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Carnaval maduro y juvenil

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Domingo 11 de febrero, 20:00 horas. León, Fundación Eutherpe: Jóvenes intérpretes 2018. Laura Mota (piano). Obras de Beethoven, Schubert y Schumann.

La fundación que preside Margarita Morais lleva años apostando por los jóvenes talentos y por su sala de la calle Alfonso V en León siguen pasando generaciones de intérpretes, muchos de ellos asturianos, que vuelven para corroborar su evolución y agradecer el interés por ellos mostrado.

Laura Mota (Oviedo, 28 de febrero 2003) retornaba a la capital vecina con un programa hondo, potente, arriesgado y volviendo a demostrar su increíble madurez interpretativa tras su paso por Aarhus el pasado verano en su concurso internacional siendo una de las 20 finalistas de todo el mundo en la categoría A (nacidos entre 2003 y 2008), y la única no oriental en clasificarse para la final, lo que indica el nivel de nuestra joven intérprete demostrado en otros eventos donde siempre admira amén de premios o distinciones.

En la primera parte Beethoven y su Sonata para piano nº 8 en Do menor, Opus 13, “Patética”, todo un hallazgo de aproximación romántica desde el I. Grave – Allegro di molto e con brio con silencios subyugantes antes de arrancar “con brío” y fuerza, un II. Adagio cantabile hondo y bien “cantado” para rematar con el III. Rondo: Allegro lleno de vitalidad y explosión sin importar las dificultades técnicas porque la música reinó sobre toda la sonata plagada de momentos hondos que cerrando los ojos hacían olvidar la edad de nuestra pianista.
Y los retos están para superarlos por lo que dentro de este programa de piano romántico en estado puro y cronología bien elegida, llegaría Schubert con la Fantasía Wanderer Opus 15 (D. 760), nueva prueba de fuego no ya por el esfuerzo físico sino por el poso necesario para afrontar esta inmensidad de partitura de la que Liszt sería gran admirador. Cuatro movimientos (I. Allegro con fuoco ma non troppo; II. Adagio; III. Presto; IV. Allegro) más exigentes que cualquier otra sonata por ese trasfondo de “caminante” en la breve vida breve del compositor con guiños a su admirado Beethoven, pero con un poso al alcance de pocos intérpretes consagrados (no suelo recordar muchos orientales) entre los que tendremos que añadir a Laura Mota, aún en un sendero del que no vislumbramos final por todo lo que le espera, pero dejando al educado y entendido público leonés boquiabierto por esa madurez en el piano que no cuadra a la vista aunque sí totalmente al oído, un escalón vienés en la evolución de la literatura para las 88 teclas.

Para concluir el concierto y en plenas “carnestolendas” la segunda parte nada mejor que el Carnaval, Opus 9 (R. Schumann) con veintidós estampas cual ilustraciones musicales variadas, breves e intensas, complicadas por la riqueza condensada y todo tipo de recursos técnicos al servicio de esas postales evocadoras de estas fiestas sin perder de vista la “Commedia dell’arte” por colorido y humor (Reconnaissance), unido a homenajes variados (Eusebius VS Florestan) con los correspondientes guiños en el pentagrama a otros grandes (Chopin tal cual o endiablado Paganini) plagados de trampas y letras danzantes, juegos rítmicos y sobre todo el piano protagonista total dibujado por Laura Mota desde esa madurez juvenil de una adolescente que sigue maravillando, Papillons casi etéreos como el tocado del pelo, Coquette, o históricos como la Marche des “Davidsbündler” contre les Philistins, evocación del emperador Beethoven y verdadera defensa de los ideales artísticos contra los formulismos y viejas teorías de los maestros rutinarios, a quienes esa sociedad secreta de Schumann designaba como “filisteos”, auténtica revolución llevada a cabo por la nueva escuela romántica de la que todo este concierto dominical fue un verdadero ejemplo de principio a fin.

Y es que si el esfuerzo no solo físico resultó maratoniano, aún tendría fuerza para regalarnos “un poco más” de Schubert, el Impromptu D. 899 op. 90 nº 2, limpio, cristalino, prodigioso y romanticismo en estado puro, digno de los muchos grandes pianistas cuyas fotos ilustran esta sala leonesa donde Laura está hace tiempo. Cada concierto suyo pone el listón más alto aunque los límites los pone ella, y Oviedo su Sociedad Filarmónica volverá a tenerla el próximo 28 de marzo.

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Vigor y rigor

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Sábado 20 de enero, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo. Philharmonia de Zúrich, Fabio Luisi (director). Obras de Beethoven y Tchaikovsky.

Sábado de auditorio lleno con un programa tanto para melómanos exigentes como para público en general más acostumbrado a lo que se podría llamar “El Top 10” e incluso “Las 40 principales” ya que los autores y obras más escuchados suelen ser los mismos y no solo en las orquestas españolas, siendo todavía extraño escuchar obras que hace cien años eran vanguardia y hoy ya no lo son; no hablemos ya de estrenar obras de autores vivos, y por supuesto acostumbrar el oído a nuevos sonidos. Lo curioso es encontrarnos aficionados que degustan nueva cocina, acuden a estrenos cinematográficos, compran las últimas novedades en lectura pero siguen prefiriendo los autores del clasicismo y romanticismo, supongo que siempre más “llevaderos” y puede que socialmente muy bien visto como ahora visitar museos (se entiende de los pintores “de siempre” aceptando como “vanguardias” a Botero o Antonio López por poner dos ejemplos de colas para visitar sus exposiciones). Así que Beethoven y Tchaikovsky siguen siendo rentables de alquilar sus obras para orquesta sinfónica y aseguran menos toses que un centenario Debussy al piano (Barenboim llena independientemente de lo que toque porque a él nadie le tose), siendo dos sinfonías un buen reclamo aunque no igual de escuchadas ni grabadas.

