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Programa para celebrar 20 años

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Oviedo sigue siendo “La Viena del Norte” español, y los Conciertos del Auditorio junto a las Jornadas de Piano “Luis G. Iberni” llegan a sus veinte años con una programación muy completa que hará las delicias de todos los melómanos no solo asturianos sino de los muchos que acuden a la capital del Principado ante su excelencia musical que también tiene una Primavera Barroca camino de los seis años, más ópera y zarzuela en su amplia oferta junto a un festival de verano próximo a comenzar que busca también un hueco estival en los museos arqueológico y de Bellas Artes, incluso un concierto de órgano en La Corte, todo citas para apuntar en las agendas.

De los pianistas que siguen sumando a la amplia nómina que Oviedo ha tenido siempre a lo largo de su dilatada historia, para la temporada extraordinaria de los 20 años las jornadas que llevan el nombre de nuestro recordado Luis Iberni contaremos con la donostiarra Judith Jáuregui que continúa asentando una carrera internacional de primera sin olvidarse de nuestra tierra que lleva visitando hace años en distintos ciclos, abriendo las jornadas con el Cuarteto Singnum en noviembre, continuando con Piotr Anderszewski, el surcoreano Kun-Woo Paik con la Oviedo Filarmonía (OFil), orquesta residente del ciclo, un marzo con el siempre esperado San Sokolov en solitario o Daniil Trifonov nada menos que con la orquesta del Mariinski de San Petersbrugo y Valeri Giergiev a la “batuta”, para ir avanzando primavera con Javier Perianes en solitario, otro pianista conocido y querido en Asturias, y mi adorada Gabriela Montero en mayo a dúo con el chelista Gautier Capuçon, pareja reconocida que se unen en un broche de oro a estas jornadas.

En el ciclo paralelo (conjunto para quien quiera abonarse a ambos) de los Conciertos del Auditorio , las grandes voces tienen su terreno propio junto a distintos solistas instrumentales y formaciones orquestales de alto voltaje. Del universo lírico abrirá temporada en octubre Gregory Kunde que sigue disfrutando de una segunda juventud, las sopranos Patricia Petibon con La Cetra y Andrea MarconJulia Lezhneva o Ermonela Jaho con la OFil en febrero y abril respectivamente, con Michael Antonenko dirigiendo a la primera y compartiendo programa con el tenor Benjamin Bernheim la segunda, otro más de los conocidos como el tenor Ian Bostridge con Fabio Biondi y Europa Galante, o la estrella de los contratenores Philippe Jarouskky que vuelve a Oviedo, esta vez con el Ensemble Artaserse, para cerrar temporada con el concierto extraordinario de Juan Diego Flórez y Vincenzo Scalera al piano.
Tomar nota de los instrumentistas de altura como la violista Isabel Villanueva que actuará con la OFil y Yaron Traub a la batuta, la violinista Veronika Eberle con la Filarmónica de Hamburgo y el incombustible Kent Nagano en la dirección, o la virtuosa Hilary Hahn con la Filarmónica de Radio Francia y Mikko Franck; el flautista Emmanuel Pahud vendrá con la Orquesta de Cámara de París y el director escocés Douglas Boyd, el chelista Nicolas Altstaedt que también hará de director con la OFil, más la esperada visita de la Gustav Mahler Orchestra con la dirección del excelente Jonathan Nott y la participación del Coro de la FPA, sin dejarme en el tintero el regreso de René Jacobs que nos traerá un cuarteto vocal con su Orquesta Barroca de Friburgo y el RIAS Kammerchor de Berlín, uno de los mejores coros del mundo, en un mes de mayo para no perdérselo.

En pleno verano, al menos de calendario, felicitar a la organización de estos conciertos y tocando madera para evitar cancelaciones que en el mundo musical son más frecuentes de lo deseado trastocando el trabajo de meses y obligando a encontrar otras fechas o intérpretes que no siempre son igual de bien recibidos aunque seamos comprensivos.

Apasionada “Trágica” mahleriana

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Viernes 22 de junio, 20:00 horas. Día Europeo de la Música, Auditorio de Oviedo: OFIL (Oviedo Filarmonía) y OSPA (Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias), Pablo González (director). Mahler: Sinfonía nº 6 en la menor, “Trágica”. Entrada 5€.

Crítica para La Nueva España del domingo 24, con los añadidos de links, fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva:

El tiempo de Mahler llegó a nosotros antes de lo que el propio compositor imaginó, siempre amado o denostado, exigiendo de todos un esfuerzo mayor o menor más allá de las sensaciones personales. Una lástima que el auditorio no tuviese mayor entrada celebrando un día después la fiesta europea de la música con un espectáculo único y al alcance de todos, reuniendo de nuevo un centenar largo de músicos de las dos principales orquestas asturianas (OSPA y OFIL) con un director de casa como Pablo González empeñado en un apostolado mahleriano con el que prosigue una carrera internacional de la que nos hace partícipes a sus paisanos continuando la “Resurrección” de 2017 y a la espera de “Los Mil” en un futuro espero no muy lejano.

