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KLAIS políglota

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Sábado 14 de octubre, 21:00 horas. Festival Internacional de Órgano Catedral de León (FIOCLE): Jeremy Joseph (órgano). Obras de Marchand, Alain, Couperin, Franck y Widor.

Nueva escapada al FIOCLE que sigue llenando la Pulchra Leonina con enormes colas desde una hora antes para un público fiel a este festival, ya en el meridiano de la trigesimocuarta edición con este décimo concierto.

Si “el bicho KLAIS” se mimetiza con los sonidos de cada época, puedo decir que esta agradable tarde en la Capital del Reino fue también políglota: el clavecinista y organista sudafricano Jeremy Joseph (Durban, 1978) discípulo del austríaco Martin Haselböck (también pasó por OviedoLeón el año pasado), organista de la Capilla de la Corte Vienesa y de la Orquesta Wiener Akademie, que aterrizaba en España con un programa de la escuela francesa abarcando distintas épocas. Destacar que Joseph también ejerce la docencia en la “Universität für Musik und darstellende Kunst” de Viena y anualmente imparte masterclasses en el curso estival de música barroca de la “Austria Barock Akademie“. Con este currículo era normal que el órgano hablase con tantos acentos franceses ante un intérprete políglota por naturaleza y destino musical.

El llamado rey de los instrumentos tiene distintas escuelas como todos los aficionados conocen, siendo el programa de la conocida como Escuela francesa de órgano (siglos XVI, XVII y XVIII) cuya producción, si bien menos abundante que los monumentales corpus de los autores alemanes de la época (especialmente J. S. Bach y Buxtehude) aporta a la historia un legado de calidad basado principalmente en la polifonía culta de origen medieval y renacentista, y sin entrar en Messiaen a quien se le sigue recordando este año, no digamos de la pléyade de grandes organistas del país vecino, naturales o formados allí.

Para comenzar nada mejor que LOUIS MARCHAND (1669-1732) y su Grande Dialogue en Ut majeur, el barroco francés poderoso y elegante, incluso galante y heredero de una tradición musical rica en todos las formas, siendo el órgano perfecto exponente de ese estilo propio, parisino para más señas. Joseph optó por registros habituales bien elegidos para poder disfrutar de una limpieza expositiva de cada línea melódica siempre en primer plano amén de la riqueza tímbrica que “el bicho” atesora.
Y cuando hablo de acentos solo hay que escuchar a JEHAN ALAIN (1911-1940), uno de los últimos grandes sinfonistas (junto a Franck y Widor) cuyas Variations sur un thème de Clément Jannequin, demuestran la técnica virtuosa partiendo de un tema conocido, esta vez del gran compositor renacentista impulsor de la chanson, pero con el lenguaje contemporáneo de sus sucesores, volcado en armonías rompedoras para el momento, nuevamente desde una registración sutil, de violones y lengüetería con vibrato francés como si del habla se tratase.

Otro francés típico fue FRANÇOIS COUPERIN (1668-1733), cuya música para tecla puede tomarse de referente, clave y órgano por momentos intercambiables aunando técnica del primero y riqueza del segundo de la que poco nos ha llegado hasta nuestros días. Los extractos de la Messe pour les couvents elegidos por el intérprete sudafricano nos sumergieron en la puesta en escena que es una “messe” (para los alemanes una feria), tres momentos cargados de sonidos variados, amplios y delicados cual referente junto a Marchand de las misas parisinas: “Kyrie” del Dialogue sur la Trompette con clara reminiscencia española por sonoridades, también con escuela propia que se acabaría perdiendo, la trompetería castellana del alemán KLAIS sonando plenamente francesa, el Offertoire sur les Gran Jeu elegante y refinado con la limpieza del clavecín sumada la gran paleta sonora, y finalmente la Elevation – Tierce en Taille, recogimiento sonoro merced a la riqueza tímbrica que el órgano catedralicio tiene para “dar y tonar”, perfecto subrayado a la Palabra de Dios y meditación sonora revistiendo la individual. Extraigo de las notas al programa las palabras del propio Couperin “… quien creía en la habilidad de la música para expresarse a sí misma en su prosa y su poesía, penetrando en ella hasta descubrir que es plus belle encore que la beauté“.
No se puede hacer una historia del órgano, y menos aún francés, sin el belga afincado en París CESAR FRANCK (1822-1890), excelente compositor y mejor organista aunque considerado un hombre gris, modesto, sencillo y monótono según sus biógrafos. La música moderna del país vecino surge como reacción
ante las humillaciones de la guerra franco-prusiana que
acabó con la vida del segundo Imperio, y tiene en Franck uno de sus pilares fundamentales,
a través del órgano de Santa Clotilde y de sus contactos
con el organero Cavaillé-Coll, renovando la
literatura organística y dando al último romanticismo una
profundidad plenamente adecuada al nuevo instrumento, orquestal a más no poder del que su Prière Op. 20 es un claro ejemplo. Acierto pleno en la elección de obra y registros casi idénticos a los “originales”, manteniendo acento y reafirmando la evolución de la música junto al “nuevo instrumento”.