Oviedo no tiene un lago ni gobernantes con visión cultural como Zúrich, pero al igual que la capital asturiana, la ciudad suiza tiene dos orquestas, surgidas de la escisión de la histórica sala de conciertos y el teatro, la Tonhalle que mantiene el nombre del teatro y la Orquesta de la Ópera de Zúrich (1985) hoy conocida como  Philharmonia de Zúrich, con el director genovés Fabio Luisi de titular desde 2012, que venía desde Madrid pero sin la pianista Hélène Grimaud, en esta gira española que apostó por el repertorio “popular” y emergiendo del foso mientras aumentaba la plantilla para poder mostrar músculo. Hubiera estado bien “prolongar” el concierto del viernes con el cuarto de piano en vez de “la octava del sordo” y manteniendo “la quinta del ruso” porque hubiese sido el argumento perfecto y no previsto para dos días consecutivos en el misterioso auditorio carbayón, aunque supongo que agendas y/ o cachets lo impidieron.
Tras lo comentado, en principio dudé titular la entrada “Para todos los públicos” pero me decanté por la de “Vigor y rigor” un poco por tirar de este hilo argumental que paso a desarrollar al tratarse de dos sinfonías tan distintas, dos mundos y personalidades tan bien descritas por Luis Suñén en las notas al programa (enlazadas al inicio en los autores).

La Sinfonía nº 8 en fa mayor, op. 93 (Beethoven) mostró una plantilla generosa en la cuerda (permutando violas y chelos) pero bien equilibrada con el viento, con más vigor que rigor del esperado, con un inicio –Allegro vivace e con brio– que pareció pillarles por sorpresa, raro en un Luisi que también dirige en Dinamarca y es una de las batutas más consolidadas del panorama directorial, pero el mejor escribano echa un borrón. Algo más encajado resultó el segundo movimiento Allegretto scherzando, homenaje a su amigo Johann Mälzel, no el inventor del metrónomo como siempre se nos contó sino que se aprovechó de la idea contemporánea de Dietrich Nikolaus Winkel como bien recuerda Suñén y hasta Wikipedia), movimiento encajado cual mecanismo de reloj suizo pero sin fuego ni pasión, retomando calidades y algo de temperatura en los dos últimos, el Tempo di Minuetto con unas trompas bien templadas y el Allegro vivace final que presenta el genio de Beethoven en estado puro aunque suizos y genovés volvieron a delinear de forma pulcra, limpia pero sin poner toda la carne en el asador, calidad sonora y rigor pero solamente vigor pasando hoja. Parece que Beethoven con los suizos no cuaja ni siquiera con “La Grimaud”.

Rigor y vigor lo pondría la Sinfonía nº 5 en mi menor, op. 64 (Tchaikovsky) mucho más rodada en esta gira, a diferencia de la octava y confirmando ese dicho anónimo de “no hay quinta mala”, más efectivos en un despliegue instrumental puramente sinfónico, aquí agradeciendo esa amplia cuerda que permitió al viento poder lucirse en todas las dinámicas, como le apuntaba a la prensa, con “músculo en cuerpo y alma”. Y es que esta quinta tiene todo para seguir siendo seguro de éxito cuando se cuenta con efectivos e inteligencia para dirigirla dadas las exigencias tanto anímicas como técnicas indicadas incluso en los propios “aires” de cuatro movimientos que parecen multiplicarse por los constantes cambios de ritmo, compás, dinámicas, texturas, en un claroscuro continuo, romántico y angustioso, vigorosa montaña rusa (y perdón por el juego de palabras) de emociones contrastadas y nada contenidas por parte de Luisi y los operísticos de Zúrich que emergieron como las grandes formaciones de foso y más contando tanta historia.

Así fueron desgranándose: El I. Andante – Scherzo: Allegro con anima, enamorando el arranque de una madera deliciosamente ensamblada y con dinámicas muy logradas antes del “alma” exigida a esa broma rápida, unos pizzicati redondos y presentes como los arcos enormes bien contestados por el viento. El conocidísimo y hasta versioneado por Sinatra II. Andante cantabile, con alcuna licenza – Non allegro – Andante maestoso de tantas indicaciones como se puedan interpretar y así lo entendió el director genovés con sus músicos atentos, bien el solo de trompa por sentido y dificultad pero sublime y emocionante Rita Karin Meier con el clarinete por sonido e intención.
San Petersburgo no era Viena pero el III. Valse: Allegro moderato con patrioso fue ruso e imperial, la firma inequívoca de los ballets del ruso con o sin foso en una nueva demostración de calidades, timbres, texturas, juego de agógicas y dinámicas para finalizar con ese inmenso hasta en el título cuarto movimiento: IV. Andante maestoso – Non Allegro – Presto Furioso – Allegro maestoso – Allegro vivace – Scherzo: Allegro con anima, de nuevo las emociones desde la música, preguntas y respuestas concisas, el equilibrio de las dinámicas donde la delicadeza también alcanza la fuerza (bien los timbales de Renata Walzyna), un director convencido de principio a hasta alcanzar el clímax emocional y sonoro, éxtasis sin descontrol con su casi instantánea respuesta de aplausos atronadores rematando una noche de claroscuros románticos, calores gélidos y hielos subyugantes.

P. D.: Fotonoticia del diario La Nueva España.

Beethoven escoltando a los rusos

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Viernes 19 de enero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto Extraordinario OSPA: Real Filharmonía de Galicia, Lars Vogt (director y piano). Obras de Beethoven, Prokofiev y Stravinsky.