Unir fuerzas siempre es tarea ardua, más en la música, pero “la única Sexta, pese a la Pastoral” que diría Alban Berg, es esta “Trágica” ideal para pulsar el estado de dos formaciones que siguen convergiendo en su crecimiento, primero el Wagner del Campoamor con García Calvo, después este Mahler del Auditorio con González Bernardo, gracias a estas dos batutas españolas, preparadas, convencidas y defensoras de la calidad desde un trabajo serio que siempre contagia pasión. El carbayón ha crecido entre grandes y Mahler sigue siendo referente de una dilatada trayectoria a la que todavía le queda mucho recorrido tras su paso como titular de la OBC (Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña); volver a casa y reunir a OFIL y OSPA es un reto al alcance de pocos, no ya musical sino de liderazgo para aunar sentimientos, superar egos, romper asperezas y defender una obra de tanto calado como la sexta del bohemio. Si hace un año aplaudíamos el esfuerzo y magisterio de mi tocayo para alcanzar una sonoridad propia desde dos grandes orquestas, la reválida ha llegado este primer viernes de verano.

Para quienes disfrutaron por vez primera del espectáculo recordarán lo anecdótico, cencerros y campanas fuera de escena, el despliegue de percusión, el gigantesco mazo que golpea dos veces despertando alguna conciencia, arpas a pares, la impresionante estampa de ocho trompas con las campanas al cielo, toda una legión de viento, hasta la reprimenda del maestro al detener el inicio del segundo movimiento por la insistencia de las toses maleducadas y pidiendo celeridad en quitar el papel al caramelo siempre inoportuno.

Los habituales pudimos paladear una obra que no da tregua a nadie, arrancando y finalizando cuatro movimientos con energía, de estructura académica con la tonalidad menor, trágica por escritura y trasfondo vital mahleriano, el Andante con firma propia de felicidad y sufrimiento por el amor efímero, miedo a perderlo todo como sucedería en un breve tiempo (su hija, el trabajo en la ópera de Viena y la salud con la enfermedad coronaria que le mataría). Desde el dolor se crea belleza y esta sexta asturiana conmovió a los presentes con mano firme en el podio y respuesta certera por parte de todos los músicos. González revalidó su magisterio dominando los tiempos globales e internos de cada microcosmos temático, sonoro y anímico en cuatro capítulos, alcanzando una visión de conjunto a partir de sonoridades propias para cada sección, con dinámicas ricas siempre claramente marcadas desde el podio. Cuerda contundente en los graves y tersa en los violines con Mijlin de concertino, permutando violas y cellos para el balance deseado; una legión de madera “desfilando toda a una” rivalizando en calidades solistas; los flancos de metales refulgentes, poderoso octeto de trompas equilibrado en brillos con trompetas, trombones y la tuba colosal de Moen; celestiales celesta y arpas de Danuta y Miriam en feliz comunión; punto y aparte la amplia percusión criticada en su estreno, comandada este viernes por los timbales de Arias, el rico xilófono y el siempre llamativo martillo de Mahler ejecutado por Casanova.

Despliegue humano al servicio de una “Trágica” apasionada, sentida y reteniendo el último hálito de silencio antes del largo aplauso tras el esfuerzo en unir con música lo que otros separan por sordera e incapacidad. Pablo González al frente de esta orquesta idealmente real interpretando al mejor Mahler, acercando lo inalcanzable en nuestra temporada para despedir curso de la mejor forma posible y desde casa.

Enamorados de la tabernera

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Sábado 9 de junio, 20:00 horas. Teatro Campoamor, XXV Festival de Teatro Lírico Español, Oviedo, última función. “La tabernera del puerto”, romance marinero en tres actos (música de Pablo Sorozábal, libreto de Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw).

Los del norte somos muy de tabernas, chigres y sidrerías, de reunirnos en torno a una mesa para festejar cualquier evento y nada mejor para cerrar las bodas de plata de la temporada de zarzuela asturiana que volver a llenar el teatro (pasando a dos funciones cuando había cuatro por título y “Los del tres” no se enteran que #OviedoQuiereZarzuela) con uno de los títulos más conocidos y representativos de nuestro género, La tabernera del puerto situando Cantabreda en la costa cantábrica como no podía ser menos para mi tocayo donostiarra Sorozábal y utilizando melodías más ritmos tan nuestros desde una escritura sinfónica por momentos wagneriana, dejándonos las romanzas más populares de zarzuela que casi todos tenemos en nuestra memoria.

El éxito del cuarto título del único festival fuera de Madrid se redondearía gracias a la nueva producción del Teatro de la Zarzuela (que vio mermadas sus funciones ante las huelgas justificadas contra la fusión por decreto con el Teatro Real), con su director musical al frente, nuestro Óliver Díaz, congregando público llegado de fuera de Asturias que disfrutó con todo. Porque es difícil conjugar a la perfección todos los elementos que se necesitan para que un título lírico funcione: partitura y libreto de calidad, cantantes que sean actores y actores que canten, orquesta y coro veteranos y dominadores del repertorio, escenografía e iluminación junto a vestuario, mezclado en su justa proporción por un responsable musical que lleve con seguridad el timón para alcanzar buen puerto, y nunca mejor el símil marinero para esta zarzuela con sabor a salitre, catálogo de amor, humor fino y final feliz con sorpresas.

Toda la escena dirigida por Mario Gas es elegante, fiel al texto íntegro bien rimado por todos movidos a la perfección sin caer nunca en el abigarramiento, presencias variadas subrayadas por la iluminación adecuada y hasta la utilización real de agua y piedras cual orilla marina que también se usa dramáticamente sin molestar a los cantantes, dirección de un enamorado del teatro e hijo del bajo Manuel Gas, totalmente relacionado con esta zarzuela que él cantó ya en el estreno barcelonés llevándola por escenarios de medio mundo. Sumemos un decorado realista, el vestuario que todos asociamos a un puerto sardinero y añadamos la impresionante escena del naufragio de Marola y Leandro en una proa dentro de la proyección videográfica para completar el marco ideal donde desarrollar toda la acción.

