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La Banda también de folixa

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Este fin de semana se ha celebrado la Folixa na Primavera que parece haberse consolidado por parte del ayuntamiento local como una cita con lo tradicional, desde la llamada música folk, la tonada y la sidra primera escanciada junto a la gastronomía, aunque los orígenes fuesen para devolver al entorno hostelero del Parque Jovellanos la marcha que se llevó Requejo como “catedral sidrera” y recuperar la gente joven, pero incluso menores de edad ha tomado y tornado esta folixa en desmadre etílico que conviene evitar a toda costa (y coste).

Sin ahondar en críticas o calidades de estas fiestas inventadas, como celebrar carnavales en Cuaresma o el peso que se les ha dado a negocios para (re)organizar eventos donde la corporación tampoco está muy unida, al menos me quedo con la música como protagonista indiscutible de todo evento.

El tiempo climatológico no siempre ayuda con un arranque diluviando y desapacible de viernes para poder escuchar además de cantantes de tonada a dos grupos emblemáticos en nuestra tierrrina como Los Berrones o Skama la Rede, aunque el sábado pudimos disfrutar de una mañana verdaderamente primaveral para tomar por 3€ que costaba el vaso de sidra y mientras íbamos catando los distintos palos a las 13:30 volvía al Parque Jovellanos y su auditorio la Banda de Música de Mieres dirigida por la valdesana Lara González Cortés, oboe de la agrupación local que tomaba la batuta con verdadero magisterio, poniendo a las mujeres en el mismo sitio que los hombres para una profesión donde todavía son minoría pero ganándose el puesto con mucho estudio y tesón como demostró Lara, nombre novelesco, cinematográfico y por supuesto musical.

El repertorio elegido para esta “sesión sidra” fue variado, no solo bailables como se decía entonces, sino con músicas cercanas, populares, conocidas, que sirvieron de fondo más que protagonista a un público que tomó sidra y música sin exigencias, catando sin ahondar en detalles, que los había tanto en el zumo de a manzana como más  la calurosa mañana.

Lara González Cortés dirigiendo la Banda de Música de Mieres comenzaron con un pasadobole, como debe ser una sesión de bailables: Andrés contrabandista del alicantino Oscar Navarro (Novelda, 1981), antes de unos excelentes poutpourris, pupurris o “medleys” que dicen los entendidos, con melodías bien arregladas para banda de temas muy conocidos.
Primero el arreglo para banda de Manuel Calero García sobre temas de Nino Bravo, Nino Bravo en concierto donde reconocimos a Noelia, América, Un beso y una flor más Libre, después el homenaje a “La Voz”, Frank Sinatra in concert en arreglos de Norbert Studnitzky escuchando desde el Cheeck to cheeck que dice “estoy en el cielo”, recuerdo a los seres queridos que se nos van, Something Stupid, una “tontería” que cantase con su hija Nancy, hasta el New York, New York.

Buenos años de marcha en Mieres aquellos 70s y parte de los 80s donde otro arreglo titulado Disco light  nos devolvió aquellos éxitos en arreglos realmente conseguidos como Stayin’ Alive, I will survival, YMCA, mejor por banda que enlatados, pues el directo seguirá siendo único e irrepetible.
No es por presumir pero lo bueno de la llamada música pop de mi juventud el tiempo acaba conviertiéndola en clásicos, por lo que todas las edades conocen y tararean los grandes éxitos de Abba, Abba Gold de nuevo con arreglos excelentes de Ron Sebregts donde van sucediéndose Dancing Queen, Mamma Mia, Fernando o The winner takes it all.

Otro tanto con los atemporales y únicos Beatles y este Tribute con unos pocos éxitos arreglados por John Moss como All my loving, A Hard days night, Ticket to ride, Yesterday… llevando las conocidas melodías distintos solistas con un ritmo seguro de los percusionistas, que gozarían  en el último pupurri con el Midley del guitarrista Carlos Santana con la banda transportándonos en el arreglo de Giancarlo Gazzani titulado Santana A portrait con Flor de luna, Oye cómo va o Europa donde el saxo solista emula esos punteos que viven en nuestra memoria atemporal, porque lo bueno no cumple años aunque nosotros sí.
Larga vida a nuestra banda de música y mi enhorabuena a Lara González para quien deseo una fructífera carrera musical, oboe o batuta, ambas exigentes pero al alcance de gente como ella.
Por la tarde tocaría zarzuela en Oviedo, pero ya lo contaré en otra entrada bien o mal querida… y este domingo aún queda folixa.

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Mieres suena en Oviedo

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Domingo 11 de marzo, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Banda de Música “Ciudad de Oviedo”: Conciertos de Invierno. Banda de Música de Mieres, Antonio Cánovas (director); Banda de Música “Ciudad de Oviedo”, Francisco Vigil (director).

La música de banda sigue teniendo un público fiel además de ser no solo cimiento de melómanos sino el laboratorio de compositores actuales que encuentran las sonoridades específicas en estas formaciones, también cantera de instrumentistas y afición para una juventud no siempre visibilizada en unos tiempos donde los estudios no reglados parecen olvidados. Mi aplauso y admiración al sacrificio de horas y horas de ensayos en casa más los conjuntos para poder disfrutar de conciertos como este dominical que sigue llenando cada mes el auditorio de la capital.

Quienes me leen conocen mis raíces de melómano con la Banda de Mieres a la que escucho cuando puedo y de la que me declaro incondicional desde su renacer gracias a la la Asociación Mierense de Amigos de la Música allá en 1991, un año para no olvidarme al ser el de mi boda así como el de la fundación de la OSPA. Con el murciano Antonio Cánovas Moreno (Totana, 1979) “nuestra banda” no solo se ha consolidado y rejuvenecido sino que conocedor del excelente material humano y musical con que cuenta va aumentando las exigencias poco a poco afrontando repertorios impensables hace poco y con una calidad pareja a la banda anfitriona que invitó a la mierense a este ciclo de conciertos invernales, abriendo la velada (dejo a continuación el programa inicial que he retocado para la foto de portada y dejarlo en el orden correcto).

