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Domingo de música transatlántica

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Domingo 15 de octubre, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, “Conciertos de otoño”: Vuelta Abajo, Banda de Música Ciudad de Oviedo, David Colado Coronas (director). Entrada libre.

Llevo años siguiendo a mis amigos de Vuelta Abajo desde su fundación allá por San Mateo de 2001 cuando los boleros y el son les dejaba huella de sus viajes tunantescos a Miami y Cuba, para ir creciendo  a partir de 2006 en número, ritmos y calidad. No me perdí varias de sus actuaciones por distintos locales y sobre todo “las grandes” de la Plaza de la Catedral compartidas desde este blog en plenas fiestas de 2013 y 2014 (un festival compartiendo escenario con Los Sabandeños el Día de América en Asturias) así como la grabación en vivo de su CD “Entre amigos” el 15 de enero de 2012 celebrando los 10 años en el Teatro Filarmónica. Tampoco podía faltar a este nuevo proyecto ampliando repertorio y sumándose a la Banda de Música Ciudad de Oviedo en el inicio de futuras colaboraciones.

Mucho público esta tarde dominical para escuchar músicas del otro lado del charco, el repertorio habitual de nuestros “sabandeños asturianos” que sigue creciendo. Aunque algo mermados en efectivos, con solo 17 en escena (nueve voces y ocho instrumentistas) no muy bien amplificados, volvieron a demostrar el dominio de la música hispanoamericana así como lo trabajado que tienen cada tema, comenzando con la peruana Luz de amanecer (Carlos Ayala), uno de los primeros del grupo que sigue siendo perfecta presentación, ese minero boliviano con flautas, charango, bombo legüero y unas voces bien ensayadas (además de contar con un micrófono para cada una) con el refuerzo del bajo eléctrico, más potente que un guitarrón o el habitual contrabajo.
De México nos dejarían El camino de la noche (José Alfredo Jiménez) jugando con la hermosa voz solista emulando al gran Javier Solís con más calidez instrumental que la original y un “coro” muy bien empastado, otro de los temas que Vuelta Abajo no puede dejar de ofrecer.

Casi a media luz para continuar viaje hasta Argentina y esa Oración del remanso compuesta por Jorge Fandermole que Mercedes Sosa rezaba como nadie y los asturianos han incorporado desde la intimidad y el buenhacer del conjunto para continuar viaje por Cuyo con El niño y el canario (Hilario Cuadros / Evaristo Fratantoni) que de niños conocimos por Jorge Cafrune y Marito aunque me quedo con esta versión nuestra menos empalagosa y mejor armonizada.
Se notó la falta de más voces, especialmente la primera, en el vals jaranero Callejón de un solo caño (Victoria y Nicomedes Santa Cruz) interpretado junto a Palmero sube a la palma, ¡qué bonito! recordando a nuestros admirados canarios especialmente en la parte instrumental. Sin perder sabor llegaría la Zamba de la toldería (Buenaventura Luna, Óscar Valles y Fernando Porta), rítmica en estado puro y buenos punteos, Alma guaraní (Osvaldo Sosa / Damasio Esquivel) de belleza habitual en estas melodías del Paraguay, para cerrar viaje con la historia de un negro en Uruguay visto desde la vecina Argentina, de nuevo limitados en los equilibrios de voces e instrumentos con el Candombe para José (Roberto Ternán) y una amplificación no muy inspirada, recordando los tres orígenes del folklore hispanoamericano: el español, el indígena y el africano, feliz mestizaje que tan buena música nos ha dejado y de la que Vuelta Abajo son buenos intérpretes.

Sin apenas respiro y lo que se tarda en vaciar el escenario, la Banda de Música Ciudad de Oviedo nos traería más música del otro lado con unos arreglos verdaderamente espectaculares para apreciar la calidad de una formación donde solo faltó una flauta más para haber redondeado una interpretación llena de sutilezas, ritmo y armonías de película, siempre con David Colado atento a cada dinámica y protagonismo en plena renovación de repertorio. Interesante el arreglo de “Los hijos de Sánchez”, traducción española de Children of Sánchez de Chuck Mangione, un virtuoso del fliscorno en los felices 70 con este tema que sirvió de banda sonora a la película homónima, aquí con protagonismo no solo del flügelhorn sino también del saxo alto, pero con todas las secciones conformando un tema algo repetitivo, sin voz, que salva un ritmo frenético empujando el tema siguiendo las modas de entonces.
Con ese aire peliculero de las películas vaqueras nos mantuvimos en el nuevo continente con la conocida habanera esta vez reconvertida en mambo La Paloma (Sebastián Yradier) para una banda muy potente, especialmente en los metales y nuevamente la percusión que marca diferencias en este arreglo japonés. Y todavía más curiosa la versión de Amapola (José Mª Lacalle), un gaditano emigrado a Nueva York, cambiando los ritmos del bolero inicial, rumba y chachacá terminando en samba, verdadero homenaje caribeño del músico nipón Naohiro Iwai (1923-2014) para mantener ese aire transatlántico de este domingo donde el fuego robaba protagonismo a la música. Antes de volver a hacer una pequeña escala en nuestra España, el conocido tema de Rafael Hernández Marín “El Jibarito” El Cumbanchero con una instrumentación nada vulgar de nuevo a cargo de este descubrimiento del imperio naciente, hoy casi tan protagonista como los intérpretes, y pese a lo “vulgar” que nos podrían parecer estas canciones que toman nuevos aires, nunca mejor dicho, haciendo que las bandas también actualicen sonoridades y estilos.
Canta la copla que “La Habana es Cádiz con más negritos, Cádiz, La Habana con más salero” y Pascual Piqueras (Valencia, 1973) compuso este De Cai manteniendo la percusión del cajón mal llamado flamenco, venido de Perú pero totalmente asimilado gracias a Paco de Lucía, sumándole palmas y taconeo (bien por la pareja de percusionistas) que se quedaron comidos por las dinámicas de toda la banda, aires del sur con instrumentación internacional para esta música tan exportable y llena de vida, con todas las secciones participando.

