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Liturgia leónigan

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Miércoles 8 de noviembre, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Sociedad Filarmónica de Gijón, concierto nº 1594: 20 años de El León de Oro (LDO), Marco Antonio García de Paz (director). Obras de Tavener, Byrd, Victoria, Pärt, Nystedt, Stanford, Rachmaninov, Arnesen y Lauridsen. Entrada no socios: 10 €.

Como todo declarado leónigan convencido, no importa peregrinar o repetir concierto porque cada uno es distinto, de nuevo Gijón esta vez teatro, otra acústica y algunas obras más que en la iglesia de La Laboral, pero toda la liturgia de una música coral religiosa que abarca 500 años para los veinte del LDO.

Repaso a parte del repertorio de esta vida coral que entra en plena madurez, lo antiguo y lo moderno en continua evolución, enseñanzas recientes del director honorífico Peter Phillips en Victoria y Pärt, puede que algo más relajados este miércoles pero igualmente entregados a unas músicas que dominan en todas las formaciones y colocaciones.

No importa la dificultad de la partitura, las disonancias casi imposibles, los dobles coros o las distintas ubicaciones en esa continua búsqueda de sonoridades allá donde van, los leónigans seguimos disfrutando. Vocalidad en estado puro, empaste, afinación, gusto por cada sílaba en latín o inglés, en ruso o castellano de acento mexicano como así lo dedicó el estonio Pärt, este coro sigue enamorando y ganando adeptos, los que no pudieron asistir a “la fiesta” del sábado y los que repetimos, porque así somos sus fieles seguidores, hooligans del LDO sin violencia, es decir leónigans.

Volvíamos a disfrutar de las obras dirigidas por P.P. pero asumiendo toda la responsabilidad Marco, de nuevo Tavener pero cambiando a Frank Martin por un muy sentido William Byrd y su Ave verum corpus “de cámara”, la emoción de la religión incluso para ateos porque la belleza no tiene credo.

En la segunda parte de nuevo Standford compartiendo visiones recuperadas y asentadas como el sorprendente Inmortal Bach (Knut Nystedt) aprovechando escenario y pasillos laterales para cantar a Mein Gott “deconstruido”, el Bogoroditse Devo (Rachmaninov) aún más profundo o ese “inmenso misterio” de Morten Lauridsen tras la “nueva” Even When He Is Silent (Kim André Arnesen, 1980) dominando un repertorio cercano a la propia formación con el amplio bagaje de sus compositores, que lo entienden como estos cantores sin complejos y así lo transmiten, búsqueda de la belleza coral en estado permanente de trabajo.

Interesantes las notas al programa de Miguel Rodríguez Fernández-Bustillo “Sobre el análisis musical” que dejo a continuación.

Contestando el último interrogante, con El León de Oro mis análisis son siempre emocionales, si litúrgicas son las obras, el público estuvo como en Misa (entendida también como puesta en escena) con el milagro de no escuchar toses pese a la penitencia del caramelo cercano, y escuchar al mejor coro asturiano se merece una cena allá donde pueda acudir.
Si hay dios, amén de Bach, seguro que también es musical, los leones sus voces y sus seguidores una parroquia que rogamos celebrar incluso las bodas de oro. El camino más difícil ya está superado, toca seguir disfrutando sin pereza y con toda la diligencia porque igual que el “dios cantor” escribía Soli Deo Gloria, El León de Oro canta a mayor gloria de todos, ateos incluidos ganados para esta causa mágica con la esperanza de seguir juntos este camino.

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PP, leónigan de oro

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Sábado 4 de noviembre, 19:30 horas. Iglesia de La Laboral, Gijón: 20 aniversario del Coro “El León de Oro”. Peques del León de Oro (PLDO), Aurum, Elena Rosso Valiña (directora); El León de Oro (LDO), Marco Antonio García de Paz (director), Peter Philips (director honorífico). Obras de Palestrina, Michael McGlynn, Julio Domínguez, Susanna Lindmark, John Tavener, Ch. V. Stanford, Frank Martin, T. L. de Victoria, F. Poulenc, Knut Nystedt, Ola Gjeilo, P. Philips y Arvo Pärt. Entrada con invitación (agotadas).

Verdadera fiesta coral de cumpleaños la vivida, sentida y compartida desde la desacralizada iglesia de “La Laboral” para seguir conmemorando veinte años, nada según el tango y toda una vida en el difícil mundo de la música, aún mayor en el mundo coral y un verdadero milagro en estos tiempos. El León de Oro es una filosofía de vida, unir personas para hacer lo que les gusta con pasión, cantar y además bien. Una familia cuyos progenitores son Marco y Elena, músicos capaces de aunar ilusiones desde el amor coral regalándonos todo un proyecto con visión de futuro.

