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Músicas por San Juan

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Coincidiendo con las fiestas de San Juan y la última semana de clases antes del último esfuerzo burocrático de este curso 2016-17, encontré algunos huecos para no perderme eventos puntuales, algunos de cita obligada.

Comenzaré con ese encuentro de antiguos tunantes habitualmente en el inicio de las fiestas de Mieres, más de una veintena peinando canas (los que conservamos pelo) cantando nuestro repertorio de siempre por el eje con más marcha de la villa, la antiguamente conocida como “la calle del vicio”, La Vega en su actual denominación, y Jerónimo Ibrán antes de finalizar en la emblemática plaza de Requejo donde continuamos cantando antes de la cita gastronómica, un cordero a la estaca que sirvió para amenizar no solo aperitivo o postres sino el resto de la madrugada, sin protestas por parte de los vecinos. Dejo arriba la excelente foto del cronista gráfico local, nuestro querido José Ramón Viejo Sáez.
El sábado estuvo ocupado por la segunda jornada del certamen que organiza el Orfeón de Mieres al que le dediqué una entrada especial.

No puede haber fiestas sin nuestra Banda de Música de Mieres, que además celebraba en el Parque Jovellanos, el de siempre, sus 25 años de nueva andadura tras la disolución de la municipal, una historia bien documentada por uno de los actuales integrantes, Vidal, que dio para toda una tesis doctoral. Con la dirección de Antonio Cánovas Moreno, que sigue revitalizando nuestra banda local y llevándola a una excelencia con la que todos soñamos, bajo un sol de justicia realmente abrasador, que ubicó al público a la sombra salvo algunos “esforzados”, la mañana del domingo 18 de junio pudimos escuchar un auténtico concierto de músicas conocidas donde no podía faltar​ lo popular: zarzuela a base de preludios, arreglos de coros como el de El huésped del sevillano de las lagarteranas, los “poutpourris” de la Gran Vía con “Caballero de Gracia” y el Tango de Menegilda “Pobre chica, la que tiene que servir…”, sin dejarse El rey que rabio, o las increíbles páginas de la Katiuska de mi tocayo Sorozabal.
Tampoco podía faltar el toque asturiano de La rapacina, una joya de fantasía para banda de Enrique Reñé, sin faltar los grandes éxitos de los años 70 en arreglos realmente conseguidos como Stayin’ Alive, I will survival, YMCA y una excelente selección de temas popularizados por Tom Jones o unos musicales “muy de Broadway” con Granujas a todo ritmo, solistas impecables en todas las secciones, especialmente el oboe, y con un repertorio bien elegido que llenó de alegría este primer sábado de fiestas.

La última semana con alumnos se hace eterna, coincidiendo además con una ola de calor a la que no estamos acostumbrados. El cierre “oficial” tuvo lugar el viernes 23 de junio a partir de las 13:00 horas en nuestra sala de usos múltiples, preámbulo de una foguera que nos estuvo entrenando con una climatología rara, en una ceremonia donde mi instituto premia esfuerzo, compañerismo, lectores, solidaridad y con alguna actuación musical que da lustre a cualquier evento, esta vez con Manuel de 4º de ESO a la guitarra eléctrica, marcándose unos solos de AC-DC tras un año de práctica donde progresó más que adecuadamente.

La mañana del día grande de San Juan, el 24 de junio, la tengo marcada en el calendario para amenizar los galardones de “Mierenses en el Mundo” con mi pareja artística para este evento Marta Quintero, casi emulando aquel cine de barrio con Parada y Sebastian como le gusta presentarnos.

Las excelentes todos son de Felipe S. Mera, reportero oficial de estos premios que van por su novena edición. Este año me tocaba la fibra sensible porque estaban entre los galardonados no ya el Padre Ángel con sus restaurantes “Robin Hood” o el chef Julius que se ha convertido en verdadero embajador de Mieres allá donde va desde su primera visita como jurado de “Mieres de pincho”, sino mi antigua alumna Paula Rojo, auténtica estrella musical consolidada con un estilo propio que hubiera encajado perfectamente en el último Eurovisión a la vista de los resultados, una trabajadora nata y en plena gira presentando su tercer disco “Un viaje en el tiempo” que como indica el título, siempre encuentra tiempo para viajar a la tierrina y visitar a la familia y a sus amistades de toda la vida.

Además tenía el orgullo de acompañar a José Menalva Cogollu en Soy de Mieres, cuarenta años sin vernos desde aquél disco de Diamantina dedicado “A las madres de los mineros” que se grabase en el salón de la Caja de Ahorros por Toni Martínez “ex Bravo” en su unidad móvil allá por 1979 y publicado en 1981 por el sello Doblón con Carlos Eusebio de productor. Su último Libro CD “El universo del canto” dedica parte de los ingresos precisamente a los “Mensajeros de la Paz” del Padre Ángel y desde ahora es el nuevo embajador de la mierensía hasta la próxima edición.

Tampoco faltó este año el Coro Minero de Turón y un encuentro especial con Laude Martínez e Ismael G. Arias uniéndonos a las cuatro manos sobre el piano para cantar el Asturias de Víctor Manuel que volvería a sonar por la noche en el Parque Jovellanos, antes de finalizar todos juntos con nuestro himno autonómico, público, coro, galardonados e invitados.

Tras el ágape y posterior comida, me decidí por acudir a Oviedo donde se escucharía en la Plaza de la Catedral (aunque tuve palco de lujo) un Carmina Burana (Orff) muy especial para despedir a Marzio Conti al frente de la Oviedo Filarmonía, uniendo tres coros, el de la Ópera de Oviedo y el de la FPA sumándose el Joven Coro, verdaderos y excelentes protagonistas con un trío solista conocido y de lujo: nuestra soprano más internacional Beatriz Díaz que ha llevado esta “cantata” por medio mundo en el montaje de La Fura, sin olvidarse de nuestro Teatro Campoamor, o “el Delibes” vallisoletano, impecable y capaz de acallar el ruido de las calles adyacentes con gusto y unos agudos dulces y pianísimos como pocas voces pueden alcanzar; el contratenor Xavier Sábata, otro habitual de este Orff, a quien la megafonía le puso más decibelios que en los teatros, y el barítono Javier Franco, color  ideal e intervenciones justo lo contrario, poca presencia amplificada por los “caprichos” acústicos de los registros medios, que en directo hubiera ganado muchos enteros.

