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La Asturias sinfónica desde el corazón

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Lunes 28 de septiembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, sala principal: Conciertu de les lletres asturianes: OSPA, Óliver Díaz (director). Obras de Facundo de la Viña, Julián Orbón, Jorge Muñiz y Benito Lauret. Entrada gratuita (previa adquisición on line).

La Selmana de les lletres asturianes de marzo hubo de ser suspendida por las causas que todos conocemos, pero con esa vuelta prudente en la búsqueda de la recuperación de tanto que hemos perdido, al menos la música de nuestra orquesta asturiana vuelve a sonar paulatinamente en el auditorio con la pena de ver el aforo reducido (esta vez con menos butacas vacías) pero con las mismas ganas, puede que más, de disfrutar del directo.

Y el programa de clara inspiración asturiana no podía faltar, con la vuelta al podio del ovetense Óliver Díaz que presentó las obras antes de comenzar, acabando con un slogan válido en tiempos de covid: “La cultura ye necesaria, la cultura ye segura”. El maestro sigue creciendo en su carrera como director, hoy al frente de una OSPA que mantiene su calidad y sonoridad sin notarse el paréntesis del confinamiento, salvo ligeros desajustes al inicio que fueron encontrando el punto perfecto a lo largo del concierto, y las buenas sensaciones que transmiten todos.

Las notas al programa de Ramón Avello (que dejo enlazadas) aunque en asturiano pienso que son fáciles de entender, explicando detalladamente la esencia de las obras de estos cuatro autores ligados a nuestra tierra por distintas razones. “Resonancias sinfónicas del cancionero asturiano” por la clara inspiración de nuestra rica música popular y especialmente nuestra canción tradicional que aún sigue siendo estudiada desde tiempos de Pedrell, el padre del nacionalismo español citase al tratadista jesuita Eximeno la frase de que “Sobre la base del cantar popular cada nación tiene que construir su sistema musical“, y las distintas formas de usar el cantar popular las pudimos apreciar en este concierto.

Arrancamos con el gijonés afincado en Valladolid Facundo de la Viña (1876-1952), triunfador en su época, con una carrera que finalizaría en Madrid tras estudiar en París con el mismísimo Paul Dukas, y caído en el olvido como tantos otros, aunque poco a poco se esté revitalizando con distintas publicaciones y la tesis doctoral de Sheila Martínez Díaz. El Poema Sinfónico Covadonga (1918) consta de tres secciones que comienzan con la melodía a nuestra Patrona “Santa María, en el cielo hay una Estrella que a los asturianos guía“, a la que sigue un rítmico Allegro a partir de dos temas populares, ampliamente desarrollados, “Fuisti a cortexar a Faro” y “Aquel pobre marino” además de alusiones a otras dos canciones marianas asturianas como “Virgen de Guía” y la propia “Virgen de Covadonga“, antes de una última sección evocadora de cualquier fiesta asturiana que se precie, el “Fandango de Pendueles” más la tonada que canta “La virgen de Covadonga ye pequeñina y galana” (hasta mi madre la tocaba con un dedo en el piano de casa), típica advocación de “fe, fervor y heroísmo” (como escribe Avello) que no podía faltar en esta composición ex profeso para la conmemoración de la “Cuna de España” de un asturiano lejos de “la tierrina” inspirándose en nuestro folklore. Un arranque algo dubitativo en entradas puntuales pero engrasando rápidamente para poder disfrutar de una Covadonga llena de sonoridades románticas y donde la hoy concertino Eva Meliskova pudo lucirse “ad libitum”, siempre bien arropada por sus compañeros y un podio que permite esos “rubati” para solaz de solistas sin perder la unidad agógica.

Otro compositor asturiano y universal fue el avilesino Julián Orbón (1925-1991), al menos más presente en la memoria de todos (parte por su Guantanamera aunque muchos aún crean que es anónima), cuya música sigue sonando más fuera de nuestra tierra que en la suya. Reconocido no solo en México sino en Cuba y posteriormente en Miami, el director Eduardo Mata le definió como el “músico de las dos orillas”, la síntesis entre lo español y lo latinoamericano “al tratar de expresar la absoluta integración estilística de su música con los elementos más puros de ambas orillas del Atlántico” que escribió Mata y recoge Avello. También recuerda el crítico y docente gijonés que el 12 de mayo de 1991, una semana antes de su muerte en Miami el día 20, la recién formada OSPA se estrenaría con sus Tres versiones sinfónicas (1954) que este lunes volvieron a los atriles. La formación académica del músico nacido en la Villa del Adelantado (paradojas de la vida) empezó con su padre Benjamín y el ovetense Saturnino del Fresno en el Conservatorio de Oviedo para dar el salto a los EEUU donde Copland marcará su estilo sinfónico perfectamente reflejado en estos tres cuadros musicales con la forma de la variación cuyos títulos indican las líneas a seguir: Pavana, Organum y Xylphone, tres movimientos bien armados, especialmente el último donde Rafa Casanova brilló con ese tema casi a su medida, comandando una sección de percusión que mantuvo un altísimo nivel en todo el programa. Destacar la sonoridad de la cuerda, sedosa como si del maestro Copland se tratase, y una batuta siempre atenta a mimar el balance entre las familias orquestales desde la acústica “cambiada” por la ausencia del panel trasero (que deja ver la sala polivalente) y el gran espacio entre los músicos, lo que como espectador se agradece por la sensación de envolvente sonora aunque supongo que en el escenario esa distancia impida escucharse mejor entre ellos.

A Jorge Muñiz (1974) “le nacieron en Suiza” pero al mes ya estaba en su Asturias del alma, estudiando en Oviedo con la gran Purita de la Riva (heredera, alumna e intérprete de Saturnino del Fresno), Ruiz de la Peña o Leoncio Diéguez (a quien Covadonga también marcaría su trayectoria) antes del “obligado” salto madrileño para proseguir con Zulema de la CruzGarcía Asensio o Antón García Abril (otro compositor que también ha llevado Asturias en sus obras). Seguimos exportando talento, musical sobremanera, y en 1998, como casi 60 años antes Orbón, “cruzará el charco” para completar el sueño americano, becado por la Fundación Fulbrigh, primero el Master en Composición (en Pittburg) donde estudiará con Leonardo Balada, y ya como docente desde 2004 en la Universidad de Indiana. He seguido su trayectoria como compositor en varios conciertos que han estrenado sus obras, importantísima su ópera Fuenteovejuna (2018) también con la OSPA, incluso recuerdo el estreno por encargo de esta Asturias desde la distancia el 29 de abril de 1999 para inaugurar este auditorio, con Max Valdés al frente de la OSPA (aún no había comenzado a escribir mi blog), inspirado en nuestra tradición, la recogida por el “Cancionero de Torner” pero sin caer en el mal entendido folklorismo. Se reconocen los motivos de canciones como “No le daba el sol” o “A la mar fui por naranjas“, evocaciones del roncón de la gaita y hasta los giros de la tonada tan emparentados con el “cante jondo” o los muecines árabes, pero la evolución tanto en los aires como el ritmo dotan a esta obra de un lenguaje actual, fresco, con gran protagonismo tímbrico donde la percusión nuevamente así como el piano explorando sonoridades, tejen un tapiz musical que borda en oro las notas del “Asturias patria querida”  desde esa lejanía con cierta “morriña” (sintiendo el Ay! de mí que me escurez). Nuevamente excelencias de cada sección, madera y metales abrazando la cuerda, y el siempre atento Díaz en destacar lo necesario sin perder la globalidad.

Y no podía haber mejor conclusión tratándose de música asturiana que nuestro siempre recordado Benito Lauret (1929-2005) a quien tanto le debe nuestra tierra como director de la Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo”, de la Orquesta de Cámara de Asturias, predecesora de la Sinfónica de Asturias y la actual OSPA, pero mucho más como compositor de música vocal y sinfónica que sigue siendo de obligada interpretación.

Este murciano que supo entender nuestro folklore, nos regaló las Escenas Asturianas (1976) dedicadas al recordado Manuel Álvarez-Buylla, entonces presidente de la Sociedad Filarmónica de Oviedo, que hasta las bandas de música han tomado como propias por la cercanía de sus temas, la calidad orquestal y magisterio del cartagenero al que aún se le debe un reconocimiento mayor que esta página sinfónica donde Óliver Díaz y la OSPA han puesto su aportación más directa.

Obra que más que un pupurri es el mejor muestrario o carta de presentación de nuestro patrimonio musical, con el maestro de ceremonias Díaz quien apostó por una interpretación sutil, muy contrastada, aires lentos para degustar y ritmos vivos como la vaqueira que permite lucir el virtuosismo de las flautas entre toda la madera. Me gustó cómo afrontó el director las distintas escenas cual acuarelista del instante más que del óleo reposado. La alegría contagiosa de nuestras melodías más populares, la orquestación impecable del gran Lauret y esa fusión final del Pericote llanisco con el “Asturias patria querida” mimada en todos los matices desde el podio y resueltas a la perfección por cada atril, sonando magistrales, emocionantes, empastadas, sentidas, para redescubrir detalles casi olvidados para una interpretación de primera.

Repetidas salidas de Óliver Díaz ante el entusiasmo de un público que supo compensarle el excelente trabajo de toda la orquesta y el mando en plaza de casa,  colofón perfecto no solo a un día de las letras sino de verdadera “folixa musical”.

P.D.: Bien de nuevo por el luminoso indicando autor y obras, así como el código QR para descargar el programa. Y aunque hoy primaba el “asturianu” y “les lletres”, sigue sin  sonarme nada bien llamar “concertín” a la concertino. Habrá que revisar que no todo es traducible a nuestra “llingua” pues no me imagino “falar de fugues y sonates” pese a mandar siempre #MUCHOCUCHO® (podría ser también #MUNCHUCUCHU®) a mis amistades musicales, más asturiano y nutritivo que la consabida mierda, el desear romperse una pierna o la boca del lobo sumada al “ToiToiToi” más en boga dentro de la lírica. Normalizar está bien pero “prau q’atrapa” no sirve como “campos magneticos”.

