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Enamorados de la tabernera

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Sábado 9 de junio, 20:00 horas. Teatro Campoamor, XXV Festival de Teatro Lírico Español, Oviedo, última función. “La tabernera del puerto”, romance marinero en tres actos (música de Pablo Sorozábal, libreto de Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw).

Los del norte somos muy de tabernas, chigres y sidrerías, de reunirnos en torno a una mesa para festejar cualquier evento y nada mejor para cerrar las bodas de plata de la temporada de zarzuela asturiana que volver a llenar el teatro (pasando a dos funciones cuando había cuatro por título y “Los del tres” no se enteran que #OviedoQuiereZarzuela) con uno de los títulos más conocidos y representativos de nuestro género, La tabernera del puerto situando Cantabreda en la costa cantábrica como no podía ser menos para mi tocayo donostiarra Sorozábal y utilizando melodías más ritmos tan nuestros desde una escritura sinfónica por momentos wagneriana, dejándonos las romanzas más populares de zarzuela que casi todos tenemos en nuestra memoria.

El éxito del cuarto título del único festival fuera de Madrid se redondearía gracias a la nueva producción del Teatro de la Zarzuela (que vio mermadas sus funciones ante las huelgas justificadas contra la fusión por decreto con el Teatro Real), con su director musical al frente, nuestro Óliver Díaz, congregando público llegado de fuera de Asturias que disfrutó con todo. Porque es difícil conjugar a la perfección todos los elementos que se necesitan para que un título lírico funcione: partitura y libreto de calidad, cantantes que sean actores y actores que canten, orquesta y coro veteranos y dominadores del repertorio, escenografía e iluminación junto a vestuario, mezclado en su justa proporción por un responsable musical que lleve con seguridad el timón para alcanzar buen puerto, y nunca mejor el símil marinero para esta zarzuela con sabor a salitre, catálogo de amor, humor fino y final feliz con sorpresas.

Toda la escena dirigida por Mario Gas es elegante, fiel al texto íntegro bien rimado por todos movidos a la perfección sin caer nunca en el abigarramiento, presencias variadas subrayadas por la iluminación adecuada y hasta la utilización real de agua y piedras cual orilla marina que también se usa dramáticamente sin molestar a los cantantes, dirección de un enamorado del teatro e hijo del bajo Manuel Gas, totalmente relacionado con esta zarzuela que él cantó ya en el estreno barcelonés llevándola por escenarios de medio mundo. Sumemos un decorado realista, el vestuario que todos asociamos a un puerto sardinero y añadamos la impresionante escena del naufragio de Marola y Leandro en una proa dentro de la proyección videográfica para completar el marco ideal donde desarrollar toda la acción.

El elenco debe contar con unos cantantes donde la partitura es difícil aunque agradecida, pero el texto hablado todavía más, proyectando la voz en ambos casos desde una correcta dicción en castellano que hace innecesario mirar los sobretítulos (siempre de agradecer), pero donde los actores también deben cantar con la misma exigencia. Por eso quiero destacar especialmente la Antigua de la inconmensurable Vicky Peña y el espléndido Chinchorro de Pep Molina, con su dúo cómico para recordar, colocando a caballo de actores y cantantes el Abel de la soprano Ruth González, timbre de adolescente en unas intervenciones que la encumbraron casi de protagonista de principio a fin y interpretando con solvencia todo su papel, sin dejarme atrás al cómico “televisivoÁngel Ruiz como Ripalda el del cafetín, no el Padre, algo sobreactuado buscando la risa, pero fiel a su papel, con un terceto cómico junto a Marola y Abel de calidades equilibradas.

Hablando del reparto no se puede omitir el papel de la Oviedo Filarmonía con el maestro Óliver Díaz mimando cada página, dando el protagonismo puntual a todos, interludios y acompañamientos, cuidando al detalle las dinámicas para percibir siempre las voces (incluso los coros fuera de escena).

Y un excelente elenco de cantantes donde la tabernera María José Moreno volvió a enamorar en argumento y teatro por presencia, color, gusto interpretativo en cada aparición (de “fábula” su conocida romanza e ideal Yo soy de un puerto lejano) y emociones compartidas dibujando una convincente y creíble Marola.
Otro tanto del Juan de Eguía a cargo del barítono gallego Javier Franco, dejándonos un rossiniano Chíbiri, capaz de llenar la escena en todo momento, timbre poderoso en todos los registros pero lleno de matices, empaste en los números conjuntos y torrente dramático en su romanza final.

Debutaba el tenor uruguayo Martín Nusspaumer como Leandro y no decepcionó aunque fue de menos a más (Todos lo saben), cumpliendo con la esperada No puede ser… del segundo acto que Kraus puso en un punto inalcanzable en nuestros tiempos. Habrá que seguir su carrera porque tiene buena materia prima, amplia tesitura de color bastante homogéneo con un grave claro y agudos suficientes aunque algo inseguro, puede que por los nervios de un papel que seguro repetirá. Otro tanto el Simpson del venezolano Ernesto Morillo, creciendo vocalmente aunque en la romanza echase de menos mayor proyección en el grave y timbre con color de barítono, pese al mimo desde el foso.

La Capilla Polifónica de Oviedo que dirige Pablo Moras es insustituible en este festival lírico y su experiencia sobre las tablas un seguro para toda producción. El primer coro de mujeres es difícil encajarlo y moverse, otro tanto del coro de hombres más “liviano” que el de marineros, añadiendo intervenciones conjuntas fuera de escena pero siempre presentes, solventes, empastados y matizados, sumando una escena profesional que nos lleva como la propia zarzuela a un final feliz.
La orquesta titular Oviedo Filarmonía ha demostrado con creces su madurez en todas las secciones y dúctil afrontando estilos dispares pero con la misma calidad en todos ellos a lo largo del festival. Tener al frente a Óliver Díaz ha sido el premio no ya de la temporada sino el merecido a una labor ingrata en el foso donde los errores se notan pero los aciertos son infravalorados, y puedo decir que el salto de calidad de esta orquesta ha sido grande.