Para el fin de fiesta nada mejor que volver a cruzar el Atlántico y aunar esfuerzos Vuelta Abajo con la banda y dos temas que los primeros tienen de siempre buscando nuevas sonoridades aunque la amplificación ni los arreglos estuvieron a la altura necesaria: Manhã de Carnaval (Luis Bonfa), ese Brasil de “Orfeo Negro” que hubiese necesitado más presencia y cuerpo vocal e instrumental con menos volúmenes en la banda, y el conocido joropo, casi segundo himno venezolano Alma Llanera (Rafael Bolívar Coronado – Pedro Elías Gutiérrez) que bisarían mejorando planos aunque la instrumentación no vendría mal eliminar la melodía duplicada o al menos mimar los matices, aunque supongo que esta primera toma de contacto también suponga corregir detalles y buscar arreglos tan buenos como los del japonés. Espero ya el siguiente proyecto para animar a estas fusiones más allá de coros de zarzuela y óperas, pues siempre digo que no hay etiquetas para la música, solo la que gusta y la que no, y David Colado apuesta por ello.

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Músicas por San Juan

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Coincidiendo con las fiestas de San Juan y la última semana de clases antes del último esfuerzo burocrático de este curso 2016-17, encontré algunos huecos para no perderme eventos puntuales, algunos de cita obligada.

Comenzaré con ese encuentro de antiguos tunantes habitualmente en el inicio de las fiestas de Mieres, más de una veintena peinando canas (los que conservamos pelo) cantando nuestro repertorio de siempre por el eje con más marcha de la villa, la antiguamente conocida como “la calle del vicio”, La Vega en su actual denominación, y Jerónimo Ibrán antes de finalizar en la emblemática plaza de Requejo donde continuamos cantando antes de la cita gastronómica, un cordero a la estaca que sirvió para amenizar no solo aperitivo o postres sino el resto de la madrugada, sin protestas por parte de los vecinos. Dejo arriba la excelente foto del cronista gráfico local, nuestro querido José Ramón Viejo Sáez.
El sábado estuvo ocupado por la segunda jornada del certamen que organiza el Orfeón de Mieres al que le dediqué una entrada especial.

No puede haber fiestas sin nuestra Banda de Música de Mieres, que además celebraba en el Parque Jovellanos, el de siempre, sus 25 años de nueva andadura tras la disolución de la municipal, una historia bien documentada por uno de los actuales integrantes, Vidal, que dio para toda una tesis doctoral. Con la dirección de Antonio Cánovas Moreno, que sigue revitalizando nuestra banda local y llevándola a una excelencia con la que todos soñamos, bajo un sol de justicia realmente abrasador, que ubicó al público a la sombra salvo algunos “esforzados”, la mañana del domingo 18 de junio pudimos escuchar un auténtico concierto de músicas conocidas donde no podía faltar​ lo popular: zarzuela a base de preludios, arreglos de coros como el de El huésped del sevillano de las lagarteranas, los “poutpourris” de la Gran Vía con “Caballero de Gracia” y el Tango de Menegilda “Pobre chica, la que tiene que servir…”, sin dejarse El rey que rabio, o las increíbles páginas de la Katiuska de mi tocayo Sorozabal.
Tampoco podía faltar el toque asturiano de La rapacina, una joya de fantasía para banda de Enrique Reñé, sin faltar los grandes éxitos de los años 70 en arreglos realmente conseguidos como Stayin’ Alive, I will survival, YMCA y una excelente selección de temas popularizados por Tom Jones o unos musicales “muy de Broadway” con Granujas a todo ritmo, solistas impecables en todas las secciones, especialmente el oboe, y con un repertorio bien elegido que llenó de alegría este primer sábado de fiestas.

La última semana con alumnos se hace eterna, coincidiendo además con una ola de calor a la que no estamos acostumbrados. El cierre “oficial” tuvo lugar el viernes 23 de junio a partir de las 13:00 horas en nuestra sala de usos múltiples, preámbulo de una foguera que nos estuvo entrenando con una climatología rara, en una ceremonia donde mi instituto premia esfuerzo, compañerismo, lectores, solidaridad y con alguna actuación musical que da lustre a cualquier evento, esta vez con Manuel de 4º de ESO a la guitarra eléctrica, marcándose unos solos de AC-DC tras un año de práctica donde progresó más que adecuadamente.

La mañana del día grande de San Juan, el 24 de junio, la tengo marcada en el calendario para amenizar los galardones de “Mierenses en el Mundo” con mi pareja artística para este evento Marta Quintero, casi emulando aquel cine de barrio con Parada y Sebastian como le gusta presentarnos.

Las excelentes todos son de Felipe S. Mera, reportero oficial de estos premios que van por su novena edición. Este año me tocaba la fibra sensible porque estaban entre los galardonados no ya el Padre Ángel con sus restaurantes “Robin Hood” o el chef Julius que se ha convertido en verdadero embajador de Mieres allá donde va desde su primera visita como jurado de “Mieres de pincho”, sino mi antigua alumna Paula Rojo, auténtica estrella musical consolidada con un estilo propio que hubiera encajado perfectamente en el último Eurovisión a la vista de los resultados, una trabajadora nata y en plena gira presentando su tercer disco “Un viaje en el tiempo” que como indica el título, siempre encuentra tiempo para viajar a la tierrina y visitar a la familia y a sus amistades de toda la vida.

Además tenía el orgullo de acompañar a José Menalva Cogollu en Soy de Mieres, cuarenta años sin vernos desde aquél disco de Diamantina dedicado “A las madres de los mineros” que se grabase en el salón de la Caja de Ahorros por Toni Martínez “ex Bravo” en su unidad móvil allá por 1979 y publicado en 1981 por el sello Doblón con Carlos Eusebio de productor. Su último Libro CD “El universo del canto” dedica parte de los ingresos precisamente a los “Mensajeros de la Paz” del Padre Ángel y desde ahora es el nuevo embajador de la mierensía hasta la próxima edición.

