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Schumann y Falla con el Mediterráneo

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Viernes 28 de julio, 22:30 horas. Castillo de Bil-Bil, Benalmádena. Recital lírico de canto y piano “Cultura en la calle”: José Manuel Montero (tenor), Aurelio Viribay (piano). Obras de Schumann, F. Alonso y Falla.

El verano supone para muchos artistas trabajo que el público siempre agradece, con escenarios distintos a los habituales como en el caso de Benalmádena que con el Mediterráneo y el Castillo de Bil-Bil de telón de fondo traía este último viernes de julio una música aparentemente poco popular como el mundo del “lied” romántico y que el año pasado funcionó, por lo que repetir no era correr riesgos y a la vista de la ocupación de todas las sillas, más abundante público de pie, la fórmula volvió a resultar acertada, en buena parte por la calidad de unos intérpretes que se han puesto como objetivo dar a conocer la música vocal de salón, los grandes compositores de la canción con piano donde los españoles deben estar a la misma altura que los germanos, como pudimos volver a comprobar.

El ciclo de canciones Liederkreis, op. 39 de R. Schumann y textos de von Eichendorff (1788 – 1857) no están entre los más escuchados, si bien de los dos ciclos, nueve temas con textos de Heine los opus 24 menos que los doce del segundo que pudimos disfrutar al aire libre y con amplificación cuidada, más transitados a lo largo de los años, teniéndolos en mi discoteca nada menos que por el irrepetible barítono Fischer-Dieskau.
El piano poniendo la música sin palabras en equilibrio a la poética del canto, diálogos con el trasfondo tan romántico de la naturaleza, el desamor, la paz y el dolor con momentos íntimos, poderosos y la belleza imponente de la naturaleza en comunión piano y tenor para esos microrrelatos románticos y puros. Títulos que parecían describir el propio entorno de esta noche de verano mediterráneo: La quietud, En un castillo, En la lejanía, Melancolía, con la dicción germana perfecta de José Manuel Montero y color dramático capaz de alcanzar sin problemas el amplio registro de este ciclo, más el piano maestro de Aurelio Viribay, un tándem de muchos quilates. La docena de poemas con música fueron desgranándose con todo el sentimiento que los textos requerían (lástima no poder ir leyéndolos) y un público que aplaudía cada uno sin esperar el resultado global, óptimo sin lugar a dudas.

El piano solo necesario para un leve descanso vocal (y un cambio de camisa) vino con un “desconocido” Francisco Alonso y una poco frecuente Mi adiós a Granada de hondura en fraseo evocado por ese folclore único que el maestro Viribay siempre eleva la llamada música de salón al Olimpo de Orfeo, el recuerdo nostálgico del granadino en el Madrid que le daría la fama.

Las Siete canciones populares españolas de Manuel de Falla resultaron perfecto complemento y enaltecimiento de nuestro lied hispano, textos y estampas bien combinadas de tiempo, sentimientos y fragor con una articulación de excelencia en Montero y el piano coprotagonista de Viribay, enamorando a propios y extraños. Siempre emocionante y admirable cómo el compositor gaditano elevó las canciones populares al nivel clásico equiparable a los germanos Schubert, Wolf, R. Strauss Mahler y engrosando un “corpus” donde también estarán Granados, Toldrá, Obradors o Turina por recordar algunos de los nuestros. Por emociones me quedo con la Asturiana y el siempre exigente Polo que Montero-Viribay dejaron siempre en todo lo alto, claros y precisos de inicio a final, tal vez con un piano amplificado algo inferior al necesario para saborear todo lo escrito y la voz ligera con cuerpo y presencia más que suficiente para bajar un par de puntos los “fader”.

De regalo nada menos que un par, dos mundos en uno: el recuerdo de Granados y su Andaluza (la Danza española nº 5 compuesta para piano sin letra y popularizada por tantos cantantes de todos los estilos), casi leyendo mi mente sobre los hispanos, para rematar con el gran R. StraussDevoción, la que yo siento por esta pareja de intérpretes cerrando un círculo virtuoso hispano-alemán en el mismo plano de calidad y calidez.
Quien no apuesta no arriesga y bien por la cultura en la calle del Ayuntamiento de Benalmádena que ya sabido apostar por una música que aún no tiene el hueco merecido ni siquiera en los escenarios habituales.

El verano también es trabajo

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Viernes 21 de julio, 20:00 horas. RIDEA, Oviedo: Concierto de clausura del III Curso de Canto y Repertorio “La Castalia“. Entrada libre.
Para algunos el verano supone ocio y vacaciones aunque en el mundo musical nunca se tenga un minuto de tiempo libre. Oviedo sigue siendo “La Viena del Norte” hispano incluso en los meses de estío con unas temperaturas idóneas para disfrutar de su amplia oferta en los distintos entornos y festivales, pero también para aprovechar unos días de formación, la que ocupa toda la vida profesional y más aún en el siempre exigente mundo lírico.

La Asociación Cultural “La Castalia” que preside Santiago Ruiz de la Peña sigue ofreciendo cursos como este tercero de canto y repertorio en la capital asturiana, acudiendo jóvenes voces asturianas y de las comunidades cercanas para continuar esa carrera en algunos casos incipiente, en otros consolidándose, buscando siempre mejorar distintos aspectos como perfeccionar la técnica, dicción y fonética, idiomas tan necesarios en todas las facetas profesionales, o repertorio y análisis, recordando que todo ello es imprescindible para quienes se dedican al mundo de la lírica, independientemente de buscar una carrera o por el mero hecho de continuar ese itinerario sin final que es el canto.
La labor del claustro de “La Castalia” sigue siendo encomiable por inculcar amor por la música y poder visibilizar unas voces desconocidas para parte de un público que volvió a llenar el Palacio de Toreno, y que resultó el termómetro de examen final a cinco días de duro trabajo que culminan con el concierto final.

