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Recuperando al Literes sacro

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Es de agradecer que en tiempos de pandemia no se acalle la música ni el trabajo de grabación de nuestras formaciones históricas, pero fundamentalmente la recuperación de nuestro patrimonio que ha encontrado su lugar necesario desde el patrocinio de becas como las Leonardo de la Fundación BBVA, la ardua investigación de asociaciones como Ars Hispana con los musicólogos Antoni Pons y Raúl Angulo al frente, más la de músicos como el malagueño Daniel Pinteño que con su formación Concerto 1700 han sacado un nuevo trabajo dedicado al mallorquín Antonio Literes (1673-1747) titulado Sacred Cantatas for alto, con la participación del contratenor vitoriano Carlos Mena, tras el aquí comentado hace un año de Italy in Spain.

Grabación realizada en San Lorenzo de El Escorial en julio del pasado año para su propio sello 1700 Classics, gracias a la Beca Leonardo de 2019, supone tras su recuperación el estreno en tiempos modernos, así como la primera grabación en disco de estas cuatro «Cantadas al Santísimo» del compositor de Artá, uno de nuestros grandes del barroco que poco a poco va ganando presencia en nuestro panorama musical, con partituras que habían permanecido olvidadas en los archivos de la catedral de Guatemala durante dos siglos pero donde la rigurosa investigación musicológica toma su necesario papel por salvar del olvido obras que corroboran la importancia de nuestros compositores barrocos también en Hispanoamérica, y la obligada presencia en la historia universal de músicos como Literes.

Tres de las cuatro cantadas sacras ya han podido escucharse en vivo hace apenas un mes dentro del FIAS madrileño que ha dirigido hasta ahora Pepe Mompeán, y del que merece la pena leer la crítica de Mario Guada para Codalario. El disco es una joya en sí, no solo como documento sonoro sino literario, que abre Antoni Pons citando al Padre Feijóo, tan vinculado a Oviedo, referido al mallorquín: «Don Antonio Literes, compositor de primer orden, y acaso el único que ha sabido juntar toda la majestad y dulzura de la música antigua con el bullicio de la moderna» (Teatro crítico universal, 1726), poniendo en contexto no ya la biografía sino la recuperación de estas cuatro cantadas sacras al Santísimo, menos conocidas que su producción escénica, obras tardías que reflejan la evolución compositiva de Literes asimilando estilos de otros países como Francia o Italia que comienzan a ponerse de moda en el mundo hispano sin renunciar a nuestra propia tradición musical. Magisterio en traducir al pentagrama las imágenes y «afectos» que los textos transmiten y que en la voz de Carlos Mena podemos disfrutar además de seguirlos con el libreto en mano.

El orgánico instrumental de este Concerto 1700 lo forman músicos reputados y experimentados en nuestra música antigua, encabezados por el malagueño Daniel Pinteño en la dirección y violín junto a Pablo Prieto, más Ricard Casañ (trompeta), Jacobo Díaz (oboe),
Ester Domingo (violoncello), Ismael Campanero (violone), Pablo Zapico (tiorba) e Ignacio Prego (clave y órgano), plantilla perfecta para las cuatro cantadas con intervenciones siempre acertadas, protagonismos puntuales y un equilibrio con la voz que las grabaciones permiten mucho más que el directo.

Abre el disco Ya por el horizonte para violines, oboe y clarín (1728) con un Mena pletórico, virtuoso como la trompeta de Casañ, canto bucólico a la vez que marcial, el vivo «suene el alboreada» contratado con el grave «Ay, que si yo pudiera», las coplas vibrantes y el recitado «Repite, ave canora» donde la tiorba de Zapico arropa la belleza vocal del contratenor antes del vivo final «De su aplauso en el empleo», seguridad en ambos protagonistas, con exposiciones claras y sonoridades brillantes en esta «italianización» de un género típicamente hispano como la Cantada al Santísimo que no pierde su esencia, recordando el cinematográfico duelo entre Farinelli el castrado y la trompeta.

Continúa con Si el viento con violines y oboe (ca. 1725) que arranca con el recitado «Si el viento busca ave placentera» con protagonismo de tiorba más órgano delicado y expresivo, la voz de Mena en su registro medio-grave ideal y homogéneo igualmente en el aria «Es el divino centro del hombre», buenos balances con la orquesta en un bello y acertado juego entre violines y oboe. Impecable dicción del vitoriano para unas melodías bellas bien armadas en la instrumentación desde un tempo medio ideal antes del aria con el violonchelo y el continuo elegante para destacar esa voz pletórica y medida en expresión antes del aria «Como alegres placenteros», disfrutando de nuevo con los  violines y el oboe en un aria perfectamente trabajada con un ritmo vibrante que nunca enturbió el fraseo y articulación del contratenor vasco.

La tercera cantada, Cuando a pique señor con violines (1733) metáfora de tormenta que son las tentaciones y el creyente guiado por la gracia de Dios, un cuadro musical de virtuosismo vocal y violinístico iniciado el recitativo por el flautado del órgano antes del aria «Va zozobrando la navecilla» vitalista y bien equilibrada de contrastes donde la riqueza de las cuerdas mantiene esa inestabilidad buscada que la voz lleva con mano firme al timón, el recitado «¿Qué tiene que temer?» con la tiorba  asturiana sustentante agrandada por el cello maño y las perlas del clave antes del aria final «Llegue ansioso tu cuidado» de brillo italiano y esmaltes hispanos. Interesante juego de estilos en Literes que mantiene una línea argumental en los instrumentos siempre remando a favor de los textos en un barroco religioso plenamente nuestro.

Finaliza el disco con De aquel fatal bocado para violines y oboe (1730), cuatro movimientos que alternan dos recitados y sus respectivas arias, inmensidad melódica y belleza apabullante en la voz de Carlos Mena, musicalidad pasmosa por la que no pasan los años y con ese timbre único que parece ideal para este Literes recuperado. Órgano aterciopelado y rasgueo de tiorba vistiendo el inicio antes de un aria versallesca, «Pan de llanto y de dolor» con un oboe casi clarín, un violín elegante y un «ensemble» sobrio en todo momento pero colorista por contrastes manteniendo la pulsación y el balance exacto con el solista, nuevamente preciso y claro en la dicción para una música del Literes universalmente hispano al que Guatemala ha conservado para al fin disfrutarlo de nuevo.

Destacar una toma de sonido impoluta con el conocido Jesús Trujillo a los mandos, que pude disfrutar a todo volumen apreciando cada detalle cual concierto íntimo en este Viernes Santo.

© Fotos webs Toda la música y Loff.it The Music Clasical.

Necesario Jesús García-Leoz

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El compositor navarro Jesús García-Leoz (Olite, 1904 – Madrid, 1953) tenía que ser reconocido más allá de sus bandas sonoras (desde Balarrasa a su póstuma «Bienvenido Mr. Marshall«) o alguna página habitual en los recitales de nuestras grandes voces líricas, y al fin se ha llevado al disco su integral de canciones. Para ello nadie mejor que el pianista vitoriano, criado en Bilbao y madrileño universal Aurelio Viribay Salazar quien desde su cátedra en la Escuela Superior de Canto lleva toda la vida defendiendo nuestro «lied español«, rescatando del  olvido a tantos grandes compositores y descubriendo las voces ideales para defender este repertorio en público, pues mi admirado Don Aurelio es toda una autoridad demostrada a lo largo de tantos años dedicado al mal llamado oficio de «pianista acompañante».