Todo un espectáculo que estuvo pendiente del cielo rogando no lloviese para poder mantenerlo ante la dificultad del “Plan B”, amplificación no siempre equilibrada, pantallas gigantes con realización adecuada y un auténtico éxito de público, 800 (o mil) sillas de plástico que se quedaron cortas para las casi tres mil personas que abarrotaron todos los huecos posibles aunque sin “la furia” de otros momentos.

Una forma de acercar esta página maravillosa a todos los que se acercaron a la capital asturiana aunque tengamos un auditorio más apropiado para ello y sea precisamente la misma obra escogida para el arranque de la próxima temporada de la OSPA recientemente presentada. La calidad interpretativa de todos brilló de principio a fin pese a la amplificación, con aplausos entre algunos números para un público nada habitual en los conciertos de pago pero disfrutando como todos de esta maravillosa página que sirvió para seguir disfrutando de un San Juan muy musical. Estos días se sigue hablando y escribiendo de ello, con opiniones y medallas variadas, algunas desde la ignorancia política (para otra ex alumna mía).

Todavía me queda San Pedro y San Pablo para cerrar curso, mes y temporada, siempre sumando, esta vez dos orquestas (OSPA y OFIL), más el Coro de la FPA para la Resurrección de Mahler con dos reconocidas solistas (la soprano María Espada y la mezzo Iris Vermillion), bajo la batuta del ovetense Pablo González. Seguiré esperando por la Sinfonía de Los Mil asturianos, pues en esta tierra nuestra es cuestión de proponérselo, ya que contamos con material humano para ello y pudiendo resultar un “verdadero espectáculo musical” de llevarse a cabo. Por pedirlo de nuevo no quedará y ahí dejo los mimbres para el cesto.

La mina canta a coro

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Sábado 17 de junio, 20:30 horas. Auditorio “Teodoro Cuesta”, Mieres. XVI Encuentro coral de los pueblos mineros “La Mina Canta Unida”.

En plenas fiestas del patrón y desde hace 16 años se celebra en Mieres este encuentro de coros que hermana poblaciones, cantantes y familias trayendo la música coral a la villa del Orfeón de Mieres, el decano de Asturias y uno de los más veteranos en España, con nuevos llenos hasta la bandera que el sábado retrasó su comienzo esperando que finalizase el pregón a cargo de Víctor Manuel en una concurrida Plaza del Ayuntamiento, y con el presidente del Orfeón Eustaquio Álvarez Hevia haciendo los honores de la presentación y agradecimientos obligados.

El viernes me fue imposible asistir pero no podía faltar esta segunda jornada donde nos visitaba la Coral Polifónica “Amadeus” de Vigo dirigida por Norma Urive-Echevarría Córdova que nos dejaron siete temas variados desde una formación madura, con mayor presencia femenina lo que siempre desequilibra la sonoridad global.

Comenzaron con la pavana Belle qui tiens ma vie de Thoinot Arbeau, más movida de lo esperado y con varios cantantes doblando instrumentos (tres guitarras, pandero y flauta dulce) no muy cuadrados rítmicamente pero sirvieron las disculpas finales de los nervios y los años de la directora, prosiguiendo con el conocidísimo vals criollo Alma, corazón y vida (de Adrián Flores y arreglado por Antonio Ezcurra), con toques personales en cuanto a tiempo y fraseos, la bellísima Esta tierra de Javier Busto, empastados y bien presente la melodía, No Niño Novo do Vento (texto de Álvaro Cunqueiro y música de Joaquín Carvajal) con el folklore vecino que nos gusta a todos, cruzando el charco para seguir con el bolero cubano Si llego a besarte (de Luis Casas Romero en arreglo de Marcos Valcárcel Gregorio) perfectamente leído rítmica y melódicamente por la directora nativa incluyendo su acompañamiento de claves, que ha sabido transmitirlo a este coro con el que lleva lo que llevamos de siglo, Pandur (Làjos Bardos) y de nuevo los aires gallegos con Lela (Daniel Castelao y Miguel de Santiago, en arreglo del citado Valcárcel), toda una muestra del buenhacer de estos coros aficionados que trabajan duro apostando por repertorios populares y cercanos en este concierto festivo. Buen sabor de boca e intercambio de regalos entre los dos coros que cerraban el encuentro este sábado.

Con los anfitriones podía ver por fin al director actual, Carlos Ruiz de Arcaute Rivero, hombre curtido en el mundo vocal y coral, con el que nuestro orfeón parece haber encontrado el camino deseado: mantener el repertorio base dotándolo de nuevos aires con gesto claro y preciso que da confianza a los coristas.

Así fueron interpretando temas asturianos como Ay, un galán (Javier Armenter), rítmica de danza prima que bailaremos la noche de San Juan, Atardecer (Sergio Domingo) sentido sin buscar estridencias, Mocina, dame un besín (Antolín de la Fuente) saltarín y bien fraseado, o el “himno no oficial” Soy de Mieres (Alfonso Ruiz Martínez), casi seña de identidad del orfeón (junto al hoy recordado Por el camino de Mieres) antes de unas habaneras que no pueden faltar en los conciertos como Mi viejo San Juan (Noel Estrada y armonizado por Antonio Barés) que parece haber renacido con Ruiz de Arcaute, una impresionante y emotiva Adiós Torrevieja (Manuel Ruiz Gómez) con bajos seguros y ricos matices en todos contagiando ese ritmo tan de ambas partes del “charco”, para finalizar esta travesía con Un velero y una canción (Santos Montiel). Haría falta rejuvenecer nuestro centenario orfeón aunque es una tarea necesaria en casi todo el mundo coral asturiano, pero no tenemos la receta para “enganchar” a las nuevas generaciones, aunque los intentos educativos no parecen cuajar.

