Viernes 12 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, “Rusia esencial III”, abono 13 OSPA, Daniel Müller Schott (violonchelo), Marzena Diakun (directora). Obras de: Bacewicz, Shostakovich y Franck.

No soy supersticioso “porque da mala suerte” y el número 13 lo asocio a lo bueno, incluso es mi fila habitual y preferida siempre que puedo, un punto medio en la distancia con el escenario, unido a una visión cercana. Así que el decimotercero de abono corroboró esta tendencia positiva con un concierto reuniendo ingredientes que auguraban algo bueno: solista de lujo, obras interesantes y una directora polaca que además de traernos música de su tierra demostraría que cuando hay preparación no existen discriminaciones, mujer al frente de nuestra orquesta en una temporada de total madurez, volviendo a recordar las entrevistas en OSPA TV tanto con ella como con el solista.

La polaca Gražyna Bacewicz (1909-1969) de la que el programa con las notas de Miriam Perandones (enlazadas en los autores al inicio) nos da unas pinceladas biográficas y su compatriota en la antes citada entrevista en YouTube©, compone su Obertura para orquesta sinfónica en 1943 pero de estilo clásico en unos tiempos convulsos y tristes, un canto a la victoria del pueblo sobre los invasores que se transmite desde una orquestación elegante, para una plantilla con abundantes metales y percusión militar en un lenguaje que yo sentí como “pre Gorecki“, de escucha amable, tonal, llena de matices y un empuje rítmico que transmitió su paisana Diakun a la OSPA, resultando además apropiado para prepararnos ante el “vendaval ruso” posterior, realmente esencial como se titulaba este programa, cuerda vertiginosa, metales poderosos, madera impetuosa y percusión precisa.

Parafraseando el eslogan, “un poco de Shostakovich es mucho”, el Concierto para violonchelo nº1 en mi bemol mayor, op. 107 (1959) tiene mi edad y además llevo los mismos años de casado que con la OSPA, veintiséis que dan hondura, madurez y hasta serenidad a este transcurrir. Si además lo interpreta un cellista reconocido del que todavía recordamos su Elgar también aquí, la confluencia positiva desemboca en un auténtico placer. Daniel Müller Schott con su violonchelo “Ex Saphiro” de 1727 nos dejó un concierto de Shostakovich realmente de altura, el mismo que estrenase Rostropovich, con una excelente concertación orquestal a cargo de la maestra Diakun y una orquesta que contagió las ganas de hacer Música, con mayúsculas. Obra llena de los guiños habituales del ruso, sonidos tersos, grotescos al unir registros extremos en instrumentos opuestos, baquetas de madera en los timbales, cuerda desgarradora pero siempre clara, dibujándose con claridad y precisión los distintos motivos y el cello de Müller Schott presente, penetrante incluso en el dúo con un trompa no muy inspirado en una de las páginas más difíciles de interpretar, pero que no empañó el resultado global reconociendo lo traicionero de un instrumento donde una nota puede estropear su intervención. Siempre buscando ese color sinfónico, preparado como decía anteriormente por la obertura de Bacewick, la Cadenza colocada como tercer movimiento y en solitario nos dejó al increíble cellista haciendo reinar el silencio para asombrarnos no ya con una técnica aplastante sino desde la música en estado puro que Shostakovich escribe para el instrumento más parecido a la voz humana. La orquesta jugó, dialogó y acompañó el viaje conjunto de los otros movimientos con intervenciones solistas de altura, el ímpetu del Allegretto, la enorme gama de arcos y matices del Moderato con una trompa más centrada y la celesta ensoñadora con la languidez del cello en una orquesta aterciopelada y nítida sin perder tensión como pocas veces, finalizando en el Allegro con moto liberador de tensiones para una partitura magistralmente interpretada por todos.

Éxito de Müller Schott y dos propinas, el cello de Bach (zarabanda de la Suite 3), y un regalo de un giorgiano para gozar con la técnica del “pizzicato” en la línea de Yo-Yo Ma que nos encantó a todos, con muchos instrumentistas preguntando durante la firma de discos por esa preciosidad en el polo opuesto de la magistral e introvertida interpretación del mejor Bach en estado puro y nuevo tributo a los grandes del instrumento, aquí todavía con reminiscencias de la viola de gamba que el Ex Saphiro destila en las manos del virtuoso muniqués.

Tras la plenitud de la primera parte nada mejor que la Sinfonía en re menor de César Franck, la orquesta pensada desde el órgano, el juego de lengüetería y metales cual teclados y pedalero con toda la gama dinámica posible presente en el balance apropiado, y Diakun la intérprete perfecta del instrumento “orgánico” respondiendo milimétricamente. Atenta al detalle dominando de memoria la obra, sacando siempre a flote el tema protagonista en la correspondiente sección o solista (impecable Juan Pedro Romero al corno inglés) de una sinfonía única, tal vez incomprendida pero capaz de emocionar con una instrumentación perfecta para la plantilla asturiana con el arpa (perfecta en el inicio del Allegretto) completando unas pinceladas de color en amplísima paleta tímbrica, como pudo dibujar la directora polaca. Destacables los crescendi ricos sin perdernos detalle, dejando “respirar” los finales con calderones subyugantes, los tutti controlados en todas las dinámicas, los temas danzables delineados al detalle, empaste en maderas capaces de “crear registros” nuevos, metales con cuerda en texturas de excelencia y una alegría desbordante en el Allegro non troppo recapitulando temas escuchados para cerrar un concierto completísimo y auténtica fiesta de cumpleaños (lástima el poco público en la sala que vuelve a ser preocupante) con invitados de lujo que esperamos repitan.

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