Excelente concierto para poco público el ofrecido por la orquesta afincada en Santiago en concierto de “intercambio” con nuestra OSPA (que devolverá visita el 8 de marzo) pese a tener los abonados entrada gratuita, la hoja de aviso previo y hasta anunciado en el nº 19 de la revista. Y una lástima porque hubo calidad no recompensada como debería al igual que hace 9 años cuando Lars Vogt debutaba en este mismo auditorio dentro de las Jornadas de Piano “Luis G. Iberni” con similar aforo al de este viernes. Nunca entenderé al público de Oviedo que se ha perdido un programa lleno de momentos únicos y sin muchas toses, que alguna ventaja tiene no llenar las butacas.

Hace años que sigo a la Real Filharmonía de Galicia, que también había pasado por Oviedo, y la semana pasada la dirigía mi admirado Manuel Hernández Silva, invitado de la orquesta compostelana desde hace varias temporadas y con un concierto muy distinto al que trajeron este viernes a la capital astur, demostrando la versatilidad de una formación casi de cámara que siempre se ha caracterizado por la calidad de todas sus secciones, despuntando en el llamado “repertorio clásico” sobre todo gracias a una sonoridad que podríamos definir como aterciopelada por reunir consistencia y suavidad desde todos los colores posibles, redondez en la cuerda siempre clara y precisa, amplia gama de matices con sutiles pianísimos y fortísimos sin estridencias con un viento madera equilibrado junto con los metales a pares. Sumemos la musicalidad exigida y demostrada en Oviedo para sentir con el piano y nos encontramos con una de las mejores orquestas españolas, casi todas con más de 20 años de existencia luchando contracorriente pese a las circunstancias adversas y los mayoritariamente “miopes culturales” de los regidores públicos.

Lars Vogt volvía a Oviedo desde Santiago en su doble faceta de solista y director, con la ventaja de tener el control (casi) total de la interpretación, dejándonos dos conciertos de Beethoven poco transitados (el segundo y tercero) que el propio pianista alemán ya ha tocado y dirigido, esta vez con la complicidad de un concertino de lujo, escoltando a dos rusos sin más obligaciones que pilotar esta nave gallega para compartir deleite, primero un ruso “clásico” y después el más actual por transgresor e inspirado contando solamente con una cuerda envidiable.

La Sinfonía nº 1 en re mayor, op. 25 “Clásica” de Prokofiev mostró lo vigente de un estilo que dominó toda la velada y alcanzó altas cotas de calidad precisamente por una formación disciplinada y esmerada en el sonido, para una forma orquestal de libro por los cuatro movimientos no muy extensos pero muestrario ideal del academicismo ruso recién finalizada la Primera Guerra Mundial y estrenada en Petrogrado por el propio compositor. Vogt fue desgranando con corporalidad más que batuta un Allegro valiente, posado y preciso desde un humor intrínseco y casi danzarín, un Intermezzo. Larghetto reposado para deleitarnos con el empaste y sonoridad de “los gallegos” con amplias dinámicas, la Gavotte. Non troppo allegro literal y de nuevo bailable, amarrando y templando el maestro alemán la elegancia sonora antes del Finale. Molto vivace que sirvió de sintonía radiofónica y de virtuosismo por parte de esta orquesta del Consorcio de Santiago antes del merecido descanso con una partitura que ya echaba de menos.

No se perdió intensidad ni calidad en el Concierto en Re “Concierto Basel” de Stravinsky donde la cuerda emergió bien llevada por las manos de un Vogt que disfrutaba tanto como sus músicos y los elegidos, primeros atriles en perfecta sincronía de texturas con el resto, carnosa e hiriente, actual y en el “tempo giusto” para poder paladear toda la riqueza de esta maravilla casi camerística a cargo de la sección de cuerda de la RFG, de lo mejor que podemos encontrarnos hoy en día por estos lares.

Beethoven abriría y cerraría velada con dos conciertos no muy programados y el propio Lars Vogt de solista (como solo los grandes se atreven) dirigiendo con miradas, gestos, disfrutando las cadencias y en perfecto entendimiento con sus acompañantes, primero y de aperitivo el Concierto para piano nº 2 en si bemol mayor op. 19 al que tardó en tomarle el pulso pero una vez encajado sacarle el mayor partido posible. Algo turbio el pedal y ligeros desajustes iniciales entre violines primeros y segundos (enfrentados) puede que por exceso del “brío” que lleva el Allegro, no fue impedimento para un segundo casi mozartiano, clásico y juvenil aunque asomando el sello personal del de Bonn que su compatriota entendió visto cual diálogo y escucha mutua desde el piano, asentado plenamente en el Adagio donde el solista se deleitó en un sonido intimista más que brillante brotando en el Rondó. Molto allegro bien arropado por ese terciopelo gallego casi cual blanco satén.
Mucho mejor en concepción, complejidad e interpretación el Concierto para piano nº 3 en do menor, op. 37, todavía clásico y “deudor” del mejor Mozart pero exigente y plenamente beethoveniano con ese inicio casi sinfónico y un piano más protagonista que Vogt así demostró, marca de la casa nuevamente bien vestido por una orquesta ideal para este repertorio que se rindió al solista siempre mandando en tiempo e intenciones.

La propina de un pianista y deseándonos buenas noches nada mejor que Chopin y uno de sus nocturnos póstumos preferidos, el Nocturno en do sostenido menor (Lento con gran espressione) que nos devolvió al Vogt que recordaba un febrero de 2009 en mis inicios “blogueros”… La música parece acortar el mismo tiempo que nos alarga la vida con momentos como estos.