Tampoco faltó este año el Coro Minero de Turón y un encuentro especial con Laude Martínez e Ismael G. Arias uniéndonos a las cuatro manos sobre el piano para cantar el Asturias de Víctor Manuel que volvería a sonar por la noche en el Parque Jovellanos, antes de finalizar todos juntos con nuestro himno autonómico, público, coro, galardonados e invitados.

Tras el ágape y posterior comida, me decidí por acudir a Oviedo donde se escucharía en la Plaza de la Catedral (aunque tuve palco de lujo) un Carmina Burana (Orff) muy especial para despedir a Marzio Conti al frente de la Oviedo Filarmonía, uniendo tres coros, el de la Ópera de Oviedo y el de la FPA sumándose el Joven Coro, verdaderos y excelentes protagonistas con un trío solista conocido y de lujo: nuestra soprano más internacional Beatriz Díaz que ha llevado esta “cantata” por medio mundo en el montaje de La Fura, sin olvidarse de nuestro Teatro Campoamor, o “el Delibes” vallisoletano, impecable y capaz de acallar el ruido de las calles adyacentes con gusto y unos agudos dulces y pianísimos como pocas voces pueden alcanzar; el contratenor Xavier Sábata, otro habitual de este Orff, a quien la megafonía le puso más decibelios que en los teatros, y el barítono Javier Franco, color  ideal e intervenciones justo lo contrario, poca presencia amplificada por los “caprichos” acústicos de los registros medios, que en directo hubiera ganado muchos enteros.

Todo un espectáculo que estuvo pendiente del cielo rogando no lloviese para poder mantenerlo ante la dificultad del “Plan B”, amplificación no siempre equilibrada, pantallas gigantes con realización adecuada y un auténtico éxito de público, 800 (o mil) sillas de plástico que se quedaron cortas para las casi tres mil personas que abarrotaron todos los huecos posibles aunque sin “la furia” de otros momentos.

Una forma de acercar esta página maravillosa a todos los que se acercaron a la capital asturiana aunque tengamos un auditorio más apropiado para ello y sea precisamente la misma obra escogida para el arranque de la próxima temporada de la OSPA recientemente presentada. La calidad interpretativa de todos brilló de principio a fin pese a la amplificación, con aplausos entre algunos números para un público nada habitual en los conciertos de pago pero disfrutando como todos de esta maravillosa página que sirvió para seguir disfrutando de un San Juan muy musical. Estos días se sigue hablando y escribiendo de ello, con opiniones y medallas variadas, algunas desde la ignorancia política (para otra ex alumna mía).

Todavía me queda San Pedro y San Pablo para cerrar curso, mes y temporada, siempre sumando, esta vez dos orquestas (OSPA y OFIL), más el Coro de la FPA para la Resurrección de Mahler con dos reconocidas solistas (la soprano María Espada y la mezzo Iris Vermillion), bajo la batuta del ovetense Pablo González. Seguiré esperando por la Sinfonía de Los Mil asturianos, pues en esta tierra nuestra es cuestión de proponérselo, ya que contamos con material humano para ello y pudiendo resultar un “verdadero espectáculo musical” de llevarse a cabo. Por pedirlo de nuevo no quedará y ahí dejo los mimbres para el cesto.

Escenarios mierenses

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Preparando una conferencia sobre mis andanzas musicales pude observar cómo se han perdido distintos escenarios musicales en nuestro Mieres del Camino, lo que puede ser sintomático de todo un declive cultural, más aún en cuanto a la oferta de la llamada “música clásica”.
Luis Fernández Cabeza y Marino Canga. ©Foto Alfer Gancedo
Dependiente del Centro Cultural y Deportivo Mierense que dirigía Luis Fernández Cabeza estaba la Filarmónica con una trayectoria que bien se merece una tesis doctoral porque trajo a nuestra villa ilustres intérpretes que iban firmando en unos libros seguramente a buen recaudo y testimonio impagable de la importancia que tenían aquellos conciertos en el Teatro Pombo.