Como hermanamiento los dos coros se unieron para un sentido Santa Bárbara (armonizado por José Fernández Avello) recordando al muy querido Luis Naves, fallecido este mismo sábado, antiguo componente del orfeón así como del renombrado Ochote La Unión, pérdida no por esperada muy sentida, dando el pésame a toda su familia, y especialmente a su hijo José Luis que tomó el relevo en este “su Orfeón”.

Ya quedan convocados los próximos encuentros para el 2018, con el apoyo de un público fiel que sigue apoyando al Orfeón de Mieres.

Escenarios mierenses

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Preparando una conferencia sobre mis andanzas musicales pude observar cómo se han perdido distintos escenarios musicales en nuestro Mieres del Camino, lo que puede ser sintomático de todo un declive cultural, más aún en cuanto a la oferta de la llamada “música clásica”.
Luis Fernández Cabeza y Marino Canga. ©Foto Alfer Gancedo
Dependiente del Centro Cultural y Deportivo Mierense que dirigía Luis Fernández Cabeza estaba la Filarmónica con una trayectoria que bien se merece una tesis doctoral porque trajo a nuestra villa ilustres intérpretes que iban firmando en unos libros seguramente a buen recaudo y testimonio impagable de la importancia que tenían aquellos conciertos en el Teatro Pombo.

©Foto Paco
Por citar algunos a los que pude asistir y de los que guardo incluso autógrafos de los músicos como la mezzo Isabel Rivas en febrero de 1971, la soprano María Orán en febrero del mismo año, o el pianista Luis Galve en mayo de 1972. Dejo algunos programas con el slogan “Más socios, más conciertos”.
El cierre del Pombo supuso el traslado de los conciertos en el invierno de 1972, junto con el piano Blütnner propiedad de la propia Filarmónica, al salón de actos del Polideportivo de Oñón que entonces se llamaba Casa Municipal de la Juventud, dirigida por mi querido profesor y amigo Javier Pérez López, quien abrió las puertas a muchas actividades donde la música clásica nunca faltó e incluso dando oportunidades a los jóvenes músicos locales.
En mis cajas de recuerdos están programas de los pianistas asturianos Jesús González Alonso o Amador Fernández Iglesias en 1972, junto a la reconocida Pilar Bilbao, y al año siguiente Luis Vázquez del Fresno (casi habitual en todas las temporadas donde también había los conciertos navideños “Paz en la Tierra”), el famoso Leopoldo Querol, la arpista Mª Rosa Calvo Manzano y en 1974 los pianistas Pedro de Lerma y Perfecto García Chornet, manteniendo los llamados “Ciclo de Intérpretes Españoles” (organizados por la Comisaría de la Música de la Dirección General de Bellas Artes) y tantos otros invernales de la Banda de Música de Mieres dirigida por el maestro Alejandro Fernández Sastre, entonces teniente músico director de la “Banda de Música del Milán” de Oviedo, quien abandonaba la concha del Parque Jovellanos para darnos las matinales de los domingos en un salón más acogedor aunque con fuerte olor a humedad.
La nueva construcción por parte de la entonces Caja de Ahorros de Asturias del edificio que albergaría la Obra Social y Cultural dotó a Mieres de una sala de exposiciones muy apreciada donde colgaron pintores de reconocido prestigio y debutantes así como de un salón de actos en condiciones más que aceptables y con un piano “Yamaha” a estrenar, lo que supuso no ya un escenario acorde a los intérpretes que la Filarmónica continuaba trayendo a nuestro pueblo sino en ampliar conciertos organizados por la propia entidad bancaria.
Aunque por entonces ya estudiaba en Oviedo con lo que suponía de “aluvión melómano” (la ópera en septiembre más la Sociedad Filarmónica Ovetense al menos un concierto al mes), los fines de semana además de las vacaciones me volvía a casa. Los programas que guardo me traen recuerdos de una oferta musical variada apostando incluso por guitarristas o Tríos como el L.E.M.A. de Madrid, los “circuitos asturianos” de la Caja de Ahorros que además de Oviedo, Gijón, Avilés o Langreo, también realizados por el Orfeón de Mieres, al fin tenían nuestro pueblo como opción, con clásicos como la catalana Leonora Milá que repetía tras haber tocado para la Filarmónica (que además posibilitó el debut de la pianista local
Isabel Suárez González el 23 de abril de 1976), 
el excelente dúo pianístico vallisoletano Frechilla y Zuloaga conmemorando el 50 Día Universal del Ahorro un 31 de octubre de 1976, además de músicos internacionales de clave (Bernard Brauchli), piano (Leonidas Lipovetski), cantantes (el tenor Luis Lima estuvo en Mieres en sus inicios líricos), dúos instrumentales (como la violinista Eva Graubin con el pianista Roberto Bravo) sin olvidarnos de otros estilos de moda entonces como Claudina yAlberto Gambino e incluso otro dúo de pianos  “Los pianos barrocos” con Camacho y Vilches que nos abrieron los oídos a los folklores de ultramar desde una óptica tan válida y difícil como la clásica, bajo el  patrocinio de la marca “Petroff” que Jesús Arévalo, el afinador oficial de la Filarmónica de Mieres, quiso traer al “salón de la caja” un 17 de junio de 1975. La crisis nos dejó sin ahorros ni obra social y acabaría cerrando, quedándome al menos el recuerdo de asistir al concierto que los hermanos Zapico como Forma Antiqva darían en este escenario que todos los músicos y agrupaciones, incluido el Orfeón de Mieres, pisaron en repetidas ocasiones.