Volveríamos con Alain en otra visión diríamos que postimpresionista, rica en tímbricas y armonías cercanas con sus Deux danses á Agni Yavishta, aplaudidas por separado y rompiendo la unidad contrastada que Jeremy Joseph buscó en ambas, la primera con volúmenes contenidos y flautados cual “cuco” en vez de trompeterías ya investigadas, con pulsión rítmica recordando a Saint-Saëns incluso en la armonización, más las sonoridades “debussianas” tan francesas y reposadas en otro despliegue tímbrico de “el bicho”.

El final tenía que ser grandioso, de explosiones sonoras en el KLAIS, y nadie mejor que CHARLES-MARIE WIDOR (1844-1937) con el “Allegro” de su Symphony 6, op. 42 nº 2. Cierre perfecto de velada, apoteósis de luz musical, la orquesta de tubos con todos los recursos sonoros posibles para las llamadas sinfonías para órgano: poderío, impacto, tímbricas desde la majestuosidad, virtuosismo instrumental revestido de la acústica catedralicia a mayor grandiosidad y gloria musical.

Dos épocas de esplendor musical del órgano francés, con el desértico periodo de decadencia que se prolongaría hasta la segunda mitad del siglo XIX, del que Jeremy Joseph mostró los mejores ejemplos, técnica al servicio de la música y sabia elección de registros.

Mas el regalo sería casi preparatorio del esperado domingo, el Preludio Coral BWV 731 Liebster Jesu, wir sind hier reposado, bien ornamentado y con el acento por excelencia de “Mein Gott”,
encuentro francoalemán sumándose al organista sudafricano el contratenor Carlos Mena cantando a “Bach todopoderoso”, alineaciones a pares, el KLAIS en su esplendor, BachBuxtehude frente a los pesos pesados Messiaen y Widor. No habrá vencedores ni vencidos, la música siempre triunfa.

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Excelencias concertísticas

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Viernes 12 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, “Rusia esencial III”, abono 13 OSPA, Daniel Müller Schott (violonchelo), Marzena Diakun (directora). Obras de: Bacewicz, Shostakovich y Franck.

No soy supersticioso “porque da mala suerte” y el número 13 lo asocio a lo bueno, incluso es mi fila habitual y preferida siempre que puedo, un punto medio en la distancia con el escenario, unido a una visión cercana. Así que el decimotercero de abono corroboró esta tendencia positiva con un concierto reuniendo ingredientes que auguraban algo bueno: solista de lujo, obras interesantes y una directora polaca que además de traernos música de su tierra demostraría que cuando hay preparación no existen discriminaciones, mujer al frente de nuestra orquesta en una temporada de total madurez, volviendo a recordar las entrevistas en OSPA TV tanto con ella como con el solista.

La polaca Gražyna Bacewicz (1909-1969) de la que el programa con las notas de Miriam Perandones (enlazadas en los autores al inicio) nos da unas pinceladas biográficas y su compatriota en la antes citada entrevista en YouTube©, compone su Obertura para orquesta sinfónica en 1943 pero de estilo clásico en unos tiempos convulsos y tristes, un canto a la victoria del pueblo sobre los invasores que se transmite desde una orquestación elegante, para una plantilla con abundantes metales y percusión militar en un lenguaje que yo sentí como “pre Gorecki“, de escucha amable, tonal, llena de matices y un empuje rítmico que transmitió su paisana Diakun a la OSPA, resultando además apropiado para prepararnos ante el “vendaval ruso” posterior, realmente esencial como se titulaba este programa, cuerda vertiginosa, metales poderosos, madera impetuosa y percusión precisa.