En un año pero especialmente desde Santa Cecilia la evolución de la Banda de Música de Mieres sigue imparable y escucharla en el auditorio con un programa casi sinfónico no solo me llenó de satisfacción y orgullo sino de felicidad por el repertorio elegido y su profesionalidad en la interpretación disfrutando de una acústica perfecta para las obras y autores elegidos.
No puede faltar nunca un pasodoble en un concierto de banda, apostando por el nuevo repertorio que avanza en lenguaje y texturas sin perder nunca el origen bailable. El Torico de la Cuerda (2002) de Luis Serrano Alarcón (Valencia, 1972) es una muestra de ello y encargo del Ayuntamiento de Chiva, dejando enlazadas en todos los títulos algunas interpretaciones aunque por otras formaciones distintas a las de este domingo por no perder mi afán didáctico en compartir y dar a conocer lo que tocan nuestras bandas hoy, aquí escritura de un músico valenciano cuya procedencia ya puede darnos idea de lo que supone a nivel musical y más en una carrera internacional que comienza a recoger sus frutos.

La generación de compositores españoles actuales dominan la técnica compositiva y todo tipo de instrumentaciones sean sinfónicas, camerísticas o corales. Hace dos años y con motivo de la exposición Aqva de “Las Edades del Hombredescubrí al toresano David Rivas (1982) al que pude saludar en persona al finalizar este concierto, presente para disfrutar con La ruta del Cid (2017), cuatro movimientos aplaudidos cada uno al no figurar en el programa: “1. El inicio de una leyenda; 2. El deber de un guerrero, luchar por su señor; 3. Nostalgia. Jimena en su corazón; 4. Fiesta final: El Cid llega a Valencia“. Música épica sin necesidad de imágenes aunque funcione cual banda sonora (eso es un “Poema Sinfónico”), con despliegue de percusiones variadas y utilizando un teclado electrónico emulando el arpa para suplir ésta, sin desmerecer por sonido, intención y limpieza, sumándole las voces de los propios instrumentistas cual coro u otro instrumento engrandeciendo tímbricas incluso con gritos de guerra enarbolando maderas y metales, sin faltar un clarinetista haciendo de narrador en el primer número. Me impresionó la amplia gama dinámica de los mierenses tanto en los delicados pasajes cantabile de flautas y clarinetes como en los poderosos de los metales y la precisión para los exigentes cambios rítmicos y de compás perfectamente indicados y llevados por el Maestro Cánovas. El compositor subió a dar su plácet a la banda mierense y a su director recogiendo los aplausos merecidos de un público fiel y entendido que disfrutó con esta composición del zamorano.

A continuación una verdadera banda sonoraAlatriste de la que el compositor murciano Roque Baños (Jumilla, 1968) adaptó esta Suite que la Banda de Música de Mieres interpretó en Oviedo, una prueba de fuego más donde junto al teclado con sonido de arpa se unió una guitarra española (recordando el Aranjuez de Rodrigo) que dieron algún problema de afinación al estar amplificados y que hizo se notara más, al igual que cuando entró el sonido de órgano, lo que no empañó una interpretación de altura sinfónica donde brillaron todas las secciones y solistas, queriendo destacar además de los “habituales” clarinete, trompeta o flauta al trío femenino de trompas, de sonido compacto, aterciopelado y valiente.
Y de propina otro de los compositores actuales que mejor escribe para banda (todavía resuena en mi cabeza el Libertadores): el alicantino Oscar Navarro (Novelda, 1981) con el pasodoble Andrés Contrabandista donde Don Antonio apenas necesitó dirigir demostrando el duro trabajo previo de ensayos, dejando sonar a sus músicos para escucharse unos a otros haciendo música de calidad sinfónica con menos medios de los deseados pero toneladas de ilusión. Lo dicho, orgulloso de la banda de mi pueblo.

El maestro Francisco Vigil Sampedro volvía un año después de su “jubilación” al frente de la Banda de Música “Ciudad de Oviedo” en una segunda parte igual de exigente y poderosa que la primera por obras y autores seleccionados, menos actuales pero dignos de escucharse cuando hay plantilla para ello y la banda carbayona la tiene desde su fundación en 1992, contando con varios profesionales.
Así la obertura Tantaluqualen (1868) del austrohúngaro Franz Von Suppé (1819-1895) recordándome cuánta música sinfónica se adaptó para las bandas siendo nuestras primeras tomas de contacto en vivo con repertorios inalcanzables.

Más cercana en el tiempo la composición The idol of the flies (2008) del suizo Franco Cesarini (1961) que tiene de subtítulo “A Tone Poem after Jane Rice, Op. 13” de lenguaje actual en cuanto a investigador de texturas y empleo de amplia percusión casi necesaria pero con toques académicos y buena instrumentación para bandas, que la capitalina interpretó segura bajo la sabia batuta del Maestro Vigil. En la onda de bandas sonoras de la primera parte mierense, esta partitura inspirada en la historia de un niño huérfano que tiraniza su entorno e invoca repetidamente un “ídolo de las moscas” como símbolo de su poder, y con eso él realmente llama al diablo, cuyo nombre traducido por Beelzebub es “El ídolo de las moscas”, Cesarini no cuenta la trama exacta de la historia truculenta sino que reproduce su atmósfera densa y sombría.
La Suite op. 66 The crown of India (1911-12) del inglés Sir Edward Elgar (1857-1934) en los cinco movimientos seleccionados por el compositor volvía el mundo de las orquestas sinfónicas “recreado” desde las bandas sinfónicas (las nuestras sin cuerda), a mayor gloria del imperio con la música ensalzando el poderío no exento de exotismo, y donde los saxofones cantan mejor que los cellos, destacando los solos del clarinete y concertino Isidoro Otero y del mierense Juan Flores al saxo alto.

No podíamos marchar sin propina y además un pasodoble, Guadix del vasco Primitivo Azpiazu (Zumárraga, 1912-1990), la forma española por antonomasia, paso doble inigualable que estas formaciones tienen la obligación de mantener, mejor cuando tenemos composiciones de tanta calidad como las elegidas para este tarde de domingo, dos generaciones que mantienen viva la música de banda.