P. D.: Mi reseña en La Nueva España.

Beethoven actual y siempre joven

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El CNDM que dirige con acierto Antonio Moral, ha programado un ciclo durante seis días con la integral de las 32 sonatas para piano de Beethoven a cargo de una generación de excelentes intérpretes que finalizan este domingo en la Sala Manuel García del Teatro Maestranza de Sevilla y repetirán en el Baluarte de Pamplona, tras su anterior paso por distintas ciudades de nuestra geografía, sumando los Estudios de György Ligeti (1923-2006) así como reestrenos de otros estudios para piano encargados o recuperados por el propio CNDM, siempre atento a mantener vivo nuestro patrimonio, más el de la literatura pianística a la que considero base para todos los públicos. Es el caso de Armando Alfonso López (1931), Carles Guinovart (1941), José Luis Greco (1953), Ramón Paus (1959), Jesús Rueda (1961), Ricardo Llorca (1962), Francisco Lara (1968) y los también pianistas Gustavo Díaz Jerez (1970) o José Menor (1977), no muy programados en las salas de concierto salvo honrosas excepciones y más en el caso de los propios compositores que también están en este ciclo como intérpretes. Con dudas comerciales tampoco suelen ser llevados a los estudios de grabación pero al menos compartirán protagonismo junto a los dos grandes protagonistas del ciclo “Beethoven actual“.

De esta penúltima hornada de pianistas españoles, nueve elegidos para “La raíz de todo” que escribe Arturo Reverter para el propio CNDM, muchos de reconocida trayectoria internacional, quiero recordar hoy a dos intérpretes a las que sigo desde hace años, y que han hecho las dos últimas sesiones matutinas, por un lado la donostiarra JUDITH JÁUREGUI (1985) y por otro la ovetense CARMEN YEPES (1979) que cierra hoy junto a Miguel Ituarte este ciclo en la capital andaluza.


Interesante la trayectoria de la pianista vasca, su evolución tanto de solista como en música de cámara y con grandes orquestas, así como la arriesgada apuesta por tener un sello propio que le permite grabar lo que quiere y donde desee, consciente que un disco, como un libro, soportará el paso del tiempo mejor que Internet o las redes sociales, de las que por otra parte se nutre como herramienta para dar a conocer su agenda y trabajos.
Las obras que ha elegido Judith Jáuregui son cuatro sonatas de Ludwig van Beethoven (1770-1827), la Sonata nº2 en la mayor, op. 2, nº2, la Sonata nº13 en mi bemol mayor, op. 27, nº1, la Sonata nº25 en sol mayor, op. 79 y la Sonata nº4 en mi bemol mayor, op. 7, junto a los dos estudios de György Ligeti (1923-2006), el Estudio nº11, «En suspens» y el nº12, «Entrelacs» sumándose el Estudio para piano (2016) de José Luis Greco. Las notas al programa del gallego Reverter las dejo enlazadas en el programa sevillano.

Por su parte la asturiana Carmen Yepes que compagina su carrera docente en Madrid con los conciertos (algo que en nuestra tierra tendría prohibido), ha optado por el siguiente programa: de Beethoven la Sonata nº28 en la mayor, op. 101 y la brillante Sonata nº21 en do mayor «Waldstein», op. 53, para terminar con la bellísima nº31 en la bemol mayor, op. 110; de Ligeti el Estudio nº2, «Cordes à vide» y el Estudio nº8, «Fém», mientras que de Guinovart interpretará la Toccata «Al-Ándalus» (2016) para la que el propio compositor catalán le envió a la pianista una carta (dejo abajo un fragmento) explicando las líneas generales de esta obra que a buen seguro Carmen recreará como en ella es habitual, trabajadora y siempre atenta a las indicaciones de los buenos maestros que ha tenido y tiene, más aún al afrontar por vez primera una composición como la de Guinovart.

Fragmento de la carta-programa enviada por Carles Guinovart
a Carmen Yepes sobre la Toccata «Al Ándalus» (28/03/17)

Estimada Carmen:
…Ya ves, Carmen, la composición se ha ido inclinando hacia lo español-andaluz y a la Toccata he tenido
que añadirle el título (o subtítulo) de «Al Ándalus», como pequeña pista para el oyente. Puede parecer
que apenas hay melodía, si bien la temática va emergiendo del tipo de pianismo, en los acentos expresivos
dentro de un perpetuo staccato, casi pinzado clavecinístico, de tipo scarlattiano. Un carácter que no
esconde, en su textura y dibujo, la resolución frigia (fa-mi) propia de la consabida cadencia andaluza y
un mordente disonante,como juego acciaccaturado, finalmente compactado, como elemento de color.
Observarás en la parte central, y en contraposición al toque secco que antecede, la escucha de la transparencia
resonante, aquella que podría sugerir la contemplación del «Deserto stellato» en su inmensa
vastedad, que recoge ecos y resonancias sutiles con sus amplias extensiones, registros sobreagudos y
juegos de pedal. Escucha más bien de la larga extinción del sonido, para la cual no he escrito metrónomo
ya que el tempo marca, se diría, fenomenológicamente (a la Celibidache) la nobleza del gran piano y la
respuesta acústica de la sala. El intérprete más que tocar debe aquí escuchar, como enajenado, lo que su imaginación ofrece. Momento pues de descarga de tensión, dejándose ir…, suavemente, sin prisas.
Respecto a la interpretación, ¡por mí no te preocupes! No sé, ahora que la pieza está terminada, hasta
qué punto me pertenece. ¡Ahora te toca a ti! Haz tu versión con toda libertad; tienes, por lo que sé de ti,
toda mi confianza. Así que no trabajes pendiente de mí. Si tu versión es sincera, después de un trabajo
reflexivo, seguro que me gustará, tal como puede gustar, si la obra lo merece, a cualquiera que acuda
como público interesado. Quizás sea una suerte no conocernos para que toques, desde la escritura, sin
ningún tipo de prejuicio y, a la inversa de lo que se supone, seas tú la que, interpretándome, ayudes a
descubrirme a mí mismo. La música, como la poesía, es un campo abierto de sugestiones que la enriquecen,
según cada cual, expansionándola en múltiples lecturas, y la mantienen viva. Es el milagro creativo
y transformativo del intérprete. Bueno Carmen, esta obra existe gracias a ti y a tu entorno (también al
CNDM) y agradezco que me la hayas arrancado de las entrañas, pues es bastante visceral. Allí dormía en
un limbo sin posibilidades de emerger, hasta que alguien la despertara. Y ahora puedo decir consumatum
est
. Muchas gracias. Seguimos en contacto
“.

