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Espiritualidad metafísica para recordar a Rober

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Viernes 12 de enero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: “Inspiración I”, abono 4, OSPA, Rossen Milanov (director). Obras de Wagner, Vaughan-Williams y Bruckner.

Mi querido Eduardo G. Salueña escribe las notas al programa (enlazadas arriba en los autores) del cuarto de abono de la OSPA con el que abríamos año antes de sumergirse con Debussy en el foso, pero también nos ofreció una conferencia previa al concierto titulada “Metafísica y espiritualidad en el lenguaje orquestal” llena de sabiduría, guiños cinematográficos y verdadera lección para disfrutar de las obras programadas para una OSPA diríamos que Gran Reserva como los vinos por el tiempo de maduración necesario para afrontar un programa que bien podría haber tomado las primeras palabras del conferenciante y tentado de hacerlas mías.

Tras el paréntesis navideño donde el destino volvía a jugarnos una broma macabra llevándose al trompa Roberto Álvarez, no podía faltar en este regreso y fuera de programa el homenaje de la sección de trompas, hoy nueve con las cuatro tubas wagnerianas (interesante como siempre OSPATV) preparadas para la novena bruckneriana eligiendo un arreglo sincero, sentido y cálido del famoso “Coro de Peregrinos” del Tannhäuser, con rosa roja en las solapas, elegancia y recuerdo del amigo Roberto, compañero siempre vivo en la memoria y más cuando la música era su pasión, eterna como sus acompañantes este viernes: Ricardo, Ralph y el propio Anton, Momentos memorables porque al igual que nuestro recordado trompa “el perdón le llega al poeta al morir junto al féretro de Elisabeth, por el triunfo del amor…” y “cómo Richard Wagner supo darle una intensidad, como se diría divina” (de Fernando Cansado Martínez en Operamanía), bien traído como inicio y final unidos por la metafísica espiritual, espiritualidad metafísica o ambas, que todo y más puede resultar un concierto.

La Fantasía sobre un tema de Thomas Tallis (1910) de Vaughan Williams puso la calidad sin necesidades metafísicas al contar exclusivamente con la sección de cuerda, la que da solera a este vino musical servido casi con arreglo a los cánones: tres bloques intentando emular sonoridades organísticas en iglesias, orquesta de cámara al fondo, más la orquesta de cuerda y el cuarteto solista (integrado con el resto) pero capaces igualmente de hacernos fantasear con la música del inglés, devolvernos las calidades y ambientaciones que esta joya británica guarda, siendo tan utilizada en el cine como bien nos recordó el doctor Eduardo, desde Master and Commander hasta Remando al viento (del asturiano Gonzalo Suárez) por mostrar dos momentos memorables donde los directores ponen sus imágenes a esta música más que la inversa, aunque también podríamos hacer metafísica con el tema. Un placer degustar la cuerda bien servida y a la temperatura adecuada, con mención especial a Vasiliev, Corpus, Moros y von Pfeil, cuarteto aterciopelado cual cristalería ideal.

La espiritualidad no exenta de carga religiosa la suele poner casi siempre Bruckner, más en esta inacabada Sinfonía nº 9 en re menor (WAB 109) que nos deja ese extraño sabor de boca esperando rematar el Adagio final tras un “misterioso” primer movimiento que no alcanzó a contagiar ambiente aunque el enólogo acertase plenamente, y un Scherzo algo más lento de lo esperado como buscando paladear las pulsiones con que el “sommelier” intenta convencer al cliente, olvidando que no todos tienen igual olfato ni memoria gustativa, que la cata también tiene su arte, así como que todo cocinero no tiene necesariamente que entender de vinos, aunque ello suponga un plus. Al menos no se estropeó ese último trago, poderosamente mágico, variado, íntimo y hasta metafísicamente lírico, con regustos del Tristán wagneriano y la novena beethoveniana con aromas de pastoral, dejando que todo brillase olvidando que la contención es una virtud (la instrumentación parece exigirla), y si no que se lo dijesen al bueno de Anton, célibe toda su vida pese a estar prometido pero encontrando disculpa de diferente religión para así anular un compromiso con el que no parecía estar convencido ni preparado a su edad. Todos los elementos de este gran reserva sinfónico se (com)portaron correctamente, especialmente implicada la sección de trompas alcanzando momentos esplendorosos donde ellos encontraron la dinámica perfecta mientras el equilibrio se logró por la profesionalidad y trabajo de unos músicos de cepa inimitable y largo recorrido. Qué gran vino si el sumiller lo hubiera dejado airearse, servirlo en su punto y no apurar la botella porque olvidó que todas son únicas.

Lógico recordar y brindar con Mahler: “Un vaso de vino en el momento oportuno, vale más que todas las riquezas de la tierra”. Así sea.

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Inglaterra tiene sabor español

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Domingo 14 de mayo, 19:00 horas. Oviedo, Conciertos del Auditorio: Orquesta Filarmónica de la BBC, Alberto Menéndez (trompa), Juanjo Mena (director). Obras de: V. Williams, R. Strauss y Elgar. Entrada de butaca: 30 €.