Explorando sabores musicales

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Viernes 18 de septiembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala principal. OSPA, Marzena Diakun (directora). Concertino invitada: Mirabai Weismehl“Seronda”, obras de Martinu y Weinberg. Entrada butaca: 15€.

Desde febrero que no escuchábamos a la OSPA en el Auditorio y con muchas ganas del reencuentro, ocupando “mi butaca” tras un estricto protocolo de seguridad e higiene y el aforo reducido. Primer sabor agridulce pues si normalmente el público estaba bajando (ya lo comenté en su momento), las circunstancias especiales como miedo, no excesiva publicidad, un programa “poco conocido”, entradas “on line”, taquillas a última hora para los “no iniciados en las tecnologías” (que son muchos y fieles) nos dejaban un aspecto desolador con demasiadas ausencias. Además la sala polivalente estaba abierta, el escenario preparado para los “otros conciertos de San Mateo” y parecía un ensayo matutino de los grandes conciertos, pero nada es igual. Programa en QR  evitando el papel como en la vida cotidiana. Pero como me está sucediendo en este regreso “escalonado” a mis conciertos, en cuanto comienza la música se  me olvidan las penas.

Hay que seguir reivindicando que la CULTURA es SEGURA además de ejemplar, y el público, como la orquesta, necesita el directo, el contacto visual y auditivo siempre único, distinto, irrepetible. Primer concierto sinfónico en el auditorio de esta “nueva era” donde nada es igual con el consuelo de los pobres: mejor así que nada.

Personalmente no quería faltar porque volvía la directora Marzena Diakun (Koszalin, Polonia, 1981) que tan buen sabor de boca me deja en sus visitas a Oviedo, desde la primera en mayo de 2017 y la anterior, un 25 de enero del año pasado que parece una eternidad, mi “temporada del divorcio” donde quise repetir con la polaca, así que “no hay dos sin tres” y me encandiló de nuevo.

Tras las palabras de agradecimiento por megafonía de la gerente Ana Mateo por esta “recuperación”, el recuerdo a los que ya no están en este lapsus de tiempo, concierto homenaje a los fallecidos pero también a los luchadores durante un confinamiento que se ha llevado demasiado en este breve espacio, de nuevo la música sinfónica resultó la mejor terapia. Y paradoja que los músicos, tan separados físicamente, hayan estado más cerca que nunca, un verdadero equipo entregado e ilusionado con volver, Diakun al frente con mano firme, gesto claro y dominadora de las dos obras elegidas.

Martinu y Weinberg son compositores del siglo XX que beben aún de toda la gran tradición europea para crear lenguajes nuevos en un perfecto dominio de la técnica para poder y saber innovar. Nuestros gustos musicales son un paladar que necesita probar y catar nuevas expresiones, la cerveza clásica está bien pero toca disfrutar de las artesanas, distintas, con sus semejanzas y diferencias, apostando por un mercado educado en lo de siempre que necesita seguir probando, creciendo y conociendo nuevas sensaciones. Manteniendo el paralelismo cervecero, Diakun hizo de maestra artesana elaborando un programa cual cata para paladear, una respuesta de ingredientes en las proporciones exactas y sin excesos, una hora que resultó como una caña, menos cantidad que la pinta para no empachar y quedarse con ganas de otra ronda probando más sabores.

Eliminada del programa previsto (al no ser este un “concierto al uso”) Le festin de l’araignée de A. Roussel, que hubiera alargado el espectáculo pero también ampliado sabores, la Sinfonía Nº 3, H299 de Bohuslav Martinů (1890-1959) recrearía sin palabras como banda sonora del momento actual, si comparamos cúando y como fue escrita (tras la Segunda Guerra Mundial). Perfectamente descrita en las notas al programa de Daniel Moro Vallina, la orquestación es plena incluyendo arpa, piano y abundante percusión. Su escritura (En mi música he recibido múltiples influencias pero sobre todo de la música nacional de Checoslovaquia. De Debussy y de los madrigalistas ingleses decía el propio compositor) está pensada como pequeños grupos de cámara que van contestándose y la colocación de los músicos tan separados ahora, unido a una acústica distinta, hizo percibir unas calidades nuevas en la OSPA, matices cuidados por Diakun con un sonido envolvente, claro y perfectamente balanceado en cada momento a lo largo de los tres movimientos “clásicos” de que consta esta tercera sinfonía, de las seis compuestas por Martinu. El panel luminoso que tapaba la tarima iba informando puntualmente (un acierto) mientras disfrutábamos de nuevas emociones necesarias.

El Allegro poco moderato nos devolvió al oído la mejor cuerda de los asturianos: tersa, doliente, con los “latigazos” del piano, dinámicas extremas y una pulsación bien mantenida. Sutil lenguaje sinfónico, pinceladas percusivas, ímpetu desde el podio, tímbricas para explorar, metales contundentes y final preciso. El Largo triste, sentido, evolucionando del modo menor al mayor como la alegría que podríamos pensar surgió durante la escritura de este movimiento tras conocer Martinu el desembarco de Normandía desde su retiro de verano en Ridgefield (Connecticut). Transcribir a música los sentimientos es muy subjetivo pero me dejo llevar por este discurso como “nota de cata”: bien escrito y equilibrado de matices, aroma de ALE, flautas delicadas con esa espuma de pizzicati enriquecido con los toques del piano, la cuerda infinita cual hilo dorado iluminado por el viento refrescante antes del último Allegro – Andante, explosivo, triunfante, contagiando esperanzas, riqueza de tutti con reguladores amplios y extremos, sordinas lejanas y flashes electrizantes, una marea de sensaciones para paladares curtidos. Bien servido, a la temperatura ideal, disfrutando del color, el aroma, la historia y el sabor de esta artesana checa con poso.
La segunda “botella” nos llevaría a otra tierra y receta, no por conocida igualmente sabrosa y descubierta no hace mucho. Cuando se cumplió el centenario del nacimiento en Varsovia de Mieczysław Weinberg, un coloso de la música soviética y origen judeo-polaco, era prácticamente desconocido para el melómano occidental hasta bien entrado este siglo, pero va ocupando rápidamente el lugar que le corresponde en la historia de la música. Su ostracismo podría atribuirse a las terribles circunstancias históricas que le tocaron vivir y padecer (nazismo y holocausto primero, el régimen stalinista más tarde) pero no al incuestionable interés de una obra que siempre gozó en su país adoptivo de defensores de altura (como Shostakovich o Rostropovich), produciéndose como escribían en el Scherzo de diciembre pasado, un ‘Weinberg boom’ en cuanto a grabaciones equiparable a las nuevas marcas cerveceras. Su ‘Rapsodia sobre temas moldavos’ op. 47-1 (1949) tiene todos los ingredientes para gustar, como tantas del este. Se comienza a servir lenta, cuerda susurrante de la que surge el oboe melancólico, los aires de música judía que mi generación asocia al musical y posterior película “El violinista en el tejado“, esta vez femenina y desde el otro lado del charco, la concertino invitada que se lució en buena lid con otros primeros atriles mientras la Maestra Marzena iba dejando posar y pasar, esperando surja y “aposiente” la espuma para ir mimando intensidades y colores, refrescante y contagiosa música de Weinberg (que hasta tiene nombre de cerveza), un vivo final con la cuerda compenetrada y compacta, percusión empujando, madera rebosante y metales poderosos.
Una velada completa, desde el homenaje sentido a las ganas de vivir, apostando por lo menos conocido mientras educamos el paladar sonoro, una carta amplia que todos queremos seguir probando.

El Pixán esperado

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Jueves 17 de septiembre, 21:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de Cámara (cambio de la Principal). Joaquín Pixán (tenor), Mario Bernardo (piano); artista invitada: Cristina Gestido (viola). Precio: 12 €.

Tercer concierto lírico de San Mateo, esta vez de pago y cambiando la ubicación inicial de la Sala Principal a la de Cámara, desconozco las razones, comunicándosenos por el correo electrónico de la compra “on line” y adjudicándome una localización que no elegí, a diferencia de la primera entrada, con toda la antelación del mundo (arriba dejo copia de la misma), pero supongo que estas circunstancias de la “Nueva Anormalidad” son tan cambiantes que mejor lo de hoy porque mañana nadie sabe…

Sigo con mi terapia musical aunque en pequeñas dosis y acercándome a la música en vivo, porque los artistas necesitan trabajar para vivir, al igual que yo estos conciertos. Colas, felpudos de desinfección, gel hidroalcohólico, distancia de seguridad, mascarillas, y sobre todo muchas ganas de música.

Pixán no necesita presentación alguna y menos en su tierra, con una carrera “de oro” por los 50 años de su debut, trabajados, con un programa elegido y esperado en él, bloques bien diferenciados comenzando con esas “canciones de concierto” que no pueden faltar desde los primeros años de estudio en todo cantante lírico, un Respighi debutado al lado de Tosti con quien el tenor tiene esa química especial, siendo un intérprete de referencia con el de Ortona; La Copla, con mayúsculas, esta vez del Maestro Quiroga a la que se acercó también en el disco y elevada al mismo nivel que las compañeras de concierto, para terminar con su lucha de siempre a favor de la canción asturiana de salón, despojarla del “cucho” y el “chigre” para darle la categoría que tiene cuando se afronta con la calidad habitual de Pixán, aunque los años hayan dejado algo opaco su color único, y siempre acertado gestor en encontrar patrocinios y apoyos para sus proyectos, el Antón García Abril de la orquesta al piano (hoy con “sorpresa”), sumando sus propias composiciones para la Tentativa de un nuevo Cancionero Asturiano para el siglo XXI con letras de Antonio Gamoneda  o el estreno de una obra que comentaré posteriormente, para finalizar con la apuesta por otro asturiano, Jorge Muñiz, que también amplió su catálogo con temas de nuestra Asturias desde “allá por tierra extraña” en su atalaya de Chicago o Indiana.