©Foto Paco
Punto y aparte se merece nuestro añorado Teatro Capitol, derribado en 1992 dejándonos huérfanos de mucha historia. Los Festivales de España trajeron a la capital de nuestro concejo el mejor teatro, música y danza del momento, sirviendo como marco inigualable para las orquestas que sólo cabían en aquel escenario.
La Orquesta Sinfónica de Asturias (OSA) dio varios conciertos didácticos en varias temporadas, a los que asistimos alumnos de diferentes edades, organizados por la Delegación Nacional de la Sección Femenina con la colaboración de la Delegación Provincial de Educación y Ciencia de Asturias y la Delegación Provincial de la Juventud, guardando los programas de inicios de los 70 con Alberto Blancafort en la batuta (1972 y 1973) y Benito Lauret (1975). La propia Filarmónica solía cerrar temporada “a lo grande” y así fue la
clausura de la XXX un 19 de junio de 1981 con un Extraordinario Concierto a cargo de la propia
OSA dirigida por un casi debutante Victor Pablo Pérez
más el
Coro Universitario de Oviedo (en las manos de Luis Gutiérrez Ariasinterpretando la “Sinfonía Incompleta” de Schubert y la “Misa de Gloria” de Puccini contando con el tenor Joaquín Pixán y el barítono Luis Álvarez Sastre como solistas, programa que repetirían los días siguientes en Oviedo y Gijón.
Cuatro años más tarde y con motivo de la celebración del Día de Asturias en Mieres, el 7 de septiembre de 1985, coincidiendo con el Año Europeo de la Música, pudimos escuchar la “Novena Sinfonía” de Beethoven en el Teatro Capitol por la OSA de nuevo con Víctor Pablo, el Coro de RTVE dirigido por PascualOrtega, y cuatro solistas para el recuerdo: la soprano asturiana Belén Genicio, la mezzo Carmen Sinovas, el tenor José Ramón Alonso y el barítono Manuel Pérez Bermúdez, una “Oda a la alegría” que como dice el refrán en casa del pobre duró poco y la piqueta acabó llevándose nuestro último coliseo.
La antigua Escuela de Capataces también tiene su historia hasta convertirse en Casa de Cultura, con diferentes remodelaciones que nos dejaron el único espacio escénico bautizado como Auditorio “Teodoro Cuesta”. Al menos recuperamos escenario y la amplia oferta abarca todos los estilos musicales que aseguran una más que excelente ocupación, pero no hay otra. Son casi noticiables los conciertos clásicos y a las proyecciones en directo desde la Ópera del Campoamor no hay mucho público, aparte de convertir el salón en una tele gigante, que no es lo mismo que estar en el teatro aunque no nos cueste y hasta se pueda comentar en voz alta sin molestar.

A la desaparecida Filarmónica de Mieres le debemos agradecimiento por ser historia de la música clásica local, a la defenestrada Obra Social el recuerdo de lo que pudo ser y no fue, mientras el Parque Jovellanos mantiene su concha como testigo mudo de tanta música como en ella hubo, solo roto por una renacida Banda de Música de Mieres, hoy acompañada en fiestas como la Folixa o San Juan de un escenario desmontable donde lo clásico no existe ni se le espera. Los templos religiosos intentan cubrir espacios pero sin ser los más idóneos para ello. Espacios públicos o privados que son minorías para un público que también parece serlo.

Sin pesimismo y desde mis 58 años tengo que concluir que cualquier tiempo pasado fue mejor, si se quiere porque éramos más jóvenes, pero este vistazo rápido de los recuerdos musicales en aquellos escenarios no volverán, los tiempos han cambiado como los gustos, aunque creo que fueron la mejor escuela para los públicos actuales habiéndonos olvidado de los futuros al ir cerrando tantas puertas.

Artículo escrito y publicado (sin enlaces y con menos fotos) en el nº 14 de la Revista “Coral” editada por el Orfeón de Mieres, con motivo del XVI Encuentro coral de los pueblos mineros “La mina canta unida” a celebrar los próximos días 16 y 17 de junio de 2017.

Una vida, dos pasiones y diez años

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Sábado 27 de mayo, 20:00 horas. Auditorio Teodoro Cuesta, Mieres: X Gala Coraldanza 2017 “La décima”. Centro de danza KarelVirginia Herrero (bailarina y directora), Coros de la Escuela de Música de Mieres, Reyes Duarte (directora), Verena Menéndez (piano), Ángela R. Corta (piano), Francis Ligero (guitarra y cante).

Reyes Duarte ha conseguido aunar sus dos pasiones a lo largo de diez años, toda una hazaña en nuestro Mieres y con el apoyo del ayuntamiento local: la danza por amor no solo cercano (faltaba Raquel en las antípodas pero entre nosotros) y la música coral desde su labor docente y divulgativa en la Escuela de Música que ha sentido siempre como suya, varias generaciones de coristas que siguen acudiendo a esta cita. Nuevamente lleno el auditorio que lleva el nombre de nuestro bate y músico mierense con los protagonistas esperados que, como sucede en la vida, se renuevan y cumplen años pero con la semilla bien plantada que en esta décima edición pudimos disfrutar, coros y danza, cantantes y bailarines en una velada colorida en todos los sentidos con el programa abanico, todo un clásico de CoralDanza y catálogo de intenciones afianzadas desde hace una década.

Organizar una gala variada de hora y media sin apenas respiro tiene mucho valor, comentar cada parte organizada en cinco bloques imposible, reflejar emociones aún más complicado. Todo perfectamente engranado, desde una iluminación ideal para cada momento, una megafonía adaptada y adecuada combinando mucha música en directo y grabada (para varias partes bailadas) hasta el presentador “oficial” de las galas, Alberto Cienfuegos, Michel para todos, quien comenzó con el guitarrista todoterreno Francis Ligero
para cantar el bolero Piel canela adaptando la letra al día aunque el estribillo “me importas tú” vale para todo y “que se quede el infinito sin estrellas” porque Marcos a los mandos técnicos es capaz de recrear universos sonoros y lumínicos como nadie, proyectándose además imágenes de las galas anteriores recordando los temas interpretados a lo largo de estos diez años con nuevos arreglos, formaciones y la misma ilusión.