No creo que se necesite explicar que la BBC no se refiere al Real Madrid sino a la emisora pública británica, donde trabajó en el exilio nuestro añorado Eduardo Martínez Torner, y equivalente a nuestra Radio Televisión Española, que entre sus funciones están la de promover la cultura y en ella la música, de su país así como sus intérpretes, con orquestas y coros cuyos conciertos son grabados y emitidos en todo el mundo. El Brexit supongo que afectará a muchos músicos europeos que trabajan en el Reino Unido, pero de momento el vitoriano Juanjo Mena (portada del “Anuario Codalario” de este año y entrevistado ampliamente en el mismo) es el director titular de la orquesta filarmónica de la radio inglesa con base en Salford. Y el español traía en esta gira un programa muy british con dos pesos pesados: Ralph Vaughan-Williams  (1872-1958) y Sir Edward Elgar (1857-1934) escoltando al germano Richard Strauss (1864-1949) que además contaba como solista con el avilesino, aunque criado en Burgos, Alberto Menéndez Escribano, otro motivo más para darle sabor hispano a “los hijos de la Gran Bretaña“, siendo el doctor Ramón Sobrino el autor de las notas a este programa (enlazadas aquí) que llenó el auditorio de la capital haciendo disfrutar hasta la propina netamente andaluza en un guiño del director para con los músicos internacionales de la BBC Philharmonic Orchestra que no solo interpretan bien su música sino la nuestra.

Para comenzar como debe ser un concierto, Vaughan-Williams“The Wasps” (Las Avispas), una obertura para su “Suite aristofánica” basada en la obra teatral homónima, la burla que Aristófanes dedica a Celón de Atenas a través de los “punzantes” textos del coro formado por miembros de los tribunales atenienses, que se identifica las avispas y sus aguijones y recuerda en el inicio al famoso El vuelo del moscardón de Rimski-Korsakov. Como diríamos por aquí, un “orquestón” bien equilibrado (con ocho contrabajos ya se pueden hacer idea) de sonido pulido, claro, presente, bien balanceado, con secciones de calidad y solistas excelentes, bien llevados por un Mena siempre fiel a lo escrito y consolidado entre las grandes batutas dándole el empuje y calor latino necesario para que la música conjugase ironía o humor británico con el color vasco del sur para esta música incidental con diecisiete números más, digna de escucharse al completo, aunque la obertura esté bien elegida para arrancar o calentar motores como suelo decir.

De todos mis habituales creo conocido que Richard Strauss era hijo de Franz, trompa solista de la Orquesta de la Corte de Munich, por lo que parecería normal que le dedicase este primer concierto Waldhomkonzert (para trompa natural, suponemos que una broma paternofilial) que no pudo tocarlo al considerarlo difícil, aunque fuese con la trompa moderna de pistones, originalmente con piano y posteriormente orquestado, estrenándolo nada menos que Von Büllow en Meiningen (1885). El Concierto para trompa Nº 1 en mi bemol mayor, op. 11 (1882-83) del muniqués consta de tres movimientos breves y sin pausa, plenamente románticos por contrates y estructura, para lucimiento del solista que se mostró seguro, rotundo, regio y valiente en los momentos de bravura, delicado y lírico en los pasajes “cantabiles”, siempre bien concertado por un Mena que impuso ritmo y coherencia a esta orquesta aterciopelada con destellos de brillantez arropando a Alberto Menéndez que ha formado parte de la misma y en la actualidad está en la escocesa. De sonido muy redondo en el instrumento jugó con toda la gama de matices, ataques y fraseos demostrando la dificultad de un concierto poco interpretado precisamente por su exigencia, que el asturiano afrontó como un virtuoso convincente.

Tras el descanso volvería el sabor y color británico, Edwar Elgar del que su Pompa y Circunstancia sea probablemente lo más conocido de su amplio catálogo, pero cuya poco escuchada Sinfonía nº 1 en la bemol mayor, op. 55, de casi una hora de duración y compuesta con 50 años, dedicada a Hans Richter (que la estrenaría en Manchester el 3 de diciembre de 1908), presenta todos sus rasgos característicos e inconfundibles: una orquestación muy amplia en efectivos, lograda y plena, llena de colorido para encontrar unas texturas (incluyendo dos arpas) ricas además de esa sonoridad palaciega, pausada en el inicio, marcial más que imperial, “pomposa” y nostálgica, brumosa por momentos como si de una acuarela musical se tratase, sin perder el contorno ni la línea en temas muy trabajados que aparecerán en cada uno de los movimientos, generando esos motivos que la orquesta de la radiotelevisión inglesa fue delineando con la mano maestra de Mena. Hermosa composición de Elgar que el público dudó en aplaudir porque como comentaba después el gasteizarra, podría continuar…

Y de regalo español nada menos que la Orgía de Joaquín Turina (1882-1949) la tercera de sus Danzas fantásticas, op. 22, del piano a una orquestación, desconocida por mí, que Juanjo Mena ha llevado a los atriles ingleses y con su dirección consiguieron desplegar todo su poderío sonoro junto al sabor sevillano del cello solista, corroborando la calidad de una excepcional orquesta inglesa que crece junto a su titular, apostando también por lo nuestro en un concierto de coetáneos que siguen teniendo su hueco sinfónico.