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Mantener la ilusión

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Domingo 14 de noviembre, 19:30 horas. Teatro Palacio Valdés, Avilés: El León de Oro, Marco A. García de Paz (director): Romería para una pasión. Obras de: Victoria, GuerreroA. Alcaraz, J. Elberdin, A. Makor y J. Gavito.

En tiempos de Covid cantar es toda una hazaña, con mascarillas una heroicidad y mantener con el paso de los años la calidad y la ilusión, un hito. Este coro asturiano que se renueva sin fisuras, no sólo continúa su imparable actividad sino que ha conseguido crear una temporada de conciertos estable (patrocinada por SATEC) que abrían en Gijón y continuaron este domingo en La Villa del Adelantado, programas que aprovechan su amplio repertorio (siempre necesario refrescarlo) y las novedades que se agradecen, organizándolo temáticamente como en El León de Oro es costumbre.

Con el título “Romería: música para una pasión” presentaron una peregrinación coral que va más allá de lo meramente auditivo para seguir disfrutando de unas voces únicas, envidiables, empastadas siempre sin importar los efectivos, con el balance ideal y unos matices “marca de la casa”. Un auténtico viaje de los “leónigans” cual peregrinos recorriendo con el coro este itinerario pasional organizado en nueve etapas, cada una distinta, interiorizada y expresada como sólo LDO es capaz.

Maravilloso comprobar las combinaciones en escena, dobles coros, comenzando por Victoria y Guerrero que están en los genes iniciales tras el magisterio de Peter Philips, semilla que ha germinado, voces blancas con su habitual colorido angelical (Elena Rosso impecable en sus solos), y voces graves rotundas en bajos con tenores acertados (pese a su minoría).

Los compositores actuales que tienen en este coro el mejor escaparate para disfrutar de la calidad de sus partituras, Alcaraz o Elberdin junto al esloveno Makor, incorporados a un repertorio que crece como ellos, la música sacra de nuestro tiempo en las voces con futuro e interpretaciones íntimas, entregadas, perfectas en la búsqueda del ideal coral.

Y la música de la tierra, inspiradora de nuestro Jesús Gavito Feliz pero también de Domínguez o nuevamente Alcaraz, folklore de altura que lleva Asturias con su mejor coro, melodías universales con voz natural, canciones de las que presumir y exportar con este coro allá donde va.

Peregrinaje musical y éxito de Gavito con su bellísima e inspirada En toda la quintana que hubieron de bisar, con un cuarteto del coro femenino en la bolsa lateral (y la solista triunfadora) tras el baile final esta vez “sin madreñes ni guiás” porque este camino se hace al cantar.

PROGRAMA

Destino: Tomás Luis de Victoria (1548 – 1611): Regina coeli (SSABar + SATB)

Esperanza: Francisco Guerrero (1528 – 1599): Ave virgo sanctissima (SSATB)

Redención: T. L. de Victoria: Salve Regina (SSABar + SATB)

Pérdida: Albert Alcaraz (1978): Ecce quomodo moritur justus

Oración por las almas: Josu Elberdin (1976): Ave Maria gratia plena.

Llegada: Andrej Makor (1987): O lux beata trinitas.

Entre dos mundos: Jesús Gavito (1979): En toda la Quintana.

Fiesta: Julio Domínguez (1965): Cantos Asturianos.

Baile: Albert Alcaraz (1978): Fariñona y Marañueles.

NOTAS AL PROGRAMA

«Partimos en la etapa del destino ¡Aleluya! Oh, Regina Caeli. Somos afortunados por poder partir en esta empresa. Cuando volvamos habremos resurgido tal y como el que llevaste en tu seno resucitó. Nuestra voz firme y decidida resuena como las campanas en lo alto de la torre. Partimos.

Al segundo día el cansancio acecha nuestros huesos, pero afortunados de nosotros, vemos la luz, que, como un faro de esperanza, nos atrae y nos brinda las fuerzas llenándonos de ilusión igual que el Ave Virgo Sanctissima, una brillante perla preciosa. Es muy pronto para rendirse.

En nuestra tercera etapa de andanza recordamos aquello que nos apesadumbra y rogamos perdón a la Reina de los Cielos. Le pedimos clemencia: O clemens, o pia, o dulcis Virgo Maria. Ella, misericordiosa, vuelve sus ojos hacia nosotros y elimina el peso que cargamos sobre los hombros. Nos hemos redimido.

Al cuarto amanecer se empañan nuestros ojos. Ecce quomodo moritur justus: “Observen como el justo muere y nadie se da cuenta. Los hombres justos son sacados del paso y nadie presta atención”. Las pérdidas que hemos sufrido a lo largo de nuestra vida ocupan nuestros pensamientos.

En la quinta etapa abrazamos el pasado por última vez y lo dejamos ir. Rezamos una oración por aquellas almas que nos han convertido en quien somos hoy: Ave maria gratia plena. La belleza y la plenitud inundan nuestros corazones.

Al sexto día vislumbramos la luz del faro de nuestro destino. La luz bendita de la trinidad, O lux beata trinitas, desaparece el cansancio de nuestros cuerpos. Hemos llegado.

La séptima etapa transcurre entre dos mundos. No estamos solos en nuestro destino, hay muchos más devotos, y la celebración transita entre lo religioso y lo profano. Igual lo hace la música, que se oye donde un pequeño coro de ángeles nos invita a transitar entre los más mundano y lo puramente celestial.

Al abrir los ojos la octava mañana ya es de día, tras la ceremonia el pueblo y los caminantes mezclan sus historias y se reúnen para entonar unos cantos populares, Cantos asturianos. Comienza la fiesta.

La música no cesa de sonar, la fiesta ha durado todo el día. Con las campanadas de medianoche nos adentramos en nuestra última etapa. El baile. Hay algo hipnótico en tantos cuerpos moviéndose al compás, el ambiente está extasiado. Somos uno más entre la multitud. Caemos exhaustos. La romería ha concluido. Nuestra pasión… se ha incendiado».

Con ganas de cantar

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Viernes 5 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio «Teodoro Cuesta», Mieres: Encuentros Corales de Santa Cecilia 2021. Orfeón de Mieres (director: Carlos Ruiz de Arcaute), Coral Polifónica Lembranzas de Santa Cruz de Oleiros (director: Salvador Gascón Serra). Entrada libre.

El Covid-19, la pandemia y todo lo que trajo consigo, cambió de golpe nuestras vidas donde la música ha sido siempre necesaria. Si el quehacer diario se volvió duro para todos, las redes sociales no pueden suplir ensayos ni actuaciones aunque las retransmisiones fuesen de ayuda para no asilarnos aún más. Curiosamente el confinamiento ayudó a establecer nuevos contactos gracias a internet, descubrir otras formas de hacer y entender la música… pero nada volverá a ser igual.