Si hace poco podía disfrutarle con el tenor cordobés Pablo García López en el CD Raíces, ahora pudo encontrar en la soprano pacense Mar Morán la voz para reencontrarse con García-Leoz en toda la plenitud interpretativa de ambos tras haberlas trabajado juntos en distintos recitales. Viajando hasta el estudio italiano The Spheres de Montesilvano (Pescara) en la primera salida posible tras el confinamiento (entre los días 6 y 10 de julio del pasado año) y masterizado en el Sequenza Studio de París para el sello Odradek Records (siendo el segundo CD dedicado a García Leoz de este sello norteamericano que en su catálogo cuenta con una grabación del pianista Rinaldo Zohk y la violinista Lilia Donkova con la Sonata para violín y piano, la Sonatina para piano y diversas obras pianísticas del compositor navarro), nos dejan veintiuna canciones para guardar, con un lanzamiento inicialmente previsto para el 20 de noviembre que se ha tenido que aplazar por las razones de todos conocidas hasta este 12 de febrero y al fin llega a casa para poder escucharlo una y otra vez en mi cadena con la sensación de tenerlos actuando solo para mí. Calidad de grabación, balances perfectos y unas partituras dignas de programarse en todas las salas.

En un cuidadísimo trabajo se presenta Luna clara, la primera de las «Cinco canciones» con poemas de J. Paredes que da título a este CD, con unas fotografías de calidad (que ilustran esta entrada), unas autobiografías sentidas por ambos protagonistas y hasta un estudio del propio Aurelio Viribay titulado «El Tríptico de García Leoz y otras dieciocho canciones» donde el magisterio y conocimiento de esta integral es ya de por sí otra aportación a la canción de concierto española.

Por supuesto no pueden faltar las letras y además traducidas al francés e inglés para ayudar a la difusión internacional que coloque a García Leoz en el sitio que le corresponde, y escuchando esta grabación entenderemos que va mucho más allá de su más conocido tríptico, que tampoco podía faltar al abordar esta primera integral para voz y piano, encontrando en Mar Morán la voz ideal para esta comunión letra – música del lied.

Las Cinco canciones sobre poesías de Juan Paredes (1934) demuestran el primor con el que el compositor navarro buscaba realzar con la música unas letras sentidas, excelente dicción de la soprano y la vestimenta a medida del pianista, cinco perlas donde el Romance es para engarzar en oro y el Pregón un envoltorio de lujo en este primer bloque.

Del Tríptico sobre poemas de García Lorca (1937) indicar la vigencia de esta populares canciones a las que no se han resistido las grandes voces femeninas, donde García Leoz vuelve a demostrar su dominio en la adaptación musical a los textos desde un acompañamiento de piano que no solo complementa sino que protagoniza de igual a igual estas tres páginas. Morán y Viribay amplían el catálogo de artistas que aportan frescura y dominio.

Las Seis canciones de Antonio Machado (1952) suponen otro descubrimiento en la escritura vocal desde el color vocal de la soprano extremeña que engrandece la poesía en dicción exquisita y un piano presente, avanzado en armonías con las dinámicas justas remarcando dramatismos y delineando versos, La noria poética que la música consagra como al Duero soriano del profesor sevillano.

Curioso comprobar la elección de poetas que hace García-Leoz, amor por la lírica que le hace entender y poner en el pentagrama unos poemas plegados a estilos tan diferenciados en función del texto, «adaptándose de forma camaleónica» como los define el propio Viribay. Así las Dos canciones sobre poesías de Juan Ramón Jiménez (1939) son el sur inspirador por luz y calidez que resulta atemporal sin geografías implícitas, el mismo océano universal de la Canción de cuna de Rafael Alberti (1941) o ese corazón de Rosalía de Castro (1951), la piel de toro bien entendida, mejor cantada y óptimamente tocada al piano.

Gerardo Diego también tiene su Villancico (1949) musicado, recogido, sentido, casi una oración, y dos obras que sin ser específicamente «de concierto», cierran este tributo poético: la Serranilla sobre un poema de los hermanos Fernández Shaw (1948), casi goyesca y tributo a Granados, una romanza de la zarzuela «La duquesa del candil», que ha trascendido como canción, más la cinematográfica Canción de la Malibrán (1951) como broche de un compositor al que la gran pantalla le sirvió de sustento (incluso como pianista en la época del cine mudo) aunque su inspiración poética nos ha dejado estas partituras que deben ser escuchadas más a menudo en los recitales y enfrentarse a ellas con el mismo tesón que hacen con las franceses o alemanas. No olvidemos que la aportación española está al mismo nivel, sin complejos, en nuestro idioma universal, exigente para la voz y con un pianismo muy cuidado del que Jesús García-Leoz es uno de nuestras señas de identidad como podemos comprobar gracias a esta Luna clara.

Tiorba de Asturias al mundo

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En estos tiempos difíciles se demuestra cómo la adversidad nos hace crecer. Si este blog lo subtitulo «… de Mieres al mundo y con la música por montera«, tengo que escribir en mis vacaciones invernales esta entrada como «De Asturias al mundo con la tiorba» haciendo referencia a mi admirado Daniel Zapico (Langreo, 1983), que junto al francés Nino Laisné no solo han creado el sello «Alborada éditions» sino que además presenta su primer disco en solitario titulado Au Monde, una apuesta por producir y difundir proyectos de música antigua y tradicional con una calidad en el producto de aplaudir, sin olvidarse del soporte videográfico que dejo aquí como muestra de lo que supone este proyecto:

El año 2020 nos ha obligado a cambiar muchos hábitos, hasta nuestra forma de vida, pero también ha traído la oportunidad de consumir mucha más música desde casa, vídeos en directo, conciertos en el tiempo y muchos discos que han sido cual vitamina para el alma, por lo que a falta del imprescindible contacto que supone el directo, muchas de las novedades no solo llegaban por correo o mensajería, ayudando a mantener un mercado que se mantiene, sino que eran devoradas y comentadas desde aquí para poder compartir la valentía y calidad de unos artistas que lo han pasado mal desde marzo y acabando este nefasto bisiesto aún no saben qué les deparará el 2021.

Como bien escribe el director artístico, «la producción de discos parece tanto más necesaria para mantener el vínculo entre los artistas y sus oyentes«. Curiosamente a los hermanos Zapico los disfruté en su última grabación de Basset y a los gemelos en su dúo dedicado a Filippo dalla Casa, mientras que en vivo antes del último cierre en octubre, los tengo aún cercanos, primero el día 11 durante la semana de los Premios de la Fundación y el 25 dentro de SACO poniendo la banda sonora a la película «Juana de Arco».

La trayectoria de Daniel Zapico en la tiorba no sólo va ligada a sus hermanos en Forma Antiqva sino que le han reclamado muchos músicos y formaciones nacionales e internacionales para sus actuaciones, grabaciones y proyectos donde la tiorba recupera un protagonismo no ya en el continuo sino en cada intervención solista, con una sonoridad redonda, completa, armónica y melódica siempre llena de virtuosismo tras un trabajo de años donde no debemos olvidar la labor docente imprescindible que Daniel Zapico está aportando al instrumento básico del renacimiento y barroco.

Sumemos la investigación paralela e incansable y tendremos al Maestro con mayúscula, intérprete y docente. A partir del Manuscrito de Vaudry de Saizenay (1699), Daniel Zapico eleva la transcripción a arte, las obras de Michel Lambert, Antoine Forqueray, Lully, Couperin, Du Boisson o Robert de Visée en la tiorba resuenan frescas, actuales, resucitadas de los originales para clave, viola de gamba o guitarra pero también desde obras vocales en esta práctica tan necesaria no ya para conocer un repertorio donde Daniel Zapico es toda una autoridad sino en la valentía por afrontar todo tipo de obras con una óptica actual sin perder el respeto histórico a unas partituras que la tiorba desempolva y actualiza.