Finalmente queda hablar del Maestro Díaz, así con mayúsculas, pues su colega Víctor Pablo Pérez (también recordado en nuestra tierra) diferencia entre “conductores, directores y maestros“. Oliver Díaz, asturiano universal que triunfa en silencio, director musical del Teatro de la Zarzuela con merecimiento y conocimiento de causa, trabajador, implicado en todo proyecto con él al frente y siempre con “la tierrina y su gente” presentes para sumar calidades, estudia en profundidad cada partitura para sacar de ella lo mejor adaptándose al material humano de cada momento, y no siempre el mejor. Con esta tabernera nos ha hecho disfrutar al conjugarse los elementos necesarios para alcanzar el éxito, haciendo y haciéndose entender, cuidando las voces como pocos desde el foso, por eso es Maestro, dejando el protagonismo a los intérpretes dando un paso atrás pese a ser el responsable final. El buque Sorozábal llegó a puerto asturiano gracias a la pericia, madurez y veteranía que dan la sabiduría en el manejo del timón de un almirante nacido en Oviedo y criado en Gijón con el Mar Cantábrico siempre en el horizonte aunque surque todos los mares del mundo, invitándonos a compartir en la taberna otra fiesta musical.

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Grados de madurez

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Sábado 28 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”: Jorge Luis Prats (piano), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías (director). Obras de Omar Navarro, P. I. Chaikovski y J. Brahms.

Tenía varios títulos para esta entrada como “Joven madurez”, “Madurez juvenil”, “Juventud y madurez”, mezclando sustantivo y adjetivo para encontrar la forma de explicar este concierto sabatino con un frío exterior contrapuesto al calor e ímpetu de la velada, decantándome por los distintos “Grados de madurez”.
De la madurez en general tengo que hablar para comenzar diciendo que la orquesta capitalina, la Oviedo Filarmonía (OFil) que sigue sin titular, está en esa plenitud alcanzada con el tiempo, siendo las “escapadas de la zarzuela” como un estímulo, saltar del foso al escenario en busca de calidades, más con los refuerzos del CONSMUPA que ayudaron a redondear sonoridad pese a contar de nuevo con solo cuatro contrabajos aunque la tarima sirvió de amplificador; sumemos a Lucas Macías Navarro (Valverde del Camino -Huelva-, 1978), oboísta triunfal en distintas orquestas de renombre mundial y ahora director joven pero ya maduro, recientemente nombrado principal director asistente de la ópera parisina, al que le pronto le saldrán más novias a la vista de sus éxitos al comprobar cómo hizo sonar de madura a la OFil.

Madurez juvenil la del “debutanteJorge Luis Prats (Camagüey, 1956) en Oviedo, un cubano optimista que parece triunfar algo tarde (sus biografías ponen 2007 como año del despegue internacional) y del que escriben que “sus interpretaciones se basan en los sentimientos y rechazan la teoría“, si bien preferiría ambas cosas. Estoy bastante de acuerdo con “su poderosa pulsación, ataques certeros y fulmíneos, magnífico juego dinámico y su digitación” aunque lo matizaré más adelante, destacando un ímpetu casi adolescente, con todo lo que ello conlleva, contrastando con su voluminosa presencia.

La joven madurez le corresponde al pianista, compositor y director Omar Navarro (Oviedo, 1983) de quien pudimos disfrutar el estreno absoluto de Nocturno para orquesta, con el que se abría el concierto. Su coetáneo Daniel Moro Vallina explica bien en las notas al programa el influjo de la noche no solo en esta partitura, diciendo que “no se trata de un guiño al impresionismo, con su recreación de atmósferas, sino de una reflexión sobre cómo un mismo espacio cambia si se contempla desde diferentes ángulos“, aunque personalmente me evocó esa atmósfera francesa tanto de Debussy como de Ravel en la orquestación (con arpa y celesta), en las líneas melódicas o en el propio armazón de este nocturno sinfónico. Dedicado a los músicos de la orquesta que con Macías alcanzaron unas texturas claras y precisas pese a los cambios de tiempo que encajaron sin problemas, gracias a la implicación de director y orquesta en esta obra nueva que suena atemporalmente conocida, será por ese carácter noctámbulo que muchos compartimos, esperando tenga largo recorrido porque la partitura y su autor lo merecen.

El popular Concierto para piano y orquesta nº 1 en si bemol menor, op. 23 (Chaikovski) admite enfoques para todos los gustos, aunque el de Prats con la OFil y Macías no me convenció mucho, puede que por falta de claridad, excesivo ímpetu en el solista (que no es el de hace diez años), dificultades de concertación ante un rubato por momentos exagerado, si bien no puedo negarle al cubano de padres españoles su pasión algo desmesurada para esta joya de concierto con cierto poso más que reposo, porque como dice el refrán “el que tuvo retuvo“.

La poderosa pulsación no llevó pareja la exactitud en los ataques, sus dinámicas exageradas lo fueron de principio a fin, siendo más agradecidas en el Andantino semplice, con un pedal que ensució más de lo debido aunque hubiese pasajes con aciertos tímbricos, más por el balance instrumental desde el podio que por limpieza en el teclado. Domar este ímpetu juvenil a ciertas edades desde un podio respetuoso se tornó arduo, gustándome más el sonido orquestal que el pianístico, interpretado con pasión por el pianista y atención por una orquesta que intentó plegarse al solista.

Lo mejor tras el Chaikovski previo fueron las cuatro propinas de verdadero sabor latino, de nuevo por entrega más que por virtuosismo. Él mismo en una entrevista hace dos años y medio para El País decía: “yo soy un músico de la calle, pero me encanta decirlo porque, la verdad, todos a quienes admiro lo fueron. Y las raíces de toda la música que consideramos clásica, de Bach a Schubert, son populares“. Y popular en intención y tradición comenzó con su paisano Ernesto Lecuona y la conocida Siempre está en mi corazón que yo descubriese de crío cantada por Alfredo Kraus, al piano todo sentimiento, ambiente nocturno de club en la Florida del exilio, la música folclórica de ida y vuelta, sin etiquetas y directa a lo más íntimo. Ritmo innato llevando lo popular hasta la sala de conciertos como Lecuona con sus Danzas cubanas o las homónimas de Ignacio Cervantes que también están en su repertorio, caso de Los delirios de RositaEl velorio, La negra también bailaba, más la última y breve Mazurka también de Lecuona, juego con un dedo en glissandi uniendo folclore y humor en el repertorio donde mejor se mueve este juvenil cubano maduro.

Para la segunda parte Brahms y su Sinfonía nº 2 en re mayor, op 73 donde Macías sacó lo mejor de la OFil, unos violines tersos y claros, las violas con su momentos álgidos cantando varias notas de la famosa “canción de cuna” en el Allegro non troppo, los cellos con Ureña marcándose un solo también de lo más lírico, cuatro contrabajos dándolo todo en presencia y claridad, las maderas bien empastadas con intervenciones dignas de admiración y hasta los metales redondos, afinados, sin olvidarme de los timbales mandando con su precisión habitual. Los tiempos elegidos casi metronómicos en las indicaciones, sin demasía, como el Adagio non troppo sin decaer, el Allegretto grazioso (quasi Andantino) perfecto en los planos, y el potente y último Allegro con Spirito coronando una segunda de Brahms digna de las orquestas y directores grandes, y la de Oviedo lo fue este último sábado de abril.