Sería imposible contar las cancelaciones de conciertos y lo que supuso la supresión de toda actividad, no digamos la musical y especialmente en los coros, que perdieron las rutinas, el contacto humano y las buenas costumbres. Por eso había verdadera necesidad de volver a cantar aunque las restricciones mandan y la salud es lo primero, manteniéndose todavía precauciones nunca suficientes para frenar el virus mortal.

Mas las ganas pueden con todo y las medidas, relajándose paulatinamente aunque «el bicho», al igual que la gripe, siga entre nosotros, no han impedido que muchas formaciones estén retomado ensayos, los aforos vuelven a su totalidad y las mascarillas siguen presentes (sólo retiradas un momento para la foto oficial), haciendo difícil vocalizar, emitir o simplemente respirar. Pero contra el desaliento, lo que cuenta es poder volver a unirse y celebrar la vida cantando. Como dice el refrán, ¡Quien canta, sus males espanta!

El laureado y centenario Orfeón de Mieres volvía a su casa, organizando los encuentros corales (no solo los «mineros» por San Juan) en el mes de la patrona musical, y el público respondió, como siempre. El invitado coro coruñés acudía de nuevo a la villa de Teodoro Cuesta muy mermado en efectivos, porque todavía hay miedos, pero con la misma ilusión del reencuentro y la devolución de visitas que son la etiqueta entre coros, como bien comentó su presidente Julio Rodríguez Carballido.

Esta vez no toca calibrar o comentar aspectos técnicos, de repertorio, de interpretación, tampoco la constatable falta de ensayos, la crisis de voces en los coros, la cada vez mayor desvinculación de la juventud o el envejecimiento que supone para casi todos los coros, esta vez los «primos» gallego y asturiano. Tampoco escribiré mis impresiones tras el concierto vivido, solamente reflejar la alegría de volver a esta anormalidad, salir de casa y escuchar canciones que resultan terapéuticas. Y poder cantar Asturias Patria Querida todos juntos el mejor hermanamiento que la música coral supone.

Cercanos sentimientos corales

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Domingo 26 de septiembre, 19:00 horas. Colegiata de San Juan Bautista, Gijón. «Nuestra música actual«: El León de Oro, Marco Antonio García de Paz (director). Obras de: Josu Elberdin, Albert Alcaraz, Javier Busto, Julio Domínguez y Jesús Gavito. Entrada por invitación.

Casi 25 años de historia coral asturiana tiene a sus espaldas El León de Oro –LDO– un proyecto de vida que busca la excelencia, con una cantera que surte de voces al coro adulto donde nunca se notan musicalmente las incorporaciones ni las bajas porque las líneas de trabajo son las mismas desde los inicios y la convivencia entre veteranía y juventud es lo mejor para mantener una calidad suprema que ha convertido a la formación vocal asturiana entre las mejores del mundo dentro de los llamados coros amateurs siempre actuando como profesionales.

Da gusto seguirles en este crecimiento y madurez que dan los años, presumir de «leónigan» y comprobar que el trabajo bien hecho, con entrega y pasión, tienen su recompensa: la actual gira del coro con la Novena de Beethoven junto a la orquesta de Savall, e incluso el debut orquestal  de su director y fundador Marco A. García de Paz con la Oviedo Filarmonía o su reciente nombramiento como titular del Coro de RTVE.

Este último domingo de septiembre, primero otoñal aunque veraniego aún por temperatura en la capital de la Costa Verde, me considero privilegiado y agradecido de la invitación para asistir a la presentación de la segunda temporada propia de «los leones» con una selección de obras sacras y populares escritas por compositores españoles vivos, muy cercanos todos a la propia historia del coro que han entendido el folklore asturiano desde la excelencia coral, y en la línea de seguir apoyando lo nuestro, lo de casa, música y músicos cercanos de distintos estilos corales que son vanguardia del mundo coral español y universal, partituras que LDO ha llevado por todas partes asombrando no ya interpretativamente, como este concierto, sino con unas obras maravillosamente bien escritas que con estas voces alcanzan verdadero sentimiento coral.

Si las chicas solas abrían las partes sacras y populares del concierto, portentosas con páginas a voces iguales que suenan celestiales, el «Aurum» de Elena Rosso, hoy de nuevo solista excepcional,  el coro al completo desgranó lo mejor y más popular de su repertorio, que hasta nos dejaron dos estrenos mundiales pensados por y para ellos: el regalo para la boda de Marco y Elena que les hizo Julio Domínguez y al fin escuchamos en las voces de sus destinatarios, y la «reinterpretación» de En toda la Quintana que Julio Gavito, también bajo del coro, preparó pensando en su propia formación, colocando cuatro voces blancas emparejadas en los dos púlpitos sobre el escenario de la Colegiata desacralizada, que sigue teniendo una acústica ideal para la música. Estrenos de dos compositores igualmente presentes en el resto del programa pues también hubo de regalo O Sacrum Convivium del propio Gavito, que cerraría un concierto de obras sentidas, queridas y mimadas por Marco García de Paz, parte de la propia historia del coro compartida por muchos de los presentes, volviendo a demostrar que son vanguardia coral en interpretación de todos los estilos, comunión sacra y profana en tiempos difíciles que LDO incluso con mascarillas, hacen fáciles y más llevaderos.

Excelente idea conjugar repertorio sacro y popular, pues en ambos se mueven cómodos y entregados, el empaste envidiable, la afinación perfecta, el sustento de unos graves poderosos y el paraíso de unas sopranos estratosféricas siempre contenidas, para un concierto donde los compositores elegidos resultan los ideales para las características corales de las que «los leones» siempre son el mejor exponente. parte de su propia esencia, depositarios de la inspiración de los amigos y embajadores de nuestra música actual como así titularon el programa gijonés.

Programa: Nuestra música actual 

Salve Regina – Josu Elberdin (1976)

Ave María gratia plena – Josu Elberdin (1976)

Ecce quomodo moritur justus – Albet Alcaraz (1978)

O Magnum Mysterium Javier Busto (1949)

Estou amor aquí – Julio Domínguez (1965)

Cantos asturianos – Julio Domínguez (1965)

El mar se rizó a contrapelo – Julio Domínguez (1965)*

Del aire y la arenaJesús Gavito (1979)*

Fariñona y marañueles – Albert Alcaraz (1978)

*Obras de estreno

Notas al programa

Con esta selección musical nos adentramos en el recinto de lo más sagrado y al mismo tiempo el lugar de lo más cotidiano, de aquello que se encuentra vivo en nosotras y nosotros. Hoy escucharemos música coral de nuestro entorno más cercano, autores de varios universos compositivos que se posicionan a la vanguardia de la música coral española, pero sin olvidar la raíz de la tradición popular. 