Primer bloque con Francis al cante y toque más Virginia Herrero al baile se marcaban unas Alegrías transportándonos con todo el embrujo del flamenco a una tierra cercana en nuestra memoria colectiva.

Michel comentaba lo curioso y simpático de los nombres con los que Reyes ha bautizado los distintos coros que dirige en Mieres: “Precorín” los que comienzan a cantar casi como un juego, el “Corín” con los pequeños, “Vox Junior” las adolescentes que unen dos generaciones, y el “Corón” de todas las edades, aquél que surgió para los papás y mamás emulando a los vástagos pero que se han asentado como un coro de adultos cantando repertorios nada tradicionales que el público conoce de siempre.

Reyes con el Precorín y Verena al piano abrieron la parte coral con tres temas que llevan su coregrafía adaptada a estas edades donde se construyen los cimientos musicales: coordinación, afinación, dicción, idiomas, movimiento y juego, tres números comenzando con el italiano Sotto la luna (Tullio Visioli – A. Vernata) y dos preciosidades del vasco Jesús Guridi: Cazando mariposas y La vacación (de sus “Seis canciones infantiles”).

La danza de la escuela Karel, siempre con un vestuario elegante y vistoso sin “folclorismos”, abría el segundo bloque de la gala con un excelente tema titulado Río de plata combinando estilos de baile y música, un mix de lo más moderno –Santa María (del Buen Ayre) de Gotan Project– que conjuga clásico y tango, guitarras y bandoneón con un ritmo mecanizado con mucho gusto, el mismo que el cuerpo de baile mostró: danza española y ballet unidos en una coreografía logradísima que fue de lo más destacado por su creatividad y buen hacer.

El Corín nos trajo tres temas: el conocido Hallelujah de Leonard Cohen con Verena acompañando al piano, para seguir “a capella” los siguientes: la popular asturiana ¿Quién quier?, ¿Quién quiere entrar?) armonizada por Xabier Sarasola, con dos grupos frente a frente sumando palmas, y la habanera popular La Bella Lola con vaivén marinero de L’Arena.

Desde el teclado electrónico, la profesora  y pianista habitual Verena Menéndez, también cantante en el corón, interpretó el tema principal de Memorias de Africa (John Barry) antes de la pareja de baile Borja Villa y Susana García con un delicado Just the way you are, delicadeza o como bautizó Michel en la presentación de este bloque, “poesía en movimiento“, la danza clásica atemporal con este tema romántico de Billy Joel que me transportó a mi juventud entonces en blanco y negro, coloreada por estos bailarines en bella plasticidad subrayada por una iluminación cinematográfica perfecta para este tema de siempre.

Renovándose y manteniendo el espíritu adolescente llegaron las Vox Junior con Blue Moon (L. Hart/R. Rodgers) cantado “a capella” y con mucho swing antes del Cabaret de Liza Minelli con Ángela R. Corta al piano, difícil mantener el tono del que se aprende al recuperarlo, pues el directo también hace escuela. Alfonsina y el mar (de Ariel Ramírez en arreglo de Hugo C. de la Vega) nos permitió escuchar cantar a Reyes, con “las vox” de acompañamiento (un vértigo de afinación para esta página tan complicada y emotiva).

El baile de Karel cerraría este cuarto bloque con Francis tocando y cantando un animado Garrotín, coreografía con sillas y zapateado visualmente bellísimo, impactante y alegre nuevamente “revestido” por una iluminación que engrandeció al poderoso sonido del directo

El fin de fiesta lo ocuparía el Corón, que se renueva y mantiene temas de los primeros años que nunca se archivan: la lograda armonización realizada por el cubano Electo Silva de Dulce embeleso (Miguel Matamoros) con claves y maracas, el verso de Benedetti con la música de Alberto FaveroTe Quiero armonizado por Liliana Cangiano con cuatro solistas de timbres variados enriqueciendo siempre el original, y la brasileña Rosa amarela (H. Villalobos),

antes de la sorpresa que no puede faltar, esta vez el baile de salón latino con Rocío A. Duarte, arte en los genes y alegría para toda la familia, mamá, papá y abuela apoyando su carrera de siempre,

y el nunca deseado final porque cuando todo funciona el tiempo pasa volando, con todos los participantes sobre el escenario cantando Imagine de John Lennon con el piano de Verena y Alegría con Francis a la guitarra y Virginia al cajón antes de la propina sobre la marcha, un himno de despedida como el Color esperanza de Diego Torres que sigue en la recámara y surge del recuerdo y el optimismo de “la décima” esperando ya el 2018.

Boleros y especialmente coplas

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Jueves 16 de marzo, 20:00 horas. Auditorio “Teodoro Cuesta”, Casa de la Cultura, Mieres. Semana Internacional de la voz, “Tardes de Coplas… y Boleros”: Chus Serrano (voz) y Marcos Suárez (piano). Entrada: 5 €.

Continúa la semana de la voz con un artista integral como Chus Serrano, actor, cantante y logopeda, reuniendo tres facetas plenamente ligadas a esta celebración musical, y esta tarde con boleros y coplas que todos tenemos en nuestra memoria, microrrelatos donde además de cantar unos textos que son “puro teatro” también se deben escenificar, hacer creíbles. 

Como bien me comentaba Elena Pérez-Herrero, coordinadora de esta semana y maestra de canto de muchos de los participantes, hubiéramos necesitado un Astor Piazzolla para nuestra copla que la elevase al sitio que merece como hizo el argentino con el tango.
No abundan buenas partituras y menos arreglos para piano de estas “pequeñas” piezas de nuestra vida, lo sé por experiencia, apenas la melodía y los acordes (siempre pensando en la guitarra) que ni siquiera están todos ni bien… con un poco de suerte algunos arreglos para aquellas orquestinas donde el guión de piano servía para eso, guiar unas armonías que como el tiempo, también han evolucionado, y no hablemos de las editoriales de partituras, casi siempre aprovechando las presentadas en “Autores” (la SGAE) donde solo se exige melodía y bajo “cifrado”, que además tienen poca venta ante el pirateo de las redes donde todo es gratis… y así nos luce el pelo.

