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Esplendor solamente vocal

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Domingo 17 de septiembre, 19:00 horas. Teatro Campoamor, Coro “El León de Oro”, Grupo Vocal KEA (director: Enrique Azurza), director: Marco Antonio García de Paz: “El esplendor de la polifonía”, obras de Lasso, Victoria, Stanford, Schnittke, Holst y Martin. Entrada butaca: 14 €.

Deberíamos haber celebrado un cumpleaños de oro para conmemorar el del Teatro Campoamor pero solo refulgió el coro asturiano con veinte años “rugiendo”, como sus fieles leónigans. La política cultural del ayuntamiento capitalino sigue errando en su concepción musical, manteniéndose a duras penas lo que tantos años ha costado alcanzar, eliminando por equivocadas visiones eventos que eran toda una inversión (nunca gasto) y pergeñando una pobre celebración de estos 125 años donde se mezclan óperas y zarzuelas ya previstas, con intérpretes tan dispares como Rodrigo Cuevas, Estrella Morente e India Martínez en el mismo cartel que Paco Ibáñez con Jerónimo Granda, la Real Banda de Gaitas local con la Oviedo Filarmonía o Barbara Hendricks, que con nuestro laureado coro El León de Oro (LDO), aprovechando que el Caudal pasa por Mieres y el Gafo por La Manjoya, al menos figuran dentro de la mal llamadamúsica culta” (mejor que clásica). Desconocer la historia del coliseo asturiano parece haberles llevado a “olvidar” los grandes nombres de la lírica o la escena que por sus tablas han pasado y engrandecido sus propias biografías, para hacer un “tótum revolútum” de estilos y públicos en una concepción de la cultura errática y fuera de lugar, confundiendo la  “Excelencia en el gusto por las bellas artes y las humanidades, también conocida como alta cultura” frente a Los conjuntos de saberes, creencias y pautas de conducta de un grupo social, incluyendo los medios materiales que usan sus miembros para comunicarse entre sí y resolver necesidades de todo tipo, que hasta la popular y excesivamente consultada Wikipedia© explica más detalladamente.

Amén de gaitas y placa conmemorativa con asistencia de distintas autoridades locales, no se cantó “cumpleaños feliz” pero al menos los compases finales de la última función de Sigfrido y El León de Oro pusieron la música en las horas extremas del día que le correspondía soplar velas a esta longeva historia de un teatro que lleva el nombre de nuestro escritor y periodista naviego Ramón de Campoamor gracias a la sugerencia de otro ilustre, Leopoldo Alas «Clarín».
Y el programa que nuestro coro más internacional y laureado eligió para conmemorar la doble efeméride, veinte y 125 respectivamente, también buscó hacer historia y cronología de la polifonía religiosa “a capella”, de Lasso a Martin sin olvidarse de nuestro universal Tomás Luis de Victoria. Difícil búsqueda que tuvo la recompensa para el numeroso público de poder disfrutar todas las excelencias de un coro “amateur” que canta como un profesional para compartir con los tolosarras de KEA una segunda parte al alcance de muy pocas formaciones corales.

La primera parte arrancó con el coro de cámara, otra de las virtudes de los “Leones de Marco” en cuanto a combinaciones posibles dentro de su plantilla, con las Lamentaciones (tertia, primi dei) a cinco voces de Orlando di Lasso (1532-1594), impecables y bien explicadas (como el resto del programa) en las notas de la doctora Diana Díaz González. Sumando efectivos y manteniendo calidad nada menos que el Regina Coeli (Tomás Luis de Victoria, 1548-1611), recogiendo lo sembrado por Peter Phillips, enamorado hace años de este coro, del que dijo «es extraordinariamente inusual encontrar un coro grande capaz de cantar música del Renacimiento
con tanta calidad»
, madurando y posando las enseñanzas para dejarnos una versión íntima, equilibrio y pureza, delicada sin excesos -no suele haberlos en “los leones”- para realzar el texto con la música en la mejor línea del abulense, también de oro como esta polifonía seguidora de Palestrina y Trento pero Contrarreforma elevada a lo sublime.

Salto en el tiempo y nuevo aumento de efectivos, coro ideal para el irlandés Charles Villiers Stanford (1852-1924) y su Beati quorum via. Sacar de nuevo obras ya trabajadas por los luanquinos supone recuperar y volver a descubrir matices y presencias, equilibrios con dinámicas increíbles desde la técnica perfecta al servicio de la música, una belleza polifónica que sigue admirando a todos los amantes de la música vocal.

Aún quedaban dos joyas cercanas en el tiempo, del soviético-alemán Alfred Schnittke (1934-1998) sus Drei geislitche Gesänge (Tres himnos sacros) a 8 voces, un despliegue buscando abrazarnos con el sonido siempre único del coro asturiano donde el derroche es emocional, muy trabajado por todas las cuerdas con exigencias solventadas sin problemas (detalles mínimos que no merece ni mencionar) y Nunc dimittis del británico Gustav Holst (1874-1934), una de las obras emblemáticas de los asturianos que siempre suenan irrepetibles dependiendo del lugar donde la canten, jugando con la acústica que en el Campoamor sigue siendo impecable como la versión del LDO.