Parafraseando el eslogan, “un poco de Shostakovich es mucho”, el Concierto para violonchelo nº1 en mi bemol mayor, op. 107 (1959) tiene mi edad y además llevo los mismos años de casado que con la OSPA, veintiséis que dan hondura, madurez y hasta serenidad a este transcurrir. Si además lo interpreta un cellista reconocido del que todavía recordamos su Elgar también aquí, la confluencia positiva desemboca en un auténtico placer. Daniel Müller Schott con su violonchelo “Ex Saphiro” de 1727 nos dejó un concierto de Shostakovich realmente de altura, el mismo que estrenase Rostropovich, con una excelente concertación orquestal a cargo de la maestra Diakun y una orquesta que contagió las ganas de hacer Música, con mayúsculas. Obra llena de los guiños habituales del ruso, sonidos tersos, grotescos al unir registros extremos en instrumentos opuestos, baquetas de madera en los timbales, cuerda desgarradora pero siempre clara, dibujándose con claridad y precisión los distintos motivos y el cello de Müller Schott presente, penetrante incluso en el dúo con un trompa no muy inspirado en una de las páginas más difíciles de interpretar, pero que no empañó el resultado global reconociendo lo traicionero de un instrumento donde una nota puede estropear su intervención. Siempre buscando ese color sinfónico, preparado como decía anteriormente por la obertura de Bacewick, la Cadenza colocada como tercer movimiento y en solitario nos dejó al increíble cellista haciendo reinar el silencio para asombrarnos no ya con una técnica aplastante sino desde la música en estado puro que Shostakovich escribe para el instrumento más parecido a la voz humana. La orquesta jugó, dialogó y acompañó el viaje conjunto de los otros movimientos con intervenciones solistas de altura, el ímpetu del Allegretto, la enorme gama de arcos y matices del Moderato con una trompa más centrada y la celesta ensoñadora con la languidez del cello en una orquesta aterciopelada y nítida sin perder tensión como pocas veces, finalizando en el Allegro con moto liberador de tensiones para una partitura magistralmente interpretada por todos.

Éxito de Müller Schott y dos propinas, el cello de Bach (zarabanda de la Suite 3), y un regalo de un giorgiano para gozar con la técnica del “pizzicato” en la línea de Yo-Yo Ma que nos encantó a todos, con muchos instrumentistas preguntando durante la firma de discos por esa preciosidad en el polo opuesto de la magistral e introvertida interpretación del mejor Bach en estado puro y nuevo tributo a los grandes del instrumento, aquí todavía con reminiscencias de la viola de gamba que el Ex Saphiro destila en las manos del virtuoso muniqués.

Tras la plenitud de la primera parte nada mejor que la Sinfonía en re menor de César Franck, la orquesta pensada desde el órgano, el juego de lengüetería y metales cual teclados y pedalero con toda la gama dinámica posible presente en el balance apropiado, y Diakun la intérprete perfecta del instrumento “orgánico” respondiendo milimétricamente. Atenta al detalle dominando de memoria la obra, sacando siempre a flote el tema protagonista en la correspondiente sección o solista (impecable Juan Pedro Romero al corno inglés) de una sinfonía única, tal vez incomprendida pero capaz de emocionar con una instrumentación perfecta para la plantilla asturiana con el arpa (perfecta en el inicio del Allegretto) completando unas pinceladas de color en amplísima paleta tímbrica, como pudo dibujar la directora polaca. Destacables los crescendi ricos sin perdernos detalle, dejando “respirar” los finales con calderones subyugantes, los tutti controlados en todas las dinámicas, los temas danzables delineados al detalle, empaste en maderas capaces de “crear registros” nuevos, metales con cuerda en texturas de excelencia y una alegría desbordante en el Allegro non troppo recapitulando temas escuchados para cerrar un concierto completísimo y auténtica fiesta de cumpleaños (lástima el poco público en la sala que vuelve a ser preocupante) con invitados de lujo que esperamos repitan.

Ave, Anas

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Lunes 3 de abril, 20:15 horas. Avilés, Iglesia de Santo Tomás de CantorberyXL Semana de Música Religiosa (SMRA). Ana Otxoa Pando (soprano), Ana Belén García Pérez (órgano). Obras de G. Caccini, G. Pergolesi, Vivaldi, Bach, Haendel, Mozart, Rossini, Franck y Usandizaga.