Recordaba escuchando esta velada que registró la mejor entrada hasta el momento, cómo estos géneros han sido un poco el Guadiana, la música de nuestra infancia que algunos grandes intérpretes la han sacado del olvido volviendo a ponerla de moda, aunque sea atemporal, y siempre nos pasa que seguimos sin saber venderlo. Luis Miguel o Alejandro Fernández han colocado el bolero en la memoria de su generación, retomando la historia de la mexicana María Grever ¡discípula de Debussy! que llegó a escribir un libro titulado “Aprenda Ud. español por medio de la música” tan influyente en los años 40 y 50 en EE.UU. donde Mario LanzaFrank Sinatra y especialmente Nat King Cole, Dean Martin tenían el mismo acento para aquellos temas que pusieron nuestro idioma de moda, también José Feliciano, actualizado y renovado con una rusa: “El idioma es música“. Y es que el bolero no pasa de moda, es mestizaje, sigue generando mucha y buena literatura, documentada, porque es un poco la banda sonora de nuestras vidas además de la mejor promoción del español.
También han coqueteado con el bolero desde Gloria EstefanTamara o Alejandro Sanz, Los Sabandeños, los leoneses Café Quijano e incluso los dos Davides “triunfitos” Bisbal y Bustamante, amén de nuestro cubano Antonio Machín o unos incombustibles Los Panchos que seguimos asociando al bolero, incluso un dúo irrepetible entre Tete Montoliú y Mayte Martín, aunque para mí el maestro siga siendo Armando Manzanero.

Y en la copla tengo que mencionar a nuestro añorado Carlos Cano otro grande de la copla recuperada, sin olvidarme de Martirio que le da a todos los palos su impronta personal (también al bolero como Miguel Poveda) e incluso el asturiano Joaquín Pixán que la elevó también al campo sinfónico. Muy importante la labor de los arreglistas para vestir correctamente estos cuerpos protagonistas de auténticos dramas (y aprovecho para recordar que significa escenificación o teatralización, con dramas cómicos y trágicos aunque parezca que solo sean tales éstos) y sobre todo darle el estilo o aire de dos géneros tan especiales y eternos como el bolero o la copla, de los que Serrano fue contándonos cada historia.

Un placer escuchar la voz fresca, natural, sin amaneramientos de un Chus Serrano que destila arte desde el momento de pisar el escenario, incluso su apellido respira aire propio. No imita a nadie sino que hace suyo cada tema, el bolero y sobre todo la copla, los adornos sinceros e innatos, como el movimiento de las manos en los bailarines, buscando unas tonalidades perfectas para un color de voz espontáneo aunque muy trabajado. Marcos Suárez tuvo que hacer lo que buenamente pudo, con distintos resultados pero siempre respetando al cantante, desnudez en su momento para comprobar que no se necesitan aditivos cuando se canta desde el corazón, aunque deseando encuentren los arreglos que se merecen estos temas inmortales.
Una docena de temas que como suelo hacer, dejo con los enlaces a algunas versiones disponibles en la red y ¡cómo no! unas letras (enlazadas en los autores) que debemos entender en su momento, porque en estos tiempos que corren muchos de ellos estarían metidos en pleitos por machistas, acosadores o incitadores… Tristemente se olvidan de la historia, y el bolero como la copla no pueden cambiarla pero si seguir recordándola para no repetirla.

Cada uno tenemos nuestras versiones pero todas irrepetibles y menos en directo. De regalo Chus Serrano nos dejó el deseo de conocer GRANADA (Agustín Lara) desde la sencillez y convencimiento de una voz propia no solo para el bolero o la copla…

Recordando a Javi Muñoz (In Memoriam)

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Mientras el jueves recordábamos a Carmen Díaz Castañón un montón de antiguos alumnos y compañeros del Instituto “Bernaldo de Quirós”, contándonos historias de aquellos años felices de nuestra adolescencia, este viernes 16 de diciembre amanecía llorando por la pérdida de mi querido Javier Muñoz con apenas 59 años recién cumplidos.

Amigos desde críos, como nuestras familias, compartimos viajes en el Seat 1500 y después en un Dodge Dart de su padre Antonio Muñoz, el mayor empresario frutero de España y fundador del Polígono de Mieres donde los camiones cargados de fruta llegaban a diario para abastecernos como el slogan de sus tiendas: “Sólo de salud disfruta quien come mucha fruta”. Su madre Nieves Álvarez (cuñada de Luis Noriega por su hermana Conchita), nos preparaba muchas meriendas y hasta soportó muchos conciertos en el piano de aquella casa de ensueño en la entonces calle Enrique Cangas, hoy Alfonso Camín, compartiendo profesores, primero Eladi y posteriormente en Oviedo con Mario G. Nuevo. El bachillerato nos separó entre la Academia Lastra y “el Bernaldo” pero volvimos a coincidir en clase a partir de 5º de Bachillerato donde yo era el veterano aunque Javi siempre fue mayor. Alumno brillante, ciencias puras en aquelllos últimos años de dictadura, alternando con la carrera de piano, Javi por el plan viejo, con el concierto de Chopin en 8º (aunque sin la orquesta), yo con el nuevo entre Debussy, Albéniz o las sonatas con violín de Beethoven en casa de Carlos Luzuriaga, de nuevo compartiendo mañanas de sábado. Y los fines de semana escapadas al Rancho, a Vegadotos, al Chorro si hacía buen tiempo, pero sobre todo el largo invierno trufado de guateques, porque en su casa había no solo tocadiscos con las novedades discográficas del momento (Barry White y el Sonido Filadelfia hacían estragos) sino un pedazo de salón con barra, amén de las antiguas cocheras donde jugábamos partidos de fútbol sala con las cámaras frigoríficas cual porterías. Chona, la siempre fiel “ama de llaves” más que muchacha de la familia, con el beneplácito de Antonio y Nieves, preparaba el pincheo para acompañar los refrescos, que ya nos encargábamos nosotros de darle el “toque prohibido” así como los cigarrillos, unos Sombra o Ducados, otros como Javier, siempre un sibarita, John Player Special cuando no unos Piper mentolados. Su hermano Tony ya estaba por Madrid, estudiando para Ingeniero Agrónomo.

