Inicio

Melodías de la vida con unos cachorros ¡espectaculares!

Deja un comentario

Domingo 18 de abril, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo: Past LifeLos Peques del León de Oro, Elena Rosso (directora). Entrada: 6 €.

Es verdaderamente maravilloso comprobar que todavía queden emociones desde la música capaces de hacernos brotar las lágrimas. En tiempos duros, difíciles, sacrificados, montar un espectáculo como el de estos “grandes Peques” merece todos los elogios, pues además de cantar con mascarilla, trabajaron la excelencia del canto coral con un montaje que nos dejó sin palabras. Una puesta en escena sobria, con las luces adecuadas, entradas y salidas perfectamente coreografiadas por la maestra Elena, medias alternando gris y rojo, expresión corporal en todas las componentes (abrumadoramente femeninas como nuestro presente y futuro), cambios de posiciones para cantar en todas las permutas y combinaciones posibles, el piano puntual siempre en su sitio de Maite García, la utilización de la percusión tanto corporal como con “boomwhackers” rítmicos armonizados con estas voces celestiales de afinación pluscuamperfecta donde las campanas no solo daban el tono sino que creaban el ambiente para cada número de un programa que las notas al programa de Violeta Rubio describen punto por punto contando esta historia que quiero dejar aquí:

Hoy os queremos acompañar en una historia que comenzó hace mucho, mucho tiempo, cuando aún no había nada. Oímos cantos celestiales que nos suenan antiquísimos, Past Life Melodies, como si pertenecieran a una vida pasada, todo estaba oscuro y de repente… se hizo la luz. El Sol con su fuego lo iluminó todo, O nata lux, luz nacida de luz que ilumina todo lo que nos rodea y nos permite ver, por primera vez. El fuego no solo nos dio luz, también trajo el calor y nos llenó de energía y así es como sentimos el Fervor, un abrazo que nos rodea el alma. Luego tuvimos el agua y en ella nacieron las primeras formas de vida. En este elemento, muchos animales como nuestra pequeña foca de The Seal Lullaby tienen su hogar y refugio donde dormirse acunados por las olas del mar. Pero el agua también se evapora, y entre las brumas de la tarde, la lluvia cae con Murasame y algo que no habíamos visto nunca, comienza a florecer. La tierra también se llena de vida: bosques, praderas, desiertos, montañas y un habitante que va a ser capaz de adquirir el Gnothi Safton, el conocimiento necesario, para habitar en cada uno de ellos: el ser humano. El tiempo va pasando y el humano envejece también, experimenta sensaciones nuevas, pero no sabe qué son ni como describirlas… ¡sentimientos! y cuando ya es anciano en On suuri sun rantas recuerda la primera vez que las lágrimas rodaron por sus mejillas. ¡Algo tiene que cambiar, uno no puede llorar solo! Y entonces conquistamos el aire. Aprendimos a hablar, a comunicarnos, a describir nuestro alrededor. Ahora puedo contarte que, bajo el sauce, Under the Willow, no se oye apenas ruido y mi amor descansa con sus cabellos mecidos por el viento. O que, aunque tenga miedo, siempre me quedará la esperanza, Zai Itxoiten, como una mariposa blanca que volando ilumina mi camino. Todo está oscuro otra vez, pero… ¿qué es eso que suena? Parece que son de nuevo esas antiquísimas melodías celestiales, Past Life Melodies, que en su viaje han unido los cuatro elementos, aunque ahora que ya nos sabemos la historia, estamos listos para unirnos a cantar con ellas“.

Palabras que expresan la música, los sentimientos, desde la penumbra inicial y un silencio sobrecogedor con la entrada por los laterales cantando de Past Life Melodies (Sarah Hopkins), mientras Elena Rosso marcial en el centro controla las voces en distintas disposiciones, murmullos, notas tenidas,  círculos y líneas de geometría coral, los “cachorros” entrenados, la disciplina desde el juego y las emociones que saltan como la luz, O nata lux (Richard Ewer), maravillosas armonías, empastes increíbles, la pureza a capella y el Fervor na brétema (Javier Fajardo), campanadas de vida, vibraciones maduras para toda una vida por delante, la patada rítmica que reafirma delicadezas únicas, partituras memorizadas, interiorizadas, sentidas e interpretadas primorosamente.

No podía faltar Eric Whitacre, siempre inspirado para las voces blancas como en la nana The Seal Lullaby con un piano tan coral como las propias voces, lecciones de idiomas, compañerismo, solidaridad, entrega sobreponiéndose a las dificultades, esperanza coral de esta cantera dorada que es modelo a seguir.