Humor con percusión

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Domingo 14 de enero, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Conciertos de invierno: “¡Vaya Banda!”, Odaiko, Banda de Música “Ciudad de Oviedo”, David Colado Coronas (director). Entrada libre.
Lleno familiar con muchos niños protagonistas para disfrutar del espectáculo de los percusionistas gallegos de Odaiko que contaron con la Banda de Música de Oviedo como acompañante de lujo, coprotagonizando un espectáculo de humor musical con la percusión tanto corporal como de membranófonos, idiófonos y cotidiáfonos sin renunciar a momentos de virtuosismo compartido en la marimba.

Toda una experiencia bautizada como ¡Vaya Banda! que va más allá de lo circense o las acrobacias retomando el espíritu de los payasos que siempre fueron excelentes músicos y hoy en trío gallego domina toda la percusión, “embajadores del ritmo” como se autodefinen.

Un hilo narrador por megafonía (no se entendía cuando coincidía con la banda) fue sumando apariciones de los percusionistas y el “programa” con golpes en todos los sentidos, haciendo partícipe al público de todas las edades con la complicidad del Maestro Colado, a un percusionista de la propia formación carbayona al que sumaron en distintos números, y hasta las distintas secciones que también gozaron con “gags” como el Bolero de Ravel persiguiendo el caja a la flautista que interpretaba la conocida melodía mientras el respetable intentaba el ostinato rítmico con dos dedos sobre la palma de la otra mano… tras haber calentado muslos y dado unos saltos.

Una Carmen (Bizet) de torero y drag-flamencas nada ofensivas donde la guitarra también fue utilizada genialmente como percusión junto al cajón tras una marimba “en espejo” por dos maestros

El gritado más que coreado Hakuna Matata de ambiente selvátivo sirvió para que estos maestros gallegos nos hicieran sentir niños a todos y disfrutar con el taiko y dos tumbadoras en cómica comunión percusiva que aúna los lenguajes universales sin palabras (mimo y música).

La Marcha Turca (Mozart) con esos “cotidiáfonos” de siempre, caso de las botellas tanto golpeadas (idiófonos) como sopladas (aerófonos) sumándose un “garráfono” por bautizar el invento que viene a ser un contrabajo fabricado con un palo, cuerda y garrafa de caja de resonancia (arriba está la foto), más la banda intentando encajar el tempo, para levantarnos de las butacas y armar un carnaval de río de W. Schneider entre todos.
La versatilidad de los gallegos en instrumentos y combinaciones de complementos de ropa para pasar de un ambiente a otro en este viaje con la percusión es digno de admiración, verdaderos titiriteros con cambios fulgurantes.

Especiales también unas compartidas Czardas (Monti) en la marimba -no trajeron vibráfonos- con la banda que dieron tanto juego como la propina a trío de un Vuelo del moscardón (Rimsky Korshakov) presentado como “mosca cojonera” realmente virtuoso tras un Circus Can-Can (Offenbach) que convirtió el escenario en una de mis clases con los “Boomwhackers“.

Una excelente tarde de domingo en familia con dos “bandas”, la gallega y la ovetense que sigue apostando por lo novedoso aunque el circo sea de siempre y la música comparta título del mayor espectáculo del mundo, uniendo círculos más que mundos plenamente terapéuticos. Y cada mes un concierto, incluso en abril dos… Intentaremos seguir contándolo. Hoy la enhorabuena para Odaiko.

Santa Cecilia en Mieres

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Este 2017 la festividad de Santa Cecilia caía de miércoles, por lo que en Mieres decidió ocupar no ese día sino dos sábados el Auditorio Teodoro Cuesta, anterior y posterior al 22, con sendos conciertos a cargo de nuestras mejores señas musicales de identidad, el Orfeón y la Banda, también con formaciones invitadas para hacerlas partícipes de la fiesta y con las que hay especiales relaciones.

El sábado 18 y con poco más de media entrada era el día coral de la patrona con dos protagonistas de casa: la orfeonista y pianista Susana Álvarez y el director Carlos Ruiz de Arcaute Rivero, la primera encargada de abrir concierto con el conocido Torna a Surriento al piano y acompañando al invitado Coro Melódico también dirigido por el titular del orfeón.
Media docena de temas nos dejó esta agrupación femenina de carácter social, canciones conocidas por casi todo el público presente y presentadas por Eustaquio Álvarez Hevia, presidente del laureado e histórico orfeón local, obras sin grandes pretensiones ni arreglos pero que con el acompañamiento pianístico de Susana siempre ayuda y da empaque a estas melodías populares del pasado siglo, que paso a detallar y enlazarlas a YouTube©:
La popularizada por Jorge Sepúlveda Mirando al mar de Carlos de Haro Valencia (+1963) y Marino García González (1910), el bolero Viajera -1947- de Francisco García del Val (1897-1984) en el arreglo de Fernando García Morcillo (1916-2002), la conocida habanera-bolero Yo te diré de la película de 1945 “Los últimos de Filipinas”, con letra del polifacético malagueño Enrique Llovet Sánchez (1917-2010) y música del compositor y pianista húngaro Jorge Halpern (1916) en arreglo de M. Salina, la también muy versioneada Torna a Surriento (1902) de los hermanos De Curtis, el pintor y poeta Giambattista (1860-1926) y el músico Ernesto (1875-1937), más dos canciones de la mexicana afincada en EE.UU. María Grever (1884-1951) Cuando vuelva a tu lado (1924) y Despedida (1946).