Procedentes del País Vasco llegaban hasta Avilés dos Anas, la bilbaina Ana Otxoa Pando y la guipuzcoana Ana Belén García Pérez, la primera una soprano que no debemos perder de vista como explicaré en esta entrada, y la segunda una organista que volvía a nuestra tierra (habitual de la SMRA) tras distintos conciertos como solista pero también de acompañante que también nos deleitó con dos intervenciones para volver a disfrutar si las suben al Canal de YouTube de la SMRA.

El programa preparado para este lunes recogía números solistas de distintas épocas donde lo sacro resultó el nexo común, disfrutando de una soprano completa de color vocal bellísimo, afinación perfecta, dicción excelente, registro homogéneo, adecuación a los estilos y una proyección tan clara que tanto en las obras con órgano positivo en el altar como en el coro con el gran Acitores, la emisión resultó presente, también por la sabia elección por parte de la organista de unos registros apropiados tanto para cada obra como por los arreglos orquestales que resultan tales en las reducciones para el rey de los instrumentos para saber estar en las dinámicas oportunas y respirando con la soprano.
Un placer de concierto que se abría en el altar nada menos que con el Ave, María atribuido a G. Caccini (ahora figura como tal Vladimir Vavilov) con amplia gama de matices por parte de las dos intérpretes y unos ornamentos en el sitio oportuno. Continuaron con el Cujus animam del “Stabat Mater” (Pergolesi) que en la versión de Otxoa me hizo olvidar otras cantadas por niños, voz corpórea que ayuda a darle el dramatismo de esta página donde el altar servía de telón de fondo idóneo.

Y la luz con todo el color llegaría del Domine Deus del “Gloria” (Vivaldi) con un órgano positivo perfecto para este aria emulando oboe y cuerda, notas claras y precisas por ambas intérpretes, dicción en la soprano y digitación en la organista que se luciría en solitario con el Largo e andante RV 746 donde el conocido rigor de Ana Belén quedó patente por la limpieza de fraseo con los registros necesarios para contrastar los dos movimientos, los ligados rigurosos y las agilidades precisas.
Para rematar esta primera parte desde el altar nada menos que el aria Ich folge dich gleichfalls de la “Pasión según San Juan” (Bach), la grandeza de un dúo capaz de emocionar, el alemán cantado con las complicadas agilidades resueltas con seguridad y el acompañamiento camerístico desde el órgano flautado en una de las arias para soprano más inspiradas de Mein Gott, “Yo Te sigo también” que dejó el listón en lo más alto antes de subir al coro para afrontar una segunda parte más plena si cabe.

La conocida Rejoice greatly de “El Mesías” (Haendel) sonó desde las alturas con la misma claridad que en altar, más aún porque la acústica ayudó a engrandecer un órgano perfectamente registrado para dejar flotar a la soprano por encima de él, ornamentos vocales que completaron la reducción orquestal algo turbia por la reverberación.
Mejor el Et incarnatus de la “Gran Misa en do menor” KV. 427 (Mozart), otro grande que siempre estuvo inspirado escribiendo para las sopranos unos números ideales para toda cantante que se precie. Ana Otxoa Pando hizo fácil lo difícil bien acompañada por su “tocaya”, al igual que el Crucifixus de la “Pequeña Misa Solemne” de Rossini, su “último pecado de vejez” que encierra el lirismo operístico llevado a la orquesta de cámara con armonio, pues así logró Ana Belén García que sonase “El Acitores de Sabugo“, el dramatismo del latín vestido con la tímbrica precisa.

Quedaba aún César Franck, organista que entendió el instrumento desde su virtuosismo para darle el acento francés con el que los vascos siempre han tenido como suyo, especialmente la guipuzcoana que nos dejó un Coral II en si menor realmente impactante. Jugando con los registros románticos, si así puedo decir, derrochó gusto, calidad, tensión y emoción para una partitura exigente que interpretó con auténtico poso de veterana, ayudada por Chema Martínez en los continuos cambios desde los tiradores, más un pedal poderoso e igualmente claro de timbre. Increíble “preludio” para el Panis Angelicus, un “dulce” para cualquier cantante y más en la voz de la soprano Ana Otxoa que con el órgano pensado por Franck interpretó desde el paraíso este verdadero pan angelical, las alturas de Santo Tomás como maná musical de buen gusto y belleza a cargo de “las dos Anas”.

