 957 Ständchen cual página de salón, “Margarita en la rueca” D. 118 Gretchen am Spinnrade de belleza total, “La trucha” D. 550 Die Forelle y esa melodía tan conocida que Schubert volvería a utilizar despojada del texto siempre lleno de consejos en su quinteto, y finalmente “El enano” D. 771 Der Zwerg con el dramatismo que la soprano y el pianista nos hicieron llegar.
El perfecto complemento Richard Strauss (1864-1949), amores recordados en la tumba el día de los santos Allerseelen (texto de H. von Gilm) de emociones compartidas por unos intérpretes en perfecta conjunción, y el repaso vital antes de la muerte, Befreit (R. Dehmel), otra historia llena de guiños mutuos y expresividad máxima.

La canción francesa estaría representada por el venezolano de nacimiento pero plenamente francés Reynaldo Hahn (1875-1947) con dos perlas en estilos distintos fiel reflejo del gusto compositivo para la voz y el piano en la llamada Belle Époque parisina: À Chloris (T. de Viau) y Tyndaris (L. de Lisle), completado con el gran Francis Poulenc (1899-1963), la triste C. (L. Aragon) contando la huída rápida dejando todos los enseres al lado del puente sobre el río ante la invasión alemana, y la “cabaretera” Fêtes galantes (L. Aragon), un trabalenguas maldito de cantar, demoniaco en las teclas que el tándem Zapata-Viribay bordaron con la magia de hacer fácil lo difícil.

Nuestros españoles pueden competir en igualdad de condiciones con los anteriores, inspiraciones populares en melodías con un pianismo moderno y actual que merece estar siempre de actualidad, algo que el Maestro Viribay lleva trabajando años y en parte recogido en su publicación “La Canción de Concierto en el grupo de Los Ocho de Madrid“. Dos exponentes del genio compositivo hispano los disfrutamos con Xavier Montsalvatge (1912-2002) y sus melodías de ultramar, Punto de habanera (Nestor Luján), Canción de cuna para dormira un negrito (Ildefonso Pereda Valdés) y Canto negro (Nicolás Guillén), letras que son poemas y música para enamorar, la voz convincente de María Zapata con el piano portentoso de Aurelio Viribay.
Al catalán afincando en las Islas Canarias Fernando Obradors (1897-1945) le tengo entre mis preferidos desde mis años de pianista acompañante por la facilidad con que trata lo popular y la complejidad de un piano que realza aún más la voz. Tres ejemplos que cantados con la naturalidad de la soprano asturiana y el magisterio del vitoriano siguen siendo maravillosas partituras atemporales, Consejo (con textos de Cervantes sacados de El Quijote), la popular montañesa El molondrón con esa caja de música inicial que levanta la tapa de las esencias, más la tradicional casi diría clásica El vito donde lo popular pasa a la sala de conciertos.

Y si el recital llegaba a su fin, la propina nos llevaría a la zarzuela cubana de Gonzalo Roig, la Cecilia Valdés que sonó fresca y actual, la interpretación convincente de María Zapata con el piano orquestal de Aurelio Viribay en una tarde calurosa que las piedras del Arqueológico atemperaron resonando aires de nuestro género por excelencia al que Oviedo le sigue dedicando capitalidad con una temporada asentada tras Madrid, y formando parte casi de nuestra propia historia, esta Viena española que no descansa en verano.

Un escalón más

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Lunes 29 de julio, 19:00 horas. Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA), La Castalia: Concierto de Clausura del V Curso Internacional de Canto y Repertorio Vocal.
Aún convaleciente de mi reciente operación de hombro y escribiendo con una sola mano, siempre digo que el verano también es trabajo y me complace volver a los conciertos que La Castalia ofrece al público con sus alumnos y profesores, otro regalo tanto para Oviedo como para melómanos llegados de todas partes que dejaron pequeño el patio del RIDEA, así como la posibilidad de continuar una formación vocal que nunca termina a un plantel de voces variado y con distintas trayectorias.
Otro mes de julio donde la incansable Begoña García-Tamargo se pone al frente de un claustro de profesores para dar lo mejor de su profesionalidad y poder seguir educando nuevas voces para un ascenso en esa carrera que no tiene fin pero que podemos congratularnos a la vista de los resultados.