En la misma línea de canto total con piano y mensajes claros el Murasame (The Mists of the Evening) (Victor C. Johnson) de espiritualidad oriental y lluvia musical que cala el alma. Los Peques muy grandes, impresionantes tubos sonoros mucho más que juguetes, y palmas tan celestiales como sus voces, Gnothi Safton (Jim Papoulis), de ritmo contagioso y matices increíbles, agudos perfectos con sonidos para un mundo mejor que realmente transmiten estas voces educadas, un “conócete a ti mismo” cantando y compartido, la mejor “autoayuda” porque no se puede pedir más.

Un viaje alrededor del mundo cantando y también con los escandinavos más cálidos, On suuri sun rantas autis (canción tradicional finlandesa en arreglo de Matti Hyökki, voces solistas de Claudia González Aitana Carnicero Peinado a quienes no importan las mascarillas para transmitir buen gusto, el coro escuela de vida arropado por las manos maestras de Elena Rosso.

Under the Willow de Stephen C. Foster, en arreglo de Susan LaBarr, canción de cuna bajo un sauce para un sueño hecho realidad, una siesta reparadora que despierta emociones, armonías de ángeles terrenales transportándonos al paraíso coral, seguida de otra obra que está en los genes de estos peques dorados, pasando de mayores a pequeños, herencia de esta familia dorada y unida,  Zai Itxoiten (Javier Busto), el euskera más musical del “padre espiritual” de los leones, esperando el nuevo día con la inocencia cantada desde la adolescencia que no puede expresarse mejor que con esta unión de letra y música del doctor Busto Vega recetando la mejor vacuna en tiempos de pandemia: su obra coral.

Cerrando el círculo de nuevo Past Life Melodies, melodías de vidas pasadas cantadas hoy, sabedores que hay mucho futuro por delante, esperanza vocal y humana de una juventud admirable con unas familias que transmiten y apoyan su afición. Si las palabras de Violeta Rubio son un cuento en sí, la historia cantada por Los Peques del León de Oro fue todo un espectáculo.

Pasión coral y muchos años de trabajo

Deja un comentario

Sábado 2 de enero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto de Año Nuevo “El León de Oro”. Entrada: 12 €.

No hay mejor forma de comenzar el año que con un concierto y además en el Auditorio de Oviedo con música coral a cargo de un proyecto que es una gozosa realidad tras 24 años de mucho trabajo, implicación y amor por la música, llamado “El León de Oro“, que comandan desde entonces Marco Antonio García de Paz y Elena Rosso Valiña, pasión coral que contagia, implicando a varias generaciones desde una cantera que no para de dar frutos, llevando la calidad por bandera más allá de nuestras fronteras.

El ambiente gélido del exterior, las medidas de seguridad, el aforo limitado, cantar con mascarillas y distancia con todo lo que supone, no son obstáculos para que los “leónigans” estuviésemos disfrutando de todos los coros luanquinos, desde Los Peques y Aurum hasta el gran LDO, con un programa variado, difícil, espectacular por momentos, manteniendo la línea que ha caracterizado este proyecto desde sus inicios y que sigue creciendo con la máxima belleza vocal en la búsqueda de la perfección, un ideal inalcanzable pero que siempre está al alcance de estos leones, leonas y cachorros con Marco y Elena generando ilusión, amor, exigencia y placer por el canto coral.

Los Peques del León de Oro son un placer visual y auditivo, ya sea cantando con el piano de Maite García Heres abriendo concierto con Whitacre y su The Seal Lullaby, como “a capella” el O nata Lux (Richard Ewer), mecernos con la tradicional A la nanita nana (en arreglo de Greg Gilpin) o la última de G. Gershwin con Óscar Camacho al piano y toda una coreografía para el movido Clap yo’hands, un derroche de buen hacer de Elena Rosso con estos peques de oro a los que da gusto escuchar, interpretar disciplinados, afinados, educados en el buen gusto y contagiando ese ímpetu que nos hace olvidar tragedias y sinsabores, metáfora vocal para un 2021 lleno de esperanza.