Enhorabuena a Begoña García-Tamargo (dirección artística y canto), Manuel Burgueras (repertorio y pianista “oficial” de estos cursos), Ana Cristina Tolívar (fonética), Mª José Collazos (análisis) y la ucraniana afincada entre nosotros Yelyzaveta Tomchuk, nuevo fichaje en el campo del pianista de repertorio, más allá del acompañamiento, con un trabajo “poco agradecido” en las siempre diabólicas reducciones orquestales que compensan páginas “liederísticas” como también pudimos disfrutar este viernes, completando un elenco de profesores a los que la moda e invasión anglosajona comienza a llamar coach.
Interesantes las obras elegidas y el orden de intervención de los cantantes para “armar” este concierto de clausura del que dejo copia a continuación y amplío con algunas anotaciones a vuelapluma.

Abundante cosecha de sopranos y digna representación del resto de cuerdas (mezzo, tenor y barítono) afrontando repertorio variado y difícil donde hubo una verdadera colección lírica con dos obras por voz colocadas en el programa para dar variedad y vistosidad a los géneros trabajados con el profesorado durante la semana.

Abría velada la soprano gallega Cristina Suárez con Manuel Burgueras al piano cantando Sposa son disprezzata de “Bajazet” RV 703 (Vivaldi), con la misma trama de “Il Tamerlano“, un aria barroca de calado mostrando buenas maneras (que completaría su intervención con Weber) y ganas de gustar en dos estilos distintos y distantes.

Volvía a escuchar a la soprano Canela García que nos dejó el “lied” sinfónico Zueignung op. 10 nº 1 (R. Strauss) de sentimiento, poesía musical y diálogo con el piano del maestro hispanoargentino y volvería con La zagala alegre de las “Seis canciones castellanas” (Toldrá), la canción de concierto que exige a los intérpretes crear y cantar un microrrelato donde el texto debe ser subrayado con la música, algo que ambos intérpretes entendieron en la dirección correcta.

Ya conocía a la mezzo María Heres, con Lisa Tomchuk al piano que afrontó el aria Che puro ciel de “Orfeo y Euridice” (Gluck), un repertorio de arias barrocas en las que la ovetense se desenvuelve con comodidad y un color idóneo recordándonos el de algunos contratenores que están recuperando muchas de estas partituras, retomándolo posteriormente con Che faro senza Euridice (en vez del previsto Cruda sorte! Amor tiranno! de la rossiniana “L’Italiana in Algeri“, único cambio que demuestra el atento trabajo por ofrecer siempre lo mejor de cada intérprete).

Mi admirada soprano la avilesina Vanessa del Riego con Manuel Burgueras al “piano orquestal” nos interpretaron el Laudamus te de la “Gran Misa en do menor” (Mozart) siempre progresando en un repertorio que lleva interpretando a lo largo de su carrera, siempre difícil en el caso del genio de Salzburgo, endiablado en agilidades, color, saltos y musicalidad. Un aplauso por su encomiable trabajo y amor por la música.

El también conocido tenor Adrián Begega con Yelyzabeta Tomchuk afrontó el lied Der Neugierige del ciclo “Die schöne Müllerin” (Schubert) y el recitativo con aria Sventurata Sidon!… Se colà ne´fatti è scritto del “Idomeneomozartiano, bello color y registro central poderoso, más idóneo para Mozart que para el muy exigente y siempre complicado mundo camerístico de la llamada canción de concierto, al que pocos cantantes han querido acercarse precisamente por sus dificultades.

La también gallega y soprano Carla Romalde nos interpretaría la Ännchen de “El cazador furtivo” (Weber) con el aria Einst träume meiner sel’gen Base donde su expresión gestual debe complementar la acción que el texto en alemán describe, mejor en la parte movida y “cantabile”, mientras su compañera Cristina Suárez volvería para la Ágata doliente Und ob die Wolke sie verhülle, dos colores de voz y personajes para la misma obra, con la reducción pianísitica a cargo de una convincente Lysa Tomchuk. Carla Romalde repetiría posteriormente con la Romanza de María de “El Juramento” (Gaztambide) más cómoda  con el castellano y de color carnoso escrito para lo que entonces se llamaba tiple, para una partitura igual de exigente que también pudimos disfrutar en el Campoamor hace tres años.

Habitual en nuestra tierra y también trabajando duro, la soprano moscona Paula Lueje con Manuel Burgueras nos dejaron una auténtica recreación de I’ vidi in terra (soneto 123 y último de los “Drittes Sonet von Petrarca“) del húngaro Franz Liszt, partitura poco habitual bien defendida y ejecutada por ambos intérpretes, que como escribe Petrarca supusieron “cordura, amor, dolor y cortesía”, muchas tablas por parte de ambos, siendo la de Grado quien finalizaría el concierto con el piano de Tomchuk pasando de la poética italiana al alemán casi cabaretero de la conocida Canción de Vilja (Vilja Lied) perteneciente a “La viuda alegre” (“Die Lustige Witwe“) de Léhar, el rey de la opereta siempre exigente pero muy agradecida, perfecto rubato con feliz entendimiento pianístico y sentimiento a raudales que resultaría broche dorado del concierto.