La esperada malquerida

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Sábado 14 de abril, 20:00 horas. Teatro Campoamor, XXV Festival de Teatro Lírico Español: “La malquerida”, drama lírico en tres actos con música y libreto de Manuel Penella (basado en la obra teatral de Jacinto Benavente, estrenada el 12 de abril de 1935 en el Teatro Victoria de Barcelona; segunda representación).

Tercer título de la temporada de zarzuela ovetense y segunda función en el aniversario de la República, con aforo completo volviendo a clamar por más (mejor que seguir pateando escuchar hablar en asturiano alimentando estériles polémicas) ante la gran demanda que no pudo ser cubierta, dejando fuera muchos aficionados, incluso de fuera de Asturias, para asistir a la primera representación en el Campoamor de esta joya del maestro Manuel Penella Moreno (1880-1939) sobre la homónima del Nóbel Jacinto Benavente que ha dormido un sueño injusto hasta el reciente despertar en los Teatros del Canal, coproducción con el Palau de le Arts de Valencia este montaje del siglo XXI.

Además del merecido homenaje a los artífices musicales y una escenografía que también lo rinde desde el recuerdo mexicano que ha mantenido esta malquerida como se merece, esta zarzuela llegaba a Oviedo con el elenco madrileño de los papeles principales (Cristina Faust, César San Martín, Sonia de Munck, Sandra Ferrández o el maestro Manuel Coves) sumándose nuevos como Juanma Cifuentes y algunos de la tierra caso del tenor Alejandro Roy, la contralto Yolanda Secades, el actor José Antonio Lobato más la universal, recordada y querida María Garralón, junto a la Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” y la Oviedo Filarmonía, redondeando esta recuperación muy esperada por los aficionados.

Auténtico “obrón” desgarrador que resulta más teatro musical que drama rural, como se ha etiquetado, y en la estela del Curro Vargas de Chapí, básicamente por la cantidad de texto hablado que obliga a los cantantes a un esfuerzo extra para no perder la colocación de su voz y mantener una emisión correcta, así como a memorizar e interpretar largas parrafadas no siempre con la unidad y credibilidad exigida a los actores profesionales que se mueven mejor en este terreno, aunque les perdonemos esos mínimos errores a algunos cantantes.

En vez de rondalla, estudiantina o incluso Tuna, se incorporaba sin aportar nada a la obra un inicial mariachi que resultó flojo nada más levantarse el telón en otro homenaje al propio Penella con un fragmento de “Las mañanitas” de Don Gil de Alcalá en la primera aparición de Alejandro Roy, que iría haciendo “cameos” siempre exigentes a lo largo de los tres actos, y que tras dejar solos a estos asturmexicanos del Mariachi Hispanoamérica especialista en “bolos” varios, el desafine del solista y guitarrón apuró la salida de escena. Algo mejor junto a la orquesta en foso y la excelente Sandra Ferrández en las “Coplas del Sacristán”, la romanza de Rita en uno los pocos momentos donde liberar la tensión dramática, bien avanzado  el acto II, así como Juanma Cifuentes, un Rufino bonachón algo sobreactuado y marcando acento mexicano pero convincente, siendo ambos muy aplaudidos.

El maestro valenciano fue un gran compositor y digno representante de nuestro género que nació en una verdadera estirpe de artistas con música en las venas (hijo de Manuel Penella Raga), conocedor del verismo italiano con el que podemos establecer algún paralelismo en esta malquerida, excelente orquestador con buenos preludios necesarios para armar la obra (donde la OFil y Coves como responsable final, brillaron con luz propia), dominio de la carga dramática aunque esta última zarzuela no sea de las mejores suyas, preparando una obra con todos los ingredientes exigidos a la clasificada como “grande”: romanzas, dúos, coro simbolizando al pueblo (otro éxito de Pablo Moras al frente de la formación titular en el festival, hoy más ellas que ellos), protagonismo en las voces de registro grave y diríamos más naturales, mezzo y barítono, papeles como si del cine se tratase junto a la soprano coprotagonista y malquerida como canta la copla a lo largo de la obra (“el que quiera a la del Soto / tiene la pena de la vida / por quererla quien la quiere / le dicen la malquerida”), que vamos descubriendo con el avance de la trama. Zarzuela bien escrita que trata bien todas las voces pero faltando ese número de calidad excepcional que la hubiese encaramado a una popularidad perdida como la propia obra. Tampoco ayuda su excesiva duración con un último acto de texto abundante que puede ser la causa de su olvido aunque siga aplaudiendo que se recuperen obras con esta dignidad.

Destacar la excelente Raimunda de la mezzo Cristina Faus, exigente de principio a fin dominando un rol que ha hecho suyo con un trabajo completo de amplios registros muy homogéneos. Otro sinónimo de calidad lo puso la soprano Sonia de Munck dibujando una Acacia que gana enteros y “maldad” a lo largo de los tres actos, con agudos potentes y afinados sumando la parte de actriz todavía más exigente si cabe que la lírica, para redondear un papel de joven por la que no parecen pasar los años. El barítono César San Martín sigue cautivando por su voz redonda y rotunda pero quedó algo soso pese a tener el papel ideal de los grandes por su poca credibilidad como actor, así como el añadido de la romanza de “Curro Gallardo” A verla voy… para completar su parte vocal.

Con ganas de más papel el secundario Norberto de nuestro tenor Alejandro Roy, siempre poderoso en estos roles como el ya recordado Curro Vargas que parecen buscarlo ante la ausencia de voces tan peculiares como la suya. Y otro aplauso para el nuevo papel principal de la contralto Yolanda Secades como Mercedes, que desde el coro da el paso adelante para completar un reparto vocal de primera para esta zarzuela dura donde las haya, complemento vocal y actoral de Acacia en perfecto empaste y réplicas.

De los actores solo aplausos comenzando por la excelente criada Juliana de María Garralón, un lujo sobre las tablas, y El Rubio de nuestro Lobato que no desaprovechó este “caramelo” de malo aún más que el Esteban “blandito” o el mínimo Faustino.