El final del verano de 1975 finalizábamos nuestra carrera de piano, para afrontar aquel COU de Física, Química y Matemáticas, “libres” de la carga musical, que nunca lo fue para nosotros. Lo recuerdo como si fuese ayer: Javier en primera fila con su tocayo Recuero, detrás Julín y Luismi Campomanes (figura del hockey en el Patín Kiber), y en la tercera fila servidor, con Dimas Llaneza que además era zurdo y daba mucho juego en aquellos pupitres donde  hacíamos palanca en la barra delantera para elevar la silla del que teníamos delante…
Los recreos nos juntábamos “la pandilla”, ciencias y letras ya recién tirado el muro que separaba chicos y chicas, aunque las escaleras seguían diferenciadas. Javier Antuña, Luis Fernando el de la Relojería Dimas, Eduardo Saracho, Alejandro Cuartas, Pepe “el mi chero” desde los seis años, Gil, “Cachito”, Carlos, Isaías, Vaquero, Julio Pas, Felipe, Paco… Progres y peras porque ya empezaban a etiquetar por la forma de vestir (Jerseys de lana y botas de Segarra “frente” a Fred Perry, Pulligan y Sebagos, trenkas y loden) más que por las ideas, efervescentes pero aún difusas, siempre con la música y los chistes además de los primeros “amores”, no siempre reconocidos.

Franco moriría aquel noviembre de COU y el curso 1975-76 marcaría el fin de una etapa que vivimos en primera persona, Viaje de Estudios por Barcelona, Valencia y Madrid incluido. La universidad nos esperaba a casi todos, Oviedo pero también León según la elección (Forestales o Veterinaria). Medicina esperaba a muchos, Derecho a otros, Minas para los pocos elegidos, Peritos para los que seguían tradición… Javi se fue para Químicas y yo “tirando la toalla” tras mi fracaso en junio decidí hacer Magisterio por Humanidades pese a superarlas en septiembre así como la Selectividad (luego de “la mili” tendría tiempo para cursar Historia del Arte).

Al menos los fines de semana seguíamos juntándonos, la pandilla como tal se había roto con los noviazgos que habían surgido, unos más largos que otros, pero sobre todo que nos hacíamos mayores porque éramos universitarios. La apertura del “42 Piano Bar” en la conocida calle del vicio fue un oasis para Javi y para mí porque era donde manteníamos los esperados encuentros alternando aquel piano de pared (una temporada incluso llevaron uno de cola pero ocupaba mucho) que Isauro y después Tonín y Sabino “Gelín” mantuvieron tanto tiempo, con Adriano “Chele” de barman y cantante ocasional. No faltaban las incursiones a cuatro manos como en nuestros años jóvenes, incluso en 1985 con motivo de la celebración de unas jornadas de la juventud que organizó el Casino de Mieres, nuestra “segunda casa” desde los 16 años, celebramos un concierto en el Salón de la Caja de Ahorros donde estuvo la Tuna (Javi también pasó por ella apenas un par de meses con la melódica, porque siempre fue muy responsable y estudioso, no como “el Corcheas”), un trío para la ocasión con Jami, Miguelón y quien suscribe (foto de abajo), pero por supuesto las cuatro manos repasando temas de los nuestros, El Pájaro Chogüí, Entre dos aguas y lo que se terciase, en la foto de arriba.

Los malos tiempos llegaron tristes, perdiendo lo impensable, crisis de todo tipo, y Javi comenzó a dar clases particulares de Matemáticas mientras intentaba finalizar Químicas con todo el esfuerzo extra que aquello suponía. La UNED, la Facultad de Valladolid, al fin la necesaria y deseada licenciatura. Sería reconocida su gran calidad como profesor y venían estudiantes universitarios de todas las ingenierías además de los bachilleres del Concejo. Cosas de la vida, del emporio de la fruta al poderío del conocimiento, pero sin el reconocimiento ni la suerte siempre esquiva.
Fue perdiendo a su madre, después a su padre, y ganando en alumnado, la vida aprieta, cada vez más horas de encierro y pocas de ocio.
En mi boda allá por 1991 creo que disfrutó con el encuentro de tantos amigos, se puso una pajarita que siempre le quedó bien, pero tantos años en Oviedo me hicieron perder el contacto que quedaba reducido a alguna escapada nocturna los sábados. Cierto que tenía noticias, su afición a la Coca Cola desde los tiempos de nuestra vecina Felita, que compraba por botellones, a las chuches, al tabaco en proporciones nada saludables.
Volví a vivir a Mieres va hacer ahora 19 años, pero Javi salía poco, cada vez menos. Había tenido un ictus y me lo encontraba muy desmejorado, sería el mes de mayo pasado. No volví a verle aunque las noticias seguían llegándome por amigos y compañeros, nada halagüeñas para alguien todavía joven. Ayer recordábamos los tiempos felices del Bernaldo, y hoy la vida me daba otra bofetada con la noticia de su muerte en casa, solo, creo que un infarto rápido, sin sufrimiento físico pero con la inmensa tristeza de la soledad. Me sentí triste, vacío, mal amigo por dejar la cita siempre para otro día, insistirle, llamarle, charlar y rejuvenecer con los recuerdos. “Las sevillanas del adiós” son perfectas para esta despedida:

Algo se muere en el alma cuando un amigo se va…

Javier Muñoz Álvarez, nuestro querido Javi, que “El Lago de Como” (C. Galos) que era tu melodía preferida e interpretabas como nadie con aquellas manos de largos dedos, siempre por mí envidiadas, sea el descanso merecido porque seguirás vivo en nuestro recuerdo. Este sábado a la una del mediodía te despediremos cristianamente en “nuestra iglesia” de San Juan.