El programa se inicia con dos obras del guipuzcoano Josu Elberdin, ambas sobre textos de alabanza a la Virgen que celebran su regalo al mundo. Se crea así un fuerte contraste con la composición de Albert Alcaraz sobre el responsorio Ecce quomodo moritur justus por lo solemne de su texto: “Observen como el justo muere. Y nadie se da cuenta”. 

Seguimos con el gran misterio de la Cristiandad puesto en música por Javier Busto, que, haciendo honor al tema, nos mantendrá en suspense con su envolvente inicio. 

Nos iremos acercando a música de nuestra tierra con la primera de las tres obras de Julio Domínguez: Estou amor aquí. Basada en un poema de Xela Arias (1962-2003) es una de las pocas obras que es capaz de traducir a música la enorme intimidad que contiene la mirada entre dos amantes. Dentro de Cantos Asturianos podrán identificar algunos de los temas más populares de nuestro cancionero como Si la nieve resbala o Chalaneru. La última, El mar se rizó a contrapelo, es una obra muy especial para nosotros, ya que se trata de un regalo de bodas para Marco y su mujer, Elena, que hoy, 11 años más tarde, estrenamos por fin. 

La última obra que debuta esta tarde se la debemos a nuestro compañero, Jesús Gavito, quien ha imaginado para nosotros una disposición policoral en la que se juega con la llamada entre el mundo de los inmortales y aquellos a los que solo nos queda llorar nuestras penas. 

El fin de fiesta lo pone Fariñona y marañueles, también del alicantino Alcaraz, ideal para menear la saya con otras tres armonizaciones
del cancionero asturiano que seguro, reconocerán. 

Por último, sepan que entra en la elección de este programa nuestro compromiso para con los compositores que construyen las obras con las que nos edificamos como coro. A su buen hacer y su afán por mantener la música coral viva y llena de belleza, calidad y calidez, gracias.

Melodías de la vida con unos cachorros ¡espectaculares!

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Domingo 18 de abril, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo: Past LifeLos Peques del León de Oro, Elena Rosso (directora). Entrada: 6 €.

Es verdaderamente maravilloso comprobar que todavía queden emociones desde la música capaces de hacernos brotar las lágrimas. En tiempos duros, difíciles, sacrificados, montar un espectáculo como el de estos «grandes Peques» merece todos los elogios, pues además de cantar con mascarilla, trabajaron la excelencia del canto coral con un montaje que nos dejó sin palabras. Una puesta en escena sobria, con las luces adecuadas, entradas y salidas perfectamente coreografiadas por la maestra Elena, medias alternando gris y rojo, expresión corporal en todas las componentes (abrumadoramente femeninas como nuestro presente y futuro), cambios de posiciones para cantar en todas las permutas y combinaciones posibles, el piano puntual siempre en su sitio de Maite García, la utilización de la percusión tanto corporal como con «boomwhackers» rítmicos armonizados con estas voces celestiales de afinación pluscuamperfecta donde las campanas no solo daban el tono sino que creaban el ambiente para cada número de un programa que las notas al programa de Violeta Rubio describen punto por punto contando esta historia que quiero dejar aquí:

«Hoy os queremos acompañar en una historia que comenzó hace mucho, mucho tiempo, cuando aún no había nada. Oímos cantos celestiales que nos suenan antiquísimos, Past Life Melodies, como si pertenecieran a una vida pasada, todo estaba oscuro y de repente… se hizo la luz. El Sol con su fuego lo iluminó todo, O nata lux, luz nacida de luz que ilumina todo lo que nos rodea y nos permite ver, por primera vez. El fuego no solo nos dio luz, también trajo el calor y nos llenó de energía y así es como sentimos el Fervor, un abrazo que nos rodea el alma. Luego tuvimos el agua y en ella nacieron las primeras formas de vida. En este elemento, muchos animales como nuestra pequeña foca de The Seal Lullaby tienen su hogar y refugio donde dormirse acunados por las olas del mar. Pero el agua también se evapora, y entre las brumas de la tarde, la lluvia cae con Murasame y algo que no habíamos visto nunca, comienza a florecer. La tierra también se llena de vida: bosques, praderas, desiertos, montañas y un habitante que va a ser capaz de adquirir el Gnothi Safton, el conocimiento necesario, para habitar en cada uno de ellos: el ser humano. El tiempo va pasando y el humano envejece también, experimenta sensaciones nuevas, pero no sabe qué son ni como describirlas… ¡sentimientos! y cuando ya es anciano en On suuri sun rantas recuerda la primera vez que las lágrimas rodaron por sus mejillas. ¡Algo tiene que cambiar, uno no puede llorar solo! Y entonces conquistamos el aire. Aprendimos a hablar, a comunicarnos, a describir nuestro alrededor. Ahora puedo contarte que, bajo el sauce, Under the Willow, no se oye apenas ruido y mi amor descansa con sus cabellos mecidos por el viento. O que, aunque tenga miedo, siempre me quedará la esperanza, Zai Itxoiten, como una mariposa blanca que volando ilumina mi camino. Todo está oscuro otra vez, pero… ¿qué es eso que suena? Parece que son de nuevo esas antiquísimas melodías celestiales, Past Life Melodies, que en su viaje han unido los cuatro elementos, aunque ahora que ya nos sabemos la historia, estamos listos para unirnos a cantar con ellas«.

Palabras que expresan la música, los sentimientos, desde la penumbra inicial y un silencio sobrecogedor con la entrada por los laterales cantando de Past Life Melodies (Sarah Hopkins), mientras Elena Rosso marcial en el centro controla las voces en distintas disposiciones, murmullos, notas tenidas,  círculos y líneas de geometría coral, los «cachorros» entrenados, la disciplina desde el juego y las emociones que saltan como la luz, O nata lux (Richard Ewer), maravillosas armonías, empastes increíbles, la pureza a capella y el Fervor na brétema (Javier Fajardo), campanadas de vida, vibraciones maduras para toda una vida por delante, la patada rítmica que reafirma delicadezas únicas, partituras memorizadas, interiorizadas, sentidas e interpretadas primorosamente.

No podía faltar Eric Whitacre, siempre inspirado para las voces blancas como en la nana The Seal Lullaby con un piano tan coral como las propias voces, lecciones de idiomas, compañerismo, solidaridad, entrega sobreponiéndose a las dificultades, esperanza coral de esta cantera dorada que es modelo a seguir.

En la misma línea de canto total con piano y mensajes claros el Murasame (The Mists of the Evening) (Victor C. Johnson) de espiritualidad oriental y lluvia musical que cala el alma. Los Peques muy grandes, impresionantes tubos sonoros mucho más que juguetes, y palmas tan celestiales como sus voces, Gnothi Safton (Jim Papoulis), de ritmo contagioso y matices increíbles, agudos perfectos con sonidos para un mundo mejor que realmente transmiten estas voces educadas, un «conócete a ti mismo» cantando y compartido, la mejor «autoayuda» porque no se puede pedir más.