Veinte años que me he declarado “leónigan” porque a diferencia del hooligan futbolístico, no soy violento ni agresivo sino “incondicional a muerte“, enamorado de la música que hacen estos leones. La legión de leónigans ha ido creciendo cautivados desde el primer concierto, las redes sociales otro descubrimiento incluyendo canal propio en YouTube©, los concursos, los premios internacionales, la Champions League de los coros, una trayectoria impecable que les ha permitido afrontar cualquier repertorio con la misma calidad, todo el trabajo que se desconoce pero lleva a la búsqueda de la perfección vocal. Que alguien legendario, historia viva de la música coral inglesa y mundial como Peter Phillips, PP para ir aclarando el titular, cayese rendido ante el LDO era algo inevitable y capitaneará los leónigans el resto de su vida. Este “coro de autor” como titulaba el programa y el número del pasado verano de la revista Scherzo  (agotado y que guardo como un tesoro) tiene unas señas de identidad únicas, pero verlo y sobre todo escucharlo dirigido por PP convierte en milagroso lo que se escucha, agradeciendo que aceptase la dirección honorífica de este coro apasionado mútuamente.

Este sábado nuestro LDO reunió a todos los leónigans que cabían en la iglesia de la Laboral (muchos no pudieron hacerse con una invitación, agotadas rápidamente desde muchos días antes), para compartir música y pasión además del nombramiento de Peter Phillips como Director Honorífico, quien disfrutó del concierto de principio a fin, como “leónigan de oro” pero también al frente nuevamente del LDO. La acústica del faraónico, escurialense si se prefiere, templo elíptico de Cabueñes, resultó ideal para unos coros fantásticos, reverberación cercana a los cuatro segundos pero que no emborrona el resultado vocal sino que lo engrandece aún más, a diferencia de otros conciertos instrumentales o sinfónicos, aunque alguno buscaba precisamente estos efectos.

Mi pasión por los leones puede hacer pensar que también me ciega, pero obnubilar además de nublar o confundir, también significa embelesar, fascinar y deslumbrar, como el oro puro que atesoran. Los peques PLDO de Elena son el futuro desde el presente, solo hace falta escucharles y con una calidad impensable en otros coros de la misma edad. Su Palestrina del Adoramuste Christe fue magistral, la afinación de Si la nieve resbala de Julio Domínguez milagrosa, la interpretación con cajón peruano y dramatización incluída de Song of hope (Susanna Lindmark), canción de esperanza y la línea a seguir por cualquier coro infantil y juvenil. No quiero olvidarme de Maria Matrem de McGlynn con el coro separado, peregrinando hacia Olaya Álvarez Suárez en solitario presidiendo y enamorando con su voz perfectamente arropada por sus compañeros. No quiero pasar por alto que la soprano solista cantaría con los tres coros, cambios de vestuario incluidos, y todavía repetiría intervención solista en la obra que cerraría concierto, una joya de la que este coro de oro puede presumir. La cara de satisfacción de PP, sentado delante de mí junto a los comentarios con Marco, corroboran su título de “leónigan de oro“.

A continuación Marco dirigiría al LDO con tres obras muy trabajadas (escuchadas hace poco en el Campoamor celebrando doble aniversario) a las que acústica, variadas disposiciones del coro y gusto en interpretar obras del siglo XX son una seña de identidad de los leones. As one who has slept de Tavener (1944-2013), siempre jugando con la policolaridad y ubicaciones distintas, Beati quorum via de Stanford, y especialmente el “Credo” de la Misa para doble coro de Frank Martin volvieron a enamorar a los leónigans, PP en cabeza.

Las satisfacciones últimamente vienen a cargo de Aurum, las leonas que triunfan allá donde van en el complicado mundo de los coros de voces iguales, que en el caso de las chicas, las llamadas voces blancas, aún resulta más difícil. Pero con la misma filosofía de siempre, Elena ha sido capaz de ensamblar unas voces redondas, delicadas, flexibles con los repertorios, y de una calidad que está siendo recompensada internacionalmente. De nuevo PP se rendía ante el nivel de “las chicas de rojo” (por no llamarlas “las chicas de oro”) porque sus cuatro intervenciones fueron indescriptibles, desde O Regem caeli de Victoria que “firmó el propio PP” asintiendo feliz al final, Ave verum corpus de Poulenc que cerrando los ojos era británico de escuela vocal por el color tan unificado de las distintas voces, el Hosanna de Nysted poderoso y con gusto, separando del coro para envolver al público de las primeras filas (inenarrable sentir el aliento cual abrazo de las voces graves) y Northern Lights de Gjeilo, nuestras femeninas luces del norte adaptadas a cualquier época y estilo desde un trabajo vocal de altura.

Adela Sánchez fue la maestra de ceremonias presentando las diferentes partes del concierto, recordando la trayectoria de estos primeros 20 años, números abrumadores de actuaciones, obras y cantantes que han pasado por el coro (muchos presentes), compositores, músicos, docentes, antes de la parte final del concierto ya con Phillips al frente de autores y obras que domina como pocos, dirección en estado puro (Elena daba los tonos), transmisión clara y diáfana, comunicación innata por la química entre cantores y directores, milagro hecho realidad con ¡un solo ensayo! porque todo es posible con estos leones.