Estaremos atentos a las críticas y sus respectivas agendas porque tanto Judith como Carmen son dos pianistas muy personales y pasionales que con estos repertorios estoy seguro harán vibrar a todo el público más allá de Sevilla o Pamplona. Como digo siempre “MUCHO CUCHO”© (mi versión asturiana con el excremento de vaca utilizado como abono, en vez de “Mucha mierda“y demás expresiones para desear suerte a los artistas como “Toi, toi, toi” o “In bocca al luppo“).

Cardiopatías musicales

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Viernes 2 de junio, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, “Rusia Esencial IV”, abono 14 OSPA, Nicolai Lugansky (piano), Rossen Milanov (director). Obras de Jesús Torres, Beethoven y Shostakovich.

Han tenido que pasar las horas y alcanzar cierto reposo para escribir estas líneas, tal fue la desazón al finalizar el decimocuarto concierto de abono de nuestra OSPA tras su paso por Gijón el jueves. Esperanzado por un programa que conocía, con unas excelentes notas de Israel López Estelche (enlazadas al inicio en cada compositor) y la presencia de uno de los grandes pianistas del momento (entrevistado en OSPATV) acudí con toda mi buena voluntad a disfrutar, pero la alegría se tornó indignación y malestar total a medida que avanzaba la velada, cual cardiopatía que se vuelve congénita y unas arritmias realmente preocupantes. De haber llegado a casa y ponerme delante del ordenador la sensación aún hubiese sido peor, por lo que la opción de posar y reposar, sin repasar (porque sigo volcando mis opiniones de un tirón) creo que dará por lo menos algo más de contención a mis palabras.

Esta temporada hemos tenido a Jesús Torres (1965) como compositor invitado residente en la OSPA, lo que nos ha permitido conocer parte de su producción de primera mano, desde la música para el Fausto en Gijón el mes de diciembre o el Concierto para violín en enero hasta estas Tres pinturas velazqueñas (2015) de este viernes, obra ganadora del 8º concurso AEOSFundación BBVA que supone programarla en todas las orquestas que conforman dicha asociación a lo largo de estos meses, estrenada el pasado octubre dentro del Ciclo Ibermúsica en el Auditorio Nacional por la Orquesta de Cadaqués con Vasily Petrenko, pudiendo escucharse por la Orquesta de RTVE con José Luis Temes en la web del ente público (a partir del minuto 51), lo que me dio una idea de esta obra llena de color orquestal escrita con la maestría del zaragozano para poder recrearse con la plantilla ideal (2-2-2-2 / 2-2 / percusión / timbales /arpa /12-10-8-6-4) de la OSPA y su titular de nuevo al frente.

Como una banda sonora llena de “elegancia y contención” de un cuarto de hora para tres cuadros maestros del sevillano, Torres traza ambientes difuminados por la cuerda para la “londinense” La Venus del espejo con pinceladas de oboe, gotas luminosas del xilófono, reflejos con sordinas de trompetas y verdadera autocontemplación de la belleza donde no falta pasión y autocrítica desde las dinámicas. El resultado con Milanov a la batuta fue un esbozo, faltó equilibrio y balance, poniendo el foco de atención más en el marco y oropeles del espejo que en la visión de conjunto, ni siquiera el angelote puso la nota pueril. Cristo Crucificado son claroscuros barrocos arrancados en pianísimo por contrabajos y chelos, la dolorosa calma rota por cielos grises que se abren mediante texturas metálicas y protagonismo subyugante de la percusión, pero de nuevo surgió el trazo grueso en vez de la limpieza colorida, como fijarse en una espina de la corona o el clavo del pie en vez de alejarnos para gozar de la luminosidad central contrastando brutalmente blanco y sangre fluida en la cuerda con el arpa, sutil como pocas en nuestro panorama sinfónico. Tras el dolor llegaría esperado El triunfo de Baco, popularmente conocido como “Los borrachos“, la orgía a través del ritmo que va modificando y trastocando un ostinato que me recordó Asturias de Albéniz, con orquestación explosiva buscando registros extremos, bien escuchados e interpretados por los músicos, aunque el carácter irreverente del cuadro entendido por Torres pareció más una melopea sin pulsión, una visión miope y desenfocada e incluso un desconocimiento de la propia inspiración de esta música por parte del responsable de transmitir todo el contenido. Si el búlgaro parecía dominar la música de nuestro tiempo, su versión quedó en vulgar.