DESCANSA EN PAZ amigo.

Foto cortesía de Pedro Martínez Cruz:

 

San Juan, femenino plural

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Finalizadas las fiestas de San Juan en Mieres, tres conciertos con voz femenina ocuparon mi tiempo de ocio, voces y estilos diferentes pero con personalidad.

El miércoles 22 de junio en el Auditorio “Teodoro Cuesta” de Mieres con entradas a 10 € se presentaba el CD “Reflejos” plenamente mierense de Elena Pérez-Herrero y Alfredo Morán, doce temas autoproducidos por ellos mismos tras el aperitivo de hace un año donde la voz de nuestra Elena juega con temas clásicos de Poulenc (Les Chemins de l’amour), Donizzeti (Me voglio fa ‘na casa), Villalobos (Melodía sentimental) o mi querido Piazzolla (el Oblivion con letra italiana al más puro estilo Mina) sentidos desde un canto personal perfectamente pronunciado en cualquier idioma, capaz de acercarnos con igual calidad al folclore sudamericano (esta vez no había bossa pero sí la Tonada de luna llena de Simón Díaz) o al bolero ranchero (Y de Mario de Jesús es único) que se convierte en jazz de sabor minero, traduciendo previamente unos textos siempre hermosos desde la misma dramaturgia con la que canta, siempre con ese segundo plano impecable de Alfredo, melodías en acordes, rasgueos de buen gusto, contestaciones, rítmica libre pero ajustada, esperando el momento preciso, el ropaje ideal desde tiempo inmemorial para atreverse también como compositor de una Nana de la ilusión o un Canto de Sirenas sin palabras que Elena hace mitología del siglo XXI, brillando y sintiendo. Un placer comprobar que mantiene su amplísimo registro con un grave poderoso, unos medios pletóricos y unos agudos con gusto, matices y musicalidad que sólo una trayectoria sólida como la suya puede dejarnos. What a wonderful world de propina cual perfecto resumen del concierto. El disco no para de sonar en mi equipo y la sensación de paz que transmite lo hace ideal para todo tipo de momentos, pero el directo es indescriptible.

Tras ser pregonera el viernes 17, mi ex-alumna batanera Paula Rojo (1990) se convertía en la figura de la noche mágica el jueves 23 tras los fuegos artificiales y la foguera, con el tiempo climatológico ayudando sin “orbayu” (ya hubo agua de sobra el día de San Juan) a un llenazo en el Parque Jovellanos, el mismo al que todos asistimos muchos años para escuchar tantos conciertos de nuestros artistas y grupos favoritos. No era un sueño sino la realidad de una carrera ya consolidada con la Dixie Band y el llanisco Tristán Armas al frente, perfectamente acoplados con la mierense, profeta en su tierra y mediática tras su paso por el programa de Tele5 “La Voz”, que como tantos otros, no encumbra siempre a los ganadores y el tiempo pone a todos en su sitio.
Dos discos en el mercado (“Érase un sueño” y “Creer para ver”) que se han vendido y escuchado mucho en todas las emisoras además de tener buenas críticas, canciones para todos los públicos con especial presencia de adolescentes y hasta en niñas de colegio (que arrastran lógicamente a sus padres y abuelos) que ven en Paula alguien cercano con esa imagen y música country muy americana (steel guitar, banjo y ukelele no pueden faltar) pero con el sello personal de su voz y estilo que sigue triunfando tanto en dúo, versión acústica o con esta su banda, además del dúo con el también asturiano Toni Amboaje (1981) con quien comenzó sus primeros pasos y la tele también hizo visible, conviertiendo sus propios temas en verdaderos hits. Más de dos horas de concierto con recuerdo a Elvis en un mix prodigioso en interpretación por parte de todos y un sonido impecable donde se escuchaba todo sin molestar, Si me voy no necesitó vasos, el parque cantó a coro Sólo tú y Mieres sonó a country un Poco más…

La noche del sábado 25 nos traía a la también cantautora Rozalén (Yeye, 1986), nombre artístico de Mª de los Ángeles Rozalén Ortuño, la manchega de voz rasgada que descubrí una mañana en “No es un día cualquiera” gracias a mi admirado Carlos Santos que, como un servidor, es omnívoro musical además de periodista, escritor y viajero con su “libreta colorá“. Nuevo éxito de público de todas las edades donde no faltaron las fans que corean los temas de sus dos discos (“Con derecho a…” y “Quién me ha visto”), especialmente Comiéndote a besos con ese cambio de ritmo impactante, humor e ironía como prometía antes del concierto, y sobre todo buen hacer musical con letras comprometidas para alguien que se declara “libre, firme y luchadora”, unido al toque tan especial de su inseparable intérprete de signos que hace llegar unas letras cuidadas a los sordos (las vibraciones musicales las sentimos todos, las emocionales también y sin exclusión). Una banda típica de guitarras, teclados, batería y bajo arropó a la albaceteña de principio a fin, aunque Ni tú ni yo con Fetén sea otra joya a guardar porque con Rozalén siempre Saltan chispas y es un Alivio.

No asistí a los conciertos de pago en el patio del Liceo donde la estrella del viernes 17 fue Manel Fuentes cual Boss con banda de “Tu cara me suena“, y desconozco resultados pero mi agenda final estaba abarrotada, incluso volví a repetir como pianistaambientador” el viernes 24 en la ceremonia de entrega de los galardones “Mierenses en el mundo”, donde acompañando al Coro Minero de Turón hicimos una versión para voces graves y piano del “Himno de Asturias” que he compartido en mi canal de YouTube©, con mejor sonido que imagen.

Aún quedan memorias finales, balances y avances para la próxima temporada, con un verano donde no pararemos, pero curiosamente San Juan, en lo musical, me resultó femenino plural.

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