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Música entre amigos

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Jueves 31 de agosto, 20:00 horas. Festival de Verano Oviedo 2017, Museo Arqueológico: Ana Nebot (soprano), Mario Bernardo (piano). “Sin etiquetas”, obras de HaendelSchubertR. StraussRossini, Fauré, R. Hahn, Satie, Saint-SaënsVilla-Lobos, C. Porter y M. Legrand. Invitados: Rubén Menéndez Larfeuil (viola), Pablo García-López (tenor), Marina Pardo (mezzo) y Antony da Cruz (contrabajo).

Brillante clausura de un festival veraniego que volvió a llenar el museo con colas dos horas antes del inicio quedándose público fuera (lástima el aforo reducido) con artistas de casa como la soprano carbayona y el pianista gijonés, sin localismos y además rodeándose de amigos para compartir una tarde “sin etiquetas” del agrado de todos y repasando épocas con estilos distintos.

Para el dúo Nebot-Bernardo comenzar con el barroco y sus agilidades aún en frío, además de la emoción de saberse querida no sería óbice para ir ganando tranquilidad y hondura, también (y tan bien) arropada por compañeros, además de amigos, a lo largo de una hora de buena música en el mejor ambiente.

Tras el inicial Haendel y el aria Ch’io mai vi possa (Que yo pueda un día) de la ópera “Siroe“, vendría la viola de Rubén Menéndez Larfeuil para sumarse a dos grandes bien sentidos por la soprano junto al sólido piano, Schubert con Der Hirt auf dem Felsen (El pastor en la roca) D. 965 de mundos sonoros contrapuestos en expresiones e intensidades (con clarinete hubiese sonado menos intenso), y especialmente el Morgen (Mañana) op. 27 nº 4 de R. Strauss que llegó a alcanzar la milagrosa complicidad del silencio total de un atardecer mágico con “la hermana del violín” tan sentida como la propia voz.

En este repaso entre compañeros llegó el turno al tenor cordobés Pablo García-López para dos dúos muy distintos, Rossini y La Serenata (Notturno) más Fauré Puisqu´ ici-bas toute âme (Pues aquí abajo las almas) preparado por “La Nebot” en solitario con Le papillon et la fleur (La mariposa y la flor) op. 1, nº 1. El nocturno del italiano, contrastado con la común poesía francesa de Victor Hugo en dos voces que se gustan además de actuar para hacer creíbles unos textos que se nos ofrecieron en fotocopias aparte (siempre de agradecer) redondeando este hermanamiento vocal y sentimental entre Asturias y Andalucía que lleva años cimentado, aplaudiendo la generosidad de la anfitriona ovetense por compartir protagonismos.

Verdadera “exquisitez” el Verlaine de L´ heure exquise musicado por Reynaldo Hahn (1874-1947), venezolano de nacimiento con madre vasca y padre germano, pero francés de adopción y formación aunque alemán de pasaporte, universal como todo el programa “sin etiquetas” donde Ana Nebot y Mario Bernardo volvieron a demostrar el trabajo bien hecho, al igual que el siempre ideal Satie con su Je te veux (Te quiero), otra “delicatesen” antes de seguir compartiendo amigos y música, sobre texto de Henry Pacory, poesía musical francesa donde la soprano está en su salsa. Todo un detallazo de Ana cantar colocándose para el otro ala del claustro, aunque la acústica sea buena en cualquier lugar, y siempre atenta a un público que la quiere en su Oviedo natal, aunque hubo turistas de todas partes, incluso del otro lado del charco (a quienes pude saludar al finalizar el recital en “otro encuentro” con la música de punto en común y acercamiento físico más allá de las redes sociales).

Con la mezzo Marina Pardo en un empaste perfecto y el acompañamiento siempre sobrio de Mario Bernardo, escuchamos a Saint-Saëns y su bolero El desdichado, en castellano con la forma original antes de la herencia al actual que bien aclaró Ana Nebot al público antes de cantarlo, ante algún comentario al presentarlo, pues siendo capaz de cantar incluso jazz aún no se ha enfrentado a los grandes éxitos de Miguel MatamorosLos Panchos y seguidores, aunque nunca se puede rechazar nada, menos cuando hay calidad y emoción.