Los despropósitos en la concertación por parte de Milanov vienen de atrás, pero el Concierto para piano nº 5 en mi bemol mayor, op. 73 “Emperador” (Beethoven) con un solista como el ruso Nicolai Lugansky (Moscú, 1972) no podía salir mal y se cumplió una de las Leyes de Murphy. Estoy convencido que esta joya suena sola solamente con escucharse unos a otros, latir todos al mismo compás de una música que fluye de forma natural, pero ya el segundo acorde orquestal presagiaba el desastre. Sin entrar en la gestualidad incomprensible pese al tiempo que vengo observando al cocinero búlgaro que nunca coincide con lo escuchado, dar la entrada al solista resultó más en la idea del Baco anterior que en intentar mantener una pulsación uniforme entre piano y orquesta. El Allegro sonó a trompicones, como un piloto novato que no sabe reducir en una cuesta pronunciada, pues el motor está en perfecto estado demostrado y a punto a estas alturas de la temporada. Tampoco comprendo unos fraseos cortados cuando esperamos unas ligaduras que arropen la presencia del piano, ni una mala costumbre de correr en los crescendi y ralentizar en los pianos, confundiendo el “rubato” con la arritmia, por lo que intentar concertar solista y orquesta volvió a ser tarea de locos. El pianista intentó reconducir una obra de referencia que nos sabemos todos de memoria pero sin la obligada comunicación con un podio desconectado de la partitura. El bellísimo Adagio un poco mosso se fue cayendo hasta la parada cardíaca, marcas de compás que se pierden ¿no se suele subdividir? o peor todavía, dejar la cuerda tan opaca en presencia que la madera detallista sonó como un verdadero borrón en una conjunción tímbrica extraña con un piano siempre presente de nuevo en lucha más que concierto, antes de atacar sin la necesaria decisión el Rondó: Allegro ma non troppo, no demasiado como se indica pero con la cardiopatía detectada que gracias al ropaje de los sinfónicos pudo salvarse de una muerte anunciada. Mi indignación interior por tal estropicio a una obra de arte me volvió al “Ecce Homo” de Borja, el emperador reducido a “príncipe” destronado o la coronación de Napoleón sin saber qué le depararía su codicia. Mi sofoco tras la burla impidió disfrutar de una propina de Lugansky que seguramente recordará este concierto como “Los gozos y las sombras”, más éstas que aquéllos. Tendría para un todo artículo sobre conjunciones y preposiciones: piano y orquesta, piano con orquesta, piano entre orquesta e incluso piano contra orquesta.

La Sinfonía nº 1 en fa sostenido menor, op. 10 (Shostakovich) ocuparía la segunda parte, siempre manteniendo esta estructura decimonónica bipartita de obertura (últimamente con obras actuales) y concierto para solista, más una sinfonía, como plato fuerte de cierre, pero a la vista de los resultados el resultado fue el inverso, de más a menos. En una excelente entrevista para Codalario, Victor Pablo Pérez clasificaba las batutas en conductores, directores y maestros, que tras su lectura dejo que cada uno ponga el sustantivo al apellido búlgaro que llevamos un lustro al frente de la orquesta de todos los asturianos. El director burgalés también recuerda a García Asensio y su definición de dirigir que muchos no compartimos: «“Dirigir es un continuo marcar anacrusas”… Para mí eso no es correcto. Eso es marcar el compás ayudando en las diferentes entradas al músico que cuenta compases». La primera de Shostakovich tiene mucha miga para ser un trabajo final de Conservatorio compuesto entre 1924 y 1925: colorida y original en el manejo de los timbres orquestales, un prodigio de hermosura con enorme dinamismo, espectacular unión de ironía, ritmo, sarcasmo y belleza para una obra de un muy joven compositor pero con una madurez extraordinaria, capaz de escribir una obra difícil en sus ritmos y su significado, plagada de sorpresas instrumentales y sonoras desbordando vitalidad, magia, encanto y dinamismo. La versión de Milanov careció de todo ello, no hubo comunicación ni interpretación pese a las buenas intenciones de una orquesta empastada y lucida en los solistas pero sin fluidez ni química con el podio, incomunicación total. Se me hace difícil escuchar y ver al búlgaro qué está marcando, divergencia total que me obliga a cerrar los ojos para no confundirme (no quiero pensar cómo lo llevarán los protagonistas) pero el sarcasmo de la partitura se queda en mi visión. Sí hubo dinamismo porque los matices están escritos aunque corresponde al director (desde las “categorías” apuntadas por Víctor Pablo) diferenciar lo principal y lo accesorio, el protagonismo puntual del sustrato, donde todo suena pero en el plano justo, el balance cual mesa de mezclas donde el ingeniero está al mando. Tomando párrafos de las notas al programa del compositor cántabro abordo mis impresiones ya reposadas, enlazando vídeos en los cuatro movimientos:
El primer movimiento comienza cristalino, como si de música camerística se tratara, un diálogo entre la trompeta y el fagot, apoyado por el resto de vientos y pizzicati de la cuerda, donde los temas se presentan, para desarrollar posteriormente“. Pese al equilibrio de efectivos para la ocasión, el cristal quedó opaco y lo camerístico tan solo por un volumen demasiado contenido.
En el Scherzo, uno de los movimientos más originales, se hacen oír todas las influencias populares de su experiencia como pianista para cine mudo. La agilidad en los cambios de textura y sonoridad y, especialmente en el Trio, en el que la caja y el triángulo permanecen de manera persistente, creando un sensación de misterio casi se transforman en reflejos cinematográficos” sí hubo presencia de la percusión y la atmósfera de misterio, pero faltó esa agilidad y frescura.
El Lento es mucho más lírico e íntimo y es aquí, donde Shostakovich expone su influencia romántica y talento melódico de manera más directa“, aunque querer subrayar la melodía con una amplitud gestual en pasajes delicados sigue resultándome extraña. Desaprovechar los recursos no tiene perdón, y dejar morirse un movimiento tan emotivo puede resultar el acompañamiento musical de un patio de butacas cada vez más despoblado. Dejo para los responsables el análisis y posibles causas de un éxodo previsible con el paso del tiempo.
Y atacando el Finale, el compositor ruso nos muestra una de sus características más peculiares a nivel formal: el lanzamiento de los materiales a trabajar de manera abrupta, que va desarrollando refinadamente con grandes contrastes texturales, armónicos y orquestales, que se dirigen progresivamente hacia un clímax que resuelve todas las tensiones de la obra“, lo abrupto del príncipe mal engrasado, los contrastes desesquilibrados y un clímax más de decibelios que de musicalidad. La grandeza y tristeza de la música cuando pasa de la partitura al momento único e inaprensible de su ejecución.