Manuel Burgueras (repertorio vocal), Curro Carreres (escena lírica), Yelyzaveta Tomchuk (pianista acompañante), Ana Cristina Tolívar (fonética), Mª José Collazos (análisis musical) y Mario Bueno (fisioterapia) junto a la propia Begoña García-Tamargo (dirección artística y canto) han estado trabajando sin pausa con un alumnado internacional de todas las cuerdas, colores vocales y tesituras para sacar de ellos más de lo que podamos imaginar, adaptando a cada uno repertorio, estilos así como la puesta en escena que esta vez supuso un avance de calidad a lo largo de las dos horas de concierto donde hubo canción de concierto, ópera y zarzuela organizado en dos partes sin apenas descanso, en combinaciones variadas y bien estructuradas para disfrutar no solo de la música vocal sino también de un elenco de jóvenes abarcando promesas y realidades, desde la soprano debutante Eugenia Ugarte hasta la querida y consolidada mezzo María Heres con nuevos registros caso de su Habanera de “Carmen” (Bizet) verdaderamente lograda.

Me encanta comprobar el progreso imparable de la jovencísima soprano Janeth Zúñiga, los avances de Almudena Sanz, también soprano, el trabajo incansable de Canela García, pasando por el contratenor Mikel Malda que habrá que seguir de cerca (muy aplaudido con el conocido Lascià del Rinaldo handeliano), continuando por el barítono Javier Agudo o el bajo Román García así como más “descubrimientos”: el tenor Adrián Ribeiro, una voz con cuerpo que dará muchas alegrías, la soprano Carla Sampedro, con un timbre peculiar al que le encontraron sus roles, el barítono Darío Gallego y el tenor Thomas Minaux. Mención especial para la actriz Marina Cañada que volvió a demostrar la interacción necesaria con la música en el “dúo de gatos” de Rossini con Canela García, la actuación creíble y entendible del lenguaje minino en el simpático número del cisne de Pésaro.

El avance en calidad lo puso el maestro Curro Carreres que logró de todos ellos una implicación total en cada interpretación con los pianistas, creyéndose las partituras, interpretando en todos los sentidos, desde Tosti a las romanzas y dúos de zarzuela hasta la ópera, interesantísimos casos como el aria Si la rigueur (“La Juive” de Halévy) con el bajo Román García, el dúo Heure exquise de “La viuda alegre” (Léhar) con Janet Zúñiga y Thomas Minaux más el piano de Tomchuk, e incluso Quel vecchio maledivami de Verdi con Agudo-Rigoletto y García-Sparafucile en buen empaste y actuación de ambos.

Con ligeros cambios de vestuario, salidas a escena aprovechando el espacio del Palacio del Conde de Toreno y la siempre acertada selección del repertorio, fueron saliendo las voces para disfrutar cada página, combinaciones jugando con el color y alternando con páginas en solitario. Imposible detallar cada número (el programa lo he dejado más arriba), pero quiero destacar sobremanera la escena y terceto Zu Hilfe… Stirb, Ungeheur, durch unsre Macht del primer acto de “La Flauta Mágica” (Mozart) como el exponente máximo de hacer posible recrear este parte del cuento cantado, con las tres damas de Janeth, Canela, María más las actuaciones de Adrián-Tamino al que casi desnudan y la “serpiente” Marina, con el piano orquestal de Yelyzaveta, empastes y escena exprimidos al máximo.

De nuestra zarzuela siempre hay numerosas páginas donde aprovechar las posibilidades vocales de cada cuerda, con romanzas primorosas y bellísimas, caso de “Gigantes y Cabezudos” (Fernández Caballero) con Canela García como Pilar en esa sentida Está en su carta… No sé leer con Manuel Burgueras al piano, Madrileña bonita del enorme Pablo Sorozábal (“La del manojo de rosas“) con Darío Gallego, las poco escuchadas Nocturno y romanza A verla voy de “Curro Gallardo” (Penella) con el barítono Javier AgudoBurgueras, junto a “La canción de La Lola” (Chueca y Valverde) y la romanza En la calle del Ave María interpretada por Almudena Sanz acompañada por Burgueras. Dúos emocionantes como el No llores más de “La Malquerida” (Penella) a cargo de María Heres y Javier Agudo, entregados como Cállate corazón de “Luisa Fernanda” (Moreno Torroba) con Heres-Ribeiro o el conocidísimo de Felipe y Mari Pepa (“La Revoltosa” de Chapí), perfecto broche final nuevamente con María Heres, Darío Gallego y Elyzabeta Tomchuk al piano que cosecharon las mayores ovaciones.

La despedida coral cantando Asturias patria querida puso el punto y seguido a este nuevo curso que no se detiene. Un escalón más para La Castalia y su equipo, para las voces que continúan formándose en todos los ámbitos y para Oviedo y todo el Principado de Asturias que sigue apostando por la música en todas sus facetas como verdadera seña de identidad. Mi enhorabuena para todos, profesorado y alumnado, porque la educación está desde siempre en nuestras vidas.

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