Y si el saludo a María abría recital, también lo cerraría, lógicamente con un vasco que se murió demasiado joven porque tenía mucho que aportar a la música. Usandizaga tiene la cercanía francesa y el buen gusto de su pueblo para hacerlo cantar, y el Ave, Maria es prueba de ello, la oración para “La Ama” de todos que Ana Otxoa rezó con su voz, soprano completa con estilos bien diferenciados en cada época elegida sin perder nunca sentimiento ni musicalidad, contando con ese acompañamiento ideal de una profesional que canta igualmente con el órgano, respira, apoya, rellena y completan partituras tan bellas como la de su paisano.

Y de regalo otra canción vasca Goizeko Izarra (Estrella de la mañana), popular recogida por J. Santesteban en su colección de “Cantos Vascongados” aunque parece que la melodía fue escrita por el francés F. Macini con el título de Le départ. Buen concierto sacro de estas dos vascas perfectamente ensambladas, músicas que viven y sienten desde el entendimiento profesional y humano desde una tierra que los asturianos sentimos muy cercana, al igual que sus intérpretes e interpretaciones a las que saludo en latín “de andar por casa”: Ave, Anas

Hakim y su mundo sonoro

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Jueves 10 de noviembre, 21:00 horas. Catedral de León, concierto de clausura del XXXIII Festival Internacional de Órgano Catedral de León (FIOCLE), CNDM: Naji Hakim. Obras de J. S. Bach, C. Franck, J. B. Cabanilles y N. Hakim. Entrada libre.
Clausura ideal de la trigesimotercera edición del FIOCLE que ha vuelto a tener el respaldo del público, y por el que siguen pasando los mejores intérpretes del instrumento rey que en el caso del de “La Pulchra” por mi bautizado como “El Bicho Kleis” que en cada concierto sigue domándose, va sacando al aire catedralicio nuevos sonidos y combinaciones.

El organista, improvisador y compositor libanés Naji Hakim (31 de octubre de 1955, Beirut) afincado hace años en Francia al que descubrí en el 2007 dentro del defenestrado Festival de Órgano de Asturias, preparó un programa -actualizado por mí en el orden en que se ejecutó en León- que repetirá este sábado en el Auditorio Nacional de Madrid para conjugar pasiones y emociones. Primero Bach con su Passacaglia y fuga en do menor, BWV 582 en un avance de lo que vendría después, jugando en cada frase con los cinco teclados del Kleis más el pedalero sin perder detalle y ganando matices por los registros de cada uno, sin pausa antes de la fuga en pos de la mayor unidad antes de su propio homenaje en Bach’orama (2004) fantasía sobre temas del kantor y verdadero despliegue sonoro en la línea de los grandes organistas y compositores franceses. Melodías reconocibles de “Meine Gott” vestidas con el lenguaje propio de nuestro tiempo pero sobre todo por la búsqueda de timbres tan especiales que de nacimiento alemán pero ya con acento leonés nos trasladaron al París eterno (donde Langlais fue uno de sus maestros y sucedió a Messiaen en La Trinidad) en este órgano que asombra a público e intérpretes, silencios sonoros, arpegios celestiales, clusters dramáticos, disonancias rítmicas y tesituras extremas en “El Bicho” domado por Hakim.

Sin perder ambientación gala la Prière, op. 20, FWV 32 (César Franck) supuso el punto intermedio entre Bach y Hakim, todos ellos compositores y organistas dotados de una capacidad propia para conjugar tradición y modernidad en sus respectivas épocas aprovechando la evolución del instrumento para dotarlo de toda la expresividad posible, algo que el libanés entiende como pocos, verdadera oración sonora delimitando cada plano y protagonismo con rigor científico desde una profunda y sentida interpretación, flautados de cristal como las vidrieras de la Pulchra leonina.
El homenaje español en las manos de este excelente organista nada menos que Juan Bautista Cabanilles (1644-1712) y su Batalla imperial, escuela renacentista en un órgano atemporal que sonó histórico por los contrastes perfectos, ecos históricos en los coros norte y sur para contiendas trompetísticas capaces de reverberar contundentes a la vez que limpias. Encantados de ver nuestra música de oro entre tres grandes, el origen ibérico del mundo sonoro construido con tubos y fuelles.