Descubrir al “otro” Peter Phillips (1560-1628) y su Ecce vicit Leo a 8 fue el mejor aperitivo antes de Victoria y Pärt a pares, maestros de la música coral ideales para el lucimiento del mejor coro asturiano de la historia, con todas las combinaciones de coros y voces.

Del abulense dos joyas como el Super flumina Babylonis y el Magnificat Primi toni, la chispa que saltase hace años en la Catedral de Oviedo multiplicada por la madurez de todos, y el estonio etiquetado como padre del “minimalismo sacro” pero artesano vocal desde un lenguaje actual que los leones con PP también han entendido al detalle: Virgencita dedicado a la mexicana Vírgen de Guadalupe en 2012 que bisarían al final, sentido, emocionado, dramáticos silencios rotos por las toses, herencia española bien entendida por un creyente y músico universal en interpretación magistral, más Nunc dimitis de nuevo con Olaya Álvarez de solista arrancando bravos entre unos leónigans entregados.

Vendrían las palabras de Marco (traducidas por Paco al oído de Peter), el británico agradecido en español, el regalo de un retrato a carboncillo del agradecido Director Honorífico y esa Virgencita que puso broche dorado a este cumpleaños para esta familia coral que empezó en el bar de Julio y pocos imaginarían hasta dónde iban a llegar desde Luanco.

Aún continuaría la fiesta con asturianía internacional, sidra en un lagar cercano, como el propio Phillips, cercanía de los grandes, sencillez, afabilidad desde la maestría de un leónigan de oro para siempre. Gracias Leones y veneración total con PP.

P. D.: Fotos en Facebook© de Beatriz Montes Durán (BMD Studio).
Crítica del concierto en La Nueva España por Eduardo Viñuela, y reseña en El Comercio.

Esplendor solamente vocal

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Domingo 17 de septiembre, 19:00 horas. Teatro Campoamor, Coro “El León de Oro”, Grupo Vocal KEA (director: Enrique Azurza), director: Marco Antonio García de Paz: “El esplendor de la polifonía”, obras de Lasso, Victoria, Stanford, Schnittke, Holst y Martin. Entrada butaca: 14 €.

Deberíamos haber celebrado un cumpleaños de oro para conmemorar el del Teatro Campoamor pero solo refulgió el coro asturiano con veinte años “rugiendo”, como sus fieles leónigans. La política cultural del ayuntamiento capitalino sigue errando en su concepción musical, manteniéndose a duras penas lo que tantos años ha costado alcanzar, eliminando por equivocadas visiones eventos que eran toda una inversión (nunca gasto) y pergeñando una pobre celebración de estos 125 años donde se mezclan óperas y zarzuelas ya previstas, con intérpretes tan dispares como Rodrigo Cuevas, Estrella Morente e India Martínez en el mismo cartel que Paco Ibáñez con Jerónimo Granda, la Real Banda de Gaitas local con la Oviedo Filarmonía o Barbara Hendricks, que con nuestro laureado coro El León de Oro (LDO), aprovechando que el Caudal pasa por Mieres y el Gafo por La Manjoya, al menos figuran dentro de la mal llamadamúsica culta” (mejor que clásica). Desconocer la historia del coliseo asturiano parece haberles llevado a “olvidar” los grandes nombres de la lírica o la escena que por sus tablas han pasado y engrandecido sus propias biografías, para hacer un “tótum revolútum” de estilos y públicos en una concepción de la cultura errática y fuera de lugar, confundiendo la  “Excelencia en el gusto por las bellas artes y las humanidades, también conocida como alta cultura” frente a Los conjuntos de saberes, creencias y pautas de conducta de un grupo social, incluyendo los medios materiales que usan sus miembros para comunicarse entre sí y resolver necesidades de todo tipo, que hasta la popular y excesivamente consultada Wikipedia© explica más detalladamente.

Amén de gaitas y placa conmemorativa con asistencia de distintas autoridades locales, no se cantó “cumpleaños feliz” pero al menos los compases finales de la última función de Sigfrido y El León de Oro pusieron la música en las horas extremas del día que le correspondía soplar velas a esta longeva historia de un teatro que lleva el nombre de nuestro escritor y periodista naviego Ramón de Campoamor gracias a la sugerencia de otro ilustre, Leopoldo Alas «Clarín».
Y el programa que nuestro coro más internacional y laureado eligió para conmemorar la doble efeméride, veinte y 125 respectivamente, también buscó hacer historia y cronología de la polifonía religiosa “a capella”, de Lasso a Martin sin olvidarse de nuestro universal Tomás Luis de Victoria. Difícil búsqueda que tuvo la recompensa para el numeroso público de poder disfrutar todas las excelencias de un coro “amateur” que canta como un profesional para compartir con los tolosarras de KEA una segunda parte al alcance de muy pocas formaciones corales.