Un viaje alrededor del mundo cantando y también con los escandinavos más cálidos, On suuri sun rantas autis (canción tradicional finlandesa en arreglo de Matti Hyökki, voces solistas de Claudia González Aitana Carnicero Peinado a quienes no importan las mascarillas para transmitir buen gusto, el coro escuela de vida arropado por las manos maestras de Elena Rosso.

Under the Willow de Stephen C. Foster, en arreglo de Susan LaBarr, canción de cuna bajo un sauce para un sueño hecho realidad, una siesta reparadora que despierta emociones, armonías de ángeles terrenales transportándonos al paraíso coral, seguida de otra obra que está en los genes de estos peques dorados, pasando de mayores a pequeños, herencia de esta familia dorada y unida,  Zai Itxoiten (Javier Busto), el euskera más musical del «padre espiritual» de los leones, esperando el nuevo día con la inocencia cantada desde la adolescencia que no puede expresarse mejor que con esta unión de letra y música del doctor Busto Vega recetando la mejor vacuna en tiempos de pandemia: su obra coral.

Cerrando el círculo de nuevo Past Life Melodies, melodías de vidas pasadas cantadas hoy, sabedores que hay mucho futuro por delante, esperanza vocal y humana de una juventud admirable con unas familias que transmiten y apoyan su afición. Si las palabras de Violeta Rubio son un cuento en sí, la historia cantada por Los Peques del León de Oro fue todo un espectáculo.

Pasión coral y muchos años de trabajo

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Sábado 2 de enero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto de Año Nuevo «El León de Oro». Entrada: 12 €.

No hay mejor forma de comenzar el año que con un concierto y además en el Auditorio de Oviedo con música coral a cargo de un proyecto que es una gozosa realidad tras 24 años de mucho trabajo, implicación y amor por la música, llamado «El León de Oro«, que comandan desde entonces Marco Antonio García de Paz y Elena Rosso Valiña, pasión coral que contagia, implicando a varias generaciones desde una cantera que no para de dar frutos, llevando la calidad por bandera más allá de nuestras fronteras.

El ambiente gélido del exterior, las medidas de seguridad, el aforo limitado, cantar con mascarillas y distancia con todo lo que supone, no son obstáculos para que los «leónigans» estuviésemos disfrutando de todos los coros luanquinos, desde Los Peques y Aurum hasta el gran LDO, con un programa variado, difícil, espectacular por momentos, manteniendo la línea que ha caracterizado este proyecto desde sus inicios y que sigue creciendo con la máxima belleza vocal en la búsqueda de la perfección, un ideal inalcanzable pero que siempre está al alcance de estos leones, leonas y cachorros con Marco y Elena generando ilusión, amor, exigencia y placer por el canto coral.

Los Peques del León de Oro son un placer visual y auditivo, ya sea cantando con el piano de Maite García Heres abriendo concierto con Whitacre y su The Seal Lullaby, como «a capella» el O nata Lux (Richard Ewer), mecernos con la tradicional A la nanita nana (en arreglo de Greg Gilpin) o la última de G. Gershwin con Óscar Camacho al piano y toda una coreografía para el movido Clap yo’hands, un derroche de buen hacer de Elena Rosso con estos peques de oro a los que da gusto escuchar, interpretar disciplinados, afinados, educados en el buen gusto y contagiando ese ímpetu que nos hace olvidar tragedias y sinsabores, metáfora vocal para un 2021 lleno de esperanza.

Aurum siguen brillando con luz dorada propia y rojo pasión, también con Elena al mando, esfuerzo enorme de ubicaciones, repertorio de memoria y sonido inigualable. Comenzar con Einförmig ist der Liebe Gram (Brahms) es todo un reto, colocadas en distintos círculos para inundar el auditorio de belleza coral con estas voces blancas increíbles en registros y dinámicas. El guipuzcoano Josu Elberdin es uno de los compositores de cabecera del LDO y su Salve Regina para Aurum un regalo en estas voces. Encontrar una formación que interprete las obras con esta calidad espolea a los grandes y Elberdin mantiene este idilio mutuo con este proyecto que todavía seguirá dándonos muchas alegrías.

Los nuevos repertorios hay que buscarlos, viajando, escuchando, estudiando… y con Camacho al piano afrontaron a Thomas Vulc con su O Sapientia, literal, un derroche de música coral más allá de las palabras, susurros, patadas acompasadas y una  originalidad vocal de dificultad máxima que Aurum y Elena disfrutaron compartiendo belleza actual, contemporánea, al igual que ese amor vocal de Elaine  Hagenberc, O love con el cello de Virginia Álvarez Fernández como una voz más, el piano de Óscar Camacho y el empaste impecable de estas voces femeninas para una belleza coral embriagadora, novedosa, arriesgada y largamente aplaudida. El trabajo de estas obras lleva muchas horas de ensayo detrás, pero merece la pena escuchar estos tesoros corales.

Aún quedaba concierto, aparente sencillez del grupo de voces blancas, Aurum con Los peques arropados por los «mayores» pertrechados de seis pares de «boomwhackers» (la didáctica musical bien entendida), el juego musical bien afinado, el piano de respaldo, las palmas acompasadas y el buen hacer de un compositor «rompedor» como Jim Papoulis (a quien me descubrió otro proyecto americano como LinkUp) con su Gnothi Safton, conjunción coral de nuestro tiempo, de la generación que viene con fuerza resucitando un mundo coral casi agonizantes que en Asturias mantiene este proyecto ejemplificador de cómo trabajar en actualizarse e implicar a la juventud en la música a partir de cantar todos juntos que siempre nos hará más fuertes. No hay desaliento sino pasión contagiosa para la que los conciertos, el contacto con el público y los aplausos sean el mejor premio, y se lo merecen además de ganárselos con creces este primer sábado del año.

No era de extrañar que antes del colofón tomase la palabra el presidente de SATEC, Luis Rodríguez-Ovejero, siempre apoyando la cultura y especialmente la música pese a que en nuestro país sigamos sin una Ley de Mecenazgo más necesaria que nunca en estos tiempos, agradecimiento mutuo porque hace falta más confianza en nuestra tierra y los valores que este león representa.

Ya en la recta final el LDO con Marco García de Paz nos volvieron a hacer olvidar que cantaban con mascarillas o que las medidas de prevención impedían jugar con la espacialidad habitual de sus actuaciones. Las obras elegidas a capella siguen siendo modélicas, el relevo vocal en sus cuerdas no se nota porque hay una «marca de león» que se transmite, una escucha recíproca para el empaste y afinación perfectas, la veteranía como pilar que pasa su legado vocal desde el conjunto.