Citando de nuevo a Laisné, «una primera floración tras meses de oscuridad, la creación de Alborada invita al regreso de la luz«, por lo que tanto el propio sello discográfico como la grabación son «canela en rama». La apuesta por la calidad se refleja en cada detalle y la escucha del compacto otro placer.

La presentación incluye un póster blanco y dorado cual facsimil de la página 225 del manuscrito citado de Saizenay (1699, en la Biblioteca Municipal de Besançon) con las notas en francés, inglés y español del propio Zapico donde recuerda primero «Una práctica olvidada» referida a la transcripción desde sus inicios con la tiorba, y después «Nuevas páginas» desgranando las quince obras grabadas de las que solo dos son originales de Robert de Visée para la tiorba, el Preludio (corte 5) y la Chacona que cierra el disco, mientras las otras trece pistas son un verdadero viaje por Francia desde lo popular a lo cortesano con una toma de sonido impecable en una grabación del año pasado nada menos que en el estudio parisino de la Orquesta Nacional d’Ile-de-France con Mireille Faure de ingeniero de sonido con larga trayectoria en estas músicas.

Grabación para degustar en la cadena de alta fidelidad pero también en el coche o cualquier formato aunque siempre recomendable la primera opción para apreciar todos los detalles, con el sonido presente, cristalino, de ambiente confortable, saboreando la sonoridad de la tiorba y su riqueza tímbrica que en las manos de Daniel abarca un espectro realmente grande. La música inunda la sala y la sensación de tenerlo tocando para nosotros es un placer.

Presentado al público el pasado día 9 del presente, con Daniel Zapico en Tokyo, tiene el patrocinio del gobierno asturiano, que parece va abriendo los ojos a nuestra «marca de calidad musical», ya van apareciendo críticas como la que dejo aquí a la izquierda, aplaudiendo este regalo navideño y nueva apuesta del tándem Laisné-Zapico que a lo largo del próximo año seguro llegará a un público amplio (evidentemente el francés será de los primeros), tanto el fiel a estos repertorios cada vez más cercanos a la gente joven que ha encontrado en estas músicas un mundo más comprensible e inmediato que el complejo sinfónico, como a los seguidores incondicionales entre los que me encuentro. Esta novedad se lo merece y el agradecimiento de todos por el esfuerzo, dedicación y entrega a un trabajo de años esperando disfrutarlo pronto en directo.

Como titulaba la prensa regional, «Daniel Zapico vuela solo» añadiendo el de mi propia entrada «de Asturias al mundo con la tiorba».

©Fotos Webs enlazadas y RRSS.

Caprichos y lamentos de clarinete

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El clarinetista Maximiliano Martín, solista de la Scottish Chamber Orchestra, está a punto de sacar al mercado su grabación para el sello Delphian con la Orquesta Sinfónica de Tenerife bajo la dirección de Lucas Macías Navarro con el sugerente título de Caprices and Laments, plasmación en tres obras de la versatilidad de un instrumento capaz de sorprender por sus sonidos evocadores y con unos compositores que no me son extraños.
Todavía recuerdo el concierto que ofreciese el pasado y a la vez lejano 7 de febrero de este año con la OSPA dirigida por Pablo González, donde pudimos disfrutar del danés Nielsen y su concierto para clarinete, que está en este disco, así como la propina de un MacMillan a descubrir, presente igualmente en la grabación que paso a comentar.
Los compañeros de viaje esta vez son la orquesta tinerfeña dirigida por nuestro conocido Lucas Macías, titular de la OFil (y de la OCG), que mantienen una calidad homogénea en cada pista y obra, disco grabado los días 21-24 de enero poco antes de su visita al auditorio ovetense donde compartió música con muchos compañeros de estudios londinenses.
La obra que abre el compacto es el sugestivo Concierto para clarinete y orquesta de arpa con arpa y piano (1947-48) de Aaron Copland (1900-1990). De él en la web tanto del sello Delphian como del clarinetista canario y en la contaportada, describen en inglés libremente traducido por mí: «Dos décadas después, el concierto de Aaron Copland para el mismo instrumento de manera similar, une los contrastes estilísticos y expresivos: compuesta con la experiencia de Benny Goodman en el cruce de géneros en mente, trae una veta de tristeza lírica junto con el brío de los modismos populares de mediados de siglo en Estados Unidos y Brasil«. Sonoridades de lamento, ensoñaciones de la América profunda con el clarinete protagonista absoluto, respondiendo al pie de la letra a las indicaciones del propio compositor que ya presenta un estilo propio e inimitable: un primer movimiento «lento y expresivo», una «cadencia libre» para explorar toda la tesitura del instrumento con la amplia gama dinámica de una cuerda aterciopelada más los contrastes del arpa y piano subrayando un ritmo de película documental, quién sabe si por los Apalaches del propio Copland, y el último «bastante rápido» que completa un concierto colorido, juguetón y, como todo el disco, caprichoso con música que podríamos calificar de incidental y vitalista, con un acople, empaste y homogeneidad ideal en todos los intérpretes: solista, orquesta y director en aras de la belleza máxima. Por supuesto excelente la toma de sonido que en el equipo de casa, sin restricciones de volumen, coloca a los músicos frente a mí. Han mejorado las plataformas digitales en cuanto a la calidad del sonido, aunque me quedo siempre con mi cadena Technics y los CDs que cada vez ocupan más paredes, pero son mi tesoro y particular «bodega musical».
El compositor de Odense está en alza más allá de unas sinfonías que merecen escucharse más a menudo, y de las que Pablo González se ha declarado ferviente admirador. En la web del propio Maximiliano Martín dice de esta obra que «La benevolente sombra de Mozart se encuentra con una tensión de turbulencia emocional en el inolvidable, a veces inescrutable Concierto para clarinete de Carl Nielsen, su última obra orquestal importante, completada tres años antes de su muerte en 1931″. Personalmente este Concierto para clarinete y orquesta (1928) es tan primoroso como el del genio de Salzburgo (que el propio Martín ha grabado con los escoceses). Si en Oviedo yo escribía que el tinerfeño Maxi «hizo cantar desde un virtuosismo endiablado su instrumento«, la peculiar plantilla orquestal con cuerda “menguada” (más dos fagots, dos trompas y la caja tan solista como el clarinete), donde concertar sin perder nada de lo escrito es una tarea al alcance de pocos directores, el «equipo tinerfeño» con el onubense Lucas Macías al mando, lo consiguen nuevamente. Partitura con destinatario propio que Martín explicaba en OSPATV, así como las notas al programa de Marina Carnicero García para el sexto de abono, posee un lenguaje musical muy danés por la inspiración en su folklore, pero innovando en todo desde una complejidad técnica que exprime al máximo todos los recursos del clarinete junto a una orquestación rica y sugerente que reviste al solista de solemnidad e intimismo sin perder esa «línea argumental» tan nórdica junto a cierto carácter vocal como no podía ser menos en un instrumento de viento.
Además de mi confesado amor por los escandinavos llamados los latinos del norte, el concierto de Carl Nielsen (1865-1931) es un dechado de perfección instrumental con un clima sonoro especial. Jugando con el ambiguo significado de «es la caña”, realmente así lo puedo entender en jerga juvenil, pues pergeñar todo él en un solo movimiento es ya un acierto unificador, con juegos de tiempos contrastados y rítmicamente complicados de concertar, con diálogos entre orquesta y solista equilibrados, y la caja que también quiere cantar y contestar el carácter del destinatario, Aage Oxenvad, quien lo estrenó en Copenhague el 11 de octubre de 1928. Gruñón y endiosado al que su compatriota parece que quiso poner a prueba con este concierto. Nuevamente el maestro Martín eleva al culmen esta primorosa partitura con la sabia combinación de técnica y musicalidad, el canto del clarinete explorando los registros extremos, las dinámicas imposibles capaces de cortarnos la respiración, solos levantando el vuelo cual «lamentos caprichosos» y la orquesta revistiendo de belleza esta imagen de mi aññorada Dinamarca que suena totalmente actual casi cien años después. Una satisfacción tenerla en disco para disfrutarla cuantas veces quiera y viajar sin movernos del sillón plácido y confortable con diseño nórdico.
El compositor y director de orquesta escocés  Sir James MacMillan (1959) con su Tuireadh (1991) redondea estos tres conciertos donde el clarinete cubre una amplia gama de emociones humanas y hasta divinas. Obra originalmente para Cuarteto de Cuerda y clarinete, arreglada en 1995 para la versión orquestal, en las fuentes citadas lo describen así: «El Tuireadh de James MacMillan (…) es una efusión resuelta de dolor, que eleva los instrumentos a una calidad de expresión casi vocal en un lamento por las víctimas del incendio de la plataforma petrolera Piper Alpha«. Esta partitura es el verdadero «lamento»  cantado tras los «caprichos» americanos y daneses, la denuncia musical con un lenguaje actual concebido para un clarinete suplicante, enfadado, dolido, compartido y contestado por una orquesta que subraya, reprocha, gime, grita y llora. Imágenes dramáticas que la música completa con una instrumentación de tímbricas y texturas evocadoras de tragedias diarias a las que no somos ajenos en estos tiempos convulsos. Interesante composición esta página de MacMillan que crece del cuarteto de cuerdas a la orquesta, explorando cada sección desde amplias dinámicas que no ocultan nunca el protagonismo del clarinete solista en un idioma de nuestro tiempo comprensible por todos. Recomiendo conocer la amplia trayectoria de este interesante compositor británico con un lenguaje musical inundado de influencias no ya de «su herencia escocesa, fe católica, conciencia social y una estrecha conexión con la música folclórica celta, mezclada con influencias de la música del Lejano Oriente, Escandinavia y Europa del Este«, perfecto compañero de viaje de los otros dos conciertos a los que complementa como anillo al dedo desde esta visión evolutiva y cercana de una forma clásica por la que transita la grabación, historia viva como los sentimientos comunes.
Bravo por estos músicos de mi generación a los que debemos escuchar más, y mis felicitaciones al maestro Martín por este disco de aires isleños junto a la gratitud de poder escucharlo con detenimiento y verdadero deleite, viajes emocionales de Siana a Edimburgo, minería mierense hermanada con Glasgow siempre con «la música por montera» que reza mi blog, además de la musicoterapia necesaria, siempre jugando con caprichos y lamentos que nos hacen más llevaderos nuestros quehaceres diarios.