La primera parte arrancó con el coro de cámara, otra de las virtudes de los “Leones de Marco” en cuanto a combinaciones posibles dentro de su plantilla, con las Lamentaciones (tertia, primi dei) a cinco voces de Orlando di Lasso (1532-1594), impecables y bien explicadas (como el resto del programa) en las notas de la doctora Diana Díaz González. Sumando efectivos y manteniendo calidad nada menos que el Regina Coeli (Tomás Luis de Victoria, 1548-1611), recogiendo lo sembrado por Peter Phillips, enamorado hace años de este coro, del que dijo «es extraordinariamente inusual encontrar un coro grande capaz de cantar música del Renacimiento
con tanta calidad»
, madurando y posando las enseñanzas para dejarnos una versión íntima, equilibrio y pureza, delicada sin excesos -no suele haberlos en “los leones”- para realzar el texto con la música en la mejor línea del abulense, también de oro como esta polifonía seguidora de Palestrina y Trento pero Contrarreforma elevada a lo sublime.

Salto en el tiempo y nuevo aumento de efectivos, coro ideal para el irlandés Charles Villiers Stanford (1852-1924) y su Beati quorum via. Sacar de nuevo obras ya trabajadas por los luanquinos supone recuperar y volver a descubrir matices y presencias, equilibrios con dinámicas increíbles desde la técnica perfecta al servicio de la música, una belleza polifónica que sigue admirando a todos los amantes de la música vocal.

Aún quedaban dos joyas cercanas en el tiempo, del soviético-alemán Alfred Schnittke (1934-1998) sus Drei geislitche Gesänge (Tres himnos sacros) a 8 voces, un despliegue buscando abrazarnos con el sonido siempre único del coro asturiano donde el derroche es emocional, muy trabajado por todas las cuerdas con exigencias solventadas sin problemas (detalles mínimos que no merece ni mencionar) y Nunc dimittis del británico Gustav Holst (1874-1934), una de las obras emblemáticas de los asturianos que siempre suenan irrepetibles dependiendo del lugar donde la canten, jugando con la acústica que en el Campoamor sigue siendo impecable como la versión del LDO.

Armar una obra para sesenta voces uniendo dos coros me recordó el reto de Sigfrido con las dos orquestas. Cuando la dirección es la correcta y el estudio detallado lleva un trabajo minucioso, los retos se alcanzan y la recompensa del éxito es la deseada. El Grupo Vocal Kea que dirige Enrique Azurza son unos profesionales que ya nos emocionaron hace años en la Semana de Música Religiosa de Avilés, compartiendo con LDO ese monumento cultural que se mantiene pese a todo(s) en la Villa del Adelantado. Compartir escuela de dirección y canto (Musikene es un referente internacional) hace fácil lo difícil, por lo que la Messe pour double choeur a capella (2004) del suizo Frank Martin (1890-1974) nos permitió escuchar en Asturias una interpretación irrepetible por lo plena, con Bach en el origen siempre exigente para todo músico, los cinco números del ordinario de una misa que como decía Marco a la prensa (que dejo al final de esta entrada), “se puede disfrutar con oídos ateos” -algún despistado intentó aplaudir entre el Kyrie y el Gloria-. El empaste y afinación de los dos coros fue encomiable, digno de destacarse para una partitura complicada, de registros extremos en todas las cuerdas, con momentos tensos resueltos con brío y aplomo, volviendo a demostrar lo necesario de un equilibro dinámico entre ellas que pocos consiguen, cambios rítmicos, juegos onomatopéyicos de gran riqueza, pinceladas de calidad e intimismo contrastadas con fortísimos nunca estridentes. Aplaudir el trabajo de los directores y coristas para alcanzar la excelencia buscada, difícil, costosa, sacrificada, cercana pero siempre agradecida. El esplendor de este doble cumpleaños no pudo ser mayor musicalmente.

Y como Bach siempre será “el padre de toda la Música”, en mayúsculas para evitar errores de concepción, con el sello dorado de colocar parte del coro rodeando al público del patio de butacas, ampliando escenario y sonoridades, el regalo de Knut Nystedt (1915-2014), al que KEA me descubrió en Avilés, con su Immortal Bach, una recreación mejor que “deconstrucción” del coral Komm, süsser Tod, BWV 478 donde las disonancias y juegos dinámicos alcanzados por este tren (coral) Vasco-Asturiano llegó a la estación de Campoamor como la más cálida ceremonia musical para una efemérides a la que le faltaron otros brillos.

Enlaces:
Dos entrevistas a Marco Antonio García de Paz en la prensa regional:
Crítica de Ramón Avello en El Comercio.

Excelencia coral para la clausura

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Domingo 9 de abril, 20:00 horas. Iglesia de San Nicolás de Bari, Avilés: Concierto de clausura de la XL SMRA: Crux Fidelis. Coro CantArte, Mario Morla (piano), Judith Martínez (soprano), Guillermo A. Ares (director). Obras de J. Sheppard, C. Morales, VictoriaBello-Portu, Arvo Pärt, R. Pearsall, A. Alcaraz, O. Gjeilo, J. Tavener y Gregoriano.