Armar una obra para sesenta voces uniendo dos coros me recordó el reto de Sigfrido con las dos orquestas. Cuando la dirección es la correcta y el estudio detallado lleva un trabajo minucioso, los retos se alcanzan y la recompensa del éxito es la deseada. El Grupo Vocal Kea que dirige Enrique Azurza son unos profesionales que ya nos emocionaron hace años en la Semana de Música Religiosa de Avilés, compartiendo con LDO ese monumento cultural que se mantiene pese a todo(s) en la Villa del Adelantado. Compartir escuela de dirección y canto (Musikene es un referente internacional) hace fácil lo difícil, por lo que la Messe pour double choeur a capella (2004) del suizo Frank Martin (1890-1974) nos permitió escuchar en Asturias una interpretación irrepetible por lo plena, con Bach en el origen siempre exigente para todo músico, los cinco números del ordinario de una misa que como decía Marco a la prensa (que dejo al final de esta entrada), “se puede disfrutar con oídos ateos” -algún despistado intentó aplaudir entre el Kyrie y el Gloria-. El empaste y afinación de los dos coros fue encomiable, digno de destacarse para una partitura complicada, de registros extremos en todas las cuerdas, con momentos tensos resueltos con brío y aplomo, volviendo a demostrar lo necesario de un equilibro dinámico entre ellas que pocos consiguen, cambios rítmicos, juegos onomatopéyicos de gran riqueza, pinceladas de calidad e intimismo contrastadas con fortísimos nunca estridentes. Aplaudir el trabajo de los directores y coristas para alcanzar la excelencia buscada, difícil, costosa, sacrificada, cercana pero siempre agradecida. El esplendor de este doble cumpleaños no pudo ser mayor musicalmente.

Y como Bach siempre será “el padre de toda la Música”, en mayúsculas para evitar errores de concepción, con el sello dorado de colocar parte del coro rodeando al público del patio de butacas, ampliando escenario y sonoridades, el regalo de Knut Nystedt (1915-2014), al que KEA me descubrió en Avilés, con su Immortal Bach, una recreación mejor que “deconstrucción” del coral Komm, süsser Tod, BWV 478 donde las disonancias y juegos dinámicos alcanzados por este tren (coral) Vasco-Asturiano llegó a la estación de Campoamor como la más cálida ceremonia musical para una efemérides a la que le faltaron otros brillos.

Enlaces:
Dos entrevistas a Marco Antonio García de Paz en la prensa regional:
Crítica de Ramón Avello en El Comercio.

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La mina canta a coro

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Sábado 17 de junio, 20:30 horas. Auditorio “Teodoro Cuesta”, Mieres. XVI Encuentro coral de los pueblos mineros “La Mina Canta Unida”.

En plenas fiestas del patrón y desde hace 16 años se celebra en Mieres este encuentro de coros que hermana poblaciones, cantantes y familias trayendo la música coral a la villa del Orfeón de Mieres, el decano de Asturias y uno de los más veteranos en España, con nuevos llenos hasta la bandera que el sábado retrasó su comienzo esperando que finalizase el pregón a cargo de Víctor Manuel en una concurrida Plaza del Ayuntamiento, y con el presidente del Orfeón Eustaquio Álvarez Hevia haciendo los honores de la presentación y agradecimientos obligados.

El viernes me fue imposible asistir pero no podía faltar esta segunda jornada donde nos visitaba la Coral Polifónica “Amadeus” de Vigo dirigida por Norma Urive-Echevarría Córdova que nos dejaron siete temas variados desde una formación madura, con mayor presencia femenina lo que siempre desequilibra la sonoridad global.

Comenzaron con la pavana Belle qui tiens ma vie de Thoinot Arbeau, más movida de lo esperado y con varios cantantes doblando instrumentos (tres guitarras, pandero y flauta dulce) no muy cuadrados rítmicamente pero sirvieron las disculpas finales de los nervios y los años de la directora, prosiguiendo con el conocidísimo vals criollo Alma, corazón y vida (de Adrián Flores y arreglado por Antonio Ezcurra), con toques personales en cuanto a tiempo y fraseos, la bellísima Esta tierra de Javier Busto, empastados y bien presente la melodía, No Niño Novo do Vento (texto de Álvaro Cunqueiro y música de Joaquín Carvajal) con el folklore vecino que nos gusta a todos, cruzando el charco para seguir con el bolero cubano Si llego a besarte (de Luis Casas Romero en arreglo de Marcos Valcárcel Gregorio) perfectamente leído rítmica y melódicamente por la directora nativa incluyendo su acompañamiento de claves, que ha sabido transmitirlo a este coro con el que lleva lo que llevamos de siglo, Pandur (Làjos Bardos) y de nuevo los aires gallegos con Lela (Daniel Castelao y Miguel de Santiago, en arreglo del citado Valcárcel), toda una muestra del buenhacer de estos coros aficionados que trabajan duro apostando por repertorios populares y cercanos en este concierto festivo. Buen sabor de boca e intercambio de regalos entre los dos coros que cerraban el encuentro este sábado.