El elenco debe contar con unos cantantes donde la partitura es difícil aunque agradecida, pero el texto hablado todavía más, proyectando la voz en ambos casos desde una correcta dicción en castellano que hace innecesario mirar los sobretítulos (siempre de agradecer), pero donde los actores también deben cantar con la misma exigencia. Por eso quiero destacar especialmente la Antigua de la inconmensurable Vicky Peña y el espléndido Chinchorro de Pep Molina, con su dúo cómico para recordar, colocando a caballo de actores y cantantes el Abel de la soprano Ruth González, timbre de adolescente en unas intervenciones que la encumbraron casi de protagonista de principio a fin y interpretando con solvencia todo su papel, sin dejarme atrás al cómico “televisivoÁngel Ruiz como Ripalda el del cafetín, no el Padre, algo sobreactuado buscando la risa, pero fiel a su papel, con un terceto cómico junto a Marola y Abel de calidades equilibradas.

Hablando del reparto no se puede omitir el papel de la Oviedo Filarmonía con el maestro Óliver Díaz mimando cada página, dando el protagonismo puntual a todos, interludios y acompañamientos, cuidando al detalle las dinámicas para percibir siempre las voces (incluso los coros fuera de escena).

Y un excelente elenco de cantantes donde la tabernera María José Moreno volvió a enamorar en argumento y teatro por presencia, color, gusto interpretativo en cada aparición (de “fábula” su conocida romanza e ideal Yo soy de un puerto lejano) y emociones compartidas dibujando una convincente y creíble Marola.
Otro tanto del Juan de Eguía a cargo del barítono gallego Javier Franco, dejándonos un rossiniano Chíbiri, capaz de llenar la escena en todo momento, timbre poderoso en todos los registros pero lleno de matices, empaste en los números conjuntos y torrente dramático en su romanza final.

Debutaba el tenor uruguayo Martín Nusspaumer como Leandro y no decepcionó aunque fue de menos a más (Todos lo saben), cumpliendo con la esperada No puede ser… del segundo acto que Kraus puso en un punto inalcanzable en nuestros tiempos. Habrá que seguir su carrera porque tiene buena materia prima, amplia tesitura de color bastante homogéneo con un grave claro y agudos suficientes aunque algo inseguro, puede que por los nervios de un papel que seguro repetirá. Otro tanto el Simpson del venezolano Ernesto Morillo, creciendo vocalmente aunque en la romanza echase de menos mayor proyección en el grave y timbre con color de barítono, pese al mimo desde el foso.

La Capilla Polifónica de Oviedo que dirige Pablo Moras es insustituible en este festival lírico y su experiencia sobre las tablas un seguro para toda producción. El primer coro de mujeres es difícil encajarlo y moverse, otro tanto del coro de hombres más “liviano” que el de marineros, añadiendo intervenciones conjuntas fuera de escena pero siempre presentes, solventes, empastados y matizados, sumando una escena profesional que nos lleva como la propia zarzuela a un final feliz.
La orquesta titular Oviedo Filarmonía ha demostrado con creces su madurez en todas las secciones y dúctil afrontando estilos dispares pero con la misma calidad en todos ellos a lo largo del festival. Tener al frente a Óliver Díaz ha sido el premio no ya de la temporada sino el merecido a una labor ingrata en el foso donde los errores se notan pero los aciertos son infravalorados, y puedo decir que el salto de calidad de esta orquesta ha sido grande.

Finalmente queda hablar del Maestro Díaz, así con mayúsculas, pues su colega Víctor Pablo Pérez (también recordado en nuestra tierra) diferencia entre “conductores, directores y maestros“. Oliver Díaz, asturiano universal que triunfa en silencio, director musical del Teatro de la Zarzuela con merecimiento y conocimiento de causa, trabajador, implicado en todo proyecto con él al frente y siempre con “la tierrina y su gente” presentes para sumar calidades, estudia en profundidad cada partitura para sacar de ella lo mejor adaptándose al material humano de cada momento, y no siempre el mejor. Con esta tabernera nos ha hecho disfrutar al conjugarse los elementos necesarios para alcanzar el éxito, haciendo y haciéndose entender, cuidando las voces como pocos desde el foso, por eso es Maestro, dejando el protagonismo a los intérpretes dando un paso atrás pese a ser el responsable final. El buque Sorozábal llegó a puerto asturiano gracias a la pericia, madurez y veteranía que dan la sabiduría en el manejo del timón de un almirante nacido en Oviedo y criado en Gijón con el Mar Cantábrico siempre en el horizonte aunque surque todos los mares del mundo, invitándonos a compartir en la taberna otra fiesta musical.

Grados de madurez

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Sábado 28 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”: Jorge Luis Prats (piano), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías (director). Obras de Omar Navarro, P. I. Chaikovski y J. Brahms.