©Foto Paco
Por citar algunos a los que pude asistir y de los que guardo incluso autógrafos de los músicos como la mezzo Isabel Rivas en febrero de 1971, la soprano María Orán en febrero del mismo año, o el pianista Luis Galve en mayo de 1972. Dejo algunos programas con el slogan “Más socios, más conciertos”.
El cierre del Pombo supuso el traslado de los conciertos en el invierno de 1972, junto con el piano Blütnner propiedad de la propia Filarmónica, al salón de actos del Polideportivo de Oñón que entonces se llamaba Casa Municipal de la Juventud, dirigida por mi querido profesor y amigo Javier Pérez López, quien abrió las puertas a muchas actividades donde la música clásica nunca faltó e incluso dando oportunidades a los jóvenes músicos locales.
En mis cajas de recuerdos están programas de los pianistas asturianos Jesús González Alonso o Amador Fernández Iglesias en 1972, junto a la reconocida Pilar Bilbao, y al año siguiente Luis Vázquez del Fresno (casi habitual en todas las temporadas donde también había los conciertos navideños “Paz en la Tierra”), el famoso Leopoldo Querol, la arpista Mª Rosa Calvo Manzano y en 1974 los pianistas Pedro de Lerma y Perfecto García Chornet, manteniendo los llamados “Ciclo de Intérpretes Españoles” (organizados por la Comisaría de la Música de la Dirección General de Bellas Artes) y tantos otros invernales de la Banda de Música de Mieres dirigida por el maestro Alejandro Fernández Sastre, entonces teniente músico director de la “Banda de Música del Milán” de Oviedo, quien abandonaba la concha del Parque Jovellanos para darnos las matinales de los domingos en un salón más acogedor aunque con fuerte olor a humedad.
La nueva construcción por parte de la entonces Caja de Ahorros de Asturias del edificio que albergaría la Obra Social y Cultural dotó a Mieres de una sala de exposiciones muy apreciada donde colgaron pintores de reconocido prestigio y debutantes así como de un salón de actos en condiciones más que aceptables y con un piano “Yamaha” a estrenar, lo que supuso no ya un escenario acorde a los intérpretes que la Filarmónica continuaba trayendo a nuestro pueblo sino en ampliar conciertos organizados por la propia entidad bancaria.
Aunque por entonces ya estudiaba en Oviedo con lo que suponía de “aluvión melómano” (la ópera en septiembre más la Sociedad Filarmónica Ovetense al menos un concierto al mes), los fines de semana además de las vacaciones me volvía a casa. Los programas que guardo me traen recuerdos de una oferta musical variada apostando incluso por guitarristas o Tríos como el L.E.M.A. de Madrid, los “circuitos asturianos” de la Caja de Ahorros que además de Oviedo, Gijón, Avilés o Langreo, también realizados por el Orfeón de Mieres, al fin tenían nuestro pueblo como opción, con clásicos como la catalana Leonora Milá que repetía tras haber tocado para la Filarmónica (que además posibilitó el debut de la pianista local
Isabel Suárez González el 23 de abril de 1976), 
el excelente dúo pianístico vallisoletano Frechilla y Zuloaga conmemorando el 50 Día Universal del Ahorro un 31 de octubre de 1976, además de músicos internacionales de clave (Bernard Brauchli), piano (Leonidas Lipovetski), cantantes (el tenor Luis Lima estuvo en Mieres en sus inicios líricos), dúos instrumentales (como la violinista Eva Graubin con el pianista Roberto Bravo) sin olvidarnos de otros estilos de moda entonces como Claudina yAlberto Gambino e incluso otro dúo de pianos  “Los pianos barrocos” con Camacho y Vilches que nos abrieron los oídos a los folklores de ultramar desde una óptica tan válida y difícil como la clásica, bajo el  patrocinio de la marca “Petroff” que Jesús Arévalo, el afinador oficial de la Filarmónica de Mieres, quiso traer al “salón de la caja” un 17 de junio de 1975. La crisis nos dejó sin ahorros ni obra social y acabaría cerrando, quedándome al menos el recuerdo de asistir al concierto que los hermanos Zapico como Forma Antiqva darían en este escenario que todos los músicos y agrupaciones, incluido el Orfeón de Mieres, pisaron en repetidas ocasiones.

©Foto Paco
Punto y aparte se merece nuestro añorado Teatro Capitol, derribado en 1992 dejándonos huérfanos de mucha historia. Los Festivales de España trajeron a la capital de nuestro concejo el mejor teatro, música y danza del momento, sirviendo como marco inigualable para las orquestas que sólo cabían en aquel escenario.
La Orquesta Sinfónica de Asturias (OSA) dio varios conciertos didácticos en varias temporadas, a los que asistimos alumnos de diferentes edades, organizados por la Delegación Nacional de la Sección Femenina con la colaboración de la Delegación Provincial de Educación y Ciencia de Asturias y la Delegación Provincial de la Juventud, guardando los programas de inicios de los 70 con Alberto Blancafort en la batuta (1972 y 1973) y Benito Lauret (1975). La propia Filarmónica solía cerrar temporada “a lo grande” y así fue la
clausura de la XXX un 19 de junio de 1981 con un Extraordinario Concierto a cargo de la propia
OSA dirigida por un casi debutante Victor Pablo Pérez
más el
Coro Universitario de Oviedo (en las manos de Luis Gutiérrez Ariasinterpretando la “Sinfonía Incompleta” de Schubert y la “Misa de Gloria” de Puccini contando con el tenor Joaquín Pixán y el barítono Luis Álvarez Sastre como solistas, programa que repetirían los días siguientes en Oviedo y Gijón.
Cuatro años más tarde y con motivo de la celebración del Día de Asturias en Mieres, el 7 de septiembre de 1985, coincidiendo con el Año Europeo de la Música, pudimos escuchar la “Novena Sinfonía” de Beethoven en el Teatro Capitol por la OSA de nuevo con Víctor Pablo, el Coro de RTVE dirigido por PascualOrtega, y cuatro solistas para el recuerdo: la soprano asturiana Belén Genicio, la mezzo Carmen Sinovas, el tenor José Ramón Alonso y el barítono Manuel Pérez Bermúdez, una “Oda a la alegría” que como dice el refrán en casa del pobre duró poco y la piqueta acabó llevándose nuestro último coliseo.
La antigua Escuela de Capataces también tiene su historia hasta convertirse en Casa de Cultura, con diferentes remodelaciones que nos dejaron el único espacio escénico bautizado como Auditorio “Teodoro Cuesta”. Al menos recuperamos escenario y la amplia oferta abarca todos los estilos musicales que aseguran una más que excelente ocupación, pero no hay otra. Son casi noticiables los conciertos clásicos y a las proyecciones en directo desde la Ópera del Campoamor no hay mucho público, aparte de convertir el salón en una tele gigante, que no es lo mismo que estar en el teatro aunque no nos cueste y hasta se pueda comentar en voz alta sin molestar.

A la desaparecida Filarmónica de Mieres le debemos agradecimiento por ser historia de la música clásica local, a la defenestrada Obra Social el recuerdo de lo que pudo ser y no fue, mientras el Parque Jovellanos mantiene su concha como testigo mudo de tanta música como en ella hubo, solo roto por una renacida Banda de Música de Mieres, hoy acompañada en fiestas como la Folixa o San Juan de un escenario desmontable donde lo clásico no existe ni se le espera. Los templos religiosos intentan cubrir espacios pero sin ser los más idóneos para ello. Espacios públicos o privados que son minorías para un público que también parece serlo.

Sin pesimismo y desde mis 58 años tengo que concluir que cualquier tiempo pasado fue mejor, si se quiere porque éramos más jóvenes, pero este vistazo rápido de los recuerdos musicales en aquellos escenarios no volverán, los tiempos han cambiado como los gustos, aunque creo que fueron la mejor escuela para los públicos actuales habiéndonos olvidado de los futuros al ir cerrando tantas puertas.