Con los anfitriones podía ver por fin al director actual, Carlos Ruiz de Arcaute Rivero, hombre curtido en el mundo vocal y coral, con el que nuestro orfeón parece haber encontrado el camino deseado: mantener el repertorio base dotándolo de nuevos aires con gesto claro y preciso que da confianza a los coristas.

Así fueron interpretando temas asturianos como Ay, un galán (Javier Armenter), rítmica de danza prima que bailaremos la noche de San Juan, Atardecer (Sergio Domingo) sentido sin buscar estridencias, Mocina, dame un besín (Antolín de la Fuente) saltarín y bien fraseado, o el “himno no oficial” Soy de Mieres (Alfonso Ruiz Martínez), casi seña de identidad del orfeón (junto al hoy recordado Por el camino de Mieres) antes de unas habaneras que no pueden faltar en los conciertos como Mi viejo San Juan (Noel Estrada y armonizado por Antonio Barés) que parece haber renacido con Ruiz de Arcaute, una impresionante y emotiva Adiós Torrevieja (Manuel Ruiz Gómez) con bajos seguros y ricos matices en todos contagiando ese ritmo tan de ambas partes del “charco”, para finalizar esta travesía con Un velero y una canción (Santos Montiel). Haría falta rejuvenecer nuestro centenario orfeón aunque es una tarea necesaria en casi todo el mundo coral asturiano, pero no tenemos la receta para “enganchar” a las nuevas generaciones, aunque los intentos educativos no parecen cuajar.

Como hermanamiento los dos coros se unieron para un sentido Santa Bárbara (armonizado por José Fernández Avello) recordando al muy querido Luis Naves, fallecido este mismo sábado, antiguo componente del orfeón así como del renombrado Ochote La Unión, pérdida no por esperada muy sentida, dando el pésame a toda su familia, y especialmente a su hijo José Luis que tomó el relevo en este “su Orfeón”.

Ya quedan convocados los próximos encuentros para el 2018, con el apoyo de un público fiel que sigue apoyando al Orfeón de Mieres.

Una vida, dos pasiones y diez años

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Sábado 27 de mayo, 20:00 horas. Auditorio Teodoro Cuesta, Mieres: X Gala Coraldanza 2017 “La décima”. Centro de danza KarelVirginia Herrero (bailarina y directora), Coros de la Escuela de Música de Mieres, Reyes Duarte (directora), Verena Menéndez (piano), Ángela R. Corta (piano), Francis Ligero (guitarra y cante).

Reyes Duarte ha conseguido aunar sus dos pasiones a lo largo de diez años, toda una hazaña en nuestro Mieres y con el apoyo del ayuntamiento local: la danza por amor no solo cercano (faltaba Raquel en las antípodas pero entre nosotros) y la música coral desde su labor docente y divulgativa en la Escuela de Música que ha sentido siempre como suya, varias generaciones de coristas que siguen acudiendo a esta cita. Nuevamente lleno el auditorio que lleva el nombre de nuestro bate y músico mierense con los protagonistas esperados que, como sucede en la vida, se renuevan y cumplen años pero con la semilla bien plantada que en esta décima edición pudimos disfrutar, coros y danza, cantantes y bailarines en una velada colorida en todos los sentidos con el programa abanico, todo un clásico de CoralDanza y catálogo de intenciones afianzadas desde hace una década.

Organizar una gala variada de hora y media sin apenas respiro tiene mucho valor, comentar cada parte organizada en cinco bloques imposible, reflejar emociones aún más complicado. Todo perfectamente engranado, desde una iluminación ideal para cada momento, una megafonía adaptada y adecuada combinando mucha música en directo y grabada (para varias partes bailadas) hasta el presentador “oficial” de las galas, Alberto Cienfuegos, Michel para todos, quien comenzó con el guitarrista todoterreno Francis Ligero
para cantar el bolero Piel canela adaptando la letra al día aunque el estribillo “me importas tú” vale para todo y “que se quede el infinito sin estrellas” porque Marcos a los mandos técnicos es capaz de recrear universos sonoros y lumínicos como nadie, proyectándose además imágenes de las galas anteriores recordando los temas interpretados a lo largo de estos diez años con nuevos arreglos, formaciones y la misma ilusión.

Primer bloque con Francis al cante y toque más Virginia Herrero al baile se marcaban unas Alegrías transportándonos con todo el embrujo del flamenco a una tierra cercana en nuestra memoria colectiva.

Michel comentaba lo curioso y simpático de los nombres con los que Reyes ha bautizado los distintos coros que dirige en Mieres: “Precorín” los que comienzan a cantar casi como un juego, el “Corín” con los pequeños, “Vox Junior” las adolescentes que unen dos generaciones, y el “Corón” de todas las edades, aquél que surgió para los papás y mamás emulando a los vástagos pero que se han asentado como un coro de adultos cantando repertorios nada tradicionales que el público conoce de siempre.