Córdoba mediterránea

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Llevo días disfrutando en Spotify desde el ordenador y posteriormente en soporte CD aún puesto en la cadena, del recientemente publicado Rutas a cargo del tenor cordobés Pablo García-López y el pianista vitoriano Aurelio Viribay, perfecta fusión de una voz que tiene personalidad en esta canción de concierto y el máximo conocedor de un repertorio que domina desde hace muchos años. Como escribe «el mi fíu adoptivo» desde su primer viaje a Mieres en sus años de estudiante, «Emprendo este nuevo viaje y me gustaría que me acompañaras… quiero reivindicar nuestra música con la figura de estos compositores que se han apoyado en la palabra de grandes poetas«.

Acertada selección de 21 canciones que nos llevan a un viaje desde el Mediterráneo barcelonés de Eduard Toldrá (1895-1962) y alicantino de Óscar Esplá (1886-1976) a la Córdoba de Joaquín Reyes Cabrera (1914-2005) y Ramón Medina Hidalgo (1920-2012), reivindicación necesaria para estas «rutas» que habitualmente hemos escuchado por las grandes voces femeninas españolas y que el tenor andaluz le da esta visión masculina sobre unos textos a los que la música eleva al paraíso, rebautizando el Guadalquivir cual mar personal, siempre con el magisterio del doctor afincado en Madrid (conocedor del dicho de Rubinstein que Todas las palabras se esconden tras las teclas de un piano).

Toldrá y sus Seis canciones han sido grabadas por dúos de referencia que con García-López y Viribay resplanceden desde una línea de canto limpia, sentida y el subrayado pianístico impecable, nuestro lied equiparable al europeo que ambos intérpretes han transitado. «Cantarcillo» de concierto para disfrutar de Garcilaso, Quevedo o Lope, «Después que te conocí» todas las canciones son bellas, frescas y nada les sobra, la simbiosis texto-música equilibrada en todos los planos, fluidez verbal e instrumental.

Esplá nos transporta hacia el sur mediterráneo con textos atlánticos de Alberti, las Canciones playeras que explican las «Rutas«, por aquí y por allá de luz sorolliana en el piano dibujada con voz propia masculina, pregones de poesía pura, pescadores de músicas andaluzas universales que siguen viajando por el mundo. Nuestra Lírica española nuevamente única, aquí «Castellana» y «Mediterránea«, de la orquesta al piano grande de por sí, unido a la voz lírica pura que canta a nuestra tierra con una música para guardar y disfrutar siempre.

Siendo la patria chica del tenor no podía faltar la Córdoba soñada, los claroscuros de Romero de Torres con poesías de Lorca y también de Machado, viajeros triunfadores a los que Joaquín Reyes musica desde una continuidad bien traída a tierra de Califato, el magisterio destinado a engrandecer un repertorio no siempre presente en los programas pero que Pablo y Aurelio han traído para quedarse, los años 70 y 80 tan fructíferos para la creación desde los encuentros poético-musicales en la nueva Medina Azahara del Conservatorio que hoy lleva el nombre del recordado y grande Rafael Orozco. Las seis Canciones para niños del jienense y cordobés Reyes aquí grabadas reflejan no ya el dominio del piano que el compositor e intérprete cordobés mantuvo en su larga trayectoria sino el interés por revitalizar la canción de concierto, el Lorca puro de la Cancioncilla sevillana que desprende romero musical en la voz del cordobés y esa «guitarra en blanco y negro» del vasco, pero también el Caballito soñado de Machado, compenetración perfecta de voz y música, tenor y piano en protagonismo y aprendizaje compartido a lo largo de los años, que recuperan estas seis joyas de la literatura liederística hispana con visión europea desde la creación unida a la ilusión.

Cierra el disco Ramón Medina, otro docente y compositor cordobés con herencia musical directa, de quien han elegido poetas igualmente cordobeses, Se peinaba la niña de Pablo García Baena (1923-2018), poesía sensual perdurable y romántica destinada a ser cantada, y La adelfa de Carlos Clementson (1944) enmarcado en el Grupo Cántico, ya indicativo de su línea entre los llamados «novísimos«, como nuevas estas canciones que mantienen la esperanza de poder escucharlas en vivo aunque siempre nos quedará este testimonio para atesorar.

Excelente esta grabación del mes de junio realizada en Estudio Uno de Colmenar, con Pablo Pulido de ingeniero y producción de Miguel Jaubert, perfecta toma de sonido, cercana, directa, piano y voz en el balance ideal de amplias dinámicas registradas al detalle, como los textos del cordobés Juan Miguel Moreno Calderón, las fotos de Javier Salas y todo el CD diseñado por Fortissimo Media, distribuido por La Cúpula Music. Gracias a Pablo y Aurelio por este regalo que acompañará mis grandes grabaciones españolas, para presumir de ellas.