Artículo escrito y publicado (sin enlaces y con menos fotos) en el nº 14 de la Revista “Coral” editada por el Orfeón de Mieres, con motivo del XVI Encuentro coral de los pueblos mineros “La mina canta unida” a celebrar los próximos días 16 y 17 de junio de 2017.

Cocinando de cine con la banda

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Domingo 22 de enero, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo: Banda de Música “Ciudad de Oviedo”, Christian Brandhofer (trombón), David Colado Coronas (director). Obras de Rossini, J. de Meij, M. Lauridsen y A. Boublil-C. M. Schönberg. Entrada libre.

Buena tarde dominical con música de banda, algunas transcripciones que son otra forma de hacer llegar el repertorio sinfónico y coral, pero sobre todo la escrita específicamente para estas formaciones, que en el caso de la banda ovetense sin llegar a sinfónica dio mucho juego con el programa elegido. A falta de notas en el programa, en cada partes, sin descanso, fueron leídas por una de las clarinetes, que sirvieron para conocer un poco más las obras.

La obertura de La Gazza Ladra (Rossini) es conocida por su utilización tanto en publicidad como en el cine, especialmente en “El honor de los Prizzi” por un grande como el italiano que también se dedicaría a la cocina, un poco el ambiente dominical. Aunque no se tratase de la interpretación sinfónica, este arreglo para banda de música nos acerca fidedignamente los solos de oboe y clarinete para lucimiento de los primeros atriles, disfrutando igualmente de la pareja de cajas y especialmente de los cambios de tiempo bien marcados por un David Colado curtido en todo tipo de formaciones instrumentales que tomaba la batuta en este primer concierto del año, con la intención y sonido tan rossiniano que logró sacar una versión más que correcta.

La obra estrella de la noche fue el T-Bone Concerto de Johan de Meij (Voorburg, 1953), que tiene tanto versión con piano, para brass-band y lógicamente para banda, un concierto para trombón con el solista de la OSPA Christian Brandhofer, organizado tanto en el título como en sus tres movimientos con un juego de palabras curioso, trombone y T-Bone cual formas de preparar este manjar para los carnívoros y melómanos: el primero Rare (Poco hecho), amplio de sonoridades con juegos entre las secciones más un rítmico piano, incluyendo además alguna intervención solista con sordina buscando texturas al oído cual paladar y con unos fraseos realmente hermosos. El Medium (En su punto) es el movimiento central de ritmo ternario muy majestuoso y con un grupo de cámara dentro del tutti para la parte B más rápida antes de volver a la A casi triunfal pero “apianando y ritardando” para un perfecto diálogo bien “cantado” entre solista y banda. El último Well done (Muy hecho) resultó juguetón, movido, equilibrado además de perfectamente ejecutada esta partitura llena de complicidades y complicaciones (el compositor es además de director, trombonista, como David Colado, y bombardino), con una percusión casi siempre subrayando toda la melodía con placas varias (xilófono, glockenspiel…) donde tampoco faltaron las campanas, también variando los tempi a lo largo del segundo tema retomando el vivo en una fiesta multicolor tras este T-bon bien cocinado por un Brandhofer en su salsa. Un placer paladear música compuesta para banda por un músico como el holandés afincado en los EE.UU. (esperemos que Trump no le eche) que domina la tímbrica como nadie y tiene partituras realmente excelentes.

La propina cual postre americano e internacional en un momento feliz del trombonista equiparable al del compositor, Elegy for Mippy II de L. Bernstein.

La segunda parte comenzaría con O magnum Mysterium (Morten Lauridsen, 1943) que mi admirado coro El León de Oro canta como nadie, esta vez arreglado cual coral sin letra ni batuta para realzar esa polifonía tan del maestro de ascendencia danesa subrayada puntualmente por timbales, bombo o platillos que “magnifican el misterio” aún más terminando, en un pianísimo muy logrado tras unos reguladores de lo más trabajados y como si de un coro a boca cerrada se tratase (especialmente los metales). Difícil transcripción la de H. Robert Reynolds pese a ser especialista y conocedor de la música de banda, que de no conocer el original da mucho juego aunque nada puede compararse con la voz humana.

Y otro tanto sucede con el musical Los Miserables (A. Boublil / Claude Michel Schönberg) en arreglo de Marcel Peeters, selección de cinco temas para cerrar concierto con todos los efectivos al mando de Colado que sacó siempre a primer plano las conocidas melodías de este musical veterano de los años 80 llevado también al cine en 2012, para lucimiento de cada sección, especialmente saxos y bombardinos no siempre reconocidos ni tan protagonistas como el resto. Buen sonido e interpretación idónea para los números elegidos bien contrastados que nos transportaron a la gran pantalla.

Bisaron el final de “La Gazza” un poco más movida que al inicio, para no perder el ambiente cinematográfico y gastronómico para una sala que presentó una entrada de comensales que ya quisiéramos para otros eventos.

Volverán más domingos de febrero (12 y 16) y marzo (12 y 16) para completar un trimestre que sigue apostando por la Banda de Música en Oviedo, tocando madera para que no sigan recortando a la ciudad una tradición que es parte de su propia historia.

Mieres orgulloso de su Banda

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El pasado domingo 1 de mayo en el Auditorio “Teodoro Cuesta” volvimos a escuchar a la Banda de Música de Mieres esta vez con el Coro IES María Guerrero de Collado Villalba, uniendo lazos con otras agrupaciones que conforman el acerbo cultural diario de localidades que no siempre tienen acceso a los grandes auditorios a la vez que forman y encauzan aficiones. A través de coros como el de este instituto del que forman parte profesores, alumnos actuales y antiguos, padres… o bandas de música como la de Mieres que ha sacado del olvido parte de la historia local, acercando jóvenes y veteranos de varias partes de Asturias hasta la cuenca minera han vuelto a demostrar que la unión hace afición, que los valores de cooperación siguen vigentes, que el altruismo cultural sigue vigente, y además con el reconocimiento del pueblo que continúa acudiendo a sus conciertos, algo hasta hace poco considerado de extraordinario.