Por supuesto que en los proyectos del de Cangas de Narcea el piano acompañante sabe buscarlo para encajar en el espíritu de estos recitales, y esta vez de nuevo contó con Mario Bernardo, conocido, seguro, con entendimiento perfecto y dominador del repertorio del tenor, segundo plano cuando se necesita y primero en los momentos indicados, más la colaboración de Cristina Gestido a la viola que supuso no solo la nota de color sino el complemento y por momentos protagonismo de una velada del agrado total.

Arriba dejo el programa que se nos envió a los que pasamos por la taquilla virtual, con pequeñas variaciones en el orden, que paso a comentar.

Para abrir boca, Alessandro Scarlatti (1660-1725) y su GIÁ IL SOLE DAL GANGE, con ímpetu y brío aunque no sea el estilo del cangués pero un lujo calentar cuerdas con el barroco. Más reposado e intimista en Vincenzo Bellini (1801-1835) y su VAGA LUNA CHE INARGENTI (Texto anónimo italiano), donde ya pude comprobar que la voz no tiene la frescura de antaño aunque la supla con esta interpretación “quasi operística” que como veterano supo llevar a su terreno siempre en media voz suficiente para proyectarla. Comentaba el tenor que se estrenaba con el boloñés Ottorino Respighi (1879-1936) y LUCE (A. Negri), como preparando el terreno para afrontar a su querido de Abruzzio Francesco Paolo Tosti (1846-1916) con tres de las canciones donde Pixán se desenvuelve como pocos: MALÍA (R.N. Pagliara), IDEALE (C. Enrico) y finalmente L’ ULTIMA CANZONE (Texto de F. Cimmino). Sin el brillo de antaño pero la maestría del “saber decir” fue in crescendo en intención, emoción y entrega.

La segunda parte arrancaría directamente con las dos obras de Antón García Abril (1933) pero con “la voz” de la viola y el coprotagonismo del piano, las melodías tradicionales de ELLA LLORABA POR MÍ y las VAQUEIRAS en arreglo instrumental de la propia Cristina Gestido, y autorizado expresamente el compositor, enriqueciendo unas páginas de por sí bellísimas que con esta “reinvención” eleva a categoría camerística como las versiones de las canciones españolas de Falla. La melancolía primera que la viola traduce sin necesitar las palabras de León Delestal, y las rítmicas vaqueiras exigentes para el piano arropando los “yeh!” del arco que alguno aguantó compartir. Sorpresa agradable y tributo instrumental a uno de los proyectos más internacionales de Pixán y otro salto de calidad de la música de inspiración asturiana que sonará en muchas salas del mundo con este acercamiento desde lo vocal.

De la la Tentativa de un nuevo cancionero del propio Pixán, su ROSA NEVADA (A. Gamoneda) con la viola de Gestido sustituye la gaita por ese cordófono de luthier que es la poco reconocida viola, recuerdos de vigulines, rabeles (que en asturias llaman bandurrias) o zanfonas, el repertorio de la “tonada lírica” que pide más al viejo que al diablo, los melismas con los que nos hemos criado en Asturias, más que una tentativa, una limpieza de estos cuadros sonoros que necesitan proyectos como este del tándem Pixán-Gamoneda. Las cuerdas vocales ya a su temperatura, los adornos que emparentan la tonada asturiana con los cantos del muecín en una Ruta de la Plata que tiene parada en Andalucía y su género por excelencia despojado de malas famas, la copla de Manuel Quiroga (1899-1988), el maestro del triunvirato con León y Quiroga, dos como uno estos poetas tan musicales y musica2 (perdón por la licencia), esta vez con el piano de Bernardo y la voz de Pixán ya “recuperado” para enamorar a una parte del público que sigue recordando este género: LA LIRIO (Rafael de León) con todos los giros vocales “de ida y vuelta” y LA SALVAORA (Antonio Quintero), arrebato y emoción, la entrega premiada con bravos.

El “fin de fiesta” mantendría piano y viola arropando los temas asturianos que quedaban, el del propio Joaquín de VAN PO LOS AIRES (A. Gamoneda), los dos temas de Jorge Muñiz (1974): SOLEDAD (Tradicional) donde la viola le da un “plus” tímbrico y el siempre querido PAXARÍN PARLERU (Tradicional) que no hace falta presentar, con unas armonizaciones nuevas que visten la melodía con aires de renovación desde el lenguaje actual, aunar tradición y modernidad en la música, no siempre fácil, y donde Pixán sigue siendo el maestro. Dándolo todo, con el gusto y saber cantar estos repertorios donde los años son solera o gran reserva.

Fuera de programa, aunque nos habían mandado la letra, que dejo aquí, y con los tres intérpretes en escena más unas palabras de Joaquín Pérez Fuertes (1950), el verdadero nombre de Pixán contando el encargo de componer una canción para la VETUSTA clariniana, con letra de Aurelio González Ovies, presente en la sala, un estreno en la inspirada línea del Pixán compositor, melodías de raigambre que evocan lo nuestro y resultan cercanas pese a la novedad. Vetusta ya tiene canción propia en nuestro cancionero astur.

Y aún quedaban dos propinas más tras el estreno. 50 años dan para mucho y no faltó su recuerdo a Antoñita Moreno con su eterno agradecimiento por hacerle debutar en el Teatro Campoamor de Oviedo allá por 1969 con el gaitero Remis, cantándonos un arreglo con viola y piano de CARRETERA DE ASTURIAS en homenajes mútuos, a los emigrantes, al repertorio del siempre recordado y “rompedor” El Presi de entonces,  para sin mirar el reloj terminar por todo lo alto con una mítica SI YO FUERA PICADOR, una de las canciones que también Pixán ha llevado por todo el mundo manteniendo un legado de la tierra como es nuestra música tradicional por que los años dan la perspectiva necesaria para valorarla más.

Baset con valentía y coraje

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En tiempos de pandemia llega el nuevo trabajo de Forma Antiqva con su sello alemán Winter&Winter dedicado a las sinfonías del valenciano Vicente Basset, violinista y compositor de la orquesta del Coliseo del Buen Retiro de Madrid, durante los festejos organizados por Farinelli, además de violinista en la compañía teatral de la actriz y empresaria María Hidalgo. Las oberturas y sinfonías están editadas por Ars Hispana, a quien siempre debemos felicitar por su rigor y trabajo, edición crítica a cargo de Raúl Angulo Díaz publicada por la Fundación Gustavo Bueno (Santo Domingo de la Calzada, 2013) a partir de los originales copiados para Carl Herman Leuhusen, secretario del Embajador de Suecia en Madrid de 1752 a 1755, 12 sinfonías u oberturas para cuerda conservadas en la Biblioteca Nacional de España y en la Biblioteca Pública Estatal de música en Estocolomo (Stockholm Statens Musikbibliotek) aunque aún falte por encontrar una de ellas.

La formación asturiana dirigida por Aarón Zapico continúa con la recuperación de nuestro patrimonio musical enriqueciendo repertorios y grabaciones, esta vez gracias a una Beca Leonardo de la Fundación BBVA del pasado año. Obras de Basset ya rodadas en distintos formatos y conciertos equiparándolas tanto a nuestros Nebra o Laserna como al gran Haydn, era hora de grabar estas once joyas sinfónicas con una orquesta barroca llena de músicos de primera, cuyos nombres dejo al final de esta entrada, habituales muchos de ellos en distintos programas afrontados por los langreanos y que tienen momentos de lucimiento con solos de altura y virtuosismo.

Grabado antes de la pandemia en el Estudio UNO de Colmenar Viejo (Madrid), la toma de sonido es impecable, pudiendo disfrutar de su escucha en Spotify©, en un ordenador pero sobre todo en una cadena musical, mi caso a todo volumen porque no hay vecinos que protesten, con esa sensación de tenerlos en casa a todos tocando para mí solo.

El éxito internacional parece haber llegado antes que a esta piel de toro nuestra donde nadie es profeta en su  tierra, pero el legado queda y el tiempo pondrá en su sitio esta aportación impagable del tandem Forma Antiqva y Ars Hispana a nuestro patrimonio musical español desde Asturias, esperando que la industria cultural no se quede en mera intención política.

Una edición discográfica en la línea alemana de calidad en todos los detalles, con notas del propio Aarón Zapico que nos acercan al trabajo previo de diez años en la búsqueda de estas sinfonías de Baset (o Basset), con valentía o incluso “con coraje” tomando la traducción inglesa, pues así hay que tomar el trabajo previo que hay en cada página.

Dejando que cada músico se implique, se haga copartícipe de la partitura, dominadores todos ellos de este lenguaje tan internacional y exigente sin olvidar la seña de identidad autóctona en algunos movimientos, manteniendo la alternancia de movimientos, la estructura formal pero volviendo a apostar por esos contrastes “marca de la casa” (como en el inicio de la tercera sinfonía, donde los pizzicati de los violines y su dúo son venecianos en esencia, casi diría que veraniegos) no solo dan vigor interpretativo sino colorido tímbrico, apuestas con la valentía que siempre tiene el mayor de los Zapico en sus trabajos y que nos asombrase hace años con unas “estaciones granadinas” sin perder ni un ápice el coraje y visión rigurosa en tiempos de mediocridad.