Tenía varios títulos para esta entrada como “Joven madurez”, “Madurez juvenil”, “Juventud y madurez”, mezclando sustantivo y adjetivo para encontrar la forma de explicar este concierto sabatino con un frío exterior contrapuesto al calor e ímpetu de la velada, decantándome por los distintos “Grados de madurez”.
De la madurez en general tengo que hablar para comenzar diciendo que la orquesta capitalina, la Oviedo Filarmonía (OFil) que sigue sin titular, está en esa plenitud alcanzada con el tiempo, siendo las “escapadas de la zarzuela” como un estímulo, saltar del foso al escenario en busca de calidades, más con los refuerzos del CONSMUPA que ayudaron a redondear sonoridad pese a contar de nuevo con solo cuatro contrabajos aunque la tarima sirvió de amplificador; sumemos a Lucas Macías Navarro (Valverde del Camino -Huelva-, 1978), oboísta triunfal en distintas orquestas de renombre mundial y ahora director joven pero ya maduro, recientemente nombrado principal director asistente de la ópera parisina, al que le pronto le saldrán más novias a la vista de sus éxitos al comprobar cómo hizo sonar de madura a la OFil.

Madurez juvenil la del “debutanteJorge Luis Prats (Camagüey, 1956) en Oviedo, un cubano optimista que parece triunfar algo tarde (sus biografías ponen 2007 como año del despegue internacional) y del que escriben que “sus interpretaciones se basan en los sentimientos y rechazan la teoría“, si bien preferiría ambas cosas. Estoy bastante de acuerdo con “su poderosa pulsación, ataques certeros y fulmíneos, magnífico juego dinámico y su digitación” aunque lo matizaré más adelante, destacando un ímpetu casi adolescente, con todo lo que ello conlleva, contrastando con su voluminosa presencia.

La joven madurez le corresponde al pianista, compositor y director Omar Navarro (Oviedo, 1983) de quien pudimos disfrutar el estreno absoluto de Nocturno para orquesta, con el que se abría el concierto. Su coetáneo Daniel Moro Vallina explica bien en las notas al programa el influjo de la noche no solo en esta partitura, diciendo que “no se trata de un guiño al impresionismo, con su recreación de atmósferas, sino de una reflexión sobre cómo un mismo espacio cambia si se contempla desde diferentes ángulos“, aunque personalmente me evocó esa atmósfera francesa tanto de Debussy como de Ravel en la orquestación (con arpa y celesta), en las líneas melódicas o en el propio armazón de este nocturno sinfónico. Dedicado a los músicos de la orquesta que con Macías alcanzaron unas texturas claras y precisas pese a los cambios de tiempo que encajaron sin problemas, gracias a la implicación de director y orquesta en esta obra nueva que suena atemporalmente conocida, será por ese carácter noctámbulo que muchos compartimos, esperando tenga largo recorrido porque la partitura y su autor lo merecen.

El popular Concierto para piano y orquesta nº 1 en si bemol menor, op. 23 (Chaikovski) admite enfoques para todos los gustos, aunque el de Prats con la OFil y Macías no me convenció mucho, puede que por falta de claridad, excesivo ímpetu en el solista (que no es el de hace diez años), dificultades de concertación ante un rubato por momentos exagerado, si bien no puedo negarle al cubano de padres españoles su pasión algo desmesurada para esta joya de concierto con cierto poso más que reposo, porque como dice el refrán “el que tuvo retuvo“.

La poderosa pulsación no llevó pareja la exactitud en los ataques, sus dinámicas exageradas lo fueron de principio a fin, siendo más agradecidas en el Andantino semplice, con un pedal que ensució más de lo debido aunque hubiese pasajes con aciertos tímbricos, más por el balance instrumental desde el podio que por limpieza en el teclado. Domar este ímpetu juvenil a ciertas edades desde un podio respetuoso se tornó arduo, gustándome más el sonido orquestal que el pianístico, interpretado con pasión por el pianista y atención por una orquesta que intentó plegarse al solista.

Lo mejor tras el Chaikovski previo fueron las cuatro propinas de verdadero sabor latino, de nuevo por entrega más que por virtuosismo. Él mismo en una entrevista hace dos años y medio para El País decía: “yo soy un músico de la calle, pero me encanta decirlo porque, la verdad, todos a quienes admiro lo fueron. Y las raíces de toda la música que consideramos clásica, de Bach a Schubert, son populares“. Y popular en intención y tradición comenzó con su paisano Ernesto Lecuona y la conocida Siempre está en mi corazón que yo descubriese de crío cantada por Alfredo Kraus, al piano todo sentimiento, ambiente nocturno de club en la Florida del exilio, la música folclórica de ida y vuelta, sin etiquetas y directa a lo más íntimo. Ritmo innato llevando lo popular hasta la sala de conciertos como Lecuona con sus Danzas cubanas o las homónimas de Ignacio Cervantes que también están en su repertorio, caso de Los delirios de RositaEl velorio, La negra también bailaba, más la última y breve Mazurka también de Lecuona, juego con un dedo en glissandi uniendo folclore y humor en el repertorio donde mejor se mueve este juvenil cubano maduro.

Para la segunda parte Brahms y su Sinfonía nº 2 en re mayor, op 73 donde Macías sacó lo mejor de la OFil, unos violines tersos y claros, las violas con su momentos álgidos cantando varias notas de la famosa “canción de cuna” en el Allegro non troppo, los cellos con Ureña marcándose un solo también de lo más lírico, cuatro contrabajos dándolo todo en presencia y claridad, las maderas bien empastadas con intervenciones dignas de admiración y hasta los metales redondos, afinados, sin olvidarme de los timbales mandando con su precisión habitual. Los tiempos elegidos casi metronómicos en las indicaciones, sin demasía, como el Adagio non troppo sin decaer, el Allegretto grazioso (quasi Andantino) perfecto en los planos, y el potente y último Allegro con Spirito coronando una segunda de Brahms digna de las orquestas y directores grandes, y la de Oviedo lo fue este último sábado de abril.