Ya destacada anteriormente la orquesta y coro titulares de este segundo festival español de zarzuela, que debemos seguir defendiendo de los tiburones, y quiero citar también el vestuario de Gabriela Salaverri, muy cuidado aunque algunos atuendos mexicanos de las chicas parecían reciclados de El Cantor, y bien por Emilio López que acertó con la ambientación y un escenario circular capaz de trasladar cada cuadro a una elegante hacienda mexicana digna de un plató de cine con “El Indio” Fernández también recordado en este exilio y muerte del Maestro Penella.

Verbena de segunda juventud

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Sábado 10 de marzo, 20:00 horas. Teatro Campoamor, XXV Festival de Teatro Lírico Español: La verbena de la paloma, pensión completa (música de Tomás Bretón, libreto de Ricardo de la Vega, versión de Maxi Rodríguez). Nueva producción de la Fundación Municipal de Cultura (Teatro Campoamor).

Con un mar de dudas ante la noticia de la fusión por decreto del Teatro Real y de la Zarzuela madrileños, que espero no empeore el estado musical ni sirva de ejemplo para otros “ideólogos”, llegaba a Oviedo una de nuestras obras más representativas estrenada en 1894 y que en 2018 necesitaba actualizarse sin perder la esencia del sainete, esta verbena de Bretón que llenaría las dos funciones (no hace mucho teníamos cuatro) que antes de levantarse el telón ya concitaba recelos además de continuar la división de opiniones ante el anuncio en asturiano por megafonía que comienza a ser cansino y dejaré de comentar, si bien he detectado ambientes distintos en cada función.

La representación estuvo dedicada a la soprano tinerfeña María Orán fallecida este sábado y que tantas veces actuó sobre este escenario así como en la Filarmónica de Mieres allá por 1971 con la pianista Ana Mª Gorostiaga a quienes recordaba precisamente el pasado verano.
Llevo comentando hace tiempo lo preocupante que resulta en una producción lírica, ópera, zarzuela y opereta, que se escriba más de la escena que de la música, así que comenzaré por ella y terminaré con aquélla, pues sin los pentagramas solo quedaría teatro.

Con ligeros retoques de la letra en romanzas puntuales para una actualización que no cambia espíritu ni esencia, y alguno más para los textos hablados (Julián tiene familia, ahora especificada en hijos y nietos, unido a los lógicos del ambiente en “La Paloma Resort” para la segunda juventud, un guiño a parte de un público entrado en años), el elenco de voces estuvo a la altura de esta verbena, no ya lo cantado sino en todo lo hablado que es mucho, así que la actuación global fue de primera, comenzando por Don Hilarión interpretado por el barítono madrileño Enrique Baquerizo, siendo de agradecer su entonación, emisión y presencia en un personaje que años atrás era un cómico que cantase mientras ahora es a la inversa. Lo mismo puedo aplicar al Don Sebastián del tenor zamorano Emilio Sánchez aunque el peso musical sea menor, algo apurados para encajar el conocido dúo inicial Hoy las ciencias adelantan.

Continuando con el reparto vocal debo citar a la mezzo Marina Pardo como “Rita la Cantaora”, espléndido doble rol con la soleá En Chiclana me crié… acompañada por un virtuoso dúo ruso de violín y piano (Miljin con Bezrodny) que encumbró aún más su voz. Otro conocido de la afición, el barítono coruñés Javier Franco encarnó al Julián celoso porque los sentimientos no cambian con el tiempo, entregado, de voz poderosa que pierde algo de brillo con los años, por otra parte los representados en esta “pensión completa”.
Una rubia y una morena siguen escoltando a Julián, La Casta una mezzo habitual de casa, Mª José Suárez siempre solvente, y La Susana de la soprano valenciana Amparo Navarro que nos deleitó en el famoso dúo con Julián Dónde vas con mantón de Manila reposado y empastado desde el dominio de su breve papel cantado.
Del amplio reparto actoral tan necesario en la zarzuela y que es una de las causas por las que no es exportable del todo al resto del mundo, comenzar con la simpática Tía Antonia de Amelia Font aún con la etiqueta de soprano cómica, o Antón Caamaño como Manolo junto a Roca Suárez haciendo un gallego inspector del Imserso que sustituye a la autoridad del sereno, a Fernando Marrot completando partida de naipes con otros dos actores de casa, así como la bailarina y “animadora” mierense Estrella García, junto al vigilante jurado, en vez de sereno, o un salvavidas en la piscina con pito incluido.

Dos integrantes del coro como Yolanda Secades y Cristóbal Blanco tuvieron nuevamente sus seguras y convincentes intervenciones solistas, convertidos en pareja de enfermería y completando un reparto vocal equilibrado al que la Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo”, que dirige Pablo Moras, sigue sumando enteros en este festival, además de excelentes figurantes en escena con de presencia vocal esta vez más que sobrada en todas las cuerdas en los conocidos Por ser la Virgen de la Paloma.

La Oviedo Filarmonía (OFil) esta vez desde un foso convertido en piscina con azulejillos y escalera, volvía a ser la orquesta ideal desde el Preludio hasta el bis de las seguidillas para un repertorio que es suyo desde su fundación en 1999, y el maestro mallorquín José María Moreno al frente el seguro de concertación con la escena en los doce números musicales donde llevó la partitura con los aires y dinámicas perfectas para una representación cómoda que se hizo corta para el respetable. La OFil sigue sin titular y supongo que los responsables de la misma estén tomando nota de las batutas que están situándose en el podio carbayón.

Como “novedad” esperada en una actualización de organillo verbenero y chulapón ya la preparó Marina Bollaín hace años editando un DVD donde participaron muchas de las voces presentes en Oviedo, colocando La Bomba de King África o posteriormente el Waka waka en otra fiesta callejera (Noche de verano en la verbena de la Paloma) con butanero, peluquera y chiringuito que en Madrid resultó como aquí, división de opiniones entre público y crítica (!). En Oviedo Maxi Rodríguez optó para La Atracción por nuestro paisano Rodrigo Cuevas, autoproclamado Artista total, cantando con “amplificación de hotel” y tocando el acordeón en unos temas bailables propios con letras relacionadas, a excepción de Los pajaritos de Mª Jesús que no podían faltar estando Benidorm y los jubilados como protagonistas de esta peculiar verbena.