Siempre difícil aportar un repertorio nuevo de calidad, este Baset la tiene en todas y cada una de las once sinfonías – oberturas grabadas por los asturianos para el sello alemán. Podrían firmarlas cualquier italiano, inglés, francés o austríaco pero lo hace este valenciano en aquella corte madrileña del XVIII donde la música tenía personalidad e importancia, y Forma Antiqva refleja este periodo histórico fiel a su espíritu original desde la actualidad a la altura de las mejores orquestas europeas (que es decir mundiales).

La aportación del viento (en la segunda “Apertura” el oboe es magnífico y otro tanto toda la madera en la cuarta, dándole incluso espíritu guerrero), con un continuo que nunca defrauda (primoroso el Andante de la Bas11 con los gemelos Zapico) dándole la textura idónea (Minuete de la tercera), y adornadas con las pinceladas maestras de una percusión siempre en su sitio (Tempo di Minué de la Bas12, duodécima, o en el Minué de la Bas4). La paleta sonora equiparable a los grandes compositores europeos en esa transición estilística, sino puro Clasicismo, más clara de lo que la historia nos ha contado que se hacía en España, tildándonos de ir por detrás de las modas porque el barroco seguía imperando en suelo patrio ajeno a la Viena imperial.

Cuánta música por descubrir que “desfaga entuertos”. Hay que quitarse de una vez los complejos y escuchar esta grabación abriendo bien los oídos, y la mente, disfrutar con valentía y coraje del Baset internacional.

Músicos:

Aarón Zapico, director musical. Oboes: Pedro Castro, Jacobo DíazFagot: Joaquim GuerraViolines: Jorge Jiménez, Víctor Martínez, José Vélez, Cecilia Clares, Belén Sancho, Daniel Pinteño, Vadym Makarenko, Marta Mayoral, Irene Benito. Violas: Daniel Lorenzo, Lola FernándezCellos: Ruth Verona, Elisa JoglarContrabajo: Jorge Muñoz. Guitarra barroca: Pablo Zapico. Tiorba: Daniel Zapico. Clave: Adrià GràciaPercusión: David Mayoral.

Quien canta su mal espanta

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Miércoles 9 de septiembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, sala de cámara, “Clásicos en San Mateo”. Canta y no lloresBeatriz Díaz (soprano), Mª José Suárez (mezzo), Marcos Suárez (piano). Entradas gratuitas (previa reserva on line) y agotadas.

No hay fiesta sin música, y en este atípico San Mateo ovetense la lírica ocupa su hueco en la programación de festejos. Otro lleno esperado siguiendo las limitaciones de aforo y pese a lo difícil que lo tiene buena parte de un público fiel que no puede (o no sabe) acceder a las compras por internet, agotándose las entradas ya el primer día.

Está claro el “hambre de directo” a pesar de las incomodidades que todas las medidas contra el Covid19 supone (la mascarilla sigue empañando las gafas), y por supuesto la necesidad de retomar tantos conciertos aplazados o o suspendidos que para la mayoría de los artistas son su única fuente de ingresos. Seguiremos reivindicando un status especial para ellos dentro de una legislación que como la propia sociedad solo parece querer la música como “acompañamiento” olvidando, que son una fuente de riqueza y sustento de miles de familias, amén de un turismo de calidad que supone aumentar la rica oferta asturiana, y no digamos la llamada música clásica que parece seguir con el sambenito de clasista para unos políticos totalmente alejados de la realidad.

Dos voces femeninas, conocidas, queridas, aclamadas y además de casa, para este segundo lírico mateíno: la soprano allerana Beatriz Díaz, calidad en cada página, y la mezzo ovetense María José Suárez, puro gracejo y escena a raudales, más el piano del langreano Marcos Suárez, no todo lo bien que me hubiera gustado, nos trajeron un programa cuyo título era mucho más que una declaración de intenciones: como dice la letra de “Cielito lindo”, Canta y no llores, aunque sería otra en un repertorio apto para todos los públicos, donde una cuidada y difícil selección dejaría pasiones y emociones entre los asistentes, que disfrutaron de principio a fin.

Siguiendo el orden del programa, un primer bloque operístico, que Oviedo entiende y exige, así como una celebración de aniversarios, como el del checo que se celebraba el mismo día de Asturias (8 de septiembre), Asturias como parte imprescindible por festividades y “tierrina” apostando por la lírica asturiana de concierto, y nuestra Zarzuela, que este año nos cortaron de cuajo y en cierto modo había que intentar devolvernos un poco.

Tras la salida a escena y las oportunas presentaciones además de agradecimientos, abría la velada “La Díaz” con Puccini porque es el compositor de su voz, la Musseta con alma de Mimí  Quando m’ en vo de “La Boheme” que sigue poniendo la carne de gallina por gusto, voz, entrega y talento.

Primera gran ovación de la noche antes de dar paso a “La Suárez” en el citado aniversario de Dvorak y una de las canciones gitanas (Gypsy songs op. 55 nº 4 ) que le van bien al registro de la ovetense. Seguiríamos con el checo pero otro cuento, el del danés Hans Christian Andersen llevado a la “Rusalka” y su canción de la luna (Song of the moon de “Rusalka” que el confinamiento hizo el milagro de añadirla al repertorio de la soprano de Bóo, cantando en checo una página de emoción llena de color sacando a flote un color de grave homogéneo y grande, ampliando un registro no siempre fácil.

El famoso dúo de la Barcarolle de “Les Contes d’Hoffmann” (Offenbach) demostró lo bien que empastan estas voces, la complicidad sobre escena que descubrimos hace años y demostraron mantienen en esta preciosidad de la opereta francesa. Y un guiño a la ópera americana, también opereta o si se prefiere Musical, Beatriz Díaz con una visión del versionado infinitamente Summertime de “Porgy and Bess” (Gershwin) capaz de adaptarse a la carnosidad de las voces negras con el necesario “swing” sin olvidarse de su calidad lírica envidiable que encaja como un guante. La réplica cómica del Voltaire llevado a la escena por el gran Bernstein, ese número que bien explicó y cantó Mª José Suárez I was easily assimilated  de “Candide” a quien le hicieron los coros Marcos y Beatriz contagiando el colorido de Broadway.

Todo concierto vocal necesita su “descanso” pianístico, y Marcos Suárez eligió como inicio del recuerdo a los que faltan, el homenaje sentido de un Agnus Dei que es el Intermezzo de “L’arlesiana” (Bizet) al piano, difícil siempre reducir el colorido de la orquesta al blanco y negro de las teclas, pero la emoción suplió con creces las deficiencias.

Beatriz Díaz siguió ampliando repertorio, el alemán íntimo y bello de ese canto de difuntos que es el Allerseelen de R. Strauss, en la línea de las grandes sopranos a quien el coprotagonismo no siempre bien entendido del piano en el intrincado terreno del lied no la desvió de imprimir el dramatismo contenido y la expresividad que esta partitura atesora. Y recuerdo a Pepa Ojanguren de su amiga Mª José con esa “vidalita” rioplatense de Ginastera, la Canción al árbol del olvido que el piano necesitaría “guitarrear” y jugar con el rubato necesario del folklore argentino llevado a la sala de conciertos.

La parte asturiana estuvo más inspirada al piano con una versión sola del tema popular) que casi cantamos interiormente Ayer vite en la fonte, perfecto telón que abriría este tercer bloque, el regreso del “Lied asturiano” que ya escuchásemos en Avilés en febrero con el propio Vázquez del Fresno al piano y la misma Beatriz Díaz, un Xuguete el caballito de cartón de los “Cantarinos pa que suañes“, la creación sobre poesía asturiana tan grande como los alemanes y con un piano que requiere el mismo plano que la voz. Una delicia volver a escucharla como el tema elegido por Mª José Suárez que acompañó el público “sotto voce”, el bellísimo Chalaneru del zumayano afincado en “La Pola” (de Siero) Ángel Émbil Ecenarro, tan versioneado en nuestra tierra que hace feliz escucharlo. Velada donde primó el cantar sobre el llorar.

Durante el confinamiento las redes sociales ayudaron a seguir en contacto con nuestras cantantes, y la allerana llegó a compartir y casi enseñarnos su “Luna de Miel en El Cairo” de la que nos examinó a los presentes con las dos solistas antes de afrontar ya en serio el bellísimo dúo Niñas que a vender flores de “Los diamantes de la corona” (Barbieri) en nueva muestra de perfecto empaste vocal encajado con un piano algo despistado.

La conocida “tarántula”, ese bisho mu malo es el Zapateado de “La tempranica” (Giménez) que Mª José Suárez escenificó con esa gracia innata y contagiosa capaz de arrancar sonrisas al más serio. Y seriedad total con una de las romanzas menos escuchadas y más exigentes del gran Moreno Torroba que Beatriz Díaz borda, la Petenera de “La Marchenera” poderosa, segura y al fin con el piano de ropaje a medida.

Todos conocemos la Habanera de “Don Gil de Alcalá” (Penella), popularmente “Todas las mañanitas” con ese “Canta y no llores” a dúo con tímida pero afinada participación de los presentes, perfecto broche de programa, de entendimiento y variedad, de calidad y calidez que obligó a las protagonistas a regalarnos las esperadas propinas.

Aunque la inimitable “Saritísima” lleve años criando malvas, el cabaret de seducción sigue siendo necesario en tiempos de crisis y ese descaro recatado del Tápame fue perfecto aunque sin espiritoso sobre el piano pero con el guiño de pajarita y mascarilla a juego a la Mariajo carbayona, fiel a su papel a lo largo de la velada.

Y para cerrar nada mejor que volver a Puccini que parece haber escrito para Beatriz (qué ganas de su próxima Butterfly) otra de sus arias preferidas que cada vez siguen sonando únicas, O mio babbino caro de plenitud sin más calificativos.