Brillante clausura de la cuadragésima edición de la Semana de Música Religiosa de Avilés, que esperamos no sea la última, con el coro leonés CantArte que dirige el antiguo escolano de Covadonga Guillermo A. Ares en su segunda visita al templo de la plaza de Domingo Acebal que volvió a registrar un lleno corroborando el buen estado de esta semana ya histórica dentro de la música religiosa asturiana que cerraba este domingo de ramos con un programa variado, con alguna variación en el orden y omitiendo a Poulenc. El propio director se encargó de explicar el nexo de cada obra desde este domingo hasta el de Pascua, el latín que marca el ritmo libre o el inglés de inspiración ortodoxa pasando revista a nuestro Siglo de Oro con Morales o Victoria más las aportaciones actuales de Tavener, Pärt, Gjeilo o el alicantino Albert Alcaraz (1978) compartiendo programa, inspiración y calidad.

Coro joven disciplinado, de cuerdas muy bien compensadas, jugando con los espacios tanto “a capella” como con los acompañamientos instrumentales de piano (eléctrico pero bien conseguido en timbre y dinámicas) y hasta de un saxo soprano capaz de ofrecernos páginas abarcando del Gregoriano, encabezadas por el propio Guillermo, hasta las polifonías más contemporáneas, siempre desde el respeto a la llamada música sacra que trasciende lo litúrgico para convertirse en un viaje espiritual a través de la música coral.

Si Sheppard nos dejó “en paz“, los Oficio de tinieblas de Cristóbal Morales, Victoria o el irrepetible Javier Bello-Portu (1920-2004) dejaron momentos indescriptibles, el coro mixto, las voces graves con el piano más el saxo soprano de Ordoño Sancho sumando tímbricas y texturas que Guillermo A. Ares entiende desde el conocimiento y el convencimiento de una música sublime.
La calidad del coro volvió a imponerse en ese himno que da título al programa Crux fidelis, atribuido a Juan IV Rey de Portugal, voces circulantes aprovechando la acústica e inmersos en la tradición de la Semana Santa, al igual que las velas apagándose para “celebrar” esas tinieblas que en las voces del coro leonés dramatizaron como pocos estas páginas corales. Otro tanto puedo decir del Tu es Petrus de R. Pearsall (1795-1856) interpretado en décimo lugar, dinámicas y respeto al texto con un empaste y afinación dignos de mención en un ambiente casi íntimo.

Por época, cercanía temporal y gusto ante unos estilos que se imponen entre las nuevas generaciones corales, impresionantes el Nunc dimitis (Alcaraz) con piano, previo al Crux fidelis, pero muy especialmente la recta final con Ola Gjeilo (1978) y su The ground (de la “Sunrise Mass“) con piano, Song for Athene de John Tavener (1944-2013) con las referencias a la música de la liturgia exequial ortodoxa en una voces circulantes de tesituras compactas no ya en las voces graves sino en las blancas de dulzura casi infantil por color, el pianístico Für alina de Arvo Pärt (1935) felizmente interpretado por Mario Morla, resonando cual perfecto “preludio” Tintinnabulli, antes del penúltimo número, repertorio difícil y no asequible a todos los coros pero que esta nueva generación de voces jóvenes dominan desde el duro trabajo y el convencimiento de unas obras de bellísima factura que comienzan a renovar este repertorio de la música sacra capaz de convivir con los genios de la polifonía, a los que el tiempo pondrá también en el Olimpo compositivo.

Despedida de concierto con unas disonancias plenamente actuales del Exsultate jubilate (K. Jenkins) y nuevamente en procesión monacal con un Aleluya, polifonía de oro y mística del dogma de fe hecho música, la resurrección de los coros con calidad, esta vez nuestros vecinos de León que no pudieron poner mejor cierre a una semana llena de esperanza.

Dorada noche blanca

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Viernes 7 de octubre, 20:30 horas. Noche Blanca 2016, Oviedo: Iglesia Santa María la Real de La Corte. Coro “El León de Oro”, Marco A. García de Paz (director): “Intimate & Brilliant. El lenguaje eterno del alma”, obras de Nicolas Gombert, Orlando di Lasso, Dominique Phinot, Manuel Cardoso, T. L. de Victoria, Cristóbal de Morales y G. Palestrina.

Como “leónigan” confeso tenía muchas ganas de volver a escuchar al mejor coro español de los últimos años (no me ciega la pasión), juvenilmente maduro y con una cantera o banquillo que le permite mantener sus cualidades primigenias siempre agrandadas con el duro trabajo para seguir creciendo en busca de la perfección. Hace tiempo comenté que hay un antes y un después de Peter Philips, sobre todo en el repertorio renacentista que ha enamorado a los ingleses, algo como vender nuestro queso asturiano en Suiza o Francia, porque este repertorio tiene mucha hondura además de dificultad enorme solamente al alcance de muy pocos, y nuestro coro gozoniego puede afrontarlo con la calidad británica sumándole la pasión española, tal vez la fórmula del triunfo.

Los motetes que conformaban el largo concierto (alcanzó el aforo completo y cola previa), exigen claridad en la dicción del texto latino y religioso, subrayándolo, engrandeciéndolo, no ya en las partes homofónicas sino, y especialmente, en los contrapuntos que además obligan a un color homogéneo en todas las voces, independientemente de cantar a 4, 5, 6 voces… a doble coro o en formación de cámara. El León de Oro tiene capacidad, técnica, empaste y todas las virtudes corales que son su sello propio. Sumemos el exigente y casi diabólico tactus que supone un entendimiento total con el director para alcanzar estas cotas de virtuosismo vocal por lo que no es de extrañar que P. Philips quisiera volver a trabajar con este coro un programa que repasa estilos y escuelas para llevarlo al disco el pasado mes de septiembre (que probablemente se edite en un Reino Unido en pleno “Brexit”, otro hito del LDO equiparable al comentado de nuestros quesos), diez obras que el coro fundado en Luanco ha trabajado con tanta perfección que hasta el oro quedó “niquelado”. El título del concierto (y del disco) expresa muy bien las dos partes, con algunas obras que ya tienen en su repertorio hace tiempo pero que con los años han adquirido el poso interpretativo tan característico de “los leones”.

El Intimate lo conformaron cinco motetes luctuosos y lamentaciones de Semana Santa, hondos, expresivos y reflexivos, obras a seis voces como las del gran Orlando di Lasso al que tienen “pillado” hasta el mínimo detalle recreándose en los matices hasta el grado sumo, o el “descubrimiento” del franco-flamenco Phinot con un doble coro que volvió a demostrar la versatilidad de una formación que suena increíble en cualquier combinación y número, siempre buscando el equilibrio sonoro perfectamente reflejado en la acústica de “La Corte“. Me gustó también escuchar al portugués Cardoso porque completaba este repaso de escuelas que bebiendo de la misma forma y texto son capaces de crear obras distintas en su expresión que el LDO transmite con generosidad y magisterio, máxime en una obra a seis pletórica de luminosidad vocal.

Un breve descanso para Brilliant con nuestro “siglo de oro de la polifonía” con Lasso y Palestrina pareciendo pugnar por componer himnos marianos que las luces “ad hoc” del templo de la Plaza de Feijóo reforzaron iluminando la imagen de Nuestra Señora en la Festividad de la Virgen del Rosario, motetes cual vidrieras vocales por los contrastes perfectamente cantados en combinaciones variadas, sin cambios de color que el directo disipó cualquier duda de montaje en estudio cuando llegue el disco, juegos panorámicos de homogeneidad en emisión y empaste pero también en intención y emociones. Si los italianos juegan con el virtuosismo polifónico, Morales y Victoria resultan no ya tridentinos por obligación sino escurialienses férreos capaces de alturas y brillo propio a doble coro, fortaleza en los graves frente a la luz de las voces blancas.

Bisar el “aleluya” del Regina Coeli resultó el colofón ideal de un concierto hondo, exigente, para paladear en cada obra, confirmando que este “león” no solo ruge sino que es capaz de poner el oro a esta primera noche blanca. El sábado en el Museo de Bellas ArtesAurum, la cantera femenina con Elena Rosso volverán a corroborar el refulgente momento vocal con un futuro asegurado a largo plazo en la gran noche cultural ovetense.

Programa:
“Intimate”
Media vita (Gombert)
Media vita (Lasso)
Lamentations (D. Phinot)
Lamentations (Cardoso)
“Brilliant”
Regina coeli (Victoria)
Regina caeli (Morales)
Regina caeli (Lasso)
Laudate pueri (Palestrina)

Sacra juventud en León

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En León visitar la Catedral es obligatorio y más haciendo casi de “guía turístico” para nuestras amistades mejicanas y francesas una vez finalizados sus compromisos profesionales y afrontando la tarde-noche en la vecina capital del reino leonés. La cola hasta la calle Ancha anunciaba concierto de la mejor agrupación vocal local y en la liga de campeones coral (la futbolística no quitó nada de público), por lo que merecía la pena asistir a este concierto presentado casi hasta el detalle biográfico y lingüístico por Don Samuel Rubio Álvarez.

Es maravilloso comprobar el excelente estado vocal del coro que lleva el nombre de una de las figuras musicales leonesas, y el repertorio sacro lo dominan en todas las épocas, desde nuestro siglo de oro con el Padre Tomás Luis Victoria del que bordaron el motete Gaude María Virgo a cinco voces, y Sancta Maria Succurre Miseris que la prontitud, casi inmediatez de las redes sociales y YouTube© me permiten dejar aquí íntegro, agradeciéndoselo a “camaraurbanaleon“:

como del otro componente del equipo polifónico por excelencia, Francisco Guerrero y su Duo Seraphim Clamabant, gusto en el texto reforzado por las voces frescas y afinadas de este joven y maduro coro, ubicado para ganar en sonoridades en esta obra a doce voces, y que cuenta con una cantera para años. De nuevo agradecimiento por el vídeo a “camaraurbanaleon“:

Y aunque faltase Morales para el “tridente”, el fichaje ruso de S. Rachmaninov puso la nota del cambio estilístico pero la misma exquisitez en la bellísima Bogoroditse Devo de sus “Vísperas“, equilibrio entre cuerdas con unos bajos poderosos y claros de sustento para elevar en la catedral sonidos celestiales con las sopranos delicadas en unos agudos casi estratosféricos, extremando registros siempre completados por las voces intermedias de tenores y contraltos igualmente necesarias para redondear una sonoridad propia, segura y bien interpretada con el magisterio del maestro Olivares.

Importante la elección del repertorio (que me recuerda a sus “leones hermanos asturianos” con quienes comparten no sólo música) para adecuarlo a las voces que van forjándose con obras más cercanas, actuales y siempre eternas como el Beati Quorum Via del irlandés Sir Charles Villiers Stanford (1852-1924) o el Sanctus del impactante noruego Ola Gjeilo (1978) que domina la escritura coral como pocos hoy en día, con quien el coro leonés y su director el vasco Aitor Olivares se mueven con estas obras como peces en el agua (la misma que caía afuera cual diluvio universal contrapuesto a la paz y serenidad interior en las voces locales), empaste y afinación ejemplares, obra exigente por tesitura pero también por necesidad de entendimiento y escucha atenta de todos, una lección coral antes de dar paso a la Orquesta de las Juventudes Musicales de la Universidad de León, todo un ejemplo de colaboración que es digno de llevarse a otros centros españoles pues “unidos venceremos”. Aquí lo dejo merced a “camaraurbanaleon“:

Podríamos decir que escucharíamos un estreno, pues rescatar obras de los archivos catedralicios es primicia aunque sonase en su momento. Y en la Pulchra Leonina se guardan aún muchos tesoros corales como el Salutis Humanae Sator (Himno de la Ascensión) del compositor y organista Bonifacio Manzano Vega
(Burgos 1807 – Riaza, Segovia 1872), una vida por (re)descubrir con obras de enorme calidad como este himno, verdadera maravilla sinfónico coral de estilo clásico por lo “académico” y el mucho oficio que daba el conocimiento de obras del repertorio europeo de su tiempo, equiparable en sonoridades a Haydn o Mozart, puede que incluso a los hijos de Bach por el “estilo galante” ya conocido en el siglo XIX de la vida del burgalés e incluso al avilesino Ramón de Garay (1761-1823).

La joven orquesta tuvo algunos problemas de afinación, lógicos en parte por los cambios de temperatura y humedad pero pudimos volver a escucharla en el bis con mejor resultado, y sobre todo un coro capaz de imponer presencia sin necesidad de grandes volúmenes dada la emisión perfecta para conseguir el equilibrio y balances necesarios, con unos solistas que desconozco sus identidades pero igualmente dotados técnica y musicalmente para transmitir y “defender” una obra con mucha calidad. Aquí dejo otro de los vídeos subidos por “camaraurbanaleon” a YouTube© para que también lo disfruten mis lectores (que corresponde al bis final).

Y el británico John Rutter (1945) completó esta fiesta de música sacra juvenil, coral y orquestal con su versión de otra partitura plena como su título de la belleza de la tierra, For the Beauty of the Earth con todos mucho más ensamblados, vigorosos, entregados, convencidos, siempre bajo la batuta del maestro García Díez que les infundía esa confianza para disfrutar hasta el último aliento, un coro casi angelical y la orquesta en comunión ideal con las voces. Muchas más gracias a “camaraurbanaleon” por estos vídeos que resultan la mejor ilustración posible de esta crónica de “el día después”:

Un verdadero triunfo y agradecido de haber estado en este concierto del que “mis extranjeras” se llevaron una óptima impresión del nivel musical en una ciudad como León. Las viandas posteriores así como la sobremesa y el paseo posterior sirvieron para completarles un poco de la historia que siempre es mucha, más si hay tanta como en la capital, en la Catedral y en la música escuchada. La prensa titulaba “Culto, cultura, coro” que sirvió de presentación a Rubio y de disculpa posterior para el que suscribe poder seguir comentando hasta avanzada la noche.

Estación de penitencia

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Lunes 21 de marzo, 20:00 horas. Centro de Cultura Antiguo Instituto “Jovellanos”, Gijón: II Ciclo Coral de Música Sacra 2016, organiza: FECORA. Grupo Coral Melisma, Fernando M. Viejo (director y órgano), Coral Polifónica Gijonesa “Anselmo Solar”, Santiago Novoa (director). Obras de Maurice Duruflé (1902-1986), José Ignacio Prieto (1900-1980), T. L. de Victoria (1548-1611), Fernando Menéndez Viejo (1940), José Mª Nemesio Otaño (1880-1956), W. A. Mozart (1756-1791) y Pau Casals (1876-1973). Entrada libre.

La “todopoderosa” Wikipedia© define el título de esta entrada:

Es el nombre que se da a la procesión que las hermandades pasionistas realizan en Semana Santa por las calles de distintas ciudades españolas, siempre y cuando durante su recorrido la cofradía haga visita (de aquí el término estación) al menos a un templo. Caso de no producirse dicha estación, el término procesión de penitencia suele ser el más adecuado. Bien se trate de una u otra, los nazarenos acompañan a las imágenes titulares de sus hermandades organizados en dos o incluso tres filas (dependiendo de la hermandad) y el silencio y la oración deben estar presentes desde su comienzo hasta el final“.

Si se me permite la licencia, mi particular procesión son las escapadas a los conciertos de estos días, más por ciudades que calles y recorriendo distintos “templos musicales” aunque también puedo tomar el segundo término, autoproclamándome nazareno de la cofradía melómana acompañando a muchos titulares de los programas organizados a menudo a pares. Tómese por tanto este lunes santo como tal.
La idea de organizar este programa era muy buena: un coro especializado en Gregoriano aunque reducido a “ochote” con voces algo opacas y muy alejadas de los monjes famosos, con acompañamiento al órgano de su fundador, más la coral local decana, numerosa pero con una media de edad tristemente habitual en nuestras formaciones, contando con un pequeño relevo generacional que vendrá muy bien, y dirigida desde hace cuatro años por Santi Novoa, también de la cantera imparable de la Escolanía de Covadonga, aunque luchando contra los elementos y las tinieblas… El primero cantaría la versión gregoriana (con apoyo del órgano) para a continuación hacerse (ya no digo cantar ni interpretar) la polifónica.

Si tras llegar con treinta minutos de antelación, hacer una cola que nadie respeta, abrir las puertas casi a la hora del comienzo y aguantar empujones parecía augurar un mal comienzo, la “Ley de Murphy” volvió a cumplirse. Hacía tiempo que no sufría tanto escuchando un repertorio que estaba muy bien organizado y paso a relatar con los “links” correspondientes a versiones variadas en Internet, obra gregoriana y autor con la versión polifónica:
Ubi cáritas (M. Duruflé), el lavado de pies del Jueves Santo, “Donde hay caridad y amor, allí está Dios… será este un gozo inefable por los siglos infinitos”. Qué distinto del de Ola Gjeilo
In monte Oliveti (Padre Prieto), del responsorio de tinieblas, “Padre, si es posible pase de mí este cáliz”. El espíritu está firme pero la carne es débil…”. ¡Cómo me hubiese gustado escuchar la de Javier Bello-Portu!.
O vos Omnes (Victoria), también responsorio de tinieblas, “Oh vosotros, los que pasáis por el camino, prestad atención y ved si existe dolor semejante al mío…”
Sicut ovis (Padre Prieto), más tinieblas, “Fue conducido al matadero, como si fuera una oveja…”.
Ténebrae (Fernando M. Viejo), no vemos la luz del día con tanta tenebrae, aunque estemos en las fechas “se hizo la oscuridad…”.
Velum templi (Nemesio Otaño), “El velo del Templo se rompió…”, seguimos a palpo.
Surrexit Dominus (Fernando M. Viejo), “… el mismo Señor que fue colgado de un madero” y se hizo la Pascua.
Lacrimosa, del “Requiem” (Mozart), con un órgano pobre y “Lleno de lágrimas…”.
Salve Montserratina (P. Casals), “Dios te salve, Reina y Madre…”, la propia conjunción de nuestro catalán único entre gregoriano, órgano y coro a la Virgen Negra, que nos lleva a las piedras del monte sagrado, última premonición, Amén.
Obras todas impresionantes, incluidas las de Fernando M. Viejo que siempre ha tenido un gusto especial para armonizar y recrear muchas partituras interiorizadas en tantos años de experiencia, y con el añadido de escuchar la primigenia en canto llano a cargo de “Melisma“, pero de ningún modo ni estilo pudieron darme la paz necesaria.

Lo dicho, tomelo cual penitencia, lástima porque cualquier intento de disculpa es vano, mi paladar u oído acostumbrado a los dos últimos conciertos avilesinos hizo que este lunes resultase una cruz difícil de llevar, y como si las letras hermosamente musicadas (se nos pasó la traducción al castellano de la que he sacado los fragmentos) fuesen desgranando mi propia penitencia. Sólo fustigarme con una falta de afinación cual ecce homo ensangrentado que llenó de nubarrones todo el concierto. El resto de pecados los dejo en confesión interior y acepto cristianamente esta pena muy grande que expiaré el jueves con mi obligada “Pasión” bachiana, precisamente en el día de su aniversario, un 21 de marzo aunque para otros calendarios sea el 31. “Confiteor” a una voz: Mea culpa, mea culpa, mea máxima culpa.

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