Inicio

Músicas por San Juan

1 comentario

Coincidiendo con las fiestas de San Juan y la última semana de clases antes del último esfuerzo burocrático de este curso 2016-17, encontré algunos huecos para no perderme eventos puntuales, algunos de cita obligada.

Comenzaré con ese encuentro de antiguos tunantes habitualmente en el inicio de las fiestas de Mieres, más de una veintena peinando canas (los que conservamos pelo) cantando nuestro repertorio de siempre por el eje con más marcha de la villa, la antiguamente conocida como “la calle del vicio”, La Vega en su actual denominación, y Jerónimo Ibrán antes de finalizar en la emblemática plaza de Requejo donde continuamos cantando antes de la cita gastronómica, un cordero a la estaca que sirvió para amenizar no solo aperitivo o postres sino el resto de la madrugada, sin protestas por parte de los vecinos. Dejo arriba la excelente foto del cronista gráfico local, nuestro querido José Ramón Viejo Sáez.
El sábado estuvo ocupado por la segunda jornada del certamen que organiza el Orfeón de Mieres al que le dediqué una entrada especial.

No puede haber fiestas sin nuestra Banda de Música de Mieres, que además celebraba en el Parque Jovellanos, el de siempre, sus 25 años de nueva andadura tras la disolución de la municipal, una historia bien documentada por uno de los actuales integrantes, Vidal, que dio para toda una tesis doctoral. Con la dirección de Antonio Cánovas Moreno, que sigue revitalizando nuestra banda local y llevándola a una excelencia con la que todos soñamos, bajo un sol de justicia realmente abrasador, que ubicó al público a la sombra salvo algunos “esforzados”, la mañana del domingo 18 de junio pudimos escuchar un auténtico concierto de músicas conocidas donde no podía faltar​ lo popular: zarzuela a base de preludios, arreglos de coros como el de El huésped del sevillano de las lagarteranas, los “poutpourris” de la Gran Vía con “Caballero de Gracia” y el Tango de Menegilda “Pobre chica, la que tiene que servir…”, sin dejarse El rey que rabio, o las increíbles páginas de la Katiuska de mi tocayo Sorozabal.
Tampoco podía faltar el toque asturiano de La rapacina, una joya de fantasía para banda de Enrique Reñé, sin faltar los grandes éxitos de los años 70 en arreglos realmente conseguidos como Stayin’ Alive, I will survival, YMCA y una excelente selección de temas popularizados por Tom Jones o unos musicales “muy de Broadway” con Granujas a todo ritmo, solistas impecables en todas las secciones, especialmente el oboe, y con un repertorio bien elegido que llenó de alegría este primer sábado de fiestas.

La última semana con alumnos se hace eterna, coincidiendo además con una ola de calor a la que no estamos acostumbrados. El cierre “oficial” tuvo lugar el viernes 23 de junio a partir de las 13:00 horas en nuestra sala de usos múltiples, preámbulo de una foguera que nos estuvo entrenando con una climatología rara, en una ceremonia donde mi instituto premia esfuerzo, compañerismo, lectores, solidaridad y con alguna actuación musical que da lustre a cualquier evento, esta vez con Manuel de 4º de ESO a la guitarra eléctrica, marcándose unos solos de AC-DC tras un año de práctica donde progresó más que adecuadamente.

La mañana del día grande de San Juan, el 24 de junio, la tengo marcada en el calendario para amenizar los galardones de “Mierenses en el Mundo” con mi pareja artística para este evento Marta Quintero, casi emulando aquel cine de barrio con Parada y Sebastian como le gusta presentarnos.

Las excelentes todos son de Felipe S. Mera, reportero oficial de estos premios que van por su novena edición. Este año me tocaba la fibra sensible porque estaban entre los galardonados no ya el Padre Ángel con sus restaurantes “Robin Hood” o el chef Julius que se ha convertido en verdadero embajador de Mieres allá donde va desde su primera visita como jurado de “Mieres de pincho”, sino mi antigua alumna Paula Rojo, auténtica estrella musical consolidada con un estilo propio que hubiera encajado perfectamente en el último Eurovisión a la vista de los resultados, una trabajadora nata y en plena gira presentando su tercer disco “Un viaje en el tiempo” que como indica el título, siempre encuentra tiempo para viajar a la tierrina y visitar a la familia y a sus amistades de toda la vida.