Sin más espera que la entrega de presentes más el agradecimiento a los invitados, llegó el turno del
Orfeón de Mieres de nuevo con Carlos Ruiz de Arcaute que desgranaron otra media docena de temas de su repertorio, esta vez explicados por el director y una muestra de los diferentes estilos que nuestro coro lleva por toda la geografía, igualmente enlazados a su canal en YouTube©, ganando en empaste y sonoridades aunque se note el cansancio en alguna cuerda. Comenzaron con Señor, me cansa la vida (Antonio Machado / Juan Alfonso García, 1935), el siempre agradecido folklore asturiano de Atardecer (Sergio Domingo), Ay! un galán (Javier Armenter, 1965) y Mocina, dame un besín (Senén Guillermo Molleda / Antolín de la Fuente) más la habanera popular de Totana Un velero y una canción de Santos Montiel en armonización para coro mixto de José Luis López García, para finalizar recordando a Puerto Rico en un arreglo que personalmente nunca me ha gustado de Mi viejo San Juan (Noel Estrada / arr. Antonio Barés). Nuevos detalles entre formaciones para seguir recordando este concierto de “los coros de Carlos y Susana” con repertorios y objetivos distintos aunque la música vocal no entienda de etiquetas.

El broche final unió a los dos coros para entonar con el público sumado a ellos el himno Asturias, patria querida.
Dejo recortes del diario La Nueva España recogiendo el evento:

Y el sábado 25 llegó el turno de la Banda de Música de Mieres que llenó el Auditorio que lleva el nombre de nuestro bate y músico local Teodoro Cuesta, logrando un enorme éxito celebrando también sus Bodas de Plata, compartiendo evento con su “hermana mayor” de Pola de Siero, depositaria y heredera de instrumentos y partituras cuando desapareció la Banda Municipal, devolviendo honores para rescatarla del olvido desde la Asociación Mierense de Amigos de la Música (AMAM) presidida entonces por dos antiguos componentes, el recordado fliscorno Ricardo Merediz y el trompeta Ramón del Llano, que sería su primer director y actual presidente. Cual ave fénix levantaría nuestra laureda banda el vuelo hasta alcanzar una calidad digna de elogio con su actual director Antonio Cánovas Moreno al frente.

El concierto estuvo presentado por Luis Antonio García Pardo, quien además de algunas redundancias y obviedades también leyó las notas al programa que se entregaron a los asistentes, si bien la penumbra no ayudaba a leer, ayudando su aportación en este sentido.

La Banda de Música de Siero de la Asociación Sierense de Amigos de la Música (ASAM), con Alfonso Sánchez Peña al frente tiene una plantilla no muy amplia que lleva 30 años funcionando y parece estar ahora en proceso de relevo generacional. Trajo un programa con cuatro temas distintos y variados en dificultad de ejecución (especialmente para los clarinetes): el conocido pasodoble torero Pepita Greus -1926- de Pascual Pérez Choví (1889-1953), Variazione in blue -1992- del holandés Jacob de Haan (1959), un verdadero regenerador de la música de banda con obras actuales que siguen bebiendo de la tradición, la selección de la zarzuela La alegría de la huerta -1900- del madrileño Federico Chueca (1846-1908) y la selección de temas del musical también llevado al cine My fair lady -1964- de Frederick Loewe (1901-1988), arreglos para banda bien distintos y de resultados dispares en afinación y empaste, pareciendo más cómodos en lo tradicional, en parte por la falta de más efectivos o la carencia de instrumentos como oboes o fagotes que completarían unas versiones algo vacías pese a los esfuerzos del veterano maestro Sánchez Peña que por lo menos sacó buenas dinámicas de sus pupilos sin apretarles demasiado en los aires elegidos tejiendo con los mimbres de que dispone, pues supongo que todos querríamos una verdadera banda sinfónica a falta de orquesta.

Tras la entrega por parte del presidente mierense de una placa agradeciendo la ayuda y hermanamiento de ambas bandas llegó el turno de la local con tres obras actuales, difíciles e impactantes afrontadas desde el duro trabajo y esfuerzo con la ilusión e ímpetu juvenil de todos amén de una plantilla perfecta para las partituras elegidas por el maestro murciano y saxofonista Antonio Cánovas.

Cada concierto de la “plateada” banda mierense es una dosis de optimismo por la música y su intrepretación, difícil siempre elegir obras exigentes para ir ampliando repertorio actual sin perder calidad, al contrario, llenas de complejidades siempre bien resueltas con una plantilla diríamos que ideal en cantidad y calidad, aprendiendo cada día para enamorar al público allá donde actúan.
El murciano Roque Baños (Jumilla, 1968) no solo tiene excelentes bandas sonoras sino que como buen levantino la música de banda corre por sus venas, la mejor base para todo músico. Su pasodoble sinfónico A mi madre no pierde el carácter festivo e hispano esperado pero añade una escritura realmente sinfónica y llena de matices que su paisano Cánovas transmitió a cada sección de la banda para saborear la elegancia, sin echar de menos cellos.

Otro compositor murciano innovador en sus obras para banda es José Alberto Pina (Cartagena, 1984) del que pudimos disfrutar The legend of Maracaibo, partitura de toques épicos casi cinematográficos en la línea de John Barry o Vangelis pero conocedor a fondo de la plantilla de banda sacando de ella momentos bellísimos, contrastes de dinámicas increíbles y personalmente una tímbrica en clarinetes y saxofones exquisita y delicada sin perder un ápice la intensidad demandada. Todas las secciones brillaron a gran altura, con protagonismo de la percusión empujando al resto, sumando un joven trompetista inspirado y unas solistas de flauta u oboe que suman enteros a unas calidades envidiables para una formación que sigue dándonos muchas alegrías a sus seguidores haciéndonos llegar partituras como la de Pina.

Y de cine sería Bonaparte -2008- del austríaco Otto W. Schwarz (1967), equiparable con los murcianos en esta partitura dedicada al militar y distintas etapas, documental musical con variaciones del himno francés bien delineadas, herencia beethoveniana de La victoria de Wellington (La batalla de la victoria) y los contrastes dinámicos, anímicos, contagiados por todos los soldados a las órdenes del “mariscal Cánovas”, músicos plegados al mando, respondiendo al detalle desde una percusión marcial siempre ajustada a los toques militares. Músicas de nuestro tiempo, compositores básicamente españoles preparados y con proyección internacional interpretados por músicos con mucho futuro.

Finalizada la música el presidente de la ASAM hizo entrega de una placa para recordar estos 25 años de hermanamiento con la Banda de Música de Mieres, digna heredera de la municipal que también conocí y me acercó a una música que nunca he abandonado. Gracias y feliz aniversario.