El público ganado desde el principio se negaba a marchar, olvidando mascarillas e incomodidades pese a llevar más de hora y media, agradecimientos a los políticos locales por su presencia y apoyo, ausencia del primer regidor que como bien diría Mª José “él se lo pierde”, y otra famosa habanera, La Paloma de Sebastián Iradier (que en el Ravel operístico se dibujaba al final) a dúo de acompañamiento algo descafeinado, antes de despedirse con un fragmento último y coreado: “Canta y no llores”. Como dice Cervantes, “La música compone los ánimos descompuestos y alivia los trabajos que nacen del espíritu“.

P.D. 1: dejo aquí los recortes de prensa aparecidos en la prensa asturiana, LNE (que en la edición “Cuencas” no aparece y la digital es solo para suscriptores) y El Comercio:

P.D. 2: dejo aquí los “Links” a las críticas o reseñas de prensa del jueves 10 en La Nueva España y El Comercio.

San Mateo lírico

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Lunes 7 de septiembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, sala de cámara. “Clásicos en San Mateo”: Ana Nebot (soprano), Juan Noval (tenor), Arkaitz Mendoza (piano). Entradas gratuitas (previa reserva on line) y agotadas.

La lírica también se ha visto afectada esta temporada, que arrancaba el pasado viernes con la nueva temporada de ópera, triste por las restricciones de aforo y alegre por volver a la música en vivo. Las emociones siguen encontradas en esta dicotomía permanente con el miedo que parece atenazar a muchos porque las incertidumbres son diarias y cambiantes a cada momento.
El ayuntamiento de Oviedo y su concejal correspondiente “del ramo” parece que han tomado nota que la Cultura, con mayúscula, es segura, mucho más que otras actividades (y las musicales no pueden olvidarse de la “música culta”) con todas las medidas de seguridad que “el bicho mu malo” obliga, si bien habrá que esperar resultados, aunque por fin se haga hueco en unas fiestas locales que serán muy distintas a las de siempre, lo mismo que nuestra vida desde el 13 de marzo, e intentando cubrir ausencias que no volverán (cancelaciones) o se transformarán por necesidad (aplazamientos), sin olvidarnos que muchos cantantes líricos lo están pasando verdaderamente mal en estos tiempos, creando en pleno confinamiento un sindicato propio que les dé voz, reclamando les reconozcan su peculiar trabajo además de hacer velar sus derechos (“potenciar, defender y dignificar la lírica de nuestro país) ante una clase política que parece no enterarse de lo que este colectivo significa para una sociedad cada vez más perdida.
Este ciclo de “Clásicos en San Mateo” se abre con artistas asturianos (si no los apoyamos nosotros nadie lo hará), primer día con la soprano carbayona Ana Nebot y el tenor poleso Juan Noval acompañados al piano por Arkaitz Mendoza que completaron un aforo reducido pero entregado, agradeciendo al final del concierto al alcalde Alfredo Canteli y Covadonga Díaz concejal de festejos el esfuerzo por sacar adelante este ciclo lírico, que disfrutaron como todos los presentes.
Los dos cantantes asturianos prepararon un concierto de salón, París en Oviedo y la sala de cámara, Amor de salón, amor de teatro” repartiéndose las dos partes sin pausa, con algunos dúos demostrando el empaste de sus voces agudas y la complicidad, entre ellos siempre con un excelente Arkaiz Mendoza que también tuvo sus “intermedios” solísticos adaptados a las páginas elegidas para los necesarios descansos vocales.
Ana Nebot se mueve como pez en el agua con las canciones francesas, interpretadas antes de la pandemia en el Filarmónica homenajeando a la Alianza Francesa, de amor y desamor, el postromanticismo entre siglos con aire cercano, dominando el idioma más bello para cantar al amor y también el más comprometido por la pronunciación, que la soprano controla como una segunda lengua. Así fue desgranando cuatro canciones del venezolano afincado en París Reynaldo Hahn (no podía faltar A Chloris), poesía hecha canción, continuando con el intimista Gabriel Fauré o la poco escuchada española y francesa Pauline Viardot, el único Francois Poulenc que recordaba al operístico de estos días en el Campoamor, o el inimitable Satie. De mariposas y lunas llenas, del amor carnal hasta La diva de L’Empire -dedicada a la recién fallecida Pepa Ojanguren que le regalase el elegantísimo vestido negro que lució su paisana- con una sentida de las tres Romances sans parolesop. 17 nº 3 (Fauré) al piano junto a la famosísima Gimnopedia nº 1 del genial Erik, buenas elecciones entre esos bloques para disfrutar de un piano maestro, así como el primer dúo con NovalNebot conocida y querida, con escena, alegría y entrega, en casa, y el acompañamiento magistral en cada página, coprotagonista de cabaret igualmente cómplice necesario de la voz en los dos números de Offenbach antes de la sorpresa final.
Con un coro de lujo formado por casi todo el elenco operístico que en los huecos también disfruta de Oviedo, presentes en la sala y apoyando a su compañera y amiga, un agradecimiento francés de la Gavota de Manon (Massenet), perfecto colofón de “La Nebot”, una joya pletórica preparando la segunda parte con “El Noval”.
Si Juan en el dúo inicial con Ana se mostró pletórico, su elección de arias de ópera presentadas en París, datos cronológicos humorísticamente explicados, fue la confirmación de un excelente estado vocal y escénico, grata sorpresa comprobar la evolución de estos años. Páginas ideales, y no muy escuchadas que siempre es de agradecer, para su color y tesitura jugando con volúmenes en un derroche de buen gusto y dominio: E. Lalo y el aria de Le roi d’Ys que popularizase el gran Fleta, matizada al detalle, El Juramento de Mercadante, o ese dúo de Romeo y Julieta (Gounod) muy logrado y semiescenificado con la soprano local mostrando un empaste perfecto.
El “Intermezzo” de Carmen (Bizet) al piano, haciéndonos olvidarse la flauta protagonista y reivindicando su papel en estos recitales (labor impagable la del mal llamado acompañante), hizo de puente instrumental para los “diablos” franceses: el Faust de Gounod (inmejorable) y el Mefistófeles de Boito (rotundo), páginas históricas bien cantadas por el tenor de “La Pola” (es de Siero para los de Oviedo). Cómodo y convincente, agudos potentes además de sentidos y bien interpretados.
Perfecto “puente pianístico” el  bellísimo Intermezzo de “Cavalleria Rusticana” (Mascagnial piano antes del final con dos nuevas muestras de gusto y ampliación de repertorio más allá del operístico pero igualmente exigentes: María del “West Side Story” (Bernstein) que el propio Lenny aplaudiría más que al “Carrerines” famoso, y nuestra zarzuela, Por el humo se sabe dónde está el fuego romanza por excelencia de “Doña Francisquita” (Vives) que en ese momento era Premio Max por la producción que el año pasado “vimos en Oviedo“del Teatro de la Zarzuela. Larga vida a la zarzuela sin complejos bien cantada.
Un Juan Noval renovado, maduro, pletórico y con ganas de verle sobre las tablas. No hubo propina pero sí las palabras de agradecimiento de Ana Nebot en nombre de tantos cantantes y antes recordadas para un público entregado a estas voces asturianas a las que debemos apoyar porque “La Cultura es segura” y ejemplar, nuestra lírica es seña de identidad de un Oviedo capitalidad musical. Que la música no pare…

Fresco surrealismo

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Viernes 4 de septiembre, 20:00 horas. Teatro Campoamor, LXXIII Temporada Ópera de Oviedo. L’Heure Espagnole (Ravel), Les Mamelles de Tirésias (Poulenc). Primera función, entrada anfiteatro: 63 €.
Emociones encontradas para el arranque de curso escolar y temporada en “La Viena española”, Oviedo capitalidad musical que con todo el esfuerzo humano levantaba el telón con un programa doble francés, original, fresco, surrealista, luminoso, feminista, colorido, nuevo en esta plaza, rodeado de todas las medidas de higiene y prevención en la Era Covid-19.

Perfecta organización, responsabilidad compartida, “hambre de pan y horizonte”, de música, necesidad vital y real para todos, encuentros con distancia, abrazos robados pero con ganas de recuperarnos en esta anormal normalidad. Información en el móvil, desde las entradas hasta la hoja con el reparto en QR (al fin le encuentran la máxima utilidad obligados por las circunstancias), a la venta un buen libreto para coleccionar y donde el tándem musicológico Sanhuesa – Cortizo plasma negro sobre blanco lo que pudimos disfrutar en su conferencia del miércoles pasado sin movernos de casa gracias a las nuevas tecnologías que son ya la herramienta imprescindible en estos tiempos, transmitida por la cuenta en Facebook© de la propia ópera ovetense.

También un imprescindible como Francesc Cortés y por supuesto la presentación Dos divertidas joyas líricas de Emilio Sagi40 años desde su debut en esta su casa, a quien se le entregó una placa en recuerdo de la efeméride en el descanso, además de pasar a denominar la sala de ensayos con su nombre, merecido homenaje a un ilustre que sigue maravillando con sus puestas en escena siempre arrolladoras capaces de aunar opiniones, todo un logro en tiempos crispados.

Obertura de conferencia previa siempre con el gran comunicador Pachi Poncela que no pude escuchar en vivo por respeto a las indicaciones de un personal algo perdido, como todos, pero que pude disfrutar igualmente en casa como “postludio” desde el canal YouTube© de la Ópera de Oviedo.

Distancias obligadas entre butacas, la pena de observar el aforo a medias, puntualidad de “hora española” para la bienvenida en castellano, inglés y asturiano (poco pateo), mascarillas, ausencia de toses que se agradece siempre, y todo un discurso inicial por megafonía recordando a quienes no están, la ilusión y ganas de levantar el telón en esta temporada septuagésima tercera (¡73 años ininterrumpidos! con los que el “bicho” tampoco ha podido). Se apagan las luces, olvidamos las penas y late el corazón porque el espectáculo tiene que continuar. La OSPA casi camerística en el foso (con la percusión en las bolsas de los palcos laterales) y al frente Maximiano Valdés, tan “asturiano” y nuestro como esa orquesta que tanto le debe, regreso celebrado que supuso el primer acierto del programa doble, dominador de los planos sonoros, atento a la escena y recordando la calidad que atesoran maestro y sinfónica.