Tras la guerra un remanso de paz como sólo Bach es capaz de crear, Liebster Jesu, wir sind hier, BWV 633/634, ahí estábamos todos meditando con este coral de Neumeister donde el sonido recrea la palabra y también la serenidad, oración musical breve del enorme libro de órgano del Kantor de Leipzig casi íntima, ornamentada en su punto para no descentrarnos de esa melodía profunda.

El Hakim compositor interpretado por él mismo es un lujo del que pudimos disfrutar por partida doble, pues Le bien-aimé (2001) es fiel reflejo de su lenguaje, creencias y búsqueda sonora, un mosaico variado que resulta casi la banda sonora de su vida, una suite sinfónica en siete movimientos, “Cantar de los cantares” con ecos mediterráneos de diferentes culturas y vivencias volcadas en el órgano, paráfrasis gregorianas como inspiración, pájaros en flautados, ocas en fagotes, clarinetes y cornos pasando por todo el abanico de registros del Klais que pasaban de una fachada a otra, contención y explosión sonora pero también visual, guerras y oasis, el Sena y vinos del Líbano con sabor en boca comercializado en Francia, cedros y palmeras de un paisaje auditivo muy personal.

El improvisador no podía faltar desde una melodía mariana que Samuel Rubio (quien presentó el concierto final y los respectivos agradecimientos) le entregó volviendo a demostrar su vocación sonora, registros por descubrir, melodía pasando por todos los teclados y pies incorporando un fragmento de Beethoven donde su “oda a la alegría” parecía cantar la grandeza del Kleis plenamente asentado en la capital leonesa con un sonido único del que Hakim y todos los presentes pudimos disfrutar. Llegar a casa para contarlo no podía esperar, la XXXIV edición arranca ya…

César Franck desde la humildad

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Jueves 21 de abril, 20:00 horas. Oviedo: Iglesia de San Tirso el Real, Las veladas de los Jueves: Samuel Maillo (órgano). Obras de César Augusto Franck (1822-1890).

 

Penúltimo concierto de este ciclo, hoy dedicado a “El Romanticismo y el órgano”, de las veladas que arrancaron el 10 de diciembre del pasado año y último de órgano solo en el Acitores de la Plaza de la Catedral de Oviedo, feliz iniciativa de los dos conservatorios capitalinos, el Ayuntamiento local, la Escolanía San Salvador (que cerrará este ciclo el próximo jueves 28 en San Isidoro con música del archivo catedralicio ovetense no escuchada desde hace más de 200 años), más las parroquias que albergan los instrumentos que siguen sonando, a pesar de los recortes, y con toda la ilusión de “Un recorrido didáctico por la Historia de la Música a través del órgano” con el todavía estudiante bejarano afincado en Oviedo Samuel Pedro Maillo de Pablo (1983), que alternó su faceta de concertista en la que lleva muchos años a pesar de su juventud, incluyendo la proyección en pantalla, con la de docente, comentando la importancia de Francia en el Romanticismo para el rey de los instrumentos, con César Franck como el impulsor y punto de inflexión del órgano, equiparable en cierta medida a J. S. Bach por la influencia y literatura organística, adaptando pero también creando repertorio, especialmente con la aparición de los nuevos órganos Cavaillé-Coll que Franck podríamos decir fue estrenando en sus destinos profesionales, incorporando el pedal de expresión además de otras mejoras mecánicas. En España tenemos varios funcionando, especialmente en Euskadi, por la cercanía geográfica y hasta cultural con nuestros vecinos del norte, pero que llegan incluso a Sevilla y cruzando el charco hasta Chile.