La esperada malquerida

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Sábado 14 de abril, 20:00 horas. Teatro Campoamor, XXV Festival de Teatro Lírico Español: “La malquerida”, drama lírico en tres actos con música y libreto de Manuel Penella (basado en la obra teatral de Jacinto Benavente, estrenada el 12 de abril de 1935 en el Teatro Victoria de Barcelona; segunda representación).

Tercer título de la temporada de zarzuela ovetense y segunda función en el aniversario de la República, con aforo completo volviendo a clamar por más (mejor que seguir pateando escuchar hablar en asturiano alimentando estériles polémicas) ante la gran demanda que no pudo ser cubierta, dejando fuera muchos aficionados, incluso de fuera de Asturias, para asistir a la primera representación en el Campoamor de esta joya del maestro Manuel Penella Moreno (1880-1939) sobre la homónima del Nóbel Jacinto Benavente que ha dormido un sueño injusto hasta el reciente despertar en los Teatros del Canal, coproducción con el Palau de le Arts de Valencia este montaje del siglo XXI.

Además del merecido homenaje a los artífices musicales y una escenografía que también lo rinde desde el recuerdo mexicano que ha mantenido esta malquerida como se merece, esta zarzuela llegaba a Oviedo con el elenco madrileño de los papeles principales (Cristina Faust, César San Martín, Sonia de Munck, Sandra Ferrández o el maestro Manuel Coves) sumándose nuevos como Juanma Cifuentes y algunos de la tierra caso del tenor Alejandro Roy, la contralto Yolanda Secades, el actor José Antonio Lobato más la universal, recordada y querida María Garralón, junto a la Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” y la Oviedo Filarmonía, redondeando esta recuperación muy esperada por los aficionados.

Auténtico “obrón” desgarrador que resulta más teatro musical que drama rural, como se ha etiquetado, y en la estela del Curro Vargas de Chapí, básicamente por la cantidad de texto hablado que obliga a los cantantes a un esfuerzo extra para no perder la colocación de su voz y mantener una emisión correcta, así como a memorizar e interpretar largas parrafadas no siempre con la unidad y credibilidad exigida a los actores profesionales que se mueven mejor en este terreno, aunque les perdonemos esos mínimos errores a algunos cantantes.

En vez de rondalla, estudiantina o incluso Tuna, se incorporaba sin aportar nada a la obra un inicial mariachi que resultó flojo nada más levantarse el telón en otro homenaje al propio Penella con un fragmento de “Las mañanitas” de Don Gil de Alcalá en la primera aparición de Alejandro Roy, que iría haciendo “cameos” siempre exigentes a lo largo de los tres actos, y que tras dejar solos a estos asturmexicanos del Mariachi Hispanoamérica especialista en “bolos” varios, el desafine del solista y guitarrón apuró la salida de escena. Algo mejor junto a la orquesta en foso y la excelente Sandra Ferrández en las “Coplas del Sacristán”, la romanza de Rita en uno los pocos momentos donde liberar la tensión dramática, bien avanzado  el acto II, así como Juanma Cifuentes, un Rufino bonachón algo sobreactuado y marcando acento mexicano pero convincente, siendo ambos muy aplaudidos.

El maestro valenciano fue un gran compositor y digno representante de nuestro género que nació en una verdadera estirpe de artistas con música en las venas (hijo de Manuel Penella Raga), conocedor del verismo italiano con el que podemos establecer algún paralelismo en esta malquerida, excelente orquestador con buenos preludios necesarios para armar la obra (donde la OFil y Coves como responsable final, brillaron con luz propia), dominio de la carga dramática aunque esta última zarzuela no sea de las mejores suyas, preparando una obra con todos los ingredientes exigidos a la clasificada como “grande”: romanzas, dúos, coro simbolizando al pueblo (otro éxito de Pablo Moras al frente de la formación titular en el festival, hoy más ellas que ellos), protagonismo en las voces de registro grave y diríamos más naturales, mezzo y barítono, papeles como si del cine se tratase junto a la soprano coprotagonista y malquerida como canta la copla a lo largo de la obra (“el que quiera a la del Soto / tiene la pena de la vida / por quererla quien la quiere / le dicen la malquerida”), que vamos descubriendo con el avance de la trama. Zarzuela bien escrita que trata bien todas las voces pero faltando ese número de calidad excepcional que la hubiese encaramado a una popularidad perdida como la propia obra. Tampoco ayuda su excesiva duración con un último acto de texto abundante que puede ser la causa de su olvido aunque siga aplaudiendo que se recuperen obras con esta dignidad.

Destacar la excelente Raimunda de la mezzo Cristina Faus, exigente de principio a fin dominando un rol que ha hecho suyo con un trabajo completo de amplios registros muy homogéneos. Otro sinónimo de calidad lo puso la soprano Sonia de Munck dibujando una Acacia que gana enteros y “maldad” a lo largo de los tres actos, con agudos potentes y afinados sumando la parte de actriz todavía más exigente si cabe que la lírica, para redondear un papel de joven por la que no parecen pasar los años. El barítono César San Martín sigue cautivando por su voz redonda y rotunda pero quedó algo soso pese a tener el papel ideal de los grandes por su poca credibilidad como actor, así como el añadido de la romanza de “Curro Gallardo” A verla voy… para completar su parte vocal.