Domingo de música transatlántica

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Domingo 15 de octubre, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, “Conciertos de otoño”: Vuelta Abajo, Banda de Música Ciudad de Oviedo, David Colado Coronas (director). Entrada libre.

Llevo años siguiendo a mis amigos de Vuelta Abajo desde su fundación allá por San Mateo de 2001 cuando los boleros y el son les dejaba huella de sus viajes tunantescos a Miami y Cuba, para ir creciendo  a partir de 2006 en número, ritmos y calidad. No me perdí varias de sus actuaciones por distintos locales y sobre todo “las grandes” de la Plaza de la Catedral compartidas desde este blog en plenas fiestas de 2013 y 2014 (un festival compartiendo escenario con Los Sabandeños el Día de América en Asturias) así como la grabación en vivo de su CD “Entre amigos” el 15 de enero de 2012 celebrando los 10 años en el Teatro Filarmónica. Tampoco podía faltar a este nuevo proyecto ampliando repertorio y sumándose a la Banda de Música Ciudad de Oviedo en el inicio de futuras colaboraciones.

Mucho público esta tarde dominical para escuchar músicas del otro lado del charco, el repertorio habitual de nuestros “sabandeños asturianos” que sigue creciendo. Aunque algo mermados en efectivos, con solo 17 en escena (nueve voces y ocho instrumentistas) no muy bien amplificados, volvieron a demostrar el dominio de la música hispanoamericana así como lo trabajado que tienen cada tema, comenzando con la peruana Luz de amanecer (Carlos Ayala), uno de los primeros del grupo que sigue siendo perfecta presentación, ese minero boliviano con flautas, charango, bombo legüero y unas voces bien ensayadas (además de contar con un micrófono para cada una) con el refuerzo del bajo eléctrico, más potente que un guitarrón o el habitual contrabajo.
De México nos dejarían El camino de la noche (José Alfredo Jiménez) jugando con la hermosa voz solista emulando al gran Javier Solís con más calidez instrumental que la original y un “coro” muy bien empastado, otro de los temas que Vuelta Abajo no puede dejar de ofrecer.

Casi a media luz para continuar viaje hasta Argentina y esa Oración del remanso compuesta por Jorge Fandermole que Mercedes Sosa rezaba como nadie y los asturianos han incorporado desde la intimidad y el buenhacer del conjunto para continuar viaje por Cuyo con El niño y el canario (Hilario Cuadros / Evaristo Fratantoni) que de niños conocimos por Jorge Cafrune y Marito aunque me quedo con esta versión nuestra menos empalagosa y mejor armonizada.
Se notó la falta de más voces, especialmente la primera, en el vals jaranero Callejón de un solo caño (Victoria y Nicomedes Santa Cruz) interpretado junto a Palmero sube a la palma, ¡qué bonito! recordando a nuestros admirados canarios especialmente en la parte instrumental. Sin perder sabor llegaría la Zamba de la toldería (Buenaventura Luna, Óscar Valles y Fernando Porta), rítmica en estado puro y buenos punteos, Alma guaraní (Osvaldo Sosa / Damasio Esquivel) de belleza habitual en estas melodías del Paraguay, para cerrar viaje con la historia de un negro en Uruguay visto desde la vecina Argentina, de nuevo limitados en los equilibrios de voces e instrumentos con el Candombe para José (Roberto Ternán) y una amplificación no muy inspirada, recordando los tres orígenes del folklore hispanoamericano: el español, el indígena y el africano, feliz mestizaje que tan buena música nos ha dejado y de la que Vuelta Abajo son buenos intérpretes.

Sin apenas respiro y lo que se tarda en vaciar el escenario, la Banda de Música Ciudad de Oviedo nos traería más música del otro lado con unos arreglos verdaderamente espectaculares para apreciar la calidad de una formación donde solo faltó una flauta más para haber redondeado una interpretación llena de sutilezas, ritmo y armonías de película, siempre con David Colado atento a cada dinámica y protagonismo en plena renovación de repertorio. Interesante el arreglo de “Los hijos de Sánchez”, traducción española de Children of Sánchez de Chuck Mangione, un virtuoso del fliscorno en los felices 70 con este tema que sirvió de banda sonora a la película homónima, aquí con protagonismo no solo del flügelhorn sino también del saxo alto, pero con todas las secciones conformando un tema algo repetitivo, sin voz, que salva un ritmo frenético empujando el tema siguiendo las modas de entonces.
Con ese aire peliculero de las películas vaqueras nos mantuvimos en el nuevo continente con la conocida habanera esta vez reconvertida en mambo La Paloma (Sebastián Yradier) para una banda muy potente, especialmente en los metales y nuevamente la percusión que marca diferencias en este arreglo japonés. Y todavía más curiosa la versión de Amapola (José Mª Lacalle), un gaditano emigrado a Nueva York, cambiando los ritmos del bolero inicial, rumba y chachacá terminando en samba, verdadero homenaje caribeño del músico nipón Naohiro Iwai (1923-2014) para mantener ese aire transatlántico de este domingo donde el fuego robaba protagonismo a la música. Antes de volver a hacer una pequeña escala en nuestra España, el conocido tema de Rafael Hernández Marín “El Jibarito” El Cumbanchero con una instrumentación nada vulgar de nuevo a cargo de este descubrimiento del imperio naciente, hoy casi tan protagonista como los intérpretes, y pese a lo “vulgar” que nos podrían parecer estas canciones que toman nuevos aires, nunca mejor dicho, haciendo que las bandas también actualicen sonoridades y estilos.
Canta la copla que “La Habana es Cádiz con más negritos, Cádiz, La Habana con más salero” y Pascual Piqueras (Valencia, 1973) compuso este De Cai manteniendo la percusión del cajón mal llamado flamenco, venido de Perú pero totalmente asimilado gracias a Paco de Lucía, sumándole palmas y taconeo (bien por la pareja de percusionistas) que se quedaron comidos por las dinámicas de toda la banda, aires del sur con instrumentación internacional para esta música tan exportable y llena de vida, con todas las secciones participando.