Y la recreación, revisión o cambio de escenario para un argumento atemporal de amoríos y celos, partidas de cartas, cotilleos de barrio y la fiesta en el ADN español, solo actualiza intereses. Antes se buscaba “cazar” al rico y ahora sumar pensiones, crítica de sainete y tercera edad ahora denominada segunda juventud con la Costa Blanca destino de tantas familias a lo largo de los últimos 50 años, Balnearios llamados Resorts por anglicismos de moda y los eufemismos cada vez más ridículos, pero Ricardo de la Vega es del siglo XIX y Maxi Rodríguez del XXI, sin complejos desde el respeto a esta joya del llamado género chico.
Basta leer la prensa y ver que la juventud de Mayo del 68 son los pensionistas que ahora protestan por la ridícula subida del 0’25%, los achaques son intrínsecos, el ventolín imprescindible, la limonada está pasa de moda y la media de edad en el Campoamor similar a la representada sobre el escenario. El colorido del decorado, vestuario o luces sigue paralelo al de esta música que en mi juventud sonaba por doquier siendo tan popular como Paula Rojo ahora, así que apostemos por actualizaciones respetuosas que intentan mantener viva una música condenada a morir de seguir sin educación ni presupuestos. Qué bueno sería estrenar zarzuelas que duermen olvidadas en cajones o sin representarse hace lustros, pero “el maldito parné” siempre problemático es el causante de dramas en mayor o menor escala. Al menos las zarzuelas conocidas no suelen fallar las vistamos como sea, y otras van reapareciendo, como La Malqueridaque será el siguiente título de un festival que cumple sus Bodas de Plata.

Contra los imprevistos siempre Verdi

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Sábado 24 de febrero, 20:00 horas. Oviedo, Conciertos del Auditorio: Olga Peretyatko-Mariotti (soprano), Luca Salsi (barítono), Oviedo Filarmonía, Tung-Chieh Chuang (director). Extractos de óperas de Mozart, Mascagni y Verdi.

Con expectación esperábamos en Oviedo, capital operística con solera, a la soprano rusa Olga Peretyatko, añadiendo el apellido Mariotti por matrimonio con Michele Mariotti en otra pareja para la historia de la lírica entre diva y director. En el concierto del sábado compartiría programa con el barítono Thomas Hampson pero a mediados de semana nos encontrábamos el aviso de cancelación aquejado de una insuficiencia respiratoria con el obligado cambio de obras y la búsqueda de otro barítono que pudiese afrontar con solvencia este duelo con la nueva diva rusa que desde ahora habrá que llamar como las estrellas con artículo delante, “La Peretyatko” (pues La Netrebko sigue siendo única), encontrándose los organizadores con el italiano Luca Salsi recién finalizada su participación en el Trovatore del MET ( hace pocos años también le tocó sustituir a última hora a Plácido Domingo) antes de volver en abril con Lucía y tras el recital del pasado domingo 18 en la Opera Naples que tiene a nuestro Ramón Tebar de director artístico (también pianista) en esta ciudad en el suroeste de Florida.

El barítono se sumó rápidamente a los ensayos con la Oviedo Filarmonía bajo la batuta del joven director taiwanés Tung-Chieh Chuang, auténtico responsable musical del concierto, agradeciéndoseles a todos por megafonía esta buena predisposición para luchar contra los imponderables, volviendo a realizar cambios en el añadido para la velada sabatina.

Bautizada por la prensa musical como “La dama rusa del bel canto”, a la soprano rusa no le escuchamos nada de Rossini y prefirió para Oviedo cantar un poco de Mozart que siempre es mucho, y mucho Verdi que no es poco, junto al barítono italiano que sería padre político, biológico e incluso amante a lo largo de esta selección de óperas en el formato habitual de un aria y un dúo, semiescenificados, y dos más uno tras el descanso, sin faltar oberturas e intermedios amén de las esperadas y ensayadas propinas. Pero quien se merece un aplauso enorme de admiración y trabajo es el talentoso director taiwanés Tung-Chieh Chuang, premiado en el concurso para jóvenes directores Malko de la capital danesa en su edición del 2015, lo que le abrió más puertas, demostrando ser un maestro de la concertación con cantantes, mimándoles en las dinámicas y tempi, con gesto claro y preciso para la orquesta, la Oviedo Filarmonía, a la que se le notó cómoda pese a las premuras e inconvenientes surgidos.

Con Mozart tocó abrir (y casi cerrar) velada con Le nozze di Fígaro, primero la obertura ágil, rotunda y precisa antes de la aparición de la Condesa con Dove sono i bei momenti, recién estrenada en el repertorio de la rusa que puede con el aria pero aún le falta rodarla, demasiado sobria y falta de sentimiento.
Debería haber seguido Mascagni y su bellísimo además de delicado Intermezzo de “Cavalleria rusticana” que la orquesta ovetense (con Marina Gurdzhiya nuevamente de concertino) ya ha interpretado en conciertos similares y el maestro Chuang volvió a sacar lo mejor de ella. La Julieta de Gounod se cayó del programa, supongo que por mantener “cuotas de intervención”, así que…

… rompiendo también esa unidad argumental se adelantó la salida de Luca Salsi para comenzar con Verdi y La Traviata, la famosa aria de Giorgio Germont Di Provenza il mar, il suol que pienso le pilló un tanto frío, sobrado de potencia que puede llegar a variar por momentos la perfecta afinación. Y mucho mejor el dúo con su “nuera” Madamigella  Valery? donde empastaron perfectamente, moviéndose a la izquierda del podio casi peligrando la batuta del taiwanés, creíbles vocalmente y mimados en las dinámicas por Tung-Chieh Chuang y una orquesta ideal en estas partituras. Faltó la Violeta perdida (aunque sí el público aplaudiendo el dúo antes del “sacrificio”), nada abandonada sino felizmente encontrada por un Germont padre todo poderoso y generoso con la descarriada que tiene hace ya años en su repertorio.

Tras el descanso más Verdi, auténtico protagonista, impecable obertura de “La forza del destino”, digna página de conciertos sinfónicos (junto a las anteriores de Mozart y Mascagni) para una orquesta muy centrada y eficaz pese a los imprevistos. Cambiando de rol y de vestido (oro en la primera y rojo en la segunda ) inició la soprano rusa su segunda aria en solitario con Mercè, dilette amiche, el bolero de Hèléne (“Les vèpres siciliennes”) que aún necesita maduración y reposo pese a los años que lleva en su repertorio, tal vez el aire sea el de su Carmen pensada pero los graves deberán ganar redondez y volumen igualando colores demasiado contrastados todavía.