Baset con valentía y coraje

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En tiempos de pandemia llega el nuevo trabajo de Forma Antiqva con su sello alemán Winter&Winter dedicado a las sinfonías del valenciano Vicente Basset, violinista y compositor de la orquesta del Coliseo del Buen Retiro de Madrid, durante los festejos organizados por Farinelli, además de violinista en la compañía teatral de la actriz y empresaria María Hidalgo. Las oberturas y sinfonías están editadas por Ars Hispana, a quien siempre debemos felicitar por su rigor y trabajo, edición crítica a cargo de Raúl Angulo Díaz publicada por la Fundación Gustavo Bueno (Santo Domingo de la Calzada, 2013) a partir de los originales copiados para Carl Herman Leuhusen, secretario del Embajador de Suecia en Madrid de 1752 a 1755, 12 sinfonías u oberturas para cuerda conservadas en la Biblioteca Nacional de España y en la Biblioteca Pública Estatal de música en Estocolomo (Stockholm Statens Musikbibliotek) aunque aún falte por encontrar una de ellas.

La formación asturiana dirigida por Aarón Zapico continúa con la recuperación de nuestro patrimonio musical enriqueciendo repertorios y grabaciones, esta vez gracias a una Beca Leonardo de la Fundación BBVA del pasado año. Obras de Basset ya rodadas en distintos formatos y conciertos equiparándolas tanto a nuestros Nebra o Laserna como al gran Haydn, era hora de grabar estas once joyas sinfónicas con una orquesta barroca llena de músicos de primera, cuyos nombres dejo al final de esta entrada, habituales muchos de ellos en distintos programas afrontados por los langreanos y que tienen momentos de lucimiento con solos de altura y virtuosismo.

Grabado antes de la pandemia en el Estudio UNO de Colmenar Viejo (Madrid), la toma de sonido es impecable, pudiendo disfrutar de su escucha en Spotify©, en un ordenador pero sobre todo en una cadena musical, mi caso a todo volumen porque no hay vecinos que protesten, con esa sensación de tenerlos en casa a todos tocando para mí solo.

El éxito internacional parece haber llegado antes que a esta piel de toro nuestra donde nadie es profeta en su  tierra, pero el legado queda y el tiempo pondrá en su sitio esta aportación impagable del tandem Forma Antiqva y Ars Hispana a nuestro patrimonio musical español desde Asturias, esperando que la industria cultural no se quede en mera intención política.

Una edición discográfica en la línea alemana de calidad en todos los detalles, con notas del propio Aarón Zapico que nos acercan al trabajo previo de diez años en la búsqueda de estas sinfonías de Baset (o Basset), con valentía o incluso «con coraje» tomando la traducción inglesa, pues así hay que tomar el trabajo previo que hay en cada página.

Dejando que cada músico se implique, se haga copartícipe de la partitura, dominadores todos ellos de este lenguaje tan internacional y exigente sin olvidar la seña de identidad autóctona en algunos movimientos, manteniendo la alternancia de movimientos, la estructura formal pero volviendo a apostar por esos contrastes «marca de la casa» (como en el inicio de la tercera sinfonía, donde los pizzicati de los violines y su dúo son venecianos en esencia, casi diría que veraniegos) no solo dan vigor interpretativo sino colorido tímbrico, apuestas con la valentía que siempre tiene el mayor de los Zapico en sus trabajos y que nos asombrase hace años con unas «estaciones granadinas» sin perder ni un ápice el coraje y visión rigurosa en tiempos de mediocridad.

Siempre difícil aportar un repertorio nuevo de calidad, este Baset la tiene en todas y cada una de las once sinfonías – oberturas grabadas por los asturianos para el sello alemán. Podrían firmarlas cualquier italiano, inglés, francés o austríaco pero lo hace este valenciano en aquella corte madrileña del XVIII donde la música tenía personalidad e importancia, y Forma Antiqva refleja este periodo histórico fiel a su espíritu original desde la actualidad a la altura de las mejores orquestas europeas (que es decir mundiales).

La aportación del viento (en la segunda «Apertura» el oboe es magnífico y otro tanto toda la madera en la cuarta, dándole incluso espíritu guerrero), con un continuo que nunca defrauda (primoroso el Andante de la Bas11 con los gemelos Zapico) dándole la textura idónea (Minuete de la tercera), y adornadas con las pinceladas maestras de una percusión siempre en su sitio (Tempo di Minué de la Bas12, duodécima, o en el Minué de la Bas4). La paleta sonora equiparable a los grandes compositores europeos en esa transición estilística, sino puro Clasicismo, más clara de lo que la historia nos ha contado que se hacía en España, tildándonos de ir por detrás de las modas porque el barroco seguía imperando en suelo patrio ajeno a la Viena imperial.

Cuánta música por descubrir que «desfaga entuertos». Hay que quitarse de una vez los complejos y escuchar esta grabación abriendo bien los oídos, y la mente, disfrutar con valentía y coraje del Baset internacional.

Músicos:

Aarón Zapico, director musical. Oboes: Pedro Castro, Jacobo DíazFagot: Joaquim GuerraViolines: Jorge Jiménez, Víctor Martínez, José Vélez, Cecilia Clares, Belén Sancho, Daniel Pinteño, Vadym Makarenko, Marta Mayoral, Irene Benito. Violas: Daniel Lorenzo, Lola FernándezCellos: Ruth Verona, Elisa JoglarContrabajo: Jorge Muñoz. Guitarra barroca: Pablo Zapico. Tiorba: Daniel Zapico. Clave: Adrià GràciaPercusión: David Mayoral.

Colección Zapico

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En esta cuarentena obligada (muy distinta de la mía tras el accidente de moto) tengo que agradecer que mi cartero rural, amigo además de currante y un artista con la cámara de fotos, funciona puntual como siempre y al fin llegó a la aldea el último CD para mi variada y gran colección (hace el número 3191, que además es primo), esta vez dos tercios de Forma Antiqva: los gemelos Zapico, Daniel y Pablo, que ya nos acostumbran a regalar en sus recitales intervenciones a dúo, también con la guitarra de mi tocayo, más allá del barroco donde se desenvuelven como pocos y explorando combinaciones sonoras con buenos resultados. Grabado con el sello alemán Winter & Winter que siempre apostó por esta familia, producido por el propio Stephan Winter junto a su esposa Mariko Takahashi, y con el patrocinio de Gobierno del Principado de Asturias, agradando un catálogo con curiosidades fruto del duro trabajo de recopilar y adaptar obras para sus variadas formaciones, en esta novedad interpretan Pablo con el archilaúd y Daniel a la tiorba donde tampoco faltan cada uno de ellos en solitario, ya rodado en el siempre difícil directo el pasado verano (pues hace unos días desconozco creo lo tuvieron que suspender). Y quiero citar también los luthiers de sus instrumentos: archilaúd José Miguel Moreno & Alejandro Fuentes, Madrid 2007 –  tiorba Jaume Bosser, Barcelona 2013.
De las notas que acompañan el disco, tituladas EL RETRATO DEL LAÚD, que incluyo a continuación, voy colocando distintos párrafos que ha escrito Pablo Zapico explicando el trabajo previo y la elección de las obras, alguna verdadero estreno, que presentaron en «La dársena» de Radio Clásica hace muy poco.
(* ver nota al final)

Filippo Dalla Casa (1737 – después 1811) «fue un pintor profesional y un intérprete aficionado del archilaúd. En 1811, cuando se decía contar con 74 años, donó su colección de Suonate di Celebri Auttori per l’Arcileuto Francese, su propio instrumento y un autorretrato fechado en 1759 al Liceo Filarmonico (1804), actual Conservatorio Statale di Musica ‘G. B. Martini’ de Bolonia; tal era su fuerte vínculo con la institución cultural donde ejercía como profesor de pintura«.