El próximo viernes se pone punto y final a esta nueva temporada de abono con “Virtuoso”, reencuentro de Ning-Feng al violín y su titular que sigue un año más sin convencerme. Al menos me queda una esperada Resurrección para despedir curso y mes con la unión OSPA y OFil al mando de Pablo González, el Coro de la FPA, María Espada e Iris Vermillon para la que ya tengo mi entrada (5€), porque sé que este Mahler no nos fallará. La Octava asturiana tendrá que esperar un poco…

La OSPA encanta

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La Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA) además de los conciertos de abono repartidos entre Oviedo, Gijón y Avilés, los extraordinarios que buscan ampliar espacios y públicos (siendo habitual su presencia en el Festival “Musika-Música” de Bilbao), o su participación en la Temporada de Ópera, también tiene entre sus muchas funciones la social y también la didáctica.
Desde hace cinco años y de la mano de su titular Rossen Milanov, que ya había desarrollado este programa en el Carnegie Hall con la Orquesta de St. Luke, nos han traído Link Up!, el excelente programa del “Weill Music Institute” hasta Asturias, siendo quien lo estrenó en Europa, aunque lleva varios años desarrollándose en Estados Unidos y otras ciudades de Canadá, Latinoamérica, Japón y África, extendiéndose lentamente por España y el resto de países europeos.

Puedo presumir, pues queda constancia en el blog, de haber apostado desde la primera edición allá en 2013 por este ilusionante proyecto que traía hasta el Auditorio de Oviedo a un montón de alumnos y profesores de colegios e institutos de toda la geografía asturiana para participar de forma activa y no como meros espectadores en estos conciertos pedagógicos. “La Orquesta se mueve” comenzó con dos días y cuatro sesiones en pases matutinos a las 10:30 y 12:00 horas en el Auditorio Príncipe Felipe de la capital asturiana, seguida por “La Orquesta Canta” al año siguiente y cerrando este ciclo de tres títulos con “La Orquesta Rock“, cada año con más demanda e implicados en el proyecto, retornando el año pasado a esta “trilogía” que ha llegado a cuatro días (16, 17, 18 y 19 de mayo) y ocho sesiones en este 2017, puede que con el más emotivo a la vista de los resultados contrastados con mi alumnado del IES “El Batán” de Mieres y los profesores que acudimos. Sirvan también los datos de esta quinta edición: 9.251 asistentes, de los que 8.686 son alumnos entre 8 y 15 años, con 565 profesores de 128 colegios e institutos de toda Asturias, con nuestra OSPA en la lista de las 90 orquestas que este año participan en este programa mundial, una experiencia didáctica que pretende extender la música más allá de las salas de conciertos comenzando precisamente en el aula.

Hay que seguir apoyando esta iniciativa que según las previsiones del propio “Weill Music Institute”, más de medio millón de estudiantes de todo el mundo participen en Link Up! este 2017, avanzando que ya han presentado este año su cuarto proyecto “The Orchestra Swings“, ampliando los estilos y repertorio con el jazz, algo que no abunda mucho en nuestro entorno ni tampoco ocupa mucho espacio en el currículo de una materia como “Música” a la que los legisladores llevan arrinconando después de años de lucha por su inclusión en los planes de estudio.

Alumnos y profesores nos hemos involucrado en esta actividad que busca una comprensión profunda de la importancia de la Música en la educación de los jóvenes gracias a la OSPA, que con Link Up! la dio un paso más en esta apuesta por la educación musical, manteniendo una estrecha colaboración con escuelas y maestros con su programación didáctica. En los meses previos a cada concierto, la OSPA ofrece varios talleres de formación y apoyo directo a los profesores para familiarizarnos con el repertorio que se tocará con la orquesta cada año (este curso Ana Hernández Sanchiz, sustituyó a Gustavo Moral, quien estuvo los cuatro años anteriores y con una agenda que le impidió volver a Oviedo), además de unas guías excelentes distribuidas de forma gratuita entre alumnos y profesores que participan en estos programas, descubriendo la notación musical, las claves para tocar la flauta dulce (extensible a otros instrumentos en casos puntuales, siempre atendidos por su personal), patrones musicales y partituras de obras variadas.

En “La Orquesta Canta” hemos trabajado la Oda a la alegría de Beethoven, el “finale” de El Pájaro de fuego (Stravinsky), el “Largo” de la Sinfonía del “Nuevo Mundo” de Dvorak, uno de los momentos más emocionantes de este segundo programa, con las flautas “robando” protagonismo al corno inglés, además de contenidos musicales creados específicamente como Oye de Jim Papoulis o el Ven a tocar de Thomas Cabaniss, el “himno” de Link Up! que es la única pieza repetida en todos los programas. Añadir Simple Gifts de Brackett o la tradicional Bought Me a Cat y añadimos el inglés a los contenidos (como el francés, el portugués e incluso el latín de años pasados), con dificultades variadas y adaptas al nivel del alumnado.

Estos días “La orquesta canta” está dirigida por el maestro Carlos Garcés, un descubrimiento para el que suscribe, y con el tenor Julio Morales en funciones de presentador, junto a las sopranos Sonia de Munck y Elena Ramos (tres “fijos” en Link Up!) más la mezzo Beatriz Lanza. Ahí estuvimos este miércoles lluvioso a las 10:30 en primera fila disfrutando como niños, y con la vuelta al aula como siempre una “Oda a la alegría” en el autobús con Oye convertida en el número uno de los éxitos de este curso. Algunos ya conocían programas anteriores y otros debutaron hoy, pero todos quieren volver ya el próximo año e incluso preguntan si toca Rock… Proyectos como Link Up! y nuestra OSPA nos hacen reafirmarnos en la necesidad de sembrar para recoger, si queremos rejuvenecer unos auditorios que se están despoblando, y formar musicalmente a un público que no tiene muchas oportunidades de ello, aún menos en esta deprimida Cuenca del Caudal.