Michael Praetorius con su villancico Est ist eine Ros entsprungen (en arreglo de J. Sändstrom) es un ejemplo, voces unidas, cuerdas equilibradas, dicción clara, y por supuesto siempre Pärt con el silencio expresivo, las medias voces y los delicados fuertes de agudos cristalinos de The Deer’s Cry o el Whitacre como amuleto dorado, su Child of Wonder con el piano delicado de Óscar, otra prueba de calidad y emoción con casi 40 voces unidas olvidando que las mascarillas apagan la emisión porque diría que hasta la embellece.

Para rematar el esloveno Andrej Makor (1987), otro «fichaje» en el repertorio coral de los leones, O lux beatas Trinitas, la música religiosa más allá de creencias, el latín eternamente cantado, armonizaciones brillantes que se hacen de oro en este coro inigualable, la búsqueda de obras exigentes y bellas, inasequibles al desaliento, viajeros defensores de la perfección inaccesible esperanzados en un camino en el que entregan su quehacer diario con pasión imperecedera.

Todos juntos nos regalarían el hermosísimo No hay tal andar, un villancico asturiano del gijonés Enrique Truán en versión de Albert Alcaraz (también con lazos de león) que debía sonar en esta bienvenida coral del año nuevo.

La pasión coral mantiene vivo el fuego, Marco y Elena siguen como desde sus inicios pero con la sabiduría y experiencia que da el paso de los años. Matrimonio y patrimonio coral asturiano y español, siempre internacionales.

Gracias de este «leónigan«.

Villancicos en Málaga

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Viernes 27 de diciembre, 20:15 horas. Málaga, Iglesia del Sagrado Corazón: «Concierto para La Paz. La Navidad en el Mundo». Orquesta Promúsica y Coral Santa María de la Victoria. Directores: Javier Claudio Portales y José Eugenio Vicente.

Varias generaciones musicales de intérpretes y obras se dieron cita en la hermosa iglesia neogótica ubicada en la plaza de San Ignacio en un concierto de villancicos que sirvió para comprobar cómo la música navideña sigue vigente y más cuando se interpreta desde el corazón y con espíritu solidario.
La Orquesta Promúsica de Málaga es todo un proyecto formativo para instrumentistas de cuerda fundado en 2009 gracias a la propuesta y el impulso de la Fundación Musical de Málaga diseñado y dirigido por el violinista y pedagogo malagueño Javier Claudio, profesor de violín en el Conservatorio Superior de Música de la ciudad. tiene como objetivo ofrecer apoyo, formación y estímulo musical actualmente a cerca de un centenar de niños y jóvenes de 6 a 26 años. La característica más destacada del proyecto es que los alumnos mayores ayudan como voluntarios en la formación de los más pequeños, creando una imbricación muy especial entre todos. El Proyecto tiene tres jóvenes orquestas: Orquesta Infantil, Joven Orquesta y Orquesta de Cámara, que pudimos disfrutar en las dos partes del concierto.

Sería los más pequeños quienes abrirían la velada con cuatro obras adaptadas a su nivel y con dos directores que también son instrumentistas de la Orquesta de cámara de Promúsica, Beatriz Claudio (violonchelo) con la Polka «Bella Bocca» de Waldteufel, y Bass-icamente Navidad de Piertpont ambas en arreglos de Bob Phillips, una gozada el entendimiento entre los músicos y la complicidad además del trabajo en la segunda, con un «swing» sin percusión digno de elogio, y Guillermo de Alba (contrabajo) con The Village Bells (Brahms) y The Sound of a sound (R. Meyer), partituras bien elegidas donde a los fundamentos de la cuerda se unen capacidades básicas como el ritmo y sobre todo el humor en ese «juguete musical» de Richard Meyer. Bravo por los «peques» y unos directores que apuntan maneras además de la pedagogía necesaria para llevar adelante estas cuatro obras.

La Joven Orquesta ya con el maestro Portales nos dejaron por su parte unos arreglos muy conseguidos de tres «clásicos americanos» como Let it Snow! (Jule Stine), Mister Santa (Pat Ballard) que no es sino el conocido Mr. Sandman bien traído a la orquesta de cuerda, y el eterno Irving Berlin fusionado Happy Holiday y White Christmas en una adaptación muy lograda para la una orquesta de cuerda, finalizando con el público malagueño sintiéndose vienés y la Marcha Radetzky de Johann Strauss padre, las palmas en su sitio además de matizarlas.

La Coral Santa María de la Victoria fundada por el recientemente fallecido Padre Gámez en 1969, y bajo la dirección del pianista malagueño además de catedrático José Eugenio Vicente Téllez, mantiene su excelente nivel de homogeneidad, empaste, afinación y buen gusto, años de tradición que suman enteros para un coro con mucha historia en estos 50 años de trayectoria con relevos generacionales que continúan la calidad y musicalidad que Don Manuel les transmitió desde sus inicios.

La parte «a capella» desgranaría lo mejor del repertorio navideño comenzando con Oh qué precioso niño (Mozart), El mensaje de los ángeles (F. A. Gevaert) que muchos conocemos como «Gloria in excelsis Deo«, bien compensado en sus cuatro voces, el villancico malagueño Dime niño (armonizado por A. Pérez Moya), en tempo y aire «clásico» como era de esperar en la formación malacitana, el popular Chiquirritín (armonizado por Oriol Martí) jugando con diferentes aires y contrastes entre las cuerdas, el Villancico Cordobés (arreglo de Francisco Civil) que no es otro que «Hacia Belén va una burra» en una armonización bellísima, Campanas de Belén del recordado Manuel Gámez López (Fuengirola 1927 – Málaga 2019 ) a quien Málaga le debe mucho y en el mundo musical aún más, para finalizar con Es Navidad (Gevaert).

El cierre del concierto lo ofrecerían junto a la Orquesta de Cámara con la batuta del Maestro Portales en cuatro obras populares donde la cuerda y las voces (reubicadas en su colocación como la orquesta, es decir los graves juntos, a a derecha según los vemos) dieron el salto de calidad, pues lo sinfónico coral une lo mejor de las dos formaciones. Primero A Christmas Festival (Leroy Anderson), un popurrí de temas navideños que reconocemos por tantas películas y grabaciones, especialmente los que ya peinamos canas, siguiendo con la popular alemana O Tannembaum El abeto» aunque conocida como «Oh! Luz De Dios») y el arreglo del padre Gámez sobre el universal Noche de Paz de Gruber.

Para concluir en todo lo alto nada mejor que Haendel y el Aleluya de «El Mesías» donde las voces se emplearon a fondo, bien todas las cuerdas con unos bajos redondos y unas sopranos seguras, más una orquesta madura donde no echamos de menos vientos ni percusión dejándonos una versión ideal que sería el broche de oro para este mi último concierto del año en mi querida Málaga.