Otra voz que pasó hace unos años por Asturias y volvía a este curso es la soprano ferrolana Gloria Amil que tiene tras de sí una carrera variada, esta vez trabajando y cantando con la orquesta hecha piano de Manuel Burgueras dos exigentes y conocidas arias operísticas: el Addio, del passato bei sogni ridenti de “La Traviata” (Verdi) y la gavota Obéissons quand leur voix appellee de “Manon” (Massenet) lógicamente con piano y sin coro pero que el público interrumpió varias veces -supongo que por desconocimiento pese a ser un título de referencia en la ópera-, mejor Manon que Violeta sin meterse mucho en dos roles que deben convencer y enamorar además de cantarse, aunque la belleza de estas páginas supera cualquier comentario teniendo todos nuestras referencias en dos personajes fetiches para cualquier operófilo.

El joven barítono turolense Ricardo Barrul Martín acompañado al piano por el maestro Burgueras apuntó buenas maneras en las arias de Alfonso Ma, de’malvagi invan… Vien, Leonora de “La Favorita” (Donizetti) y Zurga O Nadir de “Los pescadores de perlas” (Bizet), con un bello color vocal que los años irán dando el cuerpo necesario puesto que musicalidad tiene y técnica continúa trabajándolo, estando en el camino correcto para afrontar estos roles.

La soprano vitoriana Nora Chena Sola con el piano de Yelyzabeta Tomchuk demostró el buen y poderoso instrumento que posee afrontando dos pesos pesados vocalmente como la “Canción de la risa de Adela· en Mein Herr Marquis de “El murciélago” (Johann Strauss hijo) y Les oiseaux dans la chamille (“Los Cuentos de Hoffman“) de Offenbach, mucho más que un despliegue de poderío, agudos o agilidades, convencimiento y escena que da el trabajo así como mucho tiempo de estudio, el que nunca termina, cautivando al público en ambas arias, especialmente la segunda donde no necesitó “darle cuerda a la muñeca” para enamorar siempre con el excelente subrayado musical de la astur-ucraniana Tomchuk.

En definitiva un curso de nota con las lecciones bien aprendidas que todavía quedaría repasar tras el concierto de examen final porque así es la vida del música, estudiando siempre para buscar la excelencia. Y llegar a casa con tiempo para disfrutar en El Palco de La 2 (también en la web de rtve) de un “Liceu a la fresca” con un “Trovador” que algunos de estos cantantes podrían cantar en algún momento de sus carreras, pues la ópera sigue enamorando y las voces llegan directamente al alma.
Enhorabuena a todos.

El magisterio de Maria Callas

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Lunes 3 de julio, 20:00 horas. Oviedo, La Nueva España, Club de Prensa Asturiana: Asociación Lírica Asturiana Alfredo Kraus, conferencia “El magisterio de Maria Callas”, a cargo de Victoria Stapells y Arturo Reverter.

Lleno hasta la bandera en el club de prensa del diario asturiano para escuchar la conferencia organizada por la ALAAK, presidida por Carlos G. Abeledo, quien abrió el acto para presentar a los ponentes, la canadiense afincada en sevilla Victoria Stapells y el musicólogo, crítico musical, escritor y radiofonista Arturo Reverter, en un verdadero y ameno homenaje con motivo de los 40 años de la muerte de “La Divina“, que sigue siéndolo además de un verdadero mito, manteniendo su vida y su carrera tan presente como solo las divas pueden.

Alternando Stapells y Reverter en perfecto orden datos personales, audios de conferencias, fotografías y por supuesto fragmentos de algunos de los mejores momentos de Maria Callas (Nueva York, 1923 – París 1977) en los felices años 50, sin faltar el toque crítico y el humor gallego de Don Arturo, pudimos disfrutar de tomas en vivo, siempre las mejores que en estudio, reconociendo que la soprano americana de origen griego pese a carencias conocidas resultó única, sabiendo adaptarse y hacer suyo cada rol. Tampoco faltaron esas anécdotas que todavía engradecen más si cabe al mito, y cómo no, la soledad de las grandes tras la apoteósis del escenario.

Para terminar la hora de conferencia nada menos que unos fragmentos de “La Callas” (sólo las grandes tienen su apellido precedido por el artículo) en una de aquellas históricas clases en la Juilliard School allá por 1971 explicando cómo cantar Una voce poco fa del “Barbero”, repasando Arturo Reverter las variaciones y agregados habidos a lo largo de este aria de Rosina en el tiempo y las distintas intérpretes, siempre desde el análisis técnico de un especialista como el madrileño, para terminar con la “Tosca” del Covent Garden en 1964 rodada por Zeffirelli y el famoso Vissi d’arte con Tito Gobbi que todavía sigue poniendo los pelos como escarpias…

Resucitando, principio y final

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Viernes 30 de junio, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto Extraordinario. Gustav Mahler: Sinfonía nº 2 en do menor, “Resurrección” (Auferstehung). OSPA, OFIL, María Espada (soprano), Iris Vermillion (mezzo), Coro de la FPA (maestro de coro: José Esteban García Miranda), Pablo González (director). Entrada: 5 €.

No podía haber mejor final de temporada e inicio de vacaciones que la resurrección mahleriana, todo un símbolo de vida después del fin, esperanza también musical fusionando las dos orquestas sinfónicas con sede en Oviedo, el coro referente de los grandes eventos (aún resuena el último), solistas de calidad y una dirección enorme con Mahler entre sus predilectos para esta clausura de altura, esperando poder escuchar Los Mil en el auditorio bajo esta misma dirección que llevo pidiendo hace años.