P. D. No quiero olvidarme que Oviedo Filarmonía también presentaba hoy tres funciones en el Teatro Filarmónica su concierto didáctico La leyenda del fauno, igualmente desde ese compromiso de completar la educación musical de los más jóvenes con esta actividad en la que los estudiantes del municipio de Oviedo se acercan a la orquesta y a todo el entramado que implica un concierto de música clásica y los diferentes agentes que en él participan, una propuesta para introducir a los más pequeños en el siempre fascinante mundo de la música clásica, completado con la actividad que la orquesta desarrolla también en los distintos colegios del municipio, lo que resulta más local pero complementario a la labor emprendida por la OSPA. Todo sea por remar en la misma dirección. Comentar que este fauno es una idea del músico y actor Andreas Prittwitz con guión de Susana Gómez, donde se escucharán la Obertura 1812 de Chaikovski, la Sinfonía del “Nuevo Mundo” de Dvorak, El moldava de Smetana, La Notte de Vivaldi y el segundo movimiento del “Concierto para clarinete” de Mozart, estrenando una composición del propio Andreas, Standard de Jazz, arreglado por él mismo y música de cine más pequeños fragmentos de obras de música de cámara para introducir y presentar los diferentes instrumentos a los chavales ovetenses.

Tenso, denso e intenso

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Viernes 21 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, “Orígenes III / Rusia Esencial II”, Abono 10 OSPA, Juan Barahona (piano), David Lockington (director). Obras de Lockington, Prokofiev y Beethoven.
Tarde de reencuentros en el décimo de abono, el maestro Lockington (1956) que también debutaba como compositor, más el pianista “de casa” Juan Barahona en un programa que he querido titular ya en la propia entrada: tenso, denso e intenso por las obras escuchadas.

Ceremonial Fantasy Fanfare (2009) del propio David Lockington la presenta el maestro en OSPATV (que siempre nos prepara para el concierto desde ese canal en las redes a la medida de todos) y resultó ideal para abrir boca y oídos, preparación anímica y técnica con una orquesta exhuberante en los metales, aterciopelada en la madera, tensa en la cuerda y atenta en la percusión. Brevedad también en intensidades y una instrumentación buscando contrastes tímbricos muy del gusto norteamericano, “fanfarria” en el buen sentido que resume parte del equipaje que el británico ha ido llenando tras tantos años en los Estados Unidos, conocedor de los gustos de un público peculiar y mucho más que un apunte sinfónico de este músico integral con el que la OSPA siempre ha dado lo mejor de ella y volvieron a demostrarlo.

Ver crecer humana y artísticamente a Juan Andrés Barahona (1989) es uno de los placeres que te dan los años, disfrutar con este joven que vive por y para la música, genética con trabajo apasionado, siempre buscando retos y afrontando repertorios poco trillados pero muy exigentes. El Concierto para piano nº 2 en sol menor, op. 16 (1912-1913) de Sergei Prokofiev es un claro ejemplo, con una escritura rica en timbres donde el piano se suma al color ruso cuando no resulta protagonista absoluto. Densidad sonora, intensidades extremas, búsqueda de texturas, juegos rítmicos en un solista que se encuentra a gusto con este compositor muy especial en sus composiciones, no olvida la tradición y evoluciona con acento propio a lenguajes rompedores que prepararán una revolución en estos albores del siglo XX en todos los terrenos. Cuatro movimientos llenos de recovecos exigentes para solista y orquesta que requieren una concertación perfecta, algo que Lockington hace desde la aparente sencillez y el perfecto entendimiento con todos. Impresionante la búsqueda del color y el control total de las dinámicas, balance de secciones desde una mano izquierda atenta y la batuta precisa. Así de arropado pudo disfrutar Barahona de una interpretación preciosista en sonoridades, tenso en fuerza, denso en la expresión e intenso en entrega desde el Andantino inicial hasta el Finale: Allegro tempestoso, vibrante protagonismo y omnipresencia compartida en sonidos, contundente delicadeza desde una entrega total por parte de todos.

Sangre musical de ambos lados del Atlántico nada mejor que Alberto Ginastera y dos propinas de las Tres danzas Argentinas op. 2, primero la Danza de la Moza Donosa”, milonga de concierto en una delicada versión de filigrana y ritmo meloso acariciada más que bailada por los pies que barren más que arrastrarse en el baile, después la furia, el contraste vital, la explosión del guapango con las boleadoras de la “Danza del Gaucho Matrero”, potencia y buen gusto aunados en el nacionalismo argentino como complemento al ruso de Prokofiev, dos mundos reunidos por un Barahona maduro que seguirá dándonos muchas alegrías.

En las temporadas orquestales no puede faltar una sinfonía de Beethoven, y a ser posible “La cuarta” que no es frecuente programarla en parte por estar “engullida” entre dos inmensidades. Pero la Sinfonía nº 4 en si bemol mayor, op. 60 (1806) podríamos disfrutarla más a menudo, clásica por herencia, rompedora por el Scherzo, sello propio que ya destila desde la oscuridad del Adagio inicial antes de atacar el Allegro vivace, y sobre todo verdadera prueba de fuego para los músicos. Lockington apostó por la intensidad y los tiempos contrastados sabedor que la OSPA responde, dejándola escucharse bajando los brazos, marcando lo justo y necesario, matices subyugantes y silencios saboreados. Cierto que no hubo toda la limpieza deseada en las cuerdas graves para ese final vertiginoso o que por momentos faltó algo de precisión entre las secciones para encajar milimétricamente las caídas, pero la interpretación alcanzó momentos de belleza únicos, especialmente en el clarinete que evocaba al mejor Mozart, pero sobre todo la sensación de homogeneidad en un color orquestal muy bien trabajado. Me quedo con el Scherzo – Allegro vivace por lo que supuso de feliz entendimiento entre Lockington y la OSPA, siempre un placer estos reencuentros desde esta “cuarta” no tan escuchada como deberíamos ni por el público ideal que este viernes no acudió como quisiéramos al Auditorio.

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