El coro que dirige la argentina Carina Brezzi (1967) no pretende más de lo visto y escuchado: el amor por la música uniendo generaciones y llevando el nombre de Collado Villalba y del instituto desde 2003, supongo que con todos los cambios de plantilla habituales en coros de este tipo, además del sacrificio que supone dedicar “tiempo libre”, más del que muchos se creen, a preparar repertorios como el que trajeron a Mieres, agradable, variado y con música popular de todo el mundo. Desde la Canción de cuna costera (Linares Cardozo) con acompañamiento a la guitarra del “profe de Francés” evocando la patria de la responsable coral, la gallega y triste Lela (Alfonso Daniel Rodríguez Castelao) con algunos problemas de afinación, la coreografiada por coro y público Ipharadisi, con el ritmo al cajón del citado profesor, un tema popular sudafricano agradecido de cantar y compartir, el conocido Hallelujah (Leonard Cohen) con el profesor de música al teclado (supongo que no sea su instrumento habitual) y que en Mieres han cantado varias veces el coro local que dirige Reyes Duarte, para finalizar también con el conocido y bellísimo Dirait On (Morten Lauridsen) una vez resuelto el cambio de tono anterior en el teclado. Esfuerzo plausible pero exigencia de buscar siempre calidad, así como un consejo de veterano para Carina: la tranquilidad se transmite, hay que tener claro el tono del coro antes de arrancar, y por supuesto mejor parar y comenzar de nuevo que seguir mal, decisión correcta que seguramente muchos de los presentes ni se percataron.

Por supuesto cantar con el acompañamiento de una banda es mucho mejor para cualquier coro, y así cerrarían el concierto, aunque lo comentaré más adelante.

La Banda de Música de Mieres lleva desde 1991 luchando contra los elementos por recuperar una historia que incluso ya tiene su estudio con la tesis doctoral a cargo precisamente de uno de sus componentes, el profesor, doctor en Musicología y timbalero José Ramón Vidal, y que con el murciano Antonio Cánovas Moreno (1979) está consolidándose desde su llegada al podio hace ocho años como una joven agrupación de calidad, especialmente apostando por repertorios que conjugan tradición y modernidad, madurez y futuro aplaudiéndoselo como aficionado y profesor, puesto que el mundo de las bandas tiene en esta época un resurgir global con obras adaptadas a las plantillas y que con los ensayos bien aprovechados consiguen triunfar allá donde se lleven, como sucedió este primero de mayo. Aún en mi recuerdo el anterior “concierto de primavera“, las obras de entonces resultaron más trabajadas, empastadas y hasta impactantes, asentadas y asumidas con verdadero convencimiento por todas las secciones que cuentan con solistas excelentes, dando una dimensión de grandiosidad que el público premió con merecidos aplausos.

Desde el pasodoble Marta Agustín (Pere Sanz Alcover, 1975) valenciano como la horchata y con un trompeta de postín hasta el arreglo del holandés Johan Meij (1953) de Star Wars Saga (John Williams) plenamente americano, que con la selección de números del oscarizado compositor en esa adaptación para banda por parte del holandés, referente mundial en el nuevo repertorio, los músicos de Cánovas sonaron sinfónicos. Y otro tanto podemos decir del difícil y complicado Danzón nº 2 (Arturo Márquez, 1950) en arreglo de Oliver Nickel, otro compositor a tener en cuenta como así se encargan estos directores siempre al día en obras, conocedores de la materia prima con la que trabajan, dejándonos una interpretación de calidades superlativas donde quiero destacar a la pianista y a toda la sección de percusión por ser sustento obligado del resto, haciendo ilusionarnos a todos los melómanos y seguidores de nuestra banda.

Las dos obras con el coro fueron la mejor forma de unir y confluir, el arreglo del galés John Glenesk Mortimer (1951) del tema principal de la película 1492: The conquest of Paradise (1992) del griego Vangelis (1943), con un Cánovas escrupuloso en los matices para dejar protagonismo a las voces madrileñas cuando aparecían, sin olvidar la riqueza tímbrica de la propia partitura, y sobre todo el Gospel Train (Norman Tailor), “poutpurri” de espirituales negros sencillos de cantar, excelentemente orquestados y broche sinfónico-coral que levantó de nuevo al público de sus asientos para vitorear esta fiesta musical de un día señalado en el calendario.

Solo pedirle a Ramón Hernández, presidente de la AMAM, que sus notas podrían acompañarse como programa, evitando sus largas exposiciones de presentación de temas y formación (por otra parte sí incluidas en unos programas poco manejables pero completos).

Ya es primavera con la Banda

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Sábado 12 de marzo, 20:00 horas. Auditorio “Teodoro Cuesta”. Concierto de Primavera: Banda de Música de Mieres, Antonio Cánovas Moreno (director). Entrada libre.
La próxima llegada de la primavera, al menos en el calendario, cuenta con una cita cultural que se ha convertido en un clásico dentro de la agenda de actividades de Mieres, una original forma de recibir la nueva estación y este año casi la Semana Santa, de la mano de nuestra Banda de Música (que ya tiene al fin escrita toda su historia y actualizada en la Tesis Doctoral defendida por el musicólogo local y percusionista de ella José Ramón Vidal Pereira). La banda nos ofreció a sus incondicionales seguidores un original programa, con estrenos y clásicos que conformaron un concierto del agrado del nutrido público que casi llenaba el auditorio de la Casa de Cultura.

Con la presentación de cada tema y compositor a cargo de​
Ramón Hernández, presidente de la AMAM,​ la banda fue afrontando pasodobles casi obligados con otros arreglos y composiciones originales, una formación con mayoría de jóvenes bien arropados por veteranos que hacen de nuestra banda la perfecta conjunción de empuje y contención, ganas y sabiduría, puede que algo descompensada en las secciones (por ejemplo solo un oboe o bombardino) pero bien contrapesada por la calidad de sus componentes, clarinetes, saxofones y trombones suficientes, flautas con una flautín que es ya virtuosa, dúo de trompas, trompetas o tubas, percusión al completo y hasta un piano electrónico con una intérprete brillante, presente y segura en sus intervenciones, bien llevados por el profesor Cánovas.