La hora española del Ravel con raíz española inimitable, dominador de la orquestación, deudor de nuestro folklore (habanera de ida y vuelta) e inspirado libreto “toledano” del relojero Torquemada (Francisco Vas), la insatisfecha Concepción (Maite Beaumont), sus “pretendientes” Gonzalve (Joel Prieto) y Don Íñigo Gómez (Felipe Bou) más la fuerza bruta del mozo de mulas Ramiro (Régis Mengus), triunfador y aplicable al esfuerzo del barítono debutante en Oviedo con un doblete que requiere preparación física y mental. Escena para el enredo, simbolismos de relojes como ataúdes donde esconderse, cercanía cronológica que no pierde actualidad, vocalidad plena de la segunda debutante, la pamplonica Maite Beaumont, mezzo ideal a quien espero volver a escuchar en repertorios más agradecidos que este raveliano, exigente en todos los planos donde brilló con personalidad y buen gusto.

El tercer debut en el coliseo carbayón del tenor Joel Prieto plenamente adaptado a las exigencias de la partitura (nasalidad obligada pero nada artificial) redondeó un buen elenco junto a los conocidos Paco Vas y Felipe Bou en esta primera página francesa de los nuevos tiempos para “viejas obras”, comedia musical estrenada en la ópera cómica así reconocible para nuestros vecinos del norte que han sabido marcar distancias con tradiciones centenarias de rivales artísticos y geográficos.

Pausa de 40 minutos con agua de cortesía para recuperar aliento y descansar de la mascarilla, saludos desde la distancia, estirar un poco las piernas y Les Mamelles de TirésiasPoulenc en estado puro con su Apollinaire inspirador, surrealismo siempre vigente, argumento casi histriónico tratado con una puesta en escena colorista “marca Sagi”, inconfundible, junto al vestuario de Gabriela Salaverri acorde con toda la producción, el Coro de la Ópera de Oviedo que nunca defrauda (con puntuales y acertadas aportaciones al reparto de solistas) y un elenco vocal de primera que sumo unir el cariño por los habituales con la solvencia de todos ellos.

Ópera bufa con el prólogo a cargo de David Menéndez capaz de entusiasmar por poderío vocal y presencia, arranque impresionante de verdadero cabaret antes de los dos actos con Sabina Puértolas y Régis Mengus entregados, bordando los personajes siempre arropados por el maestro Valdés y la OSPA en sus precisos balances.

La soprano navarra elige bien su repertorio y Sagi saca de ella todo su potencial, cómico, escénico y vocal, sin amaneramientos pese a la escritura de Poulenc. Seductora y entregada, el público ovetense la siente como propia porque nunca defrauda. Su “Teresa destetada” nunca pierde gracejo, la sorpresa cartomancia lo es mayor por ese travestismo sin perder color ni frescura, sumándole su capacidad camaleónica en todos los papeles que afronta, y esta Thérèse está entre las joyas de la pamplonica. Las mujeres siguen mandando…

Del barítono francés Mengus destacar su personaje rotundo que da la réplica en esa “vuelta de calcetín” feminista por la que no parece haber pasado el tiempo. Si con Ravel demostró fuerza total, nunca bruta, de amante mozo de mulas a marido surrealista redondeó un debut carbayón de altura, incluyendo su visible trasero en la ducha del primer acto que ha sido foto de hoy en la prensa* (lástima quedarse en lo anecdótico). Actoralmente impecable, color vocal perfecto, bien diferenciado del gendarme astur, y sobre unas tablas con las que le podría llamar con todo el respeto “animal escénico”. Todo un descubrimiento para el que suscribe.

Inteligencia y acierto en la mezzo debutante en Oviedo Anna Pennisi, desconozco el reparto de mezzos para la doble función. Simpático el hijo de mi “adoptado” Pablo García-López, breve y agradecido, acertada elección para un personaje ideal por edad, presencia y color vocal, aunque debe engordar un poco tras esta función (en Oviedo un par de kilos seguro que coge).

Epatante e impactante siempre nuestro David Menéndez de gendarme en una obra que ya interiorizase a la perfección en el hermano teatro Arriaga bilbaíno y en el Liceu catalán, de la misma producción. Y por supuesto un conjunto compacto el resto de cantantes (he dejado la ficha más arriba) incluyendo los del coro, para esta luminosa producción, equilibrada en cada detalle con un Sagi que contagia energía, alegría de vivir y pasión por la escena.

No hay mejor terapia que la música, subir el telón y olvidarse de todo, desconectar aunque todo sea distinto desde el pasado viernes 13 de marzo e imprevisible. El surrealismo habita entre nosotros.

Reencontrarse con la fuerza que emana de un público ávido del directo, de los reencuentros, la necesidad de recuperar un tiempo perdido que no nos devolverán por mucho que rebusquemos no tiene precio. Sin planes a medio ni largo plazo solo queda nos vivir cada día y disfrutar.

Gracias por el esfuerzo, por el trabajo, por la ilusión, gracias a la ópera de Oviedo donde cumpliré mis “bodas de oro” en 2.021 esperando poder celebrarlas. Al menos puedo presumir que un 1971 sentado en  “gallinero” con mi abuelo Pachín, el tenor cordobés Pedro Lavirgen cantaba un Andrea Chenier que marcaría de por vida mi afición lírica, completando una melomanía que sigue acompañándome.

P.D.: * La foto de hoy en la prensa regional de hoy y galería de imágenes:

Regresos inciertos

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Toda una vida desde el último concierto en vivo aquel 12 de marzo, nada haría pensar lo que se nos vendría encima. La música siempre en mi vida aunque el directo sea siempre irrepetible. Confinamiento con conciertos y óperas en “streaming”, compras de discos nuevos “on line”, revisiones de mi amplio fondo musicográfico, lecturas que hicieron más llevadero un curso escolar no solo atípico y “a salto de matas” sino insufrible, sin horarios ni organización, supliendo todo con las buenas intenciones.

La desescalada, los encuentros en todas las fases, el abrir la economía a sabiendas de que todo volvería como una pesadilla, el “monotema” del bicho que se llama Covid-19, las medidas incomprensibles de entender en tiempos de incertidumbres donde todo cambia de un día para otro.

La cultura siempre olvidada, mejor el fútbol sin espectadores o las plazas de toros a rebosar, y que no falten las terrazas que entre todos nos mataremos y la vida que no volverá a ser igual nos ha tapado la boca en todos los sentidos.

Hemos vuelto al Instituto, todo en el aire, sin Aula de Música y cual viaje al pasado después de 33 años de ejercicio docente, volver a itinerar de aula en aula aunque no pienso cargar con el piano, que para eso tengo mis materiales (como siempre), pero reinventando una materia donde no podremos usar instrumentos (desinfección también en la cotidianidad), no movernos, cantar con la mascarilla (si se puede), evitar el papel y múltiples interrogantes. A fin de cuentas es la vida del docente y casi la del melómano. Ya sabíamos que NADA VA A SER IGUAL por mucho que se quiera maquillar o engañar, la tontería de la “NUEVA NORMALIDAD” que realmente será ANORMALIDAD COVID, y sin fecha de finalización, a mí que programar es la base laboral y de ocio ahora convertida en una sesión de jazz donde improvisar con sus reglas también será difícil.

No he vuelto a ningún concierto en vivo, el miedo lo invade todo aunque la música sea mi terapia vital y la radio siempre compañera fiel de desvelos. No concibo aunque entienda el distanciamiento obligado, las butacas vacías, la empatía con el escenario de ver al público enmascarado y socialmente alejado. El contagio será la nueva lotería, la gripe volverá a ser protagonista este otoño pero necesito la música.

Septiembre de vuelta al cole esperando sea segura, de vuelta a la música en vivo más segura dentro de la incertidumbre. Necesidades y dudas que no pueden pesarme como una losa, así que este viernes 4 ¡me voy a la ópera! e iré retomando mi ritmo si me dejan.

Contaré la excelencia de apostar por nuevas obras en la Vetusta de rancio abolengo con la temporada “mateína” de mi adolescencia, la palabra cantada y la escena desde un “subrealismo” centenario que cual moda retorna en este 2020 bisiesto, olímpico cancelado y horrible para todo/s.

Saldremos de mi Campoamor querido, saludaremos si nos reconocen a mis amistades musicales, cenaremos con la moderación total del menú, la charla y la distancia, y de madrugada llegaré a la aldea.

Pero no me sentaré directamente en el ordenador sino que dejaré reposar emociones, mantendré otra distancia perdiendo la frescura y espontaneidad del momento. Haré una digestión razonada y lenta porque la vida no sigue igual, la música sonará siempre distinta aunque parezca inmutable en el papel (que todo lo aguanta). La interpretación personal e intransferible, aunque el placer melómano sí podré compartirlo. Es luz de esperanza.

Gracias por seguir ahí.

Alma del maestro y amigo

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Mi querido maestro y amigo Manuel Hernández Silva (Caracas, 1962) sigue llevando en las venas su sangre venezolana, alma universal agrandada con los años entre nosotros.
Nos  conocimos en Covadonga allá por los inicios de los 80 durante unos cursos que organizaba FECORA, entonces estaba estudiando viola en Viena, su segunda casa, y en un puente largo del otoño asturiano trabajamos un Requiem de Mozart que nos dirigió en Cangas de Onís para recordar toda mi vida (Rex tremenda) aunque fuese solo con acompañamiento de piano, sin olvidarme de las largas sesiones de música en la Casa de Ejercicios o de tertulia en el Don Pelayo o El Peregrino, con su magisterio, simpatía, talento, enciclopedia folklórica des tierra y virtuoso del cuatro, nuestro Manuel al que le cantábamos lo de “¡Ay! Manolín va cojete la xelada… nun te vas quedar en nada” con el que desde entonces arrancaría una amistad imperecedera de casi 40 años compartida con muchos más.