Además tenía el orgullo de acompañar a José Menalva Cogollu en Soy de Mieres, cuarenta años sin vernos desde aquél disco de Diamantina dedicado “A las madres de los mineros” que se grabase en el salón de la Caja de Ahorros por Toni Martínez “ex Bravo” en su unidad móvil allá por 1979 y publicado en 1981 por el sello Doblón con Carlos Eusebio de productor. Su último Libro CD “El universo del canto” dedica parte de los ingresos precisamente a los “Mensajeros de la Paz” del Padre Ángel y desde ahora es el nuevo embajador de la mierensía hasta la próxima edición.

Tampoco faltó este año el Coro Minero de Turón y un encuentro especial con Laude Martínez e Ismael G. Arias uniéndonos a las cuatro manos sobre el piano para cantar el Asturias de Víctor Manuel que volvería a sonar por la noche en el Parque Jovellanos, antes de finalizar todos juntos con nuestro himno autonómico, público, coro, galardonados e invitados.

Tras el ágape y posterior comida, me decidí por acudir a Oviedo donde se escucharía en la Plaza de la Catedral (aunque tuve palco de lujo) un Carmina Burana (Orff) muy especial para despedir a Marzio Conti al frente de la Oviedo Filarmonía, uniendo tres coros, el de la Ópera de Oviedo y el de la FPA sumándose el Joven Coro, verdaderos y excelentes protagonistas con un trío solista conocido y de lujo: nuestra soprano más internacional Beatriz Díaz que ha llevado esta “cantata” por medio mundo en el montaje de La Fura, sin olvidarse de nuestro Teatro Campoamor, o “el Delibes” vallisoletano, impecable y capaz de acallar el ruido de las calles adyacentes con gusto y unos agudos dulces y pianísimos como pocas voces pueden alcanzar; el contratenor Xavier Sábata, otro habitual de este Orff, a quien la megafonía le puso más decibelios que en los teatros, y el barítono Javier Franco, color  ideal e intervenciones justo lo contrario, poca presencia amplificada por los “caprichos” acústicos de los registros medios, que en directo hubiera ganado muchos enteros.

Todo un espectáculo que estuvo pendiente del cielo rogando no lloviese para poder mantenerlo ante la dificultad del “Plan B”, amplificación no siempre equilibrada, pantallas gigantes con realización adecuada y un auténtico éxito de público, 800 (o mil) sillas de plástico que se quedaron cortas para las casi tres mil personas que abarrotaron todos los huecos posibles aunque sin “la furia” de otros momentos.

Una forma de acercar esta página maravillosa a todos los que se acercaron a la capital asturiana aunque tengamos un auditorio más apropiado para ello y sea precisamente la misma obra escogida para el arranque de la próxima temporada de la OSPA recientemente presentada. La calidad interpretativa de todos brilló de principio a fin pese a la amplificación, con aplausos entre algunos números para un público nada habitual en los conciertos de pago pero disfrutando como todos de esta maravillosa página que sirvió para seguir disfrutando de un San Juan muy musical. Estos días se sigue hablando y escribiendo de ello, con opiniones y medallas variadas, algunas desde la ignorancia política (para otra ex alumna mía).

Todavía me queda San Pedro y San Pablo para cerrar curso, mes y temporada, siempre sumando, esta vez dos orquestas (OSPA y OFIL), más el Coro de la FPA para la Resurrección de Mahler con dos reconocidas solistas (la soprano María Espada y la mezzo Iris Vermillion), bajo la batuta del ovetense Pablo González. Seguiré esperando por la Sinfonía de Los Mil asturianos, pues en esta tierra nuestra es cuestión de proponérselo, ya que contamos con material humano para ello y pudiendo resultar un “verdadero espectáculo musical” de llevarse a cabo. Por pedirlo de nuevo no quedará y ahí dejo los mimbres para el cesto.