Exceptuando la Sinfonia, todas las piezas provienen de su doble manuscrito, fechado en la Bolonia de 1759 y 60. Entre los poquísimos autores reconocidos o señalados, figuran nombres de laudistas y –especialmente– clavecinistas de la época de los que hoy es muy difícil encontrar noticias en el diccionario musical pero que por entonces debieron ser célebres músicos. Su manuscrito es, pues, una compilación de la música que le gustaba escuchar para interpretarla él mismo. Dalla Casa justifica que «L’Arcileuto Francese, altro non è, che un clavicembalo portatile, tutta la musica che si suona in esso, si eseguisce nell’Arcileuto, col divario che è più difficile […]» (El archilaúd francés no es más que un clave portátil; toda la música que se toca en él puede reproducirse en el archilaúd con la diferencia de que resulta más difícil).

Tres sonatas de autor desconocido abren el disco: Andante en sol mayor, Allegro en sol mayor y Allegro en fa mayor, casi dotadas cual unidad tripartita abriendo horizontes de elegancia, sonoridades claras y uniformes como si de un solo instrumento se tratase con unas líneas bien definidas, juegos rítmicos, de aire y tonalidades luminosas.

Claro que Dalla Casa no consideraba entonces la posibilidad de utilizar dos instrumentos que maridan tan bien como el archilaúd y la tiorba. Este combo sí puede realmente competir con la rica textura armónica del clave sin limitaciones técnicas. De hecho, seguramente nada más le hubiera gustado a Filippo que poder desdoblarse, dado que además de intérprete de archilaúd, también lo fue de tiorba, tal y como especifica el título de su pequeño tratado anexo: «Regole di Musica, ed’anco le Regole per accompagnare sopra la Parte per Suonare il Basso continuo & per l’Arcileuto Francese, e per la Tiorba. Per uso di me Filippo Dalla Casa Suonatore di essi» (Reglas de música y, además, reglas para acompañar sobre la parte, para realizar el bajo continuo, y para el archilaúd francés y la tiorba. Para mi uso, Filippo Dalla Casa, intérprete de ambos).

El Aria del Martelli (Tommaso Martelli) recuerda una danza de salón con las líneas bien definidas, la melódica en el agudo del archilaúd y el sustento grave de la tiorba, como un gran clavicordio muy rico en tímbrica, seguido por el Allegro (fa mayor) de autor desconocido, contrapuesto al anterior manteniendo cierta unidad sonora e interpretativa para obras coetáneas que bien recogió Dalla Casa, y que Pablo explica perfectamente.

La mayor parte del Suonate di Celebri Auttori son transcripciones o composiciones para archilaúd a solo. Sin embargo, era costumbre natural en la época que los miembros de una misma familia compartieran música juntos y así lo es también para mi hermano y para mí. Siguiendo este hábito, quisimos revivir las transcripciones de Dalla Casa dotándolas de una lujosa versión a dúo que persiguiese satisfacer aquel ideal que debió de fascinar a Filippo cuando escuchó estas mismas piezas al clave. No obstante, algunas de las obras recogidas sí están escritas originalmente para dos intérpretes, como el Concierto en Do Mayor para mandolina y bajo de archilaúd de Giuseppe Vaccari, también incluido en esta grabación.


(** ver nota al final)

El Trio de Lodovico Fontanelli está estructurado en los siguientes movimientos: I. Sonata (Andante); II. Aria. Allegro; III. Suo Minuetto, dispuestos como era costumbre barroca, contrastados en tiempos, compás y ritmos, manteniendo la línea melódica clara y virtuosa con un bajo redondo que suena perfectamente empastado, solo los gemelos parece que pueden sentir lo mismo y este Fontanelli es una muestra de ello. Desconocido pero reconocible estilísticamente  el Allegro en do mayor, ágil y contagioso, más Daniel Zapico solo en el Grave: si bemol mayor, la tiorba completa, el magisterio del instrumento con técnica impecable y la musicalidad habitual que le ha llevado a actuar con muchas y excelentes formaciones.

La Sinfonia no está firmada y por el momento permanece anónima. Procede del ítem 450, vendido en una subasta organizada por Karl & Faber el 6 de diciembre de 1956 en Múnich. Dicho lote pertenecía a la Graf Harrach Collection de Rohrau, Austria. Su comprador fue el laudista y musicólogo inglés Robert Spencer (1932 – 1997). Hasta hace poco, esta obra se conservaba únicamente en formato digital, en posesión del doctor en musicología Arthur J. Ness (Chicago, 1936), especialista en cuerda pulsada. La obra original fue escaneada por el propio Spencer antes de intentar venderla.

Una preciosidad esta Sinfonia à Solo di Arciliuto en cuatro movimientos sucediéndose en lento y rápido: I. Largo, solemne con intercambio de papeles en cuanto a «voz cantante», II. Allegro vibrante, bien desarrollado con aromas venecianos, III. Largo germano por su gravedad no solo de registro, más el IV. Allegro contenido, ameno y ornamentado lo suficiente para no perdernos la riqueza armónica. Siguen en solitario Pablo Zapico con la Marchiata del Gordini de autor desconocido, y Daniel Zapico en el Grave: do menor, autores desconocidos felizmente recuperados, aplicándoles los mismos elogios a los dos hermanos en cuanto a interpretación y musicalidad desde unas tímbricas similares aunque distinguibles. Quiero añadir aquí que sobre la denominación muy poco común de Marchiata, Germán Labrador López de Azcona, Profesor Titular de Musicología de la UAM, escribía para el programa del concierto previsto en la Sala de Cámara del Auditorio de Madrid el último 14 de marzo, sobre esta obra de Gordini que es «(…) singular en este repertorio; aunque no es muy conocida, la «marchiata» ya aparece como toque de guerra en 1648 en Venecia, y en 1810 todavía pervivía como baile en la cultura popular. Probablemente por su origen militar y condición de “toque” o señal, sus motivos rítmicos resultan muy característicos, y es también un vestigio de la rica cultura musical que rodeó al protagonista indirecto de este programa. Lejos de la “gran historia” de la música, el manuscrito y la figura de Dalla Casa inspiran todo un programa de recuperación musical a partir de un intérprete desconocido, acaso autor de algunas de las obras de su antología, y personaje casi irrelevante, que no figura en libro alguno de música del siglo XVIII».
Continúan las notas de Pablo Zapico:

Tras su muerte, se perdió el rastro del documento original hasta que recientemente he podido localizarla dentro de la Robert Spencer Collection donada por su familia a la librería de la Royal Academy of Music de Londres, donde estará disponible próximamente en su biblioteca digital [GB-Lam MS799].

A dúo y escrito originalmente para esta combinación, Giuseppe Vaccari con su Concerto à Mandolino, è Basso del Arcileuto de tres movimientos bien claros: I. Allegro, II. Andante, III. Allegro nos demuestra la adaptación perfecta del archilaúd con la tiorba, no necesita el trémolo de la mandolina ni siquiera en el andante central nuevamente evocador «veneciano», para dejarnos unas melodías bien armadas en una interpretación que parece limpiar un cuadro de la época donde el pincel final nos trae aire de los canales.