El italiano Salsi además de complemento masculino y paternal como Giorgio Germont nos regaló un entregado Macbeth Pietà, rispetto, onore que nos supo a poco, voz pletórica y rotunda, más contenido que de suegro y centrado en esta su segunda aria antes de pasar al padre jorobado con esos roles del genio de Busseto que exprimen todas las cuerdas para perfilar cada cantante su propio personaje.

La Peretyatko tiene igualmente bien estudiada y cantada la Gilda de “Rigoletto” aunque su Gualtier Maldé!… Caro nome con excesiva pirotecnia vocal en su última aria en solitario, tercera de la noche, resultó muy personal pero poco precisa aunque entregada en volúmenes para los agudos, antes del final con su “padre” Salsi, primero el Cortigiani vil razza dannata reválida de todo barítono que el italiano defendió con vehemencia, credibilidad (encorvándose además de cojear) y volumen, más el dúo paternofilial Tutte le feste al templo donde la soprano estuvo algo tapada por el barítono mientras Tung-Chieh Chuang no tuvo contemplaciones dinámicas con una orquesta madura.

Aplauso enorme para el barítono por lo que supuso esta sustitución de última hora que no decepcionó a nadie y se adaptó a las circunstancias, más los bravos para la prometedora diva rusa que aún sigue en ascenso para poder mejorar Verdi tras encandilar con Rossini, ausente en Oviedo. Personalmente su color vocal puede ser mozartiano y hasta creerme que los años la lleven por estos repertorios, es cuestión de esperar y elegir.
Ante el éxito nada menos que tres propinas: la Bess rusa del Summertime (Gershwin) que figuraba en el primer programa aunque ella prefiriese darnos sorpresso, sin poso en el grave, muy plana pese a sus agudos pero de lo más comercial. Como Zerlina llamaría al conquistador italiano para “darse la mano” y marcharse lentamente con Mozart (Là ci darem la mano), un Salsi poliédrico pasando este sábado de suegro a padre y finalmente Don Juan con la Peretyatko menos “Verdi” con Wolfgy en feliz dúo.

Mozart es mucha ópera y hubiese sido el final ideal, pero sin más papeles preparados y para regocijo del respetable quedaría organizarse un poco con unos desconcertados músicos y director para bisar los compases últimos del dúo Todos los días de fiesta con Verdi, y Oviedo volvió a disfrutar de la ópera aunque sea en concierto.

P. D.: reseña en La Nueva España de este domingo 25 y crítica del lunes 26 edición digital solo para suscriptores, adjunto foto:

El candor de México

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XXV Festival de Teatro Lírico Español, Teatro Campoamor, Oviedo: 15 y 17 de febrero, 20:00 horas. El Cantor de México, opereta en dos actos con música de Francis López y libreto de F. Gandera y R. Vincy en versión libre de Emilio Sagi. Fotos ©Teatro de la Zarzuela y ©PabloSiana. Entrada butaca: 40 € – Abono de principal para los cuatro títulos: 90 €.

Celebrando las bodas de plata de la zarzuela en Oviedo con una opereta, como el Carnaval en plena Cuaresma (también lo hacen) o programar El Rey León en la temporada de ópera (que espero no la toquen), pero todo sea por la música sin etiquetas aunque se queden cortas las dos funciones a la vista de la entrada registrada (lleno la segunda), sin entrar en los pateos a la megafonía en asturiano que siguen confrontando a una sociedad dividida por los políticos (más en la primera como parece ya normal), responsables de recortar incluso en inteligencia.

El éxito “almibarado” del pasado mes de octubre cosechado por El Cantor de México en el Teatro de la Zarzuela madrileño, coproductor junto a la Opéra de Lausanne el pasado tras el bombazo de su reestreno parisino, unido a la excelente campaña mediática y la presencia de Rossy de Palma parece ser el mejor reclamo para traer a Oviedo este título creado para el recordado Luis Mariano que los de mi época y nuestros mayores recordamos más por la película que por la propia opereta, traducida libremente por Enrique de Viana cambiándole la letra incluso a la conocida Ruiseñor que todos recordamos.

Lo mejor de todo el entretenimiento en sí y las músicas pegadizas con buenos arreglos e instrumentación ideal donde no faltó una excelente percusión de jazz junto a la guitarra eléctrica de caja (Juan Carlos Pizarro) o el acordeón (Norberto Magín) para una Oviedo Filarmonía con Óliver Díaz al frente, al igual que en la capital, y Marina Gurdzhiya de concertino, que realmente sonó de cine, mimando a las voces sin amplificar que no fueron, salvo el Bilou de Manel Esteve, los Vicente Etxebar y Cricri del primer reparto madrileño (José Luis Sola y Sonia de Munck) sino los segundos, algo que me temía al leer el avance tardío de los títulos donde se indicaba “entre otros” evitando citar el elenco ovetense (el argentino Emmanuel Faraldo y la catalana Sylvia Parejo, mejor ésta que aquél que mejoraron el sábado), y los actores que incluso cantan, como es de esperar en ellos y sí fueron los mismos de Madrid: Eva Marshal – Coronela Tornada por Rossy de Palma mal porque así se lo exige el guión, un buen Riccardo Cartoni por el barítono Luis Álvarez, y la excelente Ana Goya como la Señorita Cécile sin olvidarme del asturiano César Sánchez como Boucher más el resto del elenco de casa (Cristóbal Blanco de figurante junto al pianista Julio César Picos Sol en escena).

No quiero olvidarme en esta opereta del buenísimo cuerpo de baile con la coreografía de Nuria Castejón, elegantes en todas sus intervenciones, tanto en “Acapulco” como en la colorida y popular “fiesta del tequila“, además de complementar una figuración donde el vestuario de la argentina Renata Schussheim ayudó al colorido y ambientación diseñado por Daniel Bianco.

El coro sigue siendo el de casa, una Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo dirigida por Pablo Moras que no solo cantan y bien (México sin ellos hubiera sido otro como el tequila) sino que completan una puesta en escena abigarrada por momentos buscados pero siempre colorida (bien las chicas y sobresaliente el desparpajo masculino sin reparos por el vestuario para el “coro de las mujeres soldados”), mejorando en el segundo acto por el rodaje de la primera función y el entendimiento entre foso y escena.

Mejor la parte hablada que la cantada, lógico por los actores con una Rossy realmente “diva”, morcillas asturianas naturales (calla fata, cómo ye ho!? Préstame mucho) y los ya citados Luis Álvarez y Ana Goya, aunque sus textos a menudo resultan “forzadas” y algo chabacanos al igual que estereotipados (pero simpáticas y creíbles las Lupita y María de las vascas Maribel Salas y Nagore Navarro).