Anuncios

Orlando furioso y pasional

Deja un comentario

Martes 7 de junio, 20:00 horas. Sala de Cámara, Auditorio de Oviedo: III Primavera Barroca: Furioso: Orlandos de Haendel y Vivaldi. Xabier Sabata (contratenor), Vespres D’Arnadí, Dani Espasa (clave y dirección). CNDM y Ayuntamiento de Oviedo.

Día de verano para clausurar esta primavera barroca plenamente asentada con un Sabata que vuelve a Oviedo siempre triunfante, casi llenando en la sala de cámara, esta vez con el conjunto del oboista Pere Saragossa y el clavecinista Dani Espasa en un monográfico “Orlando” que no solo resultó furioso sino pasional e histriónico como corresponde, con una selección de los personajes musicados por Händel para Senesino y el aria del homónimo vivaldiano que Xavier Sabata recrea, imbuido directamente del carácter épico y humano, bipolaridades volcadas en el canto siempre cercano de textos bien declamados con buen acompañamiento de un “ensemble” apropiado para las páginas elegidas.

Juan Manuel Gómez y Pepe Reche fueron las trompas naturales participando en los números del Orlando, HWV 31 (1733) y especialmente en el Concierto para dos trompas, cuerdas y continuo en fa mayor, RV 538 (1711) de Vivaldi, virtuosismo por parte de todos incluyendo el Largo con Oriol Aymat al cello Dani Espasa (clave) en un mano a mano equilibrando el poderío del metal verdaderamente diabólico e igualmente épico de interpretar, complemento ideal del “Sorge l’irato nembo” del Orlando furioso, RV 728 de “Il prete rosso“.

La cuerda se completó con Lina Tur Bonet, un lujo de concertino en la formación, y Adriana Alcalde en los violines, que nos dejaron pasajes vigorosos y templados en “pugna instrumental” con Sabata (Cielo! Se tu il consenti” del Orlando, Natan “Nexus” Paruzel (viola) y Mario Lisarde (violone), además del ya citado Saragossa que participó al oboe casi cual solista algo “destemplado” con una segura cuerda en el Concerto grosso op. 3 nº 9 de Händel, ubicado en medio de la primera parte como contrapeso instrumental similar al Vivaldi de la segunda y sumándose al último “Fammi combattere” del Orlando haendeliano.

De Xavier Sabata volver a incidir en su entrega vocal con un registro grave natural, un volumen ideal para las arias elegidas sin olvidarme de unos recitativos excelentes, imaginándonos la escena por la pasión y dicción puesta en música, y un Espasa siempre atento, ornamentos y timbres adecuados, más que un “ripieno” el detalle minucioso que no puede faltar pese a la discreción desde la calidad. Sabata domina el rol de Orlando y lo hace suyo, como el Polinesso en “Se l’inganno sortisce felice” del Ariodante HWV 33 (1735) que cautivase al Campoamor (al igual que Agrippina ya con el contratenor catalán), pero también el Scipione de la primera propina y la joya final de “Cara sposa” que sin estar en el programa no podía faltar en un “casi monográfico” Haendel, esta vez Rinaldo, héroes y chicos malos como el CD del contratenor grabado hace tres años, y que nunca defrauda, menos en vivo y con calidad en el ropaje instrumental.

Como novedad citar que la cuarta Primavera Barroca en el 2017 ya está en marcha, de marzo a mayo, aquí el avance con grandes nombres y formaciones:

La Fura de Boo

2 comentarios

Viernes 12 de julio, 20:00 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: Carmina Burana (Carl Orff), Cantata escénica (1937). Montaje de La Fura del Baus. Beatriz Díaz (soprano), Luca Espinosa (soprano), Thomas E. Bauer (barítono), Xabier Sábata (contratenor), Orfeón Pamplonés (director: Igor Ijurra), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). Director de escena y escenógrafo: Carlus Padrissa. Figurinista: Chu Uroz. Iluminadora: Melanie Schroeder. Entrada butaca: 38,50€.

“Oviedo es música” es el nombre del Festival de Verano de la capital más musical de España, estos días con turismo cultural que también deja ingresos en tiempos de crisis, y para empezar con buen pie llegaba el espectáculo de La Fura del Baus, tras cuatro años funcionando por el mundo casi con el mismo elenco, al “templo del Campoamor” con las entradas agotadas para las dos funciones (12 y 13) y conocedores del éxito de esta producción que resulta impactante, trepidante o si se prefiere rompedora en todos los sentidos incluso antes de presenciarla, por la propia obra de Orff, la más conocida y popular, la puesta en escena de La Fura que nunca deja indiferente, y unos intérpretes que dieron la talla, incluso con “altos vuelos”, auténticos profesionales capaces de plegarse a exigencias durísimas de trabajo sin perder nunca su musicalidad.

Vídeo del Ensayo General 11JUL13: ©Canal YouTube Ayto. Oviedo 

Los que me conocen saben que comenzaré por la parte musical, con una orquesta colocada en el escenario muy atrás, rodeada de telas, quedando su sonido algo opaco, con más presencia sonora de la percusión precisamente por esa disposición. Perfectas todas sus secciones, pianissimi incluso en metales que ayudaron siempre a las voces, vigor en los tutti sin estridencias, una Tanz delicada y rítmicamente preciosista, y el sonido compacto al que nos tienen acostumbrados en estos casi quince años que comienzan a dar sus frutos.

El coro, auténtico sustento de la cantata, a ambos lados y separando voces blancas (izquierda) y graves (derecha), con una dimensión tímbrica distinta, sin ver directamente al director, y pese al número de cantantes, sin la pegada esperada para una obra donde su presencia debería ser mayor. Agradecerles el esfuerzo escénico (bien danzando incluso), dotados de carpetas con “leds” que dieron mucho juego, siempre respetuosos con la partitura, afinación correcta pero emisión algo corta, puede que necesitando más confianza para “soltarse” (sobre todo en el Ecce gratum y el ataque del Reie aunque compensando con los pianos), teniendo además la orquesta detrás, lo que siempre ayuda o como en Floret silva donde las sopranos afrontaron con miedo sus agudos. Tampoco fue muy inteligible Chramer, gip die warve mir o Were diu werlt alle min, aunque la rítmica y presencia que Conti imprimió tapó más carencias. Bien los hombres In taberna quando sumus compartiendo puesta en escena con el barítono que salpicó con el agua-vino la primera fila. Faltaron los niños para Amor volat undique que la cuerda de sopranos no pueden igualar como en Tempus est iocundum. Ya avanzada la obra estuvieron más asentados en Veni, veni, venias. Y el último O Fortuna no resultó lo apoteósico que esperábamos pero sí en la línea aseada de todas las intervenciones, arropados por una orquesta bien llevada por su titular.

Del cuarteto vocal impresionante el barítono alemán Bauer capaz de cambiar no ya de ubicación o vestuario en poco tiempo sino de registros en un papel complicado musicalmente y aún más con su puesta en escena, tan pronto a remojo como saliendo por el patio de butacas. Su color vocal y gama dinámica resultaron de lo más apropiado para el papel que le han diseñado. “El sol todo lo suaviza” (Omnia sol temperat) resultó cálido como los rayos y ya “en la taberna” su Estuans interius literal: “Ardiendo interiormente” por lo apretado del agudo. La salida entre el público como abad en Ego sum abbas permitió paladear su voz y dotes interpretativas coqueteando con el respetable y bien contestado por el coro, al igual que en In taberna quando sumus. Los difíciles cambios de registro para Dies, nox et omina los solventó con técnica al servicio de la melodía, mezcla de lírica y canto popular. Bien con el coro en Circa mea pectora con los cambios rítmicos bien encajados entre todos y buena gama dinámica, al igual que en Tempus est iocundum.

Otro tanto sobre las condiciones del contratenor Sábata, bien conocido en Asturias y que en  posición casi horizontal colgado de las alturas, tuvo que “lidiar” actoral y musicalmente notándosele incluso cómodo, lo que dice mucho de su profesionalidad, afrontando un solvente Olim lacus couleram con el coro y orquesta (también el público), a sus pies…

La crevlillentina Espinosa demostró unas facultades físicas dignas de su entrenamiento como karateka, además del musical, incluso natación sincronizada por el tiempo que pasa sumergida en ese vaso – tinaja de agua – vino. Como en un music-hall la valenciana, pareja en otras representaciones de este Carmina su paisana Amparo Navarro, vuelca toda su capacidad en escena aunque nos quedásemos con ganas de escucharla en otros repertorios.

Y dejo para el final a la soprano asturiana, la todoterreno Beatriz Díaz en un nuevo rol que volvió a hacer suyo con toda la dificultad añadida de cantar sobre una grúa que sobrevoló el patio de butacas o dando vueltas para desenrollar los cinco metros de tela: potencia en el momento preciso (Dulcissime), fiatos increíbles, registro medio redondo y sobre todo una línea de canto (In trutina) donde la musicalidad que emana en cada intervención (Stetit puella) es un placer para el oyente, sin olvidar una teatralidad increíble para esta “Monster High” al uso. Lo da siempre todo y es de agradecérselo, esperando siga apostando por partituras como la de Orff que resultan todo un descubrimiento en su voz, actualmente en un momento excelso donde puede “con lo que le echen”, siendo la auténtica Fura de Boo.

Al maestro Conti habrá que ir preparándole un homenaje por los nuevos aires que ha traído a nuestra tierra con arriesgadas apuestas desde su llegada a la titularidad, destacando personalmente las bandas sonoras en vivo que pienso han venido a complementarse con esta escenografía de La Fura para esta cantata escenificada donde las imágenes proyectadas y el movimiento actoral encajaron a la perfección desde una dirección que no brilló más por lo apuntado de la colocación de orquesta y coros. Mimó cada intervención solista y bisar O fortuna ayudó a rubricar el espectáculo de las etapas de la  alegría de vivir en 25 cuadros, armonía con los astros y la luna, suerte, sol, agua, música infinita que diseñaron Padrissa y La Fura.

Retomando palabras del propio Carlus así como del reportaje que Jesús Ruiz Mantilla en “El País” hace cuatro años atrás, la puesta en escena de esta Carmina de ritmo atávico repetido en la historia del ser humano, pasa por varios estados, nos creamos en el agua, pasamos al aire cuando nacemos y finalmente a la tierra, proceso de vivir corto en relación al universo, cambios de intensidades como el pulso del corazón, los goliardos que apuntaban buenos momentos de vivir, lo que queremos todos, y una música que nos hace felices. Casi nada y casi todo en una hora frenética de luces y sombras, movimientos escénicos bien calculados y la música invadiéndolo todo. Fiestas mediterráneas tan de La Fura dels Baus que vienen del origen de la tragedia griega y aún antes, el hombre y sus manifestaciones artísticas que han ido perdurando según las culturas, aunque cambien el nombre, el hombre como ser vivo de lo que se impregnan estos catalanes, artista libre que se deja llevar por la naturaleza, pasionalmente, Fura que en su larga trayectoria se acerca últimamente a la ópera, manifestación “interface” de cómo unir diferentes disciplinas y sumar lo máximo, lo más parecido al “arte global”, ¿wagnerianos de nuestro tiempo?, el público como coro distinto, silencio tan provocativo como el grito.

Carmina Burana como obra de arte madura aglutinando y codificando diferentes disciplinas, percusión que marca el pulso vital, nada gratuito ni falso, sin excesos (!), y cuatro imágenes: tierra, mar, aire, agua (como los cuatro elementos de las imágenes en la propia web de Beatriz Díaz, esta vez rojo fuego como el vino de la vendimia) que van mostrándose en un montaje realmente logrado, imágenes sobre ese círculo de tela como “acelerador de partículas” que se mueve, sube y baja o se inclina, donde se proyectan vídeos con “imágenes que cumplen una función de luz para el espectáculo”, como aseguraban David Cid y Sagar Fornies (autores de todo el trabajo visual) en el citado reportaje del 4 de agosto de 2009 en plena Quincena. Todo en el “haber” pero en el “debe” parecen olvidarse que hacer música es complicado siempre, y las condiciones en las que hacen trabajar a los intérpretes (orquesta, coro y cantantes) no son siempre las idóneas para cumplir con su cometido. A pesar de todo y pensando también en un público global, todo un espectáculo antes, durante y después.

En el diario regional “El Comercio” Igor Ijurra señalaba que en este montaje sigue el subtítulo de la obra: «canciones laicas para cantantes y coristas para ser cantadas junto a instrumentos e imágenes mágicas». Añadió que este ‘Carmina Burana’ es una obra para iniciarse, para gente joven, y «que huye de la solemnidad de los grandes conciertos». Por su parte el maestro Conti apuntó que esta obra «mueve una ciudad, ya lo hizo en Florencia». El éxito está asegurado y apostando sobre seguro.

Viva Händel

1 comentario

Martes 18 de diciembre, 20:00 horas. Teatro Campoamor, LXV Temporada de Ópera de Oviedo: “Agrippina” (Händel), segunda función. Entrada Butaca principal: 107,40€ (impuestos incluídos).

Cuarto título de la temporada con gran expectación y “división de opiniones” en la primera representación dominical. Sigo pensando y diciendo que hablar más de la escenografía que de la música es otra de las modas, pasajeras aunque recurrentes, como lo fue la de los directores de orquesta o los intérpretes. En el caso de muchos que crecimos con discos de vinilo y nuestras primeras óperas en las butacas “ciegas” de los años 70 y principios de los 80, el oído manda, los cantantes y la orquesta. Si además el decorado (perdón, todo lo habitual: dirección de escena, escenografía, vestuario, iluminación… y la tramoya en general) ayuda, entonces el placer puede ser completo.

Aún recuerdo los primeros vídeos en estéreo y no digamos el LaserDisc (otro que se pasó de moda), lo mejor del momento por ¡poder escuchar y ver!. El DVD ya fue el “sumum” (pues al Blue-ray aún no me he sumado tras varios patinazos tecnológicos y precios todavía altos) y las proyecciones en cine ya han sido el no va más para hacer llegar la ópera a todos, pero también las causantes de este “imperio de la imagen” donde los primeros planos no los soportan todos los cantantes, prefiriendo presencia y dotes de actor por encima del canto. También reconozco que los estudios de grabación y edición de audio / vídeo, vamos lo que se denomina la producción, son auténticos laboratorios capaces de conseguir un producto final que hay que valorar como tal y el directo nunca mejorará, de ahí mi predilección por los registros en vivo (también hacen algunos “apaños”) y sobre todo la música en vivo, presenciar y compartir algo único e irrepetible.

Este martes acudía a disfrutar de una ópera barroca, sabiendo qué escucharía pero no el cómo, eso sí, sin prejuicios aunque la “mochila del recuerdo” siga llenándose y pesando cada vez más. Antes de comenzar megafonía avisaba de la indisposición gripal ¡de la protagonista! que por profesionalidad y atención al público actuaría igualmente. Mi gozo en un pozo, la esperada Anna Bonitatitbus que tanto me gustase en el recital Rossini no estaría al cien por cien, fruncí el ceño y pensé “Agripada” ¿exigiré la devolución de parte de la entrada, por otra parte nada barata? ¿Seré gafe?. Menos mal que la sinfonía me hizo centrarme y zambullirme en la representación, con dificultad para poder leer los sobretítulos por mi ubicación pero dejándome llevar y disfrutando.

Cada acto fue a mejor, tres actos con dos descansos suficientes para airearnos todos y hacer que las casi cuatro horas y media del espectáculo pasasen volando. Desmenuzar cada número ya lo hizo Javier Neira con “Un maravilloso mestizaje” en la edición papel de LNE del martes 18, ¡casi dos páginas completas! que ya quisiesen muchos críticos incluso en revistas especializadas, y que las ediciones digitales gratuitas tampoco suelen publicar. “Música celestial y multidireccional con treinta y cinco arias y el consiguiente rosario de recitativos, un terceto, un cuarteto, tres coros de solistas, una sinfonía de obertura, fanfarria, ouverture, preludio y ballet…” (yo éste no lo ví). El folleto lo dejo aquí escaneado, donde figura todo el elenco y responsables, junto a mis impresiones globales sin un orden previo y saliendo directamente del corazón a los dedos del teclado.

El director Benjamin Bayl es igualmente el encargado de la edición de la partitura junto con Gunhild Tønder para la Ópera de Oviedo y la Vlaamse Opera que han coproducido este título, por lo que la responsabilidad musical del director australiano al que ya hemos visto trabajar varias veces en nuestra tierra, es total, y se notó. Desde el clave en los recitativos y con gesto claro llevó a parte de la OSPA en el foso (la otra está ensayando “El Mesías” para el viernes 21 en la Catedral de Oviedo) con manos maestras, contando con un concertino de primera para la ocasión (Jorge Jiménez) y un continuo de lujo “Made in Asturias” que tanta responsabilidad y peso soporta en esta ópera: los hermanos Zapico (Aarón en el clave y Pablo con el archilaúd y la guitarra barroca, más el gijonés Juan Carlos Cadenas al cello, sin olvidarme de las intervenciones de John Falcone al fagot completando un grupo instrumental solvente y seguro que ponen la base instumental perfecta (cierto que hubo alguna pifia pero leve en algunos solistas no habituales), continuo rítmico y vivaz que ayudó mucho a la versión que el maestro Bayl nos ofreció.

Del reparto vocal nadie sobra porque todos tienen protagonismo escénico y vocal, técnicamente difícil siempre cantar barroco por la cantidad de agilidades (adornos) más la necesidad de cada aria “da capo” resulte aún más impactante y diferenciada que la primera vez, algo desigualmente resuelto por cada uno aunque equilibrado en los nueve cantantes, segundo puntal en el que se asienta la ópera.

La soprano rusa Elena Tsallagova una “Poppea” que eclipsó a la “Agrippina” de Bonitatibus. En “el haber” de la italiana no ya su profesionalidad por no cancelar sino la calidad exhibida en toda la representación, detalles técnicos en “el debe” que seguramente pasaron desapercibidos para todos menos para la propia mezzo, cuyo “saldo” sigue siendo muy a su favor y con crédito suficiente, convincente en las arias (¡qué lujo de estar a tope!), clara en los recitativos, dejándonos una “malvada” más que digna y convincente de principio a fin. De la rusa, amén de su atractivo físico, vocalmente dejó en recitativos puntuales algún “exceso” en los agudos, pero muy bien tanto de registro, amplio y uniforme, como de técnica perfecta -el aria rápida del tercer acto fue un examen de sobresaliente-, musicalidad y dramatización. Personalmente la triunfadora de la noche.

Pietro Spagnoli cantó un “Claudio” de menos a más, mejor como actor que cantante con unos agudos que siguen sin gustarme pero que en conjunto resultó convincente, y es lo que cuenta. Bien la mezzo Serena Malfi como “Nerone“, juvenil como su papel y una voz que promete aunque esta vez su personaje fuese masculino, y el “Narciso” del contratenor afincado en Valencia Flavio Ferri-Benedetti, que ya me gustase en abril pasado en el Dido y Eneas con Forma Antiqva. Del “Ottone” de Xavier Sabata puedo decir lo mismo que para “Claudio”, de menos a más, pese a saber que lo domina hace tiempo, pero esta vez me resultó algo menos creíble y estático en su personaje y musicalmente con recitativos donde su voz natural “luchaba” con la cantada, difícil de mantener un color de voz homogéneo aunque nos dejó el aria “Vieni o cara” (personalmente no me gusta mucho elegir la voz de contratenor para este rol) del segundo acto realmente hermosa y bien cantada, la única interrumpida por los aplausos del público. Y el más flojo en todo el bajo portugués João Fernandes como “Pallante” con problemas para mantener la pulsación exigida por el maestro Bayl, resultando “P’atrás” en muchas arias, además de un color opaco y afinación indecisa que supongo encontrará con los años al ser joven aún para un rol demasiado exigente. No quiero olvidarme de “Lesbo”, aquí chófer cantado por el bajo colombiano Valeriano Lanchas ni la “Giunone” de la valenciana Cristina Faus que completaron ese elenco vocal capaz de darnos una representación equilibrada en conjunto.

De la puesta en escena de Mariame Clément reconocer que es un logro (por ahí van las Agrippinas actuales) y hace realmente entretenida toda la trama traída a los años 70 de los “culebrones” televisivos que esta vez no chocaron en la traslación cronológica (no me imagino un “peplum” que ya no se hace, y todas las fotos que aparecen son las del estreno belga), con pantallas de televisión formando parte del propio argumento, a veces bien encadenadas (ventilador, persianas, secretaria, llamadas de teléfono, llegada de Claudio, habano apagado con la bañera rebosando…) y otras casi publicidad ¿subliminal? (perdí la cuenta de los cigarrillos fumados) con momentos groseros (el huevo frito, la fabada con el compango y luego la boca masticando desagradablemente), así como los litros de alcohol en cada cuadro (que en escena serían te, además del zumo de naranja), recurso que usado en exceso -en Roma también aparecerían con abundante vino y copas de plata- resulta reiterativo pese a que ayude en la dramatización: güisky, margaritas… en ese petrolífero Dallas tejano. El “medio Cadillac” resultó así, a medias aunque luego el chófer fuese realmente creíble, como el baño de espuma de Claudio ante Agripina y el gran espejo, totalmente adecuado, no como el de la alcoba, mínimo al lado del armario de puertas correderas más “adaptado” a Nerón que a Otón en el juego de engaños urdido por Popea.

Excelente trabajo de los aplaudidos tramoyistas que formaron parte del espectáculo total, cambios de “sets” visibles en el montaje cual casa de muñecas, y ambientes algo mejorables que supongo en un teatro mayor resulten más lucidos: alcoba, despacho, salón con chimenea o restaurante… El vestuario también me encantó por el colorido pero algo desigual según los personajes y peso dentro de la obra, más elegante y de calidad (visual al menos) en los personajes femeninos -y es que la lencería siempre ayuda- y ese final de etiqueta en todos para un salón con chimenea algo ridículo para la mansión proyectada en la pantalla.

 

La función cerraría con ese conjunto final a oscuras mientras se proyectaban los títulos e imágenes con lo sucedido por los personajes tras su muerte, igual que en las películas o culebrones televisivos norteamericanos, auténtica serie también con los créditos al completo en pantalla de una producción que me gustó de principio a fin: dirección musical perfecta y clara en un especialista como Bayl, orquesta y continuo perfectos, reparto vocal equilibrado en general bien elegido para cada personaje, perfectamente vestidos en una escenografía que “no chirría” y esta vez sólo sirvió para alimentar el morbo, polémicas que mueven público y ayudan a publicitar una obra que por otra parte, de enfocarse con rigor histórico pienso no hubiese triunfado. Lástima los tibios aplausos del martes, esta vez no hubo pateos ni abucheos aunque marchase gente en los descansos (supongo que quienes la hora de cenar marca su rutina cotidiana) para una ópera que resultó completa, espectáculo total sin paliativos y enhorabuena a los responsables por volver a programar en Oviedo Händel en una semana donde su música es la protagonista.

.

AVISO:
Todas las las fotos, excepto programa e ilustración “Agrippina” de Helena Toraño (Ópera de Oviedo
 ©Vlaamse Opera / Annemie Augustijns