Por ello supuso una alegría enorme saber de su vuelta a la “madre patria” en 1992 como director titular primero en Murcia (siempre en su corazón), después en Córdoba (2005), Málaga (otro Requiem para recordar) y Pamplona, siempre dejando su huella imperecedera, haciendo crecer aficiones y aumentando su lista de amistades. No he perdido la mínima ocasión de poder acercarme a algunos de sus conciertos y óperas siempre que he podido, incluso recuerdo una gala de reyes en 2013 con Beatriz Díaz en Santiago de Compostela al frente de la Real Filharmonía de Galicia, una de las muchas orquestas españolas donde le invitan con frecuencia, aunque tristemente todavía no haya dirigido a nuestra OSPA, algo extraño e inexplicable porque su batuta ha estado al frente de casi todas las formaciones nacionales, su vertiente pedagógica con las orquestas jóvenes, amén de una amplia agenda de compromisos internacionales que esta pandemia ha truncado, pero no su inquietud ni trabajo, aprovechando para sacar a la luz esta autobiografía en un momento vital y profesional óptimo, unas memorias tituladas Deshabitando el alma, de la que se han hecho eco muchas publicaciones nacionales digitales como Málaga hoy, RitmoBeckmesser, Mundo Clásico, Navarra digital, o Melómano Digital e incluso internacionales como El Universal. La Editorial Kalathos (que ha asumido la responsabilidad de dar a conocer las voces venezolanas en Europa) es la que le ha brindado esta oportunidad de poner en papel su alma fuera de los “cinco barrotes” como se refiere poéticamente al pentagrama en muchas ocasiones.

El pedido llegó puntual, antes de lo previsto, y el libro lo devoré en cuanto lo abrí (está disponible en varias plataformas que tanto nos han ayudado en acercarnos hasta casa lecturas y escuchas necesarias). En este obligado confinamiento no he dejado de consumir música enlatada como su reciente grabación para YouTube© con la OFM de la Titán de Mahler, una despedida que no ha podido ser como se merecía, o el CD para el sello amarillo con la orquesta gallega junto a su compatriota el gran Pacho Flores que me hizo revivir nuestro último encuentro en Málaga cual regalo navideño antes de volver de mis últimas vacaciones en la Costa del Sol sin poder quedarme a un concierto increíble.

Siempre me encantó su verbo fácil con un acento que no ha perdido con el paso de los años, sus modismos venezolanos sobre el papel, sus anécdotas desde la cuna hasta su llegada a España donde Viena ocupa mucho espacio (al igual que en su corazón). Honrando a la familia y a sus amistades, capaz de sintetizar tanto en tan poco, 99 páginas organizadas en ocho capítulos de distinta extensión que daría cada uno para una obra independiente. Todo un viaje interior prologado por su amigo José Francisco Burgos que no escatima adjetivos además de desear al “amigo leyente” que disfrute “(…) de la música de este cuerpo cierto, que se llama texto“. La contraportada de Octavio J, Peidró tampoco tiene desperdicio, “abre la puerta de par en par y nos invita a descubrir, sin ambages, su universo más personal e íntimo“.
Cómplice con el lector va desgranando sus años de colegio, adolescencia y juventud, locuras compartidas, aprendizaje de la propia vida, la familia como hilo conductor, aromas musicales, cuatrista de calle y teatro con mandolina frustrada en Don Giovanni, anécdota curiosamente también vivida en carne propia con paralelismos increíbles que aún unen más nuestros caminos. Poesía desde la prosa, poesía pura en cada cita, formando un todo único cual sinfonía mahleriana, y cómo no, ese vals vienés de ida y vuelta, el 3/4 y el 6/8, el ritmo como motor con el que “mi Manolín” impregna su vida diaria, latido caribeño de frío europeo, calidez humana y calidad musical, el empaparse siempre de Mozart y Haydn pero también el Beethoven vienés como el café o la tarta Sacher trufado con su folklore natal obviando el pop de entonces (aunque tenga una anécdota no escrita de los Rolling Stones en Viena).
Agradecido siempre de tenerle cerca del corazón, esperando otra escapada en torno a unas cañas fresquitas y una buena mesa en compañía de los nuestros, con la música como perfecta disculpa aunque innecesaria. Biografía no toda conocida y siempre enriquecedora, detalles ampliados desde la desnudez sincera del maestro.

Manolín, esta tierra asturiana que tanto quieres sigue esperando un viaje necesario para seguir ampliando tu vida apasionada y apasionante que has compartido con todos. Gracias maestro amigo.

Incertidumbres

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Mis abonos están congelados, muertos, esperando lo que no llega. Nos cogió a todos de improviso y comenzamos a ver desaparecer del calendario nuestros conciertos ya pagados, nuestros abonos fieles que son más que un sueldo toda una ilusión. Pensábamos que todo volvería a la normalidad, pero pasaban las semanas y caían las hojas del calendario como en un otoño fuera de temporada, recordando mi triste final de 2018 encerrado por obligación.
El viernes 13 de marzo saltaba la alarma, se cerraban espacios públicos y acudíamos al instituto sin alumnos, para una reunión atípica separados entre nosotros como apestados. Al menos esa semana pude disfrutar en familia, y ya con la gente asustada, de Noelia Rodiles, pero desaparecía el primer concierto esperado, nada menos que el violinista Michael Barenboim y la Orquesta de la RAI dirigidos por James Conlon el sábado 14 dentro de los Conciertos del Auditorio de Oviedo, con Mozart (obertura de La Clemenza di Tito y el Concierto nº 1 de violín) más la primera de Mahler. Ya no habrá más tema de conversación que el dichoso Coronavirus, después Covid-19 que parece más científico que llamarlo directamente “virus de mierda” o cinematográficamente “El virus del miedo”.

La siguiente semana no depararía tampoco cambios y se quedaban, aún no sabemos si aplazados o cancelados, otros dos: el miércoles 18 con el cellista Pieter Wispelwey y la Orquesta del Siglo XVIII dirigidos por Gustavo Gimeno en un programa monográfico de Schumann, mientras el viernes 20 nos despedíamos del noveno de abono de la OSPA, “Lenguajes propios II”, otro concierto esperado con dos invitados, el pianista macedonio Simon Trpčeski y el prometedor director Pablo Rus Broseta, con Shostakovich y el segundo Concierto para piano y orquesta más la segunda de Sibelius. Oportunidad perdida de seguir con la historia “Conociendo batutas con la OSPA”.

Sumábamos otra semana en blanco y comenzábamos a escuchar música grabada (que al menos tengo para varias vidas) con cierto mono de escribir aunque comentando discos en vez de conciertos, y a conectarnos con muchas plataformas de conciertos en streaming que abrían sus plataformas a todo el público. La Primavera Barroca se marchitó nada más llegar y así el miércoles 25 nos quedamos sin The King´s Consort mientras el viernes 27 de marzo otro aplazado “sine die” de la OSPA, el décimo de abono “Orígenes”, conferencia previa a las siete, y esta vez con protagonismo femenino, la ayudante de concertino Eva Meliskova que actuaba de solista y en el podio la colombiana Lina González Granados, con obras de BachStravinsky y Mendelssohn. El cansancio pesaba y ni escribir quería…

El arranque de abril volvía a ser tremendo a nivel general en España, todo parado, confinados con mucho miedo, devorando noticieros y “fake news“, mientras en lo musical se llevaba por delante en “La Viena española” de Oviedo tres actividades: primero la zarzuela Katiuska muy esperada esta temporada el jueves día 2, con Ainhoa Arteta de figura estelar (con una gala fuera de abono el día 24 de abril también cancelada) junto a Martín Nusspaumer y otras voces ya conocidas en el Campoamor; después el concierto extraordinario de Semana Santa con la OSPA el viernes 3, con la vuelta de Kynan Johns al podio junto al Coro de la FPA y un Beethoven de 250 aniversario con su Misa en Do mayor op. 86 sumando un buen plantel de solistas tras la Sinfonía Londres de Haydn.
De mis gustos omnívoros también nos quedamos sin Zenet en el Teatro Filarmónica programado para el sábado 28 de marzo repitiendo “la Guapería de Gijón“.
El domingo 5 ya comenzamos a leer “cancelado” en vez de “aplazado” por todo lo que supone rehacer agendas, y en esas deberíamos haber disfrutado dentro de “Los Conciertos del Auditorio” con los alemanes de Stuttgart, su coro de cámara y la capilla instrumental, Kammerchor Stuttgart / Hofkapelle Stuttgart dirigidos por Frieder Bernius que nos hubiesen deleitado con Mozart, primero el Requiem y después las Letanías, programa ideal para una Semana Santa que vendría con pasión y muerte sin resurrección.

Mientras tanto a seguir en casa trabajando “on line”, adaptándonos a crear materiales en “la nube” para un alumnado al que llaman “nativos digitales” pero que no todos tienen ordenador en casa o menos aún conexión (y ya no hablemos de la Asturias rural), como mucho un móvil al que su saldo queda temblando, con familias donde hermanos y padres comparten lo que tienen. Atención individualizada nada parecida a la presencial (necesaria porque educar también es convivir y socializar), y no quiero ni contar cómo es la “Música” en ESO, por lo que las llamadas “vacaciones” solo las salvó mi buena costumbre de seguir con las dos pasiones de Bach (bendito YouTube©) y mi particular resurrección de Mahler desde Lucerna, sin olvidarme de Victoria.