Con ganas de más papel el secundario Norberto de nuestro tenor Alejandro Roy, siempre poderoso en estos roles como el ya recordado Curro Vargas que parecen buscarlo ante la ausencia de voces tan peculiares como la suya. Y otro aplauso para el nuevo papel principal de la contralto Yolanda Secades como Mercedes, que desde el coro da el paso adelante para completar un reparto vocal de primera para esta zarzuela dura donde las haya, complemento vocal y actoral de Acacia en perfecto empaste y réplicas.

De los actores solo aplausos comenzando por la excelente criada Juliana de María Garralón, un lujo sobre las tablas, y El Rubio de nuestro Lobato que no desaprovechó este “caramelo” de malo aún más que el Esteban “blandito” o el mínimo Faustino.

Ya destacada anteriormente la orquesta y coro titulares de este segundo festival español de zarzuela, que debemos seguir defendiendo de los tiburones, y quiero citar también el vestuario de Gabriela Salaverri, muy cuidado aunque algunos atuendos mexicanos de las chicas parecían reciclados de El Cantor, y bien por Emilio López que acertó con la ambientación y un escenario circular capaz de trasladar cada cuadro a una elegante hacienda mexicana digna de un plató de cine con “El Indio” Fernández también recordado en este exilio y muerte del Maestro Penella.

Verbena de segunda juventud

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Sábado 10 de marzo, 20:00 horas. Teatro Campoamor, XXV Festival de Teatro Lírico Español: La verbena de la paloma, pensión completa (música de Tomás Bretón, libreto de Ricardo de la Vega, versión de Maxi Rodríguez). Nueva producción de la Fundación Municipal de Cultura (Teatro Campoamor).

Con un mar de dudas ante la noticia de la fusión por decreto del Teatro Real y de la Zarzuela madrileños, que espero no empeore el estado musical ni sirva de ejemplo para otros “ideólogos”, llegaba a Oviedo una de nuestras obras más representativas estrenada en 1894 y que en 2018 necesitaba actualizarse sin perder la esencia del sainete, esta verbena de Bretón que llenaría las dos funciones (no hace mucho teníamos cuatro) que antes de levantarse el telón ya concitaba recelos además de continuar la división de opiniones ante el anuncio en asturiano por megafonía que comienza a ser cansino y dejaré de comentar, si bien he detectado ambientes distintos en cada función.

La representación estuvo dedicada a la soprano tinerfeña María Orán fallecida este sábado y que tantas veces actuó sobre este escenario así como en la Filarmónica de Mieres allá por 1971 con la pianista Ana Mª Gorostiaga a quienes recordaba precisamente el pasado verano.
Llevo comentando hace tiempo lo preocupante que resulta en una producción lírica, ópera, zarzuela y opereta, que se escriba más de la escena que de la música, así que comenzaré por ella y terminaré con aquélla, pues sin los pentagramas solo quedaría teatro.

Con ligeros retoques de la letra en romanzas puntuales para una actualización que no cambia espíritu ni esencia, y alguno más para los textos hablados (Julián tiene familia, ahora especificada en hijos y nietos, unido a los lógicos del ambiente en “La Paloma Resort” para la segunda juventud, un guiño a parte de un público entrado en años), el elenco de voces estuvo a la altura de esta verbena, no ya lo cantado sino en todo lo hablado que es mucho, así que la actuación global fue de primera, comenzando por Don Hilarión interpretado por el barítono madrileño Enrique Baquerizo, siendo de agradecer su entonación, emisión y presencia en un personaje que años atrás era un cómico que cantase mientras ahora es a la inversa. Lo mismo puedo aplicar al Don Sebastián del tenor zamorano Emilio Sánchez aunque el peso musical sea menor, algo apurados para encajar el conocido dúo inicial Hoy las ciencias adelantan.

Continuando con el reparto vocal debo citar a la mezzo Marina Pardo como “Rita la Cantaora”, espléndido doble rol con la soleá En Chiclana me crié… acompañada por un virtuoso dúo ruso de violín y piano (Miljin con Bezrodny) que encumbró aún más su voz. Otro conocido de la afición, el barítono coruñés Javier Franco encarnó al Julián celoso porque los sentimientos no cambian con el tiempo, entregado, de voz poderosa que pierde algo de brillo con los años, por otra parte los representados en esta “pensión completa”.
Una rubia y una morena siguen escoltando a Julián, La Casta una mezzo habitual de casa, Mª José Suárez siempre solvente, y La Susana de la soprano valenciana Amparo Navarro que nos deleitó en el famoso dúo con Julián Dónde vas con mantón de Manila reposado y empastado desde el dominio de su breve papel cantado.
Del amplio reparto actoral tan necesario en la zarzuela y que es una de las causas por las que no es exportable del todo al resto del mundo, comenzar con la simpática Tía Antonia de Amelia Font aún con la etiqueta de soprano cómica, o Antón Caamaño como Manolo junto a Roca Suárez haciendo un gallego inspector del Imserso que sustituye a la autoridad del sereno, a Fernando Marrot completando partida de naipes con otros dos actores de casa, así como la bailarina y “animadora” mierense Estrella García, junto al vigilante jurado, en vez de sereno, o un salvavidas en la piscina con pito incluido.