Reyes con el Precorín y Verena al piano abrieron la parte coral con tres temas que llevan su coregrafía adaptada a estas edades donde se construyen los cimientos musicales: coordinación, afinación, dicción, idiomas, movimiento y juego, tres números comenzando con el italiano Sotto la luna (Tullio Visioli – A. Vernata) y dos preciosidades del vasco Jesús Guridi: Cazando mariposas y La vacación (de sus “Seis canciones infantiles”).

La danza de la escuela Karel, siempre con un vestuario elegante y vistoso sin “folclorismos”, abría el segundo bloque de la gala con un excelente tema titulado Río de plata combinando estilos de baile y música, un mix de lo más moderno –Santa María (del Buen Ayre) de Gotan Project– que conjuga clásico y tango, guitarras y bandoneón con un ritmo mecanizado con mucho gusto, el mismo que el cuerpo de baile mostró: danza española y ballet unidos en una coreografía logradísima que fue de lo más destacado por su creatividad y buen hacer.

El Corín nos trajo tres temas: el conocido Hallelujah de Leonard Cohen con Verena acompañando al piano, para seguir “a capella” los siguientes: la popular asturiana ¿Quién quier?, ¿Quién quiere entrar?) armonizada por Xabier Sarasola, con dos grupos frente a frente sumando palmas, y la habanera popular La Bella Lola con vaivén marinero de L’Arena.

Desde el teclado electrónico, la profesora  y pianista habitual Verena Menéndez, también cantante en el corón, interpretó el tema principal de Memorias de Africa (John Barry) antes de la pareja de baile Borja Villa y Susana García con un delicado Just the way you are, delicadeza o como bautizó Michel en la presentación de este bloque, “poesía en movimiento“, la danza clásica atemporal con este tema romántico de Billy Joel que me transportó a mi juventud entonces en blanco y negro, coloreada por estos bailarines en bella plasticidad subrayada por una iluminación cinematográfica perfecta para este tema de siempre.

Renovándose y manteniendo el espíritu adolescente llegaron las Vox Junior con Blue Moon (L. Hart/R. Rodgers) cantado “a capella” y con mucho swing antes del Cabaret de Liza Minelli con Ángela R. Corta al piano, difícil mantener el tono del que se aprende al recuperarlo, pues el directo también hace escuela. Alfonsina y el mar (de Ariel Ramírez en arreglo de Hugo C. de la Vega) nos permitió escuchar cantar a Reyes, con “las vox” de acompañamiento (un vértigo de afinación para esta página tan complicada y emotiva).

El baile de Karel cerraría este cuarto bloque con Francis tocando y cantando un animado Garrotín, coreografía con sillas y zapateado visualmente bellísimo, impactante y alegre nuevamente “revestido” por una iluminación que engrandeció al poderoso sonido del directo

El fin de fiesta lo ocuparía el Corón, que se renueva y mantiene temas de los primeros años que nunca se archivan: la lograda armonización realizada por el cubano Electo Silva de Dulce embeleso (Miguel Matamoros) con claves y maracas, el verso de Benedetti con la música de Alberto FaveroTe Quiero armonizado por Liliana Cangiano con cuatro solistas de timbres variados enriqueciendo siempre el original, y la brasileña Rosa amarela (H. Villalobos),

antes de la sorpresa que no puede faltar, esta vez el baile de salón latino con Rocío A. Duarte, arte en los genes y alegría para toda la familia, mamá, papá y abuela apoyando su carrera de siempre,

y el nunca deseado final porque cuando todo funciona el tiempo pasa volando, con todos los participantes sobre el escenario cantando Imagine de John Lennon con el piano de Verena y Alegría con Francis a la guitarra y Virginia al cajón antes de la propina sobre la marcha, un himno de despedida como el Color esperanza de Diego Torres que sigue en la recámara y surge del recuerdo y el optimismo de “la décima” esperando ya el 2018.

Creo en Dios Bach Todopoderoso

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Sábado 1 de abril, 20:00 horas. Oviedo, Conciertos del Auditorio: Nuria Rial (soprano), Rebecca Martin (mezzo), Markus Schäfer (tenor), Thomas Laske (barítono), Akademie für Alte Musik de Berlín, Coro de niños de Windsbach (Windsbacher Knabenchor), Martin Lehmann (director). J. S. Bach: Misa en si menor, BWV 232 (H-moll-Messe).

Si la Misa de Bach es Patrimonio de la Humanidad desde octubre de 2015 para preservarla del olvido, quienes la hayan escuchado en la multitud de versiones que hay en la actualidad estarán de acuerdo en que se trata de un bien cultural eterno que trascenderá nuestra propia vida. Incluso para agnósticos o ateos existe un Bach todopoderoso cual dios padre de todas las músicas, y que siendo un luterano convencido y de oficio, encabezando cada obra suya escribiendo en latín “Soli Deo Gloria” (Gloria al único Dios) no tuvo reparos en componer esta misa católica, obra magna que hace vibrar lo más profundo del ser humano sin más destino que la propia música, un mismo dios para todos.