Y es que el director ovetense Pablo González ha alcanzado una madurez para afrontar obras de calado, ampliando repertorios pero apostando por los grandes, sin olvidar la ópera. Su paso como titular en Barcelona ha supuesto un antes y un después con Mahler marcando momentos sublimes. Poder dirigirlo en Oviedo ha sido lo mejor de esta temporada, máxime uniendo OSPA y OFIL, la primera con su colaboración y la segunda ahora sin titular pero sumada a la asturiana para tener esa gran formación necesaria en las grandes sinfonías del bohemio, y esta segunda así lo requería. Cada visita de la soprano María Espada a Oviedo es motivo de alegría, y además mantiene su excelencia en la “Resurección” mientras la mezzo Iris Vermillion fue el complemento perfecto en color, emisión y empaste con la extremeña. Finalmente el Coro de la FPA redondeó una interpretación sublime, en 2008 dirigiendo Dudamel a “La Bolívar” afrontó con profesionalidad esta partitura, corta en protagonismo para ellos pero exigente como pocas, mas este último día del curso 2016-17 alcanzó la cima interpretativa: gusto, afinación, empaste, color, emisión con matices extremos y musicalidad contagiada por la mano maestra de un concienzudo Pablo González tras un duro trabajo previo que alcanzó la recompensa deseada.

Resulta complicado unir intenciones orquestales bajo una batuta “ajena” (aunque conocida), pero la fusión resultó perfecta en efectivos, manteniendo primeros atriles de OSPA con la ampliación de plantilla ideal de la OFIL en todas las secciones, incluyendo el conjunto de metales y percusión fuera de escena, poder tener dos arpas y el órgano (lástima fuese electrónico) virtuoso, y las ideas claras de mi tocayo sacaron lo mejor de una orquesta asturiana de muchos quilates con Vasiliev de concertino.

El arranque impetuoso del Totenfeier (“Ritos Fúnebres”). Allegro Maestoso. Mit Durchaus ernstem und feierlichem Ausdruck predecía el camino a seguir: colorido claro y tensiones en aumento desde la gestualidad clara y enérgica del ovetense transmitida al detalle y respuesta precisa por parte de todos. Los silencios subrayaron el dramatismo de esta “oda” bien equilibrada, balances perfectos conteniendo cualquier atisbo de exceso, verdadero funeral lleno de interrogantes donde la música de Mahler resulta subyugante cuando no inquietante, y así lo sentí, por fin con unos graves en la cuerda reforzando presencias.

Sehr gemächlich. Andante moderato literalmente sin prisa, pausado, marcando con precisión y decisión, saliendo a flote cada idea, motivo, escuchando todo en el plano ideal, contenido pero igualmente tenso, una cuerda sonando como si llevasen juntos muchos años, el recuerdo de tiempos felices de una vida que se apagó manteniendo la esperanza luminosa como visión optimista en épocas convulsas, música en estado puro bien entendida por Pablo González, pizzicati redondos, presentes, engrandecidos por las arpas, maderas llenas de detallismo, dinámicas muy trabajadas de respuesta rápida, el tempo suspendido manteniendo todo el color y jugando con una tensión que parecía durar eternamente.

In ruhig fiessender Bewegung (con un movimiento tranquilamente fluyente), la pérdida de la fe y la vida como un sinsentido, tensiones y claroscuros, dudas musicalizadas e interpretadas con intención, dolor tímbrico buscado y alcanzado desde el golpe de timbal, el ritmo ternario vienés, un caudal melódico de preguntas y respuestas con toques sutiles de humor, todo bien encajado lleno de color y calor, cambios de aires plácidos sin perder la unidad temática ni el dramatismo narrativo, juegos expresivos de amplios matices bien llevados desde el podio.

Sehr feierlich, aber Schnlicht “Urlicht” representa el Mahler más lírico e inspirado, el de los textos de “Das Knaben Wunderhorn“, cuerno de juventud emanada del escenario en una emoción arrastrada desde el inicio en una curva ascendente de musicalidad, esa canción que supone la fe recuperada de un Dios poderoso más allá de religiones, el propio universo interior iluminado por una Iris Vermillion de registro central coloridamente dramático, carnoso, ubicada (con la soprano) entre el coro y las trompas para proyectar sin problemas y desde el podio dibujar los planos idóneos, juegos tímbricos desde la organicidad de trombones y tubas plácidos contrastando con la voz de una mezzo para quien el bohemio siempre escribió páginas sublimes. La orquestación delicada permitió deleitarnos con cada pincelada del oboe tan lírico como humano, el tiempo detenido sin dejar de fluir, el violín completando musicalidad, el ropaje sinfónico etéreo pero consistente, acordes como destellos en un crescendo emocional protagonizado por la mezzo alemana en ese final de frase premonitorio del “adagio de la quinta“.
Sin respiro y sobresaltándonos el ataque fortísimo en “tutti” In Tempo des Scherzos. Wild herausfahrend “Auferstehung” (texto de Klopstock) realmente salvajemente exteriorizado y jugoso, refulgente tras las anteriores preguntas y dudas, el amor divino, el reconocimiento y convencimiento de que hay vida después de la muerte, esperanza más que resurrección, el tiempo de Mahler que llegó antes de lo que pensaba, una montaña rusa de matices y tiempos. María Espada emergiendo de las trompas cual tranquilo amanecer vocal tras la tormenta, preparado por unos bronces con destellos de arpas y mecidos por la madera, paso firme hacia el mediodía esplendoroso, el crepúsculo más que ocaso y un sueño hecho música antes de la irrupción del coro en empaste ideal con la emeritense y después la germana, desde unos pianissimi claros (en pie para poder ver al director por una tarima demasiado baja y ocultos tras la enorme percusión), convencidos, entregados en las manos de Pablo González balanceando el poderío orquestal hasta el plano perfecto, tanto desde fuera de escena como dentro, encajando con una flauta bucólica y cristalina contestada por los metales celestiales antes de abrazar ese final sinfónico coral con ambas solistas igualmente claras y presentes, texturas increíbles bien buscadas.