Para el fin de fiesta nada mejor que volver a cruzar el Atlántico y aunar esfuerzos Vuelta Abajo con la banda y dos temas que los primeros tienen de siempre buscando nuevas sonoridades aunque la amplificación ni los arreglos estuvieron a la altura necesaria: Manhã de Carnaval (Luis Bonfa), ese Brasil de “Orfeo Negro” que hubiese necesitado más presencia y cuerpo vocal e instrumental con menos volúmenes en la banda, y el conocido joropo, casi segundo himno venezolano Alma Llanera (Rafael Bolívar Coronado – Pedro Elías Gutiérrez) que bisarían mejorando planos aunque la instrumentación no vendría mal eliminar la melodía duplicada o al menos mimar los matices, aunque supongo que esta primera toma de contacto también suponga corregir detalles y buscar arreglos tan buenos como los del japonés. Espero ya el siguiente proyecto para animar a estas fusiones más allá de coros de zarzuela y óperas, pues siempre digo que no hay etiquetas para la música, solo la que gusta y la que no, y David Colado apuesta por ello.

Músicas por San Juan

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Coincidiendo con las fiestas de San Juan y la última semana de clases antes del último esfuerzo burocrático de este curso 2016-17, encontré algunos huecos para no perderme eventos puntuales, algunos de cita obligada.

Comenzaré con ese encuentro de antiguos tunantes habitualmente en el inicio de las fiestas de Mieres, más de una veintena peinando canas (los que conservamos pelo) cantando nuestro repertorio de siempre por el eje con más marcha de la villa, la antiguamente conocida como “la calle del vicio”, La Vega en su actual denominación, y Jerónimo Ibrán antes de finalizar en la emblemática plaza de Requejo donde continuamos cantando antes de la cita gastronómica, un cordero a la estaca que sirvió para amenizar no solo aperitivo o postres sino el resto de la madrugada, sin protestas por parte de los vecinos. Dejo arriba la excelente foto del cronista gráfico local, nuestro querido José Ramón Viejo Sáez.
El sábado estuvo ocupado por la segunda jornada del certamen que organiza el Orfeón de Mieres al que le dediqué una entrada especial.

No puede haber fiestas sin nuestra Banda de Música de Mieres, que además celebraba en el Parque Jovellanos, el de siempre, sus 25 años de nueva andadura tras la disolución de la municipal, una historia bien documentada por uno de los actuales integrantes, Vidal, que dio para toda una tesis doctoral. Con la dirección de Antonio Cánovas Moreno, que sigue revitalizando nuestra banda local y llevándola a una excelencia con la que todos soñamos, bajo un sol de justicia realmente abrasador, que ubicó al público a la sombra salvo algunos “esforzados”, la mañana del domingo 18 de junio pudimos escuchar un auténtico concierto de músicas conocidas donde no podía faltar​ lo popular: zarzuela a base de preludios, arreglos de coros como el de El huésped del sevillano de las lagarteranas, los “poutpourris” de la Gran Vía con “Caballero de Gracia” y el Tango de Menegilda “Pobre chica, la que tiene que servir…”, sin dejarse El rey que rabio, o las increíbles páginas de la Katiuska de mi tocayo Sorozabal.
Tampoco podía faltar el toque asturiano de La rapacina, una joya de fantasía para banda de Enrique Reñé, sin faltar los grandes éxitos de los años 70 en arreglos realmente conseguidos como Stayin’ Alive, I will survival, YMCA y una excelente selección de temas popularizados por Tom Jones o unos musicales “muy de Broadway” con Granujas a todo ritmo, solistas impecables en todas las secciones, especialmente el oboe, y con un repertorio bien elegido que llenó de alegría este primer sábado de fiestas.

La última semana con alumnos se hace eterna, coincidiendo además con una ola de calor a la que no estamos acostumbrados. El cierre “oficial” tuvo lugar el viernes 23 de junio a partir de las 13:00 horas en nuestra sala de usos múltiples, preámbulo de una foguera que nos estuvo entrenando con una climatología rara, en una ceremonia donde mi instituto premia esfuerzo, compañerismo, lectores, solidaridad y con alguna actuación musical que da lustre a cualquier evento, esta vez con Manuel de 4º de ESO a la guitarra eléctrica, marcándose unos solos de AC-DC tras un año de práctica donde progresó más que adecuadamente.

La mañana del día grande de San Juan, el 24 de junio, la tengo marcada en el calendario para amenizar los galardones de “Mierenses en el Mundo” con mi pareja artística para este evento Marta Quintero, casi emulando aquel cine de barrio con Parada y Sebastian como le gusta presentarnos.

Las excelentes todos son de Felipe S. Mera, reportero oficial de estos premios que van por su novena edición. Este año me tocaba la fibra sensible porque estaban entre los galardonados no ya el Padre Ángel con sus restaurantes “Robin Hood” o el chef Julius que se ha convertido en verdadero embajador de Mieres allá donde va desde su primera visita como jurado de “Mieres de pincho”, sino mi antigua alumna Paula Rojo, auténtica estrella musical consolidada con un estilo propio que hubiera encajado perfectamente en el último Eurovisión a la vista de los resultados, una trabajadora nata y en plena gira presentando su tercer disco “Un viaje en el tiempo” que como indica el título, siempre encuentra tiempo para viajar a la tierrina y visitar a la familia y a sus amistades de toda la vida.

Además tenía el orgullo de acompañar a José Menalva Cogollu en Soy de Mieres, cuarenta años sin vernos desde aquél disco de Diamantina dedicado “A las madres de los mineros” que se grabase en el salón de la Caja de Ahorros por Toni Martínez “ex Bravo” en su unidad móvil allá por 1979 y publicado en 1981 por el sello Doblón con Carlos Eusebio de productor. Su último Libro CD “El universo del canto” dedica parte de los ingresos precisamente a los “Mensajeros de la Paz” del Padre Ángel y desde ahora es el nuevo embajador de la mierensía hasta la próxima edición.