Comenzábamos por el pasodoble Los dos Adolfos de José María Martín Domingo (1889-1961), historia no ya de Adolfo padre e hijo timbaleros de la Banda de Música de Madrid a quienes va dedicado, sino del propio compositor y músico militar menorquín, partitura para banda sin complejos, conocedor del material sonoro y de la forma final como Antonio Cánovas que exprimió cada momento, bien trabajado y aún fresco del pasado concierto de Santa Cecilia (incluido en el enlace del título).
Star Wars Saga es un espectacular arreglo para banda del trombonista y compositor holandés Johan de Meij (1953), un “compendio” de los temas más famosos de John Williams para la “triple” trilogía, conocimiento de primera mano del material humano y sonoro de una banda, demostrado en los diferentes motivos del genial compositor americano que pudimos disfrutar en cada sección con unas contraposiciones bien elegidas por el arreglista, casi recreador del original, desde los potentes metales a las delicadas maderas sumando una percusión segura, todo perfectamente conducido por el maestro Cánovas que sabe buscar y encontrar las partituras apropiadas a esta formación. No tenemos banda sinfónica pero por momentos sonó como tal.

Marta Agustín (2009) es un pasodoble de concierto moderno, obra del valenciano Pere Sanz Alcover (1975), acumulando premios con sus obras y labor, música en sus venas por herencia y geografía, esta vez con el nombre de la fallera mayor destinataria de la forma española más típica de banda y plenamente exportable, con una “actualización” que mantiene vivo un ritmo y forma tan nuestra como la próxima Semana Santa (donde estas músicas son inseparables de las procesiones). Así la entendió el director de Totana con la Banda de Música de Mieres, versión muy digna donde no faltó un buen solo de trompeta, la presencia poderosa de las tubas, la percusión completada con el piano, clarinetes manteniendo el aire marcial, saxofones alternando protagonismo lírico, de una partitura que destila mucha música heredada y vivenciada en una tierra de bandas.
De 1999 es Loch Ness (fantasía escocesa) del ya citado Johan de Meij, un poema sinfónico para banda, con la inclusión de dos gaitas escocesas (esta vez asturianas con Jorge Areces y Pablo Álvarez, director y componente respectivamente de la Banda de Gaites “Villa de Mieres”), donde cada sección tiene su importancia, especialmente las trompas y la percusión, corroborando el buen conocimiento del viento, incluso en máquina, con reminiscencias del Moussorgski de Una noche el el Monte Pelado que relatan en cinco movimientos ambientes con distintos tiempos y texturas, bien llevados por un Antonio Cánovas que parece dar en el clavo con el repertorio y poder sacar a flote con estos mimbres unas obras muy exigentes técnicamente, dinámicas amplias, rítmicas cambiantes y un lenguaje plenamente cinematográfico de lo más actual, que no suele faltar en los conciertos de las bandas de música.

El pasodoble Dauder del riojano Santiago Lope Gonzalo (1871-1906) mantiene el espíritu de banda pero sin alcanfor ni caspa, porque las buenas obras permanecen en el tiempo, que les da aún más solera, obra que ya interpretaron el pasado noviembre con motivo del concierto de Santa Cecilia. Sabor y sentido de nuestra música capaz de compartir programa entre los grandes, y obligado mantenerlo presente.
Para acabar nada menos que el inmenso Danzón nº 2 del mexicano Arturo Márquez (1950) en arreglo para banda de Oliver Nickel, un mosaico de combinaciones afrocubanas y mexicanas con intervenciones solistas difíciles y bien resueltas, apostando por calidades tímbricas así como la base rítmica de verdadera solera y sostén para un universo melódico con un final trepidante bien entendido para banda.

Buen nivel el demostrado por nuestra banda de música local dirigida por un murciano afincado en nuestra tierra, convenciendo y trayendo músicos de todas partes cada sábado para reunirse y trabajar en lo que les gusta, sacrificando su tiempo y así poder deleitarnos puntualmente con conciertos como el de este sábado pre-primaveral. Les seguiremos siempre que podamos y apoyando porque la inversión en cultura siempre es a largo plazo… aunque ya recojamos frutos cada poco.

Un Maestro con la cantera de las bandas de música

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El Maestro Enrique García Asensio (Valencia, 22 de agosto de 1937) ha impartido durante esta semana unas clases magistrales cuya clausura fueron los dos conciertos con la mejor banda de Asturias formada en el CONSMUPA. De entre todos los alumnos oyentes y los 9 activos que asistieron, el propio Maestro seleccionó a 4 alumnos para dirigirlos, tres internos, alumnos de dirección del propio Conservatorio y a David Colado, único alumno externo al Conservatorio. Antes del concierto tuvo lugar la lectura de un manifiesto por parte de los alumnos de dicho centro, muchos más que los músicos que formaron la banda, reclamando precisamente una​
enseñanza musical de calidad y un profesorado que no cumple en su totalidad, básicamente en sus grandes agrupaciones, las dos orquestas -de cámara y sinfónica- así como la propia banda del conservatorio (y llevan 2 años de protestas que darían para mucho, con burocracia y legislación que entorpecen e impiden la necesaria continuidad de su plantilla). Está claro y suscribo ese manifiesto que denuncia el poco, por no decir nulo, interés de las administraciones públicas por los estudios musicales en todas sus facetas pero sobre todo en la enseñanza especializada.