Los comentarios de esta magna obra y sus avatares los encontramos tanto en las notas al programa de Carlos García de la Vega como en la crítica de Mario Guada para Codalario del concierto que dieron el día 30 en el Auditorio Nacional de Madrid estos mismos intérpretes del primer sábado abrileño en plena Cuaresma, con una gira que sigue poniendo a Oviedo en el mapa como “La Viena del Norte”.
Auténtica liturgia musical con el “pastor” Martin Lehmann al frente de un coro de niños como probablemente lo ideó y ejecutó en Leipzig “mein Gott Bachen Santo Tomás, más numeroso pero igual o más disciplinado (por lo que cuenta Gardiner), voces educadas en el trabajo desde los seis a los dieciséis años donde las voces blancas (tiples y contraltos) mantienen esa pureza tímbrica y tras la muda llegan a tenores y bajos aún sin redondear pero con la frescura que da la propia edad. Impresionante el trabajo de los más de 70 cantores del “Coro de niños de Windsbach” para afrontar esta obra al alcance de pocos. Por supuesto que la Akademie für Alte Musik de Berlin sigue siendo la mejor formación posible en estos repertorios, equilibrio dinámico perfecto para dar la importancia que Bach siempre dio a los textos, esta vez en latín, al que la música realza pedagógica y didácticamente haciendo más comprensible el ordinario de la misa que nos eleva hasta el Paraíso.

La cuerda con la concertino Lisa Immer (impecable su solo con la soprano) impacta por claridad junto al continuo de cello sumándoe el órgano del finlandés Petteri Pitko (impecable desde el Kyrie hasta el pacem) o un par de contrabajos virtuosos; la madera, a pares, no se queda atrás, flautas, oboes (desde el Sanctus trío) o fagotes ayudan a subrayar un latín cantado y comprensible para todos. Del trío de trompetas naturales podríamos hablar para escribir toda la entrada porque no ya la complicada afinación sino la limpieza de sonido y la presencia idónea bien sujeta por Lehmann dio más color a una obra que traspasa el dogma. Incluso el único solo de trompa (con el barítono) volvió a dar una lección de cómo interpretar el barroco con precisión y musicalidad. Por último los timbales de cobre donde el sevillano Francisco Manuel Anguas Rodríguez mantuvo el nivel estratosférico de los berlineses, entradas ajustadas, volúmenes en su sitio “y mandando” en los ritardandos marcados por el Maestro. Coro y orquesta alemanes para esta Misa atemporal del dios Bach. Y de la afinación pese al calor de la sala, una maravilla comprobar que la revisaban entre los propios huecos de la misa, con Lehmann bajado de la tarima e Immer de perfecta ayudante. Rapidez y el “pastor Martin” dando los tonos al coro con su voz cómo buen maestro, llevándoles casi de la mano en cada número, mimándolos y compartiendo el disfrute con todos nosotros, incluso eligiendo unos tiempos arriesgados que lograron más luminosidad para esta misa. Una lección cada final distinto según lo escrito, manteniendo la última nota en el aire o cortando con precisión, mano derecha firme en la pulsación tan difícil de mantener, e izquierda controlando las dinámicas atento siempre a las entradas de “sus chicos“. El gesto se le supone pero el trabajo anterior marca la diferencia y esta “Academia para la Música Antigua de Berlín“, renovada como tantas otras formaciones según el momento, brilló en parte por el propio Lehmann que ofreció una interpretación para recordar.

Del cuarteto solista, algunos coincidentes en grabaciones, destacar la búsqueda del complemento en tesitura más que tímbrico, como si del órgano o la propia orquesta se tratase, pero donde la “afinación barroca” parece disipar unos graves más presentes incluso con acompañamientos únicamente de continuo mientras están sobrados en los agudos. Los registros se entrenan como el propio cuerpo y mi opinión es que los intérpretes preparan sus intervenciones en este repertorio olvidando el producto final.

Pese a todo me quedo con una Nuria Rial que volvía a Oviedo en “gran formato” y demostrando la causa por la que se la demanda en músicas de los siglos XVII y XVIII. Timbre hermoso, técnica sobrada para las agilidades, musicalidad en una línea de canto siempre sentida y un color que ayuda al empaste con sus compañeros. Bien el Christe, mejor Laudamus y el dúo con la mezzo Et in unun Dominum, atentas ambas a las respiraciones y finales de frase.
Otro tanto podría decir de Markus Schäfer, bachiano reconocido de timbre algo metálico pero apropiado en estos registros donde el estilo cuenta más que la capacidad de cantarlo, y ahí está el fuerte que no pareció tener este sábado ovetense. Desiguales sus intervenciones, bien el dúo con Rial del Domine Deus pero algo mejorable su Benedictus de color poco homogéneo.
Desigual la mezzo norteamericana nacida en Saigón Rebecca Martin, pese a mi pasión por esta cuerda femenina, pero que no debería cantar lo escrito para la segunda soprano. Buen empaste en el Christe inicial, color apropiado pero de pocos graves ¡y es mezzo!. Más pasión que línea de canto e incluso un flojo Agnus que incluso desafinó levemente, dejándonos mal sabor de boca aunque cantase algo mejor el Qui sedes, más el citado dúo con la soprano.
Y del barítono Thomas Laske decir que sufrió para hacerse escuchar en unos graves necesarios no ya en el ambiente creado por esos registros en la orquesta sino en una tesitura irregular, más lírico que dramático para un barítono que pese al currículo no acabó de cuajar en el cuarteto solista pese a mostrar un fraseo más que correcto, especialmente en el Et in Spiritum.