Los cuatro movimientos preparando este quinto, el final indescriptible, bello, lleno de colores vibrantes desde las sombras absolutas, explosión vital en permanente contraste que parece no terminar antes de alcanzar la cima. Enorme trabajo sinfónico previo, trombones y tubas tan corales como un gran órgano romántico, expresiones dinámicas y luminosas desde el susurro a las fff, la cuerda limpia y desgarradora, trompetas de válvulas sin herir, pero sobre todo el Coro de la Fundación en una de las mejores veladas que le recuerdo, contagiado de la tensión necesaria para mantener afinación, presencia, emisión y color vocal, por fin con graves convincentes y sustrato cimentando ese final exigente para todas las cuerdas.
Si este tiempo de scherzos es todo él un universo vital, campanas de fe, paso firme y convincente hacia una luz primordial, cegadora y llena de fuerza interior hasta la resurrección, la música de Mahler revuelve entrañas y devuelve la esperanza. La iluminación del auditorio aumentada para seguir los textos traducidos pareció sumarse al espectáculo, principio y final, la inabarcable irrupción sonora dentro y fuera manteniendo pulsión y tensión, corazón y pasión de Pablo González transmitida a todos los intérpretes, “levantando el vuelo hacia la luz que no ha alcanzado ningún ojo“, morir para vivir. No se puede pedir más.

Músicas por San Juan

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Coincidiendo con las fiestas de San Juan y la última semana de clases antes del último esfuerzo burocrático de este curso 2016-17, encontré algunos huecos para no perderme eventos puntuales, algunos de cita obligada.

Comenzaré con ese encuentro de antiguos tunantes habitualmente en el inicio de las fiestas de Mieres, más de una veintena peinando canas (los que conservamos pelo) cantando nuestro repertorio de siempre por el eje con más marcha de la villa, la antiguamente conocida como “la calle del vicio”, La Vega en su actual denominación, y Jerónimo Ibrán antes de finalizar en la emblemática plaza de Requejo donde continuamos cantando antes de la cita gastronómica, un cordero a la estaca que sirvió para amenizar no solo aperitivo o postres sino el resto de la madrugada, sin protestas por parte de los vecinos. Dejo arriba la excelente foto del cronista gráfico local, nuestro querido José Ramón Viejo Sáez.
El sábado estuvo ocupado por la segunda jornada del certamen que organiza el Orfeón de Mieres al que le dediqué una entrada especial.

No puede haber fiestas sin nuestra Banda de Música de Mieres, que además celebraba en el Parque Jovellanos, el de siempre, sus 25 años de nueva andadura tras la disolución de la municipal, una historia bien documentada por uno de los actuales integrantes, Vidal, que dio para toda una tesis doctoral. Con la dirección de Antonio Cánovas Moreno, que sigue revitalizando nuestra banda local y llevándola a una excelencia con la que todos soñamos, bajo un sol de justicia realmente abrasador, que ubicó al público a la sombra salvo algunos “esforzados”, la mañana del domingo 18 de junio pudimos escuchar un auténtico concierto de músicas conocidas donde no podía faltar​ lo popular: zarzuela a base de preludios, arreglos de coros como el de El huésped del sevillano de las lagarteranas, los “poutpourris” de la Gran Vía con “Caballero de Gracia” y el Tango de Menegilda “Pobre chica, la que tiene que servir…”, sin dejarse El rey que rabio, o las increíbles páginas de la Katiuska de mi tocayo Sorozabal.
Tampoco podía faltar el toque asturiano de La rapacina, una joya de fantasía para banda de Enrique Reñé, sin faltar los grandes éxitos de los años 70 en arreglos realmente conseguidos como Stayin’ Alive, I will survival, YMCA y una excelente selección de temas popularizados por Tom Jones o unos musicales “muy de Broadway” con Granujas a todo ritmo, solistas impecables en todas las secciones, especialmente el oboe, y con un repertorio bien elegido que llenó de alegría este primer sábado de fiestas.

La última semana con alumnos se hace eterna, coincidiendo además con una ola de calor a la que no estamos acostumbrados. El cierre “oficial” tuvo lugar el viernes 23 de junio a partir de las 13:00 horas en nuestra sala de usos múltiples, preámbulo de una foguera que nos estuvo entrenando con una climatología rara, en una ceremonia donde mi instituto premia esfuerzo, compañerismo, lectores, solidaridad y con alguna actuación musical que da lustre a cualquier evento, esta vez con Manuel de 4º de ESO a la guitarra eléctrica, marcándose unos solos de AC-DC tras un año de práctica donde progresó más que adecuadamente.

La mañana del día grande de San Juan, el 24 de junio, la tengo marcada en el calendario para amenizar los galardones de “Mierenses en el Mundo” con mi pareja artística para este evento Marta Quintero, casi emulando aquel cine de barrio con Parada y Sebastian como le gusta presentarnos.

Las excelentes todos son de Felipe S. Mera, reportero oficial de estos premios que van por su novena edición. Este año me tocaba la fibra sensible porque estaban entre los galardonados no ya el Padre Ángel con sus restaurantes “Robin Hood” o el chef Julius que se ha convertido en verdadero embajador de Mieres allá donde va desde su primera visita como jurado de “Mieres de pincho”, sino mi antigua alumna Paula Rojo, auténtica estrella musical consolidada con un estilo propio que hubiera encajado perfectamente en el último Eurovisión a la vista de los resultados, una trabajadora nata y en plena gira presentando su tercer disco “Un viaje en el tiempo” que como indica el título, siempre encuentra tiempo para viajar a la tierrina y visitar a la familia y a sus amistades de toda la vida.