Tampoco faltó este año el Coro Minero de Turón y un encuentro especial con Laude Martínez e Ismael G. Arias uniéndonos a las cuatro manos sobre el piano para cantar el Asturias de Víctor Manuel que volvería a sonar por la noche en el Parque Jovellanos, antes de finalizar todos juntos con nuestro himno autonómico, público, coro, galardonados e invitados.

Tras el ágape y posterior comida, me decidí por acudir a Oviedo donde se escucharía en la Plaza de la Catedral (aunque tuve palco de lujo) un Carmina Burana (Orff) muy especial para despedir a Marzio Conti al frente de la Oviedo Filarmonía, uniendo tres coros, el de la Ópera de Oviedo y el de la FPA sumándose el Joven Coro, verdaderos y excelentes protagonistas con un trío solista conocido y de lujo: nuestra soprano más internacional Beatriz Díaz que ha llevado esta “cantata” por medio mundo en el montaje de La Fura, sin olvidarse de nuestro Teatro Campoamor, o “el Delibes” vallisoletano, impecable y capaz de acallar el ruido de las calles adyacentes con gusto y unos agudos dulces y pianísimos como pocas voces pueden alcanzar; el contratenor Xavier Sábata, otro habitual de este Orff, a quien la megafonía le puso más decibelios que en los teatros, y el barítono Javier Franco, color  ideal e intervenciones justo lo contrario, poca presencia amplificada por los “caprichos” acústicos de los registros medios, que en directo hubiera ganado muchos enteros.

Todo un espectáculo que estuvo pendiente del cielo rogando no lloviese para poder mantenerlo ante la dificultad del “Plan B”, amplificación no siempre equilibrada, pantallas gigantes con realización adecuada y un auténtico éxito de público, 800 (o mil) sillas de plástico que se quedaron cortas para las casi tres mil personas que abarrotaron todos los huecos posibles aunque sin “la furia” de otros momentos.

Una forma de acercar esta página maravillosa a todos los que se acercaron a la capital asturiana aunque tengamos un auditorio más apropiado para ello y sea precisamente la misma obra escogida para el arranque de la próxima temporada de la OSPA recientemente presentada. La calidad interpretativa de todos brilló de principio a fin pese a la amplificación, con aplausos entre algunos números para un público nada habitual en los conciertos de pago pero disfrutando como todos de esta maravillosa página que sirvió para seguir disfrutando de un San Juan muy musical. Estos días se sigue hablando y escribiendo de ello, con opiniones y medallas variadas, algunas desde la ignorancia política (para otra ex alumna mía).

Todavía me queda San Pedro y San Pablo para cerrar curso, mes y temporada, siempre sumando, esta vez dos orquestas (OSPA y OFIL), más el Coro de la FPA para la Resurrección de Mahler con dos reconocidas solistas (la soprano María Espada y la mezzo Iris Vermillion), bajo la batuta del ovetense Pablo González. Seguiré esperando por la Sinfonía de Los Mil asturianos, pues en esta tierra nuestra es cuestión de proponérselo, ya que contamos con material humano para ello y pudiendo resultar un “verdadero espectáculo musical” de llevarse a cabo. Por pedirlo de nuevo no quedará y ahí dejo los mimbres para el cesto.

Escenarios mierenses

2 comentarios

Preparando una conferencia sobre mis andanzas musicales pude observar cómo se han perdido distintos escenarios musicales en nuestro Mieres del Camino, lo que puede ser sintomático de todo un declive cultural, más aún en cuanto a la oferta de la llamada “música clásica”.
Luis Fernández Cabeza y Marino Canga. ©Foto Alfer Gancedo
Dependiente del Centro Cultural y Deportivo Mierense que dirigía Luis Fernández Cabeza estaba la Filarmónica con una trayectoria que bien se merece una tesis doctoral porque trajo a nuestra villa ilustres intérpretes que iban firmando en unos libros seguramente a buen recaudo y testimonio impagable de la importancia que tenían aquellos conciertos en el Teatro Pombo.

©Foto Paco
Por citar algunos a los que pude asistir y de los que guardo incluso autógrafos de los músicos como la mezzo Isabel Rivas en febrero de 1971, la soprano María Orán en febrero del mismo año, o el pianista Luis Galve en mayo de 1972. Dejo algunos programas con el slogan “Más socios, más conciertos”.
El cierre del Pombo supuso el traslado de los conciertos en el invierno de 1972, junto con el piano Blütnner propiedad de la propia Filarmónica, al salón de actos del Polideportivo de Oñón que entonces se llamaba Casa Municipal de la Juventud, dirigida por mi querido profesor y amigo Javier Pérez López, quien abrió las puertas a muchas actividades donde la música clásica nunca faltó e incluso dando oportunidades a los jóvenes músicos locales.
En mis cajas de recuerdos están programas de los pianistas asturianos Jesús González Alonso o Amador Fernández Iglesias en 1972, junto a la reconocida Pilar Bilbao, y al año siguiente Luis Vázquez del Fresno (casi habitual en todas las temporadas donde también había los conciertos navideños “Paz en la Tierra”), el famoso Leopoldo Querol, la arpista Mª Rosa Calvo Manzano y en 1974 los pianistas Pedro de Lerma y Perfecto García Chornet, manteniendo los llamados “Ciclo de Intérpretes Españoles” (organizados por la Comisaría de la Música de la Dirección General de Bellas Artes) y tantos otros invernales de la Banda de Música de Mieres dirigida por el maestro Alejandro Fernández Sastre, entonces teniente músico director de la “Banda de Música del Milán” de Oviedo, quien abandonaba la concha del Parque Jovellanos para darnos las matinales de los domingos en un salón más acogedor aunque con fuerte olor a humedad.
La nueva construcción por parte de la entonces Caja de Ahorros de Asturias del edificio que albergaría la Obra Social y Cultural dotó a Mieres de una sala de exposiciones muy apreciada donde colgaron pintores de reconocido prestigio y debutantes así como de un salón de actos en condiciones más que aceptables y con un piano “Yamaha” a estrenar, lo que supuso no ya un escenario acorde a los intérpretes que la Filarmónica continuaba trayendo a nuestro pueblo sino en ampliar conciertos organizados por la propia entidad bancaria.
Aunque por entonces ya estudiaba en Oviedo con lo que suponía de “aluvión melómano” (la ópera en septiembre más la Sociedad Filarmónica Ovetense al menos un concierto al mes), los fines de semana además de las vacaciones me volvía a casa. Los programas que guardo me traen recuerdos de una oferta musical variada apostando incluso por guitarristas o Tríos como el L.E.M.A. de Madrid, los “circuitos asturianos” de la Caja de Ahorros que además de Oviedo, Gijón, Avilés o Langreo, también realizados por el Orfeón de Mieres, al fin tenían nuestro pueblo como opción, con clásicos como la catalana Leonora Milá que repetía tras haber tocado para la Filarmónica (que además posibilitó el debut de la pianista local
Isabel Suárez González el 23 de abril de 1976), 
el excelente dúo pianístico vallisoletano Frechilla y Zuloaga conmemorando el 50 Día Universal del Ahorro un 31 de octubre de 1976, además de músicos internacionales de clave (Bernard Brauchli), piano (Leonidas Lipovetski), cantantes (el tenor Luis Lima estuvo en Mieres en sus inicios líricos), dúos instrumentales (como la violinista Eva Graubin con el pianista Roberto Bravo) sin olvidarnos de otros estilos de moda entonces como Claudina yAlberto Gambino e incluso otro dúo de pianos  “Los pianos barrocos” con Camacho y Vilches que nos abrieron los oídos a los folklores de ultramar desde una óptica tan válida y difícil como la clásica, bajo el  patrocinio de la marca “Petroff” que Jesús Arévalo, el afinador oficial de la Filarmónica de Mieres, quiso traer al “salón de la caja” un 17 de junio de 1975. La crisis nos dejó sin ahorros ni obra social y acabaría cerrando, quedándome al menos el recuerdo de asistir al concierto que los hermanos Zapico como Forma Antiqva darían en este escenario que todos los músicos y agrupaciones, incluido el Orfeón de Mieres, pisaron en repetidas ocasiones.