Pero la Misa de Bach trasciende la interpretación y emociona cuando se la escucha en vivo, pocas veces a lo largo de la vida melómana por larga que sea, más cuando tenemos a “la Akademia” con Lehmann al mando capaz de sacar de cada uno de los veintisiete números la riqueza bachiana de cada nota en cada instrumento, siendo el coro (de voces blancas) el verdadero protagonista para un sábado de gloria anticipada… hacía tiempo que el público no aplaudía tanto, llevándose los chicos la mayor y merecida ración, más allá de la simpatía que los jóvenes cantores siempre despiertan entre todos, más que la propia calidad de los berlineses.
Si las pasiones no pueden faltar cada Cuaresma, esta Misa debería ser obligatoria una vez al año, porque rezo en voz alta “Creo en Dios Bach Todopoderoso…”, al menos con oficiantes de altura.

Don Alfredo de la Roza, siempre

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Martes 21 de febrero, 19:30 horas. Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo: XII Ciclo de Música Sacra “Alfredo de la Roza”. Mesa redonda en torno a Don Alfredo.
Doce años largos que mi querido Alfredo nos dejaba pero que su Escolanía San Salvador sigue manteniendo vivo en el recuerdo, no ya con este ciclo que lleva su nombre sino en el día a día y esperando que octubre sea el mes donde Oviedo tenga en su callejero a Alfredo de la Roza Campo (Santa Marina de Cuclillos, Siero, 5 de diciembre de 1925 – Oviedo, 31 de octubre de 2004).

José Luis, Sandúa, Ovín y Chema

Como novedad de la duodécima edición del ciclo se han incorporado las conferencias, una más académica sobre la Schola Cantorum del Seminario ovetense y esta mesa redonda que congregó a cuatro amigos, alumnos y compañeros en charla amigable, aunque muchísismos de los que asistimos también recordamos muchas de las anécdotas que fueron surgiendo desde la mesa. Ahí estaban José Luis Alonso Tuñón, párroco de San Isidoro que acogió a la Escolanía cuando la “desterraron” de la Catedral donde Alfredo era “Maestro de Capilla” pero sin ella, alumno y con los años amigo, pues el Maestro cercano acaba siendo amigo una vez pasada la dualidad docente-discente; José María Hevia, Chema para todos, sacerdote además de cantor y compañero quien supo aprender a entender los Salmos desde la música no ya escrita sino sentida mucho antes de rezarlos, también dando el paso casi lógico tratándose siempre de Alfredo. José Manuel Ovín De La Vega, otro componente de aquella increíble Schola, docente que “liberaba el dolor” de Alfredo al encargarse de los que por aquí decimos “de oreya dura” en el Seminario, incluso obligándoles a desfilar para comprobar que por lo menos ritmo tenían, anécdota recordada por José Luis, seguidor de esa escuela de dirección coral que Don Alfredo fue regando, impulsor también de los años dorados de una FECORA donde los cuadernos corales eran manuscritos dignos de imprenta, y tantas aventuras codo a codo. Y mi paisano Joaquín Sandúa, de escolano en Covadonga al Seminario de Oviedo bajo la tutela de Don Alfredo, compañero de andanzas en el Ochote Principado, también con amistades comunes, primero en la Escolanía San Salvador (a la que “recomendó” la nueva y actual sede tras el “destierro catedralicio”) y sobre todo durante aquellos brillantes años de la Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” con Benito Lauret desempolvando el archivo catedralicio, llevándolo al disco y realizando giras con una formación vocal realmente excelente en aquellos años.

Habría para muchas más mesas con Alfredo en el recuerdo, Don Alfredo como le llamaban en el ochote (que tranquilizaba al director y no a la inversa), su humildad, él lo llamaba antidivismo militante, como una de las cualidades más mencionadas, alumno muchos años de aquellos cursos de dirección coral en Cervera (Lérida) porque ser autodidacta también necesitaba reciclar e incluso tener una titulación que ni siquiera recogió: los viajes en su Lambretta y sotana que no eran lo mejor para recorrer monumentos que iba “descubriendo” por aquella geografía de los años cincuenta, con su otra pasión por el Arte y la Historia contada desde sus vivencias, porque los datos ya estaban en los libros. También el tertuliano en los conciertos del Campoamor o el Auditorio (como recordaba Ovín y aún pude disfrutarlo en muchos descansos), el amor y respeto por todo tipo de música, su afición por la tecnología atesorando grabaciones de su idolatrada “Radio 2” (hoy Radio Clásica), su participación siempre de buen educador ambientando el Seminario con música y fútbol los domingos… fotógrafo, cinéfilo, y todo lo novedoso para un hombre de mente abierta en unos tiempos difícil que con él no parecían tanto. Ciertamente Don Alfredo fue único, y apenas se habló del compositor y transcriptor de tanta música, aunque mi admirado Ángel Medina lo hace como nadie en su blog. Surgió una anécdota sobre una “Salve a 8 voces” que ni siquiera recordaba haber escrito y compuesta tras una estancia en Montserrat que le inspiró para poder ofrecerla en Covadonga con la Escolanía y la Schola del Seminario en una proeza coral por entonces (inicio de los años 50), como nos recordó “Sandu”.