Y del jazz vendría el contrabajista Tony da Cruz para seguir sumando “sentimiento” desde su compatriota Heitor Villa-Lobos con Melodía Sentimental (letra de Dora Vasconcelos), una nueva visión del folklore brasileño sumado a la canción de concierto donde solo faltó una batería con escobillas para volver a demostrar que no hay etiquetas, solo música bien hecha, al igual que con Cole Porter en So in love (Tan enamorado) de la comedia musical “Kiss me Kate“. Piano más contrabajo en pizzicato como perfecto ropaje a la voz de Ana Nebot navegando cada vez más cómoda en estos repertorios ligeros que se van haciendo merecido hueco en este tipo de recitales camerísticos.

Todavía quedaba el remate con el prolífico compositor de bandas sonoras francés Michel Legrand (1932), y de la película musical “Les Demoiselles de Rochefort” con “la gemela” Marina Pardo en la Chanson des jumelles, teatralización de altura con la redondez del contrabajo y el piano poniendo mentalmente la percusión que seguramente más de uno añadió aunque fuese corporal.

Verdadero regalo Alfonsina y el mar (Ariel Ramírez) cantado por “La Nebot” con naturalidad, cercanía y emoción subrayada por Tony y Mario redondeando el mejor colofón al mes, al ciclo y a las vacaciones dejándonos con ganas de más, sobre todo viendo que los amigos nunca fallan cuando lo son.

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Café musical balsámico

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Jueves 24 de agosto, 20:00 horas. Festival de Verano Oviedo 2017, Museo Arqueológico: Marina Pardo (mezzo), Kennedy Moretti (piano). “Café concierto”, obras de Albéniz, Weill, Schönberg, Debussy, Villa-Lobos, Satie y Poulenc.
La música, como la vida, no se detiene nunca, y tras un verano complicado además de triste donde apenas tuve tiempo para mis habituales conciertos de estío, nada mejor para retomar el pulso que con este “café concierto” entre piedras monacales que surtieron efecto balsámico por ambiente, calidad y cercanía.

Volvía Marina Pardo con su pianista habitual, Kennedy Moretti, para dejar al público, que siempre responde en “La Viena del Norte” con llenos, una velada de salón con unas canciones bellísimas, sentidas y compartidas por este dúo que organizó el programa en bloques de tres canciones por autor con el intermedio de piano buscando una unidad orgánica desde la sabia elección de aires, textos (especialmente el francés) y sentimientos. Desde el casi desconocido Albéniz en inglés o el Schönberg más jazzístico tan de cabaret como Weill pero cantado con gusto más que arrebato cinematográfico o el folclore brasileño de Villa-Lobos mezclando saudade y vitalidad, pero sobre todo Satie con  una Pardo realmente “diva de Vetusta” y sobre todo su Poulenc adorado, mimado, sentido… verdadera “fiesta galante” en el Arqueológico para cerrar concierto.

No era tarde para populismos ni grandes éxitos sino una apuesta por la calidad vocal sin etiquetas ni tesituras, con el piano compartiendo protagonismo, como en los grandes lieder, pequeños bocados de vida que los aplausos no dejaron paladear de tres en tres rompiendo la perfecta organización de las canciones. La voz carnosa de la mezzo “asturiana” capaz de emocionar con sus piani, hacernos vibrar en los agudos sin perder color ni calor, volcada en intenciones sin necesidad de bailes, marabús, boquillas, aros de humo o copas de champán, donde el único accesorio es la música con el complemento perfecto del piano brasileño de graves redondos, limpieza total para crear el ambiente deseado y el plano siempre adecuado favoreciendo la presencia vocal en todos los idiomas desde el único lenguaje universal. Gracias a Marina y Kenneddy por esta terapia de agosto.