Los conciertos han sido ayer viernes en el Teatro Prendes de Candás y este sábado en el Auditorio de Oviedo. El programa organizado en dos partes lo comenzó el propio Maestro García Asensio, vitalidad y sabiduría que dan los años así como un trabajo que no ha cesado desde que a los 11 años formase parte como violín de la orquesta del conservatorio de la que llegaría concertino y más tarde director.  La Obertura Festiva (Dmitri Shostakovich) pone a prueba todos los efectivos de una amplia formación como corresponde a las bandas sinfónicas, en un arreglo que mantiene la esencia orquestal pero con el colorido propio que dan clarinetes y saxofones, además de los fliscornos o bombardinos que “magnifica” la original. Maravilloso comprobar cómo respondían los jóvenes músicos a cada indicación del maestro, pendiente de todo y todos, contrastes de planos y ritmos que siguen siendo una lección magistral.

Los alumnos seleccionados, tras recibir con el resto sus diplomas acreditativos de manos del maestro valenciano, se turnaron con los cinco movimientos del Capricho Español (Rimsky-Korsakov), la Alborada (con Ane Legarreta), breve y bien llevada con lenguaje cantábrico bien entendido; las Variazioni (Roberto Redondo) llenas de ricas sutilezas tímbricas que la batuta supo sacar a flote; la Alborada (Xuacu Llaneza) tan rítmica y cercana en sabor, diferenciada de la primera como así debe ser; pero sobre todo los dos últimos números, Scena e Canto Gitano más “nuestro” Fandango Asturiano, dirigidos por el ya “rodado” David Colado que sacó todos los recursos y detalles de estos dos números tan universalmente asturianos en un arreglo poderoso capaz de hacernos olvidar el original sinfónico. Cambios de ritmo, dinámicas amplias, sin olvidar que la técnica de dirección es válida para cualquier formación como bien recordó el maestro valenciano, y que todo director sabe diferenciar lo que tiene delante, por lo que una banda sinfónica mantiene una identidad única que estos alumnos tuvieron claro desde el principio.

La segunda parte ya con el Maestro E. García Asensio al frente, nos dejó dos interesantísimas obras del saxofonista y compositor de Catarroja Francisco Arturo Bort Ramón (1963), autodidacta confeso pero con mucho oficio “a pie de obra” y un vagaje musical familiar, unido a ese gen geográfico que es Valencia, cuna de grandes músicos, lo que puede ayudarnos a comprender las dos obras elegidas para este concierto y que gozan de fama internacional. Leyendas (“Llegendes“), un poema sinfónico que resulta todo un mosaico de melodías evocadoras que van pasando por todas las secciones de la banda con un papel protagonista de la amplia percusión (no tuvieron respiro, especialmente las “láminas”) y unos cambios de ritmo interesantísimos, con ambientes alcanzados desde una instrumentación actual que bebe de fuentes de claro “acento norteamericano” (Gershwin, Bernstein, Copland.. e incluso nuestro García Abril de las series televisivas por lo avanzado en su época), así que resulta habitual que formaciones de allí programen las obras del valenciano. Si escuchamos en nuestras bandas locales muchas de las composiciones “made in USA” reconoceremos en estas leyendas el amplio vagaje de Bort Ramón como intérprete de las mismas, lo que se tradujo en una vibrante interpretación de García Asensio con la Banda Sinfónica del CONSMUPA, plagada de verdaderos virtuosos aún en formación.

Las Variaciones Irónicasganadora del premio de composición “Maestro Villa” de Madrid del 2007, y como casi todas las del músico valenciano programadas por la Banda Municipal de Valencia en el Palau de la Música de esta ciudad bajo la dirección de su titular Pablo Sánchez Torrella. Asimismo, Enrique García Asensio, titular de la Banda Sinfónica Municipal de Madrid hasta 2012, ha programado numerosas veces y con gran éxito sus obras, agradeciéndole las trajese a Asturias porque ambas son ideales para estas formaciones. Tanto “Llegendes” como estas “Variaciones Irónicas”, donde no faltan guiños al tango y otros sutiles ritmos hispanos con la ironía instrumental bien entendida, utilizan recursos agradecidos de escuchar, puede que algo reiterativos al escuchar ambas seguidas, aunque lo podamos entender como sello personal del saxofonista y compositor, pero no cabe duda que son difíciles de ejecutar y dirigir, aunque García Asensio lo haga fácil, implicado no ya como maestro sino como docente además de precursor en la televisión. Mis felicitaciones para todas las secciones, especialmente a los clarinetes y trombones, aunque sin desmerecer a nadie, pues solo esta Banda puede afrontar un repertorio como el que sonó esta tarde de sábado en Oviedo.

Quiero comentar que el Maestro muy gustosamente accedió a escuchar el ensayo y a dar una charla a los componentes de la Banda Sinfónica Infantil y Juvenil del Principado de Asturias esta mañana de sábado entre las 12:30 y las 13:30 en el propio Auditorio “Príncipe Felipe” de Oviedo, y que este domingo 21 a las 19:00 h en la Sala Principal Sinfónica del Auditorio Principe Felipe de Oviedo se presenta precisamente la BANDA SINFÓNICA INFANTIL Y JUVENIL DEL PRINCIPADO DE ASTURIAS formada desde la ANDB, Asociación Nacional de Directores de Banda, de la que David Colado es Delegado Territorial aquí en Asturias, concierto en colaboración con la Banda de Música “Ciudad de Oviedo”.
Se trata de una banda sinfónica formada por niños y jóvenes de edades comprendidas entre los 6 años y los 20 procedentes de diversas ciudades y pueblos de Asturias como Gijón, Oviedo, Avilés, Corvera, Candás, Pravia, Cangas de Narcea, Tineo, Luarca, etc…

Este proyecto está integrado en un “Plan Nacional de Bandas de Música” desarrollando por la ANDB de la que el Maestro Asensio es Socio de Honor y que ya se está trabajando de la misma forma en otras comunidades autónomas como Galicia, Cataluña, País Vasco, Madrid o Valencia… Mi total apoyo a las bandas de música como cantera de intérpretes y públicos en los que las administraciones deberían tomar nota por lo que supone de esfuerzo, trabajo en equipo y formación permanente. Apostar por la música es invertir en cultura, verdadera identidad y riqueza de un país donde la crisis no puede robar ilusiones.

P. D.: Manifiesto leído por el alumnado del CONSMUPA: