Jueves 17 de septiembre, 21:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de Cámara (cambio de la Principal). Joaquín Pixán (tenor), Mario Bernardo (piano); artista invitada: Cristina Gestido (viola). Precio: 12 €.

Tercer concierto lírico de San Mateo, esta vez de pago y cambiando la ubicación inicial de la Sala Principal a la de Cámara, desconozco las razones, comunicándosenos por el correo electrónico de la compra “on line” y adjudicándome una localización que no elegí, a diferencia de la primera entrada, con toda la antelación del mundo (arriba dejo copia de la misma), pero supongo que estas circunstancias de la “Nueva Anormalidad” son tan cambiantes que mejor lo de hoy porque mañana nadie sabe…

Sigo con mi terapia musical aunque en pequeñas dosis y acercándome a la música en vivo, porque los artistas necesitan trabajar para vivir, al igual que yo estos conciertos. Colas, felpudos de desinfección, gel hidroalcohólico, distancia de seguridad, mascarillas, y sobre todo muchas ganas de música.

Pixán no necesita presentación alguna y menos en su tierra, con una carrera “de oro” por los 50 años de su debut, trabajados, con un programa elegido y esperado en él, bloques bien diferenciados comenzando con esas “canciones de concierto” que no pueden faltar desde los primeros años de estudio en todo cantante lírico, un Respighi debutado al lado de Tosti con quien el tenor tiene esa química especial, siendo un intérprete de referencia con el de Ortona; La Copla, con mayúsculas, esta vez del Maestro Quiroga a la que se acercó también en el disco y elevada al mismo nivel que las compañeras de concierto, para terminar con su lucha de siempre a favor de la canción asturiana de salón, despojarla del “cucho” y el “chigre” para darle la categoría que tiene cuando se afronta con la calidad habitual de Pixán, aunque los años hayan dejado algo opaco su color único, y siempre acertado gestor en encontrar patrocinios y apoyos para sus proyectos, el Antón García Abril de la orquesta al piano (hoy con “sorpresa”), sumando sus propias composiciones para la Tentativa de un nuevo Cancionero Asturiano para el siglo XXI con letras de Antonio Gamoneda  o el estreno de una obra que comentaré posteriormente, para finalizar con la apuesta por otro asturiano, Jorge Muñiz, que también amplió su catálogo con temas de nuestra Asturias desde “allá por tierra extraña” en su atalaya de Chicago o Indiana.

Por supuesto que en los proyectos del de Cangas de Narcea el piano acompañante sabe buscarlo para encajar en el espíritu de estos recitales, y esta vez de nuevo contó con Mario Bernardo, conocido, seguro, con entendimiento perfecto y dominador del repertorio del tenor, segundo plano cuando se necesita y primero en los momentos indicados, más la colaboración de Cristina Gestido a la viola que supuso no solo la nota de color sino el complemento y por momentos protagonismo de una velada del agrado total.

Arriba dejo el programa que se nos envió a los que pasamos por la taquilla virtual, con pequeñas variaciones en el orden, que paso a comentar.

Para abrir boca, Alessandro Scarlatti (1660-1725) y su GIÁ IL SOLE DAL GANGE, con ímpetu y brío aunque no sea el estilo del cangués pero un lujo calentar cuerdas con el barroco. Más reposado e intimista en Vincenzo Bellini (1801-1835) y su VAGA LUNA CHE INARGENTI (Texto anónimo italiano), donde ya pude comprobar que la voz no tiene la frescura de antaño aunque la supla con esta interpretación “quasi operística” que como veterano supo llevar a su terreno siempre en media voz suficiente para proyectarla. Comentaba el tenor que se estrenaba con el boloñés Ottorino Respighi (1879-1936) y LUCE (A. Negri), como preparando el terreno para afrontar a su querido de Abruzzio Francesco Paolo Tosti (1846-1916) con tres de las canciones donde Pixán se desenvuelve como pocos: MALÍA (R.N. Pagliara), IDEALE (C. Enrico) y finalmente L’ ULTIMA CANZONE (Texto de F. Cimmino). Sin el brillo de antaño pero la maestría del “saber decir” fue in crescendo en intención, emoción y entrega.

La segunda parte arrancaría directamente con las dos obras de Antón García Abril (1933) pero con “la voz” de la viola y el coprotagonismo del piano, las melodías tradicionales de ELLA LLORABA POR MÍ y las VAQUEIRAS en arreglo instrumental de la propia Cristina Gestido, y autorizado expresamente el compositor, enriqueciendo unas páginas de por sí bellísimas que con esta “reinvención” eleva a categoría camerística como las versiones de las canciones españolas de Falla. La melancolía primera que la viola traduce sin necesitar las palabras de León Delestal, y las rítmicas vaqueiras exigentes para el piano arropando los “yeh!” del arco que alguno aguantó compartir. Sorpresa agradable y tributo instrumental a uno de los proyectos más internacionales de Pixán y otro salto de calidad de la música de inspiración asturiana que sonará en muchas salas del mundo con este acercamiento desde lo vocal.

De la la Tentativa de un nuevo cancionero del propio Pixán, su ROSA NEVADA (A. Gamoneda) con la viola de Gestido sustituye la gaita por ese cordófono de luthier que es la poco reconocida viola, recuerdos de vigulines, rabeles (que en asturias llaman bandurrias) o zanfonas, el repertorio de la “tonada lírica” que pide más al viejo que al diablo, los melismas con los que nos hemos criado en Asturias, más que una tentativa, una limpieza de estos cuadros sonoros que necesitan proyectos como este del tándem Pixán-Gamoneda. Las cuerdas vocales ya a su temperatura, los adornos que emparentan la tonada asturiana con los cantos del muecín en una Ruta de la Plata que tiene parada en Andalucía y su género por excelencia despojado de malas famas, la copla de Manuel Quiroga (1899-1988), el maestro del triunvirato con León y Quiroga, dos como uno estos poetas tan musicales y musica2 (perdón por la licencia), esta vez con el piano de Bernardo y la voz de Pixán ya “recuperado” para enamorar a una parte del público que sigue recordando este género: LA LIRIO (Rafael de León) con todos los giros vocales “de ida y vuelta” y LA SALVAORA (Antonio Quintero), arrebato y emoción, la entrega premiada con bravos.

El “fin de fiesta” mantendría piano y viola arropando los temas asturianos que quedaban, el del propio Joaquín de VAN PO LOS AIRES (A. Gamoneda), los dos temas de Jorge Muñiz (1974): SOLEDAD (Tradicional) donde la viola le da un “plus” tímbrico y el siempre querido PAXARÍN PARLERU (Tradicional) que no hace falta presentar, con unas armonizaciones nuevas que visten la melodía con aires de renovación desde el lenguaje actual, aunar tradición y modernidad en la música, no siempre fácil, y donde Pixán sigue siendo el maestro. Dándolo todo, con el gusto y saber cantar estos repertorios donde los años son solera o gran reserva.

Fuera de programa, aunque nos habían mandado la letra, que dejo aquí, y con los tres intérpretes en escena más unas palabras de Joaquín Pérez Fuertes (1950), el verdadero nombre de Pixán contando el encargo de componer una canción para la VETUSTA clariniana, con letra de Aurelio González Ovies, presente en la sala, un estreno en la inspirada línea del Pixán compositor, melodías de raigambre que evocan lo nuestro y resultan cercanas pese a la novedad. Vetusta ya tiene canción propia en nuestro cancionero astur.

Y aún quedaban dos propinas más tras el estreno. 50 años dan para mucho y no faltó su recuerdo a Antoñita Moreno con su eterno agradecimiento por hacerle debutar en el Teatro Campoamor de Oviedo allá por 1969 con el gaitero Remis, cantándonos un arreglo con viola y piano de CARRETERA DE ASTURIAS en homenajes mútuos, a los emigrantes, al repertorio del siempre recordado y “rompedor” El Presi de entonces,  para sin mirar el reloj terminar por todo lo alto con una mítica SI YO FUERA PICADOR, una de las canciones que también Pixán ha llevado por todo el mundo manteniendo un legado de la tierra como es nuestra música tradicional por que los años dan la perspectiva necesaria para valorarla más.