También tengo mis anécdotas con Alfredo, algunas salieron a la luz pero quiero recordar la gracia que le hacían mis (malas) imitaciones de Chico Marx al piano durante los cursos de dirección coral de Covadonga allá por los inicios de los 80, o sus carcajadas con Les Luthiers, porque Alfredo siempre respetó “La Música”, sin etiquetas, pidiendo “los finales piano” aunque tuviese que finalizar con Axuntábense más para regocijo canoro que directorial. Sandúa decía que seguía esperando encontrárselo de nuevo, y es que si “La muerte no es el final“, el recuerdo y la escuela de vida que Alfredo de la Roza nos dejó a tantas generaciones, siempre seguirá vivo.
El viernes “su” Escolanía cerrará esta duodécima edición aunque no estaré para contarlo, pero me consta que tengo su permiso porque la integración social con la música que supone el proyecto Mosaico de Sonidos redime cualquier pecado.

¡Gracias amigo!

La Ortodoxia rusa

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Viernes 17 de febrero, 20:30 horas. San Isidoro el Real, Oviedo: XII Ciclo de Música Sacra Alfredo de la Roza. Doros: “Música Ortodoxa de la Catedral de San Basilio, Moscú”.
DorosVruyr Ananikyan, tenor – Aleksandr Gorbatov, tenor – Aleksandr Kamyshintcev, barítono – Konstantin Senchenko, bajo-barítono – Bekseit Ryspaev, bajo.

El ciclo que homenajea a Don Alfredo de la Roza ha cambiado noviembre por febrero pero sigue contando con el apoyo popular volviendo a registrarse un lleno histórico ocupando totalmente el templo desde media hora antes del concierto del quinteto vocal Doros.

Dos partes de música coral rusa de distintas épocas y estilos pero cercanos al oído por tratarse de obras bien armonizadas diría que académicas, para mostrarnos la calidad de los componentes tanto individualmente, con solos de los cuatro, especialmente presente el barítono Aleksandr Kamyshintcev (mientras el bajo Ryspaev lo haría en la segunda de las propinas) bien situados en el programa, como del quinteto capaz de cantar imprimiendo emoción y calidad llena de excelencias, amplios reguladores, matices variados, emisión clara y cuantos calificativos vocales queramos añadir.

La gama de dinámicas bien trabajada según la partitura dejaba pianísimos impactantes perfectamente audibles en una iglesia de acústica apropiada y los fortísimos modulados sin perder nunca un sonido compacto, afinado, con un bajo profundo verdadero sustento de las variadas obras ofrecidas por los moscovitas, profesionales de la música y embajadores de sus compositores, muchos desconocidos pero con tanto oficio como sus intérpretes.

Armonizaciones para un quinteto de voces graves que destacaron la religiosidad de melodías y textos (sin traducir pero avanzados por los títulos de salmos y plegarias ortodoxas) salpicados por otras populares desde la sacralidad como los Doce ladrones, una balada rusa que aquí en Asturias se ha conocido por agrupaciones similares desde el Peregrino de la noche (Jaroff). Repaso histórico de obras anónimas junto a compositores desde el barroco de Deletsky, el clasicismo del italiano Sárti, Bortnyantsky o Degtyaréff, a la plenitud coral del XIX con Arkhangelski y el más cercano siglo XX con Khristov también famoso cantante búlgaro, o Tchesnokoff, el más presente dentro del programa, todos buenos conocedores de los recursos vocales al servicio del culto, la herencia europea con toques tradicionales rusos desde la tonalidad occidental para melodías que siguen sonando cercanas pese a la distancia geográfica.

Como decía, unos solistas de hermoso timbre y grandes recursos bien arropados por el cuarteto para obras de herencia occidental en cuanto a su composición, y quintetos de empaque que gustaron al respetable, sonido increíble que cerrando los ojos presumía mayor número de componentes, verdaderos profesionales del canto coral.

Tras agradecer la acogida, tres propinas con dos populares y una armonización del conocido Ave María de Schubert en latín, nuevamente permitieron disfrutar de la voz solista de Gorbatov, uno de los dos tenores, el más matizado y con timbre ideal para lo sacro, finalizando a las diez de la noche este segundo concierto del ciclo antes de la clausura el próximo viernes con la Escolanía San Salvador organizadora de esta cita imperdible con mucho apoyo popular, que este año incorpora conferencias y mesas redondas sobre la figura del querido y siempre recordado Don Alfredo.