Se detuvo abril, al menos Radio Clásica sigue como siempre, “Entre dos luces” omnívoros musicales y echando mucho de menos la música en vivo, nada comparable con las óperas y los conciertos en plataformas de pago que ahora se abren para posiblemente buscar ganancias cuando acabe este enclaustramiento, el directo irrepetible y sin ayudas tecnológicas ni micrófonos que equilibran lo que la sala o las voces no logran.

Otra semana horrible y cuatro conciertos menos: el Ensemble 1700 del miércoles 15 dentro de la Primavera Barroca, al día siguiente el esperado contratenor de moda Jakub Orlinsky con Il Pomo d’Oro (jueves 16), el undécimo de abono “Legados” de la OSPA el viernes 17 que nos hubiese devuelto a la gran directora Marzena Diakun en un programa verdaderamente jugoso, y el domingo 19 cuando nos traería a la violinista Isabel Faust con Les Siècles.y François-Xavier Roth a la batuta para un monográfico dedicado a Stravinsky.

Avanza abril y otra ausencia irreemplazable aunque esperando se “reprograme” como era la vuelta de Martha Argerich con la Sinfónica de Lucerna el jueves 23, más otro extraordinario fuera de abono de la OSPA con Mayte Martín y Joan Albert Amargós el viernes 24, uno de esos conciertos distintos, Tempo rubato para una versión personal y “quasi flamenca” de El Amor Brujo (Falla).

Despedíamos abril como comenzase, incluso sonó como nunca “Quién me ha robado el mes de abril” (mejor que un “Resistiré” que no resisto), más cancelaciones como la del violinista Ilya Gringolts con la Orquesta de la Radio Noruega dirigida por el peruano Miguel Harth-Bedoya el martes 28 dentro de los Conciertos del Auditorio o el duodécimo de abono, “Contrastes II” de la OSPA para abrir mayo en un extraño día del trabajo donde deberíamos haber escuchado a Juan Barahona en el piano con Jordi Bernácer en el podio (que sigue esperando un titular como agua de un mayo estrenado). Al menos el Ateneo Musical de Mieres estuvo currando desde el inicio de esta cuarentena siempre “Repartidos por casa” con varios grupos de cámara que prepararon un concierto virtual emitido el sábado 2 patrocinado por el Ayuntamiento de Mieres, siempre mimando la cultura y apostando por estos “tiempos modernos” donde un virus nos abofeteó y seguimos  grogui.

Mayo era un mes de lo más prometedor en mi agenda, florido y hermoso aunque marzea tras abril, con todo bien programado desde septiembre del año pasado pues así funcionamos los docentes y melómanos, apuntando cada evento para no perderse nada aunque la dura y cruda realidad nos lo quitó todo.

Sin las conferencias de La Castalia que había preparado su III Ciclo verdaderamente apetecible que arrancaría el martes 5 con mi querida amiga y compañera de facultad Mª Luz González Peña, una avilesina en el archivo de la SGAE para contarnos desde su trabajo las más de 10.000 zarzuelas que atesoran. Sin el Handel de L’Apotheose en la Primavera Barroca carbayona. Sin la ansiada María Moliner de Antoni Parera Fons a estrenar en la temporada de zarzuela del Campoamor con Victor Pablo Pérez en el foso al frente de la OFilMaría José Montiel en el rol protagonista de la famosa bibliotecaria y filóloga, junto a Amparo Navarro o Simón Orfila entre un elenco de voces excepcionales que Oviedo siempre espera con ilusión.
También sin el esperado decimotercero de abono con la OSPA dedicado a Telemann desconocido bajo la dirección de Carlos Mena con el poco conocido oratorio Der Tag des Gerichts, y unos solistas españoles encabezado por María Espada, Juan Antonio Sanabria, José Antonio López más nuevamente el Coro de la FPA, junto a una conferencia previa para el reciente viernes 8 de mayo. Huérfanos también del Homenaje a Lorca con el espectáculo “El Poeta y La Luna” que el Ateneo Musical de Mieres iba a repetir tras el éxito de diciembre 2018.

Llegamos a esta semana del 11 al 17 que completa dos meses enclaustrados y perdidos en casi todo. El martes 12 sería la segunda conferencia de La Castalia con ganas de escuchar al joven compositor Gabriel Ordás, hablándonos de su obra lírica, mientras este jueves 14 hubiera llegado otro de los soñados en Oviedo que se cancelará aunque figure como aplazado porque cuadrar fechas para estos artistas se hará imposible: nada menos que un monográfico Bartok con Sir Simon Rattle y la LSO dentro de los Conciertos del Auditorio que habían programado para esta temporada de mucha altura.
El proyecto LinkUp de la OSPA (este año de nuevo La Orquesta Canta) que con tanta ilusión preparamos desde casi todos los centros educativos asturianos a lo largo de este curso escolar (que no olvidaremos jamás) para hacer música todos juntos también se ha cancelado esta semana a pesar del esfuerzo de alumnado y profesorado así como de la propia OSPA y muchos de sus músicos que han intentado hacerla sonar desde casa, pero la experiencia que vivimos todos en la sala sinfónica tampoco podrán compensarla Internet ni las redes sociales. Parón emocional y también económico para la cantidad de autobuses que hubieran llenado los alrededores de la Plaza de La Gesta (o del Fresno, según toque al gobierno local de turno).
Es grande el refranero español, “Mal de muchos consuelo de tontos” al ver que seguimos huérfanos de música en todo el mundo y no ya en la desunida unión europea, de la que Ibermúsica está padeciendo y mucho, con Alfonso Aijón deleitándonos desde Instagram en una genial conversación con Pablo L. Rodríguez para “La Música Confinada” de Scherzo (mi revista habitual que por primera vez no mandó a casa las revistas de abril y mayo aunque las regaló a todos en PDF, siempre de agradecer), otro de los canales que me han ocupado “cuando la tarde languidece y renacen las sombras”, vamos que no estaba teletrabajando aunque siempre esté pegado a una pantalla.

La semana próxima aparecían en mi agenda la chelista Alisa Weilerstein en la Primavera Barroca el martes 19, más el abono 14 de la OSPA, de nuevo celebrando a Beethoven el viernes 22, con Christoph König dirigiendo la séptima del genio de Boon así como a Schumann o el concierto de cello de Haydn con Kian Soltani de solista, manteniendo una estructura de concierto decimonónica para un siglo que busca no ya un director sino nuevos públicos. Menos mal que mi inversión en abonos no incluye el Festival de Danza porque entonces “mi ruina” ya hubiese sido total.

Y la Oviedo Filarmonía bajo la dirección de su titular Lucas Macías, nos debería traer el Requiem de Verdi (muchos difuntos para recordar) con el Coro de la FPA junto a un cuarteto solista de lo más operístico el domingo 24, pero tampoco me imagino yo el auditorio ovetense con un tercio de aforo (creo que los abonados ya ocuparíamos mucho más) o la orquesta y el coro separados cada uno de sus músicos dos metros además de rodearse de metacrilato (a precio de oro para la Fase 1) o actuando con mascarillas. Despropósitos de los expertos que crecen como setas en todos los terrenos al igual que los “periolistos” capaces de hablar sin saber… muchos interrogantes, dudas, mariposas en el estómago, insomnios muchas noches, confinamiento respetuoso, acatar las normas y así “ad infinitum“.

No hay nada claro en el horizonte, cada día aparecen decretos ministeriales, órdenes autonómicas, instrucciones incompletas, fases de desescalada (aumenta la jerga sin sentido) cual concurso televisivo sin pasarela, bulos permanentes, odios y enfrentamientos en redes o platós televisivos y estudios radiofónicos, insatisfacción y cabreo en toda la sociedad de a pie con unos políticos cada vez más alejados de la realidad. Se apela a la responsabilidad de todos y al sentido común (el menos común de los sentidos).

Mi agenda sigue llena de anulaciones, aplazamientos y cancelaciones… ya estoy cansado tras dos meses encerrado en casa escuchando discos, Spotify©, entrevistas de todo tipo o conciertos en los miles de canales que hay en Internet. Estoy cansado de leer libros nuevos o releídos (con más poesía que novela). Cansado de ver películas de todo tipo (aunque confieso debilidad por las musicales de todo tipo) y series en canales como Netflix, Movistar o Amazon en un caos visual de tanto trabajo delante del ordenador.
No me apetece ni quiero tanta pantalla, echo de menos “mi música” en vivo, los conciertos en Oviedo, Gijón, León, las escapadas a Bilbao, Málaga o Pamplona. La mal llamada “nueva normalidad”, otro eufemismo horripilante en una sociedad cada vez más pobre y quebrada, no tendrá nada de normal y tendrá todo de nueva. Incertidumbre en todas partes, las necesidades vitales con la salud primero y el trabajo después, le pese a quien le pese (es decir a los de siempre), ayudar a quienes se han quedado sin nada, con demasiados muertos por el camino y hambre en pleno 2020.

Prioridades ideológicas antes que las diarias, las de gente corriente como nosotros, el fútbol sucedáneo del “pan y toros” porque mejor entretener a la masa aborregada mientras hacen caja en partidos planteados sin público (como los conciertos), los necesarios test para los que puedan pagarlos, la puerta cerrada a la cultura con todo lo que mueve y significa para miles de autónomos que ven derrumbarse su vida sin ingresos ni ayudas ni siquiera perspectiva de futuro en un presente muy negro y un futuro impensable por no decir terrible. La generación actual no quiero pensar qué le espera pero tampoco a la mía, con 61 años y casi 33 cotizados.

Palabrerío y apariciones televisivas que no aclaran nada a nadie, sembrando más odio, envidias, cabreos, cacerolas y aplausos en claro “diminuendo”. Al menos la música me acompañará siempre, pero hay algo que tengo claro y escribí ya en Twitter cuando nos confinaban:

NADA VOLVERÁ A SER IGUAL

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