Dos integrantes del coro como Yolanda Secades y Cristóbal Blanco tuvieron nuevamente sus seguras y convincentes intervenciones solistas, convertidos en pareja de enfermería y completando un reparto vocal equilibrado al que la Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo”, que dirige Pablo Moras, sigue sumando enteros en este festival, además de excelentes figurantes en escena con de presencia vocal esta vez más que sobrada en todas las cuerdas en los conocidos Por ser la Virgen de la Paloma.

La Oviedo Filarmonía (OFil) esta vez desde un foso convertido en piscina con azulejillos y escalera, volvía a ser la orquesta ideal desde el Preludio hasta el bis de las seguidillas para un repertorio que es suyo desde su fundación en 1999, y el maestro mallorquín José María Moreno al frente el seguro de concertación con la escena en los doce números musicales donde llevó la partitura con los aires y dinámicas perfectas para una representación cómoda que se hizo corta para el respetable. La OFil sigue sin titular y supongo que los responsables de la misma estén tomando nota de las batutas que están situándose en el podio carbayón.

Como “novedad” esperada en una actualización de organillo verbenero y chulapón ya la preparó Marina Bollaín hace años editando un DVD donde participaron muchas de las voces presentes en Oviedo, colocando La Bomba de King África o posteriormente el Waka waka en otra fiesta callejera (Noche de verano en la verbena de la Paloma) con butanero, peluquera y chiringuito que en Madrid resultó como aquí, división de opiniones entre público y crítica (!). En Oviedo Maxi Rodríguez optó para La Atracción por nuestro paisano Rodrigo Cuevas, autoproclamado Artista total, cantando con “amplificación de hotel” y tocando el acordeón en unos temas bailables propios con letras relacionadas, a excepción de Los pajaritos de Mª Jesús que no podían faltar estando Benidorm y los jubilados como protagonistas de esta peculiar verbena.

Y la recreación, revisión o cambio de escenario para un argumento atemporal de amoríos y celos, partidas de cartas, cotilleos de barrio y la fiesta en el ADN español, solo actualiza intereses. Antes se buscaba “cazar” al rico y ahora sumar pensiones, crítica de sainete y tercera edad ahora denominada segunda juventud con la Costa Blanca destino de tantas familias a lo largo de los últimos 50 años, Balnearios llamados Resorts por anglicismos de moda y los eufemismos cada vez más ridículos, pero Ricardo de la Vega es del siglo XIX y Maxi Rodríguez del XXI, sin complejos desde el respeto a esta joya del llamado género chico.
Basta leer la prensa y ver que la juventud de Mayo del 68 son los pensionistas que ahora protestan por la ridícula subida del 0’25%, los achaques son intrínsecos, el ventolín imprescindible, la limonada está pasa de moda y la media de edad en el Campoamor similar a la representada sobre el escenario. El colorido del decorado, vestuario o luces sigue paralelo al de esta música que en mi juventud sonaba por doquier siendo tan popular como Paula Rojo ahora, así que apostemos por actualizaciones respetuosas que intentan mantener viva una música condenada a morir de seguir sin educación ni presupuestos. Qué bueno sería estrenar zarzuelas que duermen olvidadas en cajones o sin representarse hace lustros, pero “el maldito parné” siempre problemático es el causante de dramas en mayor o menor escala. Al menos las zarzuelas conocidas no suelen fallar las vistamos como sea, y otras van reapareciendo, como La Malqueridaque será el siguiente título de un festival que cumple sus Bodas de Plata.

Contra los imprevistos siempre Verdi

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Sábado 24 de febrero, 20:00 horas. Oviedo, Conciertos del Auditorio: Olga Peretyatko-Mariotti (soprano), Luca Salsi (barítono), Oviedo Filarmonía, Tung-Chieh Chuang (director). Extractos de óperas de Mozart, Mascagni y Verdi.

Con expectación esperábamos en Oviedo, capital operística con solera, a la soprano rusa Olga Peretyatko, añadiendo el apellido Mariotti por matrimonio con Michele Mariotti en otra pareja para la historia de la lírica entre diva y director. En el concierto del sábado compartiría programa con el barítono Thomas Hampson pero a mediados de semana nos encontrábamos el aviso de cancelación aquejado de una insuficiencia respiratoria con el obligado cambio de obras y la búsqueda de otro barítono que pudiese afrontar con solvencia este duelo con la nueva diva rusa que desde ahora habrá que llamar como las estrellas con artículo delante, “La Peretyatko” (pues La Netrebko sigue siendo única), encontrándose los organizadores con el italiano Luca Salsi recién finalizada su participación en el Trovatore del MET ( hace pocos años también le tocó sustituir a última hora a Plácido Domingo) antes de volver en abril con Lucía y tras el recital del pasado domingo 18 en la Opera Naples que tiene a nuestro Ramón Tebar de director artístico (también pianista) en esta ciudad en el suroeste de Florida.

El barítono se sumó rápidamente a los ensayos con la Oviedo Filarmonía bajo la batuta del joven director taiwanés Tung-Chieh Chuang, auténtico responsable musical del concierto, agradeciéndoseles a todos por megafonía esta buena predisposición para luchar contra los imponderables, volviendo a realizar cambios en el añadido para la velada sabatina.