Aurum siguen brillando con luz dorada propia y rojo pasión, también con Elena al mando, esfuerzo enorme de ubicaciones, repertorio de memoria y sonido inigualable. Comenzar con Einförmig ist der Liebe Gram (Brahms) es todo un reto, colocadas en distintos círculos para inundar el auditorio de belleza coral con estas voces blancas increíbles en registros y dinámicas. El guipuzcoano Josu Elberdin es uno de los compositores de cabecera del LDO y su Salve Regina para Aurum un regalo en estas voces. Encontrar una formación que interprete las obras con esta calidad espolea a los grandes y Elberdin mantiene este idilio mutuo con este proyecto que todavía seguirá dándonos muchas alegrías.

Los nuevos repertorios hay que buscarlos, viajando, escuchando, estudiando… y con Camacho al piano afrontaron a Thomas Vulc con su O Sapientia, literal, un derroche de música coral más allá de las palabras, susurros, patadas acompasadas y una  originalidad vocal de dificultad máxima que Aurum y Elena disfrutaron compartiendo belleza actual, contemporánea, al igual que ese amor vocal de Elaine  Hagenberc, O love con el cello de Virginia Álvarez Fernández como una voz más, el piano de Óscar Camacho y el empaste impecable de estas voces femeninas para una belleza coral embriagadora, novedosa, arriesgada y largamente aplaudida. El trabajo de estas obras lleva muchas horas de ensayo detrás, pero merece la pena escuchar estos tesoros corales.

Aún quedaba concierto, aparente sencillez del grupo de voces blancas, Aurum con Los peques arropados por los “mayores” pertrechados de seis pares de “boomwhackers” (la didáctica musical bien entendida), el juego musical bien afinado, el piano de respaldo, las palmas acompasadas y el buen hacer de un compositor “rompedor” como Jim Papoulis (a quien me descubrió otro proyecto americano como LinkUp) con su Gnothi Safton, conjunción coral de nuestro tiempo, de la generación que viene con fuerza resucitando un mundo coral casi agonizantes que en Asturias mantiene este proyecto ejemplificador de cómo trabajar en actualizarse e implicar a la juventud en la música a partir de cantar todos juntos que siempre nos hará más fuertes. No hay desaliento sino pasión contagiosa para la que los conciertos, el contacto con el público y los aplausos sean el mejor premio, y se lo merecen además de ganárselos con creces este primer sábado del año.

No era de extrañar que antes del colofón tomase la palabra el presidente de SATEC, Luis Rodríguez-Ovejero, siempre apoyando la cultura y especialmente la música pese a que en nuestro país sigamos sin una Ley de Mecenazgo más necesaria que nunca en estos tiempos, agradecimiento mutuo porque hace falta más confianza en nuestra tierra y los valores que este león representa.

Ya en la recta final el LDO con Marco García de Paz nos volvieron a hacer olvidar que cantaban con mascarillas o que las medidas de prevención impedían jugar con la espacialidad habitual de sus actuaciones. Las obras elegidas a capella siguen siendo modélicas, el relevo vocal en sus cuerdas no se nota porque hay una “marca de león” que se transmite, una escucha recíproca para el empaste y afinación perfectas, la veteranía como pilar que pasa su legado vocal desde el conjunto.

Michael Praetorius con su villancico Est ist eine Ros entsprungen (en arreglo de J. Sändstrom) es un ejemplo, voces unidas, cuerdas equilibradas, dicción clara, y por supuesto siempre Pärt con el silencio expresivo, las medias voces y los delicados fuertes de agudos cristalinos de The Deer’s Cry o el Whitacre como amuleto dorado, su Child of Wonder con el piano delicado de Óscar, otra prueba de calidad y emoción con casi 40 voces unidas olvidando que las mascarillas apagan la emisión porque diría que hasta la embellece.

Para rematar el esloveno Andrej Makor (1987), otro “fichaje” en el repertorio coral de los leones, O lux beatas Trinitas, la música religiosa más allá de creencias, el latín eternamente cantado, armonizaciones brillantes que se hacen de oro en este coro inigualable, la búsqueda de obras exigentes y bellas, inasequibles al desaliento, viajeros defensores de la perfección inaccesible esperanzados en un camino en el que entregan su quehacer diario con pasión imperecedera.

Todos juntos nos regalarían el hermosísimo No hay tal andar, un villancico asturiano del gijonés Enrique Truán en versión de Albert Alcaraz (también con lazos de león) que debía sonar en esta bienvenida coral del año nuevo.

La pasión coral mantiene vivo el fuego, Marco y Elena siguen como desde sus inicios pero con la sabiduría y experiencia que da el paso de los años. Matrimonio y patrimonio coral asturiano y español, siempre internacionales.

Gracias de este “leónigan.