Además tenía el orgullo de acompañar a José Menalva Cogollu en Soy de Mieres, cuarenta años sin vernos desde aquél disco de Diamantina dedicado “A las madres de los mineros” que se grabase en el salón de la Caja de Ahorros por Toni Martínez “ex Bravo” en su unidad móvil allá por 1979 y publicado en 1981 por el sello Doblón con Carlos Eusebio de productor. Su último Libro CD “El universo del canto” dedica parte de los ingresos precisamente a los “Mensajeros de la Paz” del Padre Ángel y desde ahora es el nuevo embajador de la mierensía hasta la próxima edición.

Tampoco faltó este año el Coro Minero de Turón y un encuentro especial con Laude Martínez e Ismael G. Arias uniéndonos a las cuatro manos sobre el piano para cantar el Asturias de Víctor Manuel que volvería a sonar por la noche en el Parque Jovellanos, antes de finalizar todos juntos con nuestro himno autonómico, público, coro, galardonados e invitados.

Tras el ágape y posterior comida, me decidí por acudir a Oviedo donde se escucharía en la Plaza de la Catedral (aunque tuve palco de lujo) un Carmina Burana (Orff) muy especial para despedir a Marzio Conti al frente de la Oviedo Filarmonía, uniendo tres coros, el de la Ópera de Oviedo y el de la FPA sumándose el Joven Coro, verdaderos y excelentes protagonistas con un trío solista conocido y de lujo: nuestra soprano más internacional Beatriz Díaz que ha llevado esta “cantata” por medio mundo en el montaje de La Fura, sin olvidarse de nuestro Teatro Campoamor, o “el Delibes” vallisoletano, impecable y capaz de acallar el ruido de las calles adyacentes con gusto y unos agudos dulces y pianísimos como pocas voces pueden alcanzar; el contratenor Xavier Sábata, otro habitual de este Orff, a quien la megafonía le puso más decibelios que en los teatros, y el barítono Javier Franco, color  ideal e intervenciones justo lo contrario, poca presencia amplificada por los “caprichos” acústicos de los registros medios, que en directo hubiera ganado muchos enteros.

Todo un espectáculo que estuvo pendiente del cielo rogando no lloviese para poder mantenerlo ante la dificultad del “Plan B”, amplificación no siempre equilibrada, pantallas gigantes con realización adecuada y un auténtico éxito de público, 800 (o mil) sillas de plástico que se quedaron cortas para las casi tres mil personas que abarrotaron todos los huecos posibles aunque sin “la furia” de otros momentos.

Una forma de acercar esta página maravillosa a todos los que se acercaron a la capital asturiana aunque tengamos un auditorio más apropiado para ello y sea precisamente la misma obra escogida para el arranque de la próxima temporada de la OSPA recientemente presentada. La calidad interpretativa de todos brilló de principio a fin pese a la amplificación, con aplausos entre algunos números para un público nada habitual en los conciertos de pago pero disfrutando como todos de esta maravillosa página que sirvió para seguir disfrutando de un San Juan muy musical. Estos días se sigue hablando y escribiendo de ello, con opiniones y medallas variadas, algunas desde la ignorancia política (para otra ex alumna mía).

Todavía me queda San Pedro y San Pablo para cerrar curso, mes y temporada, siempre sumando, esta vez dos orquestas (OSPA y OFIL), más el Coro de la FPA para la Resurrección de Mahler con dos reconocidas solistas (la soprano María Espada y la mezzo Iris Vermillion), bajo la batuta del ovetense Pablo González. Seguiré esperando por la Sinfonía de Los Mil asturianos, pues en esta tierra nuestra es cuestión de proponérselo, ya que contamos con material humano para ello y pudiendo resultar un “verdadero espectáculo musical” de llevarse a cabo. Por pedirlo de nuevo no quedará y ahí dejo los mimbres para el cesto.

La mina canta a coro

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Sábado 17 de junio, 20:30 horas. Auditorio “Teodoro Cuesta”, Mieres. XVI Encuentro coral de los pueblos mineros “La Mina Canta Unida”.

En plenas fiestas del patrón y desde hace 16 años se celebra en Mieres este encuentro de coros que hermana poblaciones, cantantes y familias trayendo la música coral a la villa del Orfeón de Mieres, el decano de Asturias y uno de los más veteranos en España, con nuevos llenos hasta la bandera que el sábado retrasó su comienzo esperando que finalizase el pregón a cargo de Víctor Manuel en una concurrida Plaza del Ayuntamiento, y con el presidente del Orfeón Eustaquio Álvarez Hevia haciendo los honores de la presentación y agradecimientos obligados.

El viernes me fue imposible asistir pero no podía faltar esta segunda jornada donde nos visitaba la Coral Polifónica “Amadeus” de Vigo dirigida por Norma Urive-Echevarría Córdova que nos dejaron siete temas variados desde una formación madura, con mayor presencia femenina lo que siempre desequilibra la sonoridad global.

Comenzaron con la pavana Belle qui tiens ma vie de Thoinot Arbeau, más movida de lo esperado y con varios cantantes doblando instrumentos (tres guitarras, pandero y flauta dulce) no muy cuadrados rítmicamente pero sirvieron las disculpas finales de los nervios y los años de la directora, prosiguiendo con el conocidísimo vals criollo Alma, corazón y vida (de Adrián Flores y arreglado por Antonio Ezcurra), con toques personales en cuanto a tiempo y fraseos, la bellísima Esta tierra de Javier Busto, empastados y bien presente la melodía, No Niño Novo do Vento (texto de Álvaro Cunqueiro y música de Joaquín Carvajal) con el folklore vecino que nos gusta a todos, cruzando el charco para seguir con el bolero cubano Si llego a besarte (de Luis Casas Romero en arreglo de Marcos Valcárcel Gregorio) perfectamente leído rítmica y melódicamente por la directora nativa incluyendo su acompañamiento de claves, que ha sabido transmitirlo a este coro con el que lleva lo que llevamos de siglo, Pandur (Làjos Bardos) y de nuevo los aires gallegos con Lela (Daniel Castelao y Miguel de Santiago, en arreglo del citado Valcárcel), toda una muestra del buenhacer de estos coros aficionados que trabajan duro apostando por repertorios populares y cercanos en este concierto festivo. Buen sabor de boca e intercambio de regalos entre los dos coros que cerraban el encuentro este sábado.