Y es que el organista francés de origen belga no solo compuso música “para el rey” sino también para el “hermano pobre“, el armonio que tantas veces hemos escuchado en las pequeñas iglesias rurales, más barato pero haciendo accesible para el culto tanta música de tecla además de servir como protagonista indispensable de tantas ceremonias litúrgicas.
Además de “Cuarenta y cuatro pequeñas piezas” debemos recordar las casi sesenta que dejó Franck en “El organista“, de las que Maillo seleccionó cuatro, comenzando con la conocida número uno “Poco allegretto” seguida de una breve improvisación sobre “El canto de la cruz”, recordando la fama que tenía el francés como improvisador continuando la tradición de los organistas barrocos, para continuar con Prière en mi menor (oración) y finalmente el magnífico Offertoire en Ut (Ofertorio en Do). No son obras menores, al contrario, exigen enorme destreza y técnica, y el armonio cual “órgano-acordeón” de San Tirso, con registros variados, sonó potente, rico en matices, con la dificultad de pedalear continuamente y trabajar la enorme expresividad de estas composiciones del gran César Franck, que habitualmente se ejecutan en el “hermano mayor“.

Para abrir y cerrar esta amena charla-concierto, dos de los tres corales compuestos en el verano de 1890 durante su estancia en Nemours, su auténtico testamento musical y espiritual, lo más representativo del organista de Notre Dame de Lorette y Sainte-Clotilde: el Coral nº 1 en mi mayor (dedicado a Mr. Eugenio Gigout) es desbordante de ideas pero con un orden estricto, grandes períodos modulantes con buen juego de registros, al final
de los cuales se confirma la tonalidad principal anunciando el tema principal que acabará por imponerse. La variación como recurso técnico también tuvo diversas combinaciones tímbricas como en la segunda parte cuando aparece un nuevo
tema melódico breve, seguido de la reexposición elaborada contrapuntísticamente aunque menos clara en su ejecución, hasta el tema coral principal poderoso dominando el conjunto que prepara la brillante
coda final.
El Coral nº 3 en la menor (dedicado a Mlle. Augusta Holmes, compositora y alumna de Franckcomienza “quasi
allegro” con la presentación de dos ideas yuxtapuestas, bien diferenciadas en los teclados, con una rítmica tipo tocatta, y otra coral, que se repiten con variaciones, algo más oscurecidas. En el “Adagio” que sigue y ocupa la parte central la interesante melodía sí sonó clara de registro pasando por distintas tesituras y texturas, continuando con un desarrollo
en el que alternan los dos temas secundarios que nos devuelven al “Allegro” inicial. La rexposición del tema coral sonó triunfalmente
por encima del primer tema, verdadera culminación del llamado “género sinfónico paraórgano” que César Franck había iniciado en su “Gran pieza sinfónica” de la colección de “Seis piezas para gran órgano“.

Para el “austero” instrumento de la fábrica de Federico Acitores SL en Torquemada, construido en 1993, los dos corales quedaron algo cortos en expresividad pero resultaron convincentes en la registración, con la inestimable colaboración de dos ayudantes que trabajaron rápido para lograr las mejores combinaciones posibles en los dos teclados más pedalero. Técnicamente se nota el arduo trabajo realizado por Maillo pero cuya base pianística y clavecinista le “impide” por momentos disfrutar más de los legatos y gastar menos energía. El último coral es muy exigente, casi virtuosístico, y faltó más limpieza para no perder las cascadas con que Franck vuela adornando y variando un coral que sí sonó preciso. Está clara la musicalidad y pasión del músico salmantino que compensa cualquier pega que pueda ponerle, por lo que los años acabarán dándole el poso para afrontar los grandes repertorios románticos y contemporáneos, siempre exigentes pero agradecidos para todos.

Vuelta a casa

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Domingo 20 de octubre, 20:00 horas. XXX Festival Internacional de Órgano Catedral de León: Adolfo Gutiérrez Viejo (órgano). Obras de Cesar Franck y Ch. M. Widor. Concierto Homenaje a la Asociación de Amigos del Órgano Catedral de León.

De auténtico éxito podemos calificar esta trigésima edición del festival leonés donde el auténtico protagonista ha sido el nuevo órgano de Klais inaugurado el pasado 21 de septiembre por Jean Guillou con diecisiete conciertos variados y colas enormes para todos ellos, incluso hora y media antes del comienzo, para abarrotar la catedral independientemente del programa del día. Anécdotas aparte sobre las colas o los asientos reservados para la asociación que homenajeaba al primer director de este festival, la emoción estaba presente este domingo como nunca.