P. D.: Gracias a mi querido amigo Manuel L. Oliver-Copons por la invitación y el reencuentro breve e intenso, siempre con la música como «disculpa» y el recuerdo a Don Antonio.

Mozart y Haydn bien valen una misa

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Martes 16 de abril, 20:30 horas: San Isidoro El Real, Oviedo. Concierto: Un Clasicismo sacro: «Mozart y Haydn alla breve«.

En plena semana de Pasión la música en vivo no podía faltar y volvíamos a llenar el templo barroco de la plaza de la Constitución, la del Ayuntamiento ovetense, tras el «pago» de la Misa previa para encontrar asiento en un concierto con músicos de casa, bien avenidos como son el coro Amicorum Musicae que dirige Julia Fernández González, un grupo de cuerda de la Orquesta de la Universidad de Oviedo con Carla Martín Fernández de concertino, y el organista Emilio Huerta Villanueva, todos bajo la dirección de Amaro González de Mesa, a quien conozco desde sus años de estudiante de canto y ahora dirige el Coro de la Universidad de Alcalá, donde repetirán este programa el 11 de mayo, así como la Sociedad Coral «Excelentia» de Madrid. De todos ellos dejo escaneadas biografías así como las notas al programa de la Dra. María Sanhuesa Fonseca, perfectas para una mejor comprensión de las obras elegidas para este martes santo que continúan ampliando el repertorio del coro asturiano.

Obras «breves» pero intensas, muchas conocidas, comenzando por Mozart y terminando con Haydn, dos clásicos que eligieron el latín como idioma sacro salvo la inicial con el coro «a capella» God is our Refuge and Strength, KV 20 , obra de corta duración ideal para calentar voces, mostrando la supremacía femenina pero equilibrada con las voces graves antes de proseguir ya con los instrumentistas Santa Maria, mater Dei, KV 273, formación original y página bien interpretada por todos al igual que Alma Dei Creatoris, KV 277 donde intervinieron dos solistas del propio coro no indicados en el programa pero con buena afinación y proyección a lo que ayudó la propia acústica de San Isidoro que multiplica no solo las voces sino al sexteto de cuerda y un órgano eléctrico reforzando graves, redondeando esta alegre página del genio austríaco.

El conocido Ave verum corpus KV 618 se inició hasta tres veces por «discrepancias» entre coro e instrumentistas en cuanto a entradas y tempo, pero ya arrancado nos dejó una buena versión aunque personalmente falta de más matices. Otro tanto en cuanto a dinámicas algo exageradas fue el exitoso Lacrimosa del inacabado Requiem KV 626, ambos bisados al final del concierto, esta vez más «contenidos» y ya rodados tras el concierto al completo. Entre ambas otra de las páginas sacras de Mozart que no suelen faltar en las ceremonias como el Laudate Dominum, (de las Vesperae Solennes de Confessore, KV 339) con Lucía García Fernández, soprano del coro a quien se la escuchó perfectamente afinada y «ensamblada» con todo el conjunto, algo bajo de volumen el órgano, pero bien llevado globalmente por Amaro González en esta digna selección de las obras del genio de Salzburgo que van desde las tempranas hasta esa cumbre que es el réquiem y donde el grupo instrumental resultó más que suficiente para unas versiones muy dignas.

Tras una breve pausa para cambiar papeles y descansar pudimos escuchar a Haydn y su Missa brevis Sancti Joannis de Deo in B, Hob. XXII/7 hermosísima, de nuevo con Lucía García de solista en el Benedictus, un ordinario de la misa corta pero intensa, obra clásica de «papá Haydn» por su escritura característica, y donde los universitarios junto al organista de Pola de Siero dieron la talla en cuanto a buen gusto y musicalidad; Amicorum Musicae demostraron el porqué de su nombre, amigos de la música que siguen ofreciendo estos conciertos donde alternan éxitos y páginas menos escuchadas con distintos directores, esta vez González de Mesa, con quien ya trabajaron anteriormente.

Semana santa de vacaciones para unos, trabajo para otros, recogimiento y disfrute siempre con la música protagonista que seguirá siendo protagonista como el resto del año.

Comienza otra semana de música en Avilés

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Viernes 5 de abril, 20:00 horas. XLII Semana de Música Religiosa de Avilés, Iglesia de Santo Tomás de Cantorbery. Coro Easo Araoz gazte, Ana Belén García Pérez (órgano), Gorka Miranda (director). Obras de Mendelssohn, Buxtehude, Rheinberger, Guridi, Widor y Chilcott.

Cuarenta y dos años de una cita previa a la Semana Santa avilesina con protagonismo de la música religiosa organizándola desde la calidad y la amistad en tiempos de penurias económicas que no pueden con la ilusión y buen hacer de Chema Martínez, incansable en la lucha por mantener esta cita imperdible para todo buen melómano que acuden puntualmente, al frente de un equipo digno de elogio.
Y de amistades que acuden cuando se las necesita está llena esta semana que arrancaba este viernes con donostiarras queridos y admirados, la organista Ana Belén García y el Coro Easo Araoz gazte que dirige el maestro Gorka Miranda Blanco, un verdadero placer de programa derrochando calidad en cada obra, variado en estilos, con «el Acitores» en manos de la profesora de Andoaín acompañando con el volumen idóneo, deleitándonos en sus obras solas, más las chicas (de 12 a 17 años) de Easo enamorando desde sus voces jóvenes, limpias, afinadas, de amplias dinámicas, modelo a seguir para una cantera de la que los donostiarras, y vascos en general, siempre son únicos.

Comenzó el concierto con quince minutos de retraso sobre el horario previsto tras la misa de las 19:30 presentando semana y protagonistas del primero de los cinco conciertos, pantalla para no perdernos detalle del coro donde se ubicaron para los Dos Motetes op. 39 de Mendelssohn (1809-1847), sonoridades celestiales en el latín universal de la religión católica que tan grandes páginas musicales nos ha dejado.

Ana Belén García atacaría la Chacona en mi menor, BuxWV 160 de Buxtehude (1637-1707) eligiendo unos registros que conoce en «el Acitores de Santo Tomás» apropiados al barroco y recuperando el sabor a salitre de un órgano impresionante para cualquier repertorio.
Josef Gabriel Rheinberger (1857-1944) escribe su Missa Sincere in memoriam op. 187 para los seis números del ordinario de la misa (Kyrie, Gloria, Credo, Sanctus, Benedictus y Agnus Dei) que las chicas del Easo Araoz gazte cantaron como ángeles desde el coro avilesino, perfecta emisión de claridad pluscuamperfecta arropadas por Ana Belén, repertorista del mismo, bien llevado por Gorka Miranda en tiempos, siendo él quien arrancaba el «Íncipit» gregoriano antes de la polifonía blanca de color único. A mitad de esa misa el II. Intermezzo de la Orgel Sonate nº 3 op. 88 no solo sirvió de respiro sino de complemento ideal en el discurrir del compositor afincado en Munich, gran conocedor de un instrumento que dominó y para el que escribió páginas casi obligadas para un concierto como el de este lluvioso viernes de abril.