Con los anfitriones podía ver por fin al director actual, Carlos Ruiz de Arcaute Rivero, hombre curtido en el mundo vocal y coral, con el que nuestro orfeón parece haber encontrado el camino deseado: mantener el repertorio base dotándolo de nuevos aires con gesto claro y preciso que da confianza a los coristas.

Así fueron interpretando temas asturianos como Ay, un galán (Javier Armenter), rítmica de danza prima que bailaremos la noche de San Juan, Atardecer (Sergio Domingo) sentido sin buscar estridencias, Mocina, dame un besín (Antolín de la Fuente) saltarín y bien fraseado, o el “himno no oficial” Soy de Mieres (Alfonso Ruiz Martínez), casi seña de identidad del orfeón (junto al hoy recordado Por el camino de Mieres) antes de unas habaneras que no pueden faltar en los conciertos como Mi viejo San Juan (Noel Estrada y armonizado por Antonio Barés) que parece haber renacido con Ruiz de Arcaute, una impresionante y emotiva Adiós Torrevieja (Manuel Ruiz Gómez) con bajos seguros y ricos matices en todos contagiando ese ritmo tan de ambas partes del “charco”, para finalizar esta travesía con Un velero y una canción (Santos Montiel). Haría falta rejuvenecer nuestro centenario orfeón aunque es una tarea necesaria en casi todo el mundo coral asturiano, pero no tenemos la receta para “enganchar” a las nuevas generaciones, aunque los intentos educativos no parecen cuajar.

Como hermanamiento los dos coros se unieron para un sentido Santa Bárbara (armonizado por José Fernández Avello) recordando al muy querido Luis Naves, fallecido este mismo sábado, antiguo componente del orfeón así como del renombrado Ochote La Unión, pérdida no por esperada muy sentida, dando el pésame a toda su familia, y especialmente a su hijo José Luis que tomó el relevo en este “su Orfeón”.

Ya quedan convocados los próximos encuentros para el 2018, con el apoyo de un público fiel que sigue apoyando al Orfeón de Mieres.

Maharajá ¡Welcome to Asturias!

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Jueves 15 de junio, 20:00 horas. Teatro Campoamor, XXIV Festival Lírico Español Oviedo 2017. Estreno absoluto: Maharajá, música de Guillermo Martínez y libreto de Maxi Rodríguez. Nueva producción del Teatro Campoamor (Fundación Municipal de Cultura).

Asistir al estreno de la primera zarzuela del siglo XXI es una ocasión histórica, más si se enmarca en los eventos para conmemorar 125 años de un teatro por el que ha pasado lo mejor de la música, la lírica, la danza y hasta Premios Nobel, hoy verdadera seña de identidad de la capital del Principado que parece volver a colocar la zarzuela en el lugar que nunca debió abandonar.

Este encargo de la Fundación Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo al mando de un tripartito que parece algo perdido en cuanto al concepto de cultura (esperemos no prohiba el yoga como escuchamos a Orlando), y aún más de lo que “La Música” (así, con mayúsculas) supone, con una programación que se cargó unos Premios Líricos (que incluso dejaron superávit a las arcas locales y otros recogerán lo sembrado), aunque esta vez al menos apostó por algo tan nuestro como el mal llamado género chico.

Con un escritor como el mierense Maxi Rodríguez capaz de conjugar una crítica feroz con el humor fino y casi británico (será por la ñublina) que tenemos en “la Cuenca“, digno heredero de Vital Aza, que sigue siendo referente en la historia tanto local como de la propia zarzuela, para un relato donde la escena hablada pareció superar la musical, reto difícil que Guillermo Martínez aceptó de buen gusto debutando en este género y pasando a los anales del coliseo carbayón en esta conmemoración.

Producción “Made in Asturias” por todo el elenco que puso en escena (tablas y foso) esta zarzuela actual, crítica, tal vez poco exportable fuera de “la tierrina” más allá del lenguaje cercano y localista lleno de tópicos que funcionan desde nuestro “madreñismo” aunque cruzando Pajares no todos puedan llegar a entender en su totalidad.

El propio Maxi Rodríguez nos lo cuenta en el programa de mano “Desde Asturias para el resto el mundo” (no me doy por aludido pese a mi intención de cabecera De Siana… al mundo y con la música por montera), conocedor de una realidad única e irrepetible con todo lo que supone, al que seguimos habitualmente en sus hilarantes relatos “Parando en Villalpando” que parecieron encarnarse de nuevo en este Maharajá, contando con actores de primera (Martina Bueno, Antón Caamaño, Roca Suárez, Carlos Mesa y Fernando Marrot, Teatro La Cascaya) que recrearon felizmente esta historia personal compartida por un público que volvió a llenar el teatro demostrando que #OviedoQuiereZarzuela (como etiqueta o hastag en las redes sociales).