Sin duda, la ubicación estilística más importante que puede hacérsele a esta Sinfonia es la de considerarla en su totalidad como una obra posible dentro del marco musical del propio Filippo Dalla Casa, dado que he identificado una referencia al 4º movimiento (sin el acompañamiento) de la Sinfonia en su propio manuscrito. Afortunado hallazgo musicológico. Aunque la copia no es literal, sí es perfectamente reconocible y por esta razón se incluye en el álbum como primera grabación mundial.
Se trata de un repertorio que ya se adentra estilísticamente en el Clasicismo. Es el último capítulo y retrato del laúd; un instrumento que no tardaría mucho más en desaparecer. Es, de hecho, la última fuente catalogada de música para archilaúd.

Dos últimos anónimos para cerrar el disco: Grave: la menor y la Sonata: Andante, do mayor, dos movimientos casi unitarios e igual armadura, con ese inicio solemne en el modo menor antes del relativo mayor sin prisas, caminando hacia la necesidad de repetir toda la escucha, incluso jugando con la reproducción aleatoria porque todo el disco mantiene una unidad estilística buscada por Filippo Dalla Casa que «los pequeños» Zapico han plasmado a la perfección en este disco.

(* Pablo Zapico en su perfil de FB comenta sobre el cuadro«Este es el autorretrato de Filippo Dalla Casa, pintado en 1759, cuando tenía 22 años, tal y como aclara él mismo en una inscripción por detrás del mismo lienzo.Óleo sobre tela. Dimensiones 47,5 x 36,3 cm. Propiedad del

Museo internazionale e biblioteca della musica di Bologna (catálogo n° 123, inventario B 12005 / B 38492). Situado en el Conservatorio G.B. Martini, Piazza Rossini, 2 (Sala di lettura).Llama la atención lo bien detallado que está el encordado del instrumento (con diferentes materiales para las cuerdas más graves y densas) y el tamaño de sus uñas (al menos la del pulgar). En mi opinión, seguramente el instrumento esté pintado más pequeño de lo normal para encuadrarlo a las dimensiones del óvalo»).

(** Luigi Crespi, ca. 1777: retrato de Filippo Dalla Casa, óleo sobre lienzo).

Esencias de Marenzio

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Seguimos en casa recuperando grabaciones que me gustan, compradas y regaladas, para compartirlas desde este blog. Hoy me he transportado al Cinquecento italiano con este cuarteto vocal que da gusto escuchar en vivo y este tributo al llamado «compositor de los sentidos» nos permite disfrutarlo cuantas veces queramos.

QVINTA ESSENÇIA afincados en Barcelona y adaptándose a sus repertorios, está formado en su núcleo básico, como el de esta grabación, por la soprano valenciana Èlia Casanova, el contratenor ribagorzano Hugo Bolívar (alto), el tenor barcelonés Albert Riera y el bajo murciano Pablo Acosta, un cuarteto vocal de amplia trayectoria tanto coral como individual, y que se reúnen para dejarnos joyas como estos madrigales de Luca Marenzio (ca. 1553-1599).

Grabado del 23 al 26 de agosto de 2018 en la Capilla de los Dolores del Monasterio de Sant Joan de les Abadesses, y publicado en 2019 por el sello La Mà de Guido (LMG2157), con una buena acústica y toma de sonido que nos permite degustar esta bellísima polifonía a buen volumen, sin molestar nunca, nos transporta a esos ambientes renacentistas, con unos textos verdaderamente poéticos recogidos todos en el libreto con notas en varios idiomas, firmadas por el profesor Francesc Xavier Alern (doctor desde 2015 en Musicología por la Universidad Autónoma de Barcelona y verdadera autoridad en este periodo musical).

El propio Alern titula «El madrigal, «quintaesencia» de la música renacentista», también el nombre del cuarteto con estas obras, todo un tributo al arte de los sonidos, en este caso «a capella», diría que en su estado más puro, sin instrumentos, dejando la desnudez vocal cantando los sonetos del aretino Petrarca y las églogas del napolitano Sannazaro, poesía humanista engrandecida por la música de Marenzio, cantante, laudista y sobre todo compositor de más de cuatrocientos madrigales publicados entre 1580 y 1599 que tuvieron enorme difusión no solo en Italia, un grande al que solo Monteverdi le hizo sombra.

Primera grabación de Qvinta Essençia con trece madrigales (dejo los títulos al final de esta entrada) del primer libro Madrigali a quattro voci… libro primo (Roma, 1585) en el llamado estilo «híbrido» del polifonista Marenzio, mezcla de madrigal culto y formas ligeras como la villanella, un nuevo tipo de canto virtuoso y sofisticado que pondrá las bases de este estilo a principios del XVII. Sumemos el regalo de Rore a cargo de este cuarteto donde el balance y color, muy homogéneo, son su mayor logro, alcanzando el difícil equilibrio que existe entre la línea individual, hermosa en las cuatro voces, y el sonido del conjunto, en parte por este formato «reducido» que como decía anteriormente, es puro cual decantación desde formaciones de cámara que necesitarían mucho más tiempo en alcanzar esta textura y sabor coral, junto a la perfecta dicción y seguimiento de los textos con esas armonías evocadoras desde el juego tímbrico tan poético como el italiano elegido. Marenzio compone con una armonía y un contrapunto libre para su época, posee los recursos estilísticos y expresivos desde una escritura musical donde el texto marida y crece con la música a base de cromatismos, disonancias, efectos silábicos y tintes dramáticos que Qvinta Essençia alcanza en cada madrigal.

CORTES

1. Dissi a l’amata mia lucida stella
2. Non vidi mai dopo notturna pioggia
3. Madonna, sua mercè pur una sera
4. Zephiro torna
5. Chi vuol dir i miei sospiri in rime
6. Ahi dispietata morte, ahi crudel vita!
7. Veggo, dolce mio bene
8. Tutto’l dí piango
9. Or vedi, Amor, che giovinetta donna
10. Menando un giorno gli agni presso un fiume
11. I lieti amanti e le fanciulle tenere
12. Vedi le valli e i campi che si smaltano
13. Vezzosi augelli, in fra le verdi fronde
14. Anchor che col partire (Cipriano de Rore)

Italia en España

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En estos días de enclaustramiento obligado y ante los múltiples aplazamientos de conciertos (que en mi Oviedo afectan a todos los ciclos programados), esperando no sean anulaciones por lo que supone para los músicos quedarse sin trabajo, toca volver a escuchar parte de mi fonoteca física, comentarla y compartirla desde este blog.
Hoy el título del disco de Concerto 1700 que lidera el violinista malagueño Daniel Pinteño parece de lo más actual aunque se refiera al legado musical que nuestros hermanos italianos nos han dejado y conservado en la Biblioteca Nacional de España, colecciones de sonatas para violín de autores que para algunos melómanos suenan desconocidos aunque en su momento fueron muy populares.

Grabado en la Iglesia de San Sebastián de en Cercedilla (España) durante el pasado mes de junio y con Jesús Trujillo de ingeniero de sonido (al igual que en su anterior grabación dedicada a José de Torres), este compacto nos deja cinco sonatas de Emanuele BARBELLA (1718-1777), Pietro NARDINI (1722-1793), Eligio CELESTINO (1739-1812), Luigi BORGHI (ca. 1745-ca. 1806) y Felice GIARDINI (1716-1796), frescas, cercanas, auténticas píldoras, expandiendo aquella colonización progresiva del mercado europeo con sus viajes y publicaciones también en el terreno de la música instrumental felizmente rescatadas del olvido.