De un coro vasco no podía faltar Guridi (1886-1961) del que escuchamos su Ave María, breve e intenso con todas las chicas, página mariana impregnada de un espíritu que no se pierde en las fiestas donostiarras de agosto donde Ana Belén es parte de ellas desde el Cavaillé-Coll de Santa María en San Sebastián. Ella nos ofreció el Bach’s Memento del francés Charles-Marie Widor (1844-1937), escuela organística que se rinde al «dios Bach» en un virtuoso homenaje desde el coral final de la «Pasión Según San Mateo» que el Acitores hizo sonar romántico, pleno, jugoso en registros, transiciones delicadas entre teclados y todo un juego dinámico además de tímbrico que perduró en Santo Tomás impregnando cada rincón.
Mientras las chicas bajaron hasta el altar y «a capella» nos regalaron Lift thine eyes (Mendelssohn) reafirmando su calidad vocal en todas las cuerdas, increíble y difícil en voces blancas con graves que el órgano refuerza pero solas demostraron el color impecable, los registros amplios y sobre todo una musicalidad única desde ese sello vasco por excelencia.

Para terminar el concierto eligieron al inglés Bob Chilcott (1955) con el piano electrónico de Ana Belén García, compositor que los coros jóvenes tienen en su repertorio por la modernidad armónica que exige escucharse, interiorizar y exteriorizar ritmos genuinos del antiguo cantor de los legendarios King’s Singers, quien en sus Cuatro baladas amarillas toma textos de nuestro Federico García Lorca, vocalizaciones perfectas, contrastes anímicos en cada una, En lo alto de aquel monte un arbolito verde, La tierra estaba amarilla, Dos bueyes rojos en el campo de oro y la explosión rítmica con palmas Sobre el cielo de las margaritas ando, un piano complemento polifónico remarcando una poesía que Chilcott entiende como pocos para los coros del mundo.

El «poderío» vocal de Easo Aaoz gazte fue la propina, colocados en tres grupos (altar y laterales) con la canción de cuna vasca más maravillosa que se haya escrito, Aurtxo Seraskan (Gabriel Olaizola, 1891-1973) que me descubriese Luis Mariano, aquí en Avilés cantada por una solista de altura con un futuro prometedor de voz educada, clara, emisión potente y buen gusto, y el «colchón» a boca cerrada de sus compañeras, manteniendo tensión, afinación, color y calor, bien llevado por Gorka Miranda dejando lucirse a la soprano en esta maravillosa nana que nos dejó la excelencia coral de una cantera de siglos que mantiene la tradición desde esta juventud que seguirá toda la vida cantando, el mejor sabor de boca para esta nueva SMRA que apuesta por repertorios identitarios y calidades plausibles.

Cuando menos es más

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Domingo 17 de junio, 19:00 horas. Santa María La Real de La Corte, Oviedo: Ensemble vocal In Paradisum, Elena Mitrevska (directora). Obras de: Rheinberger, Nielsen, Grieg, Alfvén, Casals, Villa-Lobos, Poulenc, Béla Bartók, Mendelssohn y Diéguez.

Si hace nada me quejaba de la elevada media de edad en los coros salvo honrosas excepciones, nada mejor que acudir a escuchar al Ensemble vocal In Paradisum, cantera coral de la Escolanía de Covadonga que debutó en marzo de 2017 sumándose voces graves hasta las nueve que pudimos disfrutar este domingo veraniego de amplia oferta en la capital, porque este coro de cámara aúna lo mejor que se puede pedir: juventud, gusto por el canto, calidad y repertorio poco escuchado, con la suerte de «fichar» a la macedonia Elena Mitrevska, directora de enorme experiencia que llegó a nuestra tierra como una bendición para ser elegida titular del Coro de la Ópera y sumarla a este proyecto reciente presentado en el programa por otro antiguo escolano como Guillermo Alonso Ares, con buena presencia de familias y amigos del mundo coral hecho desde un nivel envidiable y encomiable.

El empaste que dan los coros de voces iguales es único, en el caso de los hombres su tesitura alcanza el cimiento de los registros profundos, aunque solamente hubiese dos bajos, y la luz de los tenores, cinco divididos en tres y dos aunque plenamente intercambiables como si de violines se tratase. La argamasa entre extremos la ponen otros dos barítonos y el resultado es un color homogéneo ideal.

Los años de trabajo desde la infancia en escolanías y otros coros ya adultos consiguen una técnica y educación necesarias desde una formación vocal completa para unirse todos ellos y afrontar cualquier tipo de repertorio, de lo religioso a lo profano en todas las épocas hasta nuestros tiempos. No me extraña que Mitrevska se encuentre literalmente «en el Paraíso» Natural que es Asturias y en el coral de estos nueve hombres que pueden cantar lo que les traiga y más, en todos los idiomas y combinaciones porque la grandeza musical así lo permite, disfrutando de un concierto extraordinario en el amplio sentido del término.

La propia directora en un español perfecto pese al poco tiempo entre nosotros, nos presentó tras el Herz Jesu Hymne del alemán Joseph Gabriel Rheinberger el viaje musical a realizar, incidiendo en el itinerario global con unos temas donde textos originales y traducciones se nos entregaron con el programa demostrando la importancia de gozar con todo, música y palabra, también leída por distintos componentes del ensemble, siendo de agradecer el esfuerzo del detalle, programas de calidad pareja a la interpretativa sin escatimar nunca trabajo porque el pago va implícito desde al amor por la música.

Un verdadero placer escuchar y contemplar el entendimiento de voces y directora, claridad de gesto, intención, dicción, gamas dinámicas llenas de sutilezas, la música realzando la palabra o el texto elevado por la melodía, juegos onomatopéyicos y reminiscencias gregorianos en una polifonía nórdica que sigue siendo referente coral, sin olvidarse compositores para quienes la voz «a capella» ha sido el mejor instrumento posible. Así fuimos escuchando el Ave Maria de Rheinberger en latín, Aftenstemning del danés Carl Nielsen, Min Dejligste Tanke del noruego Edvard Grieg, la canción folclórica Uti Vàr Hage arreglada por el sueco Hugo Alfvén, Na Bahia Tem del brasileño Heitor Villa LobosO Vos Omnes de nuestro Pau Casals universal que siempre tuvo la voz presente en su obra, Quatre Petites Prières de Saint François d’Assise del francés Francis Poulenc, siempre «a capella» sin echar de menos el piano de las Five Slovak Folksongs del húngaro Béla Bartók, y finalizando pletóricos con Zwei Geistliche Choere del alemán Felix Mendelssohn, sin olvidar la propina asturiana de La filandera de Leoncio Diéguez, un leonés en Asturias con Covadonga y la música en su periplo vital desde la docencia hasta la composición pasando por la dirección.