Del trío protagonista destacó el Bilou del barítono Manel Esteve, tanto en sus solos (Soy el mejor premonitorio, El tequila y sobre todo el Guarrimba, dios inmortal con el coro) como en el famoso dúo con Vicente Dos amigos así, y el trío al que se suma Cricri, dando cuerpo a los mismos unido a una actuación convincente.

La Cricri de la actriz y cantante Sylvia Parejo fue de menos a más en las dos representaciones, en emisión hablada y cantada con el mismo color vocal (siempre de agradecer) mejor sus Vals del segundo que En Montmartre yo nací, siempre con el foso a su servicio, mientras que el Vicente de Faraldo no es el de Solani tampoco el “francés” de Ismael Jordi, recayendo en él las canciones más conocidas de la opereta. Ninguno tiende a imitar a Luis Mariano pero está claro que el argentino, dotado de un excelente fiato y unos agudos ideales, carece de uniformidad dinámica, afinación y proyección adecuada pese al mimo orquestal,  que la cantada. Infame jueves aunque mejoría sabatina del bello y conocido “Acapulco” (El azul del mar en su esplendor), pobre su canción vasca Allá en el sur de Francia, algo mejor el final de Maitetxu, quién supiera cantar y cortos Ruiseñor y el archiconocido “Méxiiiiiico” que además se repite al acabar el primer acto y en un fin de fiesta que hasta el público invitado canta en el bis final, por cierto más entregado el carnavalesco sábado carbayón, aplaudiendo casi todos los números. Puedo asegurar que había varios amigos tunos el jueves capaces de mejorarlo.

Finalmente un verdadero espectáculo de luz (Eduardo Bravo) y tormenta de color incluyendo el vestuario. El fenomenal libro de la producción madrileña decía en su presentación:

La producción (…) muestra un escenario fantástico, al más puro estilo kitsch, donde se recrea un mundo tropical, sofisticado, en tecnicolor como corresponde a ese tipo de cine que persigue el gran espectáculo y que es precisamente el universo en el que se suceden todas las
tramas de la historia (…) repleta de situaciones cómicas entre elementos del folclore mexicano; llena de grandes flores y frutas, de colores necesariamente llamativos y, sobre todo, de buena música (…) también colorista (…) llena de influencias norteamericanas e hispanoamericanas que a partir de los «locos años 20» del siglo pasado habían ido llegando a la capital francesa. Charlestón, swing, mambo, bolero, una inusitada variedad de estilos que a lo largo del espectáculo obligan a la orquesta a transformarse en una banda de jazz, un
grupo de mariachis o una agrupación de bolero (…) con Emilio Sagi como director de escena, el espectáculo regala al espectador una gran fuerza visual. El responsable de la magia es aquel mismo equipo artístico que en 2006 Jean-Luc Choplin llamó para recuperar con clamoroso éxito (dos meses en cartel) la obra de Lopez en el escenario de París que cincuenta y cinco años antes la había visto nacer (…) en una nueva versión en castellano del propio
Emilio Sagi. Otro evidente atractivo de esta producción (…) es el hecho de contar con actores carismáticos como Rossy de Palma, que interpreta a una vedete muy particular, y con un meticuloso reparto de cantantes que sin duda darán vida de la forma más congruente y divertida a los personajes de esta colorida y divertida historia de cine y opereta
“.

Mi amigo eMe quien me regaló la entrada del jueves y con quien comparto muchas cosas, resumió esta opereta como “UN «CANTOR» DESCAFEINADO… brillantemente servido sobre un mantel de vivos colores pero desteñido por un  humor ramplón y cantantes solistas de escuálido grano“. Lástima no estuviese este sábado…

Pues eso, música excelente con el Maestro Díaz dominado partitura de principio a fin con luz y color como las calas gigantescas verdaderas joyas falleras, la logradísima doble luna llena con balustrada y un mar plateado, los platós de rodaje, los espejos rodando o los movimientos escénicos entre París y México bien organizados aunque por momentos excesivos y así buscados, pero donde fallaron las voces, mientras Sagi sigue triunfando en su Oviedo junto al tándem astur-argentino de Díaz-Bianco, actuales responsables del Teatro de la Zarzuela de Madrid, del que espero nos traigan en 2019 su Maruxa revisada al XXVI Festival de Teatro Lírico Español, e incluso La Tempestad ¡qué elenco han contratado! pero supongo dependamos del ¿criterio? del tripartito y de sus “intereses”.

Aunque de esta temporada que celebra las “Bodas de Plata” todavía nos quedan tres títulos con dos representaciones cada uno que iremos contando desde aquí, si el tiempo y los políticos no nos lo impiden.
P. D.: Reseña previa de Ramón Avello para El Comercio y críticas de la primera función más la de Elena Fdez. Pello en La Nueva España; Nuria Blanco en Codalario,

¡Qué padre!

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Viernes 10 de noviembre, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Javier Camarena (tenor), Guadalupe Paz (mezzosoprano), Oviedo Filarmonía, Iván López-Reynoso (director). Arias y dúos de ópera.

La Academia Mexicana de la Lengua define la expresión, derivada del español, padre ‘muy grande’, adjetivo que significa muy bueno, muy bonito, estupendo, admirable (por ejemplo, esa muchacha está padre). Se usa también en aumentativo: padrísimo, padrísima. Personalmente la escuché a nuestra “hija mexicana” tras una ruta asturiana donde no faltó la gastronomía con ese significado de “qué bueno” y así quería titular esta entrada donde mi “México lindo y querido” hermano tuvo todo el protagonismo lírico de este viernes que recordaremos todos los aficionados a la ópera, que en Asturias somos muchos, rendidos ante un espectáculo de buen hacer.

Trío de artistas mejicanos encabezado por el tenor del momento, un Javier Camarena de canto natural y espontáneo en todo lo que hace, pareciendo fácil lo difícil, además de emocionarnos, empatizar, disfrutar de nuestra tierra y desplegar una línea vocal que todavía le dará muchos más éxitos en una carrera a la que no vislumbramos punto final. Con él una mezzo de las que hay pocas en la actualidad como Guadalupe Paz, de registro amplio y homogéneo, bello, carnoso con una musicalidad notable; y el director Iván López-Reynoso que completó una velada irrepetible, sacando de la Oviedo Filarmonía todas sus cualidades demostradas hace tiempo en el foso del Campoamor elevándolas al auditorio, con entendimiento total, tanto en las oberturas como en los dúos y arias de sus compatriotas (algo tiene México para las voces), sonoridades redondas, dinámicas amplias adecuadas a los cantantes, y una plantilla levemente reforzada que redondeó una velada musical de altura hasta las once de la noche.