PROGRAMA:
PRIMERA PARTE
El canto de los Querubines (Serbia)
Canto sobre la Natividad de Cristo
Aleksandr Arkhangelski (1846-1924)
Salmo 20
Dmitri Bortnyantsky (1751-1825)
Mi alma pecadora (Poesía sacra del norte de Rusia)
Glorificación de Dios (Salmo)
Nikolay Deletsky (1630-1681)
En tu Reino de la bienaventuranza
Bóris Khristov (1914-1993)
Canto de Pascua
Pavel Tchesnokoff (1877-1944)
Señor, escucha mi plegaria
Pavel Tchesnokoff (1877-1944)
El Señor está elevado
Stepán Degtyaréff (1766-1813)
Amor santo
Georgy Svirìdoff
SEGUNDA PARTE
Concierto de Navidad
Stepán Degtyaréff (1766-1813)
Nuestro Padre
Nikolay Kèdroff, padre
¿Por qué me has abandonado?
Georgy Rùtoff
Canto consagrado al icono de la Virgen de Kazan
Pavel Tchesnokoff (1877-1944)
Canto de Pascua
Pavel Tchesnokoff (1877-1944)
La cena
Aleksandr Lvoff
Canto de Pascua
Giuseppe Sárti (1729-1802)
Doce ladrones (Balada rusa sacra)
En memoria eterna del justo
Nikolay Kedróff, hijo
Veré los rápidos del río (Canción popular rusa)
arr, Victor Popov.

Navidad universitaria

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Lunes 19 de diciembre, 20:00 horas. Iglesia de Santa María La Real de La Corte, Oviedo. “Concierto de Navidad”: Coro de la Universidad de Oviedo y Orquesta, Ana Mª Peinado (soprano), Maite de la Cal (soprano), Laura Rodríguez Armas (mezzo – contralto), Joaquín Valdeón (director). Obras de Corelli y Vivaldi.

La música siempre ha estado presente en mi Universidad de Oviedo, hace años con una orquesta capitaneada por Alfonso Ordieres Rivero que vuelve a resurgir con su hijo Pedro en apenas mes y medio, y un coro verdadera leyenda y embajador, siempre con los altibajos “obligados” por los cambios generacionales, aunque cual Ave Fénix siempre resurgiendo, mezclando veteranía y savia nueva, con la Navidad como buena disculpa en buen momento, llenando la iglesia de la Plaza de Feijóo con Joaquín Valdeón ejerciendo de factotum tras haber sido también alumno de “Don Alfonso” (el apellido Ordieres es sinónimo de violinista y Maestro).

Abriendo boca Corelli, poniendo a prueba a una cuerda algo destemplada pero que tiene mucho futuro, con unos primeros atriles que ya apuntan maneras para el Concerto grosso en Sol menor, Op. 6 nº 8, Concierto para la Navidad, tiempos al límite con una reverberación que no ayuda pero apostando por el riesgo. Pasados los primeros nervios todo fue calentando y la batuta clara de Valdeón pareció ponerlo todo en el sitio deseado.

El Coro Universitario tiene el “Gloria de Vivaldi” en su historia, guardando como oro en paño la grabación en Nueva York con Max Bragado que se digitalizó dentro de un doble CD para mantener esos archivos en nuestra memoria. Luis Gutiérrez Arias marcó a una generación coral que incluso le siguió cual “coro de peregrinos”, pero el poso permanece y no debe faltar el repertorio a capella junto al sinfónico, esta vez con orquesta “hermana” pero algo desequilibrado tanto en plantilla (el doble de mujeres que hombres) como en edad, lo que siempre merma el conjunto.

Del trío solista apunta maneras Laura Rodríguez, una mezzo que terminará en contralto, pues los años irán haciéndola ganar en volumen y registro pues materia prima la hay. Buen empaste de las sopranos, con Ana Peinado ya conocida por su solvencia y profesionalidad junto a su compañera Maite de la Cal a la que tengo que seguir más de cerca, un trío femenino que lleva muchas óperas en su coro con todo lo que ello supone de “aprendizaje en la sombra” y que Joaquín Valdeón conoce de primera mano.

De nuevo el maestro Valdeón, siempre mimando las voces en cuanto a dinámicas con la orquesta, apostó por tiempos extremos, para mi gusto demasiado ligeros porque hacen perder claridad en las agilidades, tanto vocales como instrumentales (las trompetas sufrieron un poco), así como una acústica que no ayuda a una afinación correcta, si bien a lo largo de este Gloria en Re mayor, RV 589 de Vivaldi todo fue encajando según avanzaba. Los tiempos lentos permitieron disfrutar de solos de oboe y cello dignos de resaltar, con resultado global prometedor aunque la música siempre exija tiempo y muchos ensayos, difícil para los estudiantes y casi milagroso en los veteranos, pero somos conscientes de ello, por lo que sigue siendo un placer recuperar esta navidad universitaria.

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