Pequeñas estampas vocales y enormes obras musicales, lo bueno si breve y cuando menos es más, paisajes evocadores de unas tierras que adoro tanto como su cultura donde la música se integra en la formación personal sin discusiones políticas, desde los ateos a los creyentes, porque cantar a coro es compartir y escucharse. trabajo en común por el bien intelectual y espiritual de todos. Nadie mejor para explicar lo sentido como Guillermo, el escolano leonés con Covadonga como su familia, quien escribe en las notas «(…) sensibilidad y cariño consiguiendo transportarnos a toda una variedad de espacios soñados. Sumiéndonos en calma, mostrándonos un sonido hermoso, embaucador y placentero» ordenándonos disfrutarlo pues no cabe otra cosa, como si hubiese estado físicamente presente en este gozo para los sentidos.

Mieres, fiesta coral por San Juan

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Coincidiendo con las fiestas patronales de San Juan, Mieres lleva celebrando desde hace diecisiete años el «Encuentro coral de los pueblos mineros La mina canta unida«, con visitas de coros amigos invitados por el anfitrión, a menudo devolviendo viaje con nuestro centenario Orfeón de Mieres, el decano de los asturianos, que volvieron a llenar el Auditorio Teodoro Cuesta los días 15 y 16 de junio, siendo el sábado a las 8 de la tarde cuando acudí a escuchar los dos coros en la última jornada.

Antes de comenzar volver a mostrar mi preocupación por la elevada media de edad de unas formaciones con mucha historia pero donde cantar casi es terapia e inclusión social más que buscar la belleza del canto. El envejecimiento de los coros, salvo honrosas excepciones, sigue siendo preocupante, lo que deja voces cansadas, con emisiones no correctas y problemas de afinación, olvidando unos mínimos de calidad que compensan con ilusión y ganas de gustar. No denigro esta faceta pero un coro amateur también debe buscar calidad dentro de sus posibilidades. Y si profundizamos en los repertorios elegidos también nos encontramos con muchas obras conocidas que el público demanda, así como arreglos o adaptaciones que darían para mucha crítica, acompañados por instrumentos que más que ayudar entorpecen, olvidándose de la existencia de obras asequibles, agradecidas y menos populares que como embajadores musicales también deberían dar a conocer.

Es el caso de la veterana Coral Polifónica Follas Novas de A Coruña que dirige el maestro Fernando Vázquez Arias, con acompañamiento de piano (electrónico) a cargo de la armenia Anna Mirzoyan en todas las obras que trajeron a Mieres, distintas calidades con resultados dispares y muy mejorables, donde sí encontramos tradición, popularidad y cierta renovación.

De ejemplo la Insalata italiana (Richard Genee) donde el repaso por la terminología musical debería ir pareja letra y música, aunque no siempre resultó. En general el coro coruñés abusó de brusquedades en emisión y matices, a menudo alejadas de lo escrito, con desajustes para elegir entre cuerdas y piano, por otra parte con desequilibrio entre hombres y mujeres que parece endémico en muchos coros y hasta se opta por coros de voces blancas. Los intentos del maestro Vázquez por encajar piano y coro fueron constantes pero la afinación no se logró más los matices demasiado exagerados.

De las tres obras de zarzuela mejor no ensañarme y de la llamada Suite latina del propio director Vázquez Arias resultó un pupurri excesivamente largo de boleros y canciones del otro lado del charco más propicio para una sobremesa que elegirlo para un concierto. Su obra A Coruña e unha serea desconocida para mí ofrece buenas ideas musicales que me gustaría escuchar por otra formación para poder emitir un mejor juicio de valor.

Tras entregas e intercambios de regalos entre los dos coros así como la entrega de distinciones al Área de Cultura de nuestro ayuntamiento por el apoyo a eventos como el que nos ocupa, o la insignia de plata del Orfeón a Rosa Mª Llaneza que lleva toda la vida cantando y es historia viva del coro decano de Asturias,

el Orfeón de Mieres con Carlos Ruiz de Arcaute Rivero seleccionó para casa siete partituras variadas donde se escuchó por primera vez la obra Mieres del camino originalmente para voz y piano del pintor gijonés Juan Martínez Abades (1862-1920) que también escribía música para cabarets y salones de su época. De aplaudir la incorporación de temática local buceando o trabajando en adaptaciones como esta estrenada hoy por el propio orfeón.

Del folklore asturiano no podían faltar el Axuntábense (Sergio Domingo) o la hermosísima Tengo de ponete un ramu de Benito Lauret que tanto hizo por la música en Asturias durante su estancia allá por los años 70 con la entonces Orquesta de Cámara «Muñiz Toca» que sería la Sinfónica de Asturias, y la Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo». Del repertorio habitual con el que disfrutamos del orfeón La golondrina (J. Pagán), Mi viejo San Juan pero del portorriqueño musicado por Antonio Barés, o Ilusión de amor (Santos Montiel, armonizada por Ginés Abellán), sumándose la conocida Chiquitita del grupo ABBA que dio un toque de «modernidad» aunque también habría mucho que escribir de los repertorios e incorporada recientemente en La Calzada por nuestro decano coro. Con todo felicitar a este Orfeón que con Ruiz de Arcaute está llevando la música coral con el nombre de Mieres por la geografía española.

Tratándose de poner voz, esta vez alzándola con el silencio de la razón, todos los componentes del orfeón a los que se sumó algún conocido más sobre el escenario en una campaña que se extiende por todas partes, hicieron visible con carteles la petición del Grado de Deportes para nuestro Campus de Mieres, pues ya va siendo hora de dotar de más contenidos a unas instalaciones modélicas e infrautilizadas por parte de la Universidad de Oviedo, el pasado minero e industrial que tanto dio a Asturias y España, teniendo todavía por saldar una deuda con Mieres, justo cuando se vuelve a plantear el cese de la actividad minera y la defensa de energías limpias y renovables. Al menos que nos dejen ser una verdadera ciudad universitaria al completo.

El colofón tras la reivindicación, Asturias, patria querida cantado por todos los presentes que volvió a sonar luchador y esperanzador porque «quien canta, su mal espanta».

Todavía llegaría a casa para el «Liceu a la fresca» con un Manon Lescaut de Puccini donde brilló el español Carlos Chausson y el estadounidense Gregory Kunde que cunde pese a los años, aunque no haya sido para archivar. Al menos el «horario cultural» no resultó ser las dos de la madrugada sino el llamado «prime time» y todo lo que sea popularizar la ópera siempre será bien recibido.

A disfrutar de la fiesta siempre con música…

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