La primera parte trajo el belcantismo en estado puro donde el xalapeño Camarena es reconocido mundialmente, comenzando con Donizetti y la obertura de su “Anna Bolena” o el Povero Ernesto… Cercherò lontana terra… de “Don Pasquale“, destacando con el trompeta solista, y antes un Bellini igualmente presente en el entregado Romeo È serbato questo acciato de “I Capuleti e i Montecchi“, y por supuesto el irrepetible Rossini cambiando al conde Ory por el Ramiro de “La Cenerentola” previsto para cerrar de agilidades impecables, limpias, cantando mentalmente un coro que hubiera sido completar espectáculo, pero dejando de final su aclamada “Aria de los 9 do de pecho“, Ah! mes amis de “La hija del regimiento” para éxtasis de los aficionados en un francés perfecto. Intentar expresar con palabras lo escuchado en el auditorio ovetense es difícil porque cada aria en la voz de Camarena es un placer auditivo y una lección de canto, sutileza, musicalidad, seguridad total, estando arropado por una orquesta plegada al tenor donde el director de Guanajuato se mostró dominador del siempre difícil arte de la concertación amén de captar la intención de cada compositor, dejándonos una obertura de Il turco in Italia excelente. De las calidades y cualidades del tenor remito a las notas al programa “Cita con el bel canto” de mi tocayo Meléndez-Haddad buen conocedor de la trayectoria del mejicano al que ha disfrutado muchas veces en distintos escenarios mundiales.

Pero no me olvido de “Lupita tijuanense” porque Guadalupe Paz me sorprendió gratamente desde su primera aria de “La donna del lagoTanti affetti in tal momento… Pra il padre rotunda y bien cantada así como el dúo semiactuado con “Ramiro” Camarena Tutto è deserto… Un soave non so che de la Cenicienta rossiniana arrebatadora desde la inocencia de un rol difícil de cantar como lo hizo la mezzo mejicana.

Tras la generosidad vocal de la primera, la segunda parte aún resultaría más pletórica si cabe abordando distintos páginas grandiosas de la ópera por parte de todos los intérpretes, con la sabrosa pincelada donizettiana del dúo de “Maria Stuardo” Era d’amor l’immagine

El francés Berlioz y su obertura op. 21 Le corsaire ágil, limpia y contrastada por la OFil con López-Reynoso prepararon el ambiente para el “Werther” de Massenet con Guadalupe Paz interpretando la conocida aria de las cartas Qui m’aurait dit la place… y Javier Camarena un Pourquoi me réveiller que me hizo reencontrarme con una línea de canto única casi olvidada, matizada, bien fraseada y la sensación de plenitud sin arrogancias ni esfuerzo aparente. Dos números grandiosos antes del encuentro verdiano.
La obertura de “Nabucco” resultó gratificante en su interpretación bien dibujada por el maestro mejicano y respondida al detalle por los músicos de la filarmónica local, todas las secciones bien ensambladas destacando unos trombones orgánicos y una cuerda tersa, presente y clara antes de llegar al “fin de fiesta” de Camarena y Paz para deleitarse. El “duque de Xalapa” nos dejó un Ella mi fu rapita!… Parmi veder la lagrime emocionante, arropado por una dirección orquestal a su altura, como si el tenor descubriese un registro dramático sin perder lirismo, redondeado y cómodo, un “Rigoletto” esperado en la escena con reparto a la altura del mejicano.

Lupita Paz no quiso quedarse atrás en el festín verdiano, del verde inicial al rojo pasión, colores de su bandera junto al blanco para una Princesa de Éboli tan hispana en el “Don Carlos” francés con su aria Nei giardin del bello exigente y agradecida, giros casi flamencos de espíritu, recreándose en agudos del mismo color que los graves en esta “Chavela operística” para descubrir excelencias que por estos lares también triunfan. Quedaba el remate de Javier Germont o Alfredo Camarena, “La Traviata” querida con la bellísima aria Lunga da lei… cantada de nuevo con colores intensos y fraseos impecables, sentimiento en un personaje que le viene al tenor en un momento dulce de su carrera llevado en volandas por una orquesta también madura bajo la batuta de una realidad como el maestro mejicano.

Habría más regalos en esta fiesta, tricolor también por las obras y compositores elegidos aunque como bien decía el tenor “podría empezar de nuevo” aunque no traía rancheras, tal era su satisfacción tras dos horas largas de exigencias para todos, pues no debemos olvidar que estos recitales resultan más duros que una ópera completa.

El Danzón nº 2 de Arturo Márquez entendido por López-Reynoso desde su propia tierra y compatriota, el ritmo y tempo exacto de un auténtico danzón sin exageraciones, con la orquesta (a la que se sumó percusión y piano) traduciendo el magisterio del folklore llevado a la sala de conciertos. Y mi siempre recordada leonesa (de Guanajuato) María Joaquina de la Portilla Torres, hija de padre español y madre mejicana, conocida artísticamente como María Grever, una embajadora de nuestro idioma en los EE.UU. con un método “Aprenda usted español con el bolero“, emigrada y afincada en Nueva York, excelente compositora de melodías inolvidables, eternas porque la buena música no entiende de etiquetas y menos para omnívoros como un servidor, incluso cuando las interpretan voces como Camarena y Paz en arreglos orquestales que elevan aún más la calidad de su compatriota.

Primero el tenor sin pirotecnicas vocales y sentimiento patrio lleno de musicalidad innata con Alma mía, inmortalizada en su momento por José Mojica y que no hubiera importado amplificar como hacen en este género pero defendido por todos sobre el escenario, acallando estornudos aunque sin evitar la huída de un público cuyo reloj parece lanzarlo fuera de la sala antes de disfrutar los obsequios (me parece una falta total de educación). Y Júrame a dúo con Guadalupe pusieron las once campanadas de un año lírico con estrellas en el firmamento de este Oviedo al que sigo llamando “La Viena del Norte” español por la calidad y oferta que la crisis no ha recortado con el esfuerzo de todos. Camarena eclipsó y no decepcionó pero no se olviden de Lupita e Iván.

P. D.: Imposible sacarse una foto con Javier pese a las peticiones del “Cenáculo musical” de ambos lados del Charco, especialmente de Santo Domingo (besos para Catana y Ana María) o de “nuestras operísticas” Margarita Mitrov y Rosa Ulacia. Sirva esta crónica con fotos para acercarnos aún más.

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