Las partes líricas fueron “otro cantar” que Guillermo Martínez (cosecha del 83) hubo de lidiar desde una madura juventud que respeta la experiencia, bebe de todos los manantiales posibles y los pasa por un trabajo realmente ecléctico que en el caso de la zarzuela actualiza una tradición secular. Veinte números variados con sus “interludios orquestales” intercalados con diálogos por momentos hilarantes aunque difícil encajar los textos del de Ujo en el pentagrama por métricas imposibles que obligaban a romper sinalefas y por lo tanto el necesario ritmo cantado, al lado de adopciones bien traídas de melodías conocidas para letras actualizadas (Dónde vas con blusón y pasmina) y viceversa (Tengo de subir al árbol) en un salto mortal que pudo descolocar al respetable con el que siempre se juega, sátira y humor, sentimientos enfrentados con mucha autocrítica, sorna “minera y dinamitera“, sucesiones de interludios orquestales conjugando lenguajes cercanos (desde el jazz o los musicales de Lloyd Weber hasta el más puro Bollywood) e históricos (habaneras, pasodobles…) con dúos, romanzas (directamente las llama arias) y coros de reminiscencias variadas desde la personalidad y buen oficio de un Guillermo Martínez siempre exigente para las voces.

Marzio Conti, ya ovetense de adopción, en su discreta despedida musical de nuevo al frente de “su” Oviedo Filarmonía, fue responsable -en el amplio sentido de la palabra- de que todo encajase con lo escrito, atento a las voces, buscando los planos adecuados, jugando con los balances de una instrumentación variada donde no faltó el arpa, una batería, ni las percusiones indias, formación de foso que asegura la continuidad de este verdadero festival de teatro lírico en este estreno mundial, entregada a esta apuesta local que defendió con encomiable profesionalidad.

Otro tanto cabe decir de la Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo (dirigida por Pablo Moras Menéndez) imponente en escena y vocalmente. Guillermo Martínez domina la escritura coral como pocos y los números escritos para ellos fueron ideales tanto para los hombres, recordando al Coro Minero de Turón por el detalle de las fundas (monos decimos por aquí) y los cascos con la lámpara que tanto Maxi como todos los de Mieres conocemos y sentimos nuestros, como para la capilla en su totalidad, fuera (Welcome to Asturias) y dentro del escenario (Manifa y la escena sidrera del nº 15), voces jóvenes, afinadas, empastadas y entregadas además a una acción digna de profesionales. Siguen siendo seña de identidad de la zarzuela en Oviedo y nunca defraudan.

Y para que lo musical complete el éxito nada mejor que elegir las mejores voces para este espectáculo que cierra temporada, cantantes de casa con trayectoria internacional, reconocidos más fuera que dentro, pero con los que se ha contado desde los inicios del proyecto, redondeando un estreno de altura en todos ellos.

En cabeza la soprano allerana y protagonista Beatriz Díaz en el rol de “Vane la de Vallobín” con su inseparable trolley a cuestas, capaz de cautivar a Mishka -persiguiendo hasta Oviedo a Vanisha-, a Ana que quiere ser como ella, a Velino el sindicalista que la espera tras su periplo “indiano”, a todos. Simpática, convincente y brillando en cada número, desde el primer dúo protagonista No sueltes mi mano (nº 2) o Quiero ser tú (nº 8) con Ana, hasta su aria ¿Calidad de vida? (nº5), comprometidos por extensión, matices y dicción que sólo una cantante de su calidad podía defender y convencer.
Otro tanto de la mezzo ovetense Mª José Suárez, cantante y actriz, dramaturgia pura por escena y línea de canto desde la hondura, la empresaria del restaurante “Anapurna” emocionando con la hermosa y crítica Niebla (nº7) más el dúo con Vanisha (nº8), sumando carcajadas con Orlando en verdadera química cómica.

Las apariciones en casa del barítono castrillonense David Menéndez se cuentan por triunfos, una portentosa unión de cantante y actor poco habitual que en su caso dota los roles cómicos de personalidad propia, engrandeciendo sus papeles como este Mishka – Mittal del que hubiésemos deseado más arias aunque tanto el dúo inicial como el concertante decimotercero antes del aria Tengo de subir al árbol (nº17) donde volvió a demostrar su excelente momento vocal.
El tenor poleso Juan Noval-Moro encarnando a Velino hubo de aplicarse a fondo para un papel durísimo de cantar y representar, especialmente en su aparición durante la Manifa (nº6) o el concertante con coro Nubes negras (nº9), por presencia y dinámicas, y el aria final Dumping (nº19) aún más potente y enérgica con toda la emoción acumulada en casi dos horas de trepidante y desternillante acción.

Completando el elenco vocal de lujo y merecedor del “título honorífico” de ATA (Adoptado Tenor Asturiano) para el madrileño Francisco Javier Sánchez Marín, habitual en el Campoamor y de risa asegurada con su presencia y buen hacer. Orlando redondea una zarzuela de casa donde su musicalidad y escena, tanto cantada como hablada, fueron siempre aplaudidas. Pareja ideal de Ana en ironías (Puto yoga casi “leit motiv” de este Maharajá sinónimo de carcajada), sentido dúo con ella en Si fueras aventurero (nº 11), cuarteto concertante (nº 13) de sainete “hilarionte” y campeón escanciador de altura en OrLalandO (nº16 junto al coro Bebida Compañera). Siempre un placer tener a Paco en Oviedo.

La prensa del “día después” (gracias a Andrea G. Torres en La Nueva España) recoge mejor que nadie argumento y sensaciones. Personalmente felicitar a todos los responsables, del primero al último (también a los niños figurantes de Divertimento) sin olvidarme de la escena de Carmen Castañón, Alejandro Carantoña como ayudante, la iluminación de Juanjo Llorens, el vestuario de Azucena Rico y Carmen Barquero, colorido, sobre todo el indio con el de la sidrería o la coreografía de Estrella García, para una velada donde sin olvidar la crítica nunca nos falta el humor, calidad desde esta “Asturias, patria de prejubilados” que necesita como nunca no ya un ferrocarril que sigue en el XIX sino nuevas señas de identidad, y la música escénica es una de ellas.

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