Bautizada por la prensa musical como “La dama rusa del bel canto”, a la soprano rusa no le escuchamos nada de Rossini y prefirió para Oviedo cantar un poco de Mozart que siempre es mucho, y mucho Verdi que no es poco, junto al barítono italiano que sería padre político, biológico e incluso amante a lo largo de esta selección de óperas en el formato habitual de un aria y un dúo, semiescenificados, y dos más uno tras el descanso, sin faltar oberturas e intermedios amén de las esperadas y ensayadas propinas. Pero quien se merece un aplauso enorme de admiración y trabajo es el talentoso director taiwanés Tung-Chieh Chuang, premiado en el concurso para jóvenes directores Malko de la capital danesa en su edición del 2015, lo que le abrió más puertas, demostrando ser un maestro de la concertación con cantantes, mimándoles en las dinámicas y tempi, con gesto claro y preciso para la orquesta, la Oviedo Filarmonía, a la que se le notó cómoda pese a las premuras e inconvenientes surgidos.

Con Mozart tocó abrir (y casi cerrar) velada con Le nozze di Fígaro, primero la obertura ágil, rotunda y precisa antes de la aparición de la Condesa con Dove sono i bei momenti, recién estrenada en el repertorio de la rusa que puede con el aria pero aún le falta rodarla, demasiado sobria y falta de sentimiento.
Debería haber seguido Mascagni y su bellísimo además de delicado Intermezzo de “Cavalleria rusticana” que la orquesta ovetense (con Marina Gurdzhiya nuevamente de concertino) ya ha interpretado en conciertos similares y el maestro Chuang volvió a sacar lo mejor de ella. La Julieta de Gounod se cayó del programa, supongo que por mantener “cuotas de intervención”, así que…

… rompiendo también esa unidad argumental se adelantó la salida de Luca Salsi para comenzar con Verdi y La Traviata, la famosa aria de Giorgio Germont Di Provenza il mar, il suol que pienso le pilló un tanto frío, sobrado de potencia que puede llegar a variar por momentos la perfecta afinación. Y mucho mejor el dúo con su “nuera” Madamigella  Valery? donde empastaron perfectamente, moviéndose a la izquierda del podio casi peligrando la batuta del taiwanés, creíbles vocalmente y mimados en las dinámicas por Tung-Chieh Chuang y una orquesta ideal en estas partituras. Faltó la Violeta perdida (aunque sí el público aplaudiendo el dúo antes del “sacrificio”), nada abandonada sino felizmente encontrada por un Germont padre todo poderoso y generoso con la descarriada que tiene hace ya años en su repertorio.

Tras el descanso más Verdi, auténtico protagonista, impecable obertura de “La forza del destino”, digna página de conciertos sinfónicos (junto a las anteriores de Mozart y Mascagni) para una orquesta muy centrada y eficaz pese a los imprevistos. Cambiando de rol y de vestido (oro en la primera y rojo en la segunda ) inició la soprano rusa su segunda aria en solitario con Mercè, dilette amiche, el bolero de Hèléne (“Les vèpres siciliennes”) que aún necesita maduración y reposo pese a los años que lleva en su repertorio, tal vez el aire sea el de su Carmen pensada pero los graves deberán ganar redondez y volumen igualando colores demasiado contrastados todavía.

El italiano Salsi además de complemento masculino y paternal como Giorgio Germont nos regaló un entregado Macbeth Pietà, rispetto, onore que nos supo a poco, voz pletórica y rotunda, más contenido que de suegro y centrado en esta su segunda aria antes de pasar al padre jorobado con esos roles del genio de Busseto que exprimen todas las cuerdas para perfilar cada cantante su propio personaje.

La Peretyatko tiene igualmente bien estudiada y cantada la Gilda de “Rigoletto” aunque su Gualtier Maldé!… Caro nome con excesiva pirotecnia vocal en su última aria en solitario, tercera de la noche, resultó muy personal pero poco precisa aunque entregada en volúmenes para los agudos, antes del final con su “padre” Salsi, primero el Cortigiani vil razza dannata reválida de todo barítono que el italiano defendió con vehemencia, credibilidad (encorvándose además de cojear) y volumen, más el dúo paternofilial Tutte le feste al templo donde la soprano estuvo algo tapada por el barítono mientras Tung-Chieh Chuang no tuvo contemplaciones dinámicas con una orquesta madura.

Aplauso enorme para el barítono por lo que supuso esta sustitución de última hora que no decepcionó a nadie y se adaptó a las circunstancias, más los bravos para la prometedora diva rusa que aún sigue en ascenso para poder mejorar Verdi tras encandilar con Rossini, ausente en Oviedo. Personalmente su color vocal puede ser mozartiano y hasta creerme que los años la lleven por estos repertorios, es cuestión de esperar y elegir.
Ante el éxito nada menos que tres propinas: la Bess rusa del Summertime (Gershwin) que figuraba en el primer programa aunque ella prefiriese darnos sorpresso, sin poso en el grave, muy plana pese a sus agudos pero de lo más comercial. Como Zerlina llamaría al conquistador italiano para “darse la mano” y marcharse lentamente con Mozart (Là ci darem la mano), un Salsi poliédrico pasando este sábado de suegro a padre y finalmente Don Juan con la Peretyatko menos “Verdi” con Wolfgy en feliz dúo.

Mozart es mucha ópera y hubiese sido el final ideal, pero sin más papeles preparados y para regocijo del respetable quedaría organizarse un poco con unos desconcertados músicos y director para bisar los compases últimos del dúo Todos los días de fiesta con Verdi, y Oviedo volvió a disfrutar de la ópera aunque sea en concierto.

P. D.: reseña en La Nueva España de este domingo 25 y crítica del lunes 26 edición digital solo para suscriptores, adjunto foto:

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