Muy interesantes las notas en distintos idiomas de Stefano Russomanno y el propio Daniel Pinteño para centrar estilos, cronología e historia de estos compositores que gozaron de una fama efímera y ahora se les recupera para solaz de los melómanos compulsivos como el que suscribe.
Concerto 1700 está conformado para esta grabación por DANIEL PINTEÑO al violín, ESTER DOMINGO en el violoncello) y ALFONSO SEBASTIÁN desde el clave, trabajo muy conseguido por todos ellos en una plantilla ideal para estas sonatas, violín y bajo continuo habitual en la época, añadiendo la guitarra barroca de RAMIRO MORALES en Nardini al ser uno de los instrumentos que no solo aportan sonoridad mediterránea sino el instrumento favorito de aquella España del dieciocho aún con cinco órdenes además de habitual acompañante de voz y violín.

El rigor no ya en la recuperación de estas sonatas sino en su interpretación, prima en cada una de los cortes del disco. Se abre con el napolitano Emanuele Barbella y su Sonata VI –«Six solos for violin and bass (…) dedicated to Arch. Menzies of Culdares» (ca. 1756)-, forma tripartita (Larghetto e con gusto – Allegretto – Allegretto brillante. Alla francese), barroco bien armado y equilibrado, tímbricas conseguidas siempre desde el protagonismo violinístico.

El toque de la guitarra para la Sonata IV Op. 5 de «Six solos for the Violin with a bass» (ca. 1769) compuesta por el toscano Pietro Nardini casi nos transporta al Madrid cortesano donde su paisano Boccherini era el rey, una sonata en tres movimientos (sin indicaciónAllegro – Allegro) rápidos de amplias dinámicas contrastadas con el violín cantarín y el continuo acertadísimo del bajo chelísitico, las perlas al clave y ese empuje de acordes y leves punteos en la guitarra para una sonata diría que plenamente de salón por su elegancia con aromas españoles.

Muy interesante también Eligio Celestino, nacido en Pisa aunque desarrollase su carrera en Roma antes de sus viajes por toda Europa. La Sonata IV de sus «Six Solos for the Violin and a Bass for the Harpsichord or Violoncello, op. 2 (1774) mantiene la típica estructura tripartita aunque más clara por los tiempos perfectamente diferenciados: Largo para un mayor protagonismo del violín antes del Allegro lleno de contestaciones desde el bajo continuo con un cello compartiendo presencias, y el imperdible Minuetto. Andantino, delicioso baile desde una sonoridad cercana, dulce, afable y casi íntima.
Del piamontés Luigi Borghi, otro viajero incansable afincado en Londres y cuya música fue muy interpretada en España además de venderse cual «best seller», la Sonata IV de los «Six Solos for a Violin and Bass op. 1 (1772) mantiene esquemas aunque los aires sean internacionales y sin olvidar el toque francés (Allegro – Largo – Rondeau. Andante Amoroso), melodías fáciles en su escucha aunque difíciles de ejecución, bien ornamentadas y arropadas por un bajo compacto además de efectivo en el rápido, lirismo en el lento central saboreando los graves del cello y un clave más allá del relleno armónico, antes de un final «rococó» o si se prefiere pre-clásico al que Borghi no era ajeno.

Cierra el disco el turinés Felice Giardini, formado en Milán e igualmente establecido en la capital británica donde además de reputado solista y compositor también ejerció de profesor. Sus obras se vendían muy bien en las tiendas madrileñas (hasta 1793) compitiendo con los Boccherini, Stamitz o Giordani, según se desprende del estudio de la prensa del momento como bien recuerdan las notas de Russomanno y Pinteño. La Sonata II de «Six Solos for the Violin and a Bass», op. 19 (1777): es otra joya ideal para rematar estas recuperaciones llevadas al disco. Adagio galante, italiano a más no poder, un Presto Assai virtuoso, vibrante y el Grazioso último, elegancia cortesana para degustar un trío que hablan el mismo idioma interpretativo para esta Italia en España.

El efecto Rodiles

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Martes 10 de marzo, 19:00 horas. Club de Prensa La Nueva España: presentación del CD The Butterfly Effect, Noelia Rodiles (piano).

Sigo hace muchos años la carrera imparable de esta pianista avilesina, Noelia Fernández Rodiles, Noelia Rodiles definitivamente para el mundo musical (con permiso de su padre más orgullo materno), y aunque faltase a su último concierto en el Bellas Artes de Oviedo hace dos veranos, precisamente con las obras de este disco, no le pierdo el rastro a su trayectoria ni tampoco sus intervenciones en distintos programas de radio clásica.

El club de prensa ovetense hoy entre amigos, pues parece que empieza a cundir el pánico a salir de casa, presentaba el último trabajo discográfico para el sello Eudora, que pese a la indisposición de última hora de Cosme Marina, tuvimos sustituto de lujo con el compositor y catedrático del Conservatorio Superior de Oviedo, Manuel Martínez Burgos, que además fue profesor de Noelia.

El efecto mariposa es un concepto amplio de todos conocido basado en la teoría del caos, aunque sea mucho más poético (como el vestido que lucía Noelia para la ocasión) pensar en que «el leve aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo» como reza el proverbio chino. Mariposas inspiradoras, fusiones románticas y actuales como en su anterior disco Ligeti – Schubert, y también el título de la Sonata nº 5 de Jesús Rueda (Madrid, 1961) que finalmente daría nombre a esta joya de grabación efectuada en la Sala Mozart del Auditorio de Zaragoza para escucharlo (en formato SACD) como si estuviésemos tan cerca como esta tarde en Oviedo, aunque el piano vertical del periódico no sea lo que se dice apto para virtuosos como Noelia Rodiles, que pese a todo nos deleitó con un aperitivo «sin palabras» de Mendelssohn antes de dársela a la directora del Club de Prensa Maria José Iglesias, y al maestro Martínez Burgos.

Detalles de cómo surge este maridaje entre el siglo XIX y el XXI que unidos dan más sentido a las páginas elegidas, curiosamente emparejadas por los propios compositores españoles a quienes se las encargó la compositora enviando a los tres las obras románticas pensadas previamente y «acertando» en la elección de cada uno de ellos. Las mariposas, Papillons op. 2 de Schumann con la citada sonata de Rueda, las «Romanzas sin palabras» o Lieder ohne Worte, op. 20 de Mendelssohn y los Seis caprichos sin título de David del Puerto (Madrid, 1964), de quienes también escuchamos en vivo el «Canto del gondolero» más el Agitato, y finalmente el Adagio en sol mayor, D178 de Schubert con las Dues pieces per a piano del catalán Joan Magrané (Reus, 1988).

Fusiones que acercan la música de nuestro tiempo con la escucha así emparejada del mejor repertorio romántico y tan actuales unas como otras en el piano sin complejos de Noelia Rodiles, una técnica sobrada para una musicalidad y expresión madura ya desde sus tiempos de estudiante como bien recordaba el profesor Martínez Burgos, y que marca las diferencias en los pianistas sin más y los intérpretes de raza. Excelentes las notas que acompañan al disco donde los españoles nos describen sus obras.
Un riesgo no exento del placer y satisfacción en seguir apostando y promocionando a compositores actuales y además nuestros, en el mismo plano que los «clásicos» pues solo el tiempo marca las diferencias, y el directo, como el disco, dejará testigo sonoro de una categoría musical sin palabras y cual efecto mariposa donde el leve aleteo de estas páginas hispanas pero internacionales se pueden sentir en todo el mundo gracias a discos como este último de mi admirada Noelia.

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