©Foto Paco
Punto y aparte se merece nuestro añorado Teatro Capitol, derribado en 1992 dejándonos huérfanos de mucha historia. Los Festivales de España trajeron a la capital de nuestro concejo el mejor teatro, música y danza del momento, sirviendo como marco inigualable para las orquestas que sólo cabían en aquel escenario.
La Orquesta Sinfónica de Asturias (OSA) dio varios conciertos didácticos en varias temporadas, a los que asistimos alumnos de diferentes edades, organizados por la Delegación Nacional de la Sección Femenina con la colaboración de la Delegación Provincial de Educación y Ciencia de Asturias y la Delegación Provincial de la Juventud, guardando los programas de inicios de los 70 con Alberto Blancafort en la batuta (1972 y 1973) y Benito Lauret (1975). La propia Filarmónica solía cerrar temporada “a lo grande” y así fue la
clausura de la XXX un 19 de junio de 1981 con un Extraordinario Concierto a cargo de la propia
OSA dirigida por un casi debutante Victor Pablo Pérez
más el
Coro Universitario de Oviedo (en las manos de Luis Gutiérrez Ariasinterpretando la “Sinfonía Incompleta” de Schubert y la “Misa de Gloria” de Puccini contando con el tenor Joaquín Pixán y el barítono Luis Álvarez Sastre como solistas, programa que repetirían los días siguientes en Oviedo y Gijón.
Cuatro años más tarde y con motivo de la celebración del Día de Asturias en Mieres, el 7 de septiembre de 1985, coincidiendo con el Año Europeo de la Música, pudimos escuchar la “Novena Sinfonía” de Beethoven en el Teatro Capitol por la OSA de nuevo con Víctor Pablo, el Coro de RTVE dirigido por PascualOrtega, y cuatro solistas para el recuerdo: la soprano asturiana Belén Genicio, la mezzo Carmen Sinovas, el tenor José Ramón Alonso y el barítono Manuel Pérez Bermúdez, una “Oda a la alegría” que como dice el refrán en casa del pobre duró poco y la piqueta acabó llevándose nuestro último coliseo.
La antigua Escuela de Capataces también tiene su historia hasta convertirse en Casa de Cultura, con diferentes remodelaciones que nos dejaron el único espacio escénico bautizado como Auditorio “Teodoro Cuesta”. Al menos recuperamos escenario y la amplia oferta abarca todos los estilos musicales que aseguran una más que excelente ocupación, pero no hay otra. Son casi noticiables los conciertos clásicos y a las proyecciones en directo desde la Ópera del Campoamor no hay mucho público, aparte de convertir el salón en una tele gigante, que no es lo mismo que estar en el teatro aunque no nos cueste y hasta se pueda comentar en voz alta sin molestar.

A la desaparecida Filarmónica de Mieres le debemos agradecimiento por ser historia de la música clásica local, a la defenestrada Obra Social el recuerdo de lo que pudo ser y no fue, mientras el Parque Jovellanos mantiene su concha como testigo mudo de tanta música como en ella hubo, solo roto por una renacida Banda de Música de Mieres, hoy acompañada en fiestas como la Folixa o San Juan de un escenario desmontable donde lo clásico no existe ni se le espera. Los templos religiosos intentan cubrir espacios pero sin ser los más idóneos para ello. Espacios públicos o privados que son minorías para un público que también parece serlo.

Sin pesimismo y desde mis 58 años tengo que concluir que cualquier tiempo pasado fue mejor, si se quiere porque éramos más jóvenes, pero este vistazo rápido de los recuerdos musicales en aquellos escenarios no volverán, los tiempos han cambiado como los gustos, aunque creo que fueron la mejor escuela para los públicos actuales habiéndonos olvidado de los futuros al ir cerrando tantas puertas.

Artículo escrito y publicado (sin enlaces y con menos fotos) en el nº 14 de la Revista “Coral” editada por el Orfeón de Mieres, con motivo del XVI Encuentro coral de los pueblos mineros “La mina canta unida” a celebrar los próximos días 16 y 17 de junio de 2017.

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