PROGRAMA

I. Albéniz (1860-1909): A song of consolation; Will you be mine?; To Nellie.
K. Weill (1900-1950): Youkali; Die Moritat von Mackie Messer; Complainte de la Seine.
A. Schönberg (1874-1951): Der genügsame Liebhaber; Jedem das Seine; Arie aus dem Spiegel von Arcadien.
C. Debussy (1862-1918): La plus que lente (Vals para piano).
H. Villa-Lobos (1887-1959): Modinha; Na paz do outono; Lundú da Marquesa de Santos.
E. Satie (1866-1925): Tendrement; Je te veux; La diva de l’Empire.
F. Poulenc (1899-1963): Voyage a Paris; Les chemins de l’amour; Fêtes Galantes.

La propina, como no podía ser menos tras toda la velada, de nuevo Poulenc y de su “Metamorphoses” Fp. 121, el nº 2 C’est ainsi que tu es.

Don Gil de las Asturias

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Jueves 11 de mayo, 20:00 horas. Teatro Campoamor, XXIV Festival de Teatro Lírico Español Oviedo 2017: Don Gil de Alcalá (música y libreto de Manuel Penella Moreno, Valencia 1880 – Cuernavaca -México- 1939).


Reparto y equipo artístico:
Alejandro Roy (Don Gil de Alcalá ), Susana Cordón (Niña Estrella Miztilán), David Menéndez (Sargento Carrasquilla), Javier Franco (Don Diego), Sandra Ferrández (Maya), Jorge Rodríguez- Norton (Chamaco), Vicenç Esteve Corbacho (El Gobernador), David Rubiera (Padre Magistral), Marina Pardo (Madre Abadesa), Boro Giner (Virrey), Cristóbal Blanco (El Maestro de Ceremonias), María Heres (Una amiga de Niña Estrella). Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” (director: Pablo Moras Menéndez), Oviedo Filarmonía, Rubén Gimeno (director musical). Dirección de escena: Emilio Sagi; ayudante de dirección: Javier Ulacia; escenografía: Daniel Bianco; iluminación: Eduardo Bravo; coreografía: Estrella García.

Penúltimo título de la temporada de zarzuela de la capital asturiana aunque solo dos funciones, pero con un lleno que corrobora el lema en las redes sociales #Oviedo quiere Zarzuela, si bien este Don Gil de Alcalá netamente asturiano, sea más ópera española que zarzuela bien elegida para celebrar los 125 años de este coliseo por el que ha pasado lo mejor de la música y el teatro internacional.

Un lujo contar con Emilio Sagi para esta producción “made in Asturias” totalmente exportable a cualquier escenario mundial y con un elenco de altura que engrandece aún más este género escénico del que podemos presumir. Penella compone esta ópera cómica de tres actos en su primera versión solo para orquesta de cuerda (con arpa) dominando la escritura vocal que luce aún más con este acompañamiento. Con una puesta en escena de mínimos realmente bien aprovechados para ambientar la España colonial, un vestuario elegante y sobrio, que visto de cerca no llama tanto la atención (por lo que de nuevo aplausos a la economía de medios cuando hay sabiduría en los planteamientos) pero que mantiene esa gama de blancos y ocres adecuada al color escénico (salvo el guiño azul para la conocida habanera “Todas las mañanitas“), más plateados y dorados puntuales realzados por una iluminación perfecta y sobre todo la imprescindible parte vocal: cantantes, coro y orquesta de primera calidad, encumbraron a este “Don Gil de las Asturias”.

Quiero comenzar por los de casa (sin caer en el madreñismo que acuñase mi primo David Álvarez), dado que fueron profetas en su tierra por calidad, cantidad y entrega. Además del citado Sagi, sinónimo de elegancia, respeto y entendimiento con la música, la cuerda de la Oviedo Filarmonía sonó ideal por presencia y musicalidad en todas sus intervenciones, puesto que la textura que da la partitura con el arpa más pizzicati y todos los recursos técnicos ayudan al protagonismo vocal que luce aún más con esta escritura. Lástima que Rubén Gimeno no fuese lo suficientemente claro en el gesto para alcanzar la mejor coordinación entre foso y escena, con desajustes e inseguridades que esperemos se solventen para la representación sabatina, aunque a su favor tuvo la total entrega de instrumentistas y voces. Probablemente quien más incómodo estuvo fue el “coro titular” de la Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo, pero el maestro valenciano llevó a la orquesta por los derroteros idóneos de dinámicas y aires plegados a las voces.

