Domingo 3 de octubre, 17:00 horas. Basílica de Covadonga, XIII Ciclo de Conciertos: Heinrich Walther. Obras de: Gibbons, Sweelinck, Bull, Bach, Grigny y Messiaen.

El peregrinaje a Covadonga es obligado también para los amantes del órgano de Acitores y llegaba el tercero de los conciertos de este ciclo otoñal con el alemán Heinrich Walter que es habitual en nuestra tierra y esta semana también ofreció un concierto en el Grenzing de Pola de Siero.

    

Programa de largo recorrido el del maestro Walther, desde Gibbons a Messiaen cual lección histórica del instrumento rey, sacando el máximo rendimiento al gran órgano sinfónico de Covadonga, con la inestimable ayuda de su titular Fernando Álvarez, con sabia elección de obras, ejecución impecable, unos pies que parecen levitar y la pulcritud de cada partitura que siguiéndolas en la doble pantalla permitieron disfrutar aún más de unas páginas para órgano bien engarzadas.

Si A Fancy for a double organ (Orlando Gibbons) tiene la cercanía de lo bailable, las «Diferencias» del Allein Gott in der Höh sei Ehr (J. P. Sweelinck) no pueden faltar en el renacimiento organístico que el propio Walther ha grabado, celebrando los 400 años del fallecimiento del compositor neerlandés. Y nada mejor que John Bull y su Fantasía sobre un tema de Sweelinck para cerrar este primer bloque donde los teclados del Acitores resultaron ideales para una música modal llena de matices que sin necesidad de muchos registros dieron el brillo y planos ideales.

El Preludio y fuga en mi menor, BWV 548 (J. S. Bach) da el salto al paraíso organístico barroco, y de todos los tiempos. Si el preludio resultó de una claridad expositiva con unos registros tan bien balanceados que permitieron escuchar todo lo escrito al detalle, la fuga endiablada sonó sin pecado, el pedalero acariciado, los cambios de teclado imperceptibles en un desarrollo magistral de pulsación pluscuamperfecta, y el órgano siempre único que en manos de Heinrich Walther destapa la quintaesencia de los órganos de Acitores en Asturias.

Y no por «menor» también sonó paradisíaco el Gloria de la Missa para órgano: Recit de Tierce en taille  (Nicolas de Grygny) en otra clase de combinaciones sonoras e interpretación, el magisterio organístico plenamente integrado con el entorno y oficiando cual maestro de capilla este «otro alemán» en Covadonga.

El final del concierto nada menos que Olivier Messiaen y L’Ascension du Seigneur (1934), cuatro momentos de introspección donde las sonoridades del francés siempre brillan irrepetibles en cada órgano y esta vez el de la basílica sirvió de ejemplo. Impresionante disfrutar de registros «desconocidos», campanas disonantes casi fundidas con el exterior, transiciones rápidas con el timbre apropiado (sólo quedó enganchada una nota pedal rápidamente solventada por la tracción eléctrica) y un auténtico derroche de musicalidad en manos y pies de Walther que hace de Messiaen el Bach contemporáneo y de Heinrich su mejor apóstol organístico.

Del amor que el profesor alemán siente por España y su larga tradición organísitica, especialmente  en el País Vasco, un regalo mayúsculo del Usandizaga orquestal en transcripción del propio Heinrich Walther, el Menuet de la «Suite en la mayor» (1904), como ya ha hecho con Dans la Mer, cantábrica, la escuela francesa en manos del donostiarra con el que Walther ha trabajado en tiempos de pandemia y en «La Cuna de España» hemos podido disfrutar con este regalo, una música la del vasco que el profesor alemán ha descrito que tiene «sentido de la melodía, la armonía y la perfección en la forma«, conjunto perfecto en todo este primer concierto dominical del mes antes de la clausura el próximo día 10 que también espero poder contar desde aquí.

Link al vídeo del concierto: https://youtu.be/BLr7ayJskmg