Tras un discurso del director actual, Samuel Rubio, con agradecimientos varios y sinceros al público, a la propia Catedral, a los artistas que han pasado por ella, al nuevo órgano, a sus colaboradores del festival, a la asociación y sobre todo al amigo Adolfo, también el de Lugán quiso rendir su propio homenaje, leyendo sus notas al programa y después deleitándonos en este instrumento por el que ha esperado 30 años y que ya pudo estrenar el día 22 de septiembre, pero cerrando edición supondría dar, darle y darnos este homenaje nada menos que con los Trois Chorals (1890) de Cesar Franck, el compositor que más ha hecho tras Bach por este  monumental rey de los instrumentos desde su conocimiento y magisterio, tanto del compositor como del intérprete, ayudado en los registros por otro amante del órgano y amigo como el asturiano José Mª “Chema” Martínez.

“El bicho de Klais”, este animal sonoro salvaje aún, fue domado desde la experiencia, luchando con el pedal de expresión tan necesario en los corales, encontrando registros en los teclados III y IV realmente conmovedores, utilizando el trémolo con cautela, pedaleros siempre en el equilibrio sonoro para dejarnos tres interpretaciones de madurez en la lectura y ejecución.

El Coral nº 1 en mi menor ya presentó el “ideario” a seguir, pianisimi delicados, crescendos y decrescendos enriqueciendo dinámicas, cromatismos, transiciones entre teclados ceñidas al discurso y los tutti siempre redondos y potentes.

Para el Coral nº 2 en si menor los registros estuvieron cercanos a la intimidad del armonio y la claridad en ambas manos para esa melodía que irá alternando teclados, dialogando, con ligados hermosos, contrastes en matices y dinámicas realmente logradas, el Franck más romántico, ingenioso, inspirado y delicado con un “Cor de nuit” celestial sumado a los fortisimi uniendo teclados y pedalero, vigoroso, virtuoso y riguroso, misterio sonoro desvelado por Gutiérrez Viejo.

Y el Coral nº 3 en la menor cerrando trinidad organística, poderosamente bachiano, silencios dramáticos, trompetería poderosa, trémolos melódicos para unas dinámicas llenas y bien reguladas desde el pedal de expresión ya dominado, con un oboe y/o fagot creando un momento lumínico mientras la melodía pasaba del flautado en el III antes de caer la mano derecha en el IV en otro remanso lírico que acaba con esa nota pedal sobre la que las manos revolotean los teclados antes del “crescendo” hacia el tutti final.

No pudimos escuchar el estreno de los Vitrales I, II y III que la premura y horarios impidieron trabajar la partitura del propio Adolfo, pero la Toccata, último movimiento de la Quinta Sinfonía para órgano en fa mayor de Widor cerró concierto pasadas las nueve de la noche, ciclo, homenaje y espera, desde una tímbrica algo yanqui con reminiscencias electrónicas más que neumáticas desde el poderío sonoro y un aire mantenido de principio a final por Don Adolfo, juegos expresivos, riqueza dinámica y de elección acertada en los registros, pianísimos para paladear en el teclado III y Tutti regios como el clima leonés en un órgano que comienza a adquirir el acento castellano traído desde Alemania y domado poco a poco por estos gladiadores expertos en luchar con “fieras” en peores condiciones. Un triunfo en esta vuelta a casa que he podido disfrutar de cerca.

Adolfo Gutiérrez Viejo: homenaje en su festival

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Si la letra de un tango dice que “Veinte años no es nada”, digamos que treinta un poco, y el maestro Adolfo Gutiérrez Viejo, fundador del Festival Internacional de Órgano Catedral de León, cerraba este domingo 20 de octubre a las 21:00 horas y con otro lleno hasta la girola, la trigésima edición, la del “bicho de Klais” en un homenaje a la Asociación de Amigos del Órgano Catedral de León pero igualmente hacia su tenacidad y trabajo para “continuar mis alquimias en la mezcla de colores y sonidos”. Los tres corales de César Franck sonaron celestiales en este entorno “al que siempre han embellecido los vientos parisinos”, siempre con palabras del propio Adolfo. Y aunque nos quedamos sin escuchar el estreno de sus Vitrales sonoros, Widor y su Toccata de la “Quinta Sinfonía en fa mayor” puso el broche a un mes de festival y sobre todo a 30 años de lucha de este enamorado de la música y en especial la de órgano. Así merece la pena esperar cuando se alcanza lo deseado.

Desde casa y con tiempo, contaremos más detalles.

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