Mientras las voces femeninas arrancaron dubitativas entre la “dirección de la madre Abadesa” y la del maestro Gimeno, al completo tuvieron que hacer un esfuerzo para encajar los pocos pero hermosos números de conjunto, teniendo en cuenta que por ubicación y efectivos orquestales exige una mayor atención desde la batuta ante la falta de referencias para las entradas y tiempos exactos. Reconocer la dificultad de esta ópera de cámara tanto en los textos, siempre bien vocalizados y afinados, como en su escritura llena de síncopas y contratiempos que de resultar exactos (al menos más trabajados) hubiesen dado un resultado sobresaliente, debiendo conformarnos con un notable alto. Con todo, orquesta y coro siguen siendo la mejor apuesta para este festival de zarzuela asturiano, asentándose en una calidad que mantiene un nivel del que no deberán bajar.

El elenco vocal tuvo al tenor Alejandro Roy como el verdadero protagonista, un Don Gil de Gijón poderoso en todos los registros, convincente y en un estado de gracia que ya asombrase en  su anterior visita como Curro Vargas. Seguro, con una línea de canto grandiosa sin escatimar en medios a la vez que recogido en los momentos sentimentales, pocos tenores pueden interpretar este complicado rol en el que Penella vuelca sus mejores melodías tanto en las romanzas como en los dúos y concertantes donde siempre sobresale por tesitura y dinámicas, así como de color ideal combinado con el de la Niña Estrella.

El castrillonense David Menéndez, habitual en nuestras temporadas de ópera y zarzuela así como en programas sinfónicos, dio vida al Carrasquilla andaluz simpático, pícaro y “tunante”, contrapeso de su paisano y compañero de estudios, empaste de dos asturianos en todos los sentidos, química desde la musicalidad y rompedor en el brindis con vino de Jerez que cierra el primer acto, tras su conocido canto a la sidra cual catador de caldos y romanzas de todo calado unido a una escena que siempre cautiva al respetable, independientemente de lo difícil que resulta imitar acentos locales según exigen los libretos (no me imagino tener que cantar un aria “a la” milanesa, veneciana o napolitana).

Me impresionó la clara mejoría vocal, en parte por un papel vocal y escénicamente ideal, del tenor avilesino Jorge Rodríguez-Norton como Chamaco, mejicano salao y sembrao que diría un andaluz, ganándose al respetable en cada aparición, emisión clara en toda la tesitura, concertantes presentes, buen gusto en el dúo ¡Ay! zúmbale con Maya, y una verdadera recreación de un papel cómico en el que se desenvolvió con soltura y calidad.

Breve pero segura la Madre Abadesa de la mezzo cántabra Marina Pardo, en un papel mal llamado secundario pero que voces como la de esta asturiana de adopción suman en el buen resultado final. Tampoco quiero olvidarme de los “comprimarios” que saltan del coro a los pequeños papeles, Cristóbal y María verdaderos profesionales que siempre ayudan a completar elencos de nivel como el de este “Don Gil de las Asturias”.

Susana Cordón, soprano mallorquina de nacimiento y valenciana de adopción, compartió protagonismo y triunfo como la Niña Estrella de la que todos se enamoran y enamora con un color precioso, dicción y proyección perfecta, musicalidad y comicidad en las dosis idóneas, empaste en dúos y concertantes, amén de la técnica necesaria para redondear su personaje, ya muy aplaudida en la inicial “Bendita cruz” aunque la habanera resultó de lo mejor con su compañera, la soprano-mezzo valenciana Sandra Ferrández que nos dejó una Maya cercana, salada, empastada con Miztilán, contrapeso de Chamaco y quinteto coprotagonista de colorido rico en matices, asentando un elenco vocal de calidad que redondeó una función triunfante.

Me gustó el barítono coruñés Javier Franco como Don Diego, más por la diferencia de color con Carrasquilla que siempre se agradece, seguro en canto y escena, aunque “los malos” no siempre triunfan sobre los pícaros.

También breves pero convincentes y de menor a mayor relevancia en el global los barítonos que interpretaron al Gobernador, Vicenç Esteve Corbacho, algo titubeante y hasta afónico en el inicio, más actor que cantante el catalán, el Virrey de Boro Giner, y el Padre Magistral (literalmente) del cántabro David Rubiera, con un registro grave que pedía más la voz de bajo aunque suficiente sin ser potente.

En definitiva un Don Gil de Alcalá triunfador globalmente al que solo faltó mayor seguridad sobre la escena que supongo el sábado y ya rodado resulte sobresaliente. Me consta la llegada de aficionados de fuera confirmando que los políticos no parecen ver que la cultura y en especial la música, son una verdadera inversión más allá del gasto, y pese a las penurias, recortes o sueldos bajos, el amor y la profesionalidad pueden ofrecer un producto verdaderamente rentable ¡incluso electoralmente!.

Ciclogénesis wagneriana

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Miércoles 16 de septiembre, 19:00 horas. Teatro Campoamor, Oviedo. LXVIII Temporada de Ópera: Wagner: Die Walküre (La Walkiria), tercera función. Entrada última hora: 15 €. © foto-alfonso en la web “Ópera de Oviedo“, y escaneadas.

En plena vorágine climática y de inicio de curso, al que dedicaré otra entrada, arrancaba esta nueva temporada de ópera en la capital asturiana con un equilibrio total capaz de asombrar incluso con casi cinco horas, conociendo el timing que las óperas de “La Tetralogía” tienen.

No hay un momento de respiro para nadie en una obra llena de brutales contrastes en todos y cada uno de los elementos de esta “obra de arte total” que concibió el músico de Leipzig, y la tensión mantenida supuso un esfuerzo titánico para todos, alcanzando momentos sublimes.

Quiero comenzar por la dirección musical de Guillermo García Calvo que de nuevo demostró con creces su dominio wagneriano tras su debut con Tristán asombrando como entonces y volviendo a conseguir una química con la OSPA que se notó desde el inicio de la obra, sacando lo mejor de todos los músicos para una plantilla reducida en número pero completa en calidades, intervenciones solistas acertadas cargadas de la emoción bien planteada desde la batuta del madrileño, sonoridad plenamente germana con un equilibrio impensable a la vista pero contundente al escucharlo, esa ciclogénesis de dinámicas que son las verdaderas protagonistas, la música pura con pianísimos capaces de cortar la respiración y fortísimos pletóricos, precisos, redondos, cada leitmotiv bien dibujado para alcanzar un color acorde con la escena. Bravísima la formación asturiana que este curso cumple sus bodas de plata en su mejor momento, madurez y entrega cuando la dirigen autoridades que con el dominio transmiten seguridad y confianza a todos sus componentes.

El reparto vocal estaba encabezado por Stuart Skelton que esta vez no falló y fue el tenor esperado para Siegmund, timbre apropiado, dinámicas también ciclogenéticas, poderío escénico y una verdadera lección de canto wagneriano. El Hundig de Liang Li fue el esperado de un bajo, registro rotundo con volúmenes que no se oscurecieron en parte por el mimo con el que el maestro García Calvo trata a todas las voces, exigiendo la presencia idónea en cada momento. Un poco decepcionado por Tómas Tómasson con un Wotan algo desigual, supongo que arrastrando el catarro (lógico ante un tiempo climatológico realmente de locos) desde la primera función, lo que llevó a cambios de color en una voz (más barítono que bajo) demasiado incómodos para dotar a su personaje de identidad propia, aunque lo suplió con el dominio de la partitura y con momentos íntimos, casi hablados, proyectando su voz hasta “mi anfiteatro”. Trío masculino equilibrado que ya es un triunfo.

Pero las féminas son aquí el punto diferenciador, desde la Sieglinde de Nicola Beller Carbone dándolo todo sin dejarse ni un matiz (todavía recordada su Pepita Jiménez), hasta la Brünnhilde de Elisabete Matos que sigue siendo una voz en ascenso, brutal para este rol creciendo a lo largo de los tres actos convenciendo en dramatismo y línea de canto. La Fricka de la mezzo Michelle Breedt no desentonó con sus compañeras aunque tampoco su personaje resulta “agradecido” en la partitura, pero los colores quedaron bien diferenciados. Mención especial a las walkirias con acento español, voces de primera para el acto final que dibujaron un verdadero coro guerrero de empaste perfecto, agudos delirantes y necesarios, ocho guerreras con nombres y apellidos conocidos: Isabella Gaudí, Raquel Lojendio, Sandra Ferrández, María Luisa Corbacho, Maribel Ortega, Marina Pardo, Anna Alàs i Jovè y Marina Pinchuk, todo un lujo que ayudó a un reparto escénico redondo, unido a una dirección de escena que ayuda colocando los cantantes para la mejor proyección posible de su voz, en alto como la pasarela dentro del escenario, delante de la propia caja escénica, sentados sobre el foso e incluso en la esquina derecha frente a una de las bolsas, hasta las voces “fuera de cuadro” sonaron equilibradas, importantísimo a la vista de muchas barbaridades actuales.

Enlazo la dirección escénica con toda la escenografía, lograda con el ya casi habitual “Video Mapping” que dejó cuadros elegantes como la bajada de la espada Nothung, sombras muy logradas con luces resaltando la explosión y el dolor en perfecta sincronía con la música, sumando el elemento de las fichas de dominó que pudo resultar algo reiterativo aunque efectivo, incluso en el ruido, y un vestuario más que suficiente y de colores buscados e identificables para cada personaje cual “leit motiv” de ropaje.

Mención aparte los figurantes infantiles, personalmente un toque genial, la mitología de jugar con el tiempo, duplicar los protagonistas, verdaderos actores desde los protagonistas hasta las “miniwalkirias”, siendo muy emotivo el beso de Wotan a la niña Brünnhilde para despojarla de su divinidad mientras la adulta con la corte de hermanas guerreras niñas compone una escultura yacente, caso, lanza y escudo bien colocados, y esa despedida infantil colocando el atrezzo con mimo, rigor y verdadera profesionalidad con dotes actorales dignos de mención.

Aún queda la cuarta función del sábado 19, coincidiendo con otra cabalgata, la del “Día de América en Asturias”, que supongo rematará este título tan esperado para intentar completar la tetralogía con repartos equilibrados pese a la dificultad de acertar, una orquesta capaz de ella, ninguna mejor que la OSPA, y maestros como Guillermo García Calvo que saben trabajar meticulosamente todos los detalles para lograr representaciones de calidad y emoción como esta Valquiria que abre el festival escénico “El anillo del Nibelungo”.


Ficha técnica
(más detallada en el programa de mano incluido en esta entrada)
Siegmund: Stuart Skelton HundingLiang Li Wotan: Tómas Tómasson
Sieglinde: Nicola Beller Carbone Brünnhilde: Elisabete Matos Fricka: Michelle Breedt
 Gerhilde: Isabella Gaudí
Ortlinde: Raquel Lojendio
Waltraute: Sandra Ferrández
Schwertleite: María Luisa Corbacho
Helmwige: Maribel Ortega
Siegrune: Marina Pardo
Grimgerde: Anna Alàs i Jové
Rossweisse: Marina Pinchuk
Dirección musical: Guillermo García Calvo
Dirección de escena, escenografía y vestuario: Michal Znaniecki
Video Mapping: MOOV
Diseño de iluminación: Bogumil Palewicz
Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias

Para psicoainadamar

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Jueves 12 de diciembre, 20:00 horas. Teatro Campoamor, LXVI Temporada de la Ópera de Oviedo: Ainadamar (Osvaldo Golijov, 1960), tercera representación. Localidad última hora: 15€. Todas las fotos de esta entrada, datadas ©foto-Alonso para ÓperaOviedo.

Principales intérpretes: María Hinojosa (Margarita Xirgu), Marina Pardo (Federico García Lorca), Elena Sancho-Pereg (Nuria), Alfredo Tejada (Ruiz Alonso).

Compañía Antonio Gades. Coro de la Ópera de Oviedo (maestro repetidor: Patxi Aizpiri); Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA); Corrado Rovaris (dirección musical).

Luis Tavira (dirección de escena), Philippe Amand (diseño de escenografía y vestuario).

Músicos invitados: Adam del Monte (primera guitarra), Jesús Prieto (segunda guitarra), Gonzalo Grau (cajón, congas y djembé), Fernando Arias (realización de efectos sonoros y sampler).

Con muchas ganas entré y muchos interrogantes salí de esta nueva coproducción de la ópera carbayona junto al Festival Internacional de Música y Danza de Granada más el Festival Internacional de Santander, apostando como si del Teatro Real se tratase por títulos nuevos que hacen caer etiquetas, una de ellas la propia de “ópera”, siendo más apropiado hablar a estas alturas de espectáculo musical sin más, agradable al público en general, con una partitura más bien irregular -pienso que supervalorada-, de argumento para psicoanalizar, catálogo de buenas intenciones y muy del gusto yanqui con la visión que desde allí tienen de España, de nuestra historia y folklore, en este caso el Flamenco.

De seguir la política de nuevas partituras, las hay muchas mejores que la del argentino Golijov (que ya conocía por la grabación discográfica); no me importaría ver y escuchar, por poner dos ejemplos a Philip Glass (Einstein on the Beach) o La dama del alba “casoniana” de nuestro Luis Vázquez del Fresno que sigue durmiendo en el limbo a la espera de su estreno.

Decir que lo mejor fue la escenografía, realmente muy lograda con pocos medios, es ya para preocupar, precisamente cuando siempre he criticado hacer hincapié o poner siempre en primer lugar este apartado, criticado cuando no aporta nada a la obra, incluso sacándola de contexto, pero esta vez superó a la música para la que fue diseñada.

Como era de esperar desde su aparición en Madrid y el estreno dominical ovetense ya hubo críticas de todo tipo en las que las interpretaciones tamizadas por la cultura, vagaje e incluso ideología del público son poliédricas y todas ellas respetables, freudianas, marxistas, fundamentalistas, republicanas, machadianas, dalinianas o “mediopensionistas”.

Impresionante el cuerpo de baile heredero de su fundador que da auténtica vida a este musical algo plano donde los cuadros flamencos son realmente fotogramas llenos de vida, muy en la línea cinematográfica de nuestro Carlos Saura, escenas muy plásticas, fotografías pictóricas, juegos de teatro dentro del teatro realmente conseguidos, sin olvidarme la iluminación acertadísima, incluso en las linternas – fusiles tras matar a Lorca.

En la parte vocal el alma con duende, pellizco y elemento dramático en todas sus intervenciones fue el cantaor malagueño Alfredo Tejada, llenando con su arte escena y argumento. De las voces líricas felicitarlas por el enorme trabajo previo para estudiar una partitura que no parece pensada para ser cantada por estos profesionales, más cómodos en otros repertorios: registros extremos poco agradecidos, por momentos inaudibles, vocalizaciones difíciles e ininteligibles en muchos pasajes, destacando Marina Pardo en un rol (tra)vestido de Federico, debiendo cantar incluso al fondo del escenario, pero con seguridad en todos los registros, algunos endiablados en el grave aunque la orquesta en piano ayudase, con saltos interválicos que no aportaban más allá de un dramatismo algo forzado argumentalmente, y la Nuria de Elena Sancho-Pereg, voz fresca con buena proyección y registro más agradecido que sus compañeros de escena. Actoralmente “la Xirgu” de María Hinojosa impecable aunque vocalmente desigual, pienso que por una concepción del canto ajena a lo que entendemos como lírica. Bien la breve intervención del bajo Francisco Crespo como José Tripaldi y correcto el resto del elenco.

Esta vez el coro femenino no estuvo a la altura de otras representaciones pese a limitarse a cantar, pero situado a un lado de la orquesta quedó tapado, sonó poco empastado y opaco.

De la OSPA añadir la profesionalidad más que reconocida de todas sus secciones con pasajes auténticamente somníferos de notas tenidas, y otros doblando voces; la madera en la línea de excelencia tímbrica para unos pentagramas más bien planos y dificultades similares a las voces (la flauta solista arrancó notas graves dificilísimas), las trompas y sobre todo trompetas dentro y fuera del foso de lo más jazzísticas con sordina, interviniendo con armonizaciones que me recordaron al mejor Gil Evans, junto a la percusión compleja que me despertaba de la modorra, tanto la titular asturiana como los invitados, destacando la parte electrónica que redondea ese ambiente de musical americano contrapuesto a las guitarras flamencas lo suficientemente amplificadas para protagonizar los mejores momentos de este espectáculo que me hizo derramar metafóricamente cataratas (más que fuente) de lágrimas.

La dirección musical del maestro Rovaris no pudo sacar de la obra lo que no tiene, pero mostrando la misma seguridad que cuando estuvo al frente de Peter Grimes hace casi dos años.

La temporada acabará con Don Giovanni al que espero en el reparto joven ya en enero de 2014. Mientras tanto aún quedan música interesante antes de despedir el 13.

Un Nevsky en cuerpo y alma

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Miércoles 6 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo. Proyección de la película de Sergei Einsenstein “Alexander Nevsky” (música de S. Prokofiev). Intérpretes: Marina Pardo (mezzosoprano), Coro de la Fundación Príncipe de Asturias (director: José Esteban Gª Miranda), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). Entrada libre.

Organizado por la Universidad de Oviedo y como ya hiciese con “Metrópolis” en el Campoamor en mayo pasado, esta vez en la pantalla gigante del Auditorio pudimos deleitarnos con la proyección de otra joya del Séptimo Arte, película de 1938 que no pierde con el paso del tiempo ni desmerece de las grandes producciones, en versión original con subtítulos al castellano de una calidad global impresionante en todo, máxime cuando la banda sonora original de Prokofiev pudimos escucharla en directo con unos intérpretes perfectos siempre guiados por el maestro italiano, que sigue arriesgando con propuestas que además salen bien.

Si la partitura de Prokofiev es una auténtica cantata que el Coro de la FPA dirigido por mi querido Pepu ya interpretó al menos otras dos veces que yo recuerde (guardando además una copia de la partitura), todo el entorno de este miércoles ayudó a disfrutar tanto a los músicos como al público.

En un foso “redescubierto” (que nunca antes se abrió en los muchos años del Auditorio) donde se colocó la orquesta, el coro sentado y separado en dos bloques de blancas y graves en el escenario, con atriles iluminados tenue pero suficientemente (qué bien funcionan los leds) y la caja escénica adelantada, el piano con Sergei Bezrodni a la izquierda, para coronar sobre ellos la pantalla gigante, unido a un sonido perfecto, pudimos saborear imagen y sonido como auténticos privilegiados, un público que hizo cola una hora antes y abarrotó la sala (algunos no sabían de qué iba, pero era gratis), escuchando nuevas texturas en esta disposición y ubicación global.

Casi dos horas de épica total, con una dirección perfecta en ajuste con la propia película, una orquesta que sonó “de otra forma” destacando por protagonismo los abundantes metales y percusiones, sin obviar la madera más una cuerda compacta y homogénea capaz de transmitir y subrayar el poderío escénico pergeñado por Eisenstein, y el coro empastado como nunca, cómodo, de amplias dinámicas y protagónico como pueblo a lo largo del film, sin olvidarme la breve pero emocionante intervención de la mezzo asturiana Marina Pardo, elegante, en el centro, ubicación excelente para proyectar su voz hasta el fondo del auditorio con la orquesta a sus pies, literalmente. Un Nevski en cuerpo y alma.

Enhorabuena a todos, especialmente a la Universidad y la Fundación Príncipe de Asturias, siempre con el Ayuntamiento apoyando, por seguir ofreciendo espectáculos de esta calidad y originalidad que ayudan a rescatar joyas de la historia cultural muy escasas, apuesta de futuro para unos tiempos donde los